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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 19 de junio de 2026

Los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).   
     Hoy, 19 de junio, en Florencia, en Toscana, actualmente en Italia, Memoria de Santa Juliana Falconeri, virgen que fundó las Hermanas de la Orden de los Siervos de María, llamadas por su hábito religioso "Mantelatas" (1341) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte los sitios arqueológicos Santa Juliana, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
Santa Juliana I. El sitio arqueológico se emplaza en el extremo Suroeste de las tierras pertenecientes al cortijo de Santa Juliana, en la ladera que sube desde un antiguo manantial hoy en día inexistente y frente a unos eucaliptos. En la prospección efectuada en la zona en 1999, tan sólo se han podido observar escasos fragmentos de materiales constructivos romanos como tegulae y ladrillos. Asimismo, se localizaron varios restos de molino naviforme en granodiorita, algunos fragmentos de cerámica común romana y otros de cerámica emiral con grandes desgrasantes micáceos.
     Según Fernández Caro, en 1984 se hizo un arranque de olivos pasando la tierra a calma y la posterior acción de los arados subsoladores pusieron al descubierto diversos núcleos con restos arqueológicos. En la parte baja de la ladera salieron a la luz restos arquitectónicos y materiales cerámicos, y en la parte más alta aparecieron 8-10 núcleos de ladrillos exclusivamente, de no más de 10 metros cuadrados cada uno. Según este mismo autor, el núcleo más bajo pertenecería a un asentamiento de tipo rural, activo al menos durante la segunda mitad del siglo I d. C. que compartiría una economía basada en la agricultura y la ganadería. Los núcleos pequeños que aparecieron más arriba, podrían pertenecer a tumbas de los habitantes del asentamiento.
     El estado en que ha quedado el sitio y la escasez general de restos que se observan actualmente no permite realizar ninguna valoración sobre la entidad o funcionalidad que pudo tener, ni tampoco corroborar la interpretación dada por Fernández Caro. No obstante, sí se ha de indicar una posible ocupación en época altomedieval según los restos cerámicos hallados.
Santa Juliana II
. El yacimiento se emplaza en una suave loma mirando hacia las fértiles tierras de la vega de Carmona, próximo al cortijo de Zahariche Bajo, se pudo observar un núcleo muy bien definido con una alta densidad de restos, fundamentalmente abundantísimos fragmentos de materiales constructivos romanos: tegulae, ladrillos, algunos de ellos de grandes dimensiones, así como laterculi de diferentes tamaños (9,3 x 4, 8 x 2,1 centímetros; 8,5 x 5,6 x 2; etc.). Los restos cerámicos son también abundantes, destacando varios fragmentos de terra sigillata hispánica, un fondo de terra sigillata sudgálica y varios fragmentos de dolia, aparte de cerámica común y cerámica gris romana. Fernández Caro halló también en este lugar varios regatones de ánforas vinarias romanas, así como un fragmento de borde de vaso de terra sigillata aretina (forma 217 de Beltrán), fragmentos de borde de vaso de terra sigillata sudgálica (forma 279 de Beltrán) y varios fragmentos de sigillata hispánica: un borde (Drag. 24/25), un galbo (Drag. 27), un cuenco (Drag 15/17) y un vaso (Drag. 37). Asimismo, halló un borde de cuenco de terra sigillata clara (forma 9.2A de Hayes). De época islámica se localizó también un borde de redoma con decoración pintada.
     A tenor de los materiales descritos, puede tratarse de una villa romana altoimperial de cierta envergadura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Juliana Falconeri, virgen:
       Virgen florentina nacida en 1270 y muerta en 1340.
   Fundadora de la tercera orden «delle Serve di Maria Vergíne»  (de las siervas de la Virgen María), llamadas las enmantadas (Mantellate, Ammantellate).
   Fue beatificada en 1729 y canonizada en 1740.
   Es patrona de las servitas y más en particular, de la tercera orden.
   Se la invoca para la curación de las afecciones gástricas, especialmente los vómitos cotidianos que ella padecía.
   En sus representaciones aparece inclinada ante una hostia que se imprime sobre su pecho como un sello (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 12 de mayo de 2026

Los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Alberca de la Aljabara, Aljabar, y Aljabara, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).  
Alberca de la Aljabara. Esta estructura hidráulica se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos hídricos. Se trata de un elemento emergente de forma cuadrangular realizado en tapial de unas dimensiones de 22 metros de largo por 20,75 de ancho, presentando el eje mayor una dirección Este-Oeste. Los muros tienen una anchura aproximada de 85 centímetros y presentan en su cara interna algunas huellas de revestimiento hidráulico.
     Se trata de una alberca utilizada para el almacenamiento del agua que a su vez servía como balsa de regulación para su posterior distribución a las alquerías cercanas. El hecho de situarse cerca de la alquería de La Aljabara, mencionada incluso por las fuentes históricas, y dado que la técnica constructiva es típicamente árabe, se puede atribuir a esta alberca una cronología medieval islámica. Se sabe también por información oral de la aparición de restos de conducciones hidráulicas en un área intermedia entre la alberca y el manantial de La Aljabara. 
Aljabar. Este lugar se emplaza en la finca de La Aljabara y en las inmediaciones del propio cortijo. Según Fernández Caro, a finales del verano de 1984 se halló un tesorillo de monedas visigodas que fue tasado en varios millones de pesetas. También existen referencias indirectas que mencionan la aparición en el mismo lugar de una lucerna completa.
     En el transcurso de la prospección, no hemos observado ningún indicio de restos arqueológicos en el lugar en cuestión.
Aljabara I. El yacimiento se emplaza en las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos. Contamos con fuentes escritas que hablan de este yacimiento en sus momentos de actividad. El topónimo "Alhavara" aparece citado en el Repartimiento de Sevilla, donde se menciona que Doña Juana, esposa del rey Fernando III, concedió estas tierras en donadío el 20 de Mayo de 1248 a la Orden Militar de Alcántara. Asimismo, Julio González habla de una alquería y un villar, el de Hueyt Alhavara. Según Fernández Caro, el topónimo debe de provenir de "jabar", que unido a "sahib" significaría cargo público que tenía la misión de anunciar quién llegara y avisar de las noticias. Pensamos que el topónimo podría también estar relacionado con la tribu bereber "Hawwara", cuya existencia está constatada en Morón de la Frontera y en Marchena. Asimismo, en los archivos municipales de Fuentes de Andalucía, este lugar se cita durante el siglo XVIII y XIX con el nombre de Albajara.
     En el transcurso de la visita realizada en 1999 se han observado materiales constructivos en escasa densidad consistentes en fragmentos de tegulae y ladrillos. En cuanto al material cerámico, tan sólo se han podido detectar algunas asas de jarra islámica pintadas con digitaciones en negro de época almohade y varios fragmentos de cerámica vidriada en melado. Fernández Caro observó los mismos materiales constructivos y algunos fragmentos de cerámica con decoración pintada de tipo musulmán.
     Dada la riqueza de estas tierras y la abundancia de agua existente, pensamos que se trataría de una explotación rural de época islámica de tipo alquería. Durante el período islámico se utilizaron muy probablemente materiales constructivos romanos procedentes de la antigua villa romana cercana de Aljabara II.
Aljabara II. El sitio arqueológico se emplaza en un cerro de poca elevación situado frente al cortijo de La Aljabara. Se trata de un lugar propicio para el asentamiento humano dada la calidad de las tierras, óptimas para las labores agrícolas, y la existencia de abundantes pozos de agua. En el lugar existió un manantial, pues así consta en los archivos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía.
