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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 30 de julio de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la O; Ermita del Cristo de las Misericordias; Santuario de Nuestra Señora de Regla y Convento Franciscano; Castillo; y Faro) de la localidad de Chipiona, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la O; Ermita del Cristo de las Misericordias; Santuario de Nuestra Señora de Regla y Convento Franciscano; Castillo; y Faro) de la localidad de Chipiona, en la provincia de Cádiz.
     Se sitúa en el extremo oeste del litoral atlántico gaditano. Los primitivos habitantes se asentaron en torno a la actual roca de Salmedina, denominada en la antigüedad «Caepionis Turris», en alusión a la torre levantada por el cónsul Quinto Servilius Caepion en el siglo II a.C. La villa fue definitivamente reconquistada por Alfonso X y en 1295. Sancho IV la otorgó en señorío a Alonso Pérez de Guzmán, El Bueno, quien la entregó en 1303 a su hija, Isabel Guzmán de la Cerda, como dote para su matrimonio con Fernán Pérez Ponce de León, primer Señor de Marchena y posteriores Duques de Arcos, a cuya casa señorial pertenecerá hasta 1780, en que pasó a la Casa de Osuna hasta la disolución de los señoríos. Entre los edificios de interés destaca la Residencia San Carlos, antiguo sanatorio de Santa Clara, edificado en 1897 en estilo neomudéjar y el faro, construido en 1867 por Jaime Font, que es el más alto de España y el tercero de Europa (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
        La patria chica de la cantante Rocío Jurado, antigua villa marinera de larga tradición turística, se levanta a orillas del Atlántico frente a la roca de Salmedina, en el ángulo occidental de la costa gaditana.
Historia
     El origen de Chipiona se remonta a la época de los tartesios. La población debía situarse en el arrecife del Salmedina, que emerge en la bajamar frente a la costa, entonces unido a tierra firme. Entre los años 140-139 a.C. el cónsul romano Quinto Servilius Caepión hizo construir un faro para que las naves que se dirigían al Guadalquivir advirtieran durante la noche los escollos de Salmedina. De esta Turris Caepionis, o torre de Escipión, que Estrabón cita con el nombre de Kaipionos Pyrgos y el gaditano Pomponio Mela como Monumentum Caepionis, procede el nombre actual de la ciudad. Este faro desapareció con el tiempo. El que puede verse hoy en la playa de las Canteras data sólo de 1867. Apenas hay noticias de la dominación musulmana. Se sabe únicamente que los nuevos pobladores llamaban a la población Chepiona, que el castillo fue construido por ellos y que probablemente en el solar de la parroquia de Nuestra Señora de la O existió una mezquita.
     Femando III conquistó el lugar en 1251, cediéndoselo Sancho IV a Alonso Pérez de Guzmán en 1295. En 1303, la ciudad pasó a poder de los Ponce de León, duques de Arcos. En el siglo XIX, fue lugar de veraneo de los duques de Montpensier y de la aristocracia andaluza, costumbre que se extiende a la burguesía a partir del segundo decenio del siglo XX.
     Tierra de excelentes vinos, Chipiona es en la actualidad la primera productora de flora cortada del país, destacando la producción de claveles, además de un importante centro turístico, principalmente familiar.
Gastronomía
     Los productos del mar ocupan un lugar preferente en la mesa chipionera, espe­cialmente los mariscos y, entre ellos, el langostino. A estos productos se unen los de las huertas de los alrededores, creándose con los unos y los otros platos de tanta tradición como la corvina con guisantes, la raya con patatas, las ortiguillas fritas y el guiso de coles, al que no le falta ni la carne de cerdo, ni el tocino ni la morcilla. A todo ello se añade el magnífico vino moscatel, cuya producción es de origen inmemorial.
Fiestas
     En el mes de enero se desarrolla Florasul, una importante Feria Internacional de la Flor. En febrero, durante el carnaval, la gracia chispeante de la localidad se pone de relieve en todo su esplendor. El segundo domingo de junio es la romería de la Virgen de Regla del Pinar, en el pinar de Peritanda, a unos 4 km de la población. Del 1 al 6 de julio, la ciudad pone en pie la Semana del Veraneante, con un variado programa de actividades culturales. Del 15 al 18 de julio tienen lugar las pintores­cas fiestas de la Virgen del Carmen, con procesión marinera incluida. En la primera quincena de agosto se celebra el Festival del Moscatel, y en la primera semana de septiembre la feria de la Virgen de Regla.
Visita
     La avenida de Rota es la mejor vía de pene­tración en la ciudad para el que llega en automóvil. En ella o en sus proximidades debe dejarse el vehículo. Esta vía concluye en la confluencia de la avenida de la Diputación con la calle Víctor Pradera.
     Chipiona disfruta de un caserío mayo­ritariamente de poca altura, claro, sencillo, distribuido en calles rectilíneas, toda llanas, muchas de ellas de gran longitud y muy agradables de caminar. La avenida de la Diputación se dirige al norte y lleva hasta la de Rocío Jurado, en la que se alza un monumento a la genial cantante chipionera. El cementerio, en el que se encuentra su tumba, está un poco más arriba, al final de Río Ebro.
     Desde aquí, la calle Río Tinto lleva hacia los puertos pesquero y deportivo, el primero con 200 m lineales de muelle y el segundo con capacidad para 317 embarcaciones deportivas.
     Aquí mismo, hacia el sur, comienza la playa de la Cruz del Mar, en la que se sitúan los famosos corrales, espacios marinos artificiales de muy antiguo origen, acotados con muros de piedra, que se utilizan como un arte de pesca, pues los peces quedan atrapados en ello cuando baja la marea.
     El paseo de la Cruz del Mar, que corre paralelo a la playa, lleva hasta Isaac Peral, la calle más comercial del pueblo, un abigarrado y bullicioso zoco que se prolonga a lo largo de los primeros metros de Miguel de Cervantes y que se encuentra abarrotado de público desde primeras horas de la mañana hasta bien entrada la noche.
     A la izquierda del comienzo de esta calle, entrando por Fray Baldomero Gon­zález, está la graciosa plaza de Juan Carlos I, en la que se levantan el Ayuntamiento, la ermita del Cristo de las Misericordias y la iglesia de Nuestra Señora de la O. La ermita es un sencillo edificio blanco distinguible como edificio religioso casi únicamente por la espadaña. La iglesia, cuya construcción se remonta a 1578, tuvo que ser reconstruida con posterioridad al terremoto de Lisboa de 1755 para subsanar los daños sufridos, terminándose las obras en 1794. La portada principal es de estilo barroco. La conforma un arco de medio punto flanqueado por columnas sobre altos basamentos, estriadas en el tercio inferior y con decoración de lazos bajo el capitel. Estas columnas soportan un friso clásico con metopas, una cornisa y, sobre ella, un frontón partido con una hornacina entre columnas jónicas en la que aparece una imagen en terracota de la Virgen de la Rosa, réplica del original que se encuentra en el interior. En el lado izquierdo, ligeramente adelantada a la línea de fachada, se alza la torre, un gran cuerpo de base cuadrada sobre el que se asienta el campanario, rematado por un chapi­tel piramidal decorado con azulejería, a la manera sevillana. La portada que apa­rece en el lado de la epístola pertenece a la construcción original, de ahí su bello estilo gótico. El interior tiene planta basilical de tres naves separadas por arcos formeros de medio punto sobre colum­nas toscanas. El ábside, que responde en su estructura al original, lleva bóveda de crucería pintada de blanco. En él se loca­liza el altar mayor, al que se llega por una breve escalinata. Presenta un baldaquino neoclásico de madera policromada para imitar el mármol. En su interior se encuentra la Virgen de la O, imagen tallada en 1785 por Manuel García de Santiago, correspondiendo el dorado y el estofado a José de Guevara. La imagen más interesante del templo se encuentra a sus pies, en una hornacina abierta en el muro. Se trata del original de la Virgen de la Rosa, una talla de los primeros años del siglo XVI, de estilo gótico-renacentista, atribuida a Pedro Millán. Otra talla merecedora de interés es la de la Virgen del Rosario, situada en el lado de la epístola. Pertenece al siglo XVI y fue tallada por un imaginero anónimo, pero de muy buena mano.
      En la confluencia de Isaac Peral, Víctor Pradera y Miguel de Cervantes se encuentra el mercado de abastos. Es ésta una zona muy alegre y colorista, especialmente por las mañanas, durante las horas de mercado. Hay varios bares con terraza en los que sirven jeringos y son muchos los que vienen aquí a desayunar y a disfrutar del ambiente, en el que se mezclan a partes casi iguales lo autóctono y lo foráneo.
