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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 4 de julio de 2026

El desaparecido Colegio de San Laureano, de los Mercedarios

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Colegio de San Laureano, de los Mercedarios, de Sevilla.  
     Hoy 4 de julio, Conmemoración en Vatan, cercana a Bourges, en Aquitania, actualmente Francia, de San Laureano, mártir (s. III/IV)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el desaparecido Colegio de San Laureano, de los Mercedarios, de Sevilla.  
     El desaparecido Colegio de Laureano, de los Mercedarios, se encontraba en la manzana formada por las calles San Laureano, Liñán, Locomotora, Barca, Goles, y plaza de la Puerta Real; en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo.
     La Orden de Nuestra Señora de la Merced fue fundada en Barcelona en 1218 por Pedro Nolasco, un activo mercader, dedicado en parte al rescate de cautivos en zona musulmana. Cada vez más entregado a la causa, junto con otros compañeros recoge limosnas por Aragón y Cataluña para tal fin. Es el momento en el que se introduce el elemento sobrenatural de la aparición de la Virgen encomendándole la fundación, aparición de la que se hacen partícipes el rey Jaime I de Aragón y Raymundo Peñafort, canónigo de la catedral de Barcelona y su confesor, por lo que son considerados cofun­dadores, de ahí que el escudo de la Orden esté formado por la corona real, la cruz catedralicia y las barras de Aragón. La regla escogida fue la de San Agustín, y la bula de confirmación y concesión fue expedida por Gregorio IX el 17 de enero de 1235. Nolasco acompañó a Jaime I en la toma de Valencia y Mallorca según los antiguos cronistas, y también junto a Femando III en la conquista de Sevilla en 1248. Hasta su muerte llevó su obra redentora por Aragón, Cataluña, Perpiñán, Mallorca y Andalucía. Permaneció siempre caballero lego, siendo canonizado por Urbano VIII en 1628.
     Hay que señalar que la Merced nació con un carácter religioso-militar, que aunaba el ideal caballeresco medieval de lucha contra el infiel y el sentimiento de caridad cristiana de liberar al cautivo, voto con el que sus integrantes se obligaban, dándose en prenda si fuera necesario para consumar la liberación. Los cautivos fueron siempre una parte importante del botín de guerra, que dio además lugar al desarrollo de una auténtica piratería organizada, con ciudades que acabaron viviendo del pillaje, como Argel; fenómeno que ha quedado reflejado en nuestra literatura más prestigiosa de mano de los insignes Cervantes y Góngora. El propio Miguel de Cervantes padeció cautiverio en la referida ciudad de Argel.
     En 1317, durante el mandato de fray Ramón Albert, la Orden comienza una nueva etapa al desligarse del sentido militar con el que nació. Se aprobaron nuevas constitu­ciones que la acercaban al espíritu de las órdenes mendicantes, a las que acabarán asimilándose canónicamente en 1723; muchos de sus miembros legos pasaron a la orden militar de Montesa.
     Tras la primera etapa de fundación y consolidación, esta Orden eminentemente española, se expande por la Península con la progresiva constitución de nuevas casas, a lo que se sumó la irradiación hacia América. Desde el punto de vista institucional, vivirá en su seno, al igual que la mayoría de órdenes religiosas, la reforma, propiciada por algunos de sus miembros, en un deseo de volver a la primitiva observancia de la regla. Fue fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, desde Madrid, el promotor de dicha reforma, que se concretó el 8 de abril de 1603, dando lugar al nacimiento de la rama descalza de espíritu más riguroso y austero, frente a la calzada, continuadora del estilo de vida persistente.
     Una vez culminada la reconquista de la Península y la expulsión de los musulma­nes, el trabajo de la redención de cautivos cristianos hubo de descender. Sin embargo, los intereses de Castilla en enclaves de la costa norteafricana como Ceuta, Melilla y Orán, entre otros, y las razzias practicadas por los corsarios berberiscos, hizo necesaria la continuación de la práctica del rescate que se constata hasta el siglo XVIII. En este sentido, en junio de 1759 tuvo lugar en Sevilla una procesión formada por ochenta y ocho cautivos redimidos por los mercedarios en Marruecos que ha quedado recogida en un grabado de la época. No obstante, los religiosos supieron evolucionar con el nuevo espíritu de los tiempos. El descubrimiento de América supuso un nuevo cauce apostólico en la redención, "rescatando al indio" del paganismo. Asimismo, participaron en el nuevo rumbo emprendido por la Iglesia católica en lucha contra el hereje protestante, integrándose plenamente en el espíritu contrarreformista y la religiosidad barroca, acontecimientos que dieron como resultado una intensa actividad intelectual, misional y teológica.
COLEGIO DE SAN LAUREANO (MERCEDARIOS)
     En 1588 se producía la creación de la Provincia de Andalucía, antes dependiente de Castilla, para una mejor organización y gestión de los numerosos conventos y miem­bros mercedarios. En seguida se planteó la necesidad de fundar un colegio donde formar a los religiosos de la nueva provincia, evitando así que fueran enviados a alejados centros de estudios. El Provincial fray Francisco de Veaumont, exponía en el capítulo general de 1593 esta necesidad "... que por averse dividido [la provincia] de la de Casti­lla y, por el consiguiente, no serle permitido enviar, sino un pequeño y limitado número de estudiantes a nuestros colegios salmantino y complutense, juzgaba necesario que en la suya se fundase otro con los mismos privilegios, para que, tratando sólo de los exercicios literarios, luciesen los ingenios, que se ahogaban entre las obligaciones conbentuales... y que si al reverendissimo y capitulares le daban facultad para ello... el dicho padre Veaumonte... haría en Sevilla dicha fundación... otorgosele lo que pidió". Acogida con entusiasmo, la primera financiación vino del propio Veaumont, verdadero promotor del Colegio, quien aportó 1.000 ducados, patronazgo que se hizo extensivo a algunos miembros de su familia como su sobrino fray Alonso Henríquez de Toledo y Armendáriz que aportó 420 ducados, el padre de éste y hermano de Veaumont, Juan de Castellanos y Toledo, quien fue nombrado patrón perpetuo del Colegio.
