Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 22 de diciembre de 2025

El sitio arqueológico Cortijo de la Motilla, en Tocina-Los Rosales (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico del Cortijo de la Motilla, en Tocina-Los Rosales (Sevilla).
    El cortijo está construido sobre el emplazamiento de una zona arqueológica donde se encontraron en superficie fragmentos de tégulas, ladrillos y ánforas. Asentamiento rural romano (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico del Cortijo de la Motilla, en Tocina-Los Rosales (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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lunes, 24 de febrero de 2025

Un paseo por la calle Laraña

   Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Laraña, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 24 de febrero es el aniversario del nacimiento (24 de febrero de 1815) de Manuel Laraña y Fernández, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Laraña, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Laraña es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de la Encarnación, a la confluencia de las calles Orfila, plaza de Villasís, y Cuna.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1584 es conocida como calle de la Compañía, o Compañía de Jesús, por la casa profesa de los padres jesuitas, allí instalados desde 1557; por esta misma razón, en ocasiones se la denomina calle de la Casa Profesa. Desde finales del s. XVIII empieza a ser conocida también como calle de la Universidad, que ocupa dicho edificio desde 1771, coexistiendo ambos topónimos hasta la reforma general del callejero de 1845, en que se establece oficialmente Universidad. En 1903 se rotula con la denominación que hoy conserva, en memoria de Manuel Laraña y Fernández (1815-1903), abogado, catedrático, rector de la Universidad de Sevilla y senador del Reino, si bien la denominación de Universidad se mantiene incluso en la documentación oficial hasta los años veinte; en 1935 fue rotulada oficialmente como Laraña y Fernández, recupe­rándose la forma abreviada en 1949.
     Ancha, rectilínea y de mediana longitud, es el resultado de una operación de ensanche culminada en los años cincuenta de la presente centuria. Históricamente ha sido vía de mucho tránsito, al formar parte del eje de comunicación Campana-Osario, función que se acentúa desde el establecimiento de los jesuitas en la misma y la afluencia de coches y literas que se dirigen a la iglesia (v. Encarnación). Ya a finales del s. XVI el Ayuntamiento solicita a los jesuitas que alineen la fachada con la de la iglesia... "para que toda la pared vaya a la larga hasta la esquina onde quedan obligado que la rrompan y dejaran el mismo sitio de ancho y largo, de manera que la dicha pared se ha de romper desde la puerta de la Iglesia hasta la esquina de la calle de Carpinteros" (actual Cuna) (Sec. 10, 26-Vlll-1585). Unos años más tarde, en 1599, los jesuitas solicitan que el Ayuntamiento les pague lo que han cedido "para lo público" en esta calle, de donde cabe deducir que se habría procedido al retranqueamiento, pero manteniéndose un saliente en el tramo final que dará lugar a un largo litigio entre el Ayuntamiento y el marqués de la Motilla, propietario de los terrenos, y que se prolonga hasta finales del s. XIX, en que se consigue alinear toda la acera de los impares. Dentro de la opera­ción de reforma interior y ensanche del eje Osario-Campana, en 1906 es aprobado un proyecto de alineación para el tramo com­prendido entre Campana y Laraña,  y en 1911 se aprueba otro entre Laraña y Osario. Por lo que a esta calle respecta, el retranqueamiento sólo afecta a la acera de los pares, ya que la opuesta está formada por edificios históricos, y es realizado en dos fases: en la década de los veinte se derriban y alinean los edificios comprendidos entre Encarnación y Arguijo, y en la de los cincuenta el tramo que va de Arguijo a Villasís, adquiriendo la calle su configuración actual.
     Por el mucho tránsito que registra son frecuentes las referencias a su pavimentación: es enladrillada en 1588 y empedrada en varias ocasiones en la siguiente centuria; son habituales las referencias al pésimo estado del empedrado durante el XIX y es adoquinada por vez primera en 1885. Hoy posee calzada de asfalto y aceras de terrazo en tonos blancos y grisáceos, con robinias en alcorques, bastante descuidadas. Fue una de las primeras calles dotada, en 1958, con alumbrado fluorescente, y actualmente po­see farolas de báculo. La edificación de la acera de los impares está constituida por tres edificios singulares: la iglesia de la Anunciación, antigua iglesia de la casa profesa de los jesuitas, cuya construcción se finaliza en 1579. La cripta fue convertida en 1970 en Panteón de Sevillanos Ilustres, y allí se en­cuentran los enterramientos de la familia Ponce de León o los Perafán de Ribera, y personajes de las letras como Arias Montano, Alberto Lista, Bécquer, Rodrigo Caro, Gestoso, o Amador de los Ríos, entre otros. A continuación se encuentra el nuevo edificio de la Facultad de Bellas Artes, levantado en 1975 sobre el solar de la que durante casi dos siglos fue la sede de la Universidad lite­raria de Sevilla y anteriormente convento jesuita; este edificio se encuentra ligeramen­te retranqueado, protegido por varias columnas enlazadas con cadenas. El resto de la manzana está ocupado por la fachada la­teral de la casa-palacio de los marqueses de la Motilla, construida en la década de 1920 por Gino Coppedé y Vicente Traver, al estilo de los palacios toscanos, y de la que es de destacar su torre. La acera de los pares se inicia con un edificio regionalista obra de Juan Talavera y Heredia y Ramón Balbuena (1922), con cuatro plantas y dos torreones. A continuación se encuentra el edificio del que hasta hace sólo unos años fue teatro Álvarez Quintero, inaugurado en 1950 con la obra de dichos autores teatrales Lo que hablan las mujeres. También es de destacar el edificio de viviendas esquina a Orfila, obra de L. Gómez Estern, de 1957, en cuyo sub­suelo se conserva un pozo de noria árabe.
