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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 26 de diciembre de 2025

Los principales monumentos (Castillo, Iglesia de San Juan Bautista, Plaza de España, Iglesia de San Antonio Abad, Casas Solariegas, Convento, Ermita de la Consolación, Palacio Cíjara, Pinturas de la Panda, y Ermita de la Virgen del Espino) de la localidad de Herrera del Duque, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de San Juan Bautista, Plaza de España, Iglesia de San Antonio Abad, Casas Solariegas, Convento, Ermita de la Consolación, Palacio Cíjara, Pinturas de la Panda, y Ermita de la Virgen del Espino) de la localidad de Herrera del Duque, en la provincia de Badajoz.
     En el extremo norte del territorio, al pie de una sierra, bajo la presencia de un poderoso castillo, visible desde todas las lejanías del entorno. A 8 kilómetros, unido por una carretera serpenteante que discurre entre paisajes maravillosos bordeando el pantano de García de Sola (Puerto Peña), se encuentra Peloches, sobre el borde mismo del agua.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 277,3 Km2
     Altitud: 468 m.
     Distancia Capital: 204 Km.
     Partido Judicial: Herrera del Duque
     Comarca: La Siberia
     Otras Entidades: Peloche, a 8 km. de Herrera del Duque y a 386 m. de altitud
     Gentilicio: Herrereño
Ayuntamiento de Almendralejo
     Plaza de la Concordia, 1
     06670 Herrera del Duque (Badajoz)
     Teléfono: 924650006 - 924650026
     Fax: 924650025
Peloche.-
     A 8 kilómetros de Herrera, a la que se une mediante una carretera de trazado serpenteante que discurre entre paisajes maravillosos bordeando el pantano de García de Sola, se encuentra, sobre el borde mismo del agua, la aldea de Peloche. Se trata de un reducido núcleo, hoy también en expansión debido a su privilegiada situación en un ámbito natural de insuperable hermosura paisajística, apacible y tranquilo, abundante en caza, y muy a propósito para el ejercicio del deporte náutico. En sus inmediaciones se localizan interesantes pinturas rupestres.
     El lugar cuenta en la actualidad con medio millar de habitantes, articulándose formalmente en torno a la pequeña iglesia parroquial de San Antonio Abad.
     Característicos del lugar resultan el rico escabeche de peces, el escarapuche y los típicos canutos.
Historia.-
    En el extremo norte del territorio, también al pie de una sierra, bajo la presencia de un poderoso castillo, como el de Puebla de Alcocer, visible desde todas las lejanías del entorno, se encuentra Herrera del Duque.
     La fortaleza, de origen árabe y remodelada después por los cristianos, tiene planta octogonal, presentando aspecto macizo, ya que carece de torres. El acceso hasta ella se efectúa a través de senderos de montaña de gran belleza paisajística, y desde su atalaya se divisan igualmente parajes de extraordinaria grandiosidad.
     El centro de la población lo constituye una amplia plaza porticada de galerías cubiertas con bóvedas, en la que se sitúa una fuente ochavada de jaspe negro, erigida en 1.787. Esta fuente ha sido trasladada de su emplazamiento tradicional con ocasión de las obras de remodelación llevadas a cabo recientemente, y en cuyo trascurso fueron eliminados también los seculares árboles de gran porte que hermoseaban el lugar.
Monumentos.-
     Monumento destacable es la iglesia parroquial de San Juan Bautista, que se enclava en la parte más alta de la localidad.
     Se trata de una edificación de mampostería y piedra, con numerosos estribos y cubos cilíndricos de refuerzo, en la que aún se conserva uno de los arbotantes absidiales. El interior es de tres naves, con capilla mayor de doble ámbito y cúpula de media naranja en el crucero.
     Componente de particular valor fue su retablo mayor, obra del entallador Gregorio de Prado, destruido en 1.936. Las doce pinturas del siglo XVI que lo adornaban, debidas al pincel del toledano Juan Correa de Vivar, consiguieron salvarse, aunque fueron sacadas de la localidad, habiendo sido rescatadas y restituidas a la iglesia, tras su restauración, en fecha reciente.
