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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 10 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz.

Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros
     La Iglesia Mayor, con la advocación de San­ta María de los Milagros, levantada en un lugar extramuros de la desaparecida cerca medieval de la población, es el santuario que sustituye al de la primitiva iglesia o Castillo de San Marcos. Esta iglesia desaparecida es anterior a la actual, la cual se comienza a levantar con el patrocinio ducal en el siglo XV, trabajando el citado maestro sevillano Alonso Rodríguez. Sería de tres naves, con crucero poco acusado, capillas laterales y ábside de planta pentagonal. Amén de la planta, lo más significado de la misma es la no concluida portada gótica de los pies, la del Perdón, cuyo estilo y labor de cantería se relaciona con el modelo de fachada del coetáneo monasterio de la Victoria. Con el hundimiento de la nave central a comienzos del siglo XVII y tras informes de maestros venidos de fuera, como el jiennense Juan de Aranda Salazar, quien a la sazón intervenía en la Catedral de Jaén, la fábrica tendría  una reedificación sustancial en la que se distingue el cantero jerezano Antón Martín Calafate, director de la obra en 1647, y cuyo proyecto, a su vez, también sería continuado a su muerte por el maestro mayor Francisco de Guindos a partir de 1659. Éste, seguramente atento al proyecto de Calafate, conservará prudentemente el carácter gótico preexistente al cubrir la poderosa nave central con bóvedas de crucería. Mantiene la estructura goticista de arbotantes externos bien visibles y renuncia a un cimborrio y balaustrada proyectados por Calafate. Los sufragios de las cofradías impulsan también la obra de una nueva capilla para el Sagrario, a los pies de la iglesia y en el lado de la epístola, así como la capilla de las Ánimas y la Sacristía Mayor. Prácticamente terminado el templo en la década de 1660, el maestro Pedro Mateos de Grajales, asesorado por Felipe Sánchez Niño y Felipe de Santiago, inicia en 1676 las obras del coro, construcción situada al gusto de las catedrales hispanas en el centro de la nave central, abierto por el crucero y provisto de una reja del mismo siglo, frente al altar mayor y ocupando todo el espacio que señalan los pilares del segundo tramo de la nave central. A la iglesia, que todavía sufrirá alguna reforma, ya clasicista, en especial tras el terremoto de 1755, se accede por la que pasa a ser funcional o ritualmente su portada principal, la del Sol. Es un elaborado compendio de estilos, muy recargado de ornamentación, pues denota la obra plateresca del siglo XVI, cuya traza podemos relacionar con la autoridad del sevillano Martín de Gainza, con relieves que obedecen a programas iconológicos marianos, y una culminación barroca en el frontón ondulado, abierto por dos óculos a los lados de un relieve de Dios Eterno y coronado con las tres virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, mientras las cuatro cardinales asientan sobre los estribos del muro a uno y otro lado de la portada, iconografía trentina sin relación con los relieves de la mis­ ma. En el centro, bajo el gran arco, campea en su hornacina la imagen de la Virgen de los Milagros sobre el Castillo, en su doble condición de patrona del Puerto y del templo.
     En el interior de éste, amén de la variada pin­tura que se distribuye a lo largo de sus paredes y dependencias, destaca poderosamente la capilla del Sagrario, a los pies de la nave de la epístola, en la que resplandece un frontal o retablo de plata labrado en 1685 por el mejicano José de Medina a instancias de un donante local, el capitán Juan Camacho Jaina, quien había sido alcalde mayor de ciudad virreinal de San Luis de Potosí. Se trata de un imponente panel profusamente labrado, sobre unas gradas de hacia 1699 para apoyo de candelería y del sagrario­ tabernáculo. Encima, una peana sobre ménsulas sostiene cruz o manifestador y, en la misma vertical, arriba, un rombo con la representación cristífera de un sol radiante y, abajo, el sagrario. La corona sobre el retablo, también de plata, es adición neoclásica de José de Piñero y José de Viera en 1805 en sustitución de una concha sostenida por dos águilas que remataba el conjunto. Éste se completa con el frontal, a modo de ban­co, y, más adelantada, una barandilla de treinta balaustres, todo también de similares fechas y distintos donantes. Entre otras obras también es de interés el ángel lamparero de cedro que cuel­ga del arco toral que divide en dos secciones la capilla, tradicionalmente atribuido a la Roldana pero, con mayor probabilidad, obra jerezana de comienzos del XVIII, así como un cuadro de un Nazareno de final del siglo XVII, objeto de devoción traído desde la antigua ermita de los Mi­lagros. A continuación, la capilla de San Antonio o de la Oración en el Huerto, antiguamente de Santa Teresa, más conocida por el nombre de su fundador, el comendador don Benito de Benavi­des; ofrece un retablo hispano-flamenco del siglo XVI con hermosas pinturas representando en el primer cuerpo los temas pasionales del beso de Judas, la oración en el Huerto, la vía dolorosa y Cristo atado a la columna; en el segundo un San Jerónimo y la estigmatización de San Francisco y, en el ático, un San Antonio de Padua, un Descendimiento y otro santo más.
     La imagen de bulto, en el camarín, representa a San Antonio Abad y el relieve bajo la clave del arco un Padre Eterno. Siguen la Capilla de las Ánimas, con retablo barroco del siglo XVII al estilo del hispalense Bernardo Simón de Pine­da y una imagen de San Miguel próxima al de los Roldanes, la puerta del Sol, la capilla de San José, con retablos de la segunda mitad del XVIII, capilla bau­tismal, del Ángel de la Guarda, puerta del Per­dón, capilla de Santa Rita y, ya en el lado del evangelio, la del Santo Entierro o de la Sole­dad. En su retablo dieciochesco se disponen las veneradas imágenes de un Cristo yacente, figura de sereno dramatismo, tal vez del fi­nal del XVI, que resulta de la adaptación de un crucificado con los brazos articulados hecha por el escultor portuense J. Bottaro en 1925.
