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domingo, 3 de agosto de 2025

Un paseo por la calle Palos de la Frontera

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
    Hoy, 3 de agosto, es el aniversario (3 de agosto de 1492), de la partida de Colón del puerto de Palos de la Frontera, en el viaje del Descubrimiento del Nuevo Mundo, así que hoy es el mejor día para Explicarte la calle Palos de la Frontera, de Sevilla, dando un paseo por ella.
       La calle Palos de la Frontera es, en el Callejero de Sevilla, una vía que se encuentra en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la avenida de Roma, a la glorieta de San Diego. 
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aunque los planos históricos no dan nombre a este camino, es posible que se usara como término de referencia el convento de San Diego, establecido allí a finales del s. XVI. A comienzos del s. XX ya hay alusiones al arrecife del Foso por el que bordea el lado sur de la Fábrica de Tabacos. En 1928 se rotula como Palos de Moguer, por ser el nombre más usual al referirse en la época a Palos de la Frontera, villa desde donde partió Colón en 1492 y en clara relación con la Exposición Iberoamericana. En 1966 por iniciativa del ayuntamiento de esa localidad se rectificó, dándole su actual de­nominación.
     Desde la Edad Media existió un camino que, antes de la construcción de los jardines de la Eslava sobre los que se edificó el Hotel Alfonso XIII, en el último tercio del s. XIX, cruzaba diagonalmente desde la Puerta de Jerez a la esquina del foso junto a San Telmo. Con la construcción en 1592 del convento de San Diego, en 1682 de la Universidad de Mareantes (Palacio de San Telmo) y en 1728 de la Fábrica de Tabacos, queda conformado casi en su totalidad el camino o arrecife que tras salir alineado con la fachada principal de San Telmo, gira en ángulo recto antes de alcanzar este edificio y continuar paralelo junto al foso hasta alcanzar la fachada del convento.
     Es ancha y describe dos curvas muy pronunciadas. Las aceras son también amplias y están embaldosadas con losetas de cemento. El tramo de acera contigua al parque se ensancha, dando lugar a una amplia franja de albero sobre la que se sitúan dos hileras de castaños de Indias. La presencia de arboles a ambos lados del antiguo camino o arrecife será una constante a través de los siglos. Ya en 1614 los franciscanos de San Diego fueron autorizados a plantarlos en el camino que conducía desde el convento a la Puerta de Jerez. Confluyen Doña María de Padilla por la izquierda y La Rábida por la derecha. Es una vía muy singular, pues está delimitada por las verjas de los tres únicos edificios que la conforman: un tramo de los jardines de San Telmo, conocidos popularmente como la Madrina; parte del foso de la antigua Fábrica de Tabacos (hoy Universidad), y un lienzo de pared de los jardines del palacio de San Telmo. Este edificio ofrece en su fachada norte doce esculturas de sevillanos ilustres realizadas en 1895 por Antonio Susillo (v. Avenida de Roma). La Fá­brica de Tabacos, obra de Sebastián Van der Borcht, terminada en 1771, y el Hotel Alfonso XIII,  obra  del  arquitecto José Espiau (1928), ofrecen sus fachadas posteriores a esta calle junto con un tramo del foso que bordea a la Universidad y que fue el último en ser terminado. En los años sesenta se construyó un puente sobre el mismo que da acceso a la que fue Facultad de Ciencias, hoy de Filología. Frente a este edificio y rodeado de frondosa arboleda se encuentra un sencillo pabellón conocido corno de la Madrina, que fue colegio de niñas ciegas y posteriormente Hemeroteca Municipal, hasta el traslado a su actual sede en Almirante Apodaca.
     Hay referencias en 1726 de autorizaciones para depositar escombros en esta zona a los cargadores que salieran por la Puerta de Jerez y los postigos del Aceite y del Carbón y noticias de arreglos en el arrecife en el s. XIX. En 1830 fue pavimentada de piedra, adoquinada en 1904 y readoquinada en los años setenta. Es una de las pocas avenidas de la ciudad que no ha sido cubierta de asfalto. El alumbrado sobre farolas de báculo fue sustituido en 1975 por farolas fernandinas de fundición con tres brazos. Esta vía que originalmente no era sino el comienzo del camino a Jerez, adquirirá su carácter de vía urbana en función de la reforma del viario con motivo dela Exposición Iberoamericana de 1929. Con anterioridad, en el úl­timo tercio del s. XIX, fue terminal de una de las líneas de tranvías que partía de la calle Hernando Colón y atravesaba la Puerta de Jerez. Hasta 1946 formó parte de la cañada del Juncal que hasta esa fecha pasaba por San Fernando. Desde la década de los seten­ta soporta un intenso tráfico, proveniente del centro y oeste de la ciudad, en una sola dirección. La doble curva y el exceso de velocidad ha provocado en ocasiones la caída al foso de la Universidad de vehículos [Salvador Rodríguez Becerra, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Palos de la Frontera, s/n. HOTEL ALFONSO XIII
. Obra del arquitecto José Espiau Muñoz, dentro del llamado "estilo sevillano". Utiliza los materiales típicos de la región, como ladrillo en limpio, azulejos, zó­calos y otros elementos decorativos de azulejos y patio de columnas.
Palos de la Frontera, 2. PALACIO DE SAN TELMO. Fue construido para Colegio de Mareantes; en el siglo XIX lo adquirieron los Duques de Montpensier para su residencia y, finalmente, por donación de la infanta Luisa, destinado a Semi­nario.
     Su construcción se inicia a fines del siglo XVII y se continúa en el siguiente con algunas detenciones. Las obras de reforma y adaptación continuaron hasta este siglo. La fisonomía actual se la da en el siglo XVIII el arquitecto Leonardo de Figueroa. La fachada principal se inspira en la del Archivo de Indias, y destaca en ella la gran portada de tres cuerpos. La fachada norte se corona por una galería de estatuas de figuras de sevillanos, obra de Antonio Susillo.
Palos de la Frontera, s/n. FÁBRICA DE TABACOS. Se inicia su construcción en 1726 por el ingeniero militar Ignacio Salas, al que sucedió el coronel Diego Bordick, y encargándose del proyecto, en 1750, Sebastián van der Borch; terminó la obra, en 1766, Juan Vicente Catalán. Los cuatro remates de las esquinas fueron labrados por Cayetano Acosta, así como la portada principal. Esta consta de dos cuerpos con columnas corintias y está rematada por la Fama. El amplio vestíbulo, la hermosa escalera y los más bellos lucernarios de las azoteas son obras de Van der Borch, y el patio primero, así como la torre del reloj se deben a Lucas Cintora. En la actualidad este edificio está destinado a Universidad, para lo cual ha sufrido importantes transformaciones internas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor el hecho histórico que se conmemora en el día de hoy
     El 23 de mayo de 1492 los vecinos de Palos de la Frontera escucharon en la iglesia de San José la orden de los reyes para que colaboraran, sin ambages, en la empresa colombina. Debían suministrar a sus expensas dos carabelas, que habían de servir o entregar a los reyes durante doce meses y, además, tenían que partir a las órdenes de Cristóbal Colón «...rumbo a ciertas regiones de la Mar Oceana». La orden dejó estupefactos a los «expertos marinos» habitantes de la villa marinera onubense, ya que se trataba de alcanzar Las Indias por Occidente, bajo el mando de un capitán prepotente, extraño y desconocido. 
     La cuestión se suavizó sobremanera cuando la principal familia marinera de la villa, la de los Pinzón, se sumó a la aventura con su jefe Martín Alonso Pinzón (tenía cerca de 50 años) a la cabeza, que también había concebido la idea de ir a Japón por Occidente; este hecho sería utilizado en 1515, por los testigos de los pleitos de los Colón con el Emperador Carlos V, para desmerecer a Cristóbal Colón enalteciendo a Martín Alonso Pinzón; Vicente Yáñez Pinzón, el hermano menor, también se enroló. En Moguer la familia de los Niños también aportó hombres (Juan, el cabeza de familia, con su carabela la Niña, y dos de sus hermanos) y los Quintero proporcionarían la Pinta. La nao Santa María fue alquilada a un patrón cántabro, de Santoña, Juan de la Cosa que también se embarcaría.
     La cadena de mando en las naves hispanas del momento era piramidal. El capitán o máximo responsable, el maestre que solía ser el propietario del barco, mandaba a los marineros y dirigía todas las operaciones, y el piloto que como segundo en el mando de la marinería se encargaba de trazar la carta de navegación y la marcha de la nave; bajo sus órdenes se encontraba el contramaestre que tenía el control directo de las tareas que motivaban el buen orden a bordo de los barcos. Fueron 87 los hombres enrolados, marinos avezados, ni aventureros ni proscritos. 
     Colón mandaba la Santa María con Juan de la Cosa como maestre y era, además, el capitán general de la flota. Martín Alonso Pinzón (1440-1493) mandaba La Pinta con su hermano Francisco Pinzón como maestre, y su hijo Vicente Yáñez Pinzón La Niña con Juan Niño como maestre. Todos los marineros eran españoles salvo tres genoveses y un portugués, la mayoría andaluces del ducado de Niebla, pero había varios del norte o cántabros como el mencionado Juan de la Cosa y el contramaestre vizcaíno Chachu. Sólo había cuatro fugitivos de la justicia alistados, uno condenado a muerte por homicidio en una riña y sus tres cómplices. Nadie fue obligado a embarcarse y se pagaron 600 maravedís a los marineros noveles, 1.000 a los veteranos, 1.500 a los contramaestres y 2.000 para los pilotos; podían incrementar su salario cambiando su «pacotilla» con los indígenas. Luis de Torres, hebreo converso era el intérprete; Diego de Harana, primo de la amante de Cristóbal Colón, era el alguacil de la flota con carácter policial. Además iban un escribano para levantar actas de las tierras descubiertas, tres médicos y dos funcionarios regios: un «veedor real», agente fiscal para controlar los gastos y reservar la parte de la Corona (antiguamente era un funcionario público encargado de la inspección y control de las actividades de los gremios y sus establecimientos; a partir de las Cortes de Toledo de 1480, los Reyes Católicos le atribuyeron una jurisdicción por la que debería rendir una visita anual de control de los oficiales regios) y un «repostero de estrados del rey» sin misión específica y embarcado motu proprio. No había soldados a bordo, ya que la misión era de exploración.
     La Niña y La Pinta tenían 20 metros de eslora, 6´5 de manga y 3 de calado con una capacidad de 60 toneladas; la Santa María (llamada «La Gallega» y dedicada a Santa María la Grande, que es la patrona de los pontevedreses; texto del padre Sarmiento del siglo XVIII) poseía unos 25 metros de eslora, 8 de manga, 4 de calado y 100 toneladas de capacidad. Eran naves de altas bordas y redondeadas, con un velamen complejo de tres mástiles, capaces para soportar tempestades en alta mar, pero que por su calado reducido les era posible acercarse mucho a la costa, aún en aguas poco profundas. Su coste era escaso, dos millones de maravedís y un cuarto de millón al mes para el pago de la tripulación. La leyenda de la reina Isabel I La Católica de León y de Castilla empeñando sus joyas no tiene ningún fundamento. 
     Colón aportó la octava parte prestada por el duque de Medinaceli y el resto fue aportado por Luis de Santangel con fondos de la Santa Hermandad, cofradía armada que se encargaba de mantener el orden público en los reinos de León y de Castilla. Se embarcaron víveres para un año y en diez semanas todo estuvo aparejado. Al amanecer del 3 de agosto de 1492 la flota se hizo a la mar. «Vuestras Altezas como católicos cristianos y príncipes amadores de la Santa Fe Cristiana y acrecentadores de ella y enemigos de la secta de Mahoma y de todas las idolatrías y herejías, pensaron en enviarme a mí, Cristóbal Colón a las dichas partidas de India para ver los dichos príncipes y los pueblos y las tierras y la disposición de ellas y de todo, y la manera que se pudiera tener para la conversión de ellos a nuestra fe.» (José María Manuel García-Osuna y Rodríguez, Anales críticos sobre Cristóbal Colón, el Gran Almirante de la Mar Océana).
