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viernes, 6 de febrero de 2026

La imagen "San Juan de Goto Soan", de Juan de Mesa, en la sala IV del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "San Juan de Goto Soan", de Juan de Mesa, en la sala IV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.     
     Hoy, 6 de febrero, Memoria de los Santos Pablo Miki y compañeros (Juan de Goto Soan, Jacobo Kisai, religiosos de la Orden de de la Compañía de Jesús; Pedro Bautista Blásquez, Martín de la Ascención Aguirre, Francisco Blanco, presbíteros de la Orden de Hermanos Menores; Felipe de Jesús de Las Casas, Gonzalo García, Francisco de San Miguel de la Parrilla, religiosos de la misma Orden; León Karasuma, Pedro Sukeiro, Cosme Takeya, Pablo Ibaraki, Tomás Dangi, Pablo Suzuki, catequistas; Luis Ibaraki, Antonio, Miguel Kozaki y su hijo Tomás, Buenaventura, Gabriel, Juan Kinuya, Matías, Francisco de Meako, Joaquim Sakakibara y Francisco Adaucto, neófitos), mártires en Nagasaki, ciudad de Japón. Allí, declarada una persecución contra los cristianos, fueron apresados, duramente maltratados y, finalmente, condenados a muerte ocho presbíteros o religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús y de la Orden de los Hermanos Menores, procedentes de Europa o nacidos en Japón, junto con diecisiete laicos. Todos ellos, incluso los adolescentes, por ser cristianos fueron clavados cruelmente en cruces, mas manifestaron su alegría al haber merecido morir como murió Cristo (1597) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen "San Juan de Goto Soan", de Juan de Mesa, en la sala IV del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala IV del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la imagen "San Juan de Goto Soan", obra de Juan de Mesa (1583-1627), siendo un talla de bulto redondo en madera de cedro policromada en estilo barroco, ejecutada en 1627, con una altura de 1'73 m., y procedente de la donación de Rafael González Abreu (1928).
     El 5 de febrero de 1597 un grupo de veintiséis cristianos murieron crucificados en la ciudad japonesa de Nagasaki. Veinte de ellos eran japoneses, tanto laicos como religiosos. La mayoría de los religiosos eran franciscanos, pero no todos. Entre ellos estaban los tres jesuitas, nacidos en Japón y convertidos al catolicismo, que aquí se presentan: los religiosos Pablo Miki (Kioto, 1556 o 1562) y Juan Soan de Goto (Goto, 1578), y el hermano lego Diego Kisai (Haga, Okayama, 1533). Treinta años más tarde, en 1627, fueron beatificados por el papa Urbano VIII y, finalmente, declarados santos en 1862.
     Las esculturas proceden de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla y, aunque carecen de fecha, debieron ser encargadas con motivo de la beatificación de los mártires en 1627, acontecimiento que propició su culto público. Tres siglos más tarde ingresaron en la colección del museo gracias a la donación González Abreu en 1928.
     La devoción a estos beatos japoneses llegó a estar muy extendida en las iglesias jesuitas en el siglo XVII, encontrándose representaciones, tanto en escultura como en pintura, en otras localidades de la provincia como Morón de la Frontera, o en ciudades cercanas, como Cádiz. Aunque ninguna de estas obras conserva sus atributos iconográficos, los mártires del Japón suelen aparecer representados acompañados de cruces, en recuerdo de su crucifixión, y de las lanzas con las que se le dio muerte. Su restauración nos permite exponer las esculturas de nuevo y recuperar el estado original de las mismas, ejemplo destacado de imágenes vestideras en el arte sevillano. Su interés se ve incrementado, además, por estar realizadas por algunos de los más destacados escultores del barroco hispalense, como Juan de Mesa o Juan Martínez Montañés.
     La escultura barroca recurre con frecuencia al uso de imágenes de vestir, que presentan talladas tan solo sus cabezas, manos y pies, como sucede, por ejemplo, en muchas figuras procesionales de Cristo y de la Virgen dolorosa. El resto de la escultura, ocultada por el vestido, solía completarse con un armazón cubierto con telas que, en ocasiones, se sustituye por un cuerpo parcialmente anatomizado. Es el caso de estas tres obras que llevan el hábito de los jesuitas. Sus brazos articulados en hombros, codos y muñecas dejan claro que irían recubiertos posteriormente con vestidos que, como en el caso de San Pablo Miki, cubren la unión artificial de la cabeza al cuerpo o los ensambles de las manos a los brazos.
     Su exposición sin telas sobrepuestas permite apreciar su sistema constructivo, tan frecuente en el arte barroco y que en la gran mayoría de ocasiones queda oculto.
     Aunque las obras no están documentadas, su estilo permite atribuir dos de ellas, San Pablo Miki y San Juan Soan de Goto, al escultor Juan de Mesa (Córdoba, 1583 - Sevilla, 1627). El parecido de esta última con otras tallas del artista, como la Virgen de las Angustias de Córdoba, también realizada en 1627, es muy claro. Esta similitud alcanza también al maniquí interior tallado de ambos santos japoneses y de la dolorosa cordobesa, que resultan casi idénticos.
     San Diego Kisai, sin embargo, por las evidentes diferencias de talla, hacen poner en duda la autoría de Juan de Mesa. Parte de la crítica especializada ha propuesto su atribución al taller de su maestro, Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649). Ambos artistas, de hecho, contaban con una larga trayectoria de encargos promovidos por la Compañía de Jesús para Sevilla y América.
     La representación artística de los santos jesuitas de Japón no fue caso aislado. La Iglesia Católica, que había impulsado en el siglo XVI las misiones en Asia, promovió igualmente el reconocimiento como santos de los frailes martirizados por cuestiones religiosas -con sus correspondientes implicaciones políticas- en lugares como China, Japón, o Filipinas. A los jesuitas se unen casos similares de miembros de otras órdenes como franciscanos, dominicos o agustinos, también reproducidos en pinturas, grabados o esculturas. El arte, apoyado muchas veces por la imprenta, se convierte así en instrumento para difundir el martirio por la fe como ejemplo para los fieles (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Ya hemos visto como, en el último tercio del siglo XVI, los maestros manieristas Villoldo, Vázquez, Pesquera, Fernández, Adán, etc., seguidos de sus discípulos Núñez Delgado, Ocampo y Oviedo, producen un arte que, aunque todavía está preocupado por la tradición clasicista, tiende hacia un naturalismo que triunfará en la genial figura de Juan Martínez Montañés, que hará una escultura claramente barroca, consecuencia de las nuevas exigencias artísticas de la sociedad hispalense, llena de aportaciones realistas que llevan a una producción que se va a caracterizar por la elegancia y belleza formal.
   Este camino del realismo, abierto por Montañés, se verá plenamente realizado por sus discípulos y seguidores. A la cabeza de todos figura Juan de Mesa, de gran dramatismo expresivo; a su lado, Francisco de Ocampo, fidelísimo seguidor y profundo colaborador del maestro, autor del celebérrimo Crucificado del Calvario; y con ellos, el granadino Alonso Cano, formado en Sevilla, que busca, en sus obras hispalenses, mayor dinamismo y riqueza compositiva, habiéndonos legado, entre otras, la maravilla del retablo de Lebrija, con la Virgen de la Oliva. Especialísimo papel jugaron, en la difusión de los nuevos conceptos escultóricos, una serie de autores que se agrupan en el llamado «Círculo montañesino». Entre ellos destacan con luz propia: el clérigo Juan Gómez, autor del Crucificado de la Campana; el leonés Alfonso Martínez, quien nos legó la gran Inmaculada de la Catedral hispalense; Luis Ortiz de Vargas, el continuador de las obras inconclusas de Juan de Mesa; Jacinto Pimentel y Juan  de Remesal, colaboradores en el taller de Francisco de Ocampo; y, por último, el también clérigo Juan de Solís, colaborador con Montañés en las obras de la Cartuja de las Cuevas de Sevilla.
   Paralelamente, el mundo de la retablística irá todavía, durante la primera mitad del XVII, vinculado a los cánones tardomanieristas, apareciendo las grandes máquinas arquitectónicas del propio Martínez Montañés, las de Diego López Bueno y, sobre todo, las del jesuita Alonso Matías, que imponen la línea purista y que enlazan con las ya iniciales del barroco que produjeron Luis de Figueroa, Pablo Legot y Alonso Cano, camino que continuarán Felipe de Ribas y Francisco Dionisio de Ribas.
   Ya situados en la mitad del seiscientos, van a aparecer en el panorama escultórico hispalense los dos introductores definitivos de los cánones barrocos. Uno será José de Arce, que aportará a la escuela los tintes de corte europeo, colaborando con Montañés y legándonos las imágenes de la Cartuja de Jerez o del Sagrario hispalense, llenas de movimiento y grandilocuencia. El otro, sevillano, que se convertirá en la gran figura del barroco en la segunda mitad del siglo, es Pedro Roldán, con abiertas composiciones que se difundirán desde su fecundísimo taller, en el que trabajarán su hija Luisa «La Roldana» y su nieto Pedro Duque Cornejo. El panorama barroco se completa con Francisco Antonio Ruiz Gijón, el heredero de Arce, Ribas y Roldán, y autor del famoso Cristo del Patrocinio, el conocido popularmente como «Cachorro». Junto a ellos, y con su colaboración, surgirá el retablo plenamente barroco, sobresaliendo la figura de Bernardo Simón de Pineda, el autor del retablo del hispalense Hospital de La Caridad, seguido por sus colaboradores los Barahona y Cristóbal de Guadix, quien nos legó el retablo Mayor de la iglesia de San Vicente.
     La propia sociedad sevillana, tan barroca, impuso la perduración del estilo durante el siglo siguiente y, con sus encargos para Hermandades y Cofradías, propició el trabajo de maestros barroquistas como Jerónimo Balbás, autor, junto con Duque Cornejo, del desaparecido retablo Mayor del Sagrario; Luis de Vilches, discípulo de ambos; los Medinilla, José Montes de Oca, Cayetano de Acosta, Hita del Castillo. Finalmente, Cristóbal Ramos, aún barroquista, pero con vinculaciones ya neoclásicas.
     Como ya he escrito otras veces, si Montañés fue el creador de una escultura sosegada, equilibrada y clasicista, en la que sólo se acepta la realidad depurándola y perfeccionándola en virtud de ese clasicismo, Juan de Mesa es un escultor barroco por temperamento, barroquismo que se plasma en unas esculturas apasionadas y de gran dramatismo, pero de una gran discreción, y, quizá, en esto radique su éxito como el mejor intérprete de las consignas contrarreformistas. A pesar de esta diferenciación de conceptos entre maestro y discípulo, es frecuente la mutua influencia, llegando, a veces, a confundirse la investigación de la autoría de algunas de sus obras. La obra de Juan de Mesa se caracteriza por un extraordinario realismo, que se plantea arrancando del estudio directo del natural, investigando el cuerpo humano, vivo y muerto, consiguiendo insuflar a sus tallas ese sentimiento sobrenatural que caracteriza esencialmente la imaginería sagrada.
   Nacido en Córdoba, en 1583, de familia de pintores, debió recibir en su tierra natal algún tipo de formación, si bien es en 1606, con 23 años, cuando entra de aprendiz, por contrato de cuatro años y medio, en el taller sevillano de Montañés. Se supone que, finalizada esta etapa formativa, debió trabajar como oficial en el taller de su maestro, ya que no será hasta 1615 cuando realice su primer concierto documental y su primera obra: el San José con el Niño, para la parroquia de Fuentes de Andalucía (Sevilla). Mientras tanto, ha contraído matrimonio en 1613, y,  poco después, establece su propio taller en unas casas de la collación de San Martín y acepta aprendices, y tiene oficiales a sus órdenes, y triunfa. Pero, su tremenda actividad se ve truncada, en 1627, por la temprana muerte, que nos arrebató al «imaginero de la Pasión y el Dolor», al autor de las mejores tallas de nuestra Semana Santa.
     Aunque hizo algunos retablos, que culminarían en el conventual hispalense de Santa Isabel (1624-1627), su legado artístico es, fundamentalmente, imaginero. El mayor estudioso de su obra, el Dr. Hernández Díaz, califica los años entre 1618 y 1623 como «lustro magistral» y la producción de Mesa como «deslumbrante». En efecto, ahora talla siete Crucificados, dos Nazarenos, un Resucitado, un Niño Jesús, seis figuras marianas, quince esculturas de santos, retablos, sagrarios... Y todo culminará, en 1627, con el dramático grupo escultórico de la Virgen de las Angustias, joya lucida hoy en la iglesia cordobesa de San Pablo [actualmente en la Parroquia de San Agustín], habiéndonos edificado, entre tanto, con la unción que emana de las imágenes de María y del Precursor, talladas en 1623 para la Cartuja sevillana y conservadas en el Museo.
     El Crucificado barroco, se ha dicho repetidamente, es el resultado de la mentalidad ignaciana y de los preceptos de Trento. Pero, Juan de Mesa aporta, además, en la interpretación del tema, su madurez imaginera, su sabiduría artística e invitación a la plegaria. El mismo Hernández Díaz destaca la grandeza y monumentalidad del Cristo del Amor; la dulzura mon­tañesina del de la Buena Muerte; los afanes de novedad en el de la Conversión del Buen Ladrón, y la autenticidad de espíritu que dimana del de la Agonía, de Vergara, su obra más perfecta. Dejemos constancia, por último, de otra talla, ésta de Nazareno, que conmueve en lo más profundo al alma cristiana: Jesús del Gran Poder, tallado en 1620, lección definitiva del barroquismo expresivo.
