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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 19 de diciembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María, Iglesia de San Gregorio, Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, Ermita de San Isidro, Hospitalillo San Isidro, antiguo Convento de las Dominicas, Ayuntamiento, Centro Cultural, Casa de Luis Chamizo, Casa-Palacio siglo XIX, y Mercado de Abastos) de la localidad de Guareña, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María, Iglesia de San Gregorio, Capilla de Nuestra Señora de los Dolores, Ermita de San Isidro, Hospitalillo San Isidro, antiguo Convento de las Dominicas, Ayuntamiento, Centro Cultural, Casa de Luis Chamizo, Casa-Palacio siglo XIX, y Mercado de Abastos) de la localidad de Guareña, en la provincia de Badajoz.
     Se trata de una población de llano de considerable entidad y carácter predominantemente agrícola que ocupa el extremo más occidental del ámbito dombenitense.
     En su economía, de tradición secularmente campesina destaca la producción de vino, aceite y cereales. Sus naturales son conocidos por el apelativo familiar de piporros.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 283,3 Km2
     Altitud: 285 m.
     Distancia Capital: 83 Km.
     Partido Judicial: Don Benito
     Comarca: Vegas Altas
     Otras Entidades: Torrefresneda, a 26 km. de Don Benito y a 240 m. de altitud.
     Gentilicio: Guareñense
Ayuntamiento de Guareña
     Plaza de España, 1
     06470 Guareña (Badajoz)
     Teléfono: 924350001 - 924350026
     Fax: 924350989
     Web: www.guarena.es
Historia.-
    Se trata de una población de llano de considerable entidad y carácter predominantemente agrícola que ocupa el extremo más occidental del ámbito dombenitense. En su economía, de tradición secularmente campesina destaca la producción de vino, aceite y cereales.
     Los antecedentes del asentamiento parecen remontarse a época prehistórica, contándose con testimonios que evidencian su existencia en las etapas romana, visigoda y árabe. Algunas fuentes la consignan ya en el siglo XIII bajo la denominación actual. En el XV los Reyes Católicos le otorgaron la consideración de "Leal", eximiéndola de la Orden de Santiago a la que pertenecía. Más tarde pasó a integrarse en el Condado de Medellín bajo el Señorío del Conde de Santisteban y finalmente, ya en el XVIII, en el Ducado de Medinaceli. En lo administrativo se hallaba incluida en la provincia de Trujillo, dependiendo en lo eclesiástico de la Diócesis de Plasencia.
     En el aspecto demográfico fue siempre uno de los centros más significados del entorno, y en lo económico de los más prósperos. En el siglo XVI superaba los 2.000 habitantes y los 5.000 a mediados de la centuria pasada. Al comenzar la presente había alcanzado los 7.000 y en 1.930 presentaba 8.500. En la actualidad cuenta con 7.404.
     En lo morfológico y en su naturaleza general, sin dejar de presentar importantes aspectos evolutivos que evidencian su transformación en época moderna. Guareña continúa distinguiéndose como un núcleo fundamentalmente campesino, resultando uno de los centros más representativos de la región en no pocos aspectos y testimonio particularmente expresivo de múltiples facetas de la personalidad secular más característica de Extremadura.
     En el aspecto urbanístico el núcleo más antiguo se focaliza en torno a la iglesia parroquial y el Ayuntamiento, hitos que, según fórmula no habitual, aunque próximos, presiden plazas diferentes. En esa zona se sitúan calles pintorescas de nombres significativos, como Cuesta, Santa María, Derecha, Cuatro Esquinas, y hasta una llamada Castillejos, que parece indicar la existencia pretérita en ese ámbito de algún elemento fortificado del que hoy no se tiene constancia.
     A partir de este foco inicial se ha desarrollado en dirección a levante, generando largas calles que tienden a desembocar en la carretera a Don Benito, en cuyo eje han surgido últimamente importantes instalaciones hosteleras y de otros servicios. Estos nuevos tejidos presentan estructura hipodámica regular. Tanto en ellos como en los antiguos, las edificaciones responden al tipo campesino.
     Las casonas más distinguidas correspondientes a la hidalguía local ostentan potentes recercos de granito y blasones en las fachadas. También son numerosas en las áreas surgidas desde finales del XIX, las muestras de arquitectura modernista y eclecticista, con realizaciones de acusado interés (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     Elemento sobresaliente en el aspecto monumental, no sólo en relación con la localidad, sino en el conjunto de la región, es la espectacular iglesia parroquial de Santa María, cuya enorme mole domina el caserío. El templo se alza exento sobre un amplio espacio diáfano que por la parte delantera aparece sobreelevado formando una amplia terraza, lo que contribuye a realizar la visualidad del monumento.
     Constructivamente se trata de edificio de enormes proporciones -75 m. de largo, 35 de ancho y casi 25 de altura- ejecutado con mampostería y sillares, de estilo renacentista conectado con el gótico tardío. La pertenencia de Guareña al ámbito religioso placentino hizo posible la participación en esta gran obra del arquitecto de su Obispado, Gil de Hontañón.
     Se comenzó su construcción en 1.557 bajo trazas y dirección de Sancho Cabrera, el prestigioso alarife trujillano, quien simultáneamente atendía el levantamiento del vecino puente de Medellín. Ello provocó protestas por parte de los responsables de tal obra, quejosos de que el maestro dedicara su atención preferente a la iglesia, por lo que fue retirado de la misma, encomendándosele al maestro local Amador Bernáldez.
     En 1.559 las obras de la iglesia fueron traspasadas a su vez a Rodrigo Gil de Hontañón, siendo asumidas finalmente por Juan de Herrera, a partir de 1.580. La actuación de tan prestigiosas figuras quedó bien reflejada en la suntuosa realización conseguida, cuyo resultado es uno de los templos más espectaculares de la región.
     Al exterior destacan la enorme mole de su cuerpo, la torre y las portadas. La torre, cuya altura sobrepasa en poco a la nave, dada la extraordinaria altura de ésta, cuenta con atractivo tramo superior y remate cupulado. Las tres portadas son de severo y equilibrado diseño clasicista, resaltando por su mayor riqueza compositiva la del costado de la Epístola, cuya traza responde al esquema característico de Gil de Hontañón. La estrecha semejanza con ella de la del Perdón de la parroquial de Santiago, de Don Benito, permite pensar en la participación también en ésta de tal arquitecto..
     El interior se articula mediante una sola nave, cuya enorme espacialidad quizá resulte la mayor de toda la región.
     Consta de cuatro tramos con hermosas bóvedas de terceletes sobre elegantes columnas jónicas y capillas entre estribos; sotocoro con afiligranadas crucerías y cabecera semicircular con cúpula de cuarto de naranja acasetonada, a la que se aneja una gran sacristía con cubierta agallonada, también con casetones. El conjunto resulta impresionante por su espacialidad y composición, ofreciendo una visión artística que en pocos templos se repite. La visita a este monumento justifica por sí sola la visita a Guareña.
     Entre sus contenidos llama la atención el retablo mayor, obra moderna de indudable mérito, realizada entre 1.945 y 1.949 por el artesano local Diego López Cabrera para sustituir al original del siglo XVI destruido en 1.936. Otros retablos menores, tallas, pinturas y una apreciable pintura litúrgica; la pintura mural de Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena, hoy oculta tras el altar colateral derecho, y otras realizaciones, completan el repertorio artístico de la que sin duda es una de las mejores iglesias extremeñas. En atención a sus valores, en 1.991 fue declarada Monumento Histórico Artístico por la Junta de Extremadura.
     Otros hitos religiosos de interés, aunque de presencia más modesta, son el antiguo convento de monjas dominicas situado en la Plaza Vieja, con preciosa portada granítica a la que sirve de timbre un gran blasón episcopal; y la ermita de San Gregorio, de recoleto atrio porticado sostenido por columnas con capiteles visigóticos. En la misma plaza donde se halla esta ermita se alza el monumento que Guareña dedicó en 1.977 a Don Juan Durán Palomar, pequeño busto en bronce sobre pedestal de granito.
     Entre los edificios institucionales resalta la Casa Consistorial, obra originaria del siglo XVIII a la que en 1.925 se añadió el piso superior. Su fachada, de elegante traza clasicista, presenta arquería granítica, balconada, potente cornisamento y ostentoso ático. Su arquitectura, de severo gusto herreriano, hace del edificio una de las muestras de su especie más señaladas de la región.
     Por delante de ella se abre una hermosa plaza, recientemente remodelada con dudoso gusto, en la que resulta especialmente detonante por su desconexión ambiental la fuente moderna instalada en sustitución de la del siglo XVII que allí existió en otro tiempo.
     Aparte su entidad como gran centro rural de secular abolengo, su inigual iglesia parroquial y demás atractivos, Guareña resulta conocida por ser la cuna de tres poetas de especial resonancia: Luis Chamizo, Eugenio Frutos y Angel Barulio Ducasse. El primero, inseparable del noble componente castúo que constituye uno de los rasgos que mejor identifican a Extremadura, inmortalizó en particular dentro del conjunto de la región a su patria chica en poemas inolvidables, como "La Viña del Tinajero" o el tan conocido "Semana Santa en Guareña", ambos insuperablemente expresivos del alma del labrador de la tierra; ese personaje que se describe así en el estremecedor relato del que puso su vida en fecundar una tierra que pocos consideraban inútil:
Era sangre de otras épocas su sangre;
sus agallas parecían de otros tiempos;
era un hijo d'estas tierras de la raza de
castúos veteranos extremeños (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Santa María.-

     La iglesia de Santa María, el edificio más icónico de Guareña, se erige majestuosamente en la parte antigua y elevada de la localidad. Destaca por sus grandes proporciones que sobresalen sobre el caserío, visible desde cualquier entrada al pueblo. Comienza su construcción en 1557, siendo obispo de la diócesis de Plasencia don Gutiérrez Vargas de Carvajal, las obras no terminarán hasta 1700 con el recrecimiento final de los dos cuerpos y cúpula de la torre, como consta grabado en una de las ventanas de la misma.
     Desde el exterior, su estilo renacentista con toques góticos y platerescos se aprecia en la sillería de granito y la mampostería. La torre de cuatro cuerpos alcanza una altura máxima de 32 metros. La construcción tuvo interrupciones y reformas a lo largo de los años, siendo finalizada en 1700.
     En el interior, la nave central al estilo Reyes Católicos destaca por su amplitud, con columnas jónicas y capillas a ambos lados. El pavimento de mármol blanco y negro forma una labor geométrica. Las cubiertas muestran casetones renacentistas, bóvedas apuntadas y una magnífica crucería gótica. Destaca su retablo mayor que fue diseñado por Diego López Cabrera y realizado en los talleres de Sarriá desde 1945-49 y decorado con las 12 imágenes en lienzo de los 12 apóstoles que pintó Juan Palencia Cortés, vecinos los dos de Guareña. Sucede esto tras haber sido destruido casi por completo el anterior retablo del S.XVII a comienzos de la Guerra Civil española. El templo alberga valiosas reliquias, incluida una custodia barroca de Lima, Perú.
     A pesar de desafíos como el desplome de la bóveda del coro en 1900, la iglesia de Santa María sigue siendo un símbolo sagrado y cultural en Guareña, consagrado nuevamente en 1917 con el apoyo de la comunidad. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1990 (Ayuntamiento de Guareña).