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La calle Palos de la Frontera, al detalle:

martes, 1 de agosto de 2023

Los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva.

Monasterio de Santa María de la Rábida
     A 7 kms. de la ciudad de Palos de la Frontera está el sencillo y humilde monasterio de Santa María de la Rábida, situado en la confluencia de los ríos Tinto y Odiel, sobre una loma a 30 m. de altitud. La leyenda, sin apoyatura documental alguna, mantiene que la antigua rápita musulmana del lugar fuera transformada, en la segunda mitad del siglo XIII, en una fortaleza­ santuario de la Orden del Temple, convertido más tarde en eremitorio franciscano. Lo cierto es que la bula de Benedicto XIII, Etsi cunctorum, de 1412, es considerada la carta fundacional de La Rábida.
     Más tarde, en 1422, por la bula Sincerae devotionis affectus, se duplica el número de religiosos de la comunidad rabideña. El convento fue siempre un gran foco de religiosidad popular y de peregrinación mariana de todos los pueblos ribereños de la comarca, cuyos habitantes, por los numerosos prodigios y favores concedidos, llamaban a la titular como la Virgen de los Milagros.
     La sencilla arquitectura del cenobio rabideño se adecúa perfectamente a la espiritualidad franciscana. En líneas generales, salvo las de la normal evolución del mismo, el edificio se conserva tal como lo viera Cristóbal Colón en 1485. Se compone de residencia conventual e iglesia. El sector doméstico se dispone  en torno a dos claustros: el de la Hospedería o de las Flores y el Mudéjar o de la Clausura.
     El ingreso al cenobio se hace a través de un arco de medio punto peraltado, con alfiz, que apea sobre semicolumnas de ladrillo octogonales semejantes a las del claustro mudéjar. El zaguán, con restos de su ornamentación pictórica primitiva, conserva una tosca portadita gó­tica del siglo XV, con un pétreo arco conopial. La portería está compuesta por dos vestíbulos previos al Patio de la Hospedería. En ellos hay una lápida, que recuerda la visita del Papa Juan Pablo II a este convento y la coronación de la titular en 1993, de la cerámica trianera de Zabala, y un grafito de Vázquez Díaz enmarcado, así como un gran repostero con el escudo de los Reyes Católicos y los emblemas heráldicos de Colón y los hermanos Pinzón. A la izquierda está la antigua sacristía, hoy denominada Sala Vázquez Díaz, por los frescos que este artista nervense pintó en ella en 1930, relativos al Descubrimiento. La obra de Vázquez Díaz en la Rábida se caracteriza por su plena modernidad, por su suave colorido y logrado sentido arquitectónico del Quattrocento italiano. Sobre la puerta de entrada se inicia la narración con el saludo de Co­lón y su hijo a Fray Juan Pérez, que representa el «Pórtico de las dos edades, La Edad Media y la Edad Moderna». En el interior, los murales ofrecen una bella síntesis de la epopeya americana. En el flanco oriental aparecen las «Meditaciones del Navegante», en la que el físico del almirante está inspirado en el de Ortega y Gasset. En el paramento contiguo, sobre la puerta del pequeño cementerio conventual, se plasma el panel de «Las Conferencias», con personajes relacionados con los viajes descubridores, como los Hermanos Pinzón y el físico de Palos Garci Fernández. Todos son retratos tomados del natural, de logra­dos estudios psicológicos. Colón está personificado por el escultor Enrique Pérez Comendador. Los frailes del convento posaron para dar vida al grupo de sus antecesores en la comunidad rabideña. Entre ellos se incluye al hermano de Nobel moguereño, Eustaquio Jiménez.  En  el muro por el que se accede a la sacristía está la escena de la leva y armada de las carabelas, nutrido retrato de lugareños: «Son los heroicos hijos de Palos y de Moguer». Y en el último paramento: «La despedida de las naves», se encuentra un autorretrato del autor y su firma.
     El Patio de la Hospedería, que padeció bastantes quebrantos en el terremoto de Lisboa, se consolidó entre 1755 y 1759, pero hubo de ser demolido, construyéndose el actual, de finales del Setecientos y que constituye un buen ejemplar de la arquitectura popular andaluza. Es de planta cuadrada, de orden toscano. Se compone de dos cuerpos. El inferior es una galería con arquerías carpaneles, cubierta con bóvedas de arista entre arcos fajones. Los pilares ostentan resaltos e impostas. El segundo cuerpo presenta interiormente en los ángulos sendos arcos rampantes, que acentúan la autonomía espacial de cada galería superior. Las cubiertas, a una sola vertiente, son de tejas árabes. Las techumbres planas de madera son modernas. El espacio central adopta la traza de un patio de crucero, El ciprés central pone una nota de verticalidad frente a la horizontalidad del conjunto. En este claustro se exhiben una serie de trece lienzos, realizados por Juan Manuel Núñez en 2004, con la temática de los protagonistas y hechos determinantes de la Gesta, una especie de galería que constituye una síntesis histórica de la gesta colombina y del papel de los hombres de estas tierras en el Descubrimiento del Nuevo Mundo.
     Gracias a un arco gótico-mudéjar, de ladrillo limpio, se accede al Claustro Mudéjar de planta rectangular. Es el más antiguo del cenobio. Su fábrica corresponde al siglo XV. En su planta baja hay un zócalo decorado con prismas o arquetas en perspectiva isométrica, cuyas caras frontales ostentan cerraduras. Estas pinturas murales con­jugan armoniosamente elementos gótico-mudéjares, propios de la zona, con influencias italianizantes, procedentes del próspero comercio marítimo de la comarca con Italia y el Levante español en el medievo. El cuerpo superior de este claustro es del siglo XVIII. Presenta cuatro arquerías. Por los flancos norte y sur discurren siete arcos rebajados sobre pilares; y cinco por los del este y oeste. Están encalados. En los án­gulos, delimitando las citadas galerías superiores, hay cuatro arcos rampantes.
     Al Claustro Mudéjar abren algunas dependencias que merecen especial mención: La Sala de Conferencias y el antiguo refectorio. La primera es la celda donde Colón mantuvo las entrevistas iniciales con los franciscanos y el físico Garci Fernández. Se le conoce popularmente como el «Portal de Belén de América». El vano de ingreso, en el flanco meridional, es un arco de medio punto inscrito en su correspondiente alfiz. La techumbre es de tosca factura. En esta celda hay un cuadro de Cristóbal Colón, óleo sobre lienzo firmado por Joaquín Domínguez Bécquer en 1836, donado por los duques de Montpensier. También hay una tabla hispanoflamenca de la Piedad de María, obra anónima de principios del siglo XVI.
     La segunda estancia, el refectorio, está ubica­do en el lado septentrional del claustro, al que se accede bajo un arco apuntado. Cuenta con un púlpito de tapial. Preside un Crucificado en madera policromada, denominado Cristo de los Pobres, de h. 1500. En los muros del refectorio se puede leer: «Edent-pauperes-et-saturabuntur: et-laudabunt-dominum-qui-requirunt-eum: Vivent-corda-eorum-in-saeculum-saeculi. Psalmus­ XXI-versiculus-XXVII» («Comerán los pobres y se saciarán, y alabarán al Señor los que lo buscan; vivirán sus corazones por los siglos de los siglos. Salmo 21, versículo 27»). La techumbre es de madera tosca, compuesta de vigas, cintillas y tablazón. A los pies del salón se expone un óleo sobre lienzo, que representa la «Apoteosis de San Francisco: su aparición sobre un carro de fuego», de Juan de Dios Fernández , en 1795.
     Sobre el refectorio, se sitúa la Sala Capitular en la planta superior del Claustro Mudéjar. Se cubre con techumbre mudéjar en forma de artesa con tirantes. La estancia es de hacia 1663. Está decorada con apropiado mobiliario y atesora varias obras de arte, entre las que destacamos las siguientes: Un tríptico del Calvario, tallado en madera en su color obra anónima de estilo neogótico. Y un óvalo con la efigie de Colón, relieve en porcelana, de Guido Mazzoni en 1505. Entre las pinturas hay que señalar los retratos de Colón y Fray Antonio de Marchena, óleos sobre lienzo firmados por José Roldán h. 1860. Y los de los Reyes Católicos, Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez Pinzón y Juan de la Cosa, copias de A. Pérez Giráldez, de 1930. Asimismo las Armas de Cristóbal Colón, óleo sobre lienzo de Juan Manuel Núñez en 1991; y el Escudo de Hernán Cortés, pintura anónima mejicana del novecientos. Una placa recuerda que en esta sala se celebró un Consejo de Ministros, presidido por S. M. El Rey Don Juan Carlos I, en conmemo­ración del V Centenario de la salida de las naves del Descubrimiento, el 3 de agosto de 1992.
     En el antiguo ar­chivo conventual se cuelgan tres pinturas de tema colombino: «La Despedida de Colón», óleo de R. Espejo h. 1850-60; «La llegada de Colón a América. La tierra anhelada», anónimo de h. 1860-70. Y «Las conversaciones de Co­lón con el Padre Marchena», óleo sobre lienzo anónimo del último tercio del siglo XIX.
     La celda contigua se ha acondicionado e incluido en el circuito turístico tras 1992. En su interior destacan el retrato de Isabel la Católica, óleo sobre lienzo de José Rosa, del siglo XIX. Y otro lienzo de Colón, de A. Pérez Giráldez en 1930. A continuación hallamos el Mirador, al que se accede por el ángulo suroeste de la galería superior del Claustro Mudéjar. Tan aireada arquitectura, compuesta por arcos de medio punto sobre pilares con impostas, es típicamente conventual.
     Acto seguido, se pasa al vestíbulo que engarza 
las galerías superiores de los dos claustros conventuales. Allí hay que reseñar dos cuadros recientes: «Velas y alas», óleo sobre lienzo de Alberto Moreno y el Escudo de armas de los Hermanos Pinzón. Ya en el deambulatorio superior del Patio de la Hospedería hay cuatro óleos sobre lienzo, donados por los duques de Montpensier y realizados por Juan Cabral Bejarano en el siglo XIX: Representan la llegada de Colón a la Rábida, la lectura de la Real provisión en la parroquial de Palos, la Conferencia de Colón con Fray Juan Pérez, Martín Alonso Pinzón y Garci Fernández y la despedida del almirante de Fray Juan Pérez. Otra pintura historicista, representando la muerte de Colón, es obra de José María Rodríguez Lozada, de 1898. En los tres paramentos restantes se cuelgan siete telas que forman parte de la colección de lienzos dieciochescos con escenas de la vida de San Francisco de Asís, pintadas por Juan de Dios Fernández a finales del siglo XVIII. En el centro de estas galerías se exhiben las maquetas de las tres carabelas, obra del artesano onubense José Tasero en 1940. Por último, en la escalera que baja a la sacristía, está el Bautismo de Cristo, óleo sobre lienzo, copia de Tiziano del pintor Evaristo Domínguez, de h. 1955.
     Desde el deambulatorio superior del Patio de la Hospedería se ingresa en la Sala de los Documentos, antaño enfermería, donde algunos sitúan la muerte de Martín Alonso Pinzón. En una gran vitrina se exponen restos arqueológicos romanos y árabes de la comarca, varias piezas de orfebrería, dos Crucificados, etc. El Crucificado de mayor tamaño, escultura en madera de cedro en su color es obra anónima castellana, del segundo tercio del siglo XVI. El otro Cristo es de estilo roldanesco. Hay un Ángel y óleo sobre tabla de escuela hispanoflamenca, fechable h. 1500. Y tres indios americanos, óleo sobre lienzo, anónimo mejicano del siglo XX. Asimismo está la espada de un soldado de Hernán Cortés, donada por el marqués de Polavieja en 1927. En esta estancia está también el retrato de D. Mariano Alonso del Castillo, que impidió el derribo de La Rábida a mediados del siglo XIX. En este sector, ubicado sobre la portería, existen tres habitaciones dignas de mención. La sala de los Pergaminos, que guarda importantes documentos de la Real Sociedad Colombina Onubense, reproducidos en pergaminos miniados por Domingo Franco. En la estancia contigua se disponen la biblioteca y archivo de dicha institución. En la tercera dependencia, denominada del «Plus Ultra», hay una maqueta del hidroavión que hizo la primera travesía Palos-Buenos Aires, en 1926: Por último está la Sala de Banderas de las Repúblicas Hispanoamericanas y Filipinas, donde se muestran las enseñas nacionales de todos esos países, así como arquetas con tierra de cada uno de ellos. La techumbre de la sala, obra de Velázquez Bosco, se ha enriquecido.
