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viernes, 15 de agosto de 2025

El desaparecido Convento de la Asunción de Nuestra Señora (Mercedarias Calzadas)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de la Asunción de Nuestra Señora (Mercedarias Calzadas), de Sevilla.  
     Hoy, 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII (1950) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte el desaparecido Convento de la Asunción de Nuestra Señora, de las Mercedarias Calzadas.
     El desaparecido Convento de la Asunción de Nuestra Señora, se encontraba en la calle Alfonso XII, 44-46; entre las calles Abad Gordillo, y San Vicente, en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
Fundación e Historia del convento.
     Hasta hace muy pocos años se conservó, aunque deteriorada por sus distintos usos, la iglesia de este convento, que las mercedarias calzadas, constructoras y dueñas del edificio hasta la Revolución de 1868, no consiguen recuperar. Hoy la comunidad vive en el edificio que perteneció a los caballeros de Santiago (Santiago de la Espada), conservándose en su claustro principal y en los capiteles de las columnas que forman los cuatro ángulos esculpida la cruz del santo patrón de las Españas. En este caso, se ha perdido un edificio, pero se ha salvado otro y no se ha perdido la fundación, comenzada en el año 1566.
     Fueron las fundadoras tres damas sevillanas, Dª María Zapata de la Fuente y Martel, viuda de D. Luis Manrique de Almonte, su hija Beatriz de las Roelas y su sobrina Francisca Martel, quienes con las hermanas Jerónima de Aguilar y Teresa Rojas, hijas de Hernán Rodríguez y de Isabel de Aguilar su mujer, se deciden a fundar convento, con el título de la Asunción de Nuestra Señora y bajo la obediencia del entonces provincial de los mercedarios de Sevilla, fray Juan de Peñaranda.
     Para ello otorgan escritura, el 24 de abril de 1567, por la que dotan la fundación de copiosos bienes, incluidas en ellos las casas principales donde moraba la fundadora que con otras que después se adquieren, para ampliar su recinto, servirán para labrar iglesia y convento. Estas casas estaban situadas en la calle de las Armas (hoy Alfonso XII), siguiendo por Abad Gordillo y San Vicente.
     Obtienen licencia del arzobispo, D. Hernando Valdés, el 10 de junio de 1567.
     La Bula fundacional la otorga el Pontífice Pío V el 19 de mayo de 1568, fecha pues del comienzo del convento, al que vienen, para ponerlo en marcha, tres religiosas dominicas de Sta. María la Real, convento situado entonces en la calle S. Vicente: Dª Leonor del Carrillo, que actuará de abadesa, Dª Ana Santa Cruz, que lo hará como maestra de novicias, y Dª Francisca de Sta. Clara, quien será la portera.
     Según O. de Zúñiga, Dª Ana Santa Cruz fue la primera comendadora.
     Se conservan en el archivo del actual convento de la Asunción los títulos de algunas casas compradas, por las que se pagan diversos tributos, para incorporarlas al convento y hacer la iglesia.
     De unas, situadas en la calle de las Armas, se dice que las vendió el convento de las Dueñas el 27 de marzo de 1520 a D. Gonzalo de la Fuente, con carga de 1.500 maravedíes perpetuos a la "fábrica" (parroquia) de Sta. Lucía. Pese a decirse que "no ai escritura de venta", se añade que "dichas casas están incorporadas al convento y se paga el tributo". Deben ser las mismas casas, que en otro documento figuran haber sido del convento de Madre de Dios, y que éste cambió a D. Gonzalo de la Fuente por otras situadas en la collación de S. Nicolás. Además de coincidir el nombre del propietario -aunque no del convento antiguo poseedor­- se dice también no poseer estos títulos y estar incorporadas al convento.
     También se habla de dos tributos que por ellas se pagan al hospital de los Ángeles y a la iglesia del Salvador.
     Otras casas "que decían de los Santillanes", situadas en la calle Ancha de San Vicente, compradas el 9 de octubre de 1595 en 6.500 duros en oro, se incorporan también. Por estas casas, donde se labra el dormitorio habrá pleito, fallado a favor del convento en 1.621, pues unos aposentos que daban a las  antiguas caballerizas de las casas, en estado indecente, los retenía Dª Juana Medrano.
     De otra casa, en esta misma calle S. Vicente, se hará permuta al hospital de S. Bernardo por otros bienes propios del convento, para incluirla en lo que será la iglesia. A este mismo hospital se le compran otras "que son en la calle Armas a la esquina" en febrero de 1600. Se conservan los títulos.
     Hay también escritura de venta de las casas de la calle Armas "que eran del abad Francisco de Medina, beneficiado de la Magdalena y las mercó el convento de la Asunción", en mil doscientos ducados el 26 de agosto de 1607.
     A medida que se van añadiendo todas estas casas, se van adaptando para las dependencias necesarias a la comunidad, pero por las referencias que tenemos, obtenidas en los dictámenes que varios arquitectos hacen con motivo de obras de envergadura llevadas a cabo en el siglo XVIII, sabemos que las obras que hicieron al tiempo de la fundación en la principal casa y las que se han agregado" "manifiestan no aver desplantado de las casas principales de la fundación y agregadas cosa alguna, ni hecho de planta obra moderna de con­sideración sino es la iglesia", añadiendo que las casas de la fundación eran "de mucha antigüedad".
     La iglesia y escalera principal se harán siguiendo "la traza, montea y condiciones de manos de Juan de Oviedo". Esta obra se adjudica al maestro de albañilería Juan de los Reyes, quien firma escritura del concierto, el 6 de mayo de 1615, con fray Jerónimo de Orellana, provincial entonces de la orden de la Merced, por la que la comunidad se obliga a pagar, antes de Navidad, los doscientos ducados del resto de la obra y escalera principal del convento.
El siglo XVIII:  Importantes reparaciones en la iglesia y convento.
     Casi un siglo estamos sin noticias. Sabemos que en 1701 se hace un protocolo nuevo. No lo hemos visto, pero consta en un "quaderno de diferentes tributos que no se an pasado al protocolo nuebo que se acabó este año, por decirse estar unos perdidos, otros dudosos y litigiosos".
     Exceptuando el dato anterior, prácticamente todas las noticias encontradas de esta centuria se refieren a obras, cosa comprensible teniendo en cuenta que nos han advertido ya de la ancianidad de las casas sobre las que se asentó el convento, que salvo la iglesia no se hizo de nueva planta.
     En el año 1725, D. Francisco Martínez, maestro mayor de la ciudad, se compromete a hacer "todas las obras mayores y menores de albañilería y carpintería... las cuales obra están expresadas en el parecer que dieron Leonardo de Figueroa y Alonso López, maestros de esta ciudad, sin salir del citado parecer". Tal "parecer" se conserva: "se ha de reparar la pared que da a la calle desde la esquina de la iglesia hasta donde termina la clausura, incluyendo los pilares de la puerta que está a la entrada y recibe y suela los dormitorios, poner puertas y herrajes nuevos en varios cuartos, que hay que reparar también, así como el techo del alfarje, que a de estar devajo del enmaderado que a de recibir, el tejado y reconocer un colgadizo que cubre un corredor, que está en el patio", con pequeñas obras. En el informe se habla también de la ancianidad del edificio.
     Otra obra, aunque por razones distintas, va a hacer, mismo año el maestro de ellas del convento, Manuel Zambrano, "con motivo del asalto de ladrones que sufre el convento en el mes de diciembre de 1724", se le manda "ver y reconocer las paredes de medianía". Según el citado Manuel Zambrano, hay gran facilidad para pasar desde las azoteas de las casas contiguas (da su parecer el 8 de enero de 1725). Para evitar nuevas tentativas, se refuerzan y elevan las paredes de dos varas, de modo que no se pueda saltar ni registrar, haciéndose la obra sin perjudicar a las casas colindantes, propiedad de la casa de Misericordia.
