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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 19 de junio de 2026

Los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).   
     Hoy, 19 de junio, en Florencia, en Toscana, actualmente en Italia, Memoria de Santa Juliana Falconeri, virgen que fundó las Hermanas de la Orden de los Siervos de María, llamadas por su hábito religioso "Mantelatas" (1341) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
Santa Juliana I. El sitio arqueológico se emplaza en el extremo Suroeste de las tierras pertenecientes al cortijo de Santa Juliana, en la ladera que sube desde un antiguo manantial hoy en día inexistente y frente a unos eucaliptos. En la prospección efectuada en la zona en 1999, tan sólo se han podido observar escasos fragmentos de materiales constructivos romanos como tegulae y ladrillos. Asimismo, se localizaron varios restos de molino naviforme en granodiorita, algunos fragmentos de cerámica común romana y otros de cerámica emiral con grandes desgrasantes micáceos.
     Según Fernández Caro, en 1984 se hizo un arranque de olivos pasando la tierra a calma y la posterior acción de los arados subsoladores pusieron al descubierto diversos núcleos con restos arqueológicos. En la parte baja de la ladera salieron a la luz restos arquitectónicos y materiales cerámicos, y en la parte más alta aparecieron 8-10 núcleos de ladrillos exclusivamente, de no más de 10 metros cuadrados cada uno. Según este mismo autor, el núcleo más bajo pertenecería a un asentamiento de tipo rural, activo al menos durante la segunda mitad del siglo I d. C. que compartiría una economía basada en la agricultura y la ganadería. Los núcleos pequeños que aparecieron más arriba, podrían pertenecer a tumbas de los habitantes del asentamiento.
     El estado en que ha quedado el sitio y la escasez general de restos que se observan actualmente no permite realizar ninguna valoración sobre la entidad o funcionalidad que pudo tener, ni tampoco corroborar la interpretación dada por Fernández Caro. No obstante, sí se ha de indicar una posible ocupación en época altomedieval según los restos cerámicos hallados.
Santa Juliana II
. El yacimiento se emplaza en una suave loma mirando hacia las fértiles tierras de la vega de Carmona, próximo al cortijo de Zahariche Bajo, se pudo observar un núcleo muy bien definido con una alta densidad de restos, fundamentalmente abundantísimos fragmentos de materiales constructivos romanos: tegulae, ladrillos, algunos de ellos de grandes dimensiones, así como laterculi de diferentes tamaños (9,3 x 4, 8 x 2,1 centímetros; 8,5 x 5,6 x 2; etc.). Los restos cerámicos son también abundantes, destacando varios fragmentos de terra sigillata hispánica, un fondo de terra sigillata sudgálica y varios fragmentos de dolia, aparte de cerámica común y cerámica gris romana. Fernández Caro halló también en este lugar varios regatones de ánforas vinarias romanas, así como un fragmento de borde de vaso de terra sigillata aretina (forma 217 de Beltrán), fragmentos de borde de vaso de terra sigillata sudgálica (forma 279 de Beltrán) y varios fragmentos de sigillata hispánica: un borde (Drag. 24/25), un galbo (Drag. 27), un cuenco (Drag 15/17) y un vaso (Drag. 37). Asimismo, halló un borde de cuenco de terra sigillata clara (forma 9.2A de Hayes). De época islámica se localizó también un borde de redoma con decoración pintada.
     A tenor de los materiales descritos, puede tratarse de una villa romana altoimperial de cierta envergadura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Juliana Falconeri, virgen:
       Virgen florentina nacida en 1270 y muerta en 1340.
   Fundadora de la tercera orden «delle Serve di Maria Vergíne»  (de las siervas de la Virgen María), llamadas las enmantadas (Mantellate, Ammantellate).
   Fue beatificada en 1729 y canonizada en 1740.
   Es patrona de las servitas y más en particular, de la tercera orden.
   Se la invoca para la curación de las afecciones gástricas, especialmente los vómitos cotidianos que ella padecía.
   En sus representaciones aparece inclinada ante una hostia que se imprime sobre su pecho como un sello (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 2 de junio de 2026

El sitio arqueológico Antoniana - El Negrón II, en Gilena (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Antoniana - El Negrón II, en Gilena (Sevilla).  
   Frente a la cueva del Negrón, al otro lado del camino, en superficie se recogen numeroso galbos de varias épocas (a mano, sigillatas), algunas tegulas y vidriadas islámico-medievales, pero sin una concentración significativa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 12 de mayo de 2026