     Se ha encontrado en este lugar un fragmento de cerámica bruñida adscribible al Bronce Final. Sin embargo, este sólo hallazgo es insuficiente para retrotraer la cronología de la primera ocupación del sitio más allá de época romana. De este período se observan restos de materiales constructivos compuestos fundamentalmente por tegulae, ladrillos y laterculi (6,8 x 4,5 x 3,5). Respecto a los materiales cerámicos, además de diversos fragmentos de terra sigillata sudgálica (Beltrán 214), hispánica y clara hallados por Fernández Caro, se ha encontrado otro fragmento de sigillata hispánica con sigillum donde se lee OP_M_. Asimismo, se ha encontrado un fragmento de rojo pompeyano, varios fragmentos de dolia y restos de un molino de granodiorita probablemente romano. Todos estos restos permiten afirmar con casi total seguridad que en este lugar existió una villa con pars urbana. Atendiendo fundamentalmente a la concentración de materiales, se distingue el núcleo de la villa en el área más alta del cerro, estando el sitio arqueológico orientado hacia el camino de la Aljabara. El primer asentamiento romano se debió de producir a principios del siglo I d.C. 
     Este lugar revela además la existencia de un hábitat islámico a tenor de los restos hallados en la prospección efectuada en 1999: varios fragmentos de cerámica emiral, un fragmento vidriado exterior en verde de época califal y varios fragmentos de cerámica almohade, destacando dos fragmentos de jarra islámica con restos de digitación, uno en rojo y otro en negro, a los que hay que añadir un fragmento de galbo de jarra islámica con decoración pintada de color marrón recogido por Fernández Caro. Por último, la aparición de fragmentos de cerámica vidriada en melado y otros restos cerámicos de los siglos XVII y XVIII parecen dar continuidad a los anteriores asentamientos.
Aljabara III. El sitio arqueológico se emplaza sobre una terraza en las cercanías de la cornisa que mira hacia las fértiles tierras de La Aljabara, ricas en recursos acuíferos.
     Se localizó un pequeño núcleo compuesto fundamentalmente por un alto porcentaje de ímbrices muy fragmentados, junto a algunos fragmentos de tegulae y ladrillos. Asimismo, aparece un fragmento de opus signinum y una cierta aglomeración de cantos rodados que podría pertenecer a un pavimento. Cabe destacar también la aparición de numerosos fragmentos de escoria de cerámica, justo donde se advierte un cambio de coloración del suelo que aparece claramente rubefactado. De estos indicios se deduce la existencia de un posible horno de producción alfarera de época romana.
Aljabara IV. El yacimiento se emplaza en tierras llanas de La Aljabara, al Este de un pozo y circundado en parte por un pequeño arroyo de carácter estacional que nace al Norte de los Cerros de San Pedro y va a desembocar al arroyo de La Aljabara.
     Se han localizado en una amplia extensión una relativa abundancia de restos constructivos romanos compuestos fundamentalmente por fragmentos de tegulae, ladrillos e ímbrices. Entre los restos cerámicos, cabe destacar el hallazgo de un pie y varios fragmentos amorfos de terra sigillata hispánica, así como cerámica común romana. Pudiera tratarse de una villa romana de pequeñas dimensiones situada en tierras fértiles y muy cercana a los Cerros de San Pedro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 5 de agosto de 2025

La Iglesia de Santa María la Blanca, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de Santa María la Blanca, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)
     Hoy, 5 de agosto, Dedicación de la basílica de Santa María, en Roma, construida en el monte Esquilino y ofrecida por el papa Sixto III al pueblo de Dios como recuerdo del Concilio de Éfeso, en el que la Virgen María fue proclamada Madre de Dios (c. 434) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Iglesia de Santa María la Blanca, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
     La Iglesia de Santa María la Blanca, se encuentra en la plaza de Santa María la Blanca, s/n; en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
     El edificio consta de tres naves, más dos adosadas con capillas. La torre se levanta contigua al presbiterio y la sacristía y otras dependencias se disponen tras la cabecera. Las tres naves centrales se separan mediante pilares de sección rectangular con pilastras toscanas adosadas, sobre los que cabalgan tres arcadas de medio punto. Las dos naves extremas se comunican con las anteriores mediante vanos originados por la ruptura de los antiguos muros laterales. Una techumbre de madera con tirantes cubre la nave central, mientras que las dos contiguas lo hacen con bóvedas de aristas, separadas por fajones que apean en grandes ménsulas. El presbiterio, de planta cuadrada y testero plano, se cubre con una media naranja sobre pechinas. Los añadidos de las naves extremas y sus capillas poseen bóvedas de diverso tipo, en su mayor parte de cañón con fajones.
     Se trata de un edificio cuyo núcleo primitivo en planta y alzado se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, denotando una tipología arquitectónica derivada del mudéjar, si bien expresada en un lenguaje clasicista. A este núcleo primitivo se agregó durante el primer tercio del XVII la capilla ma­yor, añadiéndose a lo largo del siglo XVIII las naves extremas, las capillas, la sacristía, el segundo cuerpo de la torre, las portadas exteriores y las demás dependencias. El campanario fue rehecho por Alonso Ruiz Florindo entre 1756 y 1757, realizando este mismo artista la construcción de una nueva nave lateral en el flanco del evangelio y la correspondiente portada entre 1764 y 1765. Dos años más tarde, Cristóbal Ruiz Florindo levantó otra nueva nave en el lado de la epístola, conforme a las condciones del arquitecto Pedro de Silva. Fue este mismo arquitecto quien proyectó las dependencias situadas tras la capilla mayor, que incorpora­ba la sacristía, cuya decoración, concluida en 1771, corresponde a Alonso Ruiz Florindo. Entre los años 1779 y 1781, según el proyecto de Antonio Matías de Figueroa, se reconstruyó el sagrario y se realizaron las portadas del hastial y de la epístola. Estos trabajos, completados en 1784, fueron llevados a cabo por Alonso Ruiz Florindo de Carmona.
     El retablo mayor consta de banco, un cuerpo con tres calles separadas por columnas salomóni­cas y ático. Sus trazas estuvieron a cargo de José de la Barrera y el dorado a cargo de Juan Francisco Sánchez, quienes realizaron la obra entre 1698 y 1700. En la calle central figura una hornacina en la que se venera a la titular del templo, obra de fines del siglo XVI que pertenece al círculo de Jerónimo Hernández, apareciendo sobre ella una imagen de San Pedro de pontifical. En las calles laterales aparecen las esculturas de San Sebastián, Santa Ana, San Pablo y San Joaquín, ocupando el ático un Calvario. Todas las esculturas son coetáneas del retablo. A ambos lados del presbiterio figuran lienzos del siglo XVII con los padres de la Iglesia y en las pechinas campean los escudos de la familia Centurión.
     En el lado izquierdo del presbiterio se encuentra una capilla dedicada a la Virgen del Rosario que está decorada con lienzos, yeserías y pinturas murales de la segunda mitad del siglo XVIII. El retablo consta de un cuerpo, tres calles y ático y data de fines del citado siglo, figurando en la hornacina central una escultura de la titular, obra de la misma época, y en los laterales imágenes de San José y San Ramón. También se vene­ra en esta capilla un Cristo yacente del siglo XVI. En la capilla siguiente, dedicada a la Virgen de Lourdes, lo más notable son el zócalo de azule­jos sevillanos de fines del siglo XVI y el retablo, del segundo tercio del siglo XVIII, con imágenes de la época, excepto la titular.