La Virgen negra
     Una larga calle separa este punto del santuario de Nuestra Señora de Regla, la avenida del mismo nombre. Este santuario es una verdadera institución en Chipiona. Sus orígenes se remontan a 1399 cuando lo fundó la Orden de San Agustín sobre una antigua ermita edificada por Alonso Pérez de Guzmán, en la que ya estaba la Virgen de Regla, patrona del pueblo. En 1836, la edificación quedó abandonada con motivo de la Desamortización. En 1852, se restauró la iglesia a expensas de los duques de Montpensier. En 1882, los franciscanos inauguraron un colegio de misioneros, levantándose una nueva iglesia en 1906 bajo la dirección de Antonio Arévalo Martínez, quien siguió el proyecto trazado por fray José María Rodríguez. La parte más antigua que se conserva es el claustro de los Plátanos en la zona conventual, edificado en el siglo XV siguiendo las pautas del gótico. Consiste en un cuadrado compuesto por cuatro galerías con bóvedas de arista decoradas con yeserías, arcos en ojiva sobre robustos pilares, con bancos de azulejería entre ellos, y el patio propiamente dicho. La iglesia muestra una gran fachada principal con abundantes elementos neogóticos. En ella se inscribe la portada, constituida por un vano ojival y abocinado, encajado entre machones coronados por pináculos, y rematada por un gablete y un rosetón. Al exterior se descubren dos torres. La principal acoge el campanario, tiene planta octogonal con vanos ojivales en cada cara y un gran remate calado. La otra, de menor altura se alza sobre el ábside. El interior tiene tres naves, la central más ancha y más alta que las laterales, separadas por arcos apuntados sobre pilares, ábside poligonal y coro alto a los pies. Tanto las naves como el ábside su cubren con bóvedas de crucería. En el camarín del altar mayor se encuentra la imagen sedente de la Virgen de Regla, una Virgen negra que muestra al Niño, blanco, entre sus manos. Se trata de una talla del siglo XIII, de factura castellana con influencias orientales. Originalmente era de bulto redondo, pero fue mutilada en 1580 para transformarla en imagen de candelero. Magníficamente ata­viada y con una espectacular corona sobre su cabeza, hoy sólo se ven de la antigua talla la cara y las manos. Muy interesante es la colección de exvotos existente en la escalinata del camarín.
     El santuario se encuentra en el extremo sur de la playa de Regla, un fantástico arenal dorado al que se asoma el paseo de la Luz, que llega hasta la punta del Perro, donde concluye la playa y donde se alza el faro, monumental torreón ligeramente cónico sobre un alto pedestal de base cuadrada, que con sus 69 m. es el más alto de España.
     Aquí comienza la playa de las Canteras, al final de la cual se sitúa el castillo, que después de su utilización para varios usos a lo largo de su historia llegó a albergar un hotel desde los últimos años del siglo XIX. En el año 2000 fue adquirido por el Ayuntamiento, que lo destina, principalmente, a usos culturales (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
   Villa marinera y turística de la Costa de la Luz, enclavada junto a la Punta del Perro, en el ángulo más occidental de la costa gaditana.
Historia
     En el año 139-140 a.C., el cónsul romano Quinto Servilius Caepión construyó un faro para que las naves que se dirigían al Guadal­quivir pudieran evitar los escollos de Salmedina. Este faro fue llamado Turris Caepionis y de él procede el nombre actual de la ciudad, que fue creciendo lentamente a su alrededor. En 1251, fue conquistada a los árabes por Fernando III y, poco después, en 1295, Sancho IV se la cedió a Alonso de Guzmán, llamado "el Bueno", quien mandó construir un castillo sobre una antigua fortaleza romana. En 1303, la ciudad pasó a depender de la Casa de Arcos. En 1755 sufrió graves daños a causa de los terremotos de Lisboa. A partir del siglo XIX fue lugar de veraneo de los duques de Montpensier y de la aristocracia andaluza. Tierra de excelentes vinos, hoy es un centro turístico de primera magnitud.
Gastronomía
     Son muy buenos los mariscos que se capturan en sus costas, con los que se prepara una gran variedad de platos. Son muy apreciados el erizo y la ortiga de mar. Platos de larga tradición son la corvina con guisantes y el guiso de coles, con frijoles, carne de cerdo, tocino, morcilla y, naturalmente, coles. Por último, no puede olvidarse el famoso vino de moscatel.
Fiestas
     El Carnaval, en febrero, tiene un brillante colorido y cuenta con una enorme participación popular. Del 15 al 18 de julio tienen lugar las pintorescas fiestas de la Virgen del Carmen. En la primera semana de sep­tiembre la feria de la Virgen de Regla y en la segunda, la Fiesta del Moscatel, en la que se exalta el vino de la tierra.
Vida urbana
     Chipiona cuenta con un buen puerto deportivo y en sus playas pueden practicarse deportes como vela, surf, pesca o submarinismo. La afición al caballo ocupa un buen número de horas de muchos chipioneros. Todavía es posible encontrar el silencio y pasear por las calles del casco histórico. En la avenida de Sevilla y a lo largo del paseo marítimo, sobre todo hacia el santuario de Regla, se concentra la mayor parte de los bares de juventud, muy concurridos en las noches de verano.
Visita
     Al norte de la población se sitúa el puerto, con capacidad para 317 embarcaciones deportivas y 200 m. lineales de muelle para pesqueros, y en el que se celebran competiciones de vela. Al lado, el paseo marítimo recorre las playas de la Cruz del Mar, con un estupendo mirador; la de las Canteras, donde está el faro, y la de Regla. El faro, referente simbólico de la ciudad, es un sólido edificio construido en 1867 que se eleva 68 m sobre el nivel del mar. La torre es cilíndrica, ligeramente cónica y arranca de un robusto pedestal de base cuadrada.
     Al final del paseo marítimo, en una amplia explanada en la que confluyen las avenidas de Sevilla y de Nuestra Señora de Regla, se alza el santuario de Regla, obra del siglo XIV construida sobre las ruinas de la fortaleza de los Ponce de León. En 1882, después de un largo periodo de abandono debido a la desamortización de Mendizábal, se instalaron en él los franciscanos misioneros. De su primera construc­ción sólo se conserva uno de los muros del claustro, restaurado en el siglo XVII, y el zócalo de azulejos. En cuanto a la Virgen, aunque la tradición la supone egipcia, se trata de una imagen del siglo XIII, muy restaurada y repintada (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
          
Iglesia de Nuestra Señora de la O
     Edificada en 1578, fue reconstruida en 1794 tras el terremoto de Lisboa, según consta en ins­cripción cerámica situada en la fachada principal. Presenta planta basilical dividida en tres naves, mediante sendas columnas toscanas, siendo la central más ancha y alta que las laterales. Tras la nave del crucero se sitúa el ábside que conserva la estructura original. Las tres naves se cubren con bóvedas de arista en sus tres tramos. En el crucero se alza una cúpula semiesférica sobre pechinas y el ábside presenta bóveda de crucería muy repintada. En la zona superior del ábside se sitúa una tribuna donde se encuentra el órgano, instalado en 1836, y debajo se localiza una sillería coral neoclásica, cubriéndose este tramo con bóveda de cascarón. A la planta original se agrega la capilla del Sagrario y la capilla bautismal, situadas en la nave del evangelio.
     La fachada principal, presidida por la porta­da de los pies, se corona con un pretil formado por balaustrada entre netos con remates piramidales en los extremos. En el centro se sitúa una espadaña, a modo de balconcillo amansardado, que se encuentra muy ornamentada con  pilastras laterales, aletones mixtilíneos y frontoncillo superior; y en el extremo derecho se alza un pe­queño cimborrio cilíndrico, coronado con cúpula semiesférica, estando todos estos elementos de­corados con azulejería azul. La torre se ubica a los pies de la nave del evangelio, sobresaliendo sobre la línea de fachada. Presenta planta cua­drangular y se estructura en dos cuerpos. Sobre una alargada caña, donde se inscriben dos esfe­ras de reloj, se levanta el campanario con vano de medio punto en cada lado flanqueado por doble apilastrado. Se cubre con chapitel piramidal revestido de azulejería azul.
     La portada principal ofrece estilo tardobarro­co. El vano de entrada presenta arco de medio punto y queda flanqueado por columnas con el primer tercio estriado y decoración superior de lazos, que se superponen a unas traspilastras almohadilladas recayendo todo sobre altos pedestales. Este cuerpo se corona con friso clásico, cuyas metopas están decoradas con los símbolos parroquiales. Sobre agudo cornisamiento se sitúa un frontón partido que alberga una hornacina, flanqueada por columnas jónicas y con enmar­camiento mixtilíneo, donde se ubica una réplica de la imagen de terracota de la Virgen de la Rosa cuyo original se conserva en el interior, quedando todo decorado con aplacados y motivos de guirnaldas y lazos.
     La portada lateral se ubica entre dos contrafuertes del lado de la epístola. Es de estilo gótico tardío y corresponde a la época fundacional, siendo reformada la zona de acceso a finales del siglo XVIII. La portada está flanqueada por dos pilastrones coronados por pináculos. El acceso es adintelado y está enmarcado en moldurones que conforman un arco apuntado ciego en la zona superior, cuyo tímpano se ornamenta con círcu­los concéntricos y el anagrama mariano. Todo se enmarca en gablete con rosetón circular en el tímpano y corona superior.
     En el tramo central del crucero se ubica el altar mayor, en alto mediante gradas, donde se ha­lla un baldaquino neoclásico de 1836 de madera pintada a imitación de mármoles. Está presidido por la imagen titular de Nuestra Señora de la O, obra realizada en 1785 por Manuel García de Santiago y policromada por José de Guevara. A ambos lados se encuentran imágenes de San Miguel y San José del siglo XVIII, siendo ésta última la que posiblemente se doró y estofó en el año 1782.
