Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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domingo, 12 de octubre de 2025

La Casa del Marqués de Campo Verde, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa del Marqués de Campo Verde, en Osuna (Sevilla).
     Hoy, 12 de octubre es el aniversario de la creación del título nobiliario del Marquesado de Campo Verde (12 de octubre de 1688), por el rey Carlos II, a favor de Luis Torres de Navarra y Monsalve, Alcalde Mayor de Sevilla​, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Casa del Marqués de Campo Verde, en Osuna (Sevilla).
     La Casa del Marqués de Campo Verde, se encuentra en la calle Sevilla, 33; en Osuna (Sevilla).
     Su portada es uno de los pocos ejemplos conservados de arquitectura civil del siglo XVI. Aquí un lienzo de piedra cuelga de la cornisa de un alero: son dos rectángulos yuxtapuestos de similares dimensiones y con los lados mayores ortogonales: el primero es una estera, un ancho marco de sillería que con sus relieves concéntricos guarnece una reja con su corona metálica; luego es la transición del entablamento apoyado en dos medias columnas esbeltas y aéreas del que se suspende solidaria una ménsula vegetal, dos columnas con sus altos pedestales blanqueados, disimulados en la continuidad del paramento.
     Particular, no se visita (Ayuntamiento de Osuna).
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lunes, 18 de agosto de 2025

Los sitios arqueológicos Agujetero, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte los sitios arqueológicos Agujetero, en Osuna (Sevilla).         
Agujetero Alto: En un cerro a unos 500 metros al sur del cortijo se encuentra esta villa de abundantes restos constructivos y cerámicos. 
     Collantes lo cita también con el nombre de Cahices del Villar.
Agujetero Bajo: A 1100 metros al sur del cortijo Agujetero Bajo, en el cerro de 348 metros de cota se ubicaría un poblado protohistórico actualmente desaparecido, del cual tan solo nos queda material escasísimo en la cima y numeroso en sus vertientes, sobre todo en la norte, a modo de derrubio de escorrentía: algo de cerámica a mano tosca, así como numerosas moletas y molino de granito (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
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lunes, 28 de julio de 2025

El Coto de las Canteras, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Coto de las Canteras, en Osuna (Sevilla).
     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Coto de las Canteras, en Osuna (Sevilla).
     El Coto de las Canteras, se encuentra en la Vía Sacra, s/n, en Osuna (Sevilla).
     Osuna aparece ante el viajero sobre una colina, a media ladera, dominando un amplio paisaje de campiña. Esa elevación se conforma sobre un sustrato rocoso de areniscas calcáreas, que aflora en diferentes puntos del territorio. Esa piedra ha servido desde la antigüedad más remota a los habitantes de esta zona para construir sus edificios.
     Desde hace milenios, el promontorio más elevado ha servido para suministrar los sillares con los que se han levantado casas, palacios, iglesias… Es así que el lugar recibe el nombre de Cerro de las Canteras. Su color ocre y su porosa textura han prestado su colorido y sabor a la ciudad desde los turdetanos hasta mediados del siglo XX.
     Estos terrenos de la antigua Urso, de donde se extraía la piedra para las construcciones desde antes de la ocupación romana, es también conocida como la Petra de Andalucía por sus espectaculares relieves en piedra. Sin duda este sustrato rocoso ha sido empleado como cantera de piedra de manera continuada al menos desde época turdetana, aunque parece que su explotación debió intensificarse a raíz de la importante labor constructiva desarrollada por el IV conde de Ureña en el siglo XVI, hasta la década de los años 60 del siglo pasado que se deja de trabajar en ella.
     En el mismo borde de un precipicio abierto por los canteros, quedan las ruinas de lo que hasta el siglo pasado fue la ermita de la Vía Sacra. Se levantó a mediados del XVII y en ella finalizaba el Vía Crucis. Junto a ella, a modo de capilla, permanecen los restos de unas tumbas excavadas en la roca, siguiendo el modelo de la necrópolis.
     El Coto Las Canteras ofrece un espacio versátil y genuino para cada evento, como su nombre indica es un establecimiento histórico, cuya capacidad es para 600 comensales, 800 butacas para recitales y convenciones, y un aforo de 1.400 personas para eventos de pie.
     El complejo cuenta con 4.000 metros cuadrados, donde se encuentran especies autóctonas de la zona, ideal para recepciones al aire libre. Este establecimiento cuenta con su propio catering (Turismo de la Provincia de Sevilla).

Página oficial: www.elcotolascanteras.com

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martes, 13 de mayo de 2025

La Plaza de Toros, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Plaza de Toros, en Osuna (Sevilla).         
     Hoy, 13 de mayo, es el aniversario de la inauguración (13 de mayo de 1904) de la Plaza de Toros de Osuna, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza de Toros, en Osuna (Sevilla).
     La Plaza de Toros se encuentra en la calle Lantejuela, 8; en Osuna (Sevilla).
     Producto de las trazas del arquitecto sevillano Aníbal González, empezó a construirse en 1.902 con participación popular. 
     Fue inaugurada el 13 de Mayo de 1904 para trasladar los festejos taurinos que antes se celebraban en las plazas del pueblo. Se trazó siguiendo el esquema que por entonces se estaba imponiendo: ruedo, barrera y callejón. Se construyó apoyada en dos muros concéntricos con las piedras extraidas de Las Canteras y de la antigua muralla ibérica, y se subdividió en ocho sectores marcados por ocho accesos originales. En la mitad del anillo que se enfrenta a toriles hay un túnel abovedado y terroso que recuerda a las entrañas ovales del anfiteatro de Itálica.
     La arena, un círculo de casi cuarenta y ocho metros de diámetro, es una de las más amplias de la península. El graderío cuenta con seis mil quinientas localidades.
     La Plaza de Toros cuenta además con el Museo Taurino dedicado a la historia de la Plaza y su historia taurina.
     Ha sido escenario privilegiado  de varios anuncios televisivos, cortometrajes, reportajes fotográficos y  rodajes, siendo el más importante de ellos, parte de la quinta temporada de la prestigiosa serie americana “Juego de Tronos” en 2014 (Ayuntamiento de Osuna).
          La Plaza de Toros de Osuna, producto de las trazas de Aníbal González, se empezó a construir a principios del año 1902 con sillares de la antigua ciudad romana de Osuna. Fue inaugurada el 13 de mayo de 1904, componiendo el cartel Montes y Chamaquito, las máximas figuras de la época, con el fin de trasladar los festejos taurinos que antes se celebraban en las plazas del pueblo. En mayo de 1999, la plaza pasó a ser municipal tras ser comprada por el Ayuntamiento de Osuna.
     Se trazó siguiendo el esquema que por entonces se estaba imponiendo: ruedo, barrera y callejón y se construyó apoyada en dos muros concéntricos de piedra arenisca de las Canteras, subdividiéndose en ocho sectores marcados por ocho accesos originales. En la mitad del anillo que se enfrenta a toriles hay un túnel abovedado y terroso que recuerda a las entrañas ovales del anfiteatro de Itálica. La arena, un círculo de casi cuarenta y ocho metros de diámetro, es una de las más amplias de la península. El graderío cuenta con 6500 localidades. La Plaza de Toros cuenta además con un Museo Taurino, inaugurado en marzo de 2019, con tres partes diferenciadas: una dedicada a la historia de la Plaza, una segunda centrada en su historia taurina y una última sobre la cultura de la tauromaquia.
     El coso taurino de Osuna ha sido escenario privilegiado de varios anuncios televisivos, cortometrajes, reportajes fotográficos y rodajes, siendo el más importante de ellos la impresionante secuencia final de la quinta temporada de Juego de Tronos. 
Aforo: 6500 personas
Categoría: Tercera
Año de inauguración: 1904
Horario
        Horario de invierno (16 septiembre – 15 de junio) : 
        Visitas guiadas: Sábados 16:15 y 17:15
        Horario de verano (16 junio-15 septiembre):
        Sábado, domingo y festivos
        (Visitas guiadas)
        09:30, 10:30, 11:30, 12:30, 13:30 
        Jueves: 19:15 y 20:15 
Reservas grupos: 954 815 732
Precio: 4 € (Turismo de la Provincia de Sevilla).