Iglesia de San Gregorio.-
     La iglesia de San Gregorio, inicialmente construida como ermita y posteriormente convertida en parroquia en 1896, está dedicada a San Gregorio de Ostia, antiguo patrón de los labradores. Este edificio del siglo XVIII cuenta con un atrio porticado, caracterizado por una triple arcada sostenida por columnas de capiteles visigóticos y granito, enmarcadas en alfiz, junto con una espadaña flanqueada por un cornisamento con volutas barrocas. Su ubicación se encuentra en la remodelada plaza conocida como “El Santo”, donde se destaca el busto en honor a Don Juan Durán Palomares.
     En su acogedor interior, resalta un retablo barroco procedente del antiguo convento de las Dominicas en la Plaza Vieja. Este lugar es el punto de partida de nuestra Semana Santa, marcado por la procesión de imágenes veneradas en la localidad, como el Cristo del Silencio y María Santísima de la Amargura (Ayuntamiento de Guareña).

Capilla de Nuestra Señora de los Dolores.-

     La Capilla del centenario colegio Nuestra Señora de los Dolores, erigida por Santiago Palmero y bendecida por el Arcipreste nativo de Guareña, D. Prudencio González Parra, presenta un estilo neogótico. Caracterizada por una única nave con arcos de medio punto, la capilla está adornada con un retablo neogótico que destaca por la presencia central de la imagen de Nuestra Señora de los Dolores (Ayuntamiento de Guareña).

Ermita de San Isidro.-
     La ermita dedicada a San Isidro, el patrono de los labradores, se encuentra ubicada en el pantano San Roque, siendo el lugar donde se rinde veneración al santo y se lleva a cabo una tradicional romería en su honor cada 15 de mayo.
     El Ayuntamiento cedió el terreno para su construcción en 1984, y desde entonces, ha experimentado diversas reformas y mejoras para presentar un edificio sencillo, amplio y luminoso. Destaca por contar con un porche porticado a ambos lados, una rampa lateral y una escalinata de acceso en el centro (Ayuntamiento de Guareña).

Hospitalillo San Isidro.-
     A finales de los años 60, la parroquia de San Gregorio montó un servicio para atender mejor a la formación religiosa de unos de los más típicos y alejados barrios de la feligresía. Se aprovechó un antiguo y viejo caserón que fue propiedad de la Iglesia.
     Allí, con esfuerzo y la ilusión de los mismos vecinos labradores, se pensó en que fuera San Isidro la imagen que la presidiera. Se hicieron gestiones ante la Hermandad Sindical de esta localidad y ésta donó la imagen del Santo que hoy allí se venera (Ayuntamiento de Guareña).

antiguo Convento de las Dominicas.-
     Este fue el Colegio de Beatas de Nuestra Señora de la Encarnación, vinculado a la Tercera Orden de Nuestro Padre Santo Domingo. Fundado en el siglo XVIII por el obispo Fray Lasso de la Vega con la colaboración de Dª Antonia de Campos, se construyó sobre casas adquiridas en la Plaza Vieja, como se detalla en un documento de 1750. Posteriormente, fue vendido durante la desamortización del Estado. En la actualidad, es propiedad privada y únicamente conserva la portada de cantería granítica con el destacado escudo episcopal de su fundador (Ayuntamiento de Guareña).

Ayuntamiento.-

     Este edificio del siglo XVII se erige majestuoso en la Plaza de España, exhibiendo una fachada de estilo clásico, austera y elaborada en sillería de granito. El soportal inferior destaca con tres arcos, pilastras de orden toscano y bóvedas de arista. En 1930, experimenta una remodelación en el piso superior, incorporando cinco vanos adintelados, balcones en los centrales, placados laterales y un frontón. Completa su estructura una imponente cornisa rematada por bolas al estilo herreriano, con un atrio central donde destaca un reloj. Este conjunto lo posiciona como uno de los edificios municipales más hermosos construidos en esa época en la región.
     Con el transcurso del tiempo, el edificio ha mejorado significativamente mediante sucesivas remodelaciones, tanto en el interior con una elegante carpintería de madera, como en detalles exteriores de las fachadas y la incorporación de nuevas farolas de estilo fernandino. Recientemente, se ha integrado armoniosamente con la plaza y las calles circundantes, gracias a una reforma integral realizada en los últimos años, proporcionando una mayor accesibilidad y visibilidad a todos los edificios del conjunto en la plaza y sus alrededores (Ayuntamiento de Guareña).

Centro Cultural.-
     Ubicado en la calle Cuatro Esquinas, esta antigua residencia burguesa que fue propiedad de la familia Dorado destaca por sus amplias estancias con grandes bóvedas de arco y aristas, además de contar con varias chimeneas. En la parte posterior, se erige el actual auditorio de este centro cultural con capacidad para 220 personas. Este edificio es digno de una visita, ofreciendo la oportunidad de admirar una de las obras pictóricas del artista local Damián Retamar, creada para conmemorar el centenario del Miajón de Los Castúos.
     Además, este lugar sirve como centro neurálgico para la gestión y coordinación de gran parte de las actividades culturales, teatrales, formativas y deportivas que tienen lugar a lo largo del año, beneficiando a toda la población (Ayuntamiento de Guareña).

Casa de Luis Chamizo.-
     Esta casa, catalogada con protección estructural, fue el hogar del destacado poeta de Guareña, Luis Chamizo, conocido por su obra que refleja el habla típica del pueblo extremeño, llamada “El Castúo”. Construida alrededor de 1890, destaca por su imponente fachada de dos plantas, con tres ventanales y una alta puerta en la planta baja, y cuatro balcones en la parte superior.
     Actualmente, la casa es propiedad privada, por lo que no está abierta al público. Sin embargo, en su fachada se encuentra una placa de cerámica que indica que en este lugar nació el poeta Luis Chamizo (Ayuntamiento de Guareña).

Casa-Palacio siglo XIX.-
     Construido en el primer tercio del siglo XX por Emilio Camacho de Don Benito, este palacete está catalogado con protección estructural simbólica y es conocido por la comunidad como “La casa de Doña Catalina Cortés”. Esta construcción, de arquitectura singular, se destaca por su fachada abierta a tres calles, exhibiendo una fusión de estilos neoclásico y modernista. La utilización de hierro en los forjados y el cemento armado en la creación del distintivo decorado de la fachada son características notables.
     Actualmente, la propiedad es de carácter privado (Ayuntamiento de Guareña).

Mercado de Abastos.-
     La creación del Mercado de Abastos en el siglo XX marcó un avance significativo en los aspectos sanitarios y comerciales. Anteriormente, el mercado operaba en condiciones precarias en la Plaza Vieja. La nueva construcción se erigió en el solar de la calle Pajares y en un área adicional de la Plaza de San Gregorio que pertenecía a la vía pública. Durante una sesión plenaria el 1 de octubre de 1924, se decidió encomendar al maestro de obras Victorino Cruz Durán la elaboración de planos y proyectos para el nuevo mercado. Sin embargo, dos meses más tarde, se optó por encargar al arquitecto D. Ventura Vaca Morales el diseño y construcción del mencionado Mercado de Abastos (Ayuntamiento de Guareña).