Los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).  
Alberca de la Aljabara. Esta estructura hidráulica se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos hídricos. Se trata de un elemento emergente de forma cuadrangular realizado en tapial de unas dimensiones de 22 metros de largo por 20,75 de ancho, presentando el eje mayor una dirección Este-Oeste. Los muros tienen una anchura aproximada de 85 centímetros y presentan en su cara interna algunas huellas de revestimiento hidráulico.
     Se trata de una alberca utilizada para el almacenamiento del agua que a su vez servía como balsa de regulación para su posterior distribución a las alquerías cercanas. El hecho de situarse cerca de la alquería de La Aljabara, mencionada incluso por las fuentes históricas, y dado que la técnica constructiva es típicamente árabe, se puede atribuir a esta alberca una cronología medieval islámica. Se sabe también por información oral de la aparición de restos de conducciones hidráulicas en un área intermedia entre la alberca y el manantial de La Aljabara. 
Aljabar. Este lugar se emplaza en la finca de La Aljabara y en las inmediaciones del propio cortijo. Según Fernández Caro, a finales del verano de 1984 se halló un tesorillo de monedas visigodas que fue tasado en varios millones de pesetas. También existen referencias indirectas que mencionan la aparición en el mismo lugar de una lucerna completa.
     En el transcurso de la prospección, no hemos observado ningún indicio de restos arqueológicos en el lugar en cuestión.
Aljabara I. El yacimiento se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos. Contamos con fuentes escritas que hablan de este yacimiento en sus momentos de actividad. El topónimo "Alhavara" aparece citado en el Repartimiento de Sevilla, donde se menciona que Doña Juana, esposa del rey Fernando III, concedió estas tierras en donadío el 20 de Mayo de 1248 a la Orden Militar de Alcántara. Asimismo, Julio González habla de una alquería y un villar, el de Hueyt Alhavara. Según Fernández Caro, el topónimo debe de provenir de "jabar", que unido a "sahib" significaría cargo público que tenía la misión de anunciar quién llegara y avisar de las noticias. Pensamos que el topónimo podría también estar relacionado con la tribu bereber "Hawwara", cuya existencia está constatada en Morón de la Frontera y en Marchena. Asimismo, en los archivos municipales de Fuentes de Andalucía, este lugar se cita durante el siglo XVIII y XIX con el nombre de Albajara.
     En el transcurso de la visita realizada en 1999 se han observado materiales constructivos en escasa densidad consistentes en fragmentos de tegulae y ladrillos. En cuanto al material cerámico, tan sólo se han podido detectar algunas asas de jarra islámica pintadas con digitaciones en negro de época almohade y varios fragmentos de cerámica vidriada en melado. Fernández Caro observó los mismos materiales constructivos y algunos fragmentos de cerámica con decoración pintada de tipo musulmán.
     Dada la riqueza de estas tierras y la abundancia de agua existente, pensamos que se trataría de una explotación rural de época islámica de tipo alquería. Durante el período islámico se utilizaron muy probablemente materiales constructivos romanos procedentes de la antigua villa romana cercana de Aljabara II.
Aljabara II. El sitio arqueológico se emplaza en un cerro de poca elevación situado frente al cortijo de La Aljabara. Se trata de un lugar propicio para el asentamiento humano dada la calidad de las tierras, óptimas para las labores agrícolas, y la existencia de abundantes pozos de agua. En el lugar existió un manantial, pues así consta en los archivos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.
     Se ha encontrado en este lugar un fragmento de cerámica bruñida adscribible al Bronce Final. Sin embargo, este sólo hallazgo es insuficiente para retrotraer la cronología de la primera ocupación del sitio más allá de época romana. De este período se observan restos de materiales constructivos compuestos fundamentalmente por tegulae, ladrillos y laterculi (6,8 x 4,5 x 3,5). Respecto a los materiales cerámicos, además de diversos fragmentos de terra sigillata sudgálica (Beltrán 214), hispánica y clara hallados por Fernández Caro, se ha encontrado otro fragmento de sigillata hispánica con sigillum donde se lee OP_M_. Asimismo, se ha encontrado un fragmento de rojo pompeyano, varios fragmentos de dolia y restos de un molino de granodiorita probablemente romano. Todos estos restos permiten afirmar con casi total seguridad que en este lugar existió una villa con pars urbana. Atendiendo fundamentalmente a la concentración de materiales, se distingue el núcleo de la villa en el área más alta del cerro, estando el sitio arqueológico orientado hacia el camino de la Aljabara. El primer asentamiento romano se debió de producir a principios del siglo I d.C. 
     Este lugar revela además la existencia de un hábitat islámico a tenor de los restos hallados en la prospección efectuada en 1999: varios fragmentos de cerámica emiral, un fragmento vidriado exterior en verde de época califal y varios fragmentos de cerámica almohade, destacando dos fragmentos de jarra islámica con restos de digitación, uno en rojo y otro en negro, a los que hay que añadir un fragmento de galbo de jarra islámica con decoración pintada de color marrón recogido por Fernández Caro. Por último, la aparición de fragmentos de cerámica vidriada en melado y otros restos cerámicos de los siglos XVII y XVIII parecen dar continuidad a los anteriores asentamientos.
Aljabara III. El sitio arqueológico se emplaza sobre una terraza en las cercanías de la cornisa que mira hacia las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos.
     Se localizó un pequeño núcleo compuesto fundamentalmente por un alto porcentaje de ímbrices muy fragmentados, junto a algunos fragmentos de tegulae y ladrillos. Asimismo, aparece un fragmento de opus signinum y una cierta aglomeración de cantos rodados que podría pertenecer a un pavimento. Cabe destacar también la aparición de numerosos fragmentos de escoria de cerámica, justo donde se advierte un cambio de coloración del suelo que aparece claramente rubefactado. De estos indicios se deduce la existencia de un posible horno de producción alfarera de época romana.
Aljabara IV. El yacimiento se emplaza en tierras llanas de La Aljabara, al Este de un pozo y circundado en parte por un pequeño arroyo de carácter estacional que nace al Norte de los Cerros de San Pedro y va a desembocar al arroyo de La Aljabara.
     Se han localizado en una amplia extensión una relativa abundancia de restos constructivos romanos compuestos fundamentalmente por fragmentos de tegulae, ladrillos e ímbrices. Entre los restos cerámicos, cabe destacar el hallazgo de un pie y varios fragmentos amorfos de terra sigillata hispánica, así como cerámica común romana. Pudiera tratarse de una villa romana de pequeñas dimensiones situada en tierras fértiles y muy cercana a los Cerros de San Pedro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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viernes, 13 de marzo de 2026