     A pesar de ser de nueva planta, también la iglesia va a tener necesidad de una reparación importante. Se conserva también el "parecer", que emiten  conjuntamente el 5 de marzo de 1727, el maestro  mayor de obras de la Iglesia, Diego Antonio Díaz, Bartolomé Martínez de Aponte -del hospital de la Misericordia-  y el que lo era de la Caridad, Francisco Martínez. Llamados a reconocer "las quiebras que an hecho las paredes de la nabe de la iglesia y coro", opinan: las paredes son poco gruesas para sostener el cañón de la bóveda, que las ha desplomado. Para corregir este fallo se les ocurre que lo más barato y eficaz sería "partir en todo el largo de la iglesia y coro doce tirantes de fierro, metiéndolas de una parte a otra por encima de dicho cañón de bóveda". También dicen es preciso arreglar todas las quiebras y desuniones que ha hecho el cañón  "massisando con yeso", con lo cual, creen que las paredes quedan fuertes. Reconocen también la escalera de caracol que sube al campanario y "la armadura que cubre el dicho cañón". Encuentran que "el caracol está en ruina y de la armadura que cubre toda la iglesia y coro muchas alfardas quebradas, otras apolilladas, los tirantes en mal estado y los estribos apolillados". Todo esto ha de volver a hacerse "en madera de Flandes de competente grueso, con sus buenos estribos y tirantes texándolo por sima de canal y redoblón". Por último, también deben arreglarse "las abujardas" que están todas desplomadas. Se calcula el coste aproximado de todo en noventa mil  reales de vellón.
     Esta obra se termina en noviembre de 1729, cuesta "algunos miles más" y se realiza siendo comendador del Convento de la Merced fray Bartolomé de Rojas, a cuya petición se había hecho el reconocimiento de la iglesia.
     "Siendo comendadora la Rda. Sor Teresa María de la Presentación, que Dios guarde, se arregla una pared de la calle, libratorios, horno, sillero y patio de filas". La obra, comenzada en agosto de 1733, se paga en 1734 y cuesta 40.703 reales.
     De 21 de diciembre de 1740, se conserva un memorial presentado por Tomás Zambrano, después de haber reconocido detenidamente el convento, indicando las obras a su juicio necesarias de hacer: "Hallo necesario derribar y hacer de nuebo una pared de la escalera principal y asimismo de­senvolver un rincón o ángulo de la del patio, por estar hundida su solería por causa de una lossa y de morir allí las aguas, causando daño a los simientos de las columnas". Por hacer todo esto se le pagan, en febrero de 1741, "mil y sesenta y dos reales y tres cuartillos de vellón".
     De varias obras más hay noticias en los años siguientes. En 1743 se repara el patio de la cocina y libratorios; en 1751 los corredores del patio de claustro y las cornisas del convento; el antecoro bajo y la escalera principal, en 1752, costando esta reparación 30.609 reales. Se compra un órgano nuevo en 1754. La noticia es indirecta, pues este año se gastan 10.750 reales "en la tribuna que se ha hecho para poner el órgano nuevo en la iglesia".
     La última obra de que tenemos referencias se hace en 1756, en el refectorio, y por ella se paga a Zambrano, en junio de 1757, cuarenta mil ciento cuarenta y un reales.
El siglo XIX: Supresión del convento en 1868. Destino del edificio y retablos de su iglesia. Compra por la comunidad de Santiago de la Espada.
     No debió comenzar mal el siglo XIX, al menos en lo económico, para esta comunidad, pues el año 1801 se redimen varios tributos que el convento pagaba sobre casas compradas para hacer la iglesia, mas de doscientos años atrás. Dos de ellas, situadas en la calle de las Armas y Abad Gordillo, "las cuales dichas dos casas desuso declaradas, las tiene incorporadas el dicho convento en su iglesia y sacristía". Otro tributo perpetuo de seis mil maravedíes sobre tres casas de la calle de las Armas que el convento había comprado en 1582 a Dª Ana Bernal y cuyo tributo había vendido la dueña al hospital de la Misericordia, se redime también ahora. El convento paga por la redención de todos ellos 23.382 reales en vales. En una nota se dice que la escritura de redención se firmó ante José Mª de León, que "hoy a subcedido" al escribano Miguel de Burgos, ante el cual se había otorgado escritura por el convento a la casa de Misericordia el 9 de diciembre de 1632.
     No sabíamos la causa por la que varios autores afirman que fueron agregadas a este convento en 1835 las agustinas de la Paz ya que el P. Llorden rotundamente dice que fueron llevadas a la Encarnación. Allí sabemos que están enterradas religiosas de la Paz, y también que desde dicho convento reclamaron en 1869 varias imágenes de su antigua iglesia. Sin embargo hay un pergamino enmarcado en el actual convento de la Asunción, dedicado a la comendadora M.R.M. Sor María de las Mercedes del Castillo -con motivo de su reelección para dicho cargo el 26 de agosto de 1844- por sus hijas "en unión de sus afectas las religiosas reunidas de la muy observante e ilustre comunidad de Ntra. Sra. de la Paz", que no deja lugar a duda de su estancia aquí. ¿Hasta cuándo? No pudo ser más que hasta 1868, pues entonces el convento de la Asunción fue suprimido por la Junta Revolucionaria, y el 10 de octubre tienen que abandonar precipita­damente el convento, siendo trasladadas al del Socorro de franciscanas concepcionistas, situado hoy todavía en la calle Bustos Tavera.
     Se conserva la copia del acta de incautación con fecha 16 de octubre de 1868. Los encargados de tomar posesión del edificio, observan "la falta de efigies en los altares" -laterales-, la falta del frontal del altar mayor, el coro bajo "completamente desalojado y en su fachada vestigios de haber arrancado un altar o sitial", el coro alto, también desalojado, y arrancadas una porción de puertas en el convento. Preguntando al portero, éste dice se llevó todo lo que falta D. José Gallego Millán, con varios operarios, haciéndolo con autorización de la abadesa. Suponemos que todo esto lo recogió para entregarlo a la comunidad, pues hoy todavía conserva varias de sus imágenes más importantes.
     También se hace, y se conserva, el inventario de objetos incautados. Entre otros, de escasa importancia, nombramos: las cancelas, dos piletas, un púlpito, la reja del coro alto, un frontal de altar, cinco altares "sin efigies ni útiles" y ''el altar mayor con seis santos". Conocemos el destino de varios de estos retablos, pero antes de seguir adelante con el paradero de ellos, queremos indicar el destino que se da al edificio. La iglesia no tarda en convertirse en club republicano, y el edificio sirve para las elecciones generales del año 89, subastándose poco después para arrendamiento, en 1154 escudos anuales, convirtiéndose en casa de vecindad. Álvarez Benavides, de quien proceden también los anteriores datos, afirma que "hoy" aloja a 312 personas.
     Las monjas de la Asunción piden en noviembre de 1871 que se les devuelva su iglesia y convento. Esta petición se dirige al Gobernador Civil, quien a su vez pide informe del Ayuntamiento sobre el caso. El informe emitido, aprobado en la sesión del 24 de noviembre, es favorable a la devolución por las siguientes razones: es cierto que las monjas de la Asunción viven en mal estado en el Socorro, edificio pequeño para dos comunidades, y además, de fundación­ particular -es el patrono quien mantiene el convento y no se le ha pedido parecer  a la hora de llevar allí otra comunidad- también la situación de la iglesia, cuyo derribo no tiene objeto por estar ubicada en plaza y calles de las más anchas de Sevilla, resolvería, si se volviese a abrir, la comodidad del vecindario. Pese a todo ello, no se les devuelve y pronto comienzan a pedir, de diversos pueblos y parroquias, retablos procedentes de la iglesia de la Asunción, y a conce­derlos, en depósito, la autoridad eclesiástica.
     Un retablo pequeño se le entrega el 14 de septiembre de 1872 a Dña. Juana Rodríguez. No tuvo mucha suerte dicho retablo pues en una "nota" se dice "fue quemado por los cantonales". Otro, "con  dos  cuerpos,  tallado y dorado con columnas salomónicas y dos cuadros al óleo incrustados en el mismo" "de dos varas y media de alto y seis y cuarta de ancho", se le entrega, junto con "un púlpito y ángeles", al párroco de Pilas, D. Cristóbal Pérez y Romero, el 19 de junio de 1873. El alcalde popular y el cura de la Algaba piden y se les concede -30 de junio de 1873- "un altar de dos cuerpos pintado y con ribetes dorados", procedente también de la Asunción. No lo recogen, pues el 19 de marzo de 1876, se contesta al párroco de San­tiago (en Castilleja), quien pide un retablo mayor para su iglesia, que el mayor procedente de la Asunción, es grande para ella, y se le ofrece el concedido a la Algaba, colateral, que no han recogido. Ignoramos si lo acepta.
     También pide el retablo mayor de la iglesia de este convento el párroco de Sta. Cruz, el 4 de noviembre de 1874, para sustituir al de Ntra. Sra. de la Paz, inutilizado por un incendio. Pide también una Virgen de la Paz, pues dice haber ardido asimismo. D. Francisco Florén, el día 3 de diciembre, le concede "un retablo colateral tallado y dorado de la iglesia de la Asunción". Pero no se le concede la imagen "por no existir en depósito ninguna con dicha advocación". Tassara dice ser este retablo, al que califica como bello ejemplar del barroquismo, el que sirve "actualmente" de Sagrario.
