Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte las Fiestas en honor a la Virgen del Rosario, en Burguillos (Sevilla).
Hoy, 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte las Fiestas en honor a la Virgen del Rosario, en Burguillos (Sevilla).
Las fiestas se hacen coincidir con el primer viernes del mes de octubre, iniciándose el jueves previo y finalizando la jornada del domingo.
La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.
El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia.
Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza.
Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.
Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen con el Niño;
Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nombre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien acaricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad del Rosario;
Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano. El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571. Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval. Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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Hoy, 7 de octubre, Memoria de la Santísima Virgen María del Rosario. En este día se pide la ayuda de la Santa Madre de Dios por medio del Rosario o corona mariana, meditando los misterios de Cristo bajo la guía de aquella que estuvo especialmente unida a la Encarnación, Pasión y Resurrección del Hijo de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
Y que mejor día que hoy para ExplicArte las Fiestas en honor a la Virgen del Rosario, en Burguillos (Sevilla).
Las fiestas se hacen coincidir con el primer viernes del mes de octubre, iniciándose el jueves previo y finalizando la jornada del domingo.
Los miembros de la hermandad remontan el origen de la misma al siglo XVI, siendo los datos más antiguos de los que se dispone de 1545. La imagen es patrona de la villa y ha disfrutado de la devoción de los vecinos durante generaciones, por lo que las fiestas en su honor han contado desde hace mucho tiempo con una gran participación y no han hecho más que crecer con el transcurrir de los años.
Por otro lado, la novena que se celebra en su honor ha de ser incluida en la fase de preparativos, ya que los vecinos asocian este periodo a las celebraciones en honor de su patrona. Teniendo en cuenta esta circunstancia es necesario señalar que la novena comienza a celebrarse diez días antes del primer viernes de octubre y termina el miércoles anterior con un besamanos en la iglesia parroquial.
Del mismo modo, el domingo anterior al primer viernes de octubre suele leerse el pregón que, desde 2.004, anuncia el inicio de las celebraciones y fiestas en honor a la Virgen del Rosario de Burguillos.
En cuanto a las carretas que algunos grupos de fieles preparan para la romería, éstas suelen comenzar a prepararse ya en la misma semana de las fiestas, dado que no conlleva demasiado tiempo. Por lo general las mujeres son las encargadas de fabricar las flores de papel, mientras que los varones se ocupan de la estructura de la carreta. Por lo general la decoración se ultima el día previo a la romería.
Las celebraciones en honor a la Virgen del Rosario de Burguillos destacan por la complejidad y la variedad de las mismas, así como por la profusión de salidas procesionales. La imagen llega a salir tres veces en menos de setenta y dos horas.
El primer acto en honor a la Virgen del Rosario de Burguillos tiene lugar en la madrugada del jueves anterior al primer viernes de octubre, cuando a las seis de la mañana sale de la iglesia parroquial un rosario de la aurora público que va entonando las distintas letanías y misterios por las calles de la población. En su mayoría los participantes son mujeres, pero también suelen acudir varones, miembros de la hermandad del Rosario.
Sin embargo, el primer día cargado de actos es, sin lugar a dudas, el viernes. Sobre las diez de la mañana comienza una Función Solemne en la iglesia parroquial que es seguida por multitud de fieles. Tras su finalización la imagen de Nuestra Señora del Rosario realiza su salida, acompañada por gran número de jóvenes, vestidas de mantilla blanca, y señoras con mantilla negra. Sin lugar a dudas ésta se ha ido convirtiendo, con el paso de los años, en la procesión más multitudinaria de todas las que se celebran durante las fiestas. Sin embargo hasta no hace mucho, a la misma sólo acudían aquéllos que se dedicaban a las faenas del campo y que podían disponer de la mañana para acompañar a la imagen. Para aquéllos que no podían desatender las labores agrícolas tenía lugar la procesión de la noche -desde las diez hasta las una y media de la madrugada, aproximadamente), que cubre casi en su totalidad el recorrido de la mañana.