     La iglesia conventual, de estilo gótico-mudéjar es la pieza más antigua del monumento. Consta de tres puertas. La exterior, practicada en el flanco meridional, es una portada propia del gótico-mudéjar sevillano. Su abocinada factura, con jambas de ladrillo aplantillado y ar­cos de sillares, se enriquece con un tejaroz sobre diez canecillos con cabezas leoninas. La puerta del templo, que enlaza por el lado septentrional con el Patio de la Hospedería, es mucho más morisca. Está compuesta de dos arcos de herra­dura apuntados: uno pétreo, en el interior de la nave; y otro de ladrillo, posterior. En su estado actual puede ser reconstrucción en el Setecientos de otro anterior. La tercera puerta, muy escueta, es la más pequeña del recinto, que comunica el presbiterio con la actual sacristía, que es de planta rectangular. La preside un Crucificado de Antonio León Ortega, de 1962, el Cristo del Mayor Dolor. En el muro frontero hay un relicario en orfebrería de San Buenaventura, obra  anónima del siglo XVI, donado por los condes de Sán­chez-Dalp en 1938.
     El templo se compone de capilla mayor una sola nave y cuatro capillas laterales. A través del tiempo ha sufrido alteraciones en su traza y fisonomía, manteniendo, sin embargo, el aroma de espiritualidad franciscana y la evocación de su glorioso pasado. En el siglo XVII se sustituyó el artesonado original por una bóveda de medio cañón, se construyó una cúpula sobre el presbiterio y se erigieron tres capillas en el lado del evangelio. También se reconstruyó la bóveda de la capilla lateral de los pies del templo. Según Ángel Ortega, la cúpula de la capilla mayor es posterior, del siglo XVIII. En cualquier caso supuso la demolición casi íntegra de la primitiva bóveda de crucería. Posteriormente, esta bóveda, ya a finales del siglo XIX, fue cegada.
     En la actualidad, la capilla mayor, de planta cuadrada y fábrica de sillares, conserva las marcas de sus canteros medievales. Se cubre con bóveda ojival. Fue reconstruida por Velázquez Bosco en 1892, decorándola con las consabidas puntas de diamante, tan del gusto de las iglesias gótico-mudéjares sevillanas. Se ilumina, por la derecha, gracias a una ventana mudéjar con alfiz, tallado y ornamentado en la piedra. El presbiterio está presidido por el Cristo de los Remedios, talla en madera de castaño policromada, obra gótica, anónimo gallego del siglo XIV. En el centro de la capilla se sitúa el altar, de mampostería, revestida de polícroma azulejería. Sobre la solería está la lápida sepulcral que sella la cripta, donde según la tradición fue enterrado Martín Alonso Pinzón. 
   El buque del templo, de nave única, se cubre actualmente con techumbre neomudéjar, realizada a partir de la restauración del cenobio por Velázquez Bosco en 1892. Fue hecha en Rociana. En 1912 tenía todavía inconclusa su decoración pictórica. Los muros de la iglesia tienen decoración de una torpe reproducción de tableros de madera o mármol, enmarcados por menudos y geométricos motivos pictóricos que semejan mosaicos de influjo bizantino, figuras de santos y platos o florones pintados de origen sienés y florentino. En el intradós de los arcos de acceso a las capillas laterales, del flanco izquierdo, encontramos la típica ornamentación gótica de cardinas. Estas pinturas, repintadas en 1891, proceden del último tercio del siglo XV, realizadas por pintores locales. En lo alto de los muros del templo cuelgan diez grandes cuadros, óleos sobre lienzo con pasajes de la vida de San Francisco de Asís, obra de la serie existente en este convento, del pintor Juan de Dios Fernández h. 1795.
     De las tres capillas del lado del evangelio sólo se conservan dos. Responden en su morfología y ornato a la estética del siglo XVII. Tienen como ingreso sendos arcos ojivales, en cuyos intradoses perduran las aludidas pinturas murales de la época de los Reyes Católicos. La segunda, ubicada al centro, está dedicada a la Inmaculada. Es de planta rectangular y bóveda de cañón. Está decorada con pinturas murales barrocas. La frontalera del altar y el zócalo son de cerámica de arista. Debió ser construida en 1723. En ella recibe culto una Purísima, escultura en madera policromada, obra anónima sevillana del siglo XVIII. La tercera capilla, ornamentada con pin­turas murales del siglo XVII, está consagrada a San Francisco, cuya escultura en madera policromada, del siglo XVII y de autor anónimo, preside la estancia. En el flanco de la epístola, bajo el arco ojival frontero al de la primera capilla, hoy ciego, se cuelga un cuadro de Cristo lavando los pies a sus discípulos, óleo sobre lienzo anónimo de hacia  1680-1690.
     La capilla de Santa María de la Rábida o Virgen de los Milagros, patrona de la ciudad de Pa­los de la Frontera, se adosa al extremo sur de la iglesia. Por tanto, no forma parte de la estructura general del mismo. Se unió al templo después de 1892. En origen pudo ser un torreón defensivo de la primitiva fábrica. Es de planta cuadrada con ajimez, y se cubre con bóveda vaída del siglo XVII. El amplio y rebajado arco que da al templo desvirtúa su primigenia configuración espacial. En 1981 fue decorada por Juan Manuel Núñez con unas pinturas murales, entre los que destaca el Misterio trinitario, la santidad franciscana más representativa y el Descubrimiento de Amé­rica. Entre los personajes retratados aparece el padre Oterino, guardián del cenobio.
     Desde 1945 preside esta capilla la titular del monasterio, escultura de alabastro, obra anónima del núcleo pirenaico franco-catalán del segundo tercio del siglo XIV. La Virgen se muestra como Hodegetria, portando una granada, símbolo de su maternidad eclesial, y sosteniendo a Jesús Niño. La ráfaga, diseñada por el pintor palermo Evaristo Domínguez, fue realizada por Manuel Seco Velasco en 1965. Lleva los escudos de los países iberoamericanos. Madre e Hijo se alzan sobre dos peanas superpuestas y decrecientes, trabajadas en mármol verde, bronce y plata por Seco Velasco entre 1966 y 1968. La inferior os­tenta la heráldica de Palos y del obispo Cantero Cuadrado. La superior la de la Orden seráfica. A los pies de la Señora se hallan las tres carabelas, en bronce dorado. La puerta del sagrario (1948) y la frontalera del altar (1953) fueron repujadas por el orfebre Fernando Marmolejo Camargo. Ante la venerada imagen de la Virgen de los Milagros, Santa María de la Rábida, oraron Colón y los marineros descubridores, así como Juan Pablo II, que la coronó el 14 de junio de 1993. La Virgen queda respaldada por un pequeño retablito neogótico, de perfil quebrado, enriquecido por guardapolvo y calados y dorados doseletes. Los laterales cobijan sendos ángeles pintados. Es obra anónima de 1945.
     Obras muy interesantes de la orfebrería de este monasterio rabideño son la cruz procesio­nal, de plata repujada, obra anónima castellana de fines del siglo XV, con los temas iconográficos de la Deesis, el Tetramorfos, el Pelícano, Adán, seis Apóstoles, la Virgen con el Niño y el Crucificado. Fue restaurada  por Marmolejo en  1950. Y la lámpara de plata blanca de la capilla de la titular, obra anónima del siglo XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Monasterio de la Rábida se asienta al sur del término Municipal de Palos de la Frontera, en la que se puede considerar la última colina antes de la desembocadura del río Tinto, cuyo paraje domina, junto con el estero de Domingo Rubio, el canal del Padre Santo y la barra de Saltés, por donde Huelva se abre camino hacia el mar, lugares, todos ellos citados por Cristóbal Colón en su diario de viaje.
     El Monasterio ofrece, en sus fachadas, una gran sencillez e incluso, humildad propiamente franciscana. La fachada sur, donde se ubica la portada de la iglesia, está labrada en sillares, presentando una ventana bastante reformada, con labores mudéjares. Formando ángulo recto con la iglesia existe un módulo de planta rectangular, clausura del convento, en cuyo testero se abren varias ventanas de distinta fisonomía. La sobriedad se hace aún más patente en el lado norte, donde el blanco de sus muros predomina sobre las diferentes ventanas y puertas, que se abren.
     La fachada norte no presenta elemento que difiera de la sencillez ya mencionada, tan solo una portada de sencilla traza entre dos contrafuertes. Según una crónica de 1714, el aspecto exterior del monasterio ofrecía un carácter de castillo-fortaleza, con almenas y azotea. Actualmente al exterior se acusa el tambor octogonal y la linterna del siglo XVIII y la espadaña, y como cubierta tejas árabes a dos y cuatro aguas.
     La portada de acceso a la iglesia es de estilo gótico con arco apuntado, aunque presenta detalles mudéjares, sobre todo en la parte inferior, donde aparece labrada en ladrillo agramilado. Muy interesante es el tejaroz sostenido por diez canes con cabezas de león, y los arquillos de traza ojival que se encuentran intercalados.
     Se ingresa al recinto conventual a través de dos portadas, localizadas en el lado este. La del zaguán, es un arco de ladrillo de medio punto peraltado, cuyos extremos apean sobre impostas terminadas en dos columnas octogonales, que descansan en altas basas. La puerta de acceso al vestíbulo interior es de arco conopial rebajado, de sillería, con restos de pintura mural. Entre el claustro de la portería y el mudéjar, se levanta la espadaña, la cual presenta dos cuerpos en altura.
     El primero con vano de medio punto; el segundo con vano de medio punto que remata en frontón triangular.
     El cenobio presenta una planta irregular propia de su estructura medieval, conservando la fisonomía de su traza primitiva.
     Quizás en su concepción se pudieron aprovechar determinadas edificaciones preexistentes. El conjunto se articula en torno a tres núcleos principales: la iglesia-santuario, el claustro de la portería y el de la clausura. La iglesia de pequeñas dimensiones posee una sola nave rectangular, con presbiterio de la misma traza, en cuyo lado del evangelio, se localiza la sacristía, la cuál presenta planta rectangular. En el lado del evangelio se abren dos capillas de planta rectangular, mientras que a los pies de la epístola se localiza la Capilla de Nuestra Señora de La Rábida o de los Milagros, de planta cuadrada. Tras la Capilla de la Virgen de la Rábida, se localizan dos grandes estancias rectangulares que constituyen parte de la actual clausura.
     A través de un zaguán de planta rectangular, se accede a un vestíbulo interior de la misma planta, donde a su izquierda se ubica la sala "Vázquez Díaz", que ofrece la misma planta, y el antiguo cementerio. A la derecha, se localizan distintas dependencias que pertenecen a la clausura, todas ellas de planta rectangular. A través del vestíbulo citado se ingresa en el claustro de la portería o de la hospedería, de planta casi cuadrada, se articula a base de cuatro galerías sobre pilares de ladrillo. En el mismo se localiza la biblioteca, la cuál presenta planta rectangular muy alargada. Mediante un pequeño
vestíbulo ubicado en el ángulo suroeste, se accede al claustro mudéjar, el cual posee dos plantas en altura, con planta rectangular. Entre las dependencias a destacar en este claustro se puede señalar, la sala de conferencias abierta en el lado sur, presentando planta rectangular, con portada y arco de medio punto, y el antiguo refectorio, con planta rectangular, en el ala norte. Junto a éste último y alrededor del patio, se ubican las celdas, las cuáles presentan plantas rectangulares y cuadradas.
