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domingo, 1 de marzo de 2026

La pintura "Cristo atado a la columna", atribuido a Cornelis Schut III, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Cristo atado a la columna", atribuido a Cornelis Schut III, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla
     Hoy, domingo 1 de marzo, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual.
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Cristo atado a la columna", atribuido a Cornelis Schut III, en la sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, de Sevilla.
     El Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses [nº 40 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 78 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Luis, 37; en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala II del Conjunto Monumental podemos contemplar la pintura "Cristo atado a la columna", atribuida a Cornelis Schut III (1629-1685), en óleo sobre lienzo, realizada en el último 1/4 del siglo XVII, con unas medidas de 2,10 x 1,23 mts., procedente del Hospital de las Cinco Llagas.
     En el inventario de 1936 se situaba en la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, en la capilla octava: Lienzo vertical representando a Cristo atado a la columna, obra debida a los pinceles de Esteban Márquez, en 1975 se registró en la sala de San Cayetano manteniendo aquella atribución. Relacionado con el conjunto del Apostolado, sin embargo, su formato algo mayor, alta calidad y rasgos estilísticos propios lo contradicen. Tampoco habría que descartar una procedencia diferente ya que las obras inventariadas en 1936 procedían de la centralización de los hospitales en el XIX.
     Pintura sobresaliente no solo por su excelente calidad, sino porque permite apreciar las influencias foráneas en la pintura barroca sevillana, tanto en los grandes maestros como en sus seguidores más cercanas. La composición deriva claramente de la estampa de Cornelis Schut I, seguramente conocida en Sevilla a través de su sobrino Cornelis Schut III, ilustre miembro de la Academia, amigo y discípulo dilecto de Murillo. Otra fuente gráfica mucho más alejada sería la de Alexander Voet, grabada a partir de un original de Abraham Diepembeeck.
     Esta obra pudo hacerse en el contexto de la Academia dado el estimable y objetivo estudio anatómico del desnudo y el tipo de iluminación tenebrista que se repiten, con menos preciosismo en el Cristo atado a la columna de Valdés Leal de la Fundación Cajasol, sin duda inspirado en las mismas fuentes gráficas. Ahora bien, ¿Cuál pudo ser la versión anterior en el tiempo? nuestro tipo humano es más robusto, anatomizado y sin idealizar, con un dibujo preciso fruto de un trabajo concienzudo de estudio del natural, quizás a raíz de un diseño realizado en la propia Academia, donde coincidieron todos los maestros citados y sus seguidores. El rostro es claramente deudor de la estética de Murillo, concretamente tanto en su rostro, mirada, ojos y cabellera tienen relación con el San Fernando de la Catedral y con el San Lesmes del museo de Bilbao, mirando al cielo y con la misma expresiva sensibilidad en el gesto y en los ojos lacrimosos. La posición de las manos se corresponde con la de la estampa de Cornelis Schut I pero invertida, mientras que el paño de pureza y la colocación de los pies, uno en el suelo y otro en el basamento de la columna, están también en la obra de Valdés Leal, al igual que la potente columna abalaustrada extraída del grabado flamenco. Todo apunta a que podría ser una obra excelente del mejor Cornelis Schut III, pues en su Santa Cena firmada de Montilla presenta un Cristo con semejante tipo facial, mirada al cielo, cabellera y gestos análogos. A propósito de las lógicas atribuciones anteriores a Márquez, debemos recordar la estrecha relación personal entre Márquez y Schut, documentada por Kinkead (KINKEAD 2006, 290) que explicarían el formato de figura única, su monumentalidad y su relación con el apostolado y el Ecce Homo expuestos ahora en la misma sala, aunque en esta pintura priman la originalidad y el dibujo firme y académico.
     No hay que olvidar tampoco el valor de estas imágenes como iconografía cristiana del dolor: Cristo inocente sacrificado para salvar a la humanidad y su efecto salvífico en la curación de los males del alma humana, además de su función consoladora, compasiva y solidaria con el dolor físico de cualquier enfermo que lo contemplase en su aflicción. Se trata, por tanto, de una obra típica del arte de la persuasión que había que rescatar definitivamente del olvido al que ha estado desgraciadamente sometida durante más de 50 años, gracias a la labor de restauración realizada por Cinta Martín León (Juan Luis Ravé Prieto, en Patrimonio Histórico de la Diputación de Sevilla 1500-1900. Arte y Beneficencia. Diputación de Sevilla. Sevilla, 2025).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Cristo atado a la Columna y la Flagelación de Cristo
La Flagelación o Cristo atado a la columna
     Mateo, 27: 26; Marcos, 15: 15; Lucas, 23: 16 y 22; Juan, 19: l.
     Los cuatro evangelistas mencionan la Flagelación; pero se limitan a decir en pocas palabras que Jesús fue azotado o incluso, simplemente, «castigado» (Lucas), sin agregar que fue atado a una columna. La abundante iconografía de la Flagelación nació de esa mera palabra. No se puede citar otro ejemplo de una tan flagrante desproporción entre el laconismo de los textos y la prodigiosa riqueza de la imaginería que produjo.
     Se ha pretendido que en el espíritu de Pilato, la Flagelación no tenía como objetivo atormentar a Jesús, a quien aquél creía inocente, sino por el contrario salvarle la vida intentando apiadar a los judíos. De hecho, la Flagelación siempre era como lo atestiguan el historiador Josefo y el filósofo alejandrino Filón, el preludio de la crucifixión. Se desgarraba a los condenados a latigazos, antes de ejecutarlos, era un medio de arrancarles confesiones en una época que aún no había perfeccionado la técnica de las confesiones espontáneas.
Culto
     Se veneraban dos columnas de la Flagelación, una en Jerusalén y la otra en Roma.
     La abadía de Saint Étienne de Bassac, en Saintonge, pretendía poseer, antes de la Revolución, la Santa Ligadura con la que se había atado a Jesús a la columna.
     Las cofradías de Flagelantes, que todavía hoy subsisten en España, mantenían esta devoción cuyos excesos debieron reprimir los obispos.
     En Baviera, la iglesia de peregrinación de Wies está puesta bajo la advocación del Salvador flagelado (zum gegeisselten Heiland).
Análisis Iconográfico
     En el arte prefigurativo de la Edad Media, Cristo flagelado está enmarcado por las prefiguraciones del Antiguo Testamento: l. Lamec golpeado por sus dos mujeres. 2. Job golpeado por su mujer con una horquilla de estiércol. 3. El rey Aquior atado a un árbol y flagelado por orden de Holofernes, por haber dicho la verdad.
     En el siglo XV, este tema fue representado con frecuencia como frontispicio, en las sedes (marieegole) de las cofradías de Flagelantes.
     Los personajes que participan en esta escena, son, por orden de importancia decreciente:  l  Cristo. - 2. Los verdugos. - 3. Los espectadores.
1. Cristo
     Según la ley romana, el condenado al suplicio de la Flagelación, recibía los golpes de pie, y de acuerdo con la ley levítica, acostado. Cristo es flagelado de pie.
     Tal como ocurre en la Crucifixión, la larga túnica con la que en principio estaba vestido, a partir del siglo XII es reemplazada por un simple trozo de tela en torno a la cintura, de manera que los azotes se imprimen en trazos de sangre sobre la carne viva.
     El Speculum Humanae Salvationis cuenta que los judíos sobornaron a los soldados de Pilato para que Cristo recibiera más de cuarenta azotes, que es la cifra usual prescrita por la ley mosaica. Pero hacia finales de la Edad Media, por influencia de las Revelaciones de santa Brígida, la crueldad del suplicio se acentuó. La visionaria sueca describe el cuerpo del supliciado cuya carne se desprendía con la sangre y cuyas costillas se dibujaban bajo la piel como una rejilla. Con precisión de estadística, Santa Brígida calcula  que Cristo habría recibido cinco mil cuatrocientos setenta y cinco azotes, lo cual sería, posiblemente, un record.
     La Flagelación casi nunca se representa sin la columna. No obstante, en la miniatura de un Evangeliario bizantino del siglo XI que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia, en París, Cristo flagelado carece de todo apoyo: lo sostienen los verdugos que lo sujetan por los brazos extendidos. A veces tiene las manos atadas encima de la cabeza.
     La forma y las proporciones del instrumento del suplicio han variado en el transcurso de los siglos. En el arte de finales de la Edad Media, la columna a la cual está atado Jesús, es fina y alta, casi filiforme (Marfiles parisinos, Frontal de Colonia), de manera que que Cristo atado a la columna podría llamarse, con mayor exactitud, Cristo atado a la columnilla. En el arte barroco de la Contrarreforma, fue reemplazada por una columna baja y gruesa, hinchada como un balaustre cilíndrica como un hito, que no ofrece apoyo ni protección alguna a la espalda de Cristo, de manera que los golpes llueven tanto sobre su espalda como su pecho.
     ¿A qué se debe este cambio radical? La tentación podría ser invocar razones estéticas, oponer a la elongación sostenida de las formas góticas, la dilatación masiva del ornamento barroco; pero sería tomar un mal camino. La estética nada tiene que ver con este problema iconográfico, es en la historia de las reliquias donde se encuentra la clave.