     En 1618 se acomete, en la iglesia del monasterio de Nuestra Señora de las Cuevas de Sevilla, la elaboración de dos pequeños retablos, colaterales al coro de los legos, que estuvieron rematados por las figuras de las Virtudes talladas por Juan de Solís, y para cuyas hornacinas se contrató, con Martínez Montañés, en abril de 1621, la ejecución de las imágenes de la Virgen de las Cuevas y de San Juan Bautista. Por razones que desco­nocemos, este contrato no se cumplió, siendo renovado en enero de 1623 y firmado por Fray Juan Bautista Duero, Procurador Mayor del Monasterio, y por Juan de Mesa, quien las cobró -2.500 reales-, en enero del año siguiente. Esta dualidad de contratos ha producido, durante años, la atribución de estas esculturas tanto a Montañés como a Mesa. Establecida la autoría del segundo, en ellas se puede apreciar la profunda huella que el maestro dejó en el discípulo, si bien Mesa supo im­primir en estas imágenes mucho más movimiento, realismo y fuerza expresiva, todo ello como reflejo de su mayor  barroquismo.
   Talladas en madera de cedro, son imágenes algo menores que el natural, que siguen modelos montañesinos. Así, la Virgen ha sido puesta en relación con la de la Virgen con el Niño que Montañés realizó para el Oratorio de San Isidoro del Campo, aunque con diferencias tanto formales como expresivas; en cuanto al Bautista, de gran hermosura, representado con la iconografía tra­dicional, sigue los modelos montañesinos establecidos en los retablos hispalenses de San Leandro y de San Isidoro del Campo, pero apartándose del clasicismo de és­tos, para mostrar un mayor naturalismo. Aun siendo ambas obras piezas fundamentales en la producción de Mesa, se debe resaltar el sentido barroco de la cabeza del Bautista, de agitada y dinámica cabellera, sosegado y elocuente rostro y profunda mirada, comparada tradicionalmente con las mejores obras de Donatello (Enrique Pareja, Escultura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo I. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor la Biografía de Juan de Mesa, autor de la obra reseñada;
     Juan de Mesa y Velasco (Córdoba, 26 de junio de 1583 bautismo – Sevilla, 24 de noviembre de 1627). Escultor e imaginero.
     Juan de Mesa y Velasco fue el más destacado de los discípulos de Juan Martínez Montañés y uno de los maestros más significativos de la escultura e imaginería barroca tanto andaluza como española, pudiéndose considerar como el prototipo del imaginero.
     Su obra ha sido estudiada por el profesor Hernández Díaz, quien con sus escritos colocó al maestro en el lugar que debió ocupar entre sus contemporáneos.
     Asimismo, Villar Movellán se ha acercado a Juan de Mesa tratando de buscar explicaciones a algunos interrogantes que existen sobre su vida, interrogantes que fueron puestos en valor en las III Jornadas de Historia del Arte organizadas por el Área de Historia del Arte de la Universidad de Córdoba, en noviembre del 2002, para conmemorar los 375 años de la muerte del ilustre escultor bajo el título Juan de Mesa (1627- 2002). Visiones y Revisiones.
     Muy poco es lo que se conoce de la vida de Juan de Mesa, sobre todo de sus años de juventud. Se sabe que fue bautizado en Córdoba, en la Iglesia de San Pedro, el día 26 de junio de 1583 y que sus padres fueron Juan de Mesa y Catalina de Velasco. Existen todavía dudas acerca de su primera formación artística, habiéndose generalizado la idea de que antes de llegar al taller de Montañés debió haber estado en el de otro maestro, que acaso fuera Andrés de Ocampo, ligado a Córdoba por lazos profesionales y familiares, donde también habría coincidido con el granadino Alonso de Mena.
     Pero nada se sabe con certeza de él hasta que aparece afincado en Sevilla en 1607. Este año firma el 7 de noviembre un contrato de aprendizaje con Juan Martínez Montañés. Cuando esto sucede, llevaba un año y cinco meses trabajando con el maestro; con esta escritura pretendía formalizar su contrato de aprendizaje por tres años más; para ello necesitó un curador ad litem, pues era huérfano, función que fue asumida por el ensamblador Luis de Figueroa. Esto significa que entró en el taller de Montañés en 1605 y que saldría el uno de noviembre de 1610. También está documentada en estos primeros años la adquisición, el día 18 de febrero de 1615, de tres trozos de madera de cedro y algunos meses después, en octubre, se comprometía a tallar una imagen de San José itinerante con el Niño para el mercedario de Fuentes de Andalucía fray Alonso de la Concepción.
     Se desconoce lo que hizo Juan de Mesa entre 1610 y 1615, ya que el contrato de aprendizaje con Martínez Montañés caducó en 1610. En esta fecha, Mesa tenía ya capacidad para contratar y montar taller aunque no se tengan noticias de su examen de escultor. Se piensa que durante estos años permaneció en el taller de Montañés, como oficial, argumentándose incluso para ello razones de tipo psicológico, como sería el carácter retraído del escultor y su necesidad de protección y cariño.
     Por otra parte, la estética y la iconografía de Juan de Mesa no se entenderían sin su aprendizaje junto a Martínez Montañés; el aprendizaje montañesino dotó a Juan de Mesa de un excelente bagaje técnico, tan magníficamente asimilado que le permitió alcanzar niveles similares a los de su maestro. No obstante, hay que reseñar que el imaginero cordobés introdujo en el ambiente sevillano un temprano barroquismo, un realismo crudo y un especial sentido de lo patético que, como ha señalado Villar Movellán, son inigualables y nuevos en Sevilla.
     En 1615 tenía Mesa 32 años, edad muy madura para que un maestro del seiscientos decidiera emprender su vida independiente, circunstancia por otra parte no sorprendente cuando el artista se encuentra integrado en un amplio taller, pero llamativa en un hombre que, como indicara Hernández Díaz, es capaz de acometer entre 1618 y 1627 la ejecución de once crucificados, todos ellos piezas maestras.
     Anteriormente, en 1613, había casado Juan de Mesa con María de Flores y vivían en la collación de Omnium Santorum; ello presupone la posesión de cierta estabilidad económica, la cual pudo haberla conseguido trabajando como oficial, en el taller de Martínez Montañés. Pero su hacienda debía de ser algo más saneada que la de un simple oficial ya que en 1616 se cambió a la collación de San Martín, a unas casas del artista Diego López Bueno, en las que vivió hasta su muerte. Ello evidencia que no era el hogar de un principiante, sino que sería un taller en toda regla del que saldría toda su producción posterior.
     Los primeros datos que se conocen de este taller datan de 1616, momento en que firmaron contrato de aprendizaje Juan Vélez y Lázaro Cano; según estos contratos, habrían de permanecer junto a él unos siete años. Además existen referencias documentales de que Juan de Vargas, Francisco de la Puerta y Felipe de Ribas estuvieron trabajando con él como aprendices; como oficiales sólo se conocen dos, Miguel de Descurra y Manuel Morales; pero su colaborador más directo y aventajado fue su cuñado, el ensamblador Antonio de Santa Cruz. A su muerte, el taller fue arrendado a Luis Ortiz de Vargas y Gaspar Ginés, quienes también se quedaron con parte de los dibujos del maestro, pasando los útiles de trabajo a su cuñado y colaborador Antonio de Santa Cruz.
     Las primeras obras de Juan de Mesa siguen siendo una incógnita, aun cuando actualmente se tiene mejor conocimiento de su actividad como imaginero. El contrato de aprendizaje con Martínez Montañés caducó en 1610 y la primera obra documentada data del 1615 que es el momento en que se compromete a realizar la talla de San José con el Niño para los mercedarios de Fuentes de Andalucía. Pero publicaciones recientes han puesto de manifiesto que, con anterioridad a esta obra, Juan de Mesa había ejecutado un San José y una Inmaculada para el Convento de San José del Carmen de Sevilla; estas obras ofrecen algunos interrogantes; en especial, el San José con el Niño del que Villar Movellán ha dicho “que no se ajusta al temperamento y potencia peculiares de las imágenes de Mesa y que se halla, en cambio, muy cerca de las obras montañesinas”. Por el contrario, la Inmaculada carmelitana ofrece una frescura muy acorde con un maestro lleno de ilusiones tempranas como es Juan de Mesa en esos momentos. El estilo de esta imagen ha permitido identificar la Virgen con el Niño del hospital complutense de Antezana como obra del maestro, fechada en 1611, y de la que Luna Moreno ha dicho, al compararla con la carmelitana, que “parece una versión simplificada de la escultura de la Virgen de la Misericordia, o bien ésta una versión enriquecida de aquella”.
     Esta imagen explica por su calidad el auge paulatino que fue adquiriendo la imaginería mesina hasta llegar a la eclosión de 1618-1623. Por otra parte, en este grupo de obras, realizado hacia 1610-1611, está casi plenamente definido el estilo del maestro, de tal forma que incluso la Inmaculada carmelitana ha sido fechada en plena madurez del artista.
     El San José de la parroquia de Santa María de las Nieves de Fuentes de Andalucía es su primera obra documentada; concertada en 1615 con los mercedarios de la citada localidad, es una pieza de gran importancia, pues muestra su dependencia con respecto al maestro; sin embargo, revela unas cualidades y una forma de hacer y tallar la madera totalmente distintas.
     Juan de Mesa se obligaba a realizar estas esculturas de madera de cedro, sin estofar ni encarnar. Se ajustó al precio de 70 ducados y con la condición de entregarla el 30 de noviembre de 1615. La iconografía muestra al patriarca guiando al Niño, siendo una de las primeras representaciones icónicas de este tema en la escuela sevillana. Mesa ha representado a san José joven, rechazando la tendencia de algunos hagiográficos que preferían efigiarlo anciano.
     Otra obra significativa del maestro en estos años es el San Blas de la iglesia conventual de Santa Inés de Sevilla, de la que no existe contrato y que se fecha en 1617; sin embargo, ello no impide que se tenga como obra del maestro, ya que el tratamiento del rostro, el arrogante porte y la magnífica indumentaria pontifical denotan su inconfundible mano. Un año después, el 11 de enero de 1618, se comprometía con los religiosos de San Juan de Dios a ejecutar una imagen de San Carlos Borromeo, en madera de cedro, de dos varas de alta, insignias cardenalicias y crucifijo en la mano izquierda. Tenía que realizarla en un plazo de cuatro meses y cobraría por ella 600 reales. Hernández Díaz la ha identificado con el San Carlos Borromeo que se venera en la iglesia del Hospital de Nuestra Señora de la Paz, en Sevilla.
     A partir de 1618 se puede situar la etapa de madurez del artista, durante la cual realizará un número importante de imágenes, todas ellas de una calidad excepcional. De tal manera que la etapa que va de 1618 hasta 1623 ha sido designada por Hernández Díaz “el lustro magistral”, etapa en la que realiza una serie de obras excepcionales con las que ha pasado a la historia de la escultura como el imaginero de la Pasión y el dolor. Así, en mayo de 1618, el día 13, concierta con Juan Francisco Alvarado y otras personas realizar dos imágenes: un Cristo crucificado y una figura de la Virgen. Tenía que ejecutarlas en un plazo de tres meses y cobraría por ellas 1000 reales. La escritura especifica cómo tenían que ser las imágenes y cómo serían talladas por él sin que interviniera ningún oficial. El 4 de junio de 1620 se otorgaba carta de pago. Se trata de una interesante talla de Jesús en la Cruz que se venera en la Iglesia del Divino Salvador de Sevilla bajo la advocación del Amor. Es la imagen titular de una cofradía penitencial y Juan de Mesa hizo una imagen procesional de acuerdo con los preceptos tridentinos, en la que cabe destacar su intenso dramatismo, su fuerte expresión y su gran realismo, unidos a una anatomía muy cuidada, copiada del natural.
     A esta imagen siguieron hasta diez crucificados que contrató entre 1618 y 1627.
     En el año 1619 talló el Crucificado de la Conversión del Buen Ladrón de la iglesia del Montserrat de Sevilla, segundo crucificado que realizó el maestro y en el que crea un tipo distinto del montañesino, que luego repetirá en el Crucificado de Vergara.
     Los crucificados ocupan un lugar destacado en su producción. Son imágenes de iconografía pasionista destinadas a procesionar por las calles; son modelos que partiendo de los creados por Montañés, expresan toda la fuerza dramática del proceso y muerte de Jesús.
     En los diversos crucificados salidos de sus manos, el imaginero ha sabido reflejar distintos momentos de la Crucifixión, de ahí que los represente, en unos casos, vivo, y en otros muerto, pero todos ellos muestran el dominio que el maestro tiene de la anatomía humana; con frecuencia van inscritos en un triángulo, prefiriendo el uso de los tres clavos, hecho que imprime movimiento al cuerpo, en el que se acusan los músculos, tendones y venas, según corresponde a la tensión que supone la sujeción a un madero.