     No sabemos el paradero de ningún otro retablo lateral -cinco según el acta de incautación- pero sí del retablo mayor, tan pedido, y que al fin se entrega a la priora de Sta. María la Real, Sor María de la Soledad Martín, quien el 22 de abril de 1875, en una instancia dirigida al Arzobispo, en la que dice espera le sea devuelto "de un día para otro el convento del que fueron lanzadas violentamente por la revo­lución del año 1868", lo pide para su iglesia, que está "completamente despojada de cuanto es necesario para el culto divino". Del 12 de julio de 1875, se conserva la lista de objetos concedidos. Además del retablo mayor de la Asunción, se le conceden 4 bancos y 2 pilas de agua bendita de la misma procedencia, así como dos retablos "tallados y dorados" procedentes de la capilla de la Encarnación (en Triana, también suprimida en el 68), un púlpito y un cancel de la misma procedencia y varias cosas más de procedencia ignorada. Había pedido también la priora el órgano de Sta. Lucía, que no se nombra entre los objetos concedidos.
     El motivo de pedir la priora el retablo de la Asunción y no el propio, entregado "en depósito" al cura de Rota, el 9 de enero de 1869, no debe ser otro que la falta de medios económicos para volverlo a traer. (Piden incluso, por falta de ellos, se les condonen los gastos del traslado de todo lo que les es concedido, cosa que por cierto no consiguen, debido seguramente a la penuria de los tiempos). Este retablo mayor se conserva en la antigua iglesia del convento de Sta. Mª la Real, en la calle S. Vicente.
     La venta del convento debió ser por estas mismas fechas, pues en 1875, D. José Gutiérrez de Sandoval, su comprador, excepto de la iglesia, encargó labrar las casas de la acera izquierda de la calle Abad Gordillo al maestro de obras Antonio Padura.
     Entre tanto, la comunidad, alojada en el Socorro, pide, sin conseguirlo, indemnización por su convento, que sin duda no recuperan por estar ya vendido, y, por concesión del prelado, en 1893, van al antiguo hospital del Buen Suceso. Con ayuda de limosnas compran algunas casas inmediatas que dan a la plaza de S. Pedro, para formar nuevo convento. Pero no llega a realizarse este proyecto, pues el 28 de no­viembre de 1893 firman escritura de compra del edificio de Santiago de la Espada, a donde después de dos años de obra se trasladan el 25 de julio de 1895.
     A partir del año 1895, estando ya la comunidad en Santiago de la Espada, hacen una serie de reclamaciones para recuperar sus pertenencias. No hay sin embargo ninguna petición de que se les devuelva el retablo mayor, sin duda por no servirles como tal en el estrecho ábside de su nueva iglesia. Reclaman dos ángeles lampareros, que dicen estar en la capilla de la Cestería, dos lienzos de los Santos Juanes, en el Museo, el cuadro de azulejos de la Asunción y cinco frontales, también de azulejos. Además, el púlpito del refectorio "tallado en caoba o cedro", que dicen estar en la parroquia de S. Vicente, el facistol, "de cedro o madera de indias", en la parroquia de Pilas, el púlpito, con el escudo de la Merced, pintado en verde y oro, también en esta parroquia, y el llamado crucifijo de los Carreños, por ser un miembro de esta familia quien se lo encontró en el mar. Era un Cristo de tamaño mayor que el natural con el corazón fuera.
     El dos de agosto se pide al capellán de la Asunción que recoja el púlpito, que el párroco de Pilas tiene en depósito. El  15 de noviembre de 1900 el Arzobispo, "accediendo a las justas demandas de las religiosas mercedarias de la Asunción", dispone les sean devueltos a sus legítimas dueñas, para colocarlos en la iglesia de Santiago de la Espada, los dos ángeles lampareros existentes en la capilla de la Cestería. Respecto al Cristo de los Carreños, se les dice consta en secretaría firmó un recibo Manuel Sousa, declarando­ recibirlo en depósito, y añade que nadie recuerda estar este Cristo en el depósito de S. Hermenegildo.
     A principios del siglo XIX adquirió parte de la antigua iglesia -el coro bajo- la Iglesia evangélica, sirviendo el resto de ella como almacén de maderas.
     Y no hace muchos años se derribó para hacer viviendas, pese a las protestas de entendidos en la materia, conocedores de su mérito.
Descripción del edificio. 
La iglesia.
     Se conservó, aunque lógicamente "muy mutilada", hasta hace pocos años, por lo que son varios los autores que la describen y atribuyen con todo fundamento a Juan de Oviedo.
     La única discrepancia entre los autores que la estudian en este siglo y en el pasado se refiere a su cubierta. Los autores anteriores a este siglo dicen que la nave estaba cubierta de "armadura de maderas muy labradas y por sima tejado"; sin embargo, en las descripciones del siglo actual no se menciona dicha armadura, sino que dicen ser la cubierta "de bóveda y lunetas, separados por fajones". Naturalmente, la armadura pudo quemarse, o venderse: no olvidemos que la iglesia se utilizó como almacén de maderas. No hay duda que la armadura existió, pues en el "parecer" dado conjuntamente por Diego Antonio Díaz,  Bartolomé  Martínez Aponte y Francisco Martínez en 1727, se habla de las reparaciones que deben hacerse en "la armadura que cubre toda la iglesia". Es muy posible que entonces precisamente, en lugar de arreglarla, se quitase o se cubriese.
     Salvada la discrepancia, vayamos a las coincidencias. Su planta era de tipo cajón puro: su única nave era muy alta, larga y ancha, de tres tramos, con la cabecera separada de la nave por un gran arco toral y cubierta por una cúpula de media naranja. Se accedía a ella por una escalinata.
COROS
     A los pies de la nave estaban los dos: alto y bajo. Ambos coros "son espaciosos con buenas sillerías y un altar al frente".
PUERTAS 
     Carecía de portada, pero había dos puertas, una de ellas situada en el tramo central de los tres que componían la nave, al lado de la epístola. Era la puerta principal. Ignoramos donde se situaba la segunda.
RETABLO MAYOR
     Actualmente en la iglesia del ex-convento de Sta. María la Real (hoy de los P.P. Dominicos), aunque  ha variado su programa iconográfico. Estaba presidido por una imagen de la Asunción de la Virgen de talla, que hoy preside la iglesia de Santiago de la Espada y que quien estudió el actual convento atribuye a Duque Cornejo por analogías estilísticas.
     El testamento que Luis de Figueroa otorga el 19 de julio de 1641, contiene en una de sus cláusulas la siguiente noticia: "declaro que estoy haziendo un Retablo de altar mayor de las monjas de la asunción de esta ciudad de la calle de las armas, de esto hay escritura, que se aprecie lo questa fecho y se me pague lo que se me debiere". En el retablo, de dos cuerpos y ático con tres calles separadas por columnas, todavía puede apreciarse una primitiva estructura de esta fecha, pero sus columnas entorchadas, lo mismo que el resto del retablo, han sido posteriormente decorados con profusión y su calle central es plenamente barroca.
OTROS RETABLOS
     Tres había en el lado del evangelio y dos en el de la epístola, pues en lugar del central de aquella nave se situaba la puerta  principal del templo.
     Sabemos solamente la autoría del primero del lado del evangelio, dedicado en un principio a S. Juan Bautista, aunque a partir de la exclaustración de los frailes se colocó aquí la imagen de la Merced, titular de aquel convento, que se conserva hoy en Santiago de la Espada. Este retablo lo contrató Francisco de Ribas el 10 de agosto de 1651. Se lo encarga Dña. Luisa Ayora, en nombre de sus nietos, dueños de un altar colateral  en 2.000  ducados y  a entregar al año siguiente. El retablo, de un cuerpo de tres calles y ático se haría en madera de borne o cedro y llevaría en su hornacina central un S. Juan Bautista -escultura exenta- y un relieve del bautismo en el ático, llevando en los interco­lumnios seis lienzos de pintura que debían ser de mano de Murillo.
     Mª Teresa Dabrio da el retablo por perdido y no se atreve a considerar como obra de Francisco de Ribas el S. Juan Bautista existente en Santiago de la Espada, debido a "la profunda transformación sufrida por la escultura en el siglo XVIII".
