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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 7 de mayo de 2026

El sitio arqueológico Finca de Carrasco, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Finca de Carrasco, en Espartinas (Sevilla).  
   Se localizó una zona arqueológica con ladrillos romanos, tegulae, fragmentos de ánforas y cerámica común y sigillata clara D. Estaría ocupada hasta el s. I d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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sábado, 9 de agosto de 2025

El sitio arqueológico Cazalla Almanzor, o Tinto, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cazalla Almanzor, o Tinto, en Espartinas (Sevilla).  
     Hoy, 9 de agosto, es el aniversario del fallecimiento (9 de agosto de 1002) de Almanzor, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el sitio arqueológico Cazalla Almanzor, o Tinto, en Espartinas (Sevilla).
   El lugar es más conocido por el nombre Tinto. Sitio medieval llamado también Villamayor. Algunos ven allí una etimología de... Castellum, Castella, Casalla, Cazalla. se puede ver allí también Kasbah del Mansour (castillo de Mansour) aunque hay trazos de ocupación árabe. La región es muy rica en olivo. Se localizaron numerosos fragmentos de ladrillos, tegulae, ánforas, cerámica clara D (forma 38) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Almanzor, personaje a quien hace referencia el nombre del lugar reseñado;
     Almanzor: Abū ‘Āmir, Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Muḥammad b. ‘Abd Allāh b. Muḥammad b. Abī ‘Āmir al Ma‘āfirī, al-Mansūr bi-llāh. Torrox (distrito de Algeciras), 326 H./938 C. – Medinaceli (Soria), noche del 27 a 28 de ramadán de 392 H./9-10 de agosto de 1002 C. Chambelán (ḥāŷib) del califa cordobés Hišām II y gobernante y señor absoluto de al-Andalus entre los años 371/981-392/1002.
     Pertenecía a una familia árabe de preclaro linaje de la tribu yemení de Ma‘āfir, descendía por línea directa de un antepasado, Abū ‘Āmir Muḥammad b. al-Walīd, que había participado junto a Ṭāriq b. Ziyād en la conquista de Hispania; distinguiéndose en la toma de Carteya en el año 92/711, se le concedieron tierras en Torrox, sobre el Guadiaro, al noroeste de Algeciras. Estos bienes patrimoniales los conservaba aún la familia en tiempos de Almanzor. Su padre, Abū Ḥafṣ ‘Abd Allāh b. Abī ‘Āmir, alcanzó cierta notoriedad como transmisor de tradiciones musulmanas, era hombre piadoso que vivía de la renta de sus tierras; murió en Trípoli, a fines del califato de ‘Abd al-Raḥmān III cuando volvía de la peregrinación de la Meca. En cuanto a la madre de Almanzor, Burayha bint Yaḥyà b. Zakariyyā’ al-Tamīmī, cuyo padre era conocido como Ibn Bartāl, se sabe que era asimismo de origen árabe de buen linaje.
     Almanzor, siguiendo los pasos de su padre, salió muy joven de su casa solariega y se encaminó a Córdoba a fin de hacer sus estudios. En la capital aprendió tradiciones proféticas y jurisprudencia con Abū Bakr Muḥammad b. Mu‘āwiya al-Qurašī, y lengua árabe y literatura con dos prestigiosos maestros, el gramático bagdadí Abū ‘Alī al-Qālī, venido a al-Andalus a instancias del califa al-Ḥakam II, y Abū Bakr b. al-Qutiyya. Tras ocupar un tiempo el humilde puesto de escribiente junto a la gran mezquita, comenzó su carrera política al servicio del cadí de Córdoba, Muḥammad b. Salīm, que lo presentó al visir del califa al-Ḥakam II que era por entonces, Ŷa‘far b. ‘Uṯman al-Muṣḥafī, quien lo introdujo en la Corte califal.
     El 9 de rabī‘ I de 356/3 de marzo de 967, con menos de treinta años, Almanzor se convirtió en intendente del primer hijo de la princesa madre, la vascona Şubḥ (Aurora), favorita del califa al-Ḥakam II y madre del futuro califa Hišām II, ocupándose de sus bienes y hacienda. Hábilmente Almanzor supo captar la simpatía y el apoyo de tan encumbrada señora, según algunos mediante costosos regalos, y según otros con su encanto personal, parece que llegaron a ser amantes, si no entonces, luego de la muerte del Califa, circunstancia a la que debería su fulgurante carrera. Efectivamente, enseguida fue nombrado director de la ceca, y siete meses después tesorero y curador de las sucesiones; poco más tarde recibió el nombramiento de cadí de la circunscripción judicial de Sevilla y Niebla. Por último, el 4 de ramadán de 359/11 de junio de 970, a la muerte del príncipe ‘Abd al-Raḥmān, se le encargó la administración de los bienes del príncipe heredero Hišām, hermano del difunto. Una denuncia puso en peligro tan brillante carrera. Acusado de dilapidar fondos públicos el Califa ordenó una investigación en las cuentas; pero gracias a la ayuda de su amigo, el visir Ibn Huḏayr, pudo reponer el dinero faltante y salir bien librado del apuro. Eso le permitió continuar su ascensión, siendo nombrado jefe de la policía media en el año 361/972.
     En esta época se construyó una mansión en la Ruṣāfa y se dedicó firmemente a hacerse popular entre los cordobeses, manteniendo mesa puesta para todo el mundo. El hecho de haber sido enviado como inspector de finanzas, a fin de verificar las sumas gastadas para captar rebeldes y comprar voluntades junto al general Gālib, comandante de la Frontera Media —cuando éste fue enviado a Marruecos para dirigir una expedición de castigo contra los príncipes idrīsíes— permitió a Almanzor anudar sólidas relaciones con el Ejército.
     A la muerte de al-Ḥakam II (366/976), tras una larga enfermedad, se abre un nuevo período. El Califa había designado para sucederle a su hijo Hišām II, que tenía por entonces once años, bajo la tutela del visir al-Muṣḥafī. Por su parte, el partido de los esclavones palatinos (şaqāliba) quería nombrar al tío del heredero presunto, al-Mugīra. En esos momentos de inestabilidad política Almanzor desempeñó un papel de la máxima importancia: por un lado, se encargó de neutralizar al aspirante a califa y acabar con sus veleidades, asegurándose el apoyo de Şubḥ, al-Sayyida al-Kubrà, “la gran princesa” que le ayudaría monetariamente y le procuraría el apoyo de las tropas merced a su influencia; por otro lado, su vinculación con el visir al-Muṣḥafī dio nuevos vuelos a su ambición, ya que a partir de ahí ocuparía los más altos puestos del Estado. No le salió gratis. Debió ocuparse, contra su voluntad, de asesinar a al-Mugīra, hermano menor de al-Ḥakam II, al que la guardia esclavona quería elevar al califato. Tras el asesinato de su candidato, los esclavones se adhirieron a la causa de los dos hombres fuertes del régimen, perdiendo el partido esclavón la influencia política que había tenido durante los reinados de ‘Abd al-Raḥmān III y de al-Ḥakam II. El propio Almanzor fue el encargado de redactar el acta de investidura (bay‘a) del nuevo soberano, que se produjo dos días después de la muerte de su padre (11 de muḥarram de 366/10 de septiembre de 976) en una ceremonia que duró varios días, a causa de las personalidades que le juraron fidelidad.
     El nuevo califa, Hišām [II] al-Mu’ayyad bi-llāh, (El que recibe la asistencia victoriosa de Allāh), poco tiempo después nombró chambelán (ḥāŷib) a al-Muṣḥafī y Almanzor ocupó el puesto de visir dejado por su aliado. Las primeras medidas de al-Muṣḥafī y de Almanzor fueron de tipo populista; hubo una remisión de impuestos y se derogó el más impopular de ellos: el que gravaba el aceite.