     La talla de candelero de la Virgen de la Soledad, muy similar a la de los servitas de Madrid, fue encargada por Isabel de Valois en 1565 a Gaspar Becerra, el artífice del retablo de la Catedral de Astorga y seguidor en sus años de formación romana de Miguel Ángel Buonarotti. La imagen, con motivo de los daños que ocasionaba la ocupación francesa en el Puerto durante la Guerra de la Independencia, fue rescatada desde su lugar original, el monasterio de la Victoria, terminando en esta capilla. Conti­núan la del Cristo de la Misericordia, donde hay una Señora de la Piedad del círculo del escultor genovés Maragliano, activo por estas tierras, la del Nazareno que, en su retablo moderno, neobarroco, alberga dos expresivas tallas de San Juan Evangelista, hecha por el imaginero sevillano Pedro Roldán en 1662, y del Nazareno, imagen jerezana de comienzos del XVIII y la capilla de la Virgen del Rosario o de los Valera. Ya en la cabecera, en paralelo por disposición y prestancia al espectáculo del Sagrario, se impone la presencia de la Capilla de la Patrona, la Madre de Dios de los Milagros y de la Santa Misericordia, Virgen  de los Milagros o, como en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, Santa María del Puerto. El retablo plenamente barroco de la primera mitad del siglo XVIII con camarín en cuyo interior y cobijada por una hor­nacina posterior, se manifiesta la imagen de la Virgen. Ésta es una talla gótica del siglo XIII a la que posteriormente se daría el color moreno al rostro, siguiendo la tradición de las vírgenes negras, y se la vestiría y ornamentaría al modo de las imágenes de candelero. Del cuerpo ori­ginal hoy sólo se conserva el rostro, parte de la cabeza y cabellera y cuello, siendo las manos un añadido. En la misma capilla hay una interesante colección de exvotos populares.
     En cuanto a la capilla mayor cabe decir que, habiendo sido ocupado todo el testero por un retablo del siglo XVI, dado su deterioro ya en el siglo XVIII, fue sustituido a partir de 1807 por el tabernáculo neoclásico de mármoles jaspeados que centra el altar mayor. Es obra del maestro Ángel Fernández, sobre proyecto de Bartolomé Ojeda Matamoros. Las esculturas, dos ángeles en adoración, los cuatro evangelistas y, coronando la cúpula, la Fe, son de la mano del académico ga­ditano Cosme Velázquez, también de igual fecha. Enfrente queda el púlpito de hierro forjado, adosado a uno de los pilares. Tras los muros del altar mayor están la capilla de San Pedro y la Sacristía de Guindos, con su recia bóveda de crucería, centrada por una sólida mesa de jaspe y amueblada por una cajonería encargada al artífice Juan de Ubises en 1694. Aquí se custodian ternos y platería de interés de distintos siglos y estilos. En cuanto al coro, la sillería, de nogal y cedro, con dos cuerpos de bancos y los escudos de Medinaceli presidiendo el frente principal, que dicen es obra de Juan Bautista Vázquez «El Joven» de comienzos del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El arquitecto tracista del edificio fue Alonso Rodríguez, maestro mayor de la catedral hispalense, al menos desde 1498.
     La planta diseñada por Rodríguez era de tres naves con crucero ligeramente acusado y ábside pentagonal. A ambos lados se fueron abriendo capillas basadas en fundaciones y capellanías de nobles portuenses.
     Con el tiempo la planta fue deteriorándose, y a principios del siglo XVII, se hundió la nave mayor, pereciendo varias personas. Se trajeron entonces de Sevilla a distintos maestros que dieron su parecer sobre la reedificación del edificio. En 1647 se le ofrece la dirección de las obras de la iglesia a Antón Martín Calafate, cantero jerezano que traza un templo de tres naves, aprovechando la estructura gótica original de sus muros exteriores, ábsides y capillas.
     El proyecto de Calafate presentaba cubiertas de bóvedas de cañón con lunetos en las naves, y en el crucero un cimborrio sobre pechinas con la representación de los cuatro evangelistas. Exteriormente diseñó una balaustrada con pedestales rematados en jarras. Sin embargo, tras el fallecimiento de éste y el nombramiento como maestro mayor de Francisco de Guindos se introducen varios cambios; las bóvedas de cañón pasan a ser de crucería, suprimiéndose el cimborrio trazado. Guindos consigue llevar la fábrica a su conclusión gracias, principalmente, a la ayuda económica de algunas cofradías, construyendo de ese modo las capillas del Sagrario y de Animas, y la Sacristía Mayor.
     El acceso al templo se hacía a través de dos portadas exteriores. A los pies se abre la del Perdón de estilo gótico. En esta fachada se levanta el campanario, obra del maestro mayor Diego Moreno.
     En la fachada lateral se ubica la portada actual de entrada denominada del Sol, atribuida al arquitecto Martín de Gainza, profusamente decorada en época barroca, presentando un primer cuerpo con arco de medio punto flanqueado por dobles columnas sobre las que se apoya un entablamento y friso. El intradós del arco de acceso presenta una ornamentación a base de casetones. En el segundo cuerpo, a modo de tímpano, se abren tres hornacinas. Remata la portada un frontón con cornisa ondulada y las esculturas teologales.
     Según recoge la historiografía tradicional ya en el siglo XIII se constata la existencia de un templo donde hoy se ubica la Iglesia Mayor. Sin embargo, la documentación existente nos lleva hasta el siglo XV, momento en que se construye una iglesia bajo la advocación de la Virgen de los Milagros patrocinada por el Duque de Medinaceli (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).    

Museo Municipal
  El Museo Arqueológico Municipal es, desde 1982, el centro público local encargado de conservar, restaurar y difundir los más destacados bienes arqueológicos, artísticos y etnográficos del Patrimonio Histórico Portuense.
