Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

Mostrando entradas con la etiqueta Tribuna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tribuna. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de diciembre de 2025

La pintura "Rey David", de Lucas Valdés, en la Tribuna del Coro (lado del Evangelio), de la Iglesia de la Magdalena

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Rey David", de Lucas Valdés, en la Tribuna del Coro (lado del Evangelio), de la Iglesia de la Magdalena, de Sevilla.   
     Hoy, 29 de diciembre, Conmemoración de San David, rey y profeta, hijo de Jesé betlehemita, que encontró gracia ante Dios y fue ungido con el santo óleo por el profeta Samuel para regir el pueblo de Israel. Trasladó a la ciudad de Jerusalén el carca del señor, y Dios le juró que su descendencia permanecería para siempre, porque de él nacería Jesucristo según la carne [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Rey David", de Lucas Valdés, en la Tribuna del Coro (lado del Evangelio), de la Iglesia de la Magdalena, de Sevilla.
      La Real Parroquia de Santa María Magdalena [nº 16 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 60 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Cristo del Calvario, 2 (aunque la entrada habitual se efectúa por la calle San Pablo, 12); en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
    La Real Parroquia de Santa María Magdalena, ocupa desde 1810 la iglesia del antiguo convento de San Pablo, que había sido una de las instituciones religiosas más antiguas de la ciudad, ya que los dominicos se instalaron en Sevilla a raíz de la conquista de Sevilla por Fernando III. Una vez conseguido el permiso real, construyeron una iglesia de la que ningún testimonio queda y que debía de presentar un carácter arquitectónico de estilo gótico. Esta iglesia se conservó hasta su hundimiento en 1691, planteándose de inmediato su reconstrucción, que corrió a cargo del arquitecto Leonardo de Figueroa; las obras concluyeron en 1709. Desde esta fecha hasta 1715 se realizó una amplísima labor de ornamentación pictórica en sus muros, labor que, mayoritariamente, realizó Lucas Valdés, siguiendo un amplio y prolijo programa iconográfico que venía a exaltar la grandeza y milagros de la Orden dominica.
Coro Bajo
     La antigua iglesia de los dominicos de San Pablo conserva uno de los coros conventuales más espaciosos y con mejor acústica de toda Sevilla. Se divide en dos espacios, alto y bajo, en los que se constata una espléndida calidad constructiva. En el alto hubo una magnífica y gran sillería en la que rezaban y cantaban los más de cien dominicos que, en su época de esplendor, tuvo esta comunidad religiosa. En el coro bajo, cuyos muros están decorados con suntuosos mármoles, se constata la existencia de dos tramos de bóveda cubiertos por completo con pinturas murales que relatan alegorías y temas del Antiguo Testamento. En estos muros laterales estuvieron colgados cuatro grandes lienzos al óleo con formato de medio punto que narraban episodios de la vida de Santo Domingo y que hoy se encuentran en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Uno de ellos está firmado por Juan Simón Gutiérrez. Sobre la autoría de los otros lienzos y también de las pinturas murales nos extenderemos al final del estudio de este coro.
     En principio, ha de señalarse que el coro alto tiene dos espléndidas tribunas donde se sitúan los órganos que se asoman a la iglesia. En sus bases aparecen pinturas murales con temas vinculados a la música sagrada. Así, en la del lado del evangelio aparece El rey David tocando el arpa en medio de una profusa trama de vegetación. En las enjutas laterales figuran ángeles con instrumentos musicales, como la trompeta y la tuba, mientras que otros sostienen partituras. La tribuna situada en el lado de la Epístola aparece presidida por una representación de Santa Cecilia ante el órgano, igualmente envuelta en roleos vegetales. En las enjutas se encuentran ángeles con violín y un violonchelo y otros que muestran libros de música.
     Como hemos señalado anteriormente, en los dos tramos de bóveda que cubren el coro bajo se recoge una profusa decoración pictórica realizada al temple. Cada uno de ellos presenta lunetos en sus laterales y en la zona central, un espacio romboidal decorado con molduras mixtilíneas pintadas en oro. El centro de estos rombos lo ocupa una gran piña de madera tallada y dorada en cuyos lóbulos se encuentran cuatro cabezas de querubines. De los cuatro laterales del citado rombo arrancan pinturas murales enmarcadas por las mismas molduras con representaciones del Antiguo Testamento.
     Cada uno de estos dos tramos de bóveda del coro bajo se encuentra reforzado por la presencia de arcos fajones en cuyo intradós se han colocado exuberantes decoraciones murales. En el primer arco fajón aparece un medallón central en el que se representa La Crucifixión, mientras otros dos medallones laterales muestran el Pelícano y una Nave. El Pelícano tiene la inscripción PROPTER NIMIAM CHARITATEM SUAM, que procede de la Epístola de San Pablo a los Efesios 2, 4 y que significa A causa de su excesiva caridad; este texto alude a la salvación por la gracia proporcionada por la misericordia de Cristo. Con respecto a la Nave hay que señalar que lleva la inscripción VIAM NAVIS IN MEDIO MARI procedente del Libro de los Proverbios, 30, 19 y que, traducida, dice: En medio del mar (veréis) el camino de la nave.
     El primer tramo de la bóveda del coro bajo muestra en sus lunetos cuatro representaciones alegóricas que se personifican en presencias femeninas de medio cuerpo acompañadas de algún tributo. La primera muestra a una figura alada que suele ser símbolo del Alma y que lleva la inscripción VOLABO ET REQUIESCAM que procede del Salmo 54, 7 (Volaré y descansaré). La segunda figura muestra a una Virgen con el Niño en sus brazos, representación del amor materno filial, con la inscripción DILECTUS MEUS ET EGO ILLI, extraída del Cantar de los cantares, 2, 16 (Mi amado es todo para mí, y yo toda para mi amado). La tercera alegoría sostiene un flagelo, que puede ser símbolo de la Penitencia, con la siguiente inscripción: PURGATIONEM PECCATORUM FACIENS procedente de la Epístola de San Pablo a los Hebreos 1, 3 (Después de habernos purificado de nuestros pecados). La cuarta alegoría sostiene una vela y el texto señala: TU ILLUMINAS LUCERNAM MEAM DOMINE procedente del Salmo 17, (Señor, tú iluminas mi antorcha).
     A los cuatro registros que se disponen flanqueando la piña central aparecen escenas del Antiguo Testamento como El arca sobre las aguas, El encuentro de Esaú y Jacob, Moisés mostrando las tablas de la Ley y Los israelitas a las puertas del templo.
     El episodio de El arca sobre las aguas procede del Génesis, 7, 21, y en él se describe cómo el Diluvio comienza a decaer, retrocediendo las aguas sobre las cuales aparecen ahogados los cuerpos de todos los hombres que habían pecado. Una paloma atraviesa el cielo, cuyas nubes comienzan a disiparse.
     El abrazo entre Esaú y Jacob muestra a ambos hermanos abrazándose y reconciliados, mientras que en torno aparecen sus ejércitos, sus rebaños y figuran sentadas Raquel y Lía con sus hijos.
    En el tercer episodio aparece un personaje dirigiéndose a los israelitas, que le escuchan con fervor a los pies del templo. Puede ser esta escena aquélla en la que el pueblo de Israel se quejó a Moisés, narrada en el Éxodo, 5, 20.
     El cuarto episodio representa a Moisés mostrando las tablas de la Ley al pueblo judío, según narra el Éxodo, 24, 13.
     En el segundo arco fajón sobre el se apoya la bóveda aparece, en el centro, un medallón con la escena de Cristo resucitado, figurando a los lados dos emblemas con las representaciones de una Serpiente y del Ave Fénix. La Serpiente tiene la inscripción: VIAM COLUBRI SUPER PETRAM (El rastro de la serpiente sobre la peña), tomada del Libro de los Proverbios. Al Ave Fénix le acompaña el rótulo ERIT SEPULCRUM EIUS GLORIOSUM (Y será glorioso su sepulcro) texto extraído de Isaías, 12, 10.
     El segundo tramo de la bóveda del coro bajo muestra en sus lunetos cuatro representaciones alegóricas que se personifican en figuras femeninas de medio cuerpo acompañadas de algún atributo. La primera alegoría muestra a una figura femenina contemplando una calavera y acompañada de un reloj de arena, con la inscripción: COR TUUM MEDITABITUR TIMOREM, procedente de Isaías, 33, 18 (Entonces, tu corazón hará memoria de sus temores pasados). La segunda figura muestra una lámpara encendida con la inscripción OCULI MEI SEMPER AD DOMINUM procedente del Salmo 24, 15 (Mis ojos siempre hacia el Señor). La tercera alegoría muestra una mujer joven con un rosario y la inscripción VOCE MEA AD DOMINUM CLAMVI extraída del Salmo 141, 2, (Mi voz llamó al Señor). La cuarta figura se muestra leyendo un libro con la inscripción ATTENDE LECTIONI, EXHORTATIONI ET DOCTRINAE, procedente de la Epístola de San Pablo a Timoteo, 4, 13 (Aplícate a la lectura, a la exhortación y a la enseñanza).
     En los laterales de la piña que centran la bóveda, figuran cuatro escenas del Antiguo Testamento, siendo la primera la que representa a José deteniendo el curso del Sol, procedente de el Libro de José, 10, 12 y La batalla de Josué contra los amalacitas, Éxodo 17, 10-13. Aparecen también dos episodios que suceden en una alcoba, siendo el primero el que muestra a José interpretando los sueños al faraón, Génesis, 40, 15; según el texto bíblico, este hecho aconteció por la mañana, lo que asevera el reloj de sol que aparece en el muro exterior y que marca las nueve. El otro episodio muestra a un personaje en su lecho, a quien un joven lee un texto a la luz de una lámpara. Este tema, por el momento, no ha podido ser identificado con total exactitud, pero podría ser el momento en que José, estando en Egipto, jura ante su padre, Jacob, en su lecho de muerte que le enterraría en Tierra Santa.
     En el tercer arco fajón que cierra este coro bajo se representa, en el centro, La Ascensión del Señor y en los laterales dos emblemas: uno que muestra a un Águila que lleva en el pico una de laurel y el otro, una Cigüeña que lleva en el pico una serpiente. El Águila lleva la siguiente inscripción: VIAM AQUILA IN CELO, procedente de los Proverbios, 30, 19 (El rastro del águila en el cielo). A la Cigüeña con la culebra le acompaña el siguiente texto: CAPTIVAM DUXIT CAPTIVITATEM, procedente de San Pablo a los Efesios, 4, 8 (Llevó a la cautiva a la cautividad).
     Sobre la autoría de estas pinturas murales que adornan las bóvedas del coro bajo del convento de San Pablo hay que señalar que no pueden ser determinadas con precisión por falta de apoyo documental y, en todo caso, el estudio especialmente de las figuras femeninas de simbología alegórica nos lleva directamente al estilo de Lucas Valdés. Mientras tanto, los episodios bíblicos pueden estar realizados por este artista con la ayuda de los miembros de su obrador.
     Las primeras referencias sobre las pinturas de este coro bajo proceden de Justino Matute quien, en 1793 señaló que cuatro lienzos de medio punto que figuraban en los laterales del coro bajo tenían asuntos religiosos relativos a la vida de Santo Domingo. Los situados en el lado del Evangelio los menciona como obra de don Alonso Miguel de Tovar y los de la Epístola como de Bernardo Lorente Germán.
     Posteriores autores han repetido lo anteriormente señalado por Matute, pero Hernández Díaz confundió la referencia de los lienzos de medio punto, otorgándosela a las pinturas murales de la bóveda y señalando que la mitad de este espacio, la correspondiente al lado del Evangelio, era de Alonso Miguel de Tovar, y la otra mitad, del costado de la Epístola, pertenecía a Bernardo Lorente Germán. Lugo, al mencionar los lienzos de medio punto procedentes de este coro, y que ahora se conservan en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, señala que son de Juan Simón Gutiérrez, ya que uno de ellos está firmado por este artista. No reparó Hernández Díaz en que los otros tres lienzos son, evidentemente, de manos distintas, como ya hemos señalado en otra ocasión (Enrique Valdivieso, Pintura mural del Siglo XVIII en Sevilla, en Pintura Mural Sevillana del Siglo XVIII, Fundación Sevillana Endesa, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San David, rey y profeta
   Sus atributos son la honda que usó para dejar sin sentido a Goliat, la espada que empleó para decapitarlo y el arpa que tañía para calmar los ataques de nervios de Saúl. Es patrón de los músicos.
   La iconografía de David, segundo rey de Israel, es excepcionalmente rica y resulta fácil comprender por qué.
   Hemos visto que todo en la Biblia está «referido» a Cristo. En la medida  en que los personajes del Antiguo Testamento anuncian al Mesías, interesan a los teólogos y en consecuencia a los artistas cristianos.
   Ahora bien, David, desde este punto de vista, es un privilegiado. No es sólo una de las prefiguraciones del Salvador, como Sansón, sino también su antepasado directo.
   De acuerdo con la genealogía consignada al principio del Evangelio de Mateo, es, en efecto, hijo de Jesé (Isaí), raíz viva del árbol genealógico cuya rama más alta lleva como florón a la Virgen y a Cristo.
Numerosos episodios de su historia se han puesto en paralelo con la vida de Jesús. Sus victorias contra el león y contra Goliat anuncian la victoria de Cristo contra Satán.
      «Así como David ha sido sacado de su condición de pastor para recibir el reino -escribe Hugo de San Víctor-, Cristo ha salido de su hogar judío para reinar sobre las naciones. Como David ha matado al filisteo Goliat, Cristo ha vencido a Satán.» Su regreso triunfal presagia la Entrada en Jerusalén; su lapidación por Simei, el Escarnio. Los tres guerreros que le llevan agua de la cisterna de Belén prefigurarán la Adoración de los Magos.
   Agreguemos que David, el rey arpista, es el presunto autor del Libro de los Salmos (Tehillim). Se le ha atribuido esta colección de cánticos de la Sinagoga porque tenía reputación de poeta músico. A ese título, su lugar está subrayado en las ilustraciones de todos los Salterios. Patrón de los músicos y de los cantores, se lo representa de buena gana sobre los postigos y paneles de órgano.
   Su vida, llena de incidentes novelescos que no siempre resultan edificantes, interesa tanto al arte narrativo como al figurativo, y por ello ha seguido inspirando al arte cristiano después de la Edad Media, cuando el punto de vista pictórico y hu­mano reemplazó al didáctico y apologético.
   Los artistas de la Edad Media y del Renacimiento concibieron a David con dos ca­racterísticas muy diferentes. 
     El primer tipo es el juvenil e imberbe: el joven pastor vencedor de Goliat. El segundo tipo es el del rey salmista, provecto y barbudo, que toca el arpa o la cítara. Además, David aparece también como profeta y como valeroso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Rey David", de Lucas Valdés, en la Tribuna del Coro (lado del Evangelio), de la iglesia de la Magdalena, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Iglesia de la Magdalena, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 20 de junio de 2024

