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martes, 9 de enero de 2024

Los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz.


Arquitectura civil doméstica
     Las calles aledañas al palacio Orleáns-Borbón son soporte de uno de los más destacados ámbitos de arquitectura civil doméstica del Barrio Alto. En este entorno perviven una serie de casas de los siglos XVII y XVIII, cuyas fachadas fueron reformadas en su mayoría durante el XIX según las ordenanzas academicistas. Este caserío se dis­tingue por la elegancia y sobriedad propias de la casa-patio del barroco sevillano. Siguiendo tales coordenadas, estas edificaciones se desarrollan en planta regular distribuyendo sus dependencias alrededor del patio principal, al que se suele agregar un segundo patio secundario y jardín.
     En ocasiones sobresale en el tejado la torre-mi­rador propia de las casas de cargadores a Indias, que en su mayor parte pertenecen al siglo XVII y se cubren con tejados a cuatro aguas, aunque también se localizan algunos ejemplos del tipo de sillón.
     Cerradas al exterior a través del recio portón, estas casas mantienen la tradición hispano-árabe de vivir hacia el patio interior, quedando cerradas hacia la calle por las altas tapias de los jardines. Divididas en dos plantas y, a veces, ático o soberao superior de menor altura, destaca la equilibrada composición de sus huecos en fachada, tratándose con mayor riqueza decorativa la puerta principal, cuyo balcón superior se suele cubrir con el tradicional guardapolvo de origen musulmán. La decoración se concentra en la portada, en ocasiones de sillería tallada, cuyo acceso queda enmarcado con molduras casi siem­pre quebradas, completándose la ornamentación con herrajes, barandillas y tornapuntas. En origen estas blancas fachadas estuvieron revestidas con pintura mural de motivos geométricos y vegetales, de la que se conservan algunos restos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Plaza de la Paz
     Su origen se encuentra en el alcázar hispano­ árabe edificado en este lugar, por lo que se denominó plaza del Alcázar Viejo y luego plaza Alta o plaza de Arriba. Se convirtió en el centro cívico, comercial y festivo de la villa medieval. El prota­gonismo urbano quedaba avalado por su estratégica situación, prácticamente en el centro de las antiguas Puertas de la muralla. De ella partieron las principales calles cristianas y en su confluen­cia se levantaron los edificios más significativos, como la Iglesia Mayor, Palacio Ducal, Casa del Cabildo, Alhóndiga, Pósito, Cárcel o despachos de los escribanos. Actualmente la plaza conserva parte de su vieja fisonomía, conservándose la iglesia mayor, el palacio ducal, la amplia fachada almenada del reconstruido Pósito, edificado en 1736 y ampliado en 1753; y la academicista fachada de la Real Cárcel, reedificada en 1716 y reformada en el siglo XIX que hoy es conservatorio de música. Estos edificios siguen prestando cierta relevancia arquitectónica al antiguo cora­zón urbano de Sanlúcar (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

antiguo Convento de los Jesuitas
     Situado en la calle Luis de Eguílaz, se conserva la portada principal y los tres antiguos claustros. El conjunto de convento, iglesia y colegio fue realizado en 1717. Tras marcharse la comunidad jesuita, en 1767, el edificio tuvo diversos usos hasta que fue rehabilitado para viviendas en 1987. La iglesia, de nave rectangular, se mantuvo abierta al culto, pero durante la invasión francesa sufrió un incendio que provocó la pérdida de su cubierta principal, aunque se conserva la bóveda de la capilla sacramental, añadida en el lado de la epístola, siendo propiedad actual de Bodegas Barbadillo. La portada adintelada del convento está flanqueada por dobles columnas adosadas que reposan en elevado basamento y se corona con agudo entablamento sobre el que se abrió un balcón con posterioridad. El depurado claustro principal está configurado por dos cuerpos, formado el primero por arquerías de medio punto sobre esbeltas columnas de mármol blanco y cerrado el superior con balcones moldurados entre pilastras (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

antigua Casa Cilla (Bodegas Barbadillo)
     El Arzobispado edificó en 1782 esta nueva Casa de Diezmos. El edificio sirvió a su primer destino hasta que se abolieron los diezmos en 1841, siendo adquirida en 1939 por la empresa vinatera Barbadillo que instaló aquí su sede administrativa y bodegas. La edificación presenta planta casi rectangular distribuyéndose las dependencias en torno a dos patios. La fachada con portada adintelada se encuentra muy transformada.
     El amplio patio principal se configura en planta baja mediante arquerías de medio punto sobre columnas de mármol blanco, cerrándose el piso alto mediante balcones entre pilastras. En un lateral se sitúa una escalera monumental con azulejería de la época. También se conservan en planta alta unas armaduras de madera de lima bordón con lacerías estrelladas que parecen de un edificio anterior del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Arquitectura bodeguera
     El entorno próximo al castillo de Santiago presenta una fisonomía urbana caracterizada por el predominio de bodegas. Configurado en pa­ralelo a una época de auge comercial del vino, producido a mediados del siglo XIX, este frente bodeguero del Barrio Alto se extiende desde la calle Luis de Eguílaz hasta la Avenida de la Constitución, diseminándose hacia el interior. Estas bodegas se sitúan al filo de la barranca y se orientan hacia los vientos de poniente, necesarios para la crianza de la manzanilla de Sanlúcar.
     Algunas de estas bodegas se instalaron en antiguos edificios eclesiásticos desamortizados, como la capilla de los jesuitas, el convento de San Agustín o la Casa Cilla, aunque un buen número se construyó de nueva planta. Las bodegas que se insertan en la trama urbana del interior del Barrio Alto son muy pequeñas y más antiguas, de las llamadas moriscas, que se adosaron a las casas de los comerciantes durante el siglo XVII, situándose en algunos casos graneros en la plan­ta superior. En el siglo XVIII aparecen pequeñas bodegas exentas cuyas fachadas dibujan el perfil escalonado de las cubiertas, asemejándose a las iglesias mudéjares. Características del siglo XIX son las bodegas medianas, cuyo interior se estructura bien en dos naves mediante arquería central sobre pilares rectangulares, bien recayen­do la cubierta directamente sobre los pilares a través de una viga madre y zapatas de transición. Este sencillo módulo se multiplica en las bodegas más grandes que cuentan con múltiples naves hasta alcanzar las grandes proporciones de las bodegas llamadas «catedrales».
     Los rasgos arquitectónicos de las bodegas están en función de establecer un microclima interior de temperatura y humedad constantes. Se edifican altas y diáfanas naves, que pueden contener grandes volúmenes de aire, cuyas cubriciones son a dos aguas con viguería al interior y teja árabe al exterior. Los blancos y reflectantes paramentos se aperturan en su tercio superior con pequeñas ventanas  apaisadas que impiden la entrada del sol, al tiempo que permiten la aireación a través de celosías o esterones de esparto. En las fachadas principales se suelen abrir huecos de acceso de medio punto moldurados  y  un  frontón  superior cierra el ángulo de las cubiertas, en cuyo tímpano se sitúa un gran vano circular (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Muralla medieval
     En la calle Gitanos se conserva el único lienzo de la muralla  medieval que ha permanecido exento. El recinto murado fue construido por Guzmán el Bueno entre 1297 y 1309, el cual di­bujaba la forma de un polígono de cuatro lados casi rectangular. Con un perímetro total de unos 1.550 metros, poseía cuatro lienzos con torres y torreones y cuatro puertas. Todos los lados eran rectos, excepto el lienzo que miraba al mar si­tuado al filo de la barranca, que era el más largo y corría desde el Castillo de Santiago hasta la calle Almonte. Aún quedan restos de la muralla integrados en las casas del Barrio Alto. De las antiguas puertas sólo se conserva la Puerta de Rota, situada en la plaza de la Fuente Vieja. Aun­que muy reformada, se estructura mediante un gran arco de medio punto abierto en un muro de cantería irregular, coronándose en el centro con penacho lobulado y almenado piramidal (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El recinto formaba un cuadrilátero en el que había cuatro puertas; la única que se conserva hoy día es la Puerta de Rota, por la que se bajaba a la Cuesta del Ganado.
     Debido a los ataques de los musulmanes a Sanlúcar, tanto por mar como tierra, D. Alonso Pérez de Guzmán dispuso la construcción de las nuevas murallas de la ciudad para resguardarla de estos ataques. Aunque no se sabe exactamente el año en que se ejecutó la obra, es probable que fuera en el siglo XII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

La Almona
     La plaza de la Divina Pastora está protagonizada por esta antigua fábrica de jabón, que fue construida a finales del siglo XVII y ampliada en el siglo XVIII, siglo al que pertenece la crujía de fachada. Pertenecía a los Duques de Medina Sidonia, que la traspasaron en 1757 a la Casa de Medinaceli, hasta que se abolió este monopolio de la nobleza, vendiéndose en 1855 para bodegas. Es una de las pocas almonas andaluzas conservadas en su estructura original. Su amplia fachada presenta dos plantas donde se abren ventanas y balcones de forma simétrica, destacando la decoración geométrica de rombos y elipses de las pilastras que flanquean  la adintelada portada principal, presidida por escudo nobiliario. En el interior se conservan dos inte­resantes naves industriales donde se fabricaba el jabón, pues una tercera, del siglo XVII, ha sido demolida en 2002. Una de estas naves se cubre con armadura de madera a dos aguas que recae mediante encinchado en una arquería central de medio punto sobre sendos pilares rectangulares y cinchas de madera en los extremos; y la otra presenta planta rectangular y se cubre con bóvedas de cascarón, siendo ambas del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Casa del Marqués de Casa Arizón
     Situada entre las calles Divina Pastora y Banda de la Playa, este conjunto fue edificado por los Arizón, notable familia de cargadores a Indias. El abandonado recinto reviste una importancia excepcional por conservarse el conjunto completo de dependencias específicas de su doble vertiente residencial y comercial. La planta casi rectangular se organizó alrededor de un núcleo residencial del siglo XVII, al que se accede a través de la puerta del apeadero, estructurada mediante vano carpanel entre pilastras cajeadas que se corona con frontón curvo y roto donde se aloja el escudo de Arizón. En la crujías aledañas a la calle Banda Playa se ubicaban las bodegas, almacenes y demás dependencias propias del tráfico comercial.
     Estilísticamente, las dos zonas residenciales adoptan las trazas propias de las casas-palacio del barroco sevillano mediante cuatro crujías preferentes en torno a un patio central columnado. La fachada de la casa del siglo XVII ofrece una doble galería porticada con arcos de medio punto sobre pilares en el cuerpo inferior y arcos rebajados sobre pilares en el superior. La fachada de la casa edificada en 1730, abierta a la calle Divina Pastora, se resuelve en dos plantas y ático. En disposición simétrica se abren carce­leras en planta baja y cierros con balcón central en la superior, el cual recae sobre tornapuntas de forja. La portada adintelada está flanqueada con pilastras y clásico friso en el entablamento. El ornamental ático, de menor altura, se ordena mediante una sucesión de vanos de medio punto entre pilastras, situándose en las zonas intermedias decoración de dobles óculos ciegos elípticos y octogonales. Por encima del tejado sobresale una esbelta torre-mirador del tipo de sillón. Tanto el exterior de la torre como el ático y oratorio presentan decoración geométrica de lacería incisa en mortero bicolor almagra y blanco.
     Del interior destaca el espacioso zaguán con poyo lateral corrido y solería de ladrillo a sardinel; el portón de madera americana ricamente tallado en su cara interna; el brocal del pozo octogonal de mármol blanco y probable origen genovés; el mármol rojo de las columnas del patio; la escalera con barandilla salomónica y bóveda esquifada con yeserías de cartón recortado; y las formas conventuales de portajes y celosías. En la planta alta se sitúa un oratorio abovedado, que está totalmente pintado al fresco con iconografía de signo mariano y estilo rococó (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Edificada entre el último tercio del siglo XVII y la primera mitad del XVIII, el inmueble constituye el único conjunto urbano de la ciudad que contiene y conserva, tipológicamente, todos los elementos propios que configuraron las típicas casas de los cargadores de Indias y que, en líneas generales, responden a una doble funcionalidad: Residencia familiar y almacenaje. De autor desconocido, debió ser en el siglo XVIII cuando se edificaron, o al menos rehabilitaron en estilo barroco, las zonas más monumentales del conjunto arquitectónico.
     Arquitectónicamente, la Casa Arizón conjuga una superposición de elementos, que o responden a una unidad arquitectónica homogénea, sino que fueron el resultado de sucesivas ampliaciones, transformaciones y agregaciones, realizadas en el transcurso del tiempo, y que se traducen, entre otros, en la existencia de dos viviendas familiares y numerosos patios interiores, almacenes y bodegas.
     La casa tenía bien diferenciada la zona de vivienda y la de utilización comercial, ya que son perceptibles espacios funcionalmente distintos, dando pie a una disposición irregular; dos zonas de residencia entre las que se distribuyen espacios de almacén de bóvedas altas y arquerías. Esta disposición podría deberse a que las distintas partes que la integran no son contemporáneas. Las huellas de la función comercial de la casa son perceptibles incluso en las señales que ha dejado en el mármol el continuo trasiego de carretas. Además, dada la buena relación que existía entre los Arizón y la Corona, parte de la casa fue cedida para ser convertida en almacenes reales en tiempos de Felipe V. La construcción se remata con un mirador de perfecta orientación para divisar la llegada de las embarcaciones. 
     Desde principios de este siglo la casa de los Arizón comenzó a ser abandonada, por lo que a su función residencial se refiere. En la actualidad parte del edificio se encuentra alquilado para uso industrial y parte sigue conservando un uso residencial como vivienda veraniega. La Casa Arizón se distingue por conservar aún hoy la totalidad de las características de una casa de comerciante de Ultramar, contando con dependencias residenciales, de almacenaje, patios y mirador. La finca se compone de una serie de edificaciones agrupadas entre sí que constituyen el conjunto del inmueble, pudiéndose distinguir la edificación principal o zona destinada a la habitación de la familia, dependencias destinadas a almacenes y la zona de servicio. 