     En efecto, existían dos columnas de la Flagelación, la primera en Jerusalén, y la segunda en Roma. Ambas, competidoras, influyeron sucesivamente en la iconografía de la Flagelación.
     El arte de la Edad Media se inspira en la columna de Jerusalén, que resultaba familiar a los peregrinos de Tierra Santa y a los cruzados. Esa era la columna alta ya que el fragmento expuesto en la capilla de los franciscanos de la iglesia del Santo Sepulcro mide por sí solo unos setenta centímetros. Pasaba por haber sido hallada en las ruinas de la casa de Caifás, lo cual debió hacerla sospechosa, puesto que la Flagelación no tuvo lugar en la casa de Caifás sino en la de Pilato. Se reafirmaba la fe poco exigente de los peregrinos,  mostrándoles sobre el fuste de la columna unas manchas rojizas que sólo podían proceder de la sangre de Jesús, y hasta las dos manos del Redentor impresas en la piedra.
     Durante mucho tiempo el arte despreció la segunda columna con forma de balaustre, que se conserva desde 1233 en la basílica  de Santa Praxedis, en Roma. Aunque haya sido traída del pretorio de Pilato por el cardenal Juan (Giovanni) Colonna, no parecía ofrecer las mismas garantías de autenticidad que su rival de Jerusalén. Pero después del concilio de Trento se le devolvieron los honores, y esta columna baja, cuya altura total es de sesenta centímetros, fue la que reprodujeron los pintores de la Contrarreforma en el siglo XVII.
2. Los verdugos
     Por la influencia del teatro de la Pasión, los verdugos, cuyo aspecto suele ser caricaturesco, rivalizan en brutalidad.
     Generalmente hay tres: uno de ellos tiene un látigo de correas de cuero (flagellum), en ocasiones guarnecidas de huesecillos o bolas de plomo; el segundo tiene un haz de varas cuyos fragmentos desprendidos alfombran el suelo; y el tercero, sentado en primer plano, está atando un nuevo paquete de varas para reemplazar a las que se han partido por la violencia de los golpes.
     En el Libro de Horas de Juan sin Miedo (B.N., París), uno de los verdugos deja de golpear para levantarse las calzas que se le han caído sobre los zapatos.
     En un grabado flamenco de J. Wierix, uno de los verdugos apoya el pie derecho sobre el costado del cuerpo de Cristo, para golpear más fuerte.
     Los pintores alemanes del siglo XV visten a los torturadores con el traje pictórico y desaliñado de los criados de verdugos. Pero los italianos del Renacimiento, que de buena gana exhiben su ciencia anatómica, no resisten la tentación de mostrar los músculos en acción, y en un cuadro de la escuela de Perugino (antigua colección Cook, en Richmond), los verdugos están desnudos igual que su víctima.
3. Los espectadores
     La Flagelación generalmente tiene lugar sin testigos. En la mayoría de las realizaciones figurativas del siglo XII, la escena se reduce a tres personajes, Cristo y los dos verdugos, que alternan los golpes sobre su carne viva como herreros sobre el yunque.
     Pero la búsqueda  de lo patético  y de lo pictórico incitó a los artistas a multiplicar a los espectadores. El arte bizantino los introdujo a partir del siglo XI, y el arte italiano y francés siguió dicho ejemplo desde el siglo XIV.
     Esos espectadores, cuya presencia no está mencionada en los Evangelios, están elegidos de manera arbitraria. Podría suponerse con cierta verosimilitud, que Pilato, después de dar la orden, haya controlado la ejecución.
     Duccio en su retablo de Siena, y después de él los hermanos de Limbourg en  las Muy Ricas Horas del duque de Berry, muestran a Jesús flagelado en presencia de Pilato.
     La presencia de la Virgen también debía imponerse al espíritu de los místicos, porque intensifica la emoción duplicando la Passio del hijo en la Compassio de su madre. Por ello, santa Brígida de Suecia asegura que la Virgen habría asistido a la Flagelación, y que habría caído desvanecida ante la visión de la sangre. Los pintores se han inspirado poco en esta revelación; en cambio, solían evocar con frecuencia a la Mater dolorosa que observa a través de una ventana enrejada el cuerpo estropeado de su hijo, retorciéndose las manos de desesperación. A veces, la Virgen María está acompañada por San Juan.
     Otra variante no menos patética consiste en asociar la Flagelación de Cristo con el arrepentimiento de San Pedro después de la Negación y el remordimiento de Judas después de la traición. San Pedro, arrodillado ante Cristo flagelado, suplica a su Señor que le perdone; el gallo está posado sobre la columna a la cual está atado Jesús. A veces también Judas, que tiene en sus manos crispadas las treinta monedas de plata de la traición, observa el espantoso espectáculo por la ventana, aunque de acuerdo con el Evangelio de Mateo (27: 5) se haya  ahorcado antes de la Flagelación.
La evolución del tema
     En suma, la iconografía de la Flagelación evoluciona en un sentido cada vez más realista.
     Cristo desnudo estaba al principio atado de espaldas a la columna, de manera que los golpes sólo podían lloverle sobre el pecho. Más tarde la columna se volvió tan baja que los verdugos podían azotarle el pecho y la espalda al mismo tiempo: ninguna parte de su cuerpo escapa a los mordiscos de las correas o de las varas. En las imágenes alemanas del siglo XV todo su cuerpo está cubierto de estrías rojas y su carne atormentada llora lágrimas de sangre. Esos verdugones están dispuestos de manera tan regular como un patrón decorativo estampado.
     Al mismo tiempo, la ferocidad y salvajismo de los verdugos va siempre en aumento. Los pintores alemanes cedieron a su inclinación por los ultrajes caricaturescos y dieron a la escena rasgos de repugnante bestialidad.
     El arte italiano de estilo barroco tampoco ahorró emociones a sus espectadores. Ludovico Carracci, en su cuadro de la Pinacoteca de Bolonia, nos muestra a Jesús cogido por los pelos que cae de rodillas al pie de la columna mientras sus verdugos furiosos lo azotan con varas.
Cristo al pie de la columna
     De la misma manera que después de la Crucifixión tiene lugar el Descendimiento de la cruz, a veces, después de la Flagelación se representa a Cristo jadeante al pie de la columna.
     Este tema tardío apareció en el arte italiano en el siglo XVI, con Luini, que lo representó en un fresco del monasterio Maggiore, en Milán.
     Pero sobre todo fueron los pintores españoles del siglo XVII, Zurbarán, Murillo y Velázquez quienes se aficionaron a evocar a Cristo después de la Flagelación, quizá inspirados por la puesta en escena de los autos sacramentales. Ya agotado por el largo suplicio, Jesús, derrumbado al pie de la columna, es reconfortado por los ángeles, ya enteramente desatado, anda a gatas por el suelo para recoger sus ropas. Ese Cristo arrastrándose es una verdadera visión de pesadilla, endulzada por el pincel de Murillo; es una lástima que no haya tentado al genio más áspero de Goya.
     Esta escena patética a veces tiene testigos: la Virgen a quien una espada atraviesa el corazón, San Juan e incluso, en las imágenes de devoción, santos y donantes. La presencia de la Virgen se tomó de las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia.
     Cristo está sentado en el suelo. Todavía tiene las manos atadas con la cuerda que lo sujetaba a la columna. Junto a él hay látigos y varas partidas. Detrás hay un niño arrodillado con las manos unidas, protegido por su ángel guardián: es el símbolo del alma cristiana. Este tema, que se interpretaba en otro tiempo como una visión de Santa Brígida de Suecia, sólo se encuentra en la pintura española del siglo XVII (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la biografía de Cornelis Schut III, autor de la obra reseñada;
     Cornelio Schut, (Amberes, Bélgica, 1629 – Sevilla, 1685). Pintor.
     Su padre fue un ingeniero militar flamenco que trabajó en España al servicio de Felipe IV, lo que abrió al joven Cornelio la posibilidad de acompañarle e instalarse en Sevilla, una de las grandes ciudades del imperio español y que, aparentemente, mantenía el monopolio del comercio con Indias. Se formó como pintor con un tío suyo de igual nombre a comienzos de la década de 1640, cuando se produjo un cambio trascendental en el mundo artístico de Amberes, debido a la desaparición de Rubens y Van Dyck. Se desconoce la fecha en que Schut llegó a Sevilla, pero lo hizo con un significativo bagaje de ideas y un soporte para la creatividad en forma de estampas.
     Para abrirse camino en el mundo artístico sevillano contó con la ayuda de su compatriota, el escultor José de Arce, figura trascendente en el arte local. Su presencia en la ciudad está documentada a partir de 1653, cuando contrajo matrimonio con Agustina Tello de Meneses, hermana de la mujer de Arce. Al año siguiente, superaba su maestría como pintor y en el acta correspondiente se le describe como bien proporcionado, rubio y con un pequeño bigote. Palomino lo considera un hombre amistoso, dócil, apacible y gran dibujante.
     Fue presidente de la Academia de Pintura sevillana en los años 1670 y 1674, pero desde su fundación en 1660, participó en sus tareas ocupando los cargos de fiscal y cónsul y, como tantos otros, además de las cuotas, llegó a costear personalmente el importe del carbón, el aceite e incluso el salario de los modelos.