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sábado, 15 de marzo de 2025

El desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Dominicas)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (Dominicas), de Sevilla.  
     Hoy, sábado 15 de marzo, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de Sevilla.
     El desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, se encontraba en la calle Sierpes, 9 al 15; entre las calles Vargas Campos, y Azofaifo en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo
Fundación e Historia del convento; destino del edificio y de los retablos recogidos por la autoridad eclesiástica.
    Aunque no en su ubicación definitiva -Calle Sierpes, entre Azofaifo y Pasión (la actual Vargas Campos)-, se funda este convento de monjas dominicas en el año 1586. Entonces se establece en la collación de San Gil, en lo que fue el primer monasterio, con el título de la Encarnación, de las monjas carmelitas calzadas que el año anterior -1585- se habían trasladado a la Alameda de Hércules y edificado uno nuevo entorno a la ermita de Belén, llamándose desde entonces "de la Encarnación de Belén", vendiendo su primitivo convento a Pedro López Soro, "que era apoderado de un portugués muy rico y le dexó su caudal" para  fundar un monasterio de dominicas, "con título de Pasión y renta competente a 12 religiosas".
     Arana de Varflora nos da el nombre del portugués Gabriel Luis, y su profesión, mercader, aunque dice ser trece el número de doncellas pobres que debían profesar. Añade que pocos años más tarde, sin precisar fecha, se traslada el convento a la calle Sierpes, aumentando el número de religiosas.
     A pesar de que todos los autores consultados coinciden en que, al ser suprimido el convento el año 1837, sus religiosas son trasladadas al de Santa María la Real, lo cierto es que allí no hay tradición ni papeles que den fe de este traslado. Sí los hay aunque escasos en el convento, también dominico, de Madre de Dios, donde los hemos consultado, aunque, repetimos, son muy escasos. También se sigue guardando memoria de las religiosas que procedentes de Pasión murieron y fueron enterradas aquí. En su "Obituario", que se lee todas las noches, constan los días y años de su falleci­miento así como algunos detalles de sus vidas. Las fechas del fallecimiento de las cuatro últimas también están incluidas en el libro de defunciones de Madre de Dios, donde dicen no haber incluido a las demás por llevar en un principio libros separados las dos comunidades.
     En el libro de defunciones de Madre de Dios encontramos un dato curioso; la muerte de una religiosa procedente de Santa María de Gracia, sor Patrocinio Casonet y Carmelet (muere el 15 de septiembre de 1880 a los 77 años). Era organista y consta que vino aquí "porque lo pidió". De este dato -una religiosa sola- puede proceder el error que hemos apuntado al hablar del convento de Santa María de Gracia, del traslado aquí de su comunidad. Y a lo mejor, aunque no conste -o al menos no lo hemos detectado- pudo pasar lo mismo con alguna de las religiosas del Convento de Pasión, que prefiriese ir a Santa María la Real. Aquí desde luego vinieron quince y aquí están enterradas.
    Los papeles que se conservan, aparte del libro de profe­siones, donde constan las dotes traídas por las religiosas y en varios casos en qué se emplean, son: el libro de defunciones, algunas cuentas -de fines del XVIII y XIX- y la copia de todos los documentos relativos a un patronato fundado por Don Pedro de las Roelas que es adjudicado al convento por el provisor del Arzobispado en 1690. Y poco más. Menos, mejor dicho nada, encontramos en el archivo de la Catalana de Gas, que consultamos siguiendo una pista errónea: en un periódico se dijo que esta compañía, fundada en 1843 lo había sido en el solar de un convento. No fue así. Su única relación conventual es que unas casas compradas por la Catalana, situadas en la calle, Azofaifo nº 8 y 9, es­taban frente al convento de Pasión. También la finca que en el archivo figura como de c/ Sierpes nº 49 (siempre nume­ración antigua), estaba "frente de las paredes del campanario del colegio de San Acacio", que perteneció a los agustinos.
     Del libro de profesiones proceden los siguientes datos. El convento se llamaba realmente "de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo". Coincide la fecha -1586- de la fundación con la indicada por los autores antes citados y añade que la primera priora fue "la madre Sor María Magdalena, monja de Santa María de Gracia, la cual nos conceda el Señor". Dada la proximidad de los dos conventos, casi se puede decir que la priora apenas pisó la calle para trasladarse de un convento a otro.
     De la minuciosa lectura del libro de profesiones dedu­cimos que, o bien la fundación no fue lo bastante rica como para labrar iglesia y convento o, al menos, en la iglesia -una de las pocas de conventos femeninos con tres naves- se excedieron en los gastos. Hacemos esta afirmación porque consta que desde el año 1598 a 1617 se gastan siete dotes de las religiosas que van profesando en "la obra de la iglesia" o en redimir tributos tomados para ella. Lo normal era que la dote fuese de mil ducados de vellón, aunque en algunos casos se sobrepasa -hay una de mil ochocientos ochenta ducados en oro- o viene acompañada -dicen- de alguna propina, que consiste en algún regalo para la iglesia o convento.
     A partir de 1617, debe ya estar la iglesia terminada y pagada, pues en 1627 Sor María de San Francisco trae como propina "las colgaduras de brocado para toda la capilla mayor".
     En 1631 otra religiosa regala "las sillas del coro alto" y este mismo año Sor María de Santa Bárbara, cuya dote fue de 1.880 ducados en oro, pues "vino reservada de coro y oficios", regala además "3.000 reales que se gastaron en la imagen de Nuestra Señora que está en el retablo maior". Ya veremos que era realmente un alto relieve.
     Con otra "propina", de la profesa Sor María de la Presentación, se ponen "las lonas de la casa del forno y cuatro que faltaban en los claustros grandes" en el año 1666.
     Pocos años después, en 1690, recibe el convento una serie de bienes, de los que toma posesión el año 1693, proce­dentes de un patronato fundado por "el veinticuatro Pedro de las Roelas, cavallero de la orden de Santiago y Doña María de Guzmán su muger". Ambos, en testamento otorgado el año 1551, "fundaron un vínculo y mayorazgo" en favor de Don Juan Alonso de las Roelas y Guzmán, "su hijo", y "por una de sus cláusulas" disponen que, en caso de no haber descendientes directos, parte de los bienes de dicho mayorazgo debían aplicarse "para dotación de un monasterio de dicha orden" (Santo Domingo). La fundación se haría "en unas casas principales que entonces eran morada de los fundadores" y en él se sustentasen y profesasen "doce religiosas de su linaje que fuesen admitidas sin otra dote".
     La  condición de no haber herederos directos no se da hasta pasado mas de un siglo. Entonces, los herederos transversales se resisten a entregar los bienes. Después de una serie de pleitos, iniciados en 1679 por la provincia de Andalucía de la orden dominica, y, por fallo de la Chancillería de Granada, ésta toma posesión de ellos el año 1682. Pero a la hora de ejecutar la fundación hay una serie de problemas: los bienes resultan ya escasos para el fin propuesto y además, dado "el copioso número de monasterios que hay en Sevilla de la orden", -eran cinco de dominicas y un total de veintiocho de distintas órdenes- "habiendo disminuido la opulencia de sus fundaciones", hasta el extremo -dicen­ que "en algunos casos no hay caudal algunos meses ni para darles el pan a las religiosas", era imposible conseguir li­cencia para hacer una nueva fundación por estar prohibidas estas "por los señores del reino".
     Por si todos estos problemas fuesen pocos las casas donde debía fundarse el nuevo convento, situadas como dijimos en la Alameda de Hércules, eran colindantes con el convento de monjas de Belén -carmelitas calzadas- y "hallándose éstas estrechas de vivienda, se entraron en esta casa en tiempo que gozaban el bínculo los poseedores" y "hoy las casas dichas están incorporadas al convento".
     Por todos estos motivos, el Arzobispo, en uso de sus facultades "para conmutar e interpretar la voluntad del testador" y "con grandes fundamentos", da licencia de conmu­tación: los bienes se asignan al convento de Pasión el 15 de febrero de 1690, con la obligación "de admitir a dichas parientas" -del fundador- sin ninguna  dote.
     Los bienes pertenecientes al mayorazgo destinados al convento, además de las casas que no reciben, eran el do­nadío de Torres, del término de Carmona, y cuatro quintas partes del molino de Ajadea, situado en el término de Sevilla a orillas del río Guadaira "con sus tierras y olivares". Se elige el convento de Pasión, habiendo como hemos dicho cinco de la orden en Sevilla, "por no tener como no tiene patrón".
     No debían ser grandes las posesiones o pronto debieron quedar ridículas sus rentas, pues el año 1775, al querer hacer uso Doña Ramona y doña Rafaela de los Ríos del privilegio del patronato -profesar sin dote por ser descendientes de D. Pedro de las Roelas-, se encuentran con la negativa de la comunidad, aunque sí les habían dado alimentos y piso durante el período de noviciado. Tiene que intervenir el P. General, quien al fin da la aprobación para que profesen sin dote, pidiendo a la comunidad las trate con amor y les conserve la antigüedad.
     De los últimos años del siglo XVIII data un libro de visitas, realizadas por un Padre de la orden. En la realizada el 22 de enero de 1792, entre otras cosas, se ordena a la priora y demás monjas tomen consejo antes de comprar bienes, no sea que resulten poco rentables. Del año siguiente 1793 hay una relación de los bienes del Convento. En total son 69 números e incluye sobre todo casas o censos sobre ellas. No debió ser un convento con propiedades importantes, pero al menos en los pocos años de que se conservan cuentas, gastos y rentas van normalmente a la par.
     No hay ninguna nota alusiva a los años de la invasión francesa en Sevilla. Veremos, por noticias recogidas en otro conventos, que desde el punto de vista económico supusieron graves pérdidas para los conventos femeninos. Aquí también debió ser así. Del año 1823 data una petición de la comunidad al P. General de la orden para que condone todos los atrasos y reduzca sus obligaciones de misas rezadas, "por la decadencia de sus fincas y pobreza de la comunidad". En 1827 el P. General les concede también que no se canten las misas "por tener achaques y enfermedad e las  religiosas del coro, quedando la priora responsable de restituir el canto cuando cese la necesidad".
     Hay noticia de pequeñas obras de albañilería en algunas casas propias del convento en 1827 y en 1835, gastos de carpintería en el propio convento y casas de su propiedad. Consta en el libro de profesiones el paso a la jurisdicción ordinaria "en virtud de las reales órdenes vigentes de 7 de agosto de 1821" (trienio constitucional). El Visitador nombrado es D. Francisco Bucarely.
     La última religiosa que profesa en Pasión lo hace el año 1834. Se llamaba Sor María de Natividad, y la última que aquí se entierra, el 14 de febrero de 1836, fue "Sor María de la Concepción, que en siglo se llamaba Doña Ramona de los Ríos", natural de Sevilla. Curiosamente, coincide ser una de las hermanas que profesaron en 1775 sin dote por ser parientas de D. Pedro de las Roelas, fundador del patronato cuyos bienes fueron adjudicados a este convento.
     Muy malos, desde el punto de vista económico, de­bieron ser los últimos tiempos del convento. González de León anota en 1836 que el jubileo que debía celebrarse en su iglesia el 29 de marzo, se celebra en San Esteban "por la orden de extinción y estar intervenidas". Y en el acta de la sesión celebrada el 2 de mayo de este mismo año por el Ayuntamiento de Sevilla, se lee una petición presentada por el administrador del convento, para que se le conceda espera para ejecutar el pago de las cantidades adeudadas en los ramos del alumbrado y limpieza. Pide también "que se retuviese la renta de una sola de las fincas embargadas, dejando las otras en libertad". No sabemos si son atendidas sus peticiones porque se acuerda que sea el presidente quien decida, pero está clara su pésima situación económica.
     En la pág. 21 del libro de defunciones se lee esta nota: "el día 6 de mayo de 1837 fue reunida la comunidad de Santa María de Pasión, dominicas de Sevilla, al de Madre de Dios de la misma orden, constando la comunidad de Pasión de quince religiosas, trece de coro y dos de velo blanco".
     Este día hay que darlo como fecha de la extinción del convento, aunque el libro recoge después las fechas de las muertes de sus quince religiosas en Madre de Dios. Dos de ellas mueren el mismo día y año: 18 de noviembre de 1847. Las cuatro últimas lo hacen después de la vuelta de las religiosas de Madre de Dios a su convento (en 1868 y durante nueve años las llevan a S. Clemente, perdiendo dos tercios del antiguo edificio). Allí no muere ninguna religiosa de Pasión.
     La última fallecida es Sor María de la Paz de Santa Gertrudis. Tenía 98 años y fallece el 24 de diciembre de 1909. Por estas fechas, nada quedaba ya del antiguo convento. Veamos que pasó con el edificio.