Sección de Arqueología
     En Paleontología destacan los restos de cetáceos, escualos y bivalvos procedentes de El Manantial (Terciario final), así como mandíbulas y defensas de Elephans Meridionalis y Mastodontes de La Florida (Pliopleistoceno).
     Los depósitos prehistóricos comprende el yacimiento de El Aculadero, (Paleolítico Inferior Arcaico), considerado entre los más antiguos de Europa. También restos materiales de las culturas del Paleolítico Medio y Postpaleolítico, hallados en las playas de la Puntilla y Levante.
     Del Neolítico-Calcolítico se exponen restos hallados en Cantarranas y Las Viñas, poblados del tercer milenio a.C., y primera población sedentaria de la zona.
     La Edad del Bronce Final, "tartéssico", del último milenio, refleja un poblamiento intenso, así como relaciones culturales con talasocracias del mediterráneo Oriental. La Torre de Doña Blanca y su necrópolis, Las Cumbres, destacan por su importancia histórica. La primera es un tell con hallazgos de seis niveles de población que van del s. VIII a finales del s. IV a.C. abarcando materiales arqueológicos del periodo fenicio orientalizante del Mediterráneo Occidental. De la Necrópolis cabe destacar el túmulo nº 1, con tumbas de incineración del s. VIII a.C. La zona costera refleja un intenso comercio de los siglos V y IV, como muestran los restos que se exponen.
     La romanización aparece en la campiña y en la costa, con alfares de ánforas, villas agrícolas y necrópolis rurales, como la de Las Viñas, del s. I al IV d.C.
     La cultura visigoda se presenta en los hallazgos de la finca El Barranco, con restos de necrópolis y hábitat.
     De época medieval, el Museo cuenta con restos de alquerías árabes de los siglos XII y XIII.
     Desde el s. XVI al XIX, los fondos arqueológicos reflejan las relaciones comerciales de El Puerto con América.
Sección de Bellas Artes
     Esta sección se compone fundamentalmente de obras pictóricas de artistas locales contemporáneos.
     Entre estas obras destacan las de Francisco Lameyer (1825-1877), pintor romántico en cuyos temas está presente el ambiente africano y oriental, al mismo tiempo que el costumbrismo andaluz. Entre ellas destaca un dibujo con el título "Saqueo e incendio de Roma".
     De Eulogio Varela (1868-1955) se cuenta con temas tradicionales como "El baile" o "El estudio de Berruguete", como su colección de "ex libris" y dibujos modernistas, de cuyo estilo es digno representante en sus ilustraciones, grabados y acuarelas. Atisbos modernistas ofrecen también la obra de Enrique Ochoa (1891-1977), llamado en su tiempo "el pintor de música", que está presente en esta sección con las obras "Señora con mantilla negra", "Pobre poeta" o "El enano", entre otros.
     De los artistas coetáneos cuentan los fondos museísticos con obras de Rafael Alberti (1902), que experimenta un resultado muy personal combinando la pintura y la poesía en sus "Liricografías". Ricardo Summers "Serny" (1908) participa del tema femenino: "Reposo" o "Flores blancas"; y de las escenas de carnaval, en el pastel o grabados con el título "Carnaval". De Juan Lara (1921-1995), portador de un realismo tradicional, se muestra una representación de sus acuarelas, como la de tema árabe "La morita de los pajaritos". En cuanto al insigne artista Manolo Prieto (1912-1991), el Museo posee una interesante muestra de sus más representativos bocetos de carteles, así como, una serie de medallas de temas eróticos. La Escultura estructuralista de Fernando Jesús (1924), pintores que poseen un estilo preciso y riguroso que dominan los temas locales con detalle.
     De otra parte destacan grabados de Antonio Ribera, ilustrados con poemas de R. Alberti y del escultor Pablo Serrano, dedicado al poeta.
     Esta sección cuenta asimismo con cuadros y tallas de pequeño formato, de carácter religioso e histórico, de autores desconocidos de los s. XVII al XX. Entre los primeros cabe destacar algunos retratos de monarcas y un "San Sebastián" del s. XVII.
     Sus fondos están compuestos por bienes materiales de nuestro pasado prehistórico e histórico (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Sala Hospitalito - antiguo Hospital de la Divina Providencia
     El edificio, de características neoclásicas con claros tintes barrocos afrancesados, posee una interesante iglesia de planta cuadrada y ábside poligonal exento que según las crónicas no se llegó a finalizar quedando su construcción a la altura de las cornisas. A pesar de ello, se intuye que el templo debía ser de tres naves, siendo la central más alta que las laterales. Su portada estuvo adornada con mármoles de Málaga. En ella se superponen tres cuerpos en los que se percibe la sencillez de lo clásico en el primero, y el adorno de lo barroco, en el segundo. El tercero consta de una hornacina en la que se halla una imagen de la Virgen de los Milagros.
     El patio interior está constituido por una galería de arcadas de alto puntal apeada sobre columnas toscanas de mármol, y un segundo cuerpo con almohadillados y vanos enmarcados en líneas quebradas, ejemplo de armonía entre lo nuevo y lo tradicional.
     En el piso superior existe una sala abovedada en cuyo centro surgen cuatro columnas toscanas, sobre alto pódium, que sirven de soporte a las bóvedas y dan esbeltez y riqueza al conjunto. Posee una escalera de barandales de cedro torneado cuyo hueco está adornado con techumbre plana de ostentosas yeserías, un marco decorado con rocallas en la pared al frente y puttis en los ángulos de dicha cubierta. En las salas del edificio abundan las azulejerías trianera y valenciana.