     Históricamente han sido las funciones de tránsito las que han presidido la actividad de esta vía y, desde el establecimiento de la Universidad en 1771, estuvo particularmente animada por los estudiantes. Así es reco­gida la solemne procesión del traslado de la Universidad: "El 31 de diciembre se juntó la Universidad con el colegio y precediendo soldados de a caballo, clarineros, atabales, iban los estudiantes en caballos enjaezados precedidos de su Rector, que llevaba el estandarte de la Universidad con las armas de ella y de la ciudad, seguían los ministros de la Universidad a caballo, después los vedeles y sus mazeros, y el maestro de ceremonia, a que seguía el claustro de Arte, Medicina, Cánones y Leyes,y el de Theología, todos con borlas y muzetas de su respectivo color, y precedidos por el Sr. Rector, Juez, Canciller, con su muzeta negra y los fámulos y coches de respeto. Salió por la calle de San Gregorio a la Lonja, Santa Marta, para que allí desde su palacio viese a la Universidad su Eminencia, siguió por Gra­das a calle Génova, calle de la Sierpe, de la Cuna y la puerta de el patio de escuela de la que havía de ser real Universidad" (Sec. 11, t. 3, núm. 11), Desde el establecimiento del mercado de abastos de la Encarnación, era frecuente la presencia de vendedores ambulantes a lo largo de toda la vía, con las consiguientes molestias para el tráfico. Hacia 1870 existía allí la fábrica de cerveza y gaseosa alemana de Dekinder y Unzalu. Hoy Laraña conserva la función de tránsito que ha tenido a lo largo de su historia, así como la educativa, mantenida por la Facultad de Bellas Artes; han desaparecido los puestos de vendedores ambulantes, pero concentra una importante y diversificada actividad comercial en las plantas bajas; las oficinas han ido sustituyendo a las viviendas en las plan­tas altas, e incluso durante algún período los bajos del palacio del marqués de la Motilla estuvieron ocupados por un comercio. En una casa, esquina a Arguijo, vivió el poeta Juan de Arguijo y Manuel, que también se encuentra enterrado en el Panteón de Sevillanos Ilustres [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel Laraña, a quien está dedicada esta vía;
     Manuel Laraña y Fernández, (Sevilla, 24 de febrero de 1815 – 3 de febrero de 1903). Abogado, jurisconsulto, catedrático y senador.
     Era hijo de Manuel Laraña y Muñoz y María del Carmen Fernández y Contreras. En 1828 obtuvo el graduado de bachiller en Filosofía y en 1831 el de bachiller en Leyes. Licenciado en Derecho en 1834 por la Universidad de Sevilla alcanzó el grado de doctor en la de Madrid en 1846. Ese mismo año se inició en la docencia como regente de 1.ª Clase en la Facultad de Jurisprudencia. Al año siguiente, 1847, obtuvo por oposición la cátedra de Historia y Elementos del Derecho Público, Civil y Criminal de España, y de Derecho Natural de Gentes en la Universidad de Sevilla.
     En 1875 fue decano de la Facultad de Jurisprudencia de Sevilla y en 1876 rector de la Universidad de Sevilla, cargo que ocuparía hasta 1884.
     En las elecciones del 15 de febrero de 1891 fue designado senador por la Universidad de Sevilla, jurando el cargo el 13 de abril. En 1892 participó en el III Congreso Católico Nacional Español en la Sección Segunda, dedicada a Asuntos de Propaganda, que estuvo presidida por Ciriaco Sancha Hervás (arzobispo de Valencia), formando parte de la ponencia.
     El 19 de abril de 1893 fue reelegido senador por la Universidad de Sevilla, tomando posesión y jurando el día 5 de mayo; y por última vez el 26 de abril de 1896, jurando el 1 de julio. Gran orador, participó en numerosas comisiones parlamentarias y pronunció elogiosos discursos sobre temas referidos a la enseñanza, la política de instrucción pública y en especial al fomento de los estudios universitarios.
