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miércoles, 12 de julio de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Granada; Iglesia de San Martín; Monumentos; Murallas; La Peñuela; y Puente sobre el río Tinto) de la localidad de Niebla (y II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Granada; Iglesia de San Martín; Monumentos; Murallas; La Peñuela; y Puente sobre el río Tinto) de la localidad de Niebla (y II), en la provincia de Huelva.

Iglesia de Santa María de la Granada
     La actual iglesia de Santa María de la Granada es el resultado de la superposición de dos edi­ficios: una mezquita y una iglesia gótico-mudéjar. Tras la conquista de la ciudad por Alfonso X el Sabio, se aprovechó el alminar y la estructura y los materiales de la mezquita, quedando en la misma orientación de ésta, es decir, noroeste-su­deste. Más tarde, a finales del s. XV o principios del XVI, se varió la orientación, se agregaron nuevos pilares y se aumentó en altura la cabecera. Los muros del edificio están realizados con mampostería, intercalándose hileras de ladrillos. El edificio fue restaurado por Rafael Manzano Marros, según proyecto fechado en ju­nio de 1979.
     El sahn de la mezquita tenía en sus laterales tres naves, que correspondían a las asaquifas, lugar de oración de las mujeres, con una nave en cada lateral. En época almohade se le añadió otra nave a la izquierda. Los arcos de separación del sahn son gemelos, de herradura, enjarjados, con claves de piedra y alfiz descentrado. Descan­san sobre columnas visigodas, sin basa, y están decorados con molduras en pequeños salientes. El alero se ve recorrido por modillones de rollo, que indican la primitiva altura de la mezquita. En un lateral del sahn permanece lo que habría sido una pila bautismal visigoda de mármol, que en época almohade, o incluso califal, habría estado en el centro del patio.
     El acceso al interior de la mezquita se debe a un arco de herradura polilobulado, soportado por antiguas columnas visigodas reaprovechadas. El arco se enmarca en un alfiz, al que, en su parte superior, se le añade un alero o tejaroz.
     El alminar es robusto, de planta cuadrada por fuera y circular por dentro, como el alminar campanario de la iglesia del Salvador de Sevilla. La torre, tal como ha llegado a nosotros, se divide en tres cuerpos, en altura. El primero, sin vanos, es de época árabe. Los otros dos presentan un revestimiento de sillería, realizado en época poste­rior a la Reconquista, como refuerzo para la instalación de las campanas. La separación queda marcada mediante un listel de ladrillo. El segundo cuerpo presenta, en sus cuatro caras, ventanas con arcos pareados, formados por arcos gemelos de herradura, que descansan en columnillas de basa y capitel visigodos. La ventana que da a la plaza está inscrita en un arco apuntado, mientras que las otras ventanas se inscriben en alfices. En el tercer cuerpo hay arcos rebajados en las fachadas este, oeste y sur. La fachada norte presenta un arco túmido inscrito en un alfiz. La torre se corona por merlones escalonados de ladrillo.
     La iglesia parroquial se halla exenta por tres de sus lados, mientras que el ábside queda unido a otras edificaciones. Se accede al templo por un patio, antiguo sahn, de planta irregular, rodeado por galerías con arcos de herradura de va­riado formato, como queda dicho. Es de planta basilical, orientado litúrgica­mente, de este a oeste, por lo que la cabecera se sitúa a levan­te y los pies a poniente. Frente a la puerta, es decir, al sahn se halla el nicho del mihrab. Tras las últimas obras, que han dejado los paramentos sin enfoscar puede apreciarse la compleji­dad de la edificación, reflejándose las vicisitudes experimen­tadas en el edificio a lo largo de un milenio.
     El templo se compone de tres naves longitudinales, separadas por dos arquerías, de tres arcos apuntados y doblados, que apean sobre pilares de sección rectangular, con pilastras adosadas por sus caras mayores. Dichas pilastras achaflanadas presentan en la parte superior del chaflán, junto a la imposta, el segundo ladrillo cortado en triángulo. Las impostas molduradas conservan restos de su policromía roja. Los pilares exhiben en su aparejo hiladas de piedra y ladrillos superpuestas.
     En la nave del evangelio, seis arcos de medio punto enmarcan otros tantos arcos de herradura, que enlazan el sahn con el oratorio de la antigua mez­quita, orientada de norte a  sur. Por esta razón, en el paramento opuesto, en la nave de la epístola, se conservan los testigos que marcan el arranque de las arquerías que configuraban los seis ámbitos espaciales del interior de la mezquita. A la nave del evangelio abre la actual capilla del Sagrario, en lo que era la última galería de la asaquifa, o mezquita de las mujeres. El arco de herradura de acceso apea sobre dos columnas con capiteles visigodos. A la nave de la epístola se adosa la capilla de la Virgen de los Dolores, de planta rectangular, con techumbre de viga y tablazón de madera.
     La cabecera del actual templo gótico-mudéjar presenta una subdivisión tripartita. Cada nave, a través de sus correspondientes arcos apuntados y moldurados en sus aristas, enlaza con sendas capillas. Las dos laterales, acabadas en testero plano, tienen impostas que marcan el arranque de las nervaduras góticas de las bóvedas de terceletes, trabajadas en ladrillo. La capilla mayor ostenta un esbelto arco triunfal apuntado, de sección mixtilínea. El ábside facetado, de tres lados, se subdivide con dos impostas. La primera sigue a juego con las de las capillas laterales; y la segunda, paralela a la anterior, indica el arranque de los nervios que sustentan los dos tramos de bóvedas, de compleja traza ojival estrellada, que cierran este noble espacio. En el primer tramo, de planta cuadrada, se dibujan cuatro bóvedas de terceletes unidas en el centro por una gran clave, cuyos nervios se agrupan en haces para descansar en las columnas del arco toral o en las ménsulas. El segundo tramo, ochavado, de menores dimensiones, ve decorado sus muros con tres arcos ciegos apuntados, y se cubre con sendas bóvedas nervadas.
     La iglesia parroquial sufrió pérdidas irreparables en sus bienes muebles por tres veces consecutivas, el 7 de marzo de 1936, en que ardieron muchas imágenes junto con el templo; el 13 de abril prendieron fuego al archivo parroquial; y, finalmente, el 6 de agosto, pereció lo poco que quedaba.
     Hoy día vemos, a los pies de la nave del evan­gelio, un lienzo de medio punto, con la Virgen del Carmen y las Ánimas del Purgatorio, de J. Montes, 1960. En el primer arco ciego de la nave, un cancel visigodo, de mármol blanco, que se decora con tres arcos peraltados sobre colum­nas, y se remata con cenefa de rosetas; en los flancos laterales presenta decoración de círculos. En el siguiente arco ciego, sobre el suelo, el fuste de una columna visigoda, similar al de la torre, con decoración geométrica y simbólica: cruces, pámpanos, racimos y aves.
     Pasada la puerta, hay un relieve de piedra, que representa un imafronte de un templo tetrástilo, cerrado, de orden toscano. En el arco rehundido siguiente, un fragmento de columna visigoda, al que se le ha adaptado un capitel de castañuela, de mármol. En la capilla sacramental, situada en el espacio de lo que había sido la última galería de la asaquifa, se encuentra un gran tabernáculo de plata, obra de Manuel de los Ríos Navarro, de 1985, construido a partir de la portezuela de la primera mitad del siglo XIX, que conserva el punzón de Palomino y Zuloaga.
     Situada a la cabecera de la nave, la capilla bau­tismal tiene en su centro una pila de jaspe rojo y blanco, obra de Lorenzo Fernández de Iglesias, del año 1693. Hay un óleo de San Pedro, con de­talle de su martirio, obra anónima sevillana del siglo XIX.
     En el presbiterio preside un Crucificado, titulado de la Buena Muerte o de la Sangre, sobre cruz arbórea, obra de Antonio Castillo Lastrucci, de 1942. Delante, una sede tallada en piedra, de factura gótico-flamígera, que, desde Rodrigo Caro, es conocida como «el sillón de los obispos de Niebla». Aún dentro del presbiterio, en el ángulo del lado del evangelio, sobre un pilar, la Inmaculada, en madera policromada, con cabeza tallada por Antonio León Ortega en 1963. El ambón está formado por un cancel visigodo, de mármol blanco, a juego con el de la nave del evangelio, con los relieves mejor conservados.
     En la cabecera de la nave de la epístola, en una hornacina de arco rebajado y baquetón en todo su perfil, se venera un San José, con el Niño en los brazos, escultura en madera policromada de hacia 1800. Luce una vara de plata con el punzón de Conde. En el paramento lateral hay un óleo de la estigmatización de San Francisco, de factura popular, del siglo XVII.