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viernes, 18 de octubre de 2024

El sitio arqueológico San Lucas, en Osuna (Sevilla)

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico San Lucas, en Osuna (Sevilla).
     Hoy, 18 de octubre, Fiesta de San Lucas, evangelista, que, según la tradición, nació en Antioquía de familia pagana y fue médico de profesión. Convertido a la fe de Cristo, fue compañero carísimo del apóstol San Pablo, y en su libro del Evangelio expuso por orden, cual escriba de la mansedumbre de Cristo, todo lo que hizo y enseñó Jesús. Asimismo, en el libro de los Hechos de los Apóstoles narró los comienzos de la vida de la Iglesia hasta la primera venida de Pablo a la ciudad de Roma (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico San Lucas, en Osuna (Sevilla).
      En el cerro ubicado a unos 600 metros al Sureste del cortijo San Lucas, se detecta esta villa con abundante material constructivo y cerámico. Debió seguir utilizándose en época islámica. De aquí procede según Collantes un ara con epígrafe dedicada al Árbol. No confundir con los restos modernos: s. XVII-XVIII ubicados a 100 metros al Noreste del cortijo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía, de San Lucas, evangelista;
HISTORIA Y LEYENDA

     Entre los cuatro evangelistas, Lucas es, con San Marcos, uno de los dos que no pertenecían al colegio de los Doce Apóstoles.
     Se presenta con tres aspectos diferentes: médico, evangelista y retratista de la Santísima Virgen.
     Era un judío helenizado, nacido en Antioquía, Siria (Lucas Syrus, natione Antiochensis), donde, según San Pablo y San Jerónimo, ejerció la medicina (arte medicus). En todo caso no parece haberse asentado en su profesión porque no resulta más indulgente que San Marcos hacia los médicos que intentaban curar sin éxito a la Hemorroisa.
     Convertido por San Pablo, se convirtió en su discípulo favorito y lo acompañó en su peregrinación a Grecia y a Italia. Naufragó con él en las costas de la isla de Malta. Desde allí se dirigió a Roma donde habría asistido a los martirios de San Pedro y San Pablo.
     En este periodo habría redactado el Tercer Evangelio y consignado sus viajes en los Hechos de los Apóstoles, aunque se cuestione por razones de lengua y de estilo que esas dos obras procedan de un solo autor.
     Después de la decapitación de su maestro, habría continuado predicando el Evangelio en Egipto y en Grecia, y habría sido crucificado en Patras, junto a San Andrés. Según otra tradición, tan dudosa como la anterior, habría muerto en Damasco.
     La leyenda que lo representa como el pintor de la Virgen no es anterior al siglo VI. Los Hechos de los Apóstoles no dicen que fuera pintor, y por otra parte, la pintura estaba prohibida a los judíos. Se han ofrecido dos explicaciones . Es posible que esta fábula haya nacido o se haya visto acreditada por el hecho de que el Evangelio según San Lucas es el que contiene más detalles acerca de la Vida de la Virgen. Por otra parte, como los retratos atribuidos a San Lucas en realidad datan de una época muy posterior, se ha supuesto una conclusión de nombres con un pintor florentino del siglo IX que se llamaba Luca y a quien, a causa de su piedad, se lo motejó il santo. Cuando se avivó su recuerdo, se imaginó que ese Santo Luca era San Lucas Evangelista. Sea como fuere, ninguno de los retratos de la Virgen atribuidos a San Lucas puede ser suyo. El más célebre, que se venera en la basílica de santa María la Mayor, en la capilla paulina, es una Virgen bizantina del siglo XII.
CULTO
     Las reliquias de San Lucas, que se conservaban en Patras, en el Peloponeso, presunto lugar de su martirio, en 357 habrían sido trasladadas a Constantinopla, y depositadas solemnemente, junto a las de San Andrés, en la basílica de los Doce Apóstoles.
     En Francia hay pocas iglesias puestas bajo su advocación. La de Châteauroux, en Berry, es una excepción.
     Hacia finales del siglo VI, San Gregorio Magno recibió en Roma la cabeza de San Lucas. Y otros fragmentos menos importantes fueron recogidos por la iglesia de Santa Justina de Padua. Uno de los dedos de San Lucas fueron forma parte del tesoro de la catedral de Sens. 
     Un viajero francés contemporáneo de Enrique IV, Jean Baptiste du Val, cuenta en su Diario que en Italia se mostraban dos cuerpos de San Lucas, uno en la iglesia de Saint Job, en Venecia y el otro en la iglesia de Santa Justina de Padua. "Lo cual genera muchas dudas, puesto que Toulouse se vanagloria de tener ese mismo cuerpo en Francia."
     San Lucas era reivindicado por numerosas corporaciones: los médicos y cirujanos a causa de su primer oficio, los notarios porque escribió su Evangelio y los Hechos de los Apóstoles al dictado de San Pablo, los carniceros y los encuadernadores (Flandes) a causa del buey que le sirve como atributo y cuyo cuero se emplea en la encuadernación de los libros.
     Pero ante todo era el patrón de los pintores e iluminadores, quienes honraban en él al retratista de la Santísima Virgen. A dicho título, se benefició de la creciente popularidad de su modelo, la Virgen María. Todos los gremios de pintores se pusieron bajo su advocación a partir del siglo XV, y más tarde adoptaron el título de Academia de San Lucas. La más antigua, la de Roma, data de 1588, la de París, fundada en 1649, sobrevivió hasta la Revolución Francesa, en competencia con la Academia Real de Pintura.
ICONOGRAFÍA
     Las representaciones de San Lucas pueden clasificarse en dos rúbricas: el Evangelista y el Pintor de la Virgen. El médico no ha interesado a los artistas. Como Evangelista, San Lucas tiene como atributo un buey, con o sin alas. ¿De dónde procede este símbolo? Según algunos, del hecho de que el Evangelio de San Lucas insiste en el sacerdocio de Jesucristo, y el buey es animal de sacrificio en la antigüedad. Según otra explicación, el buey corresponde a la primera letra del alfabeto hebreo, aleph, que se habría aplicado a San Lucas porque éste declara que Jesús es alfa y omega, el principio y el fin. El buey suele estar acostado a los pies de San Lucas. A veces, para volverse útil sirve de soporte a su tintero, como el águila de San Juan.
     En ciertas miniaturas y letras ornamentadas de la alta Edad Media, se representa a los evangelistas con las cabezas de los animales que les corresponden: a San Lucas se lo ha representado con una cabeza de buey en un Evangeliario carolingio del siglo IX (Biblioteca de Boulogne sur Mer).
     En el arte medieval, el atributo más frecuente del santo sigue siendo el buey que simboliza la Pasión de Cristo y al mismo tiempo el espíritu de sacrificio de los cristianos.
     El arte de la Contrarreforma, después del concilio de Trento tendió, por el contrario, a sustituir a ese rumiante simbólico, al cual sin duda se reprochaba el tener escaso decorum, por el retrato de la Virgen.
     No obstante, los dos atributos no se excluyen y con frecuencia se combinan. Por ejemplo en un postigo del tríptico de Stephan Lochner en el Museo de Colonia, donde el santo, acompañado por un buey alado, tiene un icono de la Virgen en la mano.
     En un fresco de Pinturicchio, en Santa María del Popolo, la cabeza del buey sirve de caballete al pintor. En una de las pechinas de la cúpula de Sant' Andrea della Valle, Dominichino evoca la figura de San Lucas entre el buey y el retrato de la Virgen que presentan dos ángeles.
     En su cuadro del Louvre, Annibale Carracci caracteriza a San Lucas depositando una paleta y un pincel a sus pies.
     Cuando San Lucas es homenajeado como pintor, se lo representa en su taller, generalmente solo, mientras como autor de uno de los Evangelios, tiene su lugar junto a los otros tres evangelistas en las pechinas de las cúpulas o en los paneles de los púlpitos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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martes, 24 de septiembre de 2024

La Iglesia de la Merced, de Antonio Ruiz Florindo, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia de la Merced, de Antonio Ruiz Florindo, en Osuna (Sevilla).         
