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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 18 de febrero de 2026

La Semana Santa, en Alcalá del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Semana Santa, en Alcalá del Río (Sevilla)
     Hoy, 18 de febrero, es Miércoles de Ceniza, inicio de la muy sagrada Cuaresma: he aquí que vienen días de penitencia para la remisión de los pecados, para la salvación de las almas; he aquí el tiempo favorable, en el que se asciende a la montaña santa de la Pascua [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y qué mejor día que hoy para Explicarte la Semana Santa, en Alcalá del Río (Sevilla).
     Casi coincidiendo con el equinoccio de primavera los cristianos celebran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, fundador y fundamento de su religión. Si bien sus orígenes últimos se relacionan con las celebraciones de la Pascua judía, que rememora la liberación de este pueblo de la esclavitud en Egipto.
     Dichas celebraciones varían sensiblemente dependiendo de las circunstancias históricas y sociales de cada población o región. En Andalucía occidental predomina un modelo de celebración de inspiración barroca originario de la segunda mitad del siglo XVI, y adquiere su forma actual a finales del siglo XIX y principios del XX.
     Alcalá del Río se adhiere a este modelo, si bien presenta como particularidad el hecho de que sus dos hermandades principales conforman un esquema de rivalidad simbólica que articula las relaciones sociales de la población. Según algunos estudios, hasta principios del siglo XX dicho sistema era tripartito, si bien esta tercera hermandad fue perdiendo protagonismo hasta quedar relegada a un segundo plano con respecto a las dos principales.
     Se puede considerar que todo el periodo cuaresmal constituye un proceso preparatorio en lo relativo a los aspectos rituales y simbólicos vinculados con la Semana Santa, pero cobra mayor importancia el hecho de que se trate de un periodo en el que las hermandades ultiman los preparativos para el desarrollo de las celebraciones, "activando" en cierta medida la rivalidades simbólicas que se evidenciarán durante la Semana Santa.
     Al margen de esta activación, cada hermandad desarrolla una serie de actos internos, de carácter devocional (septenarios, quinarios, rosarios, etc.), pero que también han de ser entendidos (algunos de ellos) en una medida pública.
     Así, por ejemplo, la Hermandad de la Soledad realiza el traslado de la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores desde la capilla de San Gregorio a la iglesia parroquial, dos semanas antes del Domingo de Ramos, a fin de celebrar un Septenario Doloroso. Este traslado (bajada y subida en los días anterior y posterior a dichos cultos) implica a un gran número de hermanas, así como a un grupo de varones que trasladarán la imagen. Para escoger quién la trasladará, se sortean las maniguetas en días previos.
     Igualmente otros actos internos, previos a las salidas procesionales, se han ido transformando en actos de reafirmación de las propias hermandades, como por ejemplo la "igualá" de los costaleros, conciertos de bandas de música o comidas de hermandad. Asimismo cada hermandad suele tener su propio pregón de fiestas, al margen del que realice el ayuntamiento.
     Paralelamente se preparan los pasos y las insignias que se lucirán durante las procesiones, existiendo aquí cierta división de roles según el género. Suele corresponder a los varones de las hermandades preparar los objetos de metal (limpiarlos, pulirlos, colocarlos, etc.) y las velas, mientras que las mujeres ajustan y arreglan los pequeños desperfectos de las telas. 
     La decoración floral, es renovaba frecuentemente durante la celebración de los actos, pero la definitiva (aquélla con la que saldrán en procesión) no se prepara hasta uno o dos días antes de la salida.
     Alcalá del Río tiene tres cofradías principales, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno (conocido como "Papá Jesús"), la de la Soledad y la de la Vera Cruz, si bien entre éstas dos últimas se establece un enfrentamiento simbólico de tal envergadura que margina, en cierta medida, a la tercera hermandad. Aparte de estas tres, desde hace unos años se ha venido constituyendo una cuarta proto-hermandad, si bien es cierto que actualmente carece de actos públicos relevantes, por lo que no suele ser tenida en cuenta.
     Las tres hermandades repiten sistemáticamente el proceso ritual en los días de su salida procesional. Comienzan con un "paseo", en el que gran parte de los hermanos varones, vestidos bien de nazareno, bien de costalero o simplemente de chaqueta, desfilan por las calles de la población llevando, muchos de ellos a sus hijos, mientras las mujeres, la mayor parte de ellas vestidas de mantilla, y otros vecinos contemplan su discurrir. Durante su recorrido, las hermandades se hacen acompañar de varias bandas de música, hasta cuatro en el caso de la Soledad y la Vera Cruz, distribuidas a lo largo de las largas filas de hermanos. Para resaltar el carácter festivo de este "paseo", las marchas que se tocan no suelen ser las mismas que se tocarán durante las procesiones, y tampoco se lucen las insignias que se portarán en los actos centrales del día. Asimismo los acólitos, siervos de librea y monaguillos, contemplan el desfile como parte del público, si bien la excepción son los romanos de la Soledad, que sí participan en el "paseo" de su hermandad. Tras dicho "paseo" tiene lugar la procesión en sí, así como otros actos que se le pueden asociar.
     Los actos del Miércoles Santo corresponden a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Al ser la hermandad que mueve un menor número de nazarenos, tiene también unos recorridos más cortos y unos tiempo más breves. Al ser una hermandad con bastantes menos hermanos que las otras dos y no participar del sistema dualista y el enfrentamiento simbólico que aquéllas mantienen, la tarde del Miércoles Santo se respira un ambiente más relajado y familiar, donde hermanos de una y otra cofradía comparten el mismo espacio. 
     Es popularmente conocido como "el día de las parejas", pues en los días siguientes las parejas apenas se verán, menos aún si pertenecen a hermandades distintas.
     A las ocho de la tarde comienza el "paseo", en el que los nazarenos, la mayoría de ellos descubiertos, y los costaleros desfilan con sus hijos e hijas por las calles de la población, al son de los compases de las bandas de música. Una vez terminan el paseo, entran en la iglesia parroquial donde tendrán lugar los principales actos.
     Con los pasos de palio y de misterio colocados frente al altar, el sacerdote lleva a cabo la lectura de un sermón, el texto varía de año en año, pero mantiene sistemáticamente una misma temática, explicando y comentando la Pasión y Muerte de Cristo y relacionándolo, en cierta medida, con los actos de la Semana Santa de la población. No en vano se trata del primer acto religioso oficial del periodo festivo. A continuación se procede a la lectura de "La Sentencia" y "El Grito del Ángel", textos que servían para explicar la sentencia a muerte de Cristo y su sacrificio por la salvación de la humanidad.
     Tras estos actos los pasos salen a la calle acompañados por algo más de un centenar de nazarenos. El recorrido es cómodo por el reducido número de participantes, en comparación con lo que se verá en los días siguientes. A mitad del itinerario, en la calle Mesones, el paso de misterio se gira para esperar a la Virgen; dicho acto es conocido como "El Encuentro", y rememora el encuentro que María tuvo con Jesús en su camino al Calvario. Se trata pues de un momento muy esperado por los vecinos y en el que los costaleros de ambos pasos bailan y mueven al compás de la música a ambas imágenes, para expresar así la alegría del encuentro entre madre e hijo. La procesión finaliza en torno a la una de la madrugada, si bien la entrada del paso de palio se puede retrasar en caso de que los costaleros quieran bailar a la imagen antes de realizar su entrada en el pueblo. 
     Si bien el día anterior, Miércoles Santo, ya se han desarrollado numerosos actos, se considera que la verdadera Semana Santa de Alcalá comienza el Jueves Santo
     Aunque los actos oficiales no comienzan hasta la tarde, durante toda la mañana las bandas de música contratadas por la Hermandad de la Vera Cruz desfilan por la calle Ilipa Magna tocando sus instrumentos. El ambiente es festivo y las calles están llenas de gente, los hermanos de la Vera Cruz son fáciles de identificar pues suelen llevar una cruz de madera con cordón verde colgada del cuello. Del mismo modo son muy habituales las ropas de color verde. Así se pueden ver señoras vestidas de este color u hombres con camisas o corbatas verdes. Al mediodía tiene lugar, en la capilla de San Gregorio, un pequeño acto religioso al que asisten algunos hermanos y donde se reza el "Ángelus".
     A las cinco de la tarde comienza el "paseo", al igual que el día anterior. Los hermanos que van a salir en procesión recorren las calles al son de las bandas de música llevando a sus hijos; las mujeres, mientras tanto, flanquean el desfile vestidas de mantilla. Esta vez el "paseo" cubre el tramo comprendido entre la iglesia parroquial y la capilla de San Gregorio de Osset donde, conforme van llegando, se van conformando los tramos de nazarenos.
     La salida de la Cruz de Guía suele tener lugar en torno a las seis de la tarde. Para ese momento la pequeña placeta está abarrotada de público y los nazarenos han de salir formando dos largas filas, sin apenas espacio entre ambas. Debido su gran número -en torno al millar-, el paso de Misterio no sale hasta media hora más tarde, entre una gran ovación por parte de los asistentes. 
     Tras este paso comienzan a salir mujeres vestidas de mantilla, muchas de ellas llevando a los niños que durante el "paseo" acompañaron a los padres. Finalmente, tras otra media hora sale el palio de la Virgen de María Santísima de las Angustias.
     Poco después de completarse la salida de la cofradía, su Cruz de Guía se encuentra ya a apenas unos centenares de metros de la iglesia parroquial, habiendo recorrido la mayor parte de su itinerario. Tras ella se disponen interminables filas de nazarenos -en su mayoría varones, pero con la participación de alguna mujer, sobre todo jóvenes-, acompañando al Cristo, y de mujeres de mantilla, muchas de ellas con niños, acompañando a la Virgen. Entre las filas de algunos tramos encontramos a las muchachas vestidas de Virtudes Teologales, de las Santas Mujeres o de María Magdalena, que mantienen una actitud hierática durante todo el recorrido. El ambiente en general es bastante festivo y no es inusual que lo nazarenos saluden a sus conocidos o en ocasiones se descubran el rostro para hablar con alguien. Tanto o más relajado es el ambiente entre las mujeres de mantilla, sobre todo debido al hecho de que muchas de ellas llevan a sus hijos pequeños y han de atenderlos.
