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sábado, 29 de agosto de 2026

Los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla).
     Hoy, 29 de agosto, Memoria del martirio de San Juan Bautista, a quien el rey Herodes Antipas retuvo encarcelado en la fortaleza de Maqueronte, en el actual Israel, y al cual mandó decapitar en el día de su cumpleaños, a petición de la hija de Herodías. De esta suerte, el Precursor del Señor, como lámpara encendida y resplandeciente, tanto en la muerte como en la vida dio testimonio de la verdad (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte los sitios arqueológicos Vereda de San Juan, en Carmona (Sevilla).
Vereda de San Juan I.  Se detectan restos de construcción tales como tegulae, ladrillos, sillares y placas de mármol en un área de unos 1000 metros cuadrados. Parece tratarse de un asentamiento romano, cercano al rio desde donde se domina buena parte del terreno cultivable. Según Ponsich, su actividad debe centrarse, al menos, en torno a fines del s. III d. C. 
Vereda de San Juan II. Se detectan restos constructivos romanos y cerámicos de época altoimperial en un área aproximada de 5000 metros cuadrados.
Vereda de San Juan III. Presenta restos de construcción romanos en un área de unos 900 metros cuadrados.
Vereda de San Juan IV. Restos de construcción romanos junto con cerámica romana amorfa (sigillata hispánica) y cerámica vidriada árabe. Su extensión aproximada es de 900 metros cuadrados.
Vereda de San Juan V. Aparecen restos de tallas de sílex y útiles. En el yacimiento no se detectan cerámicas, sólo material lítico. No se puede valorar su cronología.
Vereda de San Juan VI. Cerámicas a mano y a torno así como restos constructivos romanos. Se trata en un primer momento de un hábitat orientalizante, posteriormente se establece en el lugar un asentamiento rural romano de época imperial. Todo ello en una extensión de 2000 metros cuadrados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan Bautista, precursor del Señor:
EL ÚLTIMO DE LOS PROFETAS DE ISRAEL Y EL PRECURSOR DEL MESÍAS
   San Juan Bautista (en su traducción de los Cuatro Evangelios -1943-, Hubert Pernot sustituyó la denominación usual de San Juan Bautista por la de San Juan el Inmersor, pero la innovación no tuvo eco), el Precursor o, como dicen los griegos, el Prodromos del Mesías, es la "fíbula" viva que une el Antiguo con el Nuevo Testamento. Pertenece al reino de la Ley y al mismo tiempo al reino de la Gracia: ha vivido sub lege y sub gratia. 
   Aunque su historia sea contada en el Nuevo Testamento, no se podría separar de los profetas de la Antigua ley: es el último y el más grande de la estirpe ¿Acaso el propio Cristo no lo ha llamado profeta y más que un profeta? "Hic est enim propheta et plus quam propheta." Pasa por ser la reencarnación del profeta Elías: "Delante del cual irá él, con el espíritu y la virtud de Elías", dice Lucas (1: 17).
   La piedad popular y el arte cristiano siempre le han reservado un lugar aparte de los apóstoles y de los santos. En la Coronación de la Virgen, del primitivo artista de Aviñón Enguerrand Quarton (1453), San Juan esta en las filas de los profetas, en el lado opuesto a San Pedro y a los apóstoles. En la Asunción del Libro de Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet lo sitúa junto a Moisés. A principios del siglo XVI, en su pintura La Adoración de la Santísima Trinidad por todos los santos o de la Santísima (Allerheiligenbild) en el Museo de Viena, A. Durero, fiel a la tradición, sitúa a Juan el Bautista en la cohorte de los justos del Antiguo Testamento, junto a Moisés y el rey David.
   Pero si Juan Bautista es el último de los profetas, también es el primero de los mártires de la fe de Cristo. Merecería, más que el díácono Esteban, el título de protomártir. La Iglesia le rinde el mismo culto que a los santos. En la hagiografía ocupa un lugar análogo al de San Miguel, venerado como arcángel y como santo al mismo tiempo.
   Así se explica que pueda figurar dos veces en un mismo programa iconográfico, donde representa simultáneamente el Antiguo y el Nuevo Testamento. Es el caso de la portada de la iglesia de San Servais, de Maastrich, donde se encuentra en los dos derrames: a la izquierda, pisoteando a Herodes y a Herodías, y a la derecha, bautizando a Cristo en el Jordán.
HISTORIA
   La historicidad de San Juan ha sido discutida tanto como la de Cristo. Ciertos mitólogos lo identifican, como a Jonás, con el dios pez babilonio Oannes.
   El historiador judío Josefo dice sólo que su predicación inspiraba gran esfervecencia en el pueblo, lo cual provocó su detención (Antigüedades judías, Lib. XVIII). Ese relato no concuerda con las fuentes cristianas.
   Brevedad de los Evangelios canónicos. Lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan acerca de su vida puede resumirse en pocas palabras.
   Hijo del sacerdote Zacarías y de Isabel, prima de la Virgen María, recibió el nombre de pila Johanan o Jochanaan. Se retiró muy joven al desierto de Judea para llevar allí una vida ascética y predicar la penitencia. En Jesús, que se hizo bautizar por él en el Jordán, reconocía al Cordero de Dios, al Mesías anunciado por los Profetas. Ese acontecimiento capital habría ocurrido en el año 28.
   Arrestado en el 29, en la fortaleza transjordana de Macarea o Macerón (Mekavar) por el tetrarca de Galilea Herodes Antipas, cuyo matrimonio con Herodías, que era su sobrina y su cuñada a la vez (Herodes no podía justificarse por la ley judía de los levitas puesto que Herodías tenía cuatro hijos de su primer matrimonio), se había atrevido a censurar, fue decapitado sin que Jesús interviniese para salvarlo.
   Sólo en Marcos y en Mateo encontramos el relato de la Pasión de Juan desde su detención hasta su decapitación. El cuarto Evangelio no hace ninguna alusión al hecho, y San Pablo calla al respecto.
   Las adiciones de los Apócrifos. Sobre ese delgado cañamazo bíblico la leyenda bordó innumerables anécdotas que inspiraron al arte cristiano durante siglos.