     Esta obra hospitalaria para mujeres y casa de asilo para niñas huérfanas fue fundada el 12 de septiembre de 1750. Fue uno de los primeros edificios de España y quizás el único que tenía por objeto el socorrer a mujeres desde su niñez hasta proporcionarles trabajo. De su primer emplazamiento en la calle de las Cruces, se trasladaría a este edificio, ubicado en la calle Zarza, esquina a la de Granado. Sus obras comenzaron en junio de 1753.
     En el último cuarto del siglo XIX, este edificio fue cedido por el estado para instrucción pública (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).
     La nueva Sala Hospitalito, ubicada en el Barrio Alto de la Ciudad conforma la extensión museográfica del actual Museo Arqueológico Municipal.
Alta y Baja Edad Media
     El tránsito hacia la alta Edad Media en El Puerto de Santa María está representado como en el resto de la Península Ibérica, caracterizado por una dispersión del hábitat rural y la disgregación de los conjuntos urbanos establecidos y consolidados en el mundo antiguo tardorromano. 
     El registro arqueológico de la cultura centroeuropea visigoda está basada en la penetración de las corrientes culturales de los territorios bárbaros, los nuevos ritos funerarios fundamentados en rituales arrianos y la proliferación de la vida netamente rural, sobre los mismos asentamientos tardorromanos de la Edad Antigua. 
     En El Puerto de Santa María tanto en la ubicación actual como el área campesina agropecuaria, se han hallado varias necrópolis cuyos ajuares responden a inhumaciones con armas de hierro, dagas, puntas de flechas, hebillas y broches de cinturones, de cobre y bronce, cuyos caracteres centroeuropeos están presentes en todos los estilos y símbolos religiosos y civiles. La Finca de El Barranco próxima a la laguna de Terry y en los trabajos de restauración de la Ermita de Santa Clara a cargo de la Escuela Taller, se descubrieron y documentaron dos necrópolis netamente visigodas con objetos arqueológicos expuestos en la Sala Alcanatir.
Arqueología Islámica Andalusí
     La Alta Edad Media del Bajo Guadalete y El Puerto de Santa María está representada por la presencia de restos inmuebles y muebles de carácter arqueológico de origen islámico (Andalusí), que abarca un periodo temporal entre los siglos VIII a finales del siglo XIII (1275) y un largo asentamiento poblacional y cultural de las culturas islámicas, Emiral (Emiratos), Califal, Taifa y Almohade Andalusí.
     El territorio que abarca el actual municipio de El Puerto de Santa María en época islámica se conformaba por una serie de alquerías o conjuntos de casas rurales defendidas por cerros y torres. Se distribuía así el hábitat disperso característico del mundo islámico en la Península Ibérica en todos los medios agropecuarios, agrupando huertas de regadío, pozos de agua, tierras baldías para el ganado, etc. hoy día conocidas nominalmente por los topónimos inscritos en las cartas de los repartimientos de los siglos XIV y XV, y conservadas en la campiña portuense: Alcanatir, Sidueña, Grañina, Campix, Vaina, Finogera... 
     En todos los antiguos restos de estructuras arqueológicas de las alquerías el Museo Arqueológico Municipal ha documentado el material arqueológico expuesto de esta época: ajuares de cocina, servicios de mesa, contenedores de agua y vino, armas defensivas y ofensivas, piezas lúdicas de ajedrez, etc. así como una magnífica losa sepulcral de origen meriní del siglo XIV, de la Colección de Luis Caballero. Para completar la Baja Edad Media, queda incorporado a la exposición restos arqueológicos y estratigráficos de los siglos XV a XVII, con una importante colección de vajillas de tradición morisca o mudéjar, procedente del Monasterio de la Victoria y excavaciones urbanas de la Plaza de Isaac Peral (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Casa Palacio de los Leones
     Sirve de modelo de estas viviendas barrocas la denominada Casa de la Placilla, construida en 1790, también denominada Casa de los leones, por los dos relieves de animales que coronan las pilastras de la portada bajo el balcón principal. La portada se anima con cortinajes figurados, una hornacina que albergaba una imagen de la Virgen de Caldas, enmarcada por semicolumnas torsas, todo ello entre dos pilastras, y arriba el balcón de perfil alabeado en su vuelo y enmarca­do bizarramente (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El edificio presenta una estructura de fachada-retablo propia del barroco, y tanto en su calle central y principal como en los laterales, posee motivos propios de este estilo, como el baldaquino, las columnas salomónicas y el frontón ondulado.
     El recargamiento de la decoración, los relieves mixtilíneos de las ventanas, el dosel a modo de cortina que cubre la puerta de entrada y los entrantes y salientes de las cornisas y de toda la fachada en general, así como su consiguiente efecto de claroscuro, confieren a la fachada un estilo barroco puro y recargado.
     La hornacina que se halla sobre la puerta, se encontraba ocupada por una imagen de la Virgen de la Escalada.
     Remata el edificio una cornisa decorada por florones pétreos sobre basas decoradas por óculos de escasos relieves.
     Destacar finalmente el enmarque de los balcones superiores a base de pilastras y líneas ondulantes.
     En el interior posee un patio columnado y una amplia escalera de acceso a los pisos superiores, que se levantan alrededor de él en forma de galerías abiertas.
     Podemos afirmar que el modelo más representativo de las casas barrocas de El Puerto de Santa María, es la construida por don Pedro Montes en 1790, denominada "Casa de la Placilla". Popularmente también se la conoce como "La Casa de los Leones", calificativo que debe a los dos relieves que posee sobre las pilastras que enmarcan la puerta de entrada bajo el balcón principal (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Convento de Santo Domingo
     La fundación del antiguo Convento de Nuestra Señora del Rosario, de la Orden de Predicadores de Nuestro Patriarca Santo Domingo de El Puerto de Santa María, hoy centro de enseñanza, se remonta a 1656. En esta fecha la casa ducal de Medinaceli aceptó la llegada y el asentamiento definitivo, en la ciudad, de la orden dominica.