     El lugar elegido para el establecimiento fueron las llamadas "Casas de Colón", situadas a la salida de la ciudad por la puerta de Goles o Real a la derecha, en el barrio de los Humeros. Estas amplias propiedades compuestas por casa-palacio, jardín y huertas fueron de don Hernando Colón, hijo del Almirante, las cuales tras su muerte en 1539 y contraviniendo las disposiciones testamentarias fueron subarrendadas y casi abandonas, siendo cedidas por deudas en 1563 al banquero Franco Leardo, pasando a la Corona tras la quiebra de éste. El 14 de marzo 1594 Veaumont, en nombre de la Orden de la Merced, compra "una casa principal con sus accesorios, llamada de Colón... por el precio de mil ochocientos sesenta y tres ducados". La propiedad estaba ocupada en arrendamiento vitalicio, al menos desde 1578, por el genovés y ceramista Tomás Pessaro en donde tenía su fábrica, y la Hermandad del Santo Entierro que desde 1587 estaba establecida en lo que hubo de ser el oratorio de don Hernando y parece tenía parte del jardín y los corrales. Los mercedarios negociaron con los hermanos la cesión de la capilla, lo que se llevó a efecto en 1600 mediante el pago de un tributo perpetuo; los religiosos se comprometían a labrar dicho colegio en el plazo de ocho años, el cual estaría destinado sólo para colegiales "porque para ello le azemos la dicha dazión". La iglesia se llamaría del Monte Calvario y Entierro de Cristo y no se admitirían otras cofradías "ni de luz ni de sangre ni ottro ayuntamiento de hermanos so pena de lanzamiento". Hay que señalar, que el camino hasta culminar la fundación en 1600 hubo de resultar difícil para la Orden ya que tanto el estamento civil y religioso de la ciudad como la Corona se resistían a autorizar nuevas fundaciones en una ciudad saturada de institutos religiosos, como se recoge en el informe del veinticuatro de Sevilla Francis­co Maldonado de Saavedra de 1597: "se ha de advertir que los dichos frailes de la merced no an de edificar en este sitio el colegio que pretendieren supuesto que su majestad [el rey] no quiere que en esta ciudad se funden más conventos de los que agora ay". Finalmente, obte­nidos los correspondientes permisos, tuvo lugar la fundación en 1601.
     El Colegio tomó la advocación del antiguo arzobispo y mártir de Sevilla San Laureano, de gran devoción popular en aquellas fechas por considerarse protector en las epidemias y riadas, catástrofes por otra parte, muy frecuentes en la ciudad. Su construcción hubo de ser lenta, no avanzando mucho "por la cortedad de medios". Decisiva fueron las ayudas económicas del Provincial de fray Diego de Gatica, enterrado en el Colegio en 1667. Aunque en 1649 San Laureano "ha ido creciendo en comunidad y edificación, á que el sitio eminente al río y á la ciudad autoriza mucho, aunque le falta aún el principal de la Iglesia", parece que hasta fines del XVII o principios del XVIII no estuvo terminado en su totalidad.
     Sin duda el establecimiento de los mercedarios en el barrio de los Humeros hubo de resultar un motor de dinamización del arrabal, marginal y de precaria actividad de tipo rural. Su crecimiento a costa de los amplios terrenos liberados de la huerta y jardines de las Casas de Colón, supuso un aumento de su población cuya asistencia religiosa fue asumida en parte por los frailes, quienes por escritura de 13 de diciembre de 1600 se comprometían a dispensar el viático a los vecinos tras el cierre nocturno de la puerta Real. Por otro lado hay que señalar, que entre 1604 a 1614 el Colegio estuvo comparti­do con la rama descalza mercedaria que, ante la dificultad de fundar en Sevilla, se instaló en el Colegio hasta obtener las preceptivas licencias. En 1766 la comunidad sufrió una importante merma al decretarse ese año la reducción de religiosos, pasando de veintidós a ocho miembros. Pero el peor golpe acaeció en 1810 cuando fueron desalojados por las tropas francesas, a lo que siguió el expolio de sus enseres y la ruina del edificio. En 1814 los mercedarios hacen el intento de restaurar la fundación, pero el desafortunado incendio acaecido en 1817 en unos almacenes de madera y jabón colindantes, que afectó considerablemente al Colegio, determinó su definitivo abandono, estado en el que fue visto por algunos viajeros románticos quienes llegaron a hacer algún apunte de él. Con la desamortización de 1835 se perdía el título de propiedad, pasando a manos del Estado que lo dedicó a presidio correccional y almacén de provisiones del ejército. Más tarde y hasta la actualidad se sucederían los propietarios particulares y usos varios. En 1848 el general Lara compró el ex-colegio y edificó sobre sus ruinas un almacén en cuya renovación preservó la nave de la iglesia aunque sustituyendo su destrozada bóveda. Los dos claustros fueron unificados eliminando la doble galería de columnas para formar un gran patio central al que fueron anexionadas las galerías perimetrales. Ya en siglo XX se instalaron sobre el complejo resultante de las transformaciones decimonónicas, denomi­nado patio de San Laureano, casas de vecindad, bares y tabernas, talleres, garajes y un cine de verano. Aunque los restos del edificio se encuentran incluidos dentro del Conjunto Histórico de Sevilla, régimen de protección ampliado por R. D. de 12 de noviembre de 1990, hoy se está remodelando para viviendas.