     Fue además miembro de la Sociedad Económica de Sevilla y académico de la de Jurisprudencia y Legislación de Sevilla y Madrid. Estuvo casado con Rosario Ramírez Pascual, natural de Santa Cruz de Tenerife y falleció en su ciudad el 3 de febrero de 1903. En su homenaje, el Ayuntamiento puso su nombre a la calle de la antigua Universidad (María Ángeles Valle de Juan, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Laraña, al detalle:
    - Lápida conmemorativa a Luis Cernuda
    - Azulejo conmemorativo a Cervantes
Edificio de la c/ Laraña, 2
Facultad de Bellas Artes
Espacio Turina (antiguo Teatro Álvarez Quintero)
Edificio de la c/ Laraña, 10

lunes, 17 de abril de 2023

La Casa del Marqués de la Motilla, de Gino Coppedé y Vicente Traver

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa del Marqués de la Motilla, de Gino Coppedé y Vicente Traver, de Sevilla.  
     La Casa del Marqués de la Motilla, se encuentra en la calle Cuna, 1; en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo.
     A una construcción ya existente, se le añaden en 1924 las crujías de borde a las calles Laraña y Federico de Castro (hoy Cuna). Se trata, pues, de dotar de nueva fachada a la casa tras la operación de ensanche de la calle Laraña, vinculada a la apertura del eje E-O, que permitiría atravesar, en esta dirección, el centro histórico de la ciudad.
     La casa se organiza en torno a un gran patio central porticado, de forma trapecial, que tras la adición de las crujías que construyen la esquina quedó situado en tercera crujía respecto a la calle Laraña. Otros patios de menor importancia permitirán ordenar las piezas de la casa junto a la medianera del nuevo edificio de Bellas Artes. 
     La intervención de 1924-1931, obra de los arquitectos Vicente Traver y Gino Coppedé (este último italiano, a quien se le supone autor del proyecto), consiste en la construcción de una crujía de borde, que se quiebra en la esquina, destinando el espacio situado entre la crujía de nueva planta y el edificio existente a un espléndido jardín, cerrado a la esquina por una loggia, de una planta de altura, que mantiene la misma distribución de huecos y composición estilística que el resto de la fachada.
     Esta se inspira en modelos italianos, puesto en evidencia sobre todo en las dos torres que acotan la loggia del jardín. Construida en ladrillo agramilado y piezas de piedra en recercados, su figuración se aproxima a la arquitectura historicista neogótica que tanto auge alcanzó en España en los comienzos de siglo, y de la que el convento de Las Salesas, por citar tan sólo otro ejemplo sevillano, es buena prueba de ello.
     La casa ocupa en planta baja una superficie aproximada de 1.900 m2, estimándose para toda la casa una superficie total construida alrede­dor de los 3.800 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     En el solar encuentro de las calles Cuna y Laraña, objeto de atención por la posibilidad de ensanche de esta última calle, lo que provoca un retraso de tres años en el inicio de la construcción de la casa, la interpretación del lenguaje historicista con el que este palacio resuelve su formalización lo convierten en una de las más singulares construcciones de la Sevilla del primer tercio del XX, ya que lejos de aportar una mirada a nuestro pasado arquitectónico se apuesta por la arquitectura de las construcciones palaciegas de la toscana, con vanos geminados, torres, logias, paseos de ronda, en momentos que sin desechar del todo lo medieval y gotizante, comienza a prevalecer el lenguaje nuevo, el que renace las formas y trazas de la tradición clásica, si bien con el patio tradicional como ordenador de la planta del palacio.
     Sin duda la presencia de Gino Coppedé es responsable de este camino inicial de un edificio que vería plasmar su realidad mediante el uso, renovador para su lenguaje e imagen, pero acorde a la construcción sevillana, del ladrillo visto agramilado, magníficamente labrado. La ejecución de la obra fue llevada bajo la dirección de Vicente Traver y Tomás, completándose un amplio ciclo temporal que abarca desde 1921 a 1931.
     Coppedé es un arquitecto de profunda raíz historicista, como muestra en el Castello Mackenzie o en el Bruzzo de Génova, en la Villa Türcke en Sturla o la Biancardi en Codogno (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
Conozcamos mejor la Biografía de Vicente Traver Tomás, uno de los autores del edificio reseñado;
     Vicente Traver Tomás (Castellón de la Plana 23 de septiembre de 1888 – Alicante 15 de noviembre de 1966). Arquitecto y publicista.
     Vicente Traver fue un arquitecto prolífico y polifacético, de gran proyección en tierras valencianas y andaluzas durante la primera mitad del siglo XX, que ha sido calificado por algunos historiadores como el máximo representante del casticismo en tierras valencianas.
     Formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1912, a mediados del año siguiente fue nombrado arquitecto de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Artística Popular, por el Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marques de la Vega Inclán, marchando a Sevilla, para realizar el traslado de la portada del palacio de los Duques de Arcos en Marchena a la Huerta del Retiro de los jardines del alcázar sevillano. Posteriormente y también como arquitecto de la Comisaría Regia se hizo cargo de diversas restauraciones en Toledo (castillo de Layos, 1918), Sevilla y Valladolid (Casa de Cervantes). En 1914 se estableció en Sevilla, donde permaneció casi veinte años, y ganó el concurso de la sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano con un anteproyecto de hotel en los Jardines de Eslava, principiando una fecunda etapa en la que realizó gran número de obras particulares en la ciudad del Guadalquivir y otras capitales andaluzas.
     Galardonado en 1926 con la medalla de oro de la exposición de Arte Decorativo de Paris y con el Gran premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue presidente de la Asociación General de Arquitectos, siendo nombrado el 13 de enero de 1927, tras la renuncia de Aníbal González, arquitecto general y director artístico de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. A este respecto se ha calificado el papel de Traver como decisivo para el éxito de la Exposición Internacional, pues a su cargo estuvo no tan solo la realización de proyectos sino también la supervisión artística de pabellones particulares y oficiales.
     Distinguido en 1929 con los grados de Caballero y Comendador de la Orden del Santo Cristo, de Portugal y Galardonado en 1930 con el primer premio del concurso nacional para el proyecto del templo monumental dedicado a la Virgen de los Desamparados de Valencia, en 1933 regresaba a su ciudad natal, –a la que no obstante permaneció vinculado durante su estancia en Sevilla, especialmente con la Sociedad Castellonense de Cultura, de la que era miembro fundador y colaborador de su Boletín–, y para la que ya en 1925 había redactado el Plan de ordenación y urbanización de Castellón y proyectado y edificado diversas viviendas.
     En Castellón estableció su oficina de trabajo y rápidamente se nutrió de clientela particular además de la de carácter eclesiástico, pues fue nombrado arquitecto diocesano de Tortosa, siendo numerosas los edificios que diseñó y construyó, tanto en su ciudad natal como en poblaciones vecinas y Valencia capital.
     Nombrado durante el conflicto bélico Auxiliar Técnico de la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Castellón (1936-38) y posteriormente Agente de Enlace del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, tras la entrada de las tropas del general Franco, el 14 de abril de 1939 fue nombrado alcalde de Castellón, cargo que desempeñó hasta noviembre de 1942, impulsando diversas reformas urbanas contempladas en el Plan que había redactado en 1925.
     Arquitecto diocesano de Valencia desde el 14 de julio de 1939, dirigió la restauración del Aula Capitular de la Catedral de Valencia, la de la capilla de las reliquias y la llamada capilla del Santo Cáliz, así como la reconstrucción del Palacio Arzobispal y la construcción del Seminario Metropolitano de Valencia en Moncada.
     Dedicado a la arquitectura y también a la labor de publicista e investigador, llevó a cabo numerosas e importantes obras en Castellón y poblaciones de su entorno, en un estilo clasicista y ecléctico muy característico de nuestro biografiado.
     Nombrado en 1914 caballero de la Real Orden de Isabel La Católica y un año más tarde condecorado con el grado de comendador de la misma Real orden, fue designado en 1948 presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Castellón.
     De su afición al cultivo de la Historia surgieron diversos libros y numerosos artículos en el “Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura”, de la que fue miembro activo y vice-presidente. Fue también correspondiente de la Real Academia de la Historia y de las de Bellas Artes de San Fernando, Santa Isabel de Hungría y San Carlos (Ferrán Olucha Montins, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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sábado, 8 de octubre de 2022

La Hacienda La Motilla, en Huévar del Aljarafe (Sevilla)

     Por Amor al Arte,
déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda La Motilla, en Huévar del Aljarafe (Sevilla).  
     Hoy, 8 de octubre, es el aniversario de la creación (8 de octubre de 1679) del Marquesado de la Motilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Hacienda La Motilla, en Huévar del Aljarafe (Sevilla).
    Hacienda de olivar de doble patio. Conserva la almazara integra con sala de morturación con alfarge, piedra, torva, dos calderas con, pozo, prensa de viga y cuatro tinajas. Cuenta además con cuadras y tinahón, gañanías, lavaderos, casa del encargado, señorío con patio, horno de pan y talleres de carpintería y herrería  (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 28 de diciembre de 2021

Un paseo por la calle Cuna

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Cuna, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 28 de diciembre, Fiesta de los Santos Inocentes, mártires, niños que fueron ejecutados en Belén de Judea por el impío rey Herodes, para que pereciera con ellos el niño Jesús, a quien había adorado los Magos. Fueron honrados como mártires desde los primeros siglos de la Iglesia, primicia de todos los que habían de derramar su sangre por Dios y el Cordero [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la calle Cuna, de Sevilla, que dando un paseo por ella.
