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miércoles, 6 de mayo de 2026

La pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
        Hoy, 6 de mayo, Solemnidad de San Pedro Nolasco, presbítero, que, según la tradición, junto con San Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente, con trabajo y esfuerzo, a procurar la paz  y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos que habían caído cautivos de los infieles (1258) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].     
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de San Pedro [nº 055 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Sus patronos eran en 1526 el cardenal Tavera y su hermano, Diego Pardo de Deza, pasando por herencia a los marqueses de Malagón, habiéndose denominado también "de la Cátedra (de San Pedro)" y "del cardenal Deza" por razones, en ambos casos, muy evidentes. Hoy aparece en ella, desde 1884, la tumba del arzobispo Deza, que fue enterrado en el Colegio de Santo Tomás (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     Procedente del convento de la Merced de Sevilla fi­gura en la Catedral un conjunto de cuatro pinturas que narran episodios de la vida de San Pedro Nolasco. Formaban parte de una serie de obras más amplias destinada al claustro chico del convento de la Merced de Sevilla y que había sido comenzada a pintar por Francisco de Zurbarán, quien la dejó incompleta. Estas cuatro pinturas representan La aparición de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco en el coro de los novicios, El milagro de la barca, San Fernando entregando la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco y La muerte de San Pedro Nolasco. En una memoria anónima realizada en 1732, que descubre las obras de arte de dicho convento estas pin­turas se atribuyeron a Francisco Reyna, quien fue dis­cípulo de Zurbarán e imitador de su estilo en el segun­do cuarto del siglo XVII. Sin embargo estas pinturas, al menos una de ellas, pueden ponerse en relación con Juan Luis Zambrano, como veremos más adelante.
     La Aparición de la Virgen de la Merced a San Pe­dro Nolasco en el coro de los novicios narra un episodio de la vida de este santo ocurrido en Barcelona, y en el que la Virgen se le aparece sentada en medio de los frailes novicios que ocupan el coro. La descripción del vestuario de los jóvenes frailes aparece realizada con el realismo y cuidado con que el propio Zurbarán ejecuta estos detalles en sus pinturas. Quizás éste sea el valor técnico más relevante en esta pintura, porque la composición es simple y esquemática, presentando los protagonistas de la escena una sucesión de monótonas expresiones corporales y faciales. Sin embargo en la obra se refleja un sentimiento colectivo de la intimidad espiritual sólo roto por la actitud gesticulante del santo, motivada por el asombro que le ocasiona la inesperada­ presencia de la Virgen.
     El Milagro de la Barca describe el episodio de la vida de San Pedro Nolasco en el que fue abandonado por unos corsarios en una frágil embarcación en medio del Mediterráneo, en el trayecto de Argel a Valencia; lejos de perecer el santo cruzó milagrosamente el mar, sirviéndole de vela su propio manto desplegado. La composición de esta pintura está presidida por la figura majestuosa del Santo, puesto en pie sobre la barca y destacando en él la fuerza expresiva de su rostro y el efecto espectacular del blanco de su hábito, tratado con una gran calidad técnica.
     En la pintura que representa a San Fernando entregando la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco, se narra el momento en que el rey con­quistador, durante el asedio de Sevilla por las tropas cristianas en 1247, entregó al religioso mercedario la citada imagen, al tiempo que le encomienda el rescate los cautivos cristianos caídos en poder de los musulmanes durante la campaña. En esta obra se capta un magnífico conjunto de retratos en las figuras de los caballeros que acompañan a San Fernando, que probablemente son retratos de personajes sevillanos del siglo XVII, benefactores del convento de la Merced. En la actitud de la figura de San Pedro Nolasco se advierte una repetición casi exacta de la figura del mismo pintada por Francisco de Zurbarán, también en el claustro chico de este convento, en el cuadro que representa "La aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco" que se conserva actualmente en el Museo del Prado. Al fondo de esta pintura de la catedral se observa un fondo de paisaje urbano en el que aparecen las murallas de Sevilla, de las que sobresale una torre identificable con el alminar de la Mezquita.
     En La Muerte de San Pedro Nolasco aparecen en la parte inferior izquierda de la pintura restos de una firma que en principio hemos interpretado como perte­neciente a Juan de Zurbarán, hijo de Francisco de Zurbarán, puesto que parecía lógico que hubiese intervenido en la terminación de una serie inacabada por su padre. Pero una reciente restauración de esta pintura ha puesto al descubierto varios rasgos más de la firma fragmentaria que permiten ajustarlos al nombre de Juan Luis Zambrano, artista nacido en Córdoba en fecha desconocida y muerto en Sevilla en 1639. De este artista no se conoce obra alguna de su período de acti­vidad sevillana que al menos se prolongó durante los diez últimos años de su vida. La atribución que ahora sugerimos puede apoyarse en la proximidad de las fisonomías de los personajes que aparecen en esta pin­tura con los que figuran en el Martirio de San Esteban que firmado por Zambrano se conserva en la catedral de Córdoba.
     Sin negar la posibilidad de que la Memoria anónima de las pinturas del Convento de la Merced, antes citada, pudiera tener razón a la hora de atribuir estas pinturas a Francisco Reyna, habrá que precisar en todo caso que pudieran ser de este artista las tres obras mencionadas anteriormente pero nunca la Muerte de San Pedro Nolasco, puesto que la firma fragmentaria que conserva no se corresponde con las letras que integran el nombre y el apellido de Francisco Reyna y sí encajan al menos con el de Juan Luis Zambrano.
     Independientemente de la problemática que plantea la autoría de esta pintura puede advertirse que en ella la figura del Santo repite la actitud de San Buenaven­tura en el episodio de su muerte que Zurbarán pintó para el convento de dicho santo en Sevilla, obra que actualmente se conserva en el Museo del Louvre. Asi­mismo en la figura del fraile que aparece leyendo en el centro de la composición se repite la actitud de Fray Pedro Machado en la pintura también de Zurbarán realizada para el convento de la Merced de Sevilla y que actualmente se conserva en la Academia de San Fernando de Madrid.
     Como comentario final a este conjunto de obras puede señalarse que por su estilo puede fecharse hacia 1635 y que en él se advierte una gran influencia de Francisco de Zurbarán, lo que hace pensar que fueron pintadas bajo su supervisión y también que se utiliza­sen esquemas compositivos dados por él mismo (Enrique Valdivieso, La Pintura en la Catedral de Sevilla siglos XVII al XX, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
     Esta obra, de Juan Luis Zambrano realizada hacia 1635, en óleo sobre lienzo y con unas medidas de 1'67 x 2'12 mts., representa el episodio de la vida del santo en que el Rey San Fernando, durante el asedio de la ciudad de Sevilla por las tropas cristianas en 1247, le encomienda a San Pedro Nolasco el rescate de los cautivos caídos en poder de los musulmanes durante la campaña, a la vez que le hace entrega de una imagen de la Virgen de la Merced.
     Es posiblemente el conjunto de personajes que asisten a la escena, una galería de retratos de importantes benefactores de la orden en la Sevilla del siglo XVII.
     Puede considerarse como la pieza más interesante de la serie, sobre todo por la relación expresiva que muestran sus personajes: a un lado el Rey con los grandes señores, y al otro los frailes; figuras todas ellas muy bien descritas y resueltas, siguiendo en este caso más que en ningún otro la estética y el estilo zurbaranescos, siendo en concreto la figura del santo una copia casi literal de una obra del maestro hoy conservada en el Museo del Prado: "La aparición de San Pedro Apóstol a San Pedro Nolasco".
     Al fondo de la escena, entre las tiendas militares puede apreciarse un interesante contorno de la ciudad, con su alminar almohade.
     Este lienzo participa, como otros muchos de este tipo, de la política de propaganda y autoprestigio que la propia orden mercedaria emprendiera en Sevilla, como orden histórica en la ciudad, a raíz de la Contrarreforma (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
   Santo franco español, cofundador de la orden de Nuestra Señora de la Merced o de los mercedarios (De Mercede Redemptionis Captivorum), para la liberación de los cristianos cautivos de los piratas berberiscos.
   Nació en Carcasona o Saint Papoul hacia 1182, participó en la cruzada contra los albigenses, luego se puso al servicio del rey Jaime I de Aragón. Con la colaboración del maestro general de los dominicos, San Ramón de Penyafort, fundó la orden de la Merced, cuyo convento más importante estaba en Sevilla. El rey le habría ofrecido una mezquita para que instalase un convento en ella. Viajó varias veces a África para rescatar cautivos.
   Murió en Barcelona en 1256 durante la Nochebuena (in der Christnacht). Según la leyenda, cuando estaba viejo y enfermo habría sido llevado en brazos por dos ángeles hasta el pie del altar, para recibir la Extremaunción, y luego devuelto a su celda.
   Su patrón, San Pedro, se le había aparecido crucificado cabeza abajo, tema que se conoce por el nombre de Aparición de San Pedro Apóstol crucificado cabeza abajo a San Pedro Nolasco.
   Su canonización se pronunció varios siglos después de su muerte, en 1628, por eso su iconografía data del siglo XVII.
ICONOGRAFÍA
   Está representado con el hábito blanco de su orden, con el escudo de Aragón sobre el pecho. Sus atributos son las cadenas rotas, que aluden a los cautivos redimidos, un estandarte con las armas de Aragón, una cruz de doble travesaño y una rama de olivo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Pedro Nolasco, presbítero:
     San Pedro Nolasco (Mas Saintes Puelles, condado de Toulouse -Francia-, c. 1180 – ¿Barcelona?, 6 de mayo de 1245). Mercader y fundador de la Orden Redentora de la Merced (OdeM), santo.
     Desde los siglos XV y XVI, tanto en autores no mercedarios, como en los mercedarios, es unánime la afirmación de que Pedro Nolasco nació en Mas Saintes Puelles, obispado de San Papoul (ya desde el siglo XIV), donde existía desde antiguo, y todavía existe hoy, como monumento, un monasterio benedictino, en el condado de Toulouse. El pequeño pueblo del nacimiento de Pedro Nolasco está muy cerca del actual Castelnaudary y de San Papoul, santo local, en la Galia Narbonense, más cercano a Carcasonne que a Toulouse, a cuyo condado pertenecía, sin que dependiera entonces del Reino de Francia.
