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domingo, 5 de abril de 2026

La imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen del Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.  
     Hoy, 5 de abril, es Domingo de Resurrección. Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: La Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
     En este día Dios nos ha abierto las puertas de la eternidad por medio de su Unigénito, vencedor de la muerte, y pedimos ser renovados por el Espíritu Santo para resucitar a la luz de la vida (cf. 1.ª orac.). Hoy es el día en que actuó el Señor. La piedra que desecharon los arquitectos —Cristo en su pasión— es ahora la piedra angular una vez que ha resucitado (cf. sal. resp.). Y creemos en este misterio gracias al testimonio de los apóstoles que comieron y bebieron con él después de su resurrección (1 lect.) y vieron el sepulcro vacío (Ev.). A partir de ahí, una vez que por el bautismo hemos resucitado con Cristo, busquemos los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios (2 lec.) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla.
     El Convento de Madre de Dios de la Piedad, se encuentra en la calle San José, 4; en el Barrio de San Bartolomé, del Distrito Casco Antiguo.
     En el primer antecoro alto, hay un altar de estilo neoclásico en el que se encuentra una talla de madera policromada de Jesús Resucitado. De tamaño natural, mide un metro setenta y tres centímetros, la realizó Gerónimo Hernández entre 1571 y 1573 y constituye junto a las esculturas ya citadas de Santo Domingo y Santa Catalina de este mismo autor, las obras más valiosas desde el punto de vista artístico que hay en los coros y antecoros del monasterio. La imagen fue encargada a este artista para sustituir al Dios Padre que había en el ático del primitivo retablo mayor de la iglesia, siendo reemplazado con posterioridad en este espacio por un Crucificado con la Virgen y San Juan, obra también del tantas veces citado escultor abulense. La imagen es uno de los magníficos Resucitados de rasgos apolíneos que talló este artista, y que presenta una curva típica de las esculturas clásicas, mientras su cuerpo, en posición algo levantada, se apoya sobre el pie derecho y mantiene los brazos separados y los dedos centrales estirados. Es de madera policromada pero actualmente ha perdido bastante del estofado y no se encuentra en buen estado, destacando del conjunto de la imagen el paño de pureza que también es de talla. Si comparamos esta escultura con el Resucitado de la parroquia sevillana de la Magdalena que este artista hizo diez anos después, aún no se nota la blandura en las formas aunque también puede explicarse este hecho, pues se hizo para el ático de un retablo y no para ser colocado en la parte baja de un altar (Carmen Calderón Benjumea, y José Antonio Calderón Benjumea, El Real Monasterio de Madre de Dios de Sevilla. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 2004).
     Se trata de un retablo compuesto por un banco y un sólo cuerpo centrado por un arco sóleo, realizado en estilo neoclásico hacia 1767-1800.
     El banco lo conforma una mesa de altar realizada en madera pero policromada y dorada imitando mármoles policromos, propio del gusto neoclásico. 
     El único cuerpo del retablo está formado por un gran arco sóleo de medio punto y un remate adintelado. Éste arco alberga una figura de Jesús Resucitado, obra de Jerónimo Hernández, en 1571-73, procedente del ático del primitivo retablo mayor de la iglesia conventual. Obra escultórica en la que se representa a Cristo Resucitado centrando el retablo de la misma advocación y conjugando armoniosamente con la decoración pictórica de la obra retablística. Cristo aparece con barba y larga cabellera que deja caer sobre sus hombros y extiende sus brazos hacia ambos lados. Es una figura grandiosa y monumental que aparece desnudo con tan sólo un paño de pureza dispuesto de forma sencilla. Se trata de una representación armoniosa de la figura humana, de cuerpo apolíneo y desnudo atlético. Flexiona sus piernas adoptando una cierta actitud manierista. Junto a éstas características la figura se encuentra animada por una expresión de belleza moral y platónica. Esta obra perteneció al ático del primitivo retablo mayor de la iglesia conventual. Fue el único tema de imaginería que se especifica en el contrato del retablo al precisar el promotor que se sustituyese en el ático el Dios Padre que figuraba en la traza por un Cristo de la Resurrección.
     El interior del retablo se encuentra decorado por una serie de pinturas murales situadas en los laterales, el fondo y el intradós del arco, desarrollándose un programa compositivo que se conjuga perfectamente con la figura escultórica del Resucitado. 
     Así en la parte izquierda del retablo encontramos, en la parte inferior, un tondo con la figura de Santa Catalina. Sobre éste aparece otra escena con la Magdalena acompañada por una serie de santas. La parte central, cubierta en parte por la figura del Resucitado, se ocupa por un paisaje en el que se representan las figuras de dos ángeles junto a una serie de motivos vegetales. 
     En la parte derecha de la obra se representa un tondo con la figura de Santa Inés. Sobre éste aparecen las figuras de una serie de santas portando objetos en sus manos.
     En el intradós encontramos en la parte central la representación del Cordero Místico acompañado por ángeles músicos. Por último en las enjutas de los arcos encontramos dos tondos con las figuras de la Virgen, a la izquierda, y San Juan a la derecha (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor las Tradiciones evangélicas canónicas y apócrifas, explicaciones racionalistas, y la Iconografía de la Fiesta de La Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
      La Resurrección de Cristo, que garantiza la de los muertos gracias a la ecuación Christianus alter Christus, es el dogma esencial de la religión cristiana. Según san Agustín, si se retira la fe en la resurrección, toda la doctrina cristiana se derrumba. Pero la fe en un dios que muere y resucita no es en absoluto exclusiva y específicamente cristiana. Se trata de una creencia universal que se encuentra en la mayoría de las religiones antiguas: entre los egipcios, en el culto de Osiris; entre los sirios, en el de Adonis. Ha sido inspirada por la alternancia de las estaciones, el renacimiento de la vegetación después de la muerte aparente del invierno. Debe señalarse que, efectivamente, las fiestas de la Resurrección divina: las de Adonis, y la Pascua cristiana, por ejemplo, coinciden con el despertar de la primavera.
Tradiciones evangélicas y explicaciones racionalistas

    Ninguno de los discípulos de Cristo pretende haber presenciado su Resurrección, que ocurrió sin testigos. Los Evangelios narran simplemente que cuando, tres días después de la Crucifixión en el Gólgota, las Santas Mujeres fueron al sepulcro a llevar perfumes, lo encontraron vacío. Un ángel estaba sentado sobre la piedra de la puerta de la tumba, corrida, y les anunció que Cristo había resucitado.
     La primera descripción detallada del milagro se encuentra en los escritos de Efrén el Sirio. De acuerdo con dicho autor, Cristo salió de la tumba para ascender al cielo inmediatamente.
     Para explicar la misteriosa desaparición del cuerpo del Crucificado, los judíos insinuaron que se trataba de una impostura de sus discípulos que habían sacado el cuerpo de su maestro de noche, en secreto, para dar crédito a la Resurrección. Los cristianos habrían inventado la leyenda de la tapa sellada y de la guardia apostada en el Santo Sepulcro.
     Los críticos racionalistas no descartan del todo la acusación judía de fraude, pero además proponen otras dos hipótesis. 
   lª. La muerte de Jesús sólo habría sido, como la de Lázaro, muerte aparente (Scheintod). En la cruz sólo habría perdido el conocimiento después de la lanzada, y lo habría recuperado en la gruta del sepulcro.
     2ª. Las Apariciones invocadas en apoyo del milagro, serían un fenómeno de autosugestión colectiva. Al no poder resignarse a la muerte de su maestro, los discípulos habrían creído verlo con los ojos, cuando en verdad él sólo habitaba en sus corazones.
     ¿Por qué la Resurrección ocurrió el tercer día después de la muerte? Ese triduum mortis se explica por la prefiguración bíblica de Jonás, que pasó el mismo tiempo en el vientre de la ballena, y también por la creencia popular que aseguraba que el alma y el cuerpo del difunto sólo se separaban definitivamente tres días después de la defunción.
El desacuerdo entre los evangelios canónicos y apócrifos
     Los Evangelios no concuerdan acerca del número de Santas Mujeres portadoras de perfumes, o Marías, cuyos testimonios constituyen, sin embargo, el fundamento de la creencia en la Resurrección.
     En el Evangelio de Juan (20: 1), sólo se habla de una Santa Mujer: María de Magdala. Mateo (28: 1 - 7), nombrados: María Magdalena y María Cleofás; Marcos (16: 1) cuenta tres: María Magdalena, María, madre de Santiago, es decir, María Cleofás, y María Salomé. Finalmente Lucas (24: 10), suma a las dos Marías un número indeterminado de Santas Mujeres («Juana y las demás que estaban con ellas»).
     Existen las mismas divergencias acerca del número de ángeles anunciadores. Juan no menciona ninguno, Mateo y Marcos hablan de un solo ángel sentado sobre la piedra del sepulcro. Lucas cree saber, por el contrario, que las Santas Mujeres se encontraron en presencia de «dos hombres vestidos de vestiduras deslumbran­tes».
   A pesar de estas diferencias de detalle, los cuatro evangelistas coinciden en un punto: para ellos, la Resurrección de Cristo es un retorno momentáneo de Jesús a la vida terrestre, porque hizo numerosas apariciones en Judea y en Galilea antes de Ascender al cielo cuarenta días más tarde. En los Evangelios apócrifos, por el contrario, la Resurrección se confunde con la Ascensión. Cristo resucita para ascender al reino de los cielos de inmediato.
Iconografía
     Esas diferencias en los textos evangélicos y en la tradición explican la falta de fijeza de la iconografía.
     En la evolución de este tema pueden distinguirse tres fases:
   1. La Resurrección simbólica .
   2. La Visita de las Santas Mujeres al Sepulcro.
   3. Cristo saliendo del sarcófago.
   4. Cristo planeando encima de su tumba.
1. La Resurrección simbólica
     La Resurrección comenzó por ser representada simbólicamente, igual que la Crucifixión, mediante una cruz desnuda (crux nuda), rematada en el monograma de Cristo. En el sarcófago de la Pasión del Museo de Letrán, el crisma está inscrito en una corona que picotean dos pájaros posados sobre el travesaño de la cruz. Abajo de ésta hay dos guardianes sentados, uno despierto y otro dormido; lo cual prueba muy bien que se trata de un símbolo de la Resurrección y no, como se ha pretendido, de la  Crucifixión.
     Más tarde, el arte prefigurativo inspirado por los teólogos recurrirá a tipos tomados del Antiguo Testamento o de los Bestiarios.
     La Biblia moralizada no enumera menos de cinco prefiguraciones de la Resurrección:
     l. José liberado de la prisión es invitado a comparecer ante el faraón, como Jesús salido de la tumba ante Dios Padre.
     2. Sansón mata mil filisteos con una quijada de asno, así como Cristo resucitado pone en fuga a sus enemigos.
     3. David huye de la casa de Saúl con la complicidad de su mujer, Micol que pone un maniquí en su cama; los soldados sólo encuentran un simulacro. Los guardianes del Santo Sepulcro ven la tumba vacía.
     4. Tobías captura el pez del Tigris que se disponía a devorarlo.
     5. Jeremías es extraído de la cisterna donde había sido sepultado.
     Las dos prefiguraciones bíblicas más usuales son Jonás saliendo tres días después de ser tragado del vientre de la ballena y Sansón arrancando las puertas de Gaza con sus hombros. Esos dos símbolos son los que más armonizan con la Bajada al Infierno de los justos, que en la Iglesia griega es la imagen de la Resurrección propiamente dicha, puesto que el monstruo que vomita a Jonás es asimilado a Leviatán, y las puertas de la ciudad de Gaza prefiguran las puertas del Infierno derribadas por Cristo. El Speculum Humanae Salvationis suma a Sansón y a Jonás numerosos símbolos tomados de los Bestiarios. Los más populares son el león que resucita a sus cachorros mediante su rugido, el fénix que renace de sus cenizas, el pelícano que reanima a sus polluelos con la sangre de su pecho abierto. Pero también allí la asimilación deja mucho que desear, puesto que no es el león o el pelícano quienes se pueden comparar con Cristo resucitado, sino los hijos de éstos.
     Los ejemplos más bellos son el púlpito recubierto de esmaltes champlevé de Klosterneuburg, ejecutado en 1181 por Nicola de Verdun, y una vidriera prefigurativa de la catedral de Bourges.
     Estas representaciones prefigurativas, popularizadas por la Biblia moralizada, la Biblia Pauperum (de los Pobres) y el Speculum Humanae Salvationis, persistieron hasta finales de la Edad Media.
2. Las tres Marías en el Santo Sepulcro
     Hasta el siglo XIII el arte cristiano de Occidente evocó la Resurrección de Cristo en la forma indirecta de Las Santas Mujeres en el Sepulcro. Por otra parte, esta es la única representación que está de acuerdo con el relato de los Evangelios.