     Ceán Bermúdez indica que en las tareas de enseñanza no hubo nadie tan liberal, aconsejando y corrigiendo a los discípulos mientras dibujaba con ellos. Al morir, muy pobre y tras una larga enfermedad, fue enterrado en la parroquia del Salvador.
     Schut fue el más importante de los pintores de Flandes que trabajaron en Sevilla. Su relación con las redes de mercaderes flamencos, genoveses o vascos, que conectaban la ciudad con Cádiz y otros enclaves en la Península, hace que se pueda encontrar parte de su obra en diferentes ciudades, dado el prestigio que alcanzó su taller. Un ejemplo es la serie de diez pinturas relatando la vida de Cristo y la Virgen que realizó para la Basílica de la Purísima Concepción de Elorrio (Vizcaya), de la que se conservan en la misma la Anunciación y la Natividad.
     Fue un buen dibujante y un destacado retratista pero, para analizar su estilo pictórico, hay que tener en cuenta, además de su formación inicial en Amberes, que el prestigio de Murillo, acrecentado durante el siglo xviii, obligó a algunos pintores contemporáneos, y sobre todo de las generaciones siguientes, a adaptarse a sus maneras, tan demandadas por la clientela. A pesar de esta circunstancia, Schut muestra una expresividad propia que permite identificar sus obras a pesar de no estar firmadas.
     El repertorio temático de Schut fue muy amplio, la Hermandad Sacramental de San Bartolomé en Sevilla le encargó un lienzo que aún atesora, Ángeles adorando la Eucaristía. También se conocen dos bodegones de su mano, uno de ellos firmado en 1675. Por otro lado, cabe destacar la Santa Cena, pintada en 1659 según una estampa flamenca para la iglesia de Santa Clara de Montilla (Córdoba), la Anunciación, que se guarda en una colección particular de Málaga, la Huida a Egipto, que pintó en 1668, de colección madrileña y la Asunción de la Virgen de 1669 del Fórum Filatélico. Sin embargo, parece que representó con mayor frecuencia el tema de la Inmaculada, como las conservadas en los Museos de Sevilla y Córdoba, en el Convento de padres Jesuitas del Sagrado Corazón de Sevilla y, otras dos, en colecciones particulares de Madrid. Entre los retratos que realizó, destacan las efigies del Venerable Contreras y de Sor Francisca Dorotea, así como el retrato del Arzobispo don Antonio Paíno, pertenecientes a la Biblioteca Colombina de Sevilla, también el del fraile Domingo de Bruselas, conservado en el Museo de Sevilla y firmado en 1665.
     Por último, en el Convento de San José de Sevilla se encuentra el retrato de la Madre Gregoria Fernández de Santa Teresa y su hermana Úrsula de Santa Rosa.
     En Cádiz se conservan varias obras de Schut: en 1668-1669 pintó para la Catedral las imágenes de Santa Teresa y San Firmo. La sacristía de la parroquia de San Antonio está decorada con un tema habitual en su producción, el pequeño Niño Jesús dormido sobre la Cruz. Hacia 1669-1670 también retrató a un destacado comerciante instalado en esta ciudad, el italiano Juan Bautista Priaroggia (Ana Aranda Bernal, en Biografías de la Real Academia de la Historia)
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Más sobre la Sala II del Conjunto Monumental de San Luis de los Franceses, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 9 de julio de 2023

Los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada al sureste de la provincia, a orillas del Río Tinto en la Tierra Llana, constituye una zona de transición entre la costa y el Andévalo.
Reseña histórica breve
     Históricamente Niebla ha constituido un enclave fundamental dentro de la región de Andalucía, constituyendo la capital histórica de la comarca de El Condado y de un amplio territorio que se extendía desde más allá de la ciudad de Sevilla hasta la zona del Algarve portugués.
     Existen pruebas arqueológicas y documentadas de distintos asentamientos y establecimientos de pueblos y culturas, y así se la ha conocido como Ilípula por los tartesos, Ilipla por los romanos, Elepla por los visigodos, Labla por los musulmanes hasta llegar al nombre actual tras la Reconquista.
     Los primeros yacimientos datan de la Edad del Hierro, con restos neolíticos y necrópolis dolménicas. De la época tartésica se han encontrado joyas como un anillo de oro representando una diosa cuidando de un niño. Los fenicios se comunicaron con el mar para transportar los materiales extraídos de la zona minera a través del Río Tinto, navegable en aquellos tiempos hasta la ciudad.
     En la época romana su importancia económica y administrativa se construyó una calzada que unía la desembocadura del Río Guadiana con la ciudad de Itálica, unas termas, un acueducto y se reforzaron las murallas. Durante la dominación visigoda la ciudad alcanzó gran prestigio civil, militar y se constituyó una sede episcopal.
    Con la llegada de los árabes se convirtió en una Cora o unidad administrativa, y posteriormente en Reino de Taifa extendiéndose hasta el parte del Algarve portugués.
    En 1262 Alfonso X el Sabio reconquistó la ciudad y las zonas colindantes y le concedió Fuero Real. En 1369 pasó a ser Condado de Niebla, propiedad del Conde de Guzmán lo que favoreció su crecimiento con la construcción de templos, palacios y el emplazamiento de órdenes religiosas. Posteriormente fue concedida al Duque de Medina Sidonia.
     Durante el siglo XVII sufrió un período de decadencia que culminó con el Terremoto de Lisboa de 1755, que afectó a toda la zona oeste de Andalucía destruyendo gran parte de sus poblaciones.
    En 1982, fue declarada Conjunto Monumental Histórico-Artístico.
Patrimonio artístico y cultural
     La Villa ha sido declarada Conjunto Histórico Monumental.
     Muralla de Niebla, de la época árabe, de origen tartésico.
     Puente Romano a orillas del Río Tinto.
     Iglesia Santa María de la Granada, antigua Mezquita de estilo gótico-mudéjar.
     Castillo de los Guzmanes, construida sobre una alcazaba.
     Hospital Medieval Nuestra Señora de los Ángeles.
     Iglesia de San Martín y su Señor de la Columna, antigua sinagoga.
     Capilla de los Santos Mártires Walabonso y María.
     Ermita de Nuestra Señora del Pino.
     Archivo Histórico de Niebla.
     Archivo y Biblioteca de Doña Elena Wishaw.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas TóSantos, del día 30 de octubre al 2 noviembre.
     Jornadas Medievales, del día 30 de octubre al 2 de noviembre.
     Festival de Teatro y Danza “Castillo de Niebla”, meses de julio y agosto.
     Fiestas Patronales de San Walabonso, el día 7 de junio.
     Fiestas del Tostón, en febrero.
Recursos económicos y sociales
     Niebla depende sobre todo de la industria, y del sector servicios. También cabe destacar la artesanía, los trabajos con hojas secas de la palma, o la producción de tamboriles.
Gastronomía
     Los platos que se ofrecen son variados, como los revoltillos, la caldereta de cordero, o las habas enzapatás (Diputación Provincial de Huelva).
        Etimológicamente, Niebla procede de Elepla o llipla, que en época musulmana derivó en Lebla o La­bla, siendo luego castellanizado como Niebla. Fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1982. La ciudad de Niebla, situada a 29 Km. de la capital, pertenece al partido judicial de Moguer. Se eleva sobre una pequeña loma, a una altura de 45 m. sobre el nivel del mar, al pie del río Tinto, que la circunda. Tiene una población de 3.953 habitantes, que fundamentan su economía en la agricultura y ganadería, en la fabricación de cementos, en la extracción de sílices y cuarzos, en serrerías, y en el sector de servicios.
     Niebla ha sido un lugar privilegiado, en cuanto a su emplazamiento estratégico y poblacional. Se ubica en el cruce de dos importantes vías de comunicación: una norte-sur, que relacionaba la zona minera septentrional con el sur agrícola y ganadero, y otra este-oeste, que enlazaba la región del Algarve portugués con Sevilla y la comarca del Aljarafe.
       Su historia se remonta a la época de las primeras colonizaciones orientales. Posiblemente tuviese su origen en época púnica, por su emplazamiento defensivo en zona navegable: los fenicios llegarían como colonizadores para la explotación minera. Ptolomeo menciona a Niebla como zona de la Tartéside, siendo llamada Ilipa, y más tarde Ilipla o Illípula. Durante la época romana fue considerada dentro de la categoría de plaza fortificada, y figuraba como un lugar importante en el camino de Itálica. Como Écija, Zaragoza o Mérida, la población se desarrolló en función de la defensa de un puente, de estratégico interés. Llegó a alcanzar tal preponderancia que incluso se le autorizó a acuñar moneda. Durante la época visigoda fue sede episcopal, sufragánea de Sevilla. Por entonces, la ciudad es conocida como Elepla o Elipla, y su término llegaba a constituir unas 300 leguas cuadradas.
