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domingo, 20 de septiembre de 2026

La Fiesta de la Subida de la Asunción, en Cantillana (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Fiesta de la Subida de la Asunción, en Cantillana (Sevilla).  
     Hoy, 20 de septiembre, penúltimo domingo del mes de septiembre, se celebra la Fiesta de la Subida de la Asunción de Cantillana, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Fiesta de la Subida de la Asunción, en Cantillana (Sevilla)
    La Fiesta de la Subida, si bien actualmente se extiende durante varios días, cuenta con dos acontecimientos principales.
     En la mañana del penúltimo domingo de septiembre sale de la capilla de San Bartolomé una carreta de plata tirada por una yunta de bueyes con el simpecado de la Asunción, su camino lo llevará hasta la cercana ermita de la Soledad, patrona de Cantillana. Más allá del breve recorrido, lo destacable es que se trata de una auténtica romería urbana, ya que se dan todos los elementos propios de una romería, pero sin abandonar en ningún caso el entramado urbano. Puede que, en su día, la ermita de la Soledad se encontrase ubicada en las inmediaciones de la población pero el crecimiento urbano ha acabado por integrarla; si bien es cierto que sigue encontrándose en los límites de la población y claramente fuera del casco histórico, donde tienen lugar la mayoría de los actos.
     Los fieles que acompañan la carreta van en su mayoría vestidos como lo harían en el caso de una romería, esto es, las mujeres con trajes de flamenca o batas rocieras y los varones con traje corto. El número de jinetes y amazonas es impresionante, no tanto el de carruajes si bien no son pocos. La carreta, tirada por bueyes, sube la calle de San Bartolomé hasta el cruce con la Avenida de Andalucía, que constituía el antiguo límite de la población; allí esperan concentrados los jinetes. En este mismo lugar se reza el Ángelus y, desde un balcón elevado, se suele cantar alguna copla aflamencada o sevillana en honor a la Virgen. 
     El abandono del casco histórico y la entrada en los "barrios nuevos" constituye de facto un espacio liminar: la Asunción abandona el casco antiguo, que se podría considerar el pueblo autentico, donde tienen lugar procesiones y rituales varios, y se adentra en la parte nueva, un espacio ganado a huertas y olivares desde los años cincuenta, un pueblo que no termina de ser pueblo, el cual, en la memoria de muchos, es aún campo. A partir de aquí irá acompañada por los jinetes hasta su llegada a la ermita de la patrona de Cantillana.
     La llegada se produce pasadas la una de la tarde, el simpecado entra en la ermita, mientras que la carreta se aparca en las proximidades. Siguiendo el esquema propio de una romería es el momento del comensalismo. Durante gran parte de la tarde los fieles se acomodarán en la explanada que se encuentra frente a la ermita, en bares y restaurantes del entorno o en casa de vecinos y amigos que se hallan en las proximidades e incluso en las casetas de la Alameda. Hasta bien entrada la tarde, sobre las nueve, no vuelve la carreta a la capilla de San Bartolomé, si bien lo hace con bastante menos compañía, pues la mayor parte de los fieles están preparándose para la Representación de la Subida.
     Resulta interesante que el destino de la romería sea la ermita de Ntra. Sra. de la Soledad, donde reside la patrona de la localidad. Es necesario pues entender esta peregrinación urbana como un modo de vincular preferentemente a la Asunción con la patrona de Cantillana, reforzando así la identificación con la población, en detrimento de la hermandad rival, la cual "se va del pueblo" para celebrar su romería.
     El recorrido de ida se inicia una vez finalizada la Santa Misa de Romeros en el porche de San Bartolomé. Acto seguido la Carreta de Plata inicia el trayecto desde la calle San Bartolomé y continúa por la carretera de Lora y la calle San Sebastián. Pasa frente a la ermita de Ntra. Sra. de la Soledad, patrona de Cantillana, y sigue por la  Avenida de Nuestra Señora de la Soledad, Barriada Pintor López Cabrera, calles Ntro. Padre Jesús, Real y Cardenal Espínola. La comitiva continúa tras pasar ante la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción y discurre por las calles Iglesia, Pastora Solís, Chito, Mimbre (popularmente conocida como Avenida de la Carreta), para finalizar en el Real Asuncionista de la Alameda.