     Cada 24 de septiembre se celebra a la Virgen de la Merced que significa “misericordia”, advocación que se remonta al siglo XIII cuando la Virgen se le aparece a San Pedro Nolasco y lo anima a seguir liberando a los cristianos esclavos. Ante este deseo, se funda la orden de los Mercedarios el 10 de agosto de 1218 en Barcelona, España, y San Pedro Nolasco fue nombrado por el Papa Gregorio IX como Superior General. Más adelante, en el año 1696, el Papa Inocencio XII fijó el 24 de septiembre como la Fiesta de la Virgen de la Merced en toda la Iglesia.   
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia de la Merced, en Osuna (Sevilla)
     La Iglesia de la Merced; se encuentra en la plaza de la Merced, 17; en Osuna (Sevilla).
          Actualmente sin culto, el templo fue iniciado en la segunda mitad del siglo XVII, reformándose y decorándose con yeserías en la siguiente centuria. Su interior es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y con capillas laterales entre los contrafuertes. Sobre el crucero se sitúa una cúpula sobre pechinas cubierta con profusión de yeserías. La portada principal se sitúa a los pies y está flanqueada por pilastras cajeadas que soportan un frontón curvo y partido, en el que se alberga una hornacina. En el ángulo derecho de la portada se levanta la torre, con cuatro cuerpos y un chapitel como remate. Fue construida entre 1768 y 1775 por el maestro de Fuentes de Andalucía Antonio Ruiz Florindo y su decoración de placas y festones recortados imita labores de ladrillo. En el cuerpo bajo presenta dos portadas entre balaustres corintios. Adosado a la iglesia hay un pequeño claustro de planta cuadrada, con arcos de ladrillo sobre columnas de piedra en la planta baja y con pilastras en la alta (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).    
     Edificio de la segunda mitad del siglo XVII, reformado en el siglo XVIII, al que se adosa un pequeño claustro de planta cuadrada con arcos de ladrillo sobre columnas y pilastras en la planta alta.
     El templo es de una nave con bóveda de cañón y arcos fajones y capillas laterales entre los contrafuertes. Tiene cabecera plana y cúpula sobre pechinas en el crucero, decorada con yeserías.
     La portada principal está flanqueada por pilastras cajeadas que culminan en frontón curvo y partido. En el ángulo derecho se levanta la torre, una de las más hermosas de la provincia, edificada entre 1767 y 1775 por el alarife Alonso Ruiz Florindo. Consta de cuatro cuerpos y chapitel, combinando los sillares y el ladrillo en una decoración de festones y placas recortadas, con portadas entre balaustres corintios en el cuerpo inferior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La iglesia de la Merced se construyó en su actual ubicación en 1650, aunque sufrió una profunda remodelación en la segunda mitad del siglo XVIII. Los frailes llegaron a Osuna en 1609 y se instalaron inicialmente en la ermita de Santa Ana, localizada en las afueras de la ciudad. Tras dos intentos fallidos, en 1637, consiguieron erigir su nuevo monasterio en el espacio que hoy ocupa.
     Las noticias más concretas que se tienen de esta iglesia son del siglo XVIII, en el que se verificaron en ella importantes obras como la reconstrucción de la iglesia, su magnífica portada de piedra, la erección de la torre, la solería de mármol de Génova del templo y sus retablos, bajo la dirección de Antonio Ruiz Florindo.
     El templo es de una nave con bóveda de cañón y arcos fajones y capillas laterales entre los contrafuertes. Tiene cabecera plana y cúpula sobre pechinas en el crucero, decorada con yeserías.
     La portada principal está flanqueada por pilastras cajeadas que culminan en frontón curvo y partido. En el ángulo derecho se levanta la torre, una de las más hermosas de la provincia, edificada entre 1767 y 1775 por el alarife Alonso Ruiz Florindo. Consta de cuatro cuerpos y chapitel, combinando los sillares y el ladrillo en una decoración de festones y placas recortadas, con portadas entre balaustres corintios en el cuerpo inferior.
     El retablo de este convento se encuentra actualmente en la capilla de los Marineros de la Hermandad de la Esperanza de Triana, en Sevilla.
     Actualmente es la sede de la escuela de economía social (FAECTA). La iglesia no tiene culto y se encuentra cerrada al público (Turismo de la provincia de Sevilla).
     Siglo XVII-XVIII. Actualmente es la Sede de la Escuela de Economía Social (FAECTA). Su Iglesia no tiene culto. Cerrado al público. 
     La iglesia de la Merced, en su actual ubicación, se construyó en el año 1650, aunque sufrió una profunda remodelación en la segunda mitad del siglo XVIII. Los frailes llegaron a Osuna en 1609 y se instalaron inicialmente en la ermita de Santa Ana, localizada en las afueras de la ciudad. Tras dos intentos fallidos, en 1637, consiguieron erigir su nuevo monasterio en el espacio que hoy ocupa. Las noticias más concretas que de esta iglesia tenemos son del siglo XVIII, en el que se verificaron en ella importantes obras. Fue artífice de la costosa empresa el Vicario General de la Orden, Fray Miguel Ramón de San José, natural de Osuna. A él se debe la reconstrucción de la Iglesia, su magnífica portada de piedra, la erección de la torre, la solería de mármol de Génova del templo y sus retablos. Las obras se realizaron entre 1768 y 1775, bajo la dirección de Antonio Ruiz Florindo, que edificó también la casa del Cabildo Colegial en la Calle San Pedro. En las dependencias anejas a la iglesia habitaron los frailes hasta la exclaustración, acaecida en el siglo XIX. Más tarde, ya en el siglo XX, el recinto fue dedicado a hospital. La Iglesia es de una sola nave, con capillas a ambos lados. El retablo mayor, de 1716, obra de Francisco María de Ceiba, fue trasladado a la Capilla de los Marineros de Sevilla.
     Al final de la nave, muy en alto, se alza el coro, cuyas celosías le prestan especial recato. Se encuentra instalado en él una buena sillería de madera con los escudos tallados de la Orden. La torre constituye una pieza excepcional en la ciudad monumental. Hecha de piedra y sillar, ágil y hermosamente labrada, su presencia es magnífica. La belleza de la torre se ve acrecentada al formar con la portada de la Iglesia un rincón de arte único (Ayuntamiento de Osuna).
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Ruiz Florindo, autor de la obra reseñada;
     Antonio Ruiz Florindo, (Fuentes de Andalucía, Sevilla, 1745 – c. 1814). Arquitecto, Alarife de la villa de Puerto Real (Cádiz).
     Miembro de la familia de arquitectos locales de los Ruiz Florindo de Fuentes de Andalucía, fue hermano del alarife Alonso, e hijo del también albañil Juan y de su mujer Marina Fernández del Corral. Su formación profesional la realizó con sus hermanos alarifes Alonso y Cristóbal, y con el carpintero García Fernández Caño. En 1771 pasó el obligatorio examen gremial en Sevilla para el ejercicio de la profesión.
     Trabajó en la ciudad de Osuna, donde levantó dos importantes construcciones de cantería, dotadas de la creatividad ornamental propia de su linaje artístico.
