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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 14 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Iglesia Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón; Casa Palacio Borgnis - Moreno de Mora; Iglesia de San Joaquín; Museo Taurino "José Luis Galloso"; Iglesia Convento del Espíritu Santo; Monasterio de la Victoria; Fuente de las Galeras; Aduana de los Duques de Medinaceli; y Hospital de San Juan de Dios) de la localidad de El Puerto de Santa María (y IV), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón; Casa Palacio Borgnis - Moreno de Mora; Iglesia de San Joaquín; Museo Taurino "José Luis Galloso"; Iglesia Convento del Espíritu Santo; Monasterio de la Victoria; Fuente de las Galeras; Aduana de los Duques de Medinaceli; y Hospital de San Juan de Dios) de la localidad de El Puerto de Santa María (y IV), en la provincia de Cádiz.


Iglesia Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón
     Aunque en 1923 fue donado para convento y colegio de la orden de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, el lugar fue Hospital de la Misericordia hasta 1659 y, como en Cádiz o en Jerez, dependiente de los religiosos de San Juan de Dios cuando esta orden se hizo cargo del mismo y hasta  1874 en que pasa al poder civil. A la iglesia se accede por una portada próxima a mode­los manieristas enmarcada por pilas­tras pareadas estriadas, en las que aún campean las cartelas con la cruz sobre el fruto entreabierto de la granada, símbolo del santo y de la congregación, también presente en el escudo central. Es de tres naves cubiertas, la central con lunetos y las laterales con bóvedas de aris­tas.
     La vistosa azulejería que recorre la iglesia es moderna y sevillana, de 1923. Po­see crucero y bóveda hemi-esférica sobre pechinas así como coro alto a los pies. El altar mayor llama poderosamente la atención por su barroco retablo dorado, estructurado en tres calles, dos cuerpos y ático, todo flanqueado por dos recios estípites, cuyo estilo es deudor del fuerte influjo de Jerónimo Balbás, también en relación con los citados Matías José Navarro y Fernández del Castillo. En su calle central destacan una Piedad o Virgen de las Angustias de comienzos del XVII, un crucificado de escuela granadina y, ya en el ático, un San Juan de Dios extático, entre las imágenes laterales de San Mi­guel y San Rafael, recuerdo de la presencia de la orden fundada por este santo.
     De los retablos laterales, el del lado del evangelio es de igual época, con una Inmaculada y, en el ático, un relieve con una escena hagiográfica de la vida de San Juan de Dios, no así el de la epístola, neobarroco, del siglo XX (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El edificio presenta dos elementos que le confieren su significado; la iglesia y el patio. El templo, de planta rectangular es de tres naves y coro alto a los pies, con media naranja en el crucero sobre pechinas carentes de decoración. Las naves laterales están cubiertas con bóvedas de arista y la central con lunetos. Sobre ellas corre una tribuna con balcones hacia la nave central. Posee un coro alto a los pies de la misma, iluminado por un óculo que da a la fachada principal.
     A la iglesia se accede a través de una magnífica portada de cantería, en la que se siguen los cánones barrocos de las iglesias sevillanas del momento. Concebida a modo de arco de triunfo presenta vano adintelado como acceso, con moldura mixtilínea enmarcándolo y ménsula en la clave, rematado en frontón triangular roto, en el que se inserta el escudo de la Orden. Flanqueando este vano, pilastras de orden toscano adosadas, con fuste acanalado, sobre las que se colocan escudos con el anagrama de la Orden de San Juan de Dios. Sobre las pilastras entablamento y cornisa curva, rota en su centro por la incorporación de una hornacina avenerada entre pilastras y rematada por un pequeño frontón recto, que cobija a la titular del convento, la Virgen del Carmen. A los lados de la hornacina, especies de pirámides como remate.
     El patio interior es de gran belleza plástica. Posee una triple galería con arcos rebajados sobre columnas toscanas en el primer cuerpo. En el segundo, ventanas abalconadas con interesantes enmarques ornamentados a base de roleos, motivos forales y esculturas de medio relieve que lo flanquean y rematan. En la tercera se desarrollan únicamente vanos rectangulares separados por pilastras exentas de decoración.