     El Castillo del Duque es un buen ejemplo de fortaleza señorial del siglo XV, situada a gran altura y dominando la población. Tiene forma de octógono irregular de 183 m. de perímetro, con muros de 12 m. de altura y, entre tres y cuatro metros de grosor, con una única puerta en la cara este. Está construido en mampostería y ladrillo. El castillo fue erigido por don Gutierre de Sotomayor, maestre de la Orden de Alcántara, que obtuvo de Juan II estas tierras en 1411. En el siglo XVI, en tiempos del duque don Francisco Zúñiga y Guzmán Sotomayor, de quien toma el apelativo, sufrió algunas reformas. Este personaje fue un mecenas que, prácticamente, arruinó a sus descendientes, pese a ser el dueño de un señorío de 4.000 kilómetros cuadrados.
     También resultan de interés la Custodia, piedra de plata de casi 40 Kg. de peso, ejecutada asimismo en el XVI por los artífices Gregorio Vorja y Franco Morales, y el Sagrario, éste de factura moderna, fabricado en 1.944 por Mariano Malagón.
     En un extremo del caserío se conservan los maltrechos restos del antiguo convento franciscano de San Jerónimo, fundado en 1.517 por Don Antonio de Sotomayor, hoy de propiedad particular y utilizado como garaje y almacén.
     Numerosas casonas solariegas, con ornamentadas fachadas, como la de la antigua Encomienda de Alcántara, más conocida a nivel popular como "Casa del Conco", evidencian el abolengo y señorío de la población en los tiempos pretéritos.
     También cuenta Herrera con una hermosa plaza de toros, instalación de su especie única en todo el cuadrante nororiental de la Baja Extremadura.
     A 5 kilómetros de la localidad, ocupando un hermoso paraje natural, se encuentra el santuario de Ntra. Sra. de Consolación, originario de la Edad Media y luego, remodelado en época barroca. La Virgen titular es una hermosa talla en madera, datada en el siglo XV, en la actualidad vestida al estilo de la de Guadalupe.
     Sin renunciar a su rico pasado histórico, Herrera del Duque constituye hoy un centro en plena expansión, cuyo dinamismo se refleja en las numerosas edificaciones e instalaciones modernas surgidas en los últimos tiempos, originando nuevos y tejidos urbanísticos. Sus equipamientos y servicios de toda especie hacen de esta localidad el centro de atracción más poderoso del entorno y su cabecera natural indiscutible (Diputación Provincial de Badajoz).
     Antiguo feudo de los duques de Osuna, enclavado en el centro de la Siberia extremeña, una campiña rodeada por estribaciones montañosas, excepto en la zona oriental, por la que transcurren el Guadiana y sus afluentes. Las aguas embalsadas en sucesivos pantanos (Cíjara, García Sola y, al suroeste, el de Orellana) convierten a esta comarca, limítrofe al este con la comunidad castellano-manchega, en una especie de mar interior.
Gastronomía
     Junto a las habituales migas de pastor o el ajoblanco, sopa fría de ajo y almendras, la cercanía del embalse de García Sola da origen a una especialidad, el escarapuche, plato a base de peces originario del cercano pueblo de Peloche. Son numerosos también los platos de caza. Entre los dulces cabe citar las candelillas, los canelones y los canutos de Peloche.
VISITA
     Esta villa de origen medieval tras la recon­quista dependió de la Orden de Alcántara y posteriormente de diversos señoríos. Sus calles se articulan en torno a la plaza de España, rodeada de soportales en todos sus lados. En el centro se alza una fuente ochavada de jaspe negro.
     Al siglo XV pertenece la iglesia de San Juan Bautista, sólida estructura de piedra, provista de estribos y torreones cilíndricos que más parecen propios de una fortaleza. Las casas adosadas a sus muros le restan belleza e impiden la visión del conjunto.
     El interior resultó dañado por un incendio en 1936, si bien se conservan algunas tablas del retablo renacentista y una valiosa custodia de plata del siglo XVI. Al sur de la villa, en una cima de difícil acceso, se sitúa el castillo, de origen árabe y reconstruido en la época cristiana sin torres ni otros elementos defensivos, a excepción de la muralla. Conserva un aljibe abovedado y restos de las dependencias interiores.
     En las proximidades de la población existen parajes de gran belleza natural, como la finca de Las Navas, donde abundan las especies de caza (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Castillo.-