     En la misma nave, un confesionario de ladrillo, formado por piezas de tracería gótica. El asiento es una pieza de mármol, con decoración visigoda en su frente, formada por dos series de semicírculos superpuestos, a modo de imbricaciones o escamas.
     Tras la puerta lateral, se abre el arco de herradura y alfiz del antiguo mihrab de la mezquita, facetado, de cinco lados y techumbre lígnea de vigas y tablazón. A continuación se encuentra la capilla de la Virgen de los Dolores. En la pared principal se adapta un retablo, rehecho con frag­mentos del retablo de la capilla sacramental, del s. XVIII, con decoración de rocallas y guirnal­das de flores. Sobre las repisas laterales hay dos tablas repintadas, que representan a San Rafael y a San Francisco de Paula. Al centro, la Dolorosa, imagen de candelero para vestir, de Antonio Castillo Lastrucci (1942). En el paramento izquierdo de la capilla se expone un relieve, en madera policromada, de la Piedad, de fines del s. XVI. En un costado, sobre pedestal, un Nazareno, imagen de vestir, de Juan Martínez Cerrillo (1940). Por último, el simpecado de la Virgen del Rocío, obra del orfebre Manuel de los Ríos, estrenado en 1991. A los pies de la nave, en marco vitrina con penacho y rocallas del siglo XVIII, se exhibe el simpecado de la Virgen del Pino, bordado en oro y sedas de colores, sobre terciopelo verde.
     En la sacristía, en una hornacina lateral hay un Niño Jesús, imagen de vestir de fines del XVI. Esta figura infantil del Salvador está situada so­bre un basamento de mármol, de la segunda mitad del siglo II de nuestra era, de singular im­portancia arqueológica. La pieza presenta una inscripción, que traducida dice así: «Un cuerpo terrenal y un celestial espíritu hubo en mí; al vol­ver a su verdadera sede, ahora vivimos allí, don­ de Fabato goza ya de los dioses en la eterna luz». En el tesoro podemos ver su exigua orfebrería. Una ampolleta o vaso de crisma, de formas bajorrenacentistas, del siglo XVII. Cáliz de plata liso con punzones sevillanos de Méndez y García, del último tercio del XVIII. Copón de pla­ta liso, de Flores, de la primera mitad del XIX. Un portaviático de plata, en forma de corazón, del siglo XIX. Copón de plata liso con el pun­zón de Seco Velasco, de la segunda mitad del s. XX. Copón de plata decorado con cartelas, espigas, racimos de uvas, corona de espinas, etc., de Marmolejo (1957). Hay un crucifijo de marfil con peana chapeada de plata y remates en la cruz del mismo metal, de estilo hispano-filipino, de hacia 1700 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia se ubica en la Plaza de Santa María. Es probable que el emplazamiento de este templo pudiera coincidir con la catedral visigoda. Más tarde, en la época de dominación musulmana se transformó en la mezquita oriental de la que aún se conservan varios elementos originales. Más tarde convertiría en una de las cuatro parroquias fundadas en Niebla por Alfonso X, a raíz de su conquista.
     El templo es el resultado de la transformación de una mezquita islámica, orientada hacia el sur, en un templo cristiano orientado al este. El resultado es un edificio constituido por la intersección y macla en ángulo recto de la mezquita e iglesia. Muchos elementos de la mezquita persisten dentro del templo o junto él. Al lado de la torre se halla el patio o sahn con tres naves, correspondientes a las asaquifas o lugar de oración de las mujeres. Aparece una a la derecha y dos más pequeñas a la izquierda, de las cuales la última y más pequeña corresponde a la ampliación llevada a cabo por los almohades, hoy se ha cegado hacia el patio, para abrirse como capilla de San Walabonso.
     Fuera del perímetro de la iglesia y al lado del patio queda la torre, que fue alminar de la mezquita, de planta cuadrada. La mezquita tenía cinco naves y, en época taifa, se le añadió una nave más a levante.
     El cuerpo de la iglesia es de planta basilical rectangular, con tres naves de tres tramos, rematado con crucero de una nave. La capilla mayor sobresale con respecto a las laterales, cerrándose su cabecera con un ábside poligonal. Las laterales presentan en cabecera un testero plano. En el lado de la epístola hay una capilla de pequeñas dimensiones denominada del reservado del Jueves Santo. Es de planta cuadrada. Durante un tiempo estuvo cegada por el muro.
     También en el lado de la epístola se encuentra el mihrab, de planta ochavada, y otro hueco abierto en el muro para guardar el púlpito musulmán. En el muro del evangelio se observan, cegados los seis arcos de herradura pertenecientes al acceso a la mezquita, desde el sahn y sus galería. Sólo uno permanece abierto, el correspondiente a la nave más pequeña del patio o sahn. Esta nave se ha cerrado al patio para albergar una pequeña capilla. Este arco de acceso a la capilla apea sobre unas columnas sin basamento y con capiteles de gruesas pencas. El patio o sahn tiene dos galerías con arcos gemelos que descansan sobre columnas visigodas que carecen de basas y van decoradas con nacelas.
     Dichos arcos son enjarjados de herradura y tienen claves de piedra. Un alfiz descentrado los enmarca, el cual corta el arco en los riñones. El alero se muestra recorrido por modillones que nos indican la altura que poseyó la mezquita. El lado del patio que da entrada al templo tiene tres arcos, los laterales, de herradura, están cegados y en el central está la portada principal.
     La iglesia se encuentra exenta por tres de sus lados; mientras el cuarto, correspondiente al ábside, queda adosado a otras edificaciones. Antiguamente se entraba al templo por los tres lados libres, pero hoy sólo se accede por el norte, junto a la torre, y por el sur. El acceso por el norte da al patio o sahn de la mezquita. Sólo por este lado se da un tratamiento de fachada, con una portada sencilla que se ubica junto a la torre. Flanquea a aquella un contrafuerte y el alero es soportado por unos canecillos. En la cabecera, es decir, en el crucero y en el ábside, destacas unos gruesos contrafuertes.
     La portada de ingreso al sahn de la mezquita presenta un arco de herradura enjarjado realizado en ladrillo, con alfiz descentrado que corta el arco en los riñones, como en la arcada del patio.
     La portada de acceso al templo, por el muro del evangelio, consta de un arco de herradura apuntado y decorado por lóbulos rebajados, enmarcado por un alfiz y que descansa en dos columnas visigodas sin basamento ni capitales. Los otros cinco arcos del muro del evangelio son de herradura, ligeramente apuntados sin lóbulos. Los cuatro cegados apean sobre nacelas apoyadas a su vez sobre machones de ladrillo sin columnas. Flanquean la parte superior del alfiz dos ménsulas como testigos de que hubo un tejaroz cubriendo y realzando la portada.
     La portada cegada de los pies, está totalmente construida en ladrillo. Está formada por dos arcos concéntricos ligeramente apuntados, enmarcados por un alfiz que a su vez está enmarcado por una moldura de perfil rectangular que sube desde el suelo.
     La portada de la epístola, es muy parecida a la de los pies. Los arcos concéntricos apuntados se encuentran enmarcados por un alfiz.
     La torre alminar presenta planta cuadrada con un machón cilíndrico central. Entre éste y los muros se desarrolla una escalera de caracol. En la torre se distinguen tres niveles, de los cuales sólo el primero de ellos constituye el alminar. Los cuerpos restantes son obras posteriores a la Reconquista. Una moldurada imposta separa este primer cuerpo del segundo, el cual es ya de mucha menor altura, mostrándonos en el centro de cada una de sus caras ventanas formadas por arcos gemelos de herradura elevada que descansan en el centro de una columna, cuyo fuste y capitel fueron aprovechados de anteriores edificios visigodos. El tercer nivel o cuerpo de campanas posee arcos rebajados en sus fachadas y coronamiento de almenas dentadas de ladrillo.
     En el ábside, adosado al exterior, existe una esbelta torrecilla poligonal de ladrillo, con escalera de caracol. En la bóveda de ésta, se dibujó con nervios de ladrillos una estrella de ocho puntas. La torre se remata con una cubierta piramidal revestida de ladrillo.