En ambas procesiones participan un gran número de limosneros, en su mayoría mujeres. Estos limosneros se desplazan en parejas entre los asistentes a la procesión y los vecinos, uno de ellos lleva un báculo con el escudo de la hermandad y el otro una bolsa de fieltro roja o una canastilla, donde acumulan las ofrendas monetarias de los fieles y de donde extraen banderitas y estampas para entregar como muestra de agradecimiento.
La disposición de los acompañantes en el cortejo es siempre la misma. Abre la procesión un pequeño estandarte de la hermandad, llevado por la Reina de las Fiestas y sus Damas de Honor; les siguen numerosas mujeres de mantilla y los representantes de las distintas hermandades del pueblo. A continuación las autoridades civiles y religiosas junto a la junta de gobierno de la cofradía, y, ya junto al paso, dos niños vestidos de acólitos. Tras la Virgen del Rosario desfila una multitud de mujeres con velas encendidas, una por cada petición o promesa, de tal modo que no es extraño que una misma mujer lleve varias velas, incluso todo un hato de ellas.
Al finalizar las procesiones tienen lugar las pujas. Ante la puerta de la iglesia se detiene el paso y aquéllos que desean tener el honor de "introducir" la imagen en su templo, pujan para lograrlo, hasta que se alcanza el precio máximo y el hermano mayor cede su vara de mando para que el agraciado pueda llevar a cabo la misión de ordenar la entrada de la Virgen del Rosario en su templo.
Tras haber finalizado la procesión, a altas horas de la madrugada, no es de extrañar que el sábado amanezca muy tranquilo. Por lo general se trata de un día en el que los vecinos se dedican a ultimar los detalles para la romería del día siguiente. En años anteriores, cuando se celebraba la feria de la Virgen, el sábado era el día en el que más vecinos acudían a las casetas, sin embargo en 2010 la mayoría de ellos disfrutaron de comidas en familia o en restaurantes. Es evidente que este día se ha quedado algo "vacío" de significado, por lo que no resulta descabellado pensar que, en unos años, se organice algún tipo de acto para llenar este hueco festivo, hoy cubierto con un pasacalles musical por las distintas vías de la población para anunciar que las fiestas del Rosario continúan.
El domingo compite con el viernes en cuanto a importancia ritual y número de actos. Por la mañana temprano, en torno a las nueve y media sale el Simpecado de la hermandad montado en una carreta de bueyes camino de la ermita. El estandarte va acompañado por jinetes y miembros de la hermandad, también a caballo. Numerosos fieles a pie avanzan delante del carruaje marchando al son de un tamboril. Conforme la comitiva avanza por las calles del pueblo se le van uniendo más fieles, hasta que al llegar al final de la calle Real, se despiden del simpecado las autoridades municipales y el párroco, y se unen a la carreta los demás carruajes y un gran número de jinetes y vecinos que harán el camino a pie.
El itinerario hacia "La Madroña" es sencillo y no muy largo. Discurre por un paisaje que se va elevando lentamente y en el cual la vegetación es cada vez más profusa. La llegada a la ermita se produce hacia las once. Se baja el Simpecado de la carreta y se sitúa en el altar de la ermita, ante el cual se celebra una misa de romeros. Al finalizar, los romeros se diseminan entre la arboleda para comer y pasar el día con familiares y amigos. Al caer la tarde, sobre las seis, comienza el recorrido de vuelta, si bien el grupo de romeros que acompañan al cortejo en esta ocasión es considerablemente menor, ya que muchos se marchan en coche a Burguillos para recibir allí al Simpecado.