     En la Capilla Sacramental cuelga un lienzo con la Inmaculada de la primera mitad del siglo XVII. El retablo mayor de esta capilla consta de un cuerpo de tres calles entre estípites y ático y contiene un grupo escultórico de San José con el Niño. El retablo se atribuye a Juan Cano y se sitúa hacia 1765, fecha en la que también pueden datarse las esculturas. En las calles laterales aparecen las esculturas de Santa Teresa y San Juan Nepomuceno y en el ático relieves con temas alusivos a la vida del santo titular. Existen asimismo en esta capilla dos retablos colaterales, de estilo neoclásico. En el de la izquierda se encuentran un busto de la Dolorosa, obra gra­nadina del siglo XVIII, y un lienzo, copia de Murillo, de San Francisco abrazando a Cristo, de la época del retablo. En el de la derecha, de idéntica  estructura y cronología, figuran un Niño Jesús pasionario, del siglo XVIII, y un lienzo con la Visión de Santo Domingo, obra firmada por Esteban Márquez en 1693. El resto de las imágenes son de la época del retablo.
     De nuevo en la nave, en primer lugar se encuentra un interesante Crucificado de marfil del siglo XVII. En la Capilla Bautismal se encuen­tran la imagen de la Virgen de Noruega, obra del primer cuarto del siglo XVI, y un grupo de San José y el Niño realizado por el escultor sevillano Juan de Mesa entre 1615 y 1616. La obra fue repintada en el siglo XVIII. En el hastial, en un retablo del siglo XVIII, se sitúa una imagen del Nazareno del siglo XVII. En la primera nave de la derecha figura un lienzo con Santo Domingo del siglo XVIII y a continuación un retablo de estípites realizado por Tomás González Guisado el Joven en 1757, con imágenes de la época, excep­to la que ocupa la hornacina central, que es un Sagrado Corazón moderno. En el hastial de esta misma nave se sitúa un retablo con decoración de estípites y rocallas del tercer cuarto del siglo XVIII, enmarcado con yeserías de la misma época. En él se encuentra el Cristo de la Expiración, obra de fines del siglo XVII, y las imágenes de San Diego de Alcalá y San Pedro del Alcántara, ambas de la época del retablo.
     En la segunda nave derecha se encuentra situado un retablo neoclásico dedicado a la Virgen de los Dolores. En una hornacina se dispone un grupo de la Anunciación de fines del siglo XVIII y en el muro aparecen dos lienzos representando El Descanso de la Huida a Egipto y El Nacimiento de la Virgen, obras de escuela sevillana de hacia 1700. Junto a un lienzo de Los Desposorios de la Virgen de estas mismas características se sitúa un retablo de estípites y rocalla, realizado en 1770 por Martín de Toledo sobre trazas de Julián Jiménez, que está dedica­do a la Virgen de los Remedios. En él figuran además de la imagen titular, las de San Rafael y San Pantaleón y un relieve con la Huida a Egipto, todos de la época del retablo. La tribuna del coro y el órgano datan de finales del siglo XVIII. Repartido por el templo se encuentra un conjunto de pinturas sobre lienzo del Apostolado, fechable en la primera mitad del siglo XVII.
     En la Sacristía se conserva una cajonería de rocalla del tercer cuarto del siglo XVIII y otra de taraceas, que proceden del convento de los Mercedarios. Colgados de los muros aparecen un Crucificado de la segunda mitad del siglo XVI y dos lienzos del siglo XVIII.
     De la colección de orfebrería que posee esta parroquia puede destacarse la custodia procesio­nal, de plata repujada y restaurada en 1888. Se compone de dos partes: la peana, que presenta el punzón del maestro ecijano Franco, es del último tercio del siglo XVIII, y el templete con su ostensorio lleva el del cordobés Vargas y la fecha de 1751. También caben mencionarse un copón de plata dorada, decorado con botones de esmaltes del primer tercio del siglo XVII; un cáliz de plata dorada cincelada con decoración de ángeles, guirnaldas, gallones y asas fechado en 1559; las coronas de la Virgen titular y del Niño, fechadas en 1666, y la de la Virgen de Noruega, de técnica semejante pero algo posterior (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
      El inmueble se encuentra situado en pleno centro de la población, en la zona más elevada, fue el punto generador del desarrollo urbano. El buque de la iglesia destaca en proporcione y altura del resto de caserío de la localidad aportando una extraordinaria presencia en el paisaje urbano, siendo un elemento de fuerte referencia tanto en la ordenación del espacio como en las visuales desde los diferentes puntos de la población.
     La fábrica de la iglesia, resultado de diversas obras y reformas acometidas a lo largo de toda la Edad Moderna. Desde el punto de vista volumétrico destaca con la disposición de los tejados a dos aguas, el imafronte de la fachada de los pies y la majestuosa torre.
     Orientada según el tradicional eje este-oeste, el espacio del culto sacro se desarrolla en una planta basilical sin crucero, de cinco espaciosas naves. La sobresaliente cabecera del templo se eleva sobre una superficie cuadrangular limitada por la extensión de los muros que conforman la nave central, flanqueada al sur por la sólida caña de la torre, situada anexa al presbiterio, y la capilla correspondiente a la cabecera de la nave lateral del Evangelio. Sobre el presbiterio, separado de la nave central por un arco triunfal, se alza una media naranja sobre pechinas.
     La iglesia de Santa María la Blanca consta de tres naves centrales, dividida en tres tramos, más dos naves adosadas en sus laterales que albergan capillas, una torre que se levanta contigua al presbiterio en el lado de la Epístola, la sacristía y otras dependencias que se disponen tras la cabecera. En 1780 se acotó una parte de la última nave del Evangelio para construir la capilla sacramental, según consta en una inscripción, ésta se encuentra cubierta por bóveda de aristas y otras de camón con lunetos. Junto a esta capilla se construyó la de la Virgen del Rosario cubierta por media naranja sobre pechinas.
     Las tres naves centrales están separadas mediante pilares de sección rectangular con pilastras toscanas adosadas en sus frentes, sobre los que cabalgan arcos de medio punto con decoración en la clave. La nave central se cubre con armadura de par y nudillo con tirantes  en su eje principal, decorados con labor de lacería, mostrando la misma decoración varios tramos de la cubierta, los cuales están rematados con piña de mocárabes central. Las dos naves laterales están cubiertas con bóveda aristas sobre arcos fajones que apean en grandes ménsulas.  
     Las dos naves extremas y sus capillas poseen bóvedas de diversos tipos, siendo la mayoría de cañón y baídas reforzadas con arcos fajones. Ambas naves comunican con las naves laterales a través de dos accesos, uno compuesto de dos arcos de medio punto apoyados en el centro sobre cuatro columnas, y el segundo mediante dos vanos, también de medio punto, que descansan sobre una columna central. 
     A los pies de la nave central se levanta la tribuna del coro, cuya base se compone de un cuerpo poligonal, mostrando el paramento cubierto con decoración pictórica, a modo de rocallas, tarjas y escenas de ángeles cantores. En la zona superior el coro presenta antepecho de balaustres de madera.
     En los muros perimetrales de las dos naves extremas se abren, en el segundo tramo, puertas de acceso al interior del templo. Estas dos entradas presentan un cancel de madera, de perfil ochavado, con doble acceso lateral y dos hojas centrales, realizado en labor de carpintería con cuarterones y talla en el remate superior. 
     En la capilla de la Virgen de Lourdes, ubicada en el testero de la nave del Evangelio, se encuentra un zócalo de azulejos decorados con motivos geométricos que datan del siglo XVII y presentan paños de diferente diseño, destacando los modelos de puntas de diamante separados por entrecalles de azulejos decorados con cuadros blancos y azules. El presbiterio se encuentra a mayor altura que la nave central, presentando dos niveles en el pavimento, salvados mediante dos tramos de escalera. Tiene planta rectangular cubierta con cúpula semiesférica sobre pechinas, decorada con molduras radiales, a modo de gallones, mostrando en las enjutas escudos nobiliarios de la familia Centurión, familia mecenas en la construcción del inmueble. La zona de la cabecera, que cobija el retablo, muestra el testero plano y se cubre con bóveda de cañón decorada con motivos geométricos compuestos de óvalos, cuadros y de perfil mixtilíneo. Bajo la capilla mayor se encuentra la cripta, de planta rectangular y tres tramos, separados mediante pilastras toscanas que soportan arcos rebajados. 