     En el año 712, Musa-ben-Nussayr asedia la ciudad, y en abril o mayo de ese mismo año su hijo Abdul-Aziz se hace dueño de la misma, estableciendo capitulaciones con los habitantes hispanogodos, que, mediante el pago de un impuesto personal, reciben la consideración de protegidos, o dhimníes. Durante el Emirato Dependiente (714-755), Niebla sólo se vio alterada, en 741, por la instalación en su término de los árabes sirios de Émesa, que habían llegado bajo el mando de Baly, para sofocar las continuas revueltas de los bereberes, descontentos con el reparto de tierras. Niebla, al igual que el resto de Al-Ándalus, se vio inmersa en varios conflictos sociales, por la difícil convivencia entre musulmanes árabes, bereberes, sirios, muladíes y mozárabes. Los musulmanes mantienen el recinto amurallado de la época romana. Acomodando a su lengua el vocablo Elepla, lo transforman en Lepla, Lebla o Labla.
     El reino de Lebla sufre pronto la ofensiva de los reinos cristianos de Portugal y de Castilla. El rey de Portugal, Sancho II, y las Órdenes Militares del Hospital y de Santiago se adentran en territorio de Ibn Mahfuz, a ambos lados del Guadiana, en 1239-1240. En 1248 fue tomada la ciudad de Sevilla por Fernando III el Santo. Poco tiempo después, en 1251, Ibn Mahfuz, presionado por el avance de Alfonso III de Portugal, prefiere ceder la soberanía al príncipe Alfonso de Castilla, y Lebla queda como vasallo de Castilla. Pero en 1255 el rey de Portugal hace actos de soberanía en zonas fronterizas de Niebla, e, incluso, el infante castellano Enrique intenta conquistar por su cuenta el reino de Lebla. Por lo que Alfonso X toma la iniciativa de incorporar definitivamente Niebla a la corona castellana, por vía de conquista, lo que asentaría de una vez por todas el poder castellano desde el Guadiana hasta el Guadalquivir.
     Los problemas de la repoblación y los conflictos políticos hicieron que estas tierras pasaran de jurisdicción realenga a señorial. Así, el Condado de Niebla quedó constituido por merced de Enrique II de Trastámara a favor de Juan Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, señor de Sanlúcar de Barrameda, el primero de mayo de 1368. Su jurisdicción se extendía por toda una franja transversal de la actual provincia de Huelva (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Recinto totalmente amurallado, situado en un pequeño promontorio elevado, al noroeste de un meandro del Río Tinto, junto al histórico eje de comunicación entre Sevilla y Huelva, y dominando el paso del Río (puente Romano). El interior del Recinto se encuentra entre los 30 y los 45 metros de altitud. Sus altitudes más significativas son: Castillo, 45,0 m.; Puerta del Agua (al sur), 24,8 m.; Acceso oeste (Ctra. de Huelva), 9,5 m.; Puente Romano, 27,2 m.
     El núcleo se presenta como un recinto amurallado de forma elíptica, con su dimensión mayor en dirección Este-Oeste y con una ligera pendiente de Norte hacia el Sur y del Este hacia el Oeste, quebrándose bruscamente al llegar al borde del Río Tinto, apareciendo unos escarpes que fueron motivo de la creación de la ciudad en épocas en las que el carácter defensivo venía profundamente ligado a la localización topográfica.
     Recinto fortificado, del que se conservan los paños de muralla en todo su perímetro, con 6 puertas (algunas modificadas) y restos del Castillo o Alcázar en su extremo norte (en el punto más elevado y cercano al camino y al puente). En el interior, trazado de calles estrechas pero de tramos rectos, con manzanas trapezoidales, parcelario irregular con mayoría de parcelas de frente estrecho y fondo más importante.
     Las manzanas son en su totalidad cerradas, salvo dos, localizadas cerca de la Puerta del Agua, que adoptan una disposición lineal, localizándose la edificación principal en una fachada y las secundarias en la posterior, definiendo así, una vía de servicio o trasera.
     En cuanto a los sectores urbanos persisten arrabales históricos apoyados en la carretera (lineales) y crecimientos recientes con trazados autónomos casi regulares.
     Niebla es Conjunto Histórico-artístico por sus murallas y edificios singulares, nunca por su caserío que es uno de los de menor interés de la comarca. Se observa la disposición de las edificaciones en los bordes de las manzanas, definiendo una tipología de viviendas unifamiliares entre medianeras, con patios traseros destinados a colocar edificaciones secundarias de la principal. Son edificios de una planta, apareciendo tan sólo dos edificios de más de dos plantas.
     La edificación adopta una ocupación de parcela típica de las localidades rurales, caracterizada por una edificación principal, alineada con el espacio público y con fondo más o menos variables, pero de dos a cuatro crujías máximo. La mayor altura se da en este cuerpo principal, siendo muy normal el que esta ocupe las dos primeras crujías de la edificación, reservándose el resto a terraza visitable. El interior de la parcela se ocupa con edificaciones auxiliares de una planta, y con tratamientos arquitectónicos de menor calidad, en cuanto materiales y acabados.
     Las cubiertas son mayoritariamente de teja, con uno de los paños dando a la calle, apareciendo en alguna de las edificaciones el pretil destinado a impedir la visión de la teja desde la vía pública.
     No se ha producido una transformación de la trama urbana en los últimos años, salvo algunas incorporaciones realizadas en los años 40 y 60 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       Niebla aparece antes de cruzar el puente y se define de forma más rotunda cuando se deja atrás la fábrica hormigonera que roba protagonismo a las almenas. Sorprende encontrar un espacio amurallado tan vasto y tan reciamente protegido, no sólo en la zona más accesible de la villa, sino también en los lugares donde el cauce del Tinto actúa como foso. Niebla se yergue como un símbolo del poder nobiliario a partir del siglo XIV, cuando la familia Guzmán tomó posesión de estas tierras y definió un extenso alfoz que abarcaba el territorio del Condado y gran parte del Andévalo, y llegaba hasta la ciudad de Huelva.
     Hoy es un recio perímetro de murallas que alberga en su interior un caserío que apenas conserva las trazas medievales. El medievo y su espíritu, sus proezas y crueldades, sus refinamientos cortesanos y mazmorras sombrías se muestran en el antiguo castillo donde en verano se organizan espectáculos teatrales. Allí, aprovechando el espacio definido por las torres y los cubos, se recrea de forma descarnada la Edad Media y se ilustra al visitante sobre la privacidad de las damas y los instrumentos de tortura, sobre las habilidades del neblí y las propiedades defensivas del alcázar.
     Fundada posiblemente en época fenicia, Niebla tuvo consideración de fortaleza en tiempos romanos, llegando incluso a acuñar moneda. Fue una importante ciudad islámica conocida con el nombre de Lebla. A mediados del siglo XIII, el enclave cedió la soberanía al reino de castilla y en 1368 pasó a estar bajo el dominio de don Juan Alonso Pérez de Guzmán y a constituir el núcleo del Condado de Niebla, que abarcaba una gran franja de terreno en la provincia de Huelva.
     Gran parte del recinto fortificado que hoy se ve fue construido en el siglo XII, aunque en el XV se reforzó con un alcázar. La cerca, que se extiende hasta alcanzar los 2 km de perímetro, consta de 41 torres y 5 puertas. Está formada por muros de tapial levantados con la arcilla roja extraída de las orillas del Tinto. Aparecen sillares romanos en distintos tramos, sobre todo en los cercanos al río. Varias puertas interrumpen el discurso amurallado: del Socorro, Embarcadero y Sevilla bordeando la carretera; del Buey y del Agua asomadas al caudal que circunda la loma donde se asienta el caserío.
     La riqueza monumental de Niebla abarca varias culturas y épocas. Aunque reformado posteriormente, del tiempo de los romanos data el puente sobre el Tinto, que extiende en el cauce la solidez de sus tajamares y la reciedumbre de sus arcos. Dentro del perímetro murado se conservan algunos edificios medievales. De la iglesia de San Martín queda un ábside sujetado por poderosos arbotantes y una torre herida por el tiempo. A la luz de la tarde se puede ver el haz de nervaduras que surca la cabecera y converge en la cúpula. En los muros del presbiterio hay todavía restos de pinturas murales. Al lado de la iglesia citada, que alza parte de su fábrica junto a la puerta del Socorro (la más impor­tante de Niebla), se encuentra la capilla del Señor de la Columna, que guarda el Cristo atado a la columna, escultura hecha en barro cocido y policromada. Se cree que fue Pedro Millán quien la realizó hacia el año 1500. Hay otra iglesia, la de Santa María de la Granada, que aprovechó la existencia de una mezquita del siglo XI para configurar sus espacios. Arcos de herradura que descansan sobre columnas visigodas definen las naves de lo que fue el patio y el lugar de oración de las mujeres. El antiguo alminar se levanta en uno de los ángulos, presentando estructura cuadrada en su exterior y circular en el interior. Los dos últimos cuerpos son de época cristiana y lucen arcos donde son visibles las columnas y los capiteles visigodos. El templo gótico mudéjar encierra algunas sorpresas: el llamado "Sillón de los obispos de Niebla", que no es sino una silla del gótico tardío escul­pida en piedra, y un confesionario de ladrillo, que tiene un asiento de mármol con decoración visigoda.