     La belleza y perfección del desnudo apenas queda velada por el paño de pureza, sujeto por una soga y formado por telas de abundantes pliegues recogidos en moñas laterales. La corona de espinas es gruesa, con inmensas púas que perforan orejas y frente, cuya huella se hace visible incluso en aquellas imágenes que no la llevan. El citado Cristo del Amor de la parroquia del Salvador (1618-1620), el de la Buena Muerte de la capilla de la Universidad (1620) y el Cristo crucificado de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid (¿1621?), procedente del antiguo Colegio Imperial de la Compañía de esta ciudad, son extraordinarios ejemplos de representación de Cristo muerto, mientras que los de la Conversión del Buen Ladrón de la cofradía sevillana del Montserrat (1619), y el de la Agonía de la parroquia San Pedro de Vergara (Guipúzcoa) (1622), lo muestran aún vivo.
    Los encargos se suceden, sin embargo, muchos de ellos se conocen documentalmente sin que se hayan identificado las piezas, tal ocurre con el San Nicolás de Tolentino y la Virgen del Rosario con el Niño Jesús que le había encargado el pintor Vicente Perea en 1619.
     En este mismo año contrató junto con Luis de Figueroa la realización del relieve de la Asunción de la parroquia de la Magdalena de Sevilla; obra de calidad muy desigual, circunstancia que ha llevado al profesor Gómez Piñol a cuestionarse la intervención del maestro, pensando que pudo haber suministrado el modelo e incluso retocado la pieza para darle su apariencia final sin que la ejecución sea realmente suya.
     La fama de Juan de Mesa se fue consolidando y los encargos se iban sucediendo tanto por parte de particulares, como de cofradías y de órdenes religiosas, siendo muy interesante la relación que Juan de Mesa mantuvo con la Compañía de Jesús. El primer encargo documentado que le hicieron los jesuitas data del 13 de marzo de 1620, momento en que le encargaron “dos imágenes de escultura, la una de Cristo Crucificado y la otra de una Magdalena abrazada al pie de la cruz, de madera de cedro ambas dos, de la estatura ordinaria humana, por precio de ciento y cincuenta ducados”. Fueron concertadas por el padre Pedro de Urteaga, prepósito de la Casa Profesa, como titulares de la Congregación de Sacerdotes. Es el Cristo de la Buena Muerte, actualmente titular de la cofradía de los estudiantes y está en la capilla de la Universidad de Sevilla. No era una imagen procesional; su adjudicación a la Congregación de Sacerdotes debió estar motivada, según Gutiérrez de Ceballos, para que éstos meditasen y conversasen con la imagen de Cristo muerto, según aconsejaba san Ignacio en los Ejercicios. Las restauraciones de 1983 y 1986 han hallado encerrado en la cabeza un billete con su nombre y firma y, en el tronco, otro, con la fecha de finalización de la imagen en 1620. Con esta imagen, Mesa da testimonio de una corriente de espiritualidad y de sensibilidad artística.
     La factura de este crucificado es impactante, y debió de satisfacer plenamente al maestro ya que es uno de los más perfectos salidos de su gubia, y por el cual fue muy imitado. Entre los crucificados que se contrataron con el maestro, bajo la cláusula de que los tallaran a imitación del de la Casa Profesa, está el que le encargó el pintor Jerónimo Ramírez para Francisco de Tejada y Mendoza. En el contrato del 16 de marzo de 1621 estipuló “una hechura de Cristo del natural conforme al que está hecho en la Compañía de Jesús en la Casa Profesa de esta dicha ciudad de Sevilla”.
     Esta imagen, que desde 1633 había estado en una capilla de la iglesia del Colegio Imperial de Madrid, hoy está en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena de esta misma ciudad. Algún tiempo después, en 1624, le encargarían otro Crucificado semejante para el Colegio de San Pablo de Lima (Perú), en el que destaca el cuerpo vigoroso y musculoso; los pliegues del perizoma, sin embargo, son más abultados y angulosos que los del Crucificado de la Buena Muerte.
     La canonización en Roma de san Ignacio de Loyola y de san Francisco Javier trajo nuevos contratos a Juan de Mesa, ya que la Compañía le encargó las imágenes de ambos santos que actualmente se conservan en el Colegio de San Luis Gonzaga de la Compañía de Jesús en El Puerto de Santa María. En el interior de la cabeza de San Francisco Javier se encontró un papel, indicando que la imagen había sido realizada para el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla y que había sido costeada por unos navarros residentes en la ciudad hispalense. De las dos imágenes, la mejor conservada es la de San Ignacio de Loyola; posiblemente, Mesa usó la mascarilla mortuoria del santo, de la que el pintor Pacheco tenía una copia. Esculpió una imagen de cuerpo entero, con sotana y manteo, en actitud triunfante como fundador de la Compañía, con el estandarte del nombre de Jesús en la mano derecha y el libro de las Constituciones en la izquierda, como se le efigió en la estampa de Paolo Guidoti, grabada con motivo de la canonización en Roma. La estatua de San Francisco Javier representa al santo vestido con sotana, sobrepelliz y estola, llevando en la mano derecha el crucifijo con el que solía predicar, tal y como fue efigiado en el grabado oficial de la canonización.
     Pero no terminan en estas dos obras los encargos de Juan de Mesa con la Compañía, ya que también realizó un busto relicario de San Francisco Javier para la iglesia de la Anunciación de Sevilla, hoy en la Universidad, fechado en 1625 por Hernández Díaz. El santo está representado de medio cuerpo, dirigiendo la mirada al cielo mientras que con los dedos trata de abrirse la sotana a la altura del pecho. Por encima de las manos está colocado el repositorio de las reliquias. La pieza sobresale por su gran realismo y fuerza expresiva.
     Otra creación magistral del maestro, dentro del ciclo pasionista, realizada para una cofradía sevillana, es Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, obra de la que, junto a San Juan Evangelista, daba el escultor carta de finiquito el día uno de octubre de 1620. En esta composición, Juan de Mesa ofrece su versión del modelo montañesino del Señor de la Pasión, una versión plenamente barroca, frente al clasicismo del maestro, ya que ha hecho patentes las huellas del sufrimiento, presentes en el rostro y en la curvatura de la espalda.
     Al año siguiente contrataría la imagen de Jesús Nazareno para la iglesia del Convento del Espíritu Santo de La Rambla (Córdoba). Es la segunda versión perfeccionada que hace del Nazareno, pero esta imagen, aunque es de vestir, está totalmente tallada. Muestra las características del maestro: grandes dimensiones, mayor que el natural, paso cansado, rostro dolorido...
     También este mismo año, el 10 de septiembre, Juan de Mesa se comprometía a tallar un Cristo resucitado para Diego de Santa Ana, vecino de Tocina (Sevilla) por el precio de 500 ducados. La iconografía es la usual en este tipo de representaciones: está efigiado medio desnudo, sólo le cubre el paño de pureza, y con la mano derecha bendiciendo. La anatomía muestra la fuerza creadora del maestro y su rostro refleja gran expresividad propia de su naturaleza humana, matizada por la mirada a la que ha dado un halo de espiritualidad.
     Una variante iconográfica sobre los temas de la Pasión realizó Juan de Mesa, en la representación del yacente, del Santo Entierro de la iglesia sevillana de San Gregorio, obra no documentada pero aceptada como escultura realizada por el maestro hacia 1620. En él, Mesa permanece fiel a los principios técnicos del clasicismo apreciándose su estilo y su iconografía característica.
     Se reconoce el estudio del natural, tratado con gran dramatismo no exento de espiritualidad.
     El quehacer artístico de Mesa no decaía, los encargos aumentaban y los conventos sevillanos contrataban sus obras con él. Así, el 28 de enero de 1623, fray Juan Bautista Quero concertaba con el maestro la realización de dos imágenes, una de San Juan Bautista y la otra de Nuestra Señora con el Niño, para los retablos laterales de la iglesia de la Cartuja de Santa María de las Cuevas; tenía que realizarlas por 2.500 reales y en el plazo de seis meses. Hoy estas imágenes están en el museo de Bellas Artes hispalense. Son dos obras de gran calidad con las que el maestro alcanza la plenitud de su arte, sobre todo en la imagen de María en la que culmina la estética que había introducido en sus primeras obras —Inmaculada carmelitana y Virgen de la Misericordia—.
     Por causas que se desconocen, a partir de 1624 decae la actividad del imaginero, reduciéndose enormemente su actividad. Ello ha hecho pensar en un agotamiento producido por su febril quehacer que causaría, con probabilidad, un resentimiento de la salud.
     En estos años sólo se documentan dos obras: el Crucificado de la capilla de Nuestra Señora de la O del Colegio de la Compañía de Jesús de Lima (Perú) y el retablo para la iglesia del Convento de Santa Isabel, de Sevilla.
    Muy pocas son las referencias conservadas en relación a su producción retablística, pero la crítica coincide en considerar de su mano el retablo mayor del convento sevillano de Santa Isabel, contratado en 1624; la claridad del esquema arquitectónico, vinculado a la producción de Montañés, está alterada por una serie de elementos que hacen palpable la aparición de una nueva sensibilidad artística que se refleja en el mayor volumen del retablo. La importancia dada a los ejes verticales, el voluptuoso frontón, las tornapuntas ornando los trozos de entablamento no son sino signos palpables del cambio estético que se va produciendo paulatinamente en la retablística sevillana del momento que, por otra parte, evidencian la participación del maestro; aunque no hay que olvidar que la realizó conjuntamente con su cuñado Antonio de Santa Cruz y que colaboró en ella, Felipe de Ribas.
     Posteriormente hay un período de dos años en que, según la documentación existente, parece ser que no realizó obra alguna. Pero de nuevo, entre 1626 y 1627, reanudará su actividad y tallará importantes obras que muestran al maestro en la plenitud de su arte. No todas, aunque se encuentran documentadas, se han podido identificar, como los crucificados que le encargan Fernando de Santa Cruz y Padilla, cargador de Indias, y el pintor Antonio Pérez, este último según modelo del crucificado de la Casa Profesa de Sevilla. Mejor suerte tuvo la talla de San Ramón Nonato que hizo por encargo del mercedario descalzo fray Juan de San Ramón, actualmente en el museo de Bellas Artes de Sevilla, en la que el maestro alcanza la plenitud del barroquismo.
     Finalmente, la última obra de que se tiene constancia documental es la Virgen de las Angustias, obra encargada por el agustino fray Pedro de Góngora para titular de su cofradía, establecida en el convento cordobés de San Agustín y hoy en el Convento de San Pablo de la citada ciudad. Esta obra evidencia que Juan de Mesa permaneció fiel a su estilo hasta la muerte. Supo representar, en un tema popular y emotivo como es el de la Madre con el Hijo muerto en su regazo, el dolor profundo y silencioso de la muerte; dolor sereno, profundo y amargo pero sosegado. Evocación del dolor que se refleja en el rostro de la Virgen en el ligero desvío de las líneas del entrecejo, en la boca ligeramente abierta y en las lágrimas en las mejillas.
     La imagen de la Virgen, al igual que la del Hijo, ha sido tallada por completo, pero el somero trazo de los amplios pliegues del ropaje, así como la breve talla del torso y los brazos articulados por goznes, prueban su carácter de imagen de vestir. Las dos imágenes estaban prácticamente terminadas cuando falleció Juan de Mesa en 1627, y sólo le faltaban tres días de trabajo.
    Murió el 24 de noviembre, a la edad de 44 años, siendo enterrado al día siguiente en la cripta de la iglesia sevillana de San Martín.
    Junto a estas obras documentadas, existen otras atribuidas entre las que cabe citar: Cristo crucificado de la Hermandad del Amor de Sevilla (1618-1620), la Cabeza de San Juan Bautista (c. 1625) de la Catedral de Sevilla, Niño Jesús (c. 1625) de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, Nuestra Señora del Valle (c. 1625), de la Cofradía del Valle en la Iglesia de la Anunciación de Sevilla.
    Juan de Mesa ocupa hoy un lugar destacado dentro de la escultura española del XVII. Su estilo se inicia con cierta dependencia con respecto a su maestro Juan Martínez Montañés, pero pronto aflora su personalidad que se traduce en un realismo crudo y en un sentido de lo patético totalmente nuevo en Sevilla. Su obra se caracteriza por el gran realismo plasmado a partir del estudio directo del natural, circunstancia esta que le permite insuflar un sentimiento sobrenatural.
    Su estética es decididamente barroca, de formas abultadas que envuelve con ropajes de plegados densos que marcan profundos contrastes de luz; sus desnudos muestran a un perfecto conocedor de la anatomía humana, sabiendo expresar con total precisión los signos que la muerte deja en el cuerpo del hombre; los rostros de sus imágenes, rodeados por cabelleras de rizos abundantes y profundos, revelan una intensa vida interior que conecta, como indicara Dabrío González, directamente con la sensibilidad de quien los contempla, en perfecta sintonía con la doctrina que por entonces defendía la Iglesia en relación con el poder persuasivo de la imagen.
