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domingo, 17 de agosto de 2025

El zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva, de Pickman y Compañía, en el Convento del Socorro

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva Meneses, de Pickman y Compañía, en el Convento de Santa María del Socorro, de Sevilla
     Hoy, 17 de agosto, en Toledo, ciudad de España, Santa Beatriz de Silva Meneses, virgen, que fue dama noble en la corte de la reina Isabel, pero después, prefiriendo una vida de mayor perfección, se retiró a las religiosas de la Orden de Santo Domingo durante muchos años y finalmente fundó una nueva institución con el título de Orden de la Concepción de la Bienaventurada Virgen María (1490) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y que mejor día que hoy para ExplicArte el zócalo de azulejos de Santa Beatriz de Silva Meneses, de Pickman y Compañía, en el Convento del Socorro, de Sevilla.
      El Convento de Santa María del Socorro (actualmente cerrado), se encuentra en la calle Bustos Tavera, 30 (aunque la entrada a la Iglesia se efectúa por la calle Socorro, 13); en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
     En una de las estancias del Convento de Santa María del Socorro, podemos contemplar este zócalo de azulejos, realizado por la fábrica de Pickman y Compañía, en 1910, con unas medidas de 0,41 x 1,12 mts., en estilo neorrenacimiento.
    La cartela circular flanqueada por dos figuras fitomórficas que se prolongan en tallos vegetales con flores, alberga a la santa, representada de medio cuerpo, vistiendo el hábito de la orden, dejando abierto el manto para mostrar sobre el pecho el corazón inflamado atravesado por un dardo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Beatriz de Silva y Meneses, virgen;
     Santa Beatriz de Silva y Meneses, (Ceuta, c. 1426 – Toledo, 17 de agosto de 1491) sup. Santa, noble y fundadora de la Orden de las Concepcionistas.
     Era hija de los nobles portugueses Ruy Gómez de Silva e Isabel de Meneses. De este matrimonio nacieron once hijos de los cuales hubo dos santos, Beatriz y su hermano Juan, conocido como fray Amadeo. No hay constancia del lugar exacto de su nacimiento, posiblemente en Ceuta, que entonces pertenecía a Portugal en cuya conquista había intervenido su padre.
     Su niñez y educación transcurrieron cerca de la frontera con Castilla, en la diócesis de Évora, en Campomayor, de donde su padre era el alcayde. Allí recibió una esmerada y piadosa educación dirigida por frailes franciscanos de cuya orden su madre era muy devota.
     En la iglesia de este lugar se conserva un cuadro de la Virgen María en el que parece que el pintor utilizó la imagen de Beatriz en la Virgen por su gran belleza.
     Muy poco se conoce de su vida hasta 1447, entonces vino a Castilla formando parte del acompañamiento de Isabel de Portugal que iba a contraer matrimonio con el rey Juan II de Castilla, viudo de su primera mujer. Las informaciones que hay sobre Beatriz de Silva son muy escasas y se deben a una biografía que sobre ella escribió en 1526 el fraile franciscano fray Francisco de Garnica con el título Historia de la vida de la venerable madre doña Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Concepción Franciscana de Toledo, conservada gracias a una copia de 1660. El valor de esta obra reside en que fue redactada cuando todavía vivían personas que habían conocido a Beatriz de Silva y podían aportar informaciones sobre ella. No obstante, la mayoría de los datos recogidos tienen un marcado carácter hagiográfico, no sólo con respecto a Beatriz sino a la Orden franciscana pues responden a un doble interés; en primer lugar, rodear la figura de esta mujer de un carácter mágico para legitimar su fundación y demostrar que era una elegida de Dios; y, por otra parte, manifestar la vinculación del proyecto de Beatriz de Silva con el franciscanismo desde un principio y, de esta forma, legitimar la apropiación que de él se había hecho y las modificaciones que se llevaron a cabo hasta desvirtuar los ideales preconizados por ella. Por todo esto, la obra ofrece un valor cuestionable, pero hay que utilizarla necesariamente ya que es el único texto escrito en aquella época, conocido hasta ahora, que se conserva sobre los hechos en los que participó Beatriz. Su importancia es mayor ya que no hay informaciones escritas sobre el proyecto religioso de Beatriz, pues el escrito que dirigió al papado para el reconocimiento de su fundación se ha perdido y aunque algo puede deducirse de su contenido gracias a que se conserva la respuesta en la bula papal de Inocencio VIII del 30 de abril de 1489 que autorizaba su petición, pero es difícil establecer la relación entre lo solicitado por Beatriz y lo reconocido por el papado. Todos los posteriores escritos que se han centrado en ella utilizan como fuente primaria la Vida de Garnica, y las aportaciones se refieren más a interpretaciones, análisis y valoraciones de la vida y obra de esta mujer que a nuevos datos. Por todo ello, hay todavía muchos aspectos oscuros y sin resolver, más teniendo en cuenta que en el citado escrito sobre todo se pretendía destacar la santidad y relaciones con la divinidad de Beatriz, que una reconstrucción histórica de su vida, y su adscripción al franciscanismo.