     La Iglesia de Santa María fue una de las cuatro parroquias fundadas en Niebla por Alfonso X, a raíz de la conquista de dicha plaza. El templo transformó la mezquita preexistente, que había sufrido, a su vez, una primera reforma, una ampliación, pasando de tener cinco a seis naves en la época taifa. Al principio, cuando Alfonso X conquistó la villa, la mezquita no varió mucho. Se hicieron las reformas indispensables para el nuevo culto y cristianizar el edificio: se añadió al alminar el cuerpo de campanas y se reforzó todo él con sillares. Varió también la dirección Norte-Sur por la de Este-Oeste, propia de los templos cristianos. Pero cuando Niebla paso, como condado, a monos de los descendientes de don Alonso Pérez de Guzmán, a comienzos del siglo XVI, la antigua mezquita experimentó sensibles cambios. Debía de estar en mal estado, que fue necesario derribar una buena parte de ella. Se eliminaros las arquerías, y en su lugar se elevaron tres naves con unas cubiertas de artesonado de par y nudillo, hoy inexistentes. Se arregló también la cabecera formada por el crucero y el ábside, góticos, con complejas bóvedas ojivales estrelladas. Las obras se concluirían hacia 1515. En estas fechas se cerró la entrada a la iglesia desde el sahn, cegando todos los arcos a excepción del arco de acceso actual.
     La comprobación de que la mezquita se encontraba en el interior de la iglesia tuvo lugar en 1956. Al efectuar el cura párroco ciertas obras en el templo, como fueron la restauración del artesonado y el derribo de unas casas que se levantaban en lo que fue el sahn de la mezquita, aparecieron restos de arcos, unos sobre columnas y otros adosados al muro de la iglesia. Gracias a estos hallazgos la Dirección General de Bellas Artes inició las obras de restauración. El edificio fue restaurado por Rafael Manzano Martos, según proyecto fechado en junio de 1979 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Martín
     Según Amador de los Ríos, la iglesia de San Martín está emplazada en la antigua mezquita menor, correspondiente al barrio norte de la ciudad. En 1922 se demolió el buque del tem­plo, para permitir un acceso más directo desde la puerta del Socorro hasta la zona central de la ciudad, creándose una espaciosa plaza en lo que era su solar. El edificio fue declarado monumento nacional en l922.
     La capilla mayor, abierta a la intemperie, se compone de dos cuerpos. El primero, de planta rectangular, se cubre con bóveda de nervaduras simples. El segundo cuerpo, casi semicircular, con siete lados, articulado por columnillas ci­líndricas sin base, y con capitel con decoración vegetal de hojas de vid. La unión de cuerpo rectangular con el ábside se enriquece con semicolumna cilíndrica, entre otras dos cilíndricas semejantes a las anteriores. Sobre ellas discurre moldurada imposta, de la que arrancan los nervios de la cubierta del ábside. Entre ellas hay arcos ojivales soportados por columnillas con capitel de hojas de vid en sus aristas, y molduras semejantes a las columnillas en el perfil superior de los citados arcos.
     En el lado del evangelio, hay un vano con arco rebajado, que accede a un pequeño edículo con bóveda rebajada y nicho o lóculo en el paramen­to frontal, que era la antigua reserva sacramen­tal. Contiguo, en el presbiterio bajo, hay otro arco apuntado y moldurado con baquetones e imposta de hojas de vid, por el que se accede a la escalera de la espadaña, con bóveda de cañón apuntada de aristas, semejantes a las de Villalba, Trigueros y Santa Clara de Moguer, del s. XIV. En el presbiterio se conservan fragmentos de pinturas murales del siglo XV, en las que se representa a San Martín a caballo, partiendo la capa. Hay restos de otro mural contiguo, en el que figura un ángel y un caballero orante. En el tramo primero, rectangular, hay dos ventanas con restos de tracería gótica.
     La portada, exenta, y situada en el lugar que primitivamente ocupó, está labrada en ladrillo, en formas netamente islámicas. Tiene doble arco de herradura enjarjado sobre nacelas de mármol, con doble alfiz, y rematado por una cenefa de lacería. Debido al barroquismo del alfiz, puede datarse en el s. XV. En el extremo oriental, sobre un fuste de planta cuadrada, se levantan dos espadañas superpuestas. La posterior, más alta, tiene tres cuerpos: el inferior, macizo; el segundo, con un vano de arco apunta­do y campana, y otro arco macizado; el tercero y superior con dos vanos de medio punto peraltados, con alfiz y frontón triangular, con óculo ciego en el tímpano, de los siglos XV y XVI. La espadaña anterior tiene dos cuerpos, el inferior con un gran vano de medio punto entre pilastras pareadas, y el superior también de un vano con arco de medio punto entre pilastras y cartones o estribos laterales, y rematada con frontón triangular, del siglo XVII.
     El ábside, por el exterior, está dotado de con­trafuertes, y su perfil superior presenta modillones con hojas cuadrifolias, y gárgolas con cabezas de animales (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La capilla mayor, abierta a la intemperie, se compone de dos cuerpos. El primero, de planta rectangular, se cubre con bóveda de nervaduras simples. El segundo cuerpo, casi semicircular, con siete lados, articulado por columnillas cilíndricas sin base, y con capitel con decoración vegetal de hojas de vid. La unión de cuerpo rectangular con el ábside se enriquece con semicolumna cilíndrica, entre otras dos cilíndricas semejantes a las anteriores. Sobre ellas discurre moldurada imposta, de la que arrancan los nervios de la cubierta del ábside. Entre ellas hay arcos ojivales soportados por columnillas con capitel de hojas de vid en sus aristas, y molduras semejantes a las columnillas en el perfil superior de los citados arcos.
     En el lado del evangelio, hay un vano con arco rebajado, que accede a un pequeño edículo con bóveda rebajada y nicho en el paramento frontal, que era la antigua reserva sacramental. Contiguo, en el presbiterio bajo, hay otro arco apuntado y moldurado con baquetones e imposta de hojas de vid, por el que se accede a la escalera de la espadaña, con bóveda de cañón apuntada de aristas, semejantes a las de Villalba, Trigueros y Santa Clara de Moguer, del siglo XIV. En el presbiterio se conservan fragmentos de pinturas murales del siglo XV, en las que se representa a San Martín a caballo. Hay restos de otro mural contiguo, en el que figura un ángel y un caballero orante. En el tramo primero, rectangular, hay dos ventanas con restos de tracería gótica.
     La portada, exenta, y situada en el lugar que primitivamente ocupó, está labrada en ladrillo, en formas netamente islámicas. Tiene doble arco de herradura enjarjado sobre nacelas de mármol, con doble alfiz, y rematado por una cenefa de lacería. En el extremo oriental, sobre un fuste de planta cuadrada, se levantan dos espadañas.
     El ábside, por el exterior, está dotado de contrafuertes, y su perfil superior presenta modillones con hojas cuadrifolias, y gárgolas con cabezas de animales.
     El origen de la Iglesia de San Martín bien pudiera ser una catedral visigoda, debido al hallazgo de varios capiteles y fustes ornamentales. Además, según testimonio de Rodrigo Caro, aquí estaba el sillón de piedra donde se sentaban, según la tradición, los obispos de Elepla (hoy en Santa María).
     El actual templo se asienta sobre la mezquita occidental del Liblah árabe. Posteriormente, se concedió a los judíos como sinagoga y más tarde se construyó la iglesia cristiana.
     Alfonso Jiménez propone un posible proceso histórico: probablemente existió una mezquita a la que se añadió un ábside para poder adaptarla al culto cristiano. Las diferencias de edad y de conservación propiciarían la renovación de estas organizaciones provisorias en momentos distintos y con criterios estilísticos bien diferentes. Lo primero que se sustituiría sería el cuerpo del edificio, que tal vez se derribara y reconstruyera con formas mudéjares en los últimos decenios del XV, cuando Niebla pasó a formar parte de las posesiones de la casa de Medina Sidonia, según la entregó el primer Trastámara a Don Juan Alonso de Guzmán. Pocas décadas después, ya entrado el siglo XV, se renovó el ábside en unas formas que reunían aspectos arcaicos con rasgos modernos. Posteriormente se realizó la capilla mudéjar y la espadaña doble, con unos sectores mudéjares y otros claramente barrocos.
     En 1922 se destruye parte del inmueble, por necesidades urbanísticas, para poder facilitar el tráfico rodado. La iglesia queda divida en dos partes con características muy diferenciadas: la cabecera por un lado y la portada por otro.
     Podemos adscribir el edificio al estilo gótico- mudéjar, diferenciando estas dos partes. El ábside es de estilo ojival y sencillo con reminiscencias románicas en los escasos elementos decorativos y la portada es de estilo mudéjar. Para Angulo incluso es de un mudejarismo tan absoluto que de no corresponder al eje de la iglesia pudiera considerarse como obra árabe.
     En 1979 Rafael Manzano realiza una intervención para restaurar los restos. Interviene consolidándolos, también en los ventanales y el ábside y se excava para recuperar la planta y los elementos originales.