     Todo el templo está por un alto zócalo de azulejos, realizados en 1923 en Triana.
     Fundado como Hospital de la Misericordia, perduró como tal hasta 1659, pasando a ser Hospital de la Orden de San Juan de Dios en diciembre de 1847. Finalmente fue donado para el establecimiento en él de un Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, funcionando hoy como colegio (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).   

Casa Palacio Borgnis - Moreno de Mora
     
Iglesia de San Joaquín
     Surge como una ermita en 1729 que termina haciendo las veces de parroquia. En su retablo neobarroco, obra del escultor local José Ovan­do Merino, está el Cristo de la Veracruz, talla del siglo XVI, que flanquean la Virgen del Mayor Dolor y San Juan Evangelista, dos imágenes que, aunque tradicionalmente atribuidas a Pedro Roldán, habría que adscribir a algún imaginero del comienzo del siglo XVIII influido por su estilo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Museo Taurino "José Luis Galloso"
     El Museo Taurino José Luis Galloso, de iniciativa privada, es el primero de su género en El Puerto de Santa María. La Peña Taurina José Luis Galloso y Bodegas El Cortijo aúnan sus esfuerzos para ofrecer a esta ciudad un nuevo atractivo al visitante local y foráneo.
     El Museo Taurino José Luis Galloso, de iniciativa privada, es el primero de su género en El Puerto de Santa María. La Peña Taurina José Luis Galloso y Bodegas El Cortijo, aúnan sus esfuerzos para ofrecer a esta ciudad un referente más a la cultura, y al tiempo un nuevo atractivo al visitante local y foráneo. 
     Ni que decir tiene que el arte efímero de torear queda disperso en los ruedos, y retenido en la memoria y retina de quienes los vivieron en esos templos y catedrales del torero. 
     El Museo Taurino José Luis Galloso, intenta, gracias a las técnicas de la fotografía, la taxidermia, videos, libros, cartelería, esculturas, música, premios, trofeos, vestidos de torear, y los útiles propios del ritual de la lidia, transmitir al visitante que la danza de la vida y la muerte, elevada por la plasticidad del arte de torear, va creando un halo de gloria donde se ahogan los miedos, desarrollando un sentimiento que conforma las raíces de un estilo de vida y cultura. 
     En el Museo Taurino José Luis Galloso, se puede ver la trayectoria meteórica de un novillero sin caballo, arrasando en triunfos por donde toreaba, la no menos exitosa etapa de novillero con caballo, y la consolidación de un matador de toros que además de ser un excelente lidiador con capote (creador de la gallosina) y muleta, resucitó y ejecuta a la perfección, la suerte de matar al recibí. José Luis Galloso ha sido torero indiscutible en las corridas del arte (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Iglesia Convento del Espíritu Santo
     Este convento de clausura de monjas agustinas, próximo a la Victoria, acogió fundacionalmente un priorato lateranense y la orden hospitalaria del Santo Espíritu y de San Telmo a comienzos del siglo XVI. Aquí se levantó monasterio e iglesia, muy vinculada a las gentes del mar, al tiempo que se hacían cargo de un hospital y ermita preexistentes. La iglesia es un recio volumen con se­vero hastial, perfilado por dos pilares de sillería en las esquinas hasta la altura de la cornisa y rematado por un ático con frontón curvo, en cuyo tímpano se lee la fecha de 1851, referida a una remodelación del arquitecto Fernando Moreno, quien también interviene en su interior, previamente también remodelado por el maestro Die­go Vidal hacia 1775. A este momento también corresponden las dos puertas laterales barrocas, hoy tapiadas, frecuentes en otros conventos de clausura  andaluces e hispanoamericanos. La iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y lunetos, cuatro tramos marcados por los pilares donde apoyan arcos fajones y doble coro a los pies. En el altar mayor, neoclásico al igual que los cinco laterales, se venera una imagen barroca de la Virgen del Rosario. Entre otras piezas, tanto en la iglesia como en dependencias, un Cristo de la Misericordia, del siglo XVI, es digno de mención (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     En cuanto a la arquitectura del convento es de destacar la iglesia, donde se sigue la traza tradicional conventual portuense de una sola nave, formada por cinco tramos con capillas hornacinas laterales. Todo el edificio está cubierto por bóvedas de medio cañón con lunetos y arcos fajones que apoyan en potentes pilares, con múltiples molduras en las zonas de los capiteles y en el arranque de los mismos. Posee también un coro alto a los pies, sobre la puerta principal de entrada.