     La belleza de Beatriz era tan grande que cuando llegó a Castilla eclipsó a la de su señora, la cual sintió unos profundos celos, y ante la serie de solicitudes de matrimonio que Beatriz recibió, decidió encerrarla en un cofre. Beatriz consiguió sobrevivir el tiempo del encierro, tres días, ya que la Virgen se le apareció dos veces y le proporcionó alimento. Este primer hecho conocido de su vida ya tiene un carácter milagroso y señala la elección de la Virgen hacia esta mujer.
     Cuando su familia se enteró de la situación, su tío Juan de Silva la liberó. Entonces ella, como muestra de gratitud hacia la Virgen, tomó la decisión de retirarse de la Corte, permanecer virgen haciendo voto de castidad y recluirse en un lugar sagrado para poder dedicarse a la vida religiosa y no sufrir por causa de su belleza solicitudes amorosas ni matrimoniales. La leyenda cuenta que a partir de ese momento se cubrió la cara con un velo y nadie volvió a vérsela.
     La decisión de Beatriz fue vivir en el Convento de Santo Domingo de Toledo, pero no profesar en esta Orden, sino vivir como una laica acogida a la protección que ofrecía el convento, cosa que era muy habitual en aquel tiempo. Se ha discutido sobre la identificación del elegido y al que donó todos sus bienes, ya que entonces en Toledo había dos conventos de monjas puesto bajo la advocación de Santo Domingo.
     Uno era de monjas cistercienses y otro de dominicas.
     El primero recibía el nombre de Santo Domingo el Antiguo y el de dominicas el de Santo Domingo el Real. Pero el problema se acentúa pues existe una fuerte tradición de que Beatriz vivió en el primero, todavía se señala donde estuvo su celda, y la bula de Inocencio VIII de 1489 se refiere a un convento de la orden cisterciense. No obstante, durante el proceso de canonización se hace referencia al Convento de Santo Domingo el Real y las recientes investigaciones confirman que fue con las dominicas con quienes se recluyó, aunque como seglar, sin vivir bajo una regla.
     Por tanto, su primera relación en Toledo fue con la Orden de Santo Domingo.
     Apenas hay referencias a los años pasados en el convento viviendo como beata una vida austera, de rezos y penitencias, de acuerdo con las nuevas fórmulas religiosas desarrolladas desde el siglo xiv, relacionadas con la “devotio moderna”. Era una piedad que preconizaba la posibilidad de vivir una profunda espiritualidad sin la mediación de normas, reglas, ni jerarquías eclesiásticas.
     Por ello, Beatriz vivía en un convento, que la protegía y la eximia del cumplimiento de sus obligaciones cortesanas por ser noble, pero sin aceptar la regla de las monjas, ella era la que diseñaba su espiritualidad y vida religiosa que podía llegar a ser más dura que la de las propias monjas con las que convivía. Este movimiento religioso que tuvo gran predicamento en Castilla durante los siglos xv y xvi propició que mujeres como Beatriz, conocidas como beatas, pudieran llevar a cabo proyectos de vida religiosa singulares que no se adaptaban a las normas convencionales sino que pretendían una religiosidad más personal y autónoma.
     Asimismo, ofrecía la posibilidad de crear espacios de libertad religiosa femenina.
     Durante los años en los que Beatriz vivió en Santo Domingo el Real de Toledo la fama de su piedad fue creciendo y allí la visitó asiduamente la reina Isabel la Católica, llegando a crearse una estrecha comunicación entre ambas mujeres. El proyecto de Beatriz de vida religiosa interesaba sin duda a la Reina como se deduce de sus continuas visitas al convento.
     Y, posiblemente, por indicación suya, ya que fue la Reina quien se los cedió, se trasladó a los palacios de Galiana, además de donarle la iglesia de Santa Fe, fundación de la reina Constanza, mujer del rey Alfonso VI, tras la conquista de la ciudad. Beatriz fue acompañada por el grupo de doce mujeres seglares, algunas parientas suyas, que con ella vivían en Santo Domingo. Esto fue en 1484 iniciándose una nueva etapa en la vida de Beatriz que duró hasta 1489. En esos años, estas mujeres constituyeron un beaterio en el que se fue consolidando un proyecto religioso que culminó en la creación de una nueva Orden religiosa.
     El beaterio autónomo de Beatriz de Silva en los palacios de Galiana fue semejante a muchos otros que hubo entonces en Castilla, pero éste tenía la peculiaridad de la amistad de Beatriz con la reina Isabel y la posible injerencia de la Soberana en la vida del mismo, que culminó con creación de una nueva Orden.
     En esos años se debió de consolidar el nuevo proyecto, posiblemente el traslado había sido motivado por este motivo, ya que lo habitual en otros beaterios era aceptar la regla del convento femenino con el que tuvieran una mayor relación. En cambio, en este caso, y aquí radica su importancia, se estaba creando una nueva orden religiosa femenina que iba a sintonizar con la política religiosa propugnada por al Reina Católica. Beatriz de Silva envió a Roma para su aprobación una nueva regla que no se ha conservado.