Los principales monumentos (Capilla-Tribuna de la Cruz Blanca, Iglesia de San Pedro, Convento de la Trinidad, Ermita de la Vera Cruz, Convento de Madre de Dios de Monteagudo, y Palacio del Marqués de Villadarias) de la localidad de Antequera (VIII), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Capilla-Tribuna de la Cruz Blanca, Iglesia de San Pedro, Convento de la Trinidad, Ermita de la Vera Cruz, Convento de Madre de Dios de Monteagudo, y Palacio del Marqués de Villadarias) de la localidad de Antequera (VIII), en la provincia de Málaga.


Capilla Tribuna de la Cruz Blanca

     La sacralización de los ámbitos públicos de la ciudad, tiene en Antequera varios hitos tremendamente significativos, que la convierten en un escenario de exaltación cristiana como paradas teatrales de los recorridos procesionales y, durante todo el año, manifestación abierta y permanente de la permeabilidad del sentimiento religioso barroco. 
     Otra parada del Viernes Santo se efectuaba ante la capilla-tribuna de la Cruz Blanca, dedicada a la Virgen del Socorro, financiada por la propia ciudad y construida por Martín de Bogas en 1774. Más sencilla que la del Portichuelo o la de Santiago, que hemos incluido como pórtico de la iglesia, plantea una estructura trapezoidal y cuerpo doble con triple arcada en cada uno y sencilla decoración (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Se trata de una construcción abierta de tipo callejero, que se utilizaba como punto de parada de teatral en el desarrollo de la Procesión de la Virgen del Socorro en la tarde del Viernes Santo. Desarrolla un tríptico de dos plantas superpuestas con arcos carpaneles, en planta baja los arcos descansan sobre pilares de caliza roja "El Torcal de Antequera" y en alta sobre pilastras almohadilladas con estilizados estípites sobrepuestos. Se remata en pesadillas a tres aguas hacia delante.
     Esta construcción que es toda de ladrillo visto salvo los pilares del pórtico, se levantó hacia 1.774 por el alarife antequerano Martín de Bogas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Sobre 1774, el maestro alarife de la ciudad, Martín de Bogas, construye, con no pocos elementos manieristas, esta capilla de planta trapezoidal que fue dedicada a la Virgen del Socorro y se usó como vehículo permanente de difusión devocional.
     Consta de dos cuerpos con triple arcada en cada uno de ellos. La decoración es de la máxima sencillez limitándose en la planta baja, a finos baquetones que dibujan las enjutas del pórtico. En la planta superior encontramos arcos carpaneles de rosca de almohadilla al igual que las medias pilastras sobre las que descansan aquellos (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia parroquial de San Pedro
     La primitiva y pequeña parroquia, construida en 1522 en el arrabal norte de la ciudad, pronto resultó insuficiente, y en 1574 comenzaron las obras de un nuevo templo. Las ambiciosas pretensiones, patentes en las dimensiones casi catedralicias, toparon con graves problemas económicos, por lo que los trabajos se prolongaron hasta 1731. La autoría del proyecto es una incógnita, únicamente conocemos el nombre de Pedro Díaz de Palacios, maestro mayor de la Catedral de Málaga, y director de la fábrica de San Pedro entre 1627 y 1636. Su esquema. responde a la tipología de iglesias columnarias renacentistas antequeranas, de la que participan Santa María y San Juan. El grandioso salón, articula su espacio en tres naves separadas por columnas de fuste liso y pilares de planta cuadrangular en el tramo más cercano a la cabecera. El módulo gótico se hace patente no sólo en la altura de los soportes, sino también en las cubiertas de crucería de las tres naves, cuyas aplicaciones de yeserías, que ocupan los tramos de la cabecera y el inmediato del presbiterio, se realizaron a comienzos del siglo XVIII. La imagen interior es resultado, a su vez, de intervenciones de mediados del siglo XX, como la supresión del coro bajo. Al carácter macizo del exterior, con poderosos contrafuertes que perfilan su silueta, se suma la sobriedad de la fachada de los pies, en la que se practica el único acceso del templo, con un medio punto coronado por tres hornacinas aveneradas. La torre, elevada en su cuerpo de cam­panas en los inicios del XVIII, aligera su alzado con arcos de medio punto.
     La mayor parte del patrimonio mueble que contiene la iglesia responde al lenguaje barroco. Al mismo proyecto de redecoración, pertenece el retablo de yeserías policromadas que ocupa la totalidad del testero de la capilla mayor. La maquinaria, de dos cuerpos gigantes, ático y tres calles, sirve de marco al discurso temático de la venida del Espíritu Santo, desarrollado en trece lienzos con las representaciones de la Virgen y los Apóstoles; completan el programa sendas representaciones escultóricas de la Virgen de la Rosa y San Pedro Pontífice, en las hornacinas laterales, y una segunda imagen del apóstol, en el nicho superior, todas del primer tercio del XVIII.
     Adosado al retablo, en su parte central, se dispone el baldaquino, procedente de Santa María, de autoría anónima y en el que intervinieron el cantero Francis­co de Azurriola y el pintor Juan Vázquez de Vega, a quien se adjudica la realización de los ocho óleos sobre tabla que despliegan el esquema iconográfico del interior de su cúpula dorada y policromada: El Salvador, La Virgen, San Pedro, San Pablo y los cuatro Evangelistas. La imagen actual se completó con la ensambladura del testero, añadida en el siglo XVIII, y el manifestador procedente de San Zoilo, colocado en el siglo XX.
     Sobre el muro del cancel de entrada se sitúan dos interesantes óleos de grandes dimensiones, representaciones de temas alegóricos: La exaltación de la Fe y La exaltación de la orden franciscana, ambos anónimos del último cuarto del siglo XVII. En el primer tramo de la nave del Evangelio, destaca un interesante lienzo del siglo XVIII de La Virgen del Silencio, situado en un pequeño retablo rococó suspendido. Igualmente señalada es la capilla de Nuestra Señora del Consuelo, con embocadura arquitectónica de yeserías policromadas, posible traza del arquitecto José Martín de Aldehuela, cuyo proyecto de ampliación del templo para trasladar la colegial está documentado en 1791; el retablo, de columnas salomónicas, cobija la escultura dieciochesca de vestir de la Virgen del Consuelo. En el último retablo del muro del Evangelio, obra de acarreo procedente de la desaparecida iglesia de San Isidro, se sitúan dos imágenes de vestir de sabor popular de mediados del siglo XVIII: San Isidro y Santa María de la Cabeza. La capilla del testero de esta misma nave la ocupa un reta­blo con estípites, en el que encontramos sendas esculturas de San Antonio y San Francisco Javier en las hornacinas laterales, quedando la hornacina-camarín central reservada para la excelente imagen en madera policromada de la Inmaculada, de escuela napolitana rococó, vuelta a estofar en el siglo XIX.
     En el retablo del muro del testero de la nave de la Epístola, destaca un Niño Jesús Pasionario, de tamaño natural, atribuido a Antonio del Castillo; lo flanquean dos pequeñas imágenes de San Cayetano y San Felipe Neri, posibles obras de Miguel Márquez.  El resto de piezas de interés de este espacio son un Niño Jesús, de fines del siglo XVIII, situado en el ático del retablo neoclásico de la Magdalena, y un lienzo de Cristo difunto adorado por ángeles, de escuela sevillana del siglo XVII, en el mismo testero. Desde este ámbito se accede a la sacristía: en los medios puntos destacan las curiosas grisallas al temple con los cuatro Evangelistas y el Martirio de San Pedro, del siglo XVIII. En el siguiente tramo, la pequeña capilla se ocupa con el importante reta­blo de la Virgen de los Afligidos, cuya imagen titular es una Dolorosa arrodillada de vestir. Espacio arquitectónico señalado es la contigua capilla de las Ánimas, cuya bóveda y embocadura están decoradas con elegantes yeserías; es contenedor de varios retablos de distintos tamaños, entre los que destaca el del lateral derecho, dedicado a la Virgen de la Antigua, imagen del siglo XVI, y en el testero frontal, obra del maestro José Ignacio de Ortega de 1727, una simple enmarcación con una gran hornacina rectangular, cuajada de ingenuas figuras del Purgatorio, entre las que se alza el Cristo de la Misericordia, de la escuela de Mena. Antes de llegar a la capilla bautismal, bajo un dosel de damasco rojo, está la notable escultura del Cristo de las Penas, crucificado del siglo XVII, posible representación jansenista a juzgar por la disposición vertical de sus brazos. En la capilla bautismal, piezas reseñables son la pila, del siglo XVI, y El Bautismo de Cristo, óleo del siglo XVII.
     El templo es la sede canónica de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora del Consuelo, cuyas imágenes titulares se procesionan el Jueves Santo (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Este magno templo parroquial de San Pedro de Antequera hay que insertarlo dentro de lo que se ha dado en llamar grupo antequerano de iglesias columnarias renacentistas, al que también pertenecen los templos de Santa María la Mayor y San Juan Bautista. Sin embargo, el que ahora estudiamos presenta la variante de cubrirse con bóvedas de crucería gótica y no con armaduras de madera. Las naves de San Pedro presentan seis tramos -incluida la capilla mayor- y bastante menor altura en los dos primeros tramos de las naves laterales. Los apoyos internos de apeo de las bóvedas responden a un módulo más gótico que renacentista a pesar de su inequívoca traza renaciente.