     La zona noble se desarrolla en torno a un patio cuadrado con galería circundante en planta baja y alta con arcos y columnas de mármol rojo en planta baja y balcones en planta alta. En una esquina de la galería se sitúa la escalera que comunica ambas plantas. Se accede al resto de las dependencias desde la galería situada en torno a ésta. También adosada a la galería se sitúa el torreón desde el que se divisa la llegada de los barcos. El sector destinado a almacenes se sitúa de forma opuesta con acceso desde la banda de la Playa, destacando una zona abovedada de gran altura en planta baja que se adosa a un segundo patio cuadrado con galería en ambas plantas, de arcos y columnas en la baja y balcones en la superior. De la fachada destaca la puerta principal con dos pilastras planas, con capitel dórico y amplio dintel moldurado sobre el que descansa un amplio balcón de la planta superior. Se completa con carceleras en planta primera, todas ellas protegidas como guardapolvos de madera y balcones con huecos de medio punto en planta segunda intercalándose con ojos de buey ochavados.
     La estructura portátil vertical se resuelve mediante muros de carga de espesores entre 60 y 70 centímetros ejecutados con ladrillo y tapial. Los forjados de madera con alfajías del mismo material y ladrillo portabla. La cubierta del patio es de azotea accediéndose desde la torre. El resto es de cubierta a dos aguas de teja árabe construida mediante cerchas de madera y tablazón. En la zona de los almacenes se emplean pilastras y bóvedas de aristas en piedra ostionera. La edificación se conserva con muy pocos cambios salvo la zona de almacenes que fue acondicionada para acuartelamiento de la guardia civil. Aparece la edificación principal como casa-palacio de magníficas proporciones y gran calidad de composición, aunque es de difícil percepción.
     El origen histórico de este inmueble aparece íntimamente ligado a la familia de los Arizón, pertenecientes a la burguesía comercial catalana que, a principios del siglo XVIII, se instaló en Sanlúcar de Barrameda para ejercer el comercio con las Indias.
     El propietario de esta casa pertenecía a una familia que procedía de Irlanda, de donde había huido por razones de índole religioso, y que se asentaría en Cataluña. Desde aquí el padre de Salvador Jacinto Arizón se trasladaría a Sanlúcar, iniciándose la presencia de una familia que jugó un papel importante en la vida comercial de la ciudad. La construcción de la casa se va a realizar sobre un solar que en esos momentos se encuentra más próximo al mar que en la actualidad y en una calle de denominación distinta, la acalle de la Bolsa. La amplísima superficie actual del edificio, de unos cinco mil metros cuadrados, es producto de una actuación en el entorno, ya que en su origen el solar se encontraba cruzado por una calle (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de la Salle (Plaza del Pradillo)
     Se formó delante de la antigua ermita de San Juan Bautista, transformada luego en iglesia de San Juan. En un edificio situado en uno de los ángulos de la plaza, se conserva la bóveda del altar mayor, fechable hacia 1615. Junto al anti­guo templo, haciendo esquina, existe una casa del siglo XVII, donde estuvo la Casa de Expósitos, en cuya fachada barroca se produce un efectista juego entre las molduras y frontones rectos que enmarcan los numerosos vanos. La fuente de mármol que centra la plaza fue donada por el Duque de Montpensier en 1858.
     El mayor protagonismo de este espacio urbano lo acapara la antigua casa de Moreda, que ocupa todo un frente de la plaza. Fue edificada en 1662 y reformada en el siglo XVIII. La amplia fachada se organiza en dos plantas y ático, abriéndose en las dos primeras una serie de vanos simétricos cerrados en su mayoría con rejas de forja, mientras que el ático está recorrido por una sucesión de balconcillos rebajados entre pilastras. Por la clasicista portada principal se accede al patio por una puerta lateral situada en el zaguán, el cual se articula mediante arquerías de medio punto sobre columnas de mármol blanco en el primer cuerpo y balcones entre pilastras en el segundo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada
     La Calzada es el paseo por excelencia de Sanlúcar y uno de los ámbitos urbanos más emblemáticos de la ciudad. Durante el primer tercio del siglo XX fue el centro de la vida veraniega. En el año 1794 se configuró como un paseo, pero la fisonomía actual deriva del ensanche realizado en 1901.
     De la época dorada de este paseo se conserva el antiguo Círculo Mercantil, rehabilitado como Oficina Municipal de Turismo; y el pequeño pa­bellón frontero conocido como «La Rifa», que fue edificado en el año 1929 para celebrar sorteos de beneficencia y está construido en ladrillo visto con decoración cerámica. Son dos huellas del importante arraigo que la estética regionalista tuvo en la ciudad.
     Además, en el frente izquierdo del paseo han pervivido algunas casonas de la época, entre las que cabe destacar las dos gemelas de tipo casticista edificadas en el año 1921 por Vicente Tra­ver y Tomás.
     El inicio del paseo de La Calzada está presidido por tres destacados edificios, ocupando uno de ellos el frente principal de la plaza de los Cis­nes. Se trata del antiguo hotel Los Cisnes, hoy rehabilitado para oficinas y apartamentos. En su exterior, de carácter romántico, se combinan los polícromos azulejos con los encajes que dibujan las rejerías decorativas de pretiles y balcones, acercándose ya a las formas modernistas.
     Aledaños a esta plaza y abriendo el paseo se encuentra una antigua villa edificada por Patricio Garvey en el año 1902, hoy oficinas municipales; y el actual Hotel Tartaneros, del año 1914 y corte modernista, en cuyas fachadas la decoración ce­rámica y la rica rejería se entreteje sobre el ritmo apilastrado que estructura el exterior, destacan­do los balcones esquineros, el pórtico de entrada y la terraza superior con pretiles abalaustrados (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Jardín histórico de Las Piletas
     En lugar próximo a la playa, este jardín tiene su origen en los preexistentes manantiales de aguas ferruginosas con propiedades medicinales. El conjunto dibuja una planta de cruz latina, en cuya cabecera semicircular se concentran los elementos más significativos. Las primeras obras de embellecimiento fueron realizadas en 1809 por el Duque de Osuna, quien patrocinó la formación del paseo y la construcción de la glorieta, centrada por un brocal de pozo y las tres estatuas neoclásicas de La Fama, Hipócrates y Galeno, junto a dos Pegasos desaparecidos. En los primeros años del siglo XX el Ayuntamiento concedió a Torcuato Luca de Tena la explotación de esta agua, quien edificó el pabellón alto que rodea a la glorieta con forma semicircular, al que se accede mediante un par de rampas escalonadas ubicadas en los laterales, cubriéndose el mirador con una pérgola de cerrajería decorada con motivos vegetales. También en esta época se colocaron los bancos en el paseo y se amplió la zona plantándose frondosos jardines y vegeta­ción autóctona de interés botánico (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El jardín se sitúa a las afueras de la localidad, al abrigo de la Barranca del Espíritu Santo, en un entorno antiguamente poblado por huertos de mar o navazos, característicos de la zona. Su origen se encuentra en los manantiales de agua fresca que manan del lugar.
     Las características ambientales óptimas del paraje en que se encuentra motivaron que el Jardín de las Piletas adquiriesen una relevancia social importante en la localidad, convirtiéndose en lugar de paseo de la población de Sanlúcar a lo largo de los siglos XIX y XX.
     El jardín se sitúa al Este de la Barranca del Espíritu Santo, que se contempla como telón de fondo, poblado de vegetación, a la sencilla composición del conjunto. Éste se constituye como recinto cerrado desde la intervención que experimenta a inicios del siglo XX, y se inicia en un portal de acceso marcado por cuatro pilastras y rejas de fundición, desde el cual se aprecia una perspectiva del pequeño paseo que conduce a la glorieta final.
     Este paseo está bordeado por dos parterres poblados de arbustos y especies forales, y está marcado por la presencia de plátanos de gran porte a ambos lados, entre los cuales se colocan bancos de fundición que invitan a la contemplación del paisaje y los visitantes. El recorrido longitudinal culmina en una glorieta de trazado irregular, aunque próximo a la elipse, con dos niveles unidos por dos escalinatas simétricas a Norte y Sur.
     En esta glorieta se localiza la gran pilastra que preside el conjunto, sobre la cual se elevaba una estatua dedicada a la Fama, hoy ausente, a cuyos pies se encuentra el brocal de la fuente originaria. A ambos lados de este elemento central, otras dos pilastras que antaño sostenían sendas esculturas de Hipócrates y Galeno, también hoy desaparecidas. 
     En la trasera de la pilastra principal, y aprovechando el desnivel de terreno, una galería cubierta por un emparrado sostenido por una estructura de fundición ofrece un lugar apartado para la reflexión. Este recorrido a dos niveles que circunda el espacio de la glorieta está marcado por muros bajos de mampuestos de piedra ostionera sin desbastar, que le confieren un aspecto pintoresco.
     La reforma que desde 2010 se ejecuta en el Jardín tiene como objeto sustituir la pavimentación de albero compactado original por un solado de ladrillo de barro cocido, así como la introducción de una fuente longitudinal en el paseo y la dotación de iluminación al conjunto.
     El origen del jardín se sitúa en el año 1809, cuando el Duque de Osuna ordena la construcción de la glorieta y el paseo de acceso al conjunto, para marcar la primera fuente del manantial conocida como "Las Piletas Viejas". En 1862 tuvo lugar el descubrimiento de un nuevo manantial, conocido como "Pozo Escolapio".
     La mayor transformación del conjunto hasta nuestros días tuvo lugar a inicios del siglo XX, cuando Torcuato Luca de Tena, que había obtenido del Ayuntamiento de Sanlúcar la cesión del jardín, incorporó el recorrido elevado de la glorieta, así como el ajardinamiento del paseo de acceso. También se ordenó la construcción de una lápida sobre el tercer manantial descubierto en el lugar, que fue bautizado como "San Fernando"
     Tras años de abandono y descuido, el jardín se encuentra en proceso de reformas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fuerte de San Salvador
     Un poco más allá de Bajo de Guía, en el camino de Bonanza, se encuentra esta fortaleza semienterrada bajo las dunas litorales. Fue edificado en 1627 por orden de Felipe II, y sus trazas corrieron a cargo de Juseppe Gómez de Mendo­za, ingeniero real y maestro mayor de las fortificaciones de Cádiz.
     El fuerte pasó a la Corona en 1645, aunque quedó abandonado poco después de su construc­ción por resultar pequeño para cumplir sus fun­ciones, pues no podía contener más que cuatro piezas de artillería. El edificio tiene planta rectangular abaluartada con terraplén y cañoneras, situándose en los vértices de los baluartes traseros sendas garitas de sillería cubiertas con bóvedas semiesféricas de ladrillo.
     La puerta de entrada se ubica en la retaguardia hallándose actualmente cubierta por las dunas. El revestimiento de mortero exterior presenta decoración de esgrafiados geométricos y otras diversas figuras (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Se compone de un cuadrado, y por el frente del río está abaluartado con terraplen, cañoneras, y en el interior cuerpo de guardia, repuesto y almacenes. Es de piedra de sillería, pero demasiado pequeño para el objetivo con que se hizo, por no poder contener más que cuatro piezas.
     Para la defensa del puerto de Bonanza mandó, en el año 1627, el VIII Duque de Medina Sidonia, D. Manuel Guzmán el Bueno, construir este castillo en la playa (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Arquitectura civil; plaza de la Paz; antiguo Convento de los Jesuitas; antigua Casa Cilla; Arquitectura bodeguera; Muralla medieval; Almona; Casa del Marqués de Casa Arizón; plaza de la Salle; plaza de los Cisnes y Paseo de la Calzada; Jardín histórico de Las Piletas; y Fuerte San Salvador) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (y VI), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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domingo, 7 de enero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santo Domingo; Iglesia de San Nicolás; Iglesia de San Francisco; Plaza de Toros; Zona Costera: Colegio de los Maristas; antiguas Casas de Veraneantes; y Convento de Capuchinos) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (V), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santo Domingo; Iglesia de San Nicolás; Iglesia de San Francisco; Plaza de Toros; Zona Costera: Colegio de los Maristas; antiguas Casas de Veraneantes; y Convento de Capuchinos) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (V), en la provincia de Cádiz.



Parroquia de Santo Domingo
     Patrocinado por los Duques de Medina Sidonia el antiguo convento fue finalizado en 1548. La edificación del templo, realizada totalmente en sillería, es de estilo renacentista y estuvo dirigi­da, entre 1564 y 1570, por Francisco Rodríguez Cumplido y Francisco de Carona, según las trazas de Hernán Ruiz II.
     En la única nave, de planta rectangular, se inscribe una cruz latina, insertándose entre sus contrafuertes seis capillas conectadas entre sí. Estas capillas se enmarcan con pilastras de orden jónico y se cubren con bóvedas vaídas. En el crucero se alza una cúpula semiesférica acasetonada, que apea sobre tambor poligonal y, a su vez, sobre arcos torales mediante sistema de trompas aveneradas. La cabecera plana se cubre con bóveda de cañón acasetonada. En las bóvedas de los brazos del crucero aparecen dibujos geométricos de inspiración serliana. Cada uno de los tres tramos de la nave se cubre mediante bóveda vaída entre arcos fajones. La rebajada bóveda del sotocoro ofrece una decoración acasetonada con rosetones y escudos de la casa de Niebla, situándose en las enjutas del arco frontal relieves con la Defensa de Tarifa por Guzmán el Bueno.
     El exterior del edificio se encuentra coronado por un antepecho de piedra calada con clásicos jarrones sobre pedestales, que confieren al templo un aspecto fortificado. La portada del compás, finalizada en el año 1606, es obra de Cristó­bal de Rojas con influencias de Hernán Ruiz II. Se configura mediante arco de medio punto dovelado, que está flanqueado por pilastras almohadilladas y coronado por un frontón trapezoidal en cuyo tímpano se sitúa el escudo dominico, coronándose con tres remates piramidales sobre cuatro esferas de inspiración herreriana. En la fachada de los pies se siguen semejantes parámetros. Se organiza mediante un acceso con arco de medio punto flanqueado con pilastras almohadi­lladas, coronándose con un frontón recto y roto que alberga un relieve alusivo a Santo Domingo, a cuyos lados se hallan escudos ducales y domi­nicos, completándose el conjunto con un gran vano circular.