     Una orden religiosa estrechamente relacionada con la evangelización de América y que encontró en El Puerto un lugar idóneo para su asentamiento ya que, por entonces, El Puerto y la Bahía de Cádiz era uno de los enclaves principales vinculados del comercio con América, pasando a ser, años más tarde, cabecera de la flota a Indias.
     El edificio construido gracias al patrimonio del duque de Medinaceli conserva buena parte de sus dependencias.
     De su antigua fachada, situada en la calle San Bartolomé, hay que destacar el escudo de mármol de la orden de Santo Domingo, con la cruz floreada y el perro portando la antorcha. Una figura que representa la luz que Santo Domingo daría al mundo como guardián de la doctrina católica.
     Conserva, la fachada, en la parte superior, dos relieves con las figuras de un hombre y una mujer, ambas ataviadas con capas de plumas y cargadas con grandes cestos sobre sus cabezas. Imágenes que, por sus rasgos, se pueden identificar con indios americanos.
     El edificio, pese a la gran transformación que ha sufrido a lo largo de los siglos, conserva el antiguo claustro con su exquisita decoración y restos de la antigua iglesia, hoy desaparecida, y de la que se conserva la cúpula del crucero donde se ha instalado la biblioteca. 
     De la iglesia del convento sabemos que se comenzó a construir en 1698. El templo contaba con la puerta de acceso por la c/ Santo Domingo, de una sola nave, cubierta de bóveda de cañón y cúpula de media naranja y con cuatro altares laterales uno de ellos dedicado a Nuestra Señora del Rosario, titular del convento.
     A partir del primer tercio del siglo XIX el antiguo convento del Rosario comenzó un profundo proceso de transformación para adaptarse a nuevos usos y funciones: fue sede del Ayuntamiento, de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, instituto de enseñanza laboral, de bachillerato, y de enseñanza secundaria y bachillerato en la actualidad (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Fundación Rafael Alberti
     La Fundación Rafael Alberti tiene su sede en un edificio de dos mil metros cuadrados que contiene la donación hecha por Rafael Alberti y su primera esposa María Teresa León a la ciudad natal del poeta, uno de los máximos representantes de la Generación del 27.
        En esta casa, en la que vivió de niño, hay depositada una colección de fondos que abarca un siglo de la historia de España: manuscritos, cartas, pinturas, documentos audiovisuales, distinciones, así como una magnífica biblioteca. 
     La Exposición Rafael Alberti: Un siglo de creación viva, inaugurada por los Reyes de España, muestra en un ameno recorrido cronológico la biografía del poeta que surge de los amplios paneles con fotos, dibujos y poemas caligrafiados. 
     En ellos, la mítica vida de Rafael Alberti, su obra literaria y pictórica, su irrenunciable compromiso político, sus treinta y nueve años de exilio en Francia, Argentina e Italia, quedan reflejados con rigurosa fidelidad. Desde su primer libro de poemas, Marinero en tierra (1924), hasta Canciones para Altair (1989) y su último volumen de memorias, La Arboleda perdida (1996), su obra ha sido ejemplo de una intensa vida dedicada con plenitud a la creación artística (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Convento de la Concepción
     Este convento de clausura de monjas concepcionistas franciscanas fue uno de los primeros de la orden instituida por Beatriz de Silva, pues llegan al Puerto a comienzos del siglo XVI, tras comprar una casa en 1518 y acondicionarla para hospital de pobres. La fábrica actual procede de las reedificaciones desarrolladas en el siglo XVIII e, incluso, a comienzos del XX. La iglesia al exterior posee dos portadas barrocas, sólo aparen­temente iguales, emparejadas como en el citado templo del Espíritu Santo.
     En sus hornacinas se albergan una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, del siglo XVI, ésta bajo un tímpano con un rostro de Dios Pa­dre bendicente, de popular traza, y, la otra, un San Francisco. El interior es de una sola nave, cubierta por bóveda de cañón, con crucero y bóveda hemiesférica sobre pechinas. En el altar mayor hay un conjunto de azulejos de artistas sevillanos de 1540 y un magnífico retablo barroco estructurado por estípites en tres calles y ático, donado por el mercader local o cargador de Indias, Jacinto José de Barrios, en 1757. En la hornacina central, entre San Joaquín y Santa Ana, se venera una Inmaculada que sigue el modelo sevillano de Martínez Montañés. Otros re­tablos del siglo XVIII se disponen a lo largo del templo con imágenes de distinta cronología. La sacristía, bajo una vistosa bóveda de ca­ñón con falsos lunetos, presenta paneles de azulejos de comien­zos del siglo XVIII, policromados y con motivos florales, así como una cruz hecha con piezas de la escuela holandesa de Delft.
     El claustro, un cuadrado de considerable tamaño con siete arcadas por lado, tiene una fuente fechada en 1737, rehundida en un hueco formado por diez gradas. Accediendo al coro alto, separado de la iglesia por un cancel de madera de similar fecha, aparecen, entre otras piezas, un Cristo atado a la columna, talla del final del siglo XVII que, en otro momento, ha estado expuesto en el expositor del retablo mayor, así como un retablo dieciochesco con una imagen de candelero de la Inmaculada Concepción. En su ajuar quedan piezas de platería de interés así como un bello crucificado de marfil (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La iglesia del convento es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones que apoyan sobre pilares y almohadillados. Sobre el crucero se levanta una media naranja con florón en el centro. A los pies se ubica el coro, al cual se accede por medio de dos puertas adinteladas, de sencilla estructura. Sobre un gran arco escarzano, se levanta el coro alto. Ambos coros quedan cerrados por magníficas rejas.
