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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 23 de julio de 2025

La Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla.  
     La Facultad de Matemáticas, se encuentra en la avenida la Reina Mercedes, s/n; en el el Barrio Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
     El edificio se sitúa en el campus universitario de Reina Mercedes, en la esquina Suroeste del actual jardín central del mismo. Se trata de un volumen exento, de cuatro plantas de altura más una planta bajo rasante, de planta rectangular alargada dispuesta, en la línea marcada por los edificios precedentes (Escuelas de Arquitectura, Aparejadores e Ingenieros Industriales), perpendicular a la directriz de la avenida Reina Mercedes.
     Las fachadas del edificio son herméticas, construyéndose con paños continuos de ladrillo de tonalidad amarilla en los que se recortan ventanas alargadas, que quedan ocultas tras carpinterías de lamas horizontales de color blanco. Esta decisión de cerrar el edificio hacia el exterior se toma, según el propio arquitecto, ante la ausencia de referencias en el espacio abierto del jardín. Esto motiva que el edificio se abra completamente hacia el interior, a través de un espacio abierto en posición central, que actúa de elemento organizador a la manera de los patios de la arquitectura tradicional andaluza.
     El programa se organiza de manera pragmática y sencilla, al mismo tiempo que en su disposición busca intencionadamente ofrecer una respuesta tipológica compleja: un volumen central de cuatro plantas, que concentra las aulas en planta baja, y al que se añaden, a Este y Oeste, dos torres en las cuales las aulas se apilan unas sobre otras hasta un total de cuatro plantas. Este carácter independiente del volumen central y de las dos torres se evidencia también en la estructura, ya que es en su encuentro donde se resuelven las juntas de dilatación del edificio.
     El sistema estructural es clave para entender la organización funcional. El volumen central parte de una retícula ideal de 7 vanos en dirección Norte-Sur, y 12 vanos en dirección Este-Oeste. La planta baja del volumen central puede dividirse en tres bandas que la recorren de Este a Oeste, y que de Norte a Sur son las siguientes: biblioteca y administración (2 vanos de estructura), distribución (1 vano) y aulas (4 vanos). La banda de aulas agrupa los vanos de dos en dos en la dirección Este-Oeste, por lo que quedan seis vanos del doble de luz. En esta banda de aulas, los dos vanos extremos, a Este y Oeste, se ocupan con patios, mientras que los cuatro vanos centrales son ocupados por cuatro aulas yuxtapuestas. Estos patios sirven de acceso al edificio desde el Sur atravesando el espacio abierto, y conduciendo a la banda de distribución.
     En las tres plantas superiores, la organización por bandas cambia, repitiéndose las de biblioteca (2 vanos de estructura), y distribución (1 vano), mientras que los cuatro vanos de la banda de aulas se convierten en patio (2 vanos) y banda de despachos y seminarios (2 vanos), que conforma la fachada Sur. De esta manera, el espacio central abierto se aprecia en su verdadera magnitud, encontrándose su plano de referencia en las cubiertas de las aulas situadas en la planta baja, que se iluminan a través de claraboyas. Aunque inicialmente estas cubiertas contaron con ajardinamiento, en la actualidad se muestran completamente desnudas.
     En las tres plantas superiores, la banda de distribución se define como pasarelas en cada nivel, que quedan adosadas a la banda de biblioteca sin llegar a tocar la banda del patio, cambiando sus dimensiones para ofrecer una sección variable. Se abre de esta manera en esta banda un vacío de cuatro plantas de altura, que se cierra del patio a través de un rudimentario muro cortina. Desde estas pasarelas, se tienden puentes en dirección Sur, que alcanzan la banda de despachos y seminarios tras atravesar la banda del patio. Estos puentes, aunque inicialmente eran abiertos, han sido completamente cerrados, con lo que el patio se divide en cuatro, perdiendo su unicidad.
     Las torres de aulas anexas al Este y al Oeste cuentan con un aula por planta, de las mismas dimensiones que las del volumen principal. Ambas se retranquean una distancia de un módulo estructural y medio respecto a la alineación de la fachada Norte. La torre Oeste ofrece el acceso a los profesores desde el aparcamiento, y conecta las cuatro plantas a través de una escalera independiente.
     A la torre Este se anexa un volumen de dos plantas que ofrece la cara más pública del edificio, albergando en la planta baja, rehundida respecto a la cota del terreno, el servicio de comedor y cafetería que originalmente pretendía centralizar esta dotación en el campus. Sobre este comedor se sitúa el salón de actos del edificio, y esta superposición provoca un cambio de sección en planta baja, que procura mayor altura hacia el espacio abierto.
     El encuentro de este volumen de dos plantas con la fachada Norte del volumen principal sirve de acceso principal al edificio desde el jardín del campus, a través de un porche que constituye el único gesto evidente de apertura de toda la composición.
     El hermetismo del edificio hacia el exterior contrasta con su absoluta diafanidad interior. Ésta se consigue especialmente gracias al empleo de la estructura de acero, que minimiza las secciones y queda vista, evidenciando las cualidades de ligereza que caracterizan a la arquitectura moderna. Estas cualidades son especialmente en la banda de distribución y en la banda de patios, así como en el sistema de pasarelas que a ambas relaciona (Teodoro Falcón Márquez, en Universidad de Sevilla).
     El edificio se sitúa en el campus universitario de Reina Mercedes, en la esquina suroeste del jardín central. Se trata de un volumen exento, de cuatro plantas de altura más una planta bajo rasante, con planta rectangular alargada. 
     Las fachadas del edificio son herméticas, con paños continuos de ladrillo de tonalidad amarilla en los que se recortan ventanas alargadas, que quedan ocultas tras carpinterías de lamas horizontales de color blanco. La decisión de cerrar el edificio hacia el exterior ante la ausencia de referencias en el espacio del jardín que motiva que se abra completamente hacia el interior a través de un patio central. La diafanidad interior se consigue gracias al empleo de la estructura de acero, que minimiza las secciones y queda vista. 
     El programa se organiza en cuatro plantas con un volumen central, que concentra las aulas en planta baja, al que se añaden, a este y oeste, dos torres.
     El sistema estructural del edificio principal es una retícula de siete vanos en dirección norte sur y doce en dirección este-oeste. La planta baja del volumen central se organiza en tres bandas: biblioteca y administración (dos vanos), distribución (uno) y aulas (cuatro). La banda de seis aulas agrupa los vanos de dos en dos en la dirección este-oeste. En las tres plantas superiores los cuatro vanos de aulas se convierten en patio y banda de despachos y seminarios (dos y dos vanos) al sur.
     En las tres plantas superiores, la banda de distribución genera pasarelas que se adosan a la biblioteca sin tocar al patio, abriendo un vacío de cuatro plantas de altura cerrado mediante muro cortina. Desde estas se tienden puentes que atraviesan el patio, inicialmente abiertos aunque han sido cerrados, fragmentando el patio. 
     Las torres al este y al oeste cuentan con un aula por planta. A la este se anexa un volumen de dos plantas albergando, en la planta baja, comedor y cafetería y en la alta el salón de actos, provocando un cambio de sección. El encuentro de este volumen con la fachada norte sirve de acceso principal al edificio a través de un porche (Plácido González, en DOCOMOMO).
     Situado en el ámbito territorial urbano de la ciudad de Sevilla, el Edificio de Aulas y Seminarios se ubica en el sector sur, conformado con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la Avenida de Reina Mercedes (espacio intermedio entre el eje principal de la muestra, la Avenida de la Palmera y las instalaciones de la Avenida de la Raza), vía singular por la diferencia de edificaciones que conforman su trazado Este y Oeste: frente a la sucesión de viviendas plurifamiliares de notable altura y muy escasa cualificación arquitectónica, se sitúa el campus universitario de Reina Mercedes, en el que destaca la calidad del Edificio de Aulas y Seminarios, inserto en un espacio actualmente rodeado por la Facultad de Informática y Estadística, las Facultades de Química, Biología, Física y la antigua Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales.
     La proximidad a edificios docentes que iban a levantarse en poco tiempo, y a los que debía dar servicio, pero cuyas referencias formales desconocía, sugirió a De la Sota la necesidad de buscar cierto aislamiento, ensimismando la construcción, cerrándola al exterior con muros de ladrillo y persianas, y creando un importante juego de patios habitables al interior, en la tradición popular andaluza que permite adaptar la construcción al clima y su entorno, en una búsqueda que le lleva igualmente a poder abrir al exterior aquella parte del edificio que se desvincula de la función docente, la cafetería, que incorpora al exterior con terraza propia.
     El edificio desde su construcción ha servido para la actividad universitaria que lo motivó, si bien la primera función de edificio de apoyo a diferentes facultades se transformó como Facultad de Ciencias Exactas, posteriormente denominada Facultad de Matemáticas, conllevando una alteración notable en su funcionalidad que necesitó alteraciones en la distribución del edificio, necesitándose espacios de despachos y administración del centro, de profesores y departamentos.
     El edificio está constituido por una parte principal con semisótano y cuatro plantas para aulas y seminarios, y otra edificación adosada de dos plantas destinado a cafetería y Aula Magna.
     El edificio busca la ubicación de las aulas de mayor uso (para 200 alumnos) en la planta baja asociada en grupos horizontales (con iluminación y ventilación cenital), situando las restantes en una interesante disposición en grupos verticales por las esquinas de las tres plantas restantes (con iluminación perimetral). Los patios permiten el aislamiento de los seminarios respecto a las aulas, conectándose por las ligeras pasarelas de vidrio y metal, creando una precisa y expresiva espacialidad, plena de movimiento, aire y luz.
     Los patios tamizan el sol y la intensidad de la luz por una gran celosía horizontal, orientable. El juego de cristaleras que establece, y la espacialidad que permiten pasarelas y balcones, le posibilita entender todo el conjunto como un gran patio cubierto, en el que no existen circulaciones ocultas.
     Los seminarios buscan abrirse igualmente a este patio, en relaciones que han sido paulatinamente menguadas con el uso del edificio, y que tan gratas se imaginan en la planimetría original del proyecto de Sota.
     El cuerpo en el que se construyen cafetería y Aula Magna se sitúa ligeramente maclado a la construcción principal, intercambiando accesos y servicios.
     El proyecto, riguroso como es norma habitual en la producción de Alejandro de la Sota, utiliza la retícula de 1,20 metros, que se parte a la mitad en las aulas de 200 alumnos.
     Las superficies construidas que constan en proyecto son:
     edificio principal:
     semisótano: 2.853,58 m2; primera, 2.456,82 m2; segunda, 2.186,40 m2; tercera, 2.186,40 m2; cuarta, 2.117,76 m2, totalizando 11.830,96 m2.
     edificio anexo: planta baja, 384,12 m2; planta primera, 367,32 m2, con un total de 751, 44 m2
      Con lo que la superficie construida total del conjunto es de 12.582,40 m2.