     Son éstas la Cilla del Cabildo (1773), y el Convento de la Merced (1768-1775), intervención esta última donde trabajó desde al menos 1773. Su colaboración con los mercedarios le llevó a dirigir las obras del Convento de la Merced de Cartaya (Huelva) (1775- 1778). Desde 1776 trabajó, y posteriormente residió, con su familia en la villa de Puerto Real, población gaditana en proceso de expansión urbanística y edilicia durante esos años. Allí Antonio Ruiz Florindo fue abandonando la impronta del barroco familiar para ceñirse a las limitaciones impuestas por los arquitectos gaditanos para los que trabajó, como Torcuato Cayón y Torcuato Benjumeda. Allí ejecutó la obra de la traída de aguas de la Fuente de la Higuera (1778- 1781), bajo el proyecto de Cayón, Francisco Boto, Tomás Sánchez y Antonio Hurtado. Se le atribuye por estos años la intervención en el acueducto de la Fuente del Rey de Algeciras (Cádiz), construida entre 1774 y 1784. Pero destacan las obras que como alarife público desarrolló en la población de la bahía de Cádiz, desde donde construyó la calzada a El Puerto de Santa María (1786-1788), y donde edificó la Plaza de Abastos (1791-1802), bajo proyecto de Benjumeda, y el cementerio de la villa (1798-1803), entre otras intervenciones. En el campo de la arquitectura religiosa, levantó la Capilla de San José, terminada en 1794, y posiblemente en la capilla de los Dolores de la iglesia parroquial de Puerto Real (1782-1795). La carrera profesional de Antonio Ruiz Florindo fue interrumpida por la entrada de los franceses en la villa en 1810, lo que motivó su huida a Cádiz. En esta ciudad dio poder para testar en 1814 a favor de su mujer, y posiblemente falleciera sobre esa fecha. Había casado en 1766 con María Fernández Caño, teniendo por hijos a Sebastián, Agustina y Antonio (Francisco Ollero Lobato, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor la Festividad de la Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes;
   La Virgen de la Merced o Nuestra Señora de las Mercedes es una advocación, que deriva del latín merces, que significa: dádiva, gracia, por lo que puede entenderse como Nuestra Señora de la Misericordia. San Pedro Nolasco, un joven mercader de telas de Barcelona, empezó a actuar en la compra y rescate de cautivos, vendiendo cuanto tenía en 1203. Se dice que el uno de agosto de 1218, fiesta de San Pietro ad Vincula, tuvo una visita de la Santísima Virgen, dándose a conocer como La Merced, que lo exhortaba a fundar una Orden religiosa con ese fin principal de redimir a cristianos cautivos de los musulmanes y piratas sarracenos. San Pedro Nolasco consumó la creación de la Orden de la Merced en la Catedral de Barcelona con el apoyo del rey Jaime I el Conquistador y el asesoramiento del dominico canonista San Raimundo de Peñafort, el diez de agosto de ese mismo año 1218: recibieron la institución canónica del obispo de Barcelona y la investidura militar del rey Jaime I el Conquistador. El Papa Gregorio IX de Segni, quien aprobó la orden el diecisiete de enero de 1235, con la Regla de San Agustín. En 1245, muere el fundador.  Se tienen testimonios de esta advocación mariana en medallas desde mediados del siglo XIII. En las primeras Constituciones de la Orden, de 1272, redactadas en Capítulo General, la Orden recibe ya el título de Orden de la Virgen de la Merced de la Redención de los cristianos cautivos de Santa Eulalia de Barcelona. 
     La devoción a la Virgen de la Merced se difundió a partir de la fundación de la Orden como un reguero de pólvora por Cataluña y por toda España, incluida Cerdeña, por Francia y por Italia, con la labor de redención de estos religiosos y sus cofrades.  Con la evangelización de América, en la que la Orden de la Merced participó desde sus mismos inicios, la devoción se extendió y arraigó profundamente en todo el territorio americano. La fiesta dedicada a su patrona fue instituida a instancias de los mercedarios como acción de gracias por la fundación de la Orden. La primera concesión a los mercedarios de un Oficio para esta fiesta se hizo el cuatro de abril de 1615.  Inocencio XI Odescalchi la extendió a la Iglesia española en 1680 e Inocencio XII Pignatelli a toda la Iglesia Latina el doce de febrero de 1696. Reducida en 1960 a simple conmemoración en la reforma del Beato Juan XXIII, fue suprimida del calendario universal e incluso nacional de España en el del uso ordinario de 1969 (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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miércoles, 31 de julio de 2024

La Casa de la Cultura, en Osuna (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de la Cultura, en Osuna (Sevilla).
     Hoy, 31 de julio, Memoria de San Ignacio de Loyola, presbítero, el cual, nacido en el País Vasco, en España, pasó la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirtió a Dios. Completó los estudios teológicos en París y unió a él a sus primeros compañeros, con los que más tarde fundó la Orden de la Compañía de Jesús en Roma, donde ejerció un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus discípulos, todo para mayor gloria de Dios (1556) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte la Casa de la Cultura, en Osuna (Sevilla), puesto que está instalada en el antiguo Convento de los Jesuitas, institución fundada por San Ignacio de Loyola.
     La Casa de la Cultura, se encuentra en la calle Sevilla, 22; en Osuna (Sevilla).
     La Casa de la Cultura se instaló en el antiguo convento de jesuitas, quedando la iglesia de dicho convento al otro lado de la calle. Se aprovechó el espacio monacal formado por un claustro central amplio y una serie de salas o dependencias que dan a este espacio abierto central.
     Se entra directamente desde la calle al claustro, estando las oficinas en el lado opuesto a la entrada. Lo más conocido es su Salón de Actos que se utiliza para todo tipo de actos públicos y su Biblioteca Municipal.
     La Casa de la Cultura es el motor cultural de la ciudad y siempre tiene exposiciones temporales, así como todo tipo de actividades durante todo el año (Ayuntamiento de Osuna).
     La Casa de la Cultura se instaló en el antiguo convento de los jesuitas, aprovechando el conjunto determinado por un amplio claustro central y algunas otras dependencias o salas situadas próximas a este importante espacio abierto.
     Su acceso se hace directamente desde la calle al claustro, ubicándose las oficinas en el lado opuesto a la entrada. Sus salas más relevantes son las destinadas para salón de actos, un espacio que se usa para todo tipo de actividades por parte del Ayuntamiento, la Biblioteca Municipal y el Conservatorio de Música. También alberga el centro Guadalinfo del municipio.
     Dotada de una importante programación continuada, constituye hoy un indudable foco cultural de gran importancia para la ciudad, contando para ello con continuas exposiciones temporales en su interior y todo tipo de actividades a lo largo del año como conciertos, cursos de formación y seminarios.
Horario
     Horario invierno (septiembre - junio):
     10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00.
     Horario verano (julio - agosto):
     09:00 a 14:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Ignacio de Loyola, presbítero;
HISTORIA
   Nacido hacia 1491 en el castillo de Loyola, en la provincia vasca de Guipúzcoa, Íñigo López adoptó en Roma, en 1537, el nombre de pila italiano Ignazio, que correspondía, más o menos, a su nombre español, tomado de San Íñigo, abad de San Salvador de Oña, cerca de Burgos.
    Las armas parlantes de su familia son dos lobos de sable (negros) enfrentados sobre campo de plata.
   En principio fue soldado, y esta primera vocación militar ha dejado una marca indeleble en la combativa orden religiosa que fundaría más tarde. Una herida grave que recibió en Pamplona, cuando los franceses sitiaban la ciudad, decidió su conversión. En el lecho de hospital leyó la Vida de Jesús. Cuando hubo curado, hizo un retiro en Cataluña; primero en la gruta de Manresa, donde escribió sus Ejercicios Espirituales, y luego en la cercana abadía de Montserrat. 
 Cuando había decidido emprender una peregrinación a Tierra Santa, antes de embarcar en Barcelona se desprendió de sus últimas monedas, llegó a Venecia, donde por caridad se le concedió un pasaje en un navío que zarpaba hacia Chipre, y llegó a Jerusalén en 1523.
   De vuelta en España, completó sus estudios en las universidades de Alcalá y de Salamanca. Luego, en 1528, partió a pie hacia París. El 15 de agosto de 1534, pronunció los votos junto a seis compañeros en la cripta de la capilla de Saint Denis, en Montmartre. Es lo que se llama el Voto de Montmartre.
   Puso a su pequeña tropa, organizada militarmente, bajo las órdenes de un general y a disposición del papa, que en 1540 aprobó la regla de la nueva orden, llamada la Compañía de Jesús. Suprimida en Francia por el Parlamento de París, en 1761, y luego por el papa Clemente XIV, en 1773, fue restablecida por Pío VI en 1814.
   Durante los dieciséis años que le quedaban por vivir, San Ignacio de Loyola contribuyó poderosamente al éxito de la Contrarreforma, organizando la predicación, la educación de la juventud, distribuida en numerosos colegios, y finalmente la evangelización de las comarcas más remotas del Lejano Oriente que aún no habían sido alcanzadas por el proselitismo de las misiones.