     Es un escultor especializado principalmente en temas pasionarios como crucificados, nazarenos, Vírgenes dolorosas, yacentes, junto a otras excelentes esculturas de santos, Vírgenes y niños (María Ángeles Raya Raya, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "San Juan de Goto Soan", de Juan de Mesa, en la sala IV, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la sala IV del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 17 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Castillo Templario, Iglesia de Santa María, Iglesia de Santa Ana, Iglesia de Santa Catalina, Santuario de los Remedios, Casas Solariegas, Colegio de los Jesuitas, Convento de la Paz, Convento de San Francisco, Fuente de la Fontanilla, Fuente de María Miguel, y Ayuntamiento) de la localidad de Fregenal de la Sierra, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo Templario, Iglesia de Santa María, Iglesia de Santa Ana, Iglesia de Santa Catalina, Santuario de los Remedios, Casas Solariegas, Colegio de los Jesuitas, Convento de la Paz, Convento de San Francisco, Fuente de la Fontanilla, Fuente de María Miguel, y Ayuntamiento) de la localidad de Fregenal de la Sierra, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa en el límite de la Baja Extremadura con Portugal y Andalucía, a mediodía de Jerez de los Caballeros, constituyendo junto con esa ciudad el otro gran centro de las Sierras del Sur.
     Por su ubicación geográfica, constituye Fregenal un importante paso desde Extremadura a Andalucía. Es un nudo importante de comunicaciones atravesada por las nacionales 435 (r) que une Zafra / Huelva, y la nacional 435 que enlaza Badajoz y Huelva. Además, cuenta con ferrocarril que une Mérida con Huelva.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 236,7 Km2
     Altitud: 579 m.
     Distancia Capital: 97 Km.
     Partido Judicial: Fregenal de la Sierra
     Comarca: Sierra Suroeste
     Gentilicio: Frexnense
Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra
     Paseo de la Constitución, 1
     06340 Fregenal de la Sierra (Badajoz)
     Teléfono: 924700000
     Fax: 924700383
Historia.-
    El término de Fregenal es rico en yacimientos arqueológicos desde restos calcolíticos, hasta visigodos, pasando por celtas y romanos, siendo la ciudad de Nertóbriga Concordia Iulia, el mejor ejemplo. En sus orígenes celtas, alcanzó su máximo esplendor en la época romana, hasta el punto que algunos arqueólogos la consideran la pequeña emerita, yacimiento que está a la espera de poder ser descubierto, aunque sea parcialmente.
     Nunca fue Fregenal la Fenicia Acinido, entre otras cosas, porque no hay ningún resto que así lo afirme, y es que este es un error que se viene cometiendo desde el siglo pasado, cuando una enciclopedia situó el asentamiento en Fregenal, dato que han ido cogiendo unos autores de otros hasta nuestros días.
     Tampoco hay restos de ningún enclave ni árabe ni medieval, ya que la primera vez que aparece el nombre de Fregenal es en 1283, cuando es donada por Alfonso X a la orden del Temple. Sin embargo, en 1253 se referencia un castillo llamado de Valera, que por su descripción geográfica puede ser el mismo que actualmente ondea en el centro de la ciudad.
     A la orden del Temple perteneció unos 30 años, pasando después de una serie de vicisitudes a Sevilla; nunca perteneció a la orden de Santiago, ni mucho menos, fue una villa exenta, todo lo contrario, Fregenal era una encrucijada, puesto que administrativamente dependía de Sevilla, eclesiásticamente de Badajoz, y en los impuestos, dependía de la orden de San Juan de Jerusalén.
     Entre los hijos ilustres, podrían destacar el también coetáneo de Arias Montano, Francisco de Arceo, excelente médico residente de Llerena y amigo personal del sapientísimo.
     En folklore se dice que las danzas de la Salud son de origen celta, es mejor suprimir el posible origen celta, ya que es fácil afirmarlo, pero no demostrarlo, es cierto que son de origen ancestral, pero por su atuendo paralelo al de ciertas zonas del norte de Castilla, bien podrían ser danzas de aquella zona, transmitidas por la trashumancia.
     Por su buen hacer y calidad en los últimos concursos a los que se han presentado, habría que mencionar al coro infantil de Fregenal y al grupo de cámara Amadeus (Diputación Provincial de Badajoz).
     Agrupada en torno al castillo, a diferencia de la mayoría de las poblaciones extremeñas que han crecido separadas de su fortaleza, esta histórica villa templaria, cuna de Arias Montano, Bravo Murillo y otros personajes ilustres, muestra en sus casas y calles una marcada influencia andaluza.
Historia
     Aunque el cercano yacimiento romano de Nertóbriga y el visigodo de San Miguel de los Fresnos nos hablan de antiguos asentamientos, lo cierto es que las noticias docu­mentales más antiguas de la localidad datan del siglo XIII, cuando fue conquistada por Fernando III el Santo.
     Entregada a los caballeros templarios, la villa se convierte en una de las plazas importantes de la orden hasta su desaparición en el año 1312.
     Tras depender de la jurisdicción sevillana, la reorganización provincial de 1833 la incorpora definitivamente a Badajoz como cabeza de partido judicial. Una prosperidad relativa basada en la minería del hierro y la industria del corcho permite el aumento demográfico a lo largo del siglo XIX y principios del XX. En la actualidad, a un patrimonio cultural nada desdeñable aúna su carácter de centro comercial.
Fiestas
     Inmediatamente después de la Semana Santa se celebran las fiestas patronales de la Virgen de los Remedios. Con motivo de la festividad de Virgen de la Salud (8 de septiembre), tiene lugar una danza ritual de remoto origen, con intervención de los danzaores. La romería a la ermita de los Reme­dios, en un atractivo paraje, se celebra el último fin de semana de octubre con caba­llistas engalanados y una concentración masiva de gitanos procedentes de toda España y algunos países europeos. El festival inter­nacional de la Sierra, de Interés Turístico Regional, ilumina las noches de agosto con danzas, músicas folk, etc., siendo una cita ineludible para los amantes de la música celta y el flamenco. De día hay un mercado donde confraternizan artesanos, músicos y visitantes.
Artesanía
     Perdura la tradición alfarera con Cerámicas Gallardo (Mazaderos, 74; telf. 924 700 185).
Visita
     El caserío medieval, rodeado por una cerca amu­rallada hoy totalmente destruida, se agrupaba en torno al castillo que, junto al paseo de la Constitución, constituye el eje central de la población actual.
     La fortaleza fue levantada a mediados del siglo XIII por los caballeros templarios sobre los restos de la alcazaba árabe. En la torre del homenaje se abre la portada de acceso al recinto. Sobre el sencillo arco apuntado y bajo el poderoso matacán figura la cruz del Temple. La obra, ejecutada en sillares y mampostería, conserva los torreones, mientras que el antiguo patio de armas lo ocupa, curiosamente, una plaza de toros incorporada en el siglo XVIII. Adosada a la torre se edifica, a finales del siglo XIII, la iglesia de Santa María, que con­serva de esa época la portada protogótica de los pies. Entre los siglos XVI y XVII se reconstruyó el templo disponiéndose la nueva traza en una nave de gusto renacentista en la que destaca el bello arco toral que separa la cabecera. Son obras de interés los retablos barrocos y el órgano (s. XVIII).
     En el paseo dela Constitución, frente a la iglesia, se mantienen algunos soportales del recinto original (siglo XIII) y el edificio de la antigua cárcel (actual Ayuntamiento), reconstruido en el siglo XVIII, con lápidas romanas, cañones dela Guerra de la Independencia y restos del rollo en la fachada.
     Al norte del núcleo, la iglesia parroquial de Santa Ana conserva una bella bóveda de crucería de su trama original (siglos XV-XVI). En su interior guarda un retablo rena­centista del flamenco Roque de Balduque y un mausoleo dedicado a uno de los hijos ilustres de la villa, el político Bravo Murillo. En sentido opuesto la Iglesia de Santa Cata­lina conserva la techumbre mudéjar de la nave principal (s. XV), que se sustenta sobre arcos ojivales. También muy destacada son las pinturas que cubren la capilla de la epístola y las pilas de agua bendita realizadas a partir de capi­teles romanos traídos del yacimiento de Nertóbriga. Merecen visita los palacios de la marquesa de Ferrara y de los Sánchez Arjona, la casa-museo del pintor local Eugenio Hermoso (1884-1963), la ermita de los Reme­dios (siglo XVI-XVII) y la fuente de la Fontanilla (s. XVI).
Alrededores
     A unos 6 km. en la Sierra del Coto, están los yacimientos, con restos arqueológicos notables, de un poblado celta, identificado en la ocupación romana como la colonia de Ner­tobriga, destruida en el siglo III (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-
     Elemento fundamental de la población es la Foto: Vídeo Fortaleza, que contrariamente a la idea ampliamente difundida, no es de origen templario, pues cuando se le cede a esta orden, el castillo ya está realizado; lo que esta orden hace, es poner su escudo en una de las entradas, concretamente en la del Homenaje.
     En una de sus murallas se levanta la iglesia de Santa María la Mayor o más antigua o de la plaza. En sus orígenes fue pequeña capilla que fue aumentada en el siglo XVII, principalmente, gracias a los donativos de la población. Las dos terracotas policromadas de Santa Catalina, son atribuidas a Mercadante de Bretaña.
     El Ayuntamiento tiene dos escudos en su fachada, el de la villa y el real.
     Entre los monumentos, cabe destacar el conjunto de San Francisco, fundado en la segunda mitad del siglo XVI, imponente obra de sillería es su iglesia, y de belleza superior su claustro, actualmente en proceso de restauración por la Escuela Taller Nertóbriga.
     El Colegio e Iglesia de los Jesuitas, y el conjunto de la Paz, son obras creadas a partir de la donación de Alonso de Paz, pero se fundan ya en el siglo XVII.
     La parroquial de Santa Catalina es la menos alterada en su aspecto originario, habiendo sido restaurada recientemente. Su estructura es basilical, con numerosas capillas adosadas entre las que destaca la de la Virgen de la Salud, que al exterior se significa por la gran corona de hierro que le sirve de remate. Además de sus artesonados y alfarjes encierra numerosos contenidos de mérito, como dos terracotas policromadas medievales, una atribuida a Mercadante de Bretaña, una talla de gran tamaño del Cristo del Perdón conectada con la escuela de Martínez Montañés.
     También en la plaza principal se halla el Ayuntamiento, reconstruido en el siglo XVIII y restaurado en época moderna, en cuya fachada lucen lápidas romanas, dos cañones napoleónicos y parte del rollo medieval. Una zona de la plaza conserva sus antiguas arquerías.
     Evidencia del auge de la localidad en el pasado son sus numerosas construcciones monumentales. Entre ellas cabe señalar el convento de Santa Clara, fundado en 1502 y trasladado en 1637 a un nuevo lugar; o el convento de Agustinas de la Paz, aún activo. O el Colegio de Jesuitas, de ostentosa fachada y magnífica portada barroca en sillería; Hospital del Espíritu Santo e iglesia aneja al mismo, fundados también en el XVI por Don Alonso de Paz, etc. De igual época es el Hospital de San Blas, al que posteriormente se anejó el de Misericordia.
     Las ermitas fueron más de diez, contándose con otras instituciones como el Tribunal de la Inquisición o Casa de la Sangre, Audiencia, Cárcel Real y otras, incluida una Sinagoga durante la etapa medieval.
     Hitos señalados de la estructura pretérita de la población son las fuentes públicas, de las que se conserva un interesante conjunto, y entre las que destacan las de La Fontanilla, Santa Ana, Marimiguel, Miranda, Pilar Redondo, Pilarito, Fuente Nueva, de las Flores, etc.
     En la arquitectura civil las construcciones se distinguen por los potentes recercos graníticos que enfatizan las portadas, las balconadas corridas que ostentan muchas viviendas y los blasones que manifiestan su abolengo.
     Muchas mansiones ostentan amplios zaguanes, y otras que se estructuran bajo la influencia de los modelos andaluces en torno a hermosos patios centrales. Destacamos en este apartado los palacios de Sánchez Arjona y el de la Marquesa de Ferrara.
     Las fachadas son sencillas, limitándose la decoración a las cornisas, molduras y escudos de armas.
     Hito inseparable de Fregenal es la ermita de la Virgen de los Remedios, Patrona de la localidad, que se sitúa en un hermoso encinar a 6 kilómetros de la población. Originaria del siglo XVI y remodelada en época barroca, contó en el pasado con hospedería, refectorio y otras instalaciones. Hoy la singularizan su camarín de bella decoración, el atrio porticado exterior y el patio con su fuente. La naturaleza y la historia se conjugan en el interesante yacimiento arqueológico de Nertóbriga, situado en la Sierra del Coto, a 6 km. Al SO de Fregenal. Allí se encuentran restos celtíberos y romanos del municipio de Nertóbriga Concordia Julia, ciudad que fue destruida hacia el s. III de nuestra era.
     No abandonaremos Fregenal de la Sierra sin visitar la Casa-Museo de Eugenio Hermoso, situada en la calle de su mismo nombre y que se mantiene en su forma original.
     En la actualidad Fregenal es una población en desarrollo rica en nuevos tejidos de modernas construcciones, equipamientos y servicios de toda índole, que le confieren un aire de centro pujante y evolucionado, que va perdiendo aceleradamente su carácter tradicional de núcleo estrictamente rural. En consideración a sus sobresalientes valores histórico-artísticos la ciudad fue declarada Conjunto de Interés Monumental por la Junta de Extremadura en 1991 (Diputación Provincial de Badajoz).