     Exteriormente presenta tres portadas. En el lado de la Epístola se localizan dos, las cuales aparecen actualmente cegadas. En ellas se aprecian similitudes estilísticas y funcionales respecto a las del Convento de la Concepción de la misma localidad. Son adinteladas, con pilastras cajeadas y cornisa volada donde se despliegan dos capillas hornacinas.
      Su portada principal, ubicada a los pies del templo, es también adintelada, apareciendo flanqueada por pilastras cajeadas y rematada en frontón curvo roto. Sobre la cornisa, se alza una espadaña de cantería, de un solo vano, rematada por un frontón semicircular. En la articulación de esta fachada principal destacan los dos grandes capiteles compuestos que culminan los pilares esquineros de los pies, los cuales recuerdan a los existentes en la iglesia del Hospitalito.
     Sobre la construcción de este edificio, como consta en la fachada, solo se sabe con certeza que fue reedificado en 1851, gracias a la caridad del licenciado en teología don José García Díaz. Parece que con anterioridad al actual monasterio, hubo una casa de la orden hospitalaria de Santis Spíritus de Saxia, unida al hospital a principios del siglo XVI. Asimismo fue también priorato lateranense, proveyéndose en Roma en 1525. La tradición conventual, por su parte, afirma que allí existió una ermita y hospital bajo la advocación de San Blas.
     Con la invasión de las tropas anglo-holandesas en 1702 y la Guerra de Sucesión, los archivos fueron destruidos. Más tarde con la presencia francesa el edificio fue utilizado como cuadra por la caballería, sufriendo un importante expolio.
     Hoy el inmueble pertenece a las RR. Madres Canónigas de la Regla de Nuestro Padre San Agustín (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Monasterio de la Victoria
     Separado de la población, en el camino de Cá­diz a Jerez, fundan los frailes mínimos de San Francisco de Paula el Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, iniciándose la obra en 1504, auspiciada por los Duques de Medinaceli, Don Juan de la Cerda y su mujer, Doña Mencía, como reza en una lápida fundacional a los pies de la iglesia. Destaca en ésta su hermosa portada, con la altura de casi todo el hastial, enmarcada por estribos labrados con columnillas como finos baquetones coronados por pináculos. Sobre el dintel de la puerta un alto tímpano se cierra con arco ojival peraltado, centrado por un dosel vacío que albergaría una imagen de la Virgen de la Victoria, y rematado a su vez con arco co­nopial que cierra el escudo de los de la Cerda, todo entre baquetones y relieves de fina tracería que hacen de la portada un bello ejemplo del gótico final, en estrecha relación con la fachada del templo de Santiago en la vecina ciudad de Jerez. El interior refleja el tipo de iglesia conventual de la época de los Reyes Católicos, espa­cio de una sola nave de cuatro tramos, cubiertos por bóvedas de terceletes con espinazo a todo lo largo, con coro alto a los pies, apoyado en bó­veda casi plana, muy elaborada en la traza de sus nervaduras, y arco carpanel. Las profundas capillas laterales, bajo los arbotantes exteriores que contrarrestan el empuje de la nave central, son de menor altura que ésta. La capilla mayor queda bien diferenciada por su compleja bóveda estrellada y por el arco toral con decoración de arquillos y labor de cardina que la distingue del ámbito de la nave precedente. Junto a ella está la capilla ducal pues el proyecto inicial era convertir la iglesia en panteón familiar de los propios duques. El claustro lateral, un amplio patio cuadrado, se cierra en sus cuatro frentes por galerías con bóvedas de crucería, abiertas mediante arcadas apuntadas sobre recios pilares o contra­fuertes con angostos pasajes en su interior. En la planta superior las finas columnas clásicas, los balaustres y los arcos rebajados delatan una fecha de construcción posterior. Entre los posibles maestros que intervienen en la obra inicial, cabe hablar de Alonso