     Finalmente, sobre las diez de la noche terminan de recogerse los nazarenos y demás acompañantes de la procesión en la iglesia parroquial, donde se sitúan ambos pasos frente al altar. Durante las dos horas siguientes quedarán las figuras expuestas para que cualquier hermano, que así lo desee, pueda acercarse a orarles.
     El recorrido de vuelta a la capilla de San Gregorio de Osset comienza a la medianoche. Esta vez, salen la Cruz de Guía y, acompañándola, un nazareno tañendo tristemente una campana. Dicha representación es sintomática del cambio de actitud que se produce de la tarde a la noche. Si durante el día el ambiente era festivo, al caer la noche se torna sereno y austero. Durante el recorrido nocturno el número de nazarenos y mujeres vestidas de mantilla es ligeramente menor, siendo muy escasas las mujeres que se hacen acompañar ahora de niños pequeños.
     Otro elemento que contribuye a este cambio general de actitud son las saetas, cantadas desde lugares estratégicos para realzar la belleza de la estampa. Normalmente suelen cantarse cuatro saetas a cada una de las imágenes, coincidiendo siempre alguna con la salida y la entrada a la capilla de San Gregorio. La recogida de las imágenes tiene lugar ya bien entrada la noche, en torno a las cuatro de la madrugada, si bien puede retrasarse un poco pues los nazarenos de paso suelen bailar a su Virgen.
     Los actos del Viernes Santo son una reproducción casi perfecta de los del día anterior. Una vez más las bandas de música muestran sus aptitudes haciendo sonar sus instrumentos por la calle Ilipa Magna durante toda la mañana, momento que es aprovechado por vecinos y hermanos para compartir las calles y comer a base de tapas. Se pueden apreciar en esta jornada, a diferencia del día anterior, vestidos, camisas y corbatas granates o violetas, colores ambos que se asocian a la Hermandad de la Soledad, que desfilará esa tarde.
     Al mediodía, en la capilla de San Gregorio, se reza el "ángelus" ante las figuras titulares, con gran concurrencia de hermanos de la cofradía.
     En torno a las cinco, saliendo de la plaza del Calvario, tiene lugar el "paseo. Una vez más las mujeres de mantilla se sitúan a ambos lados de las calles para que los varones, muchos de ellos con niños pequeños, desfilen por la población. Entre los distintos grupos que desfilan (costaleros, nazarenos, acólitos, etc.) destacan claramente los romanos. Diez soldados más un abanderado, comandados por un centurión, que "pilum" en ristre y marcando el paso, desfilan marcialmente junto a sus hermanos de cofradía. Al terminar el recorrido se recogen en un corral, propiedad de la hermandad anexo a la capilla de San Gregorio, donde se van organizando por tramos. Desde dicho corral entrarán por la puerta lateral de la capilla para salir, ya en orden de desfile, por la puerta principal.
     La Cruz de Guía hace su aparición en torno a las seis de la tarde. A diferencia del día anterior los tramos parecen ser más cortos, pese a que el número de nazarenos y mujeres de mantilla es similar. Esto se debe a que la Hermandad de la Soledad saca tres pasos, junto al de Misterio y el de Palio, hace desfilar a un paso que representa el Triunfo de la Muerte, conocido como "la Canina". Este es el primero en salir, apenas una media hora después de la Cruz de Guía. A diferencia de todos los demás pasos de la Semana Santa de Alcalá, éste sale sobre ruedas y su salida no es coreada por los vecinos. Tras "la Canina" hace su aparición el paso de misterio: una canastilla de grandes dimensiones, completamente dorada, sobre la que se sitúa una urna de cristal con el Cristo yacente en su interior. Siguiendo el paso, los seis siervos de librea portan un palio negro. Finalmente, sobre las siete y media, sale el paso de palio, que es acogido con gran alborozo por los alcalareños allí presentes.
     Tal y como sucedió el día anterior, las filas de nazarenos y mujeres de mantilla parecen interminables. Los primeros se distribuyen en los tramos correspondientes a los dos primeros pasos, mientras que las segundas, muchas de ellas con niños pequeños, acompañan a la Virgen. Los romanos preceden el paso de misterio, mientras que la Sibila, Santa Marta, las Virtudes y la Verónica ocupan distintas posiciones a lo largo del tramo correspondiente a la Canina y las Tres Marías junto a la Virgen.
     Los pasos se encierran en la iglesia parroquial sobre las diez de la noche y, casi de inmediato, se desaloja a la mayoría de los hermanos pues solamente un pequeño grupo de hermanos son los encargados de preparar la imagen del Cristo para el Auto Sacramental que tendrá lugar más tarde. La imagen, cuyos brazos están articulados, es sacada de su urna y colocada en una gran cruz que ocupa el altar.
     Al llegar la medianoche se abren las puertas de la iglesia parroquial para que entre todo aquel que quiera presenciar el Auto Sacramental. El acto es bastante breve, pero es seguido en silencio y con devoción por los asistentes. En él se representa el descendimiento del cuerpo muerto de Jesucristo, representación  acompañada por música de cámara y un limitado número de actores.
     Una vez finaliza el acto, el paso de la Canina es trasladado sin acompañamiento y por el camino más breve a la capilla de San Gregorio. Mientras que los pasos de las imágenes titulares salen acompañados por unos pocos hermanos para realizar el recorrido de vuelta. Este dista mucho del presenciado por la tarde o el día anterior, ya que apenas un pequeño grupo de devotos forma filas junto a los pasos. El recorrido se parece más a un Vía Crucis, con gran cantidad de fieles detrás de los pasos. Durante el recorrido, en algunos lugares señalados, se le cantan saetas tanto al Cristo como a la Virgen; los cantos son muy esperados y aplaudidos por los acompañantes, sobre todo si el saetero o saetera es de la población. La entrada en el templo de los pasos de misterio y palio de la Soledad tiene lugar alrededor de las tres de la madrugada.
     La Hermandad de Nuestro Padre Jesús ha ido perdiendo vigencia paulatinamente desde los años treinta, pero sobre todo a partir de los setenta, de forma paralela al decaimiento de la actividad pesquera en Alcalá. Esto es debido a que, a diferencia de las otras dos hermandades, ésta tenía una fuerte vinculación con un sector económico y social que se vio fuertemente afectado por los cambios socioeconómicos que se sucedieron en diferentes momentos del siglo XX. 
     Actualmente es la hermandad que más rápidamente ha aumentado su número de afiliados ya que los nuevos vecinos de Alcalá, sin vínculos algunos con las dos grandes cofradías, suelen afiliarse a la tercera.
     Existe una proto-hermandad en proceso de formación, pero actualmente carecen de figuras y sus actos públicos son esporádicos y discontinuos, por lo que no ha sido tenida en cuenta en este informe; sin embargo puede resultar de interés en un futuro.
     El modo de llevar los pasos ha variado significativamente y ha generado grandes debates. Actualmente tanto las hermandades de Nuestro Padre Jesús como la Soledad, llevan sus pasos con costaleros, siguiendo el modelo sevillano. 
     Sin embargo la Vera Cruz desfila con "nazarenos de paso", esto es, sobre grandes varales (externos en el caso del Cristo, internos para la Virgen), portados por hombres que lucen unas vestimentas similares a las de los nazarenos, pero con el rostro descubierto. Se considera que este segundo modelo es el que más se ajusta a la tradición, pero que permite un menor lucimiento de los costaleros y las imágenes. En cualquier caso se trata de un debate que a día de hoy, y a pesar de haber comenzado a finales de los ochenta, sigue muy vivo.
     Hasta hace varias décadas, cuando aún existían pescadores vinculados a la Hermandad del Jesús, el recorrido de esta cofradía incluía una parada frente al río para bendecir sus aguas, asegurarse buena pesca y conjurar los peligros del agua. Actualmente dicho acto ha desaparecido (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor el significado y la celebración del Miércoles de Ceniza;
     Desde el siglo II, los cristianos se preparaban para la Pascua con dos días de ayuno y penitencia; posteriormente, estas prácticas se extendieron a toda la Semana Santa. En el año 325, el Concilio de Nicea ya conocía la preparación de la Pascua durante 40 días, sobre el modelo de Jesús, que pasó 40 días en el desierto. Recordemos también los 40 años en el desierto del pueblo de Israel y los 40 días de ayuno de Moisés en el Sinaí y de Elías en el Horeb.
     Al principio, la Cuaresma comenzaba seis domingos antes de la Pascua; pero como los domingos no se ayunaba, en el siglo V se procedió a separar el Jueves y el Viernes Santo del Triduo Pascual para contarlos como Cuaresma. Más tarde, se decidió anticipar la Cuaresma cuatro días, y así se llegó al actual Miércoles de Ceniza.
     El inicio de la Cuaresma marcaba también el comienzo de la penitencia pública de los culpables de delitos graves (apostasía, asesinato, adulterio): después de la imposición de la ceniza, recorrían la ciudad vestidos con ropas penitenciales, para recordar la expulsión del Paraíso. Estos penitentes celebraban la reconciliación el Jueves Santo.
     Hacia finales del año mil, la práctica de la penitencia pública disminuyó, pero se mantuvo la imposición de la ceniza a todos los fieles. En el siglo XII, surgió la  costumbre de obtener las cenizas quemando los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior.
Del Evangelio según San Mateo
     Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
      Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
     Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
     Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
     Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
      Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso ya han recibido su recompensa.
     Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. (Mt 6,1-6.16-18)
Desierto
     La Cuaresma es una forma de recordar y compartir los 40 días de Jesús en el desierto, tentado por Satanás. Quizá podemos pensar en los clásicos desiertos de arena y soledad, de peligros y emboscadas. Pero para nosotros, hoy en día, los desiertos más difíciles de afrontar son el cansancio y las dificultades del vivir o la aridez de nuestras vidas.
     Así, este tiempo de gracia, definido por don Tonino Bello como "la vida a escala", nos enseña a no elegir los atajos de los compromisos fáciles, de la desconfianza, del pecado, sino a saber compartir el tiempo con Jesús para aprender a otorgar las prioridades justas.
Oración, ayuno, caridad
     La Cuaresma nos invita a poner a Dios por delante de nosotros mismos, a recuperar el tiempo para escuchar la Palabra de Dios y para orar. Por otra parte, ayunar significa renunciar a lo que nos llena de muchas maneras, pero no sacia el corazón: la oración y la Eucaristía sacian el corazón y dan sentido a la vida, porque el amor sacia la verdadera hambre y sed de vida y felicidad. Si la oración abre el corazón a las cosas verdaderas y el ayuno nos enseña a elegir lo que realmente cuenta en la vida, entonces la caridad es su consecuencia natural.
     Hay quien cree que ayunar y abstenerse de comer carne son prácticas pasadas de moda; pero quizá lo que cuesta de verdad no es renunciar a la carne, sino obedecer a la Iglesia, Madre y Maestra, que nos invita a hacerlo. Esto nos sugiere que el ayuno sigue siendo actual. Junto al ayuno físico, no podemos olvidar el ayuno del egoísmo, de la desconfianza, de las falsas seguridades, del odio, de la indiferencia... (vaticannews).
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viernes, 30 de enero de 2026

El sitio arqueológico Alcalá del Río Sur, en Alcalá del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Alcalá del Río Sur, en Alcalá del Río (Sevilla)
     Según las prospecciones de Ponsich, y el inventario de yacimientos arqueológicos de Moreno Menayo, este es un sitio arqueológico en el que abundan en superficie los fragmentos de ánforas, ladrillos y tegulae romanas.
     Revisado en el año 2000, se le dio al lugar la denominación de Angorrilla I y II.  El enclave, puesto que ya se encuentra dentro del espacio urbano de Alcalá del Río entra dentro de la zonificación arqueológica del núcleo urbano de Alcalá del Río, lo que consideran los investigadores más coherente dado su estrecha vinculación a dicha ciudad y a su situación actual de suelo urbano. 
     En la Carta Arqueológica de 2008 se ha visto conveniente unir las dos Angorrillas en este único sitio. A nivel de interpretación se considera que la necrópolis en época romana debe ser la continuación hacia el SW de la necrópolis localizada en la calle Mesones y que desde una de las puertas SW de la muralla se desarrollaba en esta dirección siguiendo aproximadamente el actual camino a la Algaba. De hecho en todo este sector ya desde el s. XVIII se recoge la presencia de epígrafes, mausoleos y evidencias varias de la existencia de una necrópolis de esta cronología. Zona de Reserva Arqueológica dentro de la catalogación arqueológica del núcleo urbano.
     En el año 2003 se realizó una intervención arqueológica que sacó  a la luz una interesante secuencia estratigráfica que se iniciaba en el periodo calcolítico con un conjunto de más de 100 silos de diámetro variable, agrupados en un espacio de planta elíptica que marca con bastante aproximación los límites y planta del poblado. No se ha documentado ninguna estructura de habitación, al quedar arrasadas por debajo de su cota de uso o cimentación. Tan solo en el extremo Este del poblado se localizó una zanja circular que podía corresponder a una cimentación realizada con materiales perecederos, no localizándose niveles de uso.
     El poblado muestra planta elíptica y ocupa el extremo sur de una gran loma aterrazada, resultando protegido por el río Guadalquivir por el este y por el sur y hacia el oeste por el Arroyo del Barranco y el cauce colmatado documentado en las catas y sondeos. No se documentó foso defensivo.
     Tras un hiato que abarca desde el Calcolítico hasta el Bronce Final, vuelve a documentarse la ocupación dentro de un momento avanzado del periodo orientalizante (ss. VII-VI a.C.), la zona pasa a ser destinada a necrópolis en contraste con su utilización anterior como zona de hábitat.
     Se detectan enterramientos en fosa simple, generalmente inhumaciones, aunque también incineraciones primarias y secundarías. En general presentan planta rectangular de ángulos redondeados y sección en "U" abierta o troncocónica invertida con la base ligeramente cóncava, se orientan hacia la salida del sol. En ocasiones se detecta un tratamiento en las paredes y fondo de la fosa, consistente en su cubrición con un fino recubrimiento, de color blanquecino o rojo en las paredes y suelo. No se documentaron cubiertas in situ.
     Dentro del conjunto de enterramientos se documentan tumbas con ajuar y sin él, siendo mayoritarias las primeras. Éstos resultan variados dentro de una serie de elementos que suelen repetirse, así son los objetos de uso y adorno personal los acompañamientos más comunes, entre éstos destacan los denominados broches de cinturón, seguidos de los collares de cuentas, pendientes, etc.  Además, son significativos los conjuntos de marfil, platos y ofrendas de animales, resultando singulares dos tumbas de inhumación donde se depositaron armas y un conjunto de jarro y aguamanil. En cuanto a la ubicación de la necrópolis, esta se ubica a unos 800 metros al suroeste del núcleo habitacional, quedando separado del mismo por el arroyo Caganchas 
     Sobre esta, tras un nuevo hato, que abarca desde el siglo VI antes de la Era Cristiana hasta el siglo I, se desarrolló en época romano republicana otra necrópolis. Según sus excavadores, el área objeto de estudio cumple la función de espacio de enterramiento de la ciudad de Ilipa Magna. Se han detectado enterramientos en fosa simple, generalmente incineraciones primarias, aunque también inhumaciones, que socavan los niveles de terraza fluvial a distinta altura, frecuentemente a los silos de la fase calcolítica y en contadas ocasiones (tan sólo en dos casos) a las tumbas orientalizantes.
     Se exhumaron 29 (23) enterramientos, de los cuales 23 correspondían a individuos incinerados y 6 a inhumados. Las fosas presentan, en general, planta rectangular de ángulos y cabecera redondeados y  sección rectangular con paredes divergentes y base plana. Las fosas se orientan este-oeste mayoritariamente, aunque también se documentan orientaciones norte-sur, proporcionalmente más numerosas en las inhumaciones que en las incineraciones. En cuanto a los individuos, en el caso de las inhumaciones, se disponen en el interior de las tumbas con la cabeza al este o sur, según la orientación de la fosa, desprendiéndose del análisis de la dispersión de restos óseos en las incineraciones, la misma disposición. Respecto a la posición del cadáver, predomina la deposición en decúbito supino.
     En cuanto a la extensión y localización de la necrópolis romana,  La mayor parte de la necrópolis fue totalmente arrasada, según fuentes orales, en el proceso de adaptación al regadío de las distintas parcelas por las que se extendía la necrópolis. Sólo se conservaron algunos restos.
     En cualquier caso, la necrópolis, por el sur y este, respeta el contorno de la agrupación de tumbas orientalizantes, deduciéndose la posibilidad de la existencia de un montículo tumular, o varios, que hiciese que esa zona fuese eludida, aunque parece mas factible, según los investigadores, de que al estar a mayor cota las tumbas ubicadas sobre el túmulo, éstas desapareciesen en los procesos de explanación, mientras las del contorno, a cota inferior, sólo quedasen afectadas en parte. Ambas opciones explicarían la actual dispersión espacial de los enterramientos de ambas fases. 
     Angorrilla I es incluido por Ponsich en la Carta Arqueológica de Alcalá del Río que aparece denominado como "Alcalá del Río Sur" y corresponde al nº 0882 del Catálogo de Yacimientos Arqueológicos de Andalucía. Ponsich señala que el yacimiento se sitúa sobre una elevación dominando la orilla derecha del río Guadalquivir y que presenta una importante concentración de fragmentos de ánforas olearias, ladrillos y tejas romanas. Actualmente dicha elevación ha desaparecido, probablemente debido a las trasformaciones sufridas por los sistemas de regadío, y tan solo se aprecia una topografía llana, de suave pendiente.
     El otro yacimiento, Angorrilla II, no es recogido ni por Ponsich ni por el catálogo de 1986, siendo un yacimiento inédito hasta el año 2000 (Romo Salas), cuando es identificado e incluido en el Inventario de Yacimientos Arqueológicos de Andalucía. En la parte más elevada se aprecian concentraciones de material constructivo consistentes en fragmentos casi completos de tégulas y ladrillos. En la parte baja se verifican algunos fragmentos de cerámica común romana. Por los materiales hallados es probable que se trate de una necrópolis además, su proximidad al yacimiento Angorrilla I indicaría una posible relación directa entre ambos ámbitos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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jueves, 31 de julio de 2025

El sitio arqueológico Cortijo Nuevo, o de San Ignacio, en Alcalá del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Cortijo Nuevo, o de San Ignacio, en Alcalá del Río (Sevilla).
     Hoy, 31 de julio, Memoria de San Ignacio de Loyola, presbítero, el cual, nacido en el País Vasco, en España, pasó la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirtió a Dios. Completó los estudios teológicos en París y unió a él a sus primeros compañeros, con los que más tarde fundó la Orden de la Compañía de Jesús en Roma, donde ejerció un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus discípulos, todo para mayor gloria de Dios (1556) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico Cortijo Nuevo, o de San Ignacio, en Alcalá del Río (Sevilla).
      Sitio arqueológico identificado por Ponsich en 1974 (yac. Nº 90). En la orilla derecha del Barranco Hondo, sobre la pendiente, fragmentos de ladrillos, tégulas, asas de ánforas de aceite, sigillata clara A y D. Granja. Ocupación romana de fines del siglo I al IV d.C.