Castillo Templario.-
     El castillo fortaleza de Fregenal fue encomendado a la Orden del Temple en el siglo XIII, fecha en la que aparecen las primeras referencias documentadas sobre el edificio. La orden ocupó el castillo hasta 1308. Al año siguiente, en 1309, en agradecimiento a los servicios prestados al rey durante el asedio de Algeciras, Fregenal es concedido a Gonzalo Sánchez de Troncones, quien mantiene en su poder a la villa hasta su muerte, pasando a partir de entonces al Concejo de Sevilla.
     La fortaleza responde a la tipología "castillo de llanura" y está formado por un conjunto de siete torres, destacando entre ellas las torres del Homenaje (que tiene un campanario del siglo XVIII), de Santa María y del Polvorín.
     Dentro de la fortaleza se encuentran la Plaza de Toros (S. XVIII) y el Mercado de Abastos (1915) y  adosada a la misma la Iglesia de Santa María y la Casa Parroquial.

Iglesia de Santa María.-
     Considerada como la Iglesia Mayor de la población y como la más antigua e importante, aparece adosada al Castillo. Fue levantada a finales del siglo XIII y principios del XIV, aunque posteriormente (siglo XVII) fue remodelada. En el interior se encuentra el retablo mayor que fue labrado en el S. XVIII por Sebastián Jiménez, experimentando diferentes añadidos y transformaciones en años posteriores.
     Sobresalen también por su interés artístico la escultura del Cristo de la Caridad del siglo XVI, y la imagen de San José, además de los lienzos de la Virgen de Guadalupe, del siglo XVII, y los de San Antonio Abad y la Virgen Pastora, fechados en el siglo XVIII. El órgano es obra de José Larrea, labrado en Llerena en el siglo XVIII.
     En la capilla del Sagrario, del siglo XVIII, se encuentran la imagen de la Virgen del Rosario y un pequeño mausoleo de la familia Vargas Zúñiga Jaraquemada.
     Existen dos magníficos confesionarios tallados por el artista frexnense Enrique Granero que tienen labrados leones, rosetones y figuras de grifos.

