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viernes, 16 de octubre de 2026

La imagen de San Longinos a caballo, de Navarro Arteaga, en el paso procesional del Santísimo Cristo de la Lanzada, en la Iglesia de San Martín

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Longinos a caballo, de Navarro Arteaga, en el paso procesional del Santísimo Cristo de la Lanzada, en la Iglesia de San Martín, de Sevilla.
     Hoy, 16 de octubre, en Jerusalén, conmemoración de San Longinos, venerado como el soldado que abrió con la lanza el costado del Señor crucificado (s. I) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
       Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la imagen de San Longinos a caballo, de Navarro Arteaga, en el paso procesional del Santísimo Cristo de la Lanzada, en la Iglesia de San Martín, de Sevilla.
     La Iglesia de San Martín [nº 47 en el plano oficial del Ayuntamiento; y nº 86 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la calle Divina Enfermera, 2 (aunque la entrada al templo se efectúa por la plaza de San Martín, 1); en el Barrio de la Feria, del Distrito Casco Antiguo.
     La vitela que conserva el libro de Reglas de la Hermandad de la Lanzada de 1652, y que recoge las Reglas aprobadas en 1642, nos proporciona el primer testimonio gráfico de la existencia de estas dos figuras secundarias de la Hermandad, pero que por la misma naturaleza del Misterio que representan adquieren un protagonismo principal en la escena.
     Hay noticias de que en 1703 se encargó un nuevo misterio con las figuras de los dos ladrones en la cruz, las Marías, el San Juan, (que es la única imagen de esta época que aún hoy se conserva), y Longinos a caballo con un sayón que le llevaba las riendas, estas imágenes serían destruidas el 3 de febrero de 1810 durante el saqueo realizado por los franceses a la capilla de la Hermandad que se encontraba en el Convento de San Basilio.
     Tras los tiempos difíciles que sufre la Hermandad durante la primera mitad del siglo XIX, en los que deja de salir durante muchos años, en 1847 hace Estación de penitencia la Hermandad de la Lanzada, desde el exconvento de Pasión, presentando la curiosidad de que de la Llaga del costado de Cristo salían dos cintas rojas hasta los ojos de la imagen de Longinos aludiendo al hecho milagroso de la curación de la ceguera de este tras penetrar con su lanza el pecho del Salvador. En 1849 la figura de Longinos sería restaurada por el escultor José Sánchez, para ser desechada en 1851, año en que ese mismo escultor ejecutaría una nueva imagen del Lancero.
     En 1898 se estrenaría una nueva figura de Longinos obra de Emilio Pizarro Cruz y en 1899 reformaría las esculturas del caballo y del sayón, se da la circunstancia de que este escultor fue hermano de esta corporación ocupando los cargos de secretario 2º y de prioste 1º en la misma. La imagen del sayón que llevaba las riendas del caballo sería suprimida de la escenografía del misterio de esta Hermandad en 1957.
     En 1949 se estrenaría una imagen de Longinos a caballo obra de Antonio Rangel que sería reemplazada en 1987 por una nueva imagen obra de Elías Garó y que formaría parte del misterio de esta Cofradía hasta la Semana Santa de 1998, en la actualidad se encuentra en la localidad de Campo de Criptana, (Ciudad Real), procesionando en la Hermandad de la Lanzada de dicha localidad.
     José Antonio Navarro Arteaga realizó la actual imagen ecuestre de Longinos, saliendo por primera vez el Miércoles Santo de 1999.
     Presenta como característica fundamental este conjunto escultórico el dinamismo barroco de raíz berninesca, habiendo usado el imaginero como fuente de inspiración directa la escultura ecuestre del Emperador Constantino realizada por Gian Lorenzo Bernini en 1670 para el espacio de la entrada ceremonial entre el Palacio Apostólico y la Basílica de San Pedro del Vaticano, en la base de la Scala Regia, y que representa a Constantino sobre su caballo encabritado en el momento de tener la visión de la Santa Cruz en la Batalla del Puente Milvio.