   La primera edición de sus Ejercicios Espirituales fue impresa en 1548.
   Murió en 1556 y fue enterrado en Roma, en la iglesia que lleva su nombre. En el siglo XVII se edificó una basílica de cúpulas en el sitio de su nacimiento, en Loyola, según los planos del arquitecto romano Fontana.
CULTO
   Beatificado en 1609, fue canonizado en 1622.
   Su culto, en principio localizado en las provincias vascas y también en Navarra, se irradió y difundió gracias a los progresos de la orden jesuítica en el mundo entero, que en la actualidad cuenta con alrededor de treinta mil miembros.
   Se lo invocaba para la curación de los poseídos, contra la fiebre y contra los lobos (juego de palabras con su apellido López).
ICONOGRAFÍA
   Su tipo iconográfico, caracterizado por una frente calva, nariz fugitiva y barba mal rasurada, deriva de un retrato de Alonso Sánchez Coello ejecutado en el siglo XVI según su máscara mortuoria. De ahí sus ojos inmóviles, que parecen no ver.
   Está vestido con el hábito negro de los jesuitas, o, cuando oficia en el altar, con una casulla. Los pintores barrocos, especialmente Rubens, que encontraban el oscuro uniforme de los jesuitas poco pictórico, prefieren vestirlo con prendas litúrgicas ricamente bordadas.
   Sus atributos son un corazón inflamado, la sigla de la Compañía de Jesús IHS rodeada de rayos, y la divisa de la orden: AMDG (Ad Majoren Dei gloriam) e incluso el Libro de su regla. 
 Está representado escribiendo sus Exercitia spiritualia, ya pisoteando la herejía luterana, ya en éxtasis, con los ojos elevados al cielo y la mano apoyada sobre el corazón.
   En los ciclos barrocos de la Contrarreforma su imagen suele adornar los púlpitos rodeada por las alegorías de las Cuatro partes del mundo, que aluden a la expansión universal de su orden (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de San Ignacio de Loyola, presbítero;
     San Ignacio de Loyola, (Loyola, Guipúzcoa, 1 de junio de 1491 sup. – Roma (Italia), 31 de julio de 1556). Fundador y primer general de la Compañía de Jesús, santo.
     Su patrono era el abad san Íñigo (Enneco, fiesta el 1 de junio). En un proceso de 1515 se le llama Ynigo (pronúnciese Íñigo) y Enecus de Loyola; en el registro de la Universidad de París (1531) es ya Ignatius de Loyola (¿descubrimiento de las inflamadas cartas del obispo de Siria?: conjetura de H. Rahner, cf. MHSI, Epp. Ign., I: 529). Pero en el trato familiar y amistoso será Íñigo hasta finales de la década de 1540. Íñigo López de Loyola fue hijo de Beltrán Ibáñez o Yáñez (II) de Oñaz, señor de la casa y solar de Loyola, y de Marina Sánchez o Sáenz de Licona, casados en 1467. La madre ya había muerto en 1508; quizá bastante antes, si puede ser indicio de poca salud haber confiado la lactancia de Íñigo a María Garín, del caserío de Eguíbar, a poca distancia de la casa-torre.
     Su padre falleció el 23 de octubre de 1507 o pocos días después. Los testigos coetáneos coinciden en que Íñigo fue el último de ocho hijos varones; para los del proceso eclesiástico de 1595, el último de trece hermanos.
     En torno a 1507 fue confiado Íñigo a Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de Castilla, y a su mujer, María de Velasco, hija de María de Guevara, pariente de la madre de Íñigo. Como uno más de los doce hijos del matrimonio, residió en el palacio de Arévalo, que había sido real con Juan II, y sin duda acompañó a su tutor en la Corte itinerante. Fueron diez años vividos en plena Castilla, tan distinta en todo de su valle natal; en un ambiente aristocrático, enriquecido con las alhajas y objetos preciosos provenientes de la almoneda de la reina Isabel (1504), que tasaba el contador y testamentario, y adquiría luego su esposa. Durante esos años, el rey Fernando se hospedó siete veces en el palacio del contador, en ocasiones por más de una semana, y cinco de los hijos de éste fueron pajes reales. Del “paje Loyola” consta que se sirvió el contador, en mayo de 1510, para enviar de Madrid a Alcalá una carta de pago por 80.000 maravedís al cronista Antonio de Nebrija.
     Su educación sería caballeresca y cortesana, completada en lo literario con la lectura de los cancioneros y, más tarde, de los libros de caballerías, y la iniciación a la música, para la que mostró muy pronto excepcional sensibilidad, que le duraría toda la vida. Adquirió también fama de “buen escribano”. Su vida moral quedará condensada por Alfonso de Polanco, uno de los hombres de su máxima confianza y de indiscutida devoción al fundador: “No vivió nada conforme [a la fe], ni se guardaba de pecados, antes especialmente travieso en juegos y cosas de mujeres, y en revueltas y cosas de armas”. En este contexto, más que la polisemia de la voz “travieso”, se puede recordar que su padre tuvo dos hijos naturales; sus hermanos Juan (muerto en 1496) y Martín, el mayorazgo (fallecido en 1538), dos cada uno; Pedro (muerto en 1526), clérigo y su compañero de acechanzas nocturnas durante el carnaval y en la cárcel episcopal de Pamplona, dos; y el sobrino Beltrán, todavía soltero, cuatro.
     Esta vida “desgarrada y vana” se quebró brusca y dramáticamente, cuando en 1516 el joven rey Carlos decidió desde Flandes traspasar a la reina viuda, Germana de Foix (hasta entonces íntima amiga de María de Velasco), la tenencia de las villas que poseía su marido por firmes y perpetuas decisiones de la reina Isabel. El contador —bajo el influjo quizá de razones muy personales de su esposa— se rebeló y se hizo fuerte en el castillo de Arévalo; finalmente, la muerte del hijo mayor y las amenazas del enviado de Cisneros le llevaron a la rendición y a retirarse a Madrid con todos los suyos; una profunda melancolía acabó con su vida en agosto de 1517. Íñigo quedaba súbitamente sin protector y sin porvenir cierto; la generosa viuda le proporcionó dos caballos y 500 escudos para ponerse al servicio del duque de Nájera, virrey de Navarra, como gentilhombre, no como capitán.
     Allí mostraría su capacidad de “hombre ingenioso y prudente”, al contribuir a la pacificación de algunas villas guipuzcoanas, renuentes a las disposiciones del virrey, y a la pacificación de la misma villa de Nájera, sublevada con ocasión de las Comunidades.
     ¿Qué huellas dejó en su espíritu, tan tenazmente reflexivo, esta prueba flagrante de ingratitud real, con la ruina económica y social de una vida, consagrada a la devoción y servicio de la Corona? Los “veintiseis años dados a las vanidades del mundo” lo sitúan precisamente en 1517, como primer acto —muy vago sin duda— de mutación espiritual.
     Cuando en 1521 el ejército francés invadió Navarra y puso cerco a Pamplona, Íñigo —que con su hermano Martín había acudido al frente de milicias guipuzcoanas— se negó a retirarse hacia Logroño con su hermano y el representante del virrey; con un puñado de leales entró en la ciudad y se encerró en el castillo. El domingo de Pentecostés, 19 de mayo, los franceses ocuparon la ciudad; los del castillo se inclinaban a la capitulación, pero Íñigo, elegido para discutirla, no la creyó honrosa y convenció al alcaide y a sus compañeros a la resistencia. El lunes 20 se preparó a la lucha confesando sus pecados a un compañero de armas; en el duelo de artillería, una bala le destrozó la tibia derecha e hirió la otra pierna. El alcaide, privado de su apoyo más decidido, entró en tratos, que duraron tres días.
     Después de las primeras curas, cortésmente procuradas por los vencedores, fue transportado hasta Loyola por un equipo de amigos, reunido por Esteban de Zuasti, primo de Francisco Javier. Los médicos juzgaron necesario reajustar los huesos de la pierna, mal ensamblados o descompuestos por el camino; el herido soportó la nueva carnicería en silencio, a puños cerrados. En el postoperatorio se agravó; fue sacramentado, y en la fecha límite calculada por los médicos (víspera de San Pedro), comenzó la mejoría.