Iglesia de Santa Ana.-
     El edificio ha sufrido continuas reformas a lo largo de la historia, desde su construcción primitiva en el siglo XVI hasta las ampliaciones hechas cuatro siglos después.
     Su máximo exponente es el retablo mayor (S. XVI), atribuido recientemente a Antonio de Auñón y considerado como una de las obras más brillantes de la baja Extremadura. Está diseñado en forma de tríptico, cuya temática combina historias de la vida de María y escenas de la pasión de Cristo. Su decoración y composición es plateresca aunque se ha prescindido de la pintura. La iconografía del retablo alude además de a la Virgen María y a Cristo, a los apóstoles, las siete virtudes, los Doctores, Confesores y Mártires.
     De notable riqueza artística es también el retablo del Nacimiento, que es formado por un conjunto de figuras talladas en madera. Se fecha en el siglo XVII y probablemente proceda del Colegio de los Jesuitas.
     Finalmente, destacan el mausoleo del político frexnense Juan Bravo Murillo, así como el sagrario del templo, fabricado en plata de ley repujada y dorada en oro fino y enriquecido con esmaltes, perlas y piedras preciosas.

Iglesia de Santa Catalina.-
     La Iglesia de Santa Catalina, cuyos orígenes se fechan en el siglo XV, conserva en su interior una cubierta de madera de estilo mudéjar (S. XVI) con tirantes adornados por estrellas de ocho puntas.
     En el altar mayor se encuentra el Cristo del Perdón (S. XVI), atribuido recientemente al imaginero Jorge Fernández Alemán.
     En el lateral del Evangelio está la capilla de la Virgen de la Salud, decorada con un retablo del siglo XVIII y un sagrario neobarroco de plata cincelada y repujada realizado por el platero sevillano Marmolejo.
     Además existen otras dos importantes imágenes en buen estado de conservación. La Virgen con Niño y La Piedad, datadas en el siglo XV y cuya autoría se atribuye a Mercadante de Bretaña. Ambas resumen la transición entre el gótico final y el Renacimiento.
     Por último, a ambos lodos de la entrada principal del templo, en el interior, se encuentran dos pilas de agua bendita realizadas sobre dos capiteles procedentes de Nertóbriga.

Santuario de los Remedios.-
     El santuario, que responde al canon barroco, es el resultado de sucesivas remodelaciones y ampliaciones desde los siglos XVI al XVIII. El interior de la Iglesia ha sido decorada con óleos sobre tela de Pérez de Acoca del siglo XVII.
     De visita obligada es el camarín (S. XVIII) donde se encuentra la imagen gótica de la Virgen de los Remedios, patrona de la ciudad desde el 1506. La Virgen sostiene en sus brazos al Niño, conocido popularmente como "Luquitas", en honor al torero llamado Lucas que lo donó. Del rico ajuar destacan los mantos y la Corona regalados por el pueblo.
     Interesantes son los retratos que se encuentran en la Hospedería del Santuario, conocida como Sala de los Hijos Ilustres, dedicados todos ellos a personajes (algunos ficticios) nacidos en Fregenal.
     Por último, en el Salón de los Mantos se encuentra una interesante muestra del ajuar de la imagen. Cabe destacar, por ejemplo, el Manto Blanco (confeccionado con motivo del cincuenta aniversario de la coronación de la imagen) y el Manto Azul, conocido popularmente como "el de la nevada". También se observan, entre otros, una amplia colección de vestidos dela Virgen y del Niño, bastones de mando, cartelería conmemorativa y una pequeña reproducción de la imagen.

Casas Solariegas.-
     Los barrios de Santa María, Santa Ana y Santa Catalina poseen un rico y atractivo conjunto de casas solariegas que pertenecieron a las familias más antiguas dela localidad. Las enormes fachadas han sido adornadas con escudos de armas, rejas de forja, cornisas y portadas de piedra adintelada. Algunos de los ejemplos más destacados son los palacios del Marqués de Riocabado, de la Marquesa de Ferrera (originalmente de los Marqueses de Ferrera, actualmente restaurada por los Marqueses de Fuente el Sol) o de los Condes de Torrepilares.
 
Colegio de los Jesuitas.-
     Fechado en el siglo XVII debe su construcción a Alonso de Paz, quien manifestó en su testamento la voluntad de construir un Colegio de P.P. de la Compañía de Jesús para que se impartieran clases de Gramática, Artes, Filosofía y Teología y en cuya iglesia, en la Capilla Principal, se depositaran sus restos y los de sus herederos.
     Del edificio, que ocupa toda una manzana, se ha recuperado la iglesia, que ha sido recientemente restaurada. Del resto del edificio solo quedan los muros principales y la fachada, la cual aparece adornada por los escudos de armas de Don Alonso de Paz y de la Condesa de la Espina, que lo convirtió en casa solariega después que los Padres Jesuitas fueran expulsados.

Convento de la Paz - Madres Agustinas.-
     El edificio está fechado en el siglo XVII y fue mandando a construir, al igual que el Colegio de los Jesuitas, por el comerciante frexnense Alonso de Paz.
     De la iglesia destacan tres retablos que fueron realizados gracias a la "manda pía" de Juan Bravo Murillo. Justo encima del coro se encuentra un lienzo del siglo XVII atribuido al artista Domingo de Urbín y que representa la aparición de la Virgen María a San Ildefonso de Toledo.
     La comunidad sigue conservando una vértebra cervical como reliquia de una de las Agustinas más renombradas, Sor Asunción Galán de San Cayetano, cuya rigurosa penitencia sorprendió a la comunidad religiosa y civil del momento. Las monjas en la actualidad elaboran dulces artesanos que venden en el propio convento.

Convento de San Francisco - MACF.-
     Su fundación se fecha en 1563. A pesar de ello, y a juzgar por los restos materiales del edificio, se cree que fue en el s. XVIII cuando se realizaron las obras de ampliación, reforma y ornamentación del mismo.
     La comunidad consiguió eludir la Desamortización del Trienio Liberal. Sin embargo, no pudo sobrevivir a la Desamortización eclesiástica de 1835-1836, viéndose obligada a su disolución y siendo incautados todos sus bienes por el Estado, incluido el edificio a excepción de la iglesia. La Iglesia está en funcionamiento hasta finales del s. XIX, cuando fue clausurada debido al hundimiento de su bóveda. La situación de abandono debido a su cierre la condujo a una situación de práctica ruina.
     El resto del convento, cedido en propiedad al Ayuntamiento, tuvo varios usos (cuartel, escuelas, ayuntamiento) hasta los años sesenta del siglo XX, momento en el que se abandona y comienza un proceso de destrucción y saqueo. Es en 1995 cuando se inicia un ambicioso proceso de restauración bajo la dirección del arquitecto Vicente López Bernal, que ha permitido su reutilización como un atractivo centro cultural en el que se ubican el Espacio para la Creación Joven y la Biblioteca Municipal, así como el MACF (Museo de Arte Contemporáneo de Fregenal), en el que están expuestas las obras premiadas en el Premio Internacional de Pintura Eugenio Hermoso.

Fuente de la Fontanilla.-
     Fechada en el siglo XVI es una de las fuentes con mayor importancia histórica de la población. Posee un pilar rectangular construido a base de sillares coronado por una cornisa en forma de arco acortinado y rematado por pináculos. En el centro y bajo la cornisa aparece una hornacina que acoge la imagen de la Virgen de la Guía. Más abajo se encuentra un lienzo de granito en el que reza la inscripción que hace referencia al promotor de la obra y la fecha de la misma. El escudo real y la imagen de los cuatro vientos en cada esquina complementan la ornamentación de la fuente.

Fuente de María Miguel.-
     En torno a esta fuente se ha elaborado una leyenda. El relato nos presenta a dos enamorados, María y Miguel, a cuya relación se oponen los padres de la joven. Los mismos mandan asesinar a Miguel mientras esperaba a María y al llegar ella y encontrar a su amado muerto no soporta tanto dolor y fallece poco después. Sus padres, arrepentidos, acuerdan enterrarlos juntos en las cercanías de la fuente y de sus tumbas nació un almendro.

Ayuntamiento.-
     El Ayuntamiento se sitúa sobre la que fuera la antigua cárcel y Casa del Concejo de la ciudad. El edificio rue reconstruido en el siglo XVIII y en su fachada destacan dos cañones colocados en la entrada y el escudo de Fregenal, en el que aparece un libro abierto, una espada sumada y dos fresnos, y como remate la corona real. En la esquina izquierda de la fachada, adosada ala misma, está parte del que posiblemente fuera el antiguo rollo de Fregenal. En el interior se encuentra un ara sepulcral procedente del yacimiento arqueológico de Nertóbriga (Ayuntamiento de Fregenal de la Sierra).

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martes, 9 de enero de 2024

Los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz.


Arquitectura civil doméstica
     Las calles aledañas al palacio Orleáns-Borbón son soporte de uno de los más destacados ámbitos de arquitectura civil doméstica del Barrio Alto. En este entorno perviven una serie de casas de los siglos XVII y XVIII, cuyas fachadas fueron reformadas en su mayoría durante el XIX según las ordenanzas academicistas. Este caserío se dis­tingue por la elegancia y sobriedad propias de la casa-patio del barroco sevillano. Siguiendo tales coordenadas, estas edificaciones se desarrollan en planta regular distribuyendo sus dependencias alrededor del patio principal, al que se suele agregar un segundo patio secundario y jardín.
     En ocasiones sobresale en el tejado la torre-mi­rador propia de las casas de cargadores a Indias, que en su mayor parte pertenecen al siglo XVII y se cubren con tejados a cuatro aguas, aunque también se localizan algunos ejemplos del tipo de sillón.
     Cerradas al exterior a través del recio portón, estas casas mantienen la tradición hispano-árabe de vivir hacia el patio interior, quedando cerradas hacia la calle por las altas tapias de los jardines. Divididas en dos plantas y, a veces, ático o soberao superior de menor altura, destaca la equilibrada composición de sus huecos en fachada, tratándose con mayor riqueza decorativa la puerta principal, cuyo balcón superior se suele cubrir con el tradicional guardapolvo de origen musulmán. La decoración se concentra en la portada, en ocasiones de sillería tallada, cuyo acceso queda enmarcado con molduras casi siem­pre quebradas, completándose la ornamentación con herrajes, barandillas y tornapuntas. En origen estas blancas fachadas estuvieron revestidas con pintura mural de motivos geométricos y vegetales, de la que se conservan algunos restos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Plaza de la Paz
     Su origen se encuentra en el alcázar hispano­ árabe edificado en este lugar, por lo que se denominó plaza del Alcázar Viejo y luego plaza Alta o plaza de Arriba. Se convirtió en el centro cívico, comercial y festivo de la villa medieval. El prota­gonismo urbano quedaba avalado por su estratégica situación, prácticamente en el centro de las antiguas Puertas de la muralla. De ella partieron las principales calles cristianas y en su confluen­cia se levantaron los edificios más significativos, como la Iglesia Mayor, Palacio Ducal, Casa del Cabildo, Alhóndiga, Pósito, Cárcel o despachos de los escribanos. Actualmente la plaza conserva parte de su vieja fisonomía, conservándose la iglesia mayor, el palacio ducal, la amplia fachada almenada del reconstruido Pósito, edificado en 1736 y ampliado en 1753; y la academicista fachada de la Real Cárcel, reedificada en 1716 y reformada en el siglo XIX que hoy es conservatorio de música. Estos edificios siguen prestando cierta relevancia arquitectónica al antiguo cora­zón urbano de Sanlúcar (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