     Es muy difícil establecer hasta dónde influyó Isabel la Católica, por una parte en la redacción y, por otra, en que Beatriz decidiera mandar a Roma la regla, para institucionalizar su beaterio y recibir la aceptación de la jerarquía eclesiástica. La nueva regla fue enviada a raíz del traslado en 1484 pero hasta 1489 el papa Inocencio VIII no emitió la bula “Inter Universa” en la que respondía a la solicitud.
     Gracias a esta bula se autorizaba a Beatriz a la fundación de un monasterio en Santa Fe de Toledo según la regla del Císter para vivir en la clausura más estricta. Asimismo se aceptaban una serie de normas cuya singularidad daba una personalidad propia a este proyecto, aunque no se conoce si respondía a todo lo planteado por la fundadora. Las monjas se ponían bajo la protección de la Inmaculada Concepción, advocación de la Virgen María que entonces estaba empezando a tener una gran relevancia. Bien es cierto que el Císter era una de las órdenes que habían influido más en el culto mariano, pero en este caso se señalaba una advocación muy precisa, que se pretendía potenciar aunque todavía no era dogma de fe dentro de la Iglesia católica. El hábito que vestirían era azul, con el escapulario blanco de las dominicas y el cordón de San Francisco. El rezo del oficio de la Concepción era obligatorio. Asimismo se daba a las monjas la capacidad de darse estatutos y ordenamiento propios, siempre que se mantuvieran bajo la autoridad del obispo. Estas nuevas monjas han sido conocidas como Concepcionistas. No obstante, el proyecto autorizado todavía iba a sufrir una serie de alteraciones. Al poco tiempo moría Beatriz de Silva, la fecha no es muy precisa pero desde luego anterior al año 1492. Su obra no estaba consolidada ni desarrollada, tampoco sus sucesoras directas tuvieron una personalidad parecida a la suya.
     A partir de ese momento se inició un proceso de apropiación de la obra de Beatriz de Silva por parte, sobre todo, de los franciscanos, que ya se había manifestado cuando estaba agonizante. Entonces pugnaron por llevarse su cuerpo las monjas de Santo Domingo el Real, ayudadas por frailes dominicos, frente a frailes menores franciscanos. Esa nueva etapa culminó en 1511 con la aprobación definitiva de la Orden de la Inmaculada Concepción en la que la primitiva regla enunciada por Beatriz y su adscripción al Císter fueron suprimidos, restando únicamente la advocación concepcionista. El cardenal Cisneros, arzobispo de Toledo y monje franciscano, incluyó a las monjas de la Santa Fe en los objetivos de su reforma de las órdenes religiosas, que pretendían una mayor uniformidad y sometimiento en las órdenes femeninas a las jerarquías eclesiásticas. El proceso consistió, sobre todo, en la sustitución de la regla de Beatriz de Silva por la de Santa Clara, endurecida por el P. Quiñones, se eludió, por tanto, la adscripción al Cister y las monjas quedaron integradas en la familia franciscana como una reforma dentro de las clarisas y bajo esta autoridad y observancia. La clausura se endureció, igual que la obediencia, la pobreza y se controló cualquier posibilidad sobre la actividad intelectual individual, que anteriormente había caracterizado los conventos de clarisas.
     La reina Isabel debió de tener participación importante en la integración de las concepcionistas al mundo franciscano, por su fuerte inclinación hacia él. También hay que tener en cuenta que el Convento de la Santa Fe estaba muy próximo al de los franciscanos y estos frailes auxiliaron a Beatriz y a las restantes monjas cuando lo requirieron. Por otra parte, Isabel no estuvo de acuerdo con la obediencia al obispo, propuesta, para dar una mayor autonomía a la Orden, e insistía, incluso en vida de Beatriz, en que era preferible la sujeción a las jerarquías franciscanas, como demuestra la bula de Alejandro VI de 1494, ya muerta Beatriz, en la que se atienden las solicitudes de la Reina Católica en este tema y se inicia la incorporación de las concepcionistas como una rama del tronco de las clarisas.
     La Orden de las concepcionistas, debidamente adecuada a los intereses de Isabel la Católica, gozó de una gran aceptación por parte de la Reina y del resto de mujeres nobles que formaban parte de su Corte. Todas contribuyeron a la expansión de los conventos concepcionistas como exponentes de la religiosidad impulsada por la Reina Isabel. La conquista del Reino de Granada fue una magnífica ocasión para llevar a las concepcionistas en las tierras recién incorporadas e impulsar estas nuevas formas religiosas. Isabel la Católica influyó para que se fundaran conventos y contribuyó a su dotación y otro tanto hicieron las mujeres más allegadas a la Reina. Se fundaron cuarenta y seis casas entre 1504 y 1526, destacando la segunda fundación de la nueva Orden, la de Torrijos (1507), auspiciada por Teresa Enríquez, “La loca del Sacramento”. De esta forma desde los inicios del siglo xvi la obra de Beatriz de Silva tuvo una gran repercusión, a pesar de que en ella no se mantuviera el proyecto inicial de esta mujer, que fue beatificada por el papa Pío XI en 1926 y canonizada por Pablo VI el 3 de octubre de 1976. En aquel momento, su Orden contaba con más de ciento cincuenta monasterios distribuidos por Europa y América.