      En la cabecera del lado del evangelio se sitúa la capilla sacramental, de planta rectangular y estilo neoclásico. Se divide en dos tramos, cubriéndose con cúpula semiesférica con linterna el primero y bóveda de cañón con lunetos la cabecera. Los arcos que sostienen la cúpula son de medio punto y recaen sobre pilares con pilastras estriadas y capiteles jónicos con guirnaldas. Sobre la mesa de altar se sitúa un sagrario de plata contemporáneo y una pequeña imagen policromada de la Virgen y el Niño del siglo XVIII. La capilla bautismal se abre al final de la nave evangelio. Es de planta cuadrangular y se cubre con bóveda de arista. En el frente principal hay un dieciochesco retablo de altar dorado con estípites, que alberga una imagen contemporánea de Jesús cautivo. En el centro se ubica una sobria pila bautismal de mármol de 1797 y en un lateral existe un retrato del Arzobispo Solís Folch de Cardona de finales del XVIII. La capilla se cierra con verja de ma­dera donde está instalada una imagen del Niño Jesús que parece del siglo XVIII. En la nave del evangelio se encuentran dos retablos neoclásicos similares, que albergan una imagen de vestir de San Francisco de Asís, de finales del XVIII y una figura contemporánea  de la Inmaculada.
     En el lado de la epístola se sitúa un altar con imagen contemporánea de la Virgen del Carmen. En el testero del crucero se halla un retablo recompuesto, donde se ubica una interesante talla de la Virgen del Rosario, de la segunda mitad del siglo XVI, a cuya fecha parece pertenecer también el relieve de la puerta del sagrario situado sobre la mesa de altar. En una clásica hornacina abierta en el muro de los pies del templo se aloja la figura original de la Virgen de la Rosa, de principios del siglo XVI y atribuida a Pedro Millán. Diversas pinturas se distribuyen en el interior del templo, siendo su mayoría de los siglos XVII y XVIII. En la sacristía, cubierta en sus dos tramos con bóvedas rebajadas de arista se guardan dos pequeñas imágenes policromadas de Santo Domingo y Santa Teresa, del siglo XVIII; un crucifijo dieciochesco y un misal romano de 1638, expuesto sobre pie de tenebrario del siglo XVIII, entre otras obras (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     La Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la O de Chipiona responde en su tipología actual al tipo de templo columnario.
     Su planta es rectangular, con ábside poligonal y tres naves (la central, de doble anchura que las laterales) de cuatro tramos. En la cabecera de la nave de la Epístola se encuentra adosada la sacristía. mientras que en la del Evangelio se alza la capilla del Sagrario. En los pies de esta última nave destacan dos volúmenes de planta cuadrada que se corresponden con la capilla bautismal y la torre. El inmueble presenta dos accesos: el principal, situado a los pies de la nave central, y uno secundario, que se abre en el muro de la Epístola, a la altura del segundo tramo. En realidad. todo este esquema no es sino fruto de las reformas llevadas a cabo a fines del siglo XVIII, que transformaron algunos aspectos del primitivo templo, donde habría intervenido Diego de Riaño en el siglo XVI sobre unas trazas aún goticistas.
     Por lo que se refiere al interior del templo, hay que indicar que las naves se encuentran separadas por gruesas columnas dóricas acanaladas, con un gran ábaco y escueta basa. Las cubiertas que resuelven por medio de bóvedas de arista, con la excepción del tramo de la nave central que precede a la capilla mayor, donde aparece una bóveda baída sobre pechinas con lucernario. En dicha capilla con planta poligonal de cinco lados, aparecen nervaduras que proceden de la primitiva fábrica. Lo más llamativo es la presencia ante el muro de cierre de un arco carpanel, que alberga el coro y una tribuna, en la cual se ubica el órgano.
     La capilla del Sagrario, por su parte, está dividida en dos tramos: el primero, de planta cuadrada, esta cubierto por una pequeña cúpula con cupulín, que trasdosa al exterior, mientras que el segundo, donde se ubica el altar, es de planta rectangular y se encuentra cubierto por una bóveda de cañón con lunetos. La sacristía, en la cabecera de la otra nave, también presenta dos tramos, que se cubren por medio de bóvedas de arista, apoyadas en pilastras adosadas al muro.
     Este mismo sistema de cubrición es el que aparece en la capilla bautismal.
     Por lo que respecta al aspecto exterior del inmueble, conviene destacar el sistema de cubiertas del templo, a dos aguas para la nave central y a una sola para las laterales. En la fachada principal, a los pies del templo, observamos la presencia de la torre, adosada al último tramo de la nave del Evangelio; en un segundo plano aparece la portada y el muro que cierra la nave de la Epístola, el cual muestra un leve retranqueo respecto al plano de la mencionada portada. La torre, con dos cuerpos rematados por un chapitel, tiene como elementos más llamativos su decoración de tono clasicista, con pinjantes, pilastras y vanos geométricos, así como la ornamentación a base de piezas de azulejería, que se extienden hasta el propio chapitel; también conviene destacar aquí la existencia, en el primer cuerpo de la misma, de sendos relojes que se encuentran en las caras sur y oeste En cuanto al resto de la fachada, debemos señalar que la decoración se centra en la portada, cornisa, balaustrada flanqueada por motivos piramidales, espadaña y lucernario. La portada es de tono academicista, y en su primer cuerpo se abre un arco de medio punto entre columnas toscanas con acanaladuras y guirnaldas, que remata en un friso de triglifos y metopas con símbolos pasionarios y un frontón partido ;éste da paso un segundo cuerpo, sobre el cual se levanta, a modo de remate para toda la composición, un frontón curvo con pináculos.
     En línea con esta portada, y en la parte superior de la fachada, aparece una espadaña de motivos clasicistas y decoración semejante a la de la torre. Junto a ella y en un segundo plano, observamos la presencia de un cupulín, que se corresponde con la escalera que hace practicables las cubiertas del edificio, y cuya estructura y decoración se encuentra en la misma línea que la de la torre y la espadaña.
     La fachada del muro de la Epístola también es de gran importancia. Aparece dividida por cinco contrafuertes, rematados por un mensulón, los cuales trasladan a la misma la división interior de las naves del templo. En cada uno de los tramos se inscribe un vano abocinado, salvo en el correspondiente a la portada. Esta es una obra gótica en piedra, muy cercana a la estética de la Catedral de Sevilla. Consta de un arco apuntado, que se resuelve en un vano adintelado y tímpano con decoración de rosetas y óculo central. sobre el vano aparece un gablete con rosetón polilobulado y decoración menuda de cardinas. A ambos lados de la puerta se desarrollan dos machones con baquetones, que culminan en pináculos tallados con motivos vegetales. Por lo que respecta a la fachada del muro del Evangelio, debe indicarse que sigue el mismo esquema que la de la Epístola, con la salvedad de que no hay en ella portada alguna, pues el acceso simétrico al interior fue cegado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita del Cristo de las Misericordias
     Al exterior presenta una sencilla fachada de un solo cuerpo, en cuyo lateral izquierdo se abren ventanas de medio punto molduradas y en el extremo derecho se sitúa el acceso a la capilla, mediante puerta adintelada enmarcada con molduras y ménsulas superiores, alzándose sobre ella una espadaña de dos cuerpos, con un vano de medio punto en cada uno, quedando ambos flanqueados por pilastras adosadas. La espadaña presenta cartabones laterales en el primer cuerpo y se corona con jarrones cerámicos y cruz y veleta final.
      El interior consta de una nave rectangular cu­bierta con rebajada bóveda con lunetos y arcos fajones, situándose en la cabecera un retablo de altar donde se halla la imagen del Cristo de las Misericordias de mediados del siglo XVI. Aunque tiene rasgos dieciochescos. A sus lados se si­túan imágenes contemporáneas de la Virgen de la Soledad y María Magdalena. Entre las obras distribuidas por la capilla, destaca una figura del Niño Jesús y una imagen de candelero de Nuestra Señora del Amparo de pequeño tamaño, am­bas fechables en el siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Santuario de Nuestra Señora de Regla y Convento Franciscano
     El antiguo convento de la Orden de San Agus­tín fue fundado en 1399 sobre una antigua fortaleza y ermita, edificada por Alonso Pérez de Guzmán, donde ya se hallaba la Virgen de Regla con anterioridad a 1365. Tras la marcha de los agustinos con la desamortización, en 1852 fue restaurada la iglesia con el patrocinio de los Du­ques de Montpensier y en 1882 los franciscanos establecieron en el edificio un Colegio de Misioneros. El nuevo templo fue inaugurado en 1906, según proyecto de Antonio Arévalo Martínez que siguió las trazas de fray José María Rodríguez, levantándose la torre-campanario de la fachada en 1909, obra de ]osé Romero Barrero.