     En 1981 Ismael Guarnier González realiza un informe previo a su intervención en el edificio donde especifica las actuaciones que considera necesarias para su restauración (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumentos
     En el centro de la Plaza de la Feria se levanta el monumento al Rey Sabio. Tanto el proyecto como el modelado de los relieves y figuras de bulto, son obra de Joaquín Moreno Daza, 1970. A los pies del recinto amurallado, se encuentra un monumento dedicado a la Paz. Una gran paloma, realizada por Rafael Mélida el año 1988, en chapa  de hierro recortada,  abre sus alas al vuelo y sostiene una rama de olivo en el pico. De 1969 es el monumento dedicado a los már­tires San Walabonso y Santa María, ubicado al pie de la muralla, junto a la Puerta del Buey, consiste en un sencillo crismón laureado, que se eleva sobre una columna de fuste liso, levantada sobre pedestal escalonado de ladrillo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Las Murallas
     Lo más significativo del conjunto histórico de Niebla es, sin duda, su recinto amurallado, Tan­to las murallas como el castillo fueron declarados monumento nacional el 14 de abril de 1945 Presentan las murallas una estructura poligonal, adaptada al terreno, en longitud, anchura y altura, por lo que respeta las condiciones específicas del terreno, de unas 16 Has. de extensión y 2 Km. de perímetro. Circunda toda la ciudad y do­mina el río Tinto que corre a sus pies, formando, a su vez, una defensa natural, a modo de foso.
     Las murallas están compuestas por muros de tapial o tapiería, construidos con la tierra arcillosa rojiza, extraída de las orillas del río Tinto, por lo que las fuentes árabes la llaman al-Hamra o la roja. De los muros romanos asoman vestigios en la sillería escuadrada que aflora en diversos lugares, especialmente en las torres cercanas al río, con estructura de hiladas regulares a soga y tizón, rehechas en período califal. Los sillares regulares en las esquinas, y el asentamiento de otros sillares en la cerca resultan del aprovechamiento de los restos romanos de la ciudad. A lo largo de la muralla se construyen 41 torres con función defensiva y de vigilancia, de planta cuadrada, poco salientes, siguiendo todavía el tipo califal. Resulta de este modo una muralla infranqueable para los posibles asaltantes. Parte de las murallas fueron destruidas en el siglo XV para la construcción del alcázar de los Guzmanes, escondiendo éste una de las torres de la antigua alcazaba.
     En síntesis, puede decirse que la muralla existió desde época romana en sus cimientos; se fue remodelando con el paso del tiempo y según las necesidades de la población allí asentada. Bajo el dominio almorávide se reconstruyó en la actual extensión; y con la conquista de 1154, los al­mohades construyeron las torres en saliente con base poligonal, alcanzando la configuración que hoy conocemos.
     Las puertas de la muralla de Niebla se encuentran en cinco de las torres cuadrangulares: la Puerta del Socorro, la Puerta del Buey, la Puerta del Agua, la Puerta del Embarcadero, la Puerta de Sevilla, y otras puertas pequeñas o poternas. Conocida por los musulmanes con el nombre de «Bad al-Nassri», la Puerta es llamada del Socorro, debido a una  representación  pictórica  de la Virgen del Socorro, aunque popularmente se dice que por ella recibieron los muslines el socorro cuando eran asediados por Alfonso X. Está situada en el lienzo noroeste de la muralla, o sea, en uno de los torreones romanos que protegían el acceso norte de la ciudad, el cardo máximo romano. La puerta del Socorro es la más importante de Niebla, ya que da lugar a la calle principal o hara mayur (hoy conocida como la calle Real), y llega hasta la Puerta del Agua.
     Sobre el nombre de la Puerta del Buey, hay una versión popular. Comenta que el nombre de Buey se debe a que cuando la ciudad estaba sitia­da por Alfonso X, los habitantes de Niebla rea­lizaron una estratagema para confundir al rey. Para dar la impresión de que vivían bien y holgados, sin ninguna clase de padecimientos, dejaron salir por esa puerta un buey bien cebado, con lo que venían a decir que tenían suficientes alimentos como para resistir.
     Conocida como bad al-wadi, la Puerta del Agua, está situada en el lienzo sur de la muralla, o sea, en lo que habría sido la puerta sur del cardo máximo romano. La Puerta del Embarcadero está situada en el lienzo este de la muralla, o sea, lo que antes fuese la puerta oriental del decumano máximo. La puerta está orientada al norte, y tiene su entrada, como todas las demás, en eje acodado. El nombre que recibe la puerta se debe a función que realizaría en la época, que se utilizaba para el acceso al embarcadero.
     La Puerta de Sevilla está situada en el muro norte, y no guarda relación con el antiguo trazado romano, por lo que sería una puerta de época musulmana. Su nombre proviene de su situación, frente al camino que se dirigía hacia Sevilla (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Las murallas de Niebla ciñen completamente la población, describiendo el perímetro del promontorio a orillas del Tinto donde está enclavada. Forma un polígono irregular más accidentado por el lado Sur y más preciso por el Norte. La muralla tiene aproximadamente 2 km de longitud, encerrando una superficie de 16 Hectáreas. Su perímetro está jalonado por 50 torreones de sección cuadrada o rectangular, excepto dos que son octogonales.
     Las murallas edificadas con tapias de tierra arcillosa rojiza y esquinales de cantería describen un enorme polígono irregular cuyo foso natural, por dos de sus frentes es el río Tinto. La muralla está flanqueada por torres macizas de tierra y ladrillo con esquinas de piedra. Son rectangulares, de poco saliente, siguiendo todavía un tipo califal. Carecen de cámara superior, y sus terrazas destacan con muy poca altura sobre el adarve, desmantelado en la actualidad e invadido por vegetación parásita. Han desaparecido las almenas que debieron ser rematadas en pirámides. En este tipo de torre, poco saliente sobre el adarve, debieron inspirarse las de otras murallas cristianas posteriores.
     Existen cinco puertas en recodo de acceso al recinto: del Buey; del Socorro; del Agua; del Embarcadero y de Sevilla.
     Además de estas cinco puertas, existe una poterna (cegada) al Oeste del recinto, un postigo llamado Puerta del Agujero que presumiblemente se abrió en el siglo XV para facilitar el acceso al Castillo y otros dos accesos junto a las puertas del Buey y del Socorro abiertas más recientemente para facilitar el tráfico. La fábrica está construida fundamentalmente a base de tapial de tierra roja del lugar, reforzándose con sillares los ángulos exteriores de los torreones. A menudo, la fábrica de tapial se asienta sobre resistente fábrica de sillería, sobre todo los torreones. La mayor parte de la fábrica es obra almohade del siglo XII.
     Producto de las intervenciones arqueológicas se conoce que en una fecha cercana al cambio del II-I milenio a.C. (Bronce final prefenicio), como resultado de los cambios que se están produciendo en todo el suroeste peninsular con la introducción de la metalurgia del bronce, Niebla se dotará de una primera muralla de piedra, observándose desde entonces una sucesión de hasta 7 niveles superpuestos de muralla, siendo la almohade que ahora se contempla, la más monumental y mejor conservada.
     La segunda fase viene dada por el arrasamiento parcial y los procesos erosivo-sedimentarios que afectan a la primera muralla; Posteriormente se construiría la segunda muralla, con cronologías del Bronce fenicio, entre los ss. VIII y VI a.C.; Nuevas reparaciones y alzados aparecen en el s. II a.C., en época ibero-romana republicana; La muralla romana se ha fechado en torno a finales del siglo I d.C. y sobre ella se levantará la muralla almohade (ss. XII y XIII). Se observan con posterioridad reformas entre los siglos XIV y XV que afectan al alzado superior de las murallas y, finalmente, quedan indicios de mínimas intervenciones durante el siglo XVI. Mientras, en las últimas décadas del siglo XX se procedió a la restauración de la mayor parte de las murallas, a excepción del tramo comprendido entre las torres 29 y 35, en el talud del Río Tinto. Estas restauraciones presentan gran inestabilidad en su masa y se están desprendiendo, por lo que las últimas actuaciones que se empiezan a acometer en 2010 van destinadas a la reposición de tapiales de la restauración precedente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

La Peñuela
     La aldea de La Peñuela está situada al norte de la ciudad de Niebla, por la carretera de Valverde. En ella se levanta una iglesia rural, dedicada a San Antonio, con categoría de parroquia, construida en 1945. Consta de una sola nave, dividida en tres tramos y presbiterio, separados por arcos apuntados transversales, y cubierta a dos aguas. En una hornacina lateral, se venera la figura de San Antonio de Padua, escultura en madera policromada, de hacia 1600. El Niño Jesús es de nueva talla, realizado por Abascal (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Puente sobre el río Tinto
     El puente de Niebla cruza el río Tinto, que surca las antiguas murallas de la población. Es una construcción romana, sin embargo, ciertas reconstrucciones medievales y reformas modernas han alterado sensiblemente su fisonomía original. Se conocen obras y reparaciones en el mismo, durante los siglos XVII y XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Puente Romano de Niebla es uno de los mejores conservados de la península ibérica. Situado en la carretera Huelva-Sevilla al paso por el pueblo de Niebla, por debajo de él corren las aguas de el Río Tinto, destacado por su color rojizo fruto de los metales pesados que contiene como el cobre o el zinc y a la acidez de sus aguas procedente de las minas. Es el puente más conocido y estudiado de la provincia de Huelva e históricamente es, es, sin duda, el más interesante.