     Añadimos a lo anterior que González de León, hablando de este retablo dice: "tiene cuatro pinturas  muy malas". ¿Se perdieron las de Murillo? o ¿no las llegó a realizar? Y por si sirviera de pista para encontrar el retablo perdido, recordamos que de los entregados "en depósito", se nombra solamente uno "con dos cuadros al óleo incrustados" -ni los cuatro que nombra González de León ni los seis, que según el contrato debía pintar Murillo- y es el retablo que se lleva el párroco de Pilas el 19 de junio de 1873.
     Del segundo retablo, "muy bien dorado pero que no cabe más malo", presidido por un lienzo de Cristo con la cruz a cuestas, se conserva el lienzo en Santiago de la Espada.
     El tercero y último retablo, sobre el que se hizo la tribuna nueva para el órgano en el año 1754, no se describe tampoco. Sólo se dice contener "unos desposorios de Ntra. Señora de no despreciable escultura", que hoy se conservan en el el coro alto del actual convento.
     De los dos retablos situados en el lado de la epístola tampoco da grandes pistas González de León. Dice ser el primero dedicado a San Juan Evangelista, "en todo igual al del Bautista que está enfrente" -¿del mismo autor, o copiado?-. También se conserva en Santiago de la Espada, esta escultura. Después de la puerta de la iglesia estaba "otro altar grande, moderno y arregladito del orden corintio en el que se venera Ntra. Sra. de la Merced y en los intercolumnios de los lados están un S. Pedro y S. Pablo de pequeña estatura pero de lo mejor que se ve en escultura". Termina González de León atribuyéndolos, erróneamente, a Torri­giano, y dice estar rematado este retablo por un calvario de escultura. 
     Salvo el  enterramiento de fray Gaspar de Torres (muerto en 1583), obispo de Medauro, nada más destacan en este templo los autores que de él se han ocupado.
     Nosotros no queremos nombrar otras esculturas y cuadros procedentes del anterior convento que hoy adornan el nuevo, por estar éste ya estudiado, no conocerse certeramente sus autores y, además, desconocer el lugar que ocupaban en el convento anterior.
El convento.
     Como siempre -o casi siempre- poco puede añadirse a la descripción que de él hace González de León y siguen quienes se ocupan del tema. Nuestro amigo lo describe así: "es bastante grande y alegre, con todas las partes necesarias a la comodidad y utilidad de sus habitantes. Su patio principal, claustrado y con famosas columnas y arcos, es magnífico y muy extenso, y en sus cuatro ángulos tiene cuadros grandes y buenos retablos con santos de la orden". No dice nada González de León de la escalera principal, obra, ya nombrada, de Juan de Oviedo, autor también de la magnífica, que hoy se conserva, del vecino Museo, entonces convento de la rama masculina de la Merced calzada, aunque posiblemente no alcanzara aquélla su grandiosidad. 
     Tampoco habla González de León de los frontales de azulejos que debieron adornarlo. Tassara, además de nombrar el cuadro de azulejos, con la Virgen titular "que existía encima de la puerta de la portería", alabadísimo por Gestoso y que se coloca junto a la escalera en el hoy Museo Provincial (ya ha cambiado su lugar de colocación pero allí sigue), describe tres frontales de azulejos, situados -dice- en los claustros y también recogidos por el Museo. Califica de magnífico el que tiene en el centro a Sta. Justa y Rufina, y, en la parte superior, S. Leandro, S. Hermenegildo y S. Isidoro. Habla también de otros dos "no menos interesantes", uno con la figura del Evangelista y otro con la de la encomienda de la orden de S. Juan. Pero había dos más, que figuran con los nombrados por Tassara en la lista de objetos que reivindican las monjas de la Asunción en 1895, una vez instaladas en Santiago de la Espada, donde se especi­fican los temas y hasta se dice que uno de ellos estaba co­locado "debajo del cuadro de S. Juan". Los otros dos, no nombrados por Tassara y no sabemos si recogidos o no por el Museo, tenían por tema, uno, "el Señor resucitado saliendo del sepulcro", y otro, "el escudo de la orden de S. Francisco". Suponemos que cuatro, de los cinco frontales nombrados, debían serlo de los cuatro "grandes y buenos retablos" que González de León dice adornaban los cuatro ángulos del claustro principal. De todos ellos, sólo hemos podido localizar en el Museo, el dedicado a Sta. Justa y Rufina.
     Por las diferentes obras que hemos referido se hacen en diversas épocas en el convento, sabemos que tenía un compás. Imaginamos que estaría en la calle S. Vicente, pues al detallar D. Francisco Martínez, maestro mayor de la ciudad, las obras que deberá hacer el año 1725, habla de la puerta "que está a la entrada y recibe y suela los dormi­torios" y éstos sabemos se hicieron en las casas "que decían de los Santillanes", situadas "en la calle ancha de S. Vicente". Suponemos que en este compás estarían los "libra­torios" (locutorios), pues se habla en otra obra de un arreglo en el patio donde se situaban.
     De un "patio de la cocina", y un "patio de filas" (igno­ramos a qué se refiere este nombre), se habla  también en otras obras.
     Y esto es lo máximo que hemos podido reconstruir de este desaparecido conjunto [Mª Luisa Fraga Iribarne, Conventos Femeninos Desaparecidos, Sevilla - Siglo XIX. Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María;
La creencia y el dogma
   Hacia finales del siglo XIII desapareció el tema de la Resurrección de la Virgen, que fue reemplazado por la Asunción.
   En el Evangelio no se habla de la Asunción de la Virgen. Se trata de una leyenda tardía, copiada en el siglo VI del Arrebatamiento del profeta Elías y de la Ascensión de Cristo. En el siglo VIII, la Iglesia de Roma todavía consideraba la Asunción cor­poral de la Virgen una opinión piadosa y no un dogma. Los bizantinos se niegan a admitirlo y prefieren  atenerse a la Dormición (Koimesis).
   Fue en ocasión del Año santo de 1950, cuando el papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción.
La evolución del tema
   La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso sobre las alas de los ángeles.
1. Desde la Asunción del alma a la del cuerpo
   El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado.
   Por lo tanto debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. Es lo que se denomina Assumptio animae (Seelenaufnahme) y Assumptio corporis (Himmelfahrt des wiederbeseelten Leibes).
   Cristo regresó trayendo su alma que se unió nuevamente con su cuerpo. La Virgen, en actitud de orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta alrededor de la cual están reunidos los apóstoles. La tumba está, ya vacía, ya llena, como un macetero fúnebre, de lirios y rosas blancas que, según San Juan Damasceno, exhalaban un delicioso perfume.
   Ciertas fórmulas usuales en el siglo XII son particularmente originales. En una miniatura de un manuscrito de Glasgow, se ve a la Virgen subir al cielo en forma de momia envuelta en fajas, como un vapor blanco asciende por una chimenea cuyas paredes fuesen ángeles.
   Un bajorrelieve de Autun representa a la Virgen agujereando la bóveda del arca fúnebre igual que Cristo atraviesa la puerta del sepulcro sellado sin romper los sellos.
   Para estar protegida de eventuales ataques de demonios durante el trayecto, a veces la Virgen resucitada está escoltada por los arcángeles Miguel y Gabriel, que la protegen contra los poderes del Infierno.
   De manera excepcional, María está sentada en un bajorrelieve esculpido por Donatello para la tumba del cardenal Brancacci, en Nápoles.
   Aunque la Asunción representa la Subida de la Virgen al cielo y la Inmaculada Concepción su Descenso hacia la tierra, era inevitable que se produjese una contaminación entre ambos temas. Por la influencia de las Letanías de Loreto, la Virgen de la Asunción generalmente está representada de pie, sobre un creciente de la luna, con la frente ceñida por doce estrellas, como la mujer del Apocalipsis. De esa manera la Assunta tiende a confundirse con la Immaculata.
   El Speculum Humanae Salvationis explica detalladamente esta representación de la Virgen copiada de la mujer del Apocalipsis, con los pies sobre un creciente de la luna y la cabeza coronada de estrellas.
   La Mujer apocalíptica que escapa al dragón es la imagen de la Virgen elevada al cielo. La luna que ella pisa es el símbolo de las cosas cambiantes del bajo mundo terrenal. Las doce estrellas que iluminan su cabeza recuerdan a los doce apóstoles reunidos en torno a su lecho, en el momento de su muerte.
2. Transformación de la Asunción en Ascensión
   A causa de otra confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos, ante el asombro de los apóstoles; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo.
   A veces hasta aparece provista de grandes alas de águila, como las que el Apocalipsis atribuye a la mujer perseguida por el dragón.
   Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI. El ejemplo más célebre de esta Ascensión de la Virgen, que ya no justifica el nombre de Asunción, es el gran cuadro de altar pintado por Tiziano en 1518 para la iglesia de los Frari de Venecia.
   Sin embargo, esta nueva fórmula no eliminó completamente a la antigua. En el siglo XVII, Guido Reni y Poussin hacen elevar a la Virgen mediante grandes ángeles.
Temas anexos
El milagro de las flores en la tumba vacía
   Los apóstoles comprueban que el sarcófago que usaron para sepultar a la Virgen está vacío y lleno de flores. 
 Este episodio se inventó para formar pareja con la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro, que encuentran vacía la tumba de Cristo, y sobre la tapa volcada del sarcófago, un ángel que les anuncia que Cristo ha resucitado.
El sacro cinturón
   Otra innovación del arte italiano es la añadidura al tema de la Asunción de la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, habría recibido el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la realización del milagro. Pero al tiempo que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía de El Sacro Cinturón de la Virgen se mantuvo casi exclusivamente toscana.
   Esta devoción estaba localizada en Prato, cerca de Florencia, donde se venera­ba la Sacra Cintola desde el siglo XII. Eso explica que se trate de un motivo tan frecuente en la escuela florentina: es por ese signo que se reconocen las Asunciones toscanas.
   La fuente de esta leyenda, inventada para formar pareja con la Aparición de Cristo resucitado al apóstol Tomás, es el Arrebatamiento del profeta Elías, quien, desde lo alto de su carro de fuego, lanza su manto mágico a su discípulo Eliseo. Se ha supuesto, ingeniosamente, que el estrecho cinturón con forma de cordón cogido por Tomás, materializado por la imaginación popular, era el vínculo místico que unía a la Virgen con los apóstoles; pero el origen bíblico es más verosímil que un despropósito iconográfico.
   Según la versión más difundida, el apóstol Tomás, que se encontraba solo en el monte de los Olivos, vio ángeles que elevaban al cielo el cuerpo de la Virgen. Suplicó a ésta que le dejase una señal, y la Virgen dejó caer su cinturón. Después, se reunió con los apóstoles y les aseguró que el cadáver de la Virgen ya no estaba en su tumba. La abrieron, y así era: estaba vacía. Tomás contó entonces que vio a la Virgen elevarse al cielo, y mostró como prueba el cinturón que tenía en las manos.
   De acuerdo con otra tradición, Santo Tomás llegó retrasado una vez más, aunque regresaba de La India, lo cual constituye una circunstancia atenuante. Para contemplar de nuevo el rostro de la Madre del Redentor, hizo abrir la tumba. El cuerpo había desaparecido, y en el sarcófago sólo quedaba la mortaja que exhalaba un perfume celestial. Los apóstoles concluyeron que la Virgen había resucitado; pero Tomás permanecía escéptico. Fue entonces cuando la Virgen, para convencerlo, dejó caer su cinturón desde lo alto del cielo.
   De manera que en el primer caso, Tomás recibe el cinturón sin testigos, y en el segundo, en presencia de los apóstoles.
   La Madonna della Cintola se diferencia de la Assunta porque la primera mira hacia abajo donde se encuentra Santo Tomás, en vez de dirigir la mirada al cielo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo;
   En Oriente, donde surge, se la denomina Dormición o Tránsito de María. Se la cree fiesta de origen jerosolimitano, surgida como memoria de la dedicación de la iglesia que hizo construir la Emperatriz Eudoxia (+404) en el lugar de la Tumba de la Virgen en Getsemaní3, que se debió extender progresivamente, dedicada, con el apoyo de los apócrifos asuncionistas, a la glorificación de María.  No olvidemos que esta fiesta corresponde al dies natalis de otro santo pero con una completa glorificación por la radicalidad de su redención, pues es inmaculada, y su íntima unión a su Hijo en la Obra de la Redención, por su maternidad divina y su corredención. Se celebraba ya en el siglo V en Palestina, en Siria y en sus áreas de influencia. Hacia la mitad del siglo VI estaba difundida con la dedicación a este misterio de la Asunción por todo Oriente, al asumir tal carácter la fiesta mariana del siglo IV, hasta convertirse en una fiesta muy popular y de precepto.  El Emperador Mauricio (+602) la extendió a todo el Imperio Bizantino en la fecha del quince de agosto. Juan de Tesalónica, a principios del siglo VII, en su sermón sobre la dormición de la Virgen, afirma que se celebraba en casi todas las Iglesias orientales. Fue introducida en Occidente en el siglo VII, seguramente por la influencia de los monjes orientales, pero en enero. El día uno en Roma y el dieciocho en otras partes, como consta en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario de Luca, en el de Corbia y en otros. De la Galia conservamos la más antigua mención a esta fecha, quizá importada de Antioquía, donde se celebraba la Memoria de la Santa Madre de Dios, por obra de Casiano y los monjes lirinenses, como lo atestigua ya San Gregorio de Tours (+594). Fue ratificada por el Papa Sergio I (687-701), de origen sirio, que, como ya hemos comentado, prescribió en esta fiesta una procesión como en las de la Anunciación, la Purificación y la Natividad de la Virgen, que se estuvo celebrando hasta 1566, y fue quien la dotó seguro de solemne vigilia con ayuno.  Inglaterra la adoptó de manera oficial en el Concilio de Cloverhoe del 747, presidido por Cutberto, Arzobispo de Canterbury, y en Francia, en el Concilio de Maguncia del 813, en su canon 36, la declara de precepto. Hacia fines del siglo VIII se cambió en Occidente el título de Dormición por el de Asunción, como consta en el sacramentario que el Papa Adriano I (+795) envió a Carlomagno. León IV en el 847 revigorizó su solemne vigilia y le añadió octava. En Francia, aunque se adoptó la fiesta, hubo cierta oposición a la entonces creencia de la asunción corporal de María, que no fue suficientemente fuerte para rechazar el término Asunción. De su introducción en la Península Ibérica no hay nada seguro antes del siglo VII, en que dan testimonio de ella San Isidoro de Sevilla y, más claramente, San Ildefonso de Toledo. Durante el periodo carolingio la fiesta sufre un cierto eclipse en Occidente por la difusión de un tratado en contra de la creencia asuncionista escrito por Pascasio Radberto bajo el pseudónimo de San Jerónimo. Un segundo tratado anónimo de finales del siglo IX, atribuido a San Agustín, que aceptaba las críticas de los apócrifos y se basaba en bases teológicas sólidas, relanza de nuevo el tema. Consumada la separación de las Iglesias orientales, la fiesta siguió tomando auge en ellas. El Emperador Manuel Commeno prescribió para ella el descanso festivo en 1166. Más tarde, en el siglo XIV, el Emperador Andrónico II emitió un decreto por el que consagraba a la Asunción el mes de agosto. En la Baja Edad Media se fue perfilando con precisión el contenido de fe de la fiesta y se fue popularizando. En el Breviario de San Pío V Ghislieri se suprimieron las dudas o imprecisiones de los textos de la fiesta.
   Finalmente, en 1950, con motivo de la proclamación dogmática de este misterio, se redactaron unos nuevos formularios en que se exponía más claramente la verdad dogmática, recogidos en la Misa Signum magnum publicada al año siguiente. En el Misal actual del uso ordinario se han enriquecido de nuevo los textos y se le añadido una misa de vigilia. En el área alemana se practica en esta fiesta la bendición de hierbas, que no está originariamente vinculada a ella. Se remonta a orígenes paganos, y se ubica en esta fecha por ser verano avanzado, en que aquéllas esparcen su más fuerte aroma. Las hierbas que se bendicen varían según las comarcas, para la que encontramos un Ordo en el siglo X. Se guardan estas plantas como protección contra el fuego y contra el rayo. Posteriormente estas plantas se vinculan simbólicamente a María, flor de las flores. 
   En la Iglesia Bizantina es la fiesta mariana por excelencia y se prolonga por todo el mes de agosto, que es en Oriente, por eso, el mes de María: catorce días de preparación (cuaresma de la Virgen) y octava. Así el año litúrgico oriental adquiere un marcado carácter mariano, pues desarrollándose entre el uno de septiembre y el treinta y uno de agosto, comienza con la fiesta de la Natividad de María y termina con la de su Asunción (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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sábado, 18 de marzo de 2023