     En el piso superior, sobre el zaguán y la sala "Vázquez Díaz", se localizan la "sala de banderas hispánicas" y la sala donde está la maqueta del hidroavión "Plus Ultra". Respecto a las otras dependencias no citadas aquí, es decir, las restantes del piso alto y otras del piso bajo, hay que decir que son de planta rectangular y cuadradas, no pudiéndose aportar más datos al no permitirse su visita.
     No existen elementos sustentantes exentos en la iglesia, siendo sus propios muros en fábrica mixta de ladrillo, tapial y mampostería de estructura árabe. El claustro de la portería o de la hospedería, posee como soporte pilares de ladrillo, sobre los que apoyan arcos rebajados. En el segundo piso se abren tres sencillas ventanas en cada uno de sus lados. El claustro mudéjar, por su parte, se articula a base de arcos peraltados, seis con una puerta en los lados norte y sur y cinco en este y oeste, que apean sobre pilares de ladrillo agramilado de sección octogonal, alzándose sobre pretiles o podiums.
     La galería alta posee pilares como soporte.
     El cuerpo de la iglesia presenta como cubierta artesonado de madera policromada, que sustituyó en 1892, a una bóveda barroca. El presbiterio, por su parte, posee bóveda de arista, aunque no es la original. Las galerías del claustro de la portería, se cubren con bóvedas de arista en tramos compartimentados por arcos fajones. Las del claustro mudéjar, por su parte, presentan un sencillo y severo artesonado. Entre las salas del monasterio, cabe reseñar la sala del Padre Marchena, la cual tiene una más que interesante artesa.
     Respecto a las demás dependencias del convento, es decir, zaguán y vestíbulo de acceso, sala "Vázquez Díaz", sacristía, sala de Conferencias, refectorio, biblioteca y las celdas de los monjes, ofrecen cubiertas de simple estructura.
     Otros elementos interesantes son:
            - Puerta que comunica la iglesia con el claustro mudéjar. De interesante factura, se puede observar la repetición del arco lanceolado que se encuentra en la iglesia de Santa María de la Granada de Niebla.
                -Puerta de acceso al claustro mudéjar. Situada en el ángulo suroeste del claustro de la portería, ofrece arco apuntado de estilo gótico-mudéjar de ladrillo, con azulejo en la parte superior.
                -Portada del antiguo refectorio. De estilo gótico y ladrillo visto, presenta en sus zócalos piezas vidriadas de varios colores.
                -Puerta de acceso al interior del convento. Presenta arco conopial rebajado, de sillería, con restos de pintura mural.
     Según se recoge en un códice de 1714, y dentro de la tradición y leyenda que envuelve el origen del Monasterio de La Rábida, se dice que se remonta a época fenicia, momento en que levantaron un templo al dios protector de Tiro. Los fenicios denominaban a su primera diosa femenina como Rabbad, de donde hacen derivar la palabra Rábida. Bajo el imperio de Trajano, cuenta el cronista que existía un templo consagrado a Proserpina, protectora de la rabia. Al parecer hubo una enfermedad de rabia, acudiendo la diosa. De rabia, rábida hace derivar el nombre del monasterio. En el año 159 hace iniciar el momento cristiano, con la presencia del sacerdote hispalense Ciriaco, quien consagró el templo a María.
     La presencia árabe se refleja en la construcción de un morabito o fortaleza denominado Rábhita. De este vocablo parece proceder el nombre del convento. Con posterioridad el cenobio estuvo bajo la orden militar de los Templarios, llegando incluso a darlo como fundación del propio padre San Francisco, en el año 1212, cuando visitó España. De estos hechos que se recogen en el citado códice de 1714, sólo la presencia árabe parece ser cierta. El resto queda en la mera hipótesis, en la leyenda, mientras no haya argumentos que lo demuestren.
     En el actual solar de La Rábida debió existir un ribat, convento fortificado musulmán, en el que una comunidad de monjes solados vigilaban los puntos estratégicos de la costa. Dos bulas, la "Etsi cunctorum", de Benedicto XIII, fechada en 7 de diciembre de 1412 y la "Licet is", de 17 de febrero de 1437, junto al estudio del propio edificio, permiten fechar la construcción del convento en el primer cuarto del siglo XV. En la primera bula se indica que la iglesia y la casa ya existían, lo que nos permite afirmar que la edificación se iniciaría a principios del siglo XV y se concluiría en el trans curso del mismo. El eremitorio de La Rábida fue fundado por fray Juan de la Rábida hacia 1403. Desde 1437, el monasterio queda integrado en el derecho común de la observancia. Ya a finales del siglo XV, se produce la visita de Cristóbal Colón a la Rábida, acompañado de su hijo Diego.
     El cenobio franciscano se constituye en el centro donde Colón tiene puesta sus miras para conseguir que España apoyara sus proyectos. Estas dieron sus frutos en 1492, con la partida de las naos desde el puerto de Palos de la Frontera. En 1623 se constituye como casa de recolección, restablecido por fray Bartolomé de San Francisco. De este modo siguió durante los dos siglos siguientes, en los que se incrementó el número de frailes, se renueva el edificio y se amplía su acción apostólica y cultural. Según el P. Germán Rubio, en el siglo XVII se hicieron grandes reformas especialmente por el padre fray Blas de Benjumea, Ministro Provincial entre 1663-1666. El terremoto de 1755 afectó principalmente a la iglesia, abovedándose su cuerpo y levantándose una cúpula con linterna sobre el crucero. También se vio afectado el claustro de la portería, el cual se rehízo de nuevo, aprovechándose los cimientos antiguos.
     El siglo XIX supone el ocaso del monasterio de Santa María de La Rábida. Todo se inicia con la invasión francesa, el saqueo y el cierre temporal del convento. Aunque permanecieron dos religiosos en el cenobio, el desastre fue general.
     Posteriormente, entre 1820 y 1823, con la exclaustración temporal, se clausuró el monasterio. A pesar de que la orden vuelve en 1823, entre 1835 y 1836, en virtud de la Real Orden del Ministerio de Gracia y Justicia, se produce la exclaustración definitiva con la supresión de los monasterios y conventos con número inferior a doce religiosos. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, obtuvo un Real Decreto de 1930, por el que se creaba un Patronato especial para el cuidado del monasterio. En él se funda la Universidad Hispanoamericana Santa María de La Rábida, con el primer curso de verano inaugurado el 1 de septiembre de 1943 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Arquitectura civil y Monumentos públicos
     Entre las construcciones de carácter civil hay que señalar en primer lugar los pocos restos del Castillo de Palos, en el cerro que domina la ciu­dad, que las investigaciones arqueológicas sitúan en época almohade.
     Pero el vestigio más interesante del pasado marinero de Palos lo constituye la Fontanilla, localizada cerca del lugar al que antiguamente llegaba un estero, donde había un embarcadero. Es una fuente pública, de estilo mudéjar en la que según la tradición se abastecieron de agua las naves descubridoras. Tiene forma de templete de planta cuadrangular, con bóveda vaída, que está soportada por cuatro arcos de medio punto rebajados apeados en pilares angulares reforzados con estribos.
     La Casa de Martín Alonso Pinzón, convertida en museo, es un edificio del siglo XV, con intervenciones profundas del siglo XVIII. Consta de dos pisos, dos crujías y patio. Está cubierta a dos aguas. Lo que llama más la atención es su portada, en la que las columnas y azulejería que flanquean el vano superior a la puerta principal le dan una impronta peculiar.
     En la plaza del Ayuntamiento, frente a las casas consistoriales, se encuentra el monumento a Martín Alonso, que procede de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, en 1929.
     En La Rábida, situado frente al cenobio, se alza el Monumento a los Descubridores, levantado en 1892 con motivo del IV Centenario del Descubrimiento de América. Fue construido por Ricardo Velázquez Bosco. Destruido en parte, hubo de ser restaurado en los años 40 del siglo XX por el arquitecto Feduchy, que introdujo innovaciones. Sobre una escalinata se levanta un alto basamento, que sostiene un gigantesco monolito, columna de fuste liso, con relieves colombinos en su tercio inferior, y con capitel dórico, sobre el que se erige una base circular que sostiene una cruz de cerrajería. A los pies de este monumento se celebró la coronación pontificia de la Virgen de los Milagros, patrona de la ciudad, por el Papa Juan Pablo II y con la asistencia de la Infanta Doña Cristina de Borbón, el 14 de junio de 1993.
     En el denominado Muelle de la Reina, que conserva vestigios de la intervención de Velázquez Bosco, se ubica el Ícaro del Triunfo, donado por el pueblo  de Argentina, conmemorando el vuelo del «Plus Ultra», desde Palos de la Frontera a Buenos Aires, en 1926.
     En 1943 el arquitecto Francisco Sedano Arce realizó el proyecto de la Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida, sede de la UIA actualmente. El edificio, basado en la sencillez compositiva e inspirado en la arquitectura misional española en América, fue ampliado en 1973 por el arquitecto Miguel González Vilches. Localizado en una vaguada al pie del monasterio de La Rábida se encuentra el Foro Iberoameri­cano, realizado entre 1988 y 1991, cuya planta se debe a los arquitectos José Álvarez Checa y T. Curbelo Ranero. Se trata de un auditorio con dos caveas de graderíos semicirculares. Entre el escenario, de cubrición metálica con un gran frontón en forma de A, y el graderío, se halla el espacio dedicado a la orquesta. Está construido en hormigón armado. Sus muros son de albañilería, con mármoles y piedra granítica (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Castillo
. El Castillo de Palos de la Frontera ocupa el interior de una manzana delimitada por las calles Fray Juan Pérez, Castilla y Vicente Yáñez Pinzón. Es una fortaleza de origen musulmán que se ubica en un cabezo desde el que se domina la cercana iglesia parroquial de San Jorge, la Fontanilla y el antiguo puerto de la localidad.
     Esta fortificación, de pequeñas dimensiones, disponía de cuatro torres cuadradas en las esquinas excepto la noreste, que era poligonal. El acceso principal se localizaba en el lienzo oriental. Previamente a su edificación se procedió a terraplenar la cumbre del cabezo donde se asentaría la fortificación.
     Del castillo apenas se conservan dos trozos de muros incompletos, con su cimentación construida con ladrillo dispuestos a soga y a tizón exteriormente, siendo en superficie de un tapial bastante uniforme. De las cuatro torres con las que contaba el recinto sólo se conservan vestigios de dos de ellas, las de los ángulos noroccidental y nororiental. Esta última muestra una cimentación más potente, de piedra labrada al exterior y relleno de cascotes y mortero en su interior, debido a que se trata de una estructura de mayor tamaño. Tanto por su tipología como por el tipo de construcción, parece que fue construida a mediados del siglo XIII, por tanto, con anterioridad al resto de la fortaleza.
     Aunque en realidad no permanecen más que las bases semienterradas de algunos muros, tanto las características topológicas del lugar (punto singular del paisaje urbano, vistas, estructura morfológica,...) como su valor histórico, que puede ser clarificado por las excavaciones arqueológicas que se vienen desarrollando, convierten este punto de la ciudad en un hito monumental. Presenta paralelismos constructivos y morfológicos con el castillo de San Pedro en Huelva y la Torre de San Juan y el castillo de San Fernando en Moguer.
     La edificación de viviendas al pie del cabezo, muchas de las cuales han ampliado sus patios traseros a costa de aquél, unida a la erosión natural de sus laderas han ido socavando las estructuras de la fortaleza hasta dejarlas en el estado en que se encuentran en la actualidad. La destrucción de los pocos restos emergentes que subsistían se aceleró en los años 80 del siglo XX con la construcción de edificios dotacionales inmediatos al cabezo. Así, hoy en día, del castillo de Palos sólo es posible apreciar algunos tramos de cimentación de los muros y torres.