o Alfonso Rodríguez, que a la sazón trabajaba en la Catedral sevillana entre 1502 y 1513, artífice también de las iglesias de Santa María de Carmona o de Santiago en Alcalá de Guadaira, y, ya en el siglo XVII, el maestro mayor de la ciudad Francisco de Guindos, quien interviene en la sala capitular, estancia paralela a la galería norte del claustro. No obstante, la nómina de artífices, dado lo dilatado de la construcción, dio pie a actuaciones de otros a lo largo de su existencia, como es el caso del ingeniero militar Cristóbal de Rojas durante su estancia en la Bahía gaditana poco después de 1600. Por demás, tras la desamortización del edificio en el siglo XIX y varios usos, el conjunto se haría tristemente célebre por albergar el Penal del Puerto hasta 1981 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Monasterio de la Victoria se funda en una zona situada a extramuros de la ciudad medieval, hacia el noroeste, en el camino de Cádiz a Jerez de la Frontera. Los duques de Medinaceli, junto a un pequeño caño, conocido como del Molino, establecen el lugar para el monasterio, como reza en una lápida fundacional situada a los pies de la iglesia, rodeado de las tierras de labor que en su origen serían atendidas por los propios monjes.
     Las obras iniciadas por los monjes mínimos de San Francisco de Paula, responden al prototipo de fundación abacial de los monjes blancos de San Bernardo. Lo conservado de la obra original del monasterio, la iglesia, su torre campanario, el claustro, la sacristía con el oratorio y las salas capitulares, se ajustan de forma precisa al modelo de las obras del Cister.
     En 1935 se realizaron intervenciones en las que desaparecieron el refectorio, los artesonados mudéjares del lado sur y la portada ojival lateral.
     El conjunto se percibe unitariamente pero mostrando una cierta independencia entre iglesia y claustro a pesar de su unión. Del templo sobresale la portada, de composición ojival, de traza simple y decoración minuciosa, que actualmente presenta serias mutilaciones en la parte alta. Su diseño, concebido a modo de retablo, posee abundantes elementos decorativos en estilo gótico. Se encuentra enmarcada por estribos labrados a modo de finos baquetones coronados por pináculos y el tímpano, situado sobre el dintel de la puerta, se cierra con arco ojival peraltado centrado por un dosel vacío que se remata a su vez con arco conopial y con el escudo de los de la Cerda: el castillo y el león rampante de las armas reales de Castilla y las tres flores de lis de Francia; todo entre baquetones y relieves de fina tracería. El dintel es de influencia renacentista, además del cuerpo superior del claustro y el coro alto de la iglesia. El profuso conjunto ornamental del acceso se completa con abundantes y minuciosos elementos geométricos, vegetales, zoomórficos y humanos, que se consideran influencia de la Catedral de Sevilla.
     La iglesia es de una sola nave, consta de cuatro tramos cubiertos por bóvedas ojivales de terceletes, con espinazo a todo lo largo que sirve de enlace de las claves de los arcos diagonales y perpiaños; a los pies se ubica el coro, apoyado sobre bóveda muy plana y arco carpanel. Existen ocho capillas laterales, cuatro a cada lado, y la capilla ducal, ubicada a la derecha del muro del Evangelio y comunicada con la iglesia. Cada una de las capillas laterales que se abren a la nave presentan arcos apuntados ligeramente abocinados con columnillas en las jambas. Todas tenían advocación propia.
     La capilla mayor, situada en la cabecera de la iglesia, es planta cuadrada y de la misma anchura que la nave de la iglesia, de la que queda diferenciada por su bóveda estrellada y por la decoración del arco toral con arquillos trilobulados en los lados. Inicialmente estaba destinada a acoger el panteón familiar de los Medinaceli. En esta zona la cornisa de la nave se convierte en moldura sencilla que asciende para conformar el alféizar de las tres ventanas que a ella se abren.