     El recorrido de vuelta se inicia en el Real Asuncionista de la Alameda, y continúa por las calles Real, Ramón y Cajal, Plaza Sindicato, Martín Rey y  Plaza del Llano. Acto seguido realiza su entrada en la ermita de San Bartolomé. 
     La Subida, o según la nomenclatura oficial, el "Acto de la Subida de Ntra. Sra. de la Asunción al trono de su retablo mayor privilegiado y perpetuo como titular de la parroquia de Cantillana", constituye el acto final y el de mayor relevancia simbólica de las celebraciones que tienen lugar el penúltimo fin de semana de septiembre, con motivo de los festejos en honor a la Virgen de la Asunción en Cantillana. 
     Los orígenes de esta representación no son del todo conocidos, pero existen referencias ya a finales del siglo XIX. En cualquier caso y gracias a testimonios de testigos y fotográfico, se puede afirmar que en los años cuarenta ya se venía celebrando según el guion actual. No obstante, desde aquel tiempo a esta parte la magnificencia del acto y la numerosa participación de niñas han ido aumentando conforme la demanda de los fieles.
     El acto es una representación muy breve en la que se escenifica la ascensión a los Cielos de la Virgen María tras su muerte, rodeada por un gran número de niñas, vestidas de ángel, y doce niños, que representan a los doce apóstoles. Los textos son breves y acordes a la edad de los actores, manteniendo siempre un estilo poético similar al de los autos sacramentales.
     Durante la representación se intercalan algunas de las conocidas coplas de la Asunción. Estas coplas, a diferencia de las que se cantan durante la novena, no varían nunca siendo siempre las mismas dado que sus letras contribuyen a hacer más ilustrativos los sucesos que acontecen en la pieza teatral. Ahora bien, resulta imposible averiguar si estas coplas son originales de la representación y posteriormente se incorporaron al repertorio de canciones en honor a la Asunción, o sucedió al revés.
     La representación comienza con la aparición de un ángel, que anuncia la muerte de María, y alaba sus virtudes, siendo coreado por los demás ángeles. A continuación entran en escena los apóstoles, que rodean el sepulcro -en este caso, el altar, cubierto por un paño blanco. Destaca entre ellos la figura de san Juan que realiza una breve intervención. 
     Finalmente los ángeles vuelven a alzar sus voces y, lentamente, la imagen de la Virgen sale del sepulcro y asciende hasta ocupar el lugar principal en el altar mayor de la iglesia, donde es coronada con estrellas por otros ángeles.
     El número de niñas que participan en el acto es considerablemente alto, alcanzando casi el centenar, y visten todas del mismo modo; esto es, de ángeles, con túnicas celestes, blancas o color marfil, un cordón a la cintura, una diadema dorada o blanca y unas alas de papel a la espalda. En las manos portan una canastilla con pétalos de rosa que arrojarán sobre la imagen al finalizar el acto. Sólo aparecen diferenciada o individualizada la indumentaria de dos ángeles: una lleva una hoja de palma trenzada y otra una azucena, siendo además los dos únicos ángeles que tienen un texto propio.
     También toman parte doce niños vestidos como apóstoles. Su indumentaria es más variada pero en todos sigue el mismo patrón: túnica hasta los pies, un cordón a modo de cinturón y una capa plegada sobre un hombro que se cruza a la altura de la cadera.
     La representación de la Subida constituye uno de los actos principales de las celebraciones en honor de la Asunción en Cantillana, dotando de sentido a las fiestas que se celebran el penúltimo fin de semana de septiembre. Se puede afirmar que constituyen una necesidad intrínseca, ya que sin representación no habría fiesta de la Subida.
     El número de participantes en la representación de la Subida ha ido aumentando con los años hasta llegar al número máximo actual. Del mismo modo las ropas que visten las niñas han ganado en suntuosidad.
     Por lo que respecta al guion, no parece que se hayan producido alteraciones significativas en las últimas décadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María;
La creencia y el dogma
   Hacia finales del siglo XIII desapareció el tema de la Resurrección de la Virgen, que fue reemplazado por la Asunción.