     La sacristía es de planta rectangular, cubierta con bóveda baída sobre arcos de medio punto que apean en ménsulas de perfil bulboso. La bóveda presenta yeserías dispuestas en forma de aspa, las cuales muestran motivos singulares, a modo de estípites, compuestos de líneas sinuosas, roleos y palmas.
     En el exterior del templo destacan sus dos fachadas. La de los pies y de la Epístola fueron realizadas por Antonio de Figueroa. La de los pies consta de dos cuerpos, de los que el primero pertenece al barroco local de la segunda mitad del siglo XVIII, mostrando una sencilla portada pintada de color almagra que destaca en el blanco del paramento de la fachada. Se compone de un vano de medio punto, con ménsula en la clave, flanqueado por pilastras sobre pedestales y doble entablamento superior de cuyo centro parte una pilastra dispuesta verticalmente sobre la clave del arco, a la que se le une, en ambos lados, una moldura de perfil mixtilíneo formando las tres una figura piramidal a modo de frontón triangular elevado, coronada con tres pináculos. El segundo cuerpo se levanta a modo de ático, presenta tres vanos, el central circular y los laterales rectangulares, flanqueados por dobles pilastras y entablamento superior coronado con frontón triangular rematado con tres pináculos. En ambos lados termina con un cuerpo de perfil mixtilíneo.  
   La portada abierta en el muro del Evangelio debió ser construida por Alonso Ruiz Florindo, tras concluir la primera obra de extensión del templo en 1765. Está realizada en ladrillo avitolado, pintado de color almagra. Desarrolla un esquema muy reiterado de portada decumana desde el manierismo. Se estructura mediante un vano central de medio punto dovelado, flanqueado por dos columnas toscano-dóricas en ambos lados sobre potentes pedestales, que soportan doble entablamento, interrumpido en la zona central de la composición y coronado con pináculos. El ático se encuentra estructurado mediante una silueta mixtilínea en cuyo centro se dispone una pilastra que arranca de la clave del vano central y que converge en un pequeño frontón triangular central. 
     Sobre la portada, rematando el imafronte de la fachada de los pies de la iglesia, encontramos una estructura que sigue el lenguaje manierista. Sigue los esquemas de la obra que Vermondo Resta realizó para la parroquia de La Campana con aires viñolescos que siguen el esquema de la Iglesia del Gesú de Roma. Sólo se decoro el paramento superior, dividido en tres partes, por un lado la central a base de cuatro pilastras cajeadas que alternan paneles rectangulares en sus intercolumnios, que aparentan sostener la segunda parte que es un frontón triangular con rosetón central, rematándose el conjunto con remates de bolas y perinolas. Por último dos grandes Los aletones, que flanquean el cuerpo central, su utilización se realiza como elemento de enmascaramiento, para articular el piso inferior con otro superior de menor anchura, ocultando los tejados a dos aguas de las naves laterales..
     Por último, la portada del lado de la Epístola, de mayor sobriedad, consta de pilastras toscanas que flanquean el vano central de medio punto con decoración en la clave, sobre las que apoya un entablamento que sirve de soporte a una especie frontón curvilíneo con remates.
      La torre se encuentra en el lado de la Epístola, junto a la capilla mayor. Es de planta cuadrada y alzado de dos cuerpos. El primero la caña o fuste presenta el paramento cerrado a excepción de pequeños vanos circulares. El segundo, o cuerpo de campanas, se ordena en cada frente, mediante dos vanos de medio punto flanqueados por pilastras pareadas, que sostienen un entablamento y antepecho superior rematado con jarrones en cada ángulo. Termina el conjunto una cúpula semiesférica con linterna, coronada con pequeña cupulilla. Tanto las pilastras como los antepechos de los diferentes vanos y entablamentos superiores están decorados con motivos cerámicos en los que predominan las formas cuadradas, rombos, puntas de diamante y líneas quebradas, alternando los colores blancos y azules. 
     La iglesia de Santa María la Blanca, denominada también como Santa María de las Nieves, en Fuentes de Andalucía, es un edificio cuya construcción comenzó a fines del siglo XVI, perteneciendo a esta época las tres naves centrales, de las cuales la central presenta cubierta con armadura de tradición mudéjar, así como la capilla mayor, con bóveda semiesférica, y la torre, realizadas todas ellas dentro de los postulados manieristas. Durante el siglo XVIII se culminan las obras en su fábrica, que dan la actual fisonomía al monumento. En este período se le suman las portadas de cada una de sus fachadas, la coronación de la torre, la sacristía, otras dependencias parroquiales y la ampliación de la planta original del siglo XVI, a la que se le adosan dos naves en los costados, quedando configuradas un total de cinco naves. Todas estas construcciones dieron al templo las características propias de un barroco tardío de fuerte impronta clasicista. 
     El terremoto de Lisboa acaecido el 1 de noviembre de 1755 afectó a la estructura de la iglesia y a su torre, siendo necesario efectuar una serie de reformas y reparaciones. Entre 1756 y 1757 se realizan obras de la mano de Alonso Ruiz Florindo en la torre de esta parroquia. La primera ampliación de la antigua fábrica se realiza entre los años 1764 y 1765, estando bajo la dirección del maestro local Alonso Ruiz Florindo. En esta ocasión se levanta una nave, paralela a la del lado norte ya existente en el templo y de igual anchura que ésta. Además de este nuevo espacio que ampliaría la extensión del templo, se pensó en la  construcción de un cuarto para los curas y dos capillas laterales. Las capillas levantadas serían la del Sagrario y la Bautismal. Las intervenciones de Alonso Ruiz Florindo continúan en 1767 con empresas como el levantamiento de la sacristía, cuarto contiguo, el almacén y un lugar para reuniones. El proyecto de obras de ampliación de las dependencias anexas al templo lo realiza el arquitecto del arzobispado sevillano Pedro de Silva.
     Cristóbal Ramón Ruiz Florindo se encarga de realizar otras obras de ampliación en esta iglesia parroquial hacia el año 1767. También intervendrá en sus portadas Antonio de Figueroa. Pero será Alonso Ruiz Florindo quien concluiría las obras de ampliación en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves entre  los años 1780 y 1784 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Construida sobre una fábrica anterior, fue iniciada sobre los cánones manieristas que en esa época imperaban, pero su construcción se prolongó en el tiempo hasta la segunda mitad del siglo XVIII, donde intervinieron por última vez los alarifes locales Alonso y Cristóbal Ruiz Florindo después del terremoto de Lisboa de 1755,  transformándose la torre y ampliándose la iglesia con dos naves laterales más.
     Destacamos de su interior el fabuloso artesonado de par y nudillo realizado por el afamado carpintero del s. XVII Diego López de Arena; el Retablo Mayor, obra de José de la Barrera y Juan Francisco Sánchez; el Retablo de las Ánimas Benditas del Purgatorio, que combina en su factura yeso y madera; el archivo parroquial, la sacristía, la cripta, el gran reloj de la Torre; de las obras pictóricas destacan las realizadas para esta parroquia por Esteban Márquez, discípulo de Murillo, destacando La Visión de Santo Domingo que está en el Sagrario. De las obras escultóricas destacamos la de Nuestra Señora de las Nieves, de Jerónimo Hernández, la Virgen de Noruega, datable del siglo XV o la pequeña talla del Señor de la Salud realizada en marfil, entre otras (Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía).