   Los hagiógrafos desprovistos de imaginación recurrieron a otras fuentes mal disfrazadas. El evangelista Lucas ya había dado un ejemplo en tal sentido, contando el anuncio del nacimiento de San Juan Bautista según el modelo de los nacimientos de Isaac (Gen. 18: 10), de Sansón (Jue. 13:2) y de Samuel (I Rey. :1). El ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le anunció el nacimiento de un hijo que se llamaría Juan. Zacarías, tan escéptico como la vieja Sara, respondió que era demasiado anciano, al igual que su mujer, como para creer en esta buena noticia. Para castigarlo por su incredulidad, el ángel le declaró que permanecería mudo hasta el día en que se realizara la promesa divina.
   La Virgen embarazada fue a visitar a su prima Isabel. Al acercarse Jesús, el niño se estremeció de alegría en el vientre de su madre.
   El mismo día de su nacimiento, contrariando la costumbre judía, recibió el nombre de Juan: tan pronto como su padre Zacarías, que hasta entonces permaneciera mudo, lo escribió sobre una tabla, recuperó la palabra; su lengua se liberó y se repuso de su largo silencio profetizando.
   De acuerdo con una tradición que se remonta Orígenes y a San Ambrosio, y que ha sido recogida por Pedro Comestor y por Jacopo de Vorágine en la Leyenda Dorada. el futuro precursor habría sido recibido en su nacimiento por la Virgen María. Buenaventura cuenta que María tomó en sus brazos al hijo de Isabel. El niño fijaba la mirada en ella como si hubiese comprendido quién era y cuando ella quiso devolverlo a su madre, él inclinaba la cabeza hacia la Virgen y sólo parecía encontrar placer en ella.
   Lucas no dice nada acerca de la infancia de Juan Bautista, pero los Apócrifos colman la laguna. Ahí se inventa la huida de Isabel con su hijo en el momento de la Matanza de los Inocentes, fuga poco motivada puesto que habitaban lejos de Belén.
   Retirado en el desierto (o en los bosques), Juan, vestido con una túnica de pelo de camello, se contenta con alimentarse de langostas (este alimento no tiene nada de anormal para un habilitante del desierto. Todavía en la actualidad los árabes comen sin asco alguno langostas secas, limpias de élitros, que se venden a espuertas en los mercados al aire libre o en los zocos. Han seguido "acridófagos". No obstante, numerosos comentaristas piensan que un asceta sólo podía ser vegetariano y pretenden que la palabra akrides ha sido traducida por langostas pero que debería interpretarse como brotes tiernos o frutas silvestres, quizás algarrobas , que en alemán se llaman Johannessbrotfrüchte -panes de San Juan-. Cf. Henri Grégoire, Les sauterelles de saint Jean-Baptiste, 1930. En inglés el algarrobo se denomina locust-tree, y las algarrobas locust-beans) y miel silvestre (locustae et mel sylvestre). Exhorta a la penitencia a sus discípulos, que lo toman por el Mesías, anunciándoles que el Reino de los Cielos está próximo.
   Después del Bautismo de Cristo deja de predicar. Como Natán censurando el adulterio de David, reprocha al tetrarca de Galilea Herodes Antipas el incesto con su cuñada. Para vengarse, Herodías aconseja a su hija Salomé, que había embrujado al tetrarca con su danza, que le pida como recompensa la cabeza de San Juan Bautista.
   Según el Evangelio de Nicodemo, habría precedido a Cristo en los Infiernos, donde habría servido de anunciador, igual que en la tierra.
   El profeta fue perseguido aún después de su muerte: se contaba que el emperador Juliano el Apóstata, para poner fin al culto que se le rendía, hizo desenterrar y quemar sus huesos.
   Puede advertirse lo que agregan los Apócrifos al relato de los Evangelios canónicos: la presencia de la Virgen en el nacimiento de Juan, la leyenda de la montaña que se abre frente a la madre y al niño, su descenso a los Infiernos donde precede y anuncia a Cristo, la incineración de sus reliquias.
   La ciencia moderna. El descubrimiento de los manuscritos hebreos en el desierto de Judá, al fondo de las grutas cavadas en los cantiles del mar Muerto, en 1947, ha renovado nuestro conocimiento de los orígenes del monacato cristiano. Sobre todo se descubrió que las prácticas y enseñanzas de los Esenios había ejercido profunda influencia en la predicación del Bautista. La traducción de los rollos del mar Muerto sin duda confirmará esta filiación espiritual.
CULTO
   San Juan Bautista es el primero en la jerarquía de los santos. Su primado es reconocido por la liturgia. En las Letanías se lo invoca inmediatamente después de los arcángeles, antes que a San José, esposo de la Virgen. En el Confiteor, su nombre es enunciado antes que el de San Pedro, príncipe de los Apóstoles. San Pedro Crisólogo lo glorifica como un superhombre, el igual de los ángeles: major homine, par angelis.
FIESTAS
   Por un privilegio excepcional, la Iglesia celebra el día de su nacimiento y el de su muerte: su Natividad es el 24 de junio, su Decapitación el 29 de agosto. Ahora bien, sólo hay otras dos Natividades inscritas en el calendario litúrgico, la del Mesías y la de la Santa Virgen.
   Antiguamente había incluso otra fiesta de San Juan Bautista, la de la Concepción de San Juan Bautista. Celebrada en Oriente, en el calendario romano ha sido reemplazada por la Visitación, que conmemora implícitamente la santificación de San Juan en el vientre de su madre.
   La fiesta de la Natividad de San Juan, fijada en junio, seis meses antes de la Natividad de Jesús, se llamaba en otros tiempos Navidad de verano. Durand de Mende nos enseña en su Rational (VII, 14) que entonces, como en la Nochebuena, se cantaba un doble oficio: el primero al anochecer y el segundo a medianoche.
   Más popular todavía, la Pasión o Decapitación, celebrada en agosto, reemplaza fiestas paganas que el cristianismo, consciente de la fuerza de su tradición, supo desviar en su provecho. Los fuegos encendidos en las cimas durante el solsticio de verano, después de la puesta de sol, se convirtieron en los fuegos de San Juan.
RELIQUIAS
   El culto de los santos generalmente está fundado en sus milagros y sus reliquias. Ahora bien, los judíos nunca han atribuido al Bautista un solo milagro y sus reliquias habrían sido reducidas a cenizas.