     El santuario es de estilo neogótico. Consta de tres naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales, y ábside poligonal de tres lados. El coro se sitúa a los pies en alto ocupando los dos primeros tramos de los pies. En las fachadas laterales sobresalen ligeros estribos con pinácu­los, abriéndose en cada fachada ocho ventanales apuntados que albergan en su interior un doble arco apuntado y vano circular superior. La facha­da principal está compuesta por dos cuerpos, quedando centrado el  primero por la portada de acceso, a cuyos lados se sitúan vanos apunta­dos y óculos superiores. La zona central del primer cuerpo y el segundo componen la portada de los pies, conformada por un acceso apuntado y abocinado, flanqueado por machones con pináculos, que se corona con gablete y rosetón superior, hallándose todos estos elementos muy geometrizados. La torre-campanario presenta planta octogonal con vanos apuntados en cada lado y remate piramidal calado. Con formas similares se levanta otra torre de menor altura sobre el ábside. Las figuras de santos franciscanos, situados en los ángulos de la torre de fachada, son obras en barro de Viriato Rull de 1906. En el lado de la epístola se abre otra sencilla portada con vano apuntado entre pilastrones con pinácu­los y gablete superior.
     Las naves se cubren con decorativas bóvedas de crucería propias del gótico que recaen sobre pilares fasciculados mediante arcos apuntados. El ábside se cubre con bóveda de crucería. Sobre las naves laterales se sitúan tribunas que vierten balconcillos hacia la nave central. Los ventanales del templo se cierran con dieciséis dobles vidrie­ras y una sencilla en el ábside, todas realizadas en los años cincuenta del siglo XX con motivos franciscanos y figuras de santos y vírgenes.
     El retablo mayor fue realizado en 1906 por José Gerique en estilo neogótico. Se organiza en dos cuerpos y tres calles y está pintado en blanco con ornamentación dorada. Se estructura en banco, dos cuerpos y tres calles. El camarín central se halla decorado con pinturas de estilo neobarroco. Alberga a la Virgen de Regla, Patrona de Chipiona, que es una talla castellana con influencias orientalizantes de finales del siglo XIII y probable origen norteño. Es una figura sedente de bulto redondo que fue mutilada hacia 1580 para convertirla en imagen de candelero. El color oscuro del rostro se debe a la pintura de tierra so­bre diversas capas de estuco. En los laterales se ubican imágenes policromadas de Santo Domin­go y San Francisco, del siglo XX, en el primer cuerpo; santos franciscanos en el segundo y re­lieve de Dios Padre en el ático.
     Entre las imágenes situadas en los retablos y altares, que se distribuyen por el interior del templo, todos de estilo neogótico, destacan las figuras de San Antonio de Padua, San Diego de Alcalá y Santa Clara, del XVIII, ubicadas en el segundo retablo del lado del evangelio; Jesús de la Humildad y Paciencia del siglo XVII, a los pies de la nave de la epístola; y las imágenes policromadas de San Buenaventura del XVIII y un Nazareno de finales del siglo XV o principios del XVI, albergadas en otros tantos retablos de la nave de la epístola. Entre las piezas artísticas que se guardan en la sacristía, destaca la cajonería del siglo XVII, la mesa de los Cálices del XVIII, una dieciochesca imagen de San Francisco de Asís, y las pinturas del Divino Pastor y la Divina Pastora, del mismo siglo. El órgano fue instalado en 1925 y también es de interés la colección de exvotos existente a la subida del camarín de la Virgen.
     En 1889 se construyó el actual acceso al convento, de estructura muy clasicista coronado con los emblemas franciscanos. En el interior destaca la doble escalera principal, de 1777, y la pé­trea portada de acceso al claustro mudéjar, de la primera mitad del siglo XVII, la cual presenta vano adintelado con enmarcamiento decorado con motivos geométricos y se corona con frontón curvo y partido para albergar un desaparecido escudo nobiliario. El claustro mudéjar o «Patio de los Plátanos» fue edificado a mediados del si­glo XV en estilo gótico. De planta cuadrangular, el primer cuerpo, sostenido por recios contra­fuertes, está conformado por arquerías apunta­das que recaen sobre gruesos pilares pétreos con marcada línea de imposta. Las cuatro galerías perimetrales se cubrían con bóvedas de crucería, que se transformaron en 1640 en bóvedas de arista decoradas con yeserías. En el centro existe un aljibe de 1460 con brocal del siglo XVII. En uno de los muros se encuentra un pétreo ajimez configurado por dos arcos de herradura apun­tados que se enmarcan en alfices y descansan en semicolumnas adosadas en los laterales y parteluz central, presentando estos tres apoyos toscos capiteles de talla vegetal. Durante la reforma de 1640 se revistieron los paramentos con zócalos de azulejería sevillana, donde aparecen los es­cudos de Ponce de León y la fecha de 1640. El cuerpo superior es de fecha posterior y se cierra con sencillas ventanas.
     El humilladero, situado en la explanada exterior, fue edificado en 1663, a cuya fecha parece pertenecer la verja que cierra el acceso de medio punto. Su estado actual responde a la renovación efectuada en 1947. Presenta planta cuadrangular cubierta con cúpula  semiesférica. En el interior existe un altar cerámico situado sobre el pozo en que se supone apareció la Virgen de Regla (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Situado junto al mar sobre una pequeña elevación, en un paraje situado al suroeste de la población, nada tiene que ver el actual santuario con la antigua ermita medieval de tres naves que alojó desde principios del siglo XVI hasta finales del siglo pasado a la venerable imagen de Nuestra Señora de Regla. La iglesia actual es un pastiche neogótico edificado entre los años 1899 y 1906, según modelo de tres naves de ocho tramos, la central de mayores proporciones, volteadas con bóvedas de crucería apeadas en pilares de capiteles de fajas vegetales y basas bulbiformes, coro alto abarcando los dos primeros tramos, triforio con ventanales apuntados de celosía surmontado por ventanales ojivales con vitrales lobulados y ábside poligonal de nervaturas ochavadas trasdosado con un capitel octogonal decorado con frondas, rematada en 1.909 por el arquitecto gaditano José Romero Borrero, se encuentra situada en el hastial sobre la portada principal, componiéndose de un cuerpo prismático de torre y un cuerpo ochavado de campanas con vanos y hornacinas religiosas alternadas, rematado con un pináculo octogonal calado adornado con fronda y florón. Toda la composición recibe un aspecto de falso y pretencioso decorativismo que resta interés con planteamiento arquitectónico.
     La zona de más intereses del conjunto se centra en el claustro gótico mudéjar de cuerpo conventual, construido bajo el patronato de Rodrigo Ponce de León a mitad del siglo XV, adosado a la ermita, en el emplazamiento del patio de armas -hoy denominado de los plátanos- del antiguo castillo medieval de la Casa de Arcos. Inicialmente de una planta con arquería ojival rajado hasta el suelo, y galerías con bóveda de arista y solería de loza de Tarifa. Fue renovado en el siglo XVII perdiendo el apuntado de los arcos y enmascarándose las bóvedas.
     En este santuario se encuentra la patrona de esta localidad, la Virgen de Regla, imagen que goza de gran devoción y que adquiere protagonismo durante la procesión que se lleva a cabo el día ocho de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen. La Virgen sale del santuario recorriendo las calles aledañas a este inmueble.
     El santuario y su casa de espiritualidad acogen a una gran comunidad de franciscanos. Además de ocuparse del culto a la Virgen, realizan otras muchas actividades relacionadas con su comunidad y sus creencias (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Castillo
     Su origen se ha atribuido tanto a los musulma­nes como a Guzmán el Bueno o a los Ponce de León. Fue rehabilitado en 1527. Tras varios usos se convirtió en hotel a finales del siglo XIX, ad­quiriéndolo el Ayuntamiento en 2000. Aunque muy transformado, conserva la planta cuadran­gular con torre cuadrada junto al lienzo de muralla que mira al mar, donde también se abre una galería porticada de arcos de medio punto. Presenta dos plantas que se cubren con bóvedas de aristas y se disponen en torno a un patio central. Sus ventanas son apuntadas y todo el edificio se encuentra coronado con almenado piramidal (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).  
      El Castillo de Chipiona es de reducidas dimensiones y presenta planta cuadrada, con una torre de la misma forma ubicada junto al lienzo de la muralla que da al acantilado. Posee dos plantas que se cubren con bóveda de arista y ventanas ojivales.
     Aparece totalmente almenado. Ha sufrido muchas transformaciones hasta hoy.
     En la crónica de los Duques de Medina Sidonia, de Pedro de Medina, se incluyen entre las mercedes de Sancho IV a don Alonso Pérez de Guzmán, la tierra de la parte que los moros llamaban Chipiona, donde se edificó un Castillo. En el año 1303, cuando se funda la Casa de Arcos, la villa de Chipiona con su Castillo pasó a los Ponce de León.
     En un informe sobre el estado de las fortificaciones desde Gibraltar hasta Ayamonte de 1577, Luís Bravo de Laguna, menciona la fortaleza de Chipiona, describiendo el estado de abandono que tenía por aquellos años y proponiendo las obras necesarias a realizar para incrementar su valor poliorcético.
     El castillo se encontraba deshabitado, sin uso específico, en estado de abandono con un importante grado de deterioro, presumiendo que pueda tener elementos en ruina. Con fecha de 30 de noviembre de 1999, por el Pleno del Ayuntamiento de Chipiona en sesión extraordinaria, se acordó iniciar el expediente de expropiación del citado Castillo para su incorporación al Patrimonio Municipal. La adquisición del mismo por el Ayuntamiento ha posibilitado la realización de obras de consolidación que han paralizado el estado de abandono en que se encontraba. De la misma manera, se han facilitado las actuaciones necesarias para su puesta en valor y visita pública (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Faro
     Este Faro es uno de los de mayor porte y connotaciones históricas de entre los faros de España. Señaliza estratégicamente, junto con otros faros o balizas, la desembocadura del Guadalquivir.