El sitio arqueológico La Atalaya, en Casariche (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico del Alcaparral, en Casariche (Sevilla).  
     En este sitio arqueológico, se han localizado restos de ladrillos, tégulas, ímbrices, trozos de y cerámica de barro basto, al lado de fragmentos de terra sigillata y campaniense. Se puede afirmar que se trata de un asentamiento romano. 
     Existe una hipótesis mantenida por algunos autores de que se trata de Vestipo, por las noticias existentes sobre el término junto con dos restos epigráficos y algunas monedas que hacen alusión a la posible existencia de él, sin haber sido comprobado.
     En una prospección realizada en el año 2003 se describe el sitio arqueológico como sigue: 
     Concentración de restos constructivos y cerámicos de diferentes momentos: 
- Alto Imperio romano:
     El material constructivo se compone de fragmentos de ímbrices y tegulae. En cuanto a las tegulae, se presentan de dos tipos, de sección triangular y cuadrangular. La pestaña de sección triangular presenta unos 5 centímetros de altura, y el cuerpo posee un grosor de 1,5 centímetros, la pasta es de coloración ocre-anaranjada, pastas muy depuradas y de cocción oxidante. Pueden fecharse en los siglos I-II d. C.
     Este tipo de tegulae se empleaba para revestimientos y para cubiertas ligeras, y frecuentemente empleada en la cubrición de estructuras funerarias.
     En cuanto a la pestaña de sección cuadrangular, presenta una altura de 5,5 centímetros y el cuerpo posee un grosor de 2,5 centímetros. La pasta es de coloración anaranjada, su fractura es concoidal y la cocción oxidante. El cuerpo de estas tegulae es bastante pesado y macizo, con desgrasante muy grueso. Estas piezas, por su fabricación, parecen haber sido destinadas principalmente para estructuras constructivas de cierta envergadura que pudiera soportar el peso de una cubierta pesada.
     En cuanto a los imbrex (imbrices), se han identificado escasas piezas muy fragmentadas. Los ejemplares identificados presentan la cara externa acanalada, contando con un grosor medio de 1,2 centímetros. Su cocción es oxidante y la pasta es de color crema, muy depurada, con desgrasante fino y fracturas netas, limpias. 
     Se han localizado varios fragmentos de Terra Sigillata Hispánica, que se adscriben a diferentes tipos: 
     Formas lisas. La mayor parte de estos fragmentos son de extraordinaria calidad que presentan barniz compacto color tierra de Siena. La pasta es de color marrón rojizo, con desgrasante fino y escasamente concentrado, de tipo cálcico.
     Entre los diversos segmentos observados, pese a su alto grado de fragmentación, han podido ser identificados algunos claramente pertenecientes a la forma Drag. 24/25, con una cronología que va desde la segunda mitad del siglo I d.n.e., hasta finales del siglo II d.n.e. Esta forma presenta un cuerpo de tendencia semiesférica que apoya sobre un pie bajo de sección triangular. Fueron observados diversos fragmentos de este tipo de piezas en los que el cuerpo era dividido hacia la mitad superior de la pieza por un baquetón de sección semicircular. Bajo este baquetón, la superficie exterior es lisa, mientras que la parte superior, que acaba en un borde redondeado, posee decoración de líneas rectas verticales y paralelas en todo su recorrido.
     Formas decoradas. Se han identificado algunos fragmentos de formas decoradas de Terra Sigillata Hispánica. Presentan un barniz bastante más claro, de color canela, y que se desprende fácilmente de la superficie. Las pastas son más blandas, ferruginosas y con mayor concentración de desgrasante cálcico. Debido al alto grado de fragmentación de las piezas que se observó en superficie, ha sido imposible identificar las formas a simple vista. Sin embargo, se localizó un fragmento muy rodado, en el que la decoración consistía claramente en círculos sogueados simples con indicios de decoración figurativa en el interior de los rosetones, probablemente zoomorfa, aunque esto es muy difícil de precisar, ya que las posibles figuras se presentaban muy difuminadas y sin contraste.
     El hecho de que aparezca barniz sobre las figuras indica que ya eran defectuosas en origen, y no que hayan sido alteradas por procesos post-deposicionales. Este defecto en la fabricación es debido a que no se retiró del molde correctamente la escoria cerámica resultante de la fabricación de piezas anteriores.
     Cerámica de Paredes Finas: Este tipo de cerámica está asociado a contextos de tipo funerario, y aparece formando parte del ajuar del difunto. Se han identificado escasos restos de cerámica de paredes finas en estado altamente fragmentario. La pasta presenta cocción oxidante, de color marrón anaranjado y sus fracturas son netas. Los restos poseen un engobe interno y externo de color anaranjado, con decoración de pequeños mamelones y bordes ligeramente exvasados, pero que debido a su escaso número y alto grado de fragmentación; hacen muy difícil su identificación. Se tiene conocimiento de producciones locales en la Bética de este tipo de vajillas en torno a mediados del siglo I d.n.e.
     Cerámica Común Romana: Es la cerámica no constructiva que mayor abundancia presenta en superficie. Se distinguen  fragmentos pertenecientes a varios tipos de piezas:
     Orzas.- Vasija originalmente vinculada a ambientes domésticos de cocina y destinada al almacenamiento de productos alimenticios. Algunos tipos, en los que la vasija se presenta recubierta de engobe grisáceo, aparecen frecuentemente vinculados a ámbitos funerarios, formando parte del ajuar del difunto.
     Este tipo de recipiente suele tener entre 9 y 15 centímetros de diámetro. Se caracteriza por su cuerpo globular, la reducción de su base de apoyo, el estrangulamiento en el cuello y los bordes exvasados de forma acusada. La pasta es blanda, ferruginosa y de fractura concoidal. Presenta cocción oxidante de coloración anaranjada y desgrasante de tipo medio. Un engobe gris recubre la pieza totalmente. Ofrece una cronología que bascula en torno a la segunda mitad del siglo I d.n.e. y principios del siglo II d.n.e.
     Lebrillos.- Se han localizado varios fragmentos pertenecientes a lebrillos romanos, recipientes cerámicos de fondo plano. Paredes rectas divergentes, bordes redondeados vueltos hacia fuera y asas de sección circular con tendencia geminada. 
     Son recipientes multifuncionales de gran tamaño que pueden estar destinados al almacenamiento de grandes cantidades de sólidos o líquidos, u otras aplicaciones diversas en el ámbito de la higiene personal, la cocina o el servicio de mesa. 
     Estas formas se consideran una perduración de tipos iberorromanos. La pasta es de cocción oxidante y coloración anaranjada, con abundante desgrasante cálcico de tipo medio. No es frecuente hallarla en contextos de tipo funerario. La cronología de estas piezas es claramente altoimperial, en torno a los siglos I y II d.n.e.
     Cuencos.- Se han localizado escasos fragmentos que han sido identificados como pertenecientes a formas características de cuencos semiesféricos. Estos recipientes, originalmente destinados al ámbito doméstico de mesa, son muy frecuentes hallados en contextos de necrópolis, documentándose en estructuras funerarias formando parte del ajuar del difunto. Poseen un cuerpo semiesférico, con borde redondeados y que descansa sobre pie bajo apenas indicado. Su pasta es ferruginosa, de apariencia tosca y de cocción es oxidante, coloración anaranjada y desgrasante cálcico de tipo medio. Suelen presentar una cronología altoimperial, en torno a los siglos I y II d.n.e.
     Otras formas. Se ha observado en superfície algunos pequeños fragmentos de asas que, debido a su alto grado de deterioro, ha sido imposible su adscripción tipológica concreta. Lo mismo ocurre con algunas bases rehundidas muy fragmentadas que lo mismo podrían pertenecer a jarros, jarras, ollas de un solo asa o pequeñas vasijas de provisiones, pero por la técnica de cocción y el tipo de pasta empleados se podría afirmar que pertenecen cronológicamente al periodo altoimperial romano. 
- Edad Media islámica
     Se han localizado fragmentos cerámicos pertenecientes al ámbito agrícola. Cangilones (arcaduces). Recipientes cerámicos que, unidos a la rueda de la noria, están destinados a la extracción de agua. Las muestras observadas presentan alto grado de deterioro y fragmentación. Como regla general, poseen forma de tulipa con dos estrangulamientos, uno en la panza y otro a la altura del cuello, para pasar los amarres que lo sujetan a la estructura de la noria. Son de factura muy tosca y las paredes presentan acanaladuras horizontales debidas al torneado de la pieza y los bordes son generalmente exvasados, terminando en labios de formas variadas. Los fragmentos localizados se han modelado en pasta naranja, con desgrasante fino y denotan una cuidada elaboración. La cronología de las piezas es difícil de precisar, ya que por su carácter funcional perviven durante siglos.
- Edad Moderna y Contemporánea
     Han sido identificados diversos fragmentos de cerámica adscrita al ámbito funcional de almacenamiento y transporte, de época moderna o contemporánea. La pasta es compacta, depurada, de cocción oxidante y coloración anaranjada, y sus fracturas son netas. Algunos fragmentos presentan engobe crema externo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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viernes, 27 de febrero de 2026

El sitio arqueológico Las Arcas, en Las Cabezas de San Juan (Sevilla)

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     El yacimiento se emplaza en una ladera que mira hacia el este y que tiene como límite por esta zona oeste un arroyo. En superficie podemos observar material cerámico como TSAA, TSCD, también abundante material de construcción y almacenaje de época romana como los dolium. También aparece en superficie cerámica de época almohade. Ponsich dice del yacimiento que a 300 metros del cortijo de las Arcas, aparecieron numerosos bloques de piedra, fragmentos de tejas, fragmentos de sigillata hispánica y cerámica común, todo ello indica la presencia de una villa romana cuya ocupación se prolonga hasta los siglo V-VI aproximadamente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 19 de febrero de 2026

El sitio arqueológico Benajíar, en Bollullos de la Mitación (Sevilla)

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     Se trataría probablemente de una alquería. Se encontraron restos en la zona al Norte del caserío actual, en una extensión de 400 metros cuadrados, no obstante el yacimiento probablemente continúa debajo del caserío actual. Se localizaron restos de muros a unos 13 metros al Norte del caserío, uno más al Este de piedra y sillarejos; el otro más al Oeste es de ladrillos dispuestos a tizón. Los restos cerámicos: cerámica vidriada y cerámica sin vedrio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
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miércoles, 28 de enero de 2026