     Pero en ciertos ciclos, antes de Las Santas Mujeres en el Sepulcro se sitúa una escena pictórica popularizada por el teatro de los autos sacramentales: La compra de los perfumes.
     1. Las santas mujeres y los vendedores de perfumes
     Antes de dirigirse hacia el Sepulcro, las Santas Mujeres compran perfumes para embalsamar el cuerpo de Jesús y preservarlo de «la mordedura del gusano» .
     La idea de embalsamar un cadáver sepultado dos días antes resulta poco verosímil, pero se necesitaba un motivo que condujese a las mujeres a la tumba. Así se explica la leyenda de las Santas Mujeres.
     Este episodio fue popularizado por los Misterios de Pascua, en los cuales la escena del comerciante de perfumes (unguentarius, apothecarius, mercator) fue desarrollado con complacencia e inspiración cómica. Las compradoras se dirigen sucesivamente a dos comerciantes, uno joven y otro viejo, para quedarse con la mejor oferta, de pie frente al mostrador, las Santas Mujeres hacen pesar los perfumes en una balanza.
     Esta escena mercantil, que divertía a los espectadores del teatro de los Misterios, parece haber sido especialmente  popular en Provenza a causa del culto de la Magdalena del Santo Bálsamo (Madeleine a la Sainte-Baume) y del culto de las Santas Marías en Camargue. En cualquier caso, es allí donde la escultura románica nos ofrece los ejemplos más antiguos y numerosos. Ese tema pasó desde Provenza al norte de Italia, a Cataluña y al sur de Alemania.
     2. La visita de las santas mujeres al sepulcro
     En el arte bizantino, el Santo Sepulcro tiene forma de «tugurium», es decir, de capilla sepulcral con apariencia de cabaña, edificada en la rotonda de la iglesia de la Resurrección de Jerusalén. Los artistas  de Occidente, menos familiarizados con los monumentos de Tierra Santa, la reemplazan con un sarcófago.
     Las Santas Mujeres son ya tres, ya dos, según los artistas se inspiren en el Evangelio de Marcos o en el de Mateo. La primera balancea un incensario.
     Sobre la piedra retirada del sarcófago está sentado «el joven vestido de una túnica blanca», asimilado a un ángel alado. Señala con el dedo la tumba vacía o a veces, como en Orvieto, el cielo a donde ha ascendido Cristo.
     Con frecuencia las Santas Mujeres son acogidas en la entrada del Sepulcro por dos ángeles luminosos.
     Sobre una cara de un capitel de Módena se representa una escena procedente del teatro litúrgico que no se encuentra en otros sitios: María Magdalena se desmaya sobre la tumba de Cristo al tiempo que María «la de Santiago» y María Salomé intentan levantarla.
     A veces el tema de la visita de las Santas Mujeres y el de la Resurrección están asociados en una misma composición. En la arquivolta de la portada de Trogir (Trau), en Dalmacia, que data del siglo XIII, se ve a Cristo de pie ante su sarcófago, que acoge por sí mismo a las Santas Mujeres. En la pintura del siglo XIV pueden citarse numerosos ejemplos de esta amalgama en la escuela de Giotto (Taddeo Gaddi), en la escuela de Bohemia (Maestro de Hohenfurt, miniatura de L. de Klettau (Biblioteca Municipal de Zittau) y en el arte alemán (Miniatura del Perikopenbuch del arzobispo Kuno von Falkenstein (1380, Biblioteca de Tréveris). Las tres Santas Mujeres ya no son advertidas por el ángel, pero se prosternan ante Cristo resucitado que se les aparece in corpore.
3. Cristo saliendo de la tumba
     Fue a partir del siglo XI cuando se vio la Resurrección representada ya no bajo el velo del símbolo, sino como un hecho. El punto de partida sería una miniatura del Evangeliario de Munich procedente del scriptorium de Reichenau.
     Esta representación no se apoya en texto evangélico alguno, pero respondía a una necesidad de la fe popular.
     Se comenzó por representar a Cristo saliendo del sarcófago; fue en el siglo XIV cuando, a consecuencia de una contaminación con el tema de la Ascensión, se lo representó planeando encima de su tumba.
El origen del tema
     Cómo explicar este cambio, de fundamental importancia en la iconografía de la Resurrección, de la representación simbólica por la representación real; es decir, de Las Santas Mujeres en el Sepulcro por la Resurrección.
     Se han invocado influencias de la puesta en escena de los autos sacramentales de la Pasión. Pero en el Auto de Pascua, donde las Santas Mujeres estaban representadas por tres diáconos, sólo se anuncia la Resurrección. Entre los ángeles y las tres Marías se establece un diálogo:
          Quem quaeritis in sepulchro, christicolae? 
          Jesum Nazarenum crucifixum, o coelicolae. 
          Non est hic; surrexit, sicut praedixerat.
          Ite, nuntiate quia surrexit de sepulchre.
     De manera que Cristo resucitado no aparece personalmente en la escena. Por ello no puede atribuirse a la influencia de los autos sacramentales la idea de representar a Cristo saliendo de la tumba.
     Según Efrén el Sirio, que asimila la Resurrección con un segundo Nacimiento de Cristo, éste habría salido sin fractura de su tumba sellada (sepulcro clauso),  de la misma manera que en su nacimiento había salido del vientre intacto (utero clauso) de la Virgen, sin romper el sello de su virginidad.
     Desde el punto de vista iconográfico es muy interesante ver la variedad de soluciones que el arte de la Edad Media ha dado a un problema particularmente difícil de resolver.
     No existen menos de cinco, sin contar las variantes secundarias.
     1. Cristo se incorpora en su sarcófago (Christus in sepulcro).
     2. Apoya un pie sobre el borde.
     3. Pasa la pierna fuera del sarcófago (Christus uno pede extra sepulcrum).
     4. Está de pie ante el sarcófago (Christus extra sepulcrum).
     5. Se mantiene de pie sobre la tapa (Christus supra sepulcrum).
     Sea cual fuere el partido adoptado, Cristo resucitado siempre está caracterizado por una cruz estandarte que es el símbolo de su victoria sobre la muerte.
     A pesar de este emblema, la mayoría de estas actitudes nada tienen de triunfal. El arte de finales de la Edad Media con frecuencia resulta indecoroso, y por amor a lo pictórico, cae en la trivialidad. Así es como un artista primitivo alemán de la escuela hanseática, el Maestro Francke, en un retablo de 1424 (Museo Hamburgo), en lugar de representar a Cristo pasando la pierna por el borde del sarcófago de frente, lo muestra esquivándolo por detrás, como un ladrón furtivo que temiese despertar a los guardianes dormidos. Esta evasión clandestina, de la cual pueden encontrarse otros ejemplos en las miniaturas alemanas, tiene algo que resulta chocante. Con el mismo espíritu, el arte germánico representa a Cristo poniendo cuidadosamente en su sitio la tapa de su sarcófago, para hacer creer que ha salido de él milagrosamente. 
   Otra particularidad del arte alemán consiste en representar a Cristo resucitado saliendo de un sarcófago sellado, sin romper y ni siquiera levantar la tapa. (Das Durchsteigen des geschlossenen Sargs, Der Aufstieg aus dem geschlossenen Grabe).
     Puede imaginarse con facilidad que esta manera un tanto familiar de reprsentar el misterio de la Resurrección no debía contar con universal aprobación. El pie sacado de la tumba no duró mucho en Alemania. En Italia y Francia se prefirió mostrar a Cristo apoyando el pie sobre el borde de su sarcófago, como un vencedor que holla la cerviz de su enemigo; y también erguido sobre la tapa como sobre un pedestal (vidriera de Bourges, miniatura de Jean Colombe en las Muy Ricas Horas de Chantilly, Perugino, Bissolo).
     El Cristo resucitado, sentado sobre su tumba en la actitud de un juez, que se ve en una miniatura alemana del siglo XV, es sólo una curiosidad iconográfica.
4. Cristo planeando encima de su tumba
     Con Cristo de pie sobre la tapa de su sarcófago como sobre un trampolín que lo impulsará hasta el cielo, la iconografía se encamina hacia una cuarta fórmula de la Resurrección: Cristo transfigurado flotando en una mandorla. Esta Resurrección ascensional se confunde con la Transfiguración y la Ascensión.
     Aparece en el arte italiano a principios del siglo XIV. El honor de esta innovación corresponde a Giotto y a su escuela. En la capilla de los Españoles, Andrea da Firenza hace planear a Cristo resucitado encima de tres Santas Mujeres. Con Fra Angélico y Perugino, este tema se independiza de sus vínculos con el motivo arcaico de las Santas Mujeres en la gruta sepulcral, y elimina las otras fórmulas.
     Alcanza su apogeo en la Resurrección pintada en 1580 por Tintoretto, para la Escuela de San Rocco. Unos ángeles hercúleos derriban la piedra que tapa la entrada de la tumba, y Cristo sale de allí como un cohete vivo. Ya no planea, sale literalmente disparado, como un proyectil. Es la más dinámica de todas las Resurrecciones.
     Otra originalidad de la escuela italiana es, a veces, el reemplazo de los vigilantes que montan guardia alrededor de la gruta sepulcral por apóstoles o santos. Por eso, en un grabado de Mantegna, Cristo resucitado está acompañado por san Andrés y san Longinos, patrones de Mantua. El cuadro del Museo de Berlín, atribuido a Leonardo da Vinci, muestra a los pies de Cristo que toma impulso, a san Leonardo, patrón de los presos, y a santa Lucía, que presenta sus ojos sobre una bandeja: esos dos santos en adoración simbolizan el desapego a la vida terrenal.
     Por un singular fenómeno de retraso, el motivo de Cristo planeando fue exclusivamente italiano desde comienzos del siglo XIV hasta finales del siglo XV. A principios del siglo XVI fue adoptado por las escuelas alemanas: por Durero, en un xilografía de la Pasión Grande, y por Mathis Nithart, en un postigo del retablo de Isenheim. Pero este tipo de Resurrección triunfal nunca se adaptó bien al norte de Europa, y contradice el espíritu de la Reforma. En su cuadro de la Pinacoteca de Munich (1639), Rembrandt retorna a una concepción completamente diferente. Un ángel levanta la piedra de la tumba y Cristo, aún envuelto en fajas, se pone de pie penosamente, como un nuevo Lázaro. Es exactamente lo contrario del Cristo bólido de Tintoretto, lanzado hacia el cielo como un proyectil.
Correcciones de la iglesia católica después de la Contrarreforma
     Los teólogos de la Contrarreforma sometieron a severas críticas la iconografía de la Crucifixión, que en 1730 formuló Juan de Ayala en su Pictor Christus eruditus. Según dicho autor, es un grosero error representar a Cristo saliendo de la tumba abierta, con un pie fuera del sarcófago (uno pecte extra sepulcrum, altero autem cum crure jamjam prodeunte). Tampoco aprueba la representación de Cristo planeando (sublevatus in aere), que se parece demasiado a una Ascensión. Lo mejor es representarlo ante o sobre la tumba cerrada (extra vel supra sepulcrum). Su cuerpo resplandeciente, inmaterial (sine mole et pondere), revestido con un lienzo rojo, debe mostrar las llagas.
     Juan de Ayala considera que al representar a los soldados dormidos se injuria la disciplina del ejército romano (sic). Y cree imposible que todo el cuerpo de guardia se haya dormido; por lo menos uno de los guardianes debe permanecer despierto.
     En cuanto a la asistencia, deben ser eliminados todos sin excepción, puesto que según los Evangelios, ninguna criatura mortal asistió al milagro de la Resurrección (a nullo prorsus mortalium visum). La Virgen tampoco debe estar presente. En la escena no caben ni soldados precipitándose sobre sus armas ni un perro que ladre.
Los guardianes
     Como ya hemos señalado, la presencia de guardianes alrededor del Sepulcro es completamente ignorada por Marcos, Lucas y Juan. Fueron introducidos posteriormente en la leyenda y en la iconografía por razones apologéticas, con el objeto de refutar la acusación de los judíos, que insinuaban que el cadáver de Cristo había sido retirado clandestinamente por sus discípulos.
     Acuclillados alrededor de la tumba, parecen dormir, a veces hasta roncan con la boca abierta, pero es sólo falsa apariencia o al menos no todos duermen. El sueño de los guardianes habría provisto argumentos a los judíos y habría parecido dar la razón a sus insinuaciones. Por ello es cierto que la intención de los artistas, y la de los teólogos que los guiaban, era representar a los guardianes no dormidos sino deslumbrados, paralizados y «como muertos», según la expresión de san Mateo (28: 4), al ver al divino resucitado.
     El número de guardianes es variable: a veces son tres o cuatro, pero en ciertas ocasiones se cuentan en tan gran número que rodean el sepulcro por todas partes como para hacer imposible toda tentativa de retirar el cuerpo, o de evasión (Jean Colombe, Muy Ricas Horas).