     Es un puente de nueve vanos, con una mezcla de bóvedas de medio punto, apuntadas o rebajadas, de sillería basta o ladrillo. Sus orígenes son romanos (formaba parte de la Vía de Ayamonte a Mérida), aunque ha sido modificado posteriormente en diversas épocas.
     Actualmente el puente está en uso, dando servicio a la carretera nacional N-431, sobre el río Tinto. Este hecho, junto con su proximidad a un centro urbano e industrial pues está a la entrada de Niebla, lo convierten en un puente particularmente vulnerable. Hoy y a pesar del paso de los tiempos, sigue soportando el ritmo de una circulación, cada vez más densa.
     En cuanto a su señalización, debería hacerse resaltando su singularidad o importancia destacando, por ejemplo, la vía romana a la que pertenece (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de la Granada; Iglesia de San Martín; Monumentos; Murallas; La Peñuela; y Puente sobre el río Tinto) de la localidad de Niebla (y II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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domingo, 9 de julio de 2023

Los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada al sureste de la provincia, a orillas del Río Tinto en la Tierra Llana, constituye una zona de transición entre la costa y el Andévalo.
Reseña histórica breve
     Históricamente Niebla ha constituido un enclave fundamental dentro de la región de Andalucía, constituyendo la capital histórica de la comarca de El Condado y de un amplio territorio que se extendía desde más allá de la ciudad de Sevilla hasta la zona del Algarve portugués.
     Existen pruebas arqueológicas y documentadas de distintos asentamientos y establecimientos de pueblos y culturas, y así se la ha conocido como Ilípula por los tartesos, Ilipla por los romanos, Elepla por los visigodos, Labla por los musulmanes hasta llegar al nombre actual tras la Reconquista.
     Los primeros yacimientos datan de la Edad del Hierro, con restos neolíticos y necrópolis dolménicas. De la época tartésica se han encontrado joyas como un anillo de oro representando una diosa cuidando de un niño. Los fenicios se comunicaron con el mar para transportar los materiales extraídos de la zona minera a través del Río Tinto, navegable en aquellos tiempos hasta la ciudad.
     En la época romana su importancia económica y administrativa se construyó una calzada que unía la desembocadura del Río Guadiana con la ciudad de Itálica, unas termas, un acueducto y se reforzaron las murallas. Durante la dominación visigoda la ciudad alcanzó gran prestigio civil, militar y se constituyó una sede episcopal.
    Con la llegada de los árabes se convirtió en una Cora o unidad administrativa, y posteriormente en Reino de Taifa extendiéndose hasta el parte del Algarve portugués.
    En 1262 Alfonso X el Sabio reconquistó la ciudad y las zonas colindantes y le concedió Fuero Real. En 1369 pasó a ser Condado de Niebla, propiedad del Conde de Guzmán lo que favoreció su crecimiento con la construcción de templos, palacios y el emplazamiento de órdenes religiosas. Posteriormente fue concedida al Duque de Medina Sidonia.
     Durante el siglo XVII sufrió un período de decadencia que culminó con el Terremoto de Lisboa de 1755, que afectó a toda la zona oeste de Andalucía destruyendo gran parte de sus poblaciones.
    En 1982, fue declarada Conjunto Monumental Histórico-Artístico.
Patrimonio artístico y cultural
     La Villa ha sido declarada Conjunto Histórico Monumental.
     Muralla de Niebla, de la época árabe, de origen tartésico.
     Puente Romano a orillas del Río Tinto.
     Iglesia Santa María de la Granada, antigua Mezquita de estilo gótico-mudéjar.
     Castillo de los Guzmanes, construida sobre una alcazaba.
     Hospital Medieval Nuestra Señora de los Ángeles.
     Iglesia de San Martín y su Señor de la Columna, antigua sinagoga.
     Capilla de los Santos Mártires Walabonso y María.
     Ermita de Nuestra Señora del Pino.
     Archivo Histórico de Niebla.
     Archivo y Biblioteca de Doña Elena Wishaw.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas TóSantos, del día 30 de octubre al 2 noviembre.
     Jornadas Medievales, del día 30 de octubre al 2 de noviembre.
     Festival de Teatro y Danza “Castillo de Niebla”, meses de julio y agosto.
     Fiestas Patronales de San Walabonso, el día 7 de junio.
     Fiestas del Tostón, en febrero.
Recursos económicos y sociales
     Niebla depende sobre todo de la industria, y del sector servicios. También cabe destacar la artesanía, los trabajos con hojas secas de la palma, o la producción de tamboriles.
Gastronomía
     Los platos que se ofrecen son variados, como los revoltillos, la caldereta de cordero, o las habas enzapatás (Diputación Provincial de Huelva).
        Etimológicamente, Niebla procede de Elepla o llipla, que en época musulmana derivó en Lebla o La­bla, siendo luego castellanizado como Niebla. Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1982. La ciudad de Niebla, situada a 29 Km. de la capital, pertenece al partido judicial de Moguer. Se eleva sobre una pequeña loma, a una altura de 45 m. sobre el nivel del mar, al pie del río Tinto, que la circunda. Tiene una población de 3.953 habitantes, que fundamentan su economía en la agricultura y ganadería, en la fabricación de cementos, en la extracción de sílices y cuarzos, en serrerías, y en el sector de servicios.
     Niebla ha sido un lugar privilegiado, en cuanto a su emplazamiento estratégico y poblacional. Se ubica en el cruce de dos importantes vías de comunicación: una norte-sur, que relacionaba la zona minera septentrional con el sur agrícola y ganadero, y otra este-oeste, que enlazaba la región del Algarve portugués con Sevilla y la comarca del Aljarafe.
       Su historia se remonta a la época de las primeras colonizaciones orientales. Posiblemente tuviese su origen en época púnica, por su emplazamiento defensivo en zona navegable: los fenicios llegarían como colonizadores para la explotación minera. Ptolomeo menciona a Niebla como zona de la Tartéside, siendo llamada Ilipa, y más tarde Ilipla o Illípula. Durante la época romana fue considerada dentro de la categoría de plaza fortificada, y figuraba como un lugar importante en el camino de Itálica. Como Écija, Zaragoza o Mérida, la población se desarrolló en función de la defensa de un puente, de estratégico interés. Llegó a alcanzar tal preponderancia que incluso se le autorizó a acuñar moneda. Durante la época visigoda fue sede episcopal, sufragánea de Sevilla. Por entonces, la ciudad es conocida como Elepla o Elipla, y su término llegaba a constituir unas 300 leguas cuadradas.
     En el año 712, Musa-ben-Nussayr asedia la ciudad, y en abril o mayo de ese mismo año su hijo Abdul-Aziz se hace dueño de la misma, estableciendo capitulaciones con los habitantes hispanogodos, que, mediante el pago de un impuesto personal, reciben la consideración de protegidos, o dhimníes. Durante el Emirato Dependiente (714-755), Niebla sólo se vio alterada, en 741, por la instalación en su término de los árabes sirios de Émesa, que habían llegado bajo el mando de Baly, para sofocar las continuas revueltas de los bereberes, descontentos con el reparto de tierras. Niebla, al igual que el resto de Al-Ándalus, se vio inmersa en varios conflictos sociales, por la difícil convivencia entre musulmanes árabes, bereberes, sirios, muladíes y mozárabes. Los musulmanes mantienen el recinto amurallado de la época romana. Acomodando a su lengua el vocablo Elepla, lo transforman en Lepla, Lebla o Labla.