El Palacio de Monsalud

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Palacio de Monsalud, de Sevilla.  
   El Palacio de Monsalud, se encuentra en la calle Cardenal Cisneros, 5; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     Esta casa-palacio, de gran envergadura, fue construida en el siglo XVIII por los marqueses de Villamarín, pasando más tarde, a ser propiedad de los marqueses de Monsalud.
     La casa cuenta con fachadas a las calles Cardenal Cisneros (fachada  principal), Abad Gordillo y San Vicente. Por la fisonomía de las fachadas de la casa a estas dos últimas calles, parece que se tratasen de intervenciones posteriores y sucesivas en el tiempo. Por otra parle, se trata de un edificio que ha aceptado usos bien distintos en los últimos años, por lo que además de las reformas mencionadas en sus dos fachadas laterales, la casa se ha visto afectada por numerosas obras de acondicionamiento que han alterado, aunque no de forma sustancial, la estructura  primitiva de la construcción.
     La entrada a la casa se hace desde el lateral izquierdo de su fachada principal, dejando a la derecha el gran patio central; esto hace suponer que en la crujía con fachada a Abad Gordillo se situarían el apeadero, las caballerizas y las dependencias del servicio -éstas organizadas en torno a un patio rectangular medianero con la finca colindante. Hoy esta disposición está muy alterada y probablemente la fachada a la calle Abad Gordillo provenga de una reforma profunda en el ala izquierda de la casa, a fin de adecuarla a otros usos. De hecho, algunas de las piezas de este conjunto, destinado al servicio, cuentan con cuatro plantas incluidas en la altura de las dos plantas fundamentales que tiene el resto de la casa.
     Entre este cuerpo y el patio principal se insta­la la espléndida escalera, de dos tramos, que da acceso a la planta alta a través de las galerías del patio. Este patio, situado en la segunda crujía de la fachada principal y en la tercera respecto a la fachada de San Vicente, es un magní­fico espacio porticado, de buenas dimensiones (18 x 14 m.), que presenta arquerías en sus cuatro frentes, de arcos semicirculares, ligera­mente peraltados sobre columnas de mármol en planta baja y de arco rebajados en la alta.
     Las habitaciones de la casa se instalan en las crujías que circundan los tres patios de la casa y la de fachada.
     La fachada principal está dividida en calles verticales por pilastras, situando sus huecos, en ambas plantas, entre ellas, la portada de piedra está decorada con molduras, rematada por un frontón curvo partido que recoge el balcón principal, flanqueado por escudos de armas y rematado, a su vez, por un frontón recto. Una cornisa, que integra los capiteles de las pilastras, recoge el alero del tejado. Las fachadas laterales muestran una composición bien distinta, en la que ha desaparecido el apilastrado y una fuerte cornisa recibe el pretil de obra que define las cubiertas en terraza de ambas fachadas.
     La casa ocupa en planta baja, incluyendo pa­tios, una superficie de 1.323 m2, estimándose una superficie total construida aproximada de 2.200 m2, sin contabilizar las entreplantas de la zona de servicio (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     Casa con fachadas a las calles Cardenal Cisneros, Abad Gordillo y San Vicente. La fachada enmarcan los huecos de las dos plantas. Las portada en piedra y decorada con molduras muestran un hermoso balcón flanqueado por barrocos escudos y coronado por frontón recto. El edificio se organiza en torno a un patio central con arquerías semicirculares en sus cuatros frentes ligeramente peraltados y sobre columnas de mármol en planta baja y rebajados en la planta alta, a la cual se asciende por una esplendida escalera de dos tramos. La casa ha sufrido diversas intervenciones que han alterado su disposición original, sobre todo en la crujías de fachadas que rodean el patio principal.
     Fue construida en el siglo XVIII por los marqueses de Villamarín, pasando a ser más tarde de los marqueses de Monsalud. Se trata de un edificio que ha aceptado usos bien distintos en los últimos años, por lo que además de las reformas en sus dos fachadas laterales, la casa se ha visto afectada por numerosas obras de acondicionamiento que han alterado, aunque no de forma sustancial, la estructura primitiva de la construcción. El abandono, por una parte, y el expolio a que se ha visto sometida en los últimos años han provocado un grave estado de deterioro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
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martes, 9 de junio de 2020