      Al disponer de muy corto plazo para la ejecución del edificio adoptó una estructura de pilares y jácenas de hierro vistos y pintados en blanco, forjados Stalton con bovedillas cerámicas y capa de compresión de hormigón.
     En proyecto consta la cimentación a -3,40 metros con zapatas de hormigón atadas con correas. Los cerramientos se realizan con muros de medio pie de ladrillo macizo cara vista, llevando tabique aislante Ytong por el interior. La carpintería exterior está formada por ventanales de corredera horizontal con un módulo de 2,40 metros, con perfiles de chapa galvanizada.
     El Edificio de Aulas y Seminarios ha sido relacionado con las corrientes brutalistas europeas, con referentes en las escuelas de Hungstanton de Alison y Peter Smithson por la expresividad que se confía a la técnica y los materiales en la conformación de la imagen final del edificio.
     Resulta evidente la necesidad de recuperar en el edificio la mirada originaria al patio como espacio que relaciona edificio exterior, actualmente tan perdida.
     La necesaria posibilidad de transformación que se reclama a este tipo de edificios, alcanza en este proyecto uno de sus aspectos más destacados, cumpliendo lo expresado por De la Sota en la memoria del proyecto: "Existe un funcionalismo inmediato que es de buen uso, por buena disposición del edificio. Existe otra más importante y duradera que es que el nuevo edificio lleve en sí la posibilidad de cambios, cambios que, inevitablemente, se le han de exigir y más en épocas que se caracterizan precisamente por sus cambios. Esta adaptabilidad en el tiempo exige en primer lugar un concepto claro del edificio, modulación rígida aunque flexible, amplitud interior, estructura diáfana, tabiquería que admite el cambio con facilidad, continuidad con pavimentación, cerramientos, iluminación, servicios, etc. Esta es la funcionalidad en el tiempo, la auténticamente importante como inversión".
     El anuncio del Concurso público entre empresas nacionales se publica en el B.O.E. el 10 de enero de 1.972. 
     La empresa Casa Gargallo oferta la realización del edificio por 55.996.946 ptas., obtenidos de un Presupuesto de Ejecución Material de 46.801.526,00 ptas, un Presupuesto de Contrata de 53.821.755,00, con honorarios de 1.210.990,00 ptas, y urbanización de 942.984 ptas. (marzo de 1972).
     El encargo se firma el 14 de marzo de 1972, visándose el proyecto el 19 de mayo de 1972.
     El plazo de ejecución se fijó en cinco meses desde la firma del contrato.
     La dirección de obra la llevaron directamente facultativos de la Unidad Técnica de Sevilla, dependiente de la Dirección Técnica de Construcción del Ministerio de Educación y Ciencia.
     Alejandro de la Sota Martínez (Pontevedra 20.10.1913- titulado 1941- Madrid 14.02.1996) fue galardonado por este edificio con el Premio Nacional de Arquitectura y con el Premio Concursos Nacionales de Bellas Artes: Arquitectura (1975). Es uno de los mejores arquitectos españoles del siglo XX, que tras un breve periodo docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid, se centra en su carrera profesional, que atraviesa diversos facetas expresivas, caracterizándose siempre por una obra en la que brilla la sencillez de sus planteamientos, la economía de medios con las que se resuelven sus edificios, en los que brilla fundamentalmente el estudio de los detalles ("la arquitectura está en los encuentros" gustaba decir De la Sota), que lo sitúan cercano a los planteamientos de Mies van der Rohe.
     Fue uno de los promotores en España de la industrialización en la construcción, con la incorporación de elementos industriales en la obra, combinando en sus edificios un gran rigor geométrico, con líneas precisas, claras y rectas, con estructuras audaces.
     Sus obras han ejercido una enorme influencia en generaciones completas de arquitectos españoles, que han venerado esa forma lógica que presentan sus proyectos. El Gimnasio del Colegio Maravillas de Madrid (1961) y el Gobierno Civil de Tarragona (1963) son algunas de las obras más conocidas de la arquitectura española del XX.
     En el periodo 1941-1947 trabaja para el Instituto Nacional de Colonización, para el que proyecta el célebre Poblado de Esquivel. En 1960 se convierte en funcionario de la Dirección General de Correos, donde permanece hasta 1964, labor que reinicia en 1972 hasta su jubilación. Vuelve a la Escuela de Madrid (1956-1963, Departamento de Proyectos, 1964-1972 Profesor de Elementos de Composición). Había trabajado también para Aviaco e Iberia.
     Entre sus distinciones destacan 3 Premios Nacionales de Arquitectura (1963, 1973, 1974), un Premio Nacional de Artes Plásticas (1973); fue Medalla de Oro al Mérito en las Telecomunicaciones, Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, Medalla de Oro de la Arquitectura del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, Medalla de Oro de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña, Premio Pinat y Premio Antonio Camuñas de Arquitectura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Alejandro de la Sota Martínez, autor de la obra reseñada;
     Alejandro de la Sota Martínez, (Pontevedra, 20 de octubre de 1913 – Madrid, 14 de febrero de 1996). Arquitecto.
     Hijo de un ingeniero militar y topógrafo de origen cántabro, Alejandro de la Sota crece en su Pontevedra natal en un entorno familiar acomodado y culto.
     Comienza sus estudios de Ciencias Exactas en la Universidade de Santiago de Compostela —un requisito necesario por entonces para acceder a las carreras técnicas— y se traslada a Madrid para estudiar en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM). Sus estudios se interrumpen por la irrupción de la Guerra Civil española en 1936 y no obtiene su título de arquitecto hasta 1941. Desde entonces, establece su residencia en Madrid, pero siempre conserva los lazos con su Galicia natal, donde su padre, presidente de la Diputación de Pontevedra durante bastantes años, y sus contactos familiares y sociales le facilitan muchos de sus primeros clientes. En 1952 se casa con Sara Rius, con quien tendrá siete hijos.
     Entre 1941 y 1947 gana la plaza de arquitecto del Instituto Nacional de Colonización (INC) —organismo creado para la planificación de asentamientos rurales en zonas de nuevos regadíos en un país devastado por la Guerra Civil— para el que construye la escuela de capataces de Bastiagueiro (1945) y la de Gimenells (1945). De esta época datan sus primeras obras, como la casa Ramón de Dios (1945), casa Sr. Pareja (1945), camisería Denís (1945) o el proyecto de ocho viviendas en Ronda (1946), obras muy representativas del acentuado aislamiento cultural que por entonces sufría el país, y se adscriben a las corrientes dominantes del confuso panorama ecléctico madrileño de la posguerra en un tímido intento por reintroducir la arquitectura moderna, con ciertas influencias de la arquitectura popular, tras el paréntesis que supuso la Guerra Civil española. A partir del trabajo en el Instituto Nacional de Colonización recibe numerosos encargos de poblados de colonización y de absorción: La Bazana (1952), Esquivel (1952- 1956) y Valuengo (1954). Estos primeros proyectos de envergadura, realizados tras numerosos viajes de estudio por toda la geografía española con el fin de visitar la rica arquitectura popular del país, reflejan la consideración de lo popular como una defensa, como una huida a las consignas del régimen franquista, emprendiendo así un aprendizaje que le permitiera verificar las relaciones de lo construido con su voluntad de construir. Tras este período de acercamiento a lo popular se sucederá un corto período de vacilación en el que Alejandro de la Sota mira atentamente al desarrollo de la arquitectura europea. Sus obras reflejan cierto expresionismo formal (muy en la línea del alemán Erich Mendelsohn o el finlandés Alvar Aalto), como puede contemplarse en la central lechera de Santander (1951), la casa del señor Arvesú (1955) o en el poblado de absorción Fuencarral B (1955-1956), estas dos últimas situadas en Madrid.
     Esta corta etapa de preocupaciones plásticas viene seguida de una profunda reflexión sobre su propia obra que coincide con el inicio de su actividad académica como profesor de Elementos de Composición de la ETSAM (1956) y un viaje a Berlín donde entra en contacto con la última arquitectura europea visitando el Hansaviertel y la Unité d’Habitation de Le Corbusier; a finales de la década se presenta a las oposiciones de la Dirección General de Correos, obteniendo la plaza de funcionario en 1960. A partir de entonces Alejandro de la Sota inicia uno de los períodos más fructíferos de su carrera acumulando en pocos años gran parte de sus grandes obras —Gobierno Civil de Tarragona (1956-1963), talleres aeronáuticos TABSA (1957-1958), residencia infantil en Miraflores de la Sierra (con José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, 1957), la central lechera CLESA (1960- 1963) y el gimnasio del colegio Maravillas (1960- 1962)—, donde adopta una conciencia experimental al asumir la racionalidad como sistema para rectificar códigos, aprovechar logros y reconducir caminos inconclusos de maestros modernos como Mies van der Rohe, Adolf Loos, Walter Gropius o Richard Neutra.
     Su interés en una investigación propia sobre el lenguaje con el fin de penetrar profundamente en las leyes propias de la disciplina proyectual le mantuvieron ajeno a las contaminaciones estilísticas tan en boga por entonces entre sus contemporáneos. Su particular tarea renovadora consistió en abordar las leyes de la modernidad con unas estrategias renovadas, sin que ello significara cambiar sus bases metodológicas, llevando a sus últimas consecuencias la aplicación de la técnica o los materiales en el proyecto.
     Su temprano contacto con el mundo de la tecnología, ya presente en los talleres TABSA, se desarrolla entendiendo ésta como coartada, como conclusión experimental a la que conduce determinada experiencia racionalista. Por entonces, su contacto con ingenieros le lleva a operar con nuevos sistemas constructivos y materiales que le permiten que éstos adquieran nuevos e inesperados significados para así reformular los proyectos. Dar la vuelta a una cercha para que pueda albergar unas aulas, utilizar su cara plana superior como azotea para campo de juegos y conseguir la altura necesaria en el gimnasio del colegio Maravillas eleva el dogma moderno casi a la categoría de invención. Estas premisas, junto a la depuración y renuncia de los gestos personales (“La arquitectura no requiere que recurramos a ella; ella aparecerá por sí sola”) definirán a partir de entonces el resto de sus obras.