     Se pueden citar los autores más representativos de la tradición escrita desde los siglos XV al XX empezando por los mercedarios y siguiendo por los de fuera de la Orden. Entre los primeros destacan: Nadal Gaver, que recoge la tradición del siglo XII al XV e insiste en que es de origen de allende los Pirineos; le siguen Pedro Cijar (1446); Gaspar de Torres (1565), Zumel (General, 1593), Guimerán (1591), Latomy, Vargas, Remón y Gabriel Téllez: todos autores mercedarios, cuya tradición persiste hasta hoy. Fuera de la Merced hay que citar a: Carbonell (1546), Beuter (1571), Gómez Miedes (1582), Juan de Mariana (1592), Francisco Diago (1599-1601), Francisco Peña (1601) Illescas (1606), Peña, Bzowski (1616), Catel (1623), Corbera (1629), Spondanus (1641), Bolandistas (1643), Rinaldi (1646), Tamayo y Salazar (1651-1659); Fleury (1719), Hélyot (1721), Van Hecke (1853) y Dossat (1978), etc. Es, pues, constante la afirmación escrita sobre el lugar de su nacimiento.
     Debió de ser probablemente hijo único, pues no quedó descendencia ninguna en Mas Saintes Puelles, una vez que falleció su padre, y Nolasco se trasladó como mercader (“mercator optimus” le llama Cijar, en oposición al “mercator pessimus” del discípulo Judas, que vendió a su maestro). La hipótesis más probable es que la familia debió de ser originaria de Italia —dado que este apellido Nolasco no es ni francés, ni catalán, ni español, pues no existe más que un caso único parecido en el Archivo de la Corona de Aragón, cuyo origen se desconoce, de “O’Nolasch”—, además de no coincidir exactamente tampoco. En el sur de Italia existen los Nolas (san Paulino de Nola, que redimió cautivos, es un caso bien conocido). Y, como suelen emigrar al norte, por ser más rico, allí prolifera la toponimia —asco (Bergamasco, por ejemplo)—.
     De modo que un Nola, fácilmente se convierte, en el correr de los años, en “Nolasco”.
     Mas de Saintes Puelles (Carcassonne/Albi/Toulouse) sería el lugar de paso, estableciéndose sus padres en dicho lugar ciertos años. Allí nació Pedro Nolasco, hacia finales del siglo XIII; y, fallecido su padre, su vocación de mercader le llevó a trasladarse a Barcelona, capital, por lo demás, con la que tenían en aquel tiempo enormes relaciones comerciales con esos pueblos de la Galia narbonense. Los catalanes conquistaron Montpellier y llegaron a las puertas de Carcasonne.
     Justamente en Montpellier el conde de Monfort tuvo consigo, en su torre, al niño Jaume hasta que él falleció; y el joven, que estaba llamado a ser Rey de Aragón, con sede en Barcelona —después de residir unos diez meses en Carcasonne— fue llevado a Barcelona.
     Cabe preguntarse: ¿dónde conoció Pedro Nolasco al joven Jaime el “conqueridor”, en Montpeller o en Barcelona? Posiblemente le visitara en Montpellier, manifestándole ya su deseo de fundar una Orden, con su ayuda posterior, cuando ya fuese Rey, para la redención de los cautivos cristianos.
     Raimundo de Peñafort que nunca fue canónigo de la Catedral barcelonesa —aunque se afirme lo contrario, por ejemplo, en el actual “breviario dominico”—, sino que era un sabio, cuyo magisterio requerían tanto el Papa como los abades de los monasterios catalanes, no tuvo directamente tampoco ninguna acción en el acto fundacional de la Orden de la Merced en la Catedral románica de Barcelona. Sí lo tuvieron el joven rey Jaime I de Aragón y el obispo Palou de dicha Catedral. Ellos dieron el escudo a Pedro Nolasco y al grupito de laicos que fueron investidos con el hábito —túnica, escapulario, capilla y capa blancas, de lana—, y dicho emblema consiste en una cruz blanca sobre fondo rojo, en la parte de arriba: era la cruz de la Catedral barcelonesa de la Santa Cruz; y en la parte inferior, el Rey entrega los cuatro palos rojos de su Reino sobre fondo amarillo. Es todavía hoy el escudo de la Orden de la Merced. Sirvió como una especie de salvoconducto a la hora de las relaciones con los mahometanos, para tramitar la libertad y redención de los cristianos cautivos en su poder.
     Nolasco recibió oficialmente la confirmación de su Orden diez años antes de fallecer, al recibir la bula, breve, pero definitiva, del papa Gregorio IX, Devotionis vestrae, dada en Perusa el 17 de enero de 1235. No se alude aquí, como tampoco en las primitivas Constituciones, al un tiempo pretendido aspecto “militar” de la Merced, que no existió a mi juicio. Por lo demás, en ningún archivo oficial aparece la Orden de la Merced entre las Órdenes Militares existentes en el pasado.
     Este carisma fundacional de redimir cautivos, junto con el “cuarto voto” de quedar en rehenes, si fuere necesario, para salvar la fe de los cautivos lo llevaron a la práctica los frailes redentores de la Merced: laicos durante el siglo XIII (1218-1317); y, desde esa fecha, los clérigos, y algunos laicos, hasta vísperas de la Revolución Francesa.
     Actualmente, cada provincia organiza actividades posibles y urgentes para cumplir con su carisma liberador en estas “nuevas formas de cautividad” que sufre el mundo y la sociedad del siglo XXI. La provincia de Castilla, por ejemplo, tiene una “Casa de acogida de exiliados menores de edad” y varios pisos, con una comunidad que convive con ellos, en la zona madrileña de Ventas. También, en la misión de Camerún, lleva a cabo una obra de liberación misionera, que debe atender a las necesidades más perentorias de la vida. Así se evitan muertes innecesarias, se lleva a cabo la caridad, en ocasiones en grado heroico, y siempre con gran sentido humanitario.
     Pedro Nolasco organizó su actividad redentora, primero solo, gastando su dinero de comerciante. Más tarde, comprendió que necesitaba la ayuda de otros compañeros que aceptasen seguir su ejemplo. Con ellos —probablemente formaban parte ya de “Asociaciones de redención” en torno a la iglesia de Santa María del Mar, hoy templo gótico, no lejos de la Basílica de la Merced, construida junto al mar, en unos terrenos donados por un tal Plegamáns; y ampliada en el siglo XVIII— redimió y acabó fundando la Orden de Santa María de la Merced para liberar cautivos cristianos.
     El antiguo convento es actual Capitanía General de Barcelona, y la basílica está en poder del arzobispado, sin que haya medio de que se devuelva a la Orden.
     La actual basílica fue edificada a base del sacrifico de los frailes de la Merced de Barcelona, a principios del siglo XVIII, para acoger ampliamente a los fieles, y llegaron incluso a vender las dovelas góticas para poder darle acabamiento. En la etapa de la “exclaustración”, el obispado llevó la imagen a la catedral, y solicitó a Roma la “coronación canónica”. También pusieron ellos la imagen de la cúpula.
     En vida de Nolasco eran ya bastantes los conventos fundados en Cataluña, sur de Francia, Aragón y Castilla. No se olvide que Fernando III, el Santo, contemporáneo de Jaime I de Aragón, conquistó Sevilla, y entregó ya unas casitas de mahometanos a los mercedarios del Reino de Castilla. Desde entonces, desde los mismos orígenes, existe ya la que sería provincia de Castilla, que comprendía el resto de España. Ella es la que envió todo el personal al Nuevo Mundo, en donde actualmente existen seis provincias autónomas contando la última constituida en Brasil con personal nativo, Chile, Argentina, Perú, Ecuador y México. Y lo hace con el gozo con que antaño (1585) dio origen a la provincia de Andalucía, desde el Guadiana hacia abajo. Castilla ayudó a nacer todos los conventos de monjas mercedarias de clausura, después del Concilio de Trento. También dio origen a las “Recolecciones”, en España y América, y a la Descalcez Mercedaria, existente actualmente. Aragón desempeñó su actividad en Cataluña, Aragón, Valencia, las Baleares y Cagliari, hoy de la provincia Romana.
     La obra de Nolasco tuvo también “Órdenes Terceras”, y actualmente la llamada “Familia mercedaria” desarrolla una actividad de ayuda a nuestras misiones: de Castilla, Aragón y Chile. También existen “Caballeros de la Merced”: en Madrid, El Puig de Valencia y Roma (deben de quedar algunos en Bretaña, Francia).
     La devoción a María de la Merced está muy viva en el Nuevo Mundo y es patrona de Barcelona y de Jerez de la Frontera, en España. Donde hay conventos mercedarios, masculinos y femeninos, se cultiva esta devoción a un título tan teológico y lleno de connotaciones liberadoras.
     Pedro Nolasco falleció el 6 de mayo de 1245, probablemente en Barcelona (“Documento de Arguines”, Valencia, de dicho año), fue canonizado en noviembre de 1628 y al año siguiente se hicieron grandes festejos en todas las ciudades, villas y pueblos, donde existía la Merced, entonces vitalmente pujante. Las “Justas literarias” de san Pedro Nolasco en Madrid, las editó el maestro fray Alonso Remón, encargándole a Lope de Vega una comedia, que fue representada, y se conserva entre sus obras. Junto a él se canonizó asimismo a san Ramón Nonato, nombrado cardenal, y fallecido antes de recibir el capelo cardenalicio en 1338.