     Desde aquí, siguiendo la calle Puerta del Agua, se llega a la puerta del mismo nombre. Dos robustos arcos de herradura abren un hueco entre sillares que permite acercarse a la vía del ferrocarril y a las aguas del río.
     Junto a la iglesia de la Granada, el edificio que fue ermita y hospital de Nuestra Señora de los Ángeles muestra una portada que atesora años y estilos. En este inmueble construido en el siglo XVI y reformado posteriormente, un patio porticada organiza la antigua capilla y las estancias que acogen piezas arqueológicas y prestan servicios culturales (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Esta ciudad, una de las más hermosas e importantes del antiguo Al-Ándalus, se levanta sobre una pequeña colina a orillas del río Tinto.
Historia
     Es posible que Niebla fuese fundada por los ligures. En todo caso, cuando los cartagineses se apoderaron de ella era ya una ciudad consolidada y fortificada. Tras arrebatársela a los cartagineses, los romanos la reconstruyeron casi enteramente, autorizándola a acuñar moneda. Por entonces era conocida con el nombre de Ilipla.
     En la época cristiano visigoda fue sede episcopal, participando sus obispos en los con­cilios de Toledo. Los musulmanes la llamaron Lebla (La roja) y en su tiempo alcanzó su mayor importancia. Llegó a ser cabeza de un reino independiente cuyas fronteras abarcaban la actual provincia de Huelva, parte de la de Sevilla y el Algarve portugués. En 1262 fue conquistada por Alfonso X, pasando algún tiempo después a poder de don Juan Alonso de Guzmán, primer conde de Niebla. A partir de aquí entra en un periodo de continua decadencia. Incluso en 1508 fue saqueada por el propio rey Católico para incorporarla a la corona.
Gastronomía
     La cocina leblense sigue las pautas de las tierras del interior de la provincia. Tres son los platos de más dilatada tradición: las habas enzapatadas, cocidas con sal; la caldereta de cordero y los revoltillos con tomate. Estos platos se acompañan con los magníficos vinos del condado.
Artesanía
     La "empleita", trabajos con hojas de palma, se utiliza desde tiempo inmemorial en labores como bolsos, cestas y alfombras. Dignos de mención son los bordados, la cerámica y la elaboración de esencias de plantas naturales.
Fiestas
     El Carnaval, en el mes de febrero, es una fiesta muy concurrida. El Viernes Santo se celebra un emocionante Vía Crucis alrededor de la muralla. En la primera semana de junio tienen lugar los festejos en honor de San Walabonso, patrón de la ciudad.
     Entre julio y agosto se celebra el Festival de Teatro y Danza, que se lleva a cabo en el sugestivo marco del castillo.
Visita
     La gran muralla* que cierra por completo el perímetro de la ciudad es, en su estilo, la más com­pleta e importante de cuantas se conservan en España. Es obra almorávide, construida sobre otra anterior de época romana. Debió terminarse hacia 1130. Posee cinco puertas: la del Buey, de estilo almohade; la del Socorro, por haberse descubierto en ella una imagen de esta Virgen, del siglo XVI; la de Sevilla, la del Agua y la del Embarcadero, que mira al Tinto y está prácticamente derrumbada.
     En el interior, en la cara norte de la muralla, se levanta el castillo. De origen romano, ha sido ocupado ininterrumpidamente hasta fecha reciente, habiendo sufrido las lógicas reparaciones llevadas a cabo por sus sucesivos ocupantes: visigodos, árabes y condes de Niebla. El cuarto conde construyó una torre del homenaje que no tenía nada que envidiar a la Giralda de Sevilla. Desgraciadamente se derrumbó durante el terremoto de Lisboa de 1755.
     En la plaza de Santa María, frente al Ayuntamiento, se encuentra la iglesia de Santa María de la Granada*, que en su origen fue una catedral bizantina man­dada construir por el obispo Basilio. Posteriormente se transformó en mezquita árabe, sufriendo su última remodelación en el siglo XVI, siguiendo las pautas del estilo gótico-mudéjar (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Alcazaba - Castillo de los Guzmanes
     La alcazaba, residencia de los gobernantes musulmanes de Niebla, se hallaba situada como punto estratégico en la parte nordeste del recinto, entre la puerta de Sevilla y la del Socorro. De ella tan sólo nos han quedado algunos vestigios de su presencia, en el flanco norte, que co­incidía con el muro de la cerca. En él se conserva una torre islámica, embutida en la torre del homenaje del alcázar cristiano. El castillo es de planta rectangular, y cuenta con un doble recinto amurallado, con un espacio intermedio. El más exterior lo compone un fuerte muro, que rodea el conjunto, con torres cuadradas, cilíndricas y poligonales, y matacanes en las esquinas. Del antiguo esplendor queda como testimonio el arco conopial gótico de la torre del Homenaje, de fines del siglo XV, en cuyo remate aparece tallado el escudo de la casa condal de Niebla: el caldero orlado de castillos y leones (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Está situado en la zona noroccidental del Conjunto Histórico de Niebla, entre las puertas de Sevilla y la del Agujero.
     La fortaleza ocupa una amplia manzana delimitada por las calles Castillo, Campo Castillo, Orta Boza y la carretera de Huelva-Sevilla, que incluye algunas edificaciones que se han adosado al edificio.
     El castillo consta de dos recintos. El primero, el castillo propiamente dicho y el segundo, un perímetro defensivo exterior que rodea al edificio interior por completo.
     El alcázar, en la actualidad, se presenta protegido por diez torres (seis cuadradas y cuatro cilíndricas), construidas, al igual que los lienzos de muros, en mampostería con zócalos y aristas de sillería en las esquinas. Cuenta con abundantes troneras características del tipo "cruz y orbe". En su flanco norte, el lienzo del castillo se confunde con el propio recorrido de la muralla que rodea toda la villa, al encontrarse la fortaleza adosada a este recinto murado.
     El recinto interior consiste en un rectángulo subdividido en otros dos por un muro central prácticamente desaparecido.
     Uno de ellos sería el patio de armas donde se hallaban las caballerizas y otras dependencias militares. El otro patio es de carácter doméstico y residencial, donde se encuentra la torre del homenaje, que se convertía en el último reducto defensivo en caso de ataque. Esta torre, muy afectada por el terremoto del 2 de noviembre de 1755, es de planta cuadrada.
     El recinto exterior está constituido por la muralla norte, que se sustituirá durante el s. XVII por encontrarse muy deteriorada, construyéndose la actual de muros esquinados en ángulo agudo y en talud. El resto del recinto defensivo exterior, en los lienzos sur, oeste y sureste, se defiende con una gruesa cerca donde se sitúan seis torres poligonales. Dos de estas torres, de planta cuadrada, protegerían en la zona occidental la entrada al castillo.
     Estos lienzos, que se corresponden con las calles Castillo, Campo Castillo y Orta Boza, estan quedando libres progresivamente.
     En la década de los 60, tras los intentos de Wishaw, se comienza a realizar de forma sistemática, diferentes intervenciones de restauración, limpieza y consolidación. El castillo se encuentra en la actualidad mejorado estética y estructuralmente.
     Cuenta con una zona de exposiciones en las torres y en el interior y sótanos de las defensas abaluartadas del flanco norte. Por otro lado, el patio de armas se configura como marco para diferentes actividades culturales, destacando la celebración anual del Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla.
     A pesar de que algunos cronistas afirman la existencia de una ciudadela romana, que debió estar situada en el lugar que hoy ocupa el castillo, no hay constancia arqueológica de ello.
     Hay, en cambio, testimonio de una importante edificación de esta época, junto a la Puerta de Sevilla, así como una gran profusión de sillares romanos en los cimientos y esquinales de las torres de la fortaleza y muralla.
     Niebla poseyó una alcazaba en época musulmana, que es entregada al rey castellano en la rendición de la ciudad en 1262. Posteriormente la villa, y con ella el alcázar, se entrega al señorío de los Guzmán (1367), estos la repararon y reconstruyeron en parte. En los últimos decenios del siglo XV o principios del XVI es cuando se construye el castillo. Don Enrique, cuarto Conde de Niebla y segundo Duque de Medina Sidonia, fue el único representante del linaje de los Guzmán que habitó alguna vez el castillo.
     Los constructores de este magnífico edificio fueron alarifes mudéjares traídos expresamente para ello; estas personas llegaron a constituir una importante colonia en la ciudad cuyas relaciones fueron reglamentadas mediante ordenanzas en 1493.
     A fines del siglo XVII o principios del XVIII debió construirse la barbacana norte sobre los restos de la antigua, que estaba ya muy deteriorada en 1615.
      Todo el recinto, y especialmente la torre del homenaje, sufre enormes daños con el terremoto de Lisboa de 1755.
     El mariscal Soult, durante la Guerra de la Independencia, repara muros de su cerca y abre troneras en los muros de la barbacana para la artillería, en 1810. Es la última vez que este edificio cumple su función militar. Pero en 1812, antes de su retirada vuela el edificio y lo deja completamente derruido.
     Desde esta fecha se convierte en un lugar de vivienda de personas marginales, hasta que en 1935 Mrs. E. Wisah intenta desalojarlas de allí, para lo cual construye una barriada. Se construye a finales del siglo XV o principios del XVI.