     Tras este intenso período de actividad le siguen nuevos encargos: viviendas en la calle Prior de Salamanca (1963) y un conjunto de naves de investigación para el CENIM (1963) en Madrid, tras los cuales pide la excedencia como funcionario de la Dirección General de Correos en 1964 para dedicarse plenamente a su despacho y a su tesis doctoral, trabajo que presenta en la ETSAM en 1965. En un clima de optimismo social y tecnológico, continúa con sus experimentos con estructuras metálicas de grandes luces —como el pabellón deportivo de Pontevedra (1966)— e inicia una exploración personal de la prefabricación en hormigón, que consigue llevar a cabo en la casa Varela (1964) y que intenta extender a desarrollos residenciales a modo de tapiz en urbanizaciones en Murcia y Málaga (ambos de 1965), el proyecto del colegio-residencia de Orense y en las viviendas escalonadas en Santander (ambos de 1967).
     A pesar de haber construido algunas importantes obras —casa Guzmán (1972), edificio de la Universidad de Sevilla (1972), por el que le otorgarán el Premio Nacional de Arquitectura en 1974, o el Colegio Mayor César Carlos (1976)—, la década de 1970 marcará una inflexión en su carrera tras recibir un par de reveses: dos importantes concursos de grandes edificios de oficinas —sede de Bankunión (1970) y Aviaco (1975)— que, a pesar del esfuerzo e intensidad que puso en ellos, no consigue ganar y la pérdida por desavenencias políticas internas del concurso a la Cátedra de Proyectos Arquitectónicos de la ETSAM, fracaso que le apartará de la docencia para siempre y le hará volver a su plaza de funcionario de Correos, plaza que conservará hasta su jubilación. Su retiro de comienzos de la década se anuncia en su famoso texto “La grande y honrosa orfandad” (1969) y se amplía y resume en “Por una arquitectura lógica” (1982), donde establece las bases para una arquitectura acultural que cobra significado justo allí donde está a punto de desaparecer: “haciendo arquitectura para saber qué es” o “Hacer arquitectura sin dar sentido”, dicho en su palabras.
     Recluido en su estudio, alejado de la publicación de su obra en las revistas y de los ámbitos académicos, en esta última etapa Alejandro de la Sota se concentra en su última obsesión: “la caja que funciona”. Las investigaciones sobre los nuevos materiales disponibles en aquella España que tímidamente se abría al comercio exterior se centran en los paneles de chapa metálica y las nuevas posibilidades del vidrio. La depuración tanto de la forma como de una técnica que se despoja de cualquier retórica, le lleva a formular dos de sus proyectos más significativos, los citados concursos fallidos para las sedes de Bankunión y Aviaco en Madrid, donde se adelantan temas desarrollados muy posteriormente por arquitectos de todo el mundo, y que él mismo se encargaría de continuar en su primer proyecto para el Museo Provincial de León (1984), donde el palacio arzobispal de la ciudad (siglo XVII) se desmembra para alojar un volumen puro ensimismado ajeno a su entorno. Gracias a su colaboración con la Dirección General de Correos tiene la oportunidad de construir dos “cajas que funcionan” en el centro de cálculo de la Caja Postal en Madrid (1972-1977) y el edificio de Correos de León (1981- 1984) utilizando un material reservado hasta entonces a la construcción industrial o comercial, la chapa Robertson, pero, como en el caso de León, transgrediendo su mera función para que, al aparejarla y doblarla en fachada crear un grosor, con cualidades pétreas, para alojar armarios e instalaciones en fachada, tomara una dignidad inusitada. Otra obra significativa de este período lo constituye la casa Domínguez (1976), donde no sólo ensaya con la chapa metálica, sino que disloca la clásica división bicéfala de funciones (zona de día y zona de noche) en dos volúmenes independientes, uno subterráneo y otro aéreo, con una zona intermedia de acceso y comunicación.
     En sus últimos años de vida construye tres importantes edificios (la ampliación de los juzgados de Zaragoza, la Embajada de España en París y la ampliación del Cabildo Insular de Las Palmas de Gran Canaria) y recibe el reconocimiento público con premios como la Medalla de Oro al Mérito en las Telecomunicaciones (1984), la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes (1986), la Medalla de Oro de Arquitectura del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (1988), el Premio PINAT (1988), el Premio de la Fundación Antonio Camuñas (1993) y la póstuma Medalla de Oro de la Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Cataluña (1996). Su obra recibe el reconocimiento internacional y se recoge en exposiciones en Harvard University, la Architectural Association de Londres, o exposiciones itinerantes por Alemania, Suiza y España. Su obra y su actitud vital han dejado una profunda impronta en arquitectos españoles de varias generaciones que lo consideran uno de los grandes maestros modernos, junto al catalán José Antonio Coderch. Poco antes de morir el día de san Valentín de 1996, Alejandro de la Sota firma su último trabajo que cierra un bucle homenaje en su obra: la restauración y ampliación del gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid (Moisés Puente Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Facultad de Matemáticas, de Alejandro de la Sota Martínez, de la Universidad de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida de la Reina Mercedes, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 24 de febrero de 2025

Un paseo por la calle Laraña

   Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Laraña, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 24 de febrero es el aniversario del nacimiento (24 de febrero de 1815) de Manuel Laraña y Fernández, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Laraña, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Laraña es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de la Alfalfa, y de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la plaza de la Encarnación, a la confluencia de las calles Orfila, plaza de Villasís, y Cuna.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Al menos desde 1584 es conocida como calle de la Compañía, o Compañía de Jesús, por la casa profesa de los padres jesuitas, allí instalados desde 1557; por esta misma razón, en ocasiones se la denomina calle de la Casa Profesa. Desde finales del s. XVIII empieza a ser conocida también como calle de la Universidad, que ocupa dicho edificio desde 1771, coexistiendo ambos topónimos hasta la reforma general del callejero de 1845, en que se establece oficialmente Universidad. En 1903 se rotula con la denominación que hoy conserva, en memoria de Manuel Laraña y Fernández (1815-1903), abogado, catedrático, rector de la Universidad de Sevilla y senador del Reino, si bien la denominación de Universidad se mantiene incluso en la documentación oficial hasta los años veinte; en 1935 fue rotulada oficialmente como Laraña y Fernández, recupe­rándose la forma abreviada en 1949.
     Ancha, rectilínea y de mediana longitud, es el resultado de una operación de ensanche culminada en los años cincuenta de la presente centuria. Históricamente ha sido vía de mucho tránsito, al formar parte del eje de comunicación Campana-Osario, función que se acentúa desde el establecimiento de los jesuitas en la misma y la afluencia de coches y literas que se dirigen a la iglesia (v. Encarnación). Ya a finales del s. XVI el Ayuntamiento solicita a los jesuitas que alineen la fachada con la de la iglesia... "para que toda la pared vaya a la larga hasta la esquina onde quedan obligado que la rrompan y dejaran el mismo sitio de ancho y largo, de manera que la dicha pared se ha de romper desde la puerta de la Iglesia hasta la esquina de la calle de Carpinteros" (actual Cuna) (Sec. 10, 26-Vlll-1585). Unos años más tarde, en 1599, los jesuitas solicitan que el Ayuntamiento les pague lo que han cedido "para lo público" en esta calle, de donde cabe deducir que se habría procedido al retranqueamiento, pero manteniéndose un saliente en el tramo final que dará lugar a un largo litigio entre el Ayuntamiento y el marqués de la Motilla, propietario de los terrenos, y que se prolonga hasta finales del s. XIX, en que se consigue alinear toda la acera de los impares. Dentro de la opera­ción de reforma interior y ensanche del eje Osario-Campana, en 1906 es aprobado un proyecto de alineación para el tramo com­prendido entre Campana y Laraña,  y en 1911 se aprueba otro entre Laraña y Osario. Por lo que a esta calle respecta, el retranqueamiento sólo afecta a la acera de los pares, ya que la opuesta está formada por edificios históricos, y es realizado en dos fases: en la década de los veinte se derriban y alinean los edificios comprendidos entre Encarnación y Arguijo, y en la de los cincuenta el tramo que va de Arguijo a Villasís, adquiriendo la calle su configuración actual.
     Por el mucho tránsito que registra son frecuentes las referencias a su pavimentación: es enladrillada en 1588 y empedrada en varias ocasiones en la siguiente centuria; son habituales las referencias al pésimo estado del empedrado durante el XIX y es adoquinada por vez primera en 1885. Hoy posee calzada de asfalto y aceras de terrazo en tonos blancos y grisáceos, con robinias en alcorques, bastante descuidadas. Fue una de las primeras calles dotada, en 1958, con alumbrado fluorescente, y actualmente po­see farolas de báculo. La edificación de la acera de los impares está constituida por tres edificios singulares: la iglesia de la Anunciación, antigua iglesia de la casa profesa de los jesuitas, cuya construcción se finaliza en 1579. La cripta fue convertida en 1970 en Panteón de Sevillanos Ilustres, y allí se en­cuentran los enterramientos de la familia Ponce de León o los Perafán de Ribera, y personajes de las letras como Arias Montano, Alberto Lista, Bécquer, Rodrigo Caro, Gestoso, o Amador de los Ríos, entre otros. A continuación se encuentra el nuevo edificio de la Facultad de Bellas Artes, levantado en 1975 sobre el solar de la que durante casi dos siglos fue la sede de la Universidad lite­raria de Sevilla y anteriormente convento jesuita; este edificio se encuentra ligeramen­te retranqueado, protegido por varias columnas enlazadas con cadenas. El resto de la manzana está ocupado por la fachada la­teral de la casa-palacio de los marqueses de la Motilla, construida en la década de 1920 por Gino Coppedé y Vicente Traver, al estilo de los palacios toscanos, y de la que es de destacar su torre. La acera de los pares se inicia con un edificio regionalista obra de Juan Talavera y Heredia y Ramón Balbuena (1922), con cuatro plantas y dos torreones. A continuación se encuentra el edificio del que hasta hace sólo unos años fue teatro Álvarez Quintero, inaugurado en 1950 con la obra de dichos autores teatrales Lo que hablan las mujeres. También es de destacar el edificio de viviendas esquina a Orfila, obra de L. Gómez Estern, de 1957, en cuyo sub­suelo se conserva un pozo de noria árabe.