     La torre original se construye en la segunda mitad del siglo XIII a la que se adosaría el resto del castillo entre el reinado de Fernando IV (1295-1312) y 1332. Así, algunas fuentes indican que la fortaleza sería construida entre 1313 y 1321 por Ruy Fernández de Gibraleón, alcalde mayor de Niebla.
     En 1627 las fuentes documentales aluden al castillo, en buen estado de conservación todavía, como propiedad de la condesa de Miranda y Duquesa de Peñaranda.
     Con motivo de la guerra con Portugal que comenzó en 1640 parece que el castillo de Palos cumple sus últimas funciones militares, puesto que desde mitad del siglo XVII las fuentes no contienen referencia alguna a dicha fortaleza ni a su alcaide. de la misma. Perdida la funcionalidad militar desde el final de las guerras con Portugal del siglo XVII el recinto del castillo quedó relegado a usos marginales, llegando a utilizarse como vertedero durante buena parte del siglo XX. Los trabajos arqueológicos realizados a partir de 1990 han permitido redescubrir los vestigios aún conservados de este edificio, mostrando con ello una de las señas de identidad de la villa de Palos antes y después del Descubrimiento de América (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
La Fontanilla
. La Fontanilla es una fuente de estilo mudéjar construida en ladrillo visto. Tiene una forma cuadrangular que se construye sobre cuatro pilares angulares reforzados con estribos que sustentan cuatro arcos de medio punto rematados en la parte superior por una bóveda semiesférica vacía que exteriormente se circunscribe en chapitel piramidal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Casa de Martín Alonso Pinzón. Se trata de una edificación entre medianeras, de dos plantas, dos crujías y patio posterior. Sus muros de carga son de tapial con pilastras de ladrillo, salvándose los huecos de paso mediante arcos de tipo carpanel. Se cubre a dos aguas, presentando la cubierta de la primera crujía pendiente hacia la calle vertiendo el segundo paño a través del muro del hastial posterior. La altura de la construcción era primitivamente mayor a la actual viéndose reducida al sustituirse el tejado por otro más bajo, lo que produjo también cambios en la fachada.
     La portada de la casa, ejecutada en ladrillo visto, resalta sobre el encalado general de la fachada. En dicha portada destaca el balcón, que se abre sobre el vano principal de acceso; este balcón que está protegido por una barandilla de madera aparece enmarcado entre dos columnas estriadas. Paralela a cada columna aparece una faja vertical de azulejos muy similares a los que fabricaran los Polido de Triana para el Pabellón de Carlos V en el Alcázar de Sevilla hacia 1540. 
   Sobre el dintel de entrada se ha añadido el blasón heráldico de los Pinzón.
     Hacia 1492 la propiedad de Palos se dividió en manos de tres señores: los Conde de Miranda, el duque de Medina Sidonia y los Reyes Católicos.
     En los años previos a la gesta colombina existían en Palos dos ramas distintas con apellido Pinzón. Una era la que partiendo de Martín Pinzón se diversificó en sus tres hijos, Martín Alonso, Vicente Yánez y Francisco Martín Pinzón, todos ellos hijos de padre y madre, ya que parece ser que lo que hoy interpretamos como primer apellido quedaba en realidad asimilado al nombre. La otra rama era la de Diego Martín Pinzón.
     La tradición popular, transmitida de forma oral, ha venido señalando un edificio doméstico de la actual calle Colón de Palos como el domicilio familiar de la familia Pinzón. Según esto, el inmueble habría sido mandado construir por Martín Pinzón, padre de los tres personajes ya citados. A su vez, la historiografía al respecto ha venido catalogando la vivienda como construida a mediados del siglo XV. En favor de esta apreciación, sobre la que no existe documentación alguna, puede esgrimirse que las proporciones y lenguaje empleados en su portada son identificados como pertenecientes al estilo del Renacimiento, cuya generalización en Andalucía no puede retrotraerse mucho más. También se fundamenta esta apreciación en la clasificación de los azulejos que flanquean el cuerpo superior de la portada, que se han venido relacionando tradicionalmente con el taller de la familia Polido de Triana, fijándose su realización en torno al año 1540.
     Probablemente, como consecuencia de crisis, la casa señorial cambió su carácter. En los siglos XVIII o XIX el primitivo edificio fue casi totalmente demolido o muy transformado, aunque conservó los elementos originales de mayor nobleza, tales como la portada o el arco y pilastras del interior. En cuanto a la familia Pinzón, ramificada, se trasladó en parte a la cercana localidad de Moguer. La familia Hernández Pinzón de esta ciudad obtuvo de Carlos III el reconocimiento de ser los descendientes directos de los descubridores.
     El edificio familiar en Palos presentaba una estructura de dos crujías principales, otra lateral y un patio dotado de pozo en la parte posterior. Sus forjados eran de rollizos de madera y el pavimento de ladrillo.
     El modesto edificio recibió alguna atención durante el siglo XIX. El literato Washintong Irving, embajador de Estados Unidos en España, visitó Palos, y se refrió a la casa como probable vivienda de Martín Alonso o Vicente Yánez. Pascual Madoz, sin embargo, no presta atención a este inmueble, aunque se ocupa largamente del Monasterio de la Rábida.
     Amador de los Ríos, en su obra sobre Huelva, también se refiere a la casa nº 24 (numeración antigua) de la calle Colón, aunque sin señalar su posible relación colombina. Se refiere a ella como una casa señorial del siglo XVI, y que venida a ruina, se reaprovechó su muro foral para integrarlo en otra construcción más modesta. Esto se deduce de la brusca ruptura de las columnas bajo el que entonces era su tejado. Fray José Coll, ligaba esta casa con la familia Pinzón.
     Con el paso del tiempo, trasladada la familia Pinzón a Moguer, y depositado el apellido en su rama palerma en una derivación femenina, terminó por perderse, falto de transmisión hereditaria. Posteriormente, tras la adquisición del inmueble por parte del Ayuntamiento de Palos, el edificio fue rehabilitado por el arquitecto Miguel Díaz Zulategui y destinado a Museo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Universidad Hispanoamericana de Santa María de la Rábida, sede de la UIA actualmente
. La Sede Santa María de La Rábida de la UNIA se encuentra ubicada en Palos de la Frontera (Huelva), en un paraje natural entre los ríos Tinto y Odiel y el Atlántico. Está formada por un conjunto arquitectónico levantado en el año 1946, bajo la dirección de Francisco Sedano, en un estilo historicista característico de la arquitectura del primer franquismo, para albergar la residencia de la Universidad de Verano de La Rábida creada en el histórico monasterio algunos años antes.
     En dicho complejo se han venido realizando desde entonces diferentes adaptaciones y ampliaciones, hasta el año 2008 en que se han inaugurado las últimas intervenciones. La configuración básica que podemos ver en la actualidad se debe al proyecto realizado en 1974 por Miguel González Vílchez que incluyó diversas ampliaciones y remodelaciones y la urbanización del entorno.
     El edificio principal se configura actualmente en forma de U abierta al sureste con un ala al sureste y otra al noreste, ambas añadidas en la ampliación de 1974. En la planta baja dependencias administrativas, aula de grados y espacios comunes. En la planta primera, habitaciones de la residencia universitaria. Al edificio se accede por una portada historicista de notable valor histórico.
     También forman parte del conjunto de la sede de la UNIA otros tres pequeños edificios de planta baja (separados al este del inmueble principal) levantados en la ampliación realizada en el año 1967 en un estilo propio de las construcciones populares de la zona. Allí se ubican actualmente diversos servicios como los de ordenación académica y el aula magna.
     A ellos se unieron en 2008 nuevas dependencias de aularios y biblioteca en un estilo arquitectónico contemporáneo y funcional.
     El valor patrimonial de la sede viene determinado tanto por su situación en el entorno de un BIC y dentro de un paraje protegido por sus cualidades naturales y paisajísticas y por su relevancia histórica, como por las características arquitectónicas propias del historicismo con el que se construye el edificio principal.
     La Sede Santa María de La Rábida de la UNIA se ubica en el término municipal de Palos de la Frontera, en la provincia de Huelva, emplazada en el Paraje de La Rábida, espacio protegido en el que se encuentra el histórico Monasterio de Santa María de la Rábida (declarado BIC y Conjunto Histórico con el correspondiente nivel de protección), el Monumento a los descubridores y otros lugares colombinos de especial atracción.
     El arquitecto Francisco Sedano Arce realizó el proyecto inicial del edificio en que hoy se ubica la sede de la UNIA, como residencia de la Universidad de Verano de la Rábida y como complemento de las aulas que estaban en el propio monasterio. Según un programa general que le facilitó el profesor Rodríguez Casado la estética del edificio no debía producir contrastes con el monasterio y se debían emplear "elementos de gran sencillez tomados del barroco popular andaluz coincidentes con el barroco colonial" y que la arquitectura de conjunto debería tener "el carácter de misiones fundadas por las órdenes religiosas en América".
     Utilizado parcialmente en 1946, sería inaugurado al año siguiente. En 1947 y 1967 se realizan obras de mejora, adecuación y ampliación del edificio original. En 1974 se ejecuta un nuevo proyecto que triplica la superficie construida: se levantaron dos nuevos cuerpos adosados al anterior, uno en el ala sur y otro en el ala norte; efectuándose tales reformas que del antiguo edificio sólo se aprovechó su esqueleto. El Proyecto Técnico fue ejecutado por el arquitecto Miguel González Vilches y para las obras se contrató al Servicio Militar de Construcción. Básicamente es el edificio actual.
     En los años ochenta se reformarían y mejorarían las instalaciones.
     En 2008 se han levantado nuevas dependencias fuera del edificio principal para la ampliación de la biblioteca, aulas y nuevos servicios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Monasterio de Santa María de la Rábida; y Arquitectura civil y Monumentos públicos) de la localidad de Palos de la Frontera (y II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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jueves, 27 de julio de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de San Jorge mártir) de la localidad de Palos de la Frontera (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Jorge) de la localidad de Palos de la Frontera (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Palos de la Frontera se encuentra situada en el Suroeste de la península ibérica, Concretamente en la provincia más occidental de Andalucía (España), Fronteriza con el Sur de Portugal, en el margen izquierdo del río Tinto, y a cuatro kilómetros de su desembocadura en el Atlántico.
Reseña histórica breve
     Palos de la Frontera es el lugar colombino por excelencia. En su monasterio de La Rábida, Colón encontró hospitalidad, comprensión y apoyo. Los Franciscano intercedieron por él en la corte, y le pusieron en contacto con los marineros palermos. Cuando Martín Alonso Pinzón y Vicente Yánez deciden incorporarse a la expedición, animaron a enrolarse a los más destacados marinos de la zona. Ultimados los preparativos, el 3 de Agosto de 1492 la Carabela Santa María, la Pinta y La Niña partieron del puerto de Palos. El 12 de Octubre desembarcaron en la isla de Guanahaní, a la que llamaron San Salvador. Habían encontrado la ruta de un Nuevo Mundo.
Patrimonio cultural y artístico
     El Patrimonio con el que cuenta Palos está marcado por los acontecimientos que anteriormente se han citado, estos son:
     La iglesia de San Jorge Mártir, de estilo Gótico mudéjar y su núcleo principal debió ser construido por los Condes de Miranda a mediados del siglo XV, muy probablemente construida sobre una edificación más antigua (siglo XIV).
     La Fontanilla, junto a ella se encontraba el histórico muelle del que partió la expedición descubridora de América, y era la fuente pública de Palos, protegida por un templete cuadrangular de ladrillos construido en el siglo XIII y de estilo mudéjar, donde según afirma la tradición se abastecieron de agua las naves, santa María, Pinta y Niña.
     Monumento a Martín Alonso Pinzón, estatua del ilustre marino, que figuró en la Exposición Iberoamericana en 1927. Junto a dicha estatua, se ha instalado un parque para mayores, donde se puede practicar ejercicio al aire libre.