     En el teatro de los Misterios, Pilato los sitúa en los cuatro ángulos del Santo Sepulcro. Pero su agrupación presentaba grandes dificultades en los capiteles historiados. En Mozat, parecen dormir de pie, con la cabeza inclinada. En un capitel de Issoire, los tres guardianes están superpuestos.
     Lo más habitual es que estén acostados al pie de la tumba, pero a veces observan como vigías en lo alto de la torre sepulcral, detrás de las almenas (Libro de Perícopes de Salzburgo, Biblioteca Munich).
     Su indumentaria y armas son anacrónicos. No están vestidos como legionarios romanos sino como militares del tiempo de las cruzadas, con la cota de malla y el casco cónico provisto de nasal; llevan los escudos sujetos en la coronilla, como si estuvieran al pie de la muralla de un castillo. Sus ropas varían de acuerdo con la moda: en el Renacimiento usan los farsetos de los lansquenetes.
     Sus reacciones son muy expresivas, y a veces, hasta caricaturescas. Deslumbrados por la aparición, intentan taparse los ojos con una mano o el escudo. Los más valientes desenvainan la espada para partir al espectro; los otros consideran más prudente darse a la fuga. A veces uno de ellos se arrodilla en actitud de adoración: Longinos, el lancero, cuyos ojos se habían abierto a causa del milagro (Predela de Mantegna en el Museo de Tours).
     A veces Cristo apoya el pie sobre la cabeza o el pecho de uno de los guardianes que no parece advertirlo.
     No hay más espectadores que los guardianes. Los apóstoles están ausentes, la Virgen también. Sólo en la escuela catalana del siglo XV puede encontrarse excepcionalmente -simples curiosidades iconográficas- a la Virgen asistiendo a la Resurrección de su Hijo (Jaume Serra, Retablo de Huesca, Museo Barcelona). 
   Para explicar la ausencia de la Virgen, algunos comentaristas ingeniosos supusieron que ella pudo asistir al milagro, pero que los evangelistas juzgaron preferible no hacerla intervenir porque el testimonio de una madre habría resultado sospechoso y sin valor probatorio.
Los príncipes de los sacerdotes corrompen a los guardianes
Mateo, 28: 11 - 15.
     Para desacreditar los testimonios de los judíos que pretendían que el cadáver de Jesús había sido robado durante la noche por los discípulos, Mateo agrega que los guardianes informaron a los «príncipes de los sacerdotes" acerca de la desaparición de su prisionero, y que éstos, después de deliberar, les dieron «bastante dinero» a condición de decir que los discípulos de Jesús habían aprovechado que ellos dormían para hacer desaparecer el cuerpo.
     A pesar de su carácter apologético, este episodio ha sido escasamente ilustrado por el arte cristiano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Jerónimo Hernández, autor de la imagen que preside la obra reseñada;
     Jerónimo Hernández de Estrada, (Ávila, c. 1540 – Sevilla, 27 de julio de 1586). Escultor.
     Nace en Ávila en torno a 1540, probablemente en la calle de la Albardería (hoy San Segundo). Hasta los trece años vivió con sus padres, Juan Hernández y Catalina de Estrada, vinculados al gremio de la carpintería.
     En 1533 se incorporó, como aprendiz, al taller de Juan Bautista Vázquez el Viejo. Cuando contaba con unos veinte años, se trasladó a Sevilla, juntamente con su tutor y maestro.
     El profesor J. M. Palomero Páramo, refiriéndose a la fecha en que comenzó su vida en Sevilla, escribe: “El inicio de la estancia ininterrumpida en Ávila de Juan Bautista Vázquez el Viejo y Jerónimo Hernández arranca de los meses centrales de 1560, tras asistir Jerónimo Hernández el 30 de marzo en Ávila a la partición de bienes de sus padres y cobrar Vázquez el 20 de abril del Cabildo de Toledo, el finiquito de las pinturas que hizo para la puerta del Perdón, de la Catedral Primada, con motivo de la entrada de Felipe II en la Ciudad Imperial” (Gerónimo Hernández, pág. 21).
     A finales de marzo o principios de abril de 1568, contrajo matrimonio con Luisa Ordóñez, hija del arquitecto Hernán Ruiz II. Tuvieron dos hijos, Jerónima de Estrada y Hernando Ordóñez, quien profesó en el monasterio trinitario de Santa Justa y Rufina, de Sevilla. Jerónima se casó con Francisco Arias Orduña en 1590. La familia vivió en la capital andaluza, la mayor parte del tiempo en el barrio de San Juan de la Palma. En Sevilla murió, posiblemente en la madrugada del 27 de julio de 1586, a los cuarenta y seis años de edad.
     “Cabe fijar —escribe Palomero Páramo— la formación escultórica de Gerónimo Hernández en el círculo berruguetesco de Juan Bautista Vázquez el Viejo [...] y la arquitectónica en el taller de su suegro Hernán Ruiz II, viéndose completada esta última con la lectura de los tratadistas italianos del Manierismo, en cuyo obrador poseyó ‘sesenta libros grandes e pequeños de toscano y latín’, y el contacto personal que mantuvo con Pedro Díaz de Palacios, Maestro Mayor del Arzobispado y de la Catedral, que en 1581 introducía la tipología del retablo romanista en la región cancelando el recetario plateresco [...] La influencia que en la composición de sus retablos ejercieron determinadas fórmulas de Serlio y Palladio revelan la consulta que hizo de estos códigos arquitectónicos y la existencia de los mismos en su taller [...] A través de su obra, el relieve de San Jerónimo Penitente, de 1566, se revelan ya dos características esenciales que se hacen permanentes en toda su producción: una formación castellana de raíz berruguetesca de su maestro J. B. Vázquez el Viejo, y unas condiciones singulares para el modelado y el dibujo” (págs. 39-40). En 1573 se sometió a las pruebas requeridas y obtuvo el título de “Maestro en el arte de escultor, entallador de romano y arquitecto”.
     Aprendieron con él, además de Bartolomé Gaspar Adán, Diego de Robles, Juan Martín Nieto, Pedro Gómez, Crisóstomo Mena, Juan Manuel. El maestro manifestó en su testamento que tenía en su taller cuatro aprendices. Uno de los citados, Diego Robles, que pasó a Ecuador donde trabajó y dejó obras, como la Virgen con el niño (santuario de Quinche), datada en 1586, prolongó en América el estilo de Jerónimo Hernández.
     Entre sus discípulos se encuentran Gaspar Núñez Delgado y Juan Bautista el Joven, hijo de su maestro y tutor. Asimismo recibieron enseñanzas suyas Andrés de Ocampo, Juan de Oviedo el Joven, Juan Martínez Montañés y Diego López Bueno, “como se advierte en sus obras y revela el romanismo escultórico de las mismas”.
     Mantuvo relaciones con otros muchos artistas, además de los citados, como el entallador Juan de Oviedo el Viejo, natural de Ávila, los escultores Diego de Velasco y Juan Bautista Vázquez el Joven, el pintor portugués Vasco Pereyra, que policromó casi todas las obras de J. Hernández, el platero Francisco Alfaro, etc.
     El profesor Palomero Páramo ofrece un catálogo documentado de las obras de Jerónimo Hernández.
     Clasifica las mismas en tres apartados: arquitectura; retablos, sagrarios y sillería; relieves e imágenes independientes.
     Son concretamente seis las obras que recoge en el apartado imaginería procesional, entre ellas el Cristo recibiendo el cáliz del ángel (Sevilla, capilla de Montesión, 1578), es uno de los mejores pasos de cuantos procesionan en Sevilla, y el Niño de Jesús (Sevilla, parroquia de Santa María Magdalena, 1581- 1582), imagen titular de la cofradía Dulce Nombre de Jesús, que se considera la contribución más importante de J. Hernández a la iconografía hispalense.
     Jerónimo Hernández, orientó la escuela sevillana de escultura por los cauces de la expresión que madurarían con Martínez Montañés, como lo demuestran sus creaciones iconográficas, la introducción de la tipología posbramentesca en la arquitectura de madera y la incorporación de una tendencia clásica, heroica y monumental en la imaginería, completamente ajena a la corriente estática y goticista que caracterizó a la generación del primer manierismo (Francisco López Hernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de Jesús Resucitado, de Jerónimo Hernández, en su retablo del antecoro alto del Convento de Madre de Dios, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Convento de Madre de Dios, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 12 de octubre de 2025

Procesiones de hoy, domingo 12 de octubre, Festividad de la Virgen del Pilar

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, domingo 12 de octubre, Festividad de la Virgen del Pilar, en Sevilla.         
     Hoy, domingo 12 de octubre, sigue el ciclo de las Glorias de Sevilla procesionando la Hermandades del Rosario de los Humeros, de la Virgen del Pilar, y de Madre de Dios del Rosario. Además tiene lugar la procesión extraordinaria de la Esperanza de Triana, con motivo de la Santa Misión conmemorativa del LXXV Aniversario de la proclamación del Dogma de la Asunción.
   
     Hdad. del Rosario de los Humeros: La Hermandad de Nuestra Señora del Rosario y Santo Cristo de la Paz; es ésta una corporación fundada en 1691, con sede canónica en la capilla del Rosario de los Humeros, siendo sus imágenes titulares Nuestra Señora del Rosario, talla anónima del siglo XVIII y atribuida a Jerónimo Roldán Serrallonga; y el Santo Cristo de la Paz, talla de Jerónimo Roldán Serrallonga en 1761.
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Rosario de los Humeros: www.humeros.org

     Hdad. de La Esperanza de Triana (Nuestra Señora de la Esperanza): La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1418, con sede canónica en la Capilla de Los Marineros y la Real parroquial de Señora Santa Ana,  siendo  sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra atribuida a Marcos Cabrera en torno a 1607; Nuestra Señora de la Esperanza, obra anónima del siglo XVII, remodelada por Juan de Astorga y posteriormente por Antonio Castillo Lastrucci en 1929, la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, obra de Miguel Franco en 1710; San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte en 1967; y la Sagrada Custodia, obra de Andrés y Antonio Osorio en 1726.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Esperanza de Triana: www.esperanza-de-triana.es  

     Hdad. del Pilar: La Primitiva, Real, Muy Ilustre y Fervorosa Hermandad de María Santísima del Pilar y Santiago Apóstol; es ésta una corporación fundada según la tradición en 1248, con sede canónica en la iglesia parroquial de San Pedro, siendo su imagen titular María Santísima del Pilar, talla anónima, atribuida a la escuela de Benito Hita del Castillo entre 1741 y 1748
Enlace a la web oficial de la Hermandad del Pilar: www.hermandaddelpilar.blogspot.com

 
   Hdad. de Madre de Dios del Rosario: La Antigua Archicofradía, Pontificia, Real e Ilustre Hermandad de Madre de Dios del Rosario, Patrona de Capataces y Costaleros; es ésta una corporación fundada en 1693 con sede canónica en la Real Parroquia de Señora Santa Ana, siendo su imagen titular Madre de Dios del Rosario, talla anónima de 1816.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Madre de Dios del Rosario: www.madredediosdelrosario.wordpress.com

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miércoles, 8 de octubre de 2025

Un paseo por el Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos), de Sevilla, dando un paseo por él.
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos) es, en el Callejero Sevillano, un barrio que se encuentra en el Distrito Cerro-Amate, delimitado por las vías avda. de Andalucía, c/ Vencejo, c/ Estornino, c/ Canderlería, glorieta Primero de Mayo, c/ Federico Mayo Gayarre, c/ Cruz del Sur, y glorieta Sergio Rodríguez Prat.
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos) lo componen las vías siguientes: c/ Acuario, c/ Alondra, plaza Andrómeda, c/ Azor, c/ Ballena, c/ Boyero, c/ Brújula, plaza Buho, c/ Buril, c/ Calandria, c/ Candelabro, c/ Candelario, c/ Candelas, c/ Candelera, c/ Candelería, c/ Candeleta, c/ Candelilla, c/ Candelón, c/ Candil, c/ Carena, c/ Celestino López Martínez, c/ Centauro, c/ Cigüeña, c/ Codorniz, c/ Colibrí, c/ Cráter, c/ Cruz del Sur, c/ Delfín, plaza Doctor Andreu Urra, c/ Dragón, c/ Escuadra, c/ Escultor, c/ Estornino, c/ Federico Mayo Gayarre, c/ Fénix, c/ Flamenco, c/ Galaxia, c/ Gavilán, c/ Gaviota, c/ Golondrina, c/ Gorrión, c/ Jilguero, c/ Lebreles, c/ Libra, c/ Lince, c/ Milano, c/ Mirlo, c/ Navío Argos, c/ Octante, c/ Orión, c/ Osa Mayor, c/ Pegaso, c/ Perdiz, c/ Perseo, c/ Pez Volador, c/ Pingüino, c/ Retículo, c/ Sagitario, c/ Serpentario, c/ Sextante, c/ Telescopio, c/ Tordo, c/ Tórtola, c/ Triangulo, c/ Vencejo, c/ Virgen de la Candelaria, y c/ Zorzal. 