   Un panegirista de San Juan que escribiera en el siglo XII, se alegra de que éste no haya sido elevado al cielo como Cristo, la Virgen y San Juan Evangelista, porque si hubiese resucitado -agrega, ingenuamente- estaríamos privados de sus reliquias.
   A decir verdad, la historia de la combustión de los huesos de San Juan por órdenes de Juliano el Apóstata resultaba muy molesta porque parecía quitar a los santuarios de la cristiandad toda esperanza de conquistar las reliquias del primero de los santos. En verdad, quedaban las cenizas que los genoveses se jactaban de haber recogido. Pero se las arreglaron para sortear el obstáculo: se supuso que la combustión no había sido total y que un discípulo había conseguido sustraer al fuego huesos que fueron transportados a Alejandría y se difundieron y multiplicaron a través del mundo.
   Numerosas iglesias se disputaban la gloria y las ventajas de poseer las reliquias del Precursor. A causa de una confusión de nombre, se considera que la tumba de San Juan Damasceno en la mezquita de los Omeyas de Damasco contiene el cuerpo de San Juan Bautista.
   Los Juanistas o Caballeros de San Juan habrían recogido un brazo en su iglesia de Malta.
   Las pequeñas iglesias se contentaron, modestamente, con los dedos del Precursor. San Juan de Maurienne poseía su pulgar y San Juan del Dedo -en Bretaña- el índice, todavía más precioso, que señaló al Cordero de Dios a orillas del Jordán.
   El duque Juan de Berry legó a los cartujos de París el mentón y las sandalias de su santo patrón contenidos en un relicario de plata.
   Pero la reliquia más codiciada era la cabeza del decapitado que Constantinopla pretendía poseer en el monasterio de Studios.
   Sólo en Italia se conocían cinco ejemplares de su cabeza. En dos iglesias de Roma, S. Silvestre in capite y S. Juan de los Florentinos, en S. Lorenzo de Génova, en S. Marcos de Venecia y en la catedral de Anagni.
   A las pretensiones italianas se oponían las reivindicaciones francesas. En 1204, después de la cuarta Cruzada, un canónigo de Picardía habría llevado desde Constantinopla a Amiens la parte anterior de la cabeza de San Juan Bautista con la marca del cuchillo de Herodías. La parte posterior de la "cabeza del Señor San Jehan" había quedado en Constantinopla. San Luis la adquirió a precio de oro para la Sainte Chapelle; era la pieza más preciosa del tesoro, después de las reliquias de la Pasión.
   Otra cabeza (de otro San Juan), encontrada en 1014 y conservada en un magnífico relicario, atraía a los peregrinos a San Juan de Angély, en Saintonge (Calvino se burla en su Tratado de las Reliquias: "Los de Amiens se jactan de tener el rostro y la máscara que muestran hay una marca de una cuchillada sobre el ojo que dicen que le asestó Herodías. Pero los de San Juan de Angély los contradicen y muestra la misma parte."). Santa Verónica habría aportado a Bazas una "mappula" con la cual habría secado la sangre del Precursor en la prisión.
   En España, la iglesia de San Isidoro de León se jactaba de poseer la mandíbula del Precursor.
   A causa de esta multiplicación, a finales de la Edad Media se contaba doce cabezas y sesenta dedos del Bautista, lo cual es evidentemente excesivo. Pero como sólo se presta a los ricos, se han atribuido al Bautista huesos que pertenecían a sus homónimos, tales como San Juan de Edesa.
LUGARES DE CULTO
   La popularidad de San Juan está probada no sólo por el número paradójico de sus reliquias que parece haber tenido, como el fénix, el privilegio de renacer de sus cenizas, sino además por la multitud de iglesias puestas bajo su advocación.
   Roma no le consagró menos de ocho, la más célebre de las cuales es San Juan de Letrán, madre de todas las iglesias, "omnium ecclesiarum mater et caput", fundada por Constantino, el primer emperador cristiano. En Italia era, además, patrón de Génova, de Florencia -que estampaba en sus florines la imagen de San Juan Bautista- y de Turín, que le dedicó su catedral.
   En Venecia, la iglesia de San Giovanni Decollato se llama en dialecto San Zan Degola.
   En Francia, le están dedicadas numerosas catedrales, especialmente la de Lyon, sede del Primado de las Galias. Además, era venerado en Perpiñán, que le dedicó dos iglesias: San Juan el Viejo y San Juan el Nuevo, en Bazas; San Juan de Angély en Saintonge; San Juan del Dedo en Bretaña, San Juan de Maurienne en el Delfinado y la abadía de San Juan de las Viñas en Soissons.
   A ello hay que agregar que los baptisterios que en otros tiempos se levantaban junto a las catedrales, estaban obligatoriamente consagrados al Bautista: tal es el caso del baptisterio San Juan de Poitiers; de San Giovanni in Fonte, en Ravena, y los baptisterios de Parma, Pisa y Florencia. En Francia se los llamaba San Juan de las Fuentes o San Juan el Redondo, a causa de su planta circular.
   Numerosas órdenes religiosas o militares se vindican de San Juan Bautista: Los caballeros de San Juan de Jerusalén expulsados a Rodas por la reconquista musulmana, que luego pasaran a Malta; los cartujos, cuya devoción se repartía entre San Juan, patrón de los ascetas y San Bruno, fundador (Claus Sluter lo ha representado en la portada de la Cartuja de Dijon como patrón de los Cartujos, protegiendo a Felipe el Atrevido. La cartuja del Valle de la Bendición, fundada por el papa Inocencio VI en Villeneuve de Aviñón, originalmente estaba consagrada a San Juan Bautista; por ello los frescos de la capilla ilustran escenas de su vida. En España, Fernando Gallego pintó para la Cartuja de Miraflores un ciclo de la historia del Bautista) de la orden.
   En 1310, en Haarlem, se fundó una Encomienda de la orden de San Juan. Para ella fue ejecutado el gran retablo de Geertgen Tot sint Jans, uno de cuyos paneles se encuentra en el Museo de Viena.
CULTO POPULAR
   Numerosos santos nunca han recibido más que un culto litúrgico y, por así decir, oficial, pero San Juan Bautista es, por el contrario, el tipo del santo popular.
   Los fuegos de San Juan, las hierbas de San Juan (las verbenas) son una herencia del paganismo que sobrevive en el folklore cristiano.