Los sitios arqueológicos Los Adaines, en Alcalá de Guadaira (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Los Adaines, en Alcalá de Guadaira (Sevilla).
Los Adaines. Concentración de restos romanos sobre una terraza amesetada dedicada al cultivo del trigo y del olivar. 
     Afloran gran cantidad de ladrillos y tégulas, junto con cerámica de tipo común, TSC A, TSC D estampillada, africana de cocina, bordes de "dolia" y asas de ánfora. Esporádicamente aparecen cerámicas bajomedievales, representadas por galbos con decoración estriada e industria lítica sobre cantos rodados asignables al Paleolítico Medio.
     En una linde que atraviesa el yacimiento por su parte central se encuentran arrumbados sillares de piedra, mampuestos y una estructura de gran tamaño con revestimiento de "opus signinum". Cerca de este punto, al Suroeste, se observa una zona removida por el arado, donde afloran gran cantidad de materiales constructivos y trozos de "opus signinum".
Los Adaines II
. Extensa concentración de restos arqueológicos sobre un cerro dedicado al cultivo del trigo y el olivar, en las inmediaciones de la urbanización de Torrequintos. 
     En la parte de olivar se aprecian abundantes restos constructivos romanos -tégulas, ladrillos y "laterculi"-, junto con abundante cerámica islámica. Se distinguen asas de medianos y pequeños recipientes, meladas en tonos verdes y amarillos, decoradas con verde manganeso a chorreones y bordes de lebrillos de gran tamaño de cuidada factura (alisados al interior y al exterior). Se localizaron además tres silos excavados en el substrato de caliza de gran tamaño. 
     Existe una linde de parcelas donde se acumulan abundantes restos constructivos y sillares de alcoriza bien trabajados, uno de ellos con un encaje para gozne. 
     En la zona de trigo, la visibilidad de restos en superficie estuvo más limitada por la existencia de pastos y la escasa remoción superficial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
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viernes, 16 de enero de 2026

Los sitios arqueológicos Arroyo de la Ribera, en Aguadulce (Sevilla)

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Arroyo de la Ribera. En una suave loma dedicada al cultivo de olivar junto al arroyo de La Ribera se hallan materiales cerámicos de época romana (abunda la Terra Sigillata) y medieval islámica, así como piezas líticas (raedera sobre lasca y punta pseudolevallios, ámbas en sílex). Los materiales aparecen muy dispersos y sin concentración significativa por toda la ladera Norte.
Arroyo de la Ribera II. Reducida dispersión de material cerámico, especialmente de época islámica, consistente en piezas fabricadas a mano con decoración pintada a la almagra, pintada con el motivo "dedos de Fátima", vidriadas en tonos marrones y fragmentos comunes. Puntualmente se encuentra algún fragmento de Terrra Sigillata, posible cerámica prehistórica y restos líticos de talla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 14 de enero de 2026

El sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla).  
     El yacimiento ocupa la extensión del actual olivar, extendiéndose más hacia el este, hasta la carretera, en una superficie aproximada de 4 hectáreas. En su lado Norte está parcialmente cortado para la construcción de la vía, notándose en el perfil la potencia arqueológica de los estratos hasta 1,5 metros de profundidad.
     Hacia el este afloran gruesos muros de opus caementicium, en el perfil a que antes hacíamos referencia destacan camas de mosaico, alineación de sillares y junto a ellos una tumba romana. En superficie abundan ladrillos, laterculi, tegulae, fragmentos de dolia, mármoles de revestimiento y ladrillos decorados. También se recogió un borde de ánfora y un dolium imperial, cerámica común romana, sigillata hispánica y clara.
     Se trata de una gran villa de enorme extensión con profusión de materiales. Su carácter es de explotación agrícola, como margen cronológico no tenemos materiales asignables con seguridad a la 1ª mitad del s. I d. C. teniéndolos desde su segunda mitad hasta el s. V d. C. Hay un ladrillo decorado que se interpreta como visigodo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Estación de El Viso del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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viernes, 9 de enero de 2026

La Torre Blanca

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Torre Blanca, de Sevilla
     La Torre Blanca se encuentra en la calle Muñoz León, s/n; en el Barrio de San Gil, del Distrito Casco Antiguo.
     La Torre Blanca se llama así al menos desde 1451 siendo la más destacada de la zona norte del recinto de la medina; en origen era una torre almorávide normal que fue forrada hacia el exterior dándole planta ochavada irregular, con el giro necesario para enfrentar se al camino que llegaba desde el norte a la ciudad; es evidente que la extensión de esta torre se hizo en fecha posterior al foso y la antemuralla, pues invadió el primero y se yuxtapuso a la segunda.
     Le incrementaron dos plantas muy complejas sobre el adarve ya recrecido, de lo que se deduce que fueron hechas después de la década de los setenta del siglo XII. La planta más baja tiene dos partes nítidamente diferenciadas, pues el adarve del muro no se interrumpe, ya que quedó incluido en un pasadizo que además dio acceso a la planta primera (con una puerta de dos hojas); se abre hacia el sur mediante dos amplios arcos, a modo de ventanas, organizando el muro y las bóvedas como la rampa de la Giralda, es decir, con recursos constructivos y formales propios del año 1184 y sucesivos; el cierre ochavado de la cámara de esta planta es una obra mixta, pues los muros exteriores son de tapia, mientras el interior y las bóvedas son de ladrillo, con una saetera en cada paño, para batir el pie de la torre y un poco mas, compensando la pérdida de tiros desde la barbacana.
     Sobre el espacio donde se supone que está la torre almorávide, existe una escalera levógira, como son las de todos los alminares, que sube a la planta mas alta; ésta es similar a la primera, aunque más extensa, ya que incorporó el espacio del adarve, pero usó los mismos recursos constructivos y formales. También en el centro lleva una escalera que sube a la azotea, que es una terraza donde encontramos que la batería de merlones nace del propio pavimento, sin parapeto, con lo que, si es una disposición vieja, quiere decir que la cubierta sólo servía como observatorio y para enviar señales.
     Esta torre ofrece un cierto modelo decorativo, pues además de un encintado de lazo existente en el interior de la planta baja, por fuera muestra unos listeles verticales y horizontales, de ladrillo, muy característicos y visibles, que en la actualidad sólo vemos en otras dos torres que, por cierto, también tienen dos plantas altas, una de los jardines nuevos de los Reales Alcázares y la más cercana a la calle Nicolás Antonio, ambas en el tramo entre la puerta del Agua y la de la Carne (Alfonso Jiménez, en Ataral).
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lunes, 22 de diciembre de 2025