     Poco después comenzaron las célebres campañas de Almanzor, cincuenta y dos en total perfectamente datadas (cincuenta y seis según otra fuente) contra los cristianos del norte peninsular, primero como caíd y después como ḥāŷib, lo cual daría a al-Andalus el momento de mayor seguridad militar de toda su historia y al ḥāŷib fama de invencible. Efectivamente en el año 366/977 Ibn Abī ‘Āmir fue a contener un ataque cristiano y conquistó los arrabales de al-Ḥamma (baños de Ledesma, provincia de Salamanca). La expedición no tuvo apenas importancia, pero el asunto hábilmente explotado le sirvió para aumentar su prestigio y ganarse las simpatías del ejército, sobre todo las del comandante en jefe de la Frontera Media, Gālib, que no tardó en recibir el título de ḏū-l-wizaratayn (el poseedor de los dos visiratos). Mientras, la popularidad de al-Muṣḥafī declinaba a causa de su nepotismo y de su falta de visión política. Ibn Abī ‘Āmir, se hizo nombrar ṣāḥib al-madīna (gobernador de la capital cordobesa), cargo que hasta entonces desempeñaba Muḥammad, un hijo de al-Muṣḥafī. El nuevo gobernador reestableció la seguridad en Córdoba, donde los atentados y los robos nocturnos eran frecuentes, imponiendo un orden estricto. Poco después Ibn Abī ‘Āmir a comienzos del año 367/978 obtuvo del general Gālib la mano de su hija Asmā’, de la que Almanzor nunca se separaría, ya que era mujer culta y particularmente inteligente. Contando con el apoyo incondicional del viejo general y suegro, hizo prisionero a al-Muṣḥafī, acusándolo de malversación, y confiscó sus bienes; años más tarde, en 372/982, lo hizo asesinar en prisión. Cuando acabó con el chambelán, no tenía ya poder alguno. Ibn Abī ‘Āmir, como recoge el cronista Ibn ‘Iḏārī, “gobernaba la corte mediante su mandato de policía, el ejército mediante su generalato, y el palacio gracias al favor de que gozaba en el harén”. Después se deshizo del jefe militar de su caballería mandándolo matar, acto seguido se proclamó ḥāŷib, chambelán.
     Ibn Abī ‘Āmir era ya el verdadero señor de al-Andalus, sólo le quedaba acabar con el general Gālib para que su poder fuera absoluto. Al año siguiente de la caída de al-Muṣḥafī, o sea, el año 368/979, una conjura estuvo a punto de derribar al joven califa Hišām II, los conjurados querían sustituirlo por otro nieto de ‘Abd al-Raḥmān III, llamado ‘Abd al-Raḥmān b. ‘Ubayd Allāh. En la conjura estaba complicado, amén de una serie de dignatarios, el propio gobernador de la capital Ziyād b. Aflaḥ, quien al fracasar la tentativa de asesinar a Hišām II en el propio alcázar de Córdoba, metió a todos los conjurados en la cárcel, a fin de salvar su cabeza. Ibn Abī ‘Āmir los hizo condenar a muerte, y en eso no influyó sólo la razón de Estado, también quiso congraciarse con los alfaquíes de Córdoba, ya que alguno de los conjurados tenía ideas heterodoxas de tipo mu‘tazilī. Trató de ganarse a la plebe urbana exteriorizando su piedad, llegando a copiar por su propia mano un ejemplar del Corán, con el propósito de llevarlo en sus expediciones.
     Fue también en esta época cuando mandó expurgar la célebre biblioteca califal. Nada mejor que reproducir en este caso lo que dice Sā‘id al-Andalusí: “La primera acción de dominio sobre Hišām II fue dirigirse a las bibliotecas de su padre al-Ḥakam II, que contenían colecciones de libros famosos [...] e hizo sacar todas las clases de obras que allí había en presencia de los teólogos de su círculo íntimo, y les ordenó entresacar la totalidad de los libros de ciencias antiguas, que trataban de lógica, astronomía y otras ciencias, cultivadas por los antiguos, a excepción de los libros de medicina y aritmética. Una vez que se hubieron separado [...] Abū ‘Āmir ordenó quemarlos y destruirlos. Algunos fueron quemados; otros fueron arrojados a los pozos del alcázar, y se echó sobre ellos tierra y piedras, o fueron destruidos de cualquier otra manera. Abū ‘Āmir hizo eso para granjearse el afecto de la plebe de al-Andalus [...] entonces esas ciencias eran mal vistas y [...] cualquiera que las estudiaba era sospechoso de herejía y presunto heterodoxo en relación con la ley islámica (Šarī‘a)”. Con esta medida trató de congraciarse con los ulemas y el pueblo. En todo caso, como advierte el historiador Lévi-Provençal, la conjura legitimista, sofocada a tiempo, y la corriente de puritanismo que se había apoderado de la capital revelaban la existencia de un partido de oposición.
     Durante mucho tiempo el todopoderoso chambelán tuvo pruebas de que se continuaba murmurando acerca de los escándalos de la Corte, de la conducta irregular de la princesa Şubḥ —a la que suponían embarazada por él— y de las costumbres contra natura del gran cadí Muhammad b. al-Salīm, que seguía en funciones a pesar de su incapacidad. Hacía ya varios meses que Ibn Abī ‘Āmir había abandonado la mansión de al-Ruşāfa por otra almunia más amplia y lujosa, que se había hecho construir cerca de Madīnat al-Zahrā’ y a la que había denominado al-‘āmiriyya, derivada de su propio nombre. Pese a que por entonces Almanzor todavía ocultaba su juego y respetaba en apariencia la ficción de la autoridad absoluta del Califa, las relaciones con Şubḥ se fueron enfriando al ver ésta cómo mermaba paulatinamente el poder de su hijo.
     Almanzor para librarse de la princesa madre y del Califa edificó una nueva ciudad administrativa a la que, parafraseando el nombre de la ciudad de ‘Abd al-Raḥmān III, llamó al-Madīna al-Zāhira, la ciudad resplandeciente, cuya construcción comenzó en 368/978 y concluyó en 370/980. La ciudad estaba emplazada al lado del río Guadalquivir, aguas arriba de la capital cordobesa hacia el este y en la misma orilla del río. En el interior de la ciudad erigió un fastuoso palacio, desde donde Almanzor regiría al-Andalus como soberano absoluto; levantó casas para sus hijos y para los principales dignatarios de su séquito, así como viviendas y locales para las oficinas de la cancillería y para el personal, además de cuarteles y caballerizas para la guardia y vastos almacenes para depositar armas y grano. Pronto, al decir de Ibn Jāqān, la ciudad se salió de sus primitivos límites, se construyeron mercados y las gentes vinieron a habitar en ella o en sus inmediaciones, de tal manera que los arrabales de la nueva ciudad no tardaron en enlazar con los de Córdoba. Ibn Abī ‘Āmir se instaló en al-Zāhira en el año 370/981, transfiriendo todo el aparato estatal de Madīnat al-Zahrā’ a su nueva residencia, obteniendo del califa una “delegación de todas sus funciones, a fin de consagrarse a ejercicios de piedad”. Esta delegación procuró al ḥāŷib la cobertura legal para su autoridad, y a la vez le dio la oportunidad de mantener recluido al califa en su palacio. A partir de ese momento Almanzor asumirá la dirección del Estado, dispondrá a su antojo del presupuesto, centralizará los ingresos, ordenará los gastos y organizará las aceifas, sin someterse ya a la aprobación puramente formal del Califa. Se puede decir que desde el año 981 al 1002 Almanzor se conducirá como el verdadero soberano de al-Andalus. Durante esos veinte años atacará a los diferentes reinos cristianos. El único que se opuso al poder alcanzado por Almanzor y a transigir con el cautiverio del Califa, fue el general Gālib, muy afecto a la casa omeya por los altos puestos a él confiados y por los vínculos de clientela. Este aliado de otrora, que le había dado la mano de su hija y le había ayudado a conseguir sus objetivos políticos y militares, se enfrentó a Almanzor con sus tropas y con las fuerzas del príncipe Ramiro, hijo de Sancho II Abarca, rey de Pamplona, así como con los hombres del conde de Castilla, Garci Fernández. Almanzor asistido por tropas beréberes, conducidas por el general Ŷa‘far b. ‘Alī b. Hamdūn se enfrentó con Gālib y sus aliados cerca de Atienza, siendo éstos derrotados. El general Gālib, octogenario ya, murió en Torre Vicente el 4 de muḥarram de 371/10 de junio de 981. En seguida Ibn Abī ‘Āmir, explotando el éxito acaecido en la frontera, envió tropas contra los dominios del conde castellano y contra el Reino de León. La fortaleza de Zamora opuso a los asaltantes una eficaz resistencia, pero la ciudad propiamente dicha fue saqueada y sus aldeas, iglesias y monasterios limítrofes pillados e incendiados; no menos de cuatro mil cautivos fueron llevados a Córdoba.