   Las corporaciones y las cofradías se disputaban el patronato de tan poderoso intercesor: por ello su imagen es tan frecuente en los báculos procesionales de las cofradías.
   San Juan Bautista era el patrón de los sastres porque se vistió a sí mismo en el desierto; de los peleteros, a causa de la túnica de pelo de camello; de los fabricantes de cinturones, zurradores y talabarteros porque llevaba cinturón de cuero; de los cardadores de lana porque tenía un cordero como atributo.
   En Florencia había adquirido la clientela del Arte di Calimala, es decir, del gremio de comerciantes de paño francés.
   En memoria del festín de Herodes, era venerado por los posaderos. La prisión le valió la clientela de los pajareros porque también él había sido metido en una jaula y su decapitación la de los cuchilleros y afiladores porque le habían cortado la cabeza.
   A causa de su prisión y decapitación también era el patrón de los prisioneros y condenados a muerte. Las cofradías de la Misericordia que se habían fijado como misión acompañar a los condenados al suplicio y sepultarlos, habían elegido como emblema la cabeza de San Juan en una bandeja. Por eso la capilla de los Penitentes Negros de Aviñón, adosada a la prisión, está dedicada a San Juan Bautista, y los bajorrelieves de la fachada representan a dos ángeles que llevan su cabeza en una bandeja.
   Sin embargo, a primera vista se explica difícilmente, que también sea el patrón de cantores y músicos. En este sentido, es necesario recordar que los nombres de las notas de la escala han sido tomadas por el monje benedictino Guido d'Arezzo de un himno en su honor: ut (luego do), re, mi, fa, sol, la son las sílabas iniciales de los versos donde se lo celebraba, y la nota si está compuesta por la S y la I de San Juan (Sancte Iohannes), invocada al final de la estrofa.
   Como todos los santos populares, el Bautista era también un santo curador.
   La cabeza de San Juan en una bandeja (Johannischüsse) era objeto de una particular devoción por parte de los fieles que sufrían de migraña o jaqueca: se les presentaba la bandeja de San Juan, y a veces incluso se les colocaba su cabeza de metal hueco para "aspirar" la enfermedad.
   En Amiens, la cabeza de San Juan curaba la epilepsia (se llamaba a la epilepsia el mal de San Juan). En San Juan de las Viñas de Soissons, a donde los pacientes acudían en peregrinación, se lo invocaba contra las enfermedades de garganta, las anginas y los ahogos.
   En el Tirol, los campesinos conseguían la curación de los dolores de cabeza dando tres vueltas en torno al altar con una "Johannisschüssel" (algarroba). Arrojada al agua, la cabeza de San Juan ayudaba a a encontrar los cuerpos de los ahogados.
   A causa del Bautismo en el Jordán, tradicionalmente se consideraba a San Juan protector de las fuentes.
   En Rusia, los popes recomendaban abstenerse de todo fruto o legumbre, pera o calabaza cuya forma pudiera recordar la de la cabeza humana en el día de la fiesta de la Decapitación del Prodromo.
   Si a todas esas creencias populares se suma el hecho de que los nombres de San Juan y Juana eran extremadamente usuales en todos los países y que su empleo hacía que quienes lo eligieran se hicieran pintar bajo la protección de su santo patrón, se explica fácilmente la profusión de imágenes de San Juan en el arte cristiano.
ICONOGRAFÍA
   Tipos. La mayoría de los santos no tienen más que un tipo iconográfico. A nadie se le ocurriría representar un San Pedro o un San Pablo niños. Pero San Juan Bautista aparece en el arte cristiano, por el contrario, con dos aspectos diferentes: como niño y como adulto, como compañero de juegos del Niño Jesús y con los rasgos de un predicador ascético. Desde este punto de vista puede compararse con David, representado ya como joven pastor vencedor de Goliat, ya como rey coronado tocando el arpa.
San Juanito
   Fue el Renacimiento italiano el que popularizó el tipo del bambino de cabellos rizados jugando respetuosamente con el Niño Jesús bajo la tierna vigilancia de la Madona.
   El tema del pequeño San Juan asociado con el Niño Jesús no tiene fundamentos alguno en la Biblia, porque si hay que creer en el testimonio de San Juan Evangelista (1: 31), el Bautista habría dicho al ver a Jesús avanzar hacia él para ser bautizado en las aguas del Jordán: "Yo no le conocía".
   Pero se explica sin dificultad el atractivo que un tema semejante debía ejercer sobre los pintores de la maternidad y de la infancia. Según Botticelli, fue Leonardo da Vinci quie en su Virgen de las Rocas ha ofrecido el modelo más perfecto de esas Sagradas Familias ampliadas que luego inspiraron a Rafael (bastará recordar la Madonna della Tenda en la Pinacoteca de Munich; la Virgen del vel o y ls Sagrada Familia de Francisco I, en el Museo del Louvre) y a Murillo tantas obras maestras de gracia conmovedora.
   Señalemos sólo que desde el punto de vista iconográfico ese tema se presta a las variaciones más delicadas: San Juanito es ya el compañero del Niño Jesús al que entrega su cordero, ya el adorador de Aquél a quién, a la sazón, confusamente, siente "mayor que él" ¡Pero cuántos matices entre la camaradería y la adoración!
   Aunque los dos niños hayan nacido con algunos meses de intervalo, la diferencia de edades está muy marcada: Juan aparece siempre muy claramente como el mayor.
   Los artistas florentinos del Quattrocento representaron a San Juan adolescente con los rasgos de un efebo imberbe de nerviosa elegancia (Donatello, Verrocchio) o de gracia andrógina (da Vinci).
   En el siglo XVII, Murillo lo transformó en muchacho andaluz.
   En el siglo XIX, los escultores franceses Paul Dubois y Dampt enriquecieron el tema.
San Juan adulto
   Por encantador que resulte el tipo pueril o juvenil del Giovannino italiano, San Juan aparece en el arte cristiano casi siempre con los rasgos de un asceta demacrado "alimentado con langostas y miel silvestre", predicando la penitencia en el desierto de Judea.
   El arte realista de finales de la Edad Media y del Renacimiento lo representa de buena gana como un faquir esquelético, uno yogui hindú o un beduino nómada macilento y quemado por el sol, de barba descuidada y cabellos hirsutos.
   No obstante, ese San Juan ascético de origen oriental estuvo precedido por representaciones de tipo pastoral o sacerdotal en las manifestaciones paleocristianas de Ravena.