La Puerta de la Victoria, de la Plata, o Postigo de Abdelazis

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Puerta de la Victoria, de la Plata, o Postigo de Abdelazis, de Sevilla.
      La Puerta de la Victoria, de la Plata, o Postigo de Abdelazis, se encuentra en la avenida de la Constitución, 21; en la confluencia con el final de la calle Miguel Mañara; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     Mimetizada con su ajeno entorno, camuflada entre una arquitectura hostil, parece una recreación historicista de las muchas que al uso se labraron hace un siglo, pero no. Aunque parezca otra cosa, es una puerta de la muralla. La puerta de la Victoria era su nombre.
     Cuando los progresos de la siniestra ciencia de la guerra lograron que dejara de ser un obstáculo insalvable, su monumental exis­tencia comenzó a dejar de tener sentido. Y dejaría por completo de tenerlo cuando el hombre supo usar otros métodos para protegerse no solo de los enemigos, sino también de los elementos sin necesidad de tener que guarecerse tras sus muros. 
     Fue a partir de entonces, una vez cumplida su histórica y maternal misión, cuando a la antigua muralla de Sevilla se le empezó a perder el respeto; tal les sucede a esas abuelas con la cabeza ida, cuyos nietos más jóvenes no llegaron a conocerlas más que en la decrepitud de la ancianidad, años después de que su mente se ausentara para siempre. Y como a una abuela loca que ya no sirve siquiera para dar consejos, contar un cuento o preparar torrijas en Cuaresma, la ciudad, desmemoriada y amnésica de los grandes servicios que le había prestado, regida por otras generaciones que no se vieron en la necesidad de recurrir a sus servicios, comenzó a tratarla con el desdén y el desprecio que suelen brindarse a los seres inservibles, a lo viejo, a lo inútil. No importaba que fuera hermosamente inútil. El hombre de entonces no había llegado aún, al menos no en Sevilla, a esa fase evolutiva en la que lo bello se considera útil solo por el mero hecho de serlo. Y belleza puede haber mucha en unas piedras que ya solo sirvan para contar la historia de lo que fueron. Sin embargo, la única utilidad que entonces se halló a los muros que otrora habían servido para guardar la ciudad contra la furia de otros hombres y la ira de los elementos fue la de ayudar a soportarla: convertir sus nobles piedras y su argamasa en contra­fuertes para casuchas. A consecuencia de eso, cientos, miles de edificios se adosaron a sus muros, ocultándolos, confundiéndolos entre el caótico marasmo urbano de una ciudad que crecía de forma espasmódica, alimentada por unas riquezas que la hicieron des­ bordarse, sobresalir de sus pétreas y estalladas costuras. Al cabo de aquel anárquico e irrespetuoso proceso, la muralla acabaría siendo lo que parecía haberse adosado al caserío en vez del caserío a la muralla. A tal conclusión lleva al espectador contemplar este rincón de la ciudad donde, confundida entre una arquitectura pará­sita, sobrevive la cuarta puerta de la antigua muralla que, tal vez precisamente gracias a eso, logró permanecer en pie. 
     Mimetizada entre edificios que nada tienen que ver con ella pero que han acabado haciéndola parecer una recreación historicista urdida por algún arquitecto regionalista, camuflada entre cafeterías, bancos y una oficina de turismo, sobrevive esta vieja puerta, que lo fue del Alcázar. La Puerta de Abdelaziz o, como también fue llamada, el Postigo de la Plata o la Puerta de la Victoria. La más ignorada de las cuatro únicas puertas de la antigua muralla que lograron milagrosamente mantenerse en pie, nadie sabe muy bien por qué ni cómo. Pues si en el caso de las otras tres, el Arco de la Macarena, la Puerta de Córdoba y el Postigo del Aceite, pudo haber mediado algún tipo de intercesión mariana, en esta no cabe atribuirlo más que a la suerte, a una suerte inmensa cual la que a última hora le permite eludir la ejecución a un condenado a la pena capital. Como los fusilados que sobreviven haciéndose el muerto junto al resto de los cadáveres, y haciéndoselo tan bien que ni siquiera se considera necesario descerrajarle el tiro de gracia. Claro que también esa supervivencia pudiera atribuirse a una circunstancia que comparten tres de esas cuatro puertas: eran propiedad privada. Como ocurrió con el Postigo del Aceite, las dependencias de la Puerta de la Victoria también se acabaron convirtiendo, y aún lo son, en vivienda  particular.
     Lo que no deja de ser una curiosa paradoja es que mientras otras puertas de la ciudad ya desaparecidas han permanecido subsistiendo en el habla popular, esta otra que todavía sigue en pie, manteniéndose incluso bastante fiel a su fisonomía origi­nal -incluso las torres que la flanquean se conservan- resulte sin embargo invisible y haya caído en el olvido, pasando desapercibida para el común. Y lo que no es el común. Son, empero, las contradicciones de esta ciudad. Porque esta puerta que logró esquivar la destrucción confundiéndose con una arquitectura concebida milenio y medio más tarde no fue una puerta cualquiera de la ciudad. Era la puerta que conducía a su centro neurálgico, al lugar donde residía el poder. Por eso fue en una de sus torres donde Fernando III de Castilla y León mandó enarbolar el 22 de diciembre de 1248 su pendón para proclamar la victoria de sus huestes y la conquista de una ciudad que ese día tomaba al fin, una vez cumplidas por el rey Axafat las capitulaciones acordadas en su rendición, las cuales estipulaban el abandono de toda, o al menos gran parte, de la población sin que una sola teja de sus edificios pudiese ser destruida. Algo en lo que el rey castellano demostró tanta piedad por el enemigo -mejor el destierro que la muerte- como respeto por sus obras. Tanto la torre hexagonal que da a la esquina de la calle Santo Tomás, donde se enarboló el pendón, como la misma puerta cambiarían a partir de ese momento su denominación, dejando de llamarse de Abdelaziz y pasando a recibir el nombre de la Victoria. 
     De poco, sin embargo, hubo de servirle la efímera gloria de haber sido el primer asta de la conquista. En cualquier otra ciudad se recordaría eternamente el importante y simbólico protagonismo que ese lugar concreto tuvo en un acontecimiento tan principal para su historia, pero será que aquí las victorias siempre suscita­ron envidias y cuesta sangre que alguien las reconozca. Quizá por eso también haya pasado desapercibido el triunfo que para la Puerta de la Victoria supuso el haber sobrevivido a una muerte segura, que acaso no lo fue porque a esas alturas ya casi nadie se acordaba de ella (Juan Miguel Vega, Veintitantas maneras de entrar en Sevilla. El Paseo. Sevilla, 2024). 
        No perteneció a la muralla, sino al recinto del Al­cázar y también se conserva, aunque embutida en el caserío, como su vecina torre de Abdelaziz. También llamada Puerta de Abdelaziz o Arquillo de la Plata se encuentra frente al lugar donde antaño estuvo el Postigo del Carbón, en la confluencia de la calle Miguel Mañara con la Avenida de la Constitución (Exposición Puertas de Sevilla, ayer y hoy. Sevilla, 2014).
      El Arco de la Plata, también conocido como Arco de Mañara, se sitúa próximo a la Torre de Abdelazis y formaba parte de la muralla almohade que discurre por las calles San Gregorio y Santo Tomás, y que actualmente se encuentra inserta dentro del tejido residencial.
     Se trata de un gran arco de herradura enmarcado por alfiz, reformado en época cristiana, que da paso a una bóveda de crucería con nervadura ojival.
     Toda la fábrica constatada del arco es de ladrillo.
     Rechazada ya plenamente la tesis sobre el origen romano del recinto amurallado de Sevilla, se tiende a seguir la hipótesis sobre el carácter almohade de la muralla.
     Actualmente se define con más certeza la hipótesis basada en las recientes investigaciones arqueológicas, de que el último recinto amurallado de Sevilla corresponde a una primera obra emprendida por los almorávides, parcialmente modificada en época almohade.
     La datación de la muralla almorávide de Sevilla es aproximadamente hacia 1125. El último añadido de la muralla de la Sevilla árabe, exceptuando la zona palaciega del flanco Sur de la ciudad, tiene lugar en las postrimerías de la etapa almohade con la construcción de la Torre del Oro y las Murallas que unían la coracha con el resto de la ciudad hacia el 1220. Al año siguiente se construye la barbacana y el foso.
     Dentro de esta zona de las murallas se encuentra el Arco de la Plata, cuya traza islámica fue reformada en el siglo XIV, perteneciendo a la primera etapa el gran arco de herradura enmarcado por alfiz y a la segunda las bóvedas nervadas que aparecieron al desmontar un falso techo existente durante unas obras de rehabilitación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 16 de diciembre de 2025