     En esta obra de Navarro Arteaga el escorzo de jinete y caballo, (la pata izquierda del animal queda completamente al aire), y el muy bien articulado juego de diagonales de ambas imágenes, dan como resultado un conjunto con mucho movimiento, reforzándose con ello el lenguaje barroco de toda la escena imprimiéndole dinamismo y realismo.
     Gozando tanto el caballo, de excelente factura, como Longinos de un buen modelado y estando cada una de las esculturas bien proporcionadas, la obra se encuentra condicionada en tamaño por su pertenencia e integración al grupo escultórico del misterio en el paso, y existe cierto desfase, apreciable a la vista, en las dimensiones entre el jinete y su montura, siendo el tamaño del romano en proporción mayor que el del caballo que monta. Esta diferencia de proporciones está motivada para evitar tapar la Imagen del Crucificado en el espacio relativamente reducido de la mesa del paso, evitando así que el equino pudiera hacer de efecto pantalla sobre la Imagen del Cristo (Pedro Manuel Fernández Muñoz, en web oficial de la Hermandad de La Lanzada, de Sevilla).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Longinos, soldado
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LEYENDA
     Longinos debe su nombre y su existencia a la lanza (en griego: longké) que atravesó el costado de Jesucristo crucificado. La lanzada, inferida por un simple soldado, era el último acto del suplicio y tenía como objetivo asegurar que el condenado estuviera bien muerto (en los ladrones, el lanzazo se sustituyó con el crurifragium o fractura de los huesos de las piernas).
     El lancero de quien habla el Evangelio de Juan (19: 34), fue confundido con el centurión quien, según Mateo (27: 54), tenía a su mando el pelotón de soldados romanos del monte Calvario, el cual, convertido por los prodigios que acompañaron la muerte del Redentor, habría proclamado la divinidad de éste diciendo: Vere filius Dei erat iste.
     El legendario personaje de Longinos, lanza personificada, resulta entonces de la fusión de dos actores diferentes de la tragedia del Gólgota: el lancero a pie, y el centurión montado.
     Los dos Longinos (sancti Longini) se fundieron en uno solo.
     Para expresar el concepto de la fe abriendo los ojos de Longinos al pie de la Cruz, se imaginó, tal como lo informa la Leyenda Dorada, que padecía una enfermedad ocular y hasta que era ciego (suposición absurda, porque es del todo imposible que los romanos confiaran a un soldado ciego la tarea de asegurar la muerte de un condenado) y que fue curado milagrosamente por una gota de la Santísima Sangre de Jesucristo que saltó sobre su rostro en el momento en que atravesó con su lanza el costado del Redentor.
     Según otra versión menos difundida, Longinos habría perdido la vista en ocasión de la Crucifixión, y la habría recuperado el día de la Resurrección. 
     Los humanistas hugonotes del siglo XVI no se privaron de sarcasmos a propósito de la inconsistencia e inverosimilitud de esta fábula. Henri Estienne se burla con mucha dureza en su Apologie pour Herodote: «Al no encontrar el nombre de aquél que diera la lanzada, lo llamaron propiamente Lanza, porque lanché (longké) significa lanza, el cual nombre, Lonchi, dieron a aquél que dio el golpe. Es verdad que luego se corrompió en Longi; e incluso después de haber tenido ese crédito y de ser incluido en el número de los santos (a causa de ese gran mérito de haber atravesado el costado de Nuestro Señor), su nombre le fue aumentado con una sílaba, llamándole según la terminación latina, Longinus.»
     Como es natural, quiso saberse en qué se había convertido después de la Crucifixión. Los hagiógrafos griegos contaron que se retiró en Capadocia, donde predicó la fe de Cristo y donde fue decapitado. En Italia se pretendía que había llevado algunas gotas de la Santísima Sangre de Jesús y que, por úl­timo, había sido decapitado cerca de la localidad de Mantua, ciudad de la cual es uno de los santos patrones. Un ciego habría descubierto su cabeza en un basural.