     Los grandes predicadores del XVII, el jesuita Vieira, en la iglesia de San Luis del Marañón (Brasil), y Bossuet, el excelso predicador francés, en la iglesia de la Merced del Marais (París), con ocasión del culto público y universal de san Pedro Nolasco, predicaron sendos sermones ejemplares, modelo de oratoria sagrada, admirados ante su obra de caridad extrema al servicio de los más humillados de su tiempo, privados de libertad, que malvivían en las mazmorras y baños del norte de África. Se calcula que la Orden Mercedaria redimió a unos setenta mil cautivos, uno a uno, a precio de rescate, con entrega generosa, imitando al fundador (Luis Vázquez Fernández, OdeM, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Luis Zambrano, autor de la obra reseñada;
     Juan Luis Zambrano. (Córdoba, 13 de febrero de 1598 baut. – Sevilla, 1639). Pintor.
     Se sabe que nació en Córdoba en 1598, ya que el día 13 de febrero de este año era bautizado en la iglesia parroquial de El Sagrario y que fueron sus padres Álvaro Sánchez y Juana Gómez. De la infancia del pintor apenas se sabe algo, y menos de su formación y aprendizaje; Palomino, Ceán Bermúdez, González de Guevara lo hacen discípulo de Pablo de Céspedes, opinión que hoy no es aceptada, ya que cuando muere el ilustre racionero, en 1608, Zambrano apenas tenía diez años de edad lo que hace desechar una relación directa de aprendizaje.
     Más admisible es sospechar que, muerto Céspedes y carente la ciudad de grandes maestros, marche a Sevilla, en busca de cauces nuevos y posibilidades más amplias que las que le ofrecían en su ciudad natal y que allí entrara en contacto con los más prestigiosos artistas que por entonces —primeras décadas del siglo XVII—, destacaban en el campo de la pintura, tales como Francisco Pacheco, Juan de las Roelas, Francisco de Herrera El Viejo. Son precisamente las huellas que en la obra de Zambrano se advierten —procedentes tanto del estilo de Roelas como de Herrera— lo que lleva a afirmar la realidad de ciertos contactos establecidos con la Escuela Sevillana, sin poder precisar si fueron de forma directa o a través del conocimiento de sus producciones pictóricas.
     Sea lo que fuere, parece admisible pensar que Juan Luis Zambrano, ávido de aprender cosas nuevas, y atraído por la fama y el esplendor de la ciudad hispalense, marchara a esta ciudad como había hecho Mohedano y más tarde haría Antonio del Castillo. Es imposible precisar qué relación tuvo el pintor con Sevilla ni qué años de su juventud pasó allí; lo que hoy se sabe es que murió en esta ciudad e incluso se le atribuye producción que antes fue considerada zurbaranesca.
     Se ignora en qué año casó Zambrano con Juana Espejo, como tampoco se sabe con certeza los hijos que tuvieron, sólo se sabe el nacimiento de un hijo, el día 11 de abril de 1633, llamado Gabriel.
     Entre 1624 y 1634, Zambrano aparece afincado otra vez en Córdoba, donde existe constancia documental de muy variada índole, pues estaba, bien arrendando unas casas, bien siendo testigo y principal fiador de la viuda de Agustín del Castillo con quien mantiene una buena amistad o concertando alguna que otra obra. Así pues, el 10 de marzo de 1627 concertó con Alonso de los Ríos la realización de una serie de catorce cuadros de frutas por los que debía cobrar 400 reales. Si fue o no su primer contrato, no se sabe. Más es fácil pensar, dada la amplitud de lo contratado y las condiciones de los mismos, que debió ser de sus primeros encargos, ya que se aluden a otras pinturas de las que se desconoce si fueron realizadas o no por Zambrano. Desgraciadamente, se ignora el paradero de estas obras.
     Más interesante es el encargo que le hace Juan Chamizo Garrido, ministril de la Catedral de Córdoba, quien el día 5 de abril de 1630 concertó diecisiete cuadros en lienzo con las historias de Jasón y de Abraham por los que debía percibir 1600 reales. Probablemente, a uno de estos lienzos se refería Palomino cuando escribía que había visto “en la Corte, en poder de un aficionado, el Sacrificio de Abraham figura del natural, cosa excelente, y estaba firmado así: Juan Luis Zambrano faciebat, año 1636”. Nada se sabe de la suerte acaecida a estos lienzos.
     A estas obras conocidas documentalmente hay que añadir otras realizaciones seguras del artista, aunque no documentadas, como son El martirio de san Esteban de la Catedral y David con la cabeza de Goliat del Museo de Bellas Artes, ambos en Córdoba, mencionados por Palomino y Ramírez de Arellano respectivamente. El martirio de san Esteban se conserva en la capilla de la que es titular en el muro norte de la Catedral, está sin firmar ni existe documentación acerca de su concertación pero el análisis pormenorizado de la obra evidencia las características del maestro así como su conocimiento de la escuela sevillana del primer cuarto del XVII, y en especial de Juan de las Roelas. Debió concertarla hacia 1630 ya que la capilla fue fundada por Fernando de Soto en 1627. Por las mismas fechas, realizó David con la cabeza de Goliat del Museo de Bellas Artes de Córdoba, destacando su fuerte modelado y el gusto por lo grande.
     Mientras trabajaba en estas composiciones, se llevó a cabo la remodelación de la iglesia del Convento cordobés de San Agustín, obra que patrocina fray Pedro de Góngora y Angulo, quien fue prior de la comunidad en varias ocasiones, acometiendo la remodelación del coro y de la iglesia en su segundo mandato, de 1617 a 1620. Tradicionalmente se han venido atribuyendo la decoración pictórica del templo a Cristóbal Vela, sin que hasta el momento haya aparecido un documento que verifique la atribución que hizo Palomino. Por otra parte, en la biografía que Acisclo Antonio Palomino hace de Zambrano pondera la participación de éste en la iglesia de los agustinos, resaltando “unas vírgenes de medio cuerpo, Santa Flora y María, mártires de Córdoba, mayores que el natural, que están en los lunetos sobre el coro de la iglesia de los padres agustinos de dicha ciudad, hechas con manera gallarda y espirituosa: por cuya causa, dicen, se descompuso con Cristóbal Vela, autor de aquella obra y no prosiguió en ella”. Las frases de Palomino pueden ser simplemente una anécdota para poner de manifiesto la superioridad de la obra de Zambrano sobre la de Vela pero es significativo que las pinturas de la bóveda contrastan enormemente con el resto del conjunto pictórico de la iglesia; basándose en ello y en el análisis formal de las composiciones que la decoran —seis secuencias que desarrollan pasajes del Credo y los lunetos con las figuras de santas vírgenes, entre las que se incluyen algunas de Córdoba—, se ha atribuido todo el conjunto de la bóveda central a Zambrano.
     Los temas están pintados al óleo directamente sobre el yeso y la composición es la misma en todos los registros: la parte inferior está ocupada por un versículo del Credo escrito en dos cartelas sostenidas por ángeles. A los lados, de rodillas, dos apóstoles y en el centro, la persona de la Santísima Trinidad que aparece citada en el versículo correspondiente. El tratamiento dado a las figuras coincide con el desarrollado por el maestro en el lienzo del Martirio de san Esteban, representando a los personajes con gran verismo y fuerte modelado. Las mismas características se aprecian en las pinturas de los lunetos. Las santas mártires están representadas de medio cuerpo, vestidas a la usanza de la época y portando cada una sus atributos más significativos; además, cada una de ellas aparece identificada por su nombre, escrito en una cartela. Esta obra estaba terminada para 1633 como consta en una inscripción que hay a la entrada de la puerta interior del templo.
     Terminada su labor para los agustinos, de nuevo recala en Sevilla; han pasado algunos años desde que estuviera en la ciudad y, sin duda alguna, las modas y formas de pintar están cambiando; son los años en que empiezan a sonar los nombres de Diego Velázquez, Alonso Cano, Francisco de Zurbarán... Zambrano se incorpora a esta nueva escuela hispalense, pero sigue manteniendo contactos con su ciudad natal.
     Fruto de este contacto es el Ángel de la Guarda que hoy luce en el Museo Diocesano de Córdoba, obra significativa y de gran importancia dentro de la producción del maestro, ya que evidencia un cambio con respecto a sus composiciones anteriores. En ella, la técnica del dibujo es precisa y escultórica, el colorido claro y la pasta del color poco densa. La pieza refleja ecos de las grandes composiciones de Miguel Ángel, tanto en el tratamiento espacial y cromático cuanto en el concepto monumental y hercúleo de las figuras. Con cierta probabilidad, este lienzo pudo ser el que narra Palomino en su biografía y que vio en el Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús y “alabó como cosa excelente [...] y mayor que el natural”.
     También realizó las pinturas del retablo mayor del Convento de Santa María de Gracia de Córdoba, del cual hoy sólo conocemos La Anunciación, obra que se conserva en el actual Convento de Santa María de Gracia de esta ciudad. Está documentada por una carta de pago fechada en 1639, según la cual el administrador del convento, Juan Agudo Castroviejo justificaba la cantidad de 200 reales que había pagado a Juana de Espejo, viuda de Juan Luis Zambrano, pintor, “por razón de lo que este convento le debía de la pintura del retablo de esta iglesia”. Hoy sólo se tienen noticias de esta composición que ocupaba el registro central del retablo, los laterales también estaban cubiertos con pinturas pero de ellas no se tienen noticias de su paradero, circunstancia que hace más apreciable esta composición. Es un lienzo de grandes dimensiones que muestra ciertos rasgos de raigambre manierista y, a su vez, anuncia las grandes composiciones del barroco.
     La Anunciación presenta un sencillo esquema compositivo. El ángel aparece de perfil a la derecha, mientras que la Virgen, a la izquierda, arrodillada en un reclinatorio sobre el que descansa un libro abierto, gesticula ante las palabras del ángel. En el suelo algunos detalles naturalistas, tales como el cesto de mimbre con telas y tijeras, y el jarrón con las azucenas, forma tradicional del representar el símbolo. Por otra parte, Zambrano utiliza un recurso esencialmente barroco, al representar a san Gabriel flotando sobre una nube de querubes, si bien su deseo de indicar el origen celestial del ángel se ve traicionado por la maciza corporeidad y sobria monumentalidad de éste. Los cielos han quedado confinados a la zona superior, en la que se describe una Gloria en la que figura la paloma del Espíritu Santo en medio de una aureola de luz, alrededor de la cual aparecen ángeles; unos contemplando la escena, otros interpretando música, en las más variadas y complicadas posiciones.
