Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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jueves, 9 de abril de 2026

Un paseo por la calle Reposo

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Reposo, de Sevilla, dando un paseo por ella
     La calle Reposo es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de San Gil, y San Lorenzo, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Yuste, a la calle Calatrava.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Como otras colindantes, fue conocida desde fines del s. XVI como San Clemente y Compás de San Clemente, al estar en el interior de este convento. En 1740 debe ser la que el Libro Protocolo del citado convento denomina San Bernardo, figura más destacada de la Orden Cisterciense, a la que pertenece la institución, aunque también es posible que se llame Belén. En 1868 se le dio el actual. Desde antiguo existía un acceso a la portada que daba paso a la iglesia. En 1568 se parcela la gran huerta colindante para levantar casas, y entonces se debió pro­longar esta calle en dirección a la actual Yuste. Frente a la citada portada existía una barreduela que daba acceso a la mencionada huerta. 
     En el s. XIX se produjeron impor­tantes cambios, con la construcción de naves industriales, en gran parte desaparecidas; por lo que hoy en la acera de los pares no existen edificios, sino un solar y el ángu­lo de unas naves de propiedad municipal en espera de su rehabilitación. En la frontera existen casas de dos plantas y una nave almacén. En su centro hay un entrante, al que se abre la portada monumental del s. XVII de acceso al compás de la iglesia del convento. El pavimento es de asfalto sobre los adoquines instalados en 1942. Las aceras son de cemento, muy estrechas, que apenas permiten caminar a una persona, están muy degradadas. La iluminación eléctrica se instaló en 1949, y hoy cuenta con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Reposo, 9. PORTADA DEL CONVENTO DE SAN CLE­MENTE. Consta de un cuerpo central avanzado y dos laterales. El central lo forma un arco de medio punto flanqueado por pilastras almohadilla­das, como todo el conjunto. Los cuerpos laterales poseen sendos vanos adintelados ciegos, sobre los que se abren ojos de buey. En la parte superior, una hornacina con el azulejo de San Clemente remata en frontón curvo partido [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana. Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
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La calle Reposo, al detalle:

jueves, 29 de enero de 2026

Un paseo por la calle Peris Mencheta

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Peris Mencheta, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     Hoy, 29 de enero, es el aniversario del nacimiento (29 de enero de 1844) de Francisco Peris Mencheta, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Peris Mencheta, de Sevilla, dando un paseo por ella.  
     La calle Peris Mencheta es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle González Cuadrado, a la plaza Alameda de Hércules
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos.
     En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
        Ha recibido distintos nombres en sus diversos tramos. La parte final, inmediata a la Alameda de Hércules, se conoció como Cruz de la Tinaja, por la forma de la peana sobre la que se levantaba, y como plaza de Belén o del Convento de Belén, durante los s. XVIII y XIX, por el de esta advocación que se abría a dicha plaza. Parece que también recibió el de Pino, por el que allí se erguía. El resto de la calle actual se conoce como Garfio ya en 1483, y posteriormente, de for­ma transitoria, como Cruz del Garfio, nombre que deriva de una cruz de hierro existente en la encrucijada con Molino y Guadiana, en cuya base había un garfio para colgar la balanza con la que se pesaba el carbón, de lo que queda constancia en el s. XVIII. En un documento de 1755 se denomina como Puerto del Garfio, probable error. Por ello, este ensanche, especie de plaza, se llamó también Peso del Carbón entre 1785 y 1815, pero no la calle que aparece con esta denominación en el plano de Olavide (1771). El nombre de Garfio coexiste con el de Pico, que se da al tramo comprendido entre Mata y Molino durante el primer tercio del pasado siglo, pero desde 1845 a 1916 recupera toda la calle su nombre primitivo de Garfio. En este último año se le cambió por el actual, en recuerdo de Francisco Peris Mencheta (1844-1916), periodista, fundador de El Noticiero Sevillano. En 1938 se le volvió a dar el de Garfio, aunque por poco tiempo.
     Está formada por dos tramos claramente diferenciados, separados por Feria, que la cruza. El primero estrecho, corto, irregular y peor dotado, en el que desemboca Palacios Malaver. El segundo, más largo, recto y ancho, en el que desembocan el pasaje de González Quijano, por la derecha, y Guadiana, Molino y Mata, por la izquierda. En el lado de los pares posee un entrante, que es el resto de la antigua calle Sucia (v.). Su parte final se ensancha en la confluencia con Mata, y aún más al desembocar en la Alameda, producto de operaciones inmobiliarias efectuadas en la segunda mitad del pasado siglo. El tramo entre Feria y Molino ha experimentado también un proceso de alineación desde fines de dicha centuria. A lo largo de esos años y de comienzos del actual se suceden una serie de proyectos y acuerdos para pavimentarla con adoquines. que no acabaron de cristalizar hasta la década de 1940; sobre éstos se tiende la capa asfáltica actual en la de 1970. Las aceras del primer tramo alternan el cemento de los impares con las losetas de Tarifa y los cantos rodados de la frontera; las del segundo tra­mo son de losetas. En 1921 se sustituyó la iluminación de gas por la eléctrica, que hoy cuenta con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas. Hay noticias de la construcción de una cloaca que recorría la calle en 1865, así como de la existencia de una fuente en la plaza de Belén.
     La mayor parte del caserío corresponde al último tercio del s. XIX y a principios del actual, como consecuencia de operaciones inmobiliarias relacionadas con el loteamiento de su parte final y con el derribo del convento, entre otras. Predominan las casas de tres plantas, siendo más modestas las del primer tramo; en el lado derecho de éste se encuentra la fachada lateral de la iglesia de Omnium Sanctorum, con un azulejo de la Virgen del Carmen con las ánimas. Los bajos de las viviendas suelen estar dedicados a actividades económicas, predominando pequeñas tiendas y talleres, así como algunos bares, sobre todo en la primera mitad de la calle, por la que en el pasado siglo se extendían los puestos del inmediato mercado de la Feria. Ya se ha señalado cómo en el s. XVIII se encontraba allí el peso del carbón que entraba en la ciudad; también existía en 1835 un molino de yeso. Como consecuencia de todo esto tuvo, en algunos tramos, una notable actividad económica y de tránsito, como señalara hacia 1873 Álvarez-Bena­vides, y hoy se puede comprobar por las mañanas.
     Entre los monumentos localizados en esta calle hay que citar una ermita en las proximidades de la Alameda, posiblemente de época medieval, bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén, al parecer de la cofradía de los barqueros y gentes del río, que a mediados del s. XVI estaban levantando una nueva iglesia. En 1585 se instalan al lado e incorporan la iglesia las carmelitas de la Encarnación, procedentes del Pumarejo, dando origen al mencionado convento. Allí permanecieron hasta 1837, en que fueron trasladadas a otro y el edificio, salvo la iglesia, arrendado a particulares; tras el incendio de 1875, en su solar se construyeron casas de escalera y se abrió el pasaje de González Quijano (v.) En cuanto a las cru­ces que aquí se citan, la de la Tinaja y la del Garfio, ambas eran de hierro y poseían sendas hermandades que les rendían culto; la de la primera que, según González de León (Las calles...), se denominaba realmente Santa Cruz de Palo, celebraba incluso corri­das de toros. Ambas fueron desmontadas en 1840, y trasladadas al interior de Omnium Sanctorum, donde se encuentran hoy. La de la Tinaja se instaló, según la tradición, en el lugar en el que en 1367 fue quemada viva, por orden de Pedro I, la madre del señor de Sanlúcar de Barrameda, doña Urraca Osorio, así como su criada, Leonor Dávalos, quien, para evitar la vergüenza de su señora cuando las llamas le quemaron las ropas, se le abrazó y murió con ella. En el s. XVI se localiza en esta vía el Hospital de Santa María de Gracia; y en una fachada de la parroquia había un retablo de la Cena, del s. XVIII, pintado por Cristóbal López [Antonio Collantes de Terán Sánchez, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Peris Mencheta, 26. Casa de dos plantas, de tipo popular, con balcón de hierro forjado sosteni­do por ménsulas.
Peris Mencheta, 28. Dentro de edificaciones posteriores se conservan los restos del convento de Belén, especialmente la escalera y el patio, formado por galerías con arcos de medio punto que apean sobre columnas con cimacios y pilares en los ángulos; en la planta superior se abren balcones separados por pilastras [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la biografía de Francisco Peris Mencheta, personaje que da nombre a esta vía del callejero sevillano;
     Francisco Peris Mencheta (Valencia, 29 de enero de 1844 - Barcelona, 23 de agosto de 1916) fue un periodista español. Fundador de varios periódicos y de una agencia de noticias,​ Peris Mencheta fue sobre todo un precursor del reporterismo en España, conquistándole su ejercicio un auténtico magisterio en este género periodístico. Fue varias veces diputado y senador en Cortes.​
     Nació en la ciudad de Valencia el 29 de enero de 1844.​
     Nacido en humilde hogar, y después de haberse dedicado al oficio de cantero en su juventud, colaboró en varios periódicos de su ciudad natal, de tendencias sociales. Más tarde dirigió El Cosmopolita, órgano federal de Valencia, y El Popular, diario valenciano, donde por uno de sus artículos, dedicado a Salmerón, se suspendió el periódico, y su autor hubo de exiliarse a Francia, editando más tarde un trabajo explicativo sobre su actuación en el cantón valenciano: Refutación al folleto «Trece días de sitio o los Sucesos de Valencia». Ingresó después en el El Mercantil (1872-1873)​ y, más templado de ideas, pasó al diario conservador Las Provincias (1874), para el que envió crónicas como corresponsal de guerra en las campañas carlistas. Durante la Tercera Guerra Carlista destacaría como un «brillante corresponsal de guerra».​
     El prestigio y rigor de sus crónicas le abrieron pronto las puertas del entonces primer diario español, La Correspondencia de España.​ La popularidad de Peris Mencheta fue agigantándose, hasta convertirse en el primer reportero de su época. Su espíritu emprendedor y su laboriosidad hiciéronle fundar una agencia informativa que llevaba su nombre, la Agencia Mencheta, en 1876.​
     En 1882 fundó el diario La Correspondencia de Valencia; seis años después fundaría El Noticiero Universal, uno de los mejores diarios de Barcelona de su época; y en 1893 lanzó El Noticiero Sevillano.​ Todas estas empresas las dirigía él mismo, en continuos viajes, con la colaboración de su hermano y sus hijos. Fue el informador inseparable y veraz de los viajes de los monarcas Alfonso XII y Alfonso XIII, quienes le distinguieron con su amistad. Fue diputado y senador vitalicio, destacándose por ser ardiente partidario de la dinastía reinante. Publicó el libro de viajes De Madrid a Panamá (Madrid 1886). Falleció en Barcelona el 23 de agosto de 1916.
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Peris Mencheta, al detalle:
    Retablo cerámico de la Virgen del Carmen
Azulejo conmemorativo a Manuel Pérez "Tejera"
Edificio calle Peris Mencheta, 26
Edificio calle Peris Mencheta, 28

jueves, 25 de diciembre de 2025

El sitio arqueológico Ermita de Belén, en Carmona (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el sitio arqueológico Ermita de Belén, en Carmona (Sevilla)
      Hoy, 25 de diciembre, Pasados innumerables siglos desde de la creación del mundo, cuando en el principio Dios creó el cielo y la tierra y formó al hombre a su imagen; después también de muchos siglos, desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes tras el diluvio como signo de alianza y de paz; veintiún siglos después de la emigración de Abrahán, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea; trece siglos después de la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés; cerca de mil años después de que David fuera ungido como rey; en la semana sesenta y cinco según la profecía niel; en la Olimpíada ciento noventa y cuatro, el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la Urbe, el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadosísima venida, concebido del Espíritu Santo, nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judea, hecho hombre, de María Virgen: la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y qué mejor día que hoy para ExplicArte el sitio arqueológico Ermita de Belén, en Carmona (Sevilla).
     En una llanura. No hay restos significativos. Según Ponsich, se trataba de una villa romana del s. III d. C. Nosotros no damos por segura esa cronología (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Culto e Iconografía de la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo;
HISTORIA