     La calle Cuna es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles Laraña, Orfila y plaza de Villasís, a la confluencia de la plaza del Salvador y la barreduela Oropesa.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1384 era conocida indistintamente como Carpinteros y Carpinterías, por los artesanos o vendedores de la madera allí asentados. A mediados del s. XVI ambos nombres se redujeron al tramo final de la calle (entre Acetres y plaza del Salvador), pues el primero pasó a conocerse como Cuna, por la casa de expósitos allí instalada en 1558. En 1845 este último topónimo se extendió a toda la calle, hasta 1903, en que se rotuló como Federico de Castro (1834-1903), catedrático de la Universidad de Sevilla y uno de los más singulares representantes de la filosofía krausista. Todavía se mantiene este nombre en un azulejo de la casa esquina a plaza de Villasís. En 1938 volvió a recuperar el de Cuna.
     Es larga, estrecha y relativamente rectilínea, pues ofrece numerosos entrantes y salientes, resultado de sucesivas alineaciones que tuvieron lugar sobre todo en los primeros años de nuestro siglo. La zona más ancha se encuentra en la confluencia con Acetres y Cerrajería. Ya desde el s. XV hay noticias de barreduelas y cierres de callejones interiores y en el citado plano dieciochesco se recogen dos adarves, uno al comienzo, a la altura del actual Francisco de Pelsmaeker, y otro al final (actual Oropesa). En nuestros días se han abierto en ella dos pasajes, uno por la derecha, Maestro Gámez Laserna, y otro por la izquierda, que comunica con Lagar. En Cuna desembocan por la derecha, Francisco de Pelsmaeker, Rivero, Cerrajería y Oropesa, y por la izquierda, Goyeneta, Acetres, y Lagar.
      En 1522 estaba ya enladrillada y en 1584 se empiedra. Se adoquina en 1884. Hoy presenta un adoquinado, muy reciente, con una franja central de granito en sentido longitudinal. Sólo tiene aceras de losetas blan­cas y negras en su tramo inicial, en algunos puntos muy estrechas. La calle se ilumina mediante báculos metálicos adosados a las fachadas. Su caserío es variado y de buen porte. Junto a algunas casas dieciochescas y decimonónicas, pueden verse viviendas tradicionales sevillanas de la primera mitad de nuestro siglo, de dos y tres plantas, con cierros a la calle; alguna casa-palacio y varias de estilo regionalista. Entre toda, destaca el palacio de la condesa de Lebrija (núm. 8), reconstruido en el s. XIX sobre un viejo edificio renacentista. Posee valiosos pavimentos y azulejería antiguos e importantes piezas arqueológicas procedentes de Itálica. Son dignas de mencionar también la núm. 35, de tres plantas y ático decorado con pilastras; la 42, con la fachada avitolada; la 41, que ofrece un bello balcón modernista; la 45-49, sede de una antigua ferretería, ya desaparecida, con patio y escalera de gran valor; la 48, con una buena colección de herrajes en la fachada; la 51, obra historicista del arquitecto Juan Talavera (1909); la 49, también con herrajes modernistas, obra del maestro Rafael López Carmona (1910). En la esquina con Laraña y plaza de Villasís, la calle ofrece las fachadas laterales de dos importantes edificios: la casa-palacio del marqués de la Motilla, obra de Gino Coppedè y Vicente Traver (1921 -1931), inspirada en modelos del gótico italiano; y el que Aníbal González construyó en 1912-13, de estilo regionalista, para Ignacio Sanz. En la confluencia con Cerrajería se sitúa el edificio neomudéjar del arquitecto José Espiau Muñoz (1912-14), sede del establecimiento de tejidos Ciudad de Londres.
     De la documentación histórica existente se deduce que Cuna fue siempre una de las más importantes callesl del centro de Sevilla, caracterizada por funciones comerciales y muy frecuentada. Desde la Edad Media abundaban en ella los talleres de carpinteros, y según un documento de mediados del XVI "la calle está tan ocupada por los bancos de los ofycios que no ay quien pase por ella" (Sec. 17, 1540). En el s. XVII tenia allí su taller el impresor Matías Clavijo. Pero es en el XIX cuando su vida comercial y recreativa se intensifican notablemente. Según González de León, había muchos "fabricantes de guitarras". También cafés, como el Nuevo Suizo, con otra entrada por Sierpes; o el de Correo, frente a Cerrajería, del que eran asiduos Luis Montoto, Rodríguez Marín y el músico Mariani. En 1879 tenía en Cuna su sede el Ateneo Hispalense y un centro mercantil para los empleados de comercio En 1925 se abrió como "salón de espectáculos" el futuro Pathé Cinema, del arquitecto Juan Talavera, en un estilo de inspiración modernista. Fue la primera sala construida expresamente como cinematógrafo en Sevilla, que ha cerrado sus puertas hace pocos años y se está remodelando. Estos centros recreativos y la abundancia de pequeños comercios hicieron de Cuna una calle muy transitada. En 1855, sus vecinos se quejan del tránsito de los burros que "vuelven de dejar cargas de trigo en la alhóndiga" y ocasionan accidentes entre el numeroso público (El Porvenir, 21-X-1855). Y en 1881 del paso de carruajes. Del carácter popular de su comercio a principios de siglo se hace eco el poeta Rafael Laffón en su Sevilla del buen recuerdo: "Y de aquí a la calle de la Cuna, a cualquier tabuco de chicarrería de pacotilla, donde se exhibirán a la puerta verdaderos racimos de toscos calzados de puntera acorazada con reborde de latón". Unos años antes el novelista Pedro Antonio de Alarcón, en El final de Norma, resaltaba la existencia de freidurías.