     El proyecto original consta de un edificio principal (viviendas y almacén), en dos alturas y planta rectangular de 25 metros x 26 metros, previsto para el servicio de tres torreros, y un alzado de torre de 63.50 sobre la cota del solar. La lámpara se alza 71 metros sobre el nivel medio de la mar.
     La fábrica es de piedra ostionera.
     Dispone de sistema de giro apoyado sobre cubeta de mercurio y sistema de pesas para rotar la óptica. El proyecto original incluye un sistema de giro de H. Lepaute, colaborador de G. Eiffel.
     En 1867 tuvo lugar la colocación de la primera piedra tras la celebración de una misa cantada en el cercano Santuario de Ntra. Sra. de Regla y la procesión de la titular del Templo.
     De acuerdo a la crónica recogida en prensa: ".....empezó a descender entre flores y banderas la enorme piedra......de 63 quintales, bendecida por el Sr. cura de la villa.... y después de firmar los concurrentes el acta y depositarla ésta, con las monedas, diarios y demás objetos de costumbre, el Excmo. Sr. Gobernador pronunció un.....discurso...."
      Asimismo, la inauguración del Faro, uno de los más importantes de la península, también fue recogido por el Diario de Cádiz, en otra crónica (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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sábado, 1 de julio de 2023

La Hacienda Nuestra Señora de Regla, en Palomares del Río (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Nuestra Señora de Regla, en Palomares del Río (Sevilla)
     Hoy, sábado 1 de julio, como todos los sábados, se celebra la Sabatina, oficio propio del sábado dedicado a la Santísima Virgen María, siendo una palabra que etimológicamente proviene del latín sabbàtum, es decir sábado
     Y que mejor día que hoy para Explicarte la Hacienda Nuestra Señora de Regla, en Palomares del Río (Sevilla).
     La Hacienda Nuestra Señora de Regla se encuentra en la calle La Isla, s/n; en Palomares del Río (Sevilla).
     Situada en el corazón del Aljarafe sevillano, a unos 15 minutos de la capital, se encuentra Hacienda de Regla. Dedicada originalmente a la ganadería y agricultura, este bello espacio se dedica hoy plenamente a la organización y celebración de eventos, un lugar ideal para ese gran día inolvidable.
     Su arquitectura, propia de las haciendas andaluzas construidas a finales del siglo XIX, ofrece una amplia variedad de espacios que, repletos de una cálida vegetación, dan a cualquier evento un toque idílico lleno de belleza y armonía.
     Hacienda de Regla es un espacio protegido de la historia de nuestra Andalucía. Con un pasado vinculado a un importante ducado, el caserío, que data de finales del siglo XIX es un edificio catalogado como histórico y protegido, y forma parte de una importante relación de haciendas, con origen olivarero, de reconocido prestigio en el Aljarafe de Sevilla. Paredes rebosantes de historia de nuestras raíces (Hacienda de Regla).
Conozcamos mejor la historia de la Sabatina como culto mariano
    Semanalmente tenemos un culto sabatino mariano. Como dice el Directorio de Piedad Popular y Liturgia, en el nº 188: “Entre los días dedicados a la Virgen Santísima destaca el sábado, que tiene la categoría de memoria de santa María. Esta memoria se remonta a la época carolingia (siglo IX), pero no se conocen los motivos que llevaron a elegir el sábado como día de santa María. Posteriormente se dieron numerosas explicaciones que no acaban de satisfacer del todo a los estudiosos de la historia de la piedad”. En el ritmo semanal cristiano de la Iglesia primitiva, el domingo, día de la Resurrección del Señor, se constituye en su ápice como conmemoración del misterio pascual.  Pronto se añadió en el viernes el recuerdo de la muerte de Cristo en la cruz, que se consolida en día de ayuno junto al miércoles, día de la traición de Judas. Al sábado, al principio no se le quiso subrayar con ninguna práctica especial para alejarse del judaísmo, pero ya en el siglo III en las Iglesias de Alejandría y de Roma era un tercer día de ayuno en recuerdo del reposo de Cristo en el sepulcro, mientras que en Oriente cae en la órbita del domingo y se le considera media fiesta, así como se hace sufragio por los difuntos al hacerse memoria del descenso de Cristo al Limbo para librar las almas de los justos.   
   En Occidente en la Alta Edad Media se empieza a dedicar el sábado a la Virgen. El benedictino anglosajón Alcuino de York (+804), consejero del Emperador Carlomagno y uno de los agentes principales de la reforma litúrgica carolingia, en el suplemento al sacramentario carolingio compiló siete misas votivas para los días de la semana sin conmemoración especial; el sábado, señaló la Santa María, que pasará también al Oficio. Al principio lo más significativo del Oficio mariano, desde Pascua a Adviento, era tres breves lecturas, como ocurría con la conmemoración de la Cruz el viernes, hasta que llegó a asumir la estructura del Oficio principal. Al principio, este Oficio podía sustituir al del día fuera de cuaresma y de fiestas, para luego en muchos casos pasar a ser añadido. En el X, en el monasterio suizo de Einsiedeln, encontramos ya un Oficio de Beata suplementario, con los textos eucológicos que Urbano II de Chantillon aprobó en el Concilio de Clermont (1095), para atraer sobre la I Cruzada la intercesión mariana.
       De éste surgió el llamado Oficio Parvo, autónomo y completo, devoción mariana que se extendió no sólo entre el clero sino también entre los fieles, que ya se rezaba en tiempos de Berengario de Verdún (+962), y que se muestra como práctica extendida en el siglo XI. San Pedro Damián (+1072) fue un gran divulgador de esta devoción sabatina, mientras que Bernoldo de Constanza (+ca. 1100), poco después, señalaba esta misa votiva de la Virgen extendida por casi todas partes, y ya desde el siglo XIII es práctica general en los sábados no impedidos. Comienza a partir de aquí una tradición devocional incontestada y continua de dedicación a la Virgen del sábado, día en que María vivió probada en el crisol de la soledad ante el sepulcro, traspasada por la espada del dolor, el misterio de la fe.  
      El sábado se constituye en el día de la conmemoración de los dolores de la Madre como el viernes lo es del sacrificio de su Hijo. En la Iglesia Oriental es, sin embargo, el miércoles el día dedicado a la Virgen. San Pío V, en la reforma litúrgica postridentina avaló tanto el Oficio de Santa María en sábado, a combinar con el Oficio del día, como el Oficio Parvo, aunque los hizo potestativos. De aquí surgió el Común de Santa María, al que, para la eucaristía, ha venido a sumarse la Colección de misas de Santa María Virgen, publicada en 1989 bajo el pontificado de San Juan Pablo II Wojtyla (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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lunes, 26 de septiembre de 2022

La imagen "María Santísima de Regla", anónima, titular de la Hermandad de los Panaderos, en la Capilla de San Andrés

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima de Regla", anónima, titular de la Hermandad de los Panaderos, en la Capilla de San Andrés, de Sevilla.
     Hoy, 26 de septiembre, es el aniversario (26 de septiembre de 2010) de la Coronación Canónica de María Santísima de Regla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen "María Santísima de Regla", anónima, titular de la Hermandad de los Panaderos, en la Capilla de San Andrés, de Sevilla.
     La Capilla de San Andrés se encuentra en la calle Orfila, 3; en el Barrio de la Encarnación-Regina, del Distrito Casco Antiguo.
     La imagen de María Santísima de Regla Coronada es obra anónima del siglo XVII atribuida clásicamente al círculo de Pedro Roldán siendo muchos los expertos que han identificado la impronta de Luisa Roldán (La Roldana) en la talla de la Madre de Dios. No obstante, son varias las restauraciones sufridas por la misma a lo largo de los siglos, intervenciones que han influido en el rostro que hoy en día muestra nuestra titular. Debemos destacar la remodelación de la mascarilla que lleva acabo Juan de Astorga en 1821. También son de destacar las intervenciones de Gumersindo Jiménez Astorga en 1877, la policromía que imprime Sebastián Santos en 1949, la actuación de Luis Álvarez Duarte en 1971 para sustituir el candelero y en 1972 para colocar un nuevo perno para la corona, y la de José Pérez Delgado en 1979 sobre el busto. La última restauración es llevada a cabo por Enrique Gutiérrez Carrasquilla en 2005-2006. Existe constancia de otras dos intervenciones llevadas a cabo en 1825 y 1938 si bien no se conoce a los autores de las mismas ni en que consistieron. Se trata de una talla de candelero realizada en ciprés que mide 1,68 m. La cabeza gira hacia la derecha y la mirada se dirige hacia abajo, lugar en el que debe colocarse aquel que busque su consuelo. Nuestra Madre de Regla llora con mesura con sus ojos de cristal, recorriendo su divino rostro dos lágrimas una en cada mejilla mientras sus labios, entreabiertos, dejan ver los dientes tallados que son perlas divinas. Sus manos se encuentran semicerradas, portando en la derecha el pañuelo con el que limpiar su llanto y, en la derecha la espiga sobredorada que la convierte en Reina de los Panaderos.