Mientras en el pueblo la imagen de la Virgen del Rosario ha salido otra vez en procesión. El paso marcha con la compañía casi exclusiva de algunos hermanos de la junta de gobierno de la hermandad hasta la calle Portugal, allí se dispone a la imagen mirando hacia el arroyo que cruza la villa, donde se concentra progresivamente gran cantidad de fieles. De repente, por la avenida de los Trabajadores, se ven venir a los jinetes que acompañan la carreta del Simpecado, y al poco tiempo la carreta aparece por la calle. En medio de una gran expectación y abriéndose paso trabajosamente entre la multitud, la yunta bueyes se acerca al paso de la Virgen del Rosario hasta situarse a sólo unos palmos de distancia, rindiendo homenaje a la patrona del pueblo. En ese momento estalla todo el júbilo contenido, desde los balcones cercanos se lanzan pétalos de flores y los vecinos lanzan vivas y alabanzas a su patrona; la alegría es aún mayor cuando el boyero es capaz de conseguir que los animales se arrodillen ante la imagen, cosa que sucede en pocas ocasiones.
A continuación los jinetes, los fieles, el Simpecado y el paso de la Virgen se disponen en esta formación para realizar la última procesión por las calles de Burguillos. La comitiva avanza despacio, pues cada pocos metros grupos de vecinos se detienen a cantar y a bailar al son que marca el tamboril. No es de extrañar que hasta cerca de las nueve no llegue la procesión a la plaza del ayuntamiento. Allí se despide a la carreta, que regresa discretamente a la parroquia, y se sitúa al paso de la Virgen de espaldas a la casa consistorial para que jinetes y devotos rindan homenaje a la Virgen pasando frente a ella; ocasión que algunos aprovechan para ofrecerle ramos de romero y flores. Ya cerca de la medianoche se reemprende el camino hacia la iglesia de San Cristóbal Mártir, ante cuya puerta tendrá lugar la última puja de ese año.
Como en tantas otras poblaciones donde la devoción por una imagen se mantiene viva y resulta un elemento integral de la sociedad, las fiestas en Burguillos han ido creciendo en complejidad. Por ejemplo la romería ha ido registrando un aumento en el número de asistentes y, desde 1.983, dispone de un sitio fijo. Del mismo modo, se ha incorporado también el pregón, varios días antes de la primera procesión.
Como se apuntaba más arriba, la romería es una incorporación, si bien se celebra desde hace tiempo. La primera romería tuvo lugar en 1.941, cuando se peregrinó hasta el antiguo convento franciscano que se encontraba en la finca "El Coto". A partir de ese año la romería alternó varios lugares para su celebración, hasta que en 1.983 se escogió el paraje de "La Madroña" para llevarla a cabo, por ser éste de propiedad municipal. En 1.991 se inauguró la actual ermita, edificada gracias a la cesión de la tierra por parte del ayuntamiento y con la contribución de devotos y vecinos de Burguillos. En un
principio la romería tenía lugar el lunes posterior al primer viernes de octubre, pero en 1.977 se optó por celebrarla el domingo posterior para que, de este modo, todas las celebraciones se concentrasen en el mismo fin de semana.
Por otro lado ha desaparecido la feria que se asociaba a estas celebraciones. Esto puede responder a dos condicionantes, el primero económico, ya que resultaba caro para los vecinos asistir a dos ferias, una en honor de la Virgen del Rosario y la otra en honor a San Cristóbal, y por otro lado a un motivo sociopolítico, ya que el propio ayuntamiento ha maniobrado durante años para lograr una feria conjunta.
Se distinguen claramente dos espacios rituales. Por un lado la propia población, que se adorna con farolillos, banderolas, así como con colgaduras en los balcones para celebrar las distintas procesiones. Por otro, el recinto de la ermita, donde se distribuyen grupos de amigos y familiares para disfrutar de un día de campo y de comensalismo.
La comitiva del Rosario de la Aurora parte de la iglesia parroquial de san Cristóbal Mártir y sigue por las calles Concepción de Osuna, Real, Portugal, Arroyo Paso de la Villa, Avenida de Andalucía, Real, Concepción de Osuna y vuelve de nuevo a la iglesia.