     El templo se ilumina por medio de parejas de ventanales por tramo, ocho en total, además de los tres de la capilla mayor y el óculo de los pies del templo. Sólo conservan su tracería los vanos de la nave de la Epístola a pesar de estar cegados, mientras que los de la nave del Evangelio la han perdido. Estos vanos conforman arcos apuntados con baquetoncillos en las jambas y tímpanos de tracería sobre finos parteluces. Sólo el último se cubre con tracería continua a modo de celosía.
     La capilla del Santo Cristo o Ducal es la más notable tras la capilla mayor. Su emplazamiento es privilegiado y su formato resulta excepcional para la norma que se repite en esta iglesia. Fue destinada a enterramientos de frailes hasta 1620, fecha en que se destinó a recibir el cadáver de doña Juana de Altamirano e incluso acogió en 1671, de manera temporal, al séptimo duque. Consta de dos tramos y comunica con la capilla mayor. Durante algún tiempo fue utilizada como sacristía, función de la que se conservó el aguamanil.
     La cuarta capilla del lado del Evangelio a partir de los pies de la iglesia, contigua a la anterior, estaba dedicada a San Juan.
     La tercera capilla o de Nuestra Señora fue otorgada, con anterioridad a 1544, a don Sancho de Valmaseda y a su esposa, doña Elvira de Torres.
     La segunda capilla se dedicó a San Ildefonso y se llamó de la Puerta Chica, al comunicar con el acceso lateral de la iglesia, aunque pronto debió quedar condenada y su portada quizás inacabada.
     La primera capilla de la nave del Evangelio tiene acceso desde la bóveda del coro. Refleja múltiples enterramientos, debido a la práctica de dar sepultura en ella a los hermanos de Nuestra Señora de la Soledad, cofradía fundada en 1566.
     En este ángulo se anexionó exteriormente al muro occidental de la iglesia, la capilla de la Soledad, labrada ya en estilo barroco. Dispuso de acceso independiente y si comunicó con el interior del templo no han quedado huellas de su acceso, quedando de la misma sólo trazos de su engarce al edificio principal, como una pilastra almohadillada con fragmento de entablamento y el arranque de un arco coronado por un florón. La Hermandad de la Soledad usó esta capilla hasta 1868 en que se trasladó a la Prioral.
     La primera capilla del lado de la Epístola, también con acceso bajo la bóveda del coro, se denominó del Pozo y fue concedida en 1620 a la Cofradía de la Santísima Humildad y Paciencia de Cristo.
     La segunda capilla se dedicó a San Roque. La tercera, dedicada a la Santísima Trinidad, fue conocida como capilla del Púlpito. La cuarta capilla de este lado de la Epístola estuvo dedicada a San Francisco de Paula, fundador de los Mínimos.
     Todas las capillas se comunican entre sí mediante vanos de arco ojival de diferente tamaño.
     Queda una estancia en el lado de la Epístola, junto a la capilla mayor y equivalente a la capilla del Santo Cristo, en la que todos sus vanos están tapiados, salvo una pequeña puerta en la comunicación de la iglesia con el claustro.
     A los pies del templo se sitúa el coro, elevado sobre un gran arco rebajado con bóveda estrellada. Dispone de tribuna sobre arco de escasa curva con impostas de altura desigual. También conserva unos ventanales muy labrados. Su estructura constructiva es de arbotantes y botareles.
    Anexo a la iglesia se ubica la mole del claustro y sus dependencias, girando y ordenándose alrededor del espacio central.
     La traza ha sido atribuida a fray Juan Bosco, de la Orden de San Francisco, y a Alonso Rodríguez. Consta de dos plantas y se cierra en sus cuatro frentes por galerías con bóvedas de crucería abiertas mediante arcadas apuntadas sobre contrafuertes y con angostos pasajes en su interior.