   De acuerdo con la tradición adoptada por la Iglesia, Cristo habría nacido en Belén, un 25 de diciembre, a media noche.
   En realidad el lugar y la fecha de nacimiento son desconocidos.
   Acerca del sitio donde nació, los Evangelios profesan opiniones contradictorias. Mateo y Lucas hacen nacer a Jesús en Belén; Marcos y Juan creen que vio la luz en Nazaret.
   La tradición del nacimiento en Belén se apoya en una profecía de Miqueas (5: l). Se creía que el Mesías, descendiente del rey David, nacería como él en Belén. Pero el censo, que la historia vincula con el viaje de María y de José a este pueblo, es posterior en muchos años al nacimiento de Jesús.
   ¿El Mesías nació en Nazaret? Es lo que admitía Renan, arguyendo con el hecho de que a Jesús lo apodaran Nazareno. Los historiadores más recientes están menos seguros. El título de Nazareno, erróneamente interpretado en el sentido de hombre de Nazaret, en realidad significaría «Santo de Dios».
   En suma, nada  autoriza  a afirmar que Jesús haya nacido en Belén y no en Nazaret, o viceversa.
   La misma incertidumbre reina en torno al año de su nacimiento que no podemos fijar ni con una aproximación de quince años, ya cerca del día, fijado arbitra­riamente por la liturgia. 
   Lo que a primera vista nos asombra es el hecho de que ninguno de los evangelistas haya pensado en precisar la fecha de nacimiento del Mesías y que los apóstoles no hayan tenido la idea de celebrar el cumpleaños de su maestro desaparecido. Para comprender esta sorprendente omisión, debe recordarse que en la liturgia cristiana la única fecha importante era la de su muerte. Lo que en el Martirologio romano se llama Natalicio de un santo (dies natalis), no es, como la palabra parece indicar, el día de su nacimiento, sino por el contrario, el de su muerte. Y con Cristo pasó como con los santos. La liturgia se concentró en torno a su Resurrección. El domingo de Gloria de la Pascua relegó a la Natividad a la sombra.
CULTO
   Fijación del aniversario de la natividad