ARQUITECTURA
     San Laureano se situó extramuros de la ciudad, en el ángulo derecho de uno de sus ejes principales de comunicación -calle Armas- con salida por la puerta de Goles o Real, en el entonces arrabal de los Humeros perteneciente a la collación de San Vicente. Conformaba una gran manzana cuyo perímetro quedaba definido al sureste por la calle San Laureano, en donde hubo de tener su entrada principal, la trasera por un callejón que a principios del XIX es denominado de Ánimas, formado actualmente por la calle Barca y plaza de la Locomotora. El noreste lindaba con la muralla de la ciudad sobre la que recaía el muro lateral de la iglesia; el suroeste limitaba con el callejón llamado de San Laureano o callejón de los Humeros, rotulada desde 1859 corno Liñán.
     Muy escasa es la información sobre el Colegio. La historiografía local casi no trata sobre a él, siendo muy poco lo conservado. En principio y durante bastantes años los religiosos debieron acomodarse a las construcciones preexistentes de las llamadas Casas de Colón, pues los escasos recursos económicos no permitían por el momento levantar ex-novo todo el conjunto. Sí parece que ya desde los primeros años fundacionales se proyecta globalmente el colegio, no siendo su configuración el resultado de un proceso de adiciones sucesivas, como sucedió en otros conventos sevillanos, sino el de un planteamiento unitario que pudo tener lugar en 1600 con la firma de la escritura de cesión del lugar entre la Orden y la Hermandad del Santo Entierro, momento en el que se deslindaría la propiedad, hipótesis apoyada por la gran exactitud del cuadrado en que se inserta el Colegio, de 73 varas de lado, que evidencia que es fruto de una tirada de cordel unitaria y global. Se ha propuesto como hipótesis de restitución que sobre la esquina sur occidental de la casa de Colón calzaba el edificio mercedario, aprovechan­do así parte de la cimentación del palacio de don Hernando.
     El Colegio se articulaba en torno a dos patios claustrados columnados de amplias dimensiones, derribados para establecer en su solar un extenso almacén. Sólo quedan algunas arcadas correspondientes al claustro oriental, el más próximo a la iglesia, que ya fueron dibujadas sin el resto del claustro por David Roberts en 1835. Según fray Juan Guerrero, que escribe a mediados del siglo XVII, el claustro principal estaba "acabado y enlucido... tiene sus cuatro lienzos sustentados sus arcos en veinticuatro columnas de mármol blanco y por lo alto cerrado con sus ventanas y en ellas veinticuatro balcones de hierro hermosísimos, tiene sus cornisas muy preciosas de ladrillo cortado colorado que hace vistosísimo". Los patios eran geminados con doble galería de columnas, cuyo modelo tipológico se relacionan con el dibujo anónimo de la Biblioteca Nacional que reproduce la planta del convento de la Merced.
     En el claustro principal se hallaba "... una espaciosa escalera real en todo por su fabrica y grandeza, espacioso sitio y descansada subida, con su media naranja de bóveda, esculpida de yeso blanco con escudos relevantes de la religión y muchos lazos y florones todo dorado y mati­zado dale asimismo gran luz y claridad ocho balcones de hierro que tiene dos por cada lienzo que lo hace todo ostentativo y grandioso... tiene dos miradores cubiertos a los dos extremos del, sobre pilares de mármol blanco y balcones de hierro, de tres baras de largo y una y media de ancho, dorado y esmaltado de colores", así como buenos dormitorios y clases de estudio, que ya estaban ruinosos y abandonados en la década de los cuarenta del siglo XIX.
     Respecto a la iglesia hay que señalar que durante muchos años los mercedarios utilizaron la capilla cedida por la Hermandad del Santo Entierro, capilla que ocupaba lo que fue el oratorio de don Hernando Colón. En ella los cofrades hicieron reformas y ampliaciones, en las que gastaron "... mil cien ducados", costo que incluía además mejoras en "las casas", obras que debieron estar terminadas hacia 1697, año en que fueron tasadas -para una proyectada compra por el municipio que no llegó a efectuarse- por el veinticuatro Francisco Maldonado en 800 ducados. Sobre esta primera capilla / iglesia, los religiosos también actuaron, "lo primero que se labró fue la iglesia muy acomodada al sitio, muy aseada y graciosa con dos capillas y una buena sacristía, que aunque no ha de ser esta la iglesia principal que ha de permanecer, se a dorado y gastado en ella como si ubiera de serlo... ".
     Se desconoce el autor y ritmo constructivo del templo de nueva planta, que si comenzó realmente a edificarse en 1601, tras la fundación del Colegio, su desarrollo y culminación fueron muy dilatados en el tiempo, pues se "concluyó y estrenó este año [1714] con solemnes fiestas". Sabemos que el cantero Lorenzo Fernández de la Iglesia concertaba el 28 de agosto de 1695 con la Hermandad del Santo Entierro la ejecución de la portada de la iglesia, por estar en ruinas. Realizada en piedra del Puerto de Santa María, formando arco de medio punto con los escudos de la corporación encima, su costo ascendió a 4.000 reales de vellón, a terminar el 1 de noviembre de dicho año. Otra referencia documental de 1771 nos dice que el maestro de obras Sebastián de León cobra un recibo de la Hermandad del Santo Entierro, el 28 de abril de ese año, por materiales y jornales por las obras que hizo en dependencias de la referida Hermandad.