     El exterior del templo resulta impresionante en sus dilatadas proporciones, pero de una enorme sencillez. En el buque general solo destacan los grandes contrafuertes laterales y el inmenso paño liso de los pies en ele que apenas destaca la embocadura de la puerta y un destrozado escudo del obispo de Málaga, Cardenal de la Cueva.
     La primitiva iglesia de San Pedro se construyó en el año 1522. Pronto este templo quedó pequeño comenzando de nuevo las obras en el año 1574 aunque, la escasez de medios y lo ambicioso de la obra, se prolongó durante bastante tiempo. 
     Nada sabemos de su proyectista inicial, aunque en los años 1627 y 1636 las obras fueron dirigidas por el arquitecto de la Catedral de Málaga, Pedro Díaz de Palacios (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Templo que se comienza a construir en 1574 y que debido a la escasez de medios y lo ambicioso de la obra, no se concluye hasta 1731.
     Pertenece al llamado grupo antequerano de iglesias columnarias renacentistas; sin embargo, presenta la variante de cubrirse con bóvedas de crucería gótica. 
   El salón del columnario resulta imponente en la magnitud de sus proporciones. Las naves presentan seis tramos con bastante menos altura en los dos primeros de las laterales. Los apoyos internos de las bóvedas son enormes pilares y altísimas columnas de fuste liso. Las bóvedas de crucería están decoradas con yeserías de estilo barroco que se deben a un proyecto de remodelación inconcluso.
     El retablo de la capilla mayor, a base de yeserías policromadas, se debe al siglo dieciocho y enmarca un total de trece lienzos sobre la venida del Espíritu Santo.
     El cimborrio procedente de Santa María la Mayor y de estilo manierista aparece sobrepuesto sobre el citado retablo. Posiblemente sea obra de Mohedano y está inspirado en el que hiciera Siloé para la catedral granadina.
     Entre las obras de arte repartidas en la iglesia, la mayoría barrocas, podemos destacar el lienzo de la Virgen del Silencio en la nave del Evangelio; la imagen de la Virgen del Consuelo y la capilla que la acoge; una magnífica Inmaculada de acento rococó situada en la hornacina-camarín del eje central; un Niño Jesús de fines del dieciocho o un lienzo de Cristo Difunto rodeado de ángeles de la escuela sevillana.
     Desde el punto de vista arquitectónico es muy interesante la capilla de las Ánimas decorada con elegantes yeserías, obra de José Ignacio de Ortega que data de 1727.
     En la nave de la Epístola, cobijada bajo dosel de damasco rojo, encontramos la escultura del Cristo de las Penas, Crucificado del siglo diecisiete de elaborada anatomía y brazos casi verticales.
      Finalmente resulta interesante la sacristía, de planta rectangular, cubierta con bóveda de medio cañón y dividida en tres tramos por arcos fajones (Diputación Provincial de Málaga).

Convento de la Trinidad
     La fundación conventual de los Trinitarios Calzados tuvo lugar en 1637, pero habría que esperar a 1672 para que empiecen las obras del templo, prolongadas hasta 1683, según trazas de fray Pedro del Espíritu Santo, miembro de la orden. Desarrolla un esquema de cruz latina, con coro alto a los pies y tres naves, cubierta la cen­tral con bóveda de medio cañón con fajones y lunetos y los tramos de las laterales con cúpulas de variadas formas. En el crucero se eleva bóveda de media naranja sobre pechinas. Interesante espacio es el de la sacristía, relacionado con el estilo de Madre de Dios, y traza de Cristóbal García, quien ideó una planta rectangular cubierta por una compleja bóveda con fajones trilobulados, y decoración de placas recortadas, cordones y bolas de fuerte protagonismo.
     Precedida de una citarilla o mentidero, la fachada sigue el modelo marcado por las iglesias madrileñas del siglo XVII, aunque introduce cambios. Dos pilastras lisas encajan el rectángulo que se corona con frontón triangular horadado con un óculo. El panel se organiza en una disposición manierista: el acceso adintelado, enmarcado por dos pares de pilastras y gruesa moldura, sostiene un potente entablamento con triglifos y metopas sobre cuya volada cornisa se eleva el segundo cuerpo, organizado en tres hornacinas, aveneradas las de los laterales, y rematadas con frontones curvos, estando el central partido para cobijar una cruz; bolas y pirámides se alzan sobre estos últimos para dar paso al último cuerpo ocupado por una sobria ventana rodeada de anchas molduras planas, flanqueada por escudos embutidos en profun­dos listones.
     El retablo mayor es obra del escultor anteque­rano Francisco Palma García, realizado en 1935 para sustituir al original del siglo XVIII destruido en un incendio, al igual que todas sus imá­genes. De mayor interés son las imágenes de talla del XVIII de los intercolumnios: San Juan de Mata y San Félix de Valois, patriarcas fundadores de la orden, traídas del convento de Córdoba.
     Entre los retablos de la nave del Evangelio des­taca el de los pies, realizado por Antonio Rivera, dedicado en origen a Santa Bárbara y actualmente a la Virgen de la Piedad, Dolorosa de vestir del siglo XVIII, muy restaurada. La siguiente ensambladura, que parece obra del mismo autor, cobija la imagen de Cristo atado a la columna o de la Piedad, del siglo XVII, flanqueado por sendas obras de Diego Márquez: San Ildefonso y San Bernardo.
     En la última capilla, se encuentra el grupo escultórico del Martirio del beato Marcos Criado, obra de Damián Pastor de 1899. Los retablos de la nave del Evan­gelio son piezas del último tercio del siglo XVIII y comienzos del XIX. Entre las esculturas que los ocupan debemos señalar: la imagen del beato Juan Bautista de la Concepción, obra de Miguel Márquez de 1818; San Miguel de los Santos, de Andrés de Carvajal, y un Niño Jesús Pasionario, atribuido a Miguel Márquez; San José, San Joaquín y Santa Ana, del estilo de Carvajal; San Cayetano, obra de 1819 de Márquez; y la Virgen de Gracia; escultura policromada del siglo XVII, copia de la del convento de Granada, y Niño Jesús, renovados en el siglo siguiente.
     La sacristía custodia algunas piezas de interés, entre las que resaltan los lienzos de Santa Inés y la alegoría de la Virgen Madre de la orden Trinitaria, curioso óleo granadino del siglo XVIII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La fachada se forma de un rectángulo enmarcado por dos pilastras lisas coronado de frontón triangular, articulándose el panel central en tres zonas horizontales y tres ejes o calles. A ambos lados del cuerpo principal de fachadas se extienden dos amplios aleones, que subrayan la importancia de aquel. La espadaña es de ladrillo y algo posterior.
     El interior, que resulta amplio y diáfano, tiene planta de cruz latina, cúpula en el crucero y capillas laterales comunicadas entre sí conformando naves; a los pies, en alto, se sitúa el coro que es de gran capacidad.
     El templo actual se levantó entre los años 1.672 y 1.683, siendo su tracista el fraile Fray Pedro del Espíritu Santo. El modelo de iglesia que se sigue es el típico madrileño del siglo XVII, que deriva de la Encarnación de Madrid (1.611), obra del arquitecto Juan Gómez de Mora, aunque en el templo antequerano se operan importantes cambios en el cuerpo bajo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
    Templo perteneciente a la orden de los Trinitarios Descalzos. Construido entre 1672 y 1683, fue su tracista el arquitecto de la propia orden Fray Pedro del Espíritu Santo. Responde al modelo de Iglesia típico madrileño del siglo diecisiete.
     La fachada está formada por un rectángulo enmarcado en dos pilastras y coronado por un frontón triangular.
     En el interior resulta amplio y diáfano, con planta de cruz latina, cúpula en el crucero y capillas laterales. El alzado resulta de una elegante sobriedad.
     En 1935, un incendio destruye el retablo mayor. El actual es obra diseñada por el escultor antequerano Francisco Palma García.
     Situándonos en las capillas laterales, que afortunadamente no resultaron afectadas, podemos destacar el retablo a los pies de la del Evangelio del siglo dieciocho o el Cristo atado a la columna, traído al convento en 1669.
     La amplia sacristía de esta iglesia, obra de Cristóbal García, es pieza arquitectónica fundamental del barroco antequerano. Tiene planta rectangular y bóveda de compleja estructura dividida en varios tramos mediante arcos fajones trilobulados. En ella, la decoración añadida adquiere una importancia particular por la inspiración oriental que en ella encuentran diversos críticos.
     En esta misma pieza se guardan obras interesantes como un lienzo de Santa Inés o un curioso cuadro de la Virgen Madre de la Orden Trinitaria de comienzos del dieciocho (Diputación Provincial de Málaga).