El sitio arqueológico Cortijo de los Marqueses, en Santiponce (Sevilla)

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     Ponsich señala una importante zona arqueológica. Escacena sin embargo no detecta ningún resto constructivo ni cerámico importante. El terreno ha sido sometido a muy profundas labores agrícolas, sin que se hayan sacado restos de construcción alguna. Los restos cerámicos son poco significativos, siendo los más abundantes los medievales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 11 de diciembre de 2025

Los Baños de la Reina Mora

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte los Baños de la Reina Mora, de Sevilla.
     Los Baños de la Reina Mora se encuentran en la calle Baños, 23; en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, de Sevilla.
     Las excavaciones arqueológicas realizadas en Sevilla durante la última década nos permiten plantear, desde el punto de vista del historiador del arte, el desarrollo de la fase final del arte almohade en al-Andalus en la primera mitad del siglo XIII. Nuestra intención en las páginas que siguen es aunar ciertos datos proporcionados por la arqueología con otros restos que, si bien no son desconocidos para algunos investigadores, por otra parte, permanecen inéditos hasta la fecha, con objeto de presentar el último momento creador del arte andalusí, capaz de generar en Sevilla monumentos tales como la Torre del Oro.
     Hace unos años Pavón Maldonado afirmaba que el problema de los edificios mudéjares sevillanos del siglo XIV es que, a diferencia de los granadinos coetáneos, no cuentan con un firme respaldo del siglo XIII, dejándonos la duda de si lo que hemos llamado regresión para el siglo XIV está ocultando ejemplares edificios desaparecidos de la ciudad, árabes o mudéjares, de los reinados de Fernando III y Alfonso X.
     Ciertamente esos edificios existen aunque, en algunos casos, aparecen encubiertos por construcciones modernas que reutilizaron, ulteriormente, las estructuras medievales. No suelen ser conocidos por lo general y la mayoría de las veces resultan difíciles de visitar.
      En este sentido hay que recordar asimismo dos fundaciones monásticas parte de cuyos muros se sospecha que procedían de anteriores edificios almohades, como se ha podido constatar en el muro exterior del refectorio del convento de San Agustín de Sevilla  o en los muros exteriores de la sala capitular del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce.
      No obstante, a pesar de lo mucho excavado en los últimos años, como afirma Magdalena Valor, uno de los problemas más graves que afectan a la arqueología urbana en Sevilla consiste no sólo en la falta de centralización de datos obtenidos sino también en la excesiva inexperiencia de algunos arqueólogos, lo que les hace difícil interpretar sus resultados.
     En primer lugar, comenzando por los denominados Baños de la Reina Mora, cuya ubicación al NO de la ciudad avala su cronología tardía, hemos de mencionar, previamente, su situación urbana ya que la trama ortogonal del barrio de San Vicente abona la hipótesis de un trazado posterior a la conquista de la ciudad en 1248, debido concretamente al repartimiento alfonsí, sin embargo, las distintas intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la zona se inclinan por la formación de su trama regular en retícula durante el período almohade.
     Hay que destacar que esta zona se distinguía del núcleo urbano tradicional por un marcado carácter rural entre huertas y jardines en un ambiente con edificios que nos podrían recordar las ilustraciones del libro Bayad wa-Riyad, no obstante, no se ha podido determinar exactamente la cronología de su diseño ortogonal. El barrio de San Vicente contaba con la presencia del mayor edificio balneario de la Sevilla islámica, el hamman conocido desde antiguo como Baños de la Reina Mora, en calles aledañas a la parroquia de San Vicente, donde se situaba probablemente el masjid o mezquita de este barrio aun cuando no existan datos arqueológicos al respecto. 
     Los llamados Baños de la Reina Mora poseen una larga historia de ocupación, reutilización, abandono y lamentable olvido. Este gran edificio, que ocupaba toda una manzana, se encuentra en la calle Baños s/n, contiguo a la capilla de la Vera Cruz de la calle Jesús y colindante con las casas núms. 14-16 de la calle Miguel del Cid. Según Julio González, es posible que estos baños sean los mismos que los llamados de don Fadrique, donados por Alfonso X a la catedral en 1278, pues en 1398 seguían llamándose así y estaban en la collación de San Vicente, junto a unas tiendas y calle.
     La primera referencia histórica se halla en la relación que hace el cronista Morgado. Fueron monjas agustinas las que ocuparon el edificio transformándolo en el convento del Dulce Nombre de Jesús, destinado a recoger mujeres públicas desde 1550 hasta que fue suprimido por orden gubernamental en 1837. El edificio sirvió de casa de vecinos para devenir finalmente en Comandancia General de Ingenieros desde 1876 hasta 1976 en que fue derribado parcialmente, dejando el patio principal y dependencias anejas, que hasta la década de 1990 fue refugio de marginados.
     Con objeto de dar licencia a la construcción de un grupo de viviendas, la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico-artístico encargó a Fernando Fernández Gómez y a Juan Campos Carrasco en 1984 unos trabajos de prospección en el solar por si se encontraban restos dignos de ser conservados.
     Entonces fue localizado en un aceptable estado de conservación un aljibe formado por una serie de depósitos abovedados en forma de U, entre cuyos brazos se abría un pozo que debió sostener la noria que lo surtía. Una escueta descripción del edificio y un plano del mismo daban a conocer la importancia del singular hamman.
     El núcleo central del edificio lo constituía el patio central, antiguo claustro del convento, rodeado de galerías cubiertas por bóvedas de cañón rebajadas con luceras estrelladas y ha sido siempre interpretada como la sala intermedia o al-bayt al-wastani, sala del agua templada. La primitiva bóveda –posiblemente esquifada de cuatro paños- se derribaría originando este espacio que se convirtió en exótico claustro monacal conformado por cuatro arcos de medio punto al N y tres del mismo tipo a E y O en los lados menores, sostenidos por columnas de mármol con capiteles de mocárabes.
     Exceptuando tres columnas las once restantes tienen una base consistente en un toro y una moldura cóncava en escocia. En total son catorce capiteles de mármol iguales en el patio central y otros dos semejantes de ábaco más desarrollado y entregados al muro en la entrada a una de las dependencias contiguas. Salvo tres, estos capiteles muestran collarino, astrágalo liso y ocho concavidades o alvéolos –los llamados mocárabes- que constituyen el cuerpo del capitel que queda rematado por un ábaco con salientes rectos en medio de sus cuatro lados y perfil en nacela que le da aspecto de cimacio corintio al cuerpo cuadrado superior, y que pueden datar del primer tercio del siglo XIII. Aunque no de las mismas características existe otro capitel parecido en el patio de una casa de la calle Rodríguez Marín, frontera a la parroquia de San Ildefonso, que se trata probablemente de uno de los baños donados en el Repartimiento de la ciudad a la reina doña Juana, en uso en el siglo XVI, y mencionados por Ortiz de Zúñiga.