     Posteriormente Moreno Menayo lo incluye en el Inventario de Yacimientos Arqueológico de Andalucía.
     Con motivo de la redacción de la Carta Arqueológica de Alcalá del Río se procede a la revisión  y visita del  yacimiento en marzo de 2008. Pese a que el área ocupada por el yacimiento se hallaba cultivada y no se pudo realizar la inspección completa, si se ha podido comprobar la existencia de cerámicas en superficie de posible cronología romana y prerromana (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Ignacio de Loyola, presbítero;
HISTORIA

   Nacido hacia 1491 en el castillo de Loyola, en la provincia vasca de Guipúzcoa, Íñigo López adoptó en Roma, en 1537, el nombre de pila italiano Ignazio, que correspondía, más o menos, a su nombre español, tomado de San Íñigo, abad de San Salvador de Oña, cerca de Burgos.
    Las armas parlantes de su familia son dos lobos de sable (negros) enfrentados sobre campo de plata.
   En principio fue soldado, y esta primera vocación militar ha dejado una marca indeleble en la combativa orden religiosa que fundaría más tarde. Una herida grave que recibió en Pamplona, cuando los franceses sitiaban la ciudad, decidió su conversión. En el lecho de hospital leyó la Vida de Jesús. Cuando hubo curado, hizo un retiro en Cataluña; primero en la gruta de Manresa, donde escribió sus Ejercicios Espirituales, y luego en la cercana abadía de Montserrat. 
 Cuando había decidido emprender una peregrinación a Tierra Santa, antes de embarcar en Barcelona se desprendió de sus últimas monedas, llegó a Venecia, donde por caridad se le concedió un pasaje en un navío que zarpaba hacia Chipre, y llegó a Jerusalén en 1523.
   De vuelta en España, completó sus estudios en las universidades de Alcalá y de Salamanca. Luego, en 1528, partió a pie hacia París. El 15 de agosto de 1534, pronunció los votos junto a seis compañeros en la cripta de la capilla de Saint Denis, en Montmartre. Es lo que se llama el Voto de Montmartre.
   Puso a su pequeña tropa, organizada militarmente, bajo las órdenes de un general y a disposición del papa, que en 1540 aprobó la regla de la nueva orden, llamada la Compañía de Jesús. Suprimida en Francia por el Parlamento de París, en 1761, y luego por el papa Clemente XIV, en 1773, fue restablecida por Pío VI en 1814.
   Durante los dieciséis años que le quedaban por vivir, San Ignacio de Loyola contribuyó poderosamente al éxito de la Contrarreforma, organizando la predicación, la educación de la juventud, distribuida en numerosos colegios, y finalmente la evangelización de las comarcas más remotas del Lejano Oriente que aún no habían sido alcanzadas por el proselitismo de las misiones.
   La primera edición de sus Ejercicios Espirituales fue impresa en 1548.
   Murió en 1556 y fue enterrado en Roma, en la iglesia que lleva su nombre. En el siglo XVII se edificó una basílica de cúpulas en el sitio de su nacimiento, en Loyola, según los planos del arquitecto romano Fontana.
CULTO
   Beatificado en 1609, fue canonizado en 1622.
   Su culto, en principio localizado en las provincias vascas y también en Navarra, se irradió y difundió gracias a los progresos de la orden jesuítica en el mundo entero, que en la actualidad cuenta con alrededor de treinta mil miembros.
   Se lo invocaba para la curación de los poseídos, contra la fiebre y contra los lobos (juego de palabras con su apellido López).
ICONOGRAFÍA
   Su tipo iconográfico, caracterizado por una frente calva, nariz fugitiva y barba mal rasurada, deriva de un retrato de Alonso Sánchez Coello ejecutado en el siglo XVI según su máscara mortuoria. De ahí sus ojos inmóviles, que parecen no ver.
   Está vestido con el hábito negro de los jesuitas, o, cuando oficia en el altar, con una casulla. Los pintores barrocos, especialmente Rubens, que encontraban el oscuro uniforme de los jesuitas poco pictórico, prefieren vestirlo con prendas litúrgicas ricamente bordadas.
   Sus atributos son un corazón inflamado, la sigla de la Compañía de Jesús IHS rodeada de rayos, y la divisa de la orden: AMDG (Ad Majoren Dei gloriam) e incluso el Libro de su regla. 
 Está representado escribiendo sus Exercitia spiritualia, ya pisoteando la herejía luterana, ya en éxtasis, con los ojos elevados al cielo y la mano apoyada sobre el corazón.
   En los ciclos barrocos de la Contrarreforma su imagen suele adornar los púlpitos rodeada por las alegorías de las Cuatro partes del mundo, que aluden a la expansión universal de su orden (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Ignacio de Loyola, presbítero;
     San Ignacio de Loyola, (Loyola, Guipúzcoa, 1 de junio de 1491 sup. – Roma (Italia), 31 de julio de 1556). Fundador y primer general de la Compañía de Jesús, santo.
     Su patrono era el abad san Íñigo (Enneco, fiesta el 1 de junio). En un proceso de 1515 se le llama Ynigo (pronúnciese Íñigo) y Enecus de Loyola; en el registro de la Universidad de París (1531) es ya Ignatius de Loyola (¿descubrimiento de las inflamadas cartas del obispo de Siria?: conjetura de H. Rahner, cf. MHSI, Epp. Ign., I: 529). Pero en el trato familiar y amistoso será Íñigo hasta finales de la década de 1540. Íñigo López de Loyola fue hijo de Beltrán Ibáñez o Yáñez (II) de Oñaz, señor de la casa y solar de Loyola, y de Marina Sánchez o Sáenz de Licona, casados en 1467. La madre ya había muerto en 1508; quizá bastante antes, si puede ser indicio de poca salud haber confiado la lactancia de Íñigo a María Garín, del caserío de Eguíbar, a poca distancia de la casa-torre.
     Su padre falleció el 23 de octubre de 1507 o pocos días después. Los testigos coetáneos coinciden en que Íñigo fue el último de ocho hijos varones; para los del proceso eclesiástico de 1595, el último de trece hermanos.
     En torno a 1507 fue confiado Íñigo a Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de Castilla, y a su mujer, María de Velasco, hija de María de Guevara, pariente de la madre de Íñigo. Como uno más de los doce hijos del matrimonio, residió en el palacio de Arévalo, que había sido real con Juan II, y sin duda acompañó a su tutor en la Corte itinerante. Fueron diez años vividos en plena Castilla, tan distinta en todo de su valle natal; en un ambiente aristocrático, enriquecido con las alhajas y objetos preciosos provenientes de la almoneda de la reina Isabel (1504), que tasaba el contador y testamentario, y adquiría luego su esposa. Durante esos años, el rey Fernando se hospedó siete veces en el palacio del contador, en ocasiones por más de una semana, y cinco de los hijos de éste fueron pajes reales. Del “paje Loyola” consta que se sirvió el contador, en mayo de 1510, para enviar de Madrid a Alcalá una carta de pago por 80.000 maravedís al cronista Antonio de Nebrija.
     Su educación sería caballeresca y cortesana, completada en lo literario con la lectura de los cancioneros y, más tarde, de los libros de caballerías, y la iniciación a la música, para la que mostró muy pronto excepcional sensibilidad, que le duraría toda la vida. Adquirió también fama de “buen escribano”. Su vida moral quedará condensada por Alfonso de Polanco, uno de los hombres de su máxima confianza y de indiscutida devoción al fundador: “No vivió nada conforme [a la fe], ni se guardaba de pecados, antes especialmente travieso en juegos y cosas de mujeres, y en revueltas y cosas de armas”. En este contexto, más que la polisemia de la voz “travieso”, se puede recordar que su padre tuvo dos hijos naturales; sus hermanos Juan (muerto en 1496) y Martín, el mayorazgo (fallecido en 1538), dos cada uno; Pedro (muerto en 1526), clérigo y su compañero de acechanzas nocturnas durante el carnaval y en la cárcel episcopal de Pamplona, dos; y el sobrino Beltrán, todavía soltero, cuatro.
     Esta vida “desgarrada y vana” se quebró brusca y dramáticamente, cuando en 1516 el joven rey Carlos decidió desde Flandes traspasar a la reina viuda, Germana de Foix (hasta entonces íntima amiga de María de Velasco), la tenencia de las villas que poseía su marido por firmes y perpetuas decisiones de la reina Isabel. El contador —bajo el influjo quizá de razones muy personales de su esposa— se rebeló y se hizo fuerte en el castillo de Arévalo; finalmente, la muerte del hijo mayor y las amenazas del enviado de Cisneros le llevaron a la rendición y a retirarse a Madrid con todos los suyos; una profunda melancolía acabó con su vida en agosto de 1517. Íñigo quedaba súbitamente sin protector y sin porvenir cierto; la generosa viuda le proporcionó dos caballos y 500 escudos para ponerse al servicio del duque de Nájera, virrey de Navarra, como gentilhombre, no como capitán.
     Allí mostraría su capacidad de “hombre ingenioso y prudente”, al contribuir a la pacificación de algunas villas guipuzcoanas, renuentes a las disposiciones del virrey, y a la pacificación de la misma villa de Nájera, sublevada con ocasión de las Comunidades.
     ¿Qué huellas dejó en su espíritu, tan tenazmente reflexivo, esta prueba flagrante de ingratitud real, con la ruina económica y social de una vida, consagrada a la devoción y servicio de la Corona? Los “veintiseis años dados a las vanidades del mundo” lo sitúan precisamente en 1517, como primer acto —muy vago sin duda— de mutación espiritual.