     La relación de esta obra con el Martirio de San Esteban en la Catedral cordobesa es evidente, sobre todo en el rompimiento en gloria y en la forma de colocar los ángeles en escorzos violentos. Ambas obras muestran una clara vinculación con la escuela sevillana pero Zambrano no emplea las formas blandas utilizadas por Roelas, prefiriendo el modelado más fuerte y el gusto por lo grande de Herrera.
     No se conoce la obra pictórica de Zambrano en la capital hispalense; según Ramírez de Arellano pintó varias composiciones para la iglesia de San Bartolomé y para la escalera principal del Convento de San Basilio, de las que no se tienen noticias. Hoy se le atribuyen varios lienzos de la vida de san Pedro Nolasco para la Merced Calzada de Sevilla, hechos en colaboración con Zurbarán, y actualmente depositados en la Catedral hispalense.
     Fue uno de los maestros más interesantes de la pintura manierista cordobesa, en el que el dibujo vigoroso y los trazos fuertes característicos de esta escuela quedan matizados por un conocimiento profundo de la escuela sevillana del momento. Murió en Sevilla en 1639 (María de los Ángeles Raya Raya, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "San Fernando entrega la imagen de la Virgen de la Merced a San Pedro Nolasco", de Juan Luis Zambrano, en la Capilla de San Pedro, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Capilla de San Pedro de la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 17 de enero de 2026

Los principales monumentos (Casa Maestral, Complejo Cultural de la Merced, Convento e Iglesia de Santa Clara, Casas Mudéjares, Iglesia de Santiago, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Hospital e Iglesia de San Juan de Dios -Biblioteca Arturo Gazul-, Palacio Consistorial, Palacio Episcopal o Casa Prioral -Museo de Llerena-, Plaza de España, Plaza de la Fuente Pellejera, Recinto Amurallado, y Palacio de los Zapata) de la localidad de Llerena, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa Maestral, Complejo Cultural de la Merced, Convento e Iglesia de Santa Clara, Casas Mudéjares, Iglesia de Santiago, Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Hospital e Iglesia de San Juan de Dios -Biblioteca Arturo Gazul-, Palacio Consistorial, Palacio Episcopal o Casa Prioral -Museo de Llerena-, Plaza de España, Plaza de la Fuente Pellejera, Recinto Amurallado, y Palacio de los Zapata) de la localidad de Llerena, en la provincia de Badajoz.
     Llerena se sitúa en el centro del Partido Judicial, articulando el territorio en el aspecto geográfico, y sobre todo, en el histórico.
     Si para muchas poblaciones extremeñas la relación con las Órdenes Militares revisten importancia muy destacada, para Llerena la conexión con la Orden de Santiago constituye la entraña misma de su ser. Porque Llerena fue el corazón mismo de esta Institución en Extremadura, al igual que la Orden fue el alma de la ciudad.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 162,7 Km2
     Altitud: 641 m.
     Distancia Capital: 117 Km.
     Partido Judicial: Llerena
     Comarca: Campiña Sur
     Gentilicio: Llerenense
Ayuntamiento de Llerena
     Plaza de España, 1
     06900 Llerena (Badajoz)
     Teléfono: 924870068
     Fax: 924871240
     Web: www.llerena.org
Historia.-
    Si para muchas poblaciones extremeñas la relación con las Órdenes Militares revisten importancia muy destacada, para Llerena la conexión con la Orden de Santiago constituye la entraña misma de su ser. Porque Llerena fue el corazón mismo de esta Institución en Extremadura, al igual que la Orden fue el alma de la ciudad.
     De tal modo, la identificación entre ambas entidades, Llerena y Orden de Santiago, alcanzó tal grado, que bien puede afirmarse que ninguna de las dos resulta concebible separada de la otra. Así lo proclama con ajustada veracidad la vieja copla popular:
Llerena con ser Ciudad
vale más que Badajoz;
Llerena tiene la Orden
de San Marcos de León
     Los primeros antecedentes documentados sobre la población se encuentran en un asentamiento árabe denominado Ellerina o Ellerena, nucleado ya en el siglo XI en torno a la Fuente Pellejera. El enclave, muy disputado por musulmanes y cristianos debido a su estratégica situación, resultó ocupado definitivamente por Pelay Pérez Correa en 1.243.
     Con ocasión de esta conquista es cuando tuvo lugar el milagro con el que se conecta la más emblemática de las realizaciones de la ciudad: la iglesia de Ntra. Sra. de la Granada.
     Ante la resistencia de los moros frente al ataque de los cristianos, la entrada de éstos en la plaza se hacía cada vez más difícil. Cuando la empresa parecía imposible y los santiaguistas comenzaban a retirarse, cuenta la hermosa leyenda que se les apareció la Virgen María mostrando en la mano una granada como símbolo de la unidad. La visión enardeció su espíritu, haciéndoles culminar la victoria.
     Para conmemorarla erigieron sobre la mezquita musulmana una iglesia dedicada a la advocación de la Granada, sobre la que más tarde se levantaría la que, bajo las ampliaciones impulsadas por los Reyes Católicos y otras, es la que hoy conocemos.
     Tras su ocupación por la Orden de Santiago, Llerena se consolidó como el centro más importante del territorio, asumiendo el papel de cabeza del mismo anteriormente desempeñado por Reina. En 1.640, considerando la importancia de la población y su auge, así como sus múltiples servicios a la Corona, Felipe IV le otorgó el título de Ciudad (Diputación Provincial de Badajoz).
     Esta luminosa ciudad del sureste de Badajoz, cabecera comarcal de la Campiña Sur y puerta meridional de Extremadura, posee un armonioso conjunto monumental barroco de marcada inspiración mudéjar.
Historia
     Denominada Ellerina en la época del Cali­fato de Córdoba, es a raíz de la conquista y ocupación de la Baja Extremadura cuando Llerena emerge en la historia.
     Tras el fuero concedido en 1297, su desarrollo se vio favorecido al convertirse en residencia habitual de algunos maestres de la Orden de Santiago y, ya en el siglo XV, en capital del priorato de San Marcos de León. Así fue enriqueciendo su patrimo­nio monumental con numerosas edificaciones y a finales del siglo XVI, época de mayor esplendor, llegó a contar con siete conventos y con un activo ambiente cultural del que surgieron figuras de la talla de Cieza de León, cronista de Indias, o Luis Zapata, consejero de los Reyes Católicos. En contrapartida, las acciones del Tribunal de la Inquisición de Extremadura, instalado en Llerena desde 1508, desplegaron sobre la ciudad un aura de terrores e intolerancia.
Gastronomía
     Junto a algunos platos típicos extremeños, como las migas o la caldereta, y los habituales productos derivados del cerdo, sobresale la repostería del convento de Santa Clara, donde pueden adquirirse dulces como los llamados corazones de monja, a base de almendras.
Fiestas
     En la segunda semana de agosto se celebran las fiestas patronales de la Virgen de la Granada, con procesiones, conciertos y actos culturales. La feria de San Miguel, a finales de septiembre, se remonta al s. XV y aún mantiene cierta finalidad comercial y ganadera, si bien predomina ahora la vertiente festiva, que incluye desfiles a caballo y verbenas populares.
Vida local
     Además de concentrar la actividad comercial, junto con la peatonal calle de Las Armas, la plaza de España cuenta con bares de buen tapeo. Ambiente juvenil en la calle Aurora. A principios de agosto, antes de las fiestas patronales, se celebra una semana cultural.
VISITA
     La plaza de España es un espacio armó­nico en el que la tradición mudéjar del ladrillo, en este caso blanqueado, combina con los pilares de piedra que sustentan los elegantes soportales, como los del portal de Morales y el portal de La Casineta. En su lado oriental hay una fuente (1619) proyectada por el pintor Zurbarán. Uno de los laterales queda cerrado por la peculiar galería de dos pisos de la fachada norte de la iglesia de Nuestra Señora de la Granada*. Este original templo, iniciado en el siglo XIII, aúna estilos que van del gótico mudéjar al barroco. En el siglo XVI, además de la galería citada, se construyó una nueva sacristía, varias capillas privadas y la magnífica torre* de ladrillo, cuyos barrocos remates son ya del siglo XVIII. En esta misma época fue realizado el camarín rococó de la Virgen y se llevó a cabo una profunda restauración de todo el conjunto.
     En la calle Corredera, que arranca de la plaza, está el convento de Santa Clara (siglo XVI), fundado por un comendador de la Orden de Santiago y único que se mantiene vigente. En su fachada destaca el mirador de planta poligonal con celosía de piedra y el campanario en forma de doble espadaña. La iglesia, en cuyas bóvedas perdura la pintura mural, alberga una talla de San Jerónimo, de Martínez Montañés. Más adelante, a la altura de la plaza de la Libertad, se encuentra el palacio de los Zapata, ocasional sede del Santo Oficio y hoy destinado a funciones judiciales. Conserva un pórtico de entrada renacentista compuesto por doble arquería de arcos de medio punto, que descansan en bellas columnas entorchadas de clara influencia manuelina (gótico portugués).
     De retorno hacia el centro, la arterial calle de Santiago, que exhibe algunos interesantes ejemplos de arquitectura popular, conduce a la iglesia y hospital Juan de Dios, de fachada clasicista, y a la iglesia de Santiago, templo gótico de finales del siglo XV donde se custodian los sepulcros del fundador, Alonso de Cárdenas, y su esposa. El llamado Palacio Episcopal (siglo XV), sede del priorato de San Marcos de León y ocasionalmente también de la Inquisición, abre su blasonada portada gótica en la calle Zapatería, mientras que en la calle Bodegones puede verse una ventana mudéjar.