   Así, la fecha litúrgica del 25 de diciembre no reposa sobre dato histórico alguno. En los primeros tiempos cristianos la Natividad se celebraba el día de la Epifanía (6 de enero) y esa costumbre se conservó en la Iglesia de Armenia. A mediados del siglo IV, en 534, la fiesta, localizada en principio en Roma, en la basílica de Santa María la Mayor o del Pesebre (ad Praesepe), fue cambiada arbitrariamente por el papa Liberio al 25 de diciembre. 
 Debe admitirse que esa fecha no concuerda con el relato de la Anunciación a los pastores, que según Lucas, supieron la buena nueva en la estación en que pasaban la noche al aire libre con sus rebaños.
   ¿Por qué se eligió esa fecha y no otra cualquiera? Porque es la del solsticio de invierno. El Mesías, en efecto, es frecuentemente comparado con el Sol: es el sol de la Nueva Ley. Por ello se hace coincidir su fiesta con el renacimiento anual del as­tro solar.
   Quizá haya que tener en cuenta la influencia de las otras religiones de la antigüedad. La fecha del 25 de diciembre coincide con la fiesta del dios solar Mithra y con las Saturnales romanas que la Iglesia tenía interés en suplantar con una fies­ta cristiana.
   Sea como fuere, la fijación de la Navidad el 25 de diciembre comportó en consecuencia la de otras muchas, establecidas en relación con la Natividad, así como las hay en función de la Pascua: la Anunciación se celebra nueve meses antes (25 de marzo), la Circuncisión ocho días después (1 de enero), la Purificación de la Virgen o Presentación de Jesús en el Templo, cuarenta días más tarde (2 de febrero).
   La fiesta de Navidad
   Esta vacilación acerca de la fecha de la Natividad explica la aparición tardía de la fiesta de Navidad.
   En Roma, no está probada con  anterioridad al siglo IV, y la misa de gallo, que el Liber Pontificalis atribuyó al papa san Telesforo que vivió en el siglo II, en verdad no fue introducida antes del siglo V, después de la fundación de Santa María la Mayor. El Oriente había sido más precoz.
   El emperador Constantino hizo edificar una basílica en el lugar de la gruta (spe­os, spelaion) donde la Virgen habría parido tras no encontrar alojamiento en la venta o caravasar. Esta iglesia, que san Jerónimo llamó «ecclesia speluncae Salvatoris», fue dotada con un pesebre de plata por santa Helena, que se convirtió en un objeto de peregrinación tan célebre como la cruz de gemas del Gólgota.
   De esa primitiva basílica no queda casi nada, porque fue reconstruida en tiempos de Justiniano que la hizo decorar con mosaicos dorados que representan de un lado a los profetas de la Encarnación, y del otro el árbol genealógico de Jesé y el misterio de la Natividad.
   Apenas instituida, la fiesta de Navidad adquirió en Bizancio una importancia preponderante entre las solemnidades del año litúrgico. San Juan Crisóstomo la glorificó como «la más venerable de las fiestas».
   En Roma, a partir del siglo V, no se contentaron con celebrar la misa de gallo, ese día los sacramentarios prescribieron tres misas (trina celebratio): por la noche, al amanecer y durante el día.
   Tres in Natali debent missae celebrari.
   He aquí como santo Tomás de Aquino interpreta y justifica simbólicamente esta triple celebración. El día de Navidad -escribió en la Suma- se celebran varias misas para recordar el triple nacimiento de Cristo. La primera es el nacimiento eterno en el seno del Padre, que para nosotros permanece invisible y oculto: por eso la misa se canta por la noche. El segundo es de orden espiritual: es el nacimiento de Jesús en nosotros, por eso se canta una misa en la aurora. El tercer nacimiento de Cristo es corporal: es el instante en que sale del vientre virginal de su madre, revestido de carne y visible para nosotros. Por ello la tercera misa se canta a plena luz, con este introito: «Puer natus est nobis.»
   La basílica de Santa María la Mayor, que entre sus reliquias más insignes cuenta con el Pesebre del Salvador, expuesto en la capilla subterránea del Pesebre, es el principal santuario de este culto.
   La fiesta de Navidad no es sólo una solemnidad litúrgica, es también una fiesta esencialmente popular. Numerosos cánticos en latín y en lengua vulgar, las representaciones de los autos sacramentales o Misterios, los pesebres o belenes de los cuales san Francisco de Asís ofreció el primer ejemplo en Greccio, prueban esta uni­versal popularidad que a su vez reflejan las obras de arte.
ICONOGRAFÍA
   El estudio iconográfico del tema de la Natividad se divide lógicamente en tres partes:
l. Los Preludios, es decir los episodios anteriores al nacimiento: el Viaje a Belén y el censo, la Expectación del parto.
2. La Natividad propiamente dicha.
3. Los temas complementarios de la Adoración de los Pastores y de los Reyes Magos.
   La natividad
   El Nacimiento de Cristo está relatado en el Evangelio de Lucas (2: 7) con extrema brevedad: "Y (María) dio a luz a su hijo primogénito, y envolvióle en pañales, y lo reclinó en un pesebre, porque en el mesón no había lugar para ellos". 
   La piedad popular pedía más que esa lacónica, seca información sumaria, tan desprovista de poesía como un acta de estado civil. Los Evangelios apócrifos acudieron en su ayuda bordando pintorescos adornos sobre ese cañamazo. A ellos se debe la introducción de las dos comadronas, la crédula y la incrédula. El buey y el asno, humildes compañeros olvidados por san Lucas, aunque el símbolo evangélico de éste sea precisamente un buey, tienen el mismo origen: con sus alientos cálidos que escapan como humo de sus fosas nasales, calientan la atmósfera glacial del establo y confieren a la Natividad el encanto ingenuo de una tierna leyenda franciscana. 
   De acuerdo con la Leyenda Dorada, la Natividad de Jesucristo estuvo acompañada de numerosos prodigios: el milagro de los tres soles, el derrumbe del templo de la Paz, la aparición de una estrella a la sibila y al emperador Augusto, el surgi­miento de una fuente de aceite que fluyó en el Tíber.
Las dos versiones de la natividad
   Los teólogos tenían otras preocupaciones que también se reflejan en la iconografía de la Natividad. Había dos maneras de imaginar el Nacimiento de Cristo. Según unos, la Virgen habría parido con dolor; según los otros, habría tenido el privilegio de dar a luz sin sufrimiento.
   Es la segunda opinión la que acabó imponiéndose, en Oriente como en Occidente.
   En una descripción de la Natividad de Marcos Eugénicos, se dice que «la Virgen, habiendo parido sin sufrimiento, no está en absoluto fatigada ni pálida; no siente necesidad de acostarse, sino que se sienta con solemnidad como una reina y los Reyes Magos prosternados adoran al Niño Rey que sostenía en las manos».
   El concilio de Trento ratificó esa doctrina. De acuerdo con su portavoz, el jesuita flamenco Molanus, deben separarse del pesebre a las comadronas, puesto que la Virgen parió sin dolor. Y en el parto no debe representarse yacente y enferma (de­ cumbens et aegrotans), sino de rodillas, según la visión de Santa Brígida, en adoración ante el Niño.
   De esta dualidad de opiniones derivan dos tipos iconográficos enteramente diferentes.
   1. En la versión siria retomada por los bizantinos, la Natividad es un verdadero parto. La Virgen está acostada sobre un colchón, parece agotada por la fatiga, yace de costado y se vuelve hacia el Niño que una comadrona está bañando.
   2. En el arte occidental de finales de la Edad Media, la Natividad se convierte en una adoración. La Virgen, que según se ve, no ha sufrido, está arrodillada, con las manos unidas ante el Niño desnudo y luminoso, acostado sobre una gavilla de paja o sobre un pliegue de su manto.
   1. El tema bizantino del parto
La escena tiene lugar en una gruta, que sirve como establo y como habitación al mismo tiempo, como era costumbre en Palestina.
La Virgen, el Niño y san José
   La Virgen está acostada en el lecho junto al recién nacido fajado (pannis involutus) que está acostado, ya en un pesebre, ya en una cuna.
   En las miniaturas anglosajonas de la escuela de Winchester (siglos X-XI) que decoran el Benediccional de Aethelwold y el Misal de Robert de Jumieges, se ve una mujer guiada por un ángel que coloca un almohadón bajo la nuca de la Virgen. 
   A veces, a consecuencia de una contaminación con el tipo de la Virgen de la Leche, la Virgen acostada amamanta al Niño, ya fajado, ya desnudo.
   En el arte francés del siglo XII, el pesebre suele reemplazarse con un altar. Se ha explicado esta innovación por la intención de expresar simbólicamente que a partir de su nacimiento Jesús estaba destinado a sacrificarse por la salvación de los hombres. Allí debería verse más bien la influencia del drama litúrgico de Navidad, del cual sabemos que el pesebre estaba situado en mitad del altar mayor, iluminado por una estrella que se deslizaba a lo largo de una cuerda.
   José, que no cuenta para nada en el nacimiento del Niño Dios, sólo tiene el papel de un simple extra. Sentado en un rincón, enfurruñado o adormilado, descansa sobre el arreo del asno desalbardado, que le sirve de asiento.
   No obstante, a veces intenta ser útil. Lleva al Niño en brazos que le alcanza a la Virgen, a menos que sostenga un candil encendido cuya llama protege con la mano, para iluminar la oscuridad de la gruta: es un medio para señalar que es de noche.
   Los pintores alemanes del siglo XV le imponen humildes trabajos un tanto ridículos: se quita las calzas para calentar al recién nacido, o atiza el fuego con un fuelle para que se caliente la papilla. Esos detalles familiares se han tomado de los autos sacramentales.
Las dos parteras y el Castigo del incrédulo
   Según el Evangelio del Seudo Mateo (cap. XIII), fue José quien se encargó de ir a buscar a las dos parteras (obstétricas), o como se decía con mayor frescura en francés arcaico, dos vientreras, para que ayudaran en el parto de María.
   En el Protoevangelio de Santiago (cap. XIX), sólo se trata de una partera. Pero el Seudo Mateo menciona dos, de las que conoce hasta sus nombres.
   En el arte bizantino, especialmente en los frescos rupestres de Capadocia, se la llama Salomé y Maia (Mea); este último nombre, que significa simplemente «la partera» (del cual deriva la expresión maieutica, preferida por Sócrates) se convirtió en un nombre propio. El arte de Occidente distingue Zelomi y Salomé, aunque en realidad se trate del mismo nombre. 
   La primera, Zelomi, después de haber examinado a la parturienta, declara sin vacilar que ésta sigue virgen después del parto: Virgo concepit, virgo peperit; post par­tum virgo permansit. La segunda, Salomé, permanece incrédula, duda de ese parto virginal, sin obra de hombre, contrario a todas las reglas; como santo Tomás, pide tocar para creer. Pero se le secan las manos: para curarse le basta tocar los pañales (fasciae) del Niño Dios que en el pasado se llamaban «las banderas de infancia» de Jesús.
   En los autos sacramentales, la Salomé de los Evangelios apócrifos fue reemplazada por Santa Anastasia, cuyo nombre se deformó en Homnestasia, Omnestasia o Netasia.
   Dicha Anastasia, a quien fue a buscar José, tenía las manos cortadas; sólo le que­ daban muñones, lo cual la volvía inepta para hacer parir a la Virgen. Pero las manos volvieron a crecerle milagrosamente, de manera que pudo asistir a María y recibir en brazos al recién nacido.
   Esta variante procede de una contaminación  con la leyenda de la partera cuyas manos resecas curan al ponerse en contacto con los pañales del Niño Jesús. A esta leyenda piadosa alude la Plegaria de Huon de Burdeos, rimada por Alexandre Arnoux:
   Seigneur Jésus qui régnez dans le ciel.../ Au même temps que la Vierge en gésinel Vous enfantait dans /'étable voisine, / Sainte Onnestase a Bethléem vivait! Qui n 'avait pas de mains ni de poignets .../ Elle vous prit , chétif sur la paille. / A ses moignons vous [Cites recueillil Et tout soudain, par volonté divine / Il lui poussa des mains droites et fines. 
   Señor Jesús  que reinas  en el cielo...
   Al mismo tiempo que la Virgen de parto
   Os daba a luz en el establo vecino,
   Santa Onnestasia que en Belén vivía 
   Y que ni manos ni muñecas tenía... 
   Os cogió, endeble, sobre la paja
   Entre sus muñones fuisteis vos recogido 
   Y de pronto, por voluntad divina
   Le crecieron manos, derechas y finas.
   San Jerónimo niega la presencia de las comadronas y afirma que María, habiendo parido sin dolor, no tuvo necesidad de ayuda alguna y fue partera y parturienta al mismo tiempo: «Maria ipsa et mater et obstetrix fuit».
   Esta protesta de un doctor de la Iglesia habría tenido algún efecto si las comadronas se hubieran introducido en la escena sólo para asistir a María durante el parto y ocuparse del recién nacido. Pero también se trataba de otra cosa. El objetivo teológico de esta leyenda era probar el parto sobrenatural de Cristo, Hijo de Dios, produciendo el testimonio de dos comadronas particularmente expertas en su oficio. La desconfianza y la incredulidad de una de ellas reforzaba su testimonio, de la misma manera que la experiencia táctil de santo Tomás introduciendo la mano en la herida de Cristo se interpretaba como la prueba más convincente de la Resurrección.
   La credulidad popular persistió por ello en confiar en el relato de los Evangelios apócrifos: la historia de la partera incrédula fue popularizada por la Leyenda Dorada, y por los autos sacramentales del teatro de los Misterios.
   En un manuscrito de los Milagros de Nuestra Señora se lee: «Salomé que no creía que Nuestra Señora hubiera parido virginalmente, sin obra de hombre, perdió las manos porque quiso comprobarlo; se arrepintió, puso las manos sobre Nuestro Señor y éstas le fueron devueltas.»
   La leyenda todavía se puso en escena en el Misterio de la Encarnación y Natividad de Nuestro Salvador Jesucristo, que fue representada en Ruán en 1474.
   En estas condiciones resultaría sorprendente que, como lo creyera E. Mâle, ese motivo que en el siglo IX vemos tratado en un fresco descubierto en 1944 en Castel Seprio, Lombardía, y en el siglo XI, sobre las puertas de bronce de Hildesheim, en los XII y XIII sobre los capiteles de Chartres y de Lyon, y las vidrieras de Laons y de Mans, desapareciera bruscamente del arte cristiano.
   «A partir de ese momento -asegura E. Mâle- la leyenda de las comadronas ya no se encuentra en nuestras catedrales, ni tampoco se la ve más en los manuscritos miniados de los siglos XIII y XIV. Parece que la extrema ingenuidad del antiguo relato haya molestado a la Iglesia. En el siglo XIII los artistas olvidaron  el motivo de las comadronas, que se remontaba a los primeros tiempos del arte cristiano.»
   Si esta afirmación es válida para el arte francés, en cambio no se aplica a las demás escuelas, porque Italia, Flandes y Alemania ofrecen, aún en las postrimerias de la Edad Media, numerosos ejemplos de este motivo arcaico. 
     Italia. En su Natividad (Uffizi, Florencia) que data de 1424, Gentile da Fabriano permanece fiel a esta tradición. Otro tanto ocurre con Ottaviano Nelli en su Natividad de Foligno y con Lorenzo da Viterbo en su fresco de la iglesia de S. Maria della Verità, en Viterbo, en donde se ve a José que regresa a la gruta seguido por las dos parteras (1453).
     Países Bajos. Más típica aún es la célebre Natividad del Museo de Dijon, pintada hacia 1430, quizá para la cartuja de Champmol por el maestro llamado de Merodc o de Flémalle: las dos comadronas tocadas con turbante, como debían estarlo en la puesta en escena de los autos sacramentales tienen allí el papel principal y su diálogo está escrito sobre filacterias.
     Zelomi, arrodillada frente al Niño recién nacido, da testimonio de la virginidad milagrosa de la joven madre diciendo: Virgo peperit filium. Salomé, volviéndose hacia su comadre, hace por el contrario un gesto de incredulidad y objeta: Credam quum probavero (Lo creeré cuando tenga la prueba). Enseguida es castigada por su escepticismo, porque su mano derecha queda súbitamente paralizada. Un ángel que desciende del cielo le aconseja que toque al Niño divino: Tange puerum et sanaberis (Toca al Niño y sanarás). Ese pequeño guión prueba que los autos sacramentales habían conservado hasta esta época la popularidad de la leyenda que la Iglesia aún no pensaba  incluir en el Index.
     El mismo tema vuelve a encontrarse en una Natividad atribuida a Jacques Daret (1433), que se encuentra en la Morgan Library de Nueva York. El Breviario del du­que de Borgoña Felipe el Bueno, que se conserva en la Biblioteca de Bruselas, y cuyas miniaturas se atribuyen a Jean Tavernier de Oudenarde o a G. Vrelant de Brujas, nos ofrece otro ejemplo que puede fecharse con la mayor verosimilitud en 1445. José y la partera que éste fuera a buscar están estupefactos al ver a la Virgen de rodillas frente al recién nacido. Su asombro está bien expuesto: José levanta su caperuza roja; la comadrona Zelomi, que se disponía a intervenir y ya se había arremangado, se queda pasmada frente al milagro, con los brazos caídos.
     Por último, es un tema frecuente en los retablos de madera labrada de Flandes y de Brabante, de finales del siglo XV. Como pruebas tenemos un pequeño retablo en el Louvre, otro en el Museo de Gante, y un tercero en la colección Blair de Chicago donde, detrás de la Virgen arrodillada hay dos mujeres, una de las cuales, la partera incrédula, se mira la mano desecada.