   Vestimenta. Según los Evangelios de Mateo (3, 4) y de Marcos (1, 6), está vestido con una túnica corta (exomis). Pero su vestidura característica es un sayo de pelo de camello (trikhinon himation) ajustado en la cintura mediante un cinturón de cuero. (Joannes erat vestitus pilis cameli et zona pellicea circa lumbos ejus.) En el arte pictórico del siglo XV, la piel de la cabeza del camello pende entre sus piernas. La piel manchada de un tigre que viste en un mosaico bizantino de Parenzo, en Istria, es una excepción. El sayo tejido con pelo de camello se reemplazó en Occidente con una piel de oveja o de cabra que le deja los brazos, las piernas y hasta una parte del torso desnudos. El palio púrpura que tiene encima en la escena de la intercesión del Juicio Final, alude a su martirio.
   Atributos. En el arte bizantino, está representado como un ángel con grandes alas (alígero). Esta concepción del Prodromo alado se remonta a una profecía de Malaquías (3:1): "He aquí que envío a mi mensajero para preparar mi camino, el ángel de la Alianza que deseáis." En el principio del Evangelio de San Marcos (1:2), se lo califica de mensajero celestial; no es otra cosa que la traducción literal de las palabras de Cristo que lo glorifica como "el igual de un ángel".
   En su mano, como los santos "cefalóforos", tiene una bandeja con su cabeza cortada: con frecuencia esa bandeja es reemplazada por un cáliz donde reposa como una hostia viva el Niño Jesús desnudo.
   Sus atributos son muy diferentes en el arte de Occidente. El más frecuente es el cordero cruciforme que presenta en un tondo, en un pliegue de su manto, apoyado sobre un libro o derramando su sangre en un cáliz, a sus pies. Ese símbolo es el que conviene más a un Precursor, puesto que saluda a Jesús diciendo: "He aquí el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo."
   Con frecuencia tiene una cruz de cañas en la que una filacteria lleva la inscripción: Ecce Agnus Dei. Un panal de miel alude a su alimento en el desierto.
   Por el índice elevado expresa, como el arcángel Gabriel, su misión de Anunciador (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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Más sobre la localidad de Carmona (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

lunes, 3 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, Casa-Museo PRASA Posada del Moro, Ermita de la Virgen de Gracia, y Ermita de la Virgen de las Veredas) de la localidad de Torrecampo, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, Casa-Museo PRASA Posada del Moro, Ermita de la Virgen de Gracia, y Ermita de la Virgen de las Veredas) de la localidad de Torrecampo, en la provincia de Córdoba.
     Torre y campo, fortaleza defensiva y tierra de labor, armas y arados, guerra y paz. Torre y campo, o sea, fortaleza defensiva y tierra de labor, armas y arados, guerra y paz. Aislada en la franja meridional de Los Pedroches, como sus vecinas Conquista y El Guijo, Torrecampo no se ofrece en camino de tránsito; hay que ir. Y su aislamiento caminero la preserva de influencias perturbadoras, como relicario de bien conservadas esencias pedrocheñas.
     Villa situada en la zona central de Los Pedroches, al nordeste de Pozoblanco, del que dista 18 Km.
     Distancia a Córdoba: 104 Km.
     Altitud: 572 m.
     Extensión: 196,8 Km2
     Habitantes: 1.320.
     Gentilicio: Torrecampeños
     Mancomunidad: Los Pedroches.
     Torrecampo surgió como aldea del vecino Pedroche, y en 1484 alcanzó su independencia administrativa. Durante la Edad Moderna se integró en las Siete Villas de los Pedroches. Al sureste del término perviven, sobre el cerro de igual nombre, las ruinas del castillo y poblado de Mogábar, recinto habitado desde el Calcolítico a finales del siglo XIII, en que pudo despoblarse. La zona de Mogábar es rica en sarcófagos antropoides tallados sobre rocas (Diputación Provincial de Córdoba).
     Surgida tras la reconquista cristiana, depende hasta el siglo XV de la villa de Pedroche, que pertenecía a la jurisdicción de Córdoba y en 1560 pasó al marquesado del Carpio. En el siglo XVIII se reintegró a la jurisdicción de Córdoba. Extramuros está la ermita de la Virgen de las Veredas, patrona de la villa, cuyo culto está documentado desde el siglo XV (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Torrecampo, vieja ciudad íbera situada en el Camino de la Plata que conserva algunas casas de estilo gótico civil de los siglos XV y XVI.
     En la plaza de la Iglesia se localiza la parroquia de San Sebastián, precioso templo gótico del siglo XV, con tres naves separadas por arcos apuntados sobre columnas octogonales (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
      
Iglesia de San Sebastián.-

    Las fuentes documentales atestiguan la existencia de parroquia en la localidad al menos desde 1550. Es una edificación de estética mudéjar de tres naves y triple cabecera plana cubierta por crucería. Son muy escasos los objetos artísticos que se conservan en el templo, a causa del destrozo de la Guerra Civil.
     En el presbiterio se ha instalado un pequeño retablo del siglo XVIII, procedente del castillo de la Albaida en Córdoba La imaginería, con San Sebastián al centro, es de serie y en el ático luce un cuadro de la Sagrada Familia. A los lados se ven dos lienzos del XIX, en depósito, con el Bautismo de San Hermenegildo por San Lean­dro y la Imposición de la casulla a San Ildefonso. Por encima está el Martirio de San Sebastián, copia del cuadro de Hans Memling de los Museos Reales de Bruselas, de hacia 1475, realizada recientemente y regalada, igual que el retablo y otros enseres, por Prasa.
     La imaginería de los altares es de serie. Jesús Nazareno es obra del artista local Manuel Romero Ortega, de 1951. La Dolorosa se compró en 1953. La capilla del Sagrario tiene un Calvario del XVIII, retocado. A los lados hay dos pequeños cuadros recientes de la Virgen con el Niño y la Virgen orante, firmados por Moyano. La capilla bautismal tiene una pila de granito del siglo XV del  tipo usual en el  Norte de la provincia. Conserva también esta iglesia un ostensorio anónimo, que sigue modelos seiscentistas, así como algunos cálices del siglo XIX (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Edificio de planta rectangular en tres naves, terminadas en tres ábsides y separadas por arquerías de arcos apuntados. 