     En la planta superior, las finas columnas clásicas, los balaustres y los arcos rebajados, delatan una fecha de construcción posterior ya en estilo renacentista, habiéndose acabado una de sus galerías en estilo barroco. Su esquema general es de cuatro corredores o galerías, cada uno de siete tramos abovedados y cinco arcos abiertos a toda luz al patio, ofreciendo la particularidad de ir aquellos en disminución del centro a los extremos. Las claves, impostas y demás elementos arquitectónicos, están ricamente decorados en estilo gótico, siendo de gran interés en la planta baja del claustro la serie de medallas de santos que adornan el ámbito de poniente. En la decoración de las bóvedas, capiteles, impostas, claves y cartelas, alternan los ricos elementos platerescos con el escudo de la casa ducal. Los cuatro frentes del piso inferior descansan sobre arcos ojivales peraltados apoyados en enormes contrafuertes de dos cuerpos, perforados en su parte inferior por un vano enmarcado por un arco conopial. Las aristas del cuerpo superior están talladas con columnillas rematadas por finos pináculos que no alcanzan su parte más alta. El contrafuerte central de la cara norte presenta, en el cuerpo superior, el escudo con las armas de los Medinaceli. En la cara oeste se conserva un reloj solar, en posición más elevada, entre los fingidos pináculos.
     Las galerías renacentistas de la planta superior constan de arcos escarzanos sobre columnas toscanas con capiteles jónicos, asentados sobre un pretil simple sin decoración y con cabezas de équidos que reemplazan a las volutas de los capiteles. El corredor es de estilo barroco, se construyó en 1703 y presenta pilastras en vez de columnas, aunque mantiene el mismo trazado en su arquería. Los huecos del claustro alto se encuentran tabicados y perforados por ventanas.
     Según acuerdo de 24 de diciembre de 1699, Francisco de Guindos, maestro mayor de la ciudad, se comprometía a la construcción de la Sala Capitular que se encuentra en la planta baja del ala norte del claustro. Actualmente dicha sala está formada por cuatro estancias cubiertas por bóvedas de crucería y con ventanales adintelados. Comunica con la iglesia mediante una estancia cubierta con bóveda de crucería muy rebajada que sirve de soporte a la inconclusa tribuna ducal. Aunque existe discrepancia sobre la ubicación de la sacristía, probablemente ocupó inicialmente la referida estancia, equivalente en el lado de la Epístola a la del Santo Cristo, pasando después a la sala contigua de un solo cuerpo de bóveda, situada a la izquierda del ala norte del claustro. La ubicación del refectorio no ha sido localizada con seguridad.
     Las obras del Monasterio de la Victoria se iniciaron el 7 de junio de 1504, entregándose a la orden de los Mínimos el 12 de octubre de 1517. En esta primera fase se levantaron la iglesia con sus portadas, la torre con su escalera original, exceptuando el cuerpo de campanas, y el sector sur de la parte baja del claustro y, a partir de 1517 y hasta 1545, el resto de la planta baja del claustro y el refectorio primitivo. Al finalizar el siglo XVI, ya en estilo renacentista, se construyeron los dormitorios del lado este y el segundo cuerpo del claustro y también el segundo cuerpo de la torre, la portería y las dependencias domésticas. En el siglo XVIII se labró la sala capitular, diseñada en 1699 en estilo gótico. Entre finales del XVIII y principios del XIX debió completarse el ala sur, que hasta entonces sólo estaría ocupada por la portería.
     Entre los artífices que participaron en su construcción destacan Alonso o Alfonso Rodríguez, que trabaja en la Catedral de Sevilla entre 1502 y 1513, en las iglesias de Santa María de Carmona y en la de Santiago de Alcalá de Guadaíra, y el ingeniero militar Cristóbal de Rojas, durante su estancia en la bahía gaditana poco después de 1600.
     El conjunto constructivo que se conserva en la actualidad forma una unidad bastante homogénea desde un punto de vista espacial al estar englobado todo en una misma edificación. De este modo, iglesia, claustro y dependencias anexas quedan definidos en un bloque de planta más o menos rectangular. Los exteriores resultan muy austeros. Los muros carecen de ornamentación, habiendo desaparecido la crestería que los remataba y quedando apenas restos de la portada lateral del lado del Evangelio. Como único vestigio exterior a este conjunto resta una edificación alargada de planta rectangular, situada al este junto a la carretera N-IV, que sería el resto de una de las alas perimetrales del desaparecido edificio penitenciario.