     Beatriz de Silva fue protagonista de dos comedias del Siglo de Oro: La fundadora de la Santa Concepción, de Blas Fernández de Mesa, y Doña Beatriz de Silva, de Tirso de Molina (Cristina Segura Graiño, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Convento de Santa María del Socorro, en ExplicArte Sevilla.

martes, 19 de septiembre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana; Ermita de San Bartolomé; Plaza de Toros; y Los Azulejos) de la localidad de Santa Ana la Real, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana; Ermita de San Bartolomé; Plaza de Toros; y Los Azulejos) de la localidad de Santa Ana la Real, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Está situado en un pequeño valle delimitado por el Cerro Castillejo y las Cumbres de la Serrachuela, a 640 metros de altitud.
Reseña histórica breve
     Existen grabados rupestres del año 3.000 a.C. hallados en la finca de Los Azulejos, en una necrópolis dolménica.
     Los primeros indicios del lugar datan del siglo XVI.
     Perteneció a Almonaster la Real, hasta 1.751, cuando fue declarada villa por el rey Fernando VI.
     El siglo XVIII comienza a surgir una intensa actividad hortofrutícola e intercambios comerciales con localidades extremeñas. Fue entonces cuando surgió un un enfrentamiento con las villas de Almonaster y Jabugo motivado por problemas territoriales y sociales.
     El siglo XIX se vio afectado por las epidemias de cólera de 1.834 y 1.854.
Patrimonio cultural y artístico
     Iglesia de Nuestra Señora de Santa Ana, del siglo XVII, de estilo neoclásico.
     Ermita de San Bartolomé, construida en 1926.
     La Cruz del Vigía.
     La Fuente de tres caños, de forma hexagonal de cerámica vidriada.
Fiestas y tradiciones
     Día de los Quintos:, el 1 de enero
     Bollos de Pascua, el Domingo de Resurrección.
     Corpus Christi, el pueblo se adorna con ramas de chopo y castaño.
     Candelas de San Juan y San Pedro, el 23 de junio, también llamadas "sannas".  Se repiten el 28 de junio usando romero como combustible.
     Fiestas Patronales de Santa Ana y Santiago, del 24 al 26 de julio.
     Las Novenas de La Corte, a la Virgen del Rosario.
     Migas de Tosantos, 1 de noviembre.
Recursos económicos y sociales
     La agricultura, la ganadería, el aprovechamiento forestal y un incipiente desarrollo del turismo rural.
Gastronomía
     Destacan las migas, el picadillo de asadura, el estofadillo, el potaje de habichuelas con bacalao y el gazpacho de papas cocidas.
     La repostería del lugar nos ofrece exquisitos dulces caseros como los buñuelos de viento, las torrijas enmeladas, los pestiños, las rosas y los roscos (Diputación Provincial de Huelva).
     Existen testimonios de asentamientos humanos en su término municipal desde la prehistoria. Concretamente, en la finca denominada Los Azulejos, hay grabados rupestres fechados en el III milenio antes de C. Igualmente, se conservan restos de túmulos de La Edad del Bronce. El origen de la actual población fue el caserío surgido en torno a un primitivo humilladero dedicado a Santa Ana, del que deriva su nombre. Desde su fundación, quedó bajo la jurisdicción de Almonaster la Real, de la cual se independizó en el año 1751 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Santa Ana la Real, pueblo de calles empedradas y fachadas luminosas que tiene una iglesia de estilo neoclásico (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Santa Ana la Real, es un pequeño pueblecito cuyas estrechas callejuelas confluyen en la plaza de la Iglesia, ante cuya portada principal hay una morera de más de cien años.
     A la salida, en el borde mismo de la carretera, se encuentra la blanca ermita de San Bartolomé, diminuta y coqueta, hito que recuerda la trascendencia que impregna estos lugares (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santa Ana
     La población contaba desde el siglo XVII con un primitivo templo que, a  mediados del siglo XVIII fue sustituido por el templo actual, en cuyo proceso de edificación intervino el arquitecto Antonio Matías de Figueroa. Sus bóvedas se estaban cerrando en torno a 1784 y, cinco años después, en 1789, quedaba totalmente terminado. Por tanto, el edificio, estructural y formalmente, se encuadra dentro del ambiente arquitectónico característico de la Archidiócesis sevillana de la segunda mitad del siglo XVIII  en el que un relativo rigor neoclásico va sustituyendo paulatinamente al estilo barroco tardío.
     Hoy preside el presbiterio una imagen de San­ta Ana con la Virgen y el Niño realizada en 1942 por el escultor Sebastián Santos, copiando la antigua escultura titular hoy ya desaparecida.
     El único retablo antiguo de la iglesia se sitúa en el lado izquierdo de la nave y consiste en una estructura de fábrica, de estilo barroco, del último cuarto del siglo XVIII.
     La capilla Bautismal contiene una pila de mármol local, datada en 169l del siglo XVII, procedente de la iglesia antigua. Finalmente, es de interés una pililla de agua bendita con respaldo de cantería, popular barroca, del siglo XVIII.
     En la sacristía se conserva un cáliz y un ostensorio de estilo barroco; el primero, del siglo XVII y el segundo, de la primera mitad, de comienzos del XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Planta de cruz latina con eje de occidente a oriente, aunque su acceso principal actualmente es el que da al norte.