     La iglesia es de planta de cajón, de una nave muy alta, y su muro noreste carga sobre la muralla de la ciudad. La cubierta, perdida y sustituida con una moderna, era de bóveda de cañón como prueban los vestigios de arranque de los muros, y al exterior a dos aguas de teja árabe.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     Las imágenes de la Hermandad del Santo Entierro siempre presidieron el altar mayor de la iglesia, de cuyo retablo mayor sólo sabemos que "era de mala construcción, aunque bien dorado". Junto con las imágenes de la Hermandad pasó a la iglesia del convento de la Merced, en el brazo del crucero del lado del Evangelio, en donde se instaló la cofradía en 1818. El retablo no se ha conservado y sí los titulares de la Cofradía; el Cristo yacente, adjudicado antiguamente a Martínez Montañés, hoy se atribuye a Juan de Mesa, por la semejanza estilística con obras documentadas del artista. Realizado hacia 1620, se halla en posición de decúbito supino, mide 198 cm. de largo, y sigue los modelos castellanos de Gregorio Fernández pero interpretado de forma serena y elegante. Su rigidez cadavérica se matiza con el modelado suave y los minuciosos detalles anatómicos del tórax, cabellera y barba, y sudario. La Virgen con la advocación de Nuestra Señora de Villaviciosa, fue realizada por Antonio de Quirós, quien parece también ejecutó las figuras de los Varones y la Muerte, estrenadas en 1693. Los Varones se perdieron, siendo encargados unos nuevos a Juan de Astorga en 1829 quien además restauró la Virgen y bajo su dirección se hicieron andas nuevas por destrucción de las antiguas. Sobre los orígenes de esta hermandad hay que señalar que en 1582, el alfarero genovés Tomás Pesaro funda una de luz dedicada a Nuestra Señora de Villaviciosa, en un hospi­tal existente en la calle Colcheros; con la unificación de hospitales de 1587 se traslada al llamado oratorio de Colón, en donde constaba ya la hermandad del Santo Entierro, aunque algo decaída, fusionándose y reactivándose el culto de ambos titulares.
     En el sagrario del templo estuvo un San José, "obra primorosa de escultura, baste decir es de Juan Martínez Montañés" encargada por los mercedarios descalzos cuando residían en San Laureano, siendo posteriormente llevada a su convento de San José. También a Montañés se atribuyen una Virgen y un Niño Jesús, obras todas sin identificar. Existió un San Laureano vestido de pontifical, con capa y mitra, "... por la fama es de escultura y aunque antigua primorosa y devota no ay memoria de su proncipio, ay tradición de que en ese sitio avía una hermita dedicada a su nombre desde el tiempo de los moros y allí se conservó esta imagen hasta el tiempo presente...", obra igualmente en paradero desconocido. En un altar colateral del lado del evangelio se refiere la existencia de una Virgen de la Merced, y en el correspondiente de la epístola Nuestra Señora de la Salud, de las que no existen más noticias.
PINTURAS
     En 1663 Valdés Leal se comprometía a realizar gratuitamente para el refectorio del Colegio un lienzo que representaba "un convite de panes y peces", título un tanto impre­ciso para poder identificar correctamente la obra, ya que puede relacionarse con varios pasajes evangélicos como la "multiplicación de los panes y los peces" o "Cristo servido por los ángeles", tema éste frecuente en los refectorios conventuales sevillanos del que se conservan algunos ejemplares. Es obra no recogida en la bibliografía antigua sin embargo, en 1960 ingresó en el museo Goya de Castres un Cristo servido por los ángeles, adjudicado a Valdés Leal, cuya ejecución se sitúa entre 1660-1665. Es un lienzo de grandes dimensiones que quizás pueda corresponder a San Laureano. Representa el pasaje evangélico de San Mateo, 4.11, en el que Jesucristo, después de ser tentado por el diablo fue atendido por ángeles que le sirvieron de comer. Cristo aparece sentado ante una mesa, en medio de un paisaje que se diluye en la lejanía, ofrendado por dos bellos ángeles que se aproximan por los lados, mientras que en el rompimiento de gloria grupos de querubines portan cestos de flores.
     El 6 de abril de 1716 el pintor Juan de Godoy Camero otorga testamento, en el que señala haber realizado una serie de diecisiete lienzos sobre la vida de San Pedro Nolasco "de a sinco baras cada uno", para el claustro de San Laureano, y veintitrés más "de a bara y quarta", sin especificar para qué lugar. El trabajo se concertó el 17 de mayo de 1715 y especifica además que pintó "un biombo de berde y blanco y con figuras en los tableros"; en su última voluntad pide que se ajuste el precio de todo ello porque "el padre y rector y los religiosos de dicho collejio me pidieron que la pintura fuese más relevante y con muchas más figuras de las que avian ajustado", para lo cual "quiero que se aprecien por maes­tros de inteligencia y lo que bieren baler más se cobren por mis albaceas". De este casi desconocido pintor sevillano no se conoce hasta el momento ninguna obra, siendo ésta la única referencia de su actividad pictórica de la que por otra parte, no existe más noticia y se ignora su paradero (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Trinitarios, Franciscanos, Mercedarios, Jerónimos, Cartujos, Mínimos, Obregones, Menores y Filipenses. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2009).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Laureano, mártir;
     Santo cefalóforo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Colegio de San Laureano, de los Mercedarios, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la calle San Laureano, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Liñán, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la calle Locomotora, en ExplicArte Sevilla.