antiguo Convento de los Jesuitas
     Situado en la calle Luis de Eguílaz, se conserva la portada principal y los tres antiguos claustros. El conjunto de convento, iglesia y colegio fue realizado en 1717. Tras marcharse la comunidad jesuita, en 1767, el edificio tuvo diversos usos hasta que fue rehabilitado para viviendas en 1987. La iglesia, de nave rectangular, se mantuvo abierta al culto, pero durante la invasión francesa sufrió un incendio que provocó la pérdida de su cubierta principal, aunque se conserva la bóveda de la capilla sacramental, añadida en el lado de la epístola, siendo propiedad actual de Bodegas Barbadillo. La portada adintelada del convento está flanqueada por dobles columnas adosadas que reposan en elevado basamento y se corona con agudo entablamento sobre el que se abrió un balcón con posterioridad. El depurado claustro principal está configurado por dos cuerpos, formado el primero por arquerías de medio punto sobre esbeltas columnas de mármol blanco y cerrado el superior con balcones moldurados entre pilastras (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

antigua Casa Cilla (Bodegas Barbadillo)
     El Arzobispado edificó en 1782 esta nueva Casa de Diezmos. El edificio sirvió a su primer destino hasta que se abolieron los diezmos en 1841, siendo adquirida en 1939 por la empresa vinatera Barbadillo que instaló aquí su sede administrativa y bodegas. La edificación presenta planta casi rectangular distribuyéndose las dependencias en torno a dos patios. La fachada con portada adintelada se encuentra muy transformada.
     El amplio patio principal se configura en planta baja mediante arquerías de medio punto sobre columnas de mármol blanco, cerrándose el piso alto mediante balcones entre pilastras. En un lateral se sitúa una escalera monumental con azulejería de la época. También se conservan en planta alta unas armaduras de madera de lima bordón con lacerías estrelladas que parecen de un edificio anterior del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Arquitectura bodeguera
     El entorno próximo al castillo de Santiago presenta una fisonomía urbana caracterizada por el predominio de bodegas. Configurado en pa­ralelo a una época de auge comercial del vino, producido a mediados del siglo XIX, este frente bodeguero del Barrio Alto se extiende desde la calle Luis de Eguílaz hasta la Avenida de la Constitución, diseminándose hacia el interior. Estas bodegas se sitúan al filo de la barranca y se orientan hacia los vientos de poniente, necesarios para la crianza de la manzanilla de Sanlúcar.
     Algunas de estas bodegas se instalaron en antiguos edificios eclesiásticos desamortizados, como la capilla de los jesuitas, el convento de San Agustín o la Casa Cilla, aunque un buen número se construyó de nueva planta. Las bodegas que se insertan en la trama urbana del interior del Barrio Alto son muy pequeñas y más antiguas, de las llamadas moriscas, que se adosaron a las casas de los comerciantes durante el siglo XVII, situándose en algunos casos graneros en la plan­ta superior. En el siglo XVIII aparecen pequeñas bodegas exentas cuyas fachadas dibujan el perfil escalonado de las cubiertas, asemejándose a las iglesias mudéjares. Características del siglo XIX son las bodegas medianas, cuyo interior se estructura bien en dos naves mediante arquería central sobre pilares rectangulares, bien recayen­do la cubierta directamente sobre los pilares a través de una viga madre y zapatas de transición. Este sencillo módulo se multiplica en las bodegas más grandes que cuentan con múltiples naves hasta alcanzar las grandes proporciones de las bodegas llamadas «catedrales».
     Los rasgos arquitectónicos de las bodegas están en función de establecer un microclima interior de temperatura y humedad constantes. Se edifican altas y diáfanas naves, que pueden contener grandes volúmenes de aire, cuyas cubriciones son a dos aguas con viguería al interior y teja árabe al exterior. Los blancos y reflectantes paramentos se aperturan en su tercio superior con pequeñas ventanas  apaisadas que impiden la entrada del sol, al tiempo que permiten la aireación a través de celosías o esterones de esparto. En las fachadas principales se suelen abrir huecos de acceso de medio punto moldurados  y  un  frontón  superior cierra el ángulo de las cubiertas, en cuyo tímpano se sitúa un gran vano circular (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Muralla medieval
     En la calle Gitanos se conserva el único lienzo de la muralla  medieval que ha permanecido exento. El recinto murado fue construido por Guzmán el Bueno entre 1297 y 1309, el cual di­bujaba la forma de un polígono de cuatro lados casi rectangular. Con un perímetro total de unos 1.550 metros, poseía cuatro lienzos con torres y torreones y cuatro puertas. Todos los lados eran rectos, excepto el lienzo que miraba al mar si­tuado al filo de la barranca, que era el más largo y corría desde el Castillo de Santiago hasta la calle Almonte. Aún quedan restos de la muralla integrados en las casas del Barrio Alto. De las antiguas puertas sólo se conserva la Puerta de Rota, situada en la plaza de la Fuente Vieja. Aun­que muy reformada, se estructura mediante un gran arco de medio punto abierto en un muro de cantería irregular, coronándose en el centro con penacho lobulado y almenado piramidal (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El recinto formaba un cuadrilátero en el que había cuatro puertas; la única que se conserva hoy día es la Puerta de Rota, por la que se bajaba a la Cuesta del Ganado.
     Debido a los ataques de los musulmanes a Sanlúcar, tanto por mar como tierra, D. Alonso Pérez de Guzmán dispuso la construcción de las nuevas murallas de la ciudad para resguardarla de estos ataques. Aunque no se sabe exactamente el año en que se ejecutó la obra, es probable que fuera en el siglo XII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