     Tras estas victorias del año 371/981 fue cuando Ibn Abī ‘Āmir adoptó el sobrenombre honorífico de al-Manṣūr bi-llāh, “el vencedor por Dios”, y por el que en adelante sería conocido en las crónicas cristianas en la forma romanceada de Almanzor. Se impuso entonces en la Corte el tratamiento de “señor” (mawlà), aunque es posible que este título lo tomara al aposentarse en el palacio de al-Zāhira. A partir de esa fecha, Almanzor pudo dedicarse a hacer la guerra contra los cristianos del norte de la península, como jamás antes se había visto. Las más importantes de sus campañas fueron, además de la de Zamora en 981, Simancas en 983, Sepúlveda en 984, Barcelona en 985, Coimbra en 987, León en 988, Clunia en 994, Santiago en 997, Cervera en el año 1000, etc. Estas campañas dañaron fuertemente la labor repobladora de la llamada Extremadura duriense, llevada a cabo principalmente en el siglo IX, y pararon “toda reconquista”. Peor parada quedó si cabe la situación de los estados orientales peninsulares, puesto que carecían de “frontera”. El poder de Almanzor fue tan grande en la Península que llegó a convertirse en el magnate de ella, tanto que los reyes cristianos —Sancho II Garcés Abarca de Navarra y Bermudo II de León— le prestaron obediencia.
     Hasta entonces las campañas musulmanas contra territorio cristiano no habían sido sino respuesta a ataques cristianos previos. Como señala P. Chalmeta, habían sido relativamente benignas y no habían causado ni demasiados estragos ni muertes. El peligro de estas expediciones no pasaba de las tierras fronterizas y no tocaba a la mayoría de la población. Los ataques de Almanzor no constituían represalias, sino ataques imprevisibles, llevados a cabo de forma continuada y con dureza inusitada, dejando una estela de destrucción, de muerte y de odio. Los musulmanes con los cuales se las tenían que ver los cristianos no eran propiamente andalusíes, sino beréberes extranjeros, lo cual daría lugar al crecimiento de una solidaridad defensiva entre los reinos cristianos contra el enemigo común. A la caída de los amiríes, el rencor acumulado entre los cristianos por las cincuenta y dos expediciones de Almanzor (y las posteriores de su hijo al-Muẓaffar) llevaron a la convicción a no pocos cristianos de que había que terminar con un adversario que no se mostraba en modo alguno tan eficaz y ofensivo como antes, y conociendo como conocían las rutas y las debilidades del califato cordobés, por haber servido muchos de ellos como mercenarios en las campañas amiríes, era sólo cuestión de relanzar la Reconquista. Almanzor resultó invencible en buena medida gracias a sus reformas militares, basadas esencialmente en la intensificación de la recluta de mercenarios, en especial beréberes. Con ello conseguía un doble objetivo: sus oponentes políticos fueron paulatinamente alejados de los puestos en el Ejército, dejándolos sin fuerza efectiva; por otro lado, no siendo los mercenarios fieles más que al señor que les pagaba, Almanzor pudo prescindir de las tropas andalusíes y tener a su disposición así un efectivo aparato de represión para el interior y un instrumento ofensivo de calidad para el exterior. El ḥāŷib había eximido a los andalusíes de la prestación del servicio militar por un impuesto especial (fidā’) para pagar soldados profesionales, aunque eso, entre otros males que él no podía entonces prever, lo hizo entrar en una espiral de recluta de hombres y de búsqueda de recursos para pagarlos imposible de romper. Tener un Ejército dispuesto las veinticuatro horas tenía sus ventajas y también sus inconvenientes: el empobrecimiento de la población andalusí por los pesados impuestos para mantener ese Ejército profesional, así como la pronta pérdida de las virtudes militares de la población por la falta de entrenamiento, y a la larga, su indiferencia por las cuestiones públicas y de gobierno.
     En medio de estos triunfos, en el año 379/989, Almanzor tuvo que hacer frente a una conspiración organizada por un lejano descendiente de al-Ḥakam I, ‘Abd Allāh b. ‘Abd al-‘Azīz al-Marwānī, conocido por “Piedra Seca”, gobernador de Toledo y ‘Abd al-Raḥmān b. al-Muţarrif, general de la Marca Superior, quienes prometieron al propio hijo de Almanzor, el veinteañero ‘Abd Allāh, que una vez derribado su padre él ocuparía su puesto. Descubierta la conjuración, ‘Abd Allāh se refugió en Castilla con Garci Fernández, quien al verse amenazado se lo entregó a su padre, el cual no dudó en decapitarlo en el año 380/990 y enviar su cabeza al califa Hišām II con el parte de las victorias allende el Duero. En cuanto a ‘Abd al- Raḥmān al-Muţarrif, fue ejecutado en al-Zāhira ante Almanzor. Piedra Seca salvó la vida porque quizá el amirí, acordándose del omeya al-Mugīra, otrora asesinado por su orden, no quiso tener otra experiencia parecida ni acrecentar el odio de los marwāníes.
     En el año 381/991 el dictador concedió a su hijo ‘Abd al-Malik el título de ḥāŷib y nombró visir a su hijo ‘Abd al-Raḥmān, guardando para sí el título de al-Manşūr b. Abī ‘Āmir en los escritos oficiales, y en 386/996 el uso de los títulos de sayyid, señor y malik karīm, noble rey. Almanzor no desatendió la zona de influencia andalusí en el Magreb, siguió la política de ‘Abd al-Raḥmān III y al-Ḥakam II; pero intentando siempre obtener la sumisión de los notables del otro lado del estrecho más por medios pacíficos que buscando el enfrentamiento, aunque no se vio libre de realizar algunas campañas militares en momentos de peligro: cuando el pro-fatimí Buluggīn b. Zīrī llegó en 980 hasta las puertas de Ceuta, ciudad ésta perteneciente al dominio andalusí; o cuando la sublevación de Hasan b. Gannūn en 985 (que fue finalmente ejecutado por orden de Almanzor, pese a la palabra dada por su primo Ibn ‘Asqalāŷa, cosa que provocó no poco descontento en la zona); la rebelión de Zīrī b. ‘Aţiyya en 998, para la cual fue enviado ‘Abd al-Malik, el propio hijo de Almanzor, con un ejército a fin de reforzar al general en jefe destacado en la región, al-Fatà al-Kabīr, el gran oficial esclavón, Wāđiḥ, encargado de pacificar el país con el objeto principal de controlar el comercio, mantener el flujo de oro desde el Sudán y tener en mano la recluta de mercenarios para mantener ejércitos combativos contra los cristianos del norte peninsular, en su política de legitimación por medio de la guerra santa. ‘Abd al-Malik supo responder a las esperanzas de su padre derrotando al ejército zanāta de Zīrī b. ‘Aţiyya, y entrando triunfalmente en Fez en Šawwāl de 385/septiembre de 998. Esta victoria tuvo gran resonancia en Córdoba, donde Almanzor para celebrarla manumitió y dotó a mil quinientos esclavos suyos, y ordenó el reparto de limosnas a todos los menesterosos de sus dominios.