Ermita de la Vera Cruz

     Este templo, la Ermita de la Veracruz, que corona una de las partes más altas de la ciudad, desde donde se puede divisar toda ella y la Vega antequerana, se levantó en un estilo renacentista mezclado con elementos manieristas y pequeños detalles barrocos de yeserías en algunas capillas.
     La Ermita de la Veracruz se levantó por una devota a la Santa Vera Cruz y con el tiempo, se convirtió en el lugar en el cual las cofradías antequeranas, y muy especialmente la Hermandad de la Vera Cruz y Sangre de Cristo hacían su estación de penitencia. Éstas se sucederían hasta el siglo XIX. Desde este momento, la transformación y el escaso uso, así como su abandono, llevarían a los dueños a cederla al Ayuntamiento a finales de los años 70, deteriorándose poco a poco, encontrándose a finales de los años 80 casi destruida en su totalidad. En 1997, el templo se ha vuelto a levantar, basándose en la planta original y añadiéndosele nuevos cuerpos (Andalucia.org).

Convento Madre de Dios de Monteagudo
     Las monjas agustinas fundaron convento en 1520, trasladándose ocho años después al emplazamiento actual de calle Lucena. En 1745 la primitiva iglesia que labrara en 1547 Diego de Vergara fue destruida en un incendio, y entre 1747 y 1761 se procedió a la construcción de la nueva iglesia, obra del alarife Cristóbal García, quien daría cuerpo a una de las iglesias de monjas más bellas de España. El arquitecto trabaja con un modelo muy sencillo, el habitual para los templos de religiosas, con una única nave de gran desarrollo longitudinal que desemboca en la capilla mayor, tratada como un ámbito bien definido, más coro alto y bajo a los pies. A partir de aquí se consigue hacer de los elementos arquitectónicos los verdaderos protagonistas del conjunto espacial, definido por una virtuosa articulación de rectas y curvas, con lo que se imprime una elegante y dinámica secuencia rítmica que no se interrumpe con adiciones ornamentales. Este bello espacio se estructura en alzado con un orden de pilastras toscanas estilizadas sobre las que apoyan arcos trilobulados y entrepaños cóncavos, resultando cuatro tramos cubiertos con bóveda de medio cañón con fajones y lunetos. El programa decorativo, de ricas y rizadas yeserías, angelitos y escudos, se concentra en la airosa cúpula que corona la capilla mayor otra de las joyas arquitectónicas; sobre un anillo mixtilíneo se alzan tres cuerpos enmarcados, en los que gradualmente la plementería va perdiendo solidez para dejar protagonismo a la luz, haciendo de este ámbito la culminación del conjunto.
     Al exterior se impone en altura la impresio­nante fábrica de ladrillo a la que se suma la potencia vertical del elevado cimborrio, cuya estructura octogonal de paños amplios se ocupa con arcos ciegos, nichos, óculos cuadrifoliados y molduras mixtilíneas, y la bellísima torre, de base estrangulada, que se levanta a los pies del lado del Evangelio. En el segundo tramo de este mismo lado se labra la portada con mármoles jaspeados de variados colores. El acceso abierto con arco de medio punto se encaja entre pilas­tras corintias cajeadas que sostienen un potente entablamento en cuya clave se inserta el anagrama mariano inscrito en una movida moldura rodeada de jugosa vegetación; desde el centro del frontón se alza un dinámico peinetón formado por superposición de placas de contornos mixtilíneos en cuyo centro se coloca el emblema de la orden. Destaca junto a la portada una hornacina de pared con un lienzo del siglo XVIII dedicado a la Huida a Egipto.
     La comunidad agustina atesora un valioso pa­trimonio artístico que no podemos contemplar, ya que desde 2004 la iglesia y el convento permanecen cerrados por la salida de Antequera de la comunidad de religiosas. Entre las ensambladuras y piezas escultóricas destacamos: la magnífica Virgen de Monteagudo, en el camarín del re­tablo mayor, realizada por José Medina en 1746 y una notable Inmaculada atribuida a Miguel Márquez, en el retablo colateral del presbiterio. En el lado del Evangelio: el grupo escultórico de Santa Ana maestra de la Virgen, posible obra de Diego Márquez del último tercio del XVIII, obra de calidad del retablo del tramo de los pies, San Agustín, en el primer tramo, también magnífico, de José Medina, fechado en 1747, y la pequeña escultura de la Transverberación de Santa Teresa, del estilo de Miguel Márquez, en el segundo tramo. En el de la Epístola sobresalen un San José, atribuido a Andrés de Carvajal, en el retablo más cercano al presbiterio y, en el primer tramo, el retablo de la Virgen del Rosario del último tercio del XVIII, posible obra del escultor antequerano Miguel Rodríguez Guerrero, ocupado por la talla de la Virgen del Rosario, importante pieza del XVIII. El capítulo pictórico está formado por numerosos lienzos de los siglos XVII y XVIII, que se distribuyen por los muros altos de la nave. El convento y la iglesia, desde 2005, tienen incoado expediente BIC (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El convento de las agustinas de Antequera se dedicó a la devoción de Nuestra Señora de Monteagudo a principios del siglo XVII cuando recibió la donación de una imagen de dicha advocación, originaria de Scherpenheuvel o Montaigu en los Países Bajos, difundida por la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de esos territorios, como símbolo del triunfo del cristianismo sobre el protestantismo. 
     Destruido en el incendio de 1745 buena parte del convento levantado en el siglo XVI, se llevó a cabo entre 1747 y 1761 la reestructuración del inmueble actual siguiendo el proyecto del alarife Cristóbal García. 
     La zona conventual, caracterizada por una gran sobriedad, contiene un jardín y un patio trasero y organiza sus dependencias en torno a un claustro. Puede considerarse preexistente a las reformas dieciochescas, aunque ciertamente dentro del perímetro histórico que interesa cautelar se han producido nuevas construcciones sin valores patrimoniales. Al convento se entra traspasando una portada de ladrillo aplantillado con frontón roto, que alberga una vitrina de cristal en la que se dispone una pequeña imagen de Santa Rita. El espacio del compás constituye un ámbito de especial carácter, destacando el tratamiento de los paños murarios y el tramo cubierto que precede a la puerta de acceso a clausura, decorada con yeserías manieristas que enmarcan los lienzos de formato apaisado de Jesús Nazareno y la Virgen de Monteagudo con adorantes. 
     El claustro, centrado por una fuente barroca de caliza roja de El Torcal, presenta en sus cuatro frentes arquerías de rosca de ladrillo sobre columnas toscanas, también de caliza roja local. En la planta superior se desarrollan galerías abiertas con pilares ochavados de ladrillo aplantillado con arquitrabe de madera. Elemento singular es el acceso al coro alto de la iglesia, al que se llega por medio de una escalera, con peldaños de mamperlanes de madera y amplia huella, que parte de la galería superior. 
     La iglesia constituye un espléndido y rico ejemplar del Barroco andaluz, desarrollando en su interior un singular programa tanto estructural como decorativo de progenie rococó. Posee una sola nave con coro alto y bajo a los pies, cuatro tramos y presbiterio cuadrangular junto al que se abre la sacristía. Los tramos, con muros cóncavos hacia el interior, se demarcan por pilastras toscanas cajeadas muy estilizadas, sobre las que voltean fajones de perfil trilobulado. La capilla mayor está cubierta con cúpula gallonada sobre pechinas, en las que yeserías con motivos de rocalla y angelitos, enmarcan escudos con coronas. La cúpula- linterna se eleva en tres casquetes de tamaño decreciente con anillos mixtilíneos en los que se van intercalando claraboyas de di- versos formatos con nervaduras, angelitos, macollas de hojarasca, placas recortadas, etc. 
     En el centro del testero del presbiterio se dispone el camarín de la imagen titular, la Virgen de Monteagudo. Es de pequeñas dimensiones y planta hexagonal y apreciable desde el exterior al quedar colgante sobre la calle. Sobre la puerta de comunicación con la sacristía hay una pequeña tribuna sobre placa decorada con un mascarón de estética rococó. El arco triunfal, trilobulado al igual que los fajones, ostenta en la clave un gran escudo rodeado de yeserías vegetales. 
     Adosado al pilar del arco triunfal está el púlpito, de hierro forjado con tornavoz de madera dorada y policromada, datable en el último tercio del siglo XVIII. 
     En el lado del Evangelio, junto al coro, hay una pequeña capilla-comulgatorio, de planta cuadrada y cubierta de cúpula sobre pechinas con decoración de yeserías. A su lado, se con- forma un retablo a base de urnas de distintos tamaños en las que se albergan las esculturas de Santa Ana y la Virgen, San Nicolás de Tolentino, San Antonio y la Virgen del Pilar. En el segundo tramo de este lado de la iglesia abre la puerta que comunica con la calle que se protege por cancel. 
     Siguiendo hacia el presbiterio se hallan el retablo de San Agustín, el de la Virgen de Valvanera y el de la Inmaculada. En el lado de la Epístola, contiguo al coro, destaca el retablo de la Virgen del Rosario. Le siguen, en dirección al presbiterio, los retablos dedicados a Santa Rita de Casia, al Cristo de las Limpias y la Dolorosa y a San José. Al exterior sorprende la altura de los muros de ladrillo sobre los que aún emergen los volúmenes de la cubrición de la cúpula de la capilla mayor, de forma octogonal y coronamiento con chapitel a ocho vertientes de tejas curvas, y la torre que, situada a los pies de la nave del Evangelio, constituye un muy interesante ejemplar de torre barroca andaluza. De planta cuadrada, tiene cuatro cuerpos de los cuales los dos bajos, que alcanzan la altura del buque de la iglesia, sirven de basamento a los superiores en donde se alojan las campanas. Sobre una base estrangulada se elevan estos últimos cuerpos, produciendo el efecto óptico de que fuesen de mayor anchura en un desafío a las leyes de la gravedad. Se remata con un agudo chapitel de gran pendiente. 
     La portada, sobre el muro de ladrillo, destaca por la riqueza de sus mármoles polícromos. Fechada en 1751, se compone de arco de medio punto, entre dos pilastras cajeadas corintias con altos pedestales, con puntas de diamante en las enjutas y, sobre el entablamento, una gran cartela con el anagrama de la Orden envuelto en hojarasca. En el cuerpo superior, un frontón partido y enrollado flanquea el ático compuesto por una gran placa recortada que encierra un escudo agustiniano. A la izquierda de la portada se abre una hornacina de pared de carácter votivo en la que se guarda un lienzo del siglo XVIII con el tema de la Huida a Egipto.
     El Convento de las Agustinas de Antequera se dedicó a la devoción de Nuestra Señora de Monteagudo a principios del siglo XVII cuando recibió la donación de una imagen de dicha advocación, originaria de Scherpenheuvel o Montaigu en los Países Bajos, difundida por la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de esos territorios, como símbolo del triunfo cristiano sobre la herejía protestante. 
     Destruido en el incendio de 1745 buena parte del convento levantado en el siglo XVI, se llevó a cabo entre 1747 y 1761 la reestructuración del inmueble actual siguiendo el proyecto del alarife Cristóbal García (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Obra singularísima del barroco andaluz considerada como una de las iglesias de monjas más bellas de España. Levantada entre los años 1747 y 1761 según proyecto del alarife Cristóbal García. Actualmente ya no quedan monjas y el convento se encuentra cerrado permanentemente.
     El buque exterior de este edificio sorprende por la enorme altura de sus muros de ladrillo destacando como volumen autónomo muy definido la torre-cúpula de la capilla mayor y la bellísima torre-campanario ubicada en el otro extremo de la fachada principal. La portada está realizada a base de jaspes de distintos colores.
     El interior de la iglesia que parte de un modelo muy sencillo consigue a base de juegos de curvas, superficies cóncavas y simpleza ornamental uno de los conjuntos espaciales más originales de toda la arquitectura española, logrando a base de entrepaños cóncavos y bóvedas dispuestas en complicados casquetes gran sensación de movimiento. Resulta también interesante la disposición de los coros alto y bajo dentro de un indefinido tono oriental.
     La cúpula de la capilla mayor es la pieza más lograda de esta iglesia llena de logros. Sobre cuatro pechinas, ricamente decoradas con escudos, angelitos y motivos rococós se asienta en un anillo mixtilíneo que da paso a una triple cúpula de estructura francamente compleja.
     En el retablo mayor, de estilo neogótico y único elemento no muy acertado, encontramos la imagen de la Virgen de Monteagudo, escultura llena de gracia y movimiento de acento rococó y obra del escultor José de Medina del año 1748. Otra escultura interesante es una Inmaculada situada frente a la sacristía atribuida a Diego Márquez.
     En la nave del Evangelio llama la atención una especie de retablo formado por varias urnas acristaladas en las que se guardan esculturas de interés como la de Santa Ana. En esta misma nave son también destacables la imagen del retablo de San Agustín o la de la Virgen de Valvanera atribuida a Miguel Márquez y que se encuentra en un retablo rococó de compleja estructuración.
     En la nave de la Epístola veremos la escultura de San José atribuida a Andrés de Carvajal; una Dolorosa de vestir del siglo dieciocho o la bellísima imagen de la Virgen del Rosario cuyo retablo es el mejor de los que existen en esta iglesia (Diputación Provincial de Málaga).