      Visita obligada para turistas, investigadores y curiosos. Se conservan las murallas y en su interior hay muchos restos.
     En el interior de los gruesos muros, perduran vestigios de un segundo recinto donde se aprecian elementos góticos; una fuerte mazmorra, un gran aljibe cuadrangular abovedado, un arco de atajo para ayudar al paso por el adarve, al entrar en una torrecilla en avanzada.
     Las murallas presentan reducidos huecos entre los que sobresalen el arco de herradura de ladrillo y piedra que constituye la única entrada al conjunto. Las ruinas interiores manifiestan claramente que hubo en las fachadas de oriente y sur.

Iglesia de San Juan Bautista.-
     Dedicada a San Juan Bautista, consta de tres naves abovedadas. Los datos más antiguos que conocemos de su existencia son de 1483
     Su exterior es de mampostería, el interior de las Iglesia de estilo renacentista. Entre los objetos de valor podemos citar el valioso retablo con tallas policromadas de Gregorio Prado y pinturas manieristas de Juan Correa de Vivar. Este retablo se hizo entre 1546 y 1550.
     Merece especial mención el actual sagrario, obra del artífice don Mariano Molagón. Fue regalado por todos los cristianos del pueblo y se colocó el 8 de junio de 1944, el día del Señor.

Plaza de España.-

     Merece destacarse esta plaza por su carácter emblemático de centro vital de la villa, amplitud, belleza, historia y trazado. Porticada con soportales acogedores en casi todo su perímetro, en la segunda mitad de siglo XX ha sufrido y nunca más acertado el verbo- diversas transformaciones que le han hecho perder su fisonomía y encanto originales.
     Casi en el medio de la plaza se erigió en 1787 la fuente de piedra que existe hoy, de jaspe negro pulimentado sobre un plano ochavado, con tres gradas desde donde se cogía con cañas el agua que las mujeres llevaban para uso doméstico hasta hace pocos años.

Iglesia de San Antonio Abad.-
     La vieja iglesia de Peloche es una de las más singulares de su estilo. Se presenta pequeña y robusta, con formas y hechuras que evocan formas ancestrales.
     Tiene una nave central con un retablo que fue realizado hace unos ocho años y que tiene a la derecha una talla de San Antonio Abad, a la izquierda una de María Auxiliadora y en el frente un Cristo en la Cruz.
     También son de interés las siguientes tallas: Inmaculada, San Andrés y San Blas, esta última se encuentra en la Sacristía en espera de ser restaurada.

Casas Solariegas.-

     Son edificaciones y casonas de la vieja hidalguía labradora que ponen de manifiesto el abolengo de la villa.
     Es destacable la de la calle San Juan, casa atribuida a la Encomienda de Alcántara.
     En su interior se observan mosaicos con diferentes motivos y leyendas y restos de viejas caballerizas. Perteneció al primer señor de Belalcázar, Hinojosa, Puebla y Herrera, único maestre de dicha orden en la zona. Su construcción data de la primera mitad del siglo XVII.

Convento.-
     El convento franciscano de la Purísima Concepción fue fundado en 1517 por Fray Alonso de Sotomayor, conde de Belalcázar en la ermita de Nuestra Señora de la Merced y trasladado a su emplazamiento actual en 1603. Es un edificio del Renacimiento.
     El interior de la Iglesia, de cruz latina, es de traza clásica, de una nave con crucero, cúpula con cuatro ventanales y retablos barrocos (MÉLIDA, 1924). Claustro, torre-espadaña de ladrillo, esbelta y de trazado original, enfermerías alta y baja y rica y hermosa huerta completan el conjunto.

Ermita de la Consolación.-

     Situada a 5 km al oeste del pueblo, en el bello paraje de los Valles de Consolación, término de Puebla de Alcocer, rodeado de pinos, olivos, eucaliptos y alcornoques centenarios. es de estilo neoclásico, formada de una sola nave con una superficie de 170m.
     Es una construcción que data del siglo XV, aunque fue reconstruida posteriormente. La cúpula es una pintura en la que se exalta la coronación de la Virgen. El retablo de estilo barroco, con influencia renacentista.
     El Camarín fue construido en 1637 se encuentra detrás del retablo de la ermita, con piso de mosaico. En el frente, y enmarcado de madera, hay un pergamino con acta de la Coronación de la Virgen, que data del 7 de septiembre de 1980.

Palacio Cíjara.-
     Es una fortaleza – palacio, fue construido por el conde Villapadierna y ubicado junto a los restos de la colonia y a la Golosilla, en una elevación del terreno en la margen izquierda del Guadiana. Es un edificio en torno a 1873, fecha en que compró Cíjara el conde de Villapadierna.
     Repitieron el mismo modelo de construcción en otros dos palacios que erigieron, uno en la provincia de Zamora y el otro en Andalucía. Un fuerte rectángulo reforzado en las esquinas por altas torres redondas. Seguramente antes había otra muralla que rodeaba el conjunto. Junto a él hay dos pequeñas y coquetas torres que cerraban un amplio recinto.

Pinturas de la Panda.-
     A las espaldas de Peloche se encuentran estas pinturas rupestres, pertenecientes al periodo de la Edad del Bronce. El descubrimiento de estas pinturas en las sierras de Peloche, indican la lejana presencia del hombre en la zona.
     Representan escenas de caza y pastoreo, animales e ídolos. Se encuentran en la Sierra de los Golondrinos rodeadas de vegetación como y fauna.