     Alemania. Esta tradición se prolonga en Alemania, como lo atestigua el retablo de la iglesia de San Blas de Bopfingen, pintado por Friedrich Herlin en 1472. Un cuadro del Art lnstitute de Chicago, pintado hacia 1512 por Albrecht Altdorfer también muestra detrás de la Virgen adorando al Niño Jesús, a José que trae a una comadrona.
     También se han encontrado ejemplos en la escultura suaba y alsaciana. El Museo de la obra Notre Dame de Estrasburgo posee un altorrelieve de madera de tilo policromada y dorada -hacia 1480- donde la Adoración aparece acompañada por el tema de la partera incrédula.
     Por lo tanto es a partir del siglo XVI y no del XIII, cuando este motivo escabroso desaparece definitivamente del repertorio del arte cristiano. Es una de las víctimas de la depuración iconográfica del concilio de Trento.
El lavado del niño
     La función de las comadronas no se limita a dar testimonio de la realidad de la maternidad virginal de María: ellas también preparan el baño del recién nacido. En el retablo de las clarisas de la catedral de Colonia, excepcionalmente, este trabajo es realizado por la propia Virgen y por San José que vierte agua en una cubeta.
     Una de las comadronas prueba la temperatura del agua con la mano. En el arte alemán suele ser su pie descalzo lo que moja en la bañera.
     ¿Cuál es el origen de este tema que no se menciona en los Evangelios canónicos ni tampoco en los apócrifos, pero que de todas maneras es muy frecuente en el arte bizantino que lo ha transmitido a Occidente?
     Se lo ha querido explicar por un texto, como es natural, y se ha pretendido que lo introdujo en el arte el hagiógrafo griego Simeón Metafrasto (el Traductor), quien vivió en el siglo X.
     Se trata de un error, puesto que puede citarse un ejemplo del siglo IX: una pintura mural carolingia de Italia meridional, en la cripta del monasterio benedictino de San Lorenzo, en el nacimiento del río Volturno.
     Es posible que se trate, simplemente, de una copia directa de los sarcófagos paganos donde el tema  aparece esculpido con  frecuencia en las representaciones del Nacimiento de Baco.
     Es un motivo muy discutible desde el punto de vista de la ortodoxia, porque si Cristo ha nacido de una Virgen, su nacimiento ha sido tan puro como su concepción. No necesitaba ser lavado como los hijos de los seres humanos aquél que vino al mundo para lavar a la humanidad las manchas del pecado original.
     Para responder a esta objeción, los teólogos sostuvieron que el Niño sólo había sido lavado en apariencia, pero que en realidad era él quien había purificado el agua del baño. Se trataría de una prefiguración del Bautismo, y por ello los artistas de la Edad Media dan a veces a la cubeta de la ablución la forma de las pilas bautismales.
     En efecto, en el arte simbólico de la Edad Media, de la misma manera que el pesebre está asimilado al altar, la bañera se transforma en pila bautismal, salvo cuando adquiere la forma de un cáliz eucarístico.
     Los antiguos iconógrafos, poco familiarizados con el arte bizantino, no comprendían nada de esta escena que interpretaban de una manera muy extraña, como San Juan Evangelista hundido en un recipiente con aceite hirviendo.
     A finales de la Edad Media la bañera adquirió la forma de una cubeta de madera.
     La escena desapareció a partir del siglo XV por dos razones. En primer lugar, por una de carácter doctrinario: resultaba irreconciliable con la creencia en la Virgen pariendo sin dolor y de manera sobrenatural, popularizada por el tema de la Adoración que sustituyó al Parto. En segundo lugar, por una razón estética: la escena del Lavado o Baño asociada con la Natividad comportaba un desdoblamiento del Niño, representado dos veces: fajado en el pesebre y desnudo en la cubeta o bañera. Esta yuxtaposición, que resultaba chocante como un  arcaísmo, no podía subsistir en el tiempo en que el arte de Occidente, más evolucionado, buscaba la unidad de la com­posición centrada en la Adoración del Niño Jesús.
2. El tema occidental de la adoración
     El tema de la Adoración del Niño Jesús, a partir del siglo XV sustituyó al motivo bizantino del Alumbramiento.
     En vez de mantenerse acostada debajo del recién nacido fajado, a partir de entonces la Virgen permanece arrodillada «flexis genibus», con las manos unidas frente al Niño desnudo, extendido sobre un montón de heno o sobre u n pliegue de su manto. Quem genuit adoravit.
     La Natividad de Cristo se diferencia de las de la Virgen y San Juan Bautista a la primera mirada, justamente por ese rasgo.
   La genuflexión de la Virgen
     ¿Cómo explicar una transformación tan radical de la iconografía tradicional? De acuerdo con una idea muy antigua, puesto que se encuentran vestigios suyos en la mitología griega, se consideraba que la posición genuflexa facilitaba el parto. Augea, identificada con Ilicia, diosa del parto, tenia como mote «en gonasi" («de rodillas» ), porque había parido a Télefo arrodillándose.
     Sin retroceder tanto en el tiempo, se ha alegado con la doctrina teológica del Parto sin dolor favorecida por el progreso del culto mariano; pero puede advertirse la acción de influencias más claras.
     Según E. Mâle, el libro Meditaciones del Pseudo Buenaventura, un franciscano italiano del siglo XIV que se llamaba Giovanni de Caulibus, habría tenido influenciea preponderante. Pero desgraciadamente, en dicha versión la Virgen habría parido de pie cogida a una columna. «Cuando llegó a la Virgen el momento de parir, se levantó en mitad de la noche y se apoyó contra una columna que había allí (cum venisset hora partus, surgens Virgo appodiavit se ad unam colurnnam quae ibi erat).» Agrega el autor que José, para ayudar, cogió un fardo de heno del pesebre que arrojó a los pies de la Virgen, y que el Hijo de Dios, saliendo del vientre de su madre sin causarle dolor alguno, fue proyectado al instante sobre el heno, a los pies de la Virgen.
     El cambio que comprobamos en la iconografía de la Natividad del siglo XV se explica mucho mejor, como lo ha demostrado el iconógrafo sueco Henrik Cornell, por la popularidad de las Revelaciones de otra mística: Santa Brígida de Suecia.
     Cuenta Santa Brígida que durante su peregrinación a los Santos Lugares, en 1370, se le apareció la Virgen en Belén, y fiel a la promesa que le hiciera en Roma, reconstruyó ante su mirada y con los menores detalles la forma en que pariera a Jesús. La Virgen vestía una túnica transparente (subtili tunica), a  través de la cual Brígida veía claramente su carne virginal. En el momento de parir se descalzó, como Moisés ante la Zarza ardiendo, se levantó el manto blanco, se quitó el velo, dejó caer sus cabellos dorados sobre los hombros, después preparó los pañales y vendas del Niño que dejó a su lado. Cuando todo estuvo bien dispuesto, flexion ó las piernas (genuflexa est) y comenzó a orar. Mientras rezaba de esa mane­ra, con las manos elevadas, el Niño nació súbitamente, envuelto en una luz tan deslumbrante que eclipsaba completamente la del pequeño candil de José. Entonces, inclinando la cabeza y con las manos unidas, la Virgen adoró al Niño con gran respeto, y le dijo: Bene veneris, deus meus, dominus meus et filius meus. Luego lo estrechó contra su pecho, le cortó el cordón umbilical con los dedos y lo vendó con cuidado.
     Esta descripción de matrona mística, tan experta como una comadrona en materia de partos (porque había tenido muchos hijos), concuerda  muy detalladamente con la nueva iconografía. Cornell cita una serie de pinturas inspiradas en la visión de santa Brígida, la más antigua de las cuales es, posiblemente, un fresco de finales del siglo XIV que se encuentra en Santa Maria Novella de Florencia. Una pintura sobre madera del Museo Cívico de Pisa, ejecutada a principios del siglo XV por Turino Vanni y una pequeña tabla de Siena de la Pinacoteca del Vaticano, atribuida a Sano di Pietro, reproducen de la misma manera todos los detalles del relato de santa Brígida. 
     La Virgen, cuyo pelo se le derrama sobre los hombros, adora de rodillas al Niño Jesús; ha puesto junto a ella el manto, los zapatos y los pañales que había preparado. La inscripción que escapa de su boca es la fórmula de bienvenida que conocemos tan bien: Bene veneris, dominus meus. Finalmente, la presencia de la mística sueca, arrodillada en un rincón, con ropas de viuda, con las manos unidas, o bien pasando las cuentas de un rosario, prueba sin lugar a dudas que esas Natividades italianas son el eco de las Revelaciones de santa Brígida.
     El arte alemán adoptó este motivo casi al mismo tiempo que el arte italiano. La Natividad suaba del Rosgarten de Constanza se remonta, aproximadamente, a 1420; la del maestro Francke, que se encuentra en la Galería de Arte de Hamburgo, pintada en 1424, es exactamente contemporánea de la Natividad de Gentile da Fabriano. Puede citarse un ejemplo aún más antiguo en la pintura franco neerlandesa de principios del siglo XV, en la cual el tema de la Adoración del Niño fue ilustrado hacia 1415 mediante una miniatura de Poi de Limbourg. Resulta evidente entonces que la visión de santa Brígida, preparada por todo un movimiento que se remonta a una época muy anterior a la del Pseudo Buenaventura, que es la de san Bernardo, ha renovado el tema de la Natividad no sólo en Italia sino en toda Europa.
     Estimamos que la creencia en la influencia de los textos sobre la iconografía no debe exagerarse, aunque consideremos válida la demostración anterior. La teoría que postula que «tanto en el siglo XV como en el XIII no hay una sola obra de arte que no se explique por un libro», amenaza con hacernos desconocer la acción no menos profunda de la vida de las formas. No se piensa lo bastante en la posibilidad de contaminaciones iconográficas entre temas tangentes o imbricados.
   Mucho antes del siglo XV el arte cristiano había representado al Niño Jesús adorado por los Pastores y los Reyes Magos, que forman parte de la escena de la Natividad. No es imposible que por un deslizamiento muy natural, la Natividad se haya convertido en una triple Adoración: las genuflexiones de los Pastores y de los tres Reyes Magos, sin contar las del buey y el asno, habrían acarreado la de la Virgen María.
El Niño luminoso
     E. Mâle también honra al arte italiano adjudicándole otro motivo muy característico de la nueva iconografía: el Niño luminoso convertido en fuente de claridad que irradia en las tinieblas como una luciérnaga. Dicho autor ve allí una invención de Correggio, y la fuente de dicho motivo sería la famosa Noche (Nochebuena) de la Galería de Dresde, pintada en 1530. «Lo que es de él -escribe literalmente- es el recién nacido radiante, que esparce la claridad en el cuadro como lleva la luz a las almas.»
     Esta reivindicación es doblemente errónea, porque ese motivo del Niño luminoso es muy anterior a Correggio y ni siquiera es de origen italiano.
     El arte bizantino ya conocía el tema del Niño iluminado desde afuera por las irradiaciones de la estrella milagrosa que guía a los Reyes Magos hacia el pesebre y les señala, como el haz de un proyector, al Niño que buscaban. En la miniatura y el mosaico pueden citarse ejemplos que se remontan al siglo XI: Menologio de Basilio, capilla Palatina de Palermo.
     Las Revelaciones de santa Brígida de Suecia hicieron pasar ese tema a Occidente a partir del siglo XIV. En efecto, la mística cuenta que el esplendor divino que emanaba del Niño Jesús anulaba totalmente la luz natural del candil que encendiera José.
     En las Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet hace que el techo agujerea­do del establo sea atravesado por la luz de la estrella que alumbraba al Niño. A veces se introduce una variante: en la Natividad constelada de estrellas, pintada en 1424 por el Maestro Francke (Gal. de Arte de Hamburgo) es Dios Padre quien des­de lo alto del cielo proyecta un haz de rayos luminosos sobre el Niño Jesús desnudo. A partir de mediados del siglo XV triunfa otra concepción surgida de la primera con toda naturalidad: el foco de luz resulta introvertido: el Niño ya no es más iluminado desde afuera, sino desde adentro, su carne que se ha vuelto fosforescente irradia la luz que deslumbra el rostro extasiado de su madre.
     Fue en la escuela de los Países Bajos, en las obras del pintor eyckiano Petrus Cristus y del iluminador del Breviario del duque de Borgoña Felipe el Bueno; y posteriormente, en el artista primitivo holandés Geertgen tot Sint Jans (ant. col. von Kaufmann, Berlín), donde nació el tema que E. Mâle, erróneamente, atribuye a Correggio. El mérito de haber renovado el tema de la Natividad corresponde al «luminismo» nórdico procedente de los miniaturistas franceses, mucho más que a Correggio y a los pintores influenciados por Caravaggio. El valón J. Provost de Mons y el alsaciano Hans Baldung Grien lo tomaron a principios del siglo XVI. Pero fue la escuela holandesa del siglo XVII la que pudo captar la poesía y expresar el misterio del tema, gracias a la magia del claroscuro de Rembrandt.
Los ángeles adoradores
     Los ángeles aparecen tardíamente en la representación de la Natividad y siguen la huella del ángel Anunciador que alertara a los Pastores y a los Reyes Magos.
     El primer ángel que asiste a la Natividad es, en efecto, el ángel astroforo, cuya estrella guiara a los Reyes Magos hasta el pesebre de Belén. Después de haber mostrado el camino cumple el papel de introductor de los embajadores a quienes presenta al Niño Jesús.
     Poco a poco los ángeles se multiplican. En el siglo XV son ángeles niños que des­cendidos del cielo en enjambres se arrodillan y unen las manos ante el recién nacido, cuando no bailan una ronda aérea.
     Su alegría no sólo se manifiesta mediante gestos de adoración, sino también por un alegre concierto de voces e instrumentos que ofrecen al Niño Jesús. Inclinados sobre el techo de paja de la cabaña como una bandada de gorriones, cantan a toda voz Gloria in excelsis.
     En un bajorrelieve de la capilla Colleoni, en Bérgamo, se los ve tocar el laúd y hasta el órgano.
La mula y el buey arrodillados
     Los animales participan también en la Adoración del Niño luminoso. Igual que la Virgen y los ángeles, el buey y la mula (o el asno) caen de rodillas.
     A decir verdad, la presencia de los animales en el establo rupestre de la Natividad no se menciona en ninguna parte en los Evangelios canónicos.
     Esta tradición, probada a partir del siglo IV, está consignada por primera vez en el siglo VI, en el Evangelio apócrifo del Pseudo Mateo:
     «... salió María  de la gruta y se aposentó en un  establo. Allí reclinó al Niño  en un pesebre, y el buey y el asno le adoraron. Entonces se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El buey conoció a su amo, y el asno el pesebre de su señor (Cognovit bos possessorem suum et asinus praesepe  domini sui).»
     De esa manera, como lo admite sin malicia el Pseudo Mateo que no ha intentado ocultar su fuente, la leyenda del buey y de la mula (o asno) se funda en un texto de Isaías (1: 3) apartado de su sentido original.
     Además se lo justifica por un texto de Habacuc interpretado de manera disparatada. Habacuc había escrito: «¡oh Yavé!, tus obras./ Dales existencia en el transcurso de los años, / manifiéstala en medio de los tiempos.» Los traductores le hacen decir: «Tú te manifestarás entre dos animales».
     Para justificar la presencia de los animales en la gruta, se imaginó que José los había llevado a Belén porque el gobernador romano había prescrito el empadronamiento no sólo de los habitantes sino también de la ganaderías. Esperaba con­tar con el asno para que sirviera de montura a la Virgen, y vender el buey para pagar el impuesto.
     En la exégesis simbólica, el buey y el asno son las prefiguraciones de los dos Ladrones entre los cuales fue crucificado Jesús, y también las de los judíos y los gentiles.
     «El buey -dijo Gregorio de Niza- es el judío encadenado por la Ley; el asno, que es una bestia de carga, lleva el pesado fardo de la idolatría. Bos judaicus populus, asi­nus gentilis.»
     Sin preocuparse por sutilezas de esa clase, el arte tradujo literalmente el relato del Pseudo Mateo. La alegoría se convirtió en un episodio real.
     Al reconocer la divinidad del Niño, el buey y el asno flexionan las rodillas y lo calientan con sus respiraciones.
  Agnovit bos et asinus Quod puer erar Dominus.
     Según una tradición popular acadia, a media noche los bueyes se arrodillaron en los establos. No se podía turbar su adoración sin arriesgarse a la muerte. 
   En los iconos rusos, el asno, animal desconocido en la antigua Rusia, está reemplazado por un caballo.
     Tales son los elementos que han enriquecido poco a poco el tema bizantino de la Natividad.
La Natividad reformada por el concilio de Trento
     Esta iconografía se ha elaborado en el transcurso de la Edad Media y no parece que el arte moderno le haya agregado nada esencial. La Contrarreforma procedió antes por eliminación que por creación original. Contra el realismo pictórico y familiar de finales de la Edad Media, reaccionó eliminando a las comadronas o parteras, el baño del Niño y también el buey y el asno a los cuales se reprochaba no sólo su condición de apócrifos, sino, sobre todo, su falta de nobleza.
     En cuanto a las innovaciones que se le atribuyen, el motivo del Niño luminoso, y el coro de ángeles músicos son en realidad, como lo hemos visto, herencia del arte del siglo XV (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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sábado, 13 de diciembre de 2025