     Las bóvedas del monasterio se clasifican en dos tipologías: las nervadas, estrelladas o de crucería con terceletes y las de crucería simple. Las primeras constan de bóveda estrellada con tramos curvos, con la plementería formando hiladas redondas alrededor del polo. Un ejemplo es la que cubre la capilla mayor. Otro ejemplo diferente es la que cubre el coro bajo. Las otras bóvedas de crucería simple se encuentran en las naves de la iglesia y son de tres claves. En las esquinas de las galerías del claustro las bóvedas son de cuatro claves y en la capilla ducal y salas capitulares, de cinco claves.
     El contraste entre el esbelto perfil de la iglesia y la recia silueta del claustro tiene su punto de unión en la torre, que corona todo el conjunto. Este elemento debe su formación actual a una obra realizada en los inicios del siglo XVIII, cuando se recreció el primer cuerpo gótico de la obra primigenia. La torre, que servía de campanario, sobresale del conjunto por su remate con tejado a cuatro aguas. Interiormente se divide en dos cuerpos. El primero se cubre con bóveda de crucería de terceletes muy decorada. El superior se abre al exterior por pares de vanos alargados de medio punto que habrían de albergar las campanas. Se desconoce si la torre original no llegó a rematarse o hubo de reconstruirse parcialmente en 1695, fecha en que consta la labra de su parte más alta. Actualmente ha perdido la escalera original y el antepecho de tracería ciega que la coronaba. El templo tuvo, además del imafronte, una fachada lateral de la que se conservan escasos restos, compuesta de una puerta adintelada con marco de tracería ojival sencilla con doselete en la parte superior. Las dependencias domésticas ocupaban el flanco oriental del conjunto, aunque han desaparecido por completo. En la fachada sur, cerca de la torre de la iglesia, se encontraba la portería.
     La secularización del conjunto conventual supuso la desaparición de sus imágenes sagradas. Durante su uso penitenciario, la iglesia del llamado entonces «Penal del Puerto», fue empleada como nave de talleres, pero al producirse desprendimientos de la techumbre a causa de las filtraciones de la lluvia, fue desalojada y abandonada. Este proceso de desplome paulatino fue más acusado en el coro alto, que ha perdido piezas de cantería esculpida, por lo que ha sido reforzado con un andamio metálico. No obstante, el arco exterior del coro acabó desplomándose en 1969. Otras alteraciones sustanciales se llevaron a efecto en el claustro donde se introdujeron divisiones arbitrarias, principalmente en las crujías sur y este, al objeto de atender las necesidades de la nueva utilidad penitenciaria. Se construyeron forjados intermedios, algunos de los cuales, como los del ala sur, alcanzaron cuatro niveles, mientras que en el lado oriental se añadió un piso intermedio con la consiguiente destrucción de su bóveda. Los elementos ornamentales de la galería norte del claustro muestran notables desperfectos ocasionados en buena medida por la erosión de la piedra caliza. Otro espacio muy alterado se encuentra en el extremo norte del ala oriental del claustro. En la actualidad se encuentra vacío desde el pavimento al techo del edificio, pero en sus muros se identifican huellas de las escaleras que hubieron de conformar este módulo de comunicaciones entre los diferentes pisos. Finalmente cabe reseñar la elevación del nivel de uso de la planta inferior, a resueltas de los efectos del terremoto de Lisboa de 1755.
     De la obra original gótica son los sillares de piedra arenisca, extraídos de las canteras de San Cristóbal, dispuestos a soga y tizón de manera irregular. El módulo oscila entre una media general de 10 x 29 x 26 cm. El aglomerante es mortero de cal. La obra realizada en estilo renacentista consiste en la ejecución de una doble hoja, de sillería de arenisca al exterior, y otra de ladrillo macizo, dispuesta a modo de trasdosado al interior. Existe también una interesante fábrica mixta consistente en la ejecución de una serie de pilastras de sillería de perfil piramidal que delimitan cajones de tapial de hormigón de cal los cuales se encuentran en los cierres piramidales de las estancias altas alrededor del claustro. La última fábrica a destacar se erige mediante mampostería careada dispuesta entre verdugadas de ladrillo. Se tratará de actuaciones posteriores a la promoción ducal en el perímetro exterior. Sobresalen por su volumen las fábricas de cantería empleadas en la edificación de la torre en los albores del siglo XVIII. Por lo demás, se puede hablar de infinidad de pequeñas reformas en puntos concretos del edificio, generalmente relacionadas con la transformación como penal y con algunas restauraciones efectuadas en los últimos años.