     Casa Museo de Martín Alonso Pinzón, En la casa destaca la fachada del siglo XVI, ornamentada con hornacina, enmarcada entre dos columnillas y una azulejería similar a la que vidriaba la familia Polido en Triana, hacía 1540.
     Antiguo hospital de la Misericordia. Heredero del antiguo “Hospital de la Sangre” que, bajo la advocación del Cristo de la Veracruz, se ocupaba de atender enfermos de la villa de Palos en el siglo XVI fue restaurada a finales del siglo XX , por la Escuela Taller “Vicente Yáñez Pinzón”.
     Plaza Comandante Franco, es la Plaza Mayor del Pueblo, denominada con el nombre del Comandante del Plus Ultra. Recientemente fue galardonada con el diploma de pueblo de Europa a través del parlamento europeo.
     Muelle de la Calzadilla, Construido en el IV Centenario y recientemente restaurado, del cuál partió, el 22 de Enero de 1926, el hidroavión plus Ultra, que realizó por primera vez en la historia, un vuelo entre Europa y América.
     Monumento a los Hermanos Pinzón, Situada a la entrada de Palos representa a los ilustres marinos palermos, Martín Alonso Pinzón y Vicente Yánez Pinzón. Simboliza el momento de la muerte de Martín al regreso del descubrimiento de América.
     Obelisco de la Partida, en conmemoración de la partida, ornamentado con azulejo relativos a la partida de las naves descubridoras de América, interpretación de las pinturas de Daniel Vázquez Díaz (frescos de la Rábida) Tiene las figuras de los Hnos. Pinzón y de Colón.
     Parque del Príncipe, zona ajardinada donde incluye un templete especialmente diseñado para conciertos al aire libre, y donde se encuentra el templo de la Virgen de los Milagros.
Fiestas y tradiciones
     23 de Abril: fiestas de San Jorge Mártir.
     4 de Agosto: Traída de la Virgen de Palos.
     15 de Agosto: Fiestas en Honor a Ntra. Sra. De los Milagros.
     3er Sábado de Agosto: Pregón y ofrenda floral a Ntra. Sra. De los Milagros, celebrada en el entorno de la Iglesia de San Jorge Mártir.
     Feria Medieval de la partida: Con motivo del regreso de las Carabelas Pinta, Niña y Santa María al Puerto de Palos el día 15 de Marzo, Día de Martín Alonso Pinzón (fin de semana posterior o anterior).
     3 de Agosto: Conmemoración salida de Palos de las Tres Carabelas.
Recursos económicos y sociales
     Agricultura, basada en la Recolección de la fresa e industrial, ya que parte del sector se encuentra instalado en terreno de Palos.
Gastronomía
     La ubicación geográfica de Palos le permite contar con productos de alta calidad, tan diversos como el extraordinario marisco y el exquisito jamón serrano, además de la elaboración de los platos típicos de la zona elaborados con pecados: caballas con tomate, papas con choco, también es notable la repostería, y sobre todo, podrán degustar el famoso Fresón de Palos, que se exporta a gran parte de Europa (Diputación Provincial de Huelva).
         Palos de la Frontera torna su nombre del lugar en que está asentada la localidad, ocupado en su mayor parte por marismas y zonas pantanosas. Pantano, laguna, se dice en latín «Palus-udis». De ahí el vocablo utilizado para denominar a esta ciudad, que se encuentra a 23 m. Sobre el nivel del mar y está situada a 12 kms. de la capital de la provincia. Pertenece al partido judicial de Moguer. Su población asciende a 8.181 habitantes.
     Su economía está basada principalmente en la agricultura, sobre todo en los cultivos de la fresa y el fresón, así corno en su proyección comercial nacional e internacional. En su territorio están localizadas varias empresas del polo industrial, lo que hace que sea una de las ciudades con mayor concentración de fábricas del país; así corno parte del Puerto Exterior de Huelva. A su término municipal pertenece parte de la playa de Mazagón, donde hay un puerto deportivo. Y La Rábida, donde se encuentra el histórico monasterio, un embarcadero fluvial y una de las sedes de la Universidad Internacional de Andalucía.
     Palos surge como villa gracias también a la reconquista. En un principio era una simple heredad o propiedad agrícola que en 1332 Alfonso XI concede a Alonso Carro y a Berenguela Gómez, su mujer. No obstante, esta donación no tuvo éxito y pasó a poder del monarca. De nuevo en 1379, el rey Juan I concede la heredad de Palos a Alvar Pérez de Guzmán, alguacil mayor de Sevilla. El nuevo señor engrandeció la villa repoblándola y poniendo en explotación sus tierras.
     En el siglo XV el señorío era detentado por los Zúñiga, condes de Miranda y los Silva, condes de Cifuentes. En 1479, Enrique de Guzmán, duque de Medina Sidonia y conde de Niebla adquirió la doceava parte de la villa a Fernando de Zúñiga y en 1492 los Reyes Católicos compraron la mitad del señorío, propiedad de los condes de Cifuentes. A partir de este momento la jurisdicción de Palos estará fraccionada en poder de tres señores: los condes de Miranda, el duque de Medina Sidonia y los reyes de Castilla.
     Palos alcanzó en el siglo XV una población de 2.500 habitantes. Sus vecinos al igual que los moguereños aparecen ocupados en faenas agrícolas y marineras (pesca, viajes, construcciones de naves): todas estas actividades están minuciosamente descritas en las Ordenanzas Municipales de la villa de 1484-1521. Por ello, Cristóbal Colón acudió al monasterio de La Rábida para hacer realidad sus proyectos náuticos. En el cenobio rabideño conoció a Fray Antonio de Marchena, que lo puso en contacto con Martín Alonso Pinzón. Otro franciscano de La Rábida, Fray Juan Pérez, lo introduce en la corte y en la confianza de Isabel la Católica. El resto de la historia es conocido: El 3 de agosto de 1492 salen de Palos las tres naves descubridoras del Nuevo Mundo. Después de esta gesta, ya en el siglo XVI comienza la decadencia de Palos, sólo remontada en el siglo XX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Centro Histórico de Palos de la Frontera está situado en la provincia de Huelva, a una distancia de unos 14 kilómetros de la capital y a 9 kilómetros del vecino municipio de Moguer. Su altitud media es de aproximadamente 25 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra ubicado en la margen izquierda del río Tinto, a cuatro kilómetros de su desembocadura en el Atlántico, en unión con el río Odiel en la denominada Ría de Huelva cuyas aguas constituyen el límite meridional de las 4873 hectáreas de su término municipal.
     El ámbito que se identifica como núcleo histórico de Palos de la Frontera y que conforma este sector, con un perímetro de 1.360 metros y una superficie de 9 hectáreas, engloba tanto el entorno de la Iglesia de San Jorge como el Castillo de Palos de La Frontera, así como la zona afectada por el antiguo puerto de Palos, ubicado a orillas del estero en la franja norte del municipio, incluyendo, además, aquellos inmuebles que por su proximidad o alcance visual se relacionan con ambos monumentos, además de los lazos históricos que mantienen.
     Las razones que justifican esta identificación son de tipo arqueológico e histórico. En el lugar donde se ubican tanto el castillo como la iglesia se localizó el primer asentamiento del pueblo, cuya topografía jugó un papel importante en su posterior desarrollo. Igualmente, en el caso del puerto existen evidencias de su ubicación tanto en grabados de época Moderna, como en las hipótesis elaboradas por algunas investigaciones arqueológicas que lo sitúan en el estero frontero a la iglesia gótica de San Jorge denominado ¿Canal de Palos?, junto a la popular Fontanilla y en el curso inferior del río Tinto. Según estas investigaciones el puerto o embarcadero de Palos debió surgir de forma coetánea al crecimiento de la propia villa, repartiéndose sus actividades a lo largo de la orilla izquierda del Tinto, convirtiendo al río en la principal vía de comunicación de los palermos, dadas las excelentes condiciones que mantenía y la proximidad a su desembocadura en el Atlántico.
     Es por ello que la descripción del área que conforma el núcleo histórico de Palos se divide en dos zonas claramente identificadas: el entorno de la fortaleza e iglesia, conformado hasta mediados del siglo pasado; y el ámbito del puerto histórico, vinculado a la evolución económica y a las transformaciones del medio físico, en el cauce del río Tinto.
     El casco histórico posee un trazado urbano característico de la época medieval, con calles estrechas e intrincadas de sección aproximadamente cuadrada, con adarves buscando adaptarse a la topografía del terreno en las faldas de la colina donde se asentó el recinto amurallado del castillo. Las viviendas son de planta baja o baja más una, suponiendo la planta alta de reciente formalización, encaladas y con cubierta plana o inclinada de teja árabe. Debido a la orografía del terreno, las parcelas cuentan con menor superficie que se traduce en la reducción o pérdida del patio trasero. Los corrales traseros que dan a la vía pública quedan cerrados por tapias configurando fachadas. Aún manteniendo un carácter uniforme, se distinguen peculiaridades atendiendo a características de trazado de vías, fachadas de edificaciones, edad de la construcción y usos del vial.
     Si bien existen vestigios de poblamiento en la zona desde el Paleolítico superior, Palos de la Frontera nace, documentalmente hablando, a comienzos del siglo XIV, cuando Alfonso XI de Castilla la dona a Alonso Carro.
     La historia de esta ciudad está íntimamente ligada a las labores marítimas y a los descubrimientos geográficos. Es por esto que Palos de la Frontera es conocida como la cuna del Descubrimiento de América, ya que en esta ciudad se gestó y se preparó el primer viaje de Cristóbal Colón hacia lo que él creía las Indias. Zarparon del puerto de esta ciudad el 3 de agosto de 1492, llegando el 12 de octubre de dicho año a ciertas islas del actual continente americano que por entonces era desconocido por los europeos.
     Este acontecimiento histórico, aunque supuso un importante protagonismo para esta localidad, significó paradójicamente el inicio de su declive, al pasar todo el protagonismo de la conquista a Sevilla, lo que produjo un importante retroceso demográfico para la villa, de lo que no se recuperaría hasta bien entrado el siglo XIX (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     A 10 km de Huelva y dentro del término municipal de Palos de la Frontera, se levanta el monasterio fran­ciscano de Santa María de la Rábida. A este cenobio llegó Cristóbal Colón a finales de 1484. En él encontró hospitalidad y comprensión para sus planes descubridores. Fundamentalmente, el apoyo partió de fray Antonio Marchena y de fray Juan Pérez. El primero, astrólogo y aficionado a la navegación, acogió a Colón y a su hijo. El segundo, que antes de convertirse en monje había sido servidor de Isabel la Católica, le abrió las puertas de las influencias cortesanas y le consiguió el apoyo de la ma­rinería de Palos, capitaneada por Martín Alonso Pinzón. Fundado el monasterio de la Rábida en el siglo XV, destaca más por su significado histórico que por su belleza artística. Reformado en el siglo XVIII tras el terremoto de Lisboa, aporta cierto sabor andaluz a la sencilla arquitectura franciscana. De la época fundacional se conservan los arcos de la portería, el piso bajo del claustro y los muros y capillas de la iglesia.
     Comienza la visita en la antigua sacristía, lugar donde se exponen los murales que realizó Vázquez Díaz (1882-1969), pintor de cuadros de género, paisajes, retratos y escenas costumbristas. Los cinco murales que integran el llamado Poema del Descubrimiento fueron terminados en 1930. En ellos, el artista plasma en imáge­nes y colores algunos de los momentos más destacados de la gesta colombina. Y con un estilo personal próximo al cubismo aprendido en Cézanne, el llamado pintor de la Humanidad refleja, en ésta que está considerada su obra maestra, la determinación del almirante, el apoyo de los monjes y la duda de los marineros. Se valió de los frailes, de los vecinos de Palos y de algunas figuras de la Generación del 98 para perfilar los rostros de los personajes que aparecen en los frescos.