     Desalojado el 6 de mayo de 1837, no debió tardar mucho en venderse, pues González de León, en 1844, dice que "se está practicando una grande y lujosa obra para varios establecimientos, entre ellos un teatro que se dice ser para operaciones químicas". El teatro se estrena el 19 de septiembre de 1846, con el Hernani de Verdi. Su "fachada y pórtico" los trazó "D. Antonio Cabral Bejarano, en proporciones de exquisito gusto, dejando una plazoleta bastante espaciosa aunque las calles confluentes con este elegante co­liseo fuesen vías excusadas y poco limpias". Todavía lo siguen siendo. Hoy, el mismo local, aunque reformado en varias ocasiones, vuelve a ser teatro.
     También se establecieron en el antiguo convento un taller de litografía y la imprenta del "Diario Sevillano".
     Suárez Garmendia nos dice el nombre del com­prador del convento: D. José Henzeta, que lo transforma en teatro, aunque no coincide la fecha -1849- con la dada por Velázquez Sánchez para el estreno -varios años antes: 1846- y la obra, ya en marcha según González de León en 1844. No sabemos si es error mecanográfico o bien D. José Henzeta compra lo que todavía quedaba libre del convento después de hacer el teatro.
     La iglesia del convento prácticamente no debió cerrarse. Hemos encontrado en el archivo del Palacio Arzo­bispal una instancia, dirigida al Gobernador eclesiástico por D. José Rafael Palacios y Malagón, clérigo de menores, con fecha 8 de maro de 1837 -es decir, dos días después de haber salido de convento las religiosas- pidiéndole licencia para mantener la iglesia abierta, agregándola a la parroquia de San Miguel "a la que pertenece". El motivo que aduce es, aparte de la ubicación de la iglesia, la devoción de un grupo de fieles que se compromete a pagar los gastos que suponga su  mantenimiento. Debió concedérsele, pues Tassara afirma que la iglesia permaneció abierta hasta su supresión en 1868. Entonces ocupaba la iglesia, y "por más tiempo de veinticinco años", la Hermandad de la Veracruz. Debía estar allí la Hermandad desde fines del año 1840, ya que el derribo del convento de San Francisco, donde esta Hermandad tenía capilla propia, comienza el 12 de octubre de dicho año, y habían pasado 28 desde 1840. Algo más de los 25 que sabemos que estuvieron.
     A pesar de los esfuerzos de la Hermandad para conseguir que les devuelvan la iglesia, que dicen se les dio a cambio de la capilla propia derribada en la obra de la Plaza Nueva, invocando para ello los acuerdos tomados por el propio Ayuntamiento en sesiones del 23 de abril, 8 y 25 de junio de 1852, con motivo del expediente incoado por la Hermandad, no lo consiguen.
     La iglesia se concede en sesión de 7 de octubre de 1868 a una compañía de veteranos nacionales para cuartel. Todavía tenemos noticias de ella el 20 de agosto de 1870. Con esta fecha, el municipio dirige una "exposición" al Mi­nistro de Hacienda a través del Gobernador de la provincia, licitando la propiedad, o al menos el usufructo de ella, donde dicen han tenido que hacer una serie de obras, para acondicionarla como Escuela Práctica Normal, conviviendo ésta en "buena armonía" con los veteranos.
     No encontramos contestación a esta petición, y, probablemente, una vez trasladada la Escuela Normal a local más apropiado, la iglesia se vende. No sabemos la fecha exacta, pero consta que ya está vendida el 20 de enero de 1871 en la conformidad que da D. Francisco Florén para que, a petición de los vecinos de Zufre y su alcalde, se les entregue el retablo mayor de la iglesia y otro más pequeño. Dice no haber inconveniente en la entrega, "habiéndose vendido la iglesia". El 30 de enero de este año, el párroco de Zufre, D. José Mª Ortiz, firma el recibí. (Sin embargo, visitamos la iglesia parroquial de Zufre y el retablo no se encuentra allí ni nadie supo darnos alguna posible pista de su paradero).
     Pero no se llevan el retablo completo. Los cuadros que lo adornaban, obra de Pacheco, así como los del retablo colocado al frente de la nave del evangelio, del mismo autor. habían sido ya llevados al Museo. También, los del retablo de San Juan Bautista, colocado en la misma nave, obra de Francisco de Varela, y un relieve  de San Juan "en la tina", de Montañés.
     Consta asimismo el destino de algún otro de sus re­tablos, recogidos por la autoridad eclesiástica, en un pequeño inventario, en cuyo margen se apuntó. Se conserva en el archivo del Palacio Arzobispal.
     El altar mayor "faltándote los altorrelieves que parece se llevó la comisión del Museo'', "se va" -como hemos visto- a Zufre (realmente no aparecen ni los relieves ni el retablo). "Un altar pequeño, dorado, de la nave de la de­recha", se lleva al hospital militar y "tres altares destrozados que se recogieron en Capuchinos (se refiere al depósito de objetos de culto instalado allí) y de ellos se arregló uno para San Lázaro y los restos se concedieron a la Rinconada". Parece pues que el retablo que se manda a San Lázaro fue compuesto con trozos de varios. En él se coloca un cuadro, de autor anónimo, cuyo tema era una santa dominica, procedente del segundo retablo de la nave de la epístola y que se coloca allí en la nave del evangelio.
     El coro se lleva a San Andrés. Con fecha 26 de julio de 1871, la secretaría de cámara del Arzobispado ordena que se entregue a esta parroquia. Hemos comprobado que allí sigue.
     No hay más noticias sobre el paradero de otros retablos, esculturas y objetos de culto de la iglesia. ¿Se lo llevaron las religiosas de Madre de Dios?, o bien, al quedar la iglesia abierta ¿dejaron todo allí? Lo único cierto es que hoy no queda memoria de nada, salvo lo aquí recogido.
Descripción del edificio.
La iglesia.
PLANTA
     "De tres naves divididas por arcos sobre robustas y hermosas columnas de mármol pareadas". La nave central era "bastante alta", y su cubierta "de bovedilla que cubre la montera de madera que forma la techumbre".
PORTADA
     "De ladrillo cortado, del orden dórico". Con "un relieve de mármol en el claro del segundo cuerpo que representa a Jesucristo crucificado y otros Santos".
     Esta descripción, que nos da González de León, debe corresponder a la portada principal, situada, como veremos­ a lo pies del templo. Pero había otra, lateral, exactamente en la nave del evangelio, pues Tassara al describir los retablos de la nave del evangelio, hablando del dedicado a San Juan Evangelista, dice que estaba colocado en la nave del evangelio "y junto a una de las puertas de la iglesia". De todo esto se deduce que si la nave del evangelio daba a alguna calle tenía que ser forzosamente a la calle Pasión y la principal estaba situada en la calle Sierpes. Nada sabemos como era esta segunda portada.
COROS
     "El bajo estaba a los pies de la nave de la epístola, porque en la del medio estaba la puerta principal del templo, y este coro estaba fuera del cuadrilongo que ocupa el templo. El coro alto está en la nave mayor sobre su tribuna construida al intento a la altura de las naves laterales".
PRESBITERIO
     "Se eleva con cinco o seis gradas, y en él está colocado el bello"...
RETABLO MAYOR
     ..."de dos cuerpos de medias columnas corintias, con sus correspondientes cornisas, pedestales, sotobancos y demás partes, sujetas a las más exactas reglas del arte y concluye con un cuadro en que está colocado un crucifijo de escultura". Su autor fue Jerónimo Velázquez, maestro ensamblador, quien el 13 de marzo de 1631, otorga carta de pago "al combento priora e monjas de la Pasión de Sevilla". Su precio fue de 9.700 reales, y afirma que lo tiene "acabado y puesto según las condiciones de la escritura de concierto". Siguiendo la descripción de González de León aña­ dimos que era de madera de alerce, "especie de pino inco­rruptible", y estaba dorado. Añade también que en el nicho principal del segundo cuerpo había "un alto relieve en que se ven casi enteros y del tamaño natural las imágenes de la Virgen que desciende sobre un trono de nubes con el niño en brazos a dar el rosario a Santo Domingo de Guzmán que se ve al pie de rodillas", y, en los intercolumnio de los dos cuerpos, cuatro cuadros con temas de pasión, originales de Pacheco. No está muy claro el paradero de esta "medalla", "bien dibujada y perfectamente concluida" cuyo autor se ignora y debió ser "la imagen de Nuestra Señora" que regala en 1631 -año que coincide con la fecha de la carta de pago dada por Jerónimo Velázquez- la religiosa Sor María de Santa Bárbara. Sabemos ya que costó 3.000 reales.
     González de León dice que este "hermoso altar no se exceptuó de reforma". Se le añade un manifestador en el primer cuerpo de la calle central. No dice cuándo, y, al parecer del autor, "desdice bastante".
     Nada más podemos añadir sobre este "hermoso" retablo, pues diversos autores que lo describen coinciden en en los datos. Sólo Ponz añade: "me dixeron que esta comunidad no estaba contenta con su retablo mayor antiguo y será una gran lástima que lo sustituyan por otro moderno sin el debido artificio, como se ha hecho en gran parte de estos templos".
OTROS RETABLOS
     Aunque en el inventario de los retablos procedentes de Pasión que se conserva en el archivo del Palacio Arzobispal no figuran, aparte del mayor, más que otro pequeño, y restos de tres, por la copia del acta de incautación, conservada en el archivo municipal, sabemos que había seis naves en el momento del cierre de la iglesia. De ellos no dice que un retablo en blanco, pertenecía a la Hermandad -de la Veracruz-, y lógicamente lo recogerían. De estos seis retablos, dos estaban en la cabecera de las naves laterales, y eran "de igual mérito que el mayor aunque muy pequeños, de un solo cuerpo".
     El retablo que figuraba en la cabecera de la nave del evangelio, con lienzos de Pacheco, que se llevan al Museo, era obra de Juan de Oviedo y la Bandera, concertada el año 1601. La capilla pertenecía a Antón de Melo. El retablo tenía como soportes medias columnas del orden corintio y en la caja principal figuraba una Virgen con el Niño en brazos, con serafines y nubes sobre un pilar (advocación de la imagen). En las calles laterales figuraban esculturas de San Juan Bautista y San Antonio de Padua y en el remate un crucificado en todo relieve entre ángeles. Se ignora su paradero, pero se conserva en el Museo el relieve de la Virgen del Pilar.
     En la misma nave del evangelio, y al lado de la puerta lateral de la iglesia, estaba situado el altar de San Juan Evangelista, también desaparecido o al menos no identificado, contratado por Martínez Montañés en 1637 para la capilla del jurado Luis de Venegas en 580 ducados. De este retablo sólo se conserva en el Museo el relieve de San Juan en "la tina".
     Entre estos dos retablos ya citados, Tassara nos dice que había otro. Sólo indica que en el nicho había un lienzo re­presentando la Anunciación, que también se lleva al Museo. En el acta de incautación figura como "otro retablo con una imagen y un cuadro de la Anunciación".
NAVE DE LA EPISTOLA
     En la cabecera "está San José con el niño Jesús de la mano, de muy buena escultura". Nada sabemos sobre la autoría del retablo y escultura. Sí consta que "una efigie de San José de una vara y media de alto procedente de la iglesia de Pasión", se concede por la autoridad eclesiástica el 21 de diciembre de 1868 a Don Manuel González, y al no pasar a recogerlo se le entrega al "Señor Mariam".
     De los tres retablos restantes, que debían estar situados en esta nave (dos había en la del evangelio y una puerta), no sabemos a quién estaban dedicados, sus autores ni el orden de colocación. Por la ya citada acta de incautación, podemos precisar solamente que uno de ellos tenía "una imagen de San Jacinto", otro "una Virgen en el cuerpo alto -que bien podía ser el de la cabecera de la nave-, el perteneciente a la Hermandad "en blanco" y "otro con dos tablas". De éste habla Tassara colocándolo "el segundo como se entra por la puerta de la iglesia".
     Como perteneciente a la iglesia, aunque no estuviese permanentemente instalado, queremos dejar constancia de su monumento para la Semana Santa. Juan Martínez de Ariaga se compromete a hacerlo "para la semana santa próxima" el 17 de enero de 1617.
El convento.
EL CONVENTO
     No hay más noticias de él que las que nos da González de León. "Es diáfano y con hermosas piezas comunes, aunque las celdas particulares eran por lo común oscuras y poco cómodas por las muchas escaleras y gradas que hay en los tránsitos" debido, según el autor, a "haberse ido aumentando" -el  convento-  "con casas y pisos desiguales".
CLAUSTRO PRINCIPAL
     "Es muy grande. Tiene sus arcos bajos y alto buenas columnas de mármol: en  lo alto con antepechos de hierro y en lo bajo asientos". Estaba sembrado "el claro"­ con árboles y flores, y tenía una fuente en el centro. En los corredores del claustro había "algunos altares", y también sepultaban aquí a "religiosas notables''.
     Tenía también otros patios, -el del forno lo hemos nombrado cuando se le ponen lonas-; entre ellos, nuestro autor destaca el de la portería, pues tenía como el principal "arcos y columnas".
     Termina nuestro amigo diciendo que la comunidad fue ejemplar y -aquí nuestra única discrepancia-  que se reunió con la de Santa María la Real. Sabemos que no fue así [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
     De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la calle Sierpes, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 8 de mayo de 2024

El desaparecido Convento de Santa María de Gracia (Dominicas)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de Gracia (Dominicas), de Sevilla.  
     Hoy, 8 de mayo, es la Festividad de Bienaventurada Virgen María Madre y Mediadora de todas las Gracias, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte el desaparecido Convento de Santa María de Gracia, de Sevilla.
     El desaparecido Convento de Santa María de Gracia, se encontraba en la calle Santa María de Gracia, en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Tarifa, a la calle Rafael Padura
Fundación e Historia del convento hasta su extinción.
     Este convento de monjas dominicas, que estaba situado al inicio de la calle que todavía hoy lleva su nombre, tuvo su origen en un beaterio -de Santa Catalina de Siena-, fundado junto a la parroquia del mismo título por un grupo de señoras dirigidas por el P. Fray Domingo de Baltanás, "rector que fue del colexio de Santo Tomás". Estas beatas profesan en un principio la regla de la orden tercera de Santo Domingo, para lo que piden licencia apostólica al papa Alejandro VI, quien muere antes de firmarla. Lo hará su sucesor, Julio II en el año 1503.
     El Padre Baltanás, deseando labrar un convento más amplio, pide y consigue unas casas de una señora viuda, Doña Juana Fernández, situadas en la parroquia de San Miguel en "sitio que era todo de tenerías". La viuda, dona además todo lo que tiene "porque quiso tomar ábito en este monasterio".
     Exactamente el 12 de junio de 1525 se comienza a labrar el convento, y, "teniendo labrada la iglesia y forma de monasterio", con el nombre de Santa María de Gracia, el 25 de octubre de este mismo año, pasan a él las beatas de Santa Catalina, "que eran seis", siendo priora Sor María de San Juan Bautista y profesa Sor María de San Andrés. Las cuatro restantes eran novicias. El mismo día toma el hábito la viuda, Doña Juana Fernández, con el nombre de Sor María de Jesús, "y todas le dieron el nombre de fundadora, por haber dado cuanto poseía". Con ella toman el hábito tres novicias más. Estas, y las que procedían de Santa Catalina, profesan el año siguiente, el día de Todos los Santos.
     El número de religiosas crece rápidamente, siendo ya 29 en 1537. La comunidad decide ahora tener mayor rigor: "libratorios (locutorios) tan cerrados que ni veamos ni seamos vistas" y prohibir la entrada en clausura a nadie, excepto para administrar los sacramentos en casos de peligro de muerte. También acuerdan mandar a tres religiosas a Baeza, para fundar un nuevo convento. La licencia para esta fundación fue concedida por el papa Clemente VII en 1539. Data también de estos años la fundación en Lepe -aunque el libro de fundación no nos da su fecha exacta-, pues al hablar en el año 1578 del número de religiosas profesas -58-, especifica que de ellas seis habían muerto, y otras once habían ido como fundadoras a Baeza y Lepe. Ambos conventos, tampoco existen en la actualidad.
     Este mismo año 1578, el Papa les va a conceder por un Breve -aceptado por la comunidad el 22 de septiembre pasar de la orden tercera a profesar en la de Santo Domingo. Y es esta fecha -1578- prácticamente la del punto final del "libro de fundación". Se termina de escribir "el 13 de noviembre de 1702, siendo prior de San Pablo el P. Manuel de Sto. Tomás". La cronista asegura que se limita a trasladar a él "un libro que está en nuestro poder", "sin faltar un ápise a la verdad". La razón del traslado será "las letras muy gastadas del antiguo". Sólo añade "algunas noticias que han sucedido después". En general, estas nuevas noticias nos hablan de algunas donaciones (altares o imágenes). Las comentaremos al describir el convento y el  lugar donde estaban situados.
     Recoge también el libro la relación de prioras, desde la primera, que ya conocemos, Sor María de San Juan Bautista, venida del beaterio de Santa Catalina, y "lo fue hasta el 19 de marzo de 1528", hasta la última, que hace el número 112. Se llamaba "Sor María Ana de Presentación, electa el 30 de octubre de 1833 y confirmada por el P. Provincial y el P. Prior de San Pablo el 10 de noviembre del mismo año". Asimismo, nos informa de "ábitos", "profesiones" y "muertes de las religiosas" y es curioso que así como en la relación de prioras, profesiones y muertes, el libro se sigue escribiendo puntualmente hasta la extinción del convento en 1837, no haya continuidad en su historia, como debió ser voluntad de la cronista a juzgar por el gran número de páginas en blanco del libro. Las pocas noticias que tenemos, las hemos recogido en los libros de cuentas -se conservan prácticamente de todo el siglo XVIII y de los años del XIX que el convento existe-. En estos libros se pormenorizan los gastos en comida (muchas legumbres y bacalao), médico, funciones solemnes y obras de conservación de las casas y fincas rústicas propiedad del convento. Este detalle en los gastos vendría dado por el hecho de que, periódicamente, debían rendir cuenta de entradas y salidas del dinero al P. Visitador, perteneciente, en este caso, al convento dominico de San Pablo. Gracias a ello podemos hoy conocer algunos detalles de la ubicación exacta del convento y dependencias que tenía. Pero a pesar de haber mirado con todo detalle libros de cuentas y papeles sueltos, no hemos encontrado noticia alguna de obra importante, de lo que parece deducirse que la estructura primitiva del convento no varía a través de su historia. Solamente se mejorará y reparará lo que con el tiempo se vaya deteriorando. Podemos sí decir que el cuidado por mantenerlo es continuo, al menos en el tiempo de que se conservan las cuentas.
     En febrero de 1727 se hace "puerta al coro alto y tres ventanas a la enfermería baja y postigo a la misma enfermería" y se componen "dos ventanas de la casa de labor alta" y se hace en ella "otra nueva". El costo de la obra fue de 1.223 reales y 10 maravedíes. Especifica que los tableros fueron dados "de limosna". En mayo de este mismo  año hacen rejas de alambre "a las ventanas del coro bajo" y unas puertas de madera  para "la capilla del Señor Crucificado del claustro". La comunidad compra la madera -le cuesta 30 reales- y vende para hacer las puertas "la coronita de oro de Ntra. Señora", advirtiendo que el resto de la obra lo paga una religiosa de velo blanco, Sor María de S. Idelfonso, "que cuida de dicha capilla". Añade que la capellana suple la coronita de oro vendida por otra de plata.
     Se levantan "los corredorcillos del patio del coro que confinan con las celdas de la calle de la Plata", y "se traste­jaron los tejados de todo el convento", con  otras pequeñas obras en octubre de 1734. En agosto de 1735 se comienza a dorar el retablo mayor, "siendo priora la M. Sor María del Santísimo Sacramento y administrador del convento el P. José Tapia". Se hará con dinero de limosnas y por falta de ellas se interrumpe la obra, cuando ya habían sido entregadas al dorador 7.872 reales y 17 maravedíes.  Se acabará de dorar en 1752, gracias a que en esta fecha, "D. Juan Pérez Quijano lo siguió por su cuenta" y "de la nuestra (se refiere a la comunidad) fue necesario, poner andamios, habilitar al dorador, que no estaba examinado, en que se gastaron 632 reales 22 maravedíes". El "estreno" del retablo -acabado de dorar- se celebra "en el día de la Concepción de la Virgen Sma." de este mismo año. En las "cuentas" con motivo de la fiesta, se especifica el gasto de "clarín", "ruedas y cohetes", "sermón", "limosna de misa", y "desayuno de los Padres de altar, sacristanes y doradores". 
     Entre el comienzo y fin del dorado del retablo mayor, tenemos noticia de otras obras: serán en la mayordomía y casa de labor, las que se hacen el mes de agosto de 1736. Más importantes  parecen las del verano de 1742. Ahora se compone "la pared de la iglesia'', "desde la esquina de la calle Cadenas hasta la calle de la Plata", haciéndose nuevos muchos trozos, y reforzando el resto con hierro y madera. En la esquina de las dos calles, "se aseguró la pared con una columna". La obra, garantizada por "los maestros de la ciudad" por "más de cien años", cuesta 2.333 reales y 30 maravedíes, pagándose con la dote de una religiosa, Sor María de la Natividad, previa licencia "del muy reverendo P. Fray Pedro de Fontanilla".
     Pasando por alto otros arreglos en aposentos, gallineros y cocina, llegamos al año 1750, en que con el dinero obtenido de la venta de unas alhajas, donadas por Doña Gabriela Nieto, se enriquece el viril con una serie de piedras y se le hace peana de plata. También recibe la comunidad este mismo año, por testamento de D. Juan Tomás Díez, "un lienzo del Señor con la cruz a cuestas de Baldés" y "dos espejos con molduras de pasta doradas". González de León, al describir la iglesia del convento, habla de "algunas pinturas de Lucas Valdés que hace muchos años se extraviaron". Quizás se refiere a ésta y es posible que estuviese entre unas pinturas que se vendieron" en el año 1784 en 40.657 reales y 28 maravedíes, gastados junto con otros 160.285 "de limosnas", "en hacer una pared y sacarla de cimientos de la clausura que cae a la calle, desbaratar la sacristía de adentro y fuera y hacerlas de nuevo, hacer cuarto para la casera y cuarto común, hacer la escalera para subir a los libratorios, solar el compás y la antepuerta reglar, hacer el libratorio chico, cocina a la casera, rebajar la antecocina de acá adentro y escaños para la iglesia y pintura para la sacristía de afuera, recorrer los tejados y tomar desconchados del convento". Esta obra, comienza el 7 de marzo de 1783 y finaliza el 6 de septiembre de 1784, obra importante pues, y necesaria a pesar de haber gastado el año 1756, 4.296 reales y 26 m. "en componer lo que maltrató la casa el terremoto el 1º de noviembre de 1755"; que había incluido "tabiques en la casa de labor y tejados" -casi se tejan de nuevo coro e iglesia-. Se hacen también otros pequeños "reparos" en la escalera del lavadero y su corredor y hubo que levantar y "solarlo nuevo", "el patio grande", debido a un atasco en la pileta y piloncillo.
     Por amenazar ruina se arreglan en 1761 el patio de la cocina, los cimientos del refectorio, se solaron "los corredorcillos" y se saca "de cimientos" un pedazo de basurero, y se hacen nuevas tageas (alcantarillas). Se paga en parte con la dote de una religiosa, Sor María de Sto. Tomás, costando más de 200 ducados. La comunidad tiene que poner el resto. 
     En 1764 "se gastan 3.177 reales y 20 maravedíes", "en recorrer toda la casa de calzos en las paredes, solerías, des­conchados y cañerías". Se levanta una pared de cimientos, "otra de la cocina alta, que se soló de nuevo y una pared que se hizo en el jardín de 6 varas de largo y 3 y media de ancho", "solar media azotea, echar caños nuevos de arriba abajo, encalar la carbonera y lavaderos, remendar puertas y otras menudencias". Dos años más tarde "se recorren los tejados, cambian varias vigas del desván de la iglesia y se pone solería en el "patio de allá afuera". También se harán "reparos" en 1768 -un lienzo de pared nuevo- y 1769 -varias vigas nuevas de madera y "tejar un pedazo de corredor del patio del coro". En otro legajo, sin fecha, encontramos "la cuenta de los gastos ocasionados", "en construir una enfermería alta para las enfermas, con pieza separada para las de mal contagioso, cocina, antecocina, despensa, lugar común y demás necesario". Esta importante obra se hace "con el caudal perteneciente a la M.R.M. Sor María Manuela de San José en complimiento del testamento que otorgó antes de su profesión religiosa". El gasto es de 48.319 reales y 19 maravedíes.
     D. Pedro Lince Berastegui, hace, el año 1765, donación­ de una imagen -que existe todavía- de San Vicente Ferrer. Por testamento, dona también todos sus bienes, pidiendo que su cuerpo sea enterrado ante la imagen donada. Se conserva su testamento. Morirá el año 1782 y se cumple su voluntad. La comunidad gasta 291 reales y 22 maravedíes en­ su entierro.
     Otro devoto, D. Francisco de Quesada y Peña, costeará. "las rexas del coro del convento de Sta. Mª de Gracia" -herrería, carpintería, albañilería y pintura- con el encargo de que la comunidad le encomiende a Dios. Se hace la obra en 1785, año en que también consta que se hacen otros "reparos" en la enfermería.
     Más obras en 1788: se "compone" la pared del convento que da a la calle de la Plata, por orden del Gobierno -dicen- "por lo ruinosa que estaba" y otra "del costado del coro que linda con la puerta de la iglesia". Además se hacen obras "en un ángulo del claustro" y se levanta una pared "del patio de cocina". Cuesta todo el arreglo 8.155 reales y 17 maravedíes.
         Al año siguiente, se "quita el techo del almacén de aceite y de calle Cadenas" y "se vuelve a labrar". También se teja de nuevo el cuarto "que está sobre el refectorio", se compone y hace obra en el corredor que va a calle Cadenas y se dora "el retablo de la Concepción", y en 1790, además de otros "reparos", se hace un arco en el torno. Hay constancia de otras pequeñas obras de albañilería y carpintería de los años 1791, 1792 y 1795.
     La última obra de cierta importancia se recoge en el libro de fundación. Se hace en 1817 y afectará "a la pared principal de la iglesia". Comienza el 20 de mayo "con derribo total" de la pared. Previamente, "se entraron en clausura todas las imágenes". Nombran especialmente al "Smo. Cristo de los atribulados". Las imágenes se colocan "en el coro bajo" y el Santísimo "en la sacristía de afuera", "abriendo una puerta y poniendo rejas para oír misa y co­mulgar también servía de confesonario, y en el libratorio del corredor, reja, con licencia que se obtuvo del Santo Tribunal". La obra dura un año, "y se gastó en la reparación 73.218 reales y 28 maravedíes".  El 6 de marzo de 1818 "habiendo precedido la bendición de la nueva iglesia" por el prior de San Pablo Fray Luciano Román y otros padres que le acompañaron, "se trasladó el Santísimo y colocó en el altar mayor y dijo la primera misa el dicho P. Prior, y el día 13 del mismo, que fue viernes de Dolores, se celebró el es­treno con una fiesta a la Santísima Trinidad, como pro­tectora de esta casa". Siguió la obra, sin embargo, hasta el 20 de mayo de este año, siendo priora Sor María Manuela de Santo Domingo.
     Sin más noticias escritas, el convento continúa su vida hasta el año 1837, en que, por orden del gobierno se reúne con la comunidad también dominica de Sta. María la Real, entonces en la calle S. Vicente. No es ésta sin embargo la "noticia" que nos da González de León, quien afirma que pasan al convento de Madre de Dios, quizás influido por Arana de Varflora, el cual, corno vimos, y también equi­vocadamente, dice ser ésta la procedencia de las primeras religiosas de Sta. María de Gracia.
     Allí no hay en absoluto tradición de este traslado y sí la hay en Sta. María la Real. Y no sólo tradición, sino alguna de sus imágenes -entre ellas la titular- y su archivo. No deja de ser curioso esto último, pues se ha perdido en cambio el propio de Sta. María la Real. La tradición oral ininte­rrumpida cuenta que al ser este convento suprimido por la Junta Revolucionaria el año 1868, en el corto traslado de las religiosas desde la calle S. Vicente a la de Sta. Clara, desapa­recieron, o por mejor decir, fueron robados dos carros, que entre otras cosas portaban el archivo. Afortunadamente, en este caso las religiosas recuperaron su convento. No pasó así con el de Sta. María de Gracia. Desalojado, se vendió y en su iglesia, "en la parte que llegaba hasta el coro", se construye un teatro cómico, el Teatro de la Campana, que co­mienza a funcionar el 22 de abril de 1841.
     El convento es destinado por su comprador a casa de vecinos, "mas todo está destruido, robado, sin barandas ni pasamanos, de modo que ni para vecinos se puede arrendar, aunque viven en él algunos".
Descripción  del edificio.
La iglesia.
LA PLANTA
     "Era de cañón bastante largo y muy ancho para  dividir la capilla mayor y sus rejas baja y alta para dividir los coros de las monjas".
CAPILLA MAYOR
     Estaba en  alto, se "subía por ocho o diez gradas de mármoles encarnados". En ella se situaba el Retablo mayor.
RETABLO MAYOR
     "Del tiempo medio, no del todo malo", donde "se veneraba una imagen de Nuestra Señora de antigua escultura". Fue la dote que "truxo" una religiosa "la Madre Cristo, llamada en el siglo Dña. M. de Oviedo, hija de Juan de Oviedo y Dña. Mariana Fernández", quien "tomó el hábito a 3 de agosto de 1599" y "profesó a 5 de agosto de 1600".
      Celestino López Martínez recoge la noticia de que "en el año 1601", Juan de Oviedo "terminó el retablo mayor del monasterio de Sta. María de Gracia, de religiosas domi­nicas de Sevilla, que apreciaron Gaspar Núñez Delgado en nombre de Oviedo y Andrés de Ocampo por el convento, los cuales artistas elogiaron cumplidamente la arquitectura, talla y escultura de la obra, y la apreciaron en 11.493 reales". La fecha -1601-, un año después de la profesión de su hija, coincide con el último del decenio (1591-1601) que marca Pérez Escolano como cénit de su etapa de escultor y re­tablista.
     Por todo lo anteriormente expuesto, afirmamos rotundamente ser obra de Juan de Oviedo, la magnífica Sta. María de Gracia, titular del convento, que hoy se conserva en la Real. Por si todo lo dicho fuera poco, añadimos que "la sencillez de líneas, en vestidos, en peinados, serenidad y dulzura, precisión anatómica", denuncian "el amor al renacimiento" de su autor, como discípulo que fue de Jerónimo Hernández, quien a su vez lo fue de Hernán Ruiz.
     Que Sta. Mª de Gracia presidía el retablo mayor, aparte de ser lógico siendo la titular del convento, lo confirma una donación de joyas -hoy día inexistentes lógicamente- hecha en  mayo de 1819 por Doña Prétola Calonge. Regala un­ aderezo de diamantes y plata, y un "cintillo" de diamantes con aro de oro, "para Sta. María de Gracia que está colocada en el altar mayor".
     Llevada la imagen a Santa Mª la Real, se veneró dentro de clausura hasta 1939, en que se coloca presidiendo el retablo mayor en sustitución de otra de vestir, de escaso mérito. Hoy preside la improvisada capilla del nuevo convento de Bormujos. Hay que hacer constar que el Niño Jesús es moderno, obra de Castillo Lastrucci, de los año cuarenta.
     No hay más noticias del retablo mayor, ni de otras esculturas, que sin duda tendría. Sí podemos en cambio aportar que del retablo que había "antiguamente", y suponemos quiere decir el anterior al que la M. Cristo "truxo" como dote en 1600, se conserva hoy un Señor con la cruz a cuestas, que debe ser de la época de la fundación -1525- aproximadamente. Esta imagen, al hacer el nuevo retablo, "se coloca en la sacristía" por no haber donde ponerlo.
OTROS RETABLOS
     González de León, sólo dice que en la nave "había cinco retablos, pero ninguno tenía cosa artística notable". Podemos precisar, gracias a las noticias recogidas en el archivo, a quién estaban dedicados cuatro de ellos. Uno a S. Vicente Ferrer, cuya imagen, donada como hemos visto en 1765 y de escaso mérito a nuestro juicio, se conserva hoy día en el interior del convento de Sta. Mª la Real. Presidía "un retablo dorado" con repisa con puertas de cristal, que hace también el donante -el indiano D. Pedro Lince Berastegui­- y estaba situado "junto al púlpito". Anteriormente a esta donación había en este lugar "un cuadro del Nacimiento", al que el donante labra en compensación "una capilla en el claustro". A S. Vicente "le hizo un vestido bordado de oro, capa de terciopelo bordada, alas bordadas y diadema de plata sobredorada, blandones, atriles y todo el aderezo de altar y una cadena de plata gruesa". De todo esto lo único que se conserva es el santo y sus vestiduras.
     Otro de los cinco retablos estaba dedicado a la Concepción y debía estar a continuación del anterior, ya que con motivo de una obra se gastan 130 reales "por quitar los altares y volverlos a poner de S. Vicente y Ntra. Sra. de la Concepción".
     Un tercer retablo tenía como titular a Sto. Domingo. También procede de un libro de cuentas la noticia de su existencia: se gastan 2.000 reales "en el retablo de nuestro Padre". Un Santo Domingo, procedente de Sta. María de  Gracia, está hoy en Santo Domingo de Scala Coeli en Córdoba. Sus riquísimas  ropas  -tisú  tejido a aguja- viste hoy a otra imagen del Santo en Sta. Mª la Real.
     Dentro de una arqueta con varios papeles encontramos uno que habla de un patronato fundado por un particular "en la capilla del Cristo, que está al lado del evangelio de altar mayor". Debe tratarse del "Stmo. Cristo de los atribulados" que se menciona al hablar del traslado de las imá­genes de la iglesia "con motivo de la obra" en su pared principal en 1818. En testamento otorgado por Juan de Miranda, vecino de Sevilla, el 18 de mayo de 1601, se menciona esta capilla, "donde tengo mi enterramiento": quiere que sus albaceas doren y den "de azul" a su reja "con el parescer del Señor Acensio de Maeda".
     En la improvisada capilla de Sta. María la Real se venera "un magnífico crucificado, de tamaño natural, de mediados del siglo XVI" procedente de Sta. María de Gracia. Es el Smo. Cristo de los atribulados.
LA CUBIERTA