     La torre recuerda la arquitectura militar de la época. De planta cuadrangular, sobre la caña de base se sitúa una pétrea espadaña con dos ar­cos dovelados de medio punto, que albergan dos campanas superpuestas en cada vano, reposando sobre ésta una espadañita superior. A su lado se ubica una torrecilla circular abovedada con vanos que evocan las saetías militares.
     El retablo mayor, obra de Pedro de Asencio de 1761 y estilo rococó, se estructura mediante columnas en banco, un cuerpo con tres calles y amplio ático superior, todo decorado con tarjas y rocallas. En camarín central alberga una figura del Sagrado Corazón, sobre el que se ubica una hornacina con pequeña imagen de la Inmaculada del siglo XVIII. En las calles laterales apare­cen las imágenes de San Francisco, del siglo XVII y Santo Domingo, que es obra de Miguel Adán, del siglo XVI, procedente del antiguo retablo mayor. Adosados a los muros laterales del altar mayor aparecen retablos-sepulcros de arcosolio de los Condes de Niebla, ejecutados en madera jaspeada y yeso por Francisco de la Gándara y Martín Christián en 1606, que al parecer sustituyeron a otros más antiguos de alabastro. En ellos se sitúan esculturas de los Condes y sus hijos en actitud orante.
     En el lado derecho del crucero se sitúa la capilla de la Virgen del Rosario, que se encuen­tra pintada al fresco, aunque en mal estado de conservación. En su retablo salomónico, dorado en 1773, se ubica una imagen de la Virgen del Rosario del siglo XVII, llamada popularmente «La Galeona». Debajo se sitúa un pequeño cru­ciftjo de marfil hispano-filipino. En el lado fron­tero del crucero se encuentra la capilla del Dulce Nombre, presidida por un retablo dorado de la segunda mitad del siglo XVIII, que está centrado por una talla del Niño Jesús del siglo XVII. La primera capilla del lado del evangelio está dedicada a Santo Domingo, cuya imagen de vestir es del siglo XVII. Le sigue la capilla de la Anunciación con retablo del siglo XVI, al que falta el banco, el cual está estructurado mediante columnas jónicas de fuste estriado por un cuerpo con tres calles y un ático con relieve de Dios Padre y se halla centrado centrado por un relieve de la Anunciación. A ambos lados se sitúan dos lienzos de Santo Domingo y Santo Tomás de Aquino, del mismo siglo. En el lado de la epístola destaca la capilla del protobarroco Cristo de los Milagros, cuya imagen fue realizada por Miguel Adán en el siglo XVI y se alzaba en el ático del antiguo retablo mayor. Junto a la Virgen de las Penas, del siglo XVIII y atribuida a Juan de Astorga, son titulares de la hermandad de su nombre. En la última capilla de este lado, dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro, del siglo XVIII, se en­cuentra el retablo-tabernáculo de Santo Tomás de Aquino, del siglo XVI, estructurado mediante columnas de fuste estriado y pilastras en los ex­tremos.
     Entre las obras que contiene el templo destaca un Jesús atado a la Columna, probable obra de Miguel Adán del XVI; el frontal de plata del altar mayor, del siglo XVII; una pequeña pintura sobre tabla con la Virgen y el Niño, de finales del XV o principios del XVI y estilo hispano-flamenco; una Sagrada Familia del siglo XVII de escue­la italiana; la Virgen de la Ternura, del siglo XVI, de escuela cuzqueña; y un Descendimiento de fi­nales del siglo XVI o principios del XVII. Tras la desamortización, el convento se convirtió en bodegas. Integrados en el conjunto bodeguero de Herederos de Argüeso se conservan algunas portadas y un alfarje plano de madera policro­mada con motivos serlianos de punta de diaman­te, perteneciente a la sacristía del siglo XVI (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El templo, a no dudar el edificio de mas categoría arquitectónica de la ciudad y de la comarca, fue realizado entre los años 1558 y 1570 bajo el patronazgo de Juan Claros de Guzmán, Conde de Niebla y su esposa, Leonor Manríquez de Sotomayor y Zúñiga, cuyos mausoleos, de factura escurialense, ocupan los muros guarderos del testero. Las trazas fueron dadas por el Arq. Diocesano Hernán Hernán Ruiz II, corriendo la ejecución material de las obras por cuenta del maestro marmolero Francisco de Carona, siendo rematadas las mismas por el maestro mayor del Ducado, Francisco Rodríguez. La portada que cierra el compás, obras posterior, siendo realizada entre los años 1596 y 1606 según trazas serliescas del ingeniero militar Cristóbal de Rojas. El templo, labrado íntegramente con cantería arenisca miocénica, ofrece planta Jesuítica de cajón, con nave central de tres tramos, coro alto en el primer tramo, capillas laterales entre contrafuertes con dependencias superiores, insinuación de crucero y cabecera plana. La nave central desarrolla un orden de semicolumnas corintias compuesta sobre podios y arcos perpiaños de medio punto. En ella y en las capillas Laterales se voltean bóvedas vaídas decoradas con motivos diversos: luquetes, lóbulos tangenciales, etc. En las capillas colaterales del transepto y el presbiterio se voltean cañones acasetonados italianizantes, cubriéndole el crucero con media naranja y linterna apeadas en cimborrio poligonal, trompas aveneradas y torales de medio punto. El coro, situado a los pies del templo apea en carpaneles y bóveda vaída forzada profusamente decorada.
     La portada principal se desarrolla según un arco de medio punto entre pilastras almohadilladas y arquitrabe de triglifos y frontón recto partido trasdosado con un ático apilastrado de frontón curvo que enmarcan un bajorrelieve con las visiones de Santo Domingo. Un gran óculo surmontando da iluminación natural al coro. Todo al exterior, de aspecto grave y severo, se corona con una crestería calada gotizante, adornada con pilastras y flameros. Resalta en el lado del Evangelio del imafronte el sincretismo arquitectónico constituido por la espadaña, de dos cuerpos de campanas, asociado al torreón circular de la escalera, de traza clasicista al estilo bramantino de San Pietro Inmontorio (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Parroquia de San Nicolás
     Edificada sobre la antigua ermita de San Nicolás de Bari, fue finalizada en 1754. El templo tiene planta rectangular. Los tres primeros tramos de la nave se cubren mediante bóveda de cañón con arcos fajones y lunetos, y el que antecede al altar mayor presenta bóveda vaída. El coro se ubica a los pies, en alto, quedando el espacio del sotocoro cerrado mediante cancel. La bóveda de cañón con lunetos del altar mayor se encuentra decorada con pinturas al fresco de ángeles, motivos florales, la Trinidad en el centro y escenas de los milagros de San Nicolás, todo del siglo XVIII.
     La fachada principal está antecedida por un atrio posterior con cerramiento de ladrillo visto y enverjado. La portada se organiza en dos cuerpos apilastrados con puerta adintelada entre pilastras en el inferior y hornacina superior con frontón recto y roto, que alberga una escultura de San Nicolás de 1595 que procede de la antigua ermita. Corona la fachada una espadaña doble de dos vanos apilastrados en el cuerpo inferior con frontón recto y roto donde se alza otra pequeña espadaña de un solo hueco rematada con cruz y veleta superior.
    El dieciochesco retablo  mayor, recompuesto, se resuelve mediante columnas salomónicas pareadas y estípites en los extremos. Se divide en banco, un cuerpo de tres calles y ático. Está presidido por el Cristo de la Expiración, del siglo XVII, que está atribuido a Juan de Mesa o a su círculo. Sobre esta imagen se ubica un manifestador cuyas puertas se ornamentan con relieve de un sol, al que se superpone una imagen de San Nicolás. En las calles laterales del primer cuerpo se encuentran imágenes policromadas de San Pedro y San Pablo; y en el segundo figuras de Santiago y San Lucas, todas del siglo XVIII. En la nave se distribuyen seis retablos, siendo cuatro de estiÍo rococó, de la segunda mitad del siglo XVIII, entre cuyas imágenes destacan la dieciochesca de San José con el Niño, en el lado de la epístola. El retablo de San Nicolás, en el lado del evangelio, es de la segunda mitad del siglo XVII y presenta columnas salomónicas y relieve de la Trinidad en el ático, estando presidido por una imagen de vestir de San Nicolás del siglo XVIII. El retablo con columnas salomónicas de la Virgen de la Esperanza, obra de candelero de Pío Mollar de 1927, es de la segunda mitad del siglo XVII. En un altar neoclásico reformado, donde se sitúa una imagen contemporánea de la Virgen del Rocío, se inscribe un lienzo de medio punto con la Presentación de Jesús en el templo, que parece del siglo XVII.
     Entre las pinturas distribuidas por la iglesia destacan los lienzos situados junto al altar mayor que representan a San Estanislao de Kostka, una Dolorosa, un Descendimiento de escuela hispano-flamenca y un Crucificado, todas del siglo XVII. Asimismo sobresalen las pinturas de San Pedro; un tríptico con la Dolorosa, Santo Domingo y Santa Clara con la Virgen, y San José con el Niño, del siglo XVII; la Presentación de la Virgen en el templo y dos escenas de San Nicolás, que parecen del siglo XVII; y las curiosas pintu­ras de escuela poblana de la «Ierarchia Angelorum» y Santo Domingo, del siglo XVII. También se conservan dos interesantes crucifijos del siglo XVII, siendo uno de ellos de marfil, de estilo his­pano-filipino y el otro realizado en pedrería pro­ cedente de las Indias.
     Próxima a la parroquia se sitúa la pequeña Capilla de la Virgen del Rocío, inaugurada en 1984, donde se guarda la carreta del Simpecado, diseñada en 1980 por Francisco Maireles, quien tam­bién hizo las pinturas de la fachada (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Iglesia de San Francisco
     Ocupa uno de los frentes de la plaza de San Francisco, erigiéndose en protagonista volumétrico de toda la zona. Su fachada princi­pal mira a la plaza de Santa Ángela de la Cruz, donde se ubica el convento de las Hermanas de la Cruz, instaladas en 1909 en la antigua casa de la familia Respaldiza, del siglo XVII. En la aleda­ña calle del Ángel se sitúa la clasicista fachada del colegio de La Salle, del siglo XIX. Los franciscanos tuvieron casa en Sanlúcar desde 1443, siendo este edificio su tercer convento e iglesia. El tem­plo fue construido por Juan Rodríguez Portillo y, a su muerte, concluido por sus hijos Antonio y Lázaro en 1752. Los franciscanos se marcharon a raíz de la desamortización, sirviendo el convento para diversos usos hasta que se instaló el actual colegio de La Salle en 1966.
     La iglesia tiene planta rectangular donde se inscribe una cruz latina y ocho capillas laterales, que quedan separadas mediante apilastrado. Cada uno de los cinco tramos de la nave se cubre con bóveda vaída y arcos fajones, descansado todo en prominente cornisamiento. En el crucero se alza una cúpula semiesférica con linterna sobre tambor, recayendo todo sobre pechinas. 
     El altar mayor y los lados del crucero se cubren con bóvedas de cañón. El coro, situado a los pies en alto, ocupa el primer tramo y se expande ha­cia el segundo sobre las capillas laterales. Debajo se sitúa el espacio cerrado del sotocoro que an­tecede al templo. Sobre cada uno de los arcos de medio punto que acceden a las capillas se ubican tribunas con barandillas de hierro. Y las capillas se cubren con bóvedas vaídas.
    A modo de grandioso retablo, la fachada principal del templo, construida en sillería, está centrada por la portada principal, envuelta por elevado arcosolio que, flanqueado por un doble apilastrado, fracciona la fachada en tres calles. La portada se resuelve en dos cuerpos. En el primero se abre el acceso de medio punto entre columnas adosadas sobre sendos pedestales. En los intercolumnios se abren ventanas y sobre ellas hornacinas de medio punto con frontones curvos y rotos con ménsulas. Sobre la cornisa se organiza el segundo cuerpo, presidido por una horna­cina flanqueada por columnillas jónicas, que se corona con frontón curvo y roto y vano circular.
     Remata la fachada un sobrio pretil con balaustrada central. El campanario se alza en el lado del evangelio. Está estructurado mediante un cuerpo cuadrangular en cuyos frentes se abren vanos de medio punto entre doble apilastrado, superponiéndose un cuerpo semipiramidal intermedio revestido de azulejería; sobre éste se eleva el segundo cuerpo también de planta cuadrangular con un vano en cada frente sobre el que se dispone un cupulín revestido de cerámica blanca y azul con motivos geométricos al igual que el trasdós de la cúpula y linterna.
     El retablo mayor, de la segunda mitad del siglo XVIII, está sin dorar y se organiza median­te grandes estípites en banco, un elevado cuerpo con tres calles y ático. El primer cuerpo está centrado por una dieciochesca imagen policromada de la Inmaculada, situándose en las calles laterales figuras de Santo Domingo y San Francisco, ambos sin dorar. En el ático se sitúa una imagen policromada de San Francisco, probable del XVII, que se halla flanqueado por pequeñas figuras de santos franciscanos sin policromar, coronándose con un relieve de la Visión de San Francisco. En el lado derecho del crucero se ubica un retablo dorado del siglo XVIII que alberga un grupo de la Sagrada Familia, del mismo siglo. En el lado frontero existe un retablo similar al anterior, del siglo XVIII, que se encuentra cobi­jado bajo un gran dosel de tela estucada y policromada con motivos vegetales sobre fondo blanco. En este retablo se encuentran las imágenes titulares de la hermandad del Santo Entierro, cuyo Cristo yacente tiene brazos articulados y se puede fechar en el siglo XVI estando atribuido a Mercadante de Bretaña. La imagen de candelero de Nuestra Señora de la Soledad está atribuida a Luisa Roldán o Diego Roldán. En los muros de ambos lados del crucero se abren hornacinas con imágenes policromadas de San Francisco y San Diego, obras probables del siglo XVII.