Ermita Virgen del Espino.-

     Es una construcción moderna no exenta de todo tipo de atractivos. Fue inaugurada el 1 de noviembre de 1992, por el Obispo Rafael Palmero Ramos. El nombre de la Virgen viene del lugar donde se ubica dicha ermita, ya que se encuentra en un hermoso paraje con una fuente llamada del espino. La talla es copia de una Virgen de Aldeanueva de Barbarroya de la provincia de Toledo (Ayuntamiento de Herrera del Duque).

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sábado, 8 de julio de 2023

La Ermita de la Virgen del Espino, en El Pedroso (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Ermita de la Virgen del Espino, en El Pedroso (Sevilla)
     Hoy, sábado 8 de julio, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Ermita de la Virgen del Espino, en El Pedroso (Sevilla).
     La Ermita de la Virgen del Espino, se encuentra en el paseo del Espino, s/n; en El Pedroso (Sevilla).
     Es una pequeña iglesia mudé­jar que responde al tipo habitual de la sierra, constituido por una sola nave con arcos transver­sales y capilla mayor independiente, que se cubre con una media naranja rematada en linterna, producto de las intervenciones de época barroca. La nave lo hace con estructura de madera a doble vertiente. También es barroca la portada principal, situada en la fachada de los pies, correspondiendo a la fábrica mudéjar el arco apuntado, oculto por unas dependencias anejas, situado en el muro derecho. En el atrio que precede a la fachada principal se sitúa un interesante crucero, elevado sobre unas gradas, cuyo astil es un balaustre con capitel de grutescos, apareciendo en las dos caras de la cruz el Crucificado y la Piedad. Esta obra, tal vez la más valiosa de cuantas de este tipo produjo el arte sevillano, puede fecharse hacia 1540.
     El retablo mayor, contratado en 1721 por Luis de Baias, está presidido por la imagen titular y completado con esculturas de Santa Bárbara, San Francisco de Asís y del Crucificado. A mediados del XVII puede situarse la escultura de San Cristóbal situada en la nave, y en el XVIII las pinturas de Ánimas, del Apostolado y de la Huida a Egipto (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Es una pequeña iglesia mudéjar que responde al tipo habitual de la sierra, constituido por una sola nave con arcos transversales y capilla mayor independiente. ésta se cubre con una media naranja rematada en linterna, producto de las intervenciones de época barroca. La nave lo hace con estructura de madera a doble vertiente. también es barroca la portada principal, situada en la fachada de los pies, correspondiendo a la fábrica mudéjar el arco apuntado, oculto por unas dependencias anejas, situado en el muro derecho.
     En el atrio que precede a la fachada principal se sitúa un interesante crucero, elevado sobre unas gradas, cuyo astil es un balaustre con capitel de grutescos, apareciendo en las dos caras de la cruz el Crucificado y la Piedad. Esta obra, tal vez la más valiosa de cuantas de este tipo produjo el arte sevillano a juicio de Alfredo J. Morales et alt. en su "Guía artística de Sevilla y provincia", puede fecharse hacia 1.540. El retablo mayor, realizado en el último tercio del siglo XVII, está presidido por la imagen titular y completado con esculturas de Santa Bárbara, San Francisco de Asís y del Crucificado.
     Ubicado el pueblo en la sierra norte sevillana, remonta sus orígenes históricos a época romana. Del periodo medieval se conservan restos de fortificaciones, siendo a partir de la Reconquista cuando se inicia su crecimiento, acelerándose notablemente desde el siglo XVI. El edificio es una construcción de origen mudéjar con posteriores modificaciones en el siglo XVII siguiendo ya la estética barroca.
     La Virgen del Espino se festeja el 8 de septiembre. La romería se inicia dos semanas antes con la celebración de una Misa en la ermita, llevándose a continuación la imagen a la iglesia donde permanece hasta el día de su fiesta en el cual los vecinos la acompañan de nuevo hasta su ermita. La celebración de esta, data, según la Hermandad, del siglo XVI (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Es una pequeña iglesia mudéjar que responde al tipo habitual de la sierra, constituido por una sola nave con arcos transversales y capilla mayor independiente. Esta se cubre con una media naranja rematada en linterna, producto de las intervenciones de época barroca. También es barroca la portada principal, situada en la fachada de los pies, correspondiendo a la fábrica mudéjar el arco apuntado, oculto por unas dependencias anejas, situado en el muro derecho.
     Esta obra, tal vez la más valiosa de cuantas de este tipo produjo el arte sevillano a juicio de Alfredo J. Morales en su Guía artística de Sevilla y provincia, puede fecharse hacia 1540.
     El retablo mayor, realizado en el último tercio del siglo XVII, está presidido por la imagen titular y completado con esculturas de Santa Bárbara, San Francisco de Asís y del Crucificado (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la sobre el Significado y la Iconografía de la Virgen con el Niño
;
   Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
   Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o  de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
   El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
  Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.  
     En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Más sobre la localidad de El Pedroso (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.