     Los puntos de mayor interés artístico se concentran en la iglesia conventual y el claustro. El templo, de una sola nave, mezcla elementos góticos y mudéjares. Levantado en el siglo XV, conserva en paramentos restos de pinturas al fresco. En una de las capillas refulge la corona que rodea la imagen de la Virgen de los Milagros, escultura de alabastro de finales del siglo XIII. Ante ella oraron Cristóbal Colón y la marinería antes de lanzarse a la aventura. En soledad desnuda, abre sus brazos en el ábside el Cristo de los Remedios, imagen de madera policromada que fue tallada en el siglo XIV.
     El piso bajo del claustro mudéjar fue edificado a comienzos del XV. Una sucesión de arcos de ladrillo, de medio punto y enmarcados en alfiz, que se apoyan en columnas de dibujo octogonal, articula las pandas de la galería baja. Blanca de cal, la galería alta fue añadida en el siglo XVIII. El claustro, pequeño y recogido, se nutre sólo de silencio.
     Otras estancias y manifestaciones artísticas también deben ser reseñadas. Entre ellas, el conjunto de cuadros del pintor onubense Juan Manuel Núñez que recrean personajes y paisajes relacionados con el Descubrimiento y adornan el claustro de la antigua hospedería, que fue levantado en el siglo XVIII; la Sala de Conferencias, espacio monacal donde se celebraron las conversaciones entre el descubridor y los monjes; el pequeño refectorio, la sala capitular, la sala de banderas y la galería de las carabelas.
     A poca distancia del cenobio y a orillas del Tinto, el llamado Muelle de las carabelas brinda la quietud de sus aguas a las réplicas de las naves colombinas que surcaron los mares rumbo a lo desconocido. Un paseo por los puentes de mando y las cubiertas, así como una zambullida en el interior de las bodegas, permiten visualizar la configuración de las embarcaciones y las condiciones de navegación de la época. Junto a las naves se ha levantado un barrio medieval que recrea el puerto de Palos tal como se encontraba en el momento de partida. Una sala de exposiciones dedicada a desvelar las claves necesarias para comprender el mundo de finales del siglo XV y a dar a conocer las concepciones geográficas de la época, las lecturas que permitieron forjar las hipótesis náuticas de Colón, los instrumentos de navegación, las armas y los atuendos acerca al visitante de estos tiempos a la realidad marítima, social, científica y cultural existente en las postrimerías de aquel siglo. El jardín botánico Celestino Mutis, el muelle de la Reina, las instalaciones de la Universidad y las estatuas que conmemoran el IV Centenario o ensalzan las gestas de los aviadores españoles que en 1926 pilotaron el hidroavión Plus Ultra completan el área geográfica de la Rábida.
    Se llega a Palos de la Frontera después de recorrer la avenida de América, largo y frondoso paseo sembrado de escudos de los países iberoamericanos y de las comunidades autónomas. Palos de la Frontera está lleno de recuerdos del Descubrimiento. En la plaza de la iglesia de San Jorge Mártir se levanta un hito que honra la memoria de los marineros palermos que participaron en la gesta. Y en la misma plaza se recuerda que el día 23 de mayo de 1492 fue leída al pueblo la provisión real que ordenaba que dos carabelas armadas fueran puestas al servicio de Colón. En los muelles de Palos fue construida La Pinta, cuyo capitán era Martín Alonso Pinzón, reputado navegante que desempeñó un papel fundamental en el reclutamiento de marineros y le proporcionó a Colón las carabelas Niña y Pinta. En la iglesia de San Jorge rezó la tripulación el 3 de agosto de 1492 antes de partir hacia lo desconocido. Y en Palos se encontraba el puerto del que salieron las naves.
     Además de proclamarse cuna del Descubrimiento, Palos de la Frontera reúne algunos lugares de interés monumental, centrados en la iglesia de san Jorge, la Fontanilla y la casa-Museo de Martín Alonso Pinzón. Se evidencian varias fases en el proceso de construcción del templo parroquial (alzado sobre un edificio anterior), que van desde el siglo XV al -XVIII. De las dos portadas que posee, la más antigua es la de América (siglo XIV), que asoma sus arcos apuntados a la plaza de los azulejos con recuerdos colombinos. Pero la más valiosa desde el punto de vista artístico es la llamada puerta de los Novios (siglo XV), considerada un magnífico ejemplo del mudéjar andaluz. Muestra una sucesión de arcos apuntados que se enmarcan en alfiz y unas labores decorativas formadas por grupos de ladrillos que configuran rombos.
     Destaca en su interior la cabecera gótica, que se engalana con bóveda de crucería. Grandes arcos de ladrillo sostienen la techumbre, que en la nave central presenta artesonado neomudéjar de madera. Enriquecen el interior unas pinturas murales del siglo XV, una imagen en alabastro de santa Ana Maestra (siglo XV) y dos tallas policromadas: Santa Ana y la Virgen Niña, obra que Hernando de Uceda talló en 1561 y el Cristo de la Sangre, de autor no conocido perteneciente al círculo de Roque Balduque (finales siglo XVI).
     Tras el ábside de la iglesia se sitúa el lugar donde estuvo el puerto histórico de Palos. Unos azulejos, puestos en el V Centenario, recuerdan que de sus muelles partieron las naves el 3 de agosto de 1492. Más abajo, rodeada de frondosidades, se encuentra la Fontanilla. Es una construcción mudéjar de ladrillo visto y forma de templete (siglo XIII) que cobija el manantial de la fuente donde, según la tradición, cogieron agua las embarca­ciones del Descubrimiento.
     Recorriendo la calle de Cristóbal Colón se llega la Casa-Museo de Martín Alonso Pinzón, edificio construido a mediados del siglo XV y modificado por reformas pos­teriores, conserva una portada del siglo XVI que luce dos columnas flanqueadas por una curiosa franja de azulejos. En el interior se dispone un museo dedicado a explicar el protagonismo que Palos de la Frontera y los hermanos Pinzón tuvieron en las tareas del Descubrimiento. En la misma calle abre sus puertas la casa de la Misericordia, antiguo hospital de atención a marineros hoy transformado en juzgado de paz (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Esta airosa ciudad, cuna del Descubrimiento, ocupa un polígono irregular muy alargado en una amplia llanura que se asoma al río Tinto, junto a la carretera provincial 624 que conduce a La Rábida y a la costa.
Historia
     Aunque poblada, sin duda, desde muy anti­guo, Palos aparece en la historia por primera vez en 1322 como la alquería que Alfonso XI dona a Alonso Carro. Su situación geográfica, la riqueza del suelo y el dinamismo de sus habitantes la hacen crecer de tal modo que en 1492 contaba con 2.000 vecinos.
     La villa tenía ya una gran tradición marinera cuando apareció Colón, habiendo logrado en sus astilleros una sustancial mejora de los navíos de la época. El 3 de agosto de 1492 partieron de su puerto las naves que habían de descubrir América, regresando al mismo el 15 de marzo del año siguiente.
Gastronomía
     Como todos los lugares colombinos, la cocina palerma mezcla platos de la tierra llana y de la costa. En Palos, además, son excelentes los guisos a base de conejo y las carnes y pescados asados con leña de encina, que pueden degustarse en cualquiera de sus numerosas bodegas.
Fiestas
     El fin de semana más próximo al 15 de marzo la ciudad honra la memoria del marino descubridor Martín Alonso Pinzón con diversos festejos. Entre el 22 y el 24 de abril celebra fiestas patronales en honor de San Jorge y entre el 14 y el 16 de agosto las de la Virgen de los Milagros.
Visita
     Palos es un pueblo blanco de geografía irregular que hoy ha cambiado la mar por la agricultura de primor, siendo famosísimos sus fresas y fresones. En la calle de Colón, eje a lo largo y alrededor del cual se vertebra el pueblo, se encuentra la Casa de los Pinzón, único ejemplo de la arquitectura civil del siglo XV que se conserva, con su portada de ladrillo y el bello conjunto del balconcillo enmarcado entre pilastras del segundo cuerpo.
     Al final de esta calle, en dirección a Moguer, se localiza la iglesia de San Jorge*, en la plaza del mismo nombre. Es éste un bello templo construido entre los siglos XV, y XVIII, motivo por el que coexisten en él diversos estilos que van desde el mudéjar de arcos apuntados de las naves hasta el sencillo barroco del campanario, pasando por el gótico tardío de la grandiosa cabecera. La puerta que da a la población, situada en un lateral, tiene trazas románicas. La del costado opuesto, llamada de los Novios, es mudéjar y de gran belleza, construida a base de ladrillos.
     Debajo de la iglesia, en dirección al río, se encuentra la Fontanilla, emblemática fuente del pueblo de estilo mudéjar y cubierta por un templete de ladrillo, de la que tomó Colón el agua para las carabelas. Hacia la mitad de la calle Colón se abre la plaza de la Villa en la que se levanta el monumento a Martín Alonso Pinzón, que figuró en la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929.
     En el extremo opuesto de la iglesia, como continuación de la calle Colón, se extiende la avenida de América, precioso paseo en el que figuran los escudos de los países sudamericanos y de las autonomías españolas.
Alrededores
      A unos 5 km de Palos, se encuentra el monasterio de La Rábida*, residencia de Colón y lugar primero en el que se fraguó el Descubrimiento. Construido sobre una antigua mezquita almohade llamada la Rábita, del que procede el nombre actual, se construyó hacia 1403 como convento eremitorio franciscano. A él llegó Colón con su proyecto en 1485, encontrando la compresión y el apoyo de Fray Antonio de Marchena, astrólogo y consejero de la corte, y de Fray Juan Pérez, guardián del convento.
     En la actualidad el edificio, enclavado en una amplia explanada, donde se asienta también la Universidad de La Rábida, tiene el aspecto de un cortijo andaluz. En una de las dependencias de la portería se encuentran los famosos frescos de Vázquez Díaz, con escenas colombinas.
     La iglesia es la parte más antigua del conjunto. Es obra del siglo XIV en estilo gótico mudéjar y en ella destaca el magnífico crucificado, talla del siglo XV que reemplazó al existente en tiempos de Colón, quemado durante la Guerra Civil, y la imagen de alabastro de la Virgen de los Remedios.
     El claustro de clausura, en un mudé­jar sumamente sobrio, es otra de las partes de la época de Colón. El claustro de la portería, en cambio, fue reedificado tras los numerosos daños ocasionados por el célebre terremoto de Lisboa de 1755. Conserva, no obstante, en la puerta claustral, un arco almohade que debió ser, en su origen, la entrada al morabito o pequeña mezquita árabe. En la planta alta se encuentra la Sala de las Banderas, donde están representadas las de todos los países sudamericanos; la Sala Capitular y, en la galería, la reproducción de las tres carabelas (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de San Jorge mártir
     El templo parroquial de San Jorge Mártir responde a dos etapas cronológicas diferentes. La parte más antigua es el cuerpo de la iglesia, de hacia 1400. Es una edificación mudéjar de tres naves separadas por dos arquerías, cuyos arcos ojivales con alfices apean sobre pilares achafla­nados de ladrillo. La nave central se cubre con techumbre neomudéjar, del siglo XIX, y las laterales con sendas cubiertas de colgadizo. Tiene dos portadas laterales. La del lado de la epístola, llamada Puerta de América, de austera composición pétrea, es obra del siglo XV. La frontera, denominada Puerta de los Novios, corresponde al flanco del evangelio. Está labrada en ladrillo y es pieza capital de la arquitectura mudéjar sevillana.