Recorrido de la procesión del viernes por la mañana de la Virgen del Rosario, acompañada por gran número de fieles, la comitiva parte de la iglesia de san Cristóbal Mártir y continúa por las calles Concepción de Osuna, Real, Gallinera, Virgen de la Fuentecilla, avenida de los Trabajadores, Arroyo Paso de la Villa, Avenida de Andalucía, Virgen del Rosario, Real y Concepción de Osuna para hacer de nuevo su entrada en el templo.
Recorrido de la carreta del Simpecado. El cortejo parte de la plaza Cardenal Amigo Vallejo y continúa por La Fuente, Gustavo Adolfo Bécquer, Concepción de Osuna, avenida de las Espigas, Virgen del Rosario, Real, (avanza unos tres kilómetros hasta el paraje de "La Madroña").
Recorrido de la procesión de retorno de la Virgen con la carreta del Simpecado. La procesión da comienza en la iglesia y continúa por las calles Concepción de Osuna, Real, Portugal, por donde la Virgen discurre en solitario. El encuentro de Simpecado con la Virgen tiene lugar entre esta calle y Arroyo Paso de la Villa. Acto seguido continúa por la avenida de Andalucía, Real - al llegar al ayuntamiento se separa la carreta que porta el Simpecado- y Concepción de Osuna, haciendo su entrada en el templo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Santísima Virgen María del Rosario;La devoción de la Virgen del Rosario, esencialmente de los dominicos, está muy vinculada con el culto de la Virgen de Misericordia del cual, en ciertos aspectos, no es más que una prolongación.
El rosario (rosarium) etimológicamente designa una corona de rosas: es una variedad de sarta de cuentas, chapel o chapelet en francés arcaico, usual hasta el siglo XVI, con el mismo sentido. Las cuentas estaban representadas como rosas blancas y rojas que luego se reemplazaron por bolas de dos clases, las más grandes para los Pater que comienzan cada decena, y las más pequeñas para los Ave. El gran rosario se compone de ciento cincuenta Ave María que se llamaba Patenostre Damedie (en francés arcaico, Patenôtre es una corrupción de Patrenostre -Pater Noster-), al tiempo que el pequeño rosario, que es un tercio de grande, sólo tiene cincuenta.
En suma, es un instrumento para contar, un ábaco, como aquéllos que empleaban los comerciantes y que usan los musulmanes, aunque en este caso sirvan para contar plegarias y no dinero.
Los dominicos hacían remontar el origen de esta devoción al fundador de la orden, en consecuencia, al siglo XIII. Alrededor de 1210 la Virgen se habría aparecido a Santo Domingo y le habría entregado un rosario que éste llamó corona de rosas de Nuestra Señora, y fue gracias a ese talismán que habría triunfado contra la herejía albigense.
En realidad, como lo demostraron los bolandistas, el rosario no es una intervención de Santo Domingo sino de un santo bretón de su orden, personaje poco edificante, y hasta de una lujuria desvergonzada, que se llamaba Alain de la Roche (Alanus de Rupe) que vivió a finales del siglo XV. Hacia 1470 escribió una obra titulada De Utilitate Psalterii Mariae, que fue traducido a todas las lenguas.
En 1475, Sprenger, el prior de los dominicos de Colonia, especie de Torquemada alemán, autor del famoso Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), instituyó en esta ciudad la primera cofradía del Rosario, que fue aprobada por una bula pontificia. La Virgen del Rosario no apareció sobre ningún documento figurativo anterior al último cuarto del siglo XV (no obstante, en algunos pequeños bajorrelieves ingleses de alabastro, que normalmente datan del siglo XIV, se ve aparecer, junto al arcángel San Miguel que pesa las almas en la balanza, a la Virgen que intenta engañar, como Satán, pero en sentido opuesto, esforzándose en inclinar la balanza en favor de un alma en peligro, colocando un rosario sobre el extremo del astil). Se trata entonces de una devoción tardía, más o menos contemporánea del culto de la Virgen de los Siete Dolores o de las Siete Espadas, y muy posterior a las Vírgenes de la Piedad y de Misericordia.