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jueves, 4 de julio de 2024

El Busto-Relicario de San Laureano, de Juan Laureano de Pina, en la Sacristía Mayor de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el "Busto-Relicario de San Laureano", de Juan Laureano de Pina, en la Sacristía Mayor de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy 4 de julio, Conmemoración en Vatan, cercana a Bourges, en Aquitania, actualmente Francia, de San Laureano, mártir (s. III/IV)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el "Busto-Relicario de San Laureano", de Juan Laureano de Pina, en la Sacristía Mayor de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
   La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
   En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Sacristía Mayor [nº 091 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; No ha cambiado de nombre desde su construcción. En el siglo XVII tenía dos altares, uno del "Calvario" y otro de San Miguel (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
     En la Sacristía Mayor de la Catedral encontramos el Busto-Relicario de San Laureano, de plata de ley, obra del platero Juan Laureano de Pina en la segunda mitad del siglo XVII y que hace pareja con el de San Pío. El relicario (tiene unas medidas de 1,17 x 0,58 x 0,58 m.) está formado por el busto del Santo. Éste aparece vestido de obispo con mitra y capa pluvial, unida por un broche con vidrio rojo, en el que se encuentra la reliquia. En el arranque de los brazos aparecen cabezas de ángeles aladas. La decoración de la vestimenta es a base de perlas, para los bordes, ces planas, ornamentadas tanto con perlas como con motivos vegetales. La mitra se decora con los mismos motivos, además de piedras engastadas y esmaltes. La peana de planta cruciforme presenta la misma decoración de ces y motivos vegetales. Los ángulos de ésta, la mitra y el broche se encuentran dorados. Parte del tratamiento de las vestimentas están punteados. En la zona de la espalda, relieve de la Inmaculada, y en los hombros las figuras de San Pedro y San Pablo. El rostro está policromado (Guía Digital de Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Laureano, mártir;
     Santo cefalóforo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan Laureano de Pina, autor de la obra reseñada
;
     Juan Laureano de Pina, (Jerez de la Frontera, Cádiz, junio de 1642 – Sevilla, 11 de abril de 1723). Platero.
     Los primeros años de este longevo artífice trascurrieron en su ciudad natal, donde se formó e hizo sus primeros trabajos. En 1664 comenzó su fructífera carrera. En 1669 estaba concluyendo la urna que la cofradía del Calvario le encargó para la imagen de Cristo yacente, aunque no se estrenaría hasta el Viernes Santo de 1694. En 1674 concluyó el ostensorio de la parroquia de San Miguel que, frente a la obra anterior, marcaba un quiebro significativo en su trayectoria hacia las formas del barroco pleno. En Sevilla se encontró, al menos desde 1676, haciendo oficial su ingreso en el gremio, con el examen de maestro. Lo hizo a una edad muy avanzada, sin duda por la necesidad de cumplir con los requerimientos del oficio, que obligaba a superar la prueba para poder abrir tienda. En apenas unos meses estaba a disposición del Cabildo catedralicio, ocupándose de su platería. Inició entonces una trayectoria larga y jalonada por numerosas obras de singular importancia. Empezó por renovar el sagrario del altar mayor, en torno a 1687, construir un tabernáculo para la efigie de Santa Rosalía que había traído de Palermo el arzobispo Palafox (1688), y continuó con otros encargos del propio prelado. De especial relevancia es el altar eucarístico de las festividades litúrgicas, que con la intervención de Pina cobrará una nueva dimensión monumental, próxima a la que hoy tiene. De 1689 es la corona grande y de 1695 los rayos, legados por el propio prelado.
     Enviudaba en 1697 y volvió a contraer matrimonio en 1711 con Francisca Guerrero de Alcántara, tía de uno de los plateros más influyentes de la ciudad. Además, emparentó con el matrimonio de sus hijas con otros maestros de la ciudad, constituyendo así un verdadero clan que le permitió capitalizar los principales encargos de platería de mazonería hasta el primer cuarto del siglo. De esta época hay que señalar, al margen de la obra en la catedral, dos de las más importantes custodias realizadas en el barroco sevillano, la de la Magdalena y la que posee la sacramental de Santa María de la Mesa, en Utrera. La primera fue diseñada probablemente por Cristóbal Sánchez de la Rosa y realizada por Pina. La otra es fruto de un proceso más largo que rebajó el carácter unitario de la pieza, que hubo de tener de acuerdo con el diseño de Juan Laureano, el mismo que por las mismas fechas había utilizado para hacer el Sagrario de la parroquial de Morón de la Frontera. Obras que tienen en común detalles estructurales tan significativos como las columnas salomónicas.
     A medida que su popularidad se extendía por el reino sevillano, aumentó la participación de su taller. Por las poblaciones sevillanas se repartían otras obras, como una cruz para el Arahal, documentada, pero no identificada (1689), el copón de la parroquia de Alcalá del Río (1689), la cruz parroquial de Guillena (1707) o la cruz procesional de San Miguel de Morón. Ello sin olvidar un conjunto de piezas que trascienden estas fronteras: las obras de Tierra Santa, realizadas en la última década del siglo XVII. Está compuesto por un tabernáculo, un portapaz y un cuadro de la Sagrada Familia, todos ellos regalados por el propio artífice entre 1691 y 1699. Las últimas piezas llevan incisas sendas dedicatorias, la del portapaz dice así: “Ioannes Laureanus hispalensis, provintiae vaeticae in regon hispaniae offert hanc portam pacem sanctuario ubi natus est, beatus Ioannes Baptista. Anno Domini 1699”.
     Como colofón a su carrera hay que colocar dos piezas singulares hechas para la catedral sevillana, la lámpara que cuelga en el presbiterio del Sagrario, encargada por el arzobispo Arias, como complemento lumínico a la obra del altar (hecho en 1711 y entregado al año siguiente) y la urna de San Fernando. La urna, relicario de San Fernando, fue trabajo prolijo y que comienza prácticamente desde que el santo rey subió a los altares (1671) hasta 1719 (Fernando Quiles García, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el "Busto-Relicario de San Laureano", de Juan Laureano de Pina, en la Sacristía Mayor de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

martes, 4 de julio de 2023

Un paseo por la calle San Laureano

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle San Laureano, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   Hoy 4 de julio, se conmemora en la población de Vatan, cercana a Bourges, en Aquitania, actualmente Francia, San Laureano, mártir (s. III/IV)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
        Y que mejor día que hoy para ExplicArte la calle San Laureano, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle San Laureano es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios del Museo, y de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de la Puerta Real, a la confluencia de la avenida Torneo, con las calles Liñán, y Marqués de Paradas.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
  Al menos desde principios del s. XVI este lugar era conocido popularmente corno sitio de San Laureano, por el convento merceda­rio allí ubicado. Sin embargo la planimetría del XVIII y primera mitad del XIX no lo iden­tifica toponímicamente, hasta que en 1868 figura corno calle de San Laureano en el plano de Álvarez-Benavides. Al parecer se conoció también en el pasado como barrio de los Gallegos, que taponaba la salida del arrabal de los Humeros, lleno de aguas sucias. Este espacio no se configuró corno calle hasta los años 60 del siglo pasado, en que se derriba la contigua Puerta Real y buena parte del lienzo de muralla, cuya desaparición posibilitó la ronda de circunvalación de la ciudad (v. Torneo). Entonces dejó de ser un lugar extramuros sucio y descuida­do, como todos los espacios exteriores de las puertas de la ciudad, para convertirse en la prolongación formal de Alfonso XII. Es corta, bastante ancha y asciende en pendiente a modo de costanilla. Quizás por ello se recoge en documentos municipales como Rampa de la Puerta Real. Tiene pavimento asfáltico y aceras de losetas. Se ilumina con báculos metálicos adosados a las fachadas.
     Las casas de la acera izquierda son todas de escalera, de tres plantas, construidas en la primera mitad de siglo, algunas recientemente reformadas en sus fachadas. Toda la acera derecha está ocupada por los restos del antiguo Convento de San Laureano, situado en un nivel más elevado que el resto de la calle y separado de ésta por un muro. Este edificio, construido sobre la antigua residencia de Hernando Colón, donde éste tenía su gran biblioteca, fue desde comienzos del XVI colegio e iglesia de mercedarios calzados. Allí estaban las imágenes del Santo Entierro y Nuestra Señora de Villaviciosa. Expulsados los frailes en 1810, bajo la domi­nación francesa, sufrió destrucciones e incendios que lo dejaron inservible para el culto. Más tarde fue presidio correccional de la ciudad, almacén, cine de verano, etc. En los años setenta de nuestro siglo se reutilizó su bello corral central con bares, tabernas y tiendas de novedades. En la actualidad se ubican en el mismo talleres artesanales de cerámica, carpintería, etc. Otras dependencias del edificio se usan como almacenes y talleres de automóviles. La calle cum­ple una función residencial, aunque en las proximidades de Marqués de Paradas hay algunos bares. Soporta el intenso tráfico rodado procedente del sector comercial de la ciudad hacia la zona de plaza de la Legión, y es por ello un espacio ruidoso e incómodo en las horas comerciales [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
San Laureano.
Los únicos restos que subsisten del antiguo convento mercedario de San Laureano son la iglesia, de una sola nave dividida en tramos por pilastras, y algunas arcadas de un patio [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Laureano, mártir;
     Santo cefalóforo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
        Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle San Laureano, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle San Laureano, al detalle:
La Piedra Llorosa