     En el lado del evangelio destaca la capilla de San Antonio de Padua con retablo dorado de es­típites del siglo XVIII, que está centrado por una imagen de San Antonio, ubicándose en las calles laterales imágenes policromadas de San Diego de Alcalá y San Pascual Bailón, del siglo XVIII. Se cierra esta capilla con una interesante reja de forja, dorada y policromada, del mismo siglo. El retablo de la capilla de María Santísima del Amor es de estípites del siglo XVIII, recompuesto, y está presidido por la figura de candelero de la Virgen del Amor, fechada en 1752 y atribuida a Diego Roldán. En un lateral de esta capilla se encuentra un interesante Crucificado del siglo XVI con rasgos goticistas y en el lado frontero existe una pintura de Cristo como varón  de do­lores, del siglo XVIII. La última capilla de este lado es la de Jesús del Silencio, situándose en un retablo rococó la figura de Jesús Nazareno, del siglo XVII. A los pies del templo, bajo la bóveda rebajada del coro, destaca la interesante puerta que accede al espacio cerrado del sotocoro. Del siglo XVIII, se encuentra policromada por am­bas caras con motivos franciscanos inscritos en tarjas doradas de rocallas sostenidas por angelotes, además de jarrones y fuentes chinescas entre decoración  floral.
     En el lado de la epístola se localiza la capilla de San José, donde hay un interesante retablo sin dorar del siglo XVIII con estípites antropomorfos, a modo de ángeles-atlantes, que está centrado por una imagen de San José con el Niño, del siglo XVII, siendo el Niño de fecha posterior. En los lados de la capilla existen lienzos de la Flagelación y un Crucificado entre los retratos del matrimonio benefactor de la capilla en actitud orante, ambas del siglo XVIII.
     Del convento destaca el espacioso claustro. Se halla porticada en sus cuatro frentes con arcos de medio punto sobre columnas de mármol blanco y galerías cerradas con balcones en primera planta. En el centro se sitúa una estatua contemporánea del Sagrado Corazón (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     Edificio religioso construido a mitad del siglo XVIII, según trazas y dirección del maestro mayor Juan Rodríguez Portillo, con planta de tipo cajón, nave central de cuatro tramos, nártex cerrado, crucero, testero plano y capillas laterales entre contrafuertes volteadas con bóvedas vaídas bajo dependencias que abren balconada hacia la nave central. Coro alto situado a los pies, apeado sobre arcos carpaneles rebajados y bóveda vaídas, que abarca el espacio del nártex y el primer tramo de la nave central, volviendo con tribunas sobre el segundo tramo. Apilastrador interior de orden toscano apoyado en potente zócalo, arquitrabe peraltado con un rebanco del que voltean los arcos fajones de medio punto de la nave central y los torales del crucero cubren la nave central y las capillas mayor y colaterales bóvedas vaídas forzadas y el crucero una bóveda hemiesférica trasdosada de azulejos con linterna y cupulín apeada en un tambor cilíndrico arrojado hacia el interior en balconada corrida sobre un cornisamento, de gran efecto decorativo, iluminada por una secuencia radial de ventanaje. El tránsito del cilindro al cuadrado se realiza con pechinas ausentes de concesiones decorativas. La portada principal de cantería situada a los pies del templo se resuelve con un doble orden de apilastramiento toscano formalizado según tres calles, de distintas anchuras. En la central un arco colosal abarca una puerta en arco de medio punto flanqueada por semicolumnas toscanas apoyadas en plintos y hornacinas. Sobre el arquitrabe se desdobla un ático rematado por frontón curvo. En las calles se abren huecos enmarcados decorativamente.
     La torre, situada sobre la fachada en prolongación con la calle del lado del evangelio presenta un primer cuerpo de huecos centrales entre pilastras pareadas y aristas columnarias rematado por un cornisamiento y un plinto del que arranca un chapitel troncopiramidal revestido de azulejos y un segundo cuerpo de reducidas proporciones coronado por un cupulín semiesférico truncado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Plaza de Toros
     A iniciativa de la Sociedad Anónima «Plaza de Toros» se edificó en 1900 la plaza de toros en estilo neomudéjar, siendo obra de Antonio Arévalo Martínez. Al exterior todo el perímetro del edificio se encuentra subdividido en sectores verticales mediante salientes pilastrones que se coronan, en el primer cuerpo, con estrellas de siete puntas con semiesferas cerámicas y, sobre la cornisa, se rematan con merlones piramidales escalonados.
     El primer cuerpo está configurado por una sucesión de arcos de herradura encuadrados en alfiz, hallándose la mayoría cegados excepto los de acceso; el segundo se estructura mediante unidades de tres pequeños vanos de herradura insertos en cada sector, superponiéndose un tercer cuerpo compuesto por una consecución de vanos circulares moldurados. La fachada principal se sitúa en resalte y se resuelve en tres cuerpos y tres calles mediante pilastras. El primero está centrado por un hueco de herradura de acceso, flanqueado por dos ventanas también de herradura. En el cuerpo superior los arcos de herra­dura se concentran en unidades de tres vanos; y en el último cuerpo se abren vanos circulares en los laterales ubicándose en el centro una cartela con el nombre de «Plaza de toros» en relieve con tipografía modernista. La fachada se corona con un apretilado, de signo modernista, de volumé­trico almenado y penacho central con el escudo de Sanlúcar en relieve (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     La primera Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda fue estrenada el 11 de mayo de 1884. Era de planta circular, de madera de pino y de un solo piso, con capacidad para 3.000 espectadores. A causa de la mala conservación de la madera con la que había sido construida, tuvo una corta vida.
     Las obras del nuevo coso comenzaron el 16 de julio de 1898, y se inauguró el 16 de julio de 1900, con una corrida de toros de la ganadería de los Miura que lidiaron Machaquito y Lagartijo.
     El edificio inicialmente era de fábrica, formado por una galería porticada y un graderío con un diámetro de ruedo de 37 metros. Disponía entre sus dependencias de ocho chiqueros, cuadra para 30 caballos, tres corrales, enfermería y conserjería. Se reformó en el año 1962, sustituyéndose el graderío que era de madera por uno de fábrica de ladrillo, se aumentó el aforo en 1.000 localidades sobre las 6.000 que antes existían y se reconstruyeron, se sanearon y acondicionaron las dependencias anexas, porque se encontraban bastante deterioradas a causa del tiempo y del mal uso. 
     Hoy en día se encuentra en buen estado de conservación. Se celebran corridas el 15 de mayo, 16 de julio, y del 7-9 de septiembre, en las fiestas del pueblo, y en general durante todo el año (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Zona Costera
     Edificada a finales del siglo XIX y primeras dé­cadas del XX, supone la penúltima adición urbanística de la población, a la que se adosarán las últimas edificaciones a partir de los años sesenta del siglo XX. La edificación de esta zona, llevada a cabo en dos fases, fue producto de dos factores que dinamizaron las estructuras socioeconómicas de la  ciudad  desde la segunda mitad del siglo XIX. Por un lado, es consecuencia de la nueva función de Sanlúcar, inaugurada por los Duques de Montpensier y mantenida por sus descendientes, los Infantes Orleáns-Borbón, como gran centro veraniego; y, por otra parte, es fruto de una decidida burguesía que, surgida alrededor de la floreciente industria vitivinícola, se vio ade­más beneficiada por los efectos de la desamortización.
     Arquitectónicamente predomina una arquitectura civil que estructura nuevos paisajes urbanos de signo historicista y regionalista. Se construyen grandes caserones unifamiliares que, en ocasio­nes, se alinean formando calles completas, esta­bleciéndose conjuntos equilibrados que definen algunos de los ámbitos más representativos de la ciudad. La actuación más destacada fue la orde­nación del paseo de La Calzada, auténtico centro de la vida local durante aquellos años. En su en­ torno se construirá una serie de chalets de carácter aristocrático-burgués que, como colonia veraniega, se adscriben al eclecticismo historicista imperante en la época. En estos años se levantan también algunos pequeños edificios religiosos construidos en estilo neogótico, como la capilla del colegio de la Huerta Grande, la Capillita de Nuestra Señora del Carmen, edificada por el vinatero Juan de Argüeso en 1886; y la Capilla de la Virgen del Carmen de Bajo de Guía, patrocinada por una Junta de Damas en 1896.
     La primera fase constructiva se desarrolla en las últimas décadas del siglo XIX, insertándose aún sobre los antiguos solares de la ciudad barroca del Barrio Bajo, especialmente en las calles San Juan, Plaza del Cabildo, Bolsa, Trasbolsa y Banda Playa. Sin salir del casco histórico, se lo­calizan notables edificios historicistas de finales del siglo XIX. Estas edificaciones, a pesar de su diversidad estilística, se hallan plenamente integradas en la trama urbana, respetando los entornos barrocos donde se insertaron y comple­tando equilibradamente la ciudad tradicional. El ámbito más representativo de la época es la calle Bolsa.
     En su entorno se localizan varias casas de cargadores a Indias de los siglos XVII y XVIII co­ronadas con torres-mirador. Entre ellas se inscriben nuevas residencias unifamiliares con formas historicistas y regionalistas. En el conjunto se mezclan los austeros palacetes barrocos con las casonas resucitadas por los «neos». Permanece la estructura en dos plantas, los áticos o soberaos superiores de menor altura y las azoteas planas, cuyos pretiles se ornamentan ahora profusamente formando parte de la composición general.
     En las fachadas, zaguanes y patios se constata la revalorización de las artes decorativas propugnada por estilos de la época. También ahora el patio se abre visualmente a la calle, sustituyéndose los sobrios portones barrocos por las transparentes cancelas de fundición. Al mismo tiempo se edifica en la línea de la calle Banda Playa un gran frente bodeguero. Desde los límites de la calle Trasbolsa hasta la plaza Divina Pastora se sucede una serie de pequeñas y medianas bodegas construidas en la segunda mitad del XIX.
     A partir de esta divisoria se levantará la segunda fase constructiva de la Sanlúcar costera, configurándose los laterales del paseo de La Calzada y los frentes que entonces miraban al mar de la avenidas de Bajo Guía y de Las Piletas, prolongándose por el litoral hasta La Jara y salpicando el centro histórico con interesantes ejemplares como el situado en la Cava del Castillo. Aparece aquí una arquitectura de recreo propiamente re­gionalista relacionada con los veraneantes altoburgueses de la primera treintena del XX (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Colegio de los Maristas (Puerto de Bonanza)
     La antigua Aduana fue construida en 1833, durante la gran reforma que se llevó a cabo en el puerto de Bonanza por el ingeniero Vicente Sánchez Arquero, cuando se trasladó la Aduana de Sevilla a la nueva Aduana de Bonanza. El edificio tan solo sirvió un año a su original destino, habilitándose más tarde para distintos usos hasta que los hermanos Maristas instalaron un colegio en el año 1954. La majestuosa fachada academicista se estructura en dos plantas donde se abren vanos adintelados entre grandes pilastras, que junto a molduras y voladizos ordenan la composición. El espacioso patio central está compuesto por arcos de medio punto sobre columnas de mármol blanco, que descansan sobre basamento corrido. En la actual iglesia parroquial de Bonanza existe una imagen de la Virgen del Carmen, del siglo XVIII, atribuida a Benito de Hita y Castillo y el faro actual del puerto de Bonanza se edificó en el año 1884 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Antiguas casas de veraneantes. Principios del siglo XX
     Los «hoteles» edificados en La Calzada y su en­ torno a principios del siglo XX siguen el plan estructural de la arquitectura regionalista con nuevas formas inspiradas en las villas palladianas. Las residencias se presentan exentas, con cierto carácter monumental y rodeadas de jardines. Se produce una multiplicidad visual en fachadas, cuidándose estéticamente las laterales y trasera. Varios volúmenes se escalonan, alterando la rasa monotonía de alturas anterior, y el juego de planos se enriquece con efectos decorativos. Surgen torreones, buhardillas, miradores y arquerías altas que, junto a los tejados a dos aguas con per­files coloristas de tejas vidriadas, organizan los exteriores conformándose una nueva paisajística de la ciudad. Todo este nuevo urbanismo que­ dará envuelto por el verdor de los árboles y arbustos que rodean las casonas, recuperándose el concepto del jardín  privado, que ahora se abre a la calle mediante los más diversos enverjados. Tanto la avenida de Bajo de Guía como la avenida de Las Piletas nacieron como resultado de las concesiones que realizó el Ayuntamiento, a partir de 1903, de estos terrenos para obtener una correcta urbanización de la costa, al tiempo que atraía nuevos veraneantes. Cada una de estas vías conduce a los extremos que delimitan la ciudad por la costa.
     Las casas de época regionalista existentes en la avenida de Las Piletas han desaparecido casi por completo. Abriendo el camino, en ángulo con La Calzada, se sitúa una representativa muestra inspirada en la arquitectura montañesa proyectado por José María Smith en 1914, donde destacan los quiebros volumétricos del caserón, las pronunciadas vertientes y los entramados de madera en los pisos superiores como base de la policromía decorativa del exterior. Será necesario alcanzar el último tramo de esta avenida para volver a encontrar varias casonas de principios del XX. La inspiración neomudéjar se advierte en el ladrillo visto, los arcos de herradura, los almenados escalonados y las ventanas geminadas, mez­clándose todo ello con los neobarrocos perfiles mixtilíneos de algunas fachadas y con la huella norteafricana del torreón de fecha posterior que cierra el itinerario .
     Casi todo el frente derecho de la avenida de Bajo de Guía aparece jalonado por una sucesión de amplias y variopintas casonas que, en su tiempo, se situaban a orillas del mar. A lo largo del paseo se observa la multiplicidad de formas y es­tilos propios del movimiento regionalista desde los norteños y esbeltos chapiteles de «Villa Rosa», pasando por los acordes neogóticos y neomudéjares de los «hoteles» que le siguen, hasta encontrar verdaderas muestras del caserío vasco o santanderino.