     El Barrio, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, siendo el conjunto de vías urbanas con características homogéneas, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si. En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. 
     El Barrio de Los Pájaros (Los Pajaritos), de divide a su vez en cuatro barriadas, Los Pájaros (Los Pajaritos), Nuestra Señora de La Candelaria (Las Candelarias), Nazaret, y Madre de Dios.
Los Pájaros (Los Pajaritos).- Está situada al este de la ciudad y ocupa parte de los que antaño fueron los terrenos de la Hacienda Amate. En razón de su diferente aspecto morfológico y de las distintas etapas de su creación, se pueden distinguir tres núcleos fundamentales: Nazaret, la zona triangular y el área central. Nazaret y la zona triangular confluyen en esa área central, que, a su vez, linda con los barrios de Nuestra Señora de la Candelaria y Madre de Dios, y en la que están los edificios de servicio comunitario.
     El inicio de la construcción tuvo lugar en 1959, y en ese mismo año se inauguran las primeras viviendas, que se levantaron en el sector denominado Nazaret. En 1963 el Ayuntamiento procede a la construcción del mercado de abastos, y en 1964 el organismo promotor levanta el colegio Victoria Díez, e igualmente se procede a la edificación de la parroquia de Nuestra Señora de la Blanca Paloma. Después se fue construyendo la zona triangular. El promotor de la edificación fue el Real Patronato de Casas Baratas, y el autor del proyecto Fernando Barquín. Las construcciones de viviendas siguieron hasta 1970, año en que se levantó la franja que mira a la avenida de Andalucía. En esta zona los edificios muestran una calidad superior a los anteriores, y fue el Patronato Nazaret el que construyó 120 viviendas, en 1969, según proyecto de Rafael Arévalo Camacho, excepto uno de los bloques en colaboración con Luis Marín de Terán.
     Se trata de una barriada integrada por varios núcleos distribuidos en torno a un espacio abierto central, la plaza del Doctor Andreu Urra. El sistema viario está constituido por calles de trazado recto; la mayoría están pavimentadas y el acerado no es completo en todas ellas: algunas tienen sólo un metro de enlosado, quedando el resto hasta el borde de la calzada sin asfaltar. Aunque son más las de tráfico rodado, este sólo es significativo en las vías relevantes, como es el caso de Codorniz. La edificación está constituida por bloques adosados de tres o cuatro plantas, de baja calidad y pisos de reducidas dimensiones. Las diferencias con las otras dos barriadas colindantes o anejas, Madre de Dios y Nuestra Señora de la Candelaria, son escasas, tanto en el aspecto físi­co como en el vecindario y rasgos socioeconómicos. La mayor parte de sus calles llevan nombre de pájaros, a lo que debe su denominación, si bien es más conocida por el diminutivo Los Pajaritos: Alondra, Codorniz, Cigüeña, Gaviota, Golondrina, Gorrión, Jilguero y plaza del Doctor Andreu Urra.
Nuestra Señora de la Candelaria (Las Candelarias).- Recibe esta denominación de la huerta sobre la que la barriada está construida, y que estaba comprendida entre la Huerta de Madre de Dios y la Hacienda de Jesús, María y José. En el inicio de su construcción, los límites eran la Huerta Madre de Dios, al oeste; la Huerta de Santa Teresa, al este y la barriada de Nuestra Señora de Fátima, al sur, que se iniciaba entonces. Unida en el espacio y en el tiempo con las barriadas Madre de Dios, Nazaret y Los Pájaros, la separación con ellas es mucho mas teórica que real y efectiva, porque desde el punto de vista de su caracterización urbanística, arquitectónica y socioeconómica no hay grandes diferencias. En 1955 adquiere el Real Patronato de Casas Baratas la Huerta de la Candelaria, al este del núcleo urbano, al otro lado de lo que eran los muros de defensa contra las inundaciones, en la que se proyectaron 1.124 viviendas de tipo social, junto con los servicios comunitarios elementales. El proyecto lo firma Fernando Barquín y Barón y su realización se llevó a cabo con gran rapidez. En 1956 se procedía a su ocupación. El organismo promotor construyó dieciséis locales comerciales, parroquia, centro social y convento-colegio.
     El trazado de la barriada es ortogonal, formado por bloques de pisos de tres y cuatro plantas, separados por unos espacios públicos, que en muchos casos han sido cerrados por los vecinos, originando de este modo una especie de patio común, que utilizan como zona de desahogo, sobre todo como tendederos, ya que los edificios no poseen azoteas. En general, el sistema viario está constituido por calles bastante homogéneas entre sí, unas peatonales y otras de tráfico rodado; las calzadas están pavimentadas y también las aceras, aunque algunas de éstas se encuentran en mal estado de conservación. Quizás lo más destacable y lo que le da una mayor personalidad al barrio, son los dos patios comunicados entre sí, existentes entre Candelón y Candelabro. En torno a ellos existen bloques de viviendas de tres plantas, que dan directamente al patio las bajas y a una galería corrida las superiores, reproduciendo así la estructura característica de los corrales de vecinos tradicionales. En el centro de uno hay una fuente y en el otro una cruz de forja, imitación de la que hay en el barrio de Santa Cruz.
     La zona es residencial y la actividad comercial está protagonizada por un número relativamente grande de pequeño establecimientos, dedicados, en parte, a la venta de productos de consumo diario, que se concentran fundamentalmente en Candelería y su prolongación. Muchos de sus primeros ocupantes procedían de zonas deterioradas del sector norte del casco histórico, o de las arrasadas por las riadas del Tamar­guillo. El principal lugar de reunión y esparcimiento de la barriada es la plaza del Candil, llamada por los vecinos plaza o plazoleta de la Candelaria. En el barrio se celebra todos los años una procesión de la Virgen, que sale de la parroquia el domino siguiente a Pentecostés y recorre algunas calles de la barriada. El vecindario engalana las mismas, sobre todo el patio del Conde como llaman los vecinos a los dos patios allí existentes. También se organiza la procesión de la Cruz de Mayo, que es seguida con gran interés, incluso por gente de los barrios limítrofes. Sus calles fueron rotuladas en 1960 con nombres derivados de candela: Candelabro, Candelaria, Candelas, Candelera, Candelería, Candeleta, Candelilla, Candelón, Virgen de la Candelaria y la plaza del Candil.
Nazaret.- Debe su nombre a la promotora de la edificación, que fue el Patronato Diocesano del Hogar Nazaret. En realidad, esta barriada es uno de los núcleos de los tres de que consta la barriada de Los Pájaros. La construcción empezó en 1957, la entrega provisional de las viviendas se efectúa en 1961 y el autor es Antonio Delgado Roig. La barriada tiene forma rectangular, constituida por 31 manzanas, que se ordenan de forma paralela entre sí. Entre los bloques existen patios interiores que aunque inicialmen­te fueron concebidos para no ser cubiertos, con el tiempo se han ido cerrando y han quedado convertidos en lavaderos y zonas de desahogo. El sistema viario está constituido por calles de trazado recto, siendo las longitudinales de tráfico rodado, aunque éste es poco intenso, excepto en las vías relevantes, Estornino y Gaviota. Las calles transversales Pingüino, Milano y Azor son peatonales y las únicas que no están pavimentadas. Los edificios configuran una tipología homogénea, son de cuatro plantas y tienen todos un balcón en la primera y en el resto sólo ventanas.
     La barriada es residencial; la función comercial es poco importante, viéndose limitada a la existencia de algunas tiendas, que se encuentran en las calles transversales, que venden sobre todo artículos de consumo diario. Estos locales comerciales son debido al cierre de las manzanas que han dado lugar a un bajo y a un principal. La venta ambulante también se prodiga en el barrio, pero los vecinos prefieren el mercado que se encuentra ubicado en la barriada aneja de Los Pájaros, a la vez que participan de todos los demás edificios comunes, como son la iglesia parroquial de la Blanca Paloma y el colegio Victoria Díez. Comprende las si­guientes calles, rotuladas en l962 con nombres de pájaros: Azor, Calandria, Estornino, Flamenco, Gavilán, Gaviota, Milano, Mirlo, Perdiz, Pingüino, Tordo, Tórtola, Vencejo, Zorzal, y las plazas del Búho y de las Terreras.
Madre de Dios.- Su nombre es debido a que el espacio donde se asienta estaba ocupado por la Huerta Madre de Dios y parte de la de Candelaria, según plano de 1952. Promovida por la Obra Sindical del Hogar, se inició la construcción en 1960; se construyeron 1.964 viviendas y 12 locales comerciales. Los autores del proyecto fueron Rafael Arévalo Camacho e Ignacio Costa Valls. En 1962, promovido por el Instituto Nacional de la Vivienda, intercaladas en la promoción, se edificaron 192 viviendas más, y esta vez los autores del proyecto fueron Luis Recasens y Antonio de la Peña. Hoy, después de tantos años desde su construcción, continúa siendo una barriada inacabada en su infraestructura más elemental. Existe proyecto de reforma, que en parte se está llevando a cabo, como la apertura al tráfico rodado de la calle Celestino López Martínez y acondicionamiento de Casiopea y de la plaza de Andrómeda.
     La barriada está integrada por numerosos bloques de pisos, de dos, cinco y ocho plantas, y sus calles tienen nombres de constelaciones, galaxias e instrumentos astronómicos fundamentalmente. En general el sis­tema viario es bastante homogéneo; casi todas las calles son iguales, sólo se diferencian por su longitud. Son mayoría las peatonales, terrizas y con una hilera central de árboles. En los espacios abiertos se aprecia más la deficiente urbanización de la barriada como es el caso de la plaza del Astrolabio, que por su ubicación en el centro del barrio, una vez acondicionada, facilitaría su carácter de lugar de encuentro y de esparcimiento. La zona es residencial y la actividad comercial no es muy importante, viéndose limitada a la existencia de algunos pequeños establecimientos dedicados a proveer al vecindario de los productos de primera necesidad, que se concentran especialmente en algunos puntos, como la plaza del Zodiaco. La venta ambulante también se da, sobre todo en la plaza de Andrómeda, pero los vecinos prefieren el mercado, que se encuentra ubicado en la barriada colindante de Los Pájaros.
     La situación socioeconómica del vecindario es muy deprimida, y es muy alto el porcentaje de desempleo entre sus miem­bros. La marginación y la delincuencia son frecuentes entre la juventud, a lo que contribuye el tráfico de estupefacientes. Comprende: Acuario, Ballena, Boyero, Brújula, Buril, Carena,  Casiopea, Centauro, Cráter, Delfín, Dragón, Escuadra, Escultor, Fénix, Lebreles, Libra, Lince, Navío Argos, Octante, Orión, Osa Mayor, Pegaso, Perseo, Pez Volador, Retículo, Sagitario, Serpentario, Sextante, Telescopio, Triángulo y las plazas de Andrómeda, del Zodiaco y del Astrolabio [Ana Reguera Ramírez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
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lunes, 7 de julio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba.
     Sobre una clara colina se asienta el alargado caserío de calles rectilíneas, sobresaliendo la cúpula del Calvario. Montalbán, es decir, monte blanco. Sobre una clara colina se asienta el alargado caserío de calles rectilíneas que han recuperado sus nombres populares de siempre, como Ancha, Empedrada, Nueva, Agua, Amargura, Molino o Eras, que alternan con otros de homenaje a ilustres hijos, como el escultor Enrique Moreno o el político y pedagogo Eloy Vaquero. Por encima de los tejados sobresale la cúpula del Calvario cuyas tejas vidriadas brillan al sol.
     Villa situada al sur de la provincia a 10 Km. de la N-331.
     Distancia a Córdoba: 44 Km.
     Altitud: 280 m.
     Extensión: 34,5 Km2
     Habitantes: 4.621.
     Gentilicio: Montalbeños.
     Mancomunidad: Campiña Sur
     En la actual villa de Montalbán existió en época medieval un castillo -del que no se conservan vestigios- en torno al cual surgió la población. Estas tierras, conquistadas por Fernando III en 1240, tuvieron un destino paralelo al señorío de Aguilar, al que pertenecían. Constituido en mayorazgo en 1491, será vendido años más tarde al Alcaide de los Donceles, que a principios del siglo XVI cedió los derechos de compra al señor de Aguilar y marqués de Priego Pedro Fernández de Córdoba (Diputación Provincial de Córdoba).