miércoles, 23 de marzo de 2022

Un paseo por la calle Liñán

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Liñán, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   Hoy, 23 de marzo, es el aniversario (23 de marzo de 1761) de la dedicación de la Capilla del Rosario de los Humeros, edificación que fue encomendada al maestro botinero Miguel Liñán, a quién está dedicada esta calle, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Liñán, de Sevilla, dando un paseo por ella.
   La calle Liñán es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Vicente, del Distrito Casco Antiguo, y va de la confluencia de las calles Torneo, San Laureano, y Marqués de Paradas, a la calle Locomotora.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Aunque en el plano de Olavide (1771) se señala el espacio, éste aparece sin nom­bre. Popularmente era conocido en el s. XIX como callejón de San Laureano, por estar junto al convento de este título, y también como callejón de los Humeros, por su pertenencia al antiguo arrabal de pescadores formado a principios del XVI en el exterior de la muralla. 
     En 1859 se rotuló con el nombre actual, en homenaje al maestro de botonero Miguel de Liñán, que contribuyó a la erección de la cercana capilla de Nuestra Señora del Rosario, cuyos terrenos fueron cedidos por el Ayuntamiento en 1750 a solicitud de Liñán en nombre de la hermandad de esa advocación. Alineada parcialmente en 1880, hoy se configura como una calle corta, rectilínea y relativamente estrecha, que asciende en pendiente hacia su final. Posee grandes adoquines muy deteriorados y salvarruedas de granito, pues carece de aceras. Se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Su caserío no tiene especial personalidad, ya que está constituido por dos casas de escalera, de tres plantas, en su acera izquierda, y por el lateral del antiguo convento de San Laureano en su derecha, destinado a talleres y almacén [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografia de Miguel Liñán, a quien está dedicada esta vía del callejero sevillano;
   La gestión de Liñán conforma toda la vida de la Hermandad durante todo el proceso de construcción de la capilla hasta 1784 en que debe abandonar el cargo por una sanción judicial, fruto de un desmedido celo en pro de la Hermandad.
   Hasta 1784 la junta de gobierno de la Hermandad se reducía en la práctica a la gestión personalista del mayordomo Miguel de Liñán, verdadero motor de la construcción de la capilla y del relanzamiento de la corporación en todos los órdenes. Debió tratarse de estos cofrades carismáticos que en los momentos claves son capaces de aunar voluntades en pro de un ideal que, por su iniciativa, se convierte en patrimonio común de la Hermandad.
   En el Informe redactado sobre las hermandades y cofradías de Sevilla por el Asistente Olavide por encargo del Consejo de Castilla en torno a 1770 se explicita lo siguiente respecto a la Hermandad que nos ocupa: "Tiene aprobación del Ordinario eclesiástico. No tiene renta alguna. Hace una fiesta anual, cuyo costo no lo expresa, sólo que la hace el Mayordomo de su propio caudal". El texto es bien significativo (Web oficial de la Hermandad del Rosario de los Humeros).
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La calle Liñán, al detalle:
Azulejo conmemorativo del I Rosario Publico de la Hermandad de los Humeros