     Entre estas villas destaca el actual colegio Ma­ría Luisa Terry, obra de Aníbal González, cons­truida como residencia veraniega de los Marqueses de Villamarta en 1915 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Convento de Capuchinos
     En plaza de Capuchinos, en privilegiado promontorio sobre la barranca, se sitúa este convento, cuya edificación fue patrocinada por el VII duque don Manuel Alonso Pérez de Guzmán con trazas de Martín Rodríguez de Castro, quedando finalizado en 1634.
     El conjunto conserva prácticamente su estructura original. Organizado en torno a los espacios abiertos de claustro, huerta, jardín y cementerio, la disposición de sus blancos volúmenes almenados recuerdan las iglesias fortificadas hispanoamericanas. Mediante un arco rebajado abierto en el lateral izquierdo de la amplia fachada, que se corona con frontón recto, se accede a un pequeño compás donde se encuentra la fachada principal del templo. Ésta se estructura en tres cuerpos con tres arcos de medio punto en el primero, que fue pórtico abierto, disponiéndose en el segundo sencillos balcones y en el tercero se abren tres pequeñas ventanas rebajadas. Las notas decorativas se concentran en las vidrieras contemporáneas con temas alusivos a San Francisco de Asís; el paño cerámico de la Virgen de la Divina Pastora que centra el segundo cuerpo y los pequeños azulejitos del Vía Crucis que rodea al compás.
     El interior del templo, de planta rectangular, se ordena en tres naves siendo la central más ancha y alta que las laterales, las cuales comunican con la central mediante arcos de medio punto abiertos en el muro,  situándose el coro bajo detrás del altar mayor y el alto a los pies del tem­plo. La nave central, de tres tramos, se cubre con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones alzándose en el presbiterio y coro bajo otra bóveda de cañón de dos tramos con arcos fajones. A los pies del templo se sitúa el sotocoro, antes pórtico abierto, que se cubre con bóvedas de arista: Las naves laterales presentan bóvedas de arista excepto la capilla dedicada a la Virgen de la Di­vina Pastora que tiene cúpula semiesférica sobre pechinas.
     El retablo mayor, en madera sin dorar, es de finales del siglo XIX y estilo neoclásico. Se estructura en banco, dos cuerpos y tres calles. En la adintelada hornacina central se halla una imagen de vestir de la Virgen del Buen Viaje, obra de Gaspar Ginés de 1634, que originalmente era de talla completa. La corona de la Virgen es de 1683. Sobre ella se sitúa un crucifijo de marfil hispano-filipino de 1683. En la hornacina del cuerpo superior se ubica una imagen de candelero de San Antonio de Padua, del primer tercio del siglo XIX procedente del palacio Orleáns-Borbón. En el resto del retablo se localizan diez pinturas de los siglos XIX y XX, destacando los dos lienzos superiores que están recortados y representan a Cristo salvador del mundo y la Virgen de los Afligidos, ambas de finales del siglo XVII. Entre los retablos sobresale el dedica­do a la Virgen de la Divina Pastora, del último cuarto del siglo XVIII, siendo los demás copias de éste en escayola con pinturas de Juan Manuel Ayala de 1976. Se trata de un retablo de altar realizado hacia 1950 en mármoles rojo, negro y blanco y estilo neoclásico, sobre cuya mesa se sitúa un sagrario barroco de caoba en su color muy transformado, que presenta en la puerta una pintura del Buen Pastor Niño de principios del siglo XVII. El camarín central alberga la talla completa de la Virgen de la Divina Pastora fechable a finales del siglo XVIII, posible obra de Cosme Velázquez Merino o Cristóbal Ramos. En la pintura que preside el último retablo del lado del evangelio se inserta una pequeña pin­tura sobre cobre de Nuestra Señora de la Paz, de 1724, atribuida a Tomás Antoniano. En el sotocoro, cubierto con bóvedas de arista, existen unas pinturas murales, de mediados del siglo XVIII, donde aparecen ocho retratos de capuchinos con inscripciones. En hornacinas abiertas en el muro del sotocoro se disponen dos imágenes policro­madas de San Francisco y San Antonio de Padua, del siglo XVIII. A los pies del templo, en el lado derecho del sotocoro, se localiza la capilla funeraria del Padre Esteban de Adoaín, realizada en 1946 con pinturas neogóticas y sepulcro en mármol neorrománico.
     Entre las obras de arte que contiene el edificio cabe destacar una pintura de San Francisco de Asís, obra de Rodríguez Losada de finales del siglo XIX, que está situada en la iglesia, sobre la puerta de acceso a la sacristía; un lienzo de la Inmaculada de finales del siglo XVII o prin­cipios del XVIII, en el coro bajo; el Crucificado que preside este coro, del primer tercio del siglo XVII; y una Natividad del primer tercio del siglo XVIII que está en la sacristía.
     El claustro del convento es de época  fundacional y dispone de un solo cuerpo con cuatro galerías perimetrales formadas por arcos de medio punto abiertos en el muro, que se cubren con bóvedas de arista entre arcos fajones.  En las galerías se conserva una colección de retratos pictóricos de los frailes martirizados por los indígenas americanos, que son del último tercio del siglo XIX (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

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jueves, 4 de enero de 2024

Los principales monumentos (Barrio Alto: Castillo de Santiago; Conservatorio de Música; Basílica de Nuestra Señora de la Caridad; Iglesia de San Miguel; Convento de Carmelitas Descalzas; e Iglesia de San Diego) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (IV), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Barrio Alto: Castillo de Santiago; Conservatorio de Música; Basílica de Nuestra Señora de la Caridad; Iglesia de San Miguel; Convento de Carmelitas Descalzas; e Iglesia de San Diego) de la localidad de Sanlúcar de Barrameda (IV), en la provincia de Cádiz.



Barrio Alto
     Situada sobre la barranca, la zona del Barrio Alto es la más antigua de Sanlúcar. Está centrada por el primitivo núcleo de origen hispano-árabe, localizado en torno a la actual plaza de la Paz. Prácticamente toda la zona monumental del Barrio Alto se encuentra dentro del perímetro de la antigua muralla medieval construida a su alrededor. Cuando llegaron los repobladores cristianos sólo existía el alcázar musulmán dominando la barranca y defendiendo la desembocadura del Guadalquivir. Entre los siglos XIV y XV se trans­figura la fisonomía del primitivo centro andalusí, construyéndose la Iglesia Mayor, el palacio de los Guzmanes y el recio castillo de Santiago, entre otros edificios de menor entidad.
     Esta zona barrioalteña adopta una forma semicircular sin plan preconcebido, donde aún pervive la huella del trazado medieval, evocando el carácter cerrado y defensivo de la antigua villa. En el centro, la plaza Alta actúa como primera reguladora urbana. De ella partieron las cuatro calles principales que desembocaban en cada una de las Puertas de la ciudad. A partir de la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI la presión demográfica desborda el recinto murado. Puertas y portillos perforan la vieja muralla surgiendo senderos y escalerillas hacia el Barrio Bajo. Aparecen cuatro nuevos barrios a extramuros, junto a las antiguas Puertas de la ciudad de las que toman su nombre: arrabal de la Fuente, arrabal de la Puerta de Jerez, arrabal de la Puerta de Sevilla y arrabal de la Mar. Y aunque son ámbitos todavía desordenados, que se originan en pequeños núcleos de viviendas, nacen con nuevos conceptos urbanísticos. El primero en formarse y más importante fue el Arrabal de la Ribera o de la Mar, origen del actual Barrio Bajo, que inicia su crecimiento junto al mar, en los terrenos cedidos por la línea de costa que va retrocediendo gradualmente. Las reformas quinientistas regularon en cierta medida los espacios urbanos del Barrio Alto, alineándolos, empedrándolos y ensanchándolos, aunque aún persisten espacios irregulares y callejuelas sin sa­lida como restos de la primera disposición urbanística. Tanto la arquitectura como la toponimia de las calles barrioalteñas se vinculan profunda­mente a la influencia y mecenazgo de los Duques de Medina Sidonia.
     Se mezclan en el Barrio Alto aquel primer ur­banismo medieval con la ciudad-monasterio del barroco. Varios conventos e iglesias, de los siglos XVII y XVIII, se insertan en la antigua trama urbana protagonizando los conjuntos espaciales. En el siglo ilustrado se completarán estos espacios con la edificación de notables mues­tras de arquitectura civil. Durante el siglo XIX se reforman las principales calles del Barrio Alto en fachadas, alineaciones de vías, ensanches, cerramientos de manzanas con inclusión de callejas en las grandes fincas y plantación de nuevos arbolados. Estos planteamientos urbanísticos afectarán especialmente al entorno próximo del palacio de Orleáns-Borbón edificado por los Du­ques de Montpensier como residencia veranie­ga al mediar el siglo. La inserción de este nuevo elemento arquitectónico en la vieja trama urbana funcionó como elemento regulador de toda la zona, sucediéndose a partir de 1851 numerosas reformas en este ámbito barrioalteño (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Castillo de Santiago
     Fue construido entre 1477 y 1478 por el II Duque de Medina Sidonia don Enrique Pérez de Guzmán apoyado por los vecinos de Sanlúcar. Se ubicó en uno de los ángulos de la antigua muralla, en promontorio sobre la barranca.
     Junto a los castillos del Espíritu Santo (desaparecido) y San Salvador, formaba parte del sistema defensivo estructurado en el acceso a Sevilla y era pieza fundamental de la defensa del Guadalquivir. Se incluye dentro de la línea de fortalezas de la costa atlántica, que es el más antiguo sistema de fortificaciones de la provincia. Fue visitado por los Reyes Católicos en 1477. Los frentes del castillo, excepto el que mira al mar, que tenía la defensa natural de la barranca, estaban rodeados por un foso, que da nombre a la calle Cava del Castillo, situándose en el lado del carril de los Ángeles la puerta primitiva. Su planta es cuadrangular con torres cuadradas en los ángulos y cubos semicilíndricos en los lienzos murales.
     En el ángulo NE se sitúa la hexagonal Torre del Homenaje, a la que se acopla el Aula Maior, de planta cuadrangular y mayor tamaño que las otras tres situadas en los ángulos. Todo el con­junto, construido con mampostería y sillería para los ángulos de torres y puertas, está resguardado por un antemural o barbacana dotado de casa­matas artilleras y troneras de cruz y orbe. La torre del Homenaje se protege por una camisa con cuatro cubos cilíndricos que desciende en talud sobre la barranca. En esta torre también se abre la poterna, situada en la zona más escarpada. En el centro de la edificación quedaba originalmente un gran patio de armas, que fue transformado en 1736 con la construcción de dos naves adosadas a los muros, abriéndose al tiempo el acceso por la plaza del Castillo.
     El Aula Maior constituía el núcleo residencial. Es de planta cuadrangular y está abovedada, en cuyas pechinas se sitúan pinturas al temple con motivos de segures y albardas de la divisa ducal sobre un fondo estucado en cuyo centro se hallaba el escudo de los Guzmán.
     En su origen esta torre estaba dividida en dos plantas sirviendo la superior para estancia principal y la inferior como tránsito hacia la Torre del Homenaje. En el interior de ésta existen varias estancias situadas en sus distintos pisos, que se cubren con bóvedas de ladrillo.
     El acceso a esta torre y a la cubierta del Aula Maior se establece a través de una escalera de caracol ubicada en el centro de la torre, cuyo interior queda hueco para ascenso y descenso de materiales.
     Existe un pasadizo subterráneo cubierto con bóveda de cañón, que primitivamente conduciría hasta el jardín ducal. En los muros del castillo se encuentra grabados una serie de grafitos pertenecientes a la época de construcción, que ofrecen variedad de inscripciones, juegos, marcas y una amplia tipología de embarcaciones de la época. También se han localizado bastantes marcas de cantería grabadas en los sillares, de las que veintidós son marcas-tipo que se repiten en los restantes, donde se representan diversos dibujos geométricos indicando la contabilización de las tareas de los canteros o la posición en que debía colocarse cada sillar. 
   Los elementos decorativos se concentran en la Puerta de la Sirena, situada en el lienzo que mira al mar. Se trata de un relieve gótico compuesto por una gran sirena de cola bífida en la que se albergan las armas de la Casa Ducal. Todo el conjunto está encuadrado en un arco conopial rematado con florón. En las jambas exteriores de la puerta se sitúan dos segures enfrentados propios de los Medina Sidonia y en las ornamentadas ménsulas inferiores del baquetón que en­ marca el relieve está grabada la firma de Marinus de Neápoli, autor del conjunto. Aún restan algunos canes que sostenían un matacán en la zona superior (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).  
      El castillo de Santiago se encuentra en la llamada Cava del Castillo, en el Barrio Alto de Sanlúcar de Barrameda. 
     Presenta planta cuadrangular, con patio de armas central, defendida en los ángulos por torreones cuadrangulares y cubos semicilíndricos en los centros de las cortinas. En el vértice norte avanza la torre del homenaje de planta hexagonal.
     Protege el conjunto una primera línea de defensa a modo de barbacana almenada con cubos semicilíndricos en las cortinas. El acceso primitivo a la fortaleza se realizaba a través de un puente levadizo que salvaba la cava seca, situada delante del flanco suroeste de la barbacana, y tras recorrer la liza se penetraba en el patio de armas por una puerta definida por buharda y rastrillo, emplazada al lado izquierdo del cubo de la cortina noroeste. Sorprende en esta puerta las tallas de cantería decorativa: arco conopial que arranca de baquetones apoyados en fondos de lámpara ochavados en los que se lee "Marinus de Neapoli", nombre posible del escultor, y tímpano con bajorrelieve de doble figura de sirena. Una tarja epigráfica, hoy desaparecida, surmontaba la composición, ornamentada también con blasones de las casas de Guzmán y Mendoza.