     El reino de Lebla sufre pronto la ofensiva de los reinos cristianos de Portugal y de Castilla. El rey de Portugal, Sancho II, y las Órdenes Militares del Hospital y de Santiago se adentran en territorio de Ibn Mahfuz, a ambos lados del Guadiana, en 1239-1240. En 1248 fue tomada la ciudad de Sevilla por Fernando III el Santo. Poco tiempo después, en 1251, Ibn Mahfuz, presionado por el avance de Alfonso III de Portugal, prefiere ceder la soberanía al príncipe Alfonso de Castilla, y Lebla queda como vasallo de Castilla. Pero en 1255 el rey de Portugal hace actos de soberanía en zonas fronterizas de Niebla, e, incluso, el infante castellano Enrique intenta conquistar por su cuenta el reino de Lebla. Por lo que Alfonso X toma la iniciativa de incorporar definitivamente Niebla a la corona castellana, por vía de conquista, lo que asentaría de una vez por todas el poder castellano desde el Guadiana hasta el Guadalquivir.
     Los problemas de la repoblación y los conflictos políticos hicieron que estas tierras pasaran de jurisdicción realenga a señorial. Así, el Condado de Niebla quedó constituido por merced de Enrique II de Trastámara a favor de Juan Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, señor de Sanlúcar de Barrameda, el primero de mayo de 1368. Su jurisdicción se extendía por toda una franja transversal de la actual provincia de Huelva (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Recinto totalmente amurallado, situado en un pequeño promontorio elevado, al noroeste de un meandro del Río Tinto, junto al histórico eje de comunicación entre Sevilla y Huelva, y dominando el paso del Río (puente Romano). El interior del Recinto se encuentra entre los 30 y los 45 metros de altitud. Sus altitudes más significativas son: Castillo, 45,0 m.; Puerta del Agua (al sur), 24,8 m.; Acceso oeste (Ctra. de Huelva), 9,5 m.; Puente Romano, 27,2 m.
     El núcleo se presenta como un recinto amurallado de forma elíptica, con su dimensión mayor en dirección Este-Oeste y con una ligera pendiente de Norte hacia el Sur y del Este hacia el Oeste, quebrándose bruscamente al llegar al borde del Río Tinto, apareciendo unos escarpes que fueron motivo de la creación de la ciudad en épocas en las que el carácter defensivo venía profundamente ligado a la localización topográfica.
     Recinto fortificado, del que se conservan los paños de muralla en todo su perímetro, con 6 puertas (algunas modificadas) y restos del Castillo o Alcázar en su extremo norte (en el punto más elevado y cercano al camino y al puente). En el interior, trazado de calles estrechas pero de tramos rectos, con manzanas trapezoidales, parcelario irregular con mayoría de parcelas de frente estrecho y fondo más importante.
     Las manzanas son en su totalidad cerradas, salvo dos, localizadas cerca de la Puerta del Agua, que adoptan una disposición lineal, localizándose la edificación principal en una fachada y las secundarias en la posterior, definiendo así, una vía de servicio o trasera.
     En cuanto a los sectores urbanos persisten arrabales históricos apoyados en la carretera (lineales) y crecimientos recientes con trazados autónomos casi regulares.
     Niebla es Conjunto Histórico-artístico por sus murallas y edificios singulares, nunca por su caserío que es uno de los de menor interés de la comarca. Se observa la disposición de las edificaciones en los bordes de las manzanas, definiendo una tipología de viviendas unifamiliares entre medianeras, con patios traseros destinados a colocar edificaciones secundarias de la principal. Son edificios de una planta, apareciendo tan sólo dos edificios de más de dos plantas.
     La edificación adopta una ocupación de parcela típica de las localidades rurales, caracterizada por una edificación principal, alineada con el espacio público y con fondo más o menos variables, pero de dos a cuatro crujías máximo. La mayor altura se da en este cuerpo principal, siendo muy normal el que esta ocupe las dos primeras crujías de la edificación, reservándose el resto a terraza visitable. El interior de la parcela se ocupa con edificaciones auxiliares de una planta, y con tratamientos arquitectónicos de menor calidad, en cuanto materiales y acabados.
     Las cubiertas son mayoritariamente de teja, con uno de los paños dando a la calle, apareciendo en alguna de las edificaciones el pretil destinado a impedir la visión de la teja desde la vía pública.
     No se ha producido una transformación de la trama urbana en los últimos años, salvo algunas incorporaciones realizadas en los años 40 y 60 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Niebla aparece antes de cruzar el puente y se define de forma más rotunda cuando se deja atrás la fábrica hormigonera que roba protagonismo a las almenas. Sorprende encontrar un espacio amurallado tan vasto y tan reciamente protegido, no sólo en la zona más accesible de la villa, sino también en los lugares donde el cauce del Tinto actúa como foso. Niebla se yergue como un símbolo del poder nobiliario a partir del siglo XIV, cuando la familia Guzmán tomó posesión de estas tierras y definió un extenso alfoz que abarcaba el territorio del Condado y gran parte del Andévalo, y llegaba hasta la ciudad de Huelva.
     Hoy es un recio perímetro de murallas que alberga en su interior un caserío que apenas conserva las trazas medievales. El medievo y su espíritu, sus proezas y crueldades, sus refinamientos cortesanos y mazmorras sombrías se muestran en el antiguo castillo donde en verano se organizan espectáculos teatrales. Allí, aprovechando el espacio definido por las torres y los cubos, se recrea de forma descarnada la Edad Media y se ilustra al visitante sobre la privacidad de las damas y los instrumentos de tortura, sobre las habilidades del neblí y las propiedades defensivas del alcázar.
     Fundada posiblemente en época fenicia, Niebla tuvo consideración de fortaleza en tiempos romanos, llegando incluso a acuñar moneda. Fue una importante ciudad islámica conocida con el nombre de Lebla. A mediados del siglo XIII, el enclave cedió la soberanía al reino de castilla y en 1368 pasó a estar bajo el dominio de don Juan Alonso Pérez de Guzmán y a constituir el núcleo del Condado de Niebla, que abarcaba una gran franja de terreno en la provincia de Huelva.
     Gran parte del recinto fortificado que hoy se ve fue construido en el siglo XII, aunque en el XV se reforzó con un alcázar. La cerca, que se extiende hasta alcanzar los 2 km de perímetro, consta de 41 torres y 5 puertas. Está formada por muros de tapial levantados con la arcilla roja extraída de las orillas del Tinto. Aparecen sillares romanos en distintos tramos, sobre todo en los cercanos al río. Varias puertas interrumpen el discurso amurallado: del Socorro, Embarcadero y Sevilla bordeando la carretera; del Buey y del Agua asomadas al caudal que circunda la loma donde se asienta el caserío.
     La riqueza monumental de Niebla abarca varias culturas y épocas. Aunque reformado posteriormente, del tiempo de los romanos data el puente sobre el Tinto, que extiende en el cauce la solidez de sus tajamares y la reciedumbre de sus arcos. Dentro del perímetro murado se conservan algunos edificios medievales. De la iglesia de San Martín queda un ábside sujetado por poderosos arbotantes y una torre herida por el tiempo. A la luz de la tarde se puede ver el haz de nervaduras que surca la cabecera y converge en la cúpula. En los muros del presbiterio hay todavía restos de pinturas murales. Al lado de la iglesia citada, que alza parte de su fábrica junto a la puerta del Socorro (la más impor­tante de Niebla), se encuentra la capilla del Señor de la Columna, que guarda el Cristo atado a la columna, escultura hecha en barro cocido y policromada. Se cree que fue Pedro Millán quien la realizó hacia el año 1500. Hay otra iglesia, la de Santa María de la Granada, que aprovechó la existencia de una mezquita del siglo XI para configurar sus espacios. Arcos de herradura que descansan sobre columnas visigodas definen las naves de lo que fue el patio y el lugar de oración de las mujeres. El antiguo alminar se levanta en uno de los ángulos, presentando estructura cuadrada en su exterior y circular en el interior. Los dos últimos cuerpos son de época cristiana y lucen arcos donde son visibles las columnas y los capiteles visigodos. El templo gótico mudéjar encierra algunas sorpresas: el llamado "Sillón de los obispos de Niebla", que no es sino una silla del gótico tardío escul­pida en piedra, y un confesionario de ladrillo, que tiene un asiento de mármol con decoración visigoda.
     Desde aquí, siguiendo la calle Puerta del Agua, se llega a la puerta del mismo nombre. Dos robustos arcos de herradura abren un hueco entre sillares que permite acercarse a la vía del ferrocarril y a las aguas del río.
     Junto a la iglesia de la Granada, el edificio que fue ermita y hospital de Nuestra Señora de los Ángeles muestra una portada que atesora años y estilos. En este inmueble construido en el siglo XVI y reformado posteriormente, un patio porticada organiza la antigua capilla y las estancias que acogen piezas arqueológicas y prestan servicios culturales (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Esta ciudad, una de las más hermosas e importantes del antiguo Al-Ándalus, se levanta sobre una pequeña colina a orillas del río Tinto.