Experiencia Explicarte Sevilla, en la visita cultural a Sanlúcar la Mayor y su Belén viviente, organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos (Sevilla)

     Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Burguillos, con vecinos de la localidad, organizamos la visita a Sanlúcar la Mayor, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La visita se inició junto al Recinto Ferial, desde el que nos adentramos en el casco histórico de Salúcar la Mayor, hacia la Iglesia parroquial de Santa María la Mayor (maravillosa obra mudéjar) y en el que recordamos a Dº Francisco Carretero Mesa, párroco que fue tanto de Burguillos como de Sanlúcar. Tras recorrer detenidamente su interior, paseamos por el pueblo contemplando la Capilla de la Hermandad de la Vera-Cruz, el edificio de la Cilla, el Convento de San José, las iglesias de San Eustaquio, y la de San Pedro y la Capilla de la Hermandad del Santo Entierro. Se dio tiempo libre para la comida, y finalmente contemplamos el extraordinario Belén Viviente organizado por la Hermandad del Santo Entierro, y posteriormente poner rumbo de vuelta a Burguillos.
     Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.








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sábado, 18 de octubre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Santuario de Nuestra Señora del Carmen, Ermita de la Vera Cruz, Iglesia de San Francisco, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Pedro, Ermita de la Hoz, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia de Zambra, Belén de Chocolate, Museo de la Chacina, Monumento al Anís, Destilería Machaquito, Museo del Anís, Museo del Aguardiente, Museo del Azúcar, Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán, y La Casa Museo de Jamones de Rute) de la localidad de Rute, en la provincia de Córdoba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Santuario de Nuestra Señora del Carmen, Ermita de la Vera Cruz, Iglesia de San Francisco, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Pedro, Ermita de la Hoz, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia de Zambra, Belén de Chocolate, Museo de la Chacina, Monumento al Anís, Destilería Machaquito, Museo del Anís, Museo del Aguardiente, Museo del Azúcar, Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán, y La Casa Museo de Jamones de Rute) de la localidad de Rute, en la provincia de Córdoba.
     Rute, alma de aguardiente, se despliega blancamente al pie de su Sierra, vigilada desde El Hacho por la torre llamada del Canuto y rodeada de olivares. Tiene la villa dos barrios, el Alto y el Bajo, que se dan la mano en El Chorreadero. Muchas calles como Nueva, Roldán, Cerro y Cruces, salvan los desniveles entre aceras con poyos que llaman peanas, algunas, engalanadas con frondosos y floridos arriates.
     Villa situada al sur de la provincia, en la carretera C-334.
     Distancia a Córdoba: 91 Km.
     Altitud: 634 m.
     Extensión: 133,89 Km2
     Habitantes: 9.987
     Gentilicio: Ruteños.
     Mancomunidad: Subbética Cordobesa
     Rute el Viejo surgió en las primeras décadas del siglo XIII, como una fortaleza construida por los árabes en la Sierra con misión defensiva. Fue conquistada mediante capitulación en torno a 1240 por Fernando III, que la donó al concejo de Córdoba. Su carácter fronterizo con el vecino reino de Granada hizo su situación muy inestable desde mediados del siglo XIII hasta 1433, en que la recupera definitivamente para los cristianos Juan II, que la otorga en señorío a su doncel Ramiro Yáñez de Barrionuevo. A partir de entonces comienza su repoblación y el traslado desde el primitivo Rute el Viejo a su actual emplazamiento. En la guerra civil entre Enrique IV y el infante Don Alfonso (1465-68) el señor de Rute apoyó a éste último, por lo que el monarca revocó la donación, otorgándola a Diego Fernández de Córdoba, señor de Baena y primer conde de Cabra, por la ayuda prestada en la toma de Écija, dinastía que ejercería un poder casi absoluto en la localidad a lo largo de la Edad Moderna. El Rute actual se configura en la primera mitad del siglo XVI, según el historiador B. García, que considera al abad don Juan de Córdoba el padre del Rute moderno. Cerca de la actual aldea ruteña de Zambra estuvo emplazada la ciudad ibero-romana de Cisimbrium, que en la Edad Media tuvo una historia bastante paralela a la de Rute.
Oficina de Turismo de Rute
     +34 957 532 929
     http://www.turismoderute.es (Diputación Provincial de Córdoba).
     Esta población nace como fortaleza de frontera en el siglo XIII, en una cota más alta que la actual villa, llamada Rute el Viejo, de igual modo que la fortaleza de Zambra. Ambas pasaron a formar parte de los territorios cristianos mediante parto con Fernando III, entre 1240 y 1241. Cambiaron de mano varias veces en las siguientes centurias, hasta ser reconquistadas definitivamente por Juan II, que las cederá en 1434 a su doncel Ramiro Yáñez de Barnuevo. Es entonces cuando se inicia la actual población de Rute. Tras la guerra civil entre Enrique IV y el infante don Alfonso, Rute pasó a Diego Fernández de Córdoba, Señor de Baena y conde de Cabra. En el siglo XVI Rute vivió su definitivo asentamiento gracias al patrocinio de don Juan de Córdoba, abad de Rute (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Esta deliciosa población, de la que Cervantes elogiara sus jamones; y en la que Rafael Alberti se restableciera de la tuberculosis, se levanta en un cerro al pie de la sierra de su nombre, en el corazón de la Subbética, a 634 metros sobre el nivel del mar. Dista de la capital 94 kilómetros.
Historia
     Como gran parte de la Subbética, el municipio de Rute debió estar poblado al menos desde el Neolítico. No obstante, el origen de la ciudad actual se encuentra en la época musulmana, cuando los árabes construyeron la fortaleza del hoy llamado Rute el Viejo. Durante mucho tiempo, esta fortaleza formó parte del territorio de frontera, estando unas veces en poder del reino nazarí de Granada y otras en el de los cristianos.
     No será hasta 1433, bajo el reinado de Juan II, cuando Rute caiga definitivamente en la órbita cristiana. El rey concedió el territorio a su doncel Ramiro Yáñez Barrionuevo, quien, al repoblarlo con castella­nos, principalmente de Segovia, llevó a cabo el traslado del caserío al lugar que hoy ocupa. En 1466, como consecuencia de la guerra civil entre Enrique IV y el infante don Alfonso, la ciudad pasó a depender de Diego Fernández de Córdoba, señor de Baena y primer Conde de Cabra. El siglo XVI traerá para Rute un fuerte crecimiento demográfico, unido a un no menos importante desequilibrio social que se prolongará hasta la Edad Contemporánea. A partir del siglo XVII se empieza a desarrollar la industria del aguardiente, que sigue siendo uno de los atractivos de la población.
     Hoy, Rute, la "Blanca Villa", como gustan de llamarla los ruteños, es una ciudad apacible e industriosa, muy cuidada, de calles empinadas y limpias, de serenos y bien ventilados parques.
Gastronomía
     Los anises, así como los dulces navideños, cada día más en alza, constituyen hoy por hoy los grandes aportes de Rute a la mesa no sólo provincial, sino nacional e internacional.
     El jamón, que elogiaran Cervantes y, más modernamente, Camilo José Cela, vuelve por su antiguos fueros gracias al empeño de un ruteño con fe en los pro­ductos de su tierra.
     Pero en las cocinas siguen haciéndose también platos de antigua tradición tales como los magníficos chicharrones; la sopilla, a base de carne de pavo y gallina, ade­más del hueso de jamón; la olla de cardillos; las coñarras de bacalao, un guiso que, además del bacalao, lleva patata, atún y almendras; y como postres, las gachas de higos y los piñonates.
Fiestas y tradiciones
     El carnaval es uno de los más atractivos de la provincia de Córdoba.
     La Semana Santa es muy pintoresca por el recorrido que realizan los pasos.
     El 25 de abril, día de San Marcos, los ruteños salen al campo a comer las pavitas, bollos de pan con un huevo cocido en su interior.
     Las Cruces de mayo, llenan de colorido la población en los primeros días de este mes primaveral. El segundo domingo de mayo se festeja con mucha solemnidad a la Virgen de la Cabeza.
     Por último, del 24 al 28 de agosto tiene lugar la Feria Real.
     En la mayoría de las festividades se sigue bailando la danza del Chacarrá, especie de jotilla que se acompaña de un cante por fandangos. Y en las noches de lo sábados siguen recorriendo las calles los Hermanos de la Aurora, con sus coplas alusivas a la Virgen María.
VISITA
     La avenida de Blas Infante, travesía de la carretera que lleva a Granada a través de Loja, constituye el eje a la izquierda del cual trepan hacia lo alto las calles del pueblo. Al comienzo de esta avenida, el Ayuntamiento ha levantado un gracioso monumento al anís y al final de la misma, pero ya en lo que se llama calle Málaga, se encuentra el Museo del Mantecado, donde se muestran una serie de intere­santes curiosidades acerca de la fabricación tradicional de este emblemático producto navideño.
     Hacia la mitad de la avenida, se abre la calle Duquesa, que sube paralela al parque Nuestra Señora del Carmen, un agradable lugar con parque infantil, estanques con peces de colores y patos y un escenario desde el que la banda munici­pal ameniza las tardes de los domingos. Algo más arriba, en la confluencia de Juan Carlos I con Toledo, se alza el Ayuntamiento, una casona en la que sobresale su espadaña con el reloj alemán. Prácticamente enfrente, en la esquina de la calle Priego, está la iglesia de Santa Catalina, un templo reedificado en el siglo XVIII, con bóvedas de arista en sus tres naves y un más que interesante retablo neoclásico en el altar mayor.
     Subiendo por Alfonso de Castro, en cuya acera izquierda se levanta el Casino de Rute, uno de los edificios civiles más singulares de la localidad, se llega a las escaleras del Chorreadero, que separa el barrio Bajo del Alto. Mientras se camina, conviene fijarse en las llamadas peanas, especie de terrazas ajardinadas que lle­nan de color las calles.
     Muy cerca de aquí, se abre el paseo del Fresno, con la fuente de "los cuatro caños" y, sobre todo, con el delicioso Museo del Anís, donde pueden degustarse las especialidades ruteñas en esta materia. Prácticamente enfrente, pero ya en Virgen de la Cabeza, número 5, hay otro estupendo Museo, el del Jamón, lleno de historia y de suculentos productos del cerdo. Aquí al lado se alza la iglesia de San Francisco, antigua ermita de la Virgen de la Cabeza, que guarda en su interior abundantes y sugerentes yeserías del siglo XVIII.
ALREDEDORES
     Del paseo del Fresno parten, debidamente señalizadas, distintas rutas de senderismo por los montes cercanos. Parte también una carreterita que lleva hasta el complejo de Adebo* (Asociación para la Defensa del Borrico), situada junto a una zona recreativa muy arbolada y, hoy por hoy lugar de visita imprescindible de la localidad, sobre todo si se llega acompañado de niños.
     A unos diez kilómetros en dirección a Lucena está la pedanía de Zambra, anti­gua villa romana que llegó a ser municipio de derecho latino con el nombre de Cisibrium. Conviene dejar el caserío que se apega a la carretera y subir hasta la plaza Teniente Castro para visitar la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, con su airoso campanario, la fuente de agua clara y el bello paisaje de lomas y de olivares que desde ella se divisa (Rafael Arjona. Guía Total, Córdoba. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2009).
     Atractiva villa de la Subbética cuyo blanco caserío se extiende por las faldas de la sierra de su nombre, en las proximidades del embalse de Iznájar.
Historia
     Ciudad de origen incierto, en sus proximidades se encuentran aún los restos de una antigua fortaleza islámica que se conoce con el nombre de Rute Viejo. Situada durante largo tiempo en la frontera cristiano-musulmana, pasó sucesivamente de unas manos a otras, hasta que, en tiempos de Juan II, fue conquistada definitivamente por Sánchez de Barrionuevo, quien la repobló con cristianos principalmente de Segovia.
     En 1466 pasó a formar parte del condado de Cabra, en la persona de don Diego Fernández de Córdoba, formando poco des­pués parte del poderoso ducado de Sessa. A partir del siglo XVII comienza a desarrollarse la industria del aguardiente que alcanza su cénit a partir del XIX. Durante el invierno de 1926, vivió en ella el poeta Rafael Alberti, quien aprovechó su saludable clima para reponerse definitivamente de una afección tuberculosa. Aquí inició su libro El alba del alhelí.
Fiestas
     El 25 de abril, día de San Marcos, se sale al campo a pasar el día y a comer las tradicionales pavitas, pequeños panes con un huevo duro en su interior. Coincidiendo con el segundo domingo de mayo tiene lugar la feria de la Virgen de la Cabeza. Entre el 11 y el 15 de agosto se celebran las fiestas en honor de la patrona, la Virgen del Carmen, y entre el 24 y 28 de agosto, la Feria Real.
Gastronomía
     El aguardiente, junto con los dulces navideños, constituyen aportaciones esencia­les de la ciudad a la gastronomía provincial.
VISITA
     Las calles de Rute se encrespan sobre las abultadas colinas de la serranía, circunstancia que le confiere un aire de romántica fortaleza. Las calles de Toledo y Juan Carlos I, donde se localiza el Ayuntamiento, constituyen el eje alrededor del cual se extiende el entramado urbano. Cerca del Ayuntamiento se levanta la igle­sia de Santa Catalina, reedificada en el siglo XVIII. Posee tres naves con bóvedas de arista y un interesante retablo barroco en el altar mayor. Algo más abajo del Ayuntamiento se abre un acogedor parque con gran variedad de plantas y árboles. En la plaza de Nuestra Señora de la Cabeza -también llamada del Llano- se localiza la iglesia de San Fran­cisco, antigua ermita de la Virgen de la Cabeza, con ricas yeserías de la segunda mitad del siglo XVIII. A la entrada de la villa, en la calle Blas Infante, se halla el monumento al Anís y en el Paseo del Fresno, el Museo del Anís (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Iglesia de Santa Catalina.-