     El convento tiene la peculiaridad de poseer dos portadas de cantería, una de entrada y otra de salida de feligreses, si bien una de ellas se halla actualmente cegada. La que hoy sirve de acceso, presenta vano adintelado con orejetas y ménsula en la clave, rematando en cornisa y volutas en los extremos. A ambos lados surgen otras dos especies de hornacinas, entre especies de balaustres. El conjunto queda perfectamente enmarcado con las dos columnas toscanas de orden gigante que flanquean el vano de ingreso, las cuales apoyan sobre pedestales y culminan en cornisa que, al centro adquiere la forma de un tronco triangular. La portada cegada, por su parte, presenta vano adintelado sobre columnas toscanas que apoyan sobre pedestales, rematando en una cornisa que da paso al segundo cuerpo. Aquí se abre una pequeña hornacina, flanqueada por estípites, culminando en frontón recto.
     El claustro, de estructura rectangular, sigue las normas generales de estos recintos, formado por una doble galería que apoya sobre pilares de ladrillo, con arcos de medio punto en la inferior, y estructura adintelada en la superior. Interesante es la fuente ubicada en el centro, la cual posee estructura octogonal rehundida en el suelo.
     La historia de este convento arranca del siglo XVI, como Hospital de la Concepción, cuyas obras se iniciaron en 1517 y, tras trece años de trabajos, fue inaugurado en 1530. Su fisonomía actual es el resultado de las reformas y ampliaciones realizadas durante los siglos XVII y XVIII, cuyo máximo exponente es la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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jueves, 4 de agosto de 2022

El Seminario Menor, de Fernando Barquín, en Pilas (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Seminario Menor, de Fernando Barquín, en Pilas (Sevilla).    
     Hoy, 4 de agosto, Memoria de San Juan María Vianney, presbítero, que durante más de cuarenta años se entregó de una manera admirable al servicio de la parroquia que le fue encomendada en la aldea de Ars, cerca de Belley, en Francia, con asidua predicación, oración y ejemplos de penitencia. Diariamente catequizaba a niños y adultos, reconciliaba a los arrepentidos y con su ardiente caridad, alimentada en la fuente de la santa Eucaristía, brilló de tal modo que difundió sus consejos a lo largo y a lo ancho de toda Europa, y con su sabiduría llevó a Dios a muchísimas almas (1859) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].  
     Fue proclamado por Pío XI "patrón de los sacerdotes" en su canonización en 1925, de ahí qué sea hoy el mejor día para ExplicArte el Seminario Menor, de Fernando Barquín, en Pilas (Sevilla)
     El Seminario Menor, se encuentra en la avenida Pío XII, 85; en Pilas (Sevilla).
      El Seminario Menor de Pilas en Sevilla se empezó a construir el 16 de Julio de 1957 de la mano del arquitecto sevillano Fernando Barquín Barón (1917 - 1965) arquitecto de reconocido prestigio por sus líneas innovadoras, quien para elaborar el proyecto visitó Alemania, Bélgica y Holanda.
     Las instituciones de Pilas entregaron en propiedad al arzobispo de la diócesis, don José María Bueno Monreal, a quien el Abad de Curas Párrocos de la ciudad, don Antonio Tineo Lara presentó la iniciativa de construir un Seminario Menor en Pilas, unos terrenos situado en la salida del pueblo de Pilas, sobre la carretera de Villamanrique, bastante amplios, más de 10 hectáreas.
     Fernando Barquín optó en su construcción por una solución novedosa, por lo que rechazó de antemano todo perjuicio formal que sería un lastre en un proyecto de ésta índole, sin que por ello se quiera insinuar siquiera que se pretende hacer una aportación de cierta importancia en este campo de la arquitectura, pero imponiendo una revisión de ideas y conceptos.
     Tras estudiar varias soluciones, llega a una idea general de planta abierta con grupos de edificaciones muy independientes unidos solo por galerías cubiertas para proteger del sol y de la lluvia. Llegó a esta solución no solo para adaptarse a la topografía del terreno sino que corresponde a una filosofía novedosa para ese tiempo, y completamente actual en nuestros días.
         Con el planteamiento de un criterio funcional, expresivos de unos métodos docentes que tienden a poner al hombre más en contacto con la naturaleza, equilibrando así su actividad intelectual intensa en los años de formación con espacios físicos, amplios y sanos como son los jardines y el campo, que es el ambiente más apropiado para el integral desarrollo humano e intelectual, surgió un edificio que conserva plena vigencia.
     Un edificio magníficamente concebido apareciendo una buena arquitectura y adaptándose totalmente al terreno. Las galerías crean ejes con transparencias con un juego de luz y de sombras de gran riqueza Se apartó, por tanto, de la arquitectura "imponente" de muchos seminarios construidos en aquella época para ir a otro más amable, menos impresionante, que encajaba con las ideas buscadas. El ladrillo, la piedra, los enlucidos blancos sacan su propia expresividad sin concesiones a formas decorativas. El edificio surgió como relación entre volúmenes muy simples que van creando ambientes de patios y jardines.
     El centro de todo el complejo es la iglesia, a un lado del templo, alrededor de un precioso patio está el rectorado, el comedor, zona de profesores, administración y salón de actos. Un salón de actos utilizado actualmente de forma periódica por Daniel Barenboim, director de la orquesta West­ Eastern Divan, integrada por jóvenes músicos españoles y de todos los países de la región de Oriente Medio. Al otro lado, las aulas y los pabellones de dormitorios, con los destinados a los más pequeños más cerca de las aulas y los de los mayores en el punto más alejado Al fondo se encuentra las zonas deportivas y piscina, ordenadas por el vestuario.
     Al ser Fernando Barquín un gran colorista, usa los colores siempre con una criterio puramente arquitectónico, no como un elemento de decoración u ornamentación. En el Seminario de Pilas deja fachadas en sus colores naturales de los materiales que emplea ladrillo, piedra, verde de la vegetación, los enlucidos y los enfoscados blancos. En la iglesia aparecen los colores de las vidrieras, resaltando el altar, o creando ambiente de recogimiento en las capillas laterales. Las puertas con luminosos vidrios verdes y azules suaves son una maravilla por la sencillez de su composición
     En el comedor los pilares revestidos con gresite vidriado provocan unos reflejos que le dan ligereza y transparencia al espacio.