     Por tratarse de una calle céntrica, situada entre Sierpes y plaza del Salvador, Cuna ha sido, y en buena parte lo sigue siendo, lugar de obligado paso de procesiones y comitivas cívico-religiosas, en especial en las festividades de Semana Santa y del Corpus. Ya en el siglo XVI se entoldaba su tramo final con motivo de ésta última fiesta, y en la esquina con e1 Salvador se levantaba un arco. Fue muy solemne a su paso por Cuna la procesión cívica que en 1171 se organizó al trasladarse la Universidad a la antigua casa profesa de los jesuitas, en la actual Laraña. Uno de los elementos que en el pasado determinaron también el carácter de esta calle fue la muy conocida Casa Cuna u Hospicio de niños expósitos, fundada en 1558 por el arzobispo Valdés, situada en la acera de la izquierda, entre Goyeneta y Acetres. Estuvo en pie hasta el pasado siglo y poseía dependencias asistenciales y una iglesia. El hispanista inglés Richard Ford la describió como un lugar de tristeza y de dolor en su Manual de viajeros por Andalucía. Los sevillanos que pasaban ante su puerta podían leer aquella famosa inscripción, tan repetida, junto a la ranura para recoger los donativos: "cuando mi padre y mi madre me abandonen, me recogerá el Señor".
     En la actualidad la calle cumple una función marcadamente comercial. con buena parte de los pisos altos cerrados o convertidos en almacenes y los bajos ocupados por establecimientos. Proliferan los anuncios en banderola y los luminosos, y se conservan antiguas muestras de madera en algunos comercios de corte tradicional y popular. Esa alternancia de lo tradicional y lo moderno es quizás la nota principal de sus tiendas, numerosas y muy variadas (muebles, zapaterías, papelerías, decoración, estudios fotográficos, colchonerías, cesterías, electricidad, mercerías, juguetes, algún bar... y una curiosa abundancia de establecimientos de trajes de novia concentrado en el tramo final de la calle). Como en otras calles del centro de Sevilla, algunos comercios se han instalado en los viejos patios de las casas tradicionales. Esa intensa vida comercial ha forzado, en los últimos años, su declaración de calle peatonal, aunque tengan acceso los vehículos para la carga y descarga de géneros. Pero el ajetreo de las horas diurnas contrasta vivamente con el escaso movimiento y el silencio de la noche, una vez paralizada la actividad comercial. Todavía a mediados del XIX había en Cuna un retablo dedicado a la Virgen de los Desamparados con una hermandad que atendía el culto. En una de sus casas habitó el conde de Tójar, político sevillano de principios del XIX. En otra, hoy destinada a despacho de quinielas y loterías, existió en los años 50 de nuestro siglo un comedor universitario muy frecuentado, dependiente del sindicato oficial (S.E.U.) [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Cuna, 8. Esta casa perteneció a  la  familia  de los Paiba. Reedificada en el siglo XVI, fue adquirida por el  conde de los Corbos y, más tarde, propiedad de los condes de  Miraflores de los Ángeles. En el siglo pasado se realizaron grandes obras por la condesa de Lebrija, que dieron al edificio su fisonomía actual.
     En esta reforma se utilizaron elementos procedentes de Itálica y de palacios y conventos. En el zaguán, un pavimento de "opus sectile" y azulejos de cuenca del siglo XVIII, éstos procedentes de Arcos de la Frontera. El patio pavimentado con mármoles de colores y un mosaico, procedentes de Itálica. La escalera, construida en la última reforma, reú­ne materiales de los siglos XVI y XVII. El friso y el artesonado proceden del palacio de los Ponce de León, de Marchena; los azulejos, del con­vento de San Agustín de Sevilla. Varias salas de la planta baja están dedicadas a museo, conservándose en ellas piezas en su mayor parte procedentes de Itálica (mosaicos, esculturas, epígrafes, cerámica, vidrio, etc.).
Cuna, 35, acc
. Casa de tres plantas con ático decorado con pilastras.
Cuna, 42. Casa de tres plantas. Fachada avitolada y decorada con pilastras. La planta baja ha sido alterada  por la instalación de locales comerciales.
Cuna, 45  y  47. Edificio de dos plantas, en cuyo interior existen dos patios. Uno con arquerías sobre columnas toscanas en la planta baja, y balcones en la superior. El otro patio, de planta rectangular, posee en los frentes cortos un arco central semicircular, sobre columnas corintias, flanqueado por vanos adintelados y óculos sobre ellos; en los frentes mayores, arcos semicirculares. La escalera está decorada con azulejos del siglo XVIII.