Historia
     Es posible que Niebla fuese fundada por los ligures. En todo caso, cuando los cartagineses se apoderaron de ella era ya una ciudad consolidada y fortificada. Tras arrebatársela a los cartagineses, los romanos la reconstruyeron casi enteramente, autorizándola a acuñar moneda. Por entonces era conocida con el nombre de Ilipla.
     En la época cristiano visigoda fue sede episcopal, participando sus obispos en los con­cilios de Toledo. Los musulmanes la llamaron Lebla (La roja) y en su tiempo alcanzó su mayor importancia. Llegó a ser cabeza de un reino independiente cuyas fronteras abarcaban la actual provincia de Huelva, parte de la de Sevilla y el Algarve portugués. En 1262 fue conquistada por Alfonso X, pasando algún tiempo después a poder de don Juan Alonso de Guzmán, primer conde de Niebla. A partir de aquí entra en un periodo de continua decadencia. Incluso en 1508 fue saqueada por el propio rey Católico para incorporarla a la corona.
Gastronomía
     La cocina leblense sigue las pautas de las tierras del interior de la provincia. Tres son los platos de más dilatada tradición: las habas enzapatadas, cocidas con sal; la caldereta de cordero y los revoltillos con tomate. Estos platos se acompañan con los magníficos vinos del condado.
Artesanía
     La "empleita", trabajos con hojas de palma, se utiliza desde tiempo inmemorial en labores como bolsos, cestas y alfombras. Dignos de mención son los bordados, la cerámica y la elaboración de esencias de plantas naturales.
Fiestas
     El Carnaval, en el mes de febrero, es una fiesta muy concurrida. El Viernes Santo se celebra un emocionante Vía Crucis alrededor de la muralla. En la primera semana de junio tienen lugar los festejos en honor de San Walabonso, patrón de la ciudad.
     Entre julio y agosto se celebra el Festival de Teatro y Danza, que se lleva a cabo en el sugestivo marco del castillo.
Visita
     La gran muralla* que cierra por completo el perímetro de la ciudad es, en su estilo, la más com­pleta e importante de cuantas se conservan en España. Es obra almorávide, construida sobre otra anterior de época romana. Debió terminarse hacia 1130. Posee cinco puertas: la del Buey, de estilo almohade; la del Socorro, por haberse descubierto en ella una imagen de esta Virgen, del siglo XVI; la de Sevilla, la del Agua y la del Embarcadero, que mira al Tinto y está prácticamente derrumbada.
     En el interior, en la cara norte de la muralla, se levanta el castillo. De origen romano, ha sido ocupado ininterrumpidamente hasta fecha reciente, habiendo sufrido las lógicas reparaciones llevadas a cabo por sus sucesivos ocupantes: visigodos, árabes y condes de Niebla. El cuarto conde construyó una torre del homenaje que no tenía nada que envidiar a la Giralda de Sevilla. Desgraciadamente se derrumbó durante el terremoto de Lisboa de 1755.
     En la plaza de Santa María, frente al Ayuntamiento, se encuentra la iglesia de Santa María de la Granada*, que en su origen fue una catedral bizantina man­dada construir por el obispo Basilio. Posteriormente se transformó en mezquita árabe, sufriendo su última remodelación en el siglo XVI, siguiendo las pautas del estilo gótico-mudéjar (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Alcazaba - Castillo de los Guzmanes
     La alcazaba, residencia de los gobernantes musulmanes de Niebla, se hallaba situada como punto estratégico en la parte nordeste del recinto, entre la puerta de Sevilla y la del Socorro. De ella tan sólo nos han quedado algunos vestigios de su presencia, en el flanco norte, que co­incidía con el muro de la cerca. En él se conserva una torre islámica, embutida en la torre del homenaje del alcázar cristiano. El castillo es de planta rectangular, y cuenta con un doble recinto amurallado, con un espacio intermedio. El más exterior lo compone un fuerte muro, que rodea el conjunto, con torres cuadradas, cilíndricas y poligonales, y matacanes en las esquinas. Del antiguo esplendor queda como testimonio el arco conopial gótico de la torre del Homenaje, de fines del siglo XV, en cuyo remate aparece tallado el escudo de la casa condal de Niebla: el caldero orlado de castillos y leones (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Está situado en la zona noroccidental del Conjunto Histórico de Niebla, entre las puertas de Sevilla y la del Agujero.
     La fortaleza ocupa una amplia manzana delimitada por las calles Castillo, Campo Castillo, Orta Boza y la carretera de Huelva-Sevilla, que incluye algunas edificaciones que se han adosado al edificio.
     El castillo consta de dos recintos. El primero, el castillo propiamente dicho y el segundo, un perímetro defensivo exterior que rodea al edificio interior por completo.
     El alcázar, en la actualidad, se presenta protegido por diez torres (seis cuadradas y cuatro cilíndricas), construidas, al igual que los lienzos de muros, en mampostería con zócalos y aristas de sillería en las esquinas. Cuenta con abundantes troneras características del tipo "cruz y orbe". En su flanco norte, el lienzo del castillo se confunde con el propio recorrido de la muralla que rodea toda la villa, al encontrarse la fortaleza adosada a este recinto murado.
     El recinto interior consiste en un rectángulo subdividido en otros dos por un muro central prácticamente desaparecido.
     Uno de ellos sería el patio de armas donde se hallaban las caballerizas y otras dependencias militares. El otro patio es de carácter doméstico y residencial, donde se encuentra la torre del homenaje, que se convertía en el último reducto defensivo en caso de ataque. Esta torre, muy afectada por el terremoto del 2 de noviembre de 1755, es de planta cuadrada.
     El recinto exterior está constituido por la muralla norte, que se sustituirá durante el s. XVII por encontrarse muy deteriorada, construyéndose la actual de muros esquinados en ángulo agudo y en talud. El resto del recinto defensivo exterior, en los lienzos sur, oeste y sureste, se defiende con una gruesa cerca donde se sitúan seis torres poligonales. Dos de estas torres, de planta cuadrada, protegerían en la zona occidental la entrada al castillo.
     Estos lienzos, que se corresponden con las calles Castillo, Campo Castillo y Orta Boza, estan quedando libres progresivamente.
     En la década de los 60, tras los intentos de Wishaw, se comienza a realizar de forma sistemática, diferentes intervenciones de restauración, limpieza y consolidación. El castillo se encuentra en la actualidad mejorado estética y estructuralmente.
     Cuenta con una zona de exposiciones en las torres y en el interior y sótanos de las defensas abaluartadas del flanco norte. Por otro lado, el patio de armas se configura como marco para diferentes actividades culturales, destacando la celebración anual del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla.
     A pesar de que algunos cronistas afirman la existencia de una ciudadela romana, que debió estar situada en el lugar que hoy ocupa el castillo, no hay constancia arqueológica de ello.
     Hay, en cambio, testimonio de una importante edificación de esta época, junto a la Puerta de Sevilla, así como una gran profusión de sillares romanos en los cimientos y esquinales de las torres de la fortaleza y muralla.
     Niebla poseyó una alcazaba en época musulmana, que es entregada al rey castellano en la rendición de la ciudad en 1262. Posteriormente la villa, y con ella el alcázar, se entrega al señorío de los Guzmán (1367), estos la repararon y reconstruyeron en parte. En los últimos decenios del siglo XV o principios del XVI es cuando se construye el castillo. Don Enrique, cuarto Conde de Niebla y segundo Duque de Medina Sidonia, fue el único representante del linaje de los Guzmán que habitó alguna vez el castillo.
     Los constructores de este magnífico edificio fueron alarifes mudéjares traídos expresamente para ello; estas personas llegaron a constituir una importante colonia en la ciudad cuyas relaciones fueron reglamentadas mediante ordenanzas en 1493.
     A fines del siglo XVII o principios del XVIII debió construirse la barbacana norte sobre los restos de la antigua, que estaba ya muy deteriorada en 1615.
      Todo el recinto, y especialmente la torre del homenaje, sufre enormes daños con el terremoto de Lisboa de 1755.
     El mariscal Soult, durante la Guerra de la Independencia, repara muros de su cerca y abre troneras en los muros de la barbacana para la artillería, en 1810. Es la última vez que este edificio cumple su función militar. Pero en 1812, antes de su retirada vuela el edificio y lo deja completamente derruido.
     Desde esta fecha se convierte en un lugar de vivienda de personas marginales, hasta que en 1935 Mrs. E. Wisah intenta desalojarlas de allí, para lo cual construye una barriada. Se construye a finales del siglo XV o principios del XVI.