     Posee una nave que contiene capillas de 3 metros de profundidad y que marcan los pilares de la estructura.
     Paramentos Verticales: Está formada por arcos fajones que conforman la bóveda de cañón los cuales descansan en las pilastras adosadas al muro. La altura de la nave es considerable.
     La cúpula sobre el crucero es con pechinas. Tiene un coro donde se accede a la torre que es de planta cuadrada terminando por arriba en pináculo octogonal. Todo encalado.
     Exterior: Las fachadas son de fábrica de ladrillo visto con enfoscado pobre de barro y mortero con portadas en bajo relieve.
     Cubierta de teja a dos aguas en la nave con hexágono en el crucero y cambio en naves laterales.
     Portada renacentista con tímpano, rosetón y otros elementos que se encuentran tapiados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de San Bartolomé
     Ermita formada por una crujía. Antes de acceder a la entrada de la ermita nos encontramos con unos escalones que dan acceso a una zona rodeada por dos muro de escasa altura, a modo de bancos. Esta zona se encuentra empedrada. En el interior nos encontramos con un pequeño altar totalmente decorado con flores y velas. Detrás del altar se encuentra la imagen de San Bartolomé.
     Los materiales constructivos son piedra y ladrillo. El tejado es a dos aguas.
     El suelo que se encuentra en la parte previa a la ermita está empedrado, el interior tiene una solería de terrazo.
     Tiene un único vano que se corresponde con la puerta de entrada, rematada en un arco apuntado. La puerta está enrejada, permitiendo ver el interior de la ermita. La entrada a la ermita está enmarcada por un pequeño muro abierto por la parte central. La decoración de la ermita es extremadamente sencilla (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros
     La plaza de toros de Santa Ana se encuentra en el cruce de la carretera local A-470 con el camino de acceso del ganado a la ciudad. Es una plaza rectangular con el graderío curvado en las esquinas, para conseguir un coso más redondo, que se adapte mejor a los ritos actuales de la corrida. Una vez más encontramos la iglesia al final del camino que bordea la plaza antes de entrar en la ciudad.
     Se trata de una construcción con muros mixtos de mampostería y ladrillo, encalados. Los chiqueros están comunicados directamente con el camino de acceso para el ganado, y se sitúan tras una gran puerta con arco que señala la entrada de los toros de lidia en el ruedo.
     Según dicen es la plaza más antigua de la zona, habiéndose inaugurado el 26 de julio de 1988. Su estado de conservación es excelente, y se encuentra en uso, celebrándose corridas en los días de fiesta del pueblo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Los Azulejos
     El relieve de la zona corresponde a uno de los batolitos de la sierra de Huelva, con alturas amesetadas y formaciones graníticas que posibilitan la formación de un paisaje de dehesas.
     La Zona Arqueológica está compuesta por un roquedo con grabados rupestres y dos dólmenes cercanos. El roquedo se encuentra junto a las ruinas de una casa rústica y forma parte de de un corral de piedra para el ganado.
     Todos los grabados se localizan sobre una única roca granítica que forma parte de un roquedal aislado entre la vegetación circundante. La roca elegida mide 2 metros de altura por 1,50 metros de anchura.
     La técnica empleada en la grabación fue la de la abrasión, que produce perfiles de acanaladuras en "U" muy suaves, lo que ha contribuido a su desgaste.
     Para la descripción y la interpretación de los grabados se sigue la opinión de Juan Aurelio Pérez Macías, quien les dio una numeración que facilita su reconocimiento. Este arqueólogo hizo la siguiente clasificación de los motivos representados:
    1.- ESTILIFORMES (nº 1 y 8). Al estiliforme 1 se le superpone el motivo nº 4, aunque ello puede deberse más bien a una mala planificación inicial del conjunto del panel, antes que a una superposición cronológica. El número 1 podría, por su posición y temática, interpretarse como un figuración del sol. El número 8, aunque diferente, puede representar esquemáticamente un motivo estelar.
     Este tipo de motivos se inicia en el Neolítico de las cuevas y se prolonga hasta inicios de la Edad del Bronce. El paralelo más cercano lo proporcionan los estiliformes de la Zarcita.
    2.- CRUCIFORMES ( nº 2 y 18). Son frecuentes en el arte esquemático, donde se interpretan como figuras humanas.
      Podrían estar en relación con los ídolos cruciformes, tales como el de uno de los dólmenes de Los Gabrieles. Los cruciformes tienen una gran aceptación tanto en grabados en dólmenes, como en representaciones al aire libre.
    3.- CUADRUPEDO (nº13). Este motivo tiene numerosos paralelos en el arte esquemático, incluso en las mismas asociaciones que en los azulejos. Se acepta de forma generalizada que los cuadrúpedos son una aportación de época calcolítica.
    4.- RAMIFORMES (nº 4 y 14). Los dos ramiformes simples representados deben responder a diferentes especies vegetales, dadas las evidentes diferencias de su composición. Su aparición parece datar del Calcolítico, y es un tipo de motivo muy frecuente en el arte esquemático.