     "Era de madera" y el suelo "de ladrillos".
     Había en la iglesia algunos cuadros. Ponz y González de León hablan de pinturas de Lucas Valdés, que según este último "hace muchos años que se extraviaron". Ya hemos visto que al menos un "Baldés" hubo y quizás se vendió. Arana de Valflora habla también de pinturas de Clemente de Torres, cuyo paradero se desconoce.
LOS COROS
     Alto y bajo, debían estar a los pies de la iglesia, pues González de León precisa que el teatro que se forma en ella una vez desalojado el convento "llegaba hasta el coro". Las dos rejas, las manda hacer "un devoto" en  1785, "siendo prior de San Pablo fray Jerónimo González y priora de este convento Sor María de Sta. Cecilia".
     En el coro alto y desde 1725 estaba colocado un cruci­ficado "que tendrá con la cruz una vara de alto". Lo traen al convento "sobre una peana de escultura muy grande, la cual se dio para S. Juan Bautista (ignoramos dónde estaba colocado este Santo que no se conserva) para cuando sale en procesión del Corpus y la doraron toda".
     La imagen del crucificado se coloca "al lado izquierdo debajo de un sitial encarnado y bordado". "Dejó esta alhaja a este convento en su testamento D. Antonio Basilio, presbítero". Quizás sea este el Smo. Cristo de la Salud, que consta en la crónica de Sta. María la Real como procedente de Sta. María de Gracia.
     También en el coro alto estaba situada una pequeña imagen de vestir: Ntra. Sra. de la Encarnación, que hoy se venera dentro del convento de Sta. María la Real en una hornacina embutida en la pared. La Virgen está de rodillas, sobre una peana y delante de un atril con un libro. Frente a ella y a la altura de su cabeza, pende un ángel. Sobre las dos figuras aparece el Espíritu Santo en  forma de paloma. Tanto el ángel como la Virgen (de vestir) tienen un rostro aporcelanado, típico del XIX, pero hay noticias de esta imagen en el convento al menos del siglo XVII. Volveremos más ade­lante sobre este tema.
     Por último, sabemos que había en este coro "al lado derecho" un cuadro de la Asunción "como de dos varas o más de alto, con moldura dorada, su valor, según la pintura y el artífice que lo pintó valía 200 ducados". No nos dicen quién fue el artífice y sí el donante: Doña Dionisia Saavedra y Espain. Dona esa "alhaja" en su testamento el año 1723, para que, puesta en el coro, las monjas la reverencien y se acuerden de encomendar su alma a Dios. 
CORO BAJO
     Sobre la silla prioral, "rindiéndole obediencia" se coloca en 1739 un niño Jesús "que parece del Japón", "como de una vara de alto" y con "una cruz en la mano" que dona al convento "Doña Petronila Salinas, viuda de D. Martín de Oyo". El niño trae también varios vestidos y un cofre de ébano para guardarlos.
     Dentro  del  coro  había  un  sagrario.  Sabemos  de  él porque en esta misma fecha se "compone" (se dora, ponen tachuelas de plata y colgadura nueva).
     También en el coro bajo estaba colocada una imagen de vestir de la Virgen del Rosario, de aproximadamente un metro de altura, que ha llegado hasta nosotros con una preciosa tradición.
     Ya hemos apuntado que en el libro de fundación, escrito en 1702, aparte de los datos relativos a ésta,  profesiones, abadesas y muertes de las religiosas, se recogen varias noticias sobre la donación de diversas imágenes y alhajas  al convento. La cronista advierte que, salvo los hechos produ­cidos después de escribir la crónica, se limita a "trasladarlos" de otro libro en mal estado que entonces se conservaba en el convento. La historia de esta imagen está en la página 293 del libro y en resumen es como sigue.
     Llega al convento el año 1585, donada por Doña Isabel de Ribera. Procedía de un caballero de su familia, quien yendo de caza se la encuentra "entre unas breñas". Impresionado, la lleva a su casa y le "causó tal efecto" que "dejando el mundo entró religioso en el convento de las Cuevas'', llevando con él la imagen "con condición de que después de sus días volviese a su casa y herederos".
     Cuando "de unos herederos a otros" llega al poder de Doña Isabel de Ribera, decide ésta donarla al convento "donde estaría con más decencia y veneración" y "se la trajo a la Rda. M. Priora, Sor María de la Cruz que en el siglo se llamaba Constanza de Santillán". Hemos comprobado que Doña Constanza "hija de Fernando de Abreu y de Doña Juana de Pineda", "tomó el hábito a 22 de mayo de 1534". Efectivamente se llamó en el convento Sor María de la Cruz y murió "a 19 de noviembre de 1607".
     "Pasando algunos años" de estar la imagen en el convento, la religiosa encargada de su cuidado, tiene tres noches seguidas el mismo sueño. La Virgen le pide que sea otra monja de la comunidad, la Madre S. Agustín, quien se ocupe de ella. Esta se resiste a hacerse cargo de la imagen hasta que "llegando a noticia de los muy reverendos Padres de S. Pablo, dijeron que estaba obligada como religiosa a admitir el servir a Ntra. Señora, como lo ejecutó, quien tenía un hermano, el mejor escultor que había en España, Juan Martínez Montañés, y, habiendo visto la imagen que el rostro y las manos eran de corcho, le hizo rostro y manos y niño de madera".
     "Cuando murió la M. S. Agustín, fue el entierro día de procesión del rosario y conforme iba saliendo el cuerpo del coro, iba la imagen volviendo el rostro a donde llevaban el cuerpo. Esto lo testificaron las religiosas que se hallaban presentes".
     Hasta hoy ha llegado la tradición oral de la imagen que vuelve el rostro en el entierro de la religiosa que le cuidaba. El 6 de enero de 1987 y a los 86 años, muere la M. S. Miguel, a quien conocimos. Esta religiosa, entró en el convento con 8 años y conoció a dos procedentes de Sta. María de Gracia que le transmitieron la noticia e identificaron la imagen, que se conserva actualmente. Nuestra ilusión por verla se truncó al comprobar que su aspecto aporcelanado la hace parecer del XIX. También el maniquí es moderno. Sin embargo, movidos quizá por la belleza de su rostro y manos, decidimos remover todo lo removible para tratar de averiguar. Y esto es lo que encontramos:
     En primer lugar, la noticia de que la M. S. Agustín, cuidadora de la imagen, era hija -y no hermana- de Juan Martínez Montañés. Leemos en la pág. 29 del libro de la fundación que "Doña Juana Villegas, hija de Juan Martínez Montañés y Dña. Ana Villegas, tomó el hábito el primero de marzo de 1607. Profesó a 16 de marzo de 1608. Dió de dote 1.000 ducados, renunció de padre y madre en el mismo año. La M. S. Agustín murió a 18 de noviembre de 1653".
     Para nuestra suerte -y para la suya sobre todo pues gozará de la eterna bienaventuranza- la M. S. Agustín fue una religiosa "observantísima". Y decimos para nuestra suerte porque gracias a ello hubo quien escribió su vida, sin duda para ejemplo de las religiosas venideras. Esta "vida", escrita en un cuadernillo, debe ser contemporánea del libro de la fundación -escrito repetimos en 1702- o al menos no muy posterior, pues los datos dice la cronista conocerlos ''por informe de su hermana que todavía es viva". Aquí hay una pequeña confusión. No es hermana, pero sí sobrina, ya que hay constancia de la profesión y muerte en el convento de dos nietas de Montañés, hijas de Fernando Martínez Montañés y de Doña Luisa Ojirondo. Una de ellas, Doña María, toma el mismo nombre que su tía, ya muerta -M. S. Agustín- (pues ellas profesan en 1675) y muere muy pronto, el 28 de enero de 1679. De ahí pudo venir la confusión entre tía y hermana. La otra nieta de Montañés, Doña Juana, toma el nombre de Sor María de S. Fernando y muere el 18 de junio de 1733. Debía saber muy bien quién fue el autor de la imagen y no creemos se diera tal noticia en el libro de la fundación -escrito, insistimos en vida de su nieta- sin tener seguridad de ello. Por otra parte, lo normal y lógico sería que Montañés hiciese alguna obra para el convento donde estaba su hija, que por cierto "era la maior de su casa" y "criáronla sus padres con mucho amor y ostentación", según nos cuenta su biógrafa que habla, insistimos, por boca de su sobrina.
     Aunque sentimos la tentación de dar detalles sobre la familia Montañés, conocidos a través de la vida de esta hija suya, que muere en olor de santidad, no queremos desviarnos del tema esencial: la autoría de la Virgen del Rosario, y corriendo el riesgo de que se nos juzgue insistentes en grado superlativo, queremos añadir algo más. Al describir el coro alto decíamos que allí estaba colocada una imagen de vestir de la Encarnación -que también se conserva en la actualidad- y cuyo aspecto aporcelanado, como el de esta posible obra de Montañés, nos induciría a creer que es obra del XIX. Pues bien, tenemos noticias de estar en el convento desde una fecha bastante anterior. Con la misma letra que se escribe la vida de la hija de Montañés -es decir en fecha anterior a 1733 en que muere su nieta que vive al hacerlo­ hay otro cuadernillo contando las gracias concedidas por la imagen de Ntra. Sra. de la Encarnación, "que está en el coro alto". Así que por lo menos la imagen será del XVIII, aunque creemos que es anterior, ya que uno de los favores que se le atribuyen sucede "en el año de seiscientos ochenta y cuatro" con motivo de "una gran quema en el barrio de S. Martín". Y por cierto, a través de esta historia de los "fa­vores" concedidos por la imagen de la Encarnación, nos enteramos de que "en tiempos antiguos" -no dice la fecha pero la cronista escribe la frase, no lo olvidemos, a principios del XVIII-, "la dieron a un escultor que la aderezase porque estaba echada a perder". Es decir, la imagen "aderezada" antes de 1733 fue sin duda vuelta a "aderezar" en el XIX. ¿No pudo pasar lo mismo con la Virgen del Rosario, de la que no consta ninguna restauración anterior -salvo la­ hecha por Montañés- y fueron ambas imágenes puestas al gusto de este tiempo? Creemos que esto es lo más probable que haya ocurrido.
El convento.
     "Era bastante grande", con "un magnífico patio claustrado, con corredores bajos y altos con arcos sobre gruesas columnas de mármol y antepechos de hierro. Tenía también otro segundo patio y otros más pequeños, excelentes dormitorios, cuadras grandes de varios usos y demás necesario, y el patio del claustro grande era ameno jardín".