La Almona
     La plaza de la Divina Pastora está protagonizada por esta antigua fábrica de jabón, que fue construida a finales del siglo XVII y ampliada en el siglo XVIII, siglo al que pertenece la crujía de fachada. Pertenecía a los Duques de Medina Sidonia, que la traspasaron en 1757 a la Casa de Medinaceli, hasta que se abolió este monopolio de la nobleza, vendiéndose en 1855 para bodegas. Es una de las pocas almonas andaluzas conservadas en su estructura original. Su amplia fachada presenta dos plantas donde se abren ventanas y balcones de forma simétrica, destacando la decoración geométrica de rombos y elipses de las pilastras que flanquean  la adintelada portada principal, presidida por escudo nobiliario. En el interior se conservan dos inte­resantes naves industriales donde se fabricaba el jabón, pues una tercera, del siglo XVII, ha sido demolida en 2002. Una de estas naves se cubre con armadura de madera a dos aguas que recae mediante encinchado en una arquería central de medio punto sobre sendos pilares rectangulares y cinchas de madera en los extremos; y la otra presenta planta rectangular y se cubre con bóvedas de cascarón, siendo ambas del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Casa del Marqués de Casa Arizón
     Situada entre las calles Divina Pastora y Banda de la Playa, este conjunto fue edificado por los Arizón, notable familia de cargadores a Indias. El abandonado recinto reviste una importancia excepcional por conservarse el conjunto completo de dependencias específicas de su doble vertiente residencial y comercial. La planta casi rectangular se organizó alrededor de un núcleo residencial del siglo XVII, al que se accede a través de la puerta del apeadero, estructurada mediante vano carpanel entre pilastras cajeadas que se corona con frontón curvo y roto donde se aloja el escudo de Arizón. En la crujías aledañas a la calle Banda Playa se ubicaban las bodegas, almacenes y demás dependencias propias del tráfico comercial.
     Estilísticamente, las dos zonas residenciales adoptan las trazas propias de las casas-palacio del barroco sevillano mediante cuatro crujías preferentes en torno a un patio central columnado. La fachada de la casa del siglo XVII ofrece una doble galería porticada con arcos de medio punto sobre pilares en el cuerpo inferior y arcos rebajados sobre pilares en el superior. La fachada de la casa edificada en 1730, abierta a la calle Divina Pastora, se resuelve en dos plantas y ático. En disposición simétrica se abren carce­leras en planta baja y cierros con balcón central en la superior, el cual recae sobre tornapuntas de forja. La portada adintelada está flanqueada con pilastras y clásico friso en el entablamento. El ornamental ático, de menor altura, se ordena mediante una sucesión de vanos de medio punto entre pilastras, situándose en las zonas intermedias decoración de dobles óculos ciegos elípticos y octogonales. Por encima del tejado sobresale una esbelta torre-mirador del tipo de sillón. Tanto el exterior de la torre como el ático y oratorio presentan decoración geométrica de lacería incisa en mortero bicolor almagra y blanco.
     Del interior destaca el espacioso zaguán con poyo lateral corrido y solería de ladrillo a sardinel; el portón de madera americana ricamente tallado en su cara interna; el brocal del pozo octogonal de mármol blanco y probable origen genovés; el mármol rojo de las columnas del patio; la escalera con barandilla salomónica y bóveda esquifada con yeserías de cartón recortado; y las formas conventuales de portajes y celosías. En la planta alta se sitúa un oratorio abovedado, que está totalmente pintado al fresco con iconografía de signo mariano y estilo rococó (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Edificada entre el último tercio del siglo XVII y la primera mitad del XVIII, el inmueble constituye el único conjunto urbano de la ciudad que contiene y conserva, tipológicamente, todos los elementos propios que configuraron las típicas casas de los cargadores de Indias y que, en líneas generales, responden a una doble funcionalidad: Residencia familiar y almacenaje. De autor desconocido, debió ser en el siglo XVIII cuando se edificaron, o al menos rehabilitaron en estilo barroco, las zonas más monumentales del conjunto arquitectónico.
     Arquitectónicamente, la Casa Arizón conjuga una superposición de elementos, que o responden a una unidad arquitectónica homogénea, sino que fueron el resultado de sucesivas ampliaciones, transformaciones y agregaciones, realizadas en el transcurso del tiempo, y que se traducen, entre otros, en la existencia de dos viviendas familiares y numerosos patios interiores, almacenes y bodegas.
     La casa tenía bien diferenciada la zona de vivienda y la de utilización comercial, ya que son perceptibles espacios funcionalmente distintos, dando pie a una disposición irregular; dos zonas de residencia entre las que se distribuyen espacios de almacén de bóvedas altas y arquerías. Esta disposición podría deberse a que las distintas partes que la integran no son contemporáneas. Las huellas de la función comercial de la casa son perceptibles incluso en las señales que ha dejado en el mármol el continuo trasiego de carretas. Además, dada la buena relación que existía entre los Arizón y la Corona, parte de la casa fue cedida para ser convertida en almacenes reales en tiempos de Felipe V. La construcción se remata con un mirador de perfecta orientación para divisar la llegada de las embarcaciones. 
     Desde principios de este siglo la casa de los Arizón comenzó a ser abandonada, por lo que a su función residencial se refiere. En la actualidad parte del edificio se encuentra alquilado para uso industrial y parte sigue conservando un uso residencial como vivienda veraniega. La Casa Arizón se distingue por conservar aún hoy la totalidad de las características de una casa de comerciante de Ultramar, contando con dependencias residenciales, de almacenaje, patios y mirador. La finca se compone de una serie de edificaciones agrupadas entre sí que constituyen el conjunto del inmueble, pudiéndose distinguir la edificación principal o zona destinada a la habitación de la familia, dependencias destinadas a almacenes y la zona de servicio. 
     La zona noble se desarrolla en torno a un patio cuadrado con galería circundante en planta baja y alta con arcos y columnas de mármol rojo en planta baja y balcones en planta alta. En una esquina de la galería se sitúa la escalera que comunica ambas plantas. Se accede al resto de las dependencias desde la galería situada en torno a ésta. También adosada a la galería se sitúa el torreón desde el que se divisa la llegada de los barcos. El sector destinado a almacenes se sitúa de forma opuesta con acceso desde la banda de la Playa, destacando una zona abovedada de gran altura en planta baja que se adosa a un segundo patio cuadrado con galería en ambas plantas, de arcos y columnas en la baja y balcones en la superior. De la fachada destaca la puerta principal con dos pilastras planas, con capitel dórico y amplio dintel moldurado sobre el que descansa un amplio balcón de la planta superior. Se completa con carceleras en planta primera, todas ellas protegidas como guardapolvos de madera y balcones con huecos de medio punto en planta segunda intercalándose con ojos de buey ochavados.
     La estructura portátil vertical se resuelve mediante muros de carga de espesores entre 60 y 70 centímetros ejecutados con ladrillo y tapial. Los forjados de madera con alfajías del mismo material y ladrillo portabla. La cubierta del patio es de azotea accediéndose desde la torre. El resto es de cubierta a dos aguas de teja árabe construida mediante cerchas de madera y tablazón. En la zona de los almacenes se emplean pilastras y bóvedas de aristas en piedra ostionera. La edificación se conserva con muy pocos cambios salvo la zona de almacenes que fue acondicionada para acuartelamiento de la guardia civil. Aparece la edificación principal como casa-palacio de magníficas proporciones y gran calidad de composición, aunque es de difícil percepción.
     El origen histórico de este inmueble aparece íntimamente ligado a la familia de los Arizón, pertenecientes a la burguesía comercial catalana que, a principios del siglo XVIII, se instaló en Sanlúcar de Barrameda para ejercer el comercio con las Indias.
     El propietario de esta casa pertenecía a una familia que procedía de Irlanda, de donde había huido por razones de índole religioso, y que se asentaría en Cataluña. Desde aquí el padre de Salvador Jacinto Arizón se trasladaría a Sanlúcar, iniciándose la presencia de una familia que jugó un papel importante en la vida comercial de la ciudad. La construcción de la casa se va a realizar sobre un solar que en esos momentos se encuentra más próximo al mar que en la actualidad y en una calle de denominación distinta, la acalle de la Bolsa. La amplísima superficie actual del edificio, de unos cinco mil metros cuadrados, es producto de una actuación en el entorno, ya que en su origen el solar se encontraba cruzado por una calle (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de la Salle (Plaza del Pradillo)
     Se formó delante de la antigua ermita de San Juan Bautista, transformada luego en iglesia de San Juan. En un edificio situado en uno de los ángulos de la plaza, se conserva la bóveda del altar mayor, fechable hacia 1615. Junto al anti­guo templo, haciendo esquina, existe una casa del siglo XVII, donde estuvo la Casa de Expósitos, en cuya fachada barroca se produce un efectista juego entre las molduras y frontones rectos que enmarcan los numerosos vanos. La fuente de mármol que centra la plaza fue donada por el Duque de Montpensier en 1858.
     El mayor protagonismo de este espacio urbano lo acapara la antigua casa de Moreda, que ocupa todo un frente de la plaza. Fue edificada en 1662 y reformada en el siglo XVIII. La amplia fachada se organiza en dos plantas y ático, abriéndose en las dos primeras una serie de vanos simétricos cerrados en su mayoría con rejas de forja, mientras que el ático está recorrido por una sucesión de balconcillos rebajados entre pilastras. Por la clasicista portada principal se accede al patio por una puerta lateral situada en el zaguán, el cual se articula mediante arquerías de medio punto sobre columnas de mármol blanco en el primer cuerpo y balcones entre pilastras en el segundo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada
     La Calzada es el paseo por excelencia de Sanlúcar y uno de los ámbitos urbanos más emblemáticos de la ciudad. Durante el primer tercio del siglo XX fue el centro de la vida veraniega. En el año 1794 se configuró como un paseo, pero la fisonomía actual deriva del ensanche realizado en 1901.
     De la época dorada de este paseo se conserva el antiguo Círculo Mercantil, rehabilitado como Oficina Municipal de Turismo; y el pequeño pa­bellón frontero conocido como «La Rifa», que fue edificado en el año 1929 para celebrar sorteos de beneficencia y está construido en ladrillo visto con decoración cerámica. Son dos huellas del importante arraigo que la estética regionalista tuvo en la ciudad.
     Además, en el frente izquierdo del paseo han pervivido algunas casonas de la época, entre las que cabe destacar las dos gemelas de tipo casticista edificadas en el año 1921 por Vicente Tra­ver y Tomás.
     El inicio del paseo de La Calzada está presidido por tres destacados edificios, ocupando uno de ellos el frente principal de la plaza de los Cis­nes. Se trata del antiguo hotel Los Cisnes, hoy rehabilitado para oficinas y apartamentos. En su exterior, de carácter romántico, se combinan los polícromos azulejos con los encajes que dibujan las rejerías decorativas de pretiles y balcones, acercándose ya a las formas modernistas.
     Aledaños a esta plaza y abriendo el paseo se encuentra una antigua villa edificada por Patricio Garvey en el año 1902, hoy oficinas municipales; y el actual Hotel Tartaneros, del año 1914 y corte modernista, en cuyas fachadas la decoración ce­rámica y la rica rejería se entreteje sobre el ritmo apilastrado que estructura el exterior, destacan­do los balcones esquineros, el pórtico de entrada y la terraza superior con pretiles abalaustrados (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Jardín histórico de Las Piletas
     En lugar próximo a la playa, este jardín tiene su origen en los preexistentes manantiales de aguas ferruginosas con propiedades medicinales. El conjunto dibuja una planta de cruz latina, en cuya cabecera semicircular se concentran los elementos más significativos. Las primeras obras de embellecimiento fueron realizadas en 1809 por el Duque de Osuna, quien patrocinó la formación del paseo y la construcción de la glorieta, centrada por un brocal de pozo y las tres estatuas neoclásicas de La Fama, Hipócrates y Galeno, junto a dos Pegasos desaparecidos. En los primeros años del siglo XX el Ayuntamiento concedió a Torcuato Luca de Tena la explotación de esta agua, quien edificó el pabellón alto que rodea a la glorieta con forma semicircular, al que se accede mediante un par de rampas escalonadas ubicadas en los laterales, cubriéndose el mirador con una pérgola de cerrajería decorada con motivos vegetales. También en esta época se colocaron los bancos en el paseo y se amplió la zona plantándose frondosos jardines y vegeta­ción autóctona de interés botánico (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El jardín se sitúa a las afueras de la localidad, al abrigo de la Barranca del Espíritu Santo, en un entorno antiguamente poblado por huertos de mar o navazos, característicos de la zona. Su origen se encuentra en los manantiales de agua fresca que manan del lugar.
     Las características ambientales óptimas del paraje en que se encuentra motivaron que el Jardín de las Piletas adquiriesen una relevancia social importante en la localidad, convirtiéndose en lugar de paseo de la población de Sanlúcar a lo largo de los siglos XIX y XX.
     El jardín se sitúa al Este de la Barranca del Espíritu Santo, que se contempla como telón de fondo, poblado de vegetación, a la sencilla composición del conjunto. Éste se constituye como recinto cerrado desde la intervención que experimenta a inicios del siglo XX, y se inicia en un portal de acceso marcado por cuatro pilastras y rejas de fundición, desde el cual se aprecia una perspectiva del pequeño paseo que conduce a la glorieta final.
     Este paseo está bordeado por dos parterres poblados de arbustos y especies forales, y está marcado por la presencia de plátanos de gran porte a ambos lados, entre los cuales se colocan bancos de fundición que invitan a la contemplación del paisaje y los visitantes. El recorrido longitudinal culmina en una glorieta de trazado irregular, aunque próximo a la elipse, con dos niveles unidos por dos escalinatas simétricas a Norte y Sur.
     En esta glorieta se localiza la gran pilastra que preside el conjunto, sobre la cual se elevaba una estatua dedicada a la Fama, hoy ausente, a cuyos pies se encuentra el brocal de la fuente originaria. A ambos lados de este elemento central, otras dos pilastras que antaño sostenían sendas esculturas de Hipócrates y Galeno, también hoy desaparecidas. 
     En la trasera de la pilastra principal, y aprovechando el desnivel de terreno, una galería cubierta por un emparrado sostenido por una estructura de fundición ofrece un lugar apartado para la reflexión. Este recorrido a dos niveles que circunda el espacio de la glorieta está marcado por muros bajos de mampuestos de piedra ostionera sin desbastar, que le confieren un aspecto pintoresco.
     La reforma que desde 2010 se ejecuta en el Jardín tiene como objeto sustituir la pavimentación de albero compactado original por un solado de ladrillo de barro cocido, así como la introducción de una fuente longitudinal en el paseo y la dotación de iluminación al conjunto.
     El origen del jardín se sitúa en el año 1809, cuando el Duque de Osuna ordena la construcción de la glorieta y el paseo de acceso al conjunto, para marcar la primera fuente del manantial conocida como "Las Piletas Viejas". En 1862 tuvo lugar el descubrimiento de un nuevo manantial, conocido como "Pozo Escolapio".
     La mayor transformación del conjunto hasta nuestros días tuvo lugar a inicios del siglo XX, cuando Torcuato Luca de Tena, que había obtenido del Ayuntamiento de Sanlúcar la cesión del jardín, incorporó el recorrido elevado de la glorieta, así como el ajardinamiento del paseo de acceso. También se ordenó la construcción de una lápida sobre el tercer manantial descubierto en el lugar, que fue bautizado como "San Fernando"
     Tras años de abandono y descuido, el jardín se encuentra en proceso de reformas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fuerte de San Salvador
     Un poco más allá de Bajo de Guía, en el camino de Bonanza, se encuentra esta fortaleza semienterrada bajo las dunas litorales. Fue edificado en 1627 por orden de Felipe II, y sus trazas corrieron a cargo de Juseppe Gómez de Mendo­za, ingeniero real y maestro mayor de las fortificaciones de Cádiz.
     El fuerte pasó a la Corona en 1645, aunque quedó abandonado poco después de su construc­ción por resultar pequeño para cumplir sus fun­ciones, pues no podía contener más que cuatro piezas de artillería. El edificio tiene planta rectangular abaluartada con terraplén y cañoneras, situándose en los vértices de los baluartes traseros sendas garitas de sillería cubiertas con bóvedas semiesféricas de ladrillo.
     La puerta de entrada se ubica en la retaguardia hallándose actualmente cubierta por las dunas. El revestimiento de mortero exterior presenta decoración de esgrafiados geométricos y otras diversas figuras (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Se compone de un cuadrado, y por el frente del río está abaluartado con terraplen, cañoneras, y en el interior cuerpo de guardia, repuesto y almacenes. Es de piedra de sillería, pero demasiado pequeño para el objetivo con que se hizo, por no poder contener más que cuatro piezas.
     Para la defensa del puerto de Bonanza mandó, en el año 1627, el VIII Duque de Medina Sidonia, D. Manuel Guzmán el Bueno, construir este castillo en la playa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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