     El Aula Maior es, con sus veintidós metros de altura interior, y su bóveda de ladrillo por aproximación y casquete esférico, un alarde arquitectónico, no sólo para la época. Tenía una pintura mural que cubría toda la bóveda, pero de la que desgraciadamente sólo se ha conservado aquella que está sobre las pechinas, y parcialmente. El mal o nulo tratamiento del embolsamiento de aguas en la azotea de la torre durante años, provocó una filtración de humedad por capilaridad que dañó considerablemente estas pinturas, provocando su desprendimiento progresivo, situación reforzada por el abandono continuado, y por otras acciones como la instalación de una cocina en la sala durante la última guerra civil. Las pinturas murales con falso aparejo de sillares y las segures, esa especie de hachas que aparecen en las pechinas, emblema personal del II Duque, son originales del siglo XV, lo que da a esta sala un gran valor artístico. El Aula está guardada por tres cámaras de tiro que apuntan hacia las lizas. Por otro lado, otra tronera guarda el paso de la azotea del Aula a la Torre del Homenaje, enmarcada en un arco conopial. Para reforzar el aire majestuoso de esta sala, su coronamiento estaba constituido por un matacán moteado de flores de lis.
     Otros de los elementos particulares del Castillo de Santiago es el pasadizo de escape que parte de la liza, y que llevaba al Palacio de los Duques de Medina Sidonia. Este pasadizo sólo se conocía por planos antiguos, pero durante la actuación de la Escuela Taller Tartessos, a principios de los 90, fue descubierto, pues aunque la entrada se encontraba totalmente enterrada se sabía dónde estaba. Actualmente se puede ver el gran vacío dejado por el hueco de la escalera que llevaba al pasadizo y que se ha perdido, quedando un espacio de unos 7 metros de profundidad. Del fondo de este espacio parte el pasadizo, del que se han conservado unos 40 metros de recorrido, cortándose en las casas vecinas. Se aprecia otro ramal del pasadizo, taponado, que parece dirigirse hacia el mar.
     Sometida la villa a la jurisdicción de Jerez desde 1264, fue entregada por Sancho IV a D. Alfonso Pérez de Guzmán en premio a su heroísmo en la defensa de la plaza de Tarifa y desde entonces, comenzó a organizarse el conjunto urbanístico que se desarrollará en torno al primitivo castillo musulmán llamado de las Siete Torres. Guzmán el Bueno mandó construir las cercas y murallas a fines del siglo XIII y comienzos del XIV. El séptimo Señor de la Villa, D. Enrique Pérez de Guzmán levantó entre 1477 y 1478 esta gran fortaleza del Castillo de Santiago. Edificado por Enrique Pérez de Guzmán, el Magnifico, a principios del último cuarto del siglo XV, el Castillo se halla situado en el ángulo Norte del recinto murado de la antigua población, manifestándose imponente al borde de una cárcava para defensa de la ribera y desembocadura del Guadalquivir. 
     Fue la primera residencia de los Duques de Medina Sidonia en Sanlúcar de Barrameda, y está dotado de un pasadizo subterráneo, mandado a construir por el IX Duque, Gaspar de Guzmán, quien antes los problemas que se avecinan debido a sus malas relaciones con la Corona, y temiendo alguna intervención bélica en su contra, se hizo construir, a finales de la década de 1630, este pasadizo, que proporcionaría una rápida vía de escape, caso necesario, del palacio al castillo. Los hechos darían la razón al Duque, pues Sanlúcar fue confiscada por la Corona y él encerrado en 1645, arguyendo una supuesta tentativa de rebelión. El castillo sirvió también de alojamiento a los Reyes Católicos cuando se encontraban en Sanlúcar y durante la Guerra de la Independencia sirvió de cuartel a los franceses. A lo largo de la historia, ha sido utilizado como cuartel, cárcel y hospital (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Basílica de Nuestra Señora de la Caridad. Patrona de Sanlúcar
     El antiguo templo se construyó bajo la advo­cación de Santa Ana, en honor a la Duquesa de Medina Sidonia doña Ana de Silva. En 1609 se trasladó la imagen de la Virgen de la Caridad por orden del duque don Alonso Pérez de Guzmán, quien mandó construir la nueva iglesia. La basílica, de estilo manierista, es obra de Alonso de Vandelvira y se edificó entre 1610 y 1612. Pre­senta una planta de cruz latina con brazos cortos y cabecera plana, situándose capillas poco profundas entre los contrafuertes. Las dimensiones de la nave equivalen a dos veces el cuadrado del crucero. La cabecera y los cuatro tramos de la nave, divididos mediante arcos fajones sobre pilastras, se cubren con bóvedas de sillería, cuya forma se sitúa en transición entre la vaída y la de cañón. En el crucero se alza una bóveda semiesférica sobre pechinas con linterna que presenta decoración geométrica en forma radial. La bóveda del altar mayor tiene relieves tallados con el escudo de la duquesa fundadora y la Anunciación. Los brazos del crucero se cubren con bóvedas de cañón con lunetos y el coro, a los pies en alto, ofrece una rebajada bóveda vaída, ornamentándose las enjutas de su frente principal con escudos ducales de madera. En los laterales del tercer tramo del templo se alzan tribunas con barandillas de hierro y en los lados del presbiterio se sitúan dos tribunas de madera con celosías decorativas.
     En la clasicista fachada de los pies se sitúa la portada principal realizada en piedra. Ésta se estructura en dos cuerpos. En el primero se abre un vano de acceso de medio punto, a modo de arco triunfal, el cual está flanqueado por dobles columnas jónicas, que se tornan en pilastras corintias en la zona superior. Las hornacinas de los intercolumnios cobijan imágenes de San Ildefonso, Santo Domingo, San Juan Bautista y San Juan Evangelista, que se hallan mutiladas en cabezas y manos. El segundo cuerpo está centrado por un relieve de Santa Ana enseñando a la Virgen, obra de Andrés de Castillejos de 1612, al igual que el resto de las figuras. Este relieve queda flanqueado por pilastras pareadas y se corona con frontón curvo sobre el que se abre una ventana entre pilastras y volutas laterales, finalizando el hastial con un gran frontón recto.
     Sobre un amplio basamento con barandal de hierro, construido por Juan Talavera y de la Vega en 1876, se sitúa la fachada lateral, en el lado del evangelio, que está presidida por una portada adintelada entre pilastras toscanas con frontón recto y roto en la que se abre una hornacina con remates piramidales, donde se ubica un paño cerámico con la Virgen Titular de 1807, coronándose todo con frontón recto. En la fábrica de ladrillo encalado de esta fachada resaltan los recercados de piedra reservados para la portada, molduras de ventanas, cornisamiento y ante­pechos calados que cierran los espacios surgidos entre los contrafuertes. La sobria torre se localiza en la cabecera de la nave del evangelio. Es de planta cuadrangular y sobre la caña se disponen dos cuerpos de campanas. En el primero, de sillería, se abren vanos de medio punto en cada frente flanqueados por dobles pilastras. A éste se superpone el segundo, de planta octogonal y realizado en ladrillo revestido, que se corona con remates esféricos y se cubre con cúpula recubierta de cerámica blanca y azul en espiga, al igual que el cupulín superior. Semejante tratamiento exterior ofrece la linterna de la bóveda que cubre el crucero.
     El retablo mayor, trazado por Alonso de Vandelvira y ejecutado por Martín Christián y Hernando de Moya, es de 1612 y estilo manierista. Fue dorado por Diego de Esquivel y Gonzalo Mo­reno. Cuenta con banco, tres cuerpos y tres calles divididas por dobles columnas corintias de fuste estriado que forman cuatro entrecalles, y ático coronado con relieve de Dios Padre y las figuras de la Fe, Caridad, Fortaleza y Esperanza. En el banco se sitúan doce encasamentos para pinturas sobre tabla de las que se conservan ocho con alegorías de la Virgen. En las entrecalles se ubican diez figuras de santos-relicarios que fueron realizados por Alonso Álvarez de Albarrán en 1612 a quien también se deben las figuras del ático. El retablo está centrado por un camarín donde se encuentra la Virgen de la Caridad en templete, estructurándose el resto mediante nueve pinturas sobre tabla realizadas por Francisco Juanete en 1612 con escenas de la vida de la Virgen. La pequeña imagen de vestir de Nuestra Señora de la Caridad, Patrona de Sanlúcar desde 1618, es obra de finales del siglo XVI o principios del XVII. De escuela sevillana, se atribuye a Gaspar de Águila, siendo policromada por Baltasar de Bracamonte. Las andas de plata de la Virgen fueron realizadas por Luis Sánchez entre 1609 y 1614, aunque se reformaron en 1700.
En los testeros del crucero se sitúan hornacinas que contienen estatuas de los cuatro Evangelistas, obras en mármol de Andrés de Castillejos en 1612. En las zonas superiores de estos testeros se disponen cuerpos de sillería apilastrados con frontón recto, que están centrados por ventanas de medio punto, ubicándose en los laterales pequeñas estatuas de piedra de los Cuatro Padres de la Iglesia, que son obra del mismo Andrés de Castillejos en 1612. En el lado izquierdo del crucero, en alto, se emplaza un retablo de reliquias, cuyas puertas están pintadas con alegorías de la muerte y su interior se decora con pinturas dieciochescas. Fue realizado en 1613 y contiene relicarios de diversas épocas. En el lado frontero del crucero se encuentra el retablo de Ánimas con lienzo de altar de medio punto atribuido a Giles Gilberto en 1617. En el testero izquierdo del crucero se halla un retablo rococó de 1776 que alberga una imagen de San José y un sagrario de la misma fecha. Y en el frente opuesto hay un retablo con formas neoclásicas realizado en 1926 por Manuel Ruiz Sánchez, el cual está presidido por la talla completa de Jesús Nazareno, de la primera mitad del siglo XVII, que está atribuido a Francisco de Ocampo y fue restaurado en 1782 por Juan Gandulfo quien le hizo manos nuevas y Bernardo Vidal encarnó y policromó la talla. En los colaterales de ambos brazos del crucero se sitúan dos retablos-tabernáculos de estilo neoclásico, de principios del siglo XIX, que están pintados a imitación de jaspe con decoración dorada, donde se encuentran las figuras de candelero de la Virgen de la Amargura, del siglo XVII, aunque reformada a principios del XVIII por autor desconocido; y San Juan Evangelista, cuya imagen se rehizo en cabeza y manos por Diego Roldán Serrallonga en 1759.
     La nave alberga seis capillas laterales abiertas en los muros, que contienen lienzos de altar de medio punto con enmarcamiento de madera, si­tuándose en cada banco tres encasamentos para pinturas. Todas estas pinturas fueron ejecutadas por Francisco Juanete en 1612, excepto la de San Antonio de Padua, que es del siglo XVIII y está situada en la primera capilla del lado del evangelio. A ésta siguen las representaciones de la Visión de San Gregorio y San Ildefonso. En el lado de la epístola, desde los pies, se encuentran la Genealogía de Cristo, la Genealogía de los Guzmanes y la Resurrección. En las capillas de San Antonio de Padua y la Genealogía de Cristo se ubica la imagen sedente de Jesús de la Humildad y Paciencia, atribuida a Francisco de la Gándara hacia 1605, que fue encarnada y policromada por Melchor Ramos; y la Virgen de las Lágrimas, obra de Manuel Pineda Calderón de 1947, am­bas titulares de una hermandad penitencial.
     Las pinturas colocadas en las zonas superiores de los muros son obra de Francisco Juanete, de 1612, destacando la Resurrección y la Ascensión de Cristo situadas en el presbiterio. Asimismo, se conserva un lienzo de la mexicana Virgen de Guadalupe firmada por Antonio de Torres en 1730. El púlpito es obra de Bernabé López de 1614 y la sillería de coro fue realizada por Martín Christián y Hernando de Moya en 1613, según diseño de Alonso de Vandelvira, cuyos sitiales se encuentran separados por columnas tos­canas alzándose sobre el central una hornacina con figura en altorrelieve que parece de San Gre­gorio, obra de Andrés de Castillejos. Entre otras piezas de interés destaca la imagen del Cristo del Perdón, probable obra de Francisco de la Gándara hacia 1605, que se halla en la antesacristía; y varios bustos-relicarios de santos y santas policromados del siglo XVII. En la sacristía, que se cubre con interesante armadura de madera con decoración geométrica de época fundacional, se guardan notables piezas de orfebrería, entre las que sobresale el relicario de San Pedro de 1614, de plata sobredorada con pequeño baldaquino el frontal de plata de altar mayor, obra de Jacques Uparque en 1631; y un manifestador profusamente labrado en plata realizado entre los años 1763 y 1783.
     Aledaño a la basílica de la Caridad se encuentra el antiguo hospital de San Pedro fundado por Alonso Núñez en 1550. De su reconstrucción, efectuada en 1606, se conserva un patio manierista, de planta  casi rectangular, estructurado en primer cuerpo mediante arquerías de medio punto rebajado sobre estilizadas columnas de mármol blanco, hallándose en la actualidad cegadas las dos galerías existentes en la segunda planta. El patio está centrado por una fuente de mármol blanco con pilar abalaustrado y mascarones en la taza, de estilo manierista y probable origen italiano, que fue donada en 1622 por el duque don Manuel. Asimismo, destaca la armadura de madera que cubre la caja de escalera, de lima bordón con cuatro faldones y doble tiranta central, la cual fue realizada por Juan de Bonilla en el año 1606 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo erigido entre los años 1609 y 1613 bajo el patronazgo de Alonso Pérez de Guzmán, séptimo Duque de Medina Sidonia y Ana de Silva, su esposa, bajo trazas y dirección de Alonso de Vandelvira, presenta planta de cruz latina, con nave central de cuatro tramos con capillas- altares entre contrafuertes y testero plano realizado por gradas. Tras la portada principal, situada a los pies de la nave, se sitúa un amplio coro alto que abarca los dos primeros tramos y vuelve en tribunas sobre el tercero. En la nave central dividida, por perpiaños de medio punto apeados en un sencillo orden apilastrado de potente cornisamento corrido, y en el sotocoro y el testero se voltean bóvedas vaídas forzadas de cantería arenisca, la del presbiterio acuartelada y decorada con heráldica y bajorrelieves de la Anunciación. Las capillas laterales y colaterales del transepto se cubren con cañones, y el crucero con bóveda esférica rebajada sobre pechinas decoradas y torales de medio punto, decorada con casetones radiales y clave con apertura en linterna. La nave central se ilumina con ventanajes altos enmarcados por jambas de medio punto. La portada principal, labrada en cantería, se traza manierista avanzada, remite, incluso en lo iconográfico, a la del convento sevillano de Santa Isabel, esculpida por Andrés de Ocampo bajo condiciones del propio Vandelvira; arco colosal de medio punto, entre orden jónico orden corintio pareado por pilastras toscanas, flanqueadas por heráldica fundacional, rematado por un frontón curvo surmontado por un ático en medio punto de tímpano aventanado, flanqueado por aletas y jarrones. Una segunda portada, labrada en piedra arenisca, se abre en el tercer tramo del lado del Evangelio de la nave central, sin mayores concesiones compositivas.