     Desde que fue conquistada por Fernando III, entre 1240 y 1241, la villa de Montalbán estuvo ligada al señorío de Aguilar. En 1356 la compró Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, pasando a depender de una de las ramas de este linaje. Quedó luego vinculada al señorío de Montemayor en la persona de Alfonso Fernández de Montemayor. A principios del siglo XVI fue vendida a Pedro Fernández de Córdoba, quedando así integrada la villa en el marquesado de Priego hasta la caída del Antiguo Régimen (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      
Iglesia de Nuestra Señora de Gracia.-
     La construyó en 1965 el arquitecto diocesano Carlos Sáenz de Santamaría. Responde a un esquema de planta circular, con dos capillas ubicadas a ambos lados de la puerta de ingreso. Posee un patrimonio diverso, procedente de la antigua parroquia y de ermitas desaparecidas. En el presbiterio pueden contemplarse una imagen de Cristo de la Veracruz, cuya estética remite a modelos cordobeses del siglo XVI, y una talla de la Inmaculada de mediados del siglo XVIII, que sigue modelos de Duque Cornejo. A los lados cuelgan escudos nobiliarios tallados en madera. En el muro izquierdo, sobre una peana, se halla la imagen de San Francisco, patrón de la villa, talla de estética barroca andaluza. A continuación están las imágenes procesionales de Jesús Nazareno, fechada en 1643, y Nuestra Señora de los Dolores y San Juan, del XVIII. La capilla de este lado guarda una hermosa talla de San Mi­guel Arcángel, fechada en 1771, la urna para el Yacente, de madera tallada del XVIII, y la Virgen de las Angustias, obra anónima traída en 1809, con Cristo de estética barroca andaluza.
     En la parte derecha está la imagen de San José, del XVIII, y la capilla del Sagrario, que guarda restos de un frontal de plata marcado por Sánchez, al igual que la Puerta del Sagrario, decorada con el cáliz y la Forma, de hacia el año 1750. Hay además una talla pequeña del Crucificado de estética barroca, y un Niño Jesús sedente, del siglo XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Situada como fondo a una plaza dispuesta tangencialmente a la calle principal de Montalbán, su planta se basa en la contundencia formal de la elipse, provocando una volumetría cilíndrica de ladrillo visto. La cubierta plana expresa voladizo y se emancipa de la gravedad del apoyo mediante una abstracta vidriera de colores en geométrica celosía (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Madre de Dios.-
     Es una construcción del XVI, arreglada en 1680, con añadidos en el XVIII y restaurada en la década de 1990. Tiene tres naves con crucero y cabecera plana, cubierta con bóvedas de cañón y pequeña cúpula sobre pechinas. Preside la nave mayor un retablo de pinturas de la primera mitad del siglo XVII con hornacina central para la Virgen con el Niño, talla de estética manierista destrozada por los repintes. Las pinturas representan la Virgen con el Niño, la Anunciación, el Crucificado, San Andrés y San Miguel. En los pilares del presbiterio hay dos lienzos con la Asunción y Santa Rosalía de Palermo, del XVIII, y en los de la nave destacan los de la Visitación y San Andrés, de estética manierista.
     En el testero izquierdo hay un retablo setecentista con la hermosa talla de San Antonio de Padua, obra granadina del último cuarto del XVII, que atribuimos a José de Mora. En la nave hay otra imagen de talla de la Virgen de la Aurora, repintada en 1899. En la nave derecha se ven hornacinas con tallas de Jesús atado a la columna, y San Marcos, ambos del XVII, de un seguidor de Alonso de Mena, sobre peana fechada en 1673. Hay también un lienzo del XIX de San José con el Niño, y un Niño Jesús pasionario de estética setecentista (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La iglesia presenta planta rectangular de tres naves a las que se ha despojado de las techumbres originales de madera. 
     Las naves son esbeltas y se separan por potentes arcos apuntados de sencilla arquitectura que descansan en grandes pilares con esquinas achaflanadas. Sigue un crucero con cabecera recta obra que se erigió en la primera mitad del siglo XVII. Sus alzados se articulan con pilastras y cornisas sobre las que se elevan las cubiertas. El tramo central del crucero recibe una pequeña cúpula oval sobre pechinas, mientras que los brazos se cubren con bóvedas de medio cañón.
     En el exterior del inmueble destaca la cabecera de mayor altura que el resto del edificio, que apoya sobre una serie de machones existentes en los extremos de los brazos del crucero. A los pies se localiza una fachada que aparece dominada por una espadaña, construida a finales del siglo XVIII. La fachada presenta alto basamento barroco con pilastras toscanas de orden gigante elevadas sobre pedestales con típicos ornamentos geométricos de la época.
     La espadaña  de ladrillo visto consta de un solo cuerpo, abriéndose en él un vano de medio punto enmarcado por pilastrillas y coronado por frontón triangular. Tanto las enjutas como el friso de esta espadaña aparecen decorados por azulejos.
     El acceso al templo se realiza por el lateral derecho de la fachada. La portada del siglo XVII es contemporánea a la fábrica del crucero y presenta una sencilla composición de vano de medio punto entre pilastras que a su vez soportan un frontón triangular. En ángulo con la casa de la santería aprovechando el saliente muro se localiza una cruz de madera del siglo XVII, que albergada en un marco moldurado de obra.
     Hacía las veces de parroquia hasta que en la década de los 60 del siglo XX se construyó la actual en la plaza principal de la población. Hoy en día se encuentra abandonada y se usa como almacén (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario.-
     Es una construcción levantada en el siglo XVIII, constando su terminación en 1776, aunque a lo largo del siglo XIX sufrió reformas. Tiene planta centrada con crucero y camarín en el presbiterio. El retablo mayor es de estuco, de estética neoclásica, y en él se venera la imagen barroca de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En el lado izquierdo del crucero se encuentran una talla de San Miguel Arcángel, de mediados del XVIII, y varios 1ienzos de diversas épocas, como la Inmaculada, fechable en el XVIII, y San Francisco y San Antonio, ambos del Ochocientos. En el lado derecho se ve una talla barroca de la Inmaculada, del siglo XVIII, así como varios cuadros de igual cronología, entre los que puede mencionarse la Adoración de los pastores, de hacia 1700 según modelo de Antonio del Castillo (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Planta centrada de cruz griega, en la que radica su originalidad pues fue una tipología usada durante el Renacimiento. En esta ocasión, y como consecuencia barroca, los brazos se alargan dando un aspecto más longitudinal al edificio. Cabe destacar la gran cúpula que descansa sobre potentes pilastras. 
     En el exterior precede a la ermita un patio, cerrado por una arquería moderna. Actualmente se encuentra  totalmente encalado a excepción de la espadaña y las cornisas y frontones, destacando sobre el blanco de la cal al igual que las tejas de la cúpula y los pequeños brazos de la cruz. La espadaña, de ladrillo visto, se sitúa sobre el vano de entrada y está formada por pilastras que soportan un frontón triangular.
     Datada en el siglo XVIII , en esta ermita se venera la imagen de Jesús del Calvario, de gran devoción popular, sacándose procesionalmente en ocasiones excepcionales en seña de acción de gracias por evitar catástrofes de todo tipo a la población como demuestran el gran número de exvotos y algunas lápidas que se conservan en el templo. Se celebran fiestas en honor del titular del 6 al 9 de agosto con funciones religiosas que se remontan al siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
    El templo principal de la villa es la ermita del Calvario, cuyo aspecto actual data del último tercio del siglo XVIII.
     Tiene planta de cruz griega, cuyo crucero cubre una cúpula más tardía, construida entre 1855 y 1857.
     El retablo mayor, del siglo XIX, acoge en el camarín a Jesús del Calvario, Nazareno del XVII de gusto sevillano.
     Al exterior la ermita ofrece un bello juego de volúmenes, en el que se impone el tejado de la cúpula coronado por una cilíndrica linterna (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, Iglesia de Madre de Dios, y Ermita de Nuestro Padre Jesús del Calvario) de la localidad de Montalbán de Córdoba, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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viernes, 20 de junio de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de San Mateo, Iglesia conventual de Madre de Dios -San Francisco-, Iglesia de San Martín, Iglesia de Santo Domingo de Guzmán -San Francisco de Paula, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Ermita de Nuestra Señora de la Aurora, e Iglesia de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Lucena (II), en la provincia de Córdoba

      Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Mateo, Iglesia conventual de Madre de Dios -San Francisco-, Iglesia de San Martín, Iglesia de Santo Domingo de Guzmán -San Francisco de Paula, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Ermita de Nuestra Señora de la Aurora, e Iglesia de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Lucena (II), en la provincia de Córdoba.



Iglesia parroquial de San Mateo Apóstol.-

     Se comenzó en 1498 a expensas de don Diego Fernández de Córdoba, I marqués de Comares. La portada de los pies la proyectó Hernán Ruiz II hacia 1540 y fue realizada por seguidores. Las laterales, de estilo gótico humanista de hacia 1525, recuerdan las obras de Hernán Ruiz el Viejo. La disposición interior es mudéjar, con tres naves y triple cabecera plana con bóvedas de nervaduras. La joya de esta iglesia es el retablo mayor contratado en 1570 por Jerónimo Hernández y terminado en 1579 por su maestro Bautista Vázquez el Viejo. Esta soberbia pieza manierista muestra en el banco a los Evangelistas, acompañados de Zacarías y Aser, relieves de Jerónimo Hernández. En las cajas centrales, San Mateo, la Asunción, la Resurrección y el Calvario; en los pedestales, los Apóstoles Santiago, Pedro, Pablo y Andrés. Los relieves laterales representan escenas de la vida de Cristo, todos de Bautista Vázquez y taller. En el ático figuran la Piedad y el Santo Entierro, flanqueados por virtudes y profetas de Jerónimo Hernández, rematados por el Padre Eterno. La policromía es de Antonio Mohedano en 1607.
     En el testero de la nave de la izquierda, hay un retablo del primer tercio del siglo XVII retocado, con imagen de la Purísima y lienzos de acarreo, atribuidos al pintor local Bernabé Jiménez de Illescas. En el banco hay dos urnas con las reliquias de San Eliano y Santa Prima. Sobre el retablo, en el muro, cuelga el blasón de los Fernández de Córdoba realizado por Jerónimo Hernández en 1579. Sigue un retablo académico terminado en 1792 por Diego de Burgos, con Nuestra Señora de los Dolores, imagen de vestir de 1772, atribuida a Blas Molner; a los lados están San Felipe Benicio y Santa Juliana de Falconeris, de Remigio del Mármol, y en el ático una pintura de la Virgen con los Servitas, de Martín de Blancas.
     A continuación hay una pequeña portada de estilo manierista que sirve de capilla al Cristo de la Salud y Misericordia, o del Silencio, de segunda mitad del siglo XVII. Le sigue otra portada del último tercio del XVI, que aloja un retablo de comienzos del XIX con la imagen sedente de San Pedro, obra de Pablo de Rojas de 1590, policromada por Antonio Mohedano. El retablo del Salvador fue traído en 1891 de la desaparecida ermita de Nuestra Señora de la Cabeza; está atribuido a Juan Abundio de Burgos, de hacia 1760. La talla del Salvador es de estética granadina del siglo XVIII. Sigue el lienzo de la Divina Pastora, de Leonardo Antonio de Castro, hacia 1720. A los pies, en la capilla del Bautismo, está el Cristo de la Humillación, obra de Pedro Ortega Muñoz de Toro, del XIX.
     El retablo del testero de la nave derecha es similar al de la izquierda, con talla de San Miguel Arcángel, de hacia 1700. Sobre el muro cuelga el blasón correspondiente de los Fernández de Córdoba, obra de Hernández. A la derecha hay un lienzo con la Entrega de las llaves a San Pedro, obra de Jerónimo López, del siglo XVIII. Pasada la puerta de la sacristía está la capilla del Ecce Homo y luego el potente retablo neoclásico de San José, obra de Ignacio de Tomás de hacia 1790; la imagen titular es de Joaquín Arali Solanas y el tondo de la Muerte de San José se cree de Diego Monroy Aguilera.
     Sigue la monumental capilla del Sagrario, cuya portada fue proyectada por Pedro de Mena Gutiérrez y labrada entre 1755 y 1763 por Juan del Pino Ascanio. Las puertas de madera fueron hechas por Agustín Díaz Cantarero en 1771. El interior, trazado por Leonardo Antonio de Castro, se realizó entre 1740 y 1772. La decoración y el templete con la Inmaculada son obra de Pedro de Mena Gutiérrez. Se adorna con relieves de la vida de Cristo y figuras diversas, destacando los Evangelistas de los ángulos, tallados por José de Medina. El programa iconográfico de la capilla se configura con los Padres de la Iglesia, santos defensores de la Eucaristía y símbolos eucarísticos. Los lienzos, debidos a Juan de Dios Hernández en 1772, representan la Destrucción de los Sacrificios Paganos, el Triunfo de la Iglesia, y la Ley de Gracia.
     De nuevo en la nave, tras el Corazón de Jesús, hay un resto de alfarje mudéjar con relieve de la Virgen con el Niño, de hacia 1500, inspirada en modelos cuatrocentistas, y escudo de Diego Fernández de Córdoba.