     Su construcción se inicia en los últimos años del siglo XVI bajo la dirección de Diego López de Arenas. Tras el terremoto de Lisboa, en 1755, que dañó gravemente el edificio, el maestro alarife Alonso Ruiz Florindo reparó todo el conjunto. El gran atractivo de su portada principal radica en la fuerza del ladrillo cortado y avitolado. Destaca la labor decorativa a base de columnas y azulejos policromos de la torre, de clara tendencia al estilo de la arquitectura astigitana en este tipo de edificios. Es un claro exponente de la arquitectura típica andaluza, ya que en la construcción que se conserva actualmente participaron las diferentes culturas y civilizaciones que pasaron por Andalucía.
     Es Bien de Interés Cultural (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Solemnidad de Santa María de las Nieves, o la Blanca
    Fiesta conocida popularmente por Santa María de las Nieves o la Blanca por la leyenda de la fundación de la basílica de Santa María la Mayor de Roma: el patricio romano Juan tuvo una visión de la Virgen en el 358 que le ordenaba edificar una iglesia en un solar que encontraría cubierto de nieve, lo que comunicó al Papa Liberio, que trazó el plano del nuevo templo en la cumbre del Esquilino, nevada prodigiosamente, por lo que se la conoce como Basílica Liberiana.  Se la encuentra ya registrada en el calendario jeronimiano, pero por ser una celebración local romana, no aparece en los sacramentarios. Hasta el siglo XIV fue una fiesta exclusiva de la basílica, en que se extendió a todas las iglesias de Roma y a otras diócesis. Fue extendida definitivamente a la Iglesia Latina en 1570 por San Pío V Ghislieri, que determinó incluso sepultarse allí, y Clemente VIII Aldobrandini (+1605) la elevó a doble mayor. En el calendario de 1969 fue incluida memoria libre. Aparte de la historicidad de la leyenda, el conmemorar la dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma nos invita a reflexionar que María es imagen y tipo de la Iglesia, su origen como la primera creyente del nuevo orden salvífico y su representación en el Calvario y ante el sepulcro, así como la esperanza escatológica eclesial de la futura glorificación consumada en su Asunción. El templo material de María, que alberga a Jesús Eucaristía es signo del cristiano, templo vivo del Espíritu Santo (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura

   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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domingo, 29 de junio de 2025

El sitio arqueológico Cerros de San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cerros de San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).      
     Hoy 29 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles. Simón, hijo de Jonás y hermano de Andrés, fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, apóstol de los gentiles, predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Los dos, con la fuerza de la fe y el amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en la ciudad de Roma, donde, en tiempo del emperador Nerón, ambos sufrieron el martirio: Pedro, como narra la tradición, crucificado cabeza abajo y sepultado en el Vaticano, cerca de la vía Triunfal, y Pablo, degollado y enterrado en la vía Ostiense. En este día, su triunfo es celebrado por todo el mundo con honor y veneración (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico Cerros de San Pedro, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
   Sobre una loma o pequeño cerro frente al cortijo de La Pepa o del Carmen se observa una pequeña dispersión de materiales con una densidad casi inapreciable. Se pueden apreciar escasísimos restos de materiales constructivos romanos, fundamentalmente tegulae y ladrillos, a lo que hay que añadir un molino de trigo encontrado por Ignacio Rodríguez Temiño. 
     Según informaciones procedentes de los trabajadores de la finca, en el cerro aparecieron restos de sarcófagos de plomo y monedas romanas bajoimperiales.
     Cabe destacar la ausencia prácticamente de materiales cerámicos, a excepción de varios fragmentos amorfos de cerámica a mano y un fragmento de jarrita vidriada en melado al exterior de época moderna, insuficientes para ampliar la secuencia cronológica del yacimiento a otros períodos distintos del romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Pedro, apóstol;
HISTORIA Y LEYENDA

   Pescador en Cafarnaúm, Galilea, en el lago de Genezaret, él y su hermano Andrés fueron los primeros apóstoles reclutados por Jesús.
   Su verdadero nombre era Simón. Recibió de Cristo el mote arameo Kefás (gr.: Petras), para significar que sería la piedra angular de la Iglesia. Su mote ha suplantado por completo a su nombre.
   Su vida se divide en tres períodos muy claros:
   1. Envida  de Jesús, lo acompañó, con los otros discípulos, desde el co­mienzo del ministerio galileo hasta su Prendimiento en el Huerto de los Olivos, luego, después de la Resurrección, hasta la Ascensión.
   2. Después de la desaparición de su maestro, residió en Jerusalén, donde fue encarcelado por el tetrarca Herodes Agripa.
   3. Luego habría viajado a Roma de la cual fue el primer obispo. Otra vez fue encarcelado y crucificado por orden de Nerón.
   Durante el primer período, la actividad de san Pedro estuvo estrechamente ligada a la de Jesucristo, siguió tras los pasos de éste, por decirlo así. De ahí que hayamos debido remitir a la iconografía del Nuevo Testamento todas las escenas de la Vida de Jesús donde san Pedro tiene algún papel: la Vocación y la Tradición de las llaves, el Lavatorio de los pies y la Santa Cena, el Prendimiento en el Monte de los Olivos, donde corta la oreja de Malco, la Negación, la Transfiguración  y las Apariciones de Galilea. Tampoco volveremos a tratar ciertas escenas posteriores a la Ascensión de Cristo, tales como la Pentecostés y el Tránsito de la Virgen, donde él está, por fuerza. El apostolado y los milagros de san Pedro en Jerusalén y en Roma son los únicos hechos de su leyenda que comportan hagiografía propiamente dicha. Abandonamos por  ello el terreno de los Evangelios para abordar los dominios de los Hechos de los Apóstoles y de la Leyenda Dorada.
   Antes de abordar el estudio del culto y de la iconografía de san Pedro, es menester discernir entre la leyenda y la historia, exponiendo objetivamente las doctrinas contradictorias de los católicos y de los racionalistas, ya protestantes, ya agnósticos.
   Oigamos las dos campanas, porque si debemos creer en un viejo proverbio «Quien oye sólo una campana no oye más que un sonido».
l. La tradición católica
   La actividad de Pedro en Palestina después de la Ascensión de Jesús se ha­bría prolongado hasta el año 44. Fue entonces cuando, después de haber consumado numerosos milagros (Resurrección de Tabita, Curación de los en­fermos con su sombra), habría sido encarcelado por Herodes y liberado por un ángel.
   Según una tradición, venerable por su antigüedad, habría pasado en Roma los veintitrés últimos años de su vida, desde 44 hasta 67. Triunfó contra los sortilegios de Simón el Mago, favorito del emperador Nerón. Preso en la cár­cel Mamertina, se fugó con la complicidad de sus carceleros a quienes había convertido. Dándose a la fuga por temor a las persecuciones, en la Vía Apia se encontró con Cristo con la cruz a cuestas, a quien preguntó: Qua vadis, Domine y éste le respondió: «Voy a Roma para ser crucificado allí otra vez». Pedro, avergonzado por su cobardía, regresó entonces a Roma donde padeció el martirio al mismo tiempo que san Pablo; pero mientras a éste, que era ciudadano romano, lo decapitaron, Pedro, que sólo era un ju­dío, fue crucificado.
   Los Padres de la Iglesia enseñaban que san Pedro, que no quería  morir de la misma manera que Jesucristo, por humildad había pedido que lo crucificasen cabeza abajo. Se contaba que su cruz había sido levantada inter duas metas, es decir, entre los dos hitos del circo de Nerón. A finales de la Edad Media se creyó que se trataba de los dos hitos antiguos de Rómulo, cerca del Vaticano  (Meta Romuli), y Cestio, en la puerta de San Pablo. Se buscó un sitio intermedio entre estos dos puntos de referencia, y fue así como el martirio se localizó sobre el Janículo, en el lugar donde se levanta la iglesia de San Pietro in Montorio. La disputa entre el Janículo y el Vaticano aún continúa abierta.