     La torre, de dos cuerpos de cantería, el bajo cuadrado y el superior ochavado rematado por una cúpula esférica trasdosada de azulejería, ocupa el ángulo del Evangelio del testero. Los contrafuertes, que se manifiestan al exterior entre ventanajes remarcados por cantería y protegidos por antepechos de celosías pétreas caladas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Miguel
     En este lugar se ubicaba la antigua Puerta de Jerez abierta en la muralla medieval, de la que resta sólo la base de una de sus torres integrada en 1694 en el campanario de San Miguel. La iglesia fue construida a mediados del siglo XVII por la Cofradía de San Miguel en el mismo sitio donde se hallaba la ermita de San Juan de Letrán. De nave rectangular, el espacio se cubre con una sobria armadura de madera de lima bordón con el centro del almizate decorado con lacería estrellada y tirantas pareadas. El coro se sitúa a los pies, en alto, abriendo tribunas en los laterales. La fachada principal está centrada por la portada de acceso, la cual es adintelada y está flanqueada con pilastras adosadas. Sobre el entablamento con clásico friso se alza un frontón recto y roto para albergar una hornacina apilastrada con imagen del arcángel San Miguel. Esta fachada presenta la singularidad de acoger una pequeña capilla abovedada, a modo de retablo urbano, situada en el ángulo que forma el hastial con el resto de la edificación. En el mismo lugar se alza sobre el tejado una espadaña de dos cuerpos que abre en el primero dos vanos de medio punto entre pilastras y se corona con frontón recto y roto donde se dispone otra espadañita simple coronada con veleta y cruz.
     El retablo mayor es de arcosolio, de la segunda mitad del siglo XVIII y estilo transicional entre el barroco y neoclásico. Está sin dorar y pintado a imitación de jaspes. Se resuelve en elevado banco con puertas, un cuerpo dividido en tres, calles mediante columnas y ático final. En la hor­nacina principal de sitúa la imagen de Jesús de la Paz, realizada por Bravo Nogales en 1949, que es titular de una hermandad penitencial junto a la imagen de candelero de Nuestra Señora de la Victoria, situada en un retablo lateral, obra de Eslava Rubio en 1969. En el resto del retablo mayor se distribuyen figuras policromadas de San Pedro, sin terminar, San Fernando y San Miguel, del siglo XVI. En los laterales de la nave se dispone un retablo de columnas salomónicas fechado en 1739 que contiene pinturas de San Miguel a la izquierda, San Pedro a la derecha y el Santo Padre en el ático, estando presidida por una imagen de la Virgen de Nuestra Señora de la O, del siglo XVI. En otro retablo reformado se aloja una imagen de San Antonio de Padua y en el ático un altorrelieve de la Virgen casi exenta. También se puede destacar una pintura de Jesús Nazareno, obra posible del siglo XVII; el púlpito del siglo XVIII y un conjunto azulejero, de tonalidades blancas y azules con motivos geométricos del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

Convento de Carmelitas Descalzas
     El convento e iglesia se edificaron entre 1669 y 1675, según proyecto de fray Juan de San Miguel. El conjunto se organiza en una planta casi rectangular, ordenada en torno a tres patios y jardín, donde se sitúan las numerosas depen­dencias. La iglesia es de planta rectangular y una sola nave con cabecera recta. El coro bajo se sitúa en el lateral izquierdo del presbiterio, cerrado con celosía, ubicándose encima una tribuna igualmente cerrada. La nave se cubre mediante bóveda de cañón con arcos fajones, estando de­corada con yeserías geométricas de cartón recortado con florones. En el presbiterio se eleva una bóveda semiesférica sobre pechinas y el coro alto se sitúa en los pies, sobre bóveda muy rebajada, ornamentándose ambas cubiertas con yeserías de roleos vegetales y frutas, las cuales dibujan en el sotacoro cartelas con elementos alusivos a Santa Teresa.
     En la fachada se jerarquiza la entidad de sus puertas, presentando una gradual riqueza decorativa en paralela importancia a las dependen­cias a que dan acceso En el extremo derecho se sitúa la portada del templo, estructurada en dos cuerpos. En el primero se abre un vano de medio punto de acceso flanqueado por apilastrados. So­bre un sencillo entablamento con friso de roleos vegetales se ubican escudos con los anagramas de Jesús y María, en los extremos, y en el centro una hornacina entre pilastras y volutas laterales; que se corona con frontón recto y roto para al­bergar el escudo de la Orden.
     Sigue a ésta otra portada adintelada con frontón curvo y roto con cruz central que accede al pequeño compás donde se localiza la portada lateral de la iglesia, la cual es muy similar a la principal con arco de medio punto de acceso coronado con frontón recto y roto donde se alza el escudo carmelita.
     En la fachada, desde otra sencilla portada se ingresa al locutorio y tornería, cuya estancia está decorada con zócalos de azulejería sevillana del siglo XVIII, además de una pintura al fresco sobre el torno, que representa al Profeta Elías alimentado por el ángel. Sobre el tejado de la iglesia se levantan balconcillos amansardados con frontones curvos y remates piramidales, que se ubican en eje con las portadas principal y lateral, hallándose sobre la cabecera una sobria espada­ña de dos vanos en el cuerpo inferior y un solo hueco en el superior coronado con frontón recto y remates piramidales.
     El retablo mayor, dorado y policromado, fue realizado por Pedro Relingh entre 1701 y 1708. Presenta banco con puertas  laterales, un elevado cuerpo con tres calles divididas mediante co­lumnas salomónicas y ático final. La hornacina central alberga una imagen policromada de la Virgen del Carmen ubicándose arriba un manifestador flanqueado por figuras de ángeles atlantes. En las calles laterales aparecen imágenes po­licromadas de San José con el Niño y San Juan y, sobre ellas, Santa Ana y Santa María Magdalena de Pazi. El ático está centrado por un relieve con el Éxtasis de Santa Teresa, situándose a ambos lados figuras de San Elías y San Eliseo, todas de la época del retablo. Los tres retablos de altar ubicados en la nave son de estilo rococó y fueron ejecutados por Andrés Benítez y Perea hacia 1760. En el lado del evangelio se encuentra un retablo con imagen de candelero de la Virgen de la Soledad y San Rafael Arcángel en el ático, ambas del siglo XVIII; y el segundo retablo-vitrina alberga un interesante grupo de la Sagrada Familia, del mismo siglo, coronado con pintura de La Trinidad. En el lado de la epístola se halla otro retablo-vitrina con la imagen de vestir de Jesús Nazareno, sobre el que aparece una pequeña imagen de Dolorosa, las dos del siglo XVIII. A la derecha del altar mayor hay un retablo de estípi­tes del siglo XVIII con imagen contemporánea de Santa Teresita del Niño Jesús. Y, a los pies del templo, en hornacinas abiertas en el muro, se ubica en retablito de colgar la pintura de una Dolorosa  con  incrustación  de corona  de plata, obra del siglo XVIII. Entre otras piezas destacan las puertas policromadas del comulgatorio de las monjas, de 1734; una imagen de Santa Ana, de principios del siglo XVII; las figuras del Niño Jesús de Praga y el Niño Jesús Pastorcillo, ambas del siglo XVIII. Asimismo cabe mencionar un crucificado de marfil de la primera mitad del siglo XVII y otro hispano-filipino de 1759.
     El claustro principal del convento, de dos cuerpos, se puede fechar en la segunda mitad del XVII. El primero está estructurado mediante arquerías de medio punto entre pilastras que descansan sobre pilares cuadrangulares. A una cornisa caneada se superpone la segunda planta compues­ta por balcones, entre pilastras, algunos transformados en ventanas. Las galerías se decoran con zócalos de azulejería y hornacinas pintadas al fresco en el siglo XVIII que contienen imágenes de diversos estilos y épocas. En diferentes dependencias se encuentran un retrato de San Juan de la Cruz, del siglo XVII; imágenes policromadas de Santa Teresa y la Virgen del Rosario, del siglo XVII; un Ecce Homo del siglo XVIII; y la talla de la Dormición de la Virgen de 1759, situada en el coro bajo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El convento y la iglesia se edificaron entre 1669 y 1675, según proyecto de fray Juan de San Miguel. El conjunto se organiza en una planta casi rectangular, ordenada en torno a tres patios y jardín, donde se sitúan las numerosas dependencias.
     En la fachada se jerarquiza la entidad de sus puertas, presentando una gradual riqueza decorativa en paralela importancia a las dependencias a las que dan acceso. En el extremo derecho se sitúa la portada principal del templo, estructurada en dos cuerpos. En el primero se abre un vano de medio punto de acceso flanqueado por apilastrados.
     Sobre un sencillo entablamento con friso de roleos vegetales se ubican escudos con los anagramas de Jesús y María, en los extremos, y en el centro una hornacina entre pilastras y volutas laterales, que se corona con frontón recto y roto para albergar el escudo de la Orden Carmelita. Sigue a ésta otra portada adintelada con frontón curvo y roto con cruz central de hierro sobre pedestal que accede al pequeño compás donde se localiza la portada lateral de la iglesia, que es muy similar a la principal con arco de medio punto de acceso coronado con frontón recto y roto donde se alza el escudo de la Orden. En la fachada, desde otra sencilla portada se ingresa al locutorio y tornería, cuya estancia está decorada con zócalos de azulejería sevillana del siglo XVIII, además de una pintura al fresco sobre el torno, que representa al profeta Elías alimentado por el ángel.
     Sobre el tejado de la iglesia se levantan balconcillos amansardados con frontones curvos y remates piramidales, que se ubican en eje con las portadas principal y lateral, hallándose sobre la cabecera una sobria espadaña de dos vanos en el cuerpo inferior y un solo hueco en el superior coronado con frontón recto y remates piramidales.
     La iglesia es de planta rectangular y una sola nave con cabecera recta. El coro bajo se sitúa en el lateral izquierdo del presbiterio, cerrado con celosía, ubicándose encima una tribuna igualmente cerrada. El coro alto se cierra con una celosía de madera en la que destaca un lienzo de la Virgen de Guadalupe. La nave se cubre mediante bóveda de cañón con arcos fajones, estando decorada con yeserías geométricas de cartón recortado con florones. En el presbiterio se eleva una bóveda semiesférica sobre pechinas y el coro alto se sitúa a los pies, sobre una bóveda muy rebajada, ornamentándose ambas cubiertas con yeserías de roleos vegetales y frutas, las cuales dibujan en el sotocoro cartelas con elementos alusivos a Santa Teresa.
     La nave del evangelio se adorna con diversos retablos laterales. En el primero de ellos se sitúa el grupo escultórico de San Joaquín, Santa Ana y la Virgen. Remata el conjunto un óleo de la Santísima Trinidad, el retablo de la virgen de la Soledad y sobre ella la escultura de San Miguel Arcángel. En la misma nave se encuentra también un retablo con imagen de candelero de la Virgen de la Soledad y San Rafael Arcángel en el ático.
     En este lado del evangelio, junto a la reja del coro, se abre un acceso hacia la sacristía. De planta rectangular y de cubierta plana. Destaca el torno de madera taraceada que da acceso a la antigua sacristía, decorada con pinturas murales en su parte superior, con motivos vegetales y rocallas, rematado con el escudo de la Orden, y con azulejos en la parte inferior.
     Una pequeña pila de mármol en un nicho decorado por azulejos, da acceso al agua para la purificación.
     El Antecoro es un espacio de tránsito entre el Coro Bajo, el Oratorio y el acceso a la clausura. De planta rectangular y con techos lisos de doble viga de madera, posee esta estancia un amplio zócalo con azulejería más moderna, que las citadas anteriormente. En las paredes, se abren hornacinas que albergan diferentes esculturas. Estas hornacinas están decoradas con pinturas murales, combinando en la parte interna veneras, rocallas y elementos forales y elementos arquitectónicos en la parte externa. Uno de sus muros se abre hacia el Coro Bajo a modo de hornacina, albergando en su interior la imagen de la Dormición de la Virgen, resguardada por una puerta acristalada a cada lado. El interior está decorado con pinturas murales de temática vegetal, arquitectónica y un dosel en color rojo. Al lado de esta hornacina, un pilar de mármol de base abalaustrada, con una pintura mural detrás, con el escudo de la Orden entre rocallas y corona.
     El Coro bajo es una estancia rectangular orientada a la Iglesia y separada por una reja de hierro. Está documentado que en esta parte se encuentra enterrado el cuerpo de Diego Riquelme, principal benefactor de esta comunidad. De planta rectangular, posee techo de bóveda de cañón vaída, con una yesería vegetal de rocallas redonda, enmarcada en un cuadro y, un gran zócalo de azulejos iguales a los del antecoro.
     En la parte del testero, en hornacina, decorada con rocallas, elementos vegetales, angelitos y elementos arquitectónicos, se encuentra la talla de la Virgen del Carmen, donada por Cristóbal de Medina Cabeza de Vaca en 1736. El exterior de esta hornacina tiene pinturas murales de temática arquitectónica y rocallas. De esta misma temática es la otra hornacina, de menor tamaño, que alberga la talla del Ecce Homo.