Palacio del Marqués de Villadarias

     El palacio del Marqués de Villadarias, en calle Lucena, incoado BIC, estaba iniciado en 1711, colocándose la portada en 1716; se trata del edificio con mayor empaque de Antequera, materializado en sus dimensiones, con tres plantas y seis ejes verticales, la monumental portada de tres cuerpos en caliza roja del Torcal y la magnificencia acorde de su interior. Se escogió como residencia real durante la estancia de Felipe V, en 1730 (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El edificio destaca por su monumental fachada que responde a unas proporciones inusuales en Antequera, la cual presenta una estructura formal exterior de tres plantas separadas por dobles líneas de imposta, con seis cuerpos laterales verticales asimétricos organizados por los vanos y en la que sobresale, ubicada en un eje no central, la portada principal. Presenta como innovación arquitectónica el hecho de tratar la última planta con las mismas características que la planta baja o la principal, no dándole tratamiento de ático como es lo tradicional. En los vanos abiertos a fachada alternan los de la planta baja, con rejería y sin jambas ni dinteles, de carácter popular y con cierros de maderas tradicionales, con los de las plantas altas, enmarcados por sobrias pilastras cajeadas con capitel y decoración de rocalla vegetal con cabezas antropomorfas en su centro. Los paramentos están realizados con piedra caliza del Torcal y del Cerro de la Cruz.
     En la fachada el elemento que más destaca es la portada, la cual se ha resuelto mediante un concepto muy barroco en su composición aunque es sobria y clasicista en sus elementos tectónicos. El primer cuerpo, que invade plenamente la calzada, dispone cuatro columnas toscanas con capiteles muy estilizados ubicadas sobre plintos en planos verticales distintos y fondeadas por pilastras cajeadas, sobre él se abre el amplio balcón del piso noble cuyo vano está guarnecido por pilastras cajeadas y por un sencillo entablamento sin apenas resalte que contrasta enormemente con el cuerpo inferior, se remata con un frontón curvo guarnecido de roleos y pirámides. El resto de la fachada, salvo la cornisa que recibe el tejado, fue remodelada en el siglo XIX. La decoración con escudos heráldicos convierten a esta significativa fachada en una arquitectura parlante, que pone en primer orden la importancia que en aquella época tenía la exposición pública de los blasones como distintivos de una alcurnia que se manifestaba de forma conclusiva a través de la exhibición de sus signos de poder y subraya la intencionalidad del propietario de demostrar la fidelidad del marquesado de Villadarias a la dinastía borbónica, además de resaltar su propio prestigio nobiliario. 
     El interior del edificio es de una magnificencia acorde con su monumental portada. A través del zaguán, que conserva los escalones laterales para el paso de los carruajes, se accede al cuerpo principal de la casa mediante un bello cancel de hierro, sin parangón en Antequera, realizado a finales del XVIII o principios del siglo XIX, tras el que se encuentra el patio.
     El patio, de planta cuadrada y con proporciones mayores a lo habitual, se desarrolla en la planta baja mediante arcos de ladrillo que apoyan sobre doce columnas toscanas de piedra del Torcal, tres a cada lado, siguiendo la composición habitual de la arquitectura palaciega antequerana. Las galerías de las plantas altas se abren al patio mediante balcones enmarcados con arcos rebajados con pretiles de cerrajería, composición debida a la intervención efectuada en el siglo XIX. 
     La escalera principal, ubicada en el lateral izquierdo, es de planta rectangular y está organizada en cuatro tramos, aunque el segundo y el cuarto se encuentran poco desarrollados; la recorre en toda su longitud una baranda de hierro forjado decorada en sus cuatro ángulos con bolas de mármol rojo y se cubre mediante cúpula elíptica sobre pechinas decorada con yeserías, de estilo más acorde al granadino que al antequerano, que la divide en ocho plementos con sus nervios resaltados y decorados con guirnaldas vegetales. En el muro del segundo tramo se encuentra un bello marco de yeserías con ornamentación barroca tardía en el que está inserto un lienzo de la Virgen de Guadalupe, obra del pintor mejicano Juan Correa.
     Es curioso el motivo que justifica la presencia de los cilindros de piedra y las cadenas que flanquean la puerta principal. 
     Estos elementos son el signo indicativo de que el Rey residió en este edificio.
     El Palacio de los Marqueses de Villadarias, popularmente conocido como "Casa de las Columnas", es uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura civil y doméstica de Antequera del siglo XVIII. El palacio es un testimonio excepcional de la evolución tipológica, arquitectónica y ornamental de las casas palacios barrocas que se ha consagrado en varios ejemplos actualmente presentes en la ciudad.
     La construcción del palacio se remonta a la primera década del siglo XVIII debido a la voluntad de Francisco del Castillo y Fajardo, segundo Marqués de Villadarias, quien entre otros títulos ostentó el de Capitán General de los Ejércitos de su Majestad en Andalucía y Valencia. 
     El edificio, de estilo barroco aunque con elementos neoclásicos relacionados con los proyectos arquitectónicos de corte borbónico que en la época se realizaban en Madrid, presenta un estilo innovador en la trayectoria de la arquitectura civil antequerana. Destaca por la concepción de su fachada con una portada principal de dimensiones inusuales que avanza sobre la calzada flanqueada por grandes columnas realizadas con los materiales locales característicos de El Torcal y del Cerro de la Cruz, y por la disposición central del balcón, un elemento exponencial de su jerarquía social, oligárquica y dominante, con la inclusión de los escudos heráldicos, una forma de traducir el binomio arquitectura y representatividad del poder que se exterioriza en la calle, signo urbano que mejor define a la sociedad del siglo XVIII. 
     En el palacio también es de resaltar la riqueza de sus espacios, como el bellísimo patio principal, de planta cuadrangular y con columnas toscanas de piedra en la planta baja, la escalera, cubierta con cúpula sobre pechinas y decorada con yeserías de influencia granadina, o la rejería, de gran calidad artística y técnica, realizada entre los siglos XVIII y XIX.
     A nivel urbanístico, por su ubicación, el palacio es un ejemplo más de la decisiva voluntad de la nobleza antequerana de asentarse en la zona llana de la ciudad. Su accesibilidad y proximidad a alguno de los monasterios más representativos, como el de Madre de Dios, muestran la estrecha relación existente entre la sacralización del espacio público y la impronta nobiliaria (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     De estilo barroco, es el mejor en su género de los que se levantaron en Antequera. Palacio mandado construir por don Francisco del Castillo y Fajardo, segundo Marqués de Villadarias, que entre otros títulos tuvo el de Capitán General de los Ejércitos de su Majestad en Andalucía y Valencia.
     Levantado a principios del siglo dieciocho, su fachada se organiza en seis ejes fenestrados y tres plantas, siendo el elemento que más destaca en ella la monumental portada barroca de tres cuerpos en caliza roja del Torcal. En el primero de ellos, dispone de cuatro columnas toscanas con capiteles ovados, en el segundo de un amplísimo balcón y el tercero se remata con frontón curvo guarnecido de roleos y pirámides. El resto de la fachada fue remodelado en el siglo diecinueve.
     Curioso motivo justifica la presencia de cilindros de piedra y cadenas que flanquean la puerta principal. En 1730, Felipe Quinto y toda su corte se hospeda durante cinco días en este palacio. Transcurridos veinte años, el tercer marqués de Villadarias solicita permiso para colocar los cilindros y cadenas "para que de este honor haya memoria en la posteridad".
     Al acceder al interior del palacio nos encontramos con un zaguán en el que aún permanecen los escalones laterales para bajar de los carruajes y que está separado del cuerpo de casa por un bellísimo cancel de hierro, obra del siglo diecinueve. El patio de la casa tiene planta cuadrada y desarrolla arcos de ladrillo sobre doce columnas toscanas de caliza del Torcal.
     La caja de la escalera tiene plana rectangular, se cubre con bóveda elíptica sobre pechinas que se decora con yeserías al estilo del siglo diecisiete. En la pared del segundo tramo, se admira un marco de yeserías en el que se inserta un lienzo de la Virgen de Guadalupe de Méjico, obra de Juan Correa (Diputación Provincial de Málaga).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Capilla-Tribuna de la Cruz Blanca, Iglesia de San Pedro, Convento de la Trinidad, Ermita de la Vera Cruz, Convento de Madre de Dios de Monteagudo, y Palacio del Marqués de Villadarias) de la localidad de Antequera (VIII), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 8 de junio de 2024