     En la década de los 60, el arquitecto D. Rafael Manzano restauró el muro norte del primer recinto que estaba destruido y actuó en el muro del homenaje. También actuó en el patio principal, encontrando la cimentación y la organización de las crujías interiores. Es obra suya también la escalera del patio principal.
     En los años ochenta se realizaron obras de limpieza y consolidación de parte del castillo por el arquitecto D. Manuel López Vicente.
     La Escuela Taller de Niebla y el proyecto Arqueológico de Niebla han realizado trabajos de rehabilitación de la zona de la barbacana norte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla de los Santos mártires Walabonso y María
     En el antiguo arrabal, extramuros de la ciudad, se ha construido en 2001 una capilla dedicada a los santos mártires iliplenses, Walabonso y María.
     La imagen de San Walabonso, en madera po­licromada, es una obra escultórica firmada por Joaquín Gómez del Castillo, Huelva, 1940. El santo diácono iliplense es patrono de la ciudad desde 1770. La figura de la mártir Santa María de Niebla ha sido tallada en madera por Francisco García Chaparro, en 200l (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capilla del Señor de la Columna
     Adosada a la iglesia de San Martín se encuentra la Capilla del Señor atado a la columna.
     Es de planta cuadrada, con bóveda octogonal sobre trompas aristadas. Frente a la puerta de ingreso hay un arco apuntado, que comunica con un espacio rectangular, con bóveda de aristas semejante a las de Villalba, del siglo XIV. En el interior, hay un retablo de madera jaspeada en gris, con decoración de rocallas, pinjantes dorados, etc. de fines del XVIII. A la derecha de la entrada, frente a la única ventana que ilumina el interior, hay un retablo dorado, del XVIII, que se enriquece con decoración de rocallas, guirnal­das de hojarasca, y tres lienzos, dos de los cuales representan a Santa Teresa y San Bernardo y el tercero, de San Juan Bautista, que se halla en el ático. Lo preside la devota efigie del Cristo atado a la columna, escultura en barro cocido y policromado, atribuible a Pedro Millán, hacia 1500. El paramento se decora con pinturas murales, dieciochescas, muy repintadas, que completan la arquitectura del retablo con columnas adosadas a pilastras dobladas, trozos de entablamento, copete con el Padre Eterno, ángeles, querubines (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles
     Este antiguo edificio hospitalario se ubica en la Plaza de Santa María, y está dedicado a Casa de la Cultura. Actualmente, el edificio conserva aún la impronta de su primitiva funcionalidad. Sin embargo, su fábrica aparece muy transformada. A juzgar por los restos tectónicos, es posible localizar distintas etapas constructivas, que arrancan de comienzos del siglo XVI.
     Todas las dependencias del inmueble giran en torno a un patio, de fines del siglo XVIII, en cuyo centro se ha instalado una fuente, compuesta de un capitel de pencas invertido, de época vi­sigoda, y una taza de fuente romana, formada de un antiguo capitel corintio. El patio, de planta trapezoidal, originalmente debió constar de dos cuerpos superpuestos, aunque por el costado meridional se añadió más tarde un tercer piso, que repite el esquema compositivo del resto de la obra. La planta baja aún presenta por tres de sus lados sendas crujías.
     Alrededor de estas galerías porticadas, en ambas plantas, se disponían las enfermerías de verano y de invierno, las primeras en el bajo, y las otras en el principal. En efecto, en la planta inferior, en el flanco sur, se conserva una sala subdividida, según el  modelo hospitalario en dos naves mediante una arquería central. La ar­quería de la planta baja tiene un primer tramo, caracterizado por los soportes cilíndricos de la­drillo, que soportan tres arcos: los dos primeros, de medio punto peraltados; el tercero, rebajado. El segundo tramo se caracteriza por los soportes rectangulares achaflanados y los arcos carpaneles. En la planta alta está la Biblioteca y Archivo Histórico. En ella se conserva un estante de ma­dera, con decoración geométrica de cuarterones, rombos, lacería, pinjantes, y pinturas que imitan jaspeados, elementos florales y querubines, de 1742.
     En una salita se reúne una pequeña colección de piezas arqueológicas. En el ángulo Noroeste se halla la capilla del antiguo hospital. Su fábrica mudéjar tiene planta cuadrada, cubierta con bóveda de crucería simple. Los arcos están labrados en ladrillo, mientras que las nervaduras y arcos, torales y formeros, son de sillería. El presbiterio tenía, en principio, un doble arco triunfal: uno, de perfil apuntado y molduración gótica, que abría a la nave; y otro, a la derecha, que comunicaba con la sala del hospital, desde donde los enfermos podían seguir las celebraciones. En su interior, pintada sobre el muro del presbiterio, recibía culto su titular. Se trata de un fresco, retocado al óleo, que representa una sa­cra conversación, obra anónima de la segunda mitad del siglo XVI. Representa a una Virgen sedente, con el Niño Jesús sobre su regazo, está flanqueada por el arcángel San Miguel y el diácono San Lorenzo.
     La fachada del edificio combina características arquitectónicas diferentes. En ella destaca la portada, de marcado ritmo ascendente. Se compone de tres cuerpos superpuestos. El inferior, trabajado en ladrillo en limpio, sobresaliente, presenta un arco conopial, de principios del siglo XVI. Sobre esta portada mudéjar se dispuso un balcón con triplicado enmarque, provisto de orejetas en los vértices superiores, que constituye el núcleo central de la actual portada. Más arriba hay un azulejo polícromo con la titular del hospital (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     De entre las mezquitas contenidas en Niebla, destaca por su proximidad a la mezquita mayor, la que luego fue capilla de Ntra. Sra. de los Ángeles que formaba parte del hospital de la ciudad.
     Los restos más antiguos que han llegado hasta nosotros acreditan: una iglesia con presbiterio de planta cuadrada cubierto por bóveda de ojivas, labrada en ladrillo pero con herraduras y arcos torales y formeros de sillería. Este presbiterio tuvo un doble arco triunfal. El principal, de perfil apuntado y molduración gótica, abría a una única nave cubierta con artesonado mudéjar de par y nudillo.
     El testero de la derecha abría por otro arco a una nave, hoy desaparecida y ocupado su solar en la actualidad por el patio posterior allá existente. Esta nave era la del hospital, que ventilaría a un patio, agrandado luego, y colocada en posición de poder seguir los enfermos desde sus lechos los oficios divinos.
     Durante los siglos XVII y XVIII se amplia y modifica el edificio pero repitiéndose viejos modelos medievales.
     La primitiva sala hospitalaria se derribó y se construyeron dos de mayor tamaño. En el centro del espacio disponible se labró un patio muy sencillo y de traza neoclásica con huecos de medio punto apoyando en pilares. En el cuerpo alto se cegaron luego los arcos sustituyéndolos por ventanas.
     En el exterior se produjo una notable alteración de la fachada; surgió un cuerpo nuevo, el de la enfermería, tras el ábside, con una bella altana para tendero a la calle lateral y a nivel de tercera planta, decorada con arcos enmarcados por pilastras. Se labró una espadaña barroca sobre la primitiva puerta gótico-isabelina del s. XV con arco conopial labrado en ladrillo aplantillado. Esta espadaña perdió posteriormente sus columnas laterales.
     El cuerpo del presbiterio mudéjar quedó desfigurado y la iglesia se dividió en dos plantas, con notorio carácter civil.
     El edificio, perdió su primitivo uso y sirvió luego de ayuntamiento, prisión, juzgado y también de escuela de costura.
     Se tabicaron sus piezas y se perdió prácticamente la iglesia que conserva una pintura medieval de la Virgen en un marco y un precioso armario del antiguo archivo del hospital.
     Degradadas sus fábricas, y alterada su distribución el Excmo. Ayuntamiento de Niebla en colaboración con la Dirección General de Arquitectura, ha restaurado gran parte del edificio, adaptándolo al nuevo uso de la Casa de Cultura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestra Señora del Pino
     La Patrona de Niebla, Nuestra Señora del Pino, es venerada en su ermita, situada junto al arroyo Lavapiés, a 5,5 Km. de Niebla por la ca­rretera de Valverde. La tradición, narrada por fray Felipe de Santiago en 1714, sitúa el origen de la devoción en 1480, aunque la advocación y la iglesia de Nuestra Señora de Lavapiés están documentadas desde 1349. La anterior ermita estaba situada a 4 Km. de la ciudad, pero por lo accidentado de su emplazamiento, se levantó en 1973 una nueva, junto a una frondosa alameda, con un amplio recinto a su alrededor. La imagen actual de la Virgen del Pino es una talla en ma­dera policromada, que reemplaza a la que fue destruida en 1936, y fue realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1942, y restaurada por Antonio León Ortega en 1973 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Alcazaba - Castillo de los Guzmanes; Capilla de los Santos mártires Walabonso y María; Capilla del Señor de la Columna; Ermita y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles; y Ermita de Nuestra Señora del Pino) de la localidad de Niebla (I), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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miércoles, 14 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Colegio de las Hnas. de la Caridad de Sta. Ana; Ermita del Señor de la Columna; e Iglesia de Ntra. Sra. de Gracia) de la localidad de Alosno, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Colegio de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana; Ermita del Señor de la Columna; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Alosno, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     En la Comarca del Andévalo.