     Mientras, instalado en Fez como un auténtico virrey, ‘Abd al-Malik nombró jefes de distrito hasta Siŷilmāsa, puerta del desierto y depósito del tráfico comercial transahariano; amén de someter a los habitantes de esas tierras a impuesto. En Fez, por encargo de Almanzor, hizo algunas obras edilicias, así como mejoras en la mezquita aljama de al-Qarawiyyīn. Unos meses después ‘Abd al-Malik sería llamado a Córdoba por su padre, llegando a la capital el 28 de rabī‘ II de 388/18 de abril de 999. Entretanto Wāḍiḥ, el gran oficial esclavón, general en jefe de la Marca Media, volvía al norte de África para mantener la región bajo estricto orden.
     La última campaña de Almanzor contra los cristianos tuvo lugar a comienzos del verano de 392/1002, y estuvo dirigida contra el territorio de la Rioja, dependiente del condado de Castilla. No se ha encontrado sobre ella noticia alguna en las fuentes. Todo lo que se sabe es que el ejército musulmán avanzó hasta Canales, localidad situada a unos cincuenta kilómetros al sudoeste de Nájera, y que, en dirección a Burgos, alcanzó el monasterio de San Millán de la Cogolla, que fue saqueado. Al regresar de esta expedición fue cuando Almanzor murió, después de una larga enfermedad (se ha dicho que quizá de una artritis gotosa) por esa época tenía más de sesenta años. Minado por esa dolencia sabía que su fin estaba próximo y multiplicaba los signos de piedad. Se sabe que guardaba celosamente, para que lo cubriera en la tumba, el polvo de los vestidos que usaba en sus expediciones y que hacía sacudir y guardar después de cada campaña. En el camino de regreso con su ejército a Medinaceli, puesto avanzado de la Marca Media, su estado empeoró hasta el punto de tener que ser llevado en litera durante un penoso viaje de dos semanas. Llegado por fin a la plaza fronteriza, en su lecho de muerte hizo escribir sus últimas disposiciones, entregando el gobierno a su hijo ‘Abd al-Malik, conocido posteriormente como al-Muẓaffar, con precisas instrucciones de cómo había de llevarlo a feliz término. No por ello Almanzor dejó de expresar temor de que a su muerte todo lo hecho se fuera al traste. Ciertas noticias fragmentarias, llegadas a nosotros en algunas crónicas, ponen de manifiesto su pesar por la política empleada en la frontera y de sus dudas acerca del valor de su obra, así como de la capacidad de sus hijos para mantener la situación en mano.
     Almanzor murió en la noche del 27 al 28 de ramadán del año 392/9 al 10 de agosto de 1002. Se le hizo enterrar en el patio del alcázar de Medinaceli, rezando en sus exequias su hijo ‘Abd al-Raḥmān (Sanchuelo), mientras ‘Abd al-Malik se dirigía a Córdoba para asentar su poder y evitar cualquier veleidad de cambio de régimen. Al decir de Ibn ‘Iḏārī, sobre la lápida marmórea de su tumba se grabaron los siguientes versos: “Sus trazas te hablan acerca de sus noticias como si tú con los ojos las vieses. ¡Por Dios! No hubo nadie que gobernara la Península como él en verdad, ni quien condujese los ejércitos igual a él”. Está claro, como bien se ha afirmado, que la política de destrucción y remodelación del Estado cordobés permitió a Almanzor mantenerse en el poder, a costa de acabar con las estructuras que constituían el sistema: político, económico, étnico, cultural, etc. Tras él se puede decir que el califato se extinguió de manera lamentable y miserable, nada de grandes familias de dignatarios, de presupuestos excedentarios, de coexistencia social ni étnica. Los andalusíes no considerarán más que a un solo enemigo: los beréberes —extranjeros sin casi posibilidad de asimilarse—. Se olvidarán de los cristianos o los verán como aliados. Y dado que al fin de cuentas los andalusíes se las tuvieron que ver con una sociedad feudal fuertemente militarizada, las posibilidades de supervivencia de un al-Andalus poderoso fueron nulas. La política de aceifas de Almanzor engendró, en última instancia, la actitud mental cristiana que propiciaría continuos ataques de reconquista, que terminarían con la propia existencia de al-Andalus (Felipe Maíllo Salgado, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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jueves, 9 de enero de 2025

El sitio arqueológico Espartinas, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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   El pueblo estaría construido sobre una villa romana que perteneció a un Spartus o Spartius. Otra versión de Serrano Ortega es que la fundó Spoleto, de ahí, Spoletium. Allí se encuentra una inscripción romana, monedas prerromanas y de Trajano y Neron y un vaso de bronce (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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martes, 10 de diciembre de 2024

El sitio arqueológico del Cortijo del Loreto, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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      Hoy, 10 de diciembre, la iglesia católica celebra la Festividad de Nuestra Señora de Loreto, así que hoy es el mejor día para explicarte el sitio arqueológico del Cortijo del Loreto, en Espartinas (Sevilla).
     En una extensión, en el 2º caso de unos 1600 metros cuadrados y en el 1º, imposible de determinar por estar toda la zona en torno a la torre cubierta con cemento. La torre está fechada en la 2ª mitad del s. XIII, en el basamento fueron encontrados sillares romanos, del mismo modo que restos de una construcción árabe. Al norte del convento son abundantes los fragmentos de tejas y ladrillos, también restos de tinajas. El material cerámico contiene algunos fragmentos árabes, el resto tiene una cronología que va desde el s. XIV y XV, destacando un fragmento de cuerda seca y un fragmento de plato de Paterna. Se trata de un asentamiento romano con perduración árabe y bajomedieval, el desplazamiento debió producirse a finales del s. XV o comienzos del XVI (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Festividad de Nuestra Señora de Loreto;
     La Iglesia celebra cada 10 de diciembre la fiesta de la Virgen de Loreto, en honor a la Virgen bajo la advocación que recuerda el misterio de la Encarnación.
     La advocación a Nuestra Señora de Loreto, patrona de la aviación, tiene su origen en una tradición cristiana del siglo XIII según la cual, en el año 1291, cuando los cruzados se vieron obligados a abandonar Tierra Santa, la casa de la Virgen fue transportada milagrosamente por ángeles volando desde Nazaret a Croacia y desde allí, en la noche del 10 de diciembre de 1294, a un bosque de laureles, del latín lauretum, de donde derivó posteriormente el nombre Loreto en Italia.
     El Papa Benedicto XV declaró a Nuestra Señora de Loreto patrona de todos los aeronautas en el año 1920, y ese mismo año el Rey Alfonso XIII creó y puso en marcha el Servicio de Aeronáutica Militar.
     El Santuario de Loreto se encuentra en la localidad italiana del mismo nombre. Desde la Edad Media, se venera en ese Santuario la Santa Casa de Loreto, una construcción que la piedad popular ha identificado con la misma casa de Nazaret en la que vivió Jesús junto a sus padres José y María. En ella se habría producido la Anunciación y la concepción divina de Jesucristo.
     Según el Decreto sobre la celebración de la bienaventurada Virgen María de Loreto para inscribir en el Calendario Romano General, del 31 de octubre de 2019, “este santuario recuerda el misterio de la Encarnación y estimula a todos aquellos que lo visitan a considerar la plenitud del tiempo, cuando Dios mandó a su Hijo, nacido de mujer, y a meditar tanto en la palabra del Ángel que anuncia el Evangelio, como en las palabras de la Virgen, que responde a la llamada divina”.
     “Bajo la sombra del Espíritu Santo, la humilde sierva del Señor se transforma en casa de la divinidad, imagen purísima de la santa Iglesia”.