     Históricamente han sido las funciones de tránsito las que han presidido la actividad de esta vía y, desde el establecimiento de la Universidad en 1771, estuvo particularmente animada por los estudiantes. Así es reco­gida la solemne procesión del traslado de la Universidad: "El 31 de diciembre se juntó la Universidad con el colegio y precediendo soldados de a caballo, clarineros, atabales, iban los estudiantes en caballos enjaezados precedidos de su Rector, que llevaba el estandarte de la Universidad con las armas de ella y de la ciudad, seguían los ministros de la Universidad a caballo, después los vedeles y sus mazeros, y el maestro de ceremonia, a que seguía el claustro de Arte, Medicina, Cánones y Leyes,y el de Theología, todos con borlas y muzetas de su respectivo color, y precedidos por el Sr. Rector, Juez, Canciller, con su muzeta negra y los fámulos y coches de respeto. Salió por la calle de San Gregorio a la Lonja, Santa Marta, para que allí desde su palacio viese a la Universidad su Eminencia, siguió por Gra­das a calle Génova, calle de la Sierpe, de la Cuna y la puerta de el patio de escuela de la que havía de ser real Universidad" (Sec. 11, t. 3, núm. 11), Desde el establecimiento del mercado de abastos de la Encarnación, era frecuente la presencia de vendedores ambulantes a lo largo de toda la vía, con las consiguientes molestias para el tráfico. Hacia 1870 existía allí la fábrica de cerveza y gaseosa alemana de Dekinder y Unzalu. Hoy Laraña conserva la función de tránsito que ha tenido a lo largo de su historia, así como la educativa, mantenida por la Facultad de Bellas Artes; han desaparecido los puestos de vendedores ambulantes, pero concentra una importante y diversificada actividad comercial en las plantas bajas; las oficinas han ido sustituyendo a las viviendas en las plan­tas altas, e incluso durante algún período los bajos del palacio del marqués de la Motilla estuvieron ocupados por un comercio. En una casa, esquina a Arguijo, vivió el poeta Juan de Arguijo y Manuel, que también se encuentra enterrado en el Panteón de Sevillanos Ilustres [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel Laraña, a quien está dedicada esta vía;
     Manuel Laraña y Fernández, (Sevilla, 24 de febrero de 1815 – 3 de febrero de 1903). Abogado, jurisconsulto, catedrático y senador.
     Era hijo de Manuel Laraña y Muñoz y María del Carmen Fernández y Contreras. En 1828 obtuvo el graduado de bachiller en Filosofía y en 1831 el de bachiller en Leyes. Licenciado en Derecho en 1834 por la Universidad de Sevilla alcanzó el grado de doctor en la de Madrid en 1846. Ese mismo año se inició en la docencia como regente de 1.ª Clase en la Facultad de Jurisprudencia. Al año siguiente, 1847, obtuvo por oposición la cátedra de Historia y Elementos del Derecho Público, Civil y Criminal de España, y de Derecho Natural de Gentes en la Universidad de Sevilla.
     En 1875 fue decano de la Facultad de Jurisprudencia de Sevilla y en 1876 rector de la Universidad de Sevilla, cargo que ocuparía hasta 1884.
     En las elecciones del 15 de febrero de 1891 fue designado senador por la Universidad de Sevilla, jurando el cargo el 13 de abril. En 1892 participó en el III Congreso Católico Nacional Español en la Sección Segunda, dedicada a Asuntos de Propaganda, que estuvo presidida por Ciriaco Sancha Hervás (arzobispo de Valencia), formando parte de la ponencia.
     El 19 de abril de 1893 fue reelegido senador por la Universidad de Sevilla, tomando posesión y jurando el día 5 de mayo; y por última vez el 26 de abril de 1896, jurando el 1 de julio. Gran orador, participó en numerosas comisiones parlamentarias y pronunció elogiosos discursos sobre temas referidos a la enseñanza, la política de instrucción pública y en especial al fomento de los estudios universitarios.
     Fue además miembro de la Sociedad Económica de Sevilla y académico de la de Jurisprudencia y Legislación de Sevilla y Madrid. Estuvo casado con Rosario Ramírez Pascual, natural de Santa Cruz de Tenerife y falleció en su ciudad el 3 de febrero de 1903. En su homenaje, el Ayuntamiento puso su nombre a la calle de la antigua Universidad (María Ángeles Valle de Juan, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Laraña, al detalle:
    - Lápida conmemorativa a Luis Cernuda
    - Azulejo conmemorativo a Cervantes
Edificio de la c/ Laraña, 2
Facultad de Bellas Artes
Espacio Turina (antiguo Teatro Álvarez Quintero)
Edificio de la c/ Laraña, 10

martes, 16 de enero de 2024

El Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla)

       Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla), de Sevilla.   
     El Cuartel de la Pirotecnia (actual sede de las Facultades de Derecho, y de Ciencias del Trabajo, de la Universidad de Sevilla), se encuentra en la calle Enramadilla, 18-20; en el Barrio Giralda Sur, del Distrito Sur.
     Se trata de un conjunto de edificaciones de distinto interés arquitectónico, que se inicia en 1847 con la construcción de varios talleres. Sin embargo, su fundación se remonta a veinte años antes como Escuela Central de Artificieros, estableciéndose en la zona de la Enramadilla, frente al barrio de San Bernardo.
     Las primeras construcciones, de 1847 a 1849, se realizan bajo la dirección del arquitecto Manuel Portillo Navarrete, y constituyen el edificio principal, otros siete edificios de menor entidad que se llamaron "barracas" y el polvorín hexagonal, junto a otras construcciones de menor interés. Frente a la fachada principal del edificio central, hasta la verja que cercaba las instalaciones, se extendía un gran jardín que incluía el edificio del laboratorio construido en 1827. Toda esta área ajardinada quedó posteriormente segregada de la pirotecnia con el trazado de la avenida de Ramón y Cajal (hoy ocupada por la Facultad de Empresariales y la Maestranza).
     En 1859 se suceden las primeras ampliaciones, efectuándose la primera sobre unos terrenos de la vereda de la dehesa del Juncal. que constituyeron una segunda zona, con el nombre de "Las Carolinas". En 1916 finaliza la construcción del nuevo edificio del laboratorio, de dos plantas -semisótano y planta principal-, coronado por una cúpula en su cuerpo central. Interesante edificación de referencias modernistas y otras influencias historicistas de inspiración barroca.
     Durante los primeros años de la posguerra se realiza la construcción de nuevos talleres en los terrenos adquiridos años antes a la llamada Huerta de Bilbao. (En la adquisición de los terrenos se incluía la casa del pintor Gonzalo Bilbao, que en la actualidad sigue figurando dentro del enclave del establecimiento militar.) En 1940 se efectúa el trazado de nuevas calles y se procede a la instalación de la infraestructura de agua y alcantarillado y pavimentación de adoquines en las calzadas. Se construyen igualmente otros talleres como serían los de núcleos de plomo, el de forja y temple y otros, que se levantarían en la zona de Las Carolinas.
     Por otra parte, al mismo tiempo se producirán reformas en los edificios existentes, destacando la construcción del vestíbulo y la gran escalera en el edificio principal, obra de Juan Talavera y Heredia. En los primeros años de la década de los cuarenta se construye un importante taller, con una superficie de 2.800 m2. denominado "del paraguas" por carecer de columnas intermedias -para cuya construcción se utiliza como modelo uno de los talleres de la Hispano Aviación, resuelto de la misma forma-, y el cuerpo de guardia, interesante edificio racionalista.
     El conjunto de construcciones que componen las antiguas instalaciones de la Pirotecnia Militar se asientan sobre una parcela catastral de una superficie aproximada a los 72.000 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     El conjunto de construcciones de la Pirotecnia Militar se sitúa en el área de extensión Este de la ciudad de Sevilla, en el barrio de San Bernardo, junto al apeadero de la estación de ferrocarril y en una parcela de unos 72.000 metros cuadrados.
     En la actualidad, de este conjunto industrial se conservan tres piezas: el edificio del laboratorio, construido en 1916 y de influencias modernistas e historicistas; la nave industrial de trabajos, de planta rectangular y grandes dimensiones; y el cuerpo de guardia, conocido popularmente como la torre del reloj, destinado al control visual del entorno y control físico del espacio más inmediato.
     Adosado a un extremo de la nave, el edificio del reloj es uno de los ejemplos más singulares de la arquitectura racionalista de la ciudad de Sevilla. Realizado en hormigón armado, su basamento se forma por el quiebro del muro de cierre exterior del conjunto fabril, conformando la planta de nivel inferior y dando unidad al binomio torre-nave. De composición sobria y constituido por dos cuerpos diferenciados, inferior y superior, la nave incide en las líneas y disposición horizontales de los elementos. En la torre cabe distinguir tres niveles, el basamento, un cuerpo central recorrido a todo lo largo por una hendidura vertical, y un último cuerpo de remate de planta octogonal donde se coloca el reloj. El resultado de esta yuxtaposición es un sencillo juego de volúmenes en el que la horizontalidad de la nave contrasta con el volumen vertical de la torre.
     Las edificaciones comienzan en el año 1847 con el arquitecto Manuel Portillo Navarrete, aunque ya veinte años antes se fundaba la Escuela Central de Artificieros en la zona de la Enramadilla. Las ampliaciones y reformas se suceden en el tiempo con muy distinto interés arquitectónico, destacándose el nuevo laboratorio en 1916 de influencias modernistas e historicistas, la reforma al edificio principal realizada por Juan Talavera y Heredia en 1940 o la nave "del paraguas" que utiliza como modelo la del mismo nombre de la Hispano Aviación. Por esa época se construye el interesante cuerpo de guardia situado a la entrada del recinto, más conocido como Torre del Reloj.
     En 1961 fue entregada a la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares, empresa que en 1967 presenta expediente de crisis entregando los locales vacíos en 1974 al Parque y Maestranza de Artillería. Actualmente es sede de la Facultad de Ciencias del Trabajo, y de Derecho de la Universidad de Sevilla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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miércoles, 27 de septiembre de 2023

Un paseo por la calle Compañía

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Compañía, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 27 de septiembre es el aniversario de la aprobación (27 de septiembre de 1540) por parte del papa Paulo III de la congregación de la Compañía de Jesús, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Compañía, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Compañía es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Alfalfa, del Distrito Casco Antiguo, y va de la plaza de la Encarnación, a la calle Goyeneta
     La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Por su condición de calle trasera de la casa profesa de la Compañía de Jesús, desde finales del s. XVI es denominada indistintamente como Segunda de la Compañía, Chica de la Compañía, Detrás de la Compañía o Espaldas de la Compañía. En 1845 es rotulada oficialmente con la denominación que hoy conserva. En el plano de Sartorius (l848), probablemente por error, figura rotulada como Ballestilla. Según Álvarez-Benavides (1873), también se denominó antaño Taja­dor Mallavado.