    5.- ANCARIFORME (nº 5). Llama la atención la posición horizontal del ancariforme de esta composición, pues los hasta ahora conocidos son siempre verticales.
     H,. Breuil y Manuel Almagro los interpretan como ídolos en su representación en placas decoradas y en las estelas extremeñas, aunque Pilar Acosta puntualiza que, al menos en pintura esquemática, no responden a tal interpretación, ni a un único periodo cultural.
    6.- ACODADOS (nº 6, 7, 16 y 17). Todos ellos se localizan en la mitad derecha del panel, unos en posición horizontal y otros en vertical, y constituyen l motivo más representado.
     H. Breuil los interpretó como trasunto de hachas enmangadas, hipótesis que este caso podría quedar apoyada por la proximidad a los motivos ramiformes.
    7.- BARRA (nº 9). En ocasiones las barras se han interpretado como figuras humanas, pero en este caso, según Pérez Macías, podrían responder a otro tipo de instrumento relacionado también con los ramiformes. Los paralelos más próximos se sitúan en Villanueva de Los Castillejos.
    8.- MOTIVOS EN FORMA DE "Q" (nº 10 y 12). Este tipo de motivos no tiene paralelos en la pintura esquemática, aunque se halla representado en los cercanos petroglifos de Las Tierras.
    9.- ZIG - ZAG (nº 11 y 13). Los paralelos más próximos proceden de ciertas cerámicas y objetos muebles de la provincia de Huelva, tales como la arqueta de la Zarcita o las piedras acanaladas de San Bartolomé de la Torre.
    10.- PETROGLIFOIDES (nº 15 y 19). El número 15 es un circular simple, mientras que el 19 responde al tipo de circular con escotadura. Ambos son frecuentes en la pintura esquemática y en los grabados, entre ellos los de los petroglifos de Las Tierras, que constituyen el paralelo más próximo.
     Según Pérez Macías, se pueden establecer asociaciones de motivos en dos planos: vertical y horizontal. Los elementos estiliformes se distribuyen en la parte superior, mientras que el cuadrúpedo ocupa el plano más bajo; entre ambos se localizan los arboriformes. Los signos de la derecha son demasiado esquemáticos como para sacar conclusiones.
      En este sentido, los dos motivos estelares a cada lado se puede interpretar asociados a los motivos que distribuyen bajo ellos. Según el citado autor, el número 1 podría relacionarse con una representación del sol y de motivos diurnos, como el cuadrúpedo y el ramiforme, mientras que el número 8 podría ser una representación de la noche (estrella) y de motivos asociados a la vida nocturna.
     Muy próximos a los grabados quedan restos de dos dólmenes de galería muy destruidos, ya que tan sólo conservan los ortostatos interiores, que permiten ver su planta. Se trata de dólmenes de galería, de dimensiones muy reducidas. Aunque Pérez Macías descubrió un tercer dolmen en muy mal estado de conservación, nos ha sido imposible su localización.
     Los dólmenes del tipo de los descubiertos en el yacimiento se fechan en una segunda fase del megalitismo de Huelva, tras un primer periodo de fuerte influencia atlántica. Su cronología se encuadra en la segunda mitad del III Milenio a. C.
     Las estructuras megalíticas corresponden a dólmenes de galerías, construidos con ortostatos de granito y que presentan túmulo. El dolmen 1 presenta una longitud de 2'20 metros, con una orientación Este-Oeste y el túmulo tiene un diámetro de 15 metros. El dolmen 2, también con una orientación Este-Oeste, mide 2'45 metros de longitud, mientras que el túmulo que presenta anillo perimetral, posee un diámetro de 14'50 metros.
     El yacimiento carece de estudios específicos a excepción de los efectuados por Pérez Macías, quien realizó la prospección arqueológica superficial de la zona.
     La asociación existente entre el conjunto megalítico y los grabados ha sido constatada también en otros yacimientos e interpretada como parte del ritual funerario. En el dolmen de Soto se evidencia la presencia de un menhir decorado reaprovechado de los alrededores. Por otra parte, está comprobado que en una fase posterior del megalitismo se experimenta un cambio en las costumbres funerarias que lleva a la representación de los grabados sobre los propios ortostatos de los dólmenes.
     Por su proximidad a los sepulcros y por el repertorio de motivos representados, los grabados de los azulejos deben corresponder al Calcolítico. De esta época son numeroso los paralelos de los motivos soliformes, arboriformes, cruciformes y de cuadrúpedos en el arte esquemático, y no faltan ejemplos en el arte mueble, tales como el vaso de los Millares, y las placas de arcilla de Vila Nova de San Pedro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Ana; Ermita de San Bartolomé; Plaza de Toros; y Los Azulejos) de la localidad de Santa Ana la Real, en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

Más sobre la provincia de Huelva, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 11 de mayo de 2019

Un paseo por la calle Abades


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Abades dando un paseo por ella.