     María Santísima de Regla fue coronada canónicamente el 26 de septiembre de 2010 por el Excmo. y Rvdmo. Arzobispo de Sevilla Don Juan José Asenjo Peregrina, y fue la única imagen mariana que participó en la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid el 19 de marzo de 2011 (Hermandad de los Panaderos).
     Dolorosa de Semana Santa, cofradía del Prendimiento, vulgo de los Panaderos, Miércoles Santo. Efigie anónima con excelentes rasgos artísticos y de la buena época hispalense, siglo XVII, tradicionalmente atribuida a la Roldana, pero sin documentos que la apoyen. Repolicromada por Sebastián Santos en 1941. Una de las pocas Dolorosas cofradieras que ciñen corona antigua, en forma de óvalo apaisado, con peculiar e indudable carácter. Además del acostumbrado pañuelo de encaje, lleva en su mano una espiga de orfebrería, recordando la vinculación de esta hermandad con el gremio de tahoneros o fabricantes de pan. Paso de palio con dominante rojizo en su cromatismo y nutrida candelería puesta de forma algo especial (las primeras tandas de velas dibujan con sus llamas la Cruz de San Andrés). También son notables los corbatines de las bambalinas y los monumentales candelabros de cola, considerados como los más altos de Sevilla. Los respiraderos de esta paso reproducen las restantes advocaciones marianas del Miércoles Santo; igualmente se ve en ellos la morena Virgen de Chipiona, tan popular y venerada, que tiene la misma advocación de Regla (Juan Martínez Alcaide. Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1997).
María Santísima de Regla.
Iconografía: Virgen al pie de la Cruz, tras la Crucifixión de Jesucristo.
Autor: Atribuida a Luisa Ignacia Roldán "La Roldana" (1652-1704).
Cronología: Último tercio del siglo XVII.
Intervenciones: Juan de Astorga (1821), anónima (1825), Gumersindo Jiménez Astorga (1876), anónima (1938), Sebastián Santos Rojas (1949 y 1964), Luis Álvarez Duarte (1971 y 1972), José Pérez Delgado (1979) y Enrique Gutiérrez Carrasquilla (2005-6).
Altura: 168 centímetros.
     Puede demostrarse que es en el año de 1601 cuando esta hermandad del Prendimiento estaba constituida y organizada completamente, cuya fundación debió de acaecer antes, ya que la corrección de la primitiva redacción de sus Reglas se sitúa cronológicamente el 18 de enero del comentado año. Es en esta Regla cuando ya se toma como uno de sus titulares a "la Virgen Santíssima nuestra señora de rregla". Según el profesor José Roda "aquella primera imagen mariana debió ser una Virgen de gloria, y como tal se representa, vestida a la moda cortesana de comienzos del siglo XVII y sosteniendo con ambas manos al Niño Jesús bendicente, en una de las dos miniaturas que encabezan las primitivas Ordenanzas, pintadas en témpera sobre pergamino".
     La imagen de María Santísima de Regla se atribuye tradicionalmente a la gubia de Luisa Roldán, más conocida como "La Roldana", aunque no se conserva documento alguno en el que se acredite su autoría. Además, las intervenciones que ha sufrido esta imagen hacen que su correcta catalogación sea muy complicada. Esta atribución se consolida a comienzos del siglo XX ya que, con anterioridad, ni el pintor Antonio Palomino, ni Juan Agustín Ceán Bermúdez, ni Félix González de León, ni el propio José Bermejo y Carballo consideraban esta Dolorosa obra de Luisa Roldán, siendo para algunos de ellos "obra de mediano mérito". La profesora María Victoria García Olloqui realiza varias publicaciones sobre esta escultura en las cuales cataloga esta imagen "muy cercana al estilo de La Roldana".
     Realizada en madera de ciprés, María Santísima de Regla inclina su cabeza suavemente y el rostro nos transmite un intenso sentimiento de dolor reprimido debido a su mirada baja y perdida, así como sus cejas rectas, leve resalte de sus mejillas, sobre las que se deslizan, tímidas, dos cristalinas lágrimas, y boca entreabierta con dientes tallados. Destaca, asimismo, el dulce modelado de sus manos, las cuales se nos presentan en posición semicerrada, portando en la derecha un pañuelo y en la izquierda una espiga de oro.
     Como ya dijimos antes, esta imagen ha sufrido varias intervenciones a lo largo de su existencia, algunas de las cuales han sido poco favorables. El profesor Roda Peña destaca varias que han alterado la fisonomía actual de la Dolorosa transformando la primitiva Virgen barroca en tora de estilo híbrido. Durante el siglo XIX es intervenido por Juan de Astorga, en 1821; cuatro años después, en 1825, una anónima, y Gumersindo Jiménez Astorga en 1876. Ya en el siglo XX, concretamente en 1938, recibe una nueva restauración anónima, a la que el profesor Roda Peña calificó de profunda alteración morfológica, y en 1949, Sebastián Santos Rojas la repolicroma. Luis Álvarez Duarte sustituye el candelero, éste de diez listones, en 1971 y coloca un nuevo perno de sujeción de la corona en 1972 y José Pérez Delgado resana el busto en 1979. Todas estas intervenciones se encuentran perfectamente documentadas en Libros de Cuentas y Libros de Actas de cabildos ordinarios que la hermandad custodia en su archivo.
     Recientemente, Enrique Gutiérrez Carrasquilla ha realizado un nuevo candelero para la imagen, repasando los brazos así como llevando a cabo una limpieza general de la policromía.
     En cuanto al ajuar procesional, la Señora exhibe en su pecho puñal realizado en el taller de los Hermanos Delgado en 2001.
     La corona de salida es de plata sobredorada y fue ejecutada por Miguel Palomino en 1846 siendo la pieza de orfebrería más antigua que conserva la hermandad. Inspirada en modelos neoclásicos esta pieza posee un perfil un tanto romo. Consta de un ancho aro con gran desarrollo de ornato vegetal sobre el cual emerge un sencillo canasto con imperiales decoradas mediante ovas. Culmina el conjunto una ráfaga con rayos y estrellas que se encuentra dividida en dos mediante una bola sobre la cual se eleva una cruz con minuciosa decoración.
     Como dato curioso hemos de añadir que la Virgen porta en su mano izquierda una espiga de oro, labrada en 1989, como atributo de su relación con los panaderos de Sevilla.
     Gracias a las referencias de Bermejo sabemos que la Virgen de Regla ya procesionaba en el periodo decimonónico con un manto de terciopelo negro bordado en oro. Hacia 1898 la hermandad de los Panderos suscribió un contrato con el bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda para la confección de un manto y una saya para la Dolorosa. Probablemente la pieza tardó en concluirse varios años. Probablemente acabada en 1900, siendo adquirido dicha pieza en 1929 por la hermandad de María Santísima en su Soledad de Cantillana. La saya se estrenaría ya en 1901. En 1975 se volvería a intervenir el manto procesional en el taller de Guillermo Carrasquilla, con un coste de más de cuatrocientas mil pesetas. Posteriormente, en 2002, en los talleres de Rama de Brenes la pieza volvería a ser restaurada. Se considera este manto como el punto de partida de la estética regionalista que impregnaría sus futuras composiciones, que culminaría en el manto de malla de la Macarena. El léxico estético está basado en cuernos de la abundancia, hojas de acantos, cintas, en cuyo eje central se presentan jarras y canastos de flores, desde donde se entrecruzan grupos de motivos vegetales.
     El taller de José Caro fue el encargado de ejecutar el nuevo paso de palio de la hermandad del Prendimiento hacia el año 1929, siguiendo el diseño de Ignacio Gómez Millán, a lo que se uniría el manto. Sin embargo, el manto no se terminaría por falta de recursos económicos, confeccionando solamente las tiras laterales. En su programa ornamental se volvía a utilizar todos los motivos propios del estilo regionalista que había marcado la producción del arte cofrade en los primeros decenios del siglo. Son de muy buena factura las preciosas jarras de azucenas que ornamenta el manto, que se repiten en la decoración de las fachadas de las casas sevillanas de estos años. En realidad son las mismas jarras que se utilizan en las bambalinas del paso de palio y en la propia saya de volantes de la Esperanza Macarena, que posteriormente bordaría Victoria Caro y Lola Olivera en 1937. Hacia 1978 Esperanza Elena Caro confeccionaría un nuevo manto de salida.
     En febrero de 2005, la Virgen de Regla estrenó un nuevo manto en terciopelo verde con bordados de aplicación, que fue usado durante los actos del Quinario celebrado en la parroquia de San Andrés. Presenta un diseño a base de motivos vegetales, con la utilización de la espiga, identificativa con la simbología de la Corporación Penitencial.
     La Virgen de Regla posee varias sayas en su ajuar, datándose la primera conocida hacia el año 1731, que actualmente no existe, que era bordada en oro sobre terciopelo negro. De 1899 data la saya bordada en oro sobre terciopelo negro, que confeccionó Juan Manuel Rodríguez Ojeda, que posteriormente sus bordados serían pasados a tisú de plata en el año 1994 en el convento de Santa Isabel. Es la actual saya de salida, posiblemente una de las más representativas de la Semana Santa hispalense, destacando especialmente sus motivos florales propio ya del estilo de su autor, con un esquema asimétrico en el centro de la composición, centrado en un tallo de hojas de acantos estilizadas que se alargan en forma de cardo. Las mangas, bordadas en la zona del antebrazo, están ornamentadas con especies de frutos con técnica de lentejuelas dispuestas en forma de escama de pez.