     Por tanto de estilo gótico. Su construcción, aunque incierta, podría situarse en el siglo XIV, su primer libro de bautismo data del año 1.550.
     Es de resaltar los pilares de granito que soportan los arcos con dovelas de igual material. Los ábsides son coronados por bóvedas de aristas, destacando el central por sus crucerías.
     Los techos están formados por entarimado de madera en las naves laterales y artesonados en la nave central.
     En su interior hay que destacar también la hermosa y rica pila bautismal en granito con marcado estilo gótico.
     En el exterior se aprecia la torre inacabada, sobre la cual se colocó en el año 1.972 una espadaña (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Casa-Museo PRASA Posada del Moro.-
    Torrecampo cuenta con una curiosa colección privada llamada Casa-Museo Posada del Moro,  formada por Esteban Márquez Triguero a partir de 1968. En 1995 la adquirió la Fundación Prasa y se encuentra actualmente cerrada, en proceso de restauración. La colección ofrece, aparte de numerosos objetos, pinturas de Antonio Mohedano, El Greco, Antonio del Castillo, y otras del círculo de Murillo, Valdés Leal, Bayeu o Goya (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Casa que se presume fue utilizada como posada para transeúntes del antiguo "Camino Real" de Toledo a Córdoba, cuya fecha de construcción es incierta dada la variedad de elementos que se encuentran en ella.
     Destacar los accesos a las estancias interiores con arcos de medio punto de ladrillo, coronados con alfil y revestidos de yeso y pintados, apoyados sobre sillares decorados de granito.
     En la estancia central que sirve de distribuidor, se encuentra un artesonado soportado por una columna granítica.
     La portada de entrada se caracterizó por su carácter renacentista en granito que data del siglo XVI.
     Por todo lo cual, es posible que su construcción date del siglo XIV o anterior al que se han adosado elementos. 
    Igualmente durante su reconstrucción por el propietario se fueron incorporando elementos y espacios como entarimados del ayuntamiento de Pedroche, columnas arabescas, cerrajerías y carpinterías. Y una casa vecina de construcción popular con cubiertas y entresuelos de madera.
      La planta superior antiguamente diáfana con una cubierta de madera y actualmente tras la colocación de falso techo es utilizada de almacén y biblioteca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Entre sus atractivos artísticos, brinda Torrecampo un museo particular con interesantes colecciones de arqueología, pintura, algo de escultura y enseres domésticos, reunidas por el cronista local Esteban Márquez Triguero en la antigua Posada del Moro, acertadamente restaurada.
     Luce esta casa una noble portada renacentista del XVI (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de la Virgen de Gracia.-

    La ermita de la Virgen de Gracia estuvo convertida en granero hasta 1980 y fue recuperada por José Romero, a cargo de Prasa, en 1998. Es de estructura mudéjar con tres naves de arcos apuntados y cubierta de ma­dera. El presbiterio reformado en el siglo XVII, tiene bóveda semiesférica sobre pechinas, decorada con pinturas murales, igual que la cabecera de la nave izquierda, que aprovecha una capilla funeraria.
     El altar está presidido por la imagen de vestir de la titular, que antes fue Dolorosa, restaura­da por el escultor Manuel Romero hacia el año 1950. En la nave derecha destaca una pintura mural con Jesús Nazareno, del siglo XVIII. Por los muros hay numerosas copias dedicadas a la Virgen María, pintadas por José Romero, llama­do Torrecampo (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Iglesia en tres naves separadas por arquerías apuntadas apoyadas sobre columnas de granito. Cerramiento de mampostería hasta media altura y tapia hasta el apoyo de cubierta. Su construcción data aproximadamente del siglo XIV.
     En la cabecera de la nave central, se encuentra un ábside coronado por una cúpula esférica sobre pechinas, decorado con frescos de extraña procedencia.
     Igualmente, en la cabecera de una de las naves laterales, se encuentra otro ábside o capilla coronado por una cúpula de desarrollo elíptico. La otra nave lateral se cierra en un pequeño altar, tras del cual se esconde una estancia que posiblemente se utilizará su sacristía.
     Las grietas verticales que aparecen en la unión de las naves con dos ábsides, hace pensar que estos fueron de posterior construcción. Y por la disposición de los restos de asientos de mampostería adosados a los cerramientos se puede pensar que la antigua planta correspondiera a una antigua sinagoga.
     Resaltar también la elevada cota de la solería cerámica, sobre las basas de las columnas, lo cual hace pensar que existía otro posible pavimento oculto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Virgen de las Veredas.-
     Interesante ermita dedicada al culto de la Patrona de Torrecampo, Ntra. Sra. de las Veredas.
     Se halla en un bello paraje junto al arroyo Guadamora y en las proximidades de su afluencia con el río Guadalmez.
     Se trata de un templo de estilo gótico del S. XVI.
     Su interior, de planta rectangular, se compone de cuatro arcos apuntados de ladrillo, que descansan sobre pilares de piedra con contrafuertes al exterior.
     En 1937 fue tiroteada la imagen de Ntra. Sra. de las Veredas, quedando alojada una bala en la frente. Aunque se presenta vestida, se trata de una talla policromada de finales del S. XV, a la que llaman «La Chiquitita».
     La festividad se celebra el día primero de Mayo, con grandiosa romería, muy concurrida por gente de toda la comarca y de otros puntos de la geografía española.
     Se encuentra a 6 Km al noroeste de la Villa (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Sebastián, Casa-Museo PRASA Posada del Moro, Ermita de la Virgen de Gracia, y Ermita de la Virgen de las Veredas) de la localidad de Torrecampo, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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sábado, 30 de septiembre de 2023

La localidad de Guadalema de los Quintero (Utrera), en la provincia de Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la localidad de Guadalema de los Quintero (Utrera), en la provincia de Sevilla
     Hoy, sábado 30 de septiembre, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la localidad de Guadalema de los Quintero (Utrera), en la provincia de Sevilla, cuya iglesia parroquial está dedicada a Nuestra Señora de las Veredas
     Textos y fotografías recogidos de: Ricarda López González, y Rosa M. Toribio Ruiz, Los pueblos de colonización de la provincia de Sevilla. Arquitectura y Arte. Diputación de Sevilla y Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. Sevilla, 2020.