     Una parte fundamental del proyecto es la vegetación y la jardinería. Un edificio concebido desde el principio para poner en contacto al hombre con la naturaleza. Fuertes masas verdes de árboles de hoja perenne, principalmente pino piñonero, alternado con espacios vacíos (campos de deportes entre otros) que daban una variedad de ambientes y paisajes. La puerta de cancela de entrada con muros de piedra y ligeras placas de cubierta armonizando con el conjunto.
     Se empleó soluciones constructivas de vanguardia armonizadas con la tradición de nuestra arquitectura losas voladas, hormigón visto de la torre, pilares metálicos que confieren gran esbeltez a las pérgolas, los toldos, como son los vuelos de la marquesina del vestuario.
     El 3 de Mayo de 1961 fue solemnemente bendecido por el Cardenal Doctor Bueno Monreal en presencia del entonces Jefe del Estado Francisco Franco.
     El periódico L'Osservatore Romano, en su edición de 12 de Mayo de 1959 refiriéndose al .Seminario Menor de Pilas tiene a bien alabar el conjunto arquitectónico como "El mejor de España y de los mejores instalados de Europa". '"\
     En 1979 se convirtió en el colegio subvencionado de EGB Torre del Rey de Pilas. Hoy es el actual conjunto residencial Lantana (Seminario Menor de Pilas).
     Las ventajas que ofrece la separación respecto a la gran ciudad, la bondad del clima por la cercanía al mar y las cualidades ambientales de un entorno próximo al Parque de Doñana fueron determinantes para la elección del emplazamiento del Seminario Menor. Situado a las afueras del pueblo, en su límite Sur, próximo a la carretera de Villamanrique de la Condesa, el Seminario ocupa una superficie que sobrepasa las quince hectáreas. Posteriores y próximas construcciones de carácter residencial ¿viviendas unifamiliares aisladas o entre medianeras- no impiden que el conjunto se imponga, por escala y claridad de la intervención, sobre su entorno en transformación. La suave topografía descendiendo hacia la cuenca del Guadiamar favorece la relación de esta arquitectura con su paisaje más inmediato, sobrepasando, sin que sus volúmenes sean de escalas imponentes o desmesuradas, las nuevas construcciones.
     La implantación del Seminario Menor en el pueblo de Pilas dio entrada a una nueva imagen de modernidad en el medio rural en una experiencia análoga a la que desarrollaron los pueblos de colonización. Como se afirma en un extracto de memoria del proyecto: "Queremos huir en cambio de un ambiente que pudiéramos llamar sugestivo de un falso sentimiento estético, poético, emocional si se quiere, pero que dista del verdadero concepto de Arquitectura Sacra que debe ser más racional al apoyarse en verdades dogmáticas". El propio Fernando Barquín encontraba en la arquitectura religiosa el campo de expresión óptimo de una arquitectura racional. La orientación a levante de la capilla determina la del resto de edificios del conjunto con bloques exentos comunicados entre sí por una pérgola que hace las funciones conectivas de los claustros porticados de la arquitectura monástica.
     El seminario se sustenta en la idea de una adecuada funcionalidad, ya ensayada y comprobada en otros ejemplos de la arquitectura sevillana contemporánea como la Universidad Laboral que diseñara pocos años antes la oficina OTAISA.
     Estudiados los recorridos y las funciones, el seminario se organiza en varios edificios independientes, favoreciendo la creación de espacios abiertos ajardinados que obligan al contacto de sus residentes con la naturaleza, en claro reflejo de la apuesta por la humanización de la arquitectura que se efectuaba en la Europa de la posguerra, y ayudando a completar la introspección inherente al programa. Las condiciones climáticas y topográficas se reflejan en estos espacios abiertos y en la proliferación de galerías cubiertas, expresión arquitectónica de los recorridos y de las relaciones funcionales que se producen entre espacios libre y edificios. Las dimensiones, la disposición en planta y en menor medida, la diversidad de forma y escala de los edificios, especialmente la Capilla, son los principales instrumentos utilizados por el arquitecto para crear variedad y distinción entre distintas zonas, dentro de la extensa superficie que ocupa el seminario.
     Accediendo por la avenida Pío XII, a la izquierda se situaron las zonas de clases y de dormitorios. Los edificios destinados a dormitorios poseen tres plantas, siendo exentos los dos más alejados de la entrada mientras que el tercero compone con las clases un conjunto que dibuja una planta en ¿U¿ con patio abierto hacia el Norte. Los tres edificios de dormitorios respondían a la división en grupos según las edades de los seminaristas, alejándose del edificio de las clases a medida que la edad de los estudiantes era mayor. El destinado a los mayores se construyó sobre pilares, liberando la planta baja para que el jardín continuase bajo del edificio como espacio protegido con mal tiempo. La zona destinada a clases posee dos plantas de altura y su orientación se debe a la búsqueda del sol en invierno y de los vientos dominantes procedentes del mar en verano.
     Al lado derecho se situó un conjunto de edificios destinados a administración, zona de profesores, salón de actos, comedor y zona rectoral. La organización de estas funciones determinó que los bloques se dispusiesen cerrando un espacio central de planta cuadrada. Las distintas alturas precisas en cada caso para desarrollar el programa exigen una uniformidad en el tratamiento de las fachadas reforzada por la incorporación, en planta baja, de una galería cubierta que cierra el conjunto y articula convenientemente a la escala de la persona las transiciones entre edificios.