     Posteriormente, en 1917 se fecha la saya blanca sin bordar, de autor anónimo, que fue donada por Doña Inés García, antigua Camarera de la Virgen. la gran bordadora Esperanza Elena Caro confeccionaría dos sayas para los cultos internos. La primera, que es de raso azul-celeste bordado, y se fecha hacia 1962, cuyos bordados pertenecieron a un traje de torear donado por el matador de toros, Diego Puerta, muestra una gran calidad, así como la segunda, de raso blanco bordado, de 1965, cuyos bordados pertenecieron a un traje de torear donado por el novillero, Paco Puertas. También cabe mencionar la saya en tisú de plata, bordada en oro, de 1967, donada por la Camarera de la Virgen, Doña Pilar Lázaro y su hija, Doña Pilar del Pino. Los dibujos fueron aportados por la propia Pilar Lázaro. En 1972 se confeccionó la saya en tisú de plata sin bordar, donada por Doña Consuelo Martín. Ya en nuestros días se han ido realizando otras como la que fue bordada en oro sobre terciopelo azul en 1997, donada por el hermano Don Mariano Martín Santonja, y la que se confeccionó en 1998, sobre terciopelo negro, realizada por el mismo autor, aprovechado unos bordados del siglo XIX. En el año 2003 se estrenado una saya de terciopelo verde, lisa, donada por el hermano de la Corporación, Don Manuel Díaz Velázquez (Álvaro Dávila-Armero del Arenal, José Carlos Pérez Morales y José Fernando Gabardón de la Banda, en Palios de Sevilla III La virgen dolorosa sevillana. Ediciones Tartessos, Sevilla. 2006). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen Dolorosa
   El arte patético de finales de la Edad Media concedió un amplio espacio en su iconografía a la Virgen Dolorosa, representada ya con Cristo muerto sobre las rodillas después del Descendimiento de la cruz, ya sola después del Enterramiento de Cristo.
   Estos dos tipos iconográficos se designan con los nombres de Virgen de la Piedad y Virgen de los Siete Dolores. Aquí no hablamos de la Virgen de pie frente a la Cruz (Stabat Mater), o desvanecida  en los brazos de San Juan o de las Santas Mujeres, porque esos temas no han sido representados aisladamente y son inseparables de la Crucifixión.
1. La Virgen de la Piedad
   El grupo de la Virgen de la Piedad se compone, estrictamente, de dos personajes: María y su Hijo desclavado de la cruz, cuyo cuerpo inanimado ella sostiene sobre las rodillas.
   A veces ocurre que la Virgen esté rodeada o enmarcada por san Juan, Magdalena, las tres Marías e incluso por los donantes; pero casi siempre está sola con el cadáver de su Hijo, y esta concentración refuerza el poder emotivo del tema. Así es como se distingue de la escena de la Lamentación al pie de la Cruz (Beweinung Christi) que comporta numerosas figuraciones.
   Se ha querido ver en este grupo conmovedor un fragmento separado de la Lamentación, reducida a dos personajes esenciales por un procedimiento análogo que permitió extraer del grupo de la Cena el de Jesús con su discípulo preferido. Pero esa hipótesis no puede probarse, al menos en el arte alemán cuyos Vesperbilder son muy anteriores a los bajorrelieves de la Beweinung que se hizo popular en el siglo XVI. Según parece, la Virgen de la Piedad deriva más bien del tipo tradicional de la Virgen sentada, por simple sustitución del Niño Jesús por el Crucificado.
Fuentes místicas
   La Virgen de la Piedad, que en italiano se llama Pietà y en alemán Vesperbild, -porque la hora de vísperas, de cinco a siete de la tarde, corresponde en el Breviario al Descendimiento de la Cruz-, es la flor más delicada del misticismo de finales de la Edad Media, una flor de la Pasión, una pasionaria que hizo eclosión en los jardines de monjas.
   El tema ni siquiera está esbozado en los Evangelios ni procede tampoco del culto oficial: es una creación de la imaginación  mística que surgió a principios del siglo XIV, al mismo tiempo que los temas de la Virgen de Misericordia y del Varón de Dolores.
   Basta referirse a las Meditaciones franciscanas del Seudo Buenaventura, mejor aún a las Efusiones del beato Enrique de Berg y a las Revelaciones de Santa Brígida, para comprender en qué ambiente nació este tema realista y visionario a la vez. Las descripciones de Cristo muerto sobre las rodillas de su madre (in sinu matris) que se leen allí, donde parecía más cercano y accesible al corazón de los fieles que levantado sobre la madera de la cruz, concuerdan rasgo tras rasgo con las realizaciones plásticas de los artistas.
   El Minnebüchlein atribuido a Enrique de Berg, llamado Suso, también describe a Cristo muerto en una suerte de treno lírico: «Sus ojos, que brillaban como carbunclos, ahora están apagados. Sus labios, que parecían rosas rojas recién abiertas, están secos y su lengua pegada al paladar. Su cuerpo sangrante ha sido tan cruelmente estirado sobre la cruz que pueden contarse todos sus huesos.»
   Santa Brígida de Suecia atribuye a la propia Virgen esta descripción emotiva de su Hijo descendido de la Cruz: «Lo recibí sobre mis rodillas como un leproso, lívido y magullado, porque sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca fría como la nieve, su barba rígida como una cuerda.»
   La mayoría de los historiadores del arte no resistieron la tentación de establecer una relación no sólo de paralelismo sino de filiación entre dichos textos y las obras de arte que parecen derivar de ellos, sin preocuparse por la cronología. Pero las investigaciones recientes condujeron a una inversión del orden de los factores. En la actualidad se admite, en general, que las descripciones realistas de Enrique de Berg y de Santa Brígida, lejos de haber inspirado las obras de arte son sólo la transcripción poética de éstas. Esos textos son para  nosotros un muy precioso comentario de las Vírgenes de Piedad, y nos informan acerca del «clima» místico que les dio nacimiento; pero debe renunciarse a ver programas plásticos en ellos.
Orígenes en el arte alemán y francés del siglo XIV
   Lo que prueba esta teoría es que los primeros Vesperbilder alemanes se remontan a 1320, es decir, son muy anteriores a las Visiones del Seudo Buenaventura y de Santa Brígida.
     Nacido en los conventos de monjas místicas del valle del Rin, ese tema tan femenino y maternal de la Virgen de la Piedad, se difundió algo más tarde en Francia gracias a las numerosas cofradías de Nuestra Señora de la Piedad que encargaron grupos para la decoración de sus capillas, que en los libros de contabilidad se designa con los nombres La Compasión de la Virgen, Imagen de Nuestra Señora la cual sostiene abrazado a Nuestro Señor, Imagen de Nuestra Señora sosteniendo en su regazo otra Imagen de un Dios de Piedad, Dios estando en brazos de Nuestra Señora.
   En todo caso, aunque el nombre italiano de Pietà haya sustituido abusivamente a esas viejas expresiones francesas, es muy cierto que el tema es una creación del arte gótico germano francés y no del arte italiano. En las pinturas del Trecento que cita Mâle, la Virgen está sentada al lado del cadáver de Cristo: ella no lo sostiene sobre las rodillas, en su regazo. Ese tema penetró tardíamente en Italia, donde nunca gozó de la misma popularidad que en Alemania y en Francia. Es interesante recordar en tal sentido que la célebre Pietà de Miguel Ángel, esculpida en 1496 para una capilla de la antigua basílica de San Pedro de Roma, fue encargada por un cardenal francés.
Clasificación  y evolución de los tipos iconográficos
   La evolución de la iconografía de la Virgen de la Piedad prosiguió entre los siglos XIV y XVI.
   Tanto en Alemania como en Francia e Italia se encuentran dos tipos principales, el primero de los cuales comporta numerosas variantes: entre los siglos XIV y XV Cristo está acostado sobre las rodillas de su madre; en el siglo XVI, influenciado por el nuevo ideal del Renacimiento, más preocupado por la belleza formal, está extendido a sus pies, y sólo tiene apoyada la cabeza sobre las rodillas maternales.
A) Cristo sobre las rodillas de la Virgen
   En los monumentos más antiguos (Grupo de madera de Coburgo, hacia 1330; Vesperbild del convento de las ursulinas de Erfurt, hacia 1340), Cristo sentado sobre las rodillas de su madre tiene el torso echado hacia atrás y la cabeza inerte, caída.
   A veces está representado con la estatura de un niño, como la propia Virgen en los brazos de Santa Ana (Anna selbdritt). En ese caso, la Virgen que tiene la ilusión de acunar a su Hijo en brazos, como en los felices tiempos de la infancia, está representada más joven. Esta desproporción no se debe a la torpeza de los escultores, sino a una concepción de los místicos franciscanos. Según San Bernardino de Siena, la Virgen, extraviada por el dolor, sueña que tiene a su Hijo sobre las rodillas, y que lo acuna envuelto en la mortaja como antes en los pañales.
   En el siglo XV se volvió a la representación de Jesús adulto, en la edad en que murió en la cruz. El grupo se desarrolla en la dimensión horizontal, crece en ancho. A veces el cadáver de Cristo está dispuesto horizontalmente, como el cuerpo de un nadador que flota de espaldas, con la herida del costado bien visible; otras, por el contrario, se presenta oblicuamente, en diagonal, apoyando los pies magullados en el suelo.