   A falta de testimonios que sirvan de prueba de la llegada de san Pedro a Roma, la fecha de ésta y la duración de su estadía, así como acerca del lugar en que se realizó su crufixión, los defensores de la tradición católica  recurrieron a dos argumentos indirectos: el silencio de las iglesias rivales de Oriente (Palestina o Siria) que nunca reivindicaron las reliquias del Príncipe de los apóstoles y la edificación de la Basílica Constantiniana a orillas del Tíber, sobre la colina del Vaticano.
   1. Si san Pedro estaba muerto y había sido sepultado en Jerusalén, las Iglesias orientales nunca habrían dejado de invocarlo para apoyar sus pretensiones al primado en la Iglesia cristiana. Ahora bien, nunca se produjo ninguna rei­vindicación de ese género.
   2. ¿Se habrían atrevido a construir la Basílica Constantiniana sobre el em­plazamiento de un cementerio, profanando una multitud de tumbas no sólo paganas sino también cristianas si no hubiesen  estado persuadidos de que allí se encontraba la tumba de san Pedro?Esta suposición parece también más inverosímil por cuanto la naturaleza del terreno arcilloso, sobre la ladera de una colina, impuso enormes trabajos de nivelación; se necesitaban poderosas razones para emprenderlos.
   Después de las excavaciones dirigidas por Enrico Josi bajo las grutas del Vaticano, estos argumentos fueron esgrimidos en numerosas oportunidades por G. Carcopino. Según sus propios términos, «las investigaciones de los arqueólogos han confirmado la tradición y puesto fin a las polémicas de los eruditos.  A partir de ahora queda probado que san Pedro fue inhumado  en el Vaticano. Las reliquias del Príncipe de los apóstoles habrían sido trasladadas hacia 258 ad Catacumbas, sobre la Via Apia, pero de vueltas por Constantino al Vaticano en 336».
2. La tesis protestante y racionalista
   La crítica racionalista cuestiona el valor de estos argumentos y la base en que se fundan estas tradiciones.
   Pretende que no se ha probado que san Pedro haya estado en Roma, y que en cualquier caso, la tradición acerca de su cuarto de siglo de episcopado ro­mano no reposa en fundamento histórico alguno.
   El silencio de las Iglesias de Oriente sin duda resulta impresionante, pero el argumentum e silentio del cual se ha abusado con frecuencia, a lo sumo no cons­tituye más que una presunción.
   La verdad es que ningún texto contemporáneo digno de fe menciona   el viaje de san Pedro a Roma. Los Hechos de los Apóstoles (12: 17) nos in­forman, simplemente, que después de haber dejado la prisión de Herodes, Pedro salió, yéndose a otro lugar, sin aclarar cual fuese. Aunque un proverbio
dice que «todos los caminos conducen a Roma» es de desear una información más precisa. Dicho silencio es tanto más sorprendente por cuanto el autor insiste con abundancia (capítulos 27 y 28) en las peripecias del viaje de Pablo a Roma.
   La creencia en que Pedro pasó a orillas del Tíber los últimos años de su vida sólo aparece en los escritos de Ireneo y Tertuliano.
   Y hasta los católicos admiten que las fábulas populares de origen romano no pueden considerarse como pruebas.
   El arqueólogo pontificio Enrico Josi no vacila en calificar él mismo de «leyendas», el encarcelamiento de san Pedro en la cárcel Mamertina, donde habría bautizado a sus carceleros, el duelo con Simón el Mago en presencia del emperador Nerón y el diálogo con Jesucristo con la cruz a cuestas en la Vía Apia (Quo vadis).
   Estos relatos dramáticos o poéticos apuntan a acreditar la apostolicidad de la fundación de la Santa Sede, que no lo está más que la de una multitud de sedes episcopales donde no se vaciló en antidatar la fundación, a veces en muchos siglos, con el objeto de aumentar su prestigio y justificar su primado.
Hasta el mismo hecho de la crucifixión del Príncipe de los apóstoles es dudoso. Se trataría de una falsa interpretación de las palabras: «Extenderás tus manos».
   En cuanto a su localización  en el Janículo, no fue imaginada antes del siglo XV, cuando los franciscanos de Roma quisieron justificar las pretensiones de su iglesia de San Pietro in Montorio, patrocinada por los reyes de España. El teólogo protestante Cullmann consiente en admitir la historicidad de una tardía residencia de san Pedro en Roma. Según dicho autor, el apóstol habría abandonado Jerusalén en 44, dejando al apóstol Santiago como suce­sor y jefe de la comunidad cristiana, para contentarse, como san Pablo, con el papel de misionero. Pero jamás habría ejercido funciones episcopales en la capital de los césares, de manera que los papas no pueden pretenderse sucesores suyos.
   De hecho, san Pedro nunca fue representado con el báculo, atributo episcopal por excelencia.
   Acerca de la duración de su estadía en Roma, reina la misma incertidumbre. En su Dictionnaire d'Archeologie chrétienne, el erudito benedictino Dom Henri Le clerq, admite que si la estadía de san Pedro en Roma es a sus ojos un hecho cierto «suduración no lo es».
   La fecha de su crucifixión sigue siendo problemática, o más bien, puede presumirse que se la hizo coincidir artificialmente con la decapitación de san Pablo, para asociar en la muerte a los dos Príncipes de los apóstoles. Las fechas propuestas son muy variables: 55, 58, 64, 67, tanto como decir que no se sabe nada. 
   Si en la Roma del siglo IV se creía que las reliquias de san Pedro habían sido devueltas al Vaticano, sólo se trata de una tradición.
   A falta de textos habría podido esperarse que la arqueología nos deparase la solución del enigma. Desgraciadamente, las excavaciones dirigidas en 1939 y 1949 por Enrico Josi, director del Museo de Letrán y realizadas en el cementerio cristiano sobre el que se edificó la basílica de San Pedro no arrojó los resultados que se esperaban.
   No pusieron a la luz la tumba primitiva del Príncipe de los apóstoles, que se supone destruida por los vándalos. El papa Gregorio Magno la habría reemplazado en el siglo VI por un trofeo cenotafio o memorial: simple monumento conmemorativo que no contiene reliquias.
   Los resultados de las excavaciones vaticanas fueron cuestionados por Charles Delvoye (Latomus, 1954), Amable Audin (Byzantion, 1954), quien concluye que el memorial de san Pedro habría abrigado su púlpito y no su tumba.
   Si el papa Pío XII hubiera estado convencido que los huesos del Príncipe de los apóstoles habían sido inhumados  efectivamente en las criptas de la basílica vaticana ¿no se habría apresurado a proclamar Urbi et Orbi esta feliz nue­va?¿Si no lo hizo no fue porque su conciencia escrupulosa se lo prohibió? Para no decepcionar la esperanza de los peregrinos debió contentarse con decretar al fin del Jubileo del Año Santo de 1950, el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen, en vez de promover la unión tan deseable de las iglesias cristianas, y aún a riesgo de profundizar las diferencias entre protestantes y católicos.
   En suma, ni las investigaciones arqueológicas ni los textos nos permiten hasta el presente poner fin a un debate que siempre permanece abierto, y agregar así a las afirmaciones de la fe las certezas de la ciencia.
CULTO
   Considerado muy pronto como «el Moisés de la Nueva Ley», san Pedro no es sólo un santo palestino, sino el santo universal por excelencia.
   Además, si en su condición de fundador del papado es el principal personaje de la Iglesia oficial, al mismo tiempo, a título de portero del Paraíso, es un santo eminentemente popular.