    En el término municipal de Utrera, en el entorno del pantano de Torre del Águila, el INC construyó tres pueblos Trajano, Pinzón y Guadalema de los Quintero. Este último fue el primer proyecto del Instituto de la Zona Regable del Bajo Guadalquivir. El diseño del año 1955 se debe al arquitecto Aníbal González Gómez. Pertenece a la zona paisajística de la comarca de la Campiña, se construyó en la finca Mudapelo, junto a la carretera N-IV, a 20 km de Utrera y 46 de Sevilla. Guadalema llegó a tener más de 3.000 habitantes, pero hoy día no llega a los 500, ha perdido poder económico, autonomía y han desaparecido muchos servicios.
     Su nombre es un homenaje a los hermanos Álvarez Quintero, Serafín y Joaquín, dramaturgos y poetas nacidos en la localidad de Utrera. Las calles y plazas del poblado reciben los nombres de obras de Los Quintero o de personajes literarios de su creación.
     Aníbal González proyecta Guadalema de los Quintero basándose en el arquetipo de pueblo andaluz creado durante la Exposición Iberoamericana de 1929. Una imagen muy castiza y tradicional, que raya lo folklórico, sus calles son de un gran tipismo costumbrista acorde con la obra de los hermanos Quintero. Las casas de paramentos blancos, ventanas cierro de ménsulas barrocas, rejas verdes y cubierta de tejas moriscas, se ven adornadas con zócalos y enmarques de vanos de color amarillo calamocha, macetas y naranjos. Prevalece totalmente la arquitectura popular sobre la racionalista.
     El arquitecto se  ha decantado por un trazado urbanístico de tipo ortogonal que quiebra sus calles para evitar las perspectivas infinitas. Ha respetado la doble circulación separando las calles de peatones de las de vehículos, carros y bestias. Está estructurado mediante grandes manzanas, delimitadas por un viario mixto, que encierran en su interior plazoletas peatonales, que facilitan la convivencia de los vecinos. Se diseñaron varios modelos de viviendas de colonos de una o dos alturas y una solo para los obreros de tipo barracón. Las casas de Guadalema son muy parecidas a las de La Barca de la Florida y Majarromaque de la provincia de Cádiz.
     La Plaza de los Quintero es el corazón del pueblo, en él se sitúan los edificios representativos del Ayuntamiento y la Iglesia, las artesanías, la escuela, las casas de los maestros, el mayoral y el dispensario médico. Son bellos los pórticos adintelados de un lateral de la plaza y los dobles pórticos de arcos que dan acceso a zonas peatonales. Hoy día, la Plaza es un espacio desestructurado, algo desangelado al estar atravesada por la carretera que comunica Guadalema con el Palmar de Troya, la instalación de una rotonda y el asolamiento del espacio, antes ajardinado. Destaca por su monumentalidad el edificio del Ayuntamiento de dos plantas, apaisado, con doble pórtico que aligera la pesadez de la fachada, reloj y espadaña de inspiración barroca con volutas.
      Pero, sin duda, el edificio más monumental y emblemático es la iglesia de Nuestra Señora de las Veredas. Su fachada sirve de fondo escenográfico a la calle Eladio del Río, la principal de acceso al pueblo. 
     Exteriormente es un edificio muy tradicional inspirado en la arquitectura barroca popular andaluza o en el estilo colonial. Su fachada con cubierta a dos aguas es muy sencilla, presenta una portada adintelada, enmarcada por baquetón mixtilíneo, flanqueada por pilastras que sostienen un pequeño entablamento, sobre el que asienta una hornacina ciega. En el hastial una espadaña eleva y estira el frontis a la vez que oculta la cubierta. Todos los elementos decorativos se resaltan con amarillo calamocha, que tanto contrasta con el blanco de sus paramentos.
     Adosada al lado del evangelio, la torre campanario de planta cuadrada, avanza hacia la plaza y parece proteger al templo de menor altura. El cuerpo de escalera de aspecto macizo y cerrado está horadado por saeteras y balcones que le aportan luz. Dos moldurones y un friso corrido en amarillo calamocha separa este primer cuerpo del de campanas, abierto a los cuatro vientos por ventanas geminadas. Se remata con pináculos y chapitel con decoración cerámica de color blanco y azul en zig-zag.
     Desde la pequeña Plaza de la Escuela podemos observar el sentido rítmico de las arcuaciones del bello pórtico de la casa rectoral y la escuela, el cimborrio que cubre el presbiterio y la portada de San Isidro, similar a la de Santa Ana en el lado de la epístola, que repiten el esquema compositivo que hemos descrito en la fachada principal. Son singulares los óculos y ventanas decorados con orejetas barrocas en amarillo calamocha.
     El interior contrasta vivamente con el exterior, el predominio del blanco es absoluto, nos sorprende por su belleza y austeridad parecida a una mezquita almohade. Aníbal González ha sabido crear un espacio de una gran plasticidad y espiritualidad. Juega con la combinación y contraste entre los arcos apuntados de los pórticos, que estructuran la nave, y los arcos formeros de medio punto que sostienen los muros. Los ventanales, cubiertos con sencillas vidrieras en forma de cruz, crean bellos efectos de luces y sombras que se refractan en paredes y bóvedas. El presbiterio, verdadera qubba, concentra la mirada de los fieles. De planta poligonal, está cubierto por una bóveda de paños, en la que se abren unos óculos que inundan de luz el espacio sagrado a través de unas sencillas vidrieras.
     Un magnífico mural en forma de tríptico pintado al óleo ocupa todo el testero poligonal del presbiterio. Representa el Sermón de la Montaña tal como lo describe el Evangelio de San Mateo, Jesús de Nazaret se dirige a sus discípulos y a una gran muchedumbre para trasmitirles el Padrenuestro y las Bienaventuranzas. Sobre un fondo paisajístico andaluz muy geométrico y esquemático, se representa a Cristo en el centro de la composición, joven e imberbe, sentado sobre una piedra, rodeado de una multitud atenta a sus palabras. Son campesinos y campesinas, que bien podrían ser retratos de los propios colonos, como hizo Manuel Rivera en el mural de la adoración a la Virgen del Pilar en Majarromaque, Cádiz. Estos rodean a Jesús en actitud orante conformando una verdadera mandorla, mientras otros se sitúan al fondo, de pie, de forma muy abigarrada. En las alas unas campesinas arrodilladas, cubiertas con largos mantos negros al estilo de las cobijadas de Vejer, cierran la composición. Esta obra, realizada al óleo sobre tabla está firmada por Santiago del Campo en 1957, artista muy polifacético conocido por el gran mural del estadio del Ramón Sánchez Pizjuán y los seis paneles de cerámica que decoran la Depuradora de Cuartillos de Jerez.