   En el Evangelio no se habla de la Asunción de la Virgen. Se trata de una leyenda tardía, copiada en el siglo VI del Arrebatamiento del profeta Elías y de la Ascensión de Cristo. En el siglo VIII, la Iglesia de Roma todavía consideraba la Asunción cor­poral de la Virgen una opinión piadosa y no un dogma. Los bizantinos se niegan a admitirlo y prefieren  atenerse a la Dormición (Koimesis).
   Fue en ocasión del Año santo de 1950, cuando el papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción.
La evolución del tema
   La expresión Asunción es significativa: se opone a la Ascensión, como lo pasivo a lo activo. Es decir, la Virgen no asciende al cielo por sus propios medios, como Cristo, sino que es elevada al Paraíso sobre las alas de los ángeles.
1. Desde la Asunción del alma a la del cuerpo
   El arte bizantino representa la Asunción del alma de la Virgen, recogida por Cristo en su lecho de muerte; y el arte de Occidente, su Asunción corporal fuera de la tumba donde los apóstoles la habían sepultado.
   Por lo tanto debe distinguirse en iconografía la Asunción del alma de la Virgen en forma de niña y la Asunción de su cuerpo glorioso. Es lo que se denomina Assumptio animae (Seelenaufnahme) y Assumptio corporis (Himmelfahrt des wiederbeseelten Leibes).
   Cristo regresó trayendo su alma que se unió nuevamente con su cuerpo. La Virgen, en actitud de orante, eleva las manos unidas, en una mandorla llevada por ángeles, encima de la tumba abierta alrededor de la cual están reunidos los apóstoles. La tumba está, ya vacía, ya llena, como un macetero fúnebre, de lirios y rosas blancas que, según San Juan Damasceno, exhalaban un delicioso perfume.
   Ciertas fórmulas usuales en el siglo XII son particularmente originales. En una miniatura de un manuscrito de Glasgow, se ve a la Virgen subir al cielo en forma de momia envuelta en fajas, como un vapor blanco asciende por una chimenea cuyas paredes fuesen ángeles.
   Un bajorrelieve de Autun representa a la Virgen agujereando la bóveda del arca fúnebre igual que Cristo atraviesa la puerta del sepulcro sellado sin romper los sellos.
   Para estar protegida de eventuales ataques de demonios durante el trayecto, a veces la Virgen resucitada está escoltada por los arcángeles Miguel y Gabriel, que la protegen contra los poderes del Infierno.
   De manera excepcional, María está sentada en un bajorrelieve esculpido por Donatello para la tumba del cardenal Brancacci, en Nápoles.
   Aunque la Asunción representa la Subida de la Virgen al cielo y la Inmaculada Concepción su Descenso hacia la tierra, era inevitable que se produjese una contaminación entre ambos temas. Por la influencia de las Letanías de Loreto, la Virgen de la Asunción generalmente está representada de pie, sobre un creciente de la luna, con la frente ceñida por doce estrellas, como la mujer del Apocalipsis. De esa manera la Assunta tiende a confundirse con la Immaculata.
   El Speculum Humanae Salvationis explica detalladamente esta representación de la Virgen copiada de la mujer del Apocalipsis, con los pies sobre un creciente de la luna y la cabeza coronada de estrellas.
   La Mujer apocalíptica que escapa al dragón es la imagen de la Virgen elevada al cielo. La luna que ella pisa es el símbolo de las cosas cambiantes del bajo mundo terrenal. Las doce estrellas que iluminan su cabeza recuerdan a los doce apóstoles reunidos en torno a su lecho, en el momento de su muerte.
2. Transformación de la Asunción en Ascensión
   A causa de otra confusión iconográfica, la Asunción pierde su carácter original para convertirse en Ascensión. En vez de ser elevada al cielo por ángeles, la Virgen vuela sola, con los brazos extendidos, ante el asombro de los apóstoles; los ángeles que la rodean se limitan a formarle cortejo.
   A veces hasta aparece provista de grandes alas de águila, como las que el Apocalipsis atribuye a la mujer perseguida por el dragón. 
   Esta transformación se consumó en el arte italiano del siglo XVI. El ejemplo más célebre de esta Ascensión de la Virgen, que ya no justifica el nombre de Asunción, es el gran cuadro de altar pintado por Tiziano en 1518 para la iglesia de los Frari de Venecia.