     En la década de los 60, el arquitecto D. Rafael Manzano restauró el muro norte del primer recinto que estaba destruido y actuó en el muro del homenaje. También actuó en el patio principal, encontrando la cimentación y la organización de las crujías interiores. Es obra suya también la escalera del patio principal.
     En los años ochenta se realizaron obras de limpieza y consolidación de parte del castillo por el arquitecto D. Manuel López Vicente.
     La Escuela Taller de Niebla y el proyecto Arqueológico de Niebla han realizado trabajos de rehabilitación de la zona de la barbacana norte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla de los Santos mártires Walabonso y María
     En el antiguo arrabal, extramuros de la ciudad, se ha construido en 2001 una capilla dedicada a los santos mártires iliplenses, Walabonso y María.
     La imagen de San Walabonso, en madera po­licromada, es una obra escultórica firmada por Joaquín Gómez del Castillo, Huelva, 1940. El santo diácono iliplense es patrono de la ciudad desde 1770. La figura de la mártir Santa María de Niebla ha sido tallada en madera por Francisco García Chaparro, en 200l (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capilla del Señor de la Columna
     Adosada a la iglesia de San Martín se encuentra la Capilla del Señor atado a la columna.
     Es de planta cuadrada, con bóveda octogonal sobre trompas aristadas. Frente a la puerta de ingreso hay un arco apuntado, que comunica con un espacio rectangular, con bóveda de aristas semejante a las de Villalba, del siglo XIV. En el interior, hay un retablo de madera jaspeada en gris, con decoración de rocallas, pinjantes dorados, etc. de fines del XVIII. A la derecha de la entrada, frente a la única ventana que ilumina el interior, hay un retablo dorado, del XVIII, que se enriquece con decoración de rocallas, guirnal­das de hojarasca, y tres lienzos, dos de los cuales representan a Santa Teresa y San Bernardo y el tercero, de San Juan Bautista, que se halla en el ático. Lo preside la devota efigie del Cristo atado a la columna, escultura en barro cocido y policromado, atribuible a Pedro Millán, hacia 1500. El paramento se decora con pinturas murales, dieciochescas, muy repintadas, que completan la arquitectura del retablo con columnas adosadas a pilastras dobladas, trozos de entablamento, copete con el Padre Eterno, ángeles, querubines (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles
     Este antiguo edificio hospitalario se ubica en la Plaza de Santa María, y está dedicado a Casa de la Cultura. Actualmente, el edificio conserva aún la impronta de su primitiva funcionalidad. Sin embargo, su fábrica aparece muy transformada. A juzgar por los restos tectónicos, es posible localizar distintas etapas constructivas, que arrancan de comienzos del siglo XVI.
     Todas las dependencias del inmueble giran en torno a un patio, de fines del siglo XVIII, en cuyo centro se ha instalado una fuente, compuesta de un capitel de pencas invertido, de época vi­sigoda, y una taza de fuente romana, formada de un antiguo capitel corintio. El patio, de planta trapezoidal, originalmente debió constar de dos cuerpos superpuestos, aunque por el costado meridional se añadió más tarde un tercer piso, que repite el esquema compositivo del resto de la obra. La planta baja aún presenta por tres de sus lados sendas crujías.
     Alrededor de estas galerías porticadas, en ambas plantas, se disponían las enfermerías de verano y de invierno, las primeras en el bajo, y las otras en el principal. En efecto, en la planta inferior, en el flanco sur, se conserva una sala subdividida, según el  modelo hospitalario en dos naves mediante una arquería central. La ar­quería de la planta baja tiene un primer tramo, caracterizado por los soportes cilíndricos de la­drillo, que soportan tres arcos: los dos primeros, de medio punto peraltados; el tercero, rebajado. El segundo tramo se caracteriza por los soportes rectangulares achaflanados y los arcos carpaneles. En la planta alta está la Biblioteca y Archivo Histórico. En ella se conserva un estante de ma­dera, con decoración geométrica de cuarterones, rombos, lacería, pinjantes, y pinturas que imitan jaspeados, elementos florales y querubines, de 1742.
     En una salita se reúne una pequeña colección de piezas arqueológicas. En el ángulo Noroeste se halla la capilla del antiguo hospital. Su fábrica mudéjar tiene planta cuadrada, cubierta con bóveda de crucería simple. Los arcos están labrados en ladrillo, mientras que las nervaduras y arcos, torales y formeros, son de sillería. El presbiterio tenía, en principio, un doble arco triunfal: uno, de perfil apuntado y molduración gótica, que abría a la nave; y otro, a la derecha, que comunicaba con la sala del hospital, desde donde los enfermos podían seguir las celebraciones. En su interior, pintada sobre el muro del presbiterio, recibía culto su titular. Se trata de un fresco, retocado al óleo, que representa una sa­cra conversación, obra anónima de la segunda mitad del siglo XVI. Representa a una Virgen sedente, con el Niño Jesús sobre su regazo, está flanqueada por el arcángel San Miguel y el diácono San Lorenzo.
     La fachada del edificio combina características arquitectónicas diferentes. En ella destaca la portada, de marcado ritmo ascendente. Se compone de tres cuerpos superpuestos. El inferior, trabajado en ladrillo en limpio, sobresaliente, presenta un arco conopial, de principios del siglo XVI. Sobre esta portada mudéjar se dispuso un balcón con triplicado enmarque, provisto de orejetas en los vértices superiores, que constituye el núcleo central de la actual portada. Más arriba hay un azulejo polícromo con la titular del hospital (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     De entre las mezquitas contenidas en Niebla, destaca por su proximidad a la mezquita mayor, la que luego fue capilla de Ntra. Sra. de los Ángeles que formaba parte del hospital de la ciudad.
     Los restos más antiguos que han llegado hasta nosotros acreditan: una iglesia con presbiterio de planta cuadrada cubierto por bóveda de ojivas, labrada en ladrillo pero con herraduras y arcos torales y formeros de sillería. Este presbiterio tuvo un doble arco triunfal. El principal, de perfil apuntado y molduración gótica, abría a una única nave cubierta con artesonado mudéjar de par y nudillo.
     El testero de la derecha abría por otro arco a una nave, hoy desaparecida y ocupado su solar en la actualidad por el patio posterior allá existente. Esta nave era la del hospital, que ventilaría a un patio, agrandado luego, y colocada en posición de poder seguir los enfermos desde sus lechos los oficios divinos.
     Durante los siglos XVII y XVIII se amplia y modifica el edificio pero repitiéndose viejos modelos medievales.
     La primitiva sala hospitalaria se derribó y se construyeron dos de mayor tamaño. En el centro del espacio disponible se labró un patio muy sencillo y de traza neoclásica con huecos de medio punto apoyando en pilares. En el cuerpo alto se cegaron luego los arcos sustituyéndolos por ventanas.
     En el exterior se produjo una notable alteración de la fachada; surgió un cuerpo nuevo, el de la enfermería, tras el ábside, con una bella altana para tendero a la calle lateral y a nivel de tercera planta, decorada con arcos enmarcados por pilastras. Se labró una espadaña barroca sobre la primitiva puerta gótico-isabelina del s. XV con arco conopial labrado en ladrillo aplantillado. Esta espadaña perdió posteriormente sus columnas laterales.
     El cuerpo del presbiterio mudéjar quedó desfigurado y la iglesia se dividió en dos plantas, con notorio carácter civil.
     El edificio, perdió su primitivo uso y sirvió luego de ayuntamiento, prisión, juzgado y también de escuela de costura.
     Se tabicaron sus piezas y se perdió prácticamente la iglesia que conserva una pintura medieval de la Virgen en un marco y un precioso armario del antiguo archivo del hospital.
     Degradadas sus fábricas, y alterada su distribución el Excmo. Ayuntamiento de Niebla en colaboración con la Dirección General de Arquitectura, ha restaurado gran parte del edificio, adaptándolo al nuevo uso de la Casa de Cultura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestra Señora del Pino
     La Patrona de Niebla, Nuestra Señora del Pino, es venerada en su ermita, situada junto al arroyo Lavapiés, a 5,5 Km. de Niebla por la ca­rretera de Valverde. La tradición, narrada por fray Felipe de Santiago en 1714, sitúa el origen de la devoción en 1480, aunque la advocación y la iglesia de Nuestra Señora de Lavapiés están documentadas desde 1349. La anterior ermita estaba situada a 4 Km. de la ciudad, pero por lo accidentado de su emplazamiento, se levantó en 1973 una nueva, junto a una frondosa alameda, con un amplio recinto a su alrededor. La imagen actual de la Virgen del Pino es una talla en ma­dera policromada, que reemplaza a la que fue destruida en 1936, y fue realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1942, y restaurada por Antonio León Ortega en 1973 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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