     Lo poco que se puede añadir a esta descripción, bastante completa y escueta, es a través del seguimiento de las obras que se van haciendo a lo largo de los año en las distintas dependencias del convento. Así sabemos la existencia de dos capillas en el claustro principal, la "del Señor crucificado" -se habla de ella en las cuentas de 1727- y la del Nacimiento, que hace en 1765 el indiano D. Pedro Lince para trasladar aquí el cuadro que estaba en la iglesia y en cuyo lugar colocar un S. Vicente Ferrer. También se habla de un patio de la cocina, sin duda uno de los "más pequeños" que nombra el autor. Otro, posiblemente, correspondería a la enfermería. La había alta y baja y con sala separada para las enfermas contagiosas además de su "cocina, antecocina, despensa, lugar común y demás necesario".
     Terminamos la descripción de este convento con la frase: "no tiene nada exterior que observar" que parece indicar que sus fachadas y puertas no eran especialmente importantes. Pero podemos precisar que la portada de la iglesia era lateral, ya que los coros estaban a los pies. Además el hecho de que hubiera cinco retablos laterales parece indicar que el lugar de un posible sexto retablo era la puerta de la iglesia [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad de la Virgen de Gracia
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     La mediación universal de la Santísima Virgen María es una doctrina deducida de la enseñanza tradicional de la Iglesia, a partir de la solicitud maternal de María por todo el género humano en la misión redentora de su Hijo, que forma un todo con ella, y se extiende a todas las gracias que nos ha adquirido Cristo.  Aunque es una verdad no definida, viene siendo aceptada por el pueblo cristiano desde tiempo inmemorial: ya a San Germán de Constantinopla, en el siglo VII, se le llama el Doctor de la Mediación de María.
     Son múltiples las advocaciones marianas que reflejan la mediación de María: Amparo, Auxiliadora, Consolación, Gracias, Merced, Milagro, Misericordia, Patrocinio, Providencia, Refugio, Remedio, Socorro... En la Edad Media, el franciscano San Bernardino de Siena, insigne predicador, contribuyó ostensiblemente a extender la doctrina de la distribución de María de todas las gracias. En el mismo sentido, toda la himnología medieval occidental canta el papel de María como abogada y mediadora.  Así mismo la proclamamos intercesora en la segunda parte del avemaría, de composición eclesiástica, oración base, por otra parte, del Ángelus y del Rosario. En la Península Ibérica, el título de mediadora e intercesora se patentiza ya en su liturgia hispánica autóctona. A comienzos de la Edad Moderna, influyó mucho la predicación del agustino Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo de Valencia, que entreteje su reflexión teológica en torno a imágenes y tipos bíblicos, recogiendo la herencia de la piedad medieval.  Incluso el Rey Felipe IV, a propuesta de la Real Junta de la Inmaculada, movida por el jesuita P. Nieremberg, estableció, como comentamos en otro apartado, la Fiesta del Patrocinio de la Santísima Virgen para España y sus dominios por carta del veinte y ocho de septiembre de 1655, confirmada por el Papa Alejandro VII Chigi por el Breve Praeclara charissimi del veinte y ocho de julio del año siguiente, para un domingo de noviembre. Un decreto real en 1664 la fijó el segundo. Se extendió por otros lugares en el siglo XVIII.  En la segunda mitad del XIX el Cardenal Mercier (+1926), Arzobispo de Malinas, Bélgica, promovió en la Iglesia un movimiento mariano mediacionista. En 1913 elevó a San Pío S Sarto una petición para que declarara dogma de fe la Mediación Universal de María en la dispensación de todas las gracias, firmada el episcopado belga, clero, fieles, universidades católicas, órdenes religiosas… 
     Ya en este siglo, el Papa Benedicto XV Della Chiesa, llama a la Virgen Omnipotencia suplicante, y afirma que la ha tomado por Patrona desde el comienzo de su pontificado. Este mismo pontífice, el veinte y uno de enero de 1918, a petición del Cardenal Mercier, concedió a toda la nación belga Oficio y Misa de Santa María Virgen Mediadora de Todas las Gracias, que es por tanto una fiesta que hace referencia a una verdad teológica y que la Sede Apostólica ha ido concediendo a muchas diócesis e Institutos Religiosos que lo han solicitado, habiéndose hecho casi memoria general. El propio Cardenal Mercier escribió para ello a todos los obispos católicos. Se celebraba el treinta y uno de mayo hasta 1954, en que pasó a la Octava de la Inmaculada. En el Vaticano II se califica expresamente a María Mediadora.
       El Concilio Vaticano II ha escrito sobre esta condición de mediadora de la Santísima Virgen: “María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” (LG 62). Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres. Pero Él, no por necesidad sino por benevolencia, ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
     La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos. En 1971 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó la Misa de la B.V.M. Madre de la Gracia y Mediadora, conjuntando el papel maternal de María con su mediación, cuyos textos eucológicos se encuentran en el Misal de la Virgen con el número 30.  La titulada La Virgen María en Caná, la número 9, última del Tiempo de Navidad, nos transmite la continuación de la labor mediadora de la Madre de Jesús en favor de la Iglesia en el cielo, donde reina Asunta y Gloriosa, que inició en las bodas de Caná, y de Su misión ejemplarizante y salvadora de conducir a Cristo en comunión con los fieles. Aunque no está en el calendario universal, se celebra en múltiples diócesis, así en las de Cuenca, Pamplona y Tudela como memoria libre, y congregaciones religiosas, entre las que contamos a los Monfortianos y Reparadores, como memoria obligatoria, y Servitas, como memoria libre. En la Diócesis de Sevilla se celebra en esta jornada por aprobación de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino de cinco de agosto de 1980 (Prot. n. CD 1320/80), a petición del 30 de mayo de dicho año del Cardenal Arzobispo José María Bueno Monreal con el grado de memoria obligatoria.
     La advocación de Nuestra Señora de Gracia evoca el saludo del Arcángel Gabriel a María: "Dios te salve María, llena eres de gracia". Para los cristianos esta advocación no hace más que resaltar la cooperación excelente de María en el plan salvífico de Dios, para el que estaba predestinada. Esta advocación de Gracia, junto a la de Consolación y Correa, la del Buen Consejo y la del Socorro, centran la devoción mariana particular de la orden agustina, y aun podemos decir que es la más antigua de todas. Desde tiempo inmemorial el culto a la Virgen de Gracia floreció en los ámbitos agustinianos, pero desconocemos dónde y cómo surgió. El porqué de la elección de tal título y del culto particular que se empezó a tributar a la Virgen con él, las circunstancias históricas que lo envolvieron en los comienzos de la Orden y su origen espacio-temporal, se desconocen totalmente. Lo cierto es que, aunque con lentitud, pero progresivamente, la advocación fue cobrando resonancia en las devociones comunitarias y litúrgicas agustinas.
     Había sido norma generalizada que las órdenes religiosas aprovecharan devociones antiguas ya establecidas en el corazón de los cristianos y las acomodaran a su peculiar manera de pensar y carisma. No olvidemos que San Agustín, el padre espiritual de la orden, es llamado el Doctor de la Gracia. Como él pone de manifiesto, en nuestro camino de salvación es necesario el auxilio de la Gracia, que recibimos en el bautismo.   María venerada como Madre de la Gracia o de la Divina Gracia presenta la oportunidad de incardinar la mariología en la cristología. Probablemente sea ésta la explicación más verosímil de lo que aconteció respecto a la arraigada devoción agustiniana por Nuestra Señora de Gracia.
     Entre los agustinos la devoción a este prestigioso título se desarrolló encontrando adecuadas expresiones en algunas antífonas, plegarias e himnos recomendados u ordenados por las constituciones de la Orden y sus capítulos generales, como las antífonas Benedicta tu, llamada también Vigiliae B. M. V., porque se recitaba o cantaba por la tarde, el Ave Regina coelorum, Mater regis angelorum, que se canta en la primera mitad del día, normalmente después de mediodía, o el himno Maria Mater Gratiae, al término de las procesiones. Ya en el Capítulo General de Orvieto de 1284 se recomienda el rezo o canto diario de la citada antífona Benedicta tu en honor de la Virgen de Gracia. En el Capítulo General de 1327 fue decretado el rezo diario del versículo Maria Mater Gratiae después del himno Memento salutis auctor, lo que se recordó en 1385 y 1388. Otra noticia históricamente documentada del culto de la Orden a esta advocación es del año 1401 y se refiere a una cofradía homónima organizada en los conventos de San Agustín en Valencia (España) y Nuestra Señora de Gracia en Lisboa (Portugal).
     Aunque ya venía de antiguo la recitación del himno Ave Regina caelorum, Mater Regis angelorum también en honor de la Virgen de Gracia, se prescribió este uso en las Constituciones de 1551 tras la misa solemne, lo que el Capítulo General acordó que nunca debía ser suprimido en las iglesias de la Orden, y lo que se recordó en disposiciones posteriores. A partir del siglo XVI la devoción estaba consolidada en toda la Orden; se empezaron incluso a edificar conventos con este título, sobre todo en Italia e Hispanoamérica, y también se difundió la leyenda de que la Virgen de Gracia habría impedido que el Papa quitara a la Orden el hábito blanco que se vestía entonces en su honor. A partir del siglo XVII la advocación es considerada ya como propia de la Orden, aunque quedó en parte oscurecida por la de Consolación y Correa y la del Buen Consejo. 
     Si bien el culto general, como vemos, es antiguo, la liturgia específica no fue concedida hasta 1807. En esta fecha, el Papa Pío VII Chiaramonti, a instancias del Padre José Bartolomé Menocchio (+1823), sacristán pontificio y confesor del papa, y del Vicario General, concedió a la Orden de San Agustín facultad para incluir en su liturgia la festividad en honor de la Virgen Nuestra Señora de Gracia, con Misa y Oficio propios, a celebrar el uno de junio.  
     A partir de una reforma del calendario propio en 1965 se empezó a celebrar el veinticinco de marzo, en clara alusión a la escena de la anunciación del ángel a María, pero con ello se oscureció una significativa tradición agustiniana. A partir de la inclusión con el número 30 en el Misal de la Bienaventurada Virgen María de 1987 de la misa Madre de Gracia, Mediadora de Gracia, en el calendario de la Orden del 2002 se rescató esta memoria y se le señaló el ocho de mayo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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