Breve reseña histórica
     El pueblo de Alosno se fundó en su emplazamiento actual en el año 1.444, por traslado forzoso desde el lugar llamado El Portichuelo, distante a pocos kilómetros. El traslado se debió a la repercusión poco saludable que en nuestros antepasados producían las aguas ácidas procedentes de las minas, perjudiciales incluso para el ganado y la agricultura. De este lugar tenemos referencias desde la segunda mitad del siglo XIII en que Alfonso X El Sabio reconquistó las tierras pertenecientes al Ducado de Medina Sidonia.
     A partir de 1.812, con la desaparición de los señoríos, Alosno se convierte en villa, conociendo algunos momentos de máximo esplendor y prosperidad basados en la industria y el comercio.
     Desde finales del siglo XIX hasta hace pocos años, la economía de Alosno se basó fundamentalmente en la minería, recurso éste que, debido a la crisis del sector, se encuentra en decadencia absoluta en la actualidad.
     El carácter emprendedor y aventurero del alosnero lleva a tres de ellos, D. Manuel Rebollo Orta, D. Juan Mateo Jiménez Toronjo y D. Francisco Limón Borrero a hacerse cargo de los impuestos estatales (consumos) de toda España en el año 1.905.
Patrimonio cultural y artístico​
     Entre todo el conjunto de la villa de Alosno destaca, por su ubicación, la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Gracia, construida entre los años 1.785 y 1.793. De estilo renacentista de la época, edificada sobre un templo primitivo de estilo mudéjar del siglo XVI, consta de tres naves con capillas en las cabeceras y pilares como soportes.
     Ermita del Señor de la Columna: Es la primera ermita extramuros construida en la provincia (siglo XVI). De arquitectura popular, consta de dos cuerpos y sacristía. En su interior se encuentra la imagen del Señor de la Columna y Cristo de las Aguas.
     Convento de la Congregación de Santa Ana: Casa-Palacio donada por la Condesa de Barbate en el año 1.951 a esta congregación religiosa.
     Conjunto urbanístico de la Calle Real: Esta calle es, quizás, la más emblemática y representativa de la villa de Alosno, habiendo pasado su nombre y características al folklore popular. Es un hecho insólito el que todas sus esquinas estén reforzadas con unos perfiles metálicos de acero, de donde proviene la letra del universal fandango “Calle Real del Alosno, con sus esquinas de acero...”.
     Casa Señorial en C/ Regajillo: (siglo XVII). Arquitectura popular y fachada señorial
     Casa señorial en Calle Nueva: De arquitectura regionalista, construida a principios del siglo XX. Destaca el cierre de los artísticos balcones acristalados y los azulejos biselados.
Fiestas y tradiciones
     Entre las principales fiestas que nos encontramos en Alosno destacan:
     Luminarias de San Antonio Abad: El día 16 de enero se hacen grandes fogatas en honor del santo (protector de los animales) por las que saltan caballos, mulos y burros para que sean protegidos de todo tipo de enfermedades.
     Semana Santa: El Miércoles Santo se celebra la procesión del Señor de la Sangre y María Santísima de la Soledad. El Jueves se lleva a cabo la procesión más típica de la Semana Santa Alosnera: la de los Encuentros. El viernes se traslada el Señor de la Columna a su ermita, donde permanece el resto del año hasta la Semana Santa siguiente.
     Pascua de la Lechuga: El Domingo de Resurrección salida de reuniones de amigos al campo llevando un muñeco de paja que simboliza a Judas, al que se le dispara con escopetas para quemarlo al final de la celebración. Es imprescindible llevar lechuga y el típico bollo de pringue con huevos dentro.
     Cruces de Mayo: Se celebran los dos primeros fines de semana del mes de mayo. Pasadas las doce de la noche se abren las “colás”, típicamente engalanadas, en las cuales las mujeres cantan y bailan al pie de la Cruz, esperando la llegada de las reuniones de hombres quienes, al son de guitarras y fandangos, van por las calles portando un canasto de caña con bebidas.
     Romería de San Antonio de Padua: Se celebra a finales de mayo o principios de junio. El sábado, después de la misa, la procesión recorre algunas calles del pueblo precedida por la danza de las espadas, recuperada después de cuarenta y dos años. El domingo, peregrinos y caballistas acompañan a la carreta del Simpecado camino del lugar donde se celebra la romería.
     Corpus Cristi: El pueblo se engalana con altares y el suelo se alfombra con helechos, juncos y romero (juncia). Al pasar la procesión, los niños recogen la juncia de las calles para hacer camas.
     Fiestas Patronales de San Juan Bautista: El día grande de esta fiesta es el 24 de junio, día de la festividad de San Juan. Las noches precedentes a la fiesta se realizan en la puerta de la Hermandad los ensayos de los Cascabeleros. El día 23 de junio se celebran los toques de vísperas en la Casa-Hermandad. A las cinco de la madrugada el tambor recorre las calles del pueblo tocando la Alborá en las casa de los hermanos más renombrados. El día 24, a las diez de la mañana, solemne procesión del patrón que pasa por las calles del pueblo precedida de la singular danza de los Cascabeleros. Finalizada la procesión y después de la misa, los danzantes ofrecen su danza al santo sin darle la espalda.
     Feria y fiestas de verano: El primer fin de semana de agosto, con verbenas populares y actividades culturales y lúdicas.
     Semana Cultural de la Juventud: Tiene lugar durante la última semana de agosto. Con casi cuarenta años de historia, ha pasado a ser parte del amplio calendario festivo de Alosno. En ella los jóvenes organizan distintas actividades deportivas, culturales y recreativas (competiciones, actuaciones musicales, exposiciones, concursos, etc.).
     Las Jachas: Se celebran el día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción. Las Jachas son gigantescas columnas hechas con gamones (tallos largos y secos), adornadas con banderas y papeles de colores. La noche del día 8 se prenden fuego a las mismas para simbolizar la pureza de la Virgen, acompañándose la quema con cantos populares.
     Romería de la Rama: Es una romería de otoño que se celebra a mediados de diciembre y en la que el pueblo sale al campo para recoger las ramas que adornarán los Portales de Belén de cada casa.
     Fiestas Navideñas: En cada casa se colocan los típicos belenes adornados con las ramas recogidas días antes. Son típicos los villancicos tradicionales del pueblo. Cabe destacar también su colorista y alegre cabalgata de Reyes Magos.
Recursos económicos y sociales
     Agricultura y ganadería y extracciones mineras de pirita y cobre.
Gastronomía
     En la época de invierno son típicos los platos de la matanza del cerdo: olla de coles, pestorejo asado, cachuela, chacinas, etc.  También son muy codiciados los gurumelos, que son unas ricas secas que se crían en la Sierra de Huelva.
     En repostería son muy usuales los dulces fritos: gañotes, hojuelas, pestiños, cagajones de puño, buñuelos de viento, chupepillas, piñas de piñonate, engañabobos y roscos.
    En la Pascua de Resurrección no pueden faltar los bollos de pringue con huevos dentro. También son típicas las tortas “follás”, hechas con manteca y chicharrones.
     Por las Cruces de Mayo es imprescindible degustar las habas “enzapatás”, cocidas con poleo, así como los revoltillos con un buen trozo de pan de pecho mojado en la salsa.
     En las Fiestas patronales de San Juan Bautista es común de ver comer la caldereta y el gazpacho. Por la mañana pueden degustarse alfajores y tortas, regados con aguardiente, que es la bebida alosnera por excelencia.
     Muy popular para mitigar la sed en el verano es la ensalada de pepinos, a base de pepino muy picado, aceite, vinagre, sal y agua (Diputación Provincial de Huelva).
   Se sitúa El Alosno en el centro de la comarca del Andévalo, sobre un suave relieve poblado de dehesas de encinas y modernas plantaciones de cítricos. No obstante, lo más peculiar de su paisaje siguen siendo las cortas de minas explotadas desde la Antigüedad, como, por ejemplo, en "Vulcano» y «El Lagunazo». No se conocen asentamientos visigodos y árabes por este sector de la comarca, que, a finales del siglo XIII, fue reconquistado por Alfonso X e integrado, a mediados de la centuria siguiente, en el Condado de Niebla. El actual núcleo de población parece remontarse al año 1444, cuando los habitantes de una pequeña aldea, conocida como «El Portichuelo», solicitaron permiso al Duque de Medina Sidonia y Conde de Niebla para trasladarse a un nuevo paraje conocido corno «La Dehesa de El Alosno». Desde entonces su población fue creciendo paulatinamente a lo largo del siglo XVI, tendencia que se quebró en el siglo XVII. Por entonces, la actividad minera quedó abandonada, dedicándose sus vecinos a la explotación de ganadería extensiva, a la arriería y al comercio. A finales del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III, se le concedió el título de villa. Su aislamiento, ha hecho del Alosno un lugar donde se han conservado antiguas tradiciones sin apenas cambios, manifestadas en su gastronomía, su folklore y sus hábitos sociales (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     En el centro de la comarca del Andévalo se asienta la localidad de Alosno, villa que se proclama cuna del fandango. Diversos edificios historicistas hermosean el caserío, sobre todo en la calle Nueva y en la Real. Conviene detenerse en la última a examinar los refuerzos metálicos que protegen las esquinas de las casas, elemento carente de valor artístico, pero lleno de un exotismo que no se encuentra en otros municipios. Precisamente al final de la calle Real luce su cúpula y torrecilla con campanillo la ermita del Señor de la Columna. Es un edificio pequeño, popular y barroco, que, pese a la humildad de traza, presenta grandes contrafuertes al exterior, lo que le confiere un llamativo perfil.