   Sin embargo, esta nueva fórmula no eliminó completamente a la antigua. En el siglo XVII, Guido Reni y Poussin hacen elevar a la Virgen mediante grandes ángeles.
Temas anexos
El milagro de las flores en la tumba vacía
   Los apóstoles comprueban que el sarcófago que usaron para sepultar a la Virgen está vacío y lleno de flores. 
 Este episodio se inventó para formar pareja con la visita de las Santas Mujeres al Sepulcro, que encuentran vacía la tumba de Cristo, y sobre la tapa volcada del sarcófago, un ángel que les anuncia que Cristo ha resucitado.
El sacro cinturón
   Otra innovación del arte italiano es la añadidura al tema de la Asunción de la leyenda que cuenta que Tomás, el apóstol incrédulo, habría recibido el cinturón de la Virgen, que ésta dejó caer para convencerle de la realización del milagro. Pero al tiempo que la transformación de la Asunción en Ascensión se difundió en todo el arte cristiano, la iconografía de El Sacro Cinturón de la Virgen se mantuvo casi exclusivamente toscana.
   Esta devoción estaba localizada en Prato, cerca de Florencia, donde se venera­ba la Sacra Cintola desde el siglo XII. Eso explica que se trate de un motivo tan frecuente en la escuela florentina: es por ese signo que se reconocen las Asunciones toscanas.
   La fuente de esta leyenda, inventada para formar pareja con la Aparición de Cristo resucitado al apóstol Tomás, es el Arrebatamiento del profeta Elías, quien, desde lo alto de su carro de fuego, lanza su manto mágico a su discípulo Eliseo. Se ha supuesto, ingeniosamente, que el estrecho cinturón con forma de cordón cogido por Tomás, materializado por la imaginación popular, era el vínculo místico que unía a la Virgen con los apóstoles; pero el origen bíblico es más verosímil que un despropósito iconográfico.
   Según la versión más difundida, el apóstol Tomás, que se encontraba solo en el monte de los Olivos, vio ángeles que elevaban al cielo el cuerpo de la Virgen. Suplicó a ésta que le dejase una señal, y la Virgen dejó caer su cinturón. Después, se reunió con los apóstoles y les aseguró que el cadáver de la Virgen ya no estaba en su tumba. La abrieron, y así era: estaba vacía. Tomás contó entonces que vio a la Virgen elevarse al cielo, y mostró como prueba el cinturón que tenía en las manos.
   De acuerdo con otra tradición, Santo Tomás llegó retrasado una vez más, aunque regresaba de La India, lo cual constituye una circunstancia atenuante. Para contemplar de nuevo el rostro de la Madre del Redentor, hizo abrir la tumba. El cuerpo había desaparecido, y en el sarcófago sólo quedaba la mortaja que exhalaba un perfume celestial. Los apóstoles concluyeron que la Virgen había resucitado; pero Tomás permanecía escéptico. Fue entonces cuando la Virgen, para convencerlo, dejó caer su cinturón desde lo alto del cielo.
   De manera que en el primer caso, Tomás recibe el cinturón sin testigos, y en el segundo, en presencia de los apóstoles.