     A continuación se halla la antigua capilla del Sagrario, decorada con pinturas, que tiene un retablo de hacia 1620, con un Crucificado de inspiración manierista y tres lienzos con San José, Cristo de Burgos y San Ignacio de Loyola. Sobre el altar se encuentran las imágenes de Jesús del Amor, nazareno compuesto en el siglo XIX por Pedro Ortega Muñoz de Toro, y Nuestra Señora de la Paz, realizada en 1982 por Juan Martínez Cerrillo.
     En el paso que va de la iglesia a la sacristía está una imagen del Evangelista San Mateo de segunda mitad del siglo XVIII. Es muy rica la colección de platería de esta iglesia, destacando el templete del Corpus, del segundo tercio del XVII, y el elegantísimo ostensorio de viril radiado con los escudos de Comares y Medinaceli, un poco anterior. También interesantes son el portaviático de Ruiz, 1773, y varias obras punzonadas por Francisco Alonso del Castillo, Aranda, Damián de Castro, Antonio de Santacruz y Castejón Aguilar. En el despacho parroquial hay un bello lienzo del Ecce Homo, de escuela sevillana de hacia 1670 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Templo de gran tamaño, con tres naves terminadas en la cabecera en sendas capillas cuadradas que se cubren con bóvedas de nervaduras. Tras la capilla mayor existe un pequeño ábside de planta rectangular, en el que se aloja el retablo mayor, cubierto también con bóveda de nervaduras, cuyos plementos en piedra fueron pintados por Antonio Mohedano con motivos de ángeles. 
     Los soportes son pilares de piedra arenisca, con planta rectangular y semicolumnas adosadas. Las arquerías que separan las naves tienen cinco arcos ojivales, enmarcados en alfiz rehundido, construidos en ladrillo. La nave central se cubre con armadura de madera de par y nudillo con tirantes dobles; las laterales lo hacen también con techumbre de madera, aunque a un agua. 
     La altura de las naves laterales casi iguala la de la central y de ello deriva que la cubierta se forme por sólo dos planos inclinados, que la nave central no tenga iluminación directa y que los arcos formeros puedan subir hasta acercarse bastante al arranque de las cubiertas, permitiendo que los pilares que los soportan alcancen unas proporciones muy esbeltas. La puerta que comunica el templo con la Sacristía, que se adosa al lado derecho de la cabecera, la compone un arco de medio punto, de cuya línea de impostas sube una moldura a modo de alfiz con decoración de frondas. En el centro figura el escudo de los Comares flanqueado por dos leones rampantes. La parte superior de la decoración fue destruida en el siglo XIX para colocar una tribuna, hoy desaparecida.  A los pies de las naves laterales se sitúan pequeñas capillas: Capilla Bautismal, cubierta por bóveda gótica de crucería simple, y Capilla del Cristo de Burgos, que tiene cúpula elíptica. Sobre el cancel de madera tallada que protege la entrada de los pies hay un coro de madera sobre columnas de hierro fundido en el que se ubica el órgano. 
     La Capilla del Sagrario, que se comunica con la Iglesia a la altura del segundo tramo de la nave de la Epístola a través de una portada de mármoles polícromos con minuciosas labores de embutido, es una obra señera del Barroco andaluz, diseñada por Leonardo Antonio de Castro y ejecutada entre 1740 y 1772. De planta octogonal, en alzado se levantan cuatro robustos machones, a modo de grandes pilastras con hornacinas; sobre ellas montan las pechinas de amplia base que sustentan el tambor perforado por ventanas y la cúpula gallonada. Lo determinante en la configuración de este espacio es la decoración: Sobre un zócalo de mármoles rojos de abultados placados de perfiles geométrico surge una espesa red de yeserías que se elevan hasta la cúpula en la que se concentra el mayor abigarramiento de motivos. El fondo está pintado en azul, en contraste con el blanco de las yeserías y las aplicaciones de dorados. 
     Entre este rico revestimiento ornamental se despliega un completo programa iconográfico, alusivo al Sacramento de la Eucaristía. 
     En el centro de la Capilla se encuentra el tabernáculo de madera, levantado sobre cuatro altares. Es una estructura abierta con arcos de medio punto sobre originales estípites calados con ángeles y sinuosas rocallas.  En el exterior de la Iglesia destaca también la Capilla del Sagrario, sobrio volumen adosado constituido por un cuerpo bajo octogonal, desde el que arranca otro cilíndrico en el que se abren ventanas de medio punto enmarcadas por molduras y golpes de hojarasca, y la cubierta con tejado cónico de tejas vidriadas polícromas. La torre, situada a los pies de la nave del Evangelio, es un delgado prisma con dos cintas de imposta que la dividen en tres cuerpos. Se corona por chapitel a cuatro aguas. 
     El templo posee tres portadas. La de la Virgen, orientada al Norte, consta de un vano de acceso adintelado de perfil mixtilíneo sobre el cual se sitúa un frontón curvo en cuyo tímpano, bajo dosel calado gótico, figura una escultura de la Virgen con el Niño. La portada de San Miguel o del Sol, orientada al Sur, es de composición similar a la anterior, aunque la cardina gótica que aparece como elemento decorativo en la de la Virgen es sustituida aquí por grutescos renacentistas. Ostenta el escudo de la Casa de Comares flanqueado por figuras femeninas y en el tímpano la imagen de San Miguel. A los pies del templo, en la fachada principal, se abre la portada de San Mateo entre dos gruesos contrafuertes destinados a contener los empujes de las bandas de los arcos formeros. Esta portada, cuya traza se atribuye a Hernán Ruiz II, ofrece un ingreso en arco de medio punto decorado con grutescos y con medallones con bustos en las enjutas. El vano de ingreso se flanquea por pares de columnas sobre las que hay pequeños frontones con las representaciones de San Pedro y San Pablo. Se corona el conjunto por un gran arco, a modo de venera, en cuyo centro se encuentra la representación escultórica del titular del templo.
     Alberga la imagen de la Virgen de Araceli tras la Romería de Bajada desde su Santuario en abril, guardándose en ella hasta su Subida en el mes de junio.
     Empezó a construirse en 1498 a expensas de Don Diego Fernández de Córdoba (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Considerada como la Catedral de la Subbética, esta iglesia responde a los cánones artísticos gótico-mudéjares y renacentistas. En este lugar  posiblemente fue donde se encontraba la antigua sinagoga y luego mezquita de la ciudad, hasta que en 1240, después de la conquista cristiana, se adaptó al nuevo culto. La iglesia que actualmente conocemos fue iniciada por Hernán Ruiz I en 1498, en la parte de la cabecera, donde presenta tres capillas cubiertas con bóvedas de crucería cuyos plementos fueron policromados por el pintor Antonio Mohedano. De la misma época son las portadas de la Sacristía y la exterior de Ntra. Sra. de la Umbría.
     En cambio, la portada de San Miguel, realizada en 1544, muestra la transición del gótico al renacimiento, mezclando elementos decorativos de ambos estilos.
     El resto del edificio es renacentista, presenta tres naves con grandes pilares donde se apoyan arcos apuntados de inspiración mudéjar, así como una portada principal de claras influencias clásicas.
     En su interior destaca el retablo mayor, una obra maestra del manierismo español. Está elaborado en su parte arquitectónica por Jerónimo Hernández y en su imaginería por Juan Bautista Vázquez el Viejo.
     En el interior del templo de San Mateo sobresale la magnífica capilla del Sagrario, realizada entre 1740  y 1772 sobre trazas del ilustre arquitecto local Leonardo Antonio de Castro y considerada como una de las joyas del barroco cordobés, y una de las obras escultóricas más importantes del barroco andaluz.
     Presenta una magistral portada de jaspe negro, rojo y blanco, teniendo infinidad de embutidos de diferentes hechuras, tamaños y colores, realizada por el célebre maestro Juan del Pino Ascanio, natural de esta ciudad.
     La Capilla del Sagrario tiene planta octogonal y en su alzado se levantan cuatro robustos machones, que a modo de pilastras  sustentan cuatro pechinas que sirven de apoyo al tambor perforado por ventanas y la cúpula gallonada. Los maestros Jerónimo  y Acisclo Ramírez de Quero dirigieron las obras, mientras que el recargado plan decorativo del conjunto, repleto de símbolos eucarísticos, doctores de la Iglesia, santos relacionados con la devoción al Santísimo Sacramento, elementos ornamentales de carácter vegetal o geométrico, espejos, fue encomendado al escultor local Pedro de Mena y Gutiérrez, que realizó tanto el trabajo de los estucados como la talla del grandioso tabernáculo que se alza en el centro de la capilla.
     Entre tanto motivo ornamental se alzan tres grandes lienzos que representan temas como la Destrucción de los sacrificios paganos, el Triunfo de la Iglesia y el Triunfo de la Ley de Gracia (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de Madre de Dios (San Francisco).-
     Establecidos los franciscanos en Lucena en 1550, en la ermita de Madre de Dios, reconstruyeron la iglesia entre 1620 y 1630, terminándose el convento en la década de 1670. El templo es de cruz latina, cubierta por cañón con lunetos, usando en el crucero cúpula sobre pechinas. A la nave abren cuatro capillas por el lado izquierdo y una por el derecho.
     El retablo  mayor, con traza de Leonardo Antonio de Castro, se contrató en 1696 con José Matías Sánchez. En el banco figuran lienzos con San Luis de Tolosa, San Francisco de Asís, San Pascual Bailón y San Bernardino de Siena. Ocupa la hornacina principal la Inmaculada Concepción, talla granadina de fines del XVII con ráfaga de plata del XVIII, obra de Antonio de Santacruz, en las calles, San Buenaventura y Santa Clara. En el ático, talla del Crucificado flanqueado por tablas con Santo Domingo y San Francisco de Asís, atribuidas a Leonardo Antonio de Castro. Recientemente se han colocado aquí las imágenes del Resucitado, de Manuel Luque Bonillo, de 1998, y Nuestra Señora de los Ángeles, de vestir, obra de Francisco Romero Zafra, de 2001.
     Al frente de los brazos del crucero hay dos lienzos barrocos con la Lapidación de San Esteban y la Caída de San Pablo. Preside el testero izquierdo un retablo con pintura del Milagro de la Porciúncula con el donante, Gaspar Álvarez de Sotomayor, obra anónima de 1620. En el banco se ven pinturas de la vida de San Francisco, San Pedro y San Pablo, la Inmaculada y San José con el Niño. Al centro se ha colocado la talla de la Virgen Madre de Dios, titular del templo, procedente del retablo mayor. La cabeza es del XVI, el cuerpo del XVII y el Niño del XVIII.
     En el brazo derecho se abre la capilla actualmente dedicada a Nuestra Señora de las Angustias; el grupo, popularmente llamado Virgen de Piedra, fue tallado en Sevilla por el académico Blas Molner en 1799. En el testero del brazo puede verse el retablo de la Inmaculada, hoy de San Diego de Alcalá, realizado por Diego de Ramos en 1728. La talla del titular es de primer cuarto del XVII y las de Santa Ana y San Joaquín, de época del retablo.
     Las capillas de la izquierda contienen algunas imágenes de interés, destacando San José con el Niño carpintero, del XVIII, y el Cristo de la Pasión, de hacia 1600, acompañado de la Virgen Dolorosa del mismo nombre, también del siglo XVII. Las capillas del sotocoro se encuentran unidas y en ellas se veneran el Cristo atado a la Columna, de escuela granadina de hacia 1700, cercano a Diego de Mora, y Jesús Nazareno de la Pasión, imagen devota de vestir, de formas granadinas de hacia 1725. Las imágenes  de la cofradía de la Pasión fueron restauradas por Luque Bonillo entre 1995 y 1996.
     La única capilla del muro derecho tiene un retablo anónimo de hacia 1750 con San Pedro de Alcántara, talla granadina de fines del XVII de un seguidor de Pedro de Mena. Sigue el retablo de San Francisco de Asís, obra de Francisco José Guerrero de hacia 1740, con los santos Clara de Asís y Benito Negro; la imagen titular es del XVII, también del círculo de Pedro de Mena. En una urna sobre la mesa hay una cabeza del Ecce Homo, granadina de hacia 1700.
     A continuación se encuentra un retablo anónimo de hacia 1740 con San Antonio de Padua, de hacia 1700; lleva lienzos pequeños con San Bernardino de Siena y San Pascual Bailón y en el remate, un Cristo de marfil. Bajo el coro se halla el Jesús Cautivo de Medinaceli, de vestir, realizado por el escultor local Muñoz de Toro en el siglo XIX, y en el cancel de la puerta principal se un busto de Dolorosa de tipo granadino de fines del XVII.