El desaparecido patio de la vivienda nº 8, en la calle Abad Gordillo


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame Explicarte el desaparecido patio de la vivienda nº 8, de la calle Abad Gordillo, de Sevilla.
   La calle Abad Gordillo se encuentra en el Distrito Casco Antiguo, Barrio de la Encarnación-Regina, y va de la calle Alfonso XII a la calle Cardenal Cisneros.
   En el número 8 de dicha calle existía una vivienda tradicional de tres plantas, del tránsito del siglo XIX al XX, con un patio de dos plantas con arquería en uno de los frentes del cuerpo bajo y balaustrada de hierro en la planta alta (Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984).
   Lamentablemente dicho patio, y con él toda la vivienda fue demolida para realizar un nuevo edificio que nada aporta a la historia y a la arquitectura, en uno más de los desaguisados perpetrados contra el patrimonio histórico-artístico de nuestra ciudad.

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domingo, 20 de octubre de 2019

La placa conmemorativa al Dr. Javier Lasso de la Vega y Cortezo en la calle Abad Gordillo, 17


     Por Amor al Arte, Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa al Dr. Javier Lasso de la Vega y Cortezo en la calle Abad Gordillo, 17, de Sevilla.   
   La calle Abad Gordillo es una vía que se encuentra en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Alfonso XII a la calle Cardenal Cisneros.
   En la fachada del número 17 de la calle Abad Gordillo, actualmente ocupado por el Hostal HOM El Museo, encontramos una placa conmemorativa, realizada en mármol blanco grabado, y enmarcado sobre otro mármol grisáceo dedicada al lugar del fallecimiento del insigne galeno, puesto que fue en esa vivienda donde tuvo lugar dicho acontecimiento. El texto de la placa conmemorativa con tipografía en color negro, dice así:

EL DIA 25 DE MARZO DE 1911
FALLECIÓ EN ESTA CASA
EL DOCTOR D. JAVIER LASSO DE LA VEGA Y CORTEZO,
PRESIDENTE DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA, 
CATEDRÁTICO DE LA MISMA FACULTAD.
MÉDICO FAMOSO, LITERATO INSIGNE, ORADOR ELOCUENTÍSIMO,
DECHADO DE ERUDICIÓN, PRODIGIO DE CULTURA
---
LA REAL ACADEMIA SEVILLANA DE BUENAS LETRAS,
PERPETÚA SU MEMORIA, ESCULPIENDO EN MÁRMOL EL NOMBRE
DE ESTE ILUSTRE SEVILLANO, CENSOR Y PREEMINENTE DE LA CORPORACION

Conozcamos mejor al Doctor Javier Lasso de la Vega y Cortezo, quien mereció esta placa conmemorativa en la calle Abad Gordillo, 17:
   Francisco Javier Lasso de la Vega y Cortezo (Sevilla, 24 de septiembre de 1855 – 23 de marzo de 1905), médico, escritor y político.
   Lasso de la Vega heredó de su padre y abuelo la tradición por la formación médica. El primero, Francisco Javier de la Vega y Chinchón [Chichón] (1828- 1885), fue catedrático de Patología General en la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla; el segundo, Francisco Javier Lasso de la Vega y Orcajada (1785-1836), cartagenero de nacimiento, fundó la importante Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz.
   Aunque el primer y olvidado apellido original de la familia era Pérez, por Real Orden de 16 de mayo de 1910, Lasso de la Vega obtuvo la “autorización para usar como un solo y primer apellido Lasso de la Vega conservando en segundo lugar el que por su señora madre le corresponde”, de modo que quedaba sancionado el uso que tradicionalmente se había empleado.
   La vida de Lasso transcurrió en la ciudad andaluza donde realizó sus estudios primarios (colegio del Santo Ángel) y secundarios (instituto provincial). En 1870 obtuvo el grado de bachiller, lo que le habilitó para matricularse en la Facultad de Medicina, carrera que concluyó sin demasiada brillantez en 1874. A partir de estos momentos tres fueron los ámbitos de actividad más importantes de Lasso: la ciencia, la política y la literatura, aunque no faltaron tampoco sus reflexiones filosóficas. Médico de formación, realizó sus primeras contribuciones el mismo año de su licenciatura con un estudio sobre la sífilis, memoria que le sirvió para entrar como numerario en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. En el curso 1874-1875 se estrenaba como docente en la misma Escuela de Medicina en la que estudió. Su inquietud intelectual le llevó a matricularse, unos años más tarde (1881), en las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. Aunque no llegó a concluir ninguna, su gusto por la literatura tuvo una salida a través de la creación. Profesionalmente ejerció como médico clínico y fue catedrático de enfermedades de la infancia en la Universidad Hispalense.

   Desde su juventud, Javier Lasso anduvo entre los círculos intelectuales progresistas de la ciudad, que se reunían en animadas tertulias. A principios de la década de 1880 fue uno de los firmantes del acta de constitución de la sociedad el Folk-Lore Andaluz (1881), junto con Antonio Machado y Álvarez Demófilo (1848-1892), Antonio Machado y Núñez (1812- 1896), Joaquín Guichot y Parody (1820-1890), Manuel Sales y Ferré (1843-1910) o Alejandro Guichot (1859-1941). En 1883 frecuentaba La Genuina, “una curiosa sociedad formada por jóvenes sevillanos de ‘ideas avanzadas’ y fervoroso romanticismo, para cuyo ingreso se exigen con rigor condiciones muy estrictas”, en palabras de José María Osuna. Su actividad cultural, siempre entre elites, se desplegó con frecuencia en el Ateneo Hispalense; en la inauguración del mismo en el año 1879, Lasso leyó una memoria sobre El origen de la vida orgánica en la que se declaraba defensor del evolucionismo. Los otros dos grandes foros frecuentados fueron la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (de la que era presidente al fallecer) y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras (académico preeminente y censor). También fue miembro correspondiente del Instituto de Ciencias de Quito y de la Academia Gaditana de Ciencias y Letras.
   Compartiendo sus actividades docentes e investigadoras y clínicas, Javier Lasso desarrolló una fecunda tarea como escritor. Con un impulso vocacional, el galeno sevillano dedicó parte de su exiguo tiempo libre a la lectura y creación literaria. Exploró la poesía, la novela, realizó reflexiones filosófico-científicas, críticas literarias, análisis de teoría del arte, prologó el antiguo tratado de Juan de Avignon, Medicina Sevillana (1885), escribió dos capítulos de la obra de pediatría de Pfaundler, etc. No faltó su trabajo como traductor, tanto de obras literarias (Lord Byron), como filosófico-científicas (colaboró en las traducciones de Spencer de sus Principios de Psicología), como puramente médicas (fue traductor, seguidor y difusor de la obra de Bernard, Lecciones de fisiología general y de medicina experimental, c. 1879). En reconocimiento a su sensibilidad literaria, en 1893 entró a formar parte del selecto grupo de los Árcades Romanos. 