     En el Decreto se señala que el santuario está “estrechamente vinculado a la Sede Apostólica, alabado por los Sumos Pontífices y conocido universalmente, ha sabido ilustrar de modo excelente, en el curso del tiempo, no menos que Nazaret en Tierra Santa, las virtudes evangélicas de la Sagrada Familia”.
     También se recuerda que “en la Santa Casa, delante de la imagen de la Madre del redentor y de la Iglesia, santos y beatos han respondido a la propia vocación, los enfermos han invocado consuelo en el sufrimiento, el pueblo de Dios ha iniciado a alabar y suplicar a Santa María con las Letanías lauretanas, conocidas en todo el mundo”.
     En particular, “cuantos viajan en avión han encontrado en ella la celestial patrona”.
     La celebración de la Virgen de Loreto “ayudará a todos, especialmente a las familias, los jóvenes, los religiosos, a imitar las virtudes de la perfecta discípula del Evangelio, la Virgen Madre que, concibiendo a la Cabeza de la Iglesia, nos acoge también a nosotros consigo” (Aciprensa). 
     La Santa Casa de Loreto es la misma casa de Nazaret que visitó el Arcángel Gabriel en la Anunciación a la Santísima Virgen María. Es allí donde el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros. Allí también vivió la Sagrada Familia a su regreso de Egipto y donde Jesús pasó 30 de sus 33 años junto a La Virgen y San José.
     Pronto La Santa Casa se convirtió en lugar de reunión para la celebración de la Santa Misa de los primeros Cristianos. Podemos imaginarnos con qué amor y veneración cuidaban este Santo Lugar.
     Actualmente la Santa Casa está situada dentro de la Basílica que para ella se construyó en Loreto, Italia. Dentro de la casa de Loreto se venera la pequeña estatua de La Virgen de Loreto. La Santa Casa en Nazaret tenía dos partes: una parte era una pequeña gruta y la segunda parte una pequeña estructura de ladrillos que se extendía desde la entrada de la gruta. La estructura de ladrillos no tenía sino tres paredes, ya que un lado pegaba con la pared de la gruta.
     ¿Cómo llegó la casa de Nazaret a Loreto, Italia? Hay varias tradiciones. Una de ellas habla de ángeles que transportaron la casa por los aires. Pero hay documentos que parecen indicar que el responsable del traslado es un comerciante llamado Nicéforo Angelo del siglo XIII. Quizás su apellido inspiró la idea del traslado por medio de ángeles. En todo caso, tan extraordinaria empresa, sin duda, tuvo la protección y guía del cielo. Ya lo había dicho el ángel a la Virgen en esa misma casa: "Para Dios nada es imposible".
Tratan de destruir la Santa Casa
     La casa de Loreto es sagrada en virtud de quienes en ella habitaron. Muchos consideran la Santa Casa de Loreto como uno de los lugares más sagrados del mundo y Dios no quiso que esta casa fuese profanada o destruida, sino preservada para siempre. El demonio, los hombres, y el mundo usualmente van contra todo lo que Dios quiere y con esta bendita casa no fue diferente. En 1291, los Sarracenos conquistaban la Tierra Santa. Quisieron acabar con toda la historia del cristianismo y la mejor forma para ellos era destruyendo todos los lugares sagrados. Pensaban que eliminando todos los signos visibles del cristianismo, apagarían el amor y la devoción.
     Fueron en busca de cada lugar venerado por su asociación con la vida de Cristo. Cuando llegaron a las proximidades de Nazaret, La Santa Casa no tenía defensa humana. Esta era bien conocida, porque los cristianos desde el tiempo de los Apóstoles la tenían con gran reverencia y celebraban allí la Santa Misa. Los enemigos se decían: "Nunca más los cristianos celebrarán aquí la Anunciación"
     La Basílica construida sobre la Santa Casa ya había sido destruida dos veces antes. La primera vez fue en 1090 A.D. Sin embargo, la casa quedaba intacta. Los cruzados reconstruyeron la Basílica, pero en 1263 fue destruida de nuevo. Una vez más la Santa Casa fue protegida. Esta vez los cruzados no pudieron reconstruir la Basílica y la Santa Casa se quedó sin protección.
La tradición del traslado Angelical
     Según esta tradición, en 1291, cuando los cruzados perdían control sobre la Tierra Santa, Nuestro Señor decidió enviar a los ángeles a proteger su Santa Casa y les dio el mandato de que movieran la casa a un lugar seguro. Llévense la Santa Casa a un lugar seguro, lejos del odio de mis enemigos de esta tierra donde nací. Elévenla sobre los aires, donde no la puedan alcanzar. Que no la vean.
     El 12 de mayo de 1291 los ángeles trasladaron la casa hasta un pequeño poblado llamado Tersatto, en Croacia. Muy temprano en la mañana la descubrieron los vecinos y se asombraron al ver esta Casa sin cimiento y no se explicaban cómo llegó ahí. Se adentraron y vieron un altar de piedra. En el altar había una estatua de cedro de la Virgen María, que tenía al niño Jesús en sus brazos. El niño Jesús tenía sus dos dedos de la mano derecha extendido como bendiciendo. Con su mano izquierda sostenía una esfera de oro representando al mundo. Ambos estaban vestidos como con unas batas y tenían coronas de oro.
     Unos días más tarde, la Virgen María se le apareció a un sacerdote de ese lugar y le explicó de dónde venía la casa. Ella dijo: "Debes saber que la casa que recientemente fue traída a tu tierra es la misma casa en la cual yo nací y crecí. Aquí, en la Anunciación del Arcángel Gabriel, yo concebí al Creador de todas las cosas. Aquí, el Verbo se hizo carne. El altar que fue trasladado con la casa fue consagrado por Pedro, el Príncipe de los Apóstoles. Esta casa ha venido de Nazaret a tu tierra por el poder de Dios, para el cual nada es imposible.
     Ahora, para que tú puedas dar testimonio de todo esto, sé sanado. Tu curación inesperada y repentina confirmará la verdad que yo te he declarado hoy." El sacerdote, que había estado enfermo por mucho tiempo, se sanó inmediatamente y anunció al pueblo el milagro que había ocurrido. Comenzaron las peregrinaciones a la Santa Casa. Los residentes de este pequeño pueblo construyeron sobre la Santa Casa un edificio sencillo para protegerla de los elementos de la naturaleza. Pero la alegría de los croatas duró poco tiempo. Después de tres años y cinco meses de estar la casa en este poblado, en la noche del 10 de diciembre, de 1294, la casa desapareció de Tersatto para nunca más volver.
     Un residente devoto de Tersatto construyó una pequeña iglesia en el lugar donde estuvo la casa, una réplica de esta. Y puso la siguiente inscripción: ¨La Santa Casa de la Virgen María vino de Nazaret el 10 de diciembre de 1291 y estuvo hasta el 10 de diciembre de 1294.¨La gente de Croacia continuó venerando a Nuestra Señora en la réplica de la Santa Casa. Fue tanta su devoción, que el Papa Urbano V envió a la gente de Tersatto una imagen de Nuestra Señora en 1367. Esta imagen se cree fue esculpida por San Lucas.
La Santa Casa es llevada a Italia
     El 10 de diciembre de 1294, unos pastores de la región de Loreto en Italia reportaron que habían visto una casa volando sobre el mar, sostenida por ángeles. Había un ángel vestido con una capa roja (San Miguel) que dirigía a los otros y la Virgen María con el Niño Jesús estaban sentados sobre la casa. Los ángeles bajaron la casa en un lugar llamado Banderuola.
     Muchos llegaban a visitar esta santa casa, pero también habían algunos que llegaban para asaltar a los peregrinos. Por esta razón las personas dejaron de llegar y la casa nuevamente fue trasladada por los ángeles a un cerro en medio de una finca. La Santa Casa no se quedaría aquí por mucho tiempo. La finca era de dos hermanos que comenzaron a discutir sobre quién era el dueño de la casa. Por tercera vez la casa es trasladada a otro cerro y la colocaron en el medio del camino. Ese es el lugar que ha ocupado ya por 700 años.