     La primitiva parroquia de Santa Catalina se construyó en 1565, pero se reedificó entre 1768 y 1776. Es de tres naves cubiertas con bóvedas de arista, crucero con casquete esférico y bóveda de cañón en el presbiterio. El retablo mayor es obra anónima de estética neoclásica de hacia 1780, dorada en 1793 por Francisco de Cobaleda. En el manifestador hay una Inmaculada del siglo XVIII.
     La nave izquierda tiene un retablo del XIX con una Inmaculada de hacia 1800, retocada. A continuación se abre la capilla del Sagrario, bendecida en 1958. Se decora con pinturas murales de la Infancia de Jesús y la Coronación de la Virgen con Santa Catalina y San Francisco, obras de Ma­nuel Romero. El sagrario es de plata, punzonado por Navas en 1931. En los nichos de la entrada están San Bartolomé, de hacia 1630, del taller de Alonso de Mena, restaurada por Luisa Castillo Vela en 1992, y San Diego de Alcalá, obra popular de escuela granadina de la primera mitad del XVII. En esta misma nave, hay un medio punto con Cristo predicando desde la barca, realizado por Mariano Pérez Salcedo hacia 1945. Sigue el retablo de San José con el Niño, de fines del XVIII, y a continuación, el Crucificado que fue de la Vera Cruz, talla de la segunda mitad del siglo XVI, y una buena Dolorosa, realizada en Sevilla hacia 1950.
     En el testero de la nave derecha hay un lienzo con la Última Cena, de fines del XIX. La capilla de la Virgen de los Dolores tiene retablo neoclásico y camarín; la imagen es de la primera mitad del Ochocientos, restaurada por Manuel Escamilla en 1996. Sigue la capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con retablo barroco de hacia l700; la talla del titular, de escuela granadina del primer cuarto del siglo XVII, fue incorpora­da a su cofradía en 1624 y se atribuye al círculo de Alonso de Mena. En las hornacinas laterales se ven la Magdalena y San Juan, candeleros de fines del XVIII.
     Ya en la nave se encuentra el retablo de Nuestra Señora del Rosario, gemelo del frontero de San José. La Virgen es una interesante talla granadina del segundo cuarto del siglo XVII, con policromía de fines del XVIII. En el siguiente arco está el Yacente, obra de Pablo de Rojas de finales del siglo XVI. Encima hay un pequeño retablo procesional de mediados del XVIII con un lienzo del Ecce Homo. El último arco de esta nave lo ocupa un retablo de hacia 1625, con las tallas de Santa Lucía, ésta del taller granadino de Alonso de Mena, San Fernando, San Lorenzo y San Cristóbal (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Templo de planta basilical de tres naves, con bóveda de cañón con lunetos, construida entre 1.730 y 1.790 y luego reformada en 1.892.
     Atrio exterior cerrado por verja con cancela. Interior con decoración y detalles barrocos y neoclásicos.
     La fachada es simétrica, dividida en tres partes verticales por dos contrafuertes, tratados a modo de pilastras de ladrillo visto en sus dos terceras partes y de sillares de piedra en el tercio inferior  siendo de fábrica mixta y mampostería los paramentos. En la parte central, tres huecos (uno abocinado flanqueado por dos ovales) sobre la portad de piedra caliza, neoclásica, de medio punto flanqueada por dos pilastras estriadas que sustentan, sobre el arco, un entablamento.
     Esta parte central presenta alero, con vertiente de su cubierta, mientras que los flancos vierten lateralmente, en dos aguas.
     Los arcos fajones de la nave producen empujes laterales, produciéndose visible desplome del muro lateral exterior, habiendo sido necesario un atirantado del mismo a la línea de arcos formeros, siendo visible un tirante en fachada al atravesar el hueco abocinado lateral (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Surge tras el traslado de la población a su actual emplazamiento en 1435, se erige por bula de Alejandro VI y se funda como abadía de los Fernández de Córdoba en 1497. La primitiva construcción, afectada por el terremoto de 1761 y reformada posteriormente, finalmente fue reemplazada por el templo actual levantado en 1784.
     Se trata de un templo de sobria fachada, al interior se divide en tres naves separadas por pilares octogonales de ladrillo que sujetan arcos de medio punto y con bóveda de arista como única cubrición empleada, a excepción de la cúpula del presbiterio.
     El retablo mayor, de gran sencillez y de estilo neoclásico, se terminó en 1790, relacionándose con el arte del cordobés Alonso Gómez de Sandoval. Se compone de tres calles, albergando la central las tallas de la titular del templo y de San Pedro. A ambos lados, en la cabecera de las naves laterales encontramos las capillas de la Inmaculada y Ntra. Sra. de los Dolores; mientras que las capillas del Sagrario y Jesús Nazareno conforman la línea del crucero.
     Cuenta con un importante patrimonio escultórico, son dignas de reseñar las imágenes del Cristo Moreno de mediados del siglo XVI; Virgen del Rosario del círculo de Pablo de Rojas; Cristo Yacente y San Bartolomé atribuidas ambas al taller de Alonso de Mena; así como una valiosa imagen de San José de finales del siglo XVIII.
     Atesora igualmente importantes piezas de platería como la custodia, obra madrileña y de estilo rococó regalada por el Abad a finales del siglo XVIII (Diputación Provincial de Córdoba).

Santuario de Nuestra Señora del Carmen.-

     Esta iglesia, construida en l700, es de nave úni­ca, cubierta por tres tramos de cañón, y presbiterio con media naranja sobre pechinas. El retablo mayor realizado por Manuel Guzmán Bejarano en Sevilla en 1978, lleva tallas pequeñas de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús y un relieve con la Virgen del Carmen y San Simón Stock. Nuestra Señora del Carmen, de hacia 1692, conserva antigua la cabeza, de hermosa factura, atribuida a Luisa Roldán, pero el cuerpo lo talló en Sevilla Luis Ortega Bru, hacia 1975.
     En el lado izquierdo del presbiterio hay una bella figura del Niño Jesús, obra del granadino Alonso de Mena, de hacia 1630. A la derecha está la devota figura de Nuestro Padre Jesús después de la Flagelación, llamado popularmente el Cristo a Gatas, talla de hacia 1700, de estética granadina. En la nave hay diversos cuadros de los siglos XVIII, XIX y XX, de discreta valía (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       De planta rectangular y una sola nave, presenta como acceso, puerta con vano rebajado. Interiormente no ofrece interés artístico alguno, poseyendo cubierta plana.
     La construcción de esta iglesia  debió realizarse en 1903, según reza la inscripción ubicada en la espadaña.
      Las fiesta en honor de la Virgen se celebran los días 15, 16 y 17 de Agosto. Se organizan verbenas y bailes y el día 16 se saca la virgen en procesión (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Levantada en los últimos años del XVII, de sencilla fachada con espadaña de ladrillo de tres vanos, el interior es de una sola nave con muros articulados por pilastras y bóveda de cañón con arcos fajones y presbiterio cubierto por cúpula sobre pechinas.
     El retablo es obra de Guzmán Bejarano de 1978, en el centro se abre el camarín que alberga la imagen titular, estípites lo separan de las imágenes de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, mientras que en su ático podemos ver un relieve de la entrega del escapulario a San Simón Stock.
     Esta Ermita acoge la imagen de la Patrona de Rute, la Virgen del Carmen, obra de la escuela granadina, datable a finales del siglo XVII cercana a la producción de Diego de Mora. En origen se trataba de una imagen de candelero a la que en 1975 se le añadió un cuerpo tallado de manos de Luis Ortega Brú.
     Del resto del templo hemos de destacar el Niño Jesús bendiciendo, atribuida al taller de Alonso de Mena hacia 1630; y la imagen del Cristo del Mayor Dolor, conocido como Cristo a Gatas, que representa el momento en el que Cristo recoge sus vestiduras tras la flagelación, imagen granadina de la segunda mitad del XVIII (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de la Vera Cruz.-
     Se construyó en 1555, aunque ha sufrido nu­merosas reformas. Es de una  nave de cañón y el presbiterio se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas, decorada con frescos que representan a la Santísima Trinidad con el Colegio Apostólico; en las pechinas figuran los Padres de la Iglesia y en la pared izquierda la Coronación de Espinas. Es un conjunto pictórico de fines del XVI, retocado en 1725. El retablo mayor se labró en 1730. Nuestra Señora de la  Sangre es imagen de vestir granadina del último tercio del XVII, muy  retocada por los hermanos Camacho en 1975; las tallas de San Nicolás de Bari y San Francisco Javier, fueron compradas en Granada en 1730. En el muro izquierdo está la imagen del Señor atado a la Columna, traída de Granada en 1665 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La construcción de la Ermita y su hospital anexo se iniciaría con la fundación de la Cofradía homónima en 1555, si bien el aspecto que ofrece en la actualidad es fruto de numerosas transformaciones.
     Consta de austera fachada de ladrillo visto con espadaña e interior de una sola nave cubierta por bóveda de cañón rebajado arcos fajones y lunetos con óculos en uno de sus lados. El presbiterio se cubre con media naranja sobre pechinas decorada con interesantes pinturas al fresco de los años 30 del siglo XVIII representando a la Santísima Trinidad, Virgen dolorosa y apostolado.
     De la misma fecha data el retablo mayor realizado en Granada, cuenta con una arcada central que cobija la imagen de María Santísima de la Sangre, dolorosa de vestir realizada por Pedro de Mena en 1672; a sus lados encontramos las imágenes de San Nicolás de Bari y San Francisco Javier.
     Los muros del templo acogen igualmente las imágenes de Jesús amarrado a la columna, obra traída de Granada en 1665, y la talla del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, imagen del siglo XVI sobre la que se baraja un posible origen castellano y recientemente donada al templo (Diputación Provincial de Córdoba).