     Tiene coro alto a los pies, con sillería alta y baja de fines del XVII, en cuyos respaldos hay pintados santos franciscanos. El coro se completa con un Calvario de talla sobre la reja y, en la sillería, tres pequeñas imágenes de San Francisco, San Pedro de Dueñas y San Juan de Cetina. El órgano se construyó en 1732 y la caja se renovó hacia 1770. Entras las obras conservadas en la sacristía están una imagen de San Crispín, de hacia 1700, cuatro lienzos de segunda mitad del siglo XVII con santos caballeros y restos de un Apostolado de hacia 1610, muy retocado, atribuido por Ramírez de Arellano al pintor Antonio Mohedano (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La iglesia está compuesta por una sola nave con bóveda de cañón, y pequeña nave lateral que conforman capillas de plantas cuadradas entre machones. Coro a los pasos de la nave. Posee crucero y presbiterio cuadrangular, habiendo desaparecido la capilla lateral izquierda mayor.
     Del convento, muy reformado y prácticamente de nueva planta, solo queda un hermoso claustro de correctas proporciones, que posee una fuente pétrea en su centro. Arcadas de medio punto sobre columnas de orden dórico, apoyadas sobre basas que se unen por un pequeño zócalo. Esta arcada se repite en planta superior, con una escala menor en altura, también unidas por zócalo a modo de pretil. Imposta de fuertes proporciones. Cornisa ambas plantas.
     Fuente de planta hexagonal en escalinatas y lobuladas con exedras en vaso. Solería del claustro en damero negro y blanco y de baldosas hidráulicas. Se han producido grandes reformas, con restauración de forjados y dependencias de nueva planta.
     La iglesia se hizo entre 1620 y 1630 y en la década de 1670 se terminó la parte conventual (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Aunque la iglesia se fundó en 1558, su aspecto actual corresponde a las obras realizadas en 1620 por el maestro de obras malagueño Francisco de Lucena, sobre una antigua ermita medieval.
     Presenta una sencilla portada manierista que da paso a una amplia nave de planta de cruz latina, con capillas laterales, centrado en una elevada luminosa cúpula semiesférica. El altar mayor está presidido, por un bello retablo de estilo barroco salomónico, elaborado por el granadino José Matías Sánchez, sobre trazas de Leonardo Antonio de Castro. Así mismo destacan los retablos menores y una imaginería de notable interés, destacando sin duda la imagen del Crucificado de Pasión, de estilo manierista, y la de San Pedro Alcántara, atribuida con fundamento a Pedro de Mena, al igual que la de San Francisco de Asís. De la escuela de Mora es un Cristo amarrado a la columna. En la vieja capilla del sagrario se venera Nuestra Señora de las Angustias, una Piedad realizada en 1799 por Blas Molner.
     El convento anejo se organiza en torno a un bello patio, de planta cuadrada y de grandes dimensiones formado por dos claustros, alto y bajo, con arcadas sobre columnas dóricas en el inferior y jónicas en el superior, y centrado con una monumental fuente de planta mixtilínea y barroco pilar de doble taza, de comienzos del siglo XVII (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia conventual de San Martín (Agustinas).-
     Fundado el convento en 1635 trazó el templo el maestro Juan Trujillo Moreno en 1669, concluyéndose entre 1700 y 1726 bajo la dirección de Alberto de Guzmán. El interior es un espacio elíptico, cubierto por cúpula oval sobre tambor, rematada por linterna también ovalada. Se trata de uno de los espacios más originales realizados en Córdoba en el ámbito del Barroco.
     El retablo mayor fue contratado en 1730, realizándolo Martín de los Reyes con proyecto de Francisco José Guerrero. La imagen de la Inmaculada ocupa la calle central y en los laterales hay figuras de vestir de santos obispos Martín y Agustín, de escuela granadina y de la época del retablo. Remata el Crucificado entre San José con el Niño y Santo Tomás de Villanueva. A los lados del presbiterio hay dos cuadros de hacia 1750, una Alegoría del Buen Pastor y la Divina Pastora, según el modelo de Alonso Miguel de Tovar.
     El púlpito con el ostentoso tornavoz se debe a los autores del retablo, hacia 1735. Frente a él se ve un cuadro de la Coronación de la Virgen, de segunda mitad del XVII. Los pequeños retablos de la iglesia son todos semejantes, realizados por Francisco José Guerrero en 1735. Los tres del lado izquierdo están dedicados a Santa Mónica, Corazón de Jesús y San Nicolás de Tolentino; los dos de la derecha, a Santa Rita y la Virgen de Consolación. A los pies está el paso de la Lanzada, obra de Pedro Ortega Muñoz de Toro, hacia 1800 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Este convento, fundado en 1635, comenzó a adquirir su actual fisonomía arquitectónica a finales de aquella centuria. En un limpio paralelepípedo cubierto a dos aguas se halla inscrita una torre dodecagonal con las aristas reforzadas por contrafuertes, que guarda en su interior la gran bóveda oval con la linterna inclusive. El interior del templo se configura por un espacio elíptico, cubierto por cúpula oval de diez paños, sustentada por un tambor perforado por ventanas y rematada por linterna también ovalada. En los extremos del eje principal se han dispuesto transversalmente dos espacios rectangulares; el primero, ocupado por el presbiterio, se ve prolongado en los lados por el coro bajo y la sacristía; el segundo, a los pies, recibe el coro alto y el vestíbulo y se proyecta en dos capillas laterales, quedando todo el conjunto espacial del templo inscrito en un rectángulo. Se trata de uno de los espacios más originales realizados en Córdoba en el ámbito barroco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta iglesia pertenece  a una comunidad de religiosas Agustinas Recoletas, cuya fundación se remonta a 1639, aunque las obras de este extraordinario edificio se iniciaron en 1669 sobre trazas del arquitecto local Juan Trujillo Moreno, siendo culminadas en 1726, tras recibir el último impulso director por parte del arquitecto Francisco Hurtado Izquierdo, quién realizó las impresionantes portadas.
     Su espacio principal es, precisamente, un monumental recinto elíptico de disposición longitudinal, esquema que también se repite en su alta cúpula elevada en tambor.
     En su interior destaca el retablo mayor, realizado en 1730 por Martín de los Reyes, según diseño de Francisco José Guerrero, notablemente influenciado por los modelos estilísticos de Francisco Hurtado Izquierdo. Así mismo cinco retablos menores, del mismo autor y tracista, ocupan los paramentos de la planta de la elipse (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán (San Francisco de Paula).-
     El antiguo templo de los Mínimos es actualmente parroquia con el título de Santo Domingo, en recuerdo del desaparecido convento de predicadores. Se construyó entre 1730 y 1740 con ayuda de Catalina de Aragón, duquesa de Medinaceli, sobre una ermita dedicada a San Francisco de Paula. Se ha restaurado en 2005.
     Interiormente consta de una amplia nave de cañón con capillas laterales. Tiene crucero de brazos cortos y bóveda semiesférica con linterna. La cabecera se adorna con decoración pintada, que deja también registros para lienzos, destacando, en la bóveda, la Santísima Trinidad, a la izquierda la Conquista de Málaga en 1487 por intercesión de San Francisco de Paula y a la derecha, la Aprobación de las Reglas por el Papa Sixto IV. El resto se decora con santos de la orden, de menor calidad y sumamente retocados.
     El retablo mayor, atribuido a Francisco José Guerrero, se hizo hacia 1740 y se doró en 1762. Tiene voluminoso manifestador y hornacina con la Inmaculada Concepción, de escuela granadina de primer cuarto del siglo XVIII, procedente de la ermita de Dios Padre. Comparten el primer cuerpo Santo Domingo y San Francisco de Paula y el segundo, Santa Lucía, el Crucificado y San Felipe Neri, de distinta procedencia. Recientemente se ha colocado como cátedra el sitial del coro de los mínimos, restaurado al efecto. En los lados frontales de los brazos del crucero hay dos retablos gemelos realizados hacia 1745. El de la izquierda tiene una hermosa efigie de San José con el Niño, obra granadina del primer cuarto del siglo XVIII, atribuida a Diego de Mora. El de la derecha, una magnífica talla policromada de San Marcos, del entorno de José de Medina, hacia 1772, restaurada en 2004. En el testero del brazo izquierdo se ve un lienzo de Cristo ungido por María de Betania, pintado por Leonardo Antonio de Castro hacia 1740. En el de la derecha, sobre la puerta de las dependencias parroquiales, cuelga otro con Milagro de San Francisco de Paula, de la misma fecha.
     En las capillas del lado izquierdo de la nave hay varios retablos del XVII y del XVIII, dedicados a San Blas, la Virgen de las Angustias, y la Virgen del Rosario, ésta de vestir del siglo XVIII, procedente de Santo Domingo y restaurada en 1992. En el lado derecho están la Virgen de la Victoria, procedente de Jauja, el retablo de San Cayetano, del XVIII, y el de San Miguel. En la capilla del Santo Cristo de la Sangre, obra del arquitecto Manuel Roldán del Valle en 1998, se encuentra la interesante imagen titular, realizada en México hacia 1600 y restaurada en 1985. Nuestra Señora del Mayor Dolor, obra de Antonio Castillo Lastrucci de 1957, fue restaurada en 1994. En las paredes hay cuadros de la Virgen con San Cayetano, La Virgen con Santo Domingo, del XVIII y un San Francisco de Asís meditando, inspirado en el Greco, del XVII.
     En el sotocoro, se ve una urna con la Virgen de Araceli, al lado izquierdo, y, a los pies, un altar con el Señor de la Oración del Huerto, tallado por Luque Bonillo en 1995, y la urna de San Inocencio, del XIX. El órgano del coro es del siglo XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      Fue erigida a mediados del siglo XVIII. Compuesta por tres naves con crucero. Presenta un estilo barroco que a partir del siglo XIX por sucesivas restauraciones cambia de estilo y concepción original. Interesante por sus proporciones, la nave central más ancha y de gran altura con respecto a las laterales de menores proporciones. se cubre la nave central con bóveda de cañón, interseccionando con lunetas a los que abren  huecos rectangulares abocinados de iluminación. Los arcos fajones apoyan sobre un gran friso moldurado (estilo neoclásico) que recorre perimetralmente toda la iglesia. 
     Limita con las naves laterales por muros de gran espesor calados con arcos de medio punto de proporciones de las naves laterales. Se cubren éstas con bóvedas de arista rebajadas entre arcos fajones moldurados.
     El crucero se cubre con cúpula sobre pechinas con pequeño cimborrio en su centro magníficamente decorado con yesería y pintura. Las alas del crucero así como la capilla mayor se cubren con bóvedas de cañón. Posee tres puntas.
     La portada principal, de tres cuerpos y remate en frontón triangular. El primer cuerpo en piedra con hueco de medio punto, adintelado y enmarcado por dos pilastras. El segundo en ladrillo con hornacina central y tímpano partido, continuando en su interior una gran escultura de San Domingo y flanqueado por dos pequeños huecos con motivo triangular.
     Los muros al exterior poseen zócalos de sillares y mampostería de piedra alternando con verdugados de ladrillo horizontales y paños verticales.
     Posee espadaña-campanario de base angular.
     La iglesia de San Francisco de Paula es actualmente parroquia con la advocación de Santo Domingo, al haber desaparecido el templo dominico de aquella titularidad. Se construyó esta antigua iglesia conventual de los Mínimos entre 1730 y 1740 sobre una ermita erigida en 1690 en honor de San Francisco de Paula (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Antiguo templo conventual de los frailes Mínimos o Victorios que se construyó sobre una ermita dedicada a San Francisco de Paula realizada por voto de la ciudad durante la epidemia de peste  de 1680.
     El templo edificado en 1730 sobre trazas de fray Juan Rodríguez de Ocampo presenta una planta de cruz latina con capillas laterales comunicadas entre sí a modo de pequeñas naves laterales abiertas a los brazos del crucero.
     Sobre el crucero se alza la cúpula sobre pechinas, profusamente decoradas con yeserías, enmarcando los blasones de la ciudad, del titular del Señorío de Lucena y de la orden Mínima; dando paso al altar mayor donde se sitúa un magnifico retablo barroco, obra atribuida a Francisco José Guerrero. También destacar numerosas obras artísticas como la imagen del Cristo de la Sangre, de origen colonial elaborada con médula de maíz y madera de acacia; la talla de San José, del taller granadino de José de Mora; y la imagen de San Marcos atribuida al escultor José de Medina.
     Posee una elegante espadaña angular de la segunda mitad del siglo XVIII, muy semejante y de la misma época que la de la Parroquia de Santiago (Diputación Provincial de Córdoba).
  
Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno.-
     Esta capilla, aneja al templo dominico de San Pedro Mártir, se edificó entre 1758 y 1803. Es de planta circular, con evidentes resabios barrocos. Entre 1838 y 1844, se le añadió el espacio oval, de estilo académico. En 1987 se le añadió el espacio oval, de estilo académico. En 1987 se hizo otra ampliación, también de planta circular, obra de Manuel Roldán del Valle construida sobre el solar del viejo templo dominico. En la primera rotonda se veneran las imágenes de San Juan Evangelista, atribuida a Miguel Verdiguier, de hacia 1789, y Nuestra Señora del Socorro, realizada en 1994 por Luis Álvarez Duarte. En el muro están un interesante lienzo de la Piedad de fines del siglo XVII y una reciente hornacina con la talla de la Virgen con el Niño, de escuela granadina del último cuarto del siglo XVI, que apareció en un nicho de la cripta hacia 1986.