     Cuando en 1521 el ejército francés invadió Navarra y puso cerco a Pamplona, Íñigo —que con su hermano Martín había acudido al frente de milicias guipuzcoanas— se negó a retirarse hacia Logroño con su hermano y el representante del virrey; con un puñado de leales entró en la ciudad y se encerró en el castillo. El domingo de Pentecostés, 19 de mayo, los franceses ocuparon la ciudad; los del castillo se inclinaban a la capitulación, pero Íñigo, elegido para discutirla, no la creyó honrosa y convenció al alcaide y a sus compañeros a la resistencia. El lunes 20 se preparó a la lucha confesando sus pecados a un compañero de armas; en el duelo de artillería, una bala le destrozó la tibia derecha e hirió la otra pierna. El alcaide, privado de su apoyo más decidido, entró en tratos, que duraron tres días.
     Después de las primeras curas, cortésmente procuradas por los vencedores, fue transportado hasta Loyola por un equipo de amigos, reunido por Esteban de Zuasti, primo de Francisco Javier. Los médicos juzgaron necesario reajustar los huesos de la pierna, mal ensamblados o descompuestos por el camino; el herido soportó la nueva carnicería en silencio, a puños cerrados. En el postoperatorio se agravó; fue sacramentado, y en la fecha límite calculada por los médicos (víspera de San Pedro), comenzó la mejoría.
     Pronto se advirtió que un hueso quedaba encabalgado, lo que acortaba y afeaba la pierna, impidiéndole calzar las altas y ajustadas botas de caballero; esto bastó para que se sometiera a una segunda carnicería, que prolongó por largos meses la convalecencia.
     Paralelamente, se desarrollaba en su conciencia una profunda crisis espiritual. A falta de los libros de caballería que había pedido, le entregaron “una Vita Christi del Cartujano en romance” (J. Nadal), y el Flos Sanctorum o Leyenda dorada, del dominico Jacobo de Varazze o Voragine. Estas lecturas, pronto absorbentes, conmovieron en sus fundamentos los valores que hasta entonces habían vertebrado sus esperanzas. El ímpetu heroico, esencial constitutivo de su personalidad, el apetito de superación y excelencia se enfrentaron de pronto a nuevos horizontes. Los proyectos de imitación y aun de superación de los santos alternaron en las largas horas con las hazañas soñadas por amor a su dama, “mucho más alta que condesa o duquesa”; pero con el resultado, descubierto por introspección, de alegría, confianza y paz, después de los primeros; y de insatisfacción y vacío pasadas las segundas. Una meta inmediata se imponía obsesivamente con la lectura del Vita Christi: la peregrinación y la permanencia indefinida en Jerusalén, dado a la oración y penitencia. Una a modo de visión o imaginación nocturna de Nuestra Señora y el divino Niño borró de su mente toda especie sensual, y le dio el impulso definitivo para una decisión, que nunca será ya cuestionada.
     En febrero de 1522, y con la excusa de presentarse al duque de Nájera, salió de Loyola, con intención de embarcarse en Barcelona y alcanzar en Roma la necesaria licencia pontificia para la peregrinación. El temor a ser reconocido le forzó a no acudir a Vitoria, donde el regente Adriano había recibido el 5 de febrero la confirmación de su elección al pontificado, y comenzaba el 12 de marzo el lento desplazamiento, rodeado de la nobleza eclesiástica y civil castellanas, a lo largo del valle del Ebro. En el santuario de Aránzazu hizo voto de castidad y llegó a Montserrat, quizá no el 21 de marzo, como se ha calculado para el triduo de confesión general, sino a principios de ese mes, lo que hace verosímil unos quince o veinte días de retiro en algún lugar de la montaña, y de trato más prolongado con el que sería su confesor, dom Chanon; éste le inició en la “oración metódica” según el Exercitatorio del abad García de Cisneros, de lo que nada había podido aprender con la lectura del Cartujano loyoleo. Y la necesidad de profundizar en esta nueva vida fue muy probablemente lo que le decidió a renunciar por aquel año a la peregrinación. Después de la confesión y de la vela de armas del 24 al 25 de marzo, continuó hacia Manresa.
     En los once meses siguientes se sucedieron períodos de calma, de terribles dudas y escrúpulos —que le llevaron a la tentación del suicidio— y de consolaciones e ilustraciones espirituales sobre los fundamentos mismos de la fe. Especialmente iluminadora fue la recibida a orillas del río Cardoner, de la que comentó en su vejez —él, tan poco inclinado a la hipérbole— que todo lo aprendido en el resto de su vida “no le parecía haber alcanzado tanto como de aquella vez sola”. De aquí sacó las líneas maestras de sus Ejercicios espirituales, que vivió y practicó en esos meses.
     En febrero de 1523 emprendió el viaje a Roma; recibió la licencia pontificia el 31 de marzo y, pasada la Pascua, se dirigió a Venecia, donde embarcó el 14 de julio. Por dos peregrinos centroeuropeos se conocen las peripecias del viaje. Íñigo deseaba quedarse, pero los superiores de la Custodia franciscana le conminaron con penas eclesiásticas al regreso. De nuevo, llegaba a Barcelona a principios de marzo de 1524.
     De las iluminaciones de Manresa brotó un nuevo proyecto: estudiar para “ayudar a las ánimas”. En Barcelona encontró antiguas bienhechoras —Inés Pascual, Isabel Roser y otras— que aseguraron su sustento, y el maestro Ardévol, que se ofreció de balde a guiarle en el aprendizaje latino. En marzo de 1526, el maestro y un doctor teólogo juzgaron que podía comenzar la Filosofía en Alcalá. Comenzó mendigando hasta que fue recogido en el Hospital de la Misericordia o de Antezana. A los tres compañeros de Barcelona se había añadido un joven francés, Juan de Reinalde (de una mala lectura de copista saldrá “Íñigo López de Recalde”, un craso error). Las conversaciones espirituales con mujeres devotas levantaron sospechas de iluminismo entre los inquisidores toledanos; los autos del interrogatorio se transmitieron al vicario episcopal Figueroa. Se les notaba de hacer “vida exemplar a manera de apóstoles”. Íñigo estuvo en la cárcel cuarenta y dos días. La sentencia de junio de 1527 les imponía el abandono de los vestidos no comunes y la abstención de enseñanzas teológicas o morales hasta el fin de sus estudios. Determinaron trasladarse a Salamanca, confiados en las vagas promesas que le había hecho a Íñigo el arzobispo Fonseca, visitado en Valladolid.
     Otras sospechas se suscitaron en Salamanca, consecuencia de las conferencias sobre el erasmismo que los mejores teólogos acababan de mantener en Valladolid.
     Los dominicos de San Esteban (con uno de ellos se confesaba) le interrogaron sobre esto, y le mantuvieron en el convento hasta que el provisor lo encarceló con cadenas mientras estudiaba con otros tres letrados “sus papeles, que eran los Exercicios”. La sentencia reconocía su plena ortodoxia, pero imponía las mismas restricciones. Íñigo pensó en la Universidad de París, donde estaría aislado por la lengua y a la que acudían los mejores estudiantes. Llegó el 2 de febrero, en plena guerra franco-española, y, tras algunos tanteos, se acomodó en el austero colegio de Monteagudo.
     Consciente de sus carencias, decidió comenzar los estudios desde el principio, pero antes tuvo que atender a cuestiones elementales. Un español había dilapidado el depósito de lo que había recibido de sus protectoras barcelonesas; mendigar o servir a un maestro era reincidir en los impedimentos pasados. Siguiendo un consejo, viajó tres años consecutivos a Flandes (una vez hasta Londres), para recoger en dos meses lo que le permitía, además, socorrer a otros. Mostró en esto un conocimiento no vulgar del mundo financiero, de los tiempos de mayor circulación de instrumentos crediticios manejados por españoles (quizá conocidos en los años de Arévalo), y la escrupulosa “asepsia” espiritual con la que recibía y transmitía limosnas que no tocaba con sus manos.
     Cursó la Filosofía en el colegio de Santa Bárbara, donde sus contactos con los estudiantes suscitaron inicialmente las iras del rector, el portugués Diogo de Gouveia, pronto aplacadas; allí ganó a los que serían puntales de su obra futura: el saboyano Pedro Fabro (nacido en 1505) y el navarro Francés o Francisco de Jassu o Javier (nacido en 1506), a los que se añadieron poco después otros condiscípulos que le habían visto en Alcalá. Obtuvo el grado de bachiller en 1532 y la licenciatura en 1533; para el doctorado, que no requería especiales estudios, pero sí numerosos gastos, esperó hasta 1535. Paralelamente, dedicó año y medio al estudio de la Teología con los dominicos de Saint-Jacques. Aún sin acudir a las eximias ilustraciones manresanas, su connatural animus theologicus y su felicísima memoria le concitaron un prestigio cierto entre sus contemporáneos.
     En el torbellino religioso e ideológico que sacudió a Francia y especialmente a París en los años 1530- 1534, Ignacio fue un espectador atento y reflexivo, que ayudó a sus compañeros —Javier lo reconoció sinceramente— a mantener el rumbo en la vía media de la ortodoxia. El 15 de agosto de 1534, reunidos Ignacio, Fabro (único sacerdote), Javier, Laínez, Salmerón, Rodrigues y Bobadilla en la cripta de una vieja capilla de Montmartre, emitieron tres votos: de pobreza —condicionado al fin de sus estudios—, de castidad perpetua y de peregrinación a Jerusalén; en caso de no poder realizar ésta tras un año de espera en Venecia, se pondrían a la disposición del Sumo Pontífice, vicario de Cristo. Por primera vez se menciona la estrella polar que orientará sus vidas. No se habla de voto de obediencia, porque aquellos “amigos en el Señor” no pensaban en corporación religiosa estable. Los votos se renovaron en los dos años siguientes, con tres nuevos voluntarios: el saboyano Le Jay, el picardo Broët y el provenzal Codure. Otro estudiante rechazó por un tiempo las invitaciones de Ignacio: el mallorquín Jerónimo Nadal, decidido firmemente a ser “cristiano del Evangelio”, pero nada inclinado a hacerse “iñiguista”.