   Es difícil determinar el lugar de origen de estas variantes. No obstante, parece que la escultura  alemana haya tomado el tipo de Cristo horizontal de la escuela de Bohemia y el Cristo en diagonal, del cual se ven numerosos ejemplos en Westfalia de la escuela de pintura de los Países Bajos, especialmente de Van der Weyden y de Dirk Bouts que habían, uno y otro, adoptado esta preceptiva. Es también el concepto que prima en la Pitié de Villeneuve de Aviñón (Louvre), la más monumental del arte de la Edad Media.
B) Cristo a los pies de la Virgen
   Este grupo de la madre y el hijo adulto que ella apenas puede sostener sobre sus rodillas, fue abandonada a partir del Renacimiento por un arte más preocupado por las proporciones y la lógica. A partir de ese momento casi siempre se ve el cuerpo de Cristo simplemente apoyado contra las rodillas de su madre. El grupo pierde así su profunda unidad, el acento de intimidad y ternura desgarradora, pero gana en verosimilitud y en armonía estructural.
     Esta preceptiva que reemplaza el esquema gótico no es -tal como lo creyera Mâle- una innovación introducida después del concilio de Trento por la iconografía revisada y corregida por la Contrarreforma. Pueden citarse ejemplos a partir del siglo XV, como el Vesperbild de la iglesia San Cristóbal, en Maguncia. Lo cierto es que esta fórmula ha sido adoptada por el arte barroco italiano (Correggio, Carracci) del cual pasó enseguida a España y a los Países Bajos.
   Aunque no pueda  servir como principio  de clasificación,  porque su actitud siempre la misma, el personaje de la Virgen no es menos importante que el de Cristo: la verdad de la expresión del dolor maternal la convierte en uno de los más bellos temas de estudio de la historia de la plástica.
   Es sobre todo el arte francés de los siglos XV y XVI el que ha sacado partido de este tema con una admirable delicadeza en la expresión de los sentimientos, que contrasta con las exageraciones germánicas.
   A veces María observa llorando el cuerpo inerte de su Hijo desfigurado, cuyos brazos rígidos no consigue cruzar; otras, lo abraza con todas sus fuerzas para impedir que los sepultureros se lo quiten.
   El arte español gótico y barroco introdujo en este tema vesperal un ardor más sombrío, y una suerte de voluptuosidad del dolor que está de acuerdo con el carácter de este pueblo.
   Muchas veces la Piedad suele combinarse con el motivo de la Dolorosa (Nuestra Señora de las Angustias) o Virgen de los cuchillos, que España tomó de los Países Bajos. Se encuentran ejemplos de esta amalgama en Sigüenza y en Calatayud (colegiata de Santa María).
   Subrayemos finalmente que en el arte de la Edad Media se encuentra una variante menos difundida de la Piedad de Nuestro Señor (Not Gottes): en vez de estar extendido sobre las rodillas de su Madre, Cristo muerto está sobre las rodillas de Dios Padre.
   A diferencia de numerosos temas religiosos de la Edad Media de los cuales se ha retirado la vida, éste, tan profundamente humano, ha conservado hasta nuestros días su conmovedora eficacia. Todavía se descubren bellos ejemplos en el arte francés de los tres últimos siglos.
2.  La Virgen de las siete Espadas
   Después del Enterramiento de Cristo, la Virgen queda sola con su dolor: por ello en España se la llama Virgen de la Soledad.
   Una iglesia de Roma está dedicada a S. Maria delle Sette Dolori.
   Se la representa con las manos juntas y gruesas lágrimas que corren por sus mejillas.
   Para volver más sensible el dolor de la Virgen se imaginó simbolizarla con una espada que le atraviesa el pecho. El origen de esta representación es la profecía del anciano Simeón (Luc 2: 35) que anuncia a la Virgen el día de la Presentación de Jesús en el Templo, que una espada de dolor le atravesará el alma: Tuam animam pertransibit doloris gladius.
   ¿Cómo se pasó de la Virgen con una espada a la Virgen de las siete espadas? Por la devoción a los Siete Dolores (Septem tristitiae) que se oponen simétricamente a los Siete Gozos de la Virgen (Septem Gaudia B.V. Mariae).
   A partir del siglo XIII se ve aparecer la devoción a los Siete Gozos de la Virgen, popularizada por la orden toscana de los servitas (Esclavos de la Virgen). La devoción a los Siete Dolores es más tardía: fue en 1423 cuando el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen «la fiesta de las angustias de Nuestra  Señora».
   Hasta el siglo XIV todavía se veneraban sólo Cinco Dolores de la Virgen. En el si­glo XV el número se llevó a siete, que se corresponde con las Siete Caídas de Cristo en el camino del Calvario. La lista no varía demasiado,  salvo en lo relativo al primer Dolor de Nuestra  Señora, que es tanto la Profecía de Simeón como la Circuncisión.
1. Profecía de Simeón (o la Circuncisión);
2. Huida a Egipto;
3. Pérdida del Niño Jesús que permanece en el Templo en medio de los doctores;
4. Cristo con la Cruz a Cuestas; 
5. La Crucifixión;
6. El Descendimiento de la Cruz;
7. El Entierro.
   Así, de los Siete Dolores de la Virgen, tres son relativos a la Infancia y cuatro a la Pasión de Cristo.
Iconografía
   H. Gaidoz hace derivar este tema de la Transfixión de la Virgen a un cilindro caldeo que representa a la diosa asiria Istar.
   Más recientemente, J. Baltrusaitis ha reconocido en el tema de la Virgen de los Siete Dolores la transposición o adaptación de un tema planetario del que se encuentran numerosos ejemplos en el arte de la alta Edad Media.
   Los círculos astrológicos de los siete Planetas habrían comenzado por engendrar el tema de los Siete Dones del Espíritu Santo irradiando alrededor del pecho de Cristo.
   De allí se habría pasado con toda naturalidad a la representación de los Siete Dolores de la Virgen. Para ello bastaba transformar los rayos de la Sabiduría Divina en haz de espadas, y reemplazar en el interior de los tondos las palomas del Espíritu Santo por  los Dolores  de Nuestra  Señora.
   Sea cual fuere el interés de estas remotas e hipotéticas filiaciones, lo más prudente es atenerse a los orígenes directos del tema que podemos situar en el tiempo y en el espacio con extrema precisión.
   La devoción y la iconografía de la Virgen de las siete espadas nacieron en Flandes a finales del siglo XV. Fue Juan de Coudenbergbe, cura de San Salvador de Brujas, quien organizó la primera cofradía de la Virgen de los siete Dolores; y fue Margarita de Austria, gobernante de los Países Bajos, quien fundó, también en Brujas, el primer convento consagrado a Nuestra Señora de los Siete Dolores, y quien ofreció a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo que la menciona. Finalmente, es en un grabado dedicado a Carlos V, publicado  en Amberes en 1509, donde se ven por primera vez las siete espadas dispuestas en abanico.
   Este tema correspondía demasiado bien a las tendencias generales del arte patético de finales de la Edad Media, como para volverse popular. De Flandes marítimo, que fue su cuna, pasó a Francia y a la Alemania renana. Pero no se mantuvo inmutable: experimentó una evolución en la que pueden detallarse las etapas sucesivas de esta manera:
   Los Siete Dolores de la Virgen en principio están representados simbólicamente por siete espadas. Luego, cada espada tuvo un pomo ornamentado con un tondo que representa uno de los Dolores. Pero al final las espadas desaparecieron y la Virgen apareció rodeada sólo por una aureola de siete tondos.
1. Las siete espadas
   La agrupación de las espadas comporta numerosas variantes. En la mayoría de los casos, las siete espadas reunidas en haz atraviesan el corazón de la Virgen. Están, ya dispuestas en círculo, ya agrupadas lateralmente con la punta hacia arriba, cuatro de un costado y tres del otro.
   En el siglo XVII Van Dyck imaginó renovar esta composición disponiendo las siete espadas alrededor de la cabeza de la Virgen, como los rayos de un nimbo. Pero esta innovación no tuvo éxito.
   A veces, Cristo en el lagar forma pareja con la Virgen de las siete espadas.
2. Los siete tondos
   Este ovillo de espadas erizando el corazón o la cabeza de la Virgen tenía el inconveniente de ser poco plástico y, además, insuficientemente explícito. Los fieles deseaban saber cuales eran los dolores que habían atormentado a Nuestra Señora durante su «Compasión». Para satisfacer este deseo no había otro medio que reeemplazar el haz de espadas simbólicas por tondos explicativos. En principio, se intentó combinar las espadas y los tondos; luego, la segunda versión, favorecida por el ejemplo del Rosario, acabó por eliminar a la primera.
   La Virgen está sentada al pie de la cruz, con las manos juntas o cruzadas sobre el pecho. A veces es una Virgen de la Piedad que tiene a Cristo muerto sobre las rodillas. Alrededor de ella los tondos historiados, dispuestos como las grandes cuentas de un rosario, evocan sus angustias.
   Es el arte flamenco del siglo XVI el que ofrece los ejemplos más numerosos de este tema y de sus aspectos sucesivos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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