Los principales monumentos (Mirador Niña de Antequera, Puerta de Málaga, Henchidero antigua fábrica de mantas, Iglesia de San Juan Bautista, Capilla-Tribuna Virgen del Socorro "El Portichuelo", e Iglesia de Santa María de Jesús) de la localidad de Antequera (III), en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Mirador Niña de Antequera, Puerta de Málaga, Henchidero antigua fábrica de mantas, Iglesia de San Juan Bautista, Capilla-Tribuna Virgen del Socorro "El Portichuelo", e Iglesia de Santa María de Jesús) de la localidad de Antequera (III), en la provincia de Málaga.


Mirador Niña de Antequera

     El Mirador Niña de Antequera, construido a principios del presente siglo, se sitúa en las inmediaciones de la Puerta de Málaga y muy próximo también a la Iglesia de San Juan, donde se encuentra la imagen del Señor de la Salud y de las Aguas, una de las más veneradas de Antequera, por tratarse también del Patrón de la ciudad.
     Desde este amplio mirador, construido a dos niveles, el visitante podrá divisar el río de la Villa, que abastece de agua a nuestra localidad, así como una perspectiva de la Iglesia del Carmen -Monumento Nacional-, de la Peña de los Enamorados, y de la mencionada Puerta de Málaga (Diputación Provincial de Málaga).

Puerta de Málaga
     La Puerta de Málaga (BIC), construida en origen en el siglo XIY, como parte del segundo anillo de murallas de la medina musulma­na, que se convierte en ermita-capilla cristiana posiblemente desde el siglo XVI, dedicando su retablo-altar interior a la Virgen de Espera. Asi­mismo, formando parte de este cerco amurallado, se levantó la torre albarrana de la Estrella, junto a la cual se abrió un postigo, después de la conquista, para poder ingresar al recinto. Junto al pasadizo cubierto se ha creado en época contemporánea una recoleta plazuela de particular encanto (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La Puerta de Málaga, construida en el siglo XIV, es la única que aún se conserva de la muralla de Antakira. Su construcción es de época nazarí, siglo XIII, cuando ya la frontera guerrera se iba acercando a Andalucía. Convertida después de la Reconquista en Ermita, fue modificada en su ordenación interior, aunque todavía se advierten algunos elementos de su disposición originaria.
     Situada a un lado del castillo se abre en un torreón formando pasadizo en ángulo. El ancho total de la fachada es de 9,94 metros. 
     Su planta es la típica de pasadizo en recodo, con entrada centrada de arco de herradura con alfiz retranqueado y salida trasera descentrada, a un lado de la muralla. Sobre la puerta se abre una ventana con objeto de lanzar proyectiles al enemigo. Su estancia superior no se comunicaba con la inferior, sino con el pasillo de ronda de las murallas adyacentes, que formaban ángulo en esta puerta. Desde ahí se accede también a la cubierta, en la que faltan las almenas. De las murallas que llegaban a la puerta no queda más que un resto de relleno en un lado. Este último se encuentra totalmente oculto de tierra apelmazada, que llega hasta cubrir la clave del arco de salida de la puerta.
       Sobre ella se llevó a cabo una restauración en los años veinte de nuestro siglo por Torres Balbás. Posteriormente, se ha actuado sobre su entorno para hacer un vial que pasa junto a ella y realizar las escaleras de acceso (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Declarada Monumento Nacional, constituye la expresión más característica del arte musulmán en la ciudad. Data del siglo dieciocho y se le conoce también por Ermita de la Virgen de Espera.
     Perteneciente al conjunto amurallado de la Medina islámica, la Puerta de Málaga es del tipo de pasadizo en recodo. Recuerda, a pesar de sus menores dimensiones, la de la Justicia de la Alhambra Granadina. En su frente principal (de 9,94 metros de anchura) tiene un arco de herradura de ladrillo con alfiz rehundido, creando el típico nicho de compartimentación espacial, tan característico de la arquitectura nazarí. Entre el referido arco y el paño en el que se abre la puerta propiamente dicha, queda un espacio abierto al cielo por el que se arrojaban proyectiles en los momentos de asedio.
     La organización interior de la torre, que fue muy trastocada cuando se convirtió en ermita, ha sido recuperada tras la restauración efectuada en 1986; además, se ha descubierto y consolidado el arco de la cara posterior, que durante años estuvo prácticamente enterrado. Sin embargo, y por respeto a la larga tradición mariana del monumento, se ha mantenido el retablito y lienzo de la Virgen de Espera, curiosa pintura de corte manierista en la que teniendo como fondo las murallas de la ciudad se quiere representar libremente a la imagen gótica de la Virgen de la Esperanza de la Colegiata de San Sebastián (Diputación Provincial de Málaga).