   La Madonna della Cintola se diferencia de la Assunta porque la primera mira hacia abajo donde se encuentra Santo Tomás, en vez de dirigir la mirada al cielo (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo;
   En Oriente, donde surge, se la denomina Dormición o Tránsito de María. Se la cree fiesta de origen jerosolimitano, surgida como memoria de la dedicación de la iglesia que hizo construir la Emperatriz Eudoxia (+404) en el lugar de la Tumba de la Virgen en Getsemaní3, que se debió extender progresivamente, dedicada, con el apoyo de los apócrifos asuncionistas, a la glorificación de María.  No olvidemos que esta fiesta corresponde al dies natalis de otro santo pero con una completa glorificación por la radicalidad de su redención, pues es inmaculada, y su íntima unión a su Hijo en la Obra de la Redención, por su maternidad divina y su corredención. Se celebraba ya en el siglo V en Palestina, en Siria y en sus áreas de influencia. Hacia la mitad del siglo VI estaba difundida con la dedicación a este misterio de la Asunción por todo Oriente, al asumir tal carácter la fiesta mariana del siglo IV, hasta convertirse en una fiesta muy popular y de precepto.  El Emperador Mauricio (+602) la extendió a todo el Imperio Bizantino en la fecha del quince de agosto. Juan de Tesalónica, a principios del siglo VII, en su sermón sobre la dormición de la Virgen, afirma que se celebraba en casi todas las Iglesias orientales.  Fue introducida en Occidente en el siglo VII, seguramente por la influencia de los monjes orientales, pero en enero. El día uno en Roma y el dieciocho en otras partes, como consta en el Martirologio Jeronimiano, en el Calendario de Luca, en el de Corbia y en otros. De la Galia conservamos la más antigua mención a esta fecha, quizá importada de Antioquía, donde se celebraba la Memoria de la Santa Madre de Dios, por obra de Casiano y los monjes lirinenses, como lo atestigua ya San Gregorio de Tours (+594). Fue ratificada por el Papa Sergio I (687-701), de origen sirio, que, como ya hemos comentado, prescribió en esta fiesta una procesión como en las de la Anunciación, la Purificación y la Natividad de la Virgen, que se estuvo celebrando hasta 1566, y fue quien la dotó seguro de solemne vigilia con ayuno.  Inglaterra la adoptó de manera oficial en el Concilio de Cloverhoe del 747, presidido por Cutberto, Arzobispo de Canterbury, y en Francia, en el Concilio de Maguncia del 813, en su canon 36, la declara de precepto. Hacia fines del siglo VIII se cambió en Occidente el título de Dormición por el de Asunción, como consta en el sacramentario que el Papa Adriano I (+795) envió a Carlomagno. León IV en el 847 revigorizó su solemne vigilia y le añadió octava. En Francia, aunque se adoptó la fiesta, hubo cierta oposición a la entonces creencia de la asunción corporal de María, que no fue suficientemente fuerte para rechazar el término Asunción.  De su introducción en la Península Ibérica no hay nada seguro antes del siglo VII, en que dan testimonio de ella San Isidoro de Sevilla y, más claramente, San Ildefonso de Toledo. Durante el periodo carolingio la fiesta sufre un cierto eclipse en Occidente por la difusión de un tratado en contra de la creencia asuncionista escrito por Pascasio Radberto bajo el pseudónimo de San Jerónimo. Un segundo tratado anónimo de finales del siglo IX, atribuido a San Agustín, que aceptaba las críticas de los apócrifos y se basaba en bases teológicas sólidas, relanza de nuevo el tema. Consumada la separación de las Iglesias orientales, la fiesta siguió tomando auge en ellas. El Emperador Manuel Commeno prescribió para ella el descanso festivo en 1166. Más tarde, en el siglo XIV, el Emperador Andrónico II emitió un decreto por el que consagraba a la Asunción el mes de agosto. En la Baja Edad Media se fue perfilando con precisión el contenido de fe de la fiesta y se fue popularizando. En el Breviario de San Pío V Ghislieri se suprimieron las dudas o imprecisiones de los textos de la fiesta.  
   Finalmente, en 1950, con motivo de la proclamación dogmática de este misterio, se redactaron unos nuevos formularios en que se exponía más claramente la verdad dogmática, recogidos en la Misa Signum magnum publicada al año siguiente. En el Misal actual del uso ordinario se han enriquecido de nuevo los textos y se le añadido una misa de vigilia. En el área alemana se practica en esta fiesta la bendición de hierbas, que no está originariamente vinculada a ella. Se remonta a orígenes paganos, y se ubica en esta fecha por ser verano avanzado, en que aquéllas esparcen su más fuerte aroma. Las hierbas que se bendicen varían según las comarcas, para la que encontramos un Ordo en el siglo X. Se guardan estas plantas como protección contra el fuego y contra el rayo. Posteriormente estas plantas se vinculan simbólicamente a María, flor de las flores. 
   En la Iglesia Bizantina es la fiesta mariana por excelencia y se prolonga por todo el mes de agosto, que es en Oriente, por eso, el mes de María: catorce días de preparación (cuaresma de la Virgen) y octava. Así el año litúrgico oriental adquiere un marcado carácter mariano, pues desarrollándose entre el uno de septiembre y el treinta y uno de agosto, comienza con la fiesta de la Natividad de María y termina con la de su Asunción (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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