     Los habitantes de Recanati y Loreto verdaderamente no sabían la historia de la Santa Casa, solo sabían de los milagros que se acontecían ahí. Dos años más tarde, la Virgen María se le apareció a un ermitaño llamado Pablo y le contó el origen y la historia de la Santa Casa: “Se mantuvo en la ciudad de Nazaret hasta que por el permiso de Dios, aquellos que honraban esta casa fueron expulsados por los enemigos. Ya que no se le honraba y estaba en peligro de ser profanada, mi Hijo quiso trasladarla de Nazaret a Yugoslavia y de ahí hasta tu tierra”. Pablo entonces se lo contó a las personas del pueblo y comenzaron a hacer gestiones para verificar la autenticidad de la casa. Fueron primero a Tersatto y luego a Nazaret.
Investigaciones de los expertos
     Los expertos asignados a este proyecto fueron a Tersatto. Ahí les verificaron que las paredes eran de color rojizo y cerca de 16¨ de ancho. Descubrieron también que la replica medía exactamente igual que la de Loreto, 31 ¼ pies de largo por 13 pies y 4 pulgadas de ancho por 28 pies de alto. Tenía una sola puerta de 7 pies de alto y 4 1/2 de ancho. Tenía también una ventana. Todas las descripciones, incluso las de los elementos interiores y las estatuas, coincidían.
     En Nazaret: descubrieron que de verdad era la casa de la Virgen. Las medidas de la fundación eran exactas a las de Loreto y la maqueta construida en Tersatto. Después de 6 meses regresaron a Loreto y declararon la autenticidad de la Santa Casa. Años más tarde, encontraron monedas debajo de la casa, no solo del área de Nazaret, sino que del período en que la casa estuvo en Nazaret. Las piedras y la tierra utilizada para el relleno de la casa era idéntica a las que se usaban en Nazaret en ese tiempo y civilización. La casa no tiene cimientos, ya que estos se quedaron en Nazaret.
Anécdotas de la Santa Casa de Loreto
     Llegó un tiempo en que muchos peregrinos iban a este santuario y el Papa Clemente VII mandó que se cerrara la puerta original y se construyeran tres puertas, ya que solo había un puerta y las personas se peleaban para entrar y salir. Solo había un problema y era que nadie le había pedido permiso a la Virgen María para las alteraciones. Cuando el arquitecto cogió su martillo para comenzar, su mano se marchitó y comenzó a temblar. Enseguida se fue de Loreto y nadie más quiso hacer el trabajo. Tiempo después un clérigo llamado Ventura Barino aceptó hacer el trabajo, pero primero se arrodilló y rezó a la Virgen. Este le dijo que no era su culpa, sino la orden del Papa, que si ella estaba enojada que lo tomara contra el Papa y no contra él¨. El clérigo pudo completar el trabajo. Las personas de Loreto también decidieron proteger la Santa Casa poniéndole una pared de ladrillo, pero después que terminaron con la pared, la pared se separó de la casa. Por eso hay un espacio entre la Santa Casa y la pared que fue construida.
Devolverle a la Virgen lo que es de Ella
     Una historia relata que el Obispo de Portugal visitó la Santa Casa y quiso llevarse una piedra para construir una Iglesia en honor a la Virgen de Loreto. El Papa le dio permiso y el Obispo mandó a su secretario a sacar la piedra y llevársela. El Obispo se enfermó de repente y cuando llegó su secretario casi estaba muerto. El Obispo les pidió a algunas hermanas religiosas que rezaran por él y algunos días después recibió este mensaje: "Nuestra Señora dice, si el Obispo desea recuperarse, debe devolver a la Virgen lo que él se ha llevado". El secretario y el Obispo se asombraron de esto, pues nadie sabía lo de la piedra de la Santa Casa. El secretario se fue inmediatamente de regreso a Loreto con la piedra y cuando llegó, el Obispo estaba completamente sanado. Por esta razón, durante los siglos, los Papas han prohibido, bajo amenaza de excomunión, la extracción de cualquier parte de la Santa Casa.
Un Lugar Sagrado
     La Santa Casa es considerada entre los lugares más sagrados del mundo. Antes de que la Santa Casa fuese trasladada, San Francisco de Asís había profetizado que un día Loreto se iba a llamar el lugar más sagrado del mundo y que por ello debían abrir una casa allí.
     Muchos santos, beatos y Papas han visitado esta casa. Entre ellos: San Francisco de Sales: hizo sus votos de celibato en la Santa Casa; Santa Teresa de Lisieux: antes de ir a pedir permiso al Papa para entrar al Carmelo a la edad de 15 años, visitó la Santa Casa; San Maximiliano Kolbe: en su regreso a la ciudad de la Inmaculada, poco antes de ser llevado al campo de concentración; y muchísimos otros santos.
     El Papa Juan XXIII fue el día antes de convocar el Concilio Vaticano II y pidió a la Virgen de Loreto la protección del Concilio. Juan Pablo II ha visitado muchas veces la Casa de Loreto y ha tenido allí convenciones de jóvenes y familias.
     Muchos peregrinos van cada año a visitar a la Santa Casa. A visitar el lugar donde la Sagrada Familia vivió y a recibir las gracias que Dios les quiere dar. Es una tradición rezar de rodillas el Santo Rosario alrededor de la Casa. Es un rosario penitencial pidiendo la intercesión poderosa de la Stma. Virgen. Procesiones con velas del Santísimo Sacramento forman parte de las celebraciones en la Basílica de la Santa Casa de Loreto.
     La imagen de Nuestra Sra. de Loreto, se encuentra en el interior de la Casa, tiene una la túnica tradicional decorativa. El color oscuro de la imagen representa a la estatua original de madera, que con los siglos se oscureció con el hollín de las lámparas del aceite que se usaba en la capilla. En 1921 se destruyó la estatua original en un incendio, y otra similar fue colocada en el lugar (Catholic.net).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
    Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
     Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
     En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
     Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
     Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
     Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
     Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
     En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
     Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
     Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
     Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
     A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
     La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones. 
      El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
     Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles. 
     A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
     Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
     A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
     Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 20 de febrero de 2024

El sitio arqueológico Chamorro, en Espartinas (Sevilla)

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   En superficie se localizaron fragmentos de ladrillos, tegulae, ánforas, sigillata aretina (Drag. 30) con marca ilegible, hispánica (Drag. 15/17 y 37), clara A (forma 10 A y 23 A) y D. Se trata de una villa ocupada del s. I al IV d. C. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 1 de septiembre de 2022

La Hacienda de Tablante, en Espartinas (Sevilla)

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   La Hacienda de Tablante, se encuentra en la avenida de Vendargues, s/n; en Espartinas (Sevilla).
     En cuanto a su prolija historia, hay que indicar que al parecer la actual hacienda de Tablante se sitúa sobre una villa romana como indica su topónimo, que procede de término latino tabulae, medida agraria romana. Con posterioridad fue una alquería musulmana, recogida en el Repartimiento de Sevilla y bautizada con el nombre de Mesnada por haberla cedido el rey a la suya. Contaba entonces con 50.000 pies de olivar y una cabida de 912 aranzadas. En el siglo XVI fue propiedad del poeta Juan de Arguijo, que la debió tener como villa de recreo a la manera renacentista italiana, y así, en 1599 recibió en ella a la marquesa de Denia, esposa del duque de Lerma, valido de Felipe III. La legendaria fiesta que el literato ofreció a su ilustre invitada en Tablante el 13 de octubre de ese año fue una de las causas de su ruina, lo que le llevó, además de a ser perseguido por la justicia, a perder su finca aljarafeña y su palacio sevillano. Vicisitudes que llevaron a que en el siglo XVII Adrián Jácome y Francisca de Linden se hiciesen con su propiedad y fundasen un mayorazgo que abarcaba más 440 aranzadas de olivar, en las que se contabilizaban unos 20.000 pies de olivo. Sabemos que sus instalaciones no sólo fueron aceiteras, sino que también contó con lagar y bodega de vino.