     Con entrada desde el antecoro, se accede al oratorio por medio de una escalera con bajada doble de madera adornado en la contrahuella con azulejos del siglo XVIII. La estancia es rectangular, irregular, con testero poligonal y cerrado con tres bóvedas vaídas, decoradas en color azul. Posee en los pies un vano y un pequeño banco de material decorado con azulejos. En el lado del evangelio hay otro vano. El testero se decora con un retablo que alberga en su parte central un crucificado de marfil hispano-filipino del siglo XVIII. A sus pies, una Virgen del Carmen. Posee esta estancia dos hornacinas decoradas con pinturas murales en su interior, elementos arquitectónicos, rocallas angelitos y flores. En la parte exterior, unas rocallas de madera enmarcan las hornacinas. Albergan estas hornacinas una talla de la Inmaculada de escuela genovesa y una Santa Teresa de Jesús Doctora. Los dos lienzos ovalados situados a ambos lados de la entrada, en el que se representa a Cristo atado a la columna y a Cristo orando en el Huerto de los Olivos.
     El retablo mayor, dorado y policromado, fue realizado por Pedro Relingh entre 1701 y 1708. Presenta banco con puertas laterales, un elevado cuerpo con tres calles divididas mediante columnas salomónicas y ático final. La hornacina central alberga una imagen policromada de la Virgen del Carmen ubicándose arriba un manifestador flanqueado por figuras de ángeles atlantes. En las calles laterales aparecen imágenes policromadas de San José con el Niño y San Juan y, sobre ellas, Santa Ana y Santa María Magdalena de Pazzi. El ático está centrado por un relieve con el Éxtasis de Santa Teresa, situándose a ambos lados figuras de San Elías y San Eliseo, todas de la época del retablo.
     Los tres retablos del altar ubicados en la nave son de estilo rococó y fueron ejecutados por Andrés Benítez y Perea hacia 1760.
     En el lado de la epístola se halla otro retablo-vitrina con la imagen de vestir de Jesús Nazareno, sobre el que aparece una pequeña imagen de Dolorosa. A la derecha del altar mayor hay un retablo de estípites del siglo XVIII con imagen contemporánea de Santa Teresita del Niño Jesús. Y, a los pies del templo, en hornacinas abiertas en el muro, se ubica un pequeño retablo de colgar la pintura de una Dolorosa con incrustación de corona de plata.
     Entre otras piezas destacan las puertas policromadas del comulgatorio de las monjas, de 1734; una imagen de Santa Ana; las figuras del Niño Jesús de Praga y el Niño Jesús Pastorcillo. Asimismo cabe mencionar un crucificado de marfil de la primera mitad del siglo XVII y otro hispano-filipino de 1759.
     En el tránsito al Altar Mayor se encuentra la cripta, que estaba dedicada exclusivamente a personalidades y familiares de las hermanas que ostentaban cargos relevantes. Se trata de una estancia rectangular cubierta con bóveda de cañón, y un ligero plinto donde se han depositado los féretros.
     La zona conventual es rectangular con tres patios, jardín y numerosas dependencias, formada por veintiuna celdas, sacristía, sala de recreación, pequeña hospedería para sacerdotes, así como otras habitaciones de menor importancia.
     Por el antecoro se accede a la zona privada o conventual. A través de un largo pasillo cubierto con techumbre de madera a dos vigas sujetadas por pilares y dos arcos de medio punto adosados al muro, se van abriendo diferentes estancias a los lados. A la izquierda se sitúa el hueco de la escalera de acceso a la parte superior, abierto al pasillo o zona de tránsito por medio de un arco de medio punto. A la derecha del pasillo se encuentra una pequeña azotea por medio de una puerta de madera de doble hoja, que además posee tres grandes ventanales de acceso e iluminación a la sala de recreación. La sala de recreación presenta varias hornacinas abiertas en los muros, dos a la izquierda y tres en el frente, de menor tamaño. La primera hornacina alberga la talla de San Elías. Al lado otra hornacina contiene la imagen de la Virgen del Rosario.
     Enfrente de la sala de recreación da paso una escalera para acceder a la planta superior. Esta sala cuadrada, alberga zócalos de azulejería, mayormente de temática vegetal, en azul cobalto y crema, donde en su parte superior se encuentra combinado con otros azulejos con cabezas de angelitos y textos: "AVE MARÍA" y "VIVA JESUS Y MARIA".
      Al lado de la estancia anteriormente descrita, se encuentra la celda de Santa Teresa. Junto a la celda de la Santa, hay dos pequeñas estancias que sirven de almacén. En la primera se conserva el suelo original de ladrillo y techo de madera. En la segunda estancia, un pequeño lienzo de azulejería con una abertura de una antigua ventana, donde se representan temas vegetales, arquitectónicos así como representaciones del sol y las estrellas. Remata la composición con "Ave María". Al final del pasillo, se ubica la última hornacina, a la izquierda, que contiene la imagen de Santa Teresa arrodillada.
     Al final del pasillo se encuentra la zona de tránsito, de la que salen dos zonas: a la derecha, un pasillo con las celdas y a la izquierda, unas escaleras que conducen a la portería y el torno.
     La portería, da acceso a la calle mediante una puerta metálica. Es una estancia cuadrada, decorada con paneles de azulejos de diferentes épocas, y estilos diferentes. En el frontal se sitúa el torno de madera. En la parte superior de este frente, aparece una pintura mural en muy mal estado, con un San Elías en el desierto y, donde se encuentra una inscripción, en algunas zonas poco legible, que dice: "ALIA SVECE COMEDE GRADIS ENIM URIRESTAT VIA QUI COMEDIT, ET BIBTE ET AMBVLAVIT IN FORTIT VIMN ECIBIYLIVS VSOUZD MONE DEI HORES". A la izquierda se encuentra una puerta por la que se accede al locutorio alto, de obra reciente, así como a la hospedería. A la derecha, un gran portón de madera, separa la portería exterior con la interior, entrando en la zona conventual.
     El claustro principal del convento, de dos cuerpos, se puede fechar en la segunda mitad del XVII. El primero está estructurado mediante arquerías de medio punto entre pilastras que descansan sobre pilares cuadrangulares. A una cornisa caneada se superpone la segunda planta compuesta por balcones, entre pilastras, algunos transformados en ventanas. Las galerías se decoran con zócalos de azulejería y hornacinas pintadas al fresco en el siglo XVIII que contienen imágenes de diversos estilos y épocas.
    En diferentes dependencias se encuentran un retrato de San Juan de la Cruz, del siglo XVII; imágenes policromadas de Santa Teresa y la Virgen del Rosario, del siglo XVII; un Ecce Homo del siglo XVIII; y la talla de la Dormición de la Virgen de 1759, situada en el coro bajo.
     En la zona de cocinas hay un acceso al patio interior, con entrada por medio de arcos rebajados cerrados con cristales. El antiguo huerto, convertido hoy en jardín, tiene muros altos y acceso al exterior, a través de la calle Amarguillo, y posee dos pozos hoy en desuso. A la izquierda, una pequeña zona se ha habilitado con nichos.
     El acceso a la segunda planta del convento se realiza mediante escaleras. La primera parte corresponde a la zona más cercana a la portería y el torno, donde se encuentra el mural de la Virgen del Carmen protegiendo bajo su manto a los santos carmelitas.
     Destaca el locutorio, con techos de madera de dos vigas, con una pintura mural de dos ángeles velando a Cristo Crucificado, con un dosel arquitectónico falso, rocallas y decoración frutal. En esta zona aparecen varias hornacinas, hoy vacías, aunque con restos de decoración mural, y actualmente se utiliza como trastero.
      La siguiente zona conserva los techos de madera originales de doble viga, así como los suelos de barro cocido rectangulares. La siguiente parte posee hornacinas, así como varias celdas.
      Por medio de un arco se accede a la última parte de este tramo, donde se encuentran escaleras y celdas a los lados. En este sitio se sitúa el despacho de la Madre Superiora y, a través de un pasillo al que se accede mediante arco de medio punto, se encuentran dos estancias, donde se ubican la biblioteca y el archivo del convento. A continuación, se encuentra un rellano que da acceso al coro alto, en el que se conserva también una pila de mármol dentro de una hornacina, decorada con pinturas murales de ángeles en el interior.
      El coro alto es un espacio rectangular cubierto con bóveda vaída, decorada con pinturas murales prácticamente en su totalidad. Posee dos nichos: en el primero se encuentra una imagen de bulto redondo de San Jorge; el segundo esta vacío, aunque se tiene constancia de que él se encontraba un busto relicario de Santa Teresa. En este lugar se situaban las novicias para la misa, separadas de la iglesia por medio de una reja de madera. En la parte superior de ésta, se encuentra una tabla del Calvario. Continuando por el pasillo, se encuentra la zona del noviciado. A la izquierda se accede a una azotea que conforma un espacio en forma de L. Esta zona del noviciado conserva igualmente pinturas murales, y tiene varias habitaciones actualmente reformadas. Seguidamente unos escalones conducen a una zona de tránsito, donde se sitúan una puertas que dan acceso a una reja, por donde las monjas que estaban enfermas podían asistir a la Eucaristía, ya que da acceso visual a la iglesia, concretamente a la zona alta del lateral del altar mayor.
     Desde la concesión del señorío de Sanlúcar a Alonso Pérez de Guzmán el Bueno en 1297, los Guzmanes practicarían una activa labor de patronazgo religioso, atrayendo a numerosas comunidades religiosas a la villa: Franciscanos, Jerónimos, Agustinos, Dominicos, Mercedarios, Jesuitas y Carmelitas, etc., se instalan progresivamente en la ciudad, transformando humildes ermitas en imponentes edificios, que la transformaron en una auténtica ciudad convento.
     Principal antepuerto de Sevilla en la Carrera de Indias servirá de residencia a los religiosos mientras esperan la salida de las flotas.
     La desamortización, posteriormente, provocó la exclaustración de las comunidades religiosas masculinas y la desaparición de los conventos, transformados muchos de ellos en bodegas.
     Como auténticos castillos interiores, los conventos de monjas se rodean de altos muros en los que únicamente la iglesia de una sola nave es el espacio de comunicación con la ciudad. La capilla es colocada paralela a la calle y con dos puertas gemelas de función procesional.
     La iglesia inició su construcción en 1668. Los gastos se costearon con la herencia que Don Diego Riquelme dejó al convento, así como el mecenazgo de Don Diego de Olmedo y Ormasa, gobernador de Comayagua (que regresó a Sanlúcar en 1666), las dotes de diversas religiosas y otros donativos de distintos particulares.
     Las obras no se terminaron hasta 1671. Terminada la construcción de la iglesia se hizo coincidir su dedicación con la beatificación de San Juan de la Cruz, el 20 de Octubre de 1675, con una serie de actos que culminaron con la celebración de una solemne procesión.
     Dentro de los estilos arquitectónicos en los que se puede englobar el convento, principalmente destaca el estilo barroco tardío, de finales del siglo XVII. Fuentes documentales indican que se hizo una reforma en la segunda mitad del siglo XVIII, por lo que también es representativo el estilo rococó (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Diego
     Los dieguinos se instalaron en la ermita de San Blas hasta que se concluyó el convento en 1684 y la iglesia en 1699. Tras la marcha de los frailes en 1835 se ubicó en el edificio el Hospital de la Misericordia. Durante un incendio sufrido en 1927 se perdió la cubrición de la nave del tem­plo, aunque subsistió la bóveda, terminándose su reconstrucción en 1932. La planta de la iglesia es rectangular donde se inscribe una cruz latina, inscribiéndose entre los contrafuertes ocho capillas laterales que presentan accesos de medio punto entre pilastras y se cubren con bóvedas de arista. La nave, el presbiterio y los brazos del crucero están cubiertos con bóvedas de cañón con lunetos y en el crucero se alza una cúpula semiesférica con apilastrado radial, decorándose las pechinas con yeserías vegetales y pinturas. A los pies se sitúa el coro, en alto, destacando en su frente una pintura que representa a la Virgen albergando bajo su manto a santos de la orden franciscana, que se encuentra junto a otros santos como San Francisco y San Diego, todas del siglo XVIII. En 1932 se colocó el actual órgano.
     La fachada principal está centrada por la portada de los pies, que se ordena en dos cuerpos. En el primero se abre un sencillo acceso adintelado, estando presidido el segundo por un enmarcamiento donde se inserta un paño de azulejos con la Virgen de la Milagrosa, titular del templo, a cuyos lados se abren ventanas adinteladas y molduradas que se coronan con frontones rectos y remates decorativos sobre pedestales, ubicándose en el centro el relieve de una cruz. En el extremo izquierdo, sobre el pretil superior de la fachada, se levanta una espadaña de planta angular y un solo cuerpo, abriéndose en cada lado un vano de medio punto entre pilastras.
     El dorado retablo mayor es de la segunda mitad del siglo XVIII y estilo transicional entre el rococó y el neoclásico. Se resuelve en banco, elevado cuerpo central dividido en tres calles mediante grandes columnas de fuste estriado, y ático final. En el centro se venera una imagen de San José, situándose en las calles laterales imágenes policromadas de San Francisco y San Diego, en el cuerpo inferior y dos figuras de arcángeles en el ático, todas dieciochescas.
     A ambos lados del altar mayor hay dos grandes lienzos del siglo XVIII donde se representa a los arcángeles San Miguel y San Rafael, situándose en las zonas superiores pinturas al fresco de época fundacional. También destacan dos pinturas medianas de la Dolorosa y un Descendimiento de finales del XVII. En los lados del crucero se ubican retablos de altar dorados del XVIII y estilo rococó, dedicados a San Francisco de Asís y San Pascual Bailón, del mismo siglo. Entre los retablos de las capillas sobresale el del Sagrario y su frontero dedicado a San Benito de Palermo, ambos del siglo XVIII. Al fondo de la iglesia existe un pequeño retablo de estípites que alberga un lienzo murillesco de la Inmaculada. En otros retablos se sitúan las imágenes contemporáneas de la hermandad de Jesús de la Oración en el Huerto y María de Gracia y Esperanza. Y sobre el muro de la nave hay un apostolado del XVIII. El hospital y sus dependencias, situado en el lateral izquierdo del templo y actualmente rehabilitado como Centro de Salud, se organizan en torno a un patio central con elevadas arquerías de medio punto sobre pilares ochavados, en su planta baja, y ventanales en la alta. Las galerías perimetrales se cubren con bóvedas de arista y arcos fajones (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   

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