     Diez años más tarde, una de las primeras cartas de Javier le dará el impulso para llegar a identificarse como pocos con el pensamiento y el espíritu del fundador.
     Puesta la piedra fundamental de su obra, Ignacio decidió volver a España. Además del cuidado de su salud, deseaba visitar a las familias de sus compañeros y dar en su tierra de Loyola una reparación social por su escandalosa juventud. En Azpeitia se alojó por tres meses en el hospital, desoyendo las apremiantes invitaciones de su hermano; con su voz aguda y clara —recordaba una oyente distante— habló a todo el pueblo; promovió prácticas piadosas colectivas, enseñó la doctrina a los niños, condenó el juego y el amancebamiento, promovió el socorro de los pobres vergonzantes y compuso las disensiones del clero local.
     A su paso por Madrid, visitó a su gran admiradora y protectora, la portuguesa Leonor Mascareñas, aya del joven príncipe. Cuando en 1586, el pintor de Corte, Sánchez Coello, presentó a Felipe II el retrato de Ignacio, el anciano Rey recordó el encuentro y las ponderaciones de santidad, que le hacía su aya; elogió el parecido, “pero entonces —¡memoria de un niño de ocho años!— traía más barba”.
     El año 1536 lo dedicó al estudio privado en Venecia y a sus habituales conversaciones y Ejercicios. Sus compañeros salieron de París en noviembre y llegaron a Venecia en enero de 1537; en marzo continuaron, sin Ignacio, a Roma, para obtener la licencia de peregrinación y las necesarias para la ordenación sacerdotal. Venecia era en aquel momento un potente foco de reforma católica: de la floreciente “Compagnia del Divino Amore” había nacido la Orden de los Teatinos (1524), en la que la amable espiritualidad de san Gaetano de Thiene atemperaba el ímpetu inquisidor de Gianpietro Caraffa, obispo dimisionario teatino (de Teate) y futuro papa Pablo IV. Los dos grupos de clérigos regulares parecían nacidos para entenderse y fundirse; Ignacio mantuvo un contacto con Caraffa, seguido de una larga carta, probablemente no enviada, en la que marcó las distancias con la vida cuasi eremítica que imponía a los suyos el terrible napolitano. Había otras coincidencias, lo que explica que, durante muchos años, se identificase a los jesuitas como “teatinos”.
     Reunidos de nuevo en Venecia, recibieron el sacerdocio el día de san Juan de 1537. Ignacio retrasó la primera misa hasta la Navidad del año siguiente, en Roma. La guerra con los turcos había cortado, el único año, toda la navegación. Se abría el período de espera; para llenarlo, se repartieron en binas por las ciudades del Véneto. Antes de dispersarse, deliberaron sobre la respuesta que debían dar a los que les preguntasen por su nombre y profesión. Unánimemente decidieron llamarse “Compañía de Jesús” (al principio “Compañía del Nombre de Jesús”): el genérico no tenía primariamente una connotación militar; de todos modos, para Ignacio, lo esencial —y en lo que no estaba dispuesto a ceder— era lo especificativo.
     Con Fabro y Laínez, Ignacio se dirigió a Roma.
     A catorce kilómetros de la capital, en la aldea de La Storta, entraron en una capilla a hacer oración. Ignacio, en su larga preparación para la primera misa, venía pidiendo insistentemente a Nuestra Señora que se dignase “ponerle con su Hijo”, y a éste, que le recibiese bajo su bandera. A lo que vio o sintió en esos momentos se refirió siempre con su sobriedad acostumbrada, incluso en su diario privado; todo lo resumía en la certeza que adquirió de que “el Padre le ponía con su Hijo”, y que éste le decía, “quiero que tú nos sirvas” o “Yo os seré propicio en Roma”. Fue un momento central en su vida, que resumía todo su pasado y lo orientaba hacia un futuro, incierto en lo concreto, pero asegurado con la protección divina.
     Llegados a Roma, se presentaron a Pablo III. Fabro y Laínez se ofrecieron a dar lecciones gratis en La Sapienza, la Universidad romana. Ignacio se entregó a dar Ejercicios: el doctísimo cardenal laico Gasparo Contarini, el embajador de Siena, Lactancio Tolomei y el catedrático de Salamanca y agente imperial en Roma, Pedro Ortiz. No todo el mundo los veía con agrado.
     Comenzaron las insinuaciones sobre antiguos procesos, las sospechas de heterodoxia, las calumnias abiertas de un fraile apóstata. Ignacio obtuvo del Papa —tras una audiencia personal de una hora, en latín— la incoación de un proceso, en el que declararon los antiguos jueces de Alcalá, París y Venecia, presentes providencialmente en Roma. La sentencia fue plenamente absolutoria e Ignacio procuró su amplia difusión.
     Pocos días después se ofrecieron colectivamente al Papa, quien les señaló como campo apostólico la ciudad de Roma. Pero pronto llegaron invitaciones de otras diócesis italianas. En previsión de la dispersión inminente, deliberaron en la primavera de 1539 sobre sus relaciones futuras. Dos cuestiones fundamentales quedaron resueltas: establecer una congregación durable y hacer voto de obediencia a uno de ellos como a superior. Con sucesivas resoluciones fue perfilándose una Fórmula del Instituto de la Compañía en cinco capítulos, que redactó Ignacio en Roma por delegación de sus compañeros. El cardenal Contarini la presentó al Papa, quien la aprobó el 3 de septiembre y ordenó que se preparase la bula correspondiente. No fue fácil convencer a los dos cardenales encargados de hacerlo; uno desaprobaba las novedades que se pedían: omisión de hábito propio y del rezo coral, voto de obediencia al Papa, supresión de penitencias obligatorias...; otro propugnaba la reducción de las órdenes religiosas a los cuatro tipos existentes, dos de monjes y dos de mendicantes.
     Ignacio ofreció por esta intención tres mil misas y movilizó a los más eficaces intercesores. La aprobación definitiva se dio el 27 de septiembre de 1540, pero limitando el número de profesos a sesenta.
     Un proyecto de Constituciones fue aprobado por los seis cofundadores presentes en Roma y en abril se procedió a la elección del general (los ausentes habían dejado sus votos por escrito). Por dos veces recayó el voto unánime sobre Ignacio, quien se resistió y pidió que se dejase al arbitrio de su confesor franciscano, con el que hizo una confesión de tres días. Su parecer, expresado por escrito, fue decisivo, y la elección se verificó el 19 de abril. El 22 hicieron todos la profesión en San Pablo Extramuros.
     La actividad de Ignacio en los quince años de generalato se repartió entre el apostolado directo en Roma y su función de gobernante. Entre lo primero destaca la promoción de una asociación para acoger a los catecúmenos provenientes del judaísmo; la Casa de Santa Marta para las pecadoras arrepentidas; el apoyo a la Inquisición, fundada por Pablo III, y la apertura y sostenimiento de los dos colegios, el Romano, dedicado a los estudios sacerdotales, y el Germánico, que alojaba a los estudiantes centroeuropeos. Como fundador, tenía dos metas esenciales: la aprobación por la Santa Sede del libro de los Ejercicios (caso único entre los libros de devoción) y su publicación en 1548 (el texto castellano no se publicará hasta 1615, y en Roma), y la redacción definitiva de las Constituciones (texto a), precedidas de un Examen, que propicia un conocimiento mutuo entre la Orden y el candidato. A mediados de 1550 se había concluido, aunque se añadieron unas doscientas cincuenta enmiendas (texto A). Entonces convocó a todos los profesos para someterles la obra y su propia renuncia al generalato (30 de enero de 1551), que no fue aceptada. De 1552 es el texto B, llamado autógrafo por las correcciones añadidas. En 1550, Julio III había dado su aprobación, y suprimido la limitación de los sesenta profesos. Pero Ignacio quiso expresamente que las Constituciones quedaran “abiertas”, y sólo la primera congregación general (1558) las hará obligatorias.
     Del texto de hizo un Sumario, con los grandes principios espirituales, y se dieron Reglas comunes y de varios oficios.
     La múltiple expansión —geográfica y funcional— de la Orden fue rápida, forzando con frecuencia el límite de la escasez de sujetos. La visión sobrenatural del fundador quedó expresada en una brevísima carta a Francisco Javier fechada el 31 de enero de 1552: “Las cosas de la Compañía, por sola bondad de Dios, van adelante, y en continuo aumento por todas partes de la cristiandad; y sírvese de sus mínimos instrumentos el que sin ellos y con ellos es autor de todo bien”.
     Los diversos colegios y casas —unos para estudiantes, otras para novicios y operarios apostólicos— se agrupaban en once provincias: Portugal (1546), España (1547), dividida en tres (1554); India (1549), Italia (1551), Sicilia (1553), Brasil (1553), Francia (1555), Germania del Sur y del Norte (1556). El número de jesuitas en 1556 giraba en torno al millar.
     Se ha presentado a Ignacio como el anti-Lutero.
     Oposición más retórica que real. Sin duda, era consciente de la crisis abierta en la cristiandad centroeuropea.
     Tres de los cofundadores —Fabro, Bobadilla y Le Jay— trabajaron allí. El fiel discípulo Nadal dirá más tarde que la Compañía avanzaba con dos alas, la India y Germania. Fabro pretendió encontrarse con el discípulo de Lutero, Melanchton; pero su mejor logro fue la vocación del joven holandés Pedro Canis o Canisio. Para obtener bases estables, se fundaron colegios: Colonia (1554), Ingolstadt (1549-1556), Viena (1551), Praga (1556). Las consignas que daba a los moradores, supuesta la “unión del instrumento con Dios”, se cifraban en la ejemplaridad de vida, la predicación positiva de las verdades de la fe, más que la discusión de puntos controvertidos; y los métodos de contacto personal. A las autoridades eclesiásticas y civiles les recordaba la importancia de los maestros en las escuelas y la prohibición de libros heréticos o sospechosos. No fue partidario de introducir la Inquisición en el Imperio. Coincidía aún literalmente con Lutero y san Juan de Ávila al afirmar que “la educación de la juventud es la renovación del mundo”.