     Ya en 1839 González de León la describía como "angosta, con tres o cuatro vueltas" y "poco aseada". Actualmente, después de haber sido sometida a varios proyectos de alineación (1881, 1912-14), ha perdido algunos de los recodos que aparecían en la cartografía histórica, pero aún forma un ángulo recto en la confluencia con la plaza de la Encarnación. Sus fachadas ofrecen algunos entrantes y salientes y, sobre todo, conserva el carácter de vía trasera, descuidada y sucia que tuvo antaño. Hay referencias al mal estado del empedrado a mediados del siglo pasado, que acreditan su antigüedad. No posee aceras y conserva un guardacantón en el ángulo que forma la casa núm. 1. En 1906 el Ayuntamiento accedió al tendido de un cable de alta tensión por esta vía, y el alumbrado público eléctrico fue instalado en 1945; hoy se ilumina mediante farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas, bastante descuidadas. La acera de los pares está constituida por la fachada trasera de la iglesia de la Anunciación y lateral de la Facultad de Bellas Artes; en la de los impares existen edificios de viviendas de dos a cuatro plantas, en general de aspecto descuidado y algunas de ellas deshabitadas. Apenas registra movimiento, ni de personas, ni de vehículos, pues éstos sólo acceden para aparcar, y pocos deben ser los residen­tes en la misma. En el siglo pasado gozaba de mala fama, por la existencia en ella de casas de prostitución, alarmándose la prensa del mal ejemplo que podía ser para los estudiantes, a los que, benévolamente, considera víctimas de la situación: "Cónstanos que el Sr. Rector ha hecho cuanto estaba de su parte para que se prohibiera que estas ninfas habitasen en ellas por haberse dado con frecuencia escandalosos actos para atraer a sus impúdicos deseos a los inocentes niños..." (La Andalucía, 25-VIII-1860) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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La calle Compañía, al detalle:
Facultad de Bellas Artes

jueves, 9 de marzo de 2023

Un paseo por la calle Sor Gregoria de Santa Teresa

     Por amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Sor Gregoria de Santa Teresa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 9 de marzo, es el aniversario del nacimiento (9 de marzo de 1653) de la poetisa y mística Sor Gregoria de Santa Teresa, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Sor Gregoria de Santa Teresa, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Sor Gregoria de Santa Teresa es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio del Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera; y va de la calle Chaves Rey, a la calle Profesor García González.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Rotulada en 1955 en recuerdo de la religiosa sevillana carmelita descalza Gregoria Parra y Queynoghe (n. 1635), una de las más notables figuras de la poesía mística española. Hasta entonces se denominaba calle G de esta barriada. Trazada en los años cincuenta de nuestro siglo al urbanizarse en forma de zona residencial una parte de los terrenos donde se asentó la Exposición Iberoamericana de 1929, es de configuración recta. 
     En su lado de los pares se abren Pedro Fernández Moreno, Claudia Boutelou, Do­mingo Malina, Poniente y Solano. Asfaltada y con acerado de cemento en el que se sitúan las farolas de pie del alumbrado público, y con algunas partes terrizas en su primer tramo, está allí flanqueado en el lado de los pares por unos bloques de viviendas adosados de cuatro plantas y fachadas de color blanco con balcones y ventanas, construidos en 1955. El lado de los impares está flanqueado por las verjas de cerramiento del instituto de bachillerato Fernando de Herrera, del colegio menor Femando III el Santo (actual Albergue) de la Jefatura Provincial de Tráfico, en sus fachadas traseras. 
     El segundo tramo esta bordeado por edificios sanitarios y docentes; en la de los pares se halla el Centro Regional de Oncología, antiguo Pabellón Vasco de la Exposición Iberoamericana de 1929, que fue en los años cuarenta y cincuenta hospital del Ejército del Aire, con su arquitectura regional vascongada, debido a Diego de Basterra en 1928, y portada y verja de cerramiento del jardín delantero; el Colegio Mayor Hernando Colón, construido en 1948 por José Gómez Millán, con una verja que delimita el ajardinamiento, y la fachada lateral de la nueva Facultad de Farmacia. El lado de los impares lo bordean las instalaciones universitarias de las Escuelas Técnicas de Arquitectura y de Aparejadores. En este tramo se disponen aparcamientos en batería en ambas aceras. El arbolado lo forman una línea de melia en los pares y otra en los impares, que se cortan en el cruce con Páez de Rivera; luego hay brachichitones. En el primer tramo se ubican una parada de taxis y otra de autobuses. La concentración de servicios sanitarios y educativos en esta calle se traduce en una especial intensidad de tránsito [Miguel Cruz Giráldez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de sor Gregoria Francisca de Santa Teresa, a quien está dedicada esta vía;
     Gregoria Francisca García de la Parra y Queinoge, sor Gregoria Francisca de Santa Teresa. (Sevilla, 9 de marzo de 1653 – 27 de abril de 1736). Religiosa carmelita descalza (OCD), poetisa y mística.
     Hija de Diego García de la Parra, oriundo de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y bachiller en Leyes, y de Francisca Antonia Queinoge, mujer de origen flamenco.
     Según informa Serrano y Sanz (1905: 379- 384), el matrimonio tuvo diez hijos que vivieron en la ciudad andaluza con no pocas dificultades económicas y se desconoce la formación que pudieran tener.
     No es extraño que varios de ellos entraran en religión, como Marcos y Úrsula. Lo mismo hizo Gregoria Francisca, que ingresó con quince años en el Convento del Carmen Descalzo de Sevilla, donde profesó con el nombre de sor Gregoria Francisca de Santa Teresa, cuya personalidad se conoce a partir de una biografía que de ella hizo el catedrático de Salamanca Diego de Torres Villarroel, que se titula Vida ejemplar, virtudes heroicas y singulares recibos de la Madre Gregoria Francisca de Santa Teresa (1738), algo fantasiosa.
     Siendo monja, adquirió una amplia formación religiosa, pero también aprendió Gramática, Latín, y cierta cultura literaria para lo que tenía gran facilidad.
     Escribió poesía religiosa, una obra de teatro, perdida, que llama de Coloquio espiritual a la beatificación de san Juan de la Cruz (1675), que se representó en un colegio de religiosos de Sevilla y después en el de San José, según señala Hormigón (1996). Por consejo de su confesor, redactó una Autobiografía que pudo leer Torres Villarroel y de la que incluye algunos fragmentos en su Vida ejemplar, pero cuyo paradero es desconocido.
     Monja de profundas convicciones religiosas hizo carrera en su convento, donde desempeñó con gran celo el puesto de maestra de novicias y de priora.
     En 1706 salió de él para fundar un convento de la Orden en Puente de Don Gonzalo, pueblo que se integró en el XIX en el actual Puente Genil (Córdoba), donde permaneció varios años. Vuelta a Sevilla, siguió con su perfeccionamiento espiritual con experiencias místicas, llegando a tener fama de santa y con poder para hacer milagros. Murió en 1736.
     Lo más interesante de su producción es la poesía que se conserva parcialmente en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de España con el título de Poesías de la Venerable Madre Gregoria Francisca de Santa Theresa, con interesantes anotaciones sobre las circunstancias espirituales de su creación, y editada en París con el nombre de Poesías de la Venerable Madre Gregoria Francisca de Santa Teresa (1865), con un retrato de la monja y un prólogo de Antonio de Latour, un texto que recoge casi los mismos poemas del manuscrito con algunas variantes. Sus composiciones son religiosas y místicas, en la línea de Santa Teresa, a quien recuerda en “A Santa Teresa”. Afirma el marqués de Valmar: “Se distingue por la exaltación mística. Todas las impresiones de la vida cobran en su ánimo un carácter intenso de espiritualidad y amor divino [...] Y lo singular es que su afán de morir, aunque vivo y profundo, nada tiene de amargo y de sombrío. No emana del desaliento de la vida, ni de los tormentos del desengaño; es el ansia de subir a la mansión beatífica de los justos, de gozar de la presencia de Dios sin velo y sin distancia” (Augusto de Cueto, 1952). 
     Menéndez Pelayo (1884: 64-65) la considera “como uno de los últimos destellos de la poesía mística en el siglo XVIII”. Emplea los símbolos habituales de la poesía amorosa, popular y culta (pastorcillo, oveja, zagaleja, tórtola enamorada, fuego de amor) que vierte a lo divino; junto a otros que proceden de la literatura sacra tradicional o de las Sagradas Escrituras (pastor, nave, esposo, barquilla). En ocasiones sus versos adquieren una mayor hondura espiritual. Entonces navega por las oscuras galerías del alma donde se palpan las inquietudes interiores: la necesidad de salir de la tierra a la que se siente encadenada, la valoración de la virtud heroica, el deseo vivo y gozoso de la muerte para llegar a Dios, el goce y contemplación beatífico de la divinidad, la vehemencia oracional, la serenidad o la inquietud del alma agitada, sentidas alternativamente.
     Sor Gregoria Francisca de Santa Teresa hace una poesía suave y delicada, rehuyendo los excesos conceptistas, con predominio de los metros cortos y ligeros: romance, letrilla, romancillo, redondilla, endecha (Emilio Palacios Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Sor Gregoria de Santa Teresa, al detalle:
Facultad de Farmacia

viernes, 7 de enero de 2022

El Guión de la Facultad de Derecho, de Elena Caro, de la Hermandad de los Estudiantes, en la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Guión de la Facultad de Derecho, de Elena Caro, de la Hermandad de los Estudiantes, en la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos), de Sevilla.  
     Hoy, 7 de enero, Memoria de San Raimundo de Peñafort, presbítero de la Orden de Predicadores, eximio maestro en derecho canónico, que escribió de modo muy acertado sobre el sacramento de la Penitencia. Elegido maestro general de la Orden, preparó la redacción de las nuevas Constituciones, y tras llegar a edad muy avanzada, se durmió en el Señor en la ciudad de Barcelona, en España (1275) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Guión de la Facultad de Derecho (en el que se representa a San Raimundo de Peñafort), de la Hermandad de los Estudiantes, en la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos), de Sevilla.
   La Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos) [nº 61 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 38 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle San Fernando, 4; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.  
     La Casa de Hermandad de Los Estudiantes se encuentra ubicada en el Rectorado de la Universidad de Sevilla, y en ella podemos contemplar el Guión de la Facultad de Derecho, insignia del Cortejo del Señor, diseñada por Francisco Collantes de Terán Delorme, y realizado en el taller Elena Caro, mediante la técnica del bordado en hilos de oro sobre raso de color rojo, mientras que de la vara, se ocupó de su realización, Emilio García Armenta, en metal repujad, cincelado y plateado, siendo entregada a la corporación el 20 de mayo de 1959, y por un importe de 10.000 ptas.
     En el anverso, bordado en seda al estilo milanés, representa a San Raimundo de Peñafort, patrón de la Facultad, en un medallón situado en la parte inferior, portando un libro, símbolo de su obra, y unas llaves. Le rodea la leyenda: S. RAIMVNDVS A PEÑA FORTE, a su derecha la leyenda FACVLTAD DE DERECHO. En el reverso el escudo de la Universidad y la leyenda VNIVERSIDAD DE SEVILLA.