     Las secciones que de esta parte del seminario pueden realizarse siguiendo las dos direcciones principales, dibujarían la articulación volumétrica que, procediendo del programa, atiende también a las condiciones del entorno inmediato. Los dos edificios más bajos, paralelos a la avenida Pío XII - alineado al vial el salón de actos y en su frente el comedor-, permiten que tanto la zona rectoral como la administrativa cierren con su mayor altura el fondo de un espacio abierto pensado como un interior al concentrar toda la atención en los edificios que lo delimitan. En este caso, la contemplación del paisaje exterior ha de realizarse desde las distintas estancias que se proyectan en los edificios. Entre la zona de dormitorios y aulas y la zona de administrativa, un gran espacio abierto, y en directa relación con la calle, se cierra con la Capilla. 
   En el proyecto de Fernando Barquín para la Capilla se adelantaba la reforma posterior del Concilio Vaticano II respecto a las orientaciones y funcionamiento de la liturgia. El altar de la Capilla, situado al fondo, fue aprovechado por el arquitecto para potenciar al máximo la especialidad interior, al ir progresivamente subiendo el techo, pero también al descender el suelo ajustándolo a la pendiente del terreno. En este sentido, la Capilla es deudora de la influencia notoria en el manejo de la luz que la iglesia de Ronchamp, obra de Le Corbusier, supuso para los edificios de culto de la época. La sección longitudinal descubre también un delicado juego de alturas en la entrada aprovechando la galería cubierta que de nuevo es utilizada para rodear el gran patio exterior entre la Capilla y la calle. Al espacio único y principal de la Capilla se añaden otros laterales destinados a capillas menores, que junto a los confesionarios y el altar componen una arquitectura interior en equilibrio con la exterior. La terminación con ladrillo visto y piezas prefabricadas como material de cualificación de sus superficies siguen la línea de austeridad que distinguen en general a las iglesias y capillas que en otros colegios y barriadas también construyera Fernando Barquín, en clara afinidad con la arquitectura nórdica del momento.
     A los pies de la Capilla, y en inmediata proximidad al patio entre la Capilla y la calle, se encuentra la torre campanario, que ofrece una poderosa referencia visual al conjunto al situarse justo frente al acceso principal al recinto. La planta de la torre es en aspa, determinada por la presencia visual de la estructura de hormigón, que se evidencia en sus cuatro esquinas. Cerrando la escalera interior de la torre, un muro de ladrillo visto se despliega en toda la altura, inclinándose hacia el exterior conforme asciende hacia la coronación, con lo que la presencia del hormigón es más evidente en la base, en claro sentido tectónico, y se minimiza en el extremo superior. Coronando la torre, una losa de hormigón visto ofrece soporte al campanario, que se conforma como una estructura abierta sustentada sobre ocho perfiles metálicos, que sostienen una losa intermedia y otra de las mismas dimensiones en la coronación. En línea con diseños anteriores del mismo arquitecto (el Colegio de los Padres Blancos en Sevilla), el chapitel de la torre también queda abierto, dibujado mediante simples perfiles metálicos inclinados que sostienen la veleta y la cruz en el remate.
     El empleo del hormigón armado y del ladrillo constituye el rasgo característico de la obra. Como muestra de la vinculación con las corrientes que transformaron la materialidad de la arquitectura moderna en la década de los cincuenta es de destacar el empleo de la piedra sin desbastar en la portada de acceso al conjunto desde la avenida, así como en elementos puntuales de las zonas comunes y el altar de la Capilla. En la composición del conjunto intervienen también las masas vegetales, con árboles de hojas perennes ¿pinos- que entran en la delimitación y cualificación de los espacios abiertos y dan continuidad a la naturaleza y al paisaje en el que se enclava el seminario.
     Aunque inicialmente se encontrara en la afueras del pueblo el desarrollo urbanístico de los últimos años ha integrado el edificio en el tejido urbano. El entorno se encuentra en transformación. El nuevo crecimiento de la ciudad hacia el Sur hace prever que la gran parcela situada frente a la fachada de acceso del conjunto se urbanice con viviendas unifamiliares o entre medianeras al uso de la zona.
     A partir del año 1991, el seminario se transformó en un complejo residencial que se oferta como pensión y como hotel de dos estrellas. Con 114 habitaciones, está especialmente destinado a grupos para encuentros y reuniones. Desde entonces su denominación es Complejo Residencial Lantana. Sigue siendo propiedad de la Diócesis y no se han realizado transformaciones que supongan alteraciones sustanciales de la obra que dirigiese Fernando Barquín. El estado de conservación del conjunto es bueno. Cabe destacar, sin embargo, la pérdida del mobiliario original, que ha quedado sustituido por uno de diseño reciente y carácter anodino (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Juan María Vianney, presbítero
     Jean Marie Baptiste Vianney o Viannay, párroco de Ars, localidad situada al norte de Lyon, modelo de todas las virtudes sacerdotales.
     Nació en 1786, y en 1818 fue designado cura párroco del pueblo de Ars, en la región de Dombes (Ain), perteneciente a la diócesis de Belley, donde mu­rió en 1859. Se le debe la introducción en Francia del culto de santa Filomena, personaje desprovisto de todo fundamento histórico y que pertenece al conjunto  de las supercherías hagiográficas .
     La popularidad de Vianney atraía hacia su confesionario a multitudes de peregrinos, más numerosos que los visitantes cosmopolitas y mundanos que en el Siglo de las Luces se concentraban en la antesala de Voltaire, «el patriarca de Ferney», localidad esta última, próxima a Ars.
     Fue beatificado en 1905 por el papa Pío X, quien lo propuso como ejemplo al clero secular. Canonizado por el papa Pío XI, es el santo patrón de los curas párrocos.
     Sus imágenes en yeso pintado, fabricadas en serie en los talleres de Saint Sulpice, se prodigaron en las iglesias. Al igual que Bernardita (Bernadette) de Lourdes, no interesa tanto desde el punto de vista del arte religioso como desde el relativo a la devoción e imaginería popular (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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