     Pronto se advirtió que un hueso quedaba encabalgado, lo que acortaba y afeaba la pierna, impidiéndole calzar las altas y ajustadas botas de caballero; esto bastó para que se sometiera a una segunda carnicería, que prolongó por largos meses la convalecencia.
     Paralelamente, se desarrollaba en su conciencia una profunda crisis espiritual. A falta de los libros de caballería que había pedido, le entregaron “una Vita Christi del Cartujano en romance” (J. Nadal), y el Flos Sanctorum o Leyenda dorada, del dominico Jacobo de Varazze o Voragine. Estas lecturas, pronto absorbentes, conmovieron en sus fundamentos los valores que hasta entonces habían vertebrado sus esperanzas. El ímpetu heroico, esencial constitutivo de su personalidad, el apetito de superación y excelencia se enfrentaron de pronto a nuevos horizontes. Los proyectos de imitación y aun de superación de los santos alternaron en las largas horas con las hazañas soñadas por amor a su dama, “mucho más alta que condesa o duquesa”; pero con el resultado, descubierto por introspección, de alegría, confianza y paz, después de los primeros; y de insatisfacción y vacío pasadas las segundas. Una meta inmediata se imponía obsesivamente con la lectura del Vita Christi: la peregrinación y la permanencia indefinida en Jerusalén, dado a la oración y penitencia. Una a modo de visión o imaginación nocturna de Nuestra Señora y el divino Niño borró de su mente toda especie sensual, y le dio el impulso definitivo para una decisión, que nunca será ya cuestionada.
     En febrero de 1522, y con la excusa de presentarse al duque de Nájera, salió de Loyola, con intención de embarcarse en Barcelona y alcanzar en Roma la necesaria licencia pontificia para la peregrinación. El temor a ser reconocido le forzó a no acudir a Vitoria, donde el regente Adriano había recibido el 5 de febrero la confirmación de su elección al pontificado, y comenzaba el 12 de marzo el lento desplazamiento, rodeado de la nobleza eclesiástica y civil castellanas, a lo largo del valle del Ebro. En el santuario de Aránzazu hizo voto de castidad y llegó a Montserrat, quizá no el 21 de marzo, como se ha calculado para el triduo de confesión general, sino a principios de ese mes, lo que hace verosímil unos quince o veinte días de retiro en algún lugar de la montaña, y de trato más prolongado con el que sería su confesor, dom Chanon; éste le inició en la “oración metódica” según el Exercitatorio del abad García de Cisneros, de lo que nada había podido aprender con la lectura del Cartujano loyoleo. Y la necesidad de profundizar en esta nueva vida fue muy probablemente lo que le decidió a renunciar por aquel año a la peregrinación. Después de la confesión y de la vela de armas del 24 al 25 de marzo, continuó hacia Manresa.
     En los once meses siguientes se sucedieron períodos de calma, de terribles dudas y escrúpulos —que le llevaron a la tentación del suicidio— y de consolaciones e ilustraciones espirituales sobre los fundamentos mismos de la fe. Especialmente iluminadora fue la recibida a orillas del río Cardoner, de la que comentó en su vejez —él, tan poco inclinado a la hipérbole— que todo lo aprendido en el resto de su vida “no le parecía haber alcanzado tanto como de aquella vez sola”. De aquí sacó las líneas maestras de sus Ejercicios espirituales, que vivió y practicó en esos meses.
     En febrero de 1523 emprendió el viaje a Roma; recibió la licencia pontificia el 31 de marzo y, pasada la Pascua, se dirigió a Venecia, donde embarcó el 14 de julio. Por dos peregrinos centroeuropeos se conocen las peripecias del viaje. Íñigo deseaba quedarse, pero los superiores de la Custodia franciscana le conminaron con penas eclesiásticas al regreso. De nuevo, llegaba a Barcelona a principios de marzo de 1524.
     De las iluminaciones de Manresa brotó un nuevo proyecto: estudiar para “ayudar a las ánimas”. En Barcelona encontró antiguas bienhechoras —Inés Pascual, Isabel Roser y otras— que aseguraron su sustento, y el maestro Ardévol, que se ofreció de balde a guiarle en el aprendizaje latino. En marzo de 1526, el maestro y un doctor teólogo juzgaron que podía comenzar la Filosofía en Alcalá. Comenzó mendigando hasta que fue recogido en el Hospital de la Misericordia o de Antezana. A los tres compañeros de Barcelona se había añadido un joven francés, Juan de Reinalde (de una mala lectura de copista saldrá “Íñigo López de Recalde”, un craso error). Las conversaciones espirituales con mujeres devotas levantaron sospechas de iluminismo entre los inquisidores toledanos; los autos del interrogatorio se transmitieron al vicario episcopal Figueroa. Se les notaba de hacer “vida exemplar a manera de apóstoles”. Íñigo estuvo en la cárcel cuarenta y dos días. La sentencia de junio de 1527 les imponía el abandono de los vestidos no comunes y la abstención de enseñanzas teológicas o morales hasta el fin de sus estudios. Determinaron trasladarse a Salamanca, confiados en las vagas promesas que le había hecho a Íñigo el arzobispo Fonseca, visitado en Valladolid.
     Otras sospechas se suscitaron en Salamanca, consecuencia de las conferencias sobre el erasmismo que los mejores teólogos acababan de mantener en Valladolid.
     Los dominicos de San Esteban (con uno de ellos se confesaba) le interrogaron sobre esto, y le mantuvieron en el convento hasta que el provisor lo encarceló con cadenas mientras estudiaba con otros tres letrados “sus papeles, que eran los Exercicios”. La sentencia reconocía su plena ortodoxia, pero imponía las mismas restricciones. Íñigo pensó en la Universidad de París, donde estaría aislado por la lengua y a la que acudían los mejores estudiantes. Llegó el 2 de febrero, en plena guerra franco-española, y, tras algunos tanteos, se acomodó en el austero colegio de Monteagudo.
     Consciente de sus carencias, decidió comenzar los estudios desde el principio, pero antes tuvo que atender a cuestiones elementales. Un español había dilapidado el depósito de lo que había recibido de sus protectoras barcelonesas; mendigar o servir a un maestro era reincidir en los impedimentos pasados. Siguiendo un consejo, viajó tres años consecutivos a Flandes (una vez hasta Londres), para recoger en dos meses lo que le permitía, además, socorrer a otros. Mostró en esto un conocimiento no vulgar del mundo financiero, de los tiempos de mayor circulación de instrumentos crediticios manejados por españoles (quizá conocidos en los años de Arévalo), y la escrupulosa “asepsia” espiritual con la que recibía y transmitía limosnas que no tocaba con sus manos.
     Cursó la Filosofía en el colegio de Santa Bárbara, donde sus contactos con los estudiantes suscitaron inicialmente las iras del rector, el portugués Diogo de Gouveia, pronto aplacadas; allí ganó a los que serían puntales de su obra futura: el saboyano Pedro Fabro (nacido en 1505) y el navarro Francés o Francisco de Jassu o Javier (nacido en 1506), a los que se añadieron poco después otros condiscípulos que le habían visto en Alcalá. Obtuvo el grado de bachiller en 1532 y la licenciatura en 1533; para el doctorado, que no requería especiales estudios, pero sí numerosos gastos, esperó hasta 1535. Paralelamente, dedicó año y medio al estudio de la Teología con los dominicos de Saint-Jacques. Aún sin acudir a las eximias ilustraciones manresanas, su connatural animus theologicus y su felicísima memoria le concitaron un prestigio cierto entre sus contemporáneos.