     La cabecera del templo es muy sobria. Su áb­side poligonal, atrofiado, abre al crucero dentro de la estética del gótico Reyes Católicos. En la capilla mayor preside la imagen del Cristo de la Sangre o de la Vera Cruz, escultura en madera policromada del último tercio del siglo XVI, y obra anónima del círculo de Roque Balduque. Está enmarcado en una pintura mural, formada por un pabellón en cuya cima aparece una corona real, y en cuyo centro está la pintura, con arco de medio punto, de San Jorge Mártir, patro­no de la ciudad y titular del templo parroquial, obra del siglo XVI. A la derecha del mismo se encuentra otro fresco, del siglo XV, que repre­senta a Santiago en la batalla de Clavijo. En una hornacina lateral está la talla en madera policromada de Santa Ana y la Virgen Niña, gubiada de Hernando de Uceda en 1561. El frontal del altar adosado al ábside y el pavimento del presbiterio conservan restos de azulejería polícroma, con motivos geométricos.
     El crucero tiene bóvedas de igual altura con crucería de ricas nervaduras de terceletes. La imposta se decora con una cardina gótica corrida de hacia 1500. En la unión del crucero con la nave central está el púlpito, obra de cerrajería, que por su ornamentación floral puede datarse entre los siglos XVII y XVIII. En la cabecera de la nave del evangelio se puede contemplar una pintura mural de la Virgen de Misericordia coronada por ángeles, que se puede situar cronológicamente en torno a 1500.
     Las tres capillas laterales  surgen como enterramientos particulares. La de San Getulio y San Cereal, en el flanco del evangelio, abre al crucero. Es de planta rectangular, con bóveda se­miesférica sobre pechinas. Las dos pechinas frontales ostentan en sus vértices in­feriores sendas esculturillas pétreas de ángeles músicos. Las yeserías protobarrocas de la bóveda recuerdan a fray Loren­zo de San Nicolás. El retablo de azulejería, diseñado por Rafael Manzano Martos en 1973, exhibe dos paños de cerámica del siglo XVII,  que reproducen a los santos titulares de la capilla. En su interior se veneró, y a ella estuvo dedicada du­rante un tiempo, a la Virgen de los Milagros, por eso en la misma oyeron misa los aviadores del «Plus Ultra» el 22 de enero de 1926, antes de iniciar el histórico vuelo a través del océano.
     La capilla de San Jorge, contigua a la anterior, es obra del siglo XVI. Su fábrica mudéjar tiene planta rectangular y bóveda ochavada sobre trompas. En ella se venera la imagen del patrón de la ciudad, San Jorge Mártir, escultura en madera policromada, obra de José Luis Rosado, de 2001. En el paramento lateral derecho, en una hornacina, está una Santa Ana Maestra, relieve en alabastro sin policromar obra anónima del siglo XV, que guarda similitudes estilísticas con obras góticas inglesas de Moguer y del Museo de Barcelona. Bajo el relieve se expone el grupo es­cultórico de María y San José adorando al Niño, realizado en barro cocido y obra del círculo de Cristóbal Ramos en el siglo XIX. En el centro del pavimento de la capilla se puede ver la lauda sepulcral de Christoval Jurado Prieto, comisario del Santo Oficio, del año 1605.
     La capilla sacramental comunica con el crucero por la nave de la epístola. Es de planta cuadrangular con bóveda de nervadura gótica, que descansa sobre ménsulas de ladrillo. Luce un zó­calo de azulejos en blanco y azul, con motivos eucarísticos, y el altar del sagrario una frontalera con un cuadro cerámico de la Santa Cena.
     A los pies del templo se localizan las restantes dependencias del edificio. El coro, ubicado al final de la nave central, cubre su planta rectangular con bóveda de arista construida en 1954. La sacristía, adaptada en la antigua capilla de San Antonio, está al fondo de la nave del evangelio. Tiene planta rectangular y techumbre de ladrillo por tabla. Y la capilla bautismal, con idéntica localización en la otra nave lateral, se ilumina a través de un ventanal de estilo gótico con parteluz de ladrillo y cristalera, ejecutado en 1943. Una verja de hierro forjado, colocada en 1948, aísla esta capilla del resto de la iglesia. En el centro está la pila bautismal de mármol blanco.
     La torre parroquial se alza en el costado meridional, adosada a la capilla sacramental con la que comunica. La caña es obra mudéjar. En cambio, el cuerpo de cam­panas con su correspondiente chapitel, revestido de ajedrezada cerámica azul y blanca, corresponde a la segunda mitad del siglo XVIII. En defini­tiva, este monumento conjuga rítmicamente tres estilos diferentes: mudéjar, gótico y barroco.
     Durante los siglos XVII y XVIII sufrió múlti­ples calamidades y penurias. En 1892, con mo­tivo del IV centenario del Descubrimiento de América se efectuaron ciertas obras que mejoraron el aspecto del edificio y rescataron restos de pinturas murales de la época de los Reyes Católicos. Sin embargo, la apetecida restauración del inmueble se inició tras ser declarado monumen­to de interés histórico, en 1971. La dirección téc­nica de las obras corrió a cargo del arquitecto Rafael Manzano Martos.
     En la iglesia hay algunos óleos sobre lienzo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Del Seiscientos es el óleo sobre lienzo de Cristo abrazado a la Cruz, situado al lado de la puerta de los Novios. Del Setecientos es una pintura colonial de la Virgen de Guadalupe de México, ubicada en la cabecera de la nave del evangelio. De este siglo son también los cuadros de San Francisco y de un santo eremita, situados a los pies de la nave de la epístola, así como otro con una escena de la vida de Cristo y un San Jerónimo penitente a los pies de la nave central. Del siglo XIX parece ser el óleo de San Ignacio de Loyola.
     En orfebrería sólo es destacable el ostensorio de plata sobredorada, en estilo neogótico e influencia levantina, de principios del siglo XX; un copón neobarroco de plata sobredorada de Fernando Marmolejo Camargo, de la década de los cincuenta del siglo XX; y una cruz parroquial en plata, de finales del Novecientos, que sigue el modelo de la gótica conservada en el monasterio de La Rábida (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia posee planta rectangular. Presenta tres naves de dos tramos, con crucero y tres capillas laterales. La cabecera se remata con un ábside poligonal de tres lados. En la nave del evangelio se abren dos capillas de planta cuadrada, siendo ligeramente menor la que se proyecta desde el crucero. En la nave de la epístola, se abre una capilla en línea con el crucero, también de planta cuadrada, y desde ella se accede a la torre, cuya planta se encuentra fuera del perímetro de la iglesia.
     La iglesia está realizada en ladrillo visto, a excepción de algunos elementos realizados en piedra. Los pilares que sustentan los arcos formeros son rectangulares, con las esquinas achaflanadas. Los pilares que sostienen los arcos torales tienen adosados haces de piedra.
     La nave central está cubierta con armadura de madera, de par y nudillo, con faldones inclinados laterales y el cuerpo central horizontal. Las naves laterales se cubren con armaduras de colgadizo con canes. El crucero presenta una bóveda de crucería gótica de terceletes, con claves realzadas, mientras los brazos se cubren con bóveda de crucería gótica con dos arcos ojivales.
     Al exterior, el edificio posee dos portadas. La portada de los Novios, se localiza en el paramento derecho de la iglesia. Se trata de un ejemplar mudejárico importantísimo. Realizada totalmente en ladrillo visto de dos tonos, tiene un arco apuntado de tres arquivoltas que arrancan de una línea de imposta superior, porque hay otra inferior que sirve de remate a las jambas de la puerta. Todo el conjunto va enmarcado por un gran alfiz. Las albanegas del arco aparecen decoradas a base de arquillos lobulados entrelazados y sustentados por columnillas. La portada de América se sitúa en el muro izquierdo del templo. Consta de un vano de entrada adintelado, enmarcado por un arco apuntado y abocinado. El espacio que queda entre el dintel y el vértice del arco es de ladrillo. En su centro se abre una ventana en forma de arco de medio punto. Toda la portada es de piedra y está enmarcada por dos estribos. En el de la derecha se abre una ventana cuyo vano presenta la forma de un arco escarzano. El conjunto se remata con una cornisa con canes adornados de cabezas humanas y de animales. Esta portada es anterior a la portada de los Novios, datándose a mediados del siglo XV.
     La torre excede del perímetro del templo y se accede a ella a través de la capilla existente en el muro de la epístola. Esta se sitúa en la fachada sur de la iglesia. Posee planta cuadrada y está realizada en ladrillo visto. El conjunto se remata con un cuerpo de campanas barroco, y sobre él un chapitel piramidal cubierto de azulejos blancos y azules. Este último tramo se debió realizar en el siglo XVIII.
     Algunos autores afirman que la iglesia de San Jorge fue edificada y patrocinada por los condes de Miranda, señores de Palos, en 1473. Otros, al hilo de un análisis estilístico del edificio, opinan que su construcción debió iniciarse en las primeras décadas del siglo XV, quizá sobre los cimientos de un pequeño templo anterior, y se prolongó durante toda esta centuria y principios del XVI. Como resultado de tan dilatado periodo constructivo, el templo adquirió un carácter híbrido, con un cuerpo de iglesia mudéjar y una cabecera gótica. En el primer momento, debió levantarse el conjunto con sus naves, así como la puerta del mediodía, labrada en piedra con reminiscencias románicas. Algo posterior serían la Puerta de los Novios, la capilla o "qubba" mudéjar que en 1605 sirvió de panteón a Cristóbal Jurado Prieto, y la escalera de caracol sobre la que monta el campanario.
     La configuración definitiva del templo mudéjar coincidió con el auge de Palos en la segunda mitad del XV. Entre 1450 y 1480 parecen situarse los años de un crecimiento importante que culminó con la expedición del Descubrimiento. Por entonces, y quizá como una de las consecuencias más directas, debió comenzar a trazarse la iglesia gótica, de la que sólo se labró la cabecera entre finales del XV y los primeros años del XVI. Angulo sostiene que difícilmente pudo rematarse esta construcción antes de 1492, ya que la decoración vegetal utilizada es como la que veía en Sevilla después de 1500. La crisis en que se vio sumida la villa desde las primeras décadas del XVI, en las que perdió más de un tercio de su población, puso freno a la continuación del proyecto gótico. La fase más tardía del mismo, seguramente alterando el plan inicial, fue la construcción de una capilla ojival en el costado de la epístola.
     Con posterioridad, la iglesia conoció añadidos y obras diversas. A principios del XVII se levantó en el lado del evangelio una capilla dedicada a los Santos Jetulio y Cereal. El terremoto de Lisboa (1755) debió afectar al edificio y obligar a obras y reparaciones enmarcadas en la importante labor arquitectónica desarrollada en esta centuria dentro del Arzobispado de Sevilla. En la segunda mitad del siglo XVIII se construyó el último cuerpo de la torre, hacia finales del mismo dirigió obras en la iglesia Fernando Rosales, maestro mayor de obras del Arzobispado.
     La Iglesia de San Jorge supone también, con La Rábida o Santa Clara, un hito claro y directo en la relación con los pueblos de la ría del Tinto durante los preparativos del viaje descubridor. Cuando Colón partió de Granada, tras las capitulaciones de Santa Fe, el 12 de Mayo de 1492, vino a la villa de Palos a organizar la expedición, con la disposición real que suponía la validación de la empresa. La presentación oficial de la misma no pudo ser otra que la notificación al concejo de la villa de la real provisión de 30 de Abril ordenando la entrega de las carabelas. El hecho se produjo "...en miércoles 23 de Mayo año del nacimiento de nuestro Salvador Jesuchristo de 1492 años estando en la iglesia de San Jorge...", según testimonio del padre de las Casas que recoge el acta de notificación. La tradición iconográfica y algunos historiadores pretenden que la lectura se produjo dentro de la iglesia, pero lo más probable es que se leyese en la plaza mayor del pueblo, y como tal aparece mencionada en otros documentos.
     Plaza e iglesia debieron ser testigos por esos días de todos los acontecimientos importantes en la preparación de la expedición: lectura de bandos y disposiciones, enrolamiento de marinos, etc. En la iglesia debieron orar Colón y la tripulación, y la tradición popular supone que por la Puerta de los Novios salieron los navegantes en la mañana del 3 de agosto de 1492 tras encomendarse a Dios y haber velado toda la noche (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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