     En el primer estudio completo del edificio que se realiza en 1995 ya se destaca la carencia de un volumen importante de información para interpretar y comprender correctamente el baño y el funcionamiento de cada uno de sus elementos.
     No obstante, señalaban en el sector septentrional lo que constituiría, probablemente, la sala del agua caliente o al-bayt al-sajun, en una de cuyas bóvedas se encuentra un paño de sebka de diseño similar a los de la Giralda y el Patio del Yeso del Alcázar, lo cual permite darle al edificio una data posterior a 1198, aun cuando no estamos de acuerdo en que esta habitación norte haya sido la sala fría o al-bayt al-barid, pues su situación facilitaría el abastecimiento de leña para el horno mientras que la entrada se haría por el sector oriental. Suponen estos autores que los arcos originales de la sala del agua templada convertida en patio fueran túmidos, siendo reformados al transformarse en claustro del convento, sin tener en cuenta que en muchos baños andalusíes los arcos que conforman el bayt al-wastani son también como estos, de medio punto.
     La propia disposición del hamman en ángulo vertebrado por la sala del agua templada como el baño de la judería de Baza nos confirma que la actual iglesia fuese el lugar donde se encontraba el bayt al-maslaj. Más aún si recordamos la descripción antes mencionada de Morgado, quien al hablarnos de aquel suntuoso y magnífico edificio de baños, refiere en su primera forma una alcoba que por su curiosidad y galana obra mosaica sirve de graciosa iglesia.
     A ello se añade el arco de yeserías que apareció durante la restauración del tejado de la iglesia. Estas yeserías no han sido nunca estudiadas ni publicadas. Se encuentran en la parte superior del muro de la cabecera plana de la iglesia a la altura de la escalera que accede al piso alto de las dependencias de la Hermandad de la Vera Cruz. Constituyen un arco angrelado que se adentra bajo la superficie del muro y que por su altura nos inclina a pensar en una composición parecida a la del acceso al salón norte de Santa Clara de Murcia. Es decir, la que Navarro Palazón denomina fachada unipartita, compuesta por dos cuerpos netamente diferenciados, el inferior, constituido por un arco con su correspondiente alfiz y el superior, formado por una galería enana enmarcada asimismo en su alfiz. Resto de esta supuesta galería sería el arco con yeserías conservado. Siendo así tiene mayor explicación la descripción de Morgado respecto a la antigua iglesia, que recordaría algo semejante al presbiterio de la primitiva iglesia del convento de San Francisco en la Alhambra de Granada. Sin embargo, la prolongada moldura lobulada del arco podría entenderse como perteneciente al arco principal mientras el resto de la mayor parte de yesería conservada que se adentra bajo la superficie del muro, significaría el paño correspondiente a la colateral albanega. De cualquier modo, la moldura lobulada que corre sobre el angrelado recuerda el que existió en el arco de la alcoba occidental del salón sur de Santa Clara de Murcia. No obstante lo fragmentario del arco y su ocultación bajo el muro, parece ser que estuvo policromado en rojo y verde, y el diseño y composición de sus palmetas almohades en curvas y contracurvas que se enroscan entre sí para unir sus puntas en una forma de conopio recuerda sobremanera las yeserías del paño central en el cuerpo superior de la portada de acceso al salón norte del mencionado convento murciano.
     Curiosamente, dentro del Alcázar del rey Don Pedro I, en la bóveda de espejos del pasillo que comunica el vestíbulo con el Patio de las Doncellas, podemos contemplar unas yeserías del estilo de las que hemos comentado con similar diseño y organización, arrancando de pequeñas veneras que superpuestas a una cadeneta de lazo almohade sobre friso de inscripción nesjí, delimitan el arranque de la bóveda. Este espacio rectangular formando un ángulo en L en conexión con dos espacios cuadrados cubiertos por bóvedas de mocárabes es considerado por Rafael Manzano como vestigio del antiguo edificio almohade.
     Este tipo de yeserías almohades tardías debió proliferar en la decoración de las casas sevillanas a partir del momento de expansión urbana de fines del siglo XII y sólo tiene un buen ejemplo aunque sea disminuido en los pequeños fragmentos procedentes de la mezquita aljama de Sevilla, hallados durante la excavación arqueológica del Pabellón de Oficinas de la catedral de Sevilla, en el lugar conocido como Patio de los Limoneros, formando parte de los rellenos de colmatación y subida de cotas entre la qibla y la muralla de la mezquita. A pesar de lo fragmentario de este hallazgo puede comprobarse el diseño de los lóbulos, las palmetas digitadas y emparejadas que fueron relacionadas con las yeserías antes mencionadas del salón norte de Santa Clara de Murcia.
     Por otra parte, las excavaciones realizadas en el monasterio de San Clemente de Sevilla proporcionaron también restos de unas yeserías constituidas por palmetas dobles en una disposición semejante a la que hemos descrito en los Baños de la Reina Mora y como vemos también en el convento de Santa Clara de Murcia, además de caracteres epigráficos en nesjí almohade. Aun cuando fue clasificada en época cristiana, en cualquier momento entre los siglos XIV y XV, parece evidente que estos restos pertenecían al palacio almohade allí ubicado antes de la fundación del monasterio.
     Abundando en estos restos islámicos del último arte almohade en Sevilla, hemos de recordar un arco angrelado que, perdida la decoración de sus albanegas, apareció en la galería sur del convento de Santa Clara de Sevilla, es decir, en el ámbito del palacio almohade donado en el Repartimiento al infante don Fadrique. Y por otra parte, un arco del mismo tipo, clasificado en el siglo XIII, con decoración de lazo en la albanega izquierda y una mano de Fátima en la contraria −que fue desmontado de una casa del centro de Sevilla a principios del siglo XX− sin que tengamos más información sobre ello, se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla (Rafael Cómez Ramos, en Huellas artísticas de la Sevilla Almohade).
     Se encuentran situados en pleno corazón del barrio de San Vicente, situados entre la calle Baños, Miguel Cid y Jesús de la Vera Cruz, colindante con la Capilla del Dulce Nombre de Jesús, perteneciente a la Hermandad de la Vera Cruz, que es copropietaria de los Baños.