     Esta rica historia ha quedado reflejada en el importante caserío de la hacienda, que debió construirse en distintas fases, desde fines del siglo XVI a finales del XVIII, sin responder por tanto a un plan general preconcebido, lo cual se pone claramente de manifiesto en su irregular planta. No obstante, este hecho no menoscaba en lo más mínimo la incuestionable armonía del conjunto.
     La histórica Hacienda de Tablante, también citada como Tablantes, se encuentra muy próxima a la antigua carretera Sevilla-Huelva, a la altura del km 562, cerca de la localidad de Espartinas. En la actualidad, el caserío está rodeado por las urbanizaciones, una de las cuales ha tomado el nombre de la hacienda.
     Tablante acumula una serie de circunstancias que lo hacen un caserío único. Cabría empezar refriendo su desarrollo arquitectónico y cuidada construcción, así como su buen estado de conservación. Llegó a contar además con cinco prensas de viga, quizás alguna de ellas de lagar, algo propio del Aljarafe, cifra que resulta excepcional en el entorno sevillano.
     El perímetro exterior está completamente cerrado por una alta tapia y denota ya el carácter culto de la edificación, como se ve ¿por ejemplo¿ en el sutil apilastrado de la torre de contrapeso que se eleva en fachada. El interior se articula en torno a un gran patio empedrado y en parte cerrado por una tapia almenada. El acceso se realiza a través de una sencilla portada de corte neoclásico en la que aparece el nombre de la hacienda y junto a la que se disponían tres paneles de azulejos fechados en 1755 y 1756, que fueron recientemente robados. Representaban a san Francisco de Borja, san Emigdio y Nuestra Señora de la Soledad, patrona de la hacienda. Se colocaron, como indicaban en su leyenda, para interceder ante los terremotos, asunto éste de especial actualidad entonces, ya que se acababa de producir el devastador seísmo de Lisboa, de tan dramáticas consecuencias en el valle del Guadalquivir.
     Al no haberse permitido el acceso al edificio, la descripción que se reseña a continuación se basa en los datos que ofrece la bibliografía disponible. En el conjunto se distinguen dos ámbitos edificatorios; a la izquierda se encuentran las dependencias agrícolas mientras que el sector situado a la derecha está ocupado en su mayor parte por el extenso señorío. Entre las instalaciones productivas destacan los tres molinos aceiteros, al parecer del siglo XVIII. Uno de ellos es mucho mayor y se dispone perpendicular a la fachada principal, de la que sobresale su alta y maciza torre de contrapeso.
     Esta gran almazara se organiza en tres naves paralelas, cobijando la central en origen dos vigas. Las otras dos almazaras están separadas y se disponen al fondo del patio. Son de una sola nave, contando con galería de acceso y las correspondientes torres de contrapeso, de menor envergadura que la anterior.
     La edificación del señorío es de doble altura y tiene un apeadero de acceso que da al patio principal. Se estructura en torno a un pequeño patio y lo más llamativo de esta vivienda es su esbelto y cuidado mirador. También son muy significativas las galerías de arcos que se abren al patio y al jardín de crucero situado al fondo. Igualmente hay que mencionar la pequeña capilla, con acceso tanto desde el patio principal de la finca como desde el del señorío, al que se halla incorporada. El oratorio está presidido por un panel de azulejos de la Virgen del Rosario, y en la campana de su espadaña se lee "N.ª Señora de la Soledad de Tablante. Año 1756", según las referencias que aporta el Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla. También en el patio del señorío se dispone otro molino, que sería el cuarto del edificio, así como otras dependencias agrícolas menores que parecen formar parte del núcleo primitivo de la obra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 25 de agosto de 2022

La Hacienda de San Luis de Mejina, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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      Hoy, 25 de agosto, en Shimabara, en Japón, Beatos mártires Miguel Carvalho, de la Orden de la Compañía de Jesús, Pedro Vázquez, de la Orden de Predicadores, Luis de Sotelo y Luis Sasanta, presbíteros, y Luis Baba, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que fueron quemados vivos a causa de su fe en Cristo (1624) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día para ExplicArte la Hacienda de San Luis de Mejina (íntimamente ligada a la vida del Beato Luis de Sotelo), en Espartinas (Sevilla).
     La Hacienda de San Luis de Mejina, se encuentra en el camino de Coria, 10; en Espartinas (Sevilla).
     La Hacienda fue una pujante villa romana fundada por un patricio llamado Messius, quien la llamó Messina. Pero durante la dominación árabe su nombre fue modificado por el de Mexina y fue convertida en una Alquería.
     Más tarde, en tiempos de Fernando III, fue otorgada a los caballeros aragoneses que ayudaron en la conquista de Sevilla, de ahí el nombre de uno de sus patios.
     Hay un momento importante para la historia de la hacienda cuando fue visitada por la embajada japonesa Keicho, que se alojó en Mejina durante su misión de establecer rutas comerciales entre Japón y España. La primera idea fue que descansaran en el Real Alcázar, pero preferían alejarse del bullicio de la ciudad en una casa a las afueras de Sevilla. El salón principal hace honor a su embajador Hasekura.
     Dentro de su patrimonio actual destacamos un precioso patio de acceso donde se encuentra un retablo cerámico de gran belleza, ejemplar magnífico de la cerámica sevillana , que refleja la portentosa imagen del CRISTO DEL AMOR, de Juan de Mesa.
     Por otro lado en el interior de la hacienda se encuentra un patio porticado de grandes dimensiones, con arcos de medio punto sobre columnas y  Montera de cristal, que le da un aire muy agradable.
     Como podréis ver, la vida de esta casa está unida a alguno de los momentos y personajes más importantes de la historia de la provincia  de Sevilla y ahora como antaño sigue siendo una referencia dentro del rico patrimonio aljarafeso (Hacienda Mejina).
     Hacienda de olivar dividida en dos partes: el señorío (con 3 patios) y el patio de labor donde se distribuyen la almazara de prensa de viga y el resto de las dependencias.
     El origen de esta edificación se sitúa en el S. XIV, según datos del repartimiento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Hacienda de olivar dividida en dos partes: el señorío, con 3 patios, y el patio de labor, donde se distribuyen la almazara de prensa de viga y el resto de las dependencias.  Se trata de uno de los ejemplos más destacados de hacienda de olivar de Espartinas.
     El origen de esta edificación se sitúa en el S. XIV. Un aspecto curioso es su relación con Japón, en concreto con la Embajada Keichō. Esta se debe a su propiedad a comienzos del siglo XVII por Diego Caballero de Cabrera, hermano del franciscano Luis Sotelo, acompañante del samurái Hasekura Tsunenaga.
     La Hacienda de Mejina se localiza sobre el Camino de Coria, que conecta el núcleo urbano de Espartinas con la Cañada Real de las Islas o Vereda de Carne, el eje pecuario que atraviesa en sentido norte-sur el Aljarafe interior hasta alcanzar los pastos del Bajo Guadalquivir.
     Las dos propiedades de Mejina son privadas, dedicadas a la realización de eventos, y presentan diversas reformas y transformaciones debido a la evolución desde las labores agrícolas y residenciales primitivas hasta los usos actuales, que han favorecido la conservación de ambas explotaciones y de los inmuebles principales de las mismas (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Biografía del Beato Luis de Sotelo, presbítero y mártir;
     Beato Luis Sotelo Niño, (Sevilla, 6 de septiembre de 1574 – Omura (Japón), 25 de agosto de 1624). Misionero franciscano (OFMDes.) en Japón, mártir, beato.