Fiestas
   Esta popularidad está probada por el número de sus fiestas que, excepcionalmente, son tres.
   l. Su natalicio, es decir, el aniversario de su muerte, que se celebra el 29 de junio.
   2. La fiesta de San Pedro ad Víncula (Petri Kettenfeier) ,que conmemora su liberación de la prisión,  y se celebra el 1 de agosto. 
 3. Finalmente, la fiesta de la Cátedra de san Pedro Apóstol (Cathedra Petri, Petri Stuhlfeier), que conmemora su primado, y que fue fijada el 22 de febrero.
Reliquias
   Roma posee las más preciosas reliquias del Príncipe de los apóstoles: sus llaves (claves), sus cadenas (vincula) y su púlpito (cathedra); pero se trata de reliquias indirectas y no corporales.
   El púlpito que Bernini introdujo en un relicario de suntuosa ejecución barroca se conserva en la basílica de San Pedro, reconstruida en el siglo XVI por Bramante y Miguel Ángel.
   Las cadenas, cuyos eslabones proceden de la cárcel de Jerusalén y de la cárcel Mamertina de Roma y que se habrían soldado milagrosamente, se veneran en la basílica de San Pietro in Vincoli. Una tercera iglesia, San Pietro in Montorio, sobre el Janículo, señalaría el lugar de su martirio.
   Su báculo milagroso, también embutido en una montura (Petrus stabhülle), se conserva en Alemania, en la catedral de Limburg del Lahn. En Venecia, en la iglesia del Redentor, se mostraba el cuchillo que usó el apóstol para cor­tar la oreja de Malco.
Lugares de culto
   En Pavía, Lombardía, debe mencionarse la iglesia romana de San Pietro in Ciel d'Oro, cuyó ábside, como el de la iglesia de la Daurade, en Toulouse, estaba cubierto de mosaicos de esmalte dorado.
   Además de protector de Roma y de Pavía, a san Pedro también se lo consideraba el de Milán, Lucca, Ancona, Orvieto, Nápoles, Calabria y Sicilia. En 1140 el rey Rogerio II de Sicilia, de origen normando, puso bajo su advo­cación la Capilla Palatina de Palermo.
    Francia tiene numerosas iglesias puestas bajo la advocación de san Pedro. Su culto fue difundido por la orden de Cluny, cuya casa matriz, y casi todos los prioratos, comenzando por el de Moissac, estaban consagrados al Príncipe de los apóstoles, primer representante del papado al cual la orden respondía  directamente, por derecho de exención. 
   Entre las catedrales góticas que llevan su nombre, basta recordar las de Beauvais, Troyes, Lisieux, Nantes, Poitiers, Angulema y Montpellier. Entre las iglesias abaciales o parroquiales, cabe citar, en París, la antigua capilla de Saint Pierre aux boeufs (Capella Sanct Petri de bobus), cuya  portada decoraba la fachada de la actual Saint Severin; en Sens, la de Saint Pierre le Vif (invko); en Estrasburgo, la de Saint Pierre le Vieux y Saint Pierre le Jeune; en l'ours, la de Saint Pierre le Puellier (Monasterium S.Petri  puellarum) y Saint Pierre des Corps; en Toulouse, la de Saint Pierre des Cuisines; en Normandía, Caen y Jumieges, en las regiones de Poitou, Saintonge, Airvault, Chauvigny y Aulnay. Además, numerosas localidades se bautizaron Dompierre o Dampierre. En España, mencionemos las de San Pedro de las Puellas, en Barcelona y San Pedro el Viejo en Huesca, Aragón.
   En Suiza, la catedral de Ginebra, convertida en el santuario principal  de la Roma protestante, estaba bajo la advocación de San Pierre es Liens (ad Vincula; cast.: encadenado, encarcelado).
   En los Países Bajos, san Pedro era particularmente venerado en Lovaina, Bélgica y Maastricht,  Holanda.
   Antes de la Reforma Inglaterra no era menos devota, a juzgar por la advocación de la abadía de Westminster, y las de las catedrales de Norwich, Exxeter y Peterborough.
   Para acabar con una nomenclatura, muy incompleta ciertamente, mencionemos la célebre abadía de San Pedro de Salzburgo, en Austria, y la Peterkirche de Munich, en Baviera.
Patronazgos de corporaciones
   La popularidad del pescador de Cafarnaúm, convertido en el primero de los papas de Roma, además está probada por el gran número de corporaciones y gremios que reivindican su patronazgo: los pescadores,  pescaderos. co­merciantes de pescado, fabricantes de redes -en conmemoración de la Pesca milagrosa- albañiles -a causa del nombre del primer papa, que es la piedra viviente sobre la cual Cristo ha edificado la Iglesia; los herreros y doradores de metales, a causa de las cadenas de las cuales fue liberado; los cosechadores y cesteros porque se sirven de ligaduras; los cerrajeros, al igual que los relojeros quienes formaban parte de la misma corporación, porque san Pedro posee la llave del Paraíso.
   No se lo apreciaba menos como santo curador. Se lo invocaba contra la fiebre, los ataques de locura, las picaduras de serpiente. Para curar la rabia, enfer­medad contra  la cual se lo consideraba idóneo porque pusiera en fuga a los perros que lanzara contra él Simón el Mago, se aplicaba, tanto a hombres como a animales, un hierro calentado que se llamaba «llave de san Pedro».
ICONOGRAFÍA
   La iconografía del Príncipe de los apóstoles (Iconografía petriana) es de tal riqueza  que desafía todo intento de enumeración.
l. Figuras
Tipo iconográfico, vestiduras y atributos
l. Tipo.

   San Pedro se caracteriza no sólo por sus atributos sino por su tipo físico que es fácilmente reconocible.
   El arte oriental le atribuyó una cabellera rizada. En Occidente, por el contrario, se lo representa calvo, con sólo un mechón de pelo sobre la frente. La tonsura recuerda que fue el primero de los sacerdotes cristianos.
   Se contaba que los judíos de Antioquía le habían tonsurado la cabeza para escarnecerlo. Tal sería el origen de la tonsura clerical, convertida en un signo de honor, porque según los simbolistas evoca la corona de espinas de Jesucristo. Esta clase de tonsura se denomina tonsura scotica porque fue pues­ta de moda entre los clérigos por los misioneros irlandeses.
   La barba rizada de san Pedro siempre es corta.
2.Vestiduras
   Su indumentaria es muy diferente, según que esté representado como após­tol o como papa.
   En el arte cristiano primitivo, como todos los apóstoles, lleva la toga anti­gua, la cabeza descubierta y los pies descalzos.
   En la Edad Media su indumentaria era la de los papas, sus sucesores. Viste el palio, y a partir del siglo X, está tocado con la tiara cónica o la triple corona (triregnum). Estos ornamentos pontificios se convirtieron en la regla en el siglo XV: «San Pedro estará vestido de papa», se lee en un contrato acordado con un pintor en 1452.
ATRIBUTOS
   Los atributos de san Pedro son excepcionalmente numerosos, y los lleva, ya él mismo, ya los ángeles que lo acompañan; unos le caracterizan como após­tol, otros como papa.
l. El más antiguo y difundido es la llave (clavis), que aparece por primera vez en un mosaico de mediados del siglo V, y que desde entonces se convirtió en su atributo constante. Pedro siempre es clavígero (Petrus claviger coeli).
   A veces la llave es única, pero generalmente hay dos ,una de oro y otra de plata, llaves del cielo y de la tierra que sim­bolizan el poder  de atar y desatar, de absolver y de excomulgar, que Cristo concediera al Príncipe de los apóstoles (Tibi daba claves regni coelorum). Dichas llaves están juntas porque el poder de abrir y el de cerrar es uno solo.