     La capilla primitiva está presidida por Jesús Nazareno, imagen de rasgos fuertemente arcaizantes; es de talla completa y está documentada desde la fundación de la cofradía en 1599, aunque hay opiniones que adelantan su fecha hasta 1510-30. Se cobija en un baldaquino de mármol obra de de Andrés Cordón, de 1779, con remate de madera de Luis Tirado, de 1801.
     En el arco de la derecha se encuentra el Yacente, obra de Miguel Verdiguier de 1774, en una urna realizada por Pedro de Mena Gutiérrez en 1769. Encima está el cuadro de la Inmaculada, obra cercana a Sebastián Martínez, de mediados del XVII. Repartida por el recinto hay una serie de lienzos con la Infancia de Cristo, unos de escuela sevillana y otros del círculo granadino de Juan de Sevilla, del último tercio del siglo XVII. En la rotonda nueva se han dispuesto hornacinas con las imágenes de la Mujer Verónica y la Magdalena, ambas de Álvarez Duarte, de 1995 y 1996 respectivamente (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      La actual capilla es el resultado de un largo proceso constructivo que comenzó en los años finales del siglo XVIII, terminándose en 1844 como puede leerse en la portada. Recientemente el edificio ha sido ampliado con una nave transversal situada en el muro del Evangelio, restándole espacio al antiguo Convento de Santo Domingo de Guzmán, al que se encuentra adosada la capilla.
     Construida en estilo neoclásico, presenta planta rectangular, organizándose el interior por medio de dos espacios circulares que se unen por medio de un arco de medio punto, siendo el de la cabecera el tramo primitivo del templo. Las cubiertas de estos espacio son cúpulas, la primera decorada con gallones donde se abren vanos, algunos de ellos ciegos. 
     La del segundo tramo es en cambio rebajada. Todo el edificio está rodeado por un arquitrabe y friso que descansa en pilastras adosadas con capiteles corintios.
     En el exterior destaca la portada realizada en piedra blanca, que aunque muy sencilla en su composición, es de una gran armonía, pudiéndose poner en conexión con los proyectos de los mejores arquitectos neoclásicos de la corte. Está flanqueada por  pilastras toscanas adosadas que se levantan sobre pedestales que sustentan un friso decorado con triglifos y metopas  y un frontón triangular. Sobre el vano de entrada, arquitrabado, un enmarque en el que aparece el anagrama J.H.S. y la fecha de 1844.
     La Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno tuvo su origen en una ermita de Santa Catalina, que quedó incorporada a la iglesia de los dominicos de San Pedro Mártir cuando se estableció esta institución en 15790. De la iglesia conventual de San Pedro Mártir, construida en 1627, solo quedan las fachadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta capilla de estilo neoclásico inicialmente formaba parte del templo anejo de San Pedro Mártir, actualmente en reconstrucción, para posteriormente convertirse en un espacio independiente. La planta es rectangular con dos espacios interiores circulares cupulados de eje longitudinal que se unen por medio de un arco de medio punto.
     El espacio principal, y más antiguo cumple, la función de camarín de la imagen  titular, fue realizado por Vicente del Castillo y el cantero Andrés Cordón en 1758, formando un espacio circular de estilo neoclásico cubierto con cúpula gallonada. En su interior contiene un baldaquino, que cobija  la imagen de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, una estructura arquitrabada sobre cuatro columnas de jaspe de la Sierra de Aras.
     El segundo espacio se realizó hacia 1838 coincidiendo con el cierre del templo de San Pedro Mártir y presenta semejante disposición arquitectónica que el camarín, salvo en la cúpula, rebajada con  bandas radiales muy planas.
     En el aspecto escultórico destacan la imagen de Nuestro Padre Jesús de Nazareno, realizada en el siglo XVI, presenta rasgos góticos; una talla de Nuestra Señora del Rosario de finales del siglo XVI; la imagen de San Juan Evangelista, de escuela de Mora, y la urna del Santo Entierro realizada por Pedro de Mena y Gutiérrez en 1769, que contiene un Cristo yacente, obra de  Miguel de Verdiguier del año 1774 (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de Nuestra Señora de la Aurora.-
     Se edificó esta ermita con el título de Nuestra Señora de la Aurora en 1715. El interior es de una nave cubierta por bóveda de cañón, y en la cabecera, bóveda semiesférica y un ramo de cañón. El retablo mayor, realizado entre 1756 y 1759, es obra del círculo de Francisco José Guerrero. Nuestra Señora de la Aurora se atribuye a José de Medina; en el ático hay un Crucificado y a los lados San Pedro y San Pablo. En el muro de la izquierda destaca un pequeño grupo en bronce de Cristo azotado por dos sayones, de estética manierista, flanqueado por esculturas de San Antonio y San José con el Niño, granadinas de mediados del XVIII. El lienzo de Nuestra Señora de la Antigua es obra popular del XVII, y de igual fecha con el Salvador y la Virgen.
     Bajo la media naranja, en ambos lados, se ven dos retablos gemelos; el de la izquierda, con la Virgen del Rosario de Leonardo de Castro, y dos pequeñas efigies de San Antonio y la Magdalena; el frontero, con San José con el Niño, atribuido a José de Medina, con San Domingo y San Francisco. Repartidos por la capilla hay diferentes lienzos destacando el Apostolado, restaurado en 2003, la Piedad y, especialmente, la Virgen y el Niño con San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, de la segunda mitad del XVII. El Descanso en la vuelta de Egipto, inspirado en Correggio, es del taller de Leonardo Antonio de Castro, de primera mitad del XVIII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
      El edificio corresponde a los primeros años del siglo XVIII, si bien se fue enriqueciendo a lo largo de toda la centuria. 
     Presenta planta rectangular de una sola nave, dividida en tres tramos más los que ocupan la cúpula y el presbiterio donde se abre un camarín. La nave se articula  por medio de pilastras de orden toscano que soportan una cornisa que recorre todo el interior. Las cubiertas son de medio cañón con arcos fajones y bóveda de media naranja delante del presbiterio. 
     Esta se decora con yeserías en las pechinas. Este mismo elemento decorativo se repite en el camarín que presenta planta circular y donde sobresalen  los temas de estípites y rocallas que alternan con cabezas de ángeles y alegorías marianas.
     Recientemente se ha colocado nueva techumbre, ampliándose también la sacristía restándole espacio a un patio colindante.
     La fachada, embutida en el  caserío,  es de mampostería y se divide en dos cuerpos rematados por frontón triangular, tras el que se adosa la espadaña. En el primer cuerpo se abre la portada, de vano semicircular que está inserta en un enmarque de piedra con pequeña cornisa, decorada en la clave. El segundo cuerpo se decora con una hornacina que alberga  a la titular del templo y una ventana cerrada  por celosía de obra. Cierra este cuerpo una cornisa decorada con pinjantes y un frontón con óculo. La espadaña se abre por un segundo frontón partido.
     La Hermandad de Campanilleros de Nuestra Señora del Rosario estuvo establecida desde el siglo XVI en los dominicos de San Pedro Mártir, pero posteriormente obtuvieron licencia para edificar capilla propia pero con el título de Nuestra Señora de la Aurora.
     No será hasta 1710 cuando la Hermandad posea un edificio propio. En este año el presbítero, el capellán y el regidor consiguieron la donación  de un solar en la calle Abad Serrano para la construcción de la nueva ermita, lugar que ocupa actualmente en pleno centro de Lucena. Cuatro años más tarde, en 1714 se puso la misma bajo el patronato de la Virgen de la Aurora, con el fin de evitar su confusión con la existente en el convento dominico. 
     En la actualidad se mantiene la tradición de los campanilleros  que rezan el Rosario. Estos salen  varios sábados antes del segundo domingo de octubre, festividad de la titular, realizándose una procesión por el barrio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta bella ermita se erigió hacia 1715 y su cofradía mantiene la tradición, tan propia de los pueblos del sur cordobés, de los campanilleros de la Aurora.
     La planta de la ermita es rectangular organizada en cinco tramos, correspondiendo el cuarto y el quinto a los espacios cubiertos por la cúpula y el presbiterio respectivamente.
     La cúpula se eleva sobre pechinas decoradas con hojarascas de estuco enmarcando los blasones heráldicos del Patrono de la Capilla don. José de Arjona y Hurtado.
     El retablo mayor, obra atribuible a Francisco José Guerrero, finalizado en 1759, representa en su estructura la síntesis decorativa de este retablista tan pródigo en trabajos en Lucena.
     El camarín realizado para la imagen de la titular entre 1756 y 1759, es de planta circular y pequeñas dimensiones, unos dos metros de diámetro, se adapta como uno a modo de ábside a la cabecera de la iglesia, profusamente decorado con rocallas, estípites, espejos y cabezas de angelotes.  
     Todas las características de estilo de este pequeño espacio apuntan hacia el escultor y tallista lucentino Pedro de Mena y Gutiérrez, ocupado en esos momentos en las yeserías del Sagrario Mayor de San Mateo (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de Nuestra Señora del Valle.-
     Sobre una vieja ermita del siglo XVI fundaron los frailes de San Pedro de Alcántara un hospicio en 1703, por deseo expreso del duque de Medinaceli. En 1713 se constituyó en convento con advocación de San Bernardino de Siena y así permaneció hasta la desamortización de 1836. Tras pasar por variados destinos, en 1979 fue cedido por el Obispado en estado ruinoso a la Asociación Asistencial Siloe. El templo se estaba construyendo en 1722; el interior es de una sola nave con crucero de brazos inscritos y capillas laterales entre pilastras. La cubierta es de cañón con lunetos, salvo en el crucero, que es de media naranja sobre pechinas.
     El retablo mayor fue realizado por Juan Abundio y Tomás de Burgos en 1760; tiene un camarín para Nuestra Señora del Valle, imagen de talla completa, pero mutilada para ser vestida; obra de comienzos del XVII, se reformó y añadió el Niño en el XVIII. A los lados hay imágenes de San Juanito y San Antonio de Padua, y en el ático, Santo Domingo, San Bernardino y San Francisco. En el crucero, a la izquierda hay dos retablos barrocos; el del frente tiene la Inmaculada Concepción, de bella factura y estética granadina de hacia 1700, cercana al estilo de José de Mora, y el del testero, a San Francisco de Asís, interesante talla de comienzos del XVIII. El primer retablo del brazo derecho es similar al de la Inmaculada, con la imagen de San José, de las mismas características. El del testero tiene un lienzo con San Judas Tadeo, de comienzos del siglo XVIII, firmado por Bartolomé Polonio en Montilla.
     A la izquierda de la nave el primer altar es el de San Antón, imagen de taller local de fines del siglo XVII. Sigue el altar de la cofradía del Valle, de 1802; lo preside Nuestro Padre Jesús del Valle, Nazareno de vestir con cabeza de terracota del XVIII, representado en el episodio de la Mujer Verónica, y Nuestra Señora de la Amargura, de igual fecha, procedente de San Francisco de Paula. En el lado derecho están los altares de San Pascual Bailón y San Pedro de Alcántara, imágenes del XVIII, y Santa Marta, del XVII.
     De la colección pictórica merecen destacarse dos lienzos de escuela granadina, de excelente factura, fechables hacia 1670, la Visión de San Francisco, en la escalera principal, y la Virgen del Rosario con Santo Domingo, en la escalera secundaria, atribuidos a Juan de Sevilla. También los atribuidos a Leonardo Antonio de Castro: la Coronación de la Virgen con San Joaquín y Santa Ana, y un San José con el Niño de modelo murillesco (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Fundada a extramuros de la Ciudad, por los Franciscanos Descalzos (Alcantarinos) en 1713, en la que ya era ermita de la Virgen del Valle. Desamortizado en 1835, hasta finales del siglo pasado, principios de este no fue ocupado por otra Comunidad. Destinado muchos años como Casa Asilo de los Ancianos Desamparados, a inicios de la década de los ochenta se convierte en uno de los Hogares de la obra de Jesús Abandonado. Se han llevado a cabo importantes obras de restauración. La iglesia, de no muy grandes dimensiones, consta de una sola planta con capillas laterales.
     En su interior destaca el retablo mayor realizado por Juan Abundio de Burgos. Ejecutado entre 1760 y 1763, es de madera de pino de Flandes tallada y dorada.
     La calle central está totalmente ocupada por la boca del camarín de la Virgen del Valle, con arco de medio punto (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Mateo, Iglesia conventual de Madre de Dios -San Francisco-, Iglesia de San Martín, Iglesia de Santo Domingo de Guzmán -San Francisco de Paula, Iglesia de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Ermita de Nuestra Señora de la Aurora, e Iglesia de Nuestra Señora del Valle) de la localidad de Lucena (II), en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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