     Los problemas europeos no le ocultaban más amplios horizontes. Las esperanzas de reunión de los cristianos de Etiopía con Roma —una primera etapa hacia Jerusalén, nunca olvidada— atrajeron su atención preferente. Para ello, hizo la excepción de admitir el nombramiento de un jesuita como patriarca, con dos obispos que aseguraran la sucesión, y dirigió al Negus todo un tratado del más acendrado ecumenismo. Al mismo tiempo, sostuvo la epopeya de Javier; pero no vaciló para asegurarla y remediar la profunda crisis por la que atravesaba la provincia portuguesa, vivero de misioneros, en darle la sorprendente orden perentoria de regresar a Portugal; el santo misionero había ya fallecido a las puertas de China.
     En la estructura de la Orden introdujo importantes novedades: dos años de noviciado, profesión retrasada al menos por diez años y entretanto votos particulares o simples, perpetuos para el sujeto, pero no incondicionalmente para la Orden; distinción de grados entre los incorporados; generalato vitalicio, pero supremo poder legislativo en la congregación general, compuesta por los provinciales en función y dos vocales elegidos por el cuerpo de la provincia; el cuarto voto de los profesos, que informa de algún modo de todas las relaciones con la Santa Sede; exclusión de una rama femenina o dirección habitual de religiosas. Tampoco dignidades eclesiásticas, salvo imposición pontificia.
     Ignacio fue hombre de acción y profundamente contemplativo. Su vida mística, prácticamente ignorada durante siglos, hoy es universalmente reconocida.
     Amaba paternalmente —con detalles maternales— a sus súbditos, y era correspondido por ellos; intuía el valor oculto de las personas y potenciaba su libertad, nunca sojuzgada despóticamente. Fue capaz de transmitir, a caracteres muy diversos, su experiencia esencialmente personal.
     Su salud se resintió toda la vida de las penitencias y fatigas de los años de peregrinación. Las indisposiciones, que le retenían en cama, fueron frecuentes; en 1555 nombró vicario al padre Nadal, con plenos poderes.
     Murió inesperadamente y solo en la madrugada del 31 de julio de 1556. La autopsia reveló grave litiasis biliar y cirrosis epática secundaria. Fue sepultado en la iglesia de Santa María de la Strada; beatificado el 27 de julio de 1609, y canonizado el 12 de marzo de 1622.
     En cuanto a su iconografía, hay que anotar que, ante el cadáver, hizo un boceto el retratista Giacopino del Conte, que dejó un modelo muy rejuvenecido. Se sacó una mascarilla en yeso y de ella varios positivos en cera; uno trajo a España el padre Ribadeneira, y en él se inspiró Sánchez Coello. Hacia 1600, varios jesuitas belgas, que lo habían conocido, lograron una miniatura que trata de reproducir la irradiación de su semblante, atestiguada por san Felipe Neri, y el aspecto juvenil que mantuvo en vida (en Alcalá, un franciscano lo había descrito como “hombre de poca edad, que podría tener hasta veinte años”, cuando contaba treinta y cinco) (José Martínez de la Escalera, SI, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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sábado, 17 de agosto de 2024

El sitio arqueológico "Alcalá del Río Oeste", en Alcalá del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Sitio arqueológico identificado por Ponsich con el nº 79, con la denominación de Alcalá del Río Oeste. señalando que este se encuentra entre la carretera de Alcalá del Río a Guillena y el camino de Los Molinos. En superficie se observaban numerosos fragmentos de tégulas y cerámica romana. 
     Posiblemente el yacimiento se extendiera bajo la actual plaza de Artena, urbanizada y con un pabellón cubierto en construcción. Fue incluido por Moreno Menayo el el Inventario de Yacimientos Arqueológicos de Andalucía en 1986.
     Revisado en el año 2000 por Vargas y Romo, señalabas que este sitio arqueológico se encuentra al noroeste del municipio, en el límite del perímetro construido, al oeste de la Avda. de Roma a su paso por la plaza de Artena. En terreno llano, aunque en el topográfico se percibe una suave elevación, se encuentra este yacimiento prácticamente destruido, donde los restos son escasos y muy dispersos, se aprecia algún ladrillo, un amorfo de TSSG (Terra Sigillata Sud Galica) y otro de ánfora local. 
     Con motivo de la revisión de yacimientos para la realización de la Carta Arqueológica municipal, se realiza visita en abril del 2008 comprobándose que la zona se halla altamente degradada por la proximidad de la urbanización y el uso de los terrenos para actividades marginales y vertederos. No obstante en una parcela que se hallaba cultivada fue posible observar la presencia de cerámica de cronología romana (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 4 de diciembre de 2023

El sitio arqueológico de la Huerta de Santa Bárbara, en Alcalá del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico de la Huerta de Santa Bárbara, en Alcalá del Río (Sevilla).  
     Hoy, 4 de diciembre, Conmemoración de Santa Bárbara, de la cual se dice que fue virgen y mártir en Nicomedia, en la actual Turquía (s. III / IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el sitio arqueológico de la Huerta de Santa Barbara, en Alcalá del Río (Sevilla).
     Sitio arqueológico identificado por Ponsich en 1974 (yac. Nº 75) como lugar ubicado en la Huerta de Santa Bárbara, indicando que la explotación de una cantera ha hecho desaparecer el yacimiento romano. Sobre la cima de la colina, numerosos fragmentos de cerámica sigillata hispánica y clara D. Se trataría de una villa romana ocupada entre los siglos I a IV d.C. y con una necrópolis asociada. Años después en 1986, Moreno Menayo recoge esta información y la traslada al Inventario de Yacimientos Arqueológicos de Andalucía.
     Con motivo de la redacción de la Carta Arqueológica de Alcalá del Río se procede a la revisión del sitio en febrero de 2008, pero no se pudo hacer ningún tipo de inspección puesto que la propiedad denegó el acceso al yacimiento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de Santa Bárbara, virgen y mártir:
LEYENDA
   Compilada tardíamente por Simeón Metafrasto en el siglo X, la Pasión de esta santa oriental se popularizó en Occidente en el siglo XIII, gracias al arzobispo de Génova, Santiago de Vorágine, y a su Leyenda Dorada.
   Hija del sátrapa Dióscuro, habría nacido en Nicomedia, a orillas del mar de Mármara. Para sustraerla al proselitismo cristiano, su padre la encerró en una torre iluminada sólo por dos ventanas.
   No obstante, gracias a un subterfugio, ella  encontró el medio de recibir las enseñanzas de un sacerdote enviado por Orígenes, que se hacía pasar por médico, y quien, después de haberla instruido en la religión cristiana le administró el bautismo. Para expresar su fe en la Santísima Trinidad, ella perforó en el muro de la torre una «tercera ventana».
   Al saber que a pesar de todas sus precauciones su hija se había convertido, el feroz Dióscoro la amenazó con la espada. Ella consiguió huir y se refugió en un peñón que se abrió milagrosamente para darle asilo. Pero fue denunciada por un pastor chivato que fue castigado por su traición con la metamorfosis de sus corderos en langostas.
   Presa, santa Bárbara se negó a abjurar del cristianismo y a casarse con un pagano. Por ello la entregaron al juez Marciano que le hizo padecer los peores tormentos. Estirada en un potro fue azotada con vergajos, desgarrada con peines de hierro, rodada sobre fragmentos de cerámica, quemada  con hierros candentes; y al fin los verdugos le arrancaron los pechos con tenazas.
   Cuando la paseaban desnuda por la ciudad, un ángel le cubrió el cuerpo martirizado con un velo.
   Para terminar, su padre, desnaturalizado, la llevó hasta la cima de una mon­taña y le cortó la cabeza con sus propias manos. El castigo del cielo no se hizo esperar: el monstruo fue fulminado por un rayo. «Fue asaeteado y consumido de tal manera que de su cuerpo no quedaron polvo ni cenizas.»
CULTO
   El culto de la "partenomártir" de Bitinia nació en Oriente.
   Fue la patrona del monasterio de Edesa a partir del siglo IV, y en el VII se convirtió en titular de una basílica construida por los coptos en El Cairo. León el Filósofo puso bajo su advocación una iglesia de Constantinopla.
   En Occidente, su popularidad se remonta al siglo XV. No obstante, en Roma se la representó a partir del siglo VIII, tal como se ve en un pilar de Santa María la Antigua, acompañada por un pavo real, símbolo de inmortalidad. Se ha imaginado que en ciertos casos su culto sustituyó al de una divinidad celta: Borbo o Borvo (Borbón), dios de las fuentes. Por otra parte, corno protegía contra el rayo, se le edificaron santuarios en las cumbres golpeadas por el fuego del cielo. 
 Se la veneraba sobre todo en Francia, en las provincias de Normandía y Bretaña, como lo prueban la fundación de un priorato de Sainte Barbe en Auge, a orillas del Dive y la advocación de la capilla de Sainte Barbe en Faouet. 
    En Italia, es la patrona de las ciudades de Ferrara, Guastalla y Mantua.
   En España se la invoca contra los truenos, rayos e incendios (abogada contra los truenos e incendios).
   La extensión de su culto en Alemania, a finales de la Edad Media, se debía sobre todo al hecho de que figurase en la cohorte de los Catorce Intercesores (vierzehn Nothelfer), en compañía de santa Catalina y santa Margarita. Las tres santas gozaban de envidiables privilegios en la devoción popular, ilustrada por este refrán :
   Barbara mit dem Thurm,
   Margarethe mit dem Wurm, 
   Katharina mit dem Räddel
   Sind die drei heiligen Mädel.