Complejo Henchidero - antigua Fábrica de Mantas

     El conjunto industrial Manufacturas Rojas Castilla se encuentra situado en la ribera de río de la Villa, en el núcleo urbano de Antequera, al sur de la Real Colegiata de Santa María la Mayor, en la calle del Río Rosal, conformando, junto a las instalaciones fabriles de León Checa Palma y Daniel Cuadra, el conjunto fabril plaza del Henchidero.
     Esta fábrica constituye, junto a otras 13 fábricas de hilados, el conjunto patrimonial más importante de la industrialización antequerana. Este conjunto lo componen las siguientes fábricas: Juanona- Cañada, Hilados Ramos Granados, Fábrica de Mantas, Hermanos Moreno, La Cruz, La Chafarina, La Maquinita, Manufactura Rojas Castilla, León Checa Palma, Daniel Cuadra, Argüelles, Laz, Hilados y tejidos de lana del antiguo molino de papel y la fábrica de hilados y tejidos de lana de la calle Higueruelos. 
     El núcleo fabril Manufacturas Rojas, dedicado al proceso completo de la fabricación de mantas: preparado, hilado, tisaje, tinte y acabado de la lana, estaba formado por cuatro grupos de edificaciones: el cuerpo principal de la fábrica; las dependencias anejas a éste, la vivienda del portero y almacenes; dos salones de telares y el edificio del batán. 
     En la actualidad, el cuerpo principal de la fábrica y las dependencias anejas a éste, la vivienda del portero y almacenes, han sido restituidos siguiendo el esquema compositivo de los edificios originales, no se conservan las naves de los telares y permanecen los restos del batán. La rueda hidráulica colocada corresponde a la rueda de la fábrica de hilados y tejidos de lana del antiguo molino de papel. 
     El conjunto industrial para la fabricación de mantas Laz, dedicado al preparado, hilado, tisaje, tinte y acabado del tejido, está formada por los siguientes elementos: el edificio principal de la fábrica, la nave de telares, las ramblas, una vivienda, la chimenea. Este conjunto está rodeado por una tapia que deja fuera las naves de la fábrica de la Tabarrera. 
     El conjunto tiene forma de U formada por la disposición este-oeste de la fábrica de hilado, el edificio de las ramblas al este y las naves de telares al oeste. 
     El conjunto está construido con fábrica de mampuesto encaladas y las cubiertas a dos aguas con fibrocemento o teja. 
     Todo el conjunto ha sido fuertemente transformado modificándose alturas y perdiendo en el caso del edificio principal y del edificio de ramblas, la tradicional glorieta en cubierta.
     La fábrica de hilados La Chafarina, dedicada al acabado de la lana, se encuentra actualmente en ruinas y se conserva tan sólo, los restos del muro de la fachada principal de la fábrica 1. 
     Se desconoce la altura del salto y su podenca. Sólo se conserva uno de los anclajes y algunos pilares de sostén de las atarjeas que conducían el agua, la rueda no se conserva.
     La tradición textil en Antequera está documentada desde finales del siglo XV. La lana, la seda y el lino fueron a lo largo de los siglos XVI y XVII las actividades fundamentales de la industrial textil antequerana. Sin embargo, será en el siglo XVIII cuando la industria lanera antequerana se vea favorecida por medida de protección al sector que culminará con la concesión como Real Fábrica de Lanas, Paños y Bayetas en 1765. 
     Hasta finales del siglo XVII, la fábrica era un lugar de reunión para los fabricantes y las diferentes fases productivas estaban dispersas: los lavaderos, batanes y tintas se encontraban en la ribera del Río de la Villa, las perchas en la plaza Alta y los talleres artesanos en los barrios de San Juan y Santa María. 
En 1755 había en Antequera 87 fabricantes textiles que disponían de 147 telares. 
     El final del Antiguo Régimen da paso a una experiencia original de la burguesía antequerana: la transformación de las manufacturas de lana que ya funcionaban de modo preindustrial desde 1750, en una industria textil lanera desde 1830 hasta fin de siglo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Desde el nacimiento del río de la Villa, al pie del Paraje Natural El Torcal de Antequera, podemos realizar un recorrido paralelo al río hasta la Venta El Conejo por la A 7075. En la bifurcación de caminos, cogemos a la derecha un pequeño carril que nos lleva a través de C/ Henchidero hasta la ciudad. Los edificios, acequias, puentes y acueductos, en su mayor parte abandonados, nos hablan del pasado textil antequerano. Al final de esta calle se encuentra el conjunto industrial “El Henchidero”, al sureste del casco urbano de la ciudad. El río continúa su curso dejando a sus orillas otras instalaciones textiles como las de Argüelles, Laz o Crespite.
     Las décadas centrales del siglo XIX, coinciden con la época dorada de la industrialización en Antequera. Es ahora cuando se empiezan a instalar los modernos sistemas de mecanización del sector textil, en sustitución de los métodos artesanales tradicionales. El proceso iniciado en 1833 por los hermanos Moreno con una fábrica de lana y otra de algodón, lo continúa Vicente Robledo en 1837 con otra fábrica textil y Pérez y Perea con la  moderna fábrica de mantas de Rojas Castilla. Durante varias décadas no cesa la bonanza industrial que mostrará síntomas de agotamiento en los años finales del siglo. Desde 1900 se recuperan mercados exteriores y el sector incorpora nuevas mejoras: telares Jacquard, selfactinas, máquinas de acabado y se sustituye la producción de bayetas por la de mantas llegando a colocar en el mercado más de 100.000 unidades anuales. La fuerte competencia exterior llevó al sector a una profunda crisis que no superó. La Cruz en 1973, fue la última fábrica textil que cesó su actividad.
     El río de La Villa abastece de agua a la ciudad de Antequera, motivo por el que su cauce apenas recibe caudal alguno. Quedan como testigos del pasado fabril: acequias, acueductos, puentes y chimeneas, dispersas por los 6 kilómetros que nos separan desde su nacimiento hasta la ciudad de El Torcal. Algunos edificios han sido reacondicionados por su propietario o se encuentran en un estado de ruina y abandono. La maquinaria ha desaparecido por completo.
     Durante el recorrido, en “El Henchidero”, nos encontramos tres edificios ejemplares: La fábrica de Tejidos de Rojas Castilla (1837-1965) donde actualmente se encuentra la Exposición sobre la historia del sector textil antequerano, en su fachada este se ha reproducido una rueda hidráulica, semejante a la que ocupó el mismo lugar en el pasado; la fábrica El Henchidero (1837-1973) donde se ha instalado la “Escuela de Hostelería” y distintos talleres de artesanía. En el solar de la fábrica de hilados de León Checa Palma (1840-1965) se han levantado patios interiores y suelos de la fábrica, cerrando el conjunto mediante jardines a distintas alturas.
     A lo largo del curso del Río de la Villa se han instalado, desde hace siglos, molinos harineros, aceiteros, batanes y tintes, pequeñas fraguas, etc. siendo el sector textil el de mayor desarrollo al menos desde el siglo XV. La calidad de sus paños y bayetas era tal que, en 1765, Carlos III le concede al sector lanero antequerano el calificativo de Real Fábrica. A mediados del siglo XIX la propia burguesía agraria local como los Moreno, Robledo, Perea, o bien comerciantes como Auroux, Bordenave, y otros, modernizan y convierten a Antequera en un centro textil lanero de referencia.  En el siglo XX el aislamiento de la ciudad, la defectuosa comercialización y la fuerte competencia de otros mercados nacionales, hacen entrar en crisis al sector. La creación de un grupo empresarial textil local no pudo superar las dificultades de esta industria y a mediados de los años setenta del pasado siglo, la actividad textil de Antequera cesó (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia parroquial de San Juan Bautista

     Al igual que en San Pedro, la construcción de la iglesia de San Juan, situada en el barrio del mismo nombre, vino a sustituir una edificación anterior más pequeña. La autoría de la obra, concluida en su fábrica en 1584, es una incógnita, pero la crítica la relaciona con el arquitecto que trazara el Templete de Papabellotas. Siguiendo el mo­delo de la Colegiata de Santa María, aunque a menor escala, la iglesia estructura su imponente planta basílical columnaria con tres naves separadas por columnas toscanas, sobre las que apoyan arcos de medio punto. El arco triunfal marca el comienzo de la capilla mayor, con un desarrollo espacial poco profundo. A los pies se eleva el coro, sobre estructura arquitrabada apoyada en ménsulas, con balaustrada de madera manierista. A finales del siglo XVIII, se reconstruyó, en la nave de la Epístola, la capilla de las Ánimas del Purgatorio, conocida también como la del Cristo de la Salud, cubierta con bóveda semiesférica; su imagen actual se debe a la reforma sufrida en el siglo XX. La armadura es de madera en la nave central, de estilo manierista-mudéjar, fechada en 1595, con forma ochavada sin decoración, y las laterales son simples de colgadizo.
     Tres portadas configuran los accesos al templo, estando cegada la de los pies. El buque exterior, imponente en su volumen, queda empequeñecido por la disposición inclinada del terreno, que deja semienterradas tanto la entrada de los pies como la del lado de la Epístola. La practicada en el muro del Evangelio se abre con arco de medio punto, sobre el que se eleva una hornacina que cobija una escultura del santo titular. La torre se levanta a los pies del lado de la Epístola.
     El testero de la capilla mayor queda ocupado por un estimable retablo tardo-manierista, trazado por el maestro Toribio Sánchez Calvo en 1649. La sencillez y elegancia de su estructura se evidencia en un diseño de doble cuerpo, ático y tres calles separadas por pilastras acanaladas de orden dórico y jónico. El esquema enmarca otras tantas composiciones que no conforman una unidad iconográfica: en el centro, escultura del titular, San Juan Bautista, policromada por Pedro Pérez en el siglo XVI, y en los laterales, la Crucifixión y el Descendimiento, copias de Rubens; completan el retablo lienzos del Bautismo de Jesús y la Sagrada Familia, posibles obras de Mohedano, el Nacimiento del Precursor, obra sevillana del XVII, y el óleo del Crucificado con la Magdalena a los pies, de escuela antequerana del primer tercio del XVII; los dos lienzos de los lados, San Juan Bautista predicando en el Desierto y Muerte de San Juan de Dios, no pertenecen a la misma época del retablo. En los muros laterales del presbiterio cuelgan cuatro lienzos que forman parte de un Apostolado, continuado en el sotocoro y en los testeros de ambas naves, realizado en el siglo XIX, según modelo del XVII.
     El patrimonio mueble más destacado de las naves laterales comienza con dos importantes obras de Antonio Mohedano, en los tramos de los pies de ambos lados de la iglesia: la Adoración de los pastores y la Inmaculada rodeada de santos, son las dos composiciones de mayor tamaño de Antequera. Una importante talla de la Virgen de la Cabeza, del siglo XVI, reformada en el XVIII y redorada en el siguiente, da nombre al retablo situado junto al lienzo de Mohedano, en el lado del Evangelio; la imagen procede de la ermita del mismo nombre del cerro de la Rábida, al igual que el resto de esculturas del retablo: San Roque, del XVI, y Santa Ana con la Virgen, del XVII y XVIII.
     En la nave de la Epístola, se encuentra la capilla más importante del templo, dedicada a las Ánimas o al Cristo de la Salud. Sede de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas, su imagen titular, popularmente «el Señor», una de las de mayor fervor en Ante­quera, protagonista de actos devocionales que se celebran en mayo, es un crucificado de escuela sevillana de comienzos del siglo XVII; bajo el camarín que cobija esta imagen, se encuentran dos destacados bustos en terracota policromada: un Ecce Homo y una Dolorosa, de taller hispalense del último tercio del siglo XVI. En los muros laterales sendos retablos dieciochescos de la Virgen del Rosario y de San José con el Niño, singular composición escultórica atribuida a Diego Márquez. Completan el contenido patrimonial de la nave de la Epístola otros lienzos de los siglos XVII y XVIII (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     El modelo que sigue en su interior -concluida en 1.584- es el inaugurado por la Real Colegiata de Santa María la Mayor de Antequera, aunque notoriamente simplificado. Presenta tres naves separadas por columnas toscanas, de fuste sin éntasis, sobre las que voltean arcos de medio punto, y capilla mayor poco profunda y separada igualmente por arco de medio punto. La nave central se cubre con armadura ochavada de madera, de estilo híbrido entre lo mudéjar y lo renacentista, y los laterales con simples colgadizos. En la nave de la Epístola se abre la capilla adyacente de Ánimas, de planta cuadrada y con bóveda semiesférica sobre pechinas que se levantó en honor del Cristo de la Salud y de las Aguas en los años finales del siglo XIX.
     El exterior resulta imponente en su masa y presenta tres portadas de diseño manierista, situadas a los pies del templo y a ambos laterales (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Edificio de 1584 y traza manierista, destaca en su interior por la imagen del Cristo de la Salud y de las Aguas del siglo diecisiete, que es sin duda la imagen más venerada en la ciudad.
     Este templo parroquial se levanta a finales del siglo dieciséis, uno de los momentos de mayor actividad constructiva de la ciudad.
     De aspecto exterior muy simple, el interior resulta por el contrario verdaderamente solemne. Su planta, de tipo basilical, quiere imitar el esquema de iglesia columnaria de Santa María la Mayor. Queda dividida en tres naves por grandes columnas de orden toscano sobre las que se apoyan una danza de tres arcos de medio punto a cada lado. La nave principal se cubre con armadura de madera.
     En la capilla mayor, podemos admirar un bello retablo de estilo manierista realizado en 1646 por Toribio Sánchez Calvo. Presenta dos cuerpos y un ático divididos en tres calles mediante pilastras jónicas y dóricas resultando una traza muy sencilla y elegante que enmarca una serie de composiciones pictóricas.
     En los retablos laterales destacan por su enorme tamaño, dos conjuntos del pintor Antonio Mohedano que representan la Adoración de los Pastores y la Inmaculada rodeada de santos.
     También destacaremos la imagen del Cristo de la Salud y las Aguas, crucificado de comienzos del siglo diecisiete, veneradísimo en la ciudad y que se procesiona acompañado por un incalculable gentío que porta velas encendidas (Diputación Provincial de Málaga).