     Es el primer Guión que realizó la Hermandad. Fue bendecido por el obispo auxiliar, José María Cirarda, actuando como padrinos el decano Faustino Gutiérrez Alviz y Ana María Diánez (Hermandad de los Estudiantes).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Raimundo de Peñafort, presbítero
   Dominico catalán nacido en el castillo de Penyafort, cerca de Barcelona, en 1175.
   Después de haber estudiado derecho canónico en Bolonia, en 1222 ingresó en la orden de los Hermanos Predicadores (dominicos), junto a san Pedro Nolasco fundó la orden de la Merced (mercedarios).
   Para uso de los confesores escribió una Summa de los casos penitenciales; repertorio de casos de conciencia. El papa Gregorio IX le encargó más tarde que se ocupase de la compilación de las Decretales, es decir, de la clasificación de las cartas de los papas que reglamentan los temas relativos, a la disciplina.
   Cuando iba en el séquito del rey de Aragón, a quien acompañó a la isla de Mallorca, cayó en desgracia ante el soberano. El rey le negó la autorización de embarcar. Entonces, san Raimundo de Penyafort extendió su manto sobre el mar, y empleando el báculo como un mástil, navegó en su improvisada y milagrosa embarcación hasta la costa de Cataluña. Al desembarcar en el puerto de Barcelona, después de seis horas de travesía, retiró el manto del mar, que estaba milagrosamente seco, lo echó sobre sus hombros, y apoyándose en el báculo regresó a su convento.
CULTO
   Fue canonizado en 1601, cuando ya se lo veneraba en Barcelona y en la orden de los dominicos desde hacía mucho tiempo. Es patrón de los doctores en derecho canónico.
   Los peregrinos recogían en su tumba un polvo que curaba a los enfermos.
ICONOGRAFÍA
   A veces sostiene una llave de sacerdote penitenciario; pero casi siempre está representado navegando desde Palma de Mallorca hasta Barcelona, ya sobre su manto, ya en una barca a la que su manto sirve de vela (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Raimundo de Peñafort;
     San Raimundo de Peñafort, (¿Villafranca de Penedés (Barcelona)?, c. 1175-1185 – Barcelona, 6 de enero de 1275). Santo, teólogo, tratadista, canonista, maestro de la Orden de Predicadores (OP).
     Nació, según se cree, en el castillo de Penyafort, cercano a Vilafranca del Penedès (Barcelona), c. 1175- 1185. El 20 de noviembre de 1204 actuaba en Barcelona como escribiente del juez eclesiástico Ramón de Rosanes, lo que hace pensar que estudiaba por entonces en la escuela de la catedral. Cursó Derecho Civil y Canónico en Bolonia; una vez obtenido el título, abrió allí una escuela durante breve período de tiempo; pudo conocer a santo Domingo de Guzmán en aquella ciudad. En Bolonia se dice que compuso una Glosa o explicación del Decreto de Graciano; actuó allí como testigo de un préstamo (24 de abril de 1218).
     Es probable que regresara a Barcelona en el verano de 1219; el 7 de agosto de 1220 se hallaba ciertamente en la ciudad condal, e hizo de testigo de una donación de Guillermo de Caldes al obispo de Barcelona y al Cabildo catedral. Raimundo, “catalán y profesor de derecho canónico”, como se presentaba, compuso por entonces una obra, sin título, pero que se conoce como Summa de iure canonico. Se difundió en códices manuscritos, pero no se editó hasta 1945.
     Rius Serra realizó una edición en esta última fecha a partir del codex Burghesianus n.º 261 de la Biblioteca Apostólica Vaticana. Con posterioridad se descubrió otro manuscrito en la Staatsbibliotek de Bamberga, can. 19. Los profesores claretianos Javier Ochoa y Luis Díez la editaron de nuevo en 1975, a partir de los dos manuscritos mencionados.
     La Summa de iure canonico fue redactada con toda probabilidad en Barcelona entre 1222 y 1224, cuando tocaba a su fin el magisterio que ejercía en la escuela de derecho del Cabildo catedral; se la pidieron con insistencia y quiso plasmar en ella “como un memorial de su trabajo”, antes de ingresar en la Orden de Santo Domingo. Resultó útil para el alumnado y el clero en general. En el proemio adelantaba el extenso campo que pensaba abarcar: estudio de las diferentes clases de derecho, cuestiones relativas a los ministros eclesiásticos, orden judiciario, contratos y asuntos de las iglesias y de los clérigos, crímenes y penas, sacramentos, procesión del Espíritu Santo. Sin embargo, en los dos códices que se conocen, se hallan tan sólo los tratados de las diferentes clases de Derecho, y cuestiones que afectan a la vida y ministerio de los clérigos.
     Su entrada en la Orden dominicana se verificó en Barcelona —en la casa de Pedro Gruny, primera morada de los frailes predicadores, situada en el carrer de Sant Domènec del Call—, el viernes santo de 1223 ó 1224.
     Entre 1225 y 1227 hizo una primera redacción de la Summa de pænitentia, conocida con diferentes títulos: Summa Raymundiana, Summa casuum, Summa de casibus, Summa de casibus pænitentiæ, entre otros. La compuso en el Convento de Santa Catalina de Barcelona, a ruegos del provincial Suero Gómez. La revisó por los años 1235-1236 adaptándola a la codificación de las Decretales de Gregorio IX. Su objetivo era prestar ayuda a los confesores en el ejercicio del ministerio sacramental. Está dividida en tres libros: I. De los pecados que principalmente se cometen en relación a Dios; II. Pecados en referencia al prójimo; III. De los ministros irregulares, irregularidades, impedimentos para recibir órdenes sagradas, dispensas, sentencias, penitencias y remisiones. De ella han hecho también nueva edición —como por lo demás de sus otras obras— los profesores ya nombrados, Ochoa y Díez; ofrecen aquí directa y principalmente el texto de la segunda redacción, con anotaciones oportunas para indicar cuál fue el texto de la primera. Copias manuscritas se encontraban en la mayor parte de las bibliotecas de Europa. En el capítulo provincial de la provincia de España, celebrado en Toledo (1250), se mandó que estuviera en las bibliotecas de todos los conventos. Se conocen ediciones impresas en Roma (1600, 1603, 1619), Aviñón (1715), Lyón (1718), París-Lyón (1720), Verona (1744). Bien puede decirse que se advierte en este libro un esfuerzo por hallar solución adecuada a las diferentes cuestiones; el equilibrio y buen sentido aparece por doquier: los predicadores debían exponer la fe con razones y dulzura, y no con aspereza, “sin obligar, porque el servicio que es fruto de coacción no es del agrado de Dios” (I, 4).
     Al comienzo de la primavera de 1228 llegó a España como legado del papa Gregorio IX el cardenal Juan d’Abbeville, Halgrin o Alegrin, antiguo regente de la facultad de teología de París, arzobispo de Besançon (1225), y patriarca latino de Constantinopla (1226); tenía por entonces el título de cardenal-obispo de la diócesis suburvicaria de Sabina. Asoció a Raimundo de Peñafort a su legación en calidad de “penitenciario” con el encargo especial de oír confesiones y predicar al pueblo. Tuvo ocasión de enriquecerse en contacto con reyes y nobles, obispos, cabildos canonicales, monasterios, y toda clase de gentes en ámbitos geográficos muy diversos. Desde finales de marzo de 1228 o principios de abril emprendieron un viaje para el que se precisaba resistencia por encima de lo normal. Estuvieron en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña (10 de junio), Segovia (16 de julio), Ávila (20-21 de julio), de nuevo en San Pedro de Cardeña (8 de agosto), Carrión de los Condes (20 de agosto), Astorga (septiembre), Pola de Gordón (León, 29 de septiembre), Oviedo, Santiago de Compostela (3 de noviembre), Valladolid (diciembre). Entraron después en tierras de Portugal, quizás por Zamora: Guimarães, Oporto, Tojal y Coimbra (7 de enero de 1229). La siguiente ciudad visitada fue Salamanca (5 de febrero), Zaragoza (20 de marzo), Lérida (29 de marzo), Tarazona (29 de abril), Tudela (1-2 de mayo), Calatayud (20 de mayo), Huesca (fin. de mayo), Ocaña (Toledo, 3 de junio), San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca, 14-20 de junio), Sigüenza (17 de julio), León (6 de agosto), Lerma (17 de agosto), Ágreda (26 de agosto), Zuera (31 de agosto), Martorell (Barcelona, 10 de septiembre), Barcelona (11-19 de septiembre), Vic (20 de septiembre), Gerona (25-26 de septiembre).
     El recorrido por una parte tan extensa de la Península Ibérica le dio oportunidad de comprobar las grandes necesidades que afectaban a la Iglesia, y lo oportunas que resultaban para remedio de las mismas las disposiciones promulgadas por el IV concilio de Letrán (noviembre de 1215). El cardenal legado dejó ordenaciones que intentaban atajar la ignorancia del clero y elevar su nivel moral; quería que en las diócesis se abrieran escuelas para su formación, que se predicara y se animara a la frecuencia de sacramentos, que se cuidaran y distribuyeran de manera equitativa los recursos económicos que respaldaban los cargos eclesiásticos, y se residiera en los mismos; pedía que se celebrara con decoro el culto divino, que las órdenes religiosas tuvieran capítulos al menos cada tres años, y se congregaran sínodos provinciales y diocesanos.
     En Zaragoza trataron, en conformidad con el mandato papal, de la validez o no del matrimonio entre Jaime I de Aragón y Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII. Raimundo “penitenciario del señor legado” fue testigo del juramento de los Monarcas en la iglesia de San Juan, en la Casa-Hospital. En esta ciudad tuvieron también ocasión de comprobar cómo se deterioraban las negociaciones del rey de Aragón con el rey moro de Valencia, y conocieron el proyecto que tenía el primero de dirigir sus ejércitos a la conquista de las Baleares. Se conservan las actas del concilio que presidió el legado en Valladolid en el otoño de 1228 con asistencia de obispos de Castilla y León.
     Lo mismo cabe decir para el de Lérida, iniciado el 1 de abril de 1229, en el que se congregaron prelados de la provincia tarraconense.
     Vuelto el cardenal d’Abbeville a la curia papal, entonces en Perusa, y oída su relación, decidió Gregorio IX escribir el 29 de noviembre de 1229 al prior del convento de dominicos de Barcelona y a fray Raimundo, para que animaran con su predicación a los fieles de las provincias de Arlés y Narbona a contribuir con sus ofertas a la guerra contra los moros en las “islas de Mallorca”. No se sabe si esta predicación se llevó a cabo; Mallorca cayó en poder de las tropas de Jaime I el 31 de diciembre de 1229.