     En el torbellino religioso e ideológico que sacudió a Francia y especialmente a París en los años 1530- 1534, Ignacio fue un espectador atento y reflexivo, que ayudó a sus compañeros —Javier lo reconoció sinceramente— a mantener el rumbo en la vía media de la ortodoxia. El 15 de agosto de 1534, reunidos Ignacio, Fabro (único sacerdote), Javier, Laínez, Salmerón, Rodrigues y Bobadilla en la cripta de una vieja capilla de Montmartre, emitieron tres votos: de pobreza —condicionado al fin de sus estudios—, de castidad perpetua y de peregrinación a Jerusalén; en caso de no poder realizar ésta tras un año de espera en Venecia, se pondrían a la disposición del Sumo Pontífice, vicario de Cristo. Por primera vez se menciona la estrella polar que orientará sus vidas. No se habla de voto de obediencia, porque aquellos “amigos en el Señor” no pensaban en corporación religiosa estable. Los votos se renovaron en los dos años siguientes, con tres nuevos voluntarios: el saboyano Le Jay, el picardo Broët y el provenzal Codure. Otro estudiante rechazó por un tiempo las invitaciones de Ignacio: el mallorquín Jerónimo Nadal, decidido firmemente a ser “cristiano del Evangelio”, pero nada inclinado a hacerse “iñiguista”.
     Diez años más tarde, una de las primeras cartas de Javier le dará el impulso para llegar a identificarse como pocos con el pensamiento y el espíritu del fundador.
     Puesta la piedra fundamental de su obra, Ignacio decidió volver a España. Además del cuidado de su salud, deseaba visitar a las familias de sus compañeros y dar en su tierra de Loyola una reparación social por su escandalosa juventud. En Azpeitia se alojó por tres meses en el hospital, desoyendo las apremiantes invitaciones de su hermano; con su voz aguda y clara —recordaba una oyente distante— habló a todo el pueblo; promovió prácticas piadosas colectivas, enseñó la doctrina a los niños, condenó el juego y el amancebamiento, promovió el socorro de los pobres vergonzantes y compuso las disensiones del clero local.
     A su paso por Madrid, visitó a su gran admiradora y protectora, la portuguesa Leonor Mascareñas, aya del joven príncipe. Cuando en 1586, el pintor de Corte, Sánchez Coello, presentó a Felipe II el retrato de Ignacio, el anciano Rey recordó el encuentro y las ponderaciones de santidad, que le hacía su aya; elogió el parecido, “pero entonces —¡memoria de un niño de ocho años!— traía más barba”.
     El año 1536 lo dedicó al estudio privado en Venecia y a sus habituales conversaciones y Ejercicios. Sus compañeros salieron de París en noviembre y llegaron a Venecia en enero de 1537; en marzo continuaron, sin Ignacio, a Roma, para obtener la licencia de peregrinación y las necesarias para la ordenación sacerdotal. Venecia era en aquel momento un potente foco de reforma católica: de la floreciente “Compagnia del Divino Amore” había nacido la Orden de los Teatinos (1524), en la que la amable espiritualidad de san Gaetano de Thiene atemperaba el ímpetu inquisidor de Gianpietro Caraffa, obispo dimisionario teatino (de Teate) y futuro papa Pablo IV. Los dos grupos de clérigos regulares parecían nacidos para entenderse y fundirse; Ignacio mantuvo un contacto con Caraffa, seguido de una larga carta, probablemente no enviada, en la que marcó las distancias con la vida cuasi eremítica que imponía a los suyos el terrible napolitano. Había otras coincidencias, lo que explica que, durante muchos años, se identificase a los jesuitas como “teatinos”.
     Reunidos de nuevo en Venecia, recibieron el sacerdocio el día de san Juan de 1537. Ignacio retrasó la primera misa hasta la Navidad del año siguiente, en Roma. La guerra con los turcos había cortado, el único año, toda la navegación. Se abría el período de espera; para llenarlo, se repartieron en binas por las ciudades del Véneto. Antes de dispersarse, deliberaron sobre la respuesta que debían dar a los que les preguntasen por su nombre y profesión. Unánimemente decidieron llamarse “Compañía de Jesús” (al principio “Compañía del Nombre de Jesús”): el genérico no tenía primariamente una connotación militar; de todos modos, para Ignacio, lo esencial —y en lo que no estaba dispuesto a ceder— era lo especificativo.
     Con Fabro y Laínez, Ignacio se dirigió a Roma.
     A catorce kilómetros de la capital, en la aldea de La Storta, entraron en una capilla a hacer oración. Ignacio, en su larga preparación para la primera misa, venía pidiendo insistentemente a Nuestra Señora que se dignase “ponerle con su Hijo”, y a éste, que le recibiese bajo su bandera. A lo que vio o sintió en esos momentos se refirió siempre con su sobriedad acostumbrada, incluso en su diario privado; todo lo resumía en la certeza que adquirió de que “el Padre le ponía con su Hijo”, y que éste le decía, “quiero que tú nos sirvas” o “Yo os seré propicio en Roma”. Fue un momento central en su vida, que resumía todo su pasado y lo orientaba hacia un futuro, incierto en lo concreto, pero asegurado con la protección divina.
     Llegados a Roma, se presentaron a Pablo III. Fabro y Laínez se ofrecieron a dar lecciones gratis en La Sapienza, la Universidad romana. Ignacio se entregó a dar Ejercicios: el doctísimo cardenal laico Gasparo Contarini, el embajador de Siena, Lactancio Tolomei y el catedrático de Salamanca y agente imperial en Roma, Pedro Ortiz. No todo el mundo los veía con agrado.
     Comenzaron las insinuaciones sobre antiguos procesos, las sospechas de heterodoxia, las calumnias abiertas de un fraile apóstata. Ignacio obtuvo del Papa —tras una audiencia personal de una hora, en latín— la incoación de un proceso, en el que declararon los antiguos jueces de Alcalá, París y Venecia, presentes providencialmente en Roma. La sentencia fue plenamente absolutoria e Ignacio procuró su amplia difusión.
     Pocos días después se ofrecieron colectivamente al Papa, quien les señaló como campo apostólico la ciudad de Roma. Pero pronto llegaron invitaciones de otras diócesis italianas. En previsión de la dispersión inminente, deliberaron en la primavera de 1539 sobre sus relaciones futuras. Dos cuestiones fundamentales quedaron resueltas: establecer una congregación durable y hacer voto de obediencia a uno de ellos como a superior. Con sucesivas resoluciones fue perfilándose una Fórmula del Instituto de la Compañía en cinco capítulos, que redactó Ignacio en Roma por delegación de sus compañeros. El cardenal Contarini la presentó al Papa, quien la aprobó el 3 de septiembre y ordenó que se preparase la bula correspondiente. No fue fácil convencer a los dos cardenales encargados de hacerlo; uno desaprobaba las novedades que se pedían: omisión de hábito propio y del rezo coral, voto de obediencia al Papa, supresión de penitencias obligatorias...; otro propugnaba la reducción de las órdenes religiosas a los cuatro tipos existentes, dos de monjes y dos de mendicantes.
     Ignacio ofreció por esta intención tres mil misas y movilizó a los más eficaces intercesores. La aprobación definitiva se dio el 27 de septiembre de 1540, pero limitando el número de profesos a sesenta.
     Un proyecto de Constituciones fue aprobado por los seis cofundadores presentes en Roma y en abril se procedió a la elección del general (los ausentes habían dejado sus votos por escrito). Por dos veces recayó el voto unánime sobre Ignacio, quien se resistió y pidió que se dejase al arbitrio de su confesor franciscano, con el que hizo una confesión de tres días. Su parecer, expresado por escrito, fue decisivo, y la elección se verificó el 19 de abril. El 22 hicieron todos la profesión en San Pablo Extramuros.
     La actividad de Ignacio en los quince años de generalato se repartió entre el apostolado directo en Roma y su función de gobernante. Entre lo primero destaca la promoción de una asociación para acoger a los catecúmenos provenientes del judaísmo; la Casa de Santa Marta para las pecadoras arrepentidas; el apoyo a la Inquisición, fundada por Pablo III, y la apertura y sostenimiento de los dos colegios, el Romano, dedicado a los estudios sacerdotales, y el Germánico, que alojaba a los estudiantes centroeuropeos. Como fundador, tenía dos metas esenciales: la aprobación por la Santa Sede del libro de los Ejercicios (caso único entre los libros de devoción) y su publicación en 1548 (el texto castellano no se publicará hasta 1615, y en Roma), y la redacción definitiva de las Constituciones (texto a), precedidas de un Examen, que propicia un conocimiento mutuo entre la Orden y el candidato. A mediados de 1550 se había concluido, aunque se añadieron unas doscientas cincuenta enmiendas (texto A). Entonces convocó a todos los profesos para someterles la obra y su propia renuncia al generalato (30 de enero de 1551), que no fue aceptada. De 1552 es el texto B, llamado autógrafo por las correcciones añadidas. En 1550, Julio III había dado su aprobación, y suprimido la limitación de los sesenta profesos. Pero Ignacio quiso expresamente que las Constituciones quedaran “abiertas”, y sólo la primera congregación general (1558) las hará obligatorias.