     Los teólogos, que  reconocían en él al primero de los gentiles que proclamó la divina misión de Jesucristo, le atribuyeron un significado simbólico. En la escena de la Crucifixión, Longinos, el lancero, representa a los paganos cuyos ojos son abiertos a la luz, en oposición a Stephaton, el portaesponja que encarna a los judíos obstinados en el error.
CULTO
     Henry Estienne se asombra de que la Iglesia haya santificado al hombre que había atravesado el costado de Cristo. Su asombro prueba su incom­prensión de la doctrina cristiana. Para los místicos de la Edad Media, la lanzada era la condición de la Salvación. En un himno a la Lanza que se remonta al siglo XIV, puede leerse esta invocación: «Salvación, hierro triunfal entrando en el pecho del Señor, tú nos abres las puertas del cielo.» Por añadidura, si Longinos ha sido canonizado, es evidente que no lo fue como verdugo, sino porque el hecho de haber sido, después de San Juan Bautista, el primero que dio testimonio de la divinidad de Cristo, y porque Jesús, desde lo alto de la Cruz, lo había perdonado: Jesús perdonó a Longinos.
     Aunque la leyenda de Longinos resulte insostenible desde el punto de vista histórico, su culto puede justificarse perfectamente desde el punto de vista teológico.
     Las dos insignes reliquias sobre las cuales se fundaba esta devoción, son la lanza que atravesó el flanco de Cristo y el cáliz en el cual Longinos habría recogido la Santísima Sangre de Cristo. Ya se sabe qué papel tuvieron la Santa Lanza y el Santo Grial en el poema místico de Parsifal. La lanza, que se conservó durante mucho tiempo en Constantinopla, fue donada por el sultán Bayaceto al papa Inocencio VIII, y forma parte, junto al Sudario de Santa Verónica, del tesoro de San Pedro de Roma. El cáliz habría sido llevado a Mantua en  el siglo XI. De ahí que Longinos sea el patrón de esta ciudad. También es el protector de los jinetes y de los caballeros porque generalmente está representado a caballo al pie de la Cruz. El culto de la Santísima Sangre ha contribuido en gran manera a su popularidad.
ICONOGRAFÍA
     Longinos siempre está representado con ropas militares, ya como centurión, ya como caballero de la Edad Media (Der Blinde Ritter). Y aparece tanto a pie como a caballo.
     Su atributo obligado es la lanza de la cual toma el nombre, y que le sirve de armas parlantes. Su arma se diferencia de la lanza de San Jorge porque está intacta, mientras que la del caballero de Capadocia está partida.
     De su boca suele salir una filacteria con la inscripción: Vere filius Dei erat iste.
1. Figuras
     Es infrecuente que Longinos aparezca representado aisladamente, en incluso en una Santa Conversazione, con independencia de la escena de la Crucifixión.
     Del mismo modo que en los grupos de la Anunciación el ángel y la Virgen forman pareja a ambos lados del coro, Longinos a veces enmarca, junto a José de Arimatea, a Jesús clavado en la cruz.
2. Escenas
     Las escenas de la vida de Cristo en las que está representado San Longinos, son la Crucifixión y la Resurrección.
Crucifixión
     Longinos es parte integrante de la iconografía de la Crucifixión. Forma pareja con el portaesponjas, símbolo del judaísmo, igual que la Iglesia con la Sinagoga.
     Como era difícil creer que un ciego haya podido acertar con el costado de Cristo, a veces es su escudero (vidriera de Berna) quien dirige la lanza.
Resurrección de Cristo
     La presencia de Longinos en la Resurrección se justifica por la segunda versión de su leyenda. Uno de los guardianes del Santo Sepulcro cae de rodillas ante Cristo resucitado: es Longinos, a quien se reconoce por su atributo: la lanza.
La decapitación de Longinos
     Una miniatura del Menologio de Basilio (siglo XI), representa la decapitación de San Longinos. Una vieja ciega de Capadocia encuentra su cabeza en un montón de basura (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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