     Raimundo declinó la invitación de seguir al cardenal legado hasta la Corte pontificia. De su informe positivo, sin embargo, se siguió la decisión de Gregorio IX de llamarle a su lado. Hacia mayo de 1230 estaba ya en Roma y obtuvo el nombramiento de “capellán y penitenciario del Papa”. Recibió, además, el encargo de hacer una nueva compilación de las decretales pontificias. Parece que a comienzos de 1231 estaba ya ocupado de lleno en el trabajo y en esta tarea permaneció unos tres años, hasta 1234.
     Gregorio IX deseaba ofrecer a la Iglesia una compilación de las diferentes constituciones y cartas decretales de sus predecesores, dispersas hasta entonces en diversos volúmenes o colecciones. Se dispondría así de un buen medio para discernir entre lo equitativo y lo inicuo, y para dar a cada uno lo que le correspondiera en justicia. La compilación se ofrecía dividida en cinco partes: primera, Compendio de la doctrina acerca de la Trinidad y de la fe católica presentada por Inocencio III en el IV concilio de Letrán; también de los oficios y ministros eclesiásticos; segunda, De los testigos y de otros asuntos relativos a los juicios; tercera, De los eclesiásticos; cuarta, Del vínculo matrimonial; quinta, De los crímenes y penas. La compilación Raimundiana fue promulgada por Gregorio IX el 5 de septiembre de 1234. Afirmaba el Papa en la bula Rex pacificus de manera textual: “Para común y máxima utilidad de los estudiantes se decidió redactar [la compilación de las diversas constituciones y cartas decretales] en un solo volumen por obra del amado hijo fray Raimundo, capellán y penitenciario nuestro, cortando lo superfluo, añadiendo las constituciones y decretales nuestras, por las cuales se declaraban algunas cosas que en las anteriores eran dudosas”. Las cinco partes mencionadas constituyen otros tantos libros divididos, a su vez, en 185 títulos que comprenden 1971 capítulos. Realizó el trabajo con amplios poderes del Papa. Éste, cuando lo juzgó necesario, promulgó constituciones especiales para discernir temas confusos o controvertidos; parece que las constituciones circunstanciales alcanzaron la cifra de 65.
     La aprobación pontificia convirtió la obra en texto legal auténtico para toda la Iglesia. Naturalmente, será texto de enseñanza en las escuelas de Derecho.
     Participó en la Corte papal en la canonización de santo Domingo, realizada en Rieti el 3 de julio de 1234. Se cree que al año siguiente Gregorio IX lo nombró arzobispo de Tarragona, pero no aceptó el cargo. Poco después de septiembre de 1234 reunió seis decretales de Gregorio IX y las envió a los frailes predicadores de los diversos conventos de España para que les sirvieran en su tarea de aconsejar y en la administración de la penitencia; las tomó de la nueva compilación hecha por él, y las seleccionó en razón de su novedad y utilidad; versaban acerca de la excomunión, simonía, usura, y clérigos excomulgados, depuestos o que ejercían bajo entredicho. Compuso también por entonces una colección de constituciones nuevas, en que se recogían las decretales promulgadas por Gregorio IX a petición del propio Raimundo entregado a la tarea de compilar las Decretales, para llenar lagunas del derecho, o solucionar dudas cuando no había sólidos fundamentos jurídicos.
     En 1235 continuaba en la curia papal. Por entonces dio respuesta a una serie de preguntas que le formuló el prior provincial de la provincia dominicana de Dacia.
    Creytens ha publicado el manuscrito en 1980.
    Eran varias las preguntas que se hacían y a todas contestó con claridad y equilibrio. Se le interrogó acerca de las facultades del maestro de la Orden para determinados casos, obligaciones y facultades de los que ingresaban, de las excomuniones, absoluciones, restituciones, conocimiento de lo establecido por la Iglesia, fórmula esencial de la consagración eucarística, indulgencias, y usura.
    Desde la ciudad de Perusa donde se encontraba la curia pontificia dio respuesta, el 17 de enero de 1235, a una serie de cuestiones que plantearon al papa misioneros franciscanos y dominicos del norte de África; se encontraban en la región de Túnez y Marruecos desde hacía diez años y habían recibido facultades especiales de Honorio III. Pero la complejidad de los problemas les impulsaba a pedir aclaraciones sobre el modo de proceder. Gregorio IX encargó la respuesta a su “penitenciario” Raimundo; éste, desde sus profundos conocimientos jurídicos, contestó a cada uno de los puntos, anteponiendo el planteamiento de los misioneros. El documento constituye una buena fuente de información sobre determinadas relaciones de cristianos y musulmanes en la zona. Genoveses y españoles mantenían relaciones comerciales en aquella región, contactos que se extendían no sólo a la venta o intercambio de víveres en tiempo de guerra, sino que existía también un verdadero comercio de armas, como espadas, lanzas, cuchillos o materiales para fabricar maquinaria bélica. Cristianos había que, asimismo en tiempo de confrontación, hacían de transportistas a favor de los musulmanes desde zonas fértiles de las regiones norteafricanas a territorios de escasos recursos; se daba, igualmente, la venta de esclavos promovida a veces por los cristianos.
     Compuso también una Summa de matrimonio en torno a 1235-1236, para acomodar la materia relativa a este sacramento a la nueva legislación contenida en las Decretales. Viene a ser un complemento de la Summa de pænitentia, y no es extraño que se haya considerado con frecuencia como su última parte; a finales del siglo xiii los frailes predicadores del Reino de Aragón daban a esta obra el nombre de “Summula”, o breve tratado añadido a la Summa de pænitentia, muy provechosa para confesores y otras personas. En realidad es una acomodación de la Summa de matrimonio de Tancredo de Bolonia al nuevo derecho eclesiástico.
     Realizó esta tarea a petición de sus hermanos de orden y de confesores. No se dispensó de acudir a las fuentes en que se apoyaba el libro del maestro boloñés y reelaboró, cuando era necesario, los tratados que precisaban ajustarse a la normativa vigente. Consta de tres partes: primera, De los esponsales y matrimonio; segunda, De los quince impedimentos para el matrimonio, y tercera, Cómo proceder en el contrato o disolución del vínculo matrimonial, de los hijos legítimos, y de las dotes. Se advierte orden y claridad; cuando acerca de un problema se ofrecían varias soluciones no rehusaba dar su parecer con modestia, anteponiendo éstas o similares expresiones: “Me parece, salvo juicio mejor”, o “No creo que esto sea verdad”.
    Se utilizó ampliamente esta obra dentro y fuera de su Orden. Se le atribuyen dos Súmmulas, o breves tratados, uno sobre la consanguinidad y otros sobre la afinidad. Para la consanguinidad procede por líneas ascendentes, descendentes y transversales; ofrece definiciones, aclara las líneas, y compone árboles para facilitar la inteligencia del tema.
     Hacia mediados de 1236 regresó a su convento de Barcelona con la salud quebrantada. El 15 de octubre de 1236 se hallaba en las Cortes generales convocadas por Jaime I en Monzón (Huesca). Gregorio IX siguió encomendándole asuntos; el 5 de febrero de 1237 la absolución de la excomunión en que había incurrido Jaime I por haber impedido el paso por Huesca al obispo electo de Zaragoza. El 7 del mismo mes y año le mandaba que participara en la elección del arzobispo de Tarragona; un día más tarde en la absolución de Bernardo de Castro Rosellón. El 11 de febrero de 1237 le facultó para que dispensara de un impedimento de consanguinidad en orden a la celebración de un matrimonio. El 11 de julio de 1237, le comisionó para que interviniera en la elección del obispo de Mallorca, en la aceptación de la renuncia del de Tortosa y en la elección del de Huesca. Gregorio IX continuó nombrándolo como “capellán y penitenciario nuestro”, y lo propio hicieron Inocencio IV, Alejandro IV, Urbano IV y Gregorio X, es decir, le dieron este título de por vida. Aunque con poca salud intervino en múltiples asuntos. Así, por ejemplo, respondió al obispo de Urgel sobre el modo de proceder contra determinados herejes (julio de 1238).
     En mayo de 1238 fue elegido maestro de la Orden, aunque en julio de 1238 permanecía todavía en Barcelona, y aprobó el pacto entre el prior del convento de Lyon, Humberto de Romans, y el Monasterio de St. Martin d’Anay, sobre el emplazamiento del nuevo convento en terrenos dependientes de dicha abadía. En 1239 presidió el capítulo general de París. Por las actas del mismo se comprueba el trabajo orientado a mantener la Orden en el ideal primitivo, en cuanto a la sencillez y austeridad de vida, pobreza, distanciamiento de los asuntos temporales y estudio. A este respecto determinaron que los profesores no fueran elegidos priores ni tampoco representantes de la provincia en el capítulo general, a no ser que éste se celebrara en el territorio de su provincia. Se conserva un breve esquema con los puntos que desarrolló en un sermón ante el clero de París en la iglesia de Saint Jacques.
     De París se trasladó a Italia; seguramente se encontraba ante Gregorio IX en Anagni el 25 de octubre de 1239, y obtuvo una bula en que se prohibía que, sin licencia especial del Papa, no pudieran otras Órdenes llevar el hábito de la dominicana. El 16 de noviembre, ahora ya desde el palacio de Letrán en Roma, concedió el Pontífice a los frailes predicadores, entregados a iluminar a las gentes con la luz de la divina sabiduría y a fin de no impedir su misión, que no estuvieran obligados al oficio de corregir o visitar monasterios o iglesias, como tampoco a la ejecución de causas y denuncias de excomuniones, o encargarse del cuidado de religiosas. Hacia finales de 1239 o enero de 1240 fue el propio Raimundo quien se dirigió por carta al Monasterio de Sant’Agnese de Bolonia; exhortaba a las hermanas a aceptar las pruebas como una muestra del amor divino, a la vez que se manifestaba pronto a prestarles ayuda.
     Parece que permaneció en Roma hasta mediados de mayo de 1240. El 8 de febrero consiguió de Gregorio IX que los obispos pudieran absolver de toda censura a los dominicos. El 11 de mayo el papa prohibió a los frailes que abandonaran la Orden sin permiso del superior; el mismo día concedió al maestro de la Orden y a los miembros de la misma que no estuvieran obligados a recibir comisiones de causas o a ejecutar sentencias; todavía el mismo día mandó a los prelados de la Iglesia que no acogieran a frailes apóstatas y excomulgados; asimismo que fuera de las ciudades pudieran servirse de altar portátil para la celebración de la eucaristía, y que no se vieran afectados por documento apostólico alguno a no ser que se mencionara expresamente su Orden.