Gracias a la propaganda de los dominicos que patrocinaron cofradías del Rosario en todas partes, esta nueva devoción se difundió con asombrosa rapidez. El papa le atribuyó en 1571 el mérito de la victoria de Lepanto sobre la flota turca.
Iconografía
Para representar a la Virgen del Rosario, los dominicos tomaron en principio el tipo de la Virgen de Misericordia. En un tríptico de la iglesia de San Andrés de Colonia, fechado en 1474, que es la primera representación conocida del tema, la Virgen sólo se distingue de la Schutzmantelmadonna porque su manto está estirado como una cortina por dos santos dominicos, Santo Domingo y San Pedro Mártir, y porque dos ángeles sostienen una triple corona de rosas sobre su cabeza.
Una segunda fórmula, que no tardó en sustituir a esta imitación, no fue mucho más original: esta vez los dominicos tomaron el modelo de la Virgen de los Siete Gozos o de los Siete Dolores, rodeada por una aureola de tondos. La Virgen del Rosario se inscribe en una sarta en forma de mandorla, compuesta por grandes rosas historiadas que se intercalan entre cada decena. La Salutación Angélica de Veit Stoss, suspendida de la cúpula de la iglesia de San Lorenzo de Nuremberg, es uno de los ejemplos más conocidos de este tipo: el grupo mariano se inscribe en un rosario de cincuenta pequeñas rosas separadas por tondos.
Por último, se vio aparecer un tercer tipo iconográfico que excluye definitivamente estas contaminaciones. La Virgen se representó sentada, con el Niño Jesús sobre las rodillas, y es ella o el Niño quienes presentan el rosario a Santo Domingo.
A la Virgen dominica del Rosario, los carmelitas opusieron la Virgen del Escapulario. Nuestra Señora del Carmelo se habría aparecido al general de la orden San Simón Stock, y le habría entregado un escapulario, prometiéndole que quienquiera lo llevase estaría al abrigo de las penas del Infierno e incluso de las del Purgatorio (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de la Virgen con el Niño;
Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad
Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nombre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques.
Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres.
Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones.
El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien acaricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Historia de la Solemnidad del Rosario;
Esta fiesta, ligada al ejercicio piadoso del rezo del salterio mariano, tiene su origen en las Cofradías del Rosario, que florecieron en la segunda mitad del siglo XV, las cuales acostumbraban a solemnizar el primer domingo de octubre con la misa de la Virgen Salve radix sancta del Rito Dominicano. El diecisiete de marzo de 1572 inscribió San Pío V Ghislieri en el Martirologio Romano en el día siete de octubre el título de Santa María de la Victoria para conmemorar la victoria de Lepanto, que había acaecido el domingo siete de octubre del año anterior, 1571. Dos años más tarde, Gregorio XIII Boncompagni, por la Bula Monet Apostolus de uno de abril de 1573, permitió que se celebrase una fiesta en honor del Santísimo Rosario el primer domingo de octubre en las iglesias o capillas que venerasen tal advocación mariana en memoria de la intercesión mariana en la victoria naval. Fue extendida a toda la Iglesia Latina el tres de octubre de 1716 por Clemente XI Albani tras la victoria sobre los turcos en Peterwardein. Benedicto XIII Orsini, dominico, le introdujo lecciones propias. León XIII Pecci, gran devoto y propagador del rosario le concedió Oficio propio en 1888. Fue fijada en la fecha actual el año 1913 en la reforma del calendario de San Pío X Sarto y en el 1969 figura como memoria obligatoria (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
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