Iglesia de San Francisco.-

     Se construyó en 1750 sobre la antigua ermita de Nuestra Señora de la Cabeza, al trasladarse aquí los franciscanos del convento de Santa María de Jesús de La Hoz. Tiene tres naves; la central se cubre por cañón con lunetos y las laterales por insólitas bóvedas gallonadas sobre trompas. En la capilla mayor se emplea media naranja so­bre pechinas, con adorno de hacia 1760.
     El retablo mayor, de hacia 1735, se ha relacionado con Francisco José Guerrero. Nuestra Señora de la Cabeza data de 158l, pero está muy retocada; cuando se venera de pastora luce un templete de plata del siglo XIX. El camarín es obra de Cecilio Antonio Franco Roldán, de 1763, y se adorna con cuadros de la Conversión de San Pablo, el Ecce Homo y especialmente, la Divina Pastora, de mano del propio autor, que sigue el modelo de Alonso Miguel de Tovar. En las calles laterales hay tallas de Santo Domingo y San Francisco, granadinas de primera mitad del XVIII. En el arco toral hay un cuadro de la Asunción, del siglo XVII.
     El retablo de la cabecera izquierda es de hacia 1770; guardia un lienzo con la Virgen de San Lucas, de hacia 1600, atribuible al pintor Antonio Mohedano. En el muro hay otro cuadro con la Visión de San Antonio de Padua, del siglo XVII. Sigue el retablo de San Antonio, con talla del titular, todo de hacia 1730. Están también las imágenes del Crucificado de la Misericordia, del XVII, y la Dolorosa de la Piedad, del taller sevillano de Guzmán  Bejarano, de 1989.
     La nave derecha está presidida por un retablo de hacia 1770 con hermosa talla granadina de la Inmaculada y un San Francisco de Asís, de hacia 1670, del círculo de José de Mora. En el muro cuelga un buen lienzo con .Jesús camino del Calvario, de primer tercio del XVII. Sigue un arco camarín de hacia 1770 con la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Rosa, talla de vestir de estética granadina de la primera mitad del Setecientos. A continuación está la capilla del Sagrario, arreglada en 1968, decorada con relieves y pinturas de J. Prados López de igual fecha.
     El siguiente retablo, del último tercio del siglo XVIII, tiene la imagen de vestir de Nuestra Se­ñora del Mayor Dolor; del XVIII, y las tallas de San Antonio de Padua y San Diego de Alcalá. En las dependencias merecen citarse un relieve del Resucitado de fines del XVI y un Crucificado de tamaño académico, de hacia 1630, que sigue las pautas estéticas de Alonso de Mena (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        Perteneciente al antiguo convento de los Franciscanos, hoy demolido y ocupado por una escuela-hogar de edificación disonante con la iglesia y con el conjunto de la plaza, ha sufrido algunas transformaciones, sobre todo su fachada, a la que se le incorporó una espadaña lateral con huecos abalconados en dos alturas y rematada por un pequeño frontón, con cornisas pintadas.
     Templo de tres naves. La central con bóveda de cañón con lunetos, cuyo arranque está peraltado entre un conjunto de molduras en las que terminan la decoración de las yeserías de los falsos fajones, cuyo número y disposición no concuerda con los seis tramos entre columnas de los arcos formeros, de medio punto.
     Se puede observar e interpretar por su diferencia de luces y diseño distinto de pilares, que la nave ocupaba inicialmente cuatro tramos añadiéndosele luego otros tres más cortos y con pilares más cortos y de diseño más tosco y sobrio, sobre los cuales se alza el coro.
     Las naves laterales rematan un conjunto armonioso y sensible, cubiertos sus cuatro tramos originales por cúpulas ochavadas y nervadas (bizantinoides, de gallones) y los tramos ampliados con bóveda de arista.
     En el crucero, cúpula semiesférica sobre pechinas dividida por cuatro fajas exuberantes, flanqueada en las naves laterales por bóveda alargada con tramo intermedio de cañón con lunetos rematados sus extremos por dos cuartos de esfera fajeados y divididos en cuatro. Al fondo camarín con bóveda de media naranja.
     La nave lateral derecha presenta en todos sus tramos capillas cuadradas cubiertas por media naranja sobre pechinas, existiendo en la nave lateral izquierda otras tantas hornacinas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El templo tiene su origen como Ermita de Nuestra Señora de la Cabeza, de la que conocemos su existencia ya en 1584, si bien el aspecto actual del mismo corresponde a la ampliación iniciada en 1731. En 1736 se convierte en convento franciscano con el traslado de la Comunidad procedentes del cercano Paraje de la Hoz, y posteriormente siendo erigida como Parroquia en 1889.
     Posee planta de tres naves separadas por arcos de medio punto sobre columnas toscanas, la central de mayor altura se cubre con bóveda de cañón aplanada y las laterales con cúpulas gallonadas que parten de ménsulas. El retablo mayor fue ejecutado en 1725 por el maestro antequerano Antonio de Rivera, con vano central que comunica con el camarín de Ntra. Sra. de la Cabeza, a los lados, separados por estípites, interesantes esculturas de Santo Domingo y San Francisco de Asís, de finales del siglo XVI.
     El espacio más destacado del templo es el camarín de Ntra. Sra. de la Cabeza, ricamente decorado con yeserías de estilo rococó obra del escultor prieguense Cecilio Antonio Franco Roldán que lo concluyó en 1763, a cuya mano se debe igualmente la decoración de la cúpula y pechinas del presbiterio.
     A lo largo del templo se yerguen numerosos altares todos ellos de estilo rococó de la segunda mitad del siglo XVIII, retablos-hornacina en la nave del Evangelio, entre los que destacan el de San Antonio y el de la Virgen del Pópulo; mientras que en la nave de la Epístola encontramos los camarines de Nuestro Padre Jesús de la Rosa y Nuestra Señora del Mayor Dolor, obra próxima al escultor Ruiz del Peral, y las capillas del Sagrario y Bautismal (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San Sebastián.-

     La ermita de San Sebastián, construida hacia 1750, guarda, entre otras obras, un cuadro de la Virgen del Rosario, de escuela granadina de fi­nes del XVII; una imagen de San Pedro Nolasco, de la primera mitad del XVIII; y un Crucifica­do, menor que el natural, de  la primera mitad del XVII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       Perteneciente al Asilo de San Sebastián, el edificio de la capilla se encuentra diferenciado exteriormente por su simpleza de composición y por su poca altura, estando muy transformada su planta alta, sobre la capilla, ya que tras las reparaciones por derrumbe de su cubierta, efectuadas en Febrero del 86, se ha construido una planta habilitada a dormitorios del asilo, con apertura de huecos a fachada lateral, quedando ciega la parte alta de la fachada principal.
     El interior, de una sola nave de tres tramos, con yesería formando bóveda apanelada y con lunetos ciegos, todo ello con exuberante decoración de yeserías y pinturas barrocas. El presbiterio, separado de la nave en su fajón por dos pilastras, presenta bóveda aristada con rosetón de yesería en su centro y pinturas exuberantes cambiando la coloración de la nave por la del retablo, también barroco, que ocupa todo el testero.
     El lateral derecho presenta dos grandes ventanales bajos. Por el lado izquierdo del presbiterio se comunica con el asilo, quedando a los pies del coro, con barandal de madera, al que se accede por una de las habitaciones superiores. Zócalo de mármol crema con rodapié y cenefa negro, tapando humedades de capilaridad.
     El derrumbe ya señalado de su cubierta ha producido grietas en las yeserías y pinturas de la bóveda (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Frente a la Parroquia de Santa Catalina se levanta esta pequeña capilla, actualmente integrada en la Residencia de Ancianos Juan Cristóstomo Mangas. Su construcción, asociada a la del Hospital del mismo nombre, hubo de llevarse a cabo en torno a 1582, fecha de las constituciones de la cofradía que la regentaba.
     De una sola nave, su interés radica en las cubiertas ricamente decoradas, estas consisten en dos tramos de cañón rebajado con lunetos a lo que se suma un tercero de arista correspondiente al presbiterio. Toda su superficie se cubre de pinturas murales de motivos vegetales en oro complementadas con yeserías en determinados puntos, en su factura se adivina la mano de Cecilio Antonio Franco Roldán.
     El pequeño retablo que preside la capilla es de estilo barroco del siglo XVIII centrado por una imagen de Cristo crucificado de tamaño académico de principios del XVII, flanqueada por pinturas de la infancia de Cristo, en el ático pequeña imagen del Santo titular (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de San Pedro.-
     En la ermita de San Pedro se hallan la imagen del Seüor de la Humildad, llamado El Abu elito, de comiemos del XVIII, la Soledad de Nuestra Señora, y las tallas de San José, de es­ tética granadina de comienzos del XVIII, y San Pedro en la Cátedra, de hacia  1600 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
       La Ermita es de planta rectangular y una sola nave. Presenta cubierta rebajada con lunetos, y bóveda sobre el presbiterio. 
     Exteriormente, ofrece vano adintelado como acceso y una gran sencillez de líneas compositivas.
     El origen de esta ermita parece tener sus inicios en los primeros años del siglo XVI, en relación directa con la comunidad franciscana. Sabemos que en 1685 ya hacía estación de penitencia el Santísimo Cristo de la Humildad, en la tarde del Miércoles Santo desde la Ermita de San Pedro.
     En junio se celebra la verbena en honor de San pedro, mientras que es tradicional que el tercer domingo de enero se vaya en busca del que se constituirá como nuevo Hermano Mayor de la Hermandad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     No se tienen datos acerca de su origen, aunque se cree la más antigua de las ermitas de la Villa que surgen en el siglo XVI. De sencilla factura, consta de una única nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos, que arranca de una cornisa y se divide mediante arcos fajones, el presbiterio se cubre con una gran bóveda de arista.
     Se abre en el altar mayor un gran vano rectangular con decoración que lo enmarca a base de yeserías que da paso al camarín con la imagen de Jesús de la Humildad, de estética granadina que data de mediados del siglo XVII, muestra a Cristo sedente tras las flagelación. A ambos lados hornacinas con las imágenes de San José y San Pedro.
     En los testeros laterales del presbiterio se ubican las imágenes del Cristo de la Expiración, cuya hechura podemos situar en la segunda mitad del XVI, y de la Soledad de Nuestra Señora, imagen de finales del siglo XVIII o principios del XIX (Diputación Provincial de Córdoba).

Ermita de la Hoz.-
     La ermita de La Hoz conserva un interesante cuadro de Nuestra Señora de la Consola­ción, procedente de la desaparecida ermita de El Pamplinar y restaurado en 2005, que muestra a la Virgen con el Niño rodeada de ángeles, realizada en Sevilla, probablemente por Juan Ruiz Soriano, en 1763 (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        La ermita de Nuestra Señora del Consuelo se levanta en la Aldea del Nacimiento de la Hoz, cercana a Rute. Su fábrica, del siglo XX, presenta la portada a los pies, con espadaña de ladrillo rematando la fachada.
     Su interior es de una sola nave, con testero y cubierta planos. En el lado del Evangelio se ubica la sacristía.
     La fiesta en honor de la Virgen  se celebra el 4 de septiembre, organizada por su cofradía. Se realiza una procesión con salida de la ermita y discurre por la carretera. Se culmina con la confraternidad de los hermanos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia (Zambra).-

     En la villa de Zambra destaca la iglesia pa­rroquial de Nuestra Señora de Gracia, de estilo neoclásico, iniciada en 1749. Fue reconstruida tras un incendio en 1961. Preside Nuestra Seño­ra de Gracia, de fines del XVIII, muy retocada. Las imágenes que tiene son la Virgen del Carmen y Nuestra Señora de los Dolores, ambas de vestir de hacia 1800, Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra popular de mediados del XVII de estética granadina, San José con el Niño, de escuela sevillana, del segundo tercio del siglo XVII, que procede de la ermita de su advocación en Cañada de Zambra, y Cristo Yacente, imagen devota de brazos articulados de comienzos del XVII (Alberto Villar Movellán, María Teresa Dabrio González, y María Ángeles Raya Raya. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
        De planta rectangular y una sola nave, presenta crucero poco pronunciado, con bóveda vaída y presbiterio semicircular con medio cañón Recorre todo el conjunto una cornisa clásica de gran potencia.
     Exteriormente se accede a través de una escalinata previa a una especie de atrio clásico con dos grandes columnas toscanas y puerta con vano adintelado. a los pies del lado de la Epístola se levanta una torre de ladrillo de dos cuerpos de altura, articulada a base de pilastras toscanas.
     La Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, parece tener su origen en 1799, cuando ante el aumento de la población, se decide establecer un quinto curato en Rute, concretamente en la Aldea de Zambra, dentro del plan de dotaciones del Duque de Sessa. Además, sabemos por una lápida que se encuentra en una de las capillas de la Epístola,  que se hizo por los Marqueses dela Corte, en 1878.
     En 1961 se llevó a cabo una restauración  de la iglesia, que fue costeada por D. Bernabé Jiménez y su esposa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Belén de Chocolate.-
     Galleros Artesanos de Rute, es una empresa familiar que tiene su origen hace más de noventa años, cuando Loreto Garrido siguió su andadura profesional, los pasos de sus padres, los cuales se dedicaban a la fabricación de dulces. Poco a poco ‘Lore y su esposa Dolores’, con mucho esfuerzo e ilusión, trabajaron duramente en la elaboración artesanal de dulces, entre los que destacaban los piononos y hojaldres conocidos y apreciados cada vez más por todos. Ellos fueron los que les inculcaron a sus hijos el buen hacer de la pastelería tradicional, elaborada con productos de suprema calidad. Jorge, Ramón y Victoria y un equipo humano muy profesional, que permite que esta empresa, pueda ser competitiva en el mercado sin perder un ápice de calidad en sus dulces.
     Uno de los mayores atractivos que encontrará el visitante en Rute es disfrutar de los dulces de Navidad de nuestro pueblo. Galleros artesanos ofrece, sin duda, una de las ofertas más completas, y no se exagera al decir que en Rute decir Galleros sabe a dulce.
     En esta empresa van a tener la oportunidad de visitar el Belén de chocolate más grande de España. En él se recrean calles, templos, personajes y escenas de la vida cotidiana que le tocó vivir a Jesucristo en el momento de su nacimiento, cada año inspirado en lugares diferentes. Algunas curiosidades de su elaboración son los más de 1.500 Kg de chocolate que se empelan en su elaboración, los 4 meses aproximadamente que se tarda en construirlo sobre una superficie de 52 m2, y los 7 maestros pasteleros de Galleros Artesanos que participan en su fabricación.
     Cada año Galleros Artesanos presenta nuevas y dulces construcciones realizadas en chocolate. Nuestros maestros artesanos están siempre alerta sobre los temas, acontecimientos etc… que interesan o divierten a mayores y pequeños.
     Abierto los meses de octubre, noviembre y diciembre (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo de la Chacina.-