  El tercer campo de actuación de Javier Lasso se localizaba en la arena política, a la que se lanzó activamente los últimos años de su vida, aprovechando su fácil y brillante oratoria, de la que dieron buena cuenta las fuentes de época. De clara ideología progresista, su sensibilidad social y percepción crítica con el sistema político de la Restauración, lo llevó hacia posiciones más allá del turnismo. Comenzó su carrera tras ocupar en el Ayuntamiento sevillano el acta de concejal en 1894 obtenida con las listas del Partido Liberal Fusionista, y la continuó en 1904, una vez realizada la consulta electoral que supuso un sorprendente éxito para la formación en la que militaba Lasso, la recién nacida Unión Republicana, que aglutinó a diversas corrientes republicanas del momento.
   Su intensa vida cultural en Sevilla durante treinta años le hicieron converger con la sociedad más letrada del momento, pero sus círculos siempre representaron la vanguardia frente a sectores conservadores que negaban o aceptaban a regañadientes las corrientes intelectuales más modernas (darwinismo, krausismo, etc.). No faltaron en sus reflexiones las referencias al viciado sistema político o a la defensa de la mujer, en un momento en el que el feminismo cobraba impulso (Alberto Carrillo Linares, en Biografías, de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la placa conmemorativa al Dr. Javier Lasso de la Vega y Cortezo en la calle Abad Gordillo, 17, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 7 de mayo de 2019

Un paseo por la calle Abad Gordillo


      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Abad Gordillo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Abad Gordillo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Alfonso XII a la calle Cardenal Cisneros.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Recibe esta denominación al menos desde 1486, quizás por un eclesiástico de tal nombre que allí viviese. González de León (1839) lo atribuye al abad de beneficiados y escritor Alonso Sánchez Gordillo (1561-1644) pero por las fechas de su nacimiento y muerte necesariamente ha de tratarse de otro personaje. En 1868, con la Primera República se simplificó en Gordillo, pero de nuevo recuperó el nombre completo con la Restauración (1875).
         La calle es estrecha y sensiblemente rectilínea, al menos en la acera de los impares, tras una operación de alineación y ensanche (1875). En 1604 se acordó que se empedrara "de aguja gruesa'" la parte por la que pasan las ruedas de los coches y durante todo el primer tercio del s. XVII los vecinos solicitaron reiteradamente que se empedró; en 1860 también se insiste en el mail estado del empedrado, así como  en su  situación de abandono y suciedad; en 1904 fue adoquinada y dotada de aceras. Actualmente, la calzada es adoquinada y posee estrechas aceras de losetas y se ilumina con farolas de brazos de fundición adosados a las fachadas. Desemboca, por la acera de los pares, Ricardo de Checa. Simultáneamente a la operación de ensanche de 1875, se lotearon los terrenos del ex-convento de la Asunción en la manzana formada entre ésta y San Vicente, resultado del cual fue la construcción de una serie de casas de la misma tipología y unidad de fachada, edificadas en la década de 1870 y 1880, que configuran la mayor parte de la acera de los impares.   

      En la frontera también es dominante la vivienda tradicional de tres plantas, del tránsito del siglo XIX al XX; la núm. 8, catalogada en Arquitectura Civil Sevillana, ha sido demolida en fecha reciente. En la fachada del núm. 17 una lápida, colocada a inicia­tiva de la Real Academia de Buenas Letras recuerda que allí murió, en 1911, Javier Lasso de la Vega y Cortezo,quien fue presidente de la Real Academia de Medicina y Cirugía. Posee esencialmente una función residencial y apenas registra tráfico rodado. En los números 5 y 7 tuvo su sede la institución religiosa Carmelitas de la Santa Faz, más conocida popularmente como "Palmar de Troya", que distribuye a cuantos se acercan una versión moderna de la "sopa boba", por lo que no es infrecuente encontrar sentados en las proximidades personas de condición diversa, sobre todo ancianos necesitados [Josefina Cruz Villalón en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Abad Gordillo, 8 [Demolida recientemente]. Patio de dos plantas con arquería en uno de los frentes del cuerpo bajo y balaustrada de hierro en la planta alta [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
Conozcamos mejor a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano, Alonso Sánchez Gordillo, el Abad Gordillo:
      Alonso Sánchez Gordillo (Sevilla, 1561 - † Sevilla, 1644), historiador más conocido como Abad Gordillo. Este notable historiador sevillano se conoce como Abad Gordillo porque fue nombrado abad mayor de la Universidad de Beneficiarios de la capital hispalense. Su obra escrita ha sido una importante fuente de estudios para muchas generaciones sucesivas de historiadores de esta ciudad, aún a pesar de que la mayor parte de su obra permanece inédita, habiéndose publicado en vida de su autor solo dos obras, correspondientes a los años 1631 y 1632.

      La mayor parte de la producción escrita del abad Gordillo se conoce hoy fundamentalmente merced al trabajo posterior del canónigo Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, quien a su vez supo de ellas debido a su amistad con el doctor Molina, por entonces también abad mayor de la misma universidad donde se guardaban los escritos de Sánchez Gordillo. Ambrosio de la Cuesta se interesó por estos escritos a partir del año 1693, mandando copiar varios de sus manuscritos a principios del siglo XVIII; gracias a estas copias y a otras más realizadas a partir de los mismos originales autógrafos, su contenido ha podido llegar hasta nuestros días. La copia de Ambrosio de la Cuesta amplia los datos del abad Gordillo y los ilustra con grabados de las imágenes a que los textos hacen referencia.
      En la actualidad la mayoría de las obras del abad Gordillo están guardadas en la Biblioteca Capitular y Colombina, el lugar donde se recogió la librería de Ambrosio de la Cuesta tras su fallecimiento, ocurrido en el año 1707; aunque otra parte de ella se encuentra en la Biblioteca de la Universidad de Sevilla y en la Real Academia de la Historia.
      Toda su obra está dedicada a Sevilla y a sus dignidades eclesiásticas; recoge distintos aspectos de la vida religiosa de la ciudad, y fueron muy conocidas, usadas y citadas posteriormente por estudiosos y autores de la talla de Ortiz de Zúñiga, Nicolás Antonio, Espinosa o Santiago Montoto. Entre las copias guardadas en la Biblioteca Capitular se citan algunos títulos como:

   Memorial de la historia eclesiástica de la ciudad de Sevilla,
   Historia de los arzobispos de Sevilla,
   Historia del convento de la Orden de San Benito Extramuros de la ciudad de Sevilla, y, entre otros, el Memorial de las religiosas estaciones que frecuenta la devoción sevillana.
      Esta última obra del abad Gordillo citada, ha sido estudiada y publicada en el año 1982 por el profesor Jorge Bernales Ballesteros, quien destaca su enorme importancia para el conocimiento de las cofradías y hermandades de la ciudad a finales del siglo XVI y durante primer tercio del siglo XVII, el período de tiempo mejor descrito por coincidir con la vida del propio autor, aunque en ella su pretensión es dar a conocer la religiosidad sevillana, y sus tradiciones y cultos desde los tiempos de Fernando III, el Santo.
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La calle Abad Gordillo, al detalle: