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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 17 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de la Misericordia; Plaza del Carmen; antiguo Convento del Carmen; Círculo recreativo y cultural; antigua Capilla de la Orden de Calatrava; Capilla de la Hermandad del Rocío; Capilla de San José Obrero; antigua Fábrica de Harina; Casa- Museo Cuadri-Vides; y Dolmen de Soto) de la localidad de Trigueros (y III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Misericordia; Plaza del Carmen; antiguo Convento del Carmen; Círculo recreativo y cultural; antigua Capilla de la Orden de Calatrava; Capilla de la Hermandad del Rocío; Capilla de San José Obrero; antigua Fábrica de Harina; Casa-Museo Cuadri-Vides; y Dolmen de Soto) de la localidad de Trigueros (y III), en la provincia de Huelva.



Iglesia de la Misericordia
     Próxima a la iglesia parroquial de San Antonio Abad de Trigueros, casi detrás del ábside, se conserva la capilla del antiguo hospital de la San­ta Misericordia. Su advocación original era de Ntra. Sra. de los Remedios, cuya imagen titular aún recibe culto en el retablo mayor.
     Hoy, del  antiguo hospital triguereño que nos ocupa, perdura exclusivamente la iglesia. Su fá­brica, de planta rectangular presenta tres naves. La central se cubría con techumbre mudéjar en forma de artesa con tirantas, y las laterales con cubiertas lígneas del tipo denominado de colgadizo. Las arquerías divisorias de naves se componen de cuatro arcos de medio punto, enmarcados en alfices, que apean sobre pilares rectangulares. Sencillas nacelas marcan el arranque de los arcos. La distribución del espacio interior se deja sentir exteriormente. El encalado imafronte de la ermita de la Santa Misericordia, por fortuna, conserva una deliciosa impronta dieciochesca. Su perfil superior trapezoidal subraya la disposición de las tres naves interiores. E incluso la portada y las dos ventanas del frontis insisten, una vez más, en esta subdivisión, al corresponder una a cada ámbito espacial. Su conjunto arquitectónico responde al gusto estético imperante en la segunda mitad del siglo XVIII.
     Comenzando por la nave del evangelio, encontramos una hornacina con las vírgenes y mártires trianeras Santa Justa y Santa Rufina, con la Giralda al centro, esculturas de madera policromada, obra de la segunda mitad del siglo XVI, muy restauradas a lo largo del tiempo. Sobre mesa de altar con dosel, se encuentra un grupo del Calvario. El Crucificado, titulado Cristo de la Buena Muerte, es de papelón, de hacia 1600, y luce las tres potencias y la corona de espinas, todo en plata de la segunda mitad del XVIII. La Virgen Dolorosa, titulada de la Salud, es imagen de can­delero para vestir y corona de plata de principios del XVIII. El San Juan Evangelista tiene aureola o galleta, de plata, con florón central, capullos y flores, son de la primera mitad del XVIII. La figura de San Juan, en su origen, era una escultura de candelero para vestir del siglo XVII, retallado y remodelado por Gabriel de Astorga y Miranda entre 1869 y 1870. En el intradós del primer arco de la izquierda, un ángel lamparero muy restaurado, porta una lámpara aceitera de metal dorado.
     El altar mayor lo ocupa un retablo moderno readaptado por el tallista ayamontino Manuel Gómez Carnacea, con piezas de diversas épocas y procedencias. Le sirve de banco una frontalera de altar, de principios del XIX. En sendos camarines, realizados en 1943, se veneran varias imágenes. La Virgen de los Dolores, titular de la Venerable Orden Tercera de Servitas, fundada en 1780, y hoy de la Hermandad de Jesús y María. Es imagen de candelero para vestir, obra anónima sevillana de hacia 1780. A su izquierda, la escultura de Jesús Nazareno, obra de Antonio Illanes Rodríguez, que firma en el sudario; fue realizada en 1940. Las potencias de plata son del siglo XIX. La figura de Simón Cireneo, es del siglo XVII.
     En el centro del retablo, el Cristo atado a la Columna, escultura en madera policromada, de impronta roldanesca, de fines del XVII, con po­tencias de plata del XVIII. En la hornacina superior la Virgen de los Remedios o de la Misericordia, antigua titular de la ermita. Es una talla policromada, de la Virgen con el Niño, de mediados del siglo XVI, con policromía tardobarro­ca. Sobre la puerta de la sacristía, un lienzo con el Crucifijo, del XIX, enmarcado en un trozo de retablo. Le sigue la Virgen del Castillo, o de la Piedad y del Carmen, imagen de candelero para vestir de fines del XVI. Luce corona, con canasto de la primera mitad del XVIII, y resplandor de rayos de la segunda mitad de dicho siglo.
     Sobre los pilares de las arquerías divisorias de naves hay una serie de escenas de la Pasión de Cristo, pintadas sobre cobre, de la segunda mi­tad del siglo XVII. Sirviendo de peana al paso de la Virgen de los Dolores, se encuentra el basamento o peana de dos cuerpos, del antiguo tem­plete de mediados del siglo XVI, que se instalaba en el monumento del Jueves Santo (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Plaza del Carmen

antiguo Convento del Carmen
     El templo conventual, dedicado a Ntra. Sra. del Carmen, venerada con especial devoción por los triguereños, se encuentra abierto al culto, en la plaza de su nombre, adosado al convento por el flanco septentrional. El templo, acorde con la tipología tradicional de iglesias conventuales, presenta una sola nave, crucero y capilla mayor.
     Se abrió al culto, por primera vez, el día de la Encarnación del año 1596. La nave, espaciosa, se cubre con techumbre mudéjar en forma de artesa con cinco tirantas, que apean sobre otros tantos pares de canes situados en la solera. El sotocoro, ubicado a los pies del templo, presenta un artesonado de tres paños con decoración de casetones, puntas de sierra y elementos geomé­tricos pintados a base de círculos y rectángulos. Tanto esta cubierta como la anterior reflejan el gusto imperante en la carpintería  de fines del quinientos.
     El crucero sobresale al exterior. El tramo cen­tral se compone de cuatro arcos de medio punto, que reciben la consabida bóveda semiesférica sobre pechinas. Ocho pilastras se unen en la clave de la media naranja y la subdividen en ocho cascos que se perforan alternativamente con vanos cuadrilobulares. Las alas del crucero ostentan bóvedas de cañón con lunetos, cuyos moldurados perfiles apean sobre sencillas mén­sulas angulares.
     La capilla mayor, acabada en testero plano, se cubre con bóveda de cañón y lunetas festoneados de pinjantes, elemento ornamental que denuncia la estética de la segunda mitad del siglo XVIII. Al presbiterio se sube por tres escalones decorados con cerámica azul y blanca, muy del gusto de la época. En el costado izquierdo hay una puertecita que comunica con una pequeña sacristía provista también de sencilla techumbre lígnea. Desde esta estancia se podía ingresar di­rectamente en el antiguo convento.
     Entrando a la izquierda, está el retablo de Ánimas, labrado hacia 1620-1650 en estuco. Co­rresponde al círculo de Diego López Bueno. Fue reparado en 1942 por el tallista Manuel Gómez Carnacea. En el interior del ático, enmarcado con molduras de ovas, hay una cartela sobre­ puesta, con pintura de San Miguel Arcángel. Un retablo ínterim en madera dorada, se compone de pilastras pareadas con guirnaldas de flores y frutas, coronadas por sendos jarros.  Lo preside el lienzo de Ánimas, firmado por José Corbalán. En el medio punto hay una pequeña hornacina con una imagencita de candelero para vestir de Santa Lucía. A continuación, un lienzo de la Inmaculada, murillesco, del siglo XIX. Le sigue la imagen de Cristo Crucificado, llamado del Carmelo, perteneciente a la Hermandad del Santo Entierro: se trata de una escultura en madera de cedro realizada en 2001 por Estela Sánchez Hal­ cón, en los talleres de Miguel Ángel Marín Almellones, de Sevilla.
     El retablo de la Inmaculada fue realizado por Ramón Correa en 1942. En él recibe culto la imagen de la Virgen Inmaculada, escultura en madera, del siglo XVIII, con policromía decimo­nónica; la corona y la media luna son de plata, de principios del XIX.
     Preside el templo el retablo mayor, tallado en madera, en color oscuro, sin pintar ni dorar, del maestro tallista Tomás González Guisado, con­tratado en 1775. En la calle central se venera la Virgen del Carmen, en una hornacina ricamente adornada. La efigie de la Patrona de Trigueros es una imagen de candelero para vestir de fines del XVI, vestida con hábito carmelitano, y corona con decoración de rocallas, de la segunda mitad del XVIII. El Niño Jesús es imagen de vestir, del siglo XIX. Sobre la hornacina, existe otra más pequeña, que alberga a la Virgen de Consolación, titular del convento y de la primitiva ermita, escultura en madera policromada, de las primeras décadas del s. XVI. En las repisas laterales se exponen San Elías y San Eliseo. Sobre ellos, dos relieves de religiosas carmelitas. El ático semicircular presenta un relieve de la entrega del escapulario de la Virgen del Carmen a San Simón Stock, entre las esculturas de dos santos obispos de la Orden. Sobre los estípites montan sendos angelotes. Todo el conjunto se decora con rocallas, guirnaldas, pinjantes, veneras, querubes, angelotes, etc. Tras el retablo de madera se encuentra el primitivo, realizado en estuco en la primera mitad del siglo XVII, similar al del Yacente y al de la Virgen de la Soledad. Sobre la mesa de altar, la escultura en madera policromada de San Juan de la Cruz, obra sevillana de fines del XVII, a cuya época corresponde también la aureola o galleta de plata labrada que luce sobre su cabeza. Al lado opuesto de la mesa de altar, la imagen de Santa Teresa de Jesús, escultura en madera policromada, de las primeras décadas del siglo XVII. Los ángeles lampareros, tallados en madera, en su color, hacen juego con el retablo rococó.
     En el crucero, al lado de la epístola, bajo un arco de medio punto con frontón  triangular, abre en el muro un arco más pequeño, flanqueado por dos pilastras jónicas, que reciben un esquemático entablamento, con triángulos curvos en las enjutas. Está dedicado al Resucitado, escultura en madera policromada, del último cuarto del siglo XVI. Le sigue un retablo de fábrica y estuco, fechable entre 1620 y 1650, del círculo de Diego López Bueno. Está dedicado a las imágenes titulares de la Hermandad  de la Soledad y Santo Entierro  de Cristo.
     La urna es una importante obra de talla dorada, con decoración  de rocallas,  ángeles pasionarios y la Fe. Fue estrenada el Viernes Santo de 1789. El Cristo yacente es escultura en madera policromada, obra roldanesca de la primera mitad del siglo XVIII. En la hornacina superior está la Virgen de la Soledad. La imagen mariana es obra anónima sevillana, fue retallada en 1869 o 1870 por Gabriel de Astorga y Miranda, junto con el San Juan Evangelista. De nuevo en la nave, hay un lienzo popular de la Virgen de los Dolores, del siglo XIX. De inmediato, encontramos el retablo del Crucificado, llamado de la Misericordia, frontero al de Ánimas. La talla del Cristo corresponde a las últimas décadas del siglo XVI. El retablo es otro ejemplar de estuco del círculo de Diego López Bueno, de hacia 1620-1650. Por último, sobre una sencilla repisa, una escultura del beato Francisco Palau y Quer, fundador de las Carmelitas Misioneras, firmado por  Garciana (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      Se trata de la Iglesia del Convento de Nuestra Señora de Consolación, luego del Carmen, que se encuentra adosada al mismo por el flanco septentrional.
      Como la tipología tradicional de las iglesias conventuales, presenta una sola nave, crucero y capilla mayor. Fue abierta al culto en 1596.
     La nave espaciosa, se cubre con techumbre mudéjar en forma de artesa con cinco tirantas que apean sobre otros tantos pares de canes, situados en la solera. El sotocoro, ubicado a los pies del templo, presenta un artesonado de tres paños con decoración de casetones, puntos de sierra y elementos geométricos pintados a base de círculos y rectángulos.
     Al coro alto, provisto de gran ventana coral para iluminar el interior, se accede gracias a una escalera de caracol adosada al muro izquierdo. El antepecho del coro está labrado también en madera.
     El crucero sobresale al exterior. El tramo central se compone de cuatro arcos de medio punto que reciben la consabida bóveda semiesférica sobre pechinas. Ocho pilastras se unen en la clave de la media naranja y la subdividen en ocho cascos que se perforan alternativamente con vanos cuadrilobulares.
     Las alas del crucero ostentan bóvedas de cañón con lunetos, cuyos moldurados perfiles apean sobre sencillas ménsulas angulares. Este espacio se ilumina mediante dos vanos laterales con vidrieras polícromas.
     La capilla mayor, acaba en testero plano, se cubre con bóveda de cañón y lunetos festoneados de pinjantes; elemento ornamental que denuncia la estética de la segunda mitad del siglo XVIII.
     Exteriormente se observa un predominio de la línea recta en los perfiles y del planismo en las fachadas.
     El imafronte del templo se remata con un alero horizontal, sobre canecillos o modillones. Sobre el paramento encalado resalta la portada. Se compone de dos pilastras dórico-toscanas, una cornisa también sobre canecillos y un frontón curvo partido con moldurón central.
     Contiguo a la iglesia hay un cuerpo de edificio coronado por la espadaña, elemento propio de la arquitectura conventual.
     Esta espadaña consta de tres vanos de medio punto, separados por pilastras dórico-toscanas. El ático central con frontón triangular queda flanqueado por dos aletones, en cuyos extremos hay restos cerámicos de sendos remates. El frontón también posee en cada vertiente un remate de barro vidriado y en el vértice superior un pedestal con una cruz de cerrajería. Es digno de mención el ornato del basamento de la espadaña realizado a base de placas rectangulares en resalto (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Círculo recreativo y cultural
     En el conjunto monumental de Trigueros destaca el antiguo convento de Ntra. Sra. de Con­solación. Este antiguo cenobio de religiosos carmelitas calzados preside hoy una espaciosa plaza de la localidad, popularmente denominada del Carmen. Se compone de dos sectores: la iglesia y el convento, de propiedad eclesiástica y municipal, respectivamente.
     La antigua residencia conventual se dispone en torno a un claustro central. El patio consta de dos plantas superpuestas. El cuerpo bajo presenta dos flancos con cinco arcos de medio punto sobre pilares con impostas. Y los dos restantes tienen sólo cuatro. Todos los arcos están provis­tos de rosca y adorno trapezoidal en la clave. Los pilares lucen en el centro sendas pilastras adosadas. Sobre ellas discurre el entablamento. En 1994, el sector conventual fue adquirido por el Ayuntamiento, para destinarlo a usos culturales, y, bajo la dirección del arquitecto José Reyna González del Valle, ha llevado a cabo la restauración del claustro y la construcción de un auditorio en el patio, reproduciendo las formas de dicho claustro. Fue inaugurado, como Centro cívico-social y cultural, el 6 de diciembre de 1998 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

antigua Capilla de la Orden Calatrava

Capilla de la Hermandad del Rocío

Capilla de San José Obrero
     La pequeña capilla dedicada a San José Obrero, en el barrio de Triana, se levantó en 1975, por suscripción popular, inaugurándose en mayo de dicho año. Fueron sus maestros de obras Manuel Beltrán y Manuel Robles. Tiene una sola nave cubierta con bóveda de cañón apuntado sobre imposta. Preside la capilla la imagen de San José, escultura realizada en 1992 en Sevilla por Miguel Bejarano Moreno (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
 
antigua Fábrica de Harina
 El molino de harina de la calle Bojeo está situada en la extensión norte del pueblo de Trigueros, en Huelva. Se localiza muy cerca de las plaza de la Constitución y de España, donde se encuentran situados la iglesia y el ayuntamiento respectivamente. El acceso principal al conjunto se realiza desde la calle Bojeo, directamente a la sala de molinos. El acceso secundario a continuación, en el número 74 de la misma calle, a través de las dependencias de los antiguos hornos.
     La fábrica o molino de harina, como es comúnmente conocido, está compuesto por dos edificios, de factura tradicional, de dos alturas cada uno, que conforman parte más septentrional de la fachada Este de la calle Bojeo. El primer edificio es el edificio principal de la fábrica y contiene el molino de harina. Adosado a él, el segundo edificio contiene el horno tradicional de pan y la vivienda de los propietarios.
     El edificio principal es de planta rectangular con unas dimensiones aproximadas a 9 metros en su fachada, y 12 metros y medio de profundidad, y su estructura responde a la tipología arquitectónica de fábrica de pisos formada por dos plantas y un pequeño sótano, con cubierta plana. Está construida en estructura de hormigón y forjados de estructura metálica y bovedillas cerámicas curvas. Los cerramientos exteriores están construidos en muro de carga y las particiones interiores son de ladrillo revestido. El suelo del semisótano es de cemento y el de las plantas de piso de baldosa hidráulica decorada. La carpintería tanto exterior como interior de la fábrica es de madera.
     Al exterior, la fachada está revestida con mortero, pintada en color blanco y decorada con ladrillo visto de tono claro en huecos, cornisas, zócalo, separación entre forjados y remate de esquinas. La fachada se compone de dos niveles que se corresponde con la planta baja y la planta primera. El sótano se corresponde con un pequeño espacio interior donde se sitúan los engranajes de motor y no tiene repercusión en fachada.
     La composición de fachada es simétrica. La planta baja se separa de la primera por una cornisa sencilla y cada planta contiene tres huecos distribuidos uniformemente. Los huecos de planta baja están recercados con ladrillo visto mientras que los de planta primera decorados con molduras lisas revestidas. Todos los huecos de la fachada mantienen las mismas proporciones. El acceso se realiza por el hueco central de la planta baja, a través de una escalera de varios peldaños. El hueco sobre el acceso se corresponde con el balcón. El edificio se corona con el pretil de la azotea. Este pretil está dividido en cuatro partes iguales con pilones. Todos los vanos están decorados con relieves geométricos.
     La fábrica conserva íntegra toda la maquinaria original. En el semisótano: motor y sistema de tronco de poleas. En la planta baja: una máquina de molienda con dos molinos, sifones con cachuchos o cangilones, lavadora y plansichter. En la primera planta, cernedores planos, sasor, deschinadora y cepilladora. La fábrica podría contar con elementos auxiliares como noria rociadora, peso, recolectores de mangas, sasores y armarios para los útiles. En el rincón de planta baja, en un cajón de madera de grandes dimensiones se recoge primeramente el trigo. Junto al cajón, se encuentran dos elevadores rectangulares de madera dentro de los cuales están los cachuchos, cangilos de metal atornillados a una correa de lona que, en el mismo movimiento que las norias, son accionados para la distribución del cereal. De unos 15 centímetros de ancho, recogen el trigo del cajón y suben hasta la siguiente planta. Al lado de este conjunto se sitúa el complejo de la lavadora, con una pila cuadrada de 0,5 m de profundidad. A la máquina lavadora llegan dos conductos, uno para el trigo y otro para el agua. El espacio central lo ocupa la máquina de molienda, un molino doble, y lo recorren distintos sifones cuadrangulares de madera que suben con trigo en distintos estados. En la planta primera, a la derecha de la puerta, se localiza la cepilladora, el cernedor, la deschinadora y el armario de madera.
     El segundo edificio, el destinado a la vivienda de la familia y al horno de pan, conserva en planta baja, uno de los dos grupos de hornos originales. Construido en ladrillo refractario y decorado con azulejería de tonos amarillo, sobre él se aprecia la inscripción: "Hornos Turu, S.A. Tarrasa". Este grupo de horno cuenta con dos compuertas, luz y termostato.
     En la actualidad, esta fábrica es sede del Centro de Arte Harina de Costal, un espacio para el Arte Contemporáneo y la Arqueología Industrial, donde de manera original y auténtica, los espacios industriales se mezclan con la escultura, la pintura, la música y la gastronomía.
     El molino de harina y panadería de la calle Bojeo en Trigueros es de significativa importancia para el Patrimonio Cultural Andaluz por diversos valores.
     En primer lugar, por su valor histórico, como testimonio de la variedad morfológica y ecológica que caracterizó al cultivo del entorno, que da nombre al pueblo, el trigo; al igual que a otros medios de campiña andaluza, hasta finales del siglo XX.
      Un territorio de dehesa compartido con una amplia gama de especies agrícolas aprovechables como era el cereal.
     Por otro lado, por el valor arquitectónico de la tipología de fábrica de pisos, un ingenio de la industrialización que aprovecha por un lado el suelo situando sus pisos en altura y por otro, la gravedad para los procesos de producción.
     Por el valor de la ingeniería, de la maquinaria que contiene, íntegra y bien conservada, testimonio del proceso de transformación del cereal en harina desarrollado hasta la crisis del petróleo de 1973. Por su valor antropológico, depositario este edificio de numerosos relatos en el pueblo: el reparto del pan, los trabajadores, el papel de la mujer en la industria y la vida de los pueblo agrícolas, los salarios, el alimento, etc. Y finalmente, por su valor como espacio para el arte y la creación.
     El horno de pan de D. Benito El Panadero fue construido a principios del siglo XX. Molió harina durante pocos años. Un siglo después, el conjunto harinero es sede del Centro de Arte Harina de Otro Costal, estudio, vivienda y sala de exposición de las obras del pintor y escultor Juan Manuel Seisdedos.
(Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
    Tiene por fuera la apariencia de un caserón de pueblo pero basta cruzar el umbral para acceder a un mundo fabuloso. El impresionante molino que hay en el vestíbulo, excepcionalmente restaurado, es la seña de identidad del lugar. Harina de otro costal, nombre que introduce y juguetea, y que hace honor a ese glorioso pasado aún tan presente de la vieja fábrica harinera de Trigueros.
     Presentaciones literarias, intercambios culturales periódicos con Portugal y Cuba… Todo encuentra cabida en la antigua factoría, muestra inigualable de patrimonio industrial, convertida en punto de encuentro y convivencia, para hacer buenas migas en torno a un almuerzo o a una agradable velada teatral y musical a la luz de la luna de verano.
     En tiempos en los que el valor añadido es clave para el éxito de cualquier proyecto, Harina de otro costal tiene un factor que lo hace un poco más inigualable: adentrarse en el mundo creativo de uno de los más grandes artistas plásticos que ha tenido Huelva. Hace 25 años que la inspiración de Seisdedos vaga entre estos muros y es en su estudio de la primera planta donde plasma sus volúmenes en los lienzos. En la zona contigua a su refugio, de antiguos talleres formativos, se puede ver siempre parte de sus fondos, entre los que destacan esculturas de los primeros 70 que dan una dimensión mayor a su obra posterior, que redimensiona, a su vez, un espacio único, alimento del alma, para gozo de la cultura onubense. Es el milagro de la fuente del alimento eterno (Ayuntamiento de Trigueros).

Casa-Museo Cuadri-Vides
     Se trata de un bien fundamental del patrimonio histórico y cultural de Trigueros por su gran valor patrimonial y por el pasado histórico que atestigua y representa. Conserva en su interior, entro otros ornamentos, interesantes zócalos cerámicos de inspiración modernista, convirtiéndola en una de las joyas de la arquitectura civil de la provincia de Huelva. Sus bienes muebles, que se remontan a dos siglos atrás, a los que se le une la singular fachada, realizada íntegramente en ladrillo visto, única en la población y de un marcado estilo regionalista que recuerda, sin duda, a las obras del famoso arquitecto Aníbal González (Ayuntamiento de Trigueros).

Dolmen de Soto
     Uno de los principales monumentos arqueoló­gicos de la provincia, y uno de los más notables ejemplos del megalitismo europeo es el Dolmen de Soto. Se encuentra situado en el cabezo del Zancarrón, en la finca La Lobita, accesible desde la carretera N-431, entre los kilómetros 620-621, entre San Juan del Puerto y Niebla. Fue descu­bierto por Armando de Soto, propietario de la finca, en 1923. El túmulo tiene un diámetro de unos 75 metros y una anchura que oscila entre los 0,82 m. de la entrada y los 3,10 de la cáma­ra sepulcral. La galería está formada por piezas monolíticas de granito o arenisca, de entre 3,25 y 4,25 m. las piezas verticales, y de 1,25 a 3,10 m. las horizontales, con un grosor de entre 0,55 y 0,75 m. Obermaier sitúa el dolmen en el tercer milenio antes de Cristo, 3000-2500 a. C. Fue declarado Monumento Nacional el 3 de junio de 1931 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El Dolmen de Soto pertenece al tipo denominado "de galería o largo corredor", y con sus 20,90 metros de longitud constituye el más largo de los dólmenes de Huelva. Su entrada se orienta hacia el Este y tiene sólo 1,45 metros de altura, aunque la altura interior va aumentando progresivamente. Su anchura varía desde los 0,82 metros de la antigua puerta a los 3,10 metros de la cámara; el suelo es perfectamente llano, excepto en el acceso, dónde presenta una ligera inclinación hacia el interior.
     Toda la estructura está cubierta por un túmulo artificial de 75 metros de diámetro. Dicho túmulo se levanta sobre unos terrenos llanos, por lo que resulta perfectamente reconocible.
     Tanto las paredes como la cubierta del dolmen están hechas de grandes ortostatos de granito, la mayoría, caliza dura, arenisca, pizarra, e incluso conglomerado fosilífero, con unas dimensiones que oscilan entre los 3,25 - 4,25 metros de longitud, y los 1,25 - 3,10 metros de anchura, y tienen un grosor aproximado de 0,55 metros.
     A los 4 metros de la entrada, el corredor se estrecha mediante dos ortostatos que hacen las veces de puerta de acceso a la cámara funeraria, que se localiza a 14 metros de la entrada; tiene más de 3 metros de anchura y casi 3,50 metros de altura. Detrás del mencionado estrechamiento, hay un bloque de 1,80 metros de altura que actúa como pilar de sustentación de una de las losas de la cubierta, probablemente rota en el momento de ser colocada.
     En el interior del dolmen, que no había sido violentado, Obermaier localizó ocho cadáveres, en cuclillas y apoyados en los ortostatos con grabados. El ajuar funerario, bastante escaso, se compone de objetos líticos como hachas pulimentadas y cuchillos de sílex, así como de vasijas de barro hechas a mano, un brazalete cónico de hueso, algunos fósiles marinos y varias cuentas de collar.
     Entre los años 2012 y 13 se realizaron intervenciones arqueológicas de apoyo a la conservación (LINARES, 2015) y estudios de las grafías por expertos de la Universidad de Alcalá de Henares.
     Las excavaciones en los espacios externos y el atrio han dado a conocer la existencia de estructuras de cronología Neolítica previas al dolmen. Se ha constatado la presencia de fosas de cimentación y bloques de piedra que podrían corresponderse con un círculo de 60 metros de diámetro compuesto por piedras de distintas materias primas y formas: bloques, menhires y estelas- menhires de grauvaca, calcarenitas y conglomerados ferruginosos de tamaños diversos, distribuidos equidistantemente. Al exterior de este círculo de piedras se ha registrado un conjunto de estructuras: cabañas, hogueras, estructuras votivas o rituales e hipogeo, que se deben relacionar con el conjunto de las prácticas sociales llevadas a cabo en el lugar.
     Arte Megalítico: Desde los trabajos de Obermaier se conoce el contenido gráfico del dolmen de Soto, pero no ha sido hasta una cronología más reciente cuando realmente ha sido objeto de un proceso de estudio especializado sobre su registro que ha culminado en el año 2014.
     Los trabajos de las últimas décadas realizados por Primitiva Bueno y Rodrigo de Balbín, han permitido una aproximación a la importancia del arte parietal contenido en la estructura del impresionante dolmen. Su particular lectura sobre la iconografía conservada en el dolmen de Soto les lleva a proponer que la totalidad de los ortostatos se hallaban originalmente decorados con pinturas y grabados, incluyendo una parte de los empleados en la cobertura del monumento. Todo este programa se conjugaría con la presencia de una estela con una representación antropomorfa que presidiría la entrada a la estructura megalítica -pieza de la que no hay referencias anteriores.
     La mayoría de los soportes de la galería megalítica están decorados, distinguiéndose dos tipos de ejecuciones técnicas: grabados y pinturas, que en muchos casos se combinan en el mismo soporte. Los grabados se realizaron mediante distintas técnicas: incisión, piqueteado y abrasión, con una gran diversidad de motivos, entre los que destacan las armas representadas (alabardas, cuchillos o puñales de mango, hachas) y las estelas antropomorfas. Entre los motivos representados señalaremos que hay líneas simples, "cazoletas" y otros signos de difícil interpretación, un ídolo, y figuras antropomorfas, alguna sedente, con presencia muy reiterada de elementos geométricos en ángulo, zig-zags, serpentiformes, cruciformes, bandas compartimentadas con círculos, armas líneas incisas o piqueteadas.
Las pinturas identificadas configuran una decoración policroma diversa, nunca antes documentada, compuestas por bases de imprimación blancas, pinturas rojas y negras. Por esto, el dolmen de Soto es uno de los monumentos megalíticos con un el mayor repertorio de figuras de la península Ibérica, y se convierte en el de mayor riqueza decorativa de Europa.
     A unos 250 metros del dolmen halló Obermaier los restos, muy destruidos, de un segundo dolmen, de los que aún pudo extraer algunos datos constructivos. Según este autor, el corredor tendría unos 8 metros de largo por 1,40 metros de anchura, y la cámara funeraria unos 6 metros de largo por 2,50 metros de anchura por término medio. También esta sepultura fue excavada por Armando Soto, quien localizó los restos óseos de entre 18 y 20 individuos, la mayoría de los cuales estarían en cuclillas y apoyados contra las paredes, como en el dolmen vecino, pero otros estaban en posición de decúbito supino y orientados verticalmente con respecto al eje del sepulcro colectivo. Los esqueletos estaban recubiertos por una capa de tierra dura mezclada con grandes guijarros.
     Del ajuar del dolmen, muy similar al vecino, se recuperaron sólo algunas piezas, entre las que se cuentan varias piezas líticas, una hoja de puñal de cobre, dos fragmentos de punzones de marfil,... y algunos fragmentos de cerámicas a mano.
     Destaca también un grabado de motivo atípico que apareció en uno de los ortostatos, que fue publicado por Obermaier.
     El carácter funerario de la zona del Zancarrón debía ser conocido desde antiguo, como prueba un acta capitular de Trigueros, con fecha del 8 de Enero de 1823, donde al referirse a una demarcación de tierras, se dice que en el Cabecillo del Zancarrón estaba enterrado Mohamad Ben Muza, a quien se le atribuía la creación de la primera obra algebraica, publicada en el siglo VIII.
     Su descubrimiento se debe al propietario de los terrenos, Armando de Soto, quien lo halló de forma accidental al abrir una zanja para la cimentación de una casa en 1823. Tras su descubrimiento, el Sr. Soto procedió a su excavación, y a ese momento se debe la pérdida de datos de gran importancia para su datación, y las primeras obras de restauración de la cubierta, que había sido parcialmente destruida en el transcurso de las obras.
     En 1824 Obermaier publica un libro en el que recoge todos los pormenores de la excavación y las características del dolmen. Desde entonces no se han vuelto a practicar excavaciones, aunque si se han realizado varios estudios sobre el sepulcro y sobre los grabados de su interior.
     En 1931 fue declarado Monumento Nacional, aunque las primeras actuaciones encaminadas a su conservación no llegarían hasta 1957, cuando la Dirección General de Bellas Artes realizó una primera actuación puntual en la entrada del dolmen.
     Posteriormente, en la década de 1940 es objeto de estudio por parte de C. Cerdán Márquez, cuyos trabajos se enriquecen con la colaboración de G. y V. Leisner. R. Cabrero, F. Piñón y P. Bueno cierran la lista de los investigadores que abordaron el análisis del dolmen onubense en la década de los 80 del siglo pasado. Entre 1981 y 1985, el arquitecto Ismael Guarnier y el arqueólogo Fernando Piñón redactaron un proyecto de excavación y restauración del que sólo llegaron a realizarse algunas de las obras propuestas como medidas de consolidación.
     En 1986 se procedió al levantamiento de un ortostato caído, y en 1987 la Junta de Andalucía adquirió los terrenos.
     Finalmente, en 1990 se realizó un proyecto de consolidación que dirigieron los arquitectos Guillermo Duclós Bautista y Juan Manuel Real Molina.
     Ya en el siglo XXI, hay que destacar una intervención arqueológica desarrollada en el año 2006, bajo la dirección de F. Nocete Calvo, cuya extensión abarcó un área de 2.500 metros cuadrados y cuyo objetivo incluía el perímetro del anillo. Se realizó un exhaustivo estudio de la secuencia estratigráfica. Finalmente, bajo la dirección de J.A. Linares se llevaron a cabo, durante los años 2012-2013, nuevas excavaciones arqueológicas y un nuevo estudio de las manifestaciones rupestres -grabados y pinturas- con analíticas de los pigmentos.
     El Dolmen de Soto, coetáneo de los grabados, fue fechado por Obermaier en el periodo Calcolítico, entre el 3.000 y el 2.500 a. C. Su datación es difícil de establecer por la escasez de su ajuar, posiblemente desaparecidos en el momento de su descubrimiento y excavados por el propietario de los terrenos.
     La construcción del domen es reflejo de una sociedad bien organizada política y económicamente, ya que hubo de existir una gran infraestructura para transportar los ortostatos desde puntos tan lejanos como Escacena, a 37 kilómetros, de donde se trajo el granito; Lucena, a 10 kilómetros, de donde se trajo la arenisca; o Niebla, a 6 kilómetros, de donde procede la caliza.
     El dolmen vecino, aunque coetáneo, debió construirse con anterioridad al denominado "de Soto", según dedujo Obermaier de sus menores dimensiones y de su mayor número de enterramientos. La aglomeración de esqueletos sería causante de la construcción del Dolmen de Soto, de dimensiones mucho mayores. La escasez de enterramientos en él podría relacionarse con el abandono definitivo del lugar como necrópolis (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Misericordia; Plaza del Carmen; antiguo Convento del Carmen; Círculo recreativo y cultural; antigua Capilla de la Orden de Calatrava; Capilla de la Hermandad del Rocío; Capilla de San José Obrero; antigua Fábrica de Harina; Casa- Museo Cuadri-Vides; y Dolmen de Soto) de la localidad de Trigueros (y III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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martes, 10 de octubre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia de San Antonio Abad) de la localidad de Trigueros (II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de San Antonio Abad) de la localidad de Trigueros (II), en la provincia de Huelva.



Iglesia de San Antonio Abad
     La iglesia parroquial de San Antón de Trigueros es uno de los más bellos e interesantes ejemplares de la arquitectura gótico-mudéjar del siglo XIV en el antiguo Reino de Sevilla. Desde antiguo llamó la atención su aspecto fortificado. Fue declarada monumento histórico-artístico de carácter nacional en 1973. El templo sigue el modelo de Santa Ana de Triana, edificado por iniciativa de Alfonso X el Sabio a fines del s. XIII, según la tradición cisterciense, al parecer por canteros burgaleses que intervinieron en el Monasterio de las Huelgas. Presenta planta basilical, de tres naves, la central más ancha, con tres tramos cada una. Se cubre con bóvedas de cruce­ría sexpartitas, recorridas longitudinalmente por un espinazo a la burgalesa, sobre arcos apuntados y pilares de ladrillo con resaltos, que reciben ménsulas, o cuis de lampe, de las que arrancan las correspondientes nervaduras de piedra. Los capiteles y ménsulas se decoran con motivos de rostros humanos y cabezas de animal, hojas de parra y herraduras. Los nervios del espinazo y de algunos arcos fajones, presentan decoración de dientes de sierra y puntas de diamante. En cambio, los transversales son lisos, y se ven de­corados con pinturas de dragones, que arrojan fuego por sus fauces. En las claves se ven colgantes de piñas y de cabezas. Las naves laterales se dividen en tres tramos por arcos apuntados, dos de ellos angrelados. A su vez, cada tramo lateral se subdivide en dos, de desigual tamaño para no obstaculizar los balconcillos. La capilla mayor tiene cabecera poligonal, dividida en dos tramos, el primero rectangular y el segundo poligonal, con siete paños en su bóveda. Las naves laterales acaban en testero plano, sin transepto. Sendas puertas comunican el presbiterio con las estancias que se albergan en el interior de las torres de la cabecera. Llama la atención los balconcillos abiertos al templo, sobre las claves de los arcos formeros, a los que se accede por estrecho pasadizo abierto en el interior del grueso del muro, que servía para comunicar entre sí las torres de los extremos.
         Los muros de las naves se perforan en sus ángulos, para dar paso a cuatro capillas laterales, a las que se accede por arcos de medio punto. Se cubren con bóvedas elípticas con linternas, excepto la de los pies de la nave de la epístola, que carece de ella, por hallarse en el primer cuerpo de la torre. Un muro de ladrillo limpio divide el espacio del templo medieval de las adiciones de la fachada. Tras él se encuentran la sacristía, en el centro, y los pasos de las puertas laterales. Al lado de la epístola se encuentra la antigua capilla bautismal, con su antigua reja, y a través de la que se sube a las estancias superiores, al archivo parroquial y a la torre campanario. A la azotea se accede también desde la capilla de Ánimas, pasando por la segunda planta de la antigua torre de los pies de la nave del evangelio, que conserva aún dos arcos apuntados de ladrillo.
     Al exterior, bien sea debido a la previa existencia de una fortaleza almohade, o a una planificación expresa, resulta muy llamativo su aspecto fortificado, por sus torres y por sus terrazas alme­nadas. En las cabeceras de las naves, dos torres flanquean el ábside, que sobresale del rectángulo básico del templo, dejando patente al exterior su facetado paramento. En los muros pueden verse algunas ventanas con arcos de herradura, enmarcando estrechos vanos, que comunican con el adarve; otras rectangulares decoran su dintel con la cruz en tau.
     Ambos laterales del templo se ven reforzados por los volúmenes adosados de las capillas y torre campanario, a modo de contrafuertes. Las capillas trasdosan sus cúpulas elípticas y linternas, con remates cerámicos sobre las cornisas, en los ejes de las pilastrillas, y quedan a media al­tura de los muros perimetrales. Toda la cubierta del cuerpo del templo es aterrazada, y su perímetro se ve recorrido por un pasillo de ronda, protegido por merlones piramidales.
     La fachada, de Tomás Botani, se organiza en dos cuerpos y ático, de marcada horizontalidad. Verticalmente se divide por medio de pilastras, que dan lugar a tres calles de igual anchura en los dos cuerpos, y dos más estrechas, a modo de estribos, en el primer cuerpo. El ático lo constituye una espadaña con ventana de medio punto y frontón triangular partido sobre pilastras pareadas. Se eleva sobre un largo pretil que reco­rre toda la fachada. El segundo cuerpo presen­ta tres ventanas de arco mixtilíneo, con cornisas onduladas o curvas. El cuerpo inferior tiene dos puertas laterales adinteladas, y una ciega o falsa, del mismo tipo, en el centro, que se corresponde con el espacio interior del antiguo coro bajo. En los estribos se abren sendas ventanas. Entre los dinteles y la cornisa del primer cuerpo se rehunden una especie de ventanitas ciegas, a propósito para recibir cuadros cerámicos.
     Desde fines del XVIII hasta el año 1969 no se produjeron alteraciones en la fábrica. Pero a raíz del terremoto del 27 de febrero de 1969 se iniciaron las obras de restauración, que prestaron al edificio el aspecto que actualmente conocemos. La primera fase, dirigida sucesivamente por los arquitectos Rafael Manzano Martos y Alfonso Jiménez, tuvo como objetivo recuperar el edificio medieval, mientras que la segunda, dirigida por los arquitectos Antonio Luis Ampliato Briones y José María Jiménez Ramón, afectó a los acaba­dos de la parte barroca. La iglesia parroquial de Trigueros puede considerarse como una de las mejor dotadas de patrimonio mueble de toda la provincia, especialmente en lo relativo a la es­cultura. A la magnífica dotación de la parroquia y de las instituciones religiosas, se añade la circunstancia de no haber sufrido, en julio de 1936, la misma suerte que la mayoría de los templos y edificios religiosos de la provincia.
     Sobre la puerta que accede desde la calle a la nave del evangelio, hay un lienzo de Santa Marina, representada a lo cortesano, tocada con sombrero y atuendo pastoril, con un dragón a su derecha, copia del lienzo de Zurbarán, de la National Gallery de Londres. Ya en el muro de la nave, en un nicho rehundido, una pila de agua bendita, sobre pilar cuadrangular, de mármol blanco. Sobre él, un lienzo de Cristo Mediador, obra del s. XVII.
     A la nave del evangelio abre la capilla de Ánimas. Sobre la clave del arco de acceso a la capilla, se encuentra un lienzo con el tema de Jesús y la Samaritana, obra de tradición sevillana, del s. XIX. En el espacio rehundido entre los an­chos pilares de los arcos pareados, se hallan dos pequeñas imágenes de santas carmelitas, procedentes del retablo de Santa Ana, de la iglesia del Carmen. A un lado y otro de la entrada a la capilla, las imágenes en madera policromada de San Juan Evangelista y de San Blas. Al centro de la capilla se ha instalado la pila bau­tismal, de finales del si­glo XVII. En esa misma época puede datarse el lienzo del Bautismo de Cristo. Sobre pedestal recompuesto con piezas de la sillería de coro, de la segunda mitad del XVIII, y otras nuevas, como las columnillas salomónicas, se ha situado la custodia procesional de madera dorada, realizada en 1851. Finalmente, destaquemos un lienzo, de cuidada factura, de San Antonio Abad con San Pablo ermitaño, de principios del XVIII, con marco español de época. Preside la capilla el cuadro de las Ánimas, en un retablo marco de la segunda mitad del XVIII, con decoración de rocallas doradas. El lienzo representa las almas del Purgatorio. Es de Joaquín Gómez del Castillo, quien lo hizo en 1938. Sobre la mesa de altar, hay un crucificado en madera policromada, del siglo XVIII.
     De nuevo en la nave, vemos un lienzo de San Jerónimo penitente, obra anónima de hacia 1700. En el espacio entre los muros que abre a la Puerta de la Sombra, una pintura sobre lienzo, fijada en tabla, con la Santísima Trinidad; se trata del penacho de un retablo, de la segunda mi­tad del XVIII, a juzgar por la decoración de rocallas de su marco. En las jambas del arco, sobre sendas repisas, aparecen la escultura en madera policromada de Santa Bárbara, obra de Pedro Duque Cornejo, realizada en 1716, y policroma­da por Nicolás López entre 1719 y 1722; y Santa Catalina de Alejandría, de blanca tez y cabello dorado, con la rueda dentada a sus pies, obra hispano-flamenca del primer tercio del siglo XVI, restaurada por José Rivera García en 1965. Sobre la clave del arco, hay un lienzo de Cristo a la columna, anónimo sevillano del siglo XVIII. A continuación, luce una pintura en lienzo de la Piedad, o del Llanto sobre Cristo muerto, de principios del siglo XVII. A la antigua capilla sacramental y de la Inmaculada, erigida en 1754 a expensas de don Fernando de Campos, y hoy dedicada al Cristo de los Remedios, se accede tras un arco de medio pun­to. En la clave del arco, un lienzo con San Felipe Apóstol, del siglo XVIII. En el intradós del arco se conservan pinturas murales, con algunas lagunas pictóricas, de la segunda mitad del siglo XVIII, que representan la Apoteosis de la Inmaculada y el Triunfo de la Eucaristía.
     En el lado oeste de la capilla, en una hornacina de madera tallada y dorada de principios del XVIII, se venera la Virgen del Rosario, escultura en madera policromada, del último tercio del s. XVI. Luce corona de plata de principios del s. XIX, y el Niño las tres potencias y los zapatos de filigrana, también de plata. En otra hornacina frontera, de la segunda mitad del s. XVIII, con decoración de rocallas, la Virgen del Pilar con corona de plata, y Santiago arrodillado a sus pies, grupo escultórico en madera policromada, de la segunda mitad del s. XIX. En el copete de la hornacina, un pequeño lienzo con San Miguel Arcángel.
     Preside la Capilla el Santísimo Cristo de los Remedios, en su retablo de madera tallada sin dorar, delimitado por arco mixtilíneo sobre columnas pareadas, realizado en 1940 en Sevilla, por Juan Olié en el taller del triguereño Ignacio Salas Hernández. El Crucificado es una escultura en madera policromada, de escuela flamenca de la segunda mitad del siglo XV. Fue restaurado en 1962 por Rivera García. El Cristo de los Remedios goza de enorme devoción en el pueblo. Sobre su venida a Trigueros se barajan varias ver­siones. Una de ellas insiste en lo desconocido de su origen. Otra, sin embargo, lo atribuye al sargento mayor Lucas Francisco Villaseñor, trigue­reño que fue miembro de los tercios de Flandes y que la habría traído a su pueblo natal. A uno y otro lado, en sendas hornacinas, la Dolorosa y el San Juan Evangelista, formando un Calvario. Ambas esculturas, en madera policromada, han de fecharse en 1468.
     Preside la cabecera de la nave del evangelio un templete de estuco, cubierto con bóveda de cañón, con decoración geométrica, y rematado por frontón triangular, que remite a la estética renacentista de fines del Quinientos. En su tímpano campea la tiara y las llaves, que testimonio su dedicación a San Pedro, al menos desde 1628. La preside la imagen de San Pedro, escultura en madera policromada, obra de la primera mitad del XVII. Hay unas pinturas medievales, que en su inscripción indican la dedicación a Santa María y Santa Ana. En dos de las paredes de la capilla, vemos las pinturas del Abrazo Místico de San Joaquín y Santa Ana, y la figura del donante, Pedro Alonso, junto con paños de decoración geométrica. A juzgar por la moda representada en la indumentaria, debe situarse esta pintura en las postrimerías del XV.
     Al ingresar en la Capilla Mayor, pendientes de sendos pescantes de hierro, hay cuatro lám­paras aceiteras: tres de metal plateado; otra de plata, de la primera mitad del siglo XVIII. En las jambas de los arcos formeros, contiguos a la capilla mayor, hay dos lienzos, con marcos tallados y dorados, del siglo XVIII, inscritos en mol­duras de yesería con rocallas dieciochescas. En el lado del evangelio está la escena de San José con el Niño, óleo del siglo XVIII; y en el opuesto, la Virgen del Carmen, intercediendo en favor de las Ánimas, con el Escapulario, a juego con el anterior.
     El presbiterio está presidido por la majestuo­sa imagen de San Antonio Abad, titular de la parroquia y patrono de la villa. Es la que, hacia 1553, se veneraba en la capilla del Hospital de Santa Brígida. Es una escultura de estilo manierista, muy imbuido de la plástica berrugueresca. El San Antonio tiene nimbo o aureola de galleta, báculo y cruz en forma de tau, y, sobre el pecho, relicario de plata. La aureola, de plata de Potosí, es de 1789. El báculo no tiene punzón; sin embargo, por testimonio documental sabemos que fue donado poco antes de 1742 por Rodrigo de Campos, presbítero. La cruz en tau del pecho es de plata dorada, sin punzón ni inscripción. El relicario, en forma de corazón, es de 1751.
     Los paramentos del presbiterio se decoran con cuadros, de óleo sobre lienzo. En primer lugar, una serie de cuatro pinturas, de factura popular sevillana de la segunda mitad del siglo XVII. Sobre la puerta del tesoro, la Anunciación; en el tramo siguiente del paramento, los Desposorios. Fronteros a ellos, la Adoración de los Pastores y la Adoración de los Magos. Seguidamente, y flanqueando la figura del Santo Abad, hay dos lienzos, que representan a San Pedro y a San Pa­blo, de fines del siglo XVIII. Sobre ellos, otros dos óleos, enmarcados en rica talla de madera policromada, a base de carnosa hojarasca, flores y aves, con tratamiento retablístico. En un lienzo se representa a la Virgen de los Dolores; el marco ostenta en el florón central el corazón atravesado por los siete cuchillos, de principios del XVIII. El otro lienzo, con la misma ornamentación, y culminado por la paloma del Espíritu Santo, en el marco, representa la escena de Pentecostés, y según se dice, es obra de Juan Hernández Bras, quien lo realizó en 1635.
     En torno a la gran sede, de madera tallada por el sevillano Joaquín Bellido, en 1992, se disponen, adosados al ábside, un escaño de madera ta­llada, de principios del XVIII, y algunos sitiales, restos de la antigua sillería de coro. Completa el mobiliario litúrgico del presbiterio un Crucificado, escultura en madera policromada, de la primera mitad del XVII. Sobre sendos pedestales, las pequeñas esculturas de San Diego de Alcalá, con policromía del s. XIX, y de San Juan Nepomuceno, de fines del XVIII. Los tres ventanales del ábside poligonal lo cierran sendas vidrieras, de Maumejean, que representan, al centro a San Isidoro y a San Fernando; en las ventanas latera­les, a San Francisco de Asís y a Santa Teresa de Ávila; a San Juan Bautista y a Santiago de Com­postela, respectivamente. Sobre un pedestal, en el flanco de la epístola, se expone la Virgen de la Candelaria, con el Niño en su izquierda, escultura en madera policromada, de hacia 1325, de expresión arcaica, ojos rasgados, mentón agudo y perfil afilado. Luce corona de plata dorada, de 1740, desprovista de resplandor, que se decora con ces contrapuestas y pétalos. En la mano de­recha porta un cetro de plata, de sabor dieciochesco. Esta efigie mariana fue restaurada por Antonio Bidón, en 1945.
     Ya en la nave lateral de la epístola, encontramos que ésta se halla encabezada por un tem­plete simétrico al de San Pedro; en este caso está dedicado a Santa Catalina Mártir, como revelan los símbolos que aparecen en el tímpano del frontón triangular: la rueda dentada y la cabeza coronada del emperador vencido. En el interior, la pintura mural que representa a la santa de Alejandría, venerada por dos donantes. Viste como gran dama de corte castellana de mediados del XV Sobre un pedestal se encuentra la Virgen de la Asunción, escultura en madera poli­cromada, obra del círculo de Duque Cornejo, de hacia 1750, procedente de la iglesia del colegio de Santa Catalina, de los PP. Jesuitas.
     La Capilla Sacramental se abre en el primer tramo de la nave de la epístola. Sobre la clave del arco de la capilla, figura una pintura al óleo con la figura de San Pablo, de hacia 1700. En esta capilla se expone el lienzo de los Desposo­rios Místicos de Santa Catalina, obra manierista de fines del siglo XVI. Frente a él, una copia popular del Niño de la Faja, de Murillo, del XIX. Hay una lámpara aceitera de plata, de fines del siglo XVIII, con punzones de Gargallo. A continuación, vemos un lienzo de cuidada factura, de mediados del siglo XVII, fragmento de otro ma­yor, que representa a la Virgen con el Niño y las manos llagadas de San Francisco de Asís. Frente, sobre una repisa, la cabeza de la antigua imagen del Nazareno, escultura en madera policromada, con potencias de plata dorada en forma de flor de lis, de hacia 1700.
     Cubre el testero de la capilla el retablo, tallado y dorado por Enrique Gómez del Castillo, con la intervención de Francisco Roldán en las columnas y de Antonio León Ortega en los relieves y los ángeles. Fue inaugurado el 9 de septiembre de 1949. En la hornacina central, escultura policromada del Sagrado Corazón, obra valenciana de hacia 1928, según modelo de la iglesia de los Jesuitas de Sevilla. El Sagrario, de madera dorada, tiene portezuela de plata con el Buen Pastor, del siglo XVIII, con el punzón de Gratin, y fue completado en 1956 por Cayetano González, con aplicaciones de elementos de plata. El frontal presenta los relieves en madera policromada, obras de León Ortega, del Cristo eucarístico, con el Cáliz, en un óvalo central, y a los lados sendos relieve con la Virgen adorando al pequeño Jesús, y una versión relivaria del Niño Jesús de la Concha, de Murillo. A uno y otro lado del retablo, sobre ménsulas, un Niño Jesús Salvador, y un San Juanito, del estilo de Ri­bas, restaurado por Rivera García en 1965.
     En el lienzo de pared siguiente de la misma nave de la epístola, hay un lienzo tenebrista del Crucificado, de la segunda mitad del XVII. Le sigue el retablo de la Inmaculada, obra anónima sevillana de hacia 1759. En la hornacina del cuerpo principal, la Inmaculada, escultura en madera policromada del tercer cuarto del siglo XVIII; y en los laterales, sobre ménsulas, San Miguel, escultura en madera policromada; y San Rafael, con el escapulario de la orden hospitalaria de San Juan de Dios. Éste lleva corona de ho­jas de plata con una amatista; báculo con calabaza de plata en la diestra, y en la mano izquierda el pez, también de plata. Sobre el retablo de la Inmaculada, hay un lienzo del Cristo de la Humildad, parejo al del Cristo flagelado, que se halla en la nave opuesta, ambos del siglo XVII. A continuación, hay un lienzo de la Anunciación, de tradición murillesca, del XIX.
     En el último tramo de la nave de la epístola se abre la Capilla de San José, hoy dedicada a la Virgen de Fátima. Sobre la clave del arco, un óleo de la Inmaculada, de un seguidor de Mu­rillo. El retablo de la capilla fue tallado por Miguel Hierro, y dorado por Gómez del Castillo, hacia 1956. Sobre una repisa, se encuentra la imagen de San José, obra de estilo roldanesco, que tradicionalmente se identifica con la imagen mandada hacer por Fernando de Campos en 1760, que se veneraba en la iglesia de los jesuitas, luce aureola de plata con decoración de rocallas y vara de azucenas, también de plata. El Niño lleva potencias de plata con rayos agudos y flameantes del XVIII, y un sonajero de campanilla y cascabeles, también de plata. En otra repisa la imagen de San Patricio de fines del XVIII. En la pared opuesta a la ventana, lienzo de San José la epístola, junto a la Capilla Mayor hay otra lápida negra, con el Tetramorfos en los ángulos, e inscripción gótica.
     La sacristía principal queda situada a los pies de la nave central. Se trata de un espacio cubierto con bóveda de cañón rebajado. En ella se encuentra la cajonera, realizada en 1746 por el maestro arquitecto José Sánchez. Sobre dos repisas se exponen dos esculturas de los santos obispos San Blas y San Agustín, del siglo XVIII. Simétricamente le siguen dos espejos y dos lien­zos con santos servitas, San Felipe Benicio, con la mitra y la tiara en el suelo, y San Pelegrín, con­ templando el corazón mariano con los siete cuchillos, de carácter popular decimonónico.
    En las paredes se exponen los siguientes cuadros: lienzo de la Virgen de Belén, del XVIII. San Felipe Neri, obra del primer tercio del XVIII. Santa Teresa de Jesús, popular, del XIX. Lienzo, copia popular de una Inmaculada de Murillo. Óleo sobre lienzo, con la Visión de la Inmacu­lada del beato Duns Scoto, del círculo de Valdés Leal, del último tercio del siglo XVII. Nazareno, lienzo popular del siglo XVII. Niño Jesús de la espina, de tradición sevillana, de fines del siglo XVIII. Óvalo de lienzo pintado al óleo, de un simpecado de la Virgen del Rosario, entre Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, del XIX.
     La iglesia conserva un rico muestrario de orfebrería de diversas épocas. Del estilo del Bajo Renacimiento tan sólo se conserva un cetro de plata, con decoración geométrica incisa, de tipo purista, en la macolla, y mango de siete caño­nes, con decoración repujada carnosa, a modo de candelieri, de época ligeramente anterior.
     La primera mitad del siglo XVII continúa el estilo purista, con predominio de superficies planas y sobrios motivos decorativos de cabujones de esmalte y espejos en resalto. A esta época corresponden un cáliz de plata, con nudo semiovoide, en la ornamentación de la subcopa destacan los gallones pareados, y los signos de Jesús y de María en los espejos trapezoidales, mientras que en la base los espejos llevan símbolos pasionarios. En el mismo estilo purista se hizo el cáliz liso de plata, con la cruz de San Antón grabada. Un copón de plata con el mismo esquema, se decora con cabujones ovales. Crismeras de plata, de estilo bajorrenacentista. Hay otras crismeras de plata, de estilo purista, posiblemente las realizadas en 1635 por Miguel Arias. Existe una cruz parroquial manierista de bronce dorado. Ostensorio de plata, que conserva el esquema compositivo del Bajo Renacimiento, que puede ser el que realizó en 1635 el platero Miguel Arias. Y una píxide u hostiario, de plata. Se conserva, muy restaurada, la concha de bautismos de plata, que hiciera Gaspar de Leza en 1688. Al estilo propio de fines del mismo siglo se debe la corona de la Virgen de los Dolores; los imperiales y la ráfaga, de rayos rectos y flameantes, corres­ponden a estilo dieciochesco. Hay una corona, de factura tosca, a base de chapa de plata recortada, de la Virgen del Carmen.
     Pero la mayor parte de las piezas de orfebrería litúrgica conservada corresponde al siglo XVIII. En la primera mitad del siglo XVIII pudieron labrarse las siguientes obras, que enumeramos por orden alfabético. Unas crismeras de plata, que identificamos como las que labró Juan Lau­reano de Pina en 1701. La cruz parroquial, de plata, que identificamos como obra de Manuel Guerrero, de 1725; la vara con ocho cañones es de rocallas dieciochescas. La cruz de altar de plata, que también identificamos como obra de Manuel Guerrero, de 1739. Tres cruces de estandarte son de esta época: una de ellas pudo pertenecer a la Hermandad de San Pedro: tiene los punzones de una ballesta y un castillo; su origen puede ser americano. De la imagen de San Pe­dro es la cruz patriarcal. Una lámpara de plata en forma de fuente circular profunda, realizada por el sevillano Manuel Guerrero en 1739. Una media luna de plata, de la Virgen del Rosario. Pectoral de filigrana de plata, en forma de águila bicéfala con corona imperial y, en el centro, sostenido por dos ángeles, un medallón en el que aparece la Santa Faz. Unas potencias de Jesús Nazareno, en plata dorada, rematadas en flores de lis. A esta época se deben los zapatos del Niño Jesús, de filigrana de plata.
     A la segunda mitad del XVIII corresponden las siguientes piezas. Un cáliz de plata, de estilo barroco liso y con punzones sevillanos de Cárdenas y Pardo. Los dos ciriales de plata labrados por José Alexandre en 1769. En 1773, José Alexandre y Esquerra labró cuatro cetros de plata, con sus remates, compuesto de ocho cañones cada uno, de los que  se conservan dos. Un corazón de plata dorada, con los siete cuchillos, pertene­ciente a la Virgen de los Dolores. Una cruz de estandarte tiene el punzón de Cárdenas. Hay tres demandas o bacines, de rasgos dieciochescos: la primera, del Hospital de la Misericordia y Hermandad de la Vera Cruz, representa a un Crucificado entre cuatro orantes. La última es la de San Antonio Abad.
     Un escapulario de plata, de la Virgen del Car­men. Guión o banderín de la Hermandad Sacramental, de plata, con su varal, en el que se repite el punzón de Pinto. Lámpara de plata, de movido diseño, ornamentación de rocallas y cartelas lisas; tiene los punzones de García y Palomino. Otra lámpara tiene el punzón de Gargallo. Una media luna de plata de la Virgen de los Dolores tiene al centro, dorado, el corazón con los siete cuchillos; se decora con abundante rocalla. Ma­nifestador portátil de plata sobre terciopelo, en forma de libro. Misal romano, impreso en Madrid por Francisco Manuel Mena en 1776; en­cuadernado en terciopelo con apliques de plata repujada, con motivos de rocallas y cruz de San Antón en el centro. Ostensorio de plata dorada, con esquema compositivo barroco y ornamentación rococó. Portapaz rococó. Portaviáticos de plata, rococó, en forma de bolsa cuadrangular. Potencias de Cristo, de plata con ornamen­tación rococó. Salero de plata que iden­tificamos como el labrado en 1768 por Juan Bautista Zuloaga, con el contraste de Cárdenas. La vara de la cruz parroquial también queda identificada como la realizada en 1772 por Alexandre; hoy se compone de ocho cañones, con los punzones  de Cárde­nas  y  Alexandre. Seis varales del palio del Santísimo Sacramento, de plata, de fines del XVIII, llevan el punzón de Pinto. Un juego de vinajeras, campanilla y salvilla, están fechadas en 1796: realizada en Madrid, en la Fábrica de Martínez.
     Ya en el siglo XIX pueden situarse otras obras, algunas continuadoras de la estética rococó y otras introductoras del neoclasicismo. Hay siete cá­lices de principios del XIX, esbeltos, lisos, con nudo cónico invertido, sin más decoración que una hilera de perlitas en las aristas de basamento y astil. Cinco de ellos son iguales entre sí, con los punzones sevillanos de  Flores y Espiau. Los otros dos, también iguales entre sí; son de Córdoba, con el punzón de F. Martos. Neoclásico cordobés es el copón de plata dorada con los punzones de Vega y Herrera. Corazón de plata, con piedras y cristales, de la Virgen de los Dolores. Una corona de plata de la Virgen del Rosario, de principios de aquel siglo, con canasto, imperiales y ráfaga. De la Inmaculada de la iglesia del Carmen es otra corona con motivos de rocallas. Es también de esta época la pequeña corona de la Virgen del Pilar. Dos crismeras o ampolletas, lisas, de diferente tamaño. Cruz de estandarte, con nudo periforme, sin asas, en metal plateado. El incensario y la naveta con su cucharita, son de estilo Imperio, ambos tienen punzones de la Fábrica de Martínez, de Madrid. Un hostiario de plata dorada lisa. Es de destacar un gran ostensorio de plata dorada de la primera mitad del siglo XIX: tiene basamento oval, nudo forma­do por espigas y el orbe soportando la figura de un arcángel, que sostiene el viril. Por último, señalemos las vinajeras cordobesas del año 1826, con los punzones de Vega y Ruiz.
     En  el siglo XX se sitúan la corona de plata de una imagen mariana, que sigue modelos dieciochescos. De 1959 es un ostensorio de plata dorada, de Talleres de Arte Granda, de Madrid. En 1992, Seco Velasco hizo el templete relicario de San Antonio Abad, de plata, enriquecido con un topacio y 46 brillantes. En 1996 se ha realizado un acetre de plata, cuyo hisopo está formado por un cañón de una vara de la Virgen del Carmen, del s. XVIII.
     De los bordados con que contó esta iglesia, ha llegado a nosotros una casulla de terciopelo negro, con franja central en rojo, bordada al romano. Hay también un capillo para el viático, de brocatel blanco, estampado en flores multicolores. De principios de este siglo es una casulla blanca ricamente bordada en oro.
     También se conserva en la torre del tesoro un simpecado, de perfiles rectos, de la Virgen del Rosario de terciopelo rojo bordado en oro con óvalo central de lienzo pintado al óleo con la Virgen del Rosario entre ángeles, del siglo XVIII. La vara de plata tiene ocho cañones decorados con rocallas. Los punzones son de Cárdenas, de la segunda mitad del siglo XVIII. Un estandarte de la Hermandad de Jesús y María, con cruz, y macolla con asas, decoración de rocallas, punzón de Cárdenas, de fines del XVIII; en el bordado ostenta el escudo servita del corazón con los siete puñales.
     Una cruz procesional de madera dorada con rocallas y espejuelos, de fines del XVIII; la vara de seis cañones de plata, con decoración de rocallas, de la segunda mitad del XVIII; el primer cañón es recompuesto en la década de los cincuenta del siglo XX. Manifestador, de la segunda mitad del siglo XVIII.
     En la dependencia del tesoro se han reunido algunas obras escultóricas o fragmentos de ellas, de pequeño tamaño, que enumeramos a continuación. San Juan de Dios, escultura policromada de la segunda mitad del XVIII. Una cabeza masculina barbada, y otra femenina, del XVIII, ésta última de rasgos roldanescos. Un Niño Jesús acunado, fragmento de una escultura de San José, también roldanesco, posiblemente la que se hizo a devoción de Fernando de Campos, en 1762 o 1763. San Antonio de Padua, del XIX. Una cabeza de San Antonio Abad, de terracota, adquirida por don Antonio Verdugo en 1913, cabeza que fue luego reproducida en madera en 1924, y se venera en la capilla del Santo, como imagen procesional. Niño Jesús, en madera po­licromada, para el Nacimiento, obra de Miguel Bejarano Moreno, Sevilla, 1992.
     En cuanto a libros, hay un cantoral de la Pasión, de pergamino, con 116 folios. Un cantoral en papel con el oficio solemne de San Antonio Abad, conteniendo Vísperas, Maitines (Invitatorio, Nocturnos), Misa y segundas Vísperas. Dos misales de 1776, con pastas tapizadas en tercio­ pelo rojo y aplicaciones de plata con decoración de rocallas en cantoneras en los ángulos, bro­ches, y escudo de la parroquia en cartela central. Se conserva también un libro de Reglas de la Hermandad de San Antonio Abad, de 1706, cuyas primeras páginas ostentan sendos graba­dos del siglo XVII.
     En la dependencia frontera al tesoro, que se abre en el lado de la epístola del presbiterio, se halla la sacristía alta. Queda decorada por las siguientes obras. Un cobre con el Descendimiento, tardomanierista. Retrato de San Juan de Ávila, firmado por Fernando de Molina y Sandoval en 1724, una de las más antiguas iconografías del santo maestro, llamado Apóstol de Andalucía. En las dependencias superiores -archivo parroquial, salones, pasillos y escalera- hay varias piezas. En la escalera, sobre un repisa, el profeta y rey David, figura del facistol del coro, manda­da hacer en la visita canónica de 1717, realiza­da por un escultor de Sevilla en  1719, y policromada por Nicolás López entre 1719 y 1722, junto con el retablo mayor. La figura de la Fe, escultura en madera policromada procedente del tornavoz del púlpito, realizada en 1762 por Sebastián Fernández Castilleja. Un lienzo de la Inmaculada, copia de Murillo, una Virgen Dolo­rosa y un San José, todos de factura popular. En el salón, están las dos mesas de San Antonio, de caoba, que en 1760 hizo el maestro carpintero Alonso Álvarez. Un juego de ciriales y cruz parroquial, de cobre plateado, del siglo XIX. Frontalera de altar, en madera dorada, con dibujos calados, de principios del XIX.
     En el Archivo Parroquial, un medio punto de lienzo pintado al óleo, que representa al P Bernardo de Hoyos, con el Corazón de Jesús y la Inmaculada, entre dos ángeles, uno de ellos im­poniendo silencio. Está firmado por Joaquín Gómez del Castillo, Huelva, 1938.
     En las nuevas dependencias del Despacho y Salón parroquial, en un local próximo a la iglesia del Carmen, se encuentran, formando un Calvario, las pequeñas figuras en madera poli­cromada, del Crucifijo, que estaba en el púlpito, realizado en 1730 por Sebastián Fernández Castillejas, el Santero. Con él, la Dolorosa y San Juan, de la primera mitad del XVI. Una peque­ña escultura en madera policromada de San Antonio Abad, obra anónima del XVIII. Y una copia de la Inmaculada de Murillo, del siglo XIX. Decora la estancia un grabado de San Antonio Abad, obra de Diego de San Román y Codina, de 1746 a 1751 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      Este edifcio se alza exento, con un espacio irregular en el que confuyen varias calles a sus pies.
Se puede resumir que en la trama actual la iglesia- fortaleza se alza exenta en una múltiple confluencia de calles, Labradores, San Pío X, Mesones, Plazas, Amargura y Andalucía, en cuyo espacio común se abre la Plaza de España, no relacionada geométricamente con el monumento pero si histórica y visualmente.
     De la fábrica primitiva restan los muros que conforman los laterales de la iglesia y las bases de tres de las cuatro torres, sobre una de las cuales se erigió en el siglo XVIII el campanario barroco.
     El exterior es muy austero, destacando su almenado perimetral, su juego de volúmenes, rotundos y sin decoración, salvo en los elementos barrocos entre los que destaca el remate del cuerpo de campanas, en chapitel, y especialmente la fachada principal.
     La fachada principal aparece situada sobre una especie de andén, separado de la calle por unos escalones y una verja.
     Está dividida en dos cuerpos más el remate, separados por amplias cornisas y tres calles, apareciendo ligeramente retranqueado de la línea de fachada los cubos de las capillas. Todo el conjunto está articulado por medio de pilastras, decoradas en el capitel con la tau, anagrama de San Antón. En los extremos del primer cuerpo se abren las puertas adinteladas, rematadas con una sencilla cornisa sobre pequeñas ménsulas. El vano central aparece tapiado en la mitad inferior. A cada vano de ingreso corresponde sobre la cornisa una especie de hornacina muy plana rematada por arco de medio punto. En el segundo cuerpo se repite la misma articulación por medio de pilastras, correspondiendo a cada vano de la parte inferior una ventana con arco de medio punto, rematadas por frontón curvo. El coronamiento de esta fachada lo forma una amplia cornisa decorada con jarrones de cerámica vidriada sobre pedestales rectangulares y en el centro un pequeño edículo con volutas laterales y un vano de medio punto, rematándose con frontón triangular partido.
     La fachada correspondiente a la nave del evangelio presenta dos áreas bien diferenciadas, la correspondiente al tramo de los pies y el módulo de la capillas adosadas y el cuerpo de la iglesia con el machón de la antigua torre y la cabecera.
     Entre ambas capillas se sitúa el vano de ingreso lateral, enmarcado por potentes pilastras. Aquel es adintelado y se encuentra embutido en un arco de medio punto peraltado, igual a los que flanquean la portada. A esta le sigue el volumen de la capilla del Cristo de los Remedios, de proporciones cuadradas y rematada por una pequeña cúpula con linterna. La antigua torre presenta saeteras para la iluminación, estando las de la parte inferior enmarcadas por arcos de herradura.
     La cabecera poligonal de cinco lados está decorada con arcos apuntados donde abren alternativamente los ventanales geminados con arcos de medio punto. En la parte superior aparece una sencilla línea de imposta y se remata el conjunto con merlones y almenas, igual que el resto del buque de la iglesia, que ocultan las cubiertas del edificio formadas en azotea.
     La fachada lateral correspondiente al muro de la epístola, presenta la misma disposición que el muro frontero con las capillas laterales adosadas a menor altura que el resto de la edificación, si bien en esta ocasión el espacio que queda entre las dos capillas es de menor entidad y con el antiguo vano de ingreso tabicado. Al cuerpo de la capilla situada a los pies del templo se adosa la torre. Los dos primeros cuerpos de esta están organizados de forma muy sencilla por medio de pilastras. El cuerpo de campanas está formado sobre un banco de pedestales bulbosos con un hueco en cada frente y una pilastra jónica enmarcándolos, presentando en las esquinas dos columnas del mismo orden. El remate es el típico chapitel apiramidado sobre banco octogonal, decorado con azulejos y rematado con cruz de cerrajería.
     De planta rectangular se divide en tres naves de igual altura, siendo la central considerablemente más amplia que las laterales. Estas últimas presentan cabecera plana, mientras que la otra lo hace por medio de un ábside poligonal de cinco lados, separado de la nave central por medio de un gran arco de triunfo e iluminado por tres ventanas con arcos ojivales decorados con puntas de diamante. Flanquean el presbiterio sendas habitaciones rectangulares que corresponden a las antiguas torres de la fortaleza. La de la nave de la epístola presenta una cámara abovedada en cañón, perpendicular a la iglesia y con una saetera en la cabecera. La estancia frontera tiene las mismas características que la anterior si bien en la cabecera se levanta una torre cilíndrica con vanos correspondientes a la escalera interior que la recorre.
     Las tres naves están separadas entre sí por medio de pilares de ladrillo que sustentan tres arcos ojivales, abiertos a cada lado de los muros divisorios, que arrancan directamente de una sencilla imposta en la que se remata el pilar rectangular.
     Asimismo, sobre las arcadas de división de las naves se abren unas ventanas con arcos apuntados y arquivoltas, formando una estrecha galería a modo de falso triforio, que comunican con la nave central. Aparecen cerrados con barandillas realizadas en hierro.
     Las cubiertas están formadas por bóvedas de crucería gótica, todo en ladrillo a excepción de los nervios de piedra que arrancan de unas ménsulas dispuestas de forma oblicua, decoradas con columnillas superpuestas que se rematan con grandes capiteles. A cada bóveda de la nave central corresponden dos en las laterales, de desigual longitud y separada en los últimos por arcos angrelados. Esta desigualdad se debe probablemente al deseo de evitar que los arranques comunes de sus nervios coincidan con las ventanas de la galería. El nervio de espinazo está decorado con dos puntas de sierra que lo flanquean.
     La iglesia presenta tres accesos, dos de ellos abiertos en el muro de los pies que comunican con las naves laterales, y otro situado hacia la mitad de la nave lateral del evangelio. Los primeros dan paso a especie de zaguanes rectangulares que flanquean la sacristía situada a los pies del templo, de planta rectangular. En el espacio correspondiente a la nave de la epístola se sitúa la escalera que da acceso a un salón parroquial rectangular. Este ocupa el espacio destinado a zaguán y sacristía en planta baja y se cubre por una sencilla bóveda.
     Adosadas a las naves laterales se sitúan cuatro capillas, correspondiendo dos a cada nave. En la del evangelio y en el primer tramo de los pies se encuentra la capilla bautismal, de planta cuadrada y cubierta por una estructura plana con claraboya central. En el último tramo de la misma nave se sitúa la capilla del Cristo de los Remedios, de planta también cuadrada y cubierta con cúpula con linterna. En el muro frontero, correspondiente a la nave de la epístola, se abren las otras capillas, a la misma altura y con las mismas características que las anteriores.
     En cuanto a los elementos decorativos, cabe destacar los motivos antropomórficos y zoomórficos que decoran algunos de los elementos estructurales del edificio. Así, en las claves de las bóvedas y los capiteles aparecen una serie de cabezas humanas dispuestas en fila, motivo que se repite en el extremo posterior del espinazo y en los capiteles del arco de triunfo. También aparecen motivos de piñas, heráldicos, estrellas, animales e incluso herraduras entrelazadas y la huella de un pie o bota, estas últimas de innegable sentido popular y posiblemente supersticioso.
     Las primeras noticias que se tienen con respecto a la construcción de la iglesia parroquial de San Antón son muy vagas.
     Posiblemente se aprovechara una antigua fortaleza almohade del siglo XII y el templo comenzara a construirse hacia el 1300, a imitación del levantado en Sevilla en 1280 por el rey Alfonso X el Sabio, como exvoto en honor de Santa Ana. No obstante esta similitud, las fechas de construcción no están muy claras y las opiniones son muy diversas. Se asegura desde muy antiguo que es una construcción templaria, dato que sirve para datarla en la fecha anteriormente citada ya que esta Orden militar desapareció en 1310. También se ha apuntado que la iglesia fue construida por el segundo Conde de Niebla (1396-1436), señor de Trigueros si bien este dato debe hacer relación al castillo hoy desaparecido y no a la iglesia.
     No se tienen otras noticias sobre el templo hasta finales del siglo XV, época en que debió adquirir gran auge la población y se decora el templo con pinturas murales.
     En el siglo XVIII, concretamente en 1754, se bendijo la capilla dedicada a Nuestra Señora de la Concepción, un año antes del terremoto de Lisboa. Este destruyó gran parte de la iglesia, reformándose considerablemente en estas fechas. Estas obras fueron informadas por los arquitectos de la archidiócesis Pedro de Silva y Pedro de San Martín, y acometidas por el albañil Tomás Botani quien alargó la planta del edificio y levantó una nueva fachada de gusto neoclásico, perdiéndose con ello la primitiva portada. Del siglo XVIII son también la torre y varias capillas, añadiéndosele en el siglo XIX dos más, que han desaparecido con la reciente restauración. En ésta se ha separado por medio de tabiques la parte gótico-mudéjar de la barroca, pasando esta parte a ocupar diferentes dependencias parroquiales. Las obras fueron acometidas a partir de 1971 por los arquitectos Rafael Manzano Martos y Alfonso Jiménez Martín. En 1985 se proyectó una segunda fase de restauración que corrió a cargo de los arquitectos José María Jiménez Ramón y Antonio Luis Ampliato Briones (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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