     Las iglesias de la Compañía, actual Casa de Cultura, y de la Concepción, que conserva una portada plateresca, son otras obras interesantes, sin olvidar los lienzos de la muralla medieval (siglo XIV), con la puerta de Montemolín o la de Villagarcía, recientemente recuperada (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-
     En el aspecto morfológico la población se estructuró en torno a la Fuente Pellejera, originando un entramado de callejas de evocadores nombres -Bodegones, Curtidores, Simona, del Cristo, Zapatería, Tenería, Cárcel... - sobre el que se configuraría el núcleo definitivo. Esto presenta la característica estructura medieval de diseño ovalado con trama de caparazón de tortuga, rodeándose con una cerca de piedra de la que perduran diferentes lienzos, muchos rescatados y puestos en valor últimamente. De las antiguas puertas se conserva la de Montemolín, remodelada en su actual estructura de ladrillo en tiempos de Felipe II.
     Si Llerena es el corazón de la Orden de Santiago, el corazón de Llerena es su plaza barroca y la iglesia de Ntra. Sra. de la Granada que la preside. Su conjunto constituye sin duda el elemento más representativo de la ciudad.
     La iglesia de Ntra. Sra. de la Granada es obra de singular interés por su resolución formal, contenidos artísticos y significación histórica, tratándose de una de las realizaciones más conocidas de toda Extremadura. Entre sus componentes destacan las naves interiores, de variada riqueza morfológica y espacial; la suntuosa capilla gótico-renacentista erigida en el siglo XVI por Luis de Zapata; la elegante torre barroca de ladrillo; o el conjunto de sus capillas y tesoros muebles. Con todo, ninguna de sus partes puede compararse con la inigualable fachada repleta de arquerías que preside la plaza que se abre por delante, como marco donde se celebraban los Autos de Fe de la Inquisición y otros acontecimientos públicos.
     Esta plaza constituye el modelo más representativo quizá del recinto barroco de espectáculos existente en la región. Su espacio queda perimetrado en los restantes costados por soportales que originan una realidad compositiva de enorme virtualidad y plasticismo, con zonas bien diferenciadas dentro de su unidad, como el tramo de la popular Casineta.
     En la plaza se integran también el Ayuntamiento, la Cárcel vieja y otros edificios donde se continúa la secuencia de soportales y arcadas, así como el pasadizo del Camarín, en el que se inicia la Corredera, la fuente de Zurbarán, la inmediata Plaza del Pasquín y otros rincones de insuperable atractivo y valor ambiental.
     En contraste con la impecable blancura de la Plaza Mayor, la iglesia de la Granada, y el caserío que las enmarca, no lejos se alza la iglesia de Santiago, creación gótica erigida a finales del siglo XV por el último Maestre Santiaguista, Rodrigo de Cárdenas.
     Su severa estructura de sillares calizos de tonos dorados, resalta sobre los tejidos encalados que la rodean, ofreciendo al exterior composición del recio aspecto, rico en volúmenes. En el interior encierra contenidos de notable riqueza, como la sepultura del impulsor de la obra y su esposa, si bien sus cuerpos nunca llegaron a descansar en tal monumento.
     La iglesia preside la calle que de ella toma el nombra, y que, dividiendo a la ciudad en dos sectores, resulta una de sus vías más características. En sus distintos tramos se sitúan el ya desaparecido convento de Santa Isabel, el Hospital de San Juan de Dios y algunas de las más significadas instituciones y casas solariegas de la ciudad, cuyas elegantes fachadas blasonadas denotan su abolengo. En el extremo de poniente de la misma se sitúa la que fue Puerta de Villagarcía.
     Cercanos también a la Plaza Mayor, aunque enclavados en direcciones opuestas, se hallan otros dos hitos importantes de la población histórica. En la calle Zapatería, el Palacio Episcopal, sede de la Diócesis del Priorato de San Marcos de León. Y en la Plaza del Botón, la que fuera mansión de Luis de Zapata.
     El primero conserva su estructura originaria del siglo XVI, con hermosa portada gótica y claustro mudéjar con pinturas murales. El segundo, hoy remodelado como Palacio de Justicia, mantiene el bellísimo atrio porticado plateresco de doble arcada, que por si sólo demuestra la razón de su dueño cuando afirmaba que su casa, era "la mejor que tuvo caballero". En otro tiempo, el edificio sirvió de sede también al Santo Oficio.
     Muy destacado resulta igualmente el conjunto de ermitas, conventos, hospitales y demás centros religiosos que, en número muy elevado, se concentraban en la ciudad, y entre las que, además de las ya mencionadas, se contaban las iglesias del Rosario, Espíritu Santo y la Merced, esta última fundación jesuítica hoy magníficamente restaurada como centro cultura. Y ocho conventos cuatro de frailes: Dominicos, Observantes, Franciscanos Descalzos y San Juan de Dios; y otros tantos de monjas: Concepción, Santa Isabel, Santa Ana y Santa Clara.
     De todos, el convento de Santa Clara es el único que se conserva. Situado en la Corredera, presenta fachada de mampostería y ladrillo recientemente restaurada. Entre sus ricos contenidos cabe citar su magnífico retablo barroco; la cúpula decorada al fresco y una hermosa talla en madera de San Jerónimo, obra de Martínez Montañés. En este convento se producen los típicos "Corazones de Monja", exquisita variedad de la repostería tradicional, únicas por su elaboración, que no deben dejar de probarse.
     Tales monumentos y los muchos más que proliferan en la localidad, se enmarcan en un atractivo paisaje urbanístico, compuesto por las casonas solariegas y mansiones hidalgas de los antiguos linajes de la ciudad, cuyos señeros blasones -Cárdenas, Luna, Zapata, Portocarrero, Figueroa, Ramírez de Guzmán, Monroy, Cieza de León, etc.- lucen sobre las fachadas. Junto a ellas abundan también las edificaciones populares de tipo tradicional y otras que, como evidencia de su antigüedad, conservan ventanas y otros componentes de tradición mudéjar.
     El conjunto urbanístico de Llerena, bien conservado en general, no obstante el exceso de transformaciones que está experimentado últimamente en sus edificaciones seculares, se presenta pulcro e impecablemente enjalbegado, ofreciendo un marco de insuperable atractivo para ser recorrido en sosegado paseo, recreándose en la contemplación de cada uno de los mil rincones de sorprendente encanto e insólito plasticismo que la población ofrece, encerrando cada uno toda una carga de evocaciones históricas.
     Por su significación y contenidos, Llerena fue declarada Conjunto de Interés Histórico Artístico Nacional en 1.966. (Diputación Provincial de Badajoz).

Casa Maestral.-
     La Casa Maestral fue construida para residencia de los Maestres de la Orden de Santiago en la ciudad, siendo su promotor el maestre don Lorenzo Suárez de Figueroa.
     Este edificio ha desempeñado diferentes funciones y fue ampliado y remodelado numerosas veces a lo largo de la historia. En el año 1515 el edificio fue donado al Tribunal de la Santa Inquisición por el rey Fernando el Católico para que se ubicase en él la sede permanente del Santo Oficio en Llerena. Esta decisión fue acatada por la orden Militar de Santiago, aunque no lo aceptaron, lo cual originó numerosos conflictos entre ambas instituciones.
     El emplazamiento de la Inquisición en este edificio hizo necesaria obras de acondicionamiento para la construcción de cárceles y calabozos que modificaron su estructura inicial. Fue sede inquisitorial hasta el año 1576, año en el que el Santo Oficio se traslada a su sede definitiva, el Palacio de los Zapata; parte de la Casa Maestral quedó destinada a cárcel de los sentenciados por la Inquisición y el resto de las dependencias fueron arrendadas al contador de la Mesa Maestral Juan Portillo y al alcalde de los presos y reconciliados por el Santo Oficio, Luis Diego Sánchez.
     En el s. XIX las desamortizaciones y la pérdida de funcionalidad del edificio ocasionaron su abandono y reparto en varias parcelas.
     El inmueble ocupado actualmente por la Casa Maestral fue adquirido en el año 2004 por el Excmo. Ayuntamiento de Llerena, acometiéndose obras de restauración entre 2007 y 2008 e inaugurándose en 2009.
     Del primitivo edificio se conserva el patio principal de estilo mudéjar de ladrillo con pilares y arcos de medio punto en el nivel inferior y arcos escarzanos en el superior, todos enmarcados en alfiz. La antigua sala de audiencias, cubierta por un hermoso artesonado de madera de tipo alfarje con zapatas finamente labradas con forma de grutesco, se conserva en el edificio anexo a éste, propiedad de la Iglesia. Es muy interesante la portada de acceso a esta sala conformada por un gran arco de herradura sobre ménsulas de piedra.
     En la restauración del edificio aparecieron unos grafitos realizada por presos del Tribunal. Actualmente se puede observar en el patio una reproducción de dichos grafitos los cuales siguen una estructura en cuatro tiras de secuencias, compuesta de viñetas abiertas, colocadas unas sobre otras, cuya lectura se realiza de abajo arriba y de derecha a izquierda.
     Es en este edificio donde se localiza la Sala de Promoción de la Artesanía lugar en el cual se pueden adquirir productos artesanos realizados en diferentes talleres extremeños (Ayuntamiento de Llerena).

Complejo Cultural de la Merced.-
     El actual complejo Cultural “La Merced” se conforma por dos edificios independientes de distintos orígenes, usos y cronologías: El convento e iglesia de la Merced y la antigua Casa Palacio de Recaudación de Impuestos de la Mesa Maestral.
     El primero de ellos, y el más monumental, es la capilla del antiguo colegio de los Jesuitas, cuyo diseño se ha atribuido al hermano Francisco Bautista, finalizándose su construcción en 1715. Es un edificio jesuítico, que construyó la Compañía de Jesús para ubicar su centro de enseñanza. Sigue el modelo de la iglesia del Gesú en Roma, y cuenta con planta de cruz latina con transepto poco marcado, nave única con bóveda de medio cañón con lunetos, capillas entre contrafuertes, y cúpula sostenida por pechinas sobre el crucero, que se traduce al exterior en un monumental cimborrio.
     También al exterior, destacan sus dos portadas, así como la decoración de obeliscos o pirámides y bolas, característica de la arquitectura herreriana. Las portadas clasicistas se resuelven con gran maestría mediante un cuerpo rectangular rematado por frontón poco destacado, cuyo lado inferior aparece roto por el vano. Se enmarcan por pilastras y bocel presentando también sendos escudos correspondientes al reinado de Felipe V que fueron dispuestos en estas portadas con posterioridad. La portada del transepto presenta también el escudo de la orden mercedaria que es quien se hizo cargo del edificio y el colegio tras la expulsión de los Jesuitas.
     El segundo edificio se trata de una construcción de la Orden de Santiago con origen en el siglo XVI que sirvió para recaudar los impuestos de la Mesa Maestral. Se trata de un edificio mudéjar que se organiza en torno a un patio porticado, con aljibe, conformado por arcos de medio punto peraltados enmarcados por alfiz sobre pilares poligonales de ladrillo en la planta inferior y arcos escarzanos, también enmarcados por alfiz y sobre pilares de igual tipología en la superior. En la actualidad, como consecuencia del derrumbe de uno de los corredores y su posterior restauración, la mitad del patio aparece enjalbegado y el resto en ladrillo visto.
     Al exterior presenta una sobria fachada con cajones de tapial y mampuesto entre verdugadas de ladrillo y cornisa en voladizo de modillones de rollo (Ayuntamiento de Llerena).

Convento e Iglesia de Santa Clara.-
     El Convento de Santa Clara fue fundado a principios del s. XVI por Doña Isabel Delgado, viuda de D. Rodrigo Porrado, comendador de la Orden de Santiago.  Este es el único convento que se conserva como tal, en la actualidad, de los ocho con los que contaba la ciudad, y desde su fundación está ocupado por religiosas de la Orden de San Francisco y Santa Clara.
     La iglesia del convento data de finales del siglo XVI; presenta una fachada de estilo clasicista donde destacan sus  dos portadas gemelas con arcos carpaneles; sobre ellas se pueden contemplar hornacinas y en la parte superior de la fachada, por cada una de las portadas, se localizan los escudos de los fundadores en mármol blanco.
     El interior es de una sola nave rectangular con capillas hornacina y la cubierta se resuelve con cuatro bóvedas baídas, incluyendo la zona del coro cerrada por una reja por pertenecer a la clausura. Todas las bóvedas están  decoradas con pinturas al fresco, más el tramo del coro, de autoría desconocida pero encuadrables en la escuela sevillana. En ellas predomina una temática mariana y otros temas y devociones propias de la orden franciscana, orden a la que pertenece el convento. En la bóveda del ábside se representa un rompimiento de gloria con la coronación de la Virgen; las pinturas de la bóveda del presbiterio presenta una composición de casetones con decoración vegetal con la representación del tetramorfo en las pechinas; en el tramo central la decoración de bóveda y pechinas es un esquema geométrico claramente serliano; la bóveda de los pies, también de casetones, representa una jerarquía angélica con San Francisco estigmatizado en la clave de la bóveda y otros santos y devociones de la orden, mientras que en las pechinas se representa a los santos padres de la iglesia latina.
     En el convento se conserva un interesante claustro; se trata de un patio cuadrangular enjabelgado que cuenta con dos pisos con corredores sobre arcos de medio punto enmarcados por alfiz.
     El templo atesora multitud de obras de arte mueble, la mayor parte del siglo XVII entre las que destaca la talla de San Jerónimo Penitente de Martínez Montañés, que data de 1603; actualmente esta talla se localiza en el coro bajo del templo, espacio que se ha rehabilitado como museo. Además de esta talla, en este espacio museístico, sobresale un Cristo Yacente que alberga en su pecho un tabernáculo que hace las veces de sagrario, así como objetos litúrgicos, libros de canto, objetos personales de algunas de las religiosas que han vivido en el convento, etc.
     El convento de clausura sigue alojando a monjas franciscanas de la orden de Santa Clara que han adquirido merecida popularidad por su labor en la repostería; destacan los denominados “corazones de monjas” el dulce típico de este convento de Santa Clara de Llerena (Ayuntamiento de Llerena).

Casas Mudéjares.-
     Dispersas por el casco histórico de la localidad encontramos un considerable número de viviendas de estilo mudéjar, en las que se pueden admirar sus espléndidas fachadas de ladrillos con cornisas de modillones, portadas enmarcadas por alfiz, monumentales dinteles, ajimez y otros elementos decorativos característicos de este estilo (Ayuntamiento de Llerena).

Iglesia de Santiago.-
     La iglesia de Santiago es un edificio de estilo gótico tardío hispano-flamenco. El templo fue fundado por D. Alonso de Cárdenas, último maestre de la Orden de Santiago, para su enterramiento. La construcción comenzó por el ábside, reforzado por cinco sólidos contrafuertes de sillería rematados en gárgolas zoomorfas y bellos pináculos florenzados; es aquí donde campea un hermoso blasón de los fundadores, en mármol blanco, y bajo este escudo se puede leer una estela.
     La prematura muerte del Maestre en 1493 trunca el proyecto inicial; se trataba de una iglesia de tres naves con una gran torre a los pies, sin embargo sus herederos modificaron su trazado proyectando este templo con una sola nave; también se reduce en materiales de construcción, no se utiliza sillar de piedra, se utiliza mampuesto, de menor coste económico. La obra la finaliza a principios del siglo XVI D. Alonso de Cárdenas, primer Conde de la Puebla del Maestre, nieto del fundador.
     La iglesia de Santiago cuenta con tres portadas de estilo hispano flamenco de cantería siendo la más hermosa la principal, en la cual se puede admirar, en mármol, los escudos de su fundadores, el de Don Alonso, con yelmo y dos lobos y con una media luna el de doña Leonor. Las otras dos portadas son similares, aunque de ornamentación más simple, la portada de la fachada meridional, en la plazuela de Cervantes, y una tercera portada sobre la que se eleva una torre rematada por una espadaña barroca, único añadido al templo primitivo, y que sustituyó su torre gótica original.
     El interior es de una sola nave cubierta con una bóveda de crucería y con tres tramos; en el tramo inferior se ubica el coro sobre un arco rebajado; en el lado opuesto se levanta la cabecera del templo cubierta también por bóvedas de crucería, separada de la nave por un gran arco toral apuntado; aquí se localiza la capilla principal y dos capillas laterales, la del evangelio bajo la advocación de la virgen de la Soledad y la de la epístola utilizada actualmente como sacristía.
     A este templo se le practica una reforma en 1919 decorando el interior de la iglesia con una pintura grisácea, simulando sillares de piedra, que enmascara la decoración inicial del templo.
     Actualmente en el altar mayor se pueden admirar las efigies de Don Alonso de Cárdenas y Doña Leonor de Luna, ejemplos de la escultura gótica internacional y que formaban parte de sus enterramientos, situados en el centro de la capilla mayor, protegidos por una verja, y decorados con interesantes bajorrelieves de tenantes de los blasones de los fundadores y alegorías de las virtudes atribuidas al Maestre así como santos de su devoción. A Don Alonso se le representa abrazado a la espada a modo de cruz y cubierto con la capa de la Orden de Santiago y a Doña Leonor, orante, con un rosario en sus manos y con el libro de horas a sus pies.
     Otro elemento admirable en este templo es el retablo del altar mayor, de estilo barroco del siglo XVI, con dos cuerpos y cinco calles, y que sustituyó al original retablo gótico del cual solo se ha conservado una talla de Santiago Peregrino, del primer tercio del siglo XVI y que actualmente se puede admirar en este retablo.
     El templo es, en conjunto, un buen ejemplo de la arquitectura gótica tardía de finales del siglo XV y de la huella que la Orden de Santiago dejó en la Baja Extremadura (Ayuntamiento de Llerena).

Iglesia de Nuestra Señora de la Granada.-
     Fundada por el maestre de la Orden de Santiago, Garci Fernández de Villagarcía entre 1385 y 1387, este templo se define principalmente por la combinación de estilos artísticos, mudéjar, gótico, renacimiento, barroco y rococó.
     La fachada principal está formada por dos niveles, un primer nivel de estilo barroco donde se localiza la portada de acceso; en el tímpano de entrada campea un escudo que muestra una granada alusiva a la advocación del templo; sobre el frontón curvo se localizan tres grandes escudos heráldicos, el Papal, el de España y el de Llerena. El segundo nivel es de estilo mudéjar y está formado por dos cuerpos de galerías de arcos de medio punto enmarcados por alfiz sobre pilares octogonales, que dota a esta fachada de gran originalidad; este lugar era utilizado como lugar de asiento y palco, durante siglos, para contemplar los actos públicos que se celebraban en la Plaza.
     La torre se localiza a los pies del templo y está formada por cinco cuerpos con dos estructuras diferentes. Los dos primeros pertenecen a la primitiva torre mudéjar del siglo XIV y están realizados en cantería; en el primero se localiza la Puerta del Perdón y en el segundo se localiza una ventana geminada, ventana típica del estilo mudéjar; en el último cuarto de siglo XVI se levantan los tres cuerpos restantes, de ladrillo, que participan ya del estilo renacentista; la torre queda rematada por una artística giralda.
     La portada trasera de acceso al templo data de la restauración del siglo XVIII y aquí también campea el escudo que muestra una granada; contrasta con esta portada el exterior de la capilla de los Zapata, fabricada con sillares de piedra, de estilo gótico florido con incorporación de elementos renacentistas; en el segundo cuerpo de la espadaña de torre de esta capilla aparecen los bustos de sus fundadores inscritos en medallones.
     El interior del templo contó originalmente con un bello artesonado de madera sustituido por bóvedas de arista sencilla en la importante reforma que se le practica al templo en el siglo XVIII; el proyecto de restauración es redactado por José de Hermosilla y Sandoval, arquitecto llerenense afincado en Madrid.
     En el interior, en la nave de la Epístola, destaca la capilla de la familia Zapata o de San Juan, de estilo gótico con elementos renacentistas; está delimitada del resto del templo por una verja de hierro gótica. Es en esta capilla donde se localiza la pintura “Cristo muerto en la cruz” de Francisco de Zurbarán, actualmente restaurado, y que formó parte del primitivo retablo de este templo.
     La capilla del Prior, a los pies del templo, fue fundada por el Prior Don Gonzalo de la Fuente en 1580.
     El retablo mayor, al igual que la actual imagen de la Virgen de la Granada, son obras contemporáneas realizadas a partir de 1936, debido al incendio que sufrió la iglesia; en el retablo hay que resaltar que las esculturas de S. Ignacio de Loyola y San Francisco Javier son barrocas y proceden del antiguo colegio jesuita, y posterior convento de la Merced.
     El camarín de la Virgen data de 1700 y en su interior se observa una decoración rococó con yeso blanco.
     Hay que destacar del interior de este templo la azulejería, tanto de la capilla de los Zapata como la que se localiza en la capilla del Prior. Un zócalo de azulejos compuesto de piezas de cuenca o arista se puede admirar en la de los Zapata y la del Prior cuenta con una muestra de azulejería pintada que representa una escena de la Reconquista y se atribuye al artista sevillano Cristóbal de Augusta (Ayuntamiento de Llerena).

Hospital e Iglesia de San Juan de Dios (Biblioteca Pública Municipal Arturo Gazul).-
     Estos dos edificios se corresponden con el antiguo hospital y la Iglesia de San Juan de Dios. Esta orden hospitalaria, que tiene su origen en la ciudad de Granada, remite al cabildo municipal de Llerena su deseo de instalarse en esta ciudad en el año 1671 para asistir a los pobres de la ciudad y desde entonces, y hasta el s. XVIII, se convirtió en el hospital más importante de la comarca.
     El hospital, el edificio cuya portada es de piedra de cantería, data del último tercio del siglo XVII. El vano de entrada se enmarca con molduras planas y un entablamento liso superior con adornos de pirámides y bolas; a ambos lados se levantan columnas acanaladas con capiteles diferentes; en el cuerpo superior se abre una hermosa ventana enmarcada por pilastras y rematada con una cornisa. En el interior se conserva un patio porticado con cuatro galerías de tres arcos de medio punto sobre esbeltas columnas de mármol con capitel de castañuelas.
     Actualmente este edificio es de propiedad municipal y acoge los Pisos Tutelados de la ciudad.
     La iglesia se construye para el hospital a mediados del siglo XVIII. En su fachada, de estilo barroco dieciochesco, se distinguen tres niveles, un primer nivel de ladrillo donde se localiza la portada de entrada y la granada emblemática de la Orden de San Juan de Dios; a ambos lados dos hornacinas con pilastras de ladrillo; en el segundo nivel hay dos vanos superpuestos y el último nivel se constituye con un par de torres elevadas en cada uno de los extremos. El interior se configura con una sola nave, decorada con un gran friso barroco, con capillas hornacinas entre pilastras; la cubierta se resuelve con una bóveda de medio cañón con lunetos y en el crucero una gran cúpula con cimborrio y linterna.
     Actualmente este edificio, también de propiedad municipal, acoge la Biblioteca Pública “Arturo Gazul”. Destacan, por su dimensión, las estanterías, realizadas en madera, ubicadas simulando antiguos retablos.
     A finales del 2007 es cuando comenzaron las obras de adecuación de esta iglesia para usos culturales mediante un convenio de colaboración entre el Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Llerena. Desde el año 2010 la Biblioteca Municipal, que en los años 70 adopta el nombre de “Arturo Gazul”, va a ocupar este emplazamiento, sin embargo Llerena cuenta con  Biblioteca Municipal  desde 1928 y fue fundada como un patronato entre el Ateneo Llerenense y el Excmo. Ayuntamiento.
     Actualmente esta biblioteca está catalogada como una de las más singulares de España (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio Consistorial.-
     La historia de este edificio atraviesa tres etapas que remiten a las diversas fases que constituyen el desarrollo de esta institución pública.
     El hecho de que en la Edad Media el gobierno municipal no tuviera bien definidas sus funciones se refleja en la falta de construcciones exclusivamente destinadas al cabildo. Por esta razón desde un principio éste se alberga en un edificio que va a recibir también otros usos con un carácter muy diferente.
     El concejo llerenense ocupó siempre el mismo emplazamiento en la Plaza Mayor. Su primera  fábrica, levantada en la Baja Edad Media incluía la carnicería en la planta inferior y el ayuntamiento en la superior, con dimensiones reducidas, ya que consistía únicamente en una sala con capilla; ofrecía poca consistencia, por lo que con frecuencia se hacían intervenciones para asegurar su estructura. Todas estas deficiencias desencadenan una serie de obras de reforma, realizadas entre 1601 y 1604, para disponer un nuevo local por lo que se adquirieron algunas viviendas contiguas. Tras esta reforma en la fachada principal del edificio se levantaban tres pórticos de sillares de piedra que daban paso al ayuntamiento y a la carnicería; en la fachada lateral se disponía otro pórtico de cantería para acceder a la alhóndiga.
     En el último tercio del siglo XIX se vuelven a realizar obras y son éstas las responsables del aspecto que presenta actualmente. Se trata de una fachada clasicista con balcones decorados con frontones que se alternan rectos y curvos y en los que se mantienen algunos elementos de la fachada primitiva como el pórtico de entrada, hoy cegado.
     La fachada de la calle Alhóndiga, actualmente calle Aurora, fue reedificada también, aunque aquí se respeta el pórtico de piedra existente. Cabe destacar en esta fachada en umbral de la puerta de acceso al edificio en el que se ha empleado una pieza arqueológica de origen romano, probablemente procedente de la antigua y cercana ciudad romana de Regina, en el que se puede leer la inscripción latina FVTVRAM YNQVIRMUS “Buscamos la futura…”
     El único elemento que hoy se conserva del cabildo antiguo es el patio porticado central que distribuye el conjunto de estancias del consistorio. Es una construcción clasicista de principios del siglo XVII que presenta planta trapezoidal y cuatro corredores, cada uno con tres arcos de medio punto sobre doce columnas de piedra de orden toscano. En las enjutas de los arcos, también labrados en piedra, se representan alternándose los escudos de Llerena y el escudo de armas del gobernador de la provincia de León, Diego Girón. En origen el patio también presentaba corredores en la planta superior, en los que presumiblemente los arcos de medio punto se sostendrían por columnas similares a las de la planta baja, pero a una escala menor. Aunque hoy en día esos corredores aparecen cegados, se conservan las columnas situadas en distintas estancias de la planta alta.
     Desde un punto de vista estilístico el ayuntamiento llerenense se encuadra dentro del eclecticismo, estilo arquitectónico más significativo del último tercio del siglo XIX (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio Episcopal o Casa Prioral. Museo de Llerena.-
     El Palacio Episcopal o Casa Prioral fue la residencia de los priores y vicarios de San Marcos de León al ser Llerena capital de la diócesis priorato de San Marcos de León.
     La construcción actual data del último tercio del siglo XV, construcción que se inicia a instancias del Prior Garci Ramírez de Villaescusa, quien comprueba el mal estado del palacio y decide emprender la construcción de uno nuevo.
     Es aquí donde el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición tuvo su primera sede y se mantuvo en él hasta el año 1515 que se trasladó a la Casa Maestral.
     Cuando la Casa Prioral vuelve al poder de la Orden comienza la segunda fase constructiva, año 1549, afectando dichas obras sobre todo al patio central y estancias que lo rodean.
     La planta adopta la tipología de palacio renacentista organizado en torno a un patio central; la portada de la fachada principal de este mismo estilo es del siglo XV; el patio es una obra de estilo mudéjar en ladrillo visto, configurándose con arcos de medio punto peraltados en el  piso inferior y escarzanos en el superior, todos ellos enmarcados con alfiz y apoyados sobre pilares octogonales con sus respectivas basas y capiteles.
     La planta baja del Palacio se concibió como espacio público con la ubicación en la misma del salón de audiencias, la capilla, además de la zona de servicios y caballerizas; la planta alta del edificio es de un carácter más privado.
     A juzgar por los restos de pintura mural encontrados, el palacio debió estar en su mayor parte decorado por las mismas y en menor medida por esgrafiados en yeso.
     El salón de audiencias era un espacio de grandes dimensiones, comunicado por cuatro grandes arcos de medio punto con el jardín. La capilla, de reducidas dimensiones, se comunica con el salón mediante un arco ojival, y presenta en su frente un mural a modo de trampantojo que simula un retablo de estilo gótico, en el que se representa la escena de la contemplación del cuerpo muerto de Cristo en la calle central y a Santiago Peregrino y A San Agustín en las laterales, rematándose a modo de ático por una deesis.
     En la planta alta, en el siglo XVIII, se construyó un salón con bóveda encamonada en el que se ha conservado un mural con la representación del escudo del priorato superpuesto el escudo real y que conmemora la declaración de perpetuo del priorato.
     Merece especial mención la denominada como alcoba de la planta alta, que es una estancia de planta cuadrangular comunicada con los dos salones anexos mediante cuatro pequeñas puertas con arcos conopiales, y abierta a la calle por un interesante ajimez mudéjar de ladrillo con arcos de herradura apuntados y decoración de alfiz al exterior. En los zócalos de esta estancia las placas caladas enmarcan otras cuadrangulares con escenas pobladas de animales fantásticos como dragones, y otros humanos mezclados con una abigarrada decoración de cardina, así como temas heráldicos y epigrafitos entre los que se encuentra el escudo del prior Ramírez de Villaescusa (Ayuntamiento de Llerena).

Plaza de España.-
     La plaza mayor de Llerena, llamada oficialmente plaza de España, es el espacio público más importante y destacable de la localidad.
     La actual configuración  de la plaza es el resultado de una continua evolución llena de cambios y mejoras que respondían a las necesidades que la población iba teniendo con el paso del tiempo; aunque surge junto a la Iglesia de la Granada en la Edad Media, es en el siglo XVI cuando se realiza una importante reforma, anterior a estas obras este espacio no ofrecía la amplitud ni la apariencia de hoy en día.
     A principios del siglo XVI, y por mediación del licenciado Don Luis Zapata, la reina Doña Juana (la Loca) otorga permiso a la villa para celebrar mercado franco el martes, que comienza celebrándose en la plaza del Espíritu Santo, pero pronto se trasladaría a la Plaza Mayor. La necesidad de reformar la plaza para acoger convenientemente este creciente mercado fue la principal causa que esgrimió el cabildo para acometer a principios del siglo XVI la primera de las reformas; el objetivo fue la mejora y el ensanche del portal de la Cárcel. A finales de este mismo siglo se acomete la construcción del portal de la Fuente o de Morales.
     Estilísticamente la Plaza Mayor de Llerena resulta ser una admirable muestra de la arquitectura mudéjar. Los portales están cubiertos con madera, y están formados por arcos de medio punto de ladrillo con alfiz sobre pilares octogonales de piedra. Algunos de los pilares han sido sustituidos posteriormente por otras piezas de granito o piedra caliza, debido principalmente al desgaste sufrido por la erosión.
     El portal occidental está formado por 12 arcos de medio punto, de ladrillo encalado y columnas de cantería; es denominado popularmente de la Casineta, pero en el siglo XVI fue llamado portal de las Tiendas porque en él se localizaban diversos establecimientos comerciales; también se conoció como portal de la Cárcel, pues justo al lado se encontraba la Prisión de la Gobernación.
     En el portal de Morales, edificio similar al Portal de la Casineta, la sucesión es de 9 arcos también de medio punto. En ese portal se ha localizado la casa que probablemente habitara Francisco de Zurbarán con su segunda esposa Doña Beatriz de Morales, natural de Llerena.
     La fuente data del año 1618 y su diseño fue de Francisco de Zurbarán.
     La plaza era el escenario de todo tipo de actividades públicas y religiosas: mercados, autos de fe de la Santa Inquisición, procesiones y actos lúdico-festivos, como la fiesta de toros. Para todos estos actos y celebraciones era muy característico el repartimiento de balcones, realizado según la importancia y dignidad de la persona que las ocupaban (Ayuntamiento de Llerena).

Plaza de la Fuente Pellejera.-
     La Fuente Pellejera se sitúa en el extremo norte de la plaza del mismo nombre. El origen de la fuente es incierto, al menos la fuente tal y como se conoce hoy en día, ya que se cree que la ciudad se crea en torno a esta fuente y que precisamente es este el motivo de que la fuente aparezca en el escudo de la misma. La fuente que tras la restauración ha llegado a nuestros días, es una fuente escalonada, en sentido descendente a la cota del suelo, con gradas rectilíneas que conforman un cuadrado formadas por grandes sillares isódomos de arenisca. En el espacio central aparece un hexágono donde vierten las aguas de unos caños situados de modo alterno en los lados un grueso pilar también hexagonal, que se cierra en su parte superior de forma piramidal y se remataría en origen con una cruz de forja.
     Es especialmente interesante, el entorno de la fuente, con numerosas casas con fachadas que van desde el estilo gótico mudéjar del siglo XV, pasando por el renacentista del XVI, hasta el estilo barroco de los siglos XVII y XVIII. Destacan el conjunto de tres portadas del lado sur de la plaza. La primera de ellas cuenta como elemento más destacado, con un ajimez de doble arco de medio punto peraltado, enmarcado por alfiz con parteluz compuesto por una esbelta columnilla con capitel de castañuelas. La segunda, se trata de una portada blasonada del XVI, de estilo renacentista con un interesante blasón en el que combina la utilización de la piedra con el hierro. La tercera de ellas, conserva en su primera planta, una ventana con arco conopial típicamente del siglo XV. Algunos historiadores consideran esta plaza como parte de la antigua judería por su proximidad con la ermita de Santa Catalina, antigua sinagoga de la ciudad (Ayuntamiento de Llerena).

Recinto Amurallado.-
     En la época medieval el casco urbano de Llerena estuvo rodeado por una cerca amurallada, testimonio de la importancia que la ciudad medieval tuvo en su entorno.
     El origen del recinto amurallado es incierto; es posible que D. Lorenzo Suárez de Figueroa, maestre de la Orden de Santiago, ordenara su construcción entre 1387 y 1404, aunque también hay indicios de que  podría ser de principios del s. XIV. Los sucesivos maestrazgos de la orden santiaguista impulsaron mejoras en dicha muralla; la mayor parte del cerco amurallado fue reconstruido por el maestre don Fadrique a mediados del siglo XIV, de cuya época datan numerosos lienzos de muralla.
     La construcción es de argamasa, mampostería y ladrillo, usado de forma parcial en arcos, almenas, cubiertas y esquinas, todos, materiales habitualmente empleados por los árabes en este tipo de edificación; los lienzos se coronan con almenas sin remates o terminadas en formas piramidales y se refuerzan con torreones, en la mayoría de los casos de planta rectangular. También se han conservado algunos tramos construidos con tapial.
     La comunicación del recinto urbano con el exterior se efectuaba a través de cuatro puertas principales que se orientaban según los puntos cardinales; al norte la de Villagarcía, al Sur la de Reina, al Este la de Valencia y al Oeste la de Montemolín; actualmente se encuentran restauradas la puerta de Villagarcía y la Puerta de Montemolín, sobre la cual se levanta un original templete que alberga una hornacina decorada por pinturas al fresco con el tema de la Inmaculada y la paloma del Espíritu Santo, pinturas que habría que poner en relación con el voto o juramento del dogma de la Inmaculada para la entrada en la ciudad, como sucedía en otras localidades del sur de España.
     También existían un buen número de puertas menores o portillos que servían para acceder a la ciudad en zonas intermedias entre las puertas; se conserva perfectamente el que se localiza en este lugar, denominado “Portillo del Sol”.
     La cerca amurallada cerraba totalmente la ciudad y desempeñaba una misión defensiva; las puertas tenían una función fiscal, cobrándose impuestos por casi todas las mercancías que entraban en la ciudad para su posterior venta; además en caso de epidemias la función de esta muralla era la de aislamiento.
     El cerco íntegro se mantuvo en su totalidad hasta mediados del siglo XIX. Precisamente es en torno a este acceso, donde podemos contemplar uno de los mayores fragmentos del lienzo amurallado que ha llegado hasta nuestros días. Frente a él se ha dispuesto un espacio ajardinado que se conoce como plaza o parque Cieza de León en honor a Pedro Cieza de León, uno de los personajes ilustres llerenenses más renombrado, y considerado como uno de los principales cronistas de Indias. Con  tan sólo 15 años partió a América, continente en el que participó en diversas expediciones; aunque emigró como soldado; su curiosidad natural e inquietudes humanísticas le impulsaron a dedicar buena parte de su tiempo libre a la redacción de sus crónicas. Fue llamado “El príncipe de los cronistas de Indias” y es el autor de las “Crónicas del Perú”, conjunto de libros fundamentales e imprescindible para el conocimiento de la América precolombina. En su memoria, en este lugar, se ha erigido un monumento conformado por una escultura en la que se representa al personaje, recostado sobre un lecho de rocas en la acción de escribir, quizás llegada ya la noche, tal y como él mismo nos relata en sus crónicas “cuando otros descansaban, cansábame yo escribiendo” (Ayuntamiento de Llerena).

Palacio de los Zapata.-
     El Palacio de los Zapata fue construido en los inicios del siglo XVI por el que fuera consejero de los Reyes Católicos, Luis Zapata, y es sin duda uno de los edificios civiles más emblemáticos de Llerena. Este palacio pasó en 1570 a ser sede del Tribunal de la Inquisición siendo ésta la tercera y última residencia del Santo Oficio en Llerena. La sede inquisitorial de Llerena tenía jurisdicción sobre 527 villas y lugares, incluidos los obispados de Plasencia, Coria, Badajoz y Ciudad Rodrigo, así como los Prioratos de Santiago y Alcántara.
     Desde 1974 este edificio es el Palacio de Justicia albergando el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción del Partido Judicial de Llerena.
     La portada principal de acceso al Palacio de Justicia era la denominada Portada del Jardín del palacio de los Zapata; es de mediados del siglo XVI, de estilo renacentista y se organiza como un corredor con dos series de arquerías, cada una de éstas se compone de cinco arcos de medio punto peraltado sobre columnas ligeramente entorchadas que descansan sobre basas poligonales y se rematan con capiteles decorados con motivos vegetales y geométricos. La cornisa de la fachada está recorrida en toda su longitud por bolas de tipo isabelino. Además destaca la ventana esquinada de cantería que adorna una de las  esquinas de esta fachada.
     La estructura original del palacio quedó en gran parte destruida tras utilizarse como cuartel de las tropas francesas en la Guerra de Independencia. En este momento histórico desapareció la mayor parte de la zona más noble del palacio, como su patio principal de estilo plateresco o la capilla y los salones que según las descripciones que se conservan estaban ricamente decorados y cubiertos por artísticos artesonados labrados y dorados. También en esta fecha se destruyeron las dos antiguas fortalezas medievales anexas al palacio, el fortín y la denominada torre del airado. En el interior se conserva el patio central, un patio mudéjar del siglo XVI, de planta rectangular, que cuenta con dos pisos con 12 arcos de medio punto peraltados, encuadrados en alfiz sobre pilares octogonales, en planta baja, y 14 arcos de carpanel en la primera planta.
     El palacio de Los Zapata fue la mejor casa que tuvo caballero en España, según las crónicas de la época.
     La fachada principal de este palacio se denominó de la Inquisición y actualmente su portada está cegada. Esta portada es una muestra interesante del Plateresco construida con sillares de cantería; el vano dibuja un arco de medio punto rebajado; es probable que este primer arco estuviera cobijado por otro mayor de tipo conopial, pues se ve su arranque; toda la portada está enmarcada por un alfiz. La parte superior se encuentra hoy incompleta, hay un panel central con el escudo real flanqueado por los típicos salvajes en altorrelieve de perfil y de pie sobre repisas. Sobre esta portada se levanta una torre mirador de planta cuadrada (Ayuntamiento de Llerena).

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