     El desarrollo histórico del inmueble ha supuesto que, por los diversos usos a los que ha sido destinado, haya sufrido numerosas modificaciones de adaptación en su estructura primitiva. Actualmente, los baños se encuentran incluidos dentro de un inmueble dedicado a viviendas. El cuerpo principal está formado por cuatro grandes salas abovedadas, dispuestas en torno a un patio central rodeado por columnas. Las salas están cubiertas por bóvedas de cañón rebajados con sus correspondientes lucernas estrelladas para salida de vapor. Las columnas que rodean el patio son almohades del siglo XII, de mármol con capiteles de mocárabes muy esquemáticos. El patio central estaría cubierto con una gran bóveda esquifada, que posiblemente cuando el edificio se convirtió en convento, la bóveda, tal vez ruinosa, se demolió quedando convertido en el claustro del convento. Esta estancia sería el «al-bayt al wastani», sala central de ambiente templado que se correspondería con el «tepidarium» romano. El  "tepidarium" o baño de agua caliente, es la pieza fundamental que sería el espacio del actual patio, rodeado por sus respectivas galerías con lucernas para la salida del vapor e iluminación; varias habitaciones abovedadas dispuestas alrededor donde se ubicarían los baños de agua fría; otras dependencias cubiertas por distintos servicios, muchas de las cuales se han perdido, y un corral o espacio abierto en el que se localizarían el pozo o aljibe y la noria, a través de la cual y por medio de las convenientes canalizaciones se conduciría el agua hasta los baños propiamente dichos. Este aljibe y noria deben ser los localizados en las últimas excavaciones. 
     También en este corral estarían instalados almacenes con la leña necesaria para calentar el agua.
     Paralela a la sala Norte, se levanta otra de dimensiones mayores que la de la estancia anterior, pero de las mismas características. 
     Por el lado occidental de la última estancia, se accede a una mucho más pequeña pero también cubierta por bóveda de medio cañón rebajada con lucernas, que se abre a un patio a través de un arco rebajado. En su parte posterior conserva restos de pintura, que por el tipo de mortero utilizado como soporte de los pigmentos y la naturaleza de éstos parecen corresponder a una decoración realizada en las postrimerías de la Edad Media.  
     Enfrente de esta sala existe otra estructura similar, también abierta en arco rebajado de ladrillo sobre columnas. En la bóveda de medio cañón se observan apliques de yeserías renacentistas, compuestas por casetoncillos con rosetas, que arrancan de una cornisa corrida con friso cuya temática gira en tomo a la exaltación de la Eucaristía.  En el intradós de la bóveda se observan «paños de sebka» de raigambre almohade, labrados en ladrillo que fueron posteriormente ocultados. 
     Las excavaciones realizadas en el solar pusieron de manifiesto, además de las estructuras del baño, otras estructuras relacionadas con el mismo, el aljibe y la noria, que servirían para abastecerlos de agua. El aljibe está compuesto por una serie de depósitos con cubierta abovedada, dispuestas en batería, en forma de U, comunicados entre sí y los baños. Entre los brazos de la U, se localizó un pozo, cuya embocadura rectangular sostendría una noria.  Esta zona se ubica en la parte Sur del solar y actualmente está cubierta por la solería del patio.  La fábrica del edificio es de argamazón, tapial muy fuerte compuesto por cal, arena y guijarros de naturaleza similar a la que se ha utilizado en la construcción de la muralla almohade. 
     Los resultados de las excavaciones demuestran que esta zona fue ocupada en época taifa, manteniendo su uso agrícola; incorporándose al trazado urbanístico en época almohade con la construcción de los baños.
     Se tiende a identificar estos baños con los conocidos por la documentación con el nombre de Hamman-al Sattara
     Algunos autores apoyan la teoría, correspondida por los caracteres estilísticos almohades, de que en tiempos de Almutamid pertenecían al patrimonio de la reina madre, de lo cual se derivaría el nombre popular de "Baños de la Reina Mora" con el cual tradicionalmente se viene conociendo. 
     Existe disparidad de opiniones sobre el destino de los baños tras la reconquista de la ciudad por San Fernando. Sea como fuere, lo que parece claro es que pronto pasarían a poder de la Iglesia de Sevilla y esta a su vez la vendería a distintos particulares, que instalarían aquí probablemente una casa nobiliar.
     Al parecer a finales del siglo XV el inmueble pasa a  ser "Convento de Dueñas" de la orden carmelita. Pero de nuevo a comienzos del siglo XVI hay noticias de que se hallaba en poder de particulares. A mediados de esta centuria el edificio era propiedad de  Don Pedro de Córdoba, Antonio Jerónimo de Montalván y Ana Henríquez,. Estos, donaron el inmueble a un "recogimiento de mujeres arrepentidas" conocido como el "Dulce Nombre de Jesús", que a partir de esa fecha se instalaron en la antigua construcción. Aquí, permanecieron hasta 1837, cuando por orden del Gobierno se suprimió el establecimiento y sus religiosas se agregaron a las del Convento de San Leandro. Entonces el inmueble se destinó a casa de vecinos, excepto su pequeña iglesia que continuó abierta al culto hasta la Revolución de 1868. No obstante se debió reabrir pronto, pues en 1870 se sabe que se  trasladó allí la cofradía del  Cristo del Amor. 
     En la actualidad esta iglesia, es sede de la Cofradía sevillana del Cristo de la Vera Cruz. Después de los hechos relatados, el edificio del convento transformado en casa de vecinos se habilitó como cuartel hasta 1974, cuando en el mes de Diciembre se anuncia la subasta del edificio, comprándose por parte de una inmobiliaria que inmediatamente solicita licencia de derribo al Ayuntamiento de Sevilla. Iniciadas las obras, el Arquitecto Rafael Manzano redacta un informe señalando que en el solar existen los restos de unos antiguos baños árabes. Entonces por requerimiento de la Comisión de Patrimonio se ejecuta el derribo conservándose dichos baños y proyectándose la edificación de un edificio que integrase dentro de sí los antiguos restos. Pero de acuerdo con las instrucciones dadas por la Comisión, previamente a las obras de construcción se llevan a cabo en 1983 excavaciones dirigidas a delimitar perfectamente el ámbito del antiguo monumento. Tras la excavación y después de variadas vicisitudes, las obras de nueva planta se inician. Los restos de los baños aparecen integrados dentro de las estructuras del nuevo inmueble. Tanto por las tónicas estilísticas de los capiteles como por algunas referencias documentales islámicas parece que la etapa a que corresponden estos baños es a la almohade en Sevilla, que abarca como es sabido la transición entre los siglos XII y XIII. No obstante, el reaprovechamiento de algunos fustes de impronta califal y la tradición que acostumbraba a aprovechar establecimientos de este tipo para labrar nuevos baños, ha dado pie a pensar que estos no sean sino una pervivencia remozada de uno más antiguo que marcase el emplazamiento de una de las mozarabías de Sevilla. 
     El carácter anárquico en la organización de lo conservado en los Baños vendría a abonar esta idea de reaprovechamiento. 
     Sin embargo en las excavaciones realizadas no se han hallado datos certeros en este sentido. Es difícil determinar la configuración original de estos baños dadas las distintas ocupaciones de que han sido objeto y sin duda del carácter fragmentario de lo conservado, no obstante asombra la magnitud de sus estructuras. Por lo demás, mantiene las constantes de otros establecimientos de este tipo en el mundo árabe, probablemente partiendo de una planta centrada (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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