Cuna,  48. Esta casa posee una buena colección de herrajes en la fachada [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de los Santos Inocentes, mártires;
La leyenda y su falta de historicidad
   Las pequeñas víctimas del cruel Herodes se evaluaban en el fabuloso número de ciento cuarenta y cuatro mil, como los mártires del Apocalipsis, que imploraban la venganza de Dios al pie de su altar.
   Según el relato de Mateo (2: 16 - 18), que completaron y ampliaron los Evangelios apócrifos, la Leyenda Dorada y el teatro religioso de los autos sacramentales, Herodes, furioso por el engaño de los Reyes Magos que advertidos por un ángel, en vez de ir a llevarle informes acerca de su visita a Belén regresaron por mar, ordenó la matanza de todos los niños de hasta dos años de edad (a binatu et infra) para tener la seguridad de que el futuro rey de los judíos no escapase con vida.
   Los hagiógrafos describen con complacencia esta carnicería. Evocan a la soldadesca arrancando a los pequeños de entre los brazos de sus madres y tronchándolos con las espadas o ensartándolos en la punta de sus lanzas. El número de víctimas de este infanticidio masivo se habría elevado a millares. El Menologio griego calcula su número en 144.000, cifra fabulosa que es la copia del número de los justos del Apocalipsis de san Juan.
   Sería superfluo cuestionar esas cifras agrandadas de buena gana por la credu­lidad popular. En un pueblo como Belén, que contaba sólo con algunos cientos de habitantes, los niños varones menores de dos años podían ser, cuando mucho, alrededor de veinte. Los cálculos más complacientes no superan un máximo de sesenta víctimas.
   Pero aún en un relato donde no se exageren las cifras ¿podría admitirse que ha ya una sola pizca de verdad histórica? Todo conduce a creer que no se trata de la exageración de un hecho real sino de una pura invención.
   La Presentación de Jesús en el templo había tenido lugar en Jerusalén. Cabe preguntarse por qué José, en vez de regresar a su casa en Nazaret, condujo a su familia al incómodo establo de Belén.
   Ya resulta sospechoso que el acontecimiento sólo se haya consignado en uno de los cuatro Evangelios canónicos: salvo el de Mateo, los otros tres lo ignoran completamente. Las dudas se agravan por el hecho de que los analistas romanos, y sobre todo el historiador judío Flavio Josefo, que relata la vida de Herodes hasta en sus menores detalles, no digan una palabra.
   Señalemos, además, que la Matanza de los Inocentes no es una leyenda aislada, específicamente judía: la historia del niño predestinado a quien el rey en el trono considera una amenaza para su reinado o su vida, y del cual se defiende de antemano haciendo asesinar a todos los niños de su edad, es un tema de la leyenda universal que se encuentra, con variantes, en las del dios hindú Krishna, Ciro, Rómulo y hasta Moisés, puesto que el Antiguo Testamento habla de la matanza de los niños de Israel ahogados en el Nilo por orden del faraón.
   Y por último -este argumento podría hacer innecesarios todos los demás- el evangelista admite el origen bíblico de su relato que no es más que una profecía realizada: «Entonces se cumplió la palabra del profeta Jeremías, que dice: Una voz se oye en Ramá, lamentación y gemido grande; es Raquel, que llora a sus hijos y rehúsa ser consolada,  porque  ya  no existen ».
   Así, la Matanza de los Inocentes sería, como la mayoría de los acontecimientos relatados en los Evangelios, la consumación de una profecía del Antiguo Testamento.
El culto de los Santos Inocentes
   Muy popular en la Edad Media, el culto de los santos Inocentes provocó en 1212 la asombrosa cruzada de los niños que acabó de manera miserable.
   La abadía de Saint Denis y la iglesia de los Inocentes en París, pretendían poseer, ambas, el cuerpo entero de uno de los pequeños mártires.
   La abadía benedictina de Brantôme (Dordogne), se jactaba de conservar las reliquias de san Sicario, uno de los Inocentes.
   En Saint Germain des Prés, una pierna relicario del siglo XIII contenía la tibia de uno de ellos. El Museo de Zurich recogió el pie relicario de otro, embutido en una pieza de orfebrería del siglo XV.
   La cartuja de Würzburgo, en Alemania, exponía el cuerpo de uno de los Inocentes. La Edad Media confundía en un solo culto a los santos Inocentes con los pequeños mártires cristianos que habrían sido víctimas de los asesinatos rituales de los judíos. Los niños encontrados (Findelkinder) y los niños de coro (Chorknaben), estaban puesto bajo su protección.
   Aunque la hecatombe de los Inocentes de Belén pertenece al dominio de la fábula, la piedad popular veneró a los muertos como a los primeros mártires cristianos: su bautismo de sangre se juzgó equivalente al bautismo por el agua.