     La iglesia parroquial de Nuestra Señora de Gracia alza su grandiosidad de fábrica y su armonía de estilo en una plaza cercana a la calle Nueva. Es un templo barroco de transición al neoclásico en el que, sin menoscabo de su unidad estilística, intervinieron tres arquitectos pertenecientes al arzobispado de Sevilla: José Álvarez, Fernando Rosales y Antonio de Figueroa. Luce un óculo elíptico en el imafronte y conserva los restos de una sillería de coro (sólo 6 escaños) tallada a finales del siglo XVIII.
     Debido a la historia minera que atesora la localidad, forman parte de su paisaje las cortas (explotaciones al aire libre) y la antigua estación de ferrocarril, construida en el siglo XIX (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 

Colegio de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana 
     Este edificio, sin especial interés arquitectónico, guarda, sin embargo, una interesante imagen de la Virgen de la Bella, escultura en madera policromada, obra anónima sevillana del siglo XIX. Fue donada a esta institución de enseñanza por la condesa de Barbate en  1949 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita del Señor de la Columna
     Al final de la calle Real del Alosno, tan frecuentemente mencionada en las letras de los fandangos de la comarca, se encuentra esta pequeña ermita barroca de carácter popular. Consta de una sola nave cubierta de madera a dos aguas, a la que sigue un presbiterio abovedado y la sacristía anexa. En el exterior, destacan sus enormes con­trafuertes, disponiéndose sobre el primero del hastial un pequeño campanario  coronado  por un chapitel piramidal. El blanco encalado de sus muros, resalta su potente volumetría y dota al conjunto de un sencillo encanto.
     En su interior cabe citar la imagen titular, es­cultura moderna, de gran devoción local (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Interesante ejemplo de una arquitectura popular y formal, situada en el casco del pueblo, donde los elementos constructivos que la constituyen su escala y los materiales están empleados con gran corrección, Se trata de una pequeña ermita de una sola nave con cubierta de madera y cúpula semiesférica sobre pechinas, con cubierta de nave a dos aguas con cobertura de tejas, al igual que la cúpula.
     Un arco toral rebajado separa la zona bajo la cúpula por la que se accede a la sacristía, de la nave pequeña propiamente dicha.
     Urbanísticamente, conforma una plaza al retranquearse respecto a las dos líneas de calle.
     Exteriormente destacan dos grandes contrafuertes adosados únicamente al lado derecho ya que el izquierdo hace medianera, y el campanario con un vano de medio punto a cada lado y remate. La portada la componen un vano rebajado con remate ondulado y una sencilla cruz (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia
     Tras la fundación del núcleo urbano de El Alosno, a finales del siglo XV debió levantarse un primitivo templo mudéjar, de modestas dimensiones, para satisfacer las necesidades de culto de la naciente población.
     A finales del siglo XVIII, coincidiendo con la obtención del título de villa y con un importante aumento demográfico -como ocurrió en otras poblaciones de la comarca- los cabildos eclesiástico y secular de El Alosno solicitaron al Arzobispado de Sevilla la renovación y ampliación de este primer templo.
     Para ello, en el año 1784, se desplazó a El Alosno el arquitecto José Álvarez, quien encontró el antiguo templo en mal estado, describiéndolo como de tres naves separadas por pilares, con cubiertas de artesa la central y colgadizos las laterales, y testero formado por capilla mayor y dos colaterales. Como reforma, propuso construir un nuevo buque de una sola nave, con capillas entre contrafuertes y crucero, conservando la cabecera del primitivo templo; aunque previendo la posibilidad de una nueva ampliación futura si ello fuera necesario. Aproba­do el proyecto, las obras debieron empezar de inmediato. En pleno proceso de derribo, el 11 de marzo del año 1785, el arquitecto Fernando Rosales emitió un segundo informe sobre la capilla mayor donde, tras señalar su mal estado al haber reconocido sus muros y cimientos, aconsejó también su derribo, formando una nueva cabecera que se habría de añadir a la nave del citado proyecto de Álvarez. En ella, tras el nuevo presbiterio, colocaba la sacristía y otras estancias anexas.
     Tres meses después, el 11 de junio de 1785, Rosales visitó las obras, encontrando ya realizados los cimientos, dando entonces las condiciones para la realización de los alzados.
     El templo quedó concluido a mediados de 1793, según consta por un nuevo reconocimiento el arquitecto Antonio de Figueroa, quien posiblemente dirigió la última fase de la construcción, añadiendo algunos pormenores ornamentales.
     El resultado final fue un templo monumental, de armónicas proporciones, ajustado en su planimetría a un contorno rectangular, en el que la gran nave mayor, el crucero, el presbiterio, la capilla bautismal y la torre se completan con la sacristía y las dependencias de servicio con máximo rigor y simetría. Sin embargo, en los alzados y portadas se aprecian las formas peculiares de los tres arquitectos que intervinieron en el proyecto, a veces apegados a las tradiciones barrocas y, en ocasiones, más próximos al neoclasicismo, sin menoscabo de una general unidad de estilo que sugiere una autoría con más sentido colectivo que individual.
     Al igual que ocurrió con los demás templos de la comarca, los bienes muebles de la parroquia fueron destruidos, en su mayor parte, en 1936.
     En la actualidad, preside el presbiterio un retablo mayor neobarroco, donado por la condesa de Barbate en 1941. Su hornacina central con­tiene la imagen de la Virgen de Gracia, titular de la parroquia, escultura en madera policromada, realizada por José Rivera García en el año 1942. Completan el programa iconográfico San José, San Juan Bautista, tres relieves que representan la -Anunciación, la Asunción y la Visitación y, en el ático, un Cristo crucificado.
     De mayor interés artístico en este ámbito son seis escaños de madera tallada, restos de la antigua sillería del coro. Los respaldos se decoran con óvalos en relieve, con bustos de santos y profetas entre pilastras corintias y guirnaldas. Estilísticamente, se pueden datar a finales del siglo XVIII o principios del XIX.
     En el lado izquierdo del crucero, encontramos el retablo de la Virgen del Rosario, el único antiguo del templo. Se trata de una estructura de madera tallada de un cuerpo y tres calles, repintada modernamente, compartimentada por estípites y datable en el segundo tercio del siglo XVIII. Contiene un Niño Jesús de talla, repolicromado, de la segunda mitad del siglo XVII. 
     Las restantes capillas del templo, algunas con zócalos de azulejos neobarrocos trianeros de la primera mitad del siglo XX, albergan retablos e imágenes modernas, muchas de ellas de artistas sevillanos, como la Virgen de la Merced, realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1941; la Virgen del Carmen, obra de Manuel Cerquera, del mismo año, y el grupo escultórico de Santa Ana y la Virgen niña, en madera policromada, de Antonio Bidón, de 1942.
     Por último, sabemos que el cantero de Aroche, Miguel de Castro, realizó hacia 1685 una pila de mármol para la capilla bautismal, que se conserva en la actualidad.
     La sacristía, de elegante traza y cuidada mol­duración arquitectónica, conserva un lienzo de la Santísima Trinidad, de la primera mitad del siglo XVIII, con marco de la época, y varias piezas de platería de interés, entre las que destacamos un cáliz y un portaviático con decoración repujada barroca de finales del siglo XVII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).   
     Esta iglesia estuvo asentada sobre un templo de estilo mudéjar, de tres naves, con capillas en las cabeceras y pilares como soportes. Fue construida la nueva edificación por el maestro mayor José Álvarez y se realizó desde 1784 a 1793.
     Intervino también como arquitecto Fernando Rosales, director de arquitectura en la academia sevillana y arquitecto diocesano.
     Iglesia de una sola nave, con capillas laterales que dejan un vano constituyendo el crucero. El transepto se cubre con una cúpula semiesférica sobre grandes pechinas y la nave central con bóveda de medio cañón. A los pies se sitúa la fachada principal, (que consta de una portada con vano de medio punto enmarcado con un par de pilastras a cada lado y arquitrabe con remates. Encima tiene un óculo elíptico entre pilastras y termina por arriba con una forma redondeada semejante a las del crucero que le dan una fisonomía especial. A la derecha está la torre que consta de un primer cuerpo, campanario con huecos de medio punto entre un par de pilastras a cada lado y chapitel piramidal de base bastante menor que la del campanario. A la izquierda e interiormente se encuentra el baptisterio. Las portadas laterales de análogo diseño, consistente en un vano de medio punto flanqueado por pilastras, arquitrabe y remates presentan la particularidad de que una de ellas está encalada y la otra no (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

       Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Colegio de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana; Ermita del Señor de la Columna; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Alosno, en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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