domingo, 16 de febrero de 2020

La imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
   Hoy, domingo 16 de febrero, como todos los domingos, ha de considerarse como el día festivo primordial para la Iglesia. Es el primer día de cada semana, llamado día del Señor o domingo, en el que la Iglesia, según una tradición apostólica que tiene sus orígenes en el mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el Misterio Pascual. 
   Y que mejor día que hoy, día del Señor, para ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala I del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la imagen "Cristo Varón de Dolores", obra de Pedro Millán (hacia 1485-1503) [firmada en una cartela a los pies de Cristo: "Pº MILLAN YMAGINERO"] realizada en barro cocido y policromado en estilo gótico, con unas medidas de 1,61 x 1.08 x 0,50 m., y procedente de la iglesia parroquial de la Inmaculada de El Garrobo, tras pasar por la Capilla de San Laureano de la Catedral de Santa María de la Sede.
   Es una composición escultórica que representa a Cristo Varón de Dolores. El Señor figura en el centro, ceñido a un lado y al otro por sendas figuras de ángeles. El cuerpo de Cristo se representa esbelto, marcado por las huellas de la Pasión: la llaga, abierta y tintada de rojo, los agujeros de los clavos en las manos y la gruesa corona de espinas, advirtiéndose éstas bajo la piel de la frente. Figura con la cabeza inclinada y ligeramente vuelta hacia la izquierda, con los ojos entreabiertos y la boca cerrada. Su rostro es de carácter enjuto, marcado por una fina y alargada nariz. Tiene barba corta y bífida, modelada a base de pequeños rizos. Su larga y negra cabellera se extiende por la espalda y los hombros en ondulados mechones. Figura cubierto por el paño de pureza, resuelto éste a base de múltiples y angulosos pliegues y manto largo que cae sobre sus hombres hasta los pies y va sujeto con un broche sobre el pecho. Apoya los pies sobre un suelo de relieve anguloso, sembrado con unas pocas matas de cardos.
   Los ángeles figuran simétricos uno a cada lado del Señor, con la misma postura y actitud, medio reclinados sujetando el manto que cubre a Cristo. Visten túnica larga y blanca resuelta en numerosos y angulosos pliegues sobre el suelo y manto rojo ceñido con un broche. Figuran tocados con una cinta adornada con joyel y sostienen pequeños recipientes. A los pies de Cristo figura el racionero Antonio Imperial, a menor tamaño que las figuras de los ángeles, arrodillado y en actitud de oración, mirando hacia la esbelta figura del Señor. (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
   No demasiado conocida es la figura de Pedro Millán, este maestro imaginero gótico hispalense, discípulo y colaborador de Mercadante, que trabajó a caballo entre los siglos XV y XVI, y que supo aunar, con cierta pericia, dos mundos estéticos diferentes: por un lado las influencias foráneas, sobre todo borgoñonas, y por otro, las raíces indígenas, dotando a su producción escultórica, aún poco identificada, de un cierto eclecticismo entre el iconografismo hispano y el influjo flamenco.
   Muy pocos son los datos de que disponemos para narrar su vida, pues, pese a los estudios de Gestoso y Pérez-Embid, casi nada tenemos documentalmente avalado. Sabemos, no obs­tante, que colaboró con Mercadante en la decoración escultórica, en barro, de las portadas del Nacimiento y del Bautismo, de la Catedral hispalense, allá por la década de los sesenta del siglo XV, que su última obra fechada lo está en 1504 y que debió fallecer antes de 1526, año en que su viuda contrae segundas nupcias.
   Aunque su producción es fundamentalmente de piezas de barro cocido, no descuidó los demás materiales, dotando a su obra de los rasgos comunes de la escultura de la época de los Reyes Católicos, tan expresiva, espiritual y detallada, con gruesos plegados, ricas  telas y ostentosa pedrería. La nómina de su quehacer va desde las pequeñas figuras de Profetas de las ya aludidas portadas catedralicias sevillanas, hasta la portada de la iglesia del monasterio hispalense de Santa Paula, donde colabora con el ceramista Francisco Niculoso Pisano. Entre ambas, la bellísima Virgen del Pilar catedralícia o la ecijana del Rosario, cargada de goticismo; el pequeño San Miguel londinense, minucioso y casi sacado de una tabla flamenca; los grupos procedentes de El Garrobo, hoy en el Museo; la obra magna para el cimborrio de la catedral de Sevilla, desaparecida casi totalmente en 1512; el conjunto de figuras de Cristo atado a la columna, de robusta ejecución, uno de cuyos mejores ejemplares se conserva en el Museo, y la delicadísima Santa Inés, en madera. Sus obras, de carácteres bastante definidos, ostentan en buena parte la firma P. MILLAN, lo que facilita su estudio. Sin embargo, son muy pocos aún los definitivamente adscritos a su trabajo directo, ofreciéndosenos hoy la posibilidad de estudiar un buen número de imágenes, sin firma ni documentación, cercanas a Millán o a su círculo de colaboradores.
   Relata el profeta Isaías el papel de Jesús como Varón de dolores y ésa es la iconografía aquí representada por Mi­llán, con la figura de Cristo resucitado, esbelta y desnuda, dotada de espléndida cabeza, sostenida por sendos­ ángeles ricamente ataviados. El grupo, firmado, se completa con la pequeña figura orante del donante, el racionero Antonio  Imperial, quien dotó, entre 1485 y 1503, la Capilla de San Laureano de la Catedral hispalense (Enrique Pareja López, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla, Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de Cristo Varón de Dolores;
   Es una tipología cultual, simbólica o eucarística, que en latín se designa con el nombre de Imagines pietatis.
   Las dos representaciones del Varón de dolores que consiguieron la mayor popularidad a finales de la Edad Media son el Cristo de Piedad de la Misa de san Gregorio y el Cristo de las cinco llagas (o heridas).
El Cristo de la misa de San Gregorio
   Esta representación del Varón de dolores, cuyo significado sacramental es evidente, derivaría de un icono bizantino ofrecido por el papa Gregorio Magno a la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén, llamada así porque la emperatriz Helena la había hecho transportar desde la tierra del Gólgota.
   Se la explica por una visión; pero resulta más verosímil creer que fue a título de autor del Sacramentario que san Gregorio fue representado celebrando el sacrificio de la misa frente al propio Cristo que aparece sobre el altar.
   Es una variante del Ecce Homo, porque el Cristo desnudo lleva un cetro de caña y la corona de espinas. Pero se distingue por dos caracteres. En primer lugar, en vez de estar de pie sobre un estrado, como un rey irrisorio expuesto a la vista del populacho judío, sólo emerge el busto de un sarcófago dispuesto sobre el altar. En segundo lugar, tiene las palmas de las manos y el costado agujereados, por lo tanto se lo ha representado muerto, después de la crucifixión.
   Ese tema, que apareció en Occidente a partir de mediados del siglo XIII, sobre todo se adaptó al arte francés y al italiano. El Varón de dolores a veces aparece solo sobre el altar, como una hostia viva; pero casi siempre su cadáver es sostenido de las axilas por dos ángeles, o incluso por la Virgen y san Juan que lo enmarcan, como al pie de la Cruz.
El Cristo de las Cinco Llagas
   El arte alemán prefirió, por el contrario, representar al Varón de dolores de pie y vivo.
   Es el tipo popular del Cristo de las cinco llagas, difundido por las cofradías de la Santa Sangre; por los flagelantes, que invocaban las «cinco rojas llagas» de Jesús contra la muerte súbita; por la Orden de santa Brígida de Suecia, que había adoptado como insignia cinco pequeños discos rojos que imitaban gotas de sangre.
   Pueden distinguirse dos tipos principales del Varón de dolores: ya con los brazos cruzados sobre el pecho, ya mostrando él mismo la herida del costado, ya abriendo los labios de ésta, otras veces hundiendo el dedo, como santo Tomás, y en ocasiones hasta recogiendo en un cáliz su propia sangre (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Cristo Varón de Dolores", de Pedro Millán, en la sala I del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 4 de julio de 2019