   Su culto se desarrolló muy tempranamente, al principio en Palestina, en cuya basílica de Belén había una capilla dedicada a los Santos Inocentes.
   El día de su muerte, el 28 de diciembre, se consideraba día nefasto.
   Esta  devoción está probada en Francia por numerosos testimonios. Algunas de sus reliquias fueron llevadas desde Oriente por san Casiano, a la abadía de Saint Victor en Marsella, en el año 414. Dicha abadía cedió una  parte de las reliquias a otra gran abadía provenzal, la de Saint Maximin. En el siglo XII, la capilla capitular de Saint Caprais de Agen se puso bajo la advocación de los Santos Inocentes. El cementerio de los Inocentes de París, célebre por su Danza Macabra, tenía una iglesia aledaña a la cual el rey Luis XI ofreció «un Inocente entero en un gran relicario de cristal».
   Las representaciones de los Santos Inocentes en Italia se multiplicaron a partir del siglo XV a causa de la fundación de los orfelinatos que se pusieron bajo su patronazgo.
Iconografía
   Es infrecuente que estén representados con independencia de dicho tema. Tiene palmas como atributos.
   Los Inocentes, asimilados a los santos y a los mártires, está nimbados y tienen como atributo la palma del martirio. Están vestidos con una camiseta manchada de sangre o bien desnudos con un ceñidor de hojas.
   En los ciclos narrativos deben distinguirse seis episodios:
1. Herodes pregunta a los sacrificadores y a los escribas dónde nació Cristo.
2. Herodes ordenando la matanza de los inocentes. 
   Está sentado en un trono, como en la escena de la Visita de los Reyes Magos, un demonio le dicta malos consejos al oído.
3. La matanza de los inocentes.
   En las realizaciones más antiguas, los verdugos llevan a Herodes en brazos o al hombro a los niños que han quitado a sus madres.
   Después, la escena se volvió más dramática y brutal. Es una serie de furiosos duelos entre los brefoctones (matadores de niños pequeños) y las madres que defienden a sus hijos. Un soldado coge a un niño por el pie, lo deja colgando cabeza abajo y se dispone a cortarlo en dos con su espada, como en la simulación del Juicio de Salomón. Muchos de ellos son ensartados como lechones.
   En una segunda versión que parece de origen provenzal, los niños no reciben la muerte por espada sino que son aplastados contra el suelo, al pie del trono de Herodes.
   Las mujeres expresan su dolor mesándose la cabellera y desgarrándose las mejillas con las uñas. Una de ellas se afana en reunir los miembros dispersos de su hijo cortado en pedazos.
4. La huida a la montaña de Isabel y san Juanito
   Este episodio, incorporado a la Matanza de los Inocentes, se ha tomado de los Evangelios apócrifos, especialmente del Protoevangelio de Santiago y del Evangelio Armenio de la Infancia (cap. 14: 2).
   «Cuando Isabel supo que se buscaba a su hijo Juan, lo cogió y partió hacia la montaña y buscaba donde ocultarlo pero no encontraba escondrijo. Con un profundo suspiro dijo: -Montaña de Dios, recibe a una madre con su hijo. Y súbita­mente la montaña se abrió y los recibió.»
   La píxide bizantina de marfil procedente de la Bóveda Chilhac, cerca de Brioude (Louvre), ofrecería la más antigua representación conocida de este episodio que ha sido reeditado por los hagiógrafos en la leyenda de santa Bárbara. Se encuentran otros ejemplos en una miniatura del Homiliario de Gregorio Nacianceno (siglo IX, B.N., París), en los frescos de Capadocia (siglo XI), y en los mosaicos de Kahrié Djami, Constantinopla (siglo XIV).
   En el arte bizantino esta escena suele asociarse con la Matanza de los Inocentes.
5. La degollación de Zacarías
   Furioso porque san Juanito había escapado, Herodes hace degollar frente al altar a su padre, el sumo sacerdote Zacarías. Se encontró la sangre coagulada de éste, pero no su cuerpo que había desaparecido.
6. La muerte de Herodes
   Tantos crímenes merecían un castigo ejemplar. La justicia popular no trató a Herodes mejor que a Judas. La tradición lo hacía morir agusanado a causa de una enfermedad vermicular.
   Según Pedro Comestor, el cuerpo del tirano fue roído vivo por los gusanos que pululaban en sus testículos putrefactos: «Ipsa quoque verenda putrefacta scatebant vermiculis. Putredo testiculorum vermes generabat». Acaba  suicidándose con el cuchillo que usaba para pelar la fruta y los demonios se llevan su alma al infierno (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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La calle Cuna, al detalle:
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El edificio "Ciudad de Londres"
El edificio de la calle Cuna, 35
El edificio de la calle Cuna, 41
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El edificio de la calle Cuna, 45-47
El edificio de la calle Cuna, 48
El edificio de la calle Cuna, 49
El edificio de la calle Cuna, 51