    La calle Abades, en el Callejero Sevillano, es una vía que se encuentra en los Barrios de San Bartolomé y Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo, y va de la calle Corral del Rey a la calle Mateos Gago
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el s. XIII era conocida su parte central como Mayor del Rey o del Rey por formar parte del eje que arrancaba de la Puerta de la Macarena y terminaba en Mateos Gago dividiendo a la ciudad en dos. En el s. XIV ya se llamaba Abades, pues así aparece en un documento de 1355 (Ballesteros: Sevilla en el siglo XIII); esta denominación, que incluía también a la actual Don Remondo, hacía referencia al nombre con el que en aquella época se conocía a los canónigos y prebendados al servicio de la Catedral que vivían en su mayoría en estas dos calles.
   Con el paso del tiempo, ambas calles se empiezan a conocer como Abades Alta y Abades Baja hasta 1845 en que la primera conservará su nombre añadiéndole un tramo al comienzo, conocida hasta entonces como Baviera, por una posada que allí existió, y otro al final, llamado de los Azulejos, por un retablo que había en un recodo de la desembocadura a Mateos Gago. La segunda se rotulará en la misma fecha como Don Remondo. Hubo un intento a finales del s. XIX de nominarla Beato Juan de Ribera (1533-1611) por el arzobispo de Valencia, elevado posteriormente a los altares, que había nacido en esta calle, pero el cronista de la ciudad Luis Montoto informó negativamente el proyecto.

   Era muy estrecha y no permitía el paso de un coche, por lo que ya en los siglos XVI y XVII se promovieron diversos derribos totales o parciales en casas de propiedad de la Iglesia o de los eclesiásticos; también se taparon varios rincones existentes "por las ofensas que se hacían a Dios" y porque eran depósitos de basuras. En el s. XIX y dentro de los planes de alineaciones se producen algunos retranqueos especialmente visibles en las confluencias con Aire, Guzmán el Bueno y en la casa núm. 33. En la actualidad pueden distinguirse tres tramos: el primero, entre el Corral del Rey y Aire es corto y muy estrecho; el segundo, entre ésta última y Ángeles tiene la anchura media de la zona, y el tercero presenta una cierta elevación de los extremos hacia el centro a la vez que se estrecha en una doble revuelta para terminar ensanchándose en la confluencia con Mateos Gago como consecuencia de las actuaciones realizadas en los años veinte en ésta última. estuvo, enladrillada y empedrada en los s. XVI y XVII, realizándose numerosas reparaciones y reposiciones como consecuencia del tránsito y de las reclamaciones de los vecinos.
   En el último tercio del s. XIX se adoquina con materiales procedentes de otras calles, en 1941 se pavimenta con adoquín pequeño y se la dota de acera con losetas de cemento, y en la década de 1970 se cubre con asfalto que presenta un regular estado de conservación. El primer tramo, que actualmente es de cemento, está protegido con guardacantones de hierro, lo que nos indica que antes estuvo abierta al tráfico de vehículos. El último tramo, está también cerrado al tráfico y fue pavimentado en 1935 con losetas de cemento y varios escalones con piedra de Sierra Elvira a su término.
   El caserío, que presenta en líneas generales edificios de gran valor arquitectónico con predominio de los del s. XVIII, se concentra en el tramo central, predominando en los otros tramos las casas de carácter popular. En todos ellos se percibe un cierto abandono salvo en los recientemente restaurados. Entre todos ellos destaca la Casa de los Pinelo, esquina a Segovias, propiedad en el s. XVI de Diego Pinelo, miembro de una familia genovesa, canónigo y maestrescuela de la Catedral. Consta de dos plantas con mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto., balcones con guardapolvos y dos patios en torno a los cuales se organiza la edificación. En el patio principal son de destacar las yeserías platerescas y en las habitaciones los artesonados. En ella nació San Juan de Ribera, hijo natural del Duque de Alba; fue cedida posteriormente al cabildo eclesiástico. A comienzos del siglo XX y hasta los años 70 estuvo allí la pensión Don Marcos donde acudía una clientela sencilla en la que no faltaban clérigos; en 1983 fue adquirida por el Estado, restaurada por Rafael Manzano y destinada a albergar las Reales Academias Sevillanas de Buenas Letras, Bellas Artes y Medicina.

   En ella tuvieron lugar hasta hace unos años la Exposición de Otoño y los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo están las casas núms. 41 y 43, del siglo XVII, con dos plantas y mirador la primera y ático la segunda. En ésta última se encuentra desde hace varias décadas la Escuela Francesa, hoy establecimiento hostelero. También merece destacarse el conjunto de casas del siglo XVIII con dos plantas y ático con arcos de medio punto y mirador. En la casa núm. 51 se fundó, en 1751, la Academia Sevillana de Buenas Letras, una placa recuerda el suceso. En la núm. 41 nació el que fuera secretario perpetuo de la misma Luis Montoto y Rautenstrauch, polígrafo y cronista de la ciudad. en el núm. 16 vivió y murió el canónigo Juan Francisco Muñoz y Pabón, autor de varias novelas. Muchos de estos edificios están levantados sobre restos romanos y musulmanes, de los que han aparecido algunas muestras. Así, son conocidas desde el s. XIII las termas romanas existentes en los sótanos de la casa núm. 28, de nueva construcción con entrada actualmente por Cardenal Sanz y Forés. Los capiteles corintios que lucen las columnas de la Alameda de Hércules aparecieron en una casa del cabildo, y la casa núm. 25 está levantada sobre el solar de dos mezquitas existentes en 1396. Según Santiago Montoto, en esta calle se encontraba el hospital de San Bartolomé.