     Nació en Sevilla en 1574, hijo segundón de una prestigiosa e influyente familia de la ciudad. Era hijo del regidor Diego Caballero de Cabrera y de Catalina Niño Sotelo de Deza, matrona con fama de santa. Por línea paterna era nieto de Diego Caballero de Cazalla, regidor de Sevilla que desempeñó los cargos de gobernador y mariscal de la isla Española en América, miembro destacado de una familia de ricos conversos extremeños, y por línea materna de Luis Sotelo, alguacil mayor de la Inquisición. Tras cursar estudios en Salamanca, donde profesó en la Orden de los Franciscanos Descalzos, se dispuso a prestar sus servicios como misionero. Con esta intención llegó a Filipinas en 1600, aunque su mirada estaba puesta fijamente en Japón, a cuyos territorios arribó en 1603. Como en el caso de otros misioneros, pronto fue conocido entre los nobles japoneses.
     Hacia 1610, en la Corte del shogun en Yedo, fray Luis conoció a Daté Masamune, uno de los más importantes señores feudales o daimyos japoneses, que gobernaba el extenso Reino nororiental de Mutsu o Bojú, a quien acabó convirtiendo al cristianismo.
     La influencia del franciscano llegó hasta convencer a Masamune de la necesidad de organizar una expedición desde Japón dirigida al Rey de España (Felipe III) y al papa de Roma (Paulo V), pasando por Sevilla, su ciudad natal y único puerto de comunicación entre América y España. Fray Luis Sotelo y el samurai Hasekura Rocuyemon Tsunegaga comandaron esta célebre expedición que se prolongó a lo largo de siete años (1613-1620), uno de los hitos fundamentales en los contactos entre Japón y Occidente, conocida como Misión Keicho por la era del calendario japonés durante la cual se llevó a cabo.
     Los objetivos de esta embajada eran conseguir del papa el envío de nuevos misioneros para Japón y del rey español la apertura del comercio directo entre el Reino de Masamune con Filipinas y Nueva España.
     Muchos factores impidieron el éxito de esta expedición, entre ellos la oposición de los comerciantes portugueses de la India y de Macao y de los comerciantes españoles de Filipinas, la animadversión de los jesuitas y el giro de la política interior de Japón desde que en diciembre de 1613 el shogun decretase el destierro de todos los misioneros cristianos en tierras japonesas. El capitán samurai y el franciscano sevillano recorrieron miles de kilómetros desde Sendai a Roma y dejaron múltiples testimonios de su actividad, destacando entre todos ellos las dos magníficas cartas escritas por Masamune y dirigidas a la ciudad de Sevilla y al papa que se conservan en el Archivo Municipal de Sevilla y en los Archivos Vaticanos.
     A pesar del fracaso de la embajada de la difícil situación provocada por la política anticristiana de los mandatarios japoneses, Sotelo estaba decidido a volver a Japón. Desde Filipinas, desafiando la prohibición expresa de las autoridades civiles y eclesiásticas de dirigirse a Japón, se embarcó en 1622 en una nave de mercaderes chinos, disfrazado de seglar y acompañado de dos jóvenes conversos japoneses. Cerca de Nagasaki fueron traicionados y entregados a las autoridades y en Omura, el 25 de agosto de 1624, Sotelo y sus dos compañeros, junto a un jesuita y un dominico, fueron quemados en la hoguera. El Vaticano, que no atendió a sus súplicas misioneras, le reconoció como mártir en 1645 y le otorgó la dignidad de beato en 1867. Como indica Juan Gil, el martirio de Sotelo coronaba su intensa y asendereada vida con la suprema dignidad de saber morir en defensa de sus sueños. Su principal biógrafo, el también franciscano Lorenzo Pérez, califica a Sotelo de personaje polémico, hombre de talento nada vulgar, activo y emprendedor y, por lo tanto, expuesto a las censuras de unos y a las alabanzas de otros (Marcos Fernández Gómez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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jueves, 10 de febrero de 2022

La Casa de las Monjas, en Espartinas (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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   La Casa de las Monjas, se encuentra en la avenida Federico Leal Castaño, s/n; en Espartinas (Sevilla).
     El origen de esta hacienda se remonta al siglo XVIII como casa palaciega ubicada en la villa de Espartinas. Con la compra de casas y fincas colindantes aumentaría sus dimensiones y se constituiría como una verdadera hacienda de la época, como ya lo eran la hacienda de Mejina o la hacienda de Tablantes. Recientemente, este edificio es conocido popularmente como Casa de las Monjas. 
     Se accede a la hacienda por una portada formada por dos cuerpos. El primero, de portada neoclásica con arco de medio punto, pilastras adosadas, dos columnas de piedra a modo de decoración, dos faroles de forja, cornisa volada de madera y tejado con tejas cerámica verde. Se puede apreciar azulejo cerámico de Santa Teresa de Jesús.
     A la entrada podemos ver uno de los patios de los que se compone este lugar, patio típico sevillano, decorado con ruedas de molino y tinajas encontradas bajo tierra. Una de las curiosidades más interesantes de este lugar son estas tinajas, que se utilizaban para guardar el aceite del molino.
     Una segunda entrada da a otro patio de las mismas características que el anterior. El caserío de la hacienda lo utilizarían después las monjas para sus dependencias, actualmente reconstruido prácticamente en su totalidad. Hoy la Casa de las Monjas es el centro cívico más grande de la localidad.
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sábado, 5 de febrero de 2022

La Hacienda Nuestra Señora de los Remedios - Museo Didáctico de la Imaginería, en Espartinas (Sevilla)

    Por Amor al Arte
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   Hoy, sábado 5 de febrero, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Hacienda de Nuestra Señora de los Remedios - Museo Didáctico de la Imaginería, en Espartinas (Sevilla).
     La Hacienda de Nuestra Señora de los Remedios - Museo Didáctico de la Imaginería, se encuentra en la avenida Alcaldesa María Regla Jiménez, 226; en Espartinas (Sevilla).
     La Hacienda de Ntra. Sra. de los Remedios responde a la típica construcción de explotación agraria existente en el Aljarafe sevillano. Su particular uso obligaba a una serie de construcciones y estancias, que en esta hacienda se han conservado en perfecto estado.
     Un lagar, con la maquinaria pertinente, hacía posible la conversión en buen vino de las uvas procedentes de viñedos cercanos. En la gran bodega se almacenaban las botas en las que el vino maduraría. Frente a ella está el gran caserón en el que durante muchos años estuvo funcionando la fábrica de harina.
     Lindando con estos espacios se encontraba el señorío, zona habitada por los dueños de la finca. Otra serie de espacios como el pajar, los establos, el taller de reparación, etc., terminaban por cerrar un gran cuadrángulo almenado, que viene a constituir la forma básica de esta hacienda.
     En su interior podemos visitar un bello jardín que alberga una variedad grande de especies botánicas y una pequeña noria que las riega. En este bello enclave se ha instalado el Museo Didáctico de la Imaginería (en su momento único en España) cuyo principal objetivo es introducir a los visitantes en el mundo de la imaginería polícroma así como, de forma más general, la escultura. El Centro didáctico de la Imaginería pretende mostrar al visitante todo el proceso creativo de la escultura en madera policromada. Más de mil quinientas herramientas y modelos en diversos materiales se suman a la recreación y explicación de los diferentes procesos creativos que culminan en lo más representativo de la escultura española: la madera policromada. El centro cuenta con una serie de videos muy didácticos en los que se contemplan los diferentes momentos del proceso escultórico. También conserva un importante legado patrimonial al custodiar muchas herramientas y enseres de escultores e imagineros, ya difuntos, de reconocido prestigio. El Centro Didáctico de la Imaginería cuenta también con un aula didáctica, pensada expresamente para atender talleres educativos de modelado o dibujo, orientadas hacia los más pequeños.
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
  Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
 Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones. 
    El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
   En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
   De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
    El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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