     Del texto de hizo un Sumario, con los grandes principios espirituales, y se dieron Reglas comunes y de varios oficios.
     La múltiple expansión —geográfica y funcional— de la Orden fue rápida, forzando con frecuencia el límite de la escasez de sujetos. La visión sobrenatural del fundador quedó expresada en una brevísima carta a Francisco Javier fechada el 31 de enero de 1552: “Las cosas de la Compañía, por sola bondad de Dios, van adelante, y en continuo aumento por todas partes de la cristiandad; y sírvese de sus mínimos instrumentos el que sin ellos y con ellos es autor de todo bien”.
     Los diversos colegios y casas —unos para estudiantes, otras para novicios y operarios apostólicos— se agrupaban en once provincias: Portugal (1546), España (1547), dividida en tres (1554); India (1549), Italia (1551), Sicilia (1553), Brasil (1553), Francia (1555), Germania del Sur y del Norte (1556). El número de jesuitas en 1556 giraba en torno al millar.
     Se ha presentado a Ignacio como el anti-Lutero.
     Oposición más retórica que real. Sin duda, era consciente de la crisis abierta en la cristiandad centroeuropea.
     Tres de los cofundadores —Fabro, Bobadilla y Le Jay— trabajaron allí. El fiel discípulo Nadal dirá más tarde que la Compañía avanzaba con dos alas, la India y Germania. Fabro pretendió encontrarse con el discípulo de Lutero, Melanchton; pero su mejor logro fue la vocación del joven holandés Pedro Canis o Canisio. Para obtener bases estables, se fundaron colegios: Colonia (1554), Ingolstadt (1549-1556), Viena (1551), Praga (1556). Las consignas que daba a los moradores, supuesta la “unión del instrumento con Dios”, se cifraban en la ejemplaridad de vida, la predicación positiva de las verdades de la fe, más que la discusión de puntos controvertidos; y los métodos de contacto personal. A las autoridades eclesiásticas y civiles les recordaba la importancia de los maestros en las escuelas y la prohibición de libros heréticos o sospechosos. No fue partidario de introducir la Inquisición en el Imperio. Coincidía aún literalmente con Lutero y san Juan de Ávila al afirmar que “la educación de la juventud es la renovación del mundo”.
     Los problemas europeos no le ocultaban más amplios horizontes. Las esperanzas de reunión de los cristianos de Etiopía con Roma —una primera etapa hacia Jerusalén, nunca olvidada— atrajeron su atención preferente. Para ello, hizo la excepción de admitir el nombramiento de un jesuita como patriarca, con dos obispos que aseguraran la sucesión, y dirigió al Negus todo un tratado del más acendrado ecumenismo. Al mismo tiempo, sostuvo la epopeya de Javier; pero no vaciló para asegurarla y remediar la profunda crisis por la que atravesaba la provincia portuguesa, vivero de misioneros, en darle la sorprendente orden perentoria de regresar a Portugal; el santo misionero había ya fallecido a las puertas de China.
     En la estructura de la Orden introdujo importantes novedades: dos años de noviciado, profesión retrasada al menos por diez años y entretanto votos particulares o simples, perpetuos para el sujeto, pero no incondicionalmente para la Orden; distinción de grados entre los incorporados; generalato vitalicio, pero supremo poder legislativo en la congregación general, compuesta por los provinciales en función y dos vocales elegidos por el cuerpo de la provincia; el cuarto voto de los profesos, que informa de algún modo de todas las relaciones con la Santa Sede; exclusión de una rama femenina o dirección habitual de religiosas. Tampoco dignidades eclesiásticas, salvo imposición pontificia.
     Ignacio fue hombre de acción y profundamente contemplativo. Su vida mística, prácticamente ignorada durante siglos, hoy es universalmente reconocida.
     Amaba paternalmente —con detalles maternales— a sus súbditos, y era correspondido por ellos; intuía el valor oculto de las personas y potenciaba su libertad, nunca sojuzgada despóticamente. Fue capaz de transmitir, a caracteres muy diversos, su experiencia esencialmente personal.
     Su salud se resintió toda la vida de las penitencias y fatigas de los años de peregrinación. Las indisposiciones, que le retenían en cama, fueron frecuentes; en 1555 nombró vicario al padre Nadal, con plenos poderes.
     Murió inesperadamente y solo en la madrugada del 31 de julio de 1556. La autopsia reveló grave litiasis biliar y cirrosis epática secundaria. Fue sepultado en la iglesia de Santa María de la Strada; beatificado el 27 de julio de 1609, y canonizado el 12 de marzo de 1622.
     En cuanto a su iconografía, hay que anotar que, ante el cadáver, hizo un boceto el retratista Giacopino del Conte, que dejó un modelo muy rejuvenecido. Se sacó una mascarilla en yeso y de ella varios positivos en cera; uno trajo a España el padre Ribadeneira, y en él se inspiró Sánchez Coello. Hacia 1600, varios jesuitas belgas, que lo habían conocido, lograron una miniatura que trata de reproducir la irradiación de su semblante, atestiguada por san Felipe Neri, y el aspecto juvenil que mantuvo en vida (en Alcalá, un franciscano lo había descrito como “hombre de poca edad, que podría tener hasta veinte años”, cuando contaba treinta y cinco) (José Martínez de la Escalera, SI, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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domingo, 28 de julio de 2024

El Parque Arqueológico Caldenegros, en Osuna (Sevilla)

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     Hoy, 28 de julio, es el día de la Arqueología, un evento internacional que se celebra desde 2011 con el objetivo de dar visibilidad al trabajo diario de las personas que desarrollan su labor entorno al estudio, conservación y difusión del Patrimonio Arqueológico, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Parque Arqueológico Caldenegros, en Osuna (Sevilla).
     El parque Caldenegros ocupa un gran espacio de casi 10 mil metros cuadrados. Está ubicado a pie de la acrópolis monumental. Los datos arqueológicos que aporta este lugar proporcionan una información mucho más completa sobre todo el casco histórico de Osuna. Supone una referencia fundamental para el conocimiento de la zona monumental de la localidad. La investigación ha aportado datos sobre la Osuna medieval y moderna. Destaca un tramo importante del sistema defensivo, así como las estructuras urbanas asociadas a ella. Incluso se ha detectado el arrabal a extramuros de los Negros.
     Este proceso ha resultado fundamental para el conocimiento de la zona. Así se ha logrado documentar un ciclo amplio del, hasta ahora, desconocido pasado medieval de Osuna. Se detallan los momentos fundacionales de la muralla. También los barrios periféricos en periodo andalusí, desde comienzos de las taifas -siglo XI-. Además de evidenciar la ocupación almorávide y almohade, así como la conquista cristiana -mediados del siglo XIII-. Una conquista consolidada con la presencia de la Orden de Calatrava que asume la defensa y coordinación de la frontera con el Reino de Granada desde Osuna, bajo los dictados de la corona de Castilla.
     Caldenegros, como espacio monumental, demuestra la importancia de Osuna a lo largo de la historia. También ha ofrecido una lectura en detalle del paso de culturas y civilizaciones distintas a través de los siglos. Así, ha revelado datos de especial importancia sobre la vida y características de la villa medieval. Todo ello desde finales del s. X hasta comienzos del s. XVIII. Datos desconocidos hasta el momento.
     El espacio presenta una zona ajardinada, destacando la presencia de especies autóctonas que evidencian el marco ambiental de aquel período, predominando las de la variante mediterránea en tu tipología (Ayuntamiento de Osuna).
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