   Formaba parte del eje de comunicaciones norte-sur de la ciudad, aunque siempre tuvo muchas dificultades el tráfico rodado; a pesar de ello era considerada en el s. XVI calle principal con mucho paso de gente y bestias. Su principal función ha sido siempre la de residencia de los clérigos al servicio la Catedral y el arzobispado. El clero "se hacinaba como una nidada de jóvenes pelícanos, bajo el ala de la Madre Iglesia", dirá R. Ford, el cual referirá que "ya no despide olor a ricas ollas" y no había ajetreo de niños, y recogerá de boca del pueblo el dicho:
   "En la calle de los Abades
   todos han tíos y ninguno padres".
   Hoy aparece silenciosa y tranquila, aunque no en todos sus tramos, tal como la viera Álvarez-Benavides en 1839 "angosta, triste y sola", sensación que no rompe la instalación en una preciossa casa-patio del Pub Abades. [Salvador Rodríguez Becerra en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Abades, 6 [actual 14]: CASA DE LOS PINELOS. Es una de las más interesantes y antiguas de Sevilla. En el primer cuarto del siglo XVI fue propiedad de Diego Pinelo, maestrescuela y canónigo de la Catedral. Consta de dos plantas, rematadas por un mirador con antepecho de estilo gótico y arcos de medio punto sobre columnas. La construcción se organiza en torno a dos patios. En el primero, de pilares achaflanados, se encuentran el apeadero y las cuadras. El patio principal tiene los arcos de la planta baja decorados con yeserías platerescas y apean sobre columnas con capiteles corintios. Este mismo tipo de yerería plateresca se repite en los ajimeces que dan luz a las habitaciones que rodean dicho patio y en una de las puertas. En la escalera de acceso a la planta superior existe una magnífica reja de ventana de estilo gótico.

   En la planta alta se han reconstruido las arquerías e instalado una balaustrada hierro procedente del derribado palacio de los Levíes. En esta planta se conservan interesantes zócalos de azulejos de reflejo metálico y de lacería de tradición mudéjar. La cámara situada debajo del mirador debió ser la capilla y destaca en ella el zócalo de azulejos y una alacena con finísimos bustos en bajo relieve, de estilo plateresco. En distintas habitaciones se conservan artesonados de gran merito. En el jardín, con galería de arcos enmarcados por alfices, se ha instalado una fuente de ladrillo con labor de grutescos, que procede del ya citado palacio de los Levíes.
Abades, 18 [desaparecida]. Casa de dos plantas con fachada avitolada en la superior y mirador en uno de los extremos de la misma, con pilastras toscanas pareadas.
Abades, 19 [totalmente reformada]. En esta casa hay que destacar la galería del patio que apea sobre columnas romanas aprovechadas con capiteles corintios y la cancela que cierra el acceso al patio.
Abades, 20. Casa de dos plantas y ático con vanos de medio punto separados por pilastras. en la segunda planta, de fachada avitolada, destaca el tejaroz que cubre el balcón central.
Abades, 28. En el subsuelo se conservan restos muy importantes de unas termas romanas, entre otros, galerías de servicio abovedadas.
Abades, 29. Casa del siglo XVIII, de tres plantas, con la cornisa del balcón muy volada.
Abades, 30 [actual Hotel La Abadía de la Giralda]. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático con los vanos separados por pilastras toscanas.
Abades, 31. Casa gemela del número 29 [fechada en 1811].
Abades, 33. En este número hay que reseñar la cancela, fechada en 1867, y una yesería mudéjar con arco polilobulado en una de las habitaciones de la planta baja.
Abades, 35. Casa de tipo popular.
Abades, 37. Casa de tipo popular.
Abades, 41. Casa de dos plantas y mirador del siglo XVII. La portada decorada con falsas dovelas. La segunda planta está avitolada.
Abades, 43 [actual Hotel Eurostars Sevilla Boutique]. Casa del siglo XVII, de dos plantas y ático en la crujía de fachada. La portada de piedra, decorada con moldura quebrada, da paso a un amplio zaguán. El centro de la construcción lo constituye un patio con galerías en tres de sus frentes, en uno de los cuales se abre la caja de escalera, que se cierra con una bóveda ovalada decorada con yeserías. En la planta alta dos habitaciones se cubren con artesonados, uno cuadrado y el otro de artesa con tirantes. Conserva además algunos portajes interesantes.

Abades, 45. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y ático con vanos de medio punto alternando con otros adintelados ciegos. En la segunda planta, avitolada, existe un balcón de interés.
Abades, 47. Casa del siglo XVIII, de dos plantas y mirador con huecos semicirculares separados por pilastras toscanas y cornisa decorada con dados. En esta casa se fundó en 1751, la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.
Abades, 49. Casa de tipo popular, cuya fachada se compone con las de la misma acera. Posee una cancela fechada en 1830 y con las iniciales V.S.E. [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984]
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La calle Abades, en detalle:
Detalles de la calle Abades