     A ambos lados del arco triunfal podemos observar las imágenes de la Virgen del Rosario y San Isidro. Situadas ante unas hornacinas ojivales decoradas con un fondo paisajístico con flores de lirios blancos para la Virgen y con espigas de trigo en el caso de San Isidro, que en cierta manera amplían y continúan el tríptico del ábside. La Virgen del Rosario es una talla aportada por los Talleres de Arte Granda, que podemos atribuir por sus similitudes formales y estilísticos a la artista Teresa Eguibar. Representada de cuerpo completo y canon alargado, posee cierto movimiento debido a un ligero contraposto, los brazos flexionados para unir sus manos en oración  rompen con la verticalidad  de las formas. Necesita una restauración que elimine los repintes y devuelva la obra a su estado original. En Torremelgarejo, Cádiz, existe una imagen similar con la advocación de María Inmaculada.
     En el lado de la epístola, San Isidro Labrador es una talla atribuida a Lorenzo Frechilla, que trabajó para los Talleres de Arte Granda, un artista, que, como muchos otros de su generación, colaboró casi de forma anónima para el INC. Originalmente sin policromar, ha sido repintada de forma tan burda que ha perdido su  belleza original. Se representa a San Isidro robusto y fuerte, con un ligero contraposto que le aporta cierto movimiento, mirada al cielo dando gracias a Dios por la buena cosecha, mientras sostiene una gavilla de trigo en la mano izquierda. Contrasta vivamente la suavidad de las formas del rostro con el geometrismo de los ropajes. Esta imagen es una de las más representadas en los pueblos de colonización tanto en Extremadura como en Andalucía, por ser un ejemplo a seguir para los campesinos.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Veredas ha conservado de la dotación original, entregada por el Instituto, el mobiliario original, sencillos y austeros bancos, el confesionario original de puertas de cuarterones, las benditeras de cerámica verde en forma de concha, la pila bautismal situada hoy día en el presbiterio, los apliques de iluminación de hierro de bella decoración de flores horadadas, y un viacrucis realizado en placas de cerámica que narran las escenas de la pasión con un sencillo y nervioso dibujo en azul que hace juego con el zócalo que recorre toda la nave.
     Guadalema de los Quintero es una obra de Aníbal González Gómez, fruto de la empresa colonizadora franquista, que debemos preservar y poner en valor. Tarea que se ha propuesto el Ayuntamiento de  Utrera a través del PGOU, que destina un capítulo a la protección, valoración patrimonial, estado y mantenimiento de la arquitectura contemporánea de su término municipal, en la que incluye sus tres pueblos de colonización Guadalema de los Quintero, Pinzón y Trajano. Debemos seguir esta línea y difundir este patrimonio tan desconocido. Hay que preservar su bellísima iglesia, para que no pierda su sentido litúrgico y espiritual, que conserva una de las obras murales más importantes y desconocidas de Santiago del Campo, una verdadera joya de la pintura figurativa de vanguardia de los años cincuenta del siglo pasado (Ricarda López González, y Rosa M. Toribio Ruiz, Los pueblos de colonización de la provincia de Sevilla. Arquitectura y Arte. Diputación de Sevilla y Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. Sevilla, 2020).
Conozcamos mejor la Biografía de Aníbal González Gómez, arquitecto y autor de las trazas de Guadalema de los Quintero;
   Aníbal González Gómez era hijo del famoso arquitecto regionalista Aníbal González Álvarez­ Osorio. Nació en 1912, se título en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en 1940, se inscribió en el Colegio de Arquitectos de Sevilla en ese mismo año, causando baja en 1974, seguramente por fallecimiento. Fue funcionario por oposición del Instituto Nacional de Colonización desde 1948 hasta 1963.
   Aunque realizó numerosos proyectos para la ciudad de Sevilla y su área metropolitana sus obras son bastante desconocidas. De la información aportada por la fundación FIDAS podemos destacar los cines de verano Cine Ideal, Terraza Cinema y Cine Rex, hoy desaparecidos; el antiguo mercado de la Encarnación; el chalet Marymar en Nervión, las viviendas de la calle Mª Auxiliadora, 10 y 12 para Ana Gómez Millán y para el propio Aníbal y hermanos respectivamente; los proyectos realizados para Reader's Digest en la Cuesta del Rosario, 12 o para el Consulado de la República de Cuba en la Avenida de la Victoria, s/n; de las construcciones escolares el Colegio Ramón Lulio y las casas para maestros de las barriadas El Plantinar, San Jerónimo y de la Cruz patrocinadas por el Ministerio de Educación y Ciencia. Son interesantes la barriada de casas ultraeconómicas de Mairena del Alcor y las viviendas subvencionadas de Marinaleda, Mairena del Alcor, Montellano, Mairena del Aljarafe y Albaida del Aljarafe.
   El profesor Manuel Calzada Pérez en su tesis doctoral de 2006 "La Colonización Interior en la España del siglo XX. Agrónomos y arquitectos en la modernización del medio rural" recoge la información de los proyectos realizados por Aníbal González para el Instituto. No fueron construidos los pueblos de Arroyo Salado de 1948 y Esquivel de 1951, cuyo proyecto fue rechazado por José Tamés, jefe del Servicio de Arquitectura del INC, adjudicándoselo al arquitecto Alejandro de la Sota.
   Son obra ejecutada los pueblos de colonización de San Ignacio del Viar de 1954,Guadalema de los Quintero de 1955 y el adicional de El Viar de 1957 y de Esquivel de 1958. También realizó el trazado urbano de El Trobal en 1962, encargándose José Luis Fernández del Amo del proyecto de las viviendas y el centro cívico (Ricarda López González, y Rosa M. Toribio Ruiz, Los pueblos de colonización de la provincia de Sevilla. Arquitectura y Arte. Diputación de Sevilla y Colegio Oficial de Arquitectos de Sevilla. Sevilla, 2020).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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