Capilla-Tribuna Virgen del Socorro - "Portichuelo"
     La sacralización de los ámbitos públicos de la ciudad, tiene en Antequera varios hitos tremendamente significativos, que la convierten en un escenario de exaltación cristiana como paradas teatrales de los recorridos procesionales y, du­rante todo el año, manifestación abierta y permanente de la permeabilidad del sentimiento religioso barroco. La capilla-tribuna de la Virgen del Socorro, conocida popularmente como Portichuelo, en la plaza del mismo nombre, jun­to al colegio-iglesia de Santa María de Jesús, se convirtió desde su construcción en referente de este discurso y, por sus cualidades arquitectóni­cas, en uno de los mejores ejemplos españoles. Su compleja estructura, en la que se combina piedra, ladrillo visto, estuco y cal, en vistosos juegos, se organiza en dos plantas de galerías abiertas y un ático cerrado, cubierto con tejadillo a cuatro aguas, estando el interior articulado en fragmentos autónomos y a la vez relacionados (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     Arquitectónicamente nos encontramos ante una construcción de maqueta originalísima, que, a pesar de su compleja estructura resulta muy afín a lo popular. Presenta dos plantas de galería abierta y un ático cerrado, a manera de cubo compacto y rematado en tejadillo a cuatro aguas, con tres frentes o fachadas. Su frente principal se divide en tres calles -más ancha la central- y dos plantas, de las cuales la interior hace la función de pórtico o soportal y la superior de una especie de logia. Los arcos son todos de medio punto, aunque de molduración y tamaño diversos; en la calle central presenta rosca de ladrillo y en las laterales de estuco caleado. En este sentido, la referida utilización de materiales supone una acertada culminación de los mismos, lo que determina un carácter mudéjar o morisco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Plaza del Portichuelo es, sin ninguna duda, uno de los conjuntos más interesantes del urbanismo castizo andaluz, destacando como elemento de máxima singularidad la Capilla-Tribuna de la Virgen del Socorro, construida en 1715.
     Esta es una más de las que jalonaban el antiguo itinerario procesional de la conocida como Cofradía de «Arriba». Se ha especulado sobre su posible relación con las «capillas de indios» y con las «posas» americanas. Por tanto, estas capillas serían como una llamada constante a la religiosidad del viandante.
     Arquitectónicamente nos encontramos ante una construcción de maqueta originalísima, que, a pesar de su compleja estructura, resulta muy afín a lo popular. Presenta dos plantas de galerías abiertas y un ático cerrado, a manera de cubo compacto, rematado en tejadillo a cuatro aguas, con tres frentes o fachadas. Su frente principal se divide en tres calles y dos plantas, de las cuales, la inferior hace la función de pórtico o soportal, y la superior, de una especie de logia. Los arcos son todos de medio punto. En la calle central presenta rosca de ladrillo, y en las laterales, de estuco caleado de blanco. Interiormente, el espacio queda compartimentado en seis fragmentos (Diputación Provincial de Málaga).

Iglesia de Santa María de Jesús (Museo de la Cofradía de Nuestra Señora del Socorro)
    Siendo ya los Franciscanos Terceros propietarios de un convento en las Suertes, decidió la Orden instalar otro convento más cerca del cas­co urbano, eligiendo un lugar «santo» que había estado ocupado anteriormente por la cueva de fray Martín de las Cruces. Desde 1508 este espacio había empezado a dejar de ser inhóspito para seguir un proceso de urbanización alrede­dor de la plaza del Portichuelo. La denomina­ción colegial, en lugar de conventual, sería una solución terminológica adoptada por el Cabildo para acallar las voces de protesta de las otras órdenes ante la posibilidad de que los terciarios contaran con varios establecimientos en la ciudad. Los pleitos harían que las obras se dilataran desde 1527 hasta 1615.
     La iglesia es el resultado de numerosas remode­laciones y reconstrucciones, llevadas a cabo entre los siglos XVII y XIX. En su origen, el templo, de tres naves, estaba orientado en sentido transversal al actual. La primitiva capilla del Socorro, construida en 1621, hubo de ser reedificada entre 1717 y 1725, convirtiéndose en la parte principal del templo que seguía siendo una pequeña fábrica de tres naves. La destrucción napoleónica dejó a salvo únicamente este espacio, que pasaría a desempeñar las funciones de capilla mayor en la nueva y definitiva iglesia, siguiendo la orientación actual. El espacio hexagonal, recorrido en cuatro de sus seis lados por tribunas con celosías, se cubre con bóveda de media naranja con grandes lunetos y se halla profusamente decorada con un carnoso muestrario de penachos, hojarascas, angelitos y símbolos marianos. En su testero se abre el camarín, uno de los más destacados de la Antequera dieciochesca. Levantado en 1725, tiene planta cuadrada y gran desarrollo en altura, articulada en dos cuerpos separados por un potente entablamento curvo, con cúpula gallonada y cupulín. A la riqueza del conjunto contribuye el sobrecogedor programa de yeserías que lo cubre. La reconstrucción decimonónica trazó tres naves separadas por pares de columnas dóricas de hierro fundido, con bóveda de medio cañón rebajado, la central, y planas las laterales. Los tramos de bóveda más cercanos al crucero son restos conservados del XVIII, al igual que la interesante caja de la escalera conventual decora­da con yeserías manieristas. Al exterior presenta dos portadas: la del lado de la Epístola, que se corresponde con la que originalmente fue la fachada de los pies del templo, y la construida en el XIX para cerrar la nueva orientación.
     Antonio Rivera trazó el retablo que emboca el camarín de la Virgen del Socorro en la capilla mayor. La imagen, una de las de mayor devoción en Antequera, cobijada en un templete barroco, es talla de vestir de comienzos del XVII, con numerosas restauraciones posteriores, como la llevada a cabo por Miguel Márquez en 1792, que incorporó los ojos de cristal y renovó la policromía. Es una de las imágenes titulares de la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro, conocida popularmente como la de «Arriba», procesionada el Viernes Santo.
     Las otras dos imágenes titulares se encuentran en sendos retablos colaterales a la capilla mayor, singulares ensambladuras de Antonio Rivera; la Cruz de Jerusalén, obra alegórica y paso insig­nia de la cofradía, es una pieza del siglo XIX del orfebre antequerano Francisco Durán, y Nuestro Padre Jesús Nazareno, imagen de vestir anónima de 1725.
     Del resto del patrimonio de la iglesia destacan un Corazón de Jesús Niño, atribuido a Miguel Márquez, en le nave del Evangelio, un San Antonio del siglo XVII y el retablo del cuadro de La Verónica, con dos pequeños relieves representando a San Joaquín y Santa Ana, obras posibles de Carvajal, en la nave de la Epístola. En el descanso de la escalera conventual se encuentra la pintura más notable del templo, La Adoración de los Pastores, posiblemente de Antonio Mohedano. La archicofradía posee, además, un rico patrimonio de enseres procesionales, muchos de los cuales son exhibidos en el Museo Municipal en una sala dedicada exclusivamente a la Virgen del Socorro (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La primitiva capilla presenta planta hexagonal y se cubre con bóveda de media naranja. Tras el retablo mayor se levanta el importantísimo camarín de la Virgen del Socorro, construido hacia 1.725 por Antonio de Rivera (maestro de la talla en madera y yeso).
     Es asimismo muy interesante la caja de la escalera del antiguo convento de P.P. Terceros. En la fachada destaca la espadaña del siglo XVII, con dos cuerpos de campanas superpuestas.
     La parte más antigua de este edificio corresponde a la capilla mayor, levantada en el primer cuarto del siglo XVIII, que originariamente no fue tal, sino capilla adyacente en la nave de la Epístola, dado que la orientación del templo no era actual. Tras de la invasión napoleónica la iglesia quedó casi destruida, por lo que la Cofradía del Socorro -propietaria del templo desde la Desamortización- optó por hacerla en función de su propia capilla como la mayor. Esta circunstancia fue la generadora de su planta verdaderamente compleja (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Templo del siglo diecisiete resultado de numerosas reformas. Durante la invasión francesa se destruyó gran parte, salvándose solamente la Capilla del Socorro. Decidida la reconstrucción general, se optó por cambiar la orientación del templo y la referida capilla pasó a ser Capilla Mayor. Esta presenta planta hexagonal y se cubre con bóveda de media naranja, rasgada en grandes lunetos en los plementos. Está decorada pomposamente con penachos, hojarascas y angelitos que rodean símbolos marianos.
     El retablo mayor, dentro de su barroquismo, es de gran sencillez compositiva. Obra del antequerano Antonio Rivera (hijo), contiene la pieza más bella de todo el templo, un camarín del siglo dieciocho articulado en dos cuerpos y ornamentado ricamente con yeserías. Sobre un templete barroco, la popular Virgen del Socorro lo preside. Esta Dolorosa de vestir, de principios del siglo diecisiete, se procesiona el Viernes Santo siendo una de las imágenes que más clamor popular provoca y que se encierra, junto a los demás pasos de su cofradía, con gran expectación según la costumbre popular antequerana de "Correr la Vega".
     Los retablos colaterales de esta capilla, dedicados a la Cruz de Jerusalén y a Nuestro Padre Jesús Nazareno, son de magnífica traza y ejecución y posiblemente, del mismo autor que el anterior. En él podemos contemplar una interesante escultura anónima de Jesús Nazareno del siglo dieciocho.
     La Real e Ilustre Archicofradía de la Santa Cruz en Jerusalén y Nuestra Señora del Socorro es propietaria y conservadora de todo el edificio desde la Desamortización. Conserva buena parte del antiguo y riquísimo patrimonio de los enseres procesionales, la mayoría guardados en el Museo Municipal donde poseen una sala propia (Diputación Provincial de Málaga).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Mirador Niña de Antequera, Puerta de Málaga, Henchidero antigua fábrica de mantas, Iglesia de San Juan Bautista, Capilla-Tribuna Virgen del Socorro "El Portichuelo", e Iglesia de Santa María de Jesús) de la localidad de Antequera (III), en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.