   A causa del pasaje del Evangelio de Mateo acerca de la «Tradición de las llaves», san Pedro, en la creencia popular, se convirtió en el portero del Paraíso (jnnitor Coeli).
   Cuando el número de llaves es tres, simbolizan el triple poder de san Pedro sobre el cielo, la tierra y el infierno.
2. La barca alude a su primer oficio, pescador, y la pequeña barca de remos, es símbolo de la Iglesia.
3. El pez tiene el mismo significado, salvo que caracteriza no sólo al pescador de peces, sino también al pescador de hombres (Menschertfischer).
4. El gallo posado sobre una columna es el emblema de la negación y de su arrepentimiento. Dicho atributo, muy tardío, se difundió con el arte barro­co del siglo XVIII.
5. Las cadenas recuerdan sus «cárceles», su triple encarcelamiento, en Antioquía, Jerusalén y Roma. La cadena partida simboliza su liberación por un ángel.
6. La cruz invertida evoca su crucifixión cabeza abajo.
7. La cruz de triple crucero, uno más que la de los arzobispos, es la insignia de la dignidad papal.
   A  estos numerosos atributos puede sumarse la imagen de Simón el Mago, padre de los simoníacos, quien le ofreciera dinero para adquirir el don del Espíritu Santo, ya quien el apóstol pisotea. A veces, aunque es muy infre­cuente, derriba al emperador Nerón (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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jueves, 19 de junio de 2025

La Hacienda Santa Juliana Falconeri, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Santa Juliana Falconeri, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).   
     Hoy, 19 de junio, en Florencia, en Toscana, actualmente en Italia, Memoria de Santa Juliana Falconeri, virgen que fundó las Hermanas de la Orden de los Siervos de María, llamadas por su hábito religioso "Mantelatas" (1341) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hacienda Santa Juliana Falconeri, en Fuentes de Andalucía (Sevilla).
     Hacienda de olivar con dependencias distribuidas en torno a patio central. Cuenta con gañanías exentas, almazara con molino desmontado, soberaos (graneros), señorío y cuadras (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Juliana Falconeri, virgen:
       Virgen florentina nacida en 1270 y muerta en 1340.
   Fundadora de la tercera orden «delle Serve di Maria Vergíne»  (de las siervas de la Virgen María), llamadas las enmantadas (Mantellate, Ammantellate).
   Fue beatificada en 1729 y canonizada en 1740.
   Es patrona de las servitas y más en particular, de la tercera orden.
   Se la invoca para la curación de las afecciones gástricas, especialmente los vómitos cotidianos que ella padecía.
   En sus representaciones aparece inclinada ante una hostia que se imprime sobre su pecho como un sello (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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jueves, 23 de enero de 2025

Los sitios arqueológicos Los Álamos, en Fuentes de Andalucía (Sevilla)

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Los Álamos I. El yacimiento se emplaza en el subconjunto Sur de los Cerros de San Pedro, en una colina situada al Este del cortijo de Los Álamos. Rodríguez Temiño halló materiales que apuntan a un Calcolítico sin determinar. Fernández Caro realiza un análisis más exhaustivo del yacimiento, detectando una ocupación neolítica no muy intensa pero sí significativa, intensificándose a juzgar por el número de restos durante el Calcolítico inicial y abandonándose el yacimiento hasta su reocupación durante algún momento del Bronce Reciente. Este mismo autor localiza industria tallada de Paleolítico Medio y un cuantioso volumen de ítems líticos tallados pertenecientes al Paleolítico Superior. En la excavación de urgencia realizada en 1995 por Arteaga y Cruz Auñón se diagnosticó la total destrucción del yacimiento a causa de una cantera de arena.
     En el transcurso de la visita girada al yacimiento en 1999, tan sólo se han podido observar restos que revisten un cierto interés paleontológico (amonites, etc.).
Los Álamos II. El yacimiento se emplaza en una ladera de suaves lomas sobre terreno arenoso, situadas en el extremo Sur del conjunto de los Cerros de San Pedro.
     Una parte del yacimiento fue destruida por una cantera de arena, actualmente inactiva. En el sector destruido únicamente se observan actualmente escasos fragmentos de sílex. Por el contrario, en el sector del yacimiento que aún se conserva se aprecian tres núcleos de concentración de materiales arqueológicos de distintas épocas. En el sector Suroeste, junto al camino de Los Álamos, se detecta un núcleo muy pequeño donde se localizan cerámicas modernas, fundamentalmente comunes y vidriadas, junto a ladrillos y tegulae, materiales constructivos romanos muy probablemente reutilizados. Este pequeño núcleo correspondería a una casilla rural de época moderna.
     Subiendo por la ladera se observa una primera loma donde se detecta un asentamiento medieval islámico, predominando materiales correspondientes a un contexto califal. En esta loma se encuentran restos de materiales constructivos romanos reutilizados (ladrillos y tegulae) junto a cerámicas islámicas de diverso tipo: varios fragmentos amorfos de cerámica emiral, un fragmento de marmita emiral, un fragmento de jofaina vidriada con manganeso bajo cubierta melada adscribible entre época califal y almohade, un lebrillo califal con almagra, una cazoleta califal con pestaña, un vaso con engobe de almagra, un galbo de una jarra de asas califal con decoración pintada en blanco sobre negro, un fragmento de cubilete califal con almagra bruñida sólo al exterior, fragmentos de cerámica pintada con digitaciones en rojo o negro adscribibles entre época emiral y almohade y, por último, un fragmento de candil islámico.
     En tercer lugar, se observa lo que podría ser una posible necrópolis romana en la loma más alta, donde se localizan fundamentalmente materiales constructivos romanos compuestos por tegulae, ímbrices y ladrillos, algunos de éstos últimos de grandes dimensiones, junto a escasos fragmentos de cerámica común romana y aún más escasos fragmentos de cerámica ibérica pintada muy dispersos. La dispersión de materiales llega prácticamente hasta el camino de Los Álamos, posiblemente por rodamiento.
     Se sabe también, según informa Fernández Caro en su Carta arqueológica, que en Mayo de 1984 con motivo de la rectificación del camino de Los Álamos, el apero destruyó una tumba del tipo bustum que contenía dos ollas de borde vuelto hacia afuera, con restos de osamenta en el interior. En la pared del camino aún se podía ver, en el momento de la prospección de Fernández Caro, el perfil de la tumba, de forma semielíptica con tierra ennegrecida. Encontró varios fragmentos de ladrillos y tegulae, así como ladrillos completos (28 x 17 x 4,2 centímetros), las dos ollas de borde vuelto hacia afuera (Vegas 1) y un fragmento de borde de terra sigillata clara (Hayes 49). Asimismo, Fernández Caro menciona que según los buscadores de monedas, era frecuente el hallazgo de monedas en la zona, todas ellas romanas del Bajo Imperio, sin especificar. Por la poca densidad de los materiales, por el hallazgo de la tumba y las noticias por parte de los propietarios de haber aparecido otras años atrás, Fernández Caro interpreta este sector como una necrópolis activa durante el Bajo Imperio.
Los Álamos III. Se emplaza sobre tierra de suave pendiente dirigida hacia la Vega de Carmona y con recursos hídricos. El sitio arqueológico es casi imperceptible pues apenas se observa una pequeña dispersión de restos en superficie consistentes en algunos fragmentos de ladrillos y tegulae, así como fragmentos de cerámica vidriada, restos insuficientes para inferir una atribución cronológica y funcional al sitio.
     Según Fernández Caro, tendría dos períodos de ocupación distintos, en el Bronce Final y en el período islámico, extremo que no se ha podido constatar sobre el terreno ante la escasez de los restos observados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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