     Es una empresa de fabricación de embutidos artesanos que lleva en funcionamiento 40 años. Desde los inicios hasta hoy se fabrican dichos embutidos con carne de nuestra propia explotación ganadera, donde los cerdos son alimentados con cereales de la campiña Cordobesa (maíz, soja, cebada, garbanzos), lo que supone unos productos totalmente naturales.
     Contamos con gran variedad de embutidos sin gluten y sin lactosa.
     Nuestros jamones son de curación natural, ya que los curamos en Sierra Nevada, a 1.700 metros de altitud, donde no es necesario ningún tipo de ventilación artificial.
     Nuestro Museo de la Chacina, se encuentra abierto desde el día 12 de Octubre al 6 de Enero cada Campaña Navideña, donde además de poder ver una gran variedad de elementos y útiles antiguos, utilizados a lo largo de toda la trayectoria de nuestra empresa, también se puede ver el atractivo que se prepara cada temporada, como han sido:
     Año 2013: El Salchichón más Largo del Mundo, con 210 metros de diámetro, en una sola pieza y embutido en una tripa de fibra de colágeno.
     Año 2014: El Árbol de  Navidad en Chacinas, con 3 metros de alto y decorado con chorizos, salchichones, morcillas blancas, morcillas de cebolla, rellenos de carnaval, todo totalmente real
     Año 2015: El Salchichón más Grande del Mundo, con 50 centímetros de diámetro, 5 metros de Largo y 480 kilos de peso, en una sola pieza y embutido en una tripa de fibra de colágeno.
     Año 2016: El Chorizo más Grande del Mundo, con 30 centímetros de diámetro, 6 metros de Largo y  120 kilos de peso, en una sola pieza y embutido en una tripa de fibra de colágeno.
     Abierto sábados, domingo y festivos durante los meses de octubre, noviembre y diciembre (Diputación Provincial de Córdoba).

Monumento al Anís.-
     El Ayuntamiento de Rute en colaboración con la Asociación de Fabricantes de Anisados y Licores de Rute, levantó este monumento que fue inaugurado el día 13 de mayo de 1.995, como una muestra de respeto a la cultura y tradición que representa para nuestro pueblo.
     Un viejo alambique proclama con nuevas formas la memoria de esta tradición. Aquí yace, soñando atardeceres. Madurando, añoso, esencias destiladas. Aquí yace, sobre la dura tosca soterrada, la flor de anís, de Rute los traeres (Diputación Provincial de Córdoba).

Destilería Machaquito. Anises y Licores.-

     Desde 1876, la que hoy en día es “Hijo de Rafael Reyes, SA”, es una empresa fabricante de aguardientes en la localidad de Rute, provincia de Córdoba. Ya en quinta generación y con idéntica vocación por “lo mejor o nada”, como cuando el tatarabuelo, Rafael Reyes Rodríguez, fundó la empresa. Su producto estrella es el Anís Machaquito extra seco bidestilado. También se fabrica anís dulce, anís extra seco tridestilado y distintos licores como el licor de café y guindas.
     La destilación en alambiques de cobre, con combustible de leña de olivo, sigue siendo el método utilizado para la elaboración de sus anises; si bien en los demás procesos de fabricación se utiliza la última tecnología y los medios más eficientes.
     En Machaquito, la mejor manera de conocer el producto y todo el proceso de elaboración es a través del olfato, la vista y el gusto. Ofrecen visitas gratuitas autoguiadas y guiadas, y una degustación. La visita llevada de la mano de un guía le explica todo el proceso de destilación de anís, así como de los diferentes licores que producen, por los principales rincones de la empresa (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo del Anís de Rute - Destilerías Duende.-
     Ubicado en una centenaria destilería ofrece al visitante, entre un mundo sensorial, la historia y tradición de la elaboración de anisados y licores. En la primera sala aparecen los alambiques de cobre, obra del artista local, el maestro calderero Francisco Casas, donde nos cuentan cómo se fabrica tan delicioso elixir. La Sala de maceraciones posee un conjunto de tinajas de barro vidriado donde se maceraban diferentes frutas, hierbas y semillas para obtener los licores más clásicos de las Destilerías Duende (rosolí, hierbabuena, guindas, pacharán…). En sus vitrinas aparece la historia de más de un centenar de destilerías dedicadas a toreros, personajes literarios y animales. Desde los aguardientes puros de uva hasta los actuales anisados que existieron en nuestra Villa desde el siglo XVII hasta nuestros días. En la Sala de la Mujer destaca la promoción de personajes femeninos en la comercialización de los diferentes productos. Importantes cupletistas, toreras y señoras que ensalzan su figura y que merecen un especial detenimiento entre envasados para banquetes reales y botellas utilizadas en bautizos de burros por diferentes personajes famosos. Por último, en la Sala de Degustación, disfrutaremos de sabores sorprendentes y aromas de canela, hierbaluisa, matalahúva,…
     Muy interesante puede ser la visita guiada completa a Destilerías Duende, en la que partiendo de una bodega de envejecimiento para el brandy y ponche podremos contemplar un conjunto de barriles de roble americano, viejos despachos, cartelería taurina y un sinfín de aperos para el trabajo en la bodega y la vida cotidiana del mundo rural de los siglos XIX y XX. Seguiremos por el Patio, auténtica joya de la arquitectura popular cordobesa, y ganador dos años consecutivos del Primer Premio del concurso de Patios de la provincia de Córdoba, en el que pasearemos por sus diversas estancias, cocina de antiguas matanzas, dormitorios y baños, entre una impresionante colección de geranios, plantas aromáticas, limoneros y fuentes que refrescan al visitante y dan música a nuestro entorno. Es un lugar ideal para celebrar un aperitivo (sólo grupos concertados). La visita continúa con diferentes explicaciones, anécdotas y curiosidades por las diferentes Salas del Museo, terminando con una cata completa de los diferentes destilados, macerados y envejecidos que se elaboran y cuidan con esmero en este espacio vivo de la historia ruteña (Diputación Provincial de Córdoba).

Museos del Aguardiente anisado de Rute y España.-
     Museos del aguardiente anisado de Rute y España, un lugar único para pasear por la historia de la bebida más importante del mundo. Elaborada en más de 10.000 fábricas de las 52 provincias de España. El aguardiente anisado nos permite hacer un recorrido por la historia de la cartelería española, la botella de vidrio, las etiquetas litográficas, los litógrafos, las artes gráficas y la publicidad de este producto tan típico de nuestra cultura. De esta manera podrá acercarse a la historia de lo que hoy conocemos como marketing español.
     Más de 8.000 piezas de un alto valor cultural de unas 6.000 marcas de toda España incluso de las colonias, están expuestas para transportar al pasado al visitante que quedará encantado y perplejo con tan interesante historia. Esta exposición ira aumentando con nuevas piezas todos los meses (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo del Azúcar. La Flor de Rute.-

     Un concepto diferente de Museo, al que La Flor de Rute ha aplicado idéntico afán con el que elabora sus acreditados Dulces de Navidad. Un recorrido por la historia de los dulces navideños, gracias a la reproducción de una antigua industria familiar de mantecados, enmarcada en un espacio lleno de detalles, curiosidades y sorpresas. Maquinaria, utensilios, felicitaciones y fotografías de visitantes ilustres, recetarios antiguos, dvd explicativo del proceso de fabricación, etc. En este Museo se puede visitar una exposición exclusiva de ANDALUCÍA EN AZÚCAR, haciendo un recorrido por Andalucía a través de sus monumentos realizados íntegramente en azúcar. Una labor totalmente artesanal, que necesita varios meses de trabajo, las convierte en piezas únicas y exclusivas, realizadas por el maestro pastelero D. Luis Muixi. Junto a la Exposición exclusiva ‘Andalucía en azúcar’, en el Museo se pueden contemplar más monumentos, figuras y cuadros hechos de tan dulce material, como el Castillo de Disney, la figura de Salvador Dalí, la Duquesa de Alba, Michael Jackson, Picasso o pinturas tan famosas como el Guernica, las Meninas,… Abierto los meses de octubre, noviembre y diciembre. www.laflorderute.es (Diputación Provincial de Córdoba).

Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán de Rute.-
     Esta empresa ha sabido superarse a lo largo de los años, con constancia, esmero y perfección en el trabajo diario, combinando lo artesanal con las nuevas tecnologías. Cincuenta años trabajando con tal meticulosidad de sus antepasados y con la suya propia, han ido conservando, manteniendo y ampliando los elementos artesanales para la elaboración de nuestros turrones, mazapanes y mantecados, y que hoy, hacen para usted. Confiamos en que los próximos cincuenta años nos servirán para aprender un poco más sobre nuestro trabajo, para aportar historia a nuestro museo, y por supuesto, para estar presente en su mesa en todo ese tiempo.
     La historia de esta empresa comenzó hace cincuenta años, pero ya llevaba a su espalda la herencia de sus antecesores, heredando el cariño por las cosas bien hechas y el conocimiento para hacerlas. Gracias a ellos se han conservado también una tradición cultural y material que se refleja en los útiles e instrumentos usados en la elaboración artesanal de sus productos, los cuales se muestran hoy en este museo. El Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán expone los procesos de fabricación de antaño y los útiles necesarios para ello. Dispone de un espacio dedicado a cada especialidad, con especial mención al turrón que tan famosa ha hecho a esta casa.
     Abierto los meses de octubre, noviembre y diciembre www.productosgarrido.com (Diputación Provincial de Córdoba).

La Casa Museo de Jamones de Rute.-
     Jamones Rute, en su deseo de favorecer, preservar y promocionar esta industria alimenticia de antaño, ha tenido la idea de crear esta Casa Museo del Jamón. La Casa Museo del Jamón, de Jamones Rute es un sueño hecho realidad. La empresa fue fundada por la familia Jiménez Bueno hace más de 60 años de los cuales, a través del tiempo, han ido quedando instrumentos y enseres de lo más variopinto, relacionados con la elaboración artesana de los jamones y embutidos que aquí se exponen, con el cuidado y esmero que les caracteriza. Abierto todo el año www.jamonesrute.com (Diputación Provincial de Córdoba).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Córdoba, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa Catalina, Santuario de Nuestra Señora del Carmen, Ermita de la Vera Cruz, Iglesia de San Francisco, Ermita de San Sebastián, Ermita de San Pedro, Ermita de la Hoz, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia de Zambra, Belén de Chocolate, Museo de la Chacina, Monumento al Anís, Destilería Machaquito, Museo del Anís, Museo del Aguardiente, Museo del Azúcar, Museo Artesanal del Turrón, Mantecado y Mazapán, y La Casa Museo de Jamones de Rute) de la localidad de Rute, en la provincia de Córdoba. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia cordobesa.

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