   La liturgia les sumó a santa Dorotea, para formar el grupo del Cuarteto de vírgenes capitales que se invocaba en estos términos en la colecta de la Missa de Sanctis quattuor capitalibu s virginibus:
   «Deus qui sanctissimas virgines tuas Catharinam, Barbaram, Margaretham et Dotoheam per martyrii palmam ad coelos pervenire fecisti, praesta, quaesumus, ut earum intervenientibus meritis a peccatorum nostrum maculis mereamus absolvi.»
   A Santa Bárbara suele asociársela  sobre todo con santa Catalina. Protectora de los militares, simboliza la vida activa, mientras que santa Catalina, patrona de los clérigos, es la imagen de la vida contemplativa.
Patronazgos
   Si el culto de santa Bárbara suele adquirir en Alemania una forma colectiva, sus patronazgos tienen un carácter muy individual. Y son tan numerosos que para esclarecerlos, deben clasificarse en dos series: l. La protección contra el rayo y la muerte súbita; 2. Los patronazgos de corporaciones y oficios.
1. Protección contra el rayo y la muerte súbita
   Uno de los privilegios más apreciados de santa Bárbara era el de proteger contra el rayo porque  su verdugo, que fue su propio padre, fue fulminado por el fuego del cielo. Se la llamaba la «conjuradora del rayo».
   Los viejos refranes populares prueban que hasta la invención del pararrayos por Franklin, ella tenía la tarea a su cargo:
   Quand le tonnerre grondera, 
   Sainte Barbe nous gardera. 
   Quand le tonnerre tambera,   
   Sainte Barbe le retiendra.
   Partout où Barbe passera, 
   Le tonnerre ne tambera.
   (Cuando el trueno rugirá,/ Santa Bárbara nos guardará./ Cuando el rayo caerá, / Santa Bárbara lo retendrá./ Por donde Bárbara pasará, /El rayo no caerá.)
   Las iglesias cuyos campanarios y techos protegía de los incendios, invocaban su protección. Por ello el nombre de la santa suele estar inscrito en las campanas, que durante las tormentas solían echarse a vuelo.
   La capilla de Sainte Barbe au Faouet fue edificada en 1489 a causa de una promesa formulada por un noble, quien sorprendido durante una cacería por una violenta borrasca, se salvó gracias a la santa que alejó de su cuerpo una gran roca desprendida que rodara hacia él.
   Como protege del rayo, se considera que santa Bárbara también preserva de la muerte fulminante, y del deceso sin confesión ni comunión, particularmente temido por los creyentes. Así, pertenece a la categoría de los santos eucarísticos.
   Esos dos patronazgos estaban estrechamente ligados en el espíritu de los cristianos de finales de la Edad Media. En un Libro de Horas de 1490, un devoto ruega a santa Bárbara «guardarle del rayo y de la tormenta / como de la muerte súbita, vil y deshonesta / puesto que Dios le ha dado poder» .
   Sin duda es esa una de las fuente principales de la popularidad de santa Bárbara, versión  femenina de san Cristóbal a quien también se invocaba contra «la muerte súbita». Los agonizantes recurrían a su intercesión para no expirar antes de haberse confesado. Por ese motivo se la llamaba Mater confessionis. Las cofradías de la Buena Muerte se ponían bajo su advocación.
2. Patronazgos de corporaciones y oficios
   Por el hecho de proteger contra el rayo y la mala muerte, santa Bárbara se convirtió en el siglo XV en la patrona de los artilleros, cuyos cañones tonantes lanzan el rayo, y que están expuestos a explosiones accidentales en tiempos de paz, y a la muerte súbita en tiempos de guerra. Los artificieros también la adoptaron como patrona. 
  Los arcabuceros, bombarderos, cañoneros y culebrineros nunca olvidaban situar su imagen protectora en los escudos de armas o piezas. La cofradía de santa Bárbara en París agrupaba a los salitreros, fabricantes de pólvora y oficiales de artillería. Se da el nombre de santa Bárbara a los polvorines, arsenales y fuertes; en los barcos de guerra, el  habitáculo del maestro artillero se denomina cámara de santa Bárbara.
   Por la misma razón, o tal vez a causa de la montaña que se abrió ante ella, santa Bárbara se convirtió en patrona de los mineros y canteros particularmente expuestos a los peligros del grisú y a los derrumbes. Muchos pozos de minas se bautizaron con el nombre de la santa. Su fiesta, el 4 de diciembre, era feriado para los mineros, y quienes trabajaban ese día se arriesgaban a sufrir accidentes mortales. Por extensión, también la adoptaron como patrona los obreros que perforan pozos petrolíferos, sobre todo en Pechelbronn, Alsacia.
   En el siglo XV, los mineros de Kutna Hora, Kuttenberg, (Bohemia) pusieron bajo su advocación una magnífica iglesia.
   Como en las tormentas se echaban a vuelo las campanas para prevenir los rayos, santa Bárbara también es patrona de los campaneros y carrilloneros. Otros patronazgos se explican por diferentes circunstancias de su leyenda. Puesto que era una virgen estudiosa que se inició en las verdades de la fe cristiana siendo muy joven, junto a santa Catalina comparte el patronazgo de los escolares y estudiantes. De ahí, el nombre del Colegio de Sainte Barbe sobre la colina de Sainte Genevieve, en París.
   La torre donde fue encerrada la santa y en la que ella perforó «una tercera ventana»  en honor de la Santísima Trinidad, le valió convertirse en la patrona no sólo de los presos sino también de los arquitectos y albañiles.
   En conmemoración de la metamorfosis de los ovinos del pastor que la denunciara, era invocada por los agricultores contra las plagas de langosta. Quizá el patronazgo de los canteros o pedreros se explique por la milagrosa apertura de la peña, que le sirviera de refugio. En cualquier caso, es por esa razón que ella curaba la enfermedad de la piedra (cálculos).
   La etimología popular le consiguió aún más clientes. A causa de un mal juego de palabras con su nombre, que evoca la idea de pelos, santa Bárbara era invocada por los tapiceros, fabricantes de brochas, sombrereros, fabricantes de verguetas y de raquetas. En Saone et Loire las mujeres visitan la capilla de Santa Bárbara en peregrinación, para tener hijos con pelo rizado.
   Puede apreciarse la extraordinaria diversidad de la clientela de santa Bárbara, a quien se recurría  no sólo a la hora de la muerte sino también  en la vida diaria, para infinidad de oficios. Era la protectora y abogada  celestial de los artilleros, mineros, campaneros, arquitectos, fabricantes de brochas y sombrereros.
   Ello explica la riqueza  de su iconografía.
ICONOGRAFÍA
Atributos
   Además de la palma del martirio y la corona, santa Bárbara se caracteriza por numerosos atributos que le pertenecen en propiedad exclusiva y permiten reconocerla fácilmente.
   Algunos se han tomado de su leyenda, otros de sus patronazgos.
1. La torre con tres ventanas
   Es el atributo más constante, y por decirlo así, obligatorio. En un auto sacramental del siglo XV puede leerse:
   Aussi faut qu 'elle ait une tour 
   En une main et puis en l 'autre
   Une palme; puis sans nulle faute 
   Ait sur la tête une couronne.
   (También es necesario que tenga una torre/ En una mano y luego en la otra/ Una palma; y luego sin falta alguna /  Que tenga una corona en la cabeza.)
   En vez de la pequeña torre simbólica en la mano, puede estar sentada al pie de una gran torre en construcción: así la representa Jan van Eyck en su célebre grisalla del Museo de Amberes (1437).
   Lo que caracteriza a la torre de santa Bárbara es que está abierta en tres Ventanas que simbolizan su adoración a la Santísima  Trinidad.
   A veces la torre, reducida a una pequeña escala, es sólo un simple ornamento aplicado como una insignia a su diadema o su tocado.
   En un cuadro del Museo de Bruselas, se ve a santa Bárbara cubierta con un vestido lleno de torres bordadas, formando pareja con santa Catalina que lleva el suyo constelado de ruedas.
2. La pluma de pavo real
   Las varas con que la azotaba su padre se habrían cambiado en plumas de pavo real.
   No obstante, puede que se trate de un símbolo de inmortalidad, como en el fresco de Santa María la Antigua, en Roma. Se trataría de una alusión a su patronazgo contra la muerte súbita.
3. Su padre y perseguidor hollado a sus pies
   Así forma pareja con el emperador Majencio a quien se ve a los pies de santa Catalina de Alejandría.
4. Un cáliz rematado con una hostia
   Este atributo que la señala como preservativo de la muerte repentina sin comunión, es menos universal que el precedente. Es particular del arte germánico, alemán y flamenco, e infrecuente en el francés.  
   Al tiempo que la torre alude a su leyenda, el cáliz la señala como patrona de la buena muerte (patronin eines seligen Todes).
   Los dos atributos suelen aparecer combinados: el cáliz está apoyado sobre una ménsula en saledizo, encima de las tres ventanas de la torre.
   Hasta se ha emitido la hipótesis de que en origen eran uno, es decir, que el cáliz sería una duplicación, una simple variante de la torre que a veces tenía la forma de un pimentero, bastante parecida a las píxides en que se conservaban las hostias consagradas para administrar a los agonizantes, en el siglo XV. De la torrecilla se habría pasado a la píxide, y luego al copón o cáliz sin tapa, encima del cual planea una hostia.
5. Un cañón o una bala de cañón
   Este atributo la señala como patrona de los artilleros.
   Resulta poco creíble que el cañón derive, como lo pretende Hourticq, de la torre mal interpretada. La semejanza de formas es muy ligera, y además, los tubos de los cañones no se erigen según la vertical.
   Palma Vecchio la representa con un cañón a sus pies. Un alabastro inglés del siglo XV (Victoria & Albert Museum, Londres), la muestra con una bala de cañón en  la mano.
   La semejanza entre una bala de artillería y una pelota de frontón sin duda explica la elección de santa Bárbara como patrona de los fabricantes de pelotas y de raquetas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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