     El 12 de mayo concedió al maestro y a los priores facultades para absolver con ciertas condiciones de censuras a los que quisieran entrar en la Orden; pedía a todos respeto y obediencia a los obispos, excepto en la institución o destitución de priores, y recomendaba, en fin, la Orden a los prelados de la Iglesia.
     Por el mes de mayo de 1240, y coincidiendo como de costumbre con la fiesta de Pentecostés, se celebró capítulo general en Bolonia; se repitieron diferentes ordenaciones del anterior, se precisó cuanto afectaba al uso y traslado de libros de los profesores, y se concretaron puntos que afectaban a las constituciones.
     En este capítulo, a los dos años de su elección, presentó la renuncia al cargo, por no encontrarse con fuerzas para la misión que cargaba sobre sus hombros.
     Le fue aceptada y se estableció que después de su muerte gozara de idénticos sufragios que el maestro de la Orden. Durante el generalato hizo una nueva redacción de las constituciones; colocó las diferentes disposiciones bajo ciertas distinciones y títulos, agrupó materias que hasta entonces se presentaban de forma confusa, suprimió e introdujo disposiciones que se añadieron al texto más antiguo. Su labor fue aprobada por el capítulo de 1241. En sus líneas generales duró hasta la codificación de 1924.
     Terminado el oficio regresó a Barcelona. Aunque su salud no era buena, y de ello hablaba más de una vez, se mantuvo en activo. Los papas siguieron confiándole asuntos. Inocencio IV en marzo de 1247 le comisionó, junto con otros, para que averiguara si el conde de Toulouse había dado señales de arrepentimiento a la hora de la muerte. Al año siguiente, también en marzo, le encargó tomar parte en la elección de obispo de Lérida. En octubre quiso que el prior provincial de los dominicos de España se pusiera de acuerdo con él para mandar inquisidores a la Narbonense, y que el arzobispo de Narbona le enviara información sobre la forma de proceder contra los herejes en aquellas tierras. En febrero de 1253 le facultó para que confirmara la elección del abad de Tavèrnoles, y en agosto del mismo año recibió delegación para que aceptara la renuncia del abad de Ripoll, impedido por una enfermedad incurable.
     Alejandro IV, en mayo de 1255, le pidió que en su nombre aceptara la dimisión del obispo de Lérida, anciano y enfermo, y que dispusiera de los bienes de aquella iglesia. En julio del año siguiente le confió la reforma del Cabildo Catedral de Vic. En julio de 1259 le pidió que recibiera la renuncia del abad de Sant Joan de les Abadesses; en julio de 1260 le otorgó facultades para introducir en el norte de África misioneros dominicos.
     Urbano IV le pidió en febrero de 1263 que aconsejara eficazmente al conde de Urgel para que recibiera por mujer a Constancia, nieta de Jaime I, con la cual había contraído matrimonio “in facie Ecclesiae”. En marzo de 1266 fue Raimundo quien escribió a Clemente IV planteándole el asunto del matrimonio del mencionado conde; con esta ocasión manifestaba que estaba afectado por enfermedades múltiples y gran debilidad corporal. En agosto de 1266 Clemente IV tuvo en cuenta su opinión a la hora de nombrar arzobispo de Toledo. Gregorio X, en agosto de 1274, le confió arbitraje en una controversia entre franciscanos y mercedarios.
     Jaime I hizo testamento en su presencia en 1241 y le nombraba consejero en la ejecución del mismo. Seguramente en 1258 escribió una carta a este mismo rey tratando un asunto por el que se había interesado el Monarca. En enero de 1259 absolvió a Ferrer de Vilanova a instancias de fray Raimundo. En octubre de 1260 el infante don Pedro le hizo testigo de una protesta secreta contra donaciones hechas por el rey de Aragón. En agosto de 1263 Jaime I ordenó a los judíos que eliminasen de sus libros frases que a los cristianos sonaban como blasfemias y para ello pidieran parecer a Raimundo. En julio de 1266 hizo de testigo en un acto del infante don Pedro. En septiembre de 1268 lo fue de una sentencia de Jaime I en la cuestión de la herencia del judío Bonasc de Besalú; el 21 de octubre de 1269 testificaba la declaración hecha por el mismo Rey sobre cambio de moneda.
     En 1242 el arzobispo de Tarragona Pedro de Albalat le consultó sobre el modo de proceder en la Inquisición contra los herejes; respondió con un Directorium, verdadero manual apoyado en la legislación pontificia. Intervino en varios testamentos, reparto de bienes, ventas, permutas, arbitrajes, composición de litigios, asuntos matrimoniales, concordias, actos de obediencia, tanto del clero como de religiosos y seglares. El 15 de octubre de 1243 estuvo presente en el Monasterio de Sant Cugat del Vallès en la entrega que hizo el arzobispo de Tarragona del hábito dominicano al obispo de Barcelona Pedro de Centelles. En marzo de 1262 escribió a la priora dominica de Santa María de Castro, en San Esteban de Gormaz —hoy en Caleruega (Burgos)—, informándole que había recibido comisión del maestro de la Orden, Humberto de Romans, para averiguar los derechos que tenían para ser atendidas por los frailes predicadores; llevó el caso con gran diligencia y eficacia. Mérito suyo fue la promoción de Estudios o Escuelas de lenguas de hebreo y árabe para la formación de misioneros: Túnez (1250), Barcelona (c. 1259), Murcia (1265).
     Falleció en el Convento de Santa Catalina de Barcelona, el 6 de enero de 1275. En los funerales tomaron parte los reyes de Aragón y Castilla, así como varios obispos, clero y ciudadanos. El 13 de diciembre de 1279 el concilio provincial de Tarragona —formaban parte de él, además de los obispos de Cataluña, los de Zaragoza, Huesca y Valencia— suplicó al papa Nicolás IV su canonización. El rey Pedro III el 8 de agosto de 1281 pidió de nuevo a Martín IV la canonización.
    La política que mantenía el rey de Aragón en tierras de Italia y que le llevó a la excomunión papal obstaculizó el proceso. Volvieron con su petición a Bonifacio VIII el 10 de noviembre de 1296 los consejeros de Barcelona; daban fe de la gran devoción popular que se manifestaba en torno al sepulcro, para el que se estaba construyendo una capilla en 1299, en el interior de la iglesia de Santa Catalina.
     El 13 de junio de 1298 pidieron la canonización las ciudades de Zaragoza, Barcelona, Lérida, Tarragona, Huesca, Calatayud, Valencia, Játiva, Tortosa y Gerona.
     A esta instancia se unieron los frailes predicadores de Barcelona; la devoción y el concurso de fieles ante el sepulcro iba en aumento. Por entonces suplicaron también el comienzo del proceso los conventos dominicanos de Barcelona, Zaragoza, Huesca, Calatayud, Lérida, Mallorca, Valencia, Tarragona, Gerona, Urgel y Játiva. El concilio de Tarragona volvió a plantear el tema el 18 de enero de 1317 y, parece que en el mismo año, las Cortes celebradas en Perpiñán; los frailes predicadores reunidos en capítulo general habían pedido al rey Jaime II que postulara la canonización. Pedro IV de Aragón acudió también al Papa con una súplica fechada en Valencia el 21 de julio de 1349.
     Sin embargo, habrá que esperar doscientos años para que el papa Pablo III concediera en 1542 autorización a la provincia dominicana de Aragón para celebrar su fiesta litúrgica, el 7 de enero. Se volvió a emprender la causa en 1587. Felipe II pidió la canonización el 22 de junio de 1596 y, por el mismo año, también el emperador Rodolfo de Habsburgo, el arzobispo de Tarragona, los obispos de Barcelona y Vic, los consejeros de Cataluña y Barcelona, y el capítulo general de la Orden dominicana. Lo canonizó, al fin, Clemente VIII el 29 de abril de 1601. En 1648 Inocencio X lo declaró patrono de la ciudad de Barcelona.
     Su sepulcro se veneró en una capilla especial de la iglesia Santa Catalina hasta la exclaustración de 1835. En 1838 se trasladó a una capilla lateral de la Catedral de Barcelona, donde se venera en la actualidad.
     Son abundantes las representaciones iconográficas a partir del sepulcro realizado en el siglo xiv. Aparece a veces en atuendo de doctor; el beato Angélico lo pintó en San Marcos de Florencia entre los maestros de la Orden. En el siglo xvii Ludovico Carraci, basado en una leyenda del siglo XVII, lo pintó atravesando el mar valiéndose de su capa; muy frecuentemente aparece con las Decretales en su mano o con una llave, símbolo del sacramento de la penitencia (Vito Tomás Gómez García, OP, en Biografías de la Real Academia dela Historia).
Conozcamos mejor la Biografía de Esperanza Elena Caro, autor de la obra reseñada;
     Esperanza Elena Caro, (La Campana, Sevilla, 4 de septiembre de 1906 – Sevilla, 6 de marzo de 1985). Bordadora.
     Comenzó en el arte del bordado a realce a corta edad, en los talleres que fundaron sus tíos José y Victoria Caro y, ya en 1924, bajo su responsabilidad, hizo los bordados del palio de malla de la Hermandad de Monte Sión, perdido más tarde en la Guerra Civil. Sus trabajos dejan huella del bien hacer en este oficio, en el que la gracia se ha unido a la grandiosidad, como se muestra en las obras del palio de la universidad, 1949-1958; los realizados a la Macarena: saya 1937, palio 1964-1966; manto de la Coronación 1964, faldones-respiraderos 1943-1967, y bordados de varias insignias; a la Hermandad de las Penas de San Vicente: palio 1955-1957, faldones de las andas del Señor y de la Virgen 1962-1978; bordados del Baratillo: palio 1954 y manto 1962; los de la Hermandad del Buen Fin: palio 1930 y manto 1960; mantos de la Virgen de Madre de Dios de la Palma; y los de la Esperanza de Triana de 1948 y 1994, entre otros.
     En mayo de 1964 recibió la Medalla de Bronce de Sevilla y en 1968 fue reconocida “Artesana Distinguida”; recibiendo posteriormente por sus muchos años de dedicación a estas labores, la Medalla de Oro del Trabajo en 1971, que le fue impuesta por el ministro de Trabajo, Licinio de La Fuente, celebrándose con tal motivo una exposición en el salón de los andenes del ayuntamiento, con una selección de su obra.
     Desde 1986 tiene dedicado un pasaje llamado Esperanza Elena Caro entre las de Amor de Dios y Trajano (Juan Carrero Rodríguez, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Guión de la Facultad de Derecho, de Elena Caro, de la Hermandad de los Estudiantes, en la Universidad de Sevilla (antigua Fábrica de Tabacos), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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