La Capilla de San Laureano, en la Catedral de Santa María de la Sede


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de San Laureano en la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla.    
     Hoy 4 de julio, se conmemora en la población de Vatan, cercana a Bourges, en Aquitania, actualmente Francia, San Laureano, mártir (s. III/IV)  [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Capilla de San Laureano, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     En la Catedral de Santa María de la Sede, podemos contemplar la Capilla de San Laureano [nº 044 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; Siempre ha tenido la misma advocación, aunque ha tenido altares o imágenes del "IHU de la Piedad" en 1530, del "Ecce Homo" y de "Cristo Resucitado y las Marías". Durante los siglos XVII y XVIII se alojó en ella la Cátedra de Moral. Contiene el epitafio del arzobispo don Alonso de Xea (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
      La Capilla de San Laureano se cree que fue la primera que se construyó en la nueva Catedral. En 1412 ya se celebraba culto en ella. Se sitúa en el muro meridional del templo, inmediata a la puerta del Nacimiento o de San Miguel y a las Capillas de la Natividad del Señor y de Santa Ana o del Cristo de Maracaibo, siendo su reja es de 1712.
     El retablo, dedicado a San Laureano, se compone de banco, dos cuerpos y remates. Los cuerpos se dividen en tres calles por tetrástilas columnas salomónicas (en el bajo, dos grandes y dos pequeñas con fuste abalaustrado en el tercio bajo y salomónico en el resto, de gran opulencia; y las superiores, entorchadas en todo su fuste). La imaginería es la siguiente: el Titular revestido de pontifical con Mitra y Pluvial, de bulto redondo (anterior?) a derecha e izquierda relieves que representan al Santo arrodillado ante un tabernáculo, dentro de un templo, a la derecha y el Santo confortado por un ángel a la izquierda. El martirio (decapitación) del Santo Obispo de Sevilla? acaecido en el siglo IV por orden de Totila, centra el cuerpo superior y ángeles en los intecolumnios laterales. Otros ángeles en el copete de remate. Entre los motivos distribuidos en el conjunto figura una mitra atravesada por la azucena, símbolo parlante del Santo. Esta importante obra se puede fechar hacia 1700-1702, auspiciada por el canónigo D. Valentín Lampérez.

      También encontramos el Sepulcro del Cardenal D. Joaquín Lluch y Garriga. Sobre un podio enriquecido por escudos y angelitos en los ángulos, se alza la figura del prelado, revestido con capisayos episcopales, los brazos cruzados ante el pecho, genuflexo ante el reclinatorio y en profunda oración. Es obra de Agapito Valmitjana, el escultor catalán del romanticismo, fechable en 1885. El Cardenal falleció tres años antes [José Hernández Díaz en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
      En cuanto a las pinturas de la capilla son de destacar el conjunto de cinco pinturas que realizó Matías de Arteaga hacia 1700. La noticia de que fue Matías de Arteaga el autor de este conjunto pictórico la da el canónigo Loaysa en 1709, al señalar que la capilla de San Laureano era propiedad del canónigo D. Valentín Lampérez y Blázquez, quien mandó enterrarse en la misma; al mismo tiempo Loaysa mencionó que el citado canónigo mandó adornar la capilla a sus expensas, indicando que fue Arteaga el autor de las pinturas que recubren sus muros.
      La Resurrección de un joven en Marsella por intervención de San Laureano. Este episodio aconteció cuando el Santo, huyendo de Sevilla y de sus perseguidores arrianos, llegó a Marsella, donde nada más entrar por la puerta de la ciudad encontró el cortejo funerario del hijo de un potentado. Apiadado el santo por el dolor del padre mandó que se interrumpiera el entierro y que se velase el cadáver mientras él oraba, logrando así que el joven volviese a la vida. La composición de la pintura se resuelve siguiendo un esquema que señala dos ambientes distintos desarrollándose en cada uno de ellos un episodio de este milagro. En la parte superior izquierda se representa el momento en que el padre del joven se arrodilla delante del Santo implorando la resurrección de su hijo; junto a San Laureano aparece el ángel que le acompañó en su viaje y alrededor figura un grupo de personas que contempla la escena. En la parte derecha se representa el momento en que por intercesión del santo el joven resucita, ante el asombro del cortejo que lo velaba.

     El ciclo pictórico que narra la historia de San Laureano en su capilla de la catedral incluye cinco pinturas que representan los más importantes episodios de su vida. La primera de ellas representa
      La segunda pintura representa a San Laureano ante el Papa Virgilio de Roma, ciudad a la que se dirigió el Santo después de abandonar Marsella. Allí fue recibido por el Papa, quien le pidió que celebrase Misa en la basílica de San Pedro. Este es el momento que se describe en la pintura, figurando el Papa a la izquierda de la composición, sentado en su trono, bajo un dosel, mientras que el Santo aparece arrodillado en uno de los escalones del estrado. La escena es presenciada por un cortejo de cardenales y clérigos.
      Prosigue este ciclo en su tercera pintura con la representación de otro milagro del Santo, realizado en Roma, cuando después de celebrar Misa en San Pedro se encuentra a la salida del templo a un tullido, que le pide su curación. La pintura por lo tanto puede titularse La curación de un tullido en Roma por intercesión de San Laureano, en la que el episodio del milagro aparece respaldado por una perspectiva arquitectónica que otorga una gran profunfidad espacial al escenario. A la izquierda aparece una pequeña capilla en la cual aparece el Santo rezando para obtener la curación del tullido.

      El cuarto episodio de este conjunto pictórico representa el Martirio de San Laurano. Este suceso acaeció en la ciudad de Vatan, de la diócesis de Bourges en Francia. Allí se había dirigido el Santo por mandato del ángel que le acompañaba para que se cumpliese el designio divino de su martirio. En efecto, en dicho lugar unos verdugos, siguiendo órdenes de Totila, rey de los ostrogodos en Italia. en ese momento el santo cogió con sus propias manos su cabeza que, separada del tronco, había rodado por el suelo y mandó a sus verdugos que la llevasen a Sevilla.
      El último episodio de la vida del Santo narra La entrega de la cabeza de San Laureano al clero de Sevilla, puesto que los verdugos cumplieron el mandato del Santo y viajaron hasta esta ciudad. Aquí entregaron la cabeza al rey arriano Theudes, el cual, arrepentido, la ofreció al clero de la ciudad al tiempo que mandó edificar una iglesia en honor del Santo. En la representación pictórica aparece el monarca entregando la cabeza a un grupo de clérigos arrodillados a sus pies, mientras que una muchedumbre contempla la escena. En el fondo de la pintura aparece una interesante vista de la ciudad de Sevilla, con sus murallas en primer plano y la puerta del Arenal, mientras que sobre el caserío de la ciudad destaca el perfil de la Catedral con la Giralda [Enrique Valdivieso González en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].

      Finalmente mencionaremos las vidrieras dedicadas a San Isidoro, San Laureano y San Leandro, rematando la capilla en vanos en forma de arco apuntado con un rectángulo en la parte inferior, realizadas por Vicente Menardo en 1572 [Víctor Nieto Alcaide en La Catedral de Sevilla. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1991].
     Santo cefalóforo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Capilla de San Laureano, en la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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