     En el siglo XX y asociadas a las obras de penitenciaría, destacan algunas intervenciones importantes en el edificio monacal, las cuales consistieron en la inserción de nuevos forjados en las crujías perimetrales del claustro, creando entreplantas y desmontando bóvedas originales, como sucede en el ala oriental. Estos nuevos forjados se resolvieron con una viguería metálica que sostiene bovedillas de ladrillo. Por su volumen, cabe dar cuenta de la inserción de fábricas de ladrillo recreciendo y formalizando las coronaciones de los muros de la iglesia y claustro para actuar en las cubiertas.
     En concreto, en las últimas intervenciones realizadas en las crujías del patio, se construyó un forjado de hormigón armado de amplio velo que sustituyó a la estructura de cerchas metálicas del antiguo penal. Por último, dentro de las numerosas obras de los últimos años destaca la reconstrucción de la escalera del primer cuerpo de la torre.
     El nivel inferior del monasterio posee solados de las baldosas de hormigón de distinto formato y terminación; así sucede con el suelo de la iglesia, sacristía o galerías bajas del claustro. La superficie del patio se resuelve con albero. El resto de dependencias, sobre todo en las crujías perimetrales del claustro, están terminadas con baldosas cerámicas, de terrazo, etc. Todas ellas de muy diversas características. En los últimos años el monasterio ha sufrido obras de adaptación para albergar usos culturales. Así, las estancias abiertas al patio del claustro en planta baja han sido habilitadas para servir como salas de exposiciones, proyecciones o conferencias, cerrándose con carpinterías de vidrio.
     El Monasterio de Santa María de la Victoria, en El Puerto de Santa María, Cádiz, se erigió en el siglo XVI, dando origen a una obra de indudable valía arquitectónica en la que destaca la armoniosa simbiosis entre las formas góticas y las nuevas maneras renacentistas.
     La construcción del monasterio representa un hito fundamental en la historia y el urbanismo portuense. Su erección, justo a extramuros del caso histórico, por los frailes mínimos de San Francisco de Paula y debido al patrocinio señorial de la Casa de Medinaceli, supuso una amplia y poderosa implantación en el territorio y un acicate para el desarrollo urbano del enclave en los albores del siglo XVI. Esta huella espacial, fundamental para conocer el progreso de la población portuense, se ve complementada por una serie de avatares históricos que han ido de la mano de la evolución del edificio.
     Esta fundación monacal tendrá una larga vida de más de tres siglos que termina con la conocida «Desamortización de Mendizábal» en el siglo XIX, para luego abrir una nueva página que arranca en su posterior trasformación en penal.
     Los valores históricos y artísticos del Monasterio de la Victoria surgen a la estela de la catedral hispalense que actuó como foco para todo lo que se hizo entonces en el entorno de Sevilla. La iglesia y la parte baja del claustro se realizaron en estilo gótico, completándose la parte alta del mismo con la inclusión de recursos renacentistas en los años posteriores. El resultado es una superposición de estilos rica y mestiza. El monasterio sufrirá otras obras menores en los siglos siguientes, fundamentales para entender el carácter diacrónico de una obra monumental como ésta. La torre, dependencias domésticas anexas y las salas capitulares, se someterán a intervenciones, destacando la rotunda transformación que supuso la implantación del complejo penitenciario a finales del siglo XIX. No sólo sufrieron importantes reformas las crujías del claustro, sino que también el núcleo monacal vio crecer a su alrededor numerosas construcciones vinculadas al nuevo uso.
     Desde un punto de vista social, el Monasterio de la Victoria se considera una obra arraigada en el sentimiento local, pues ha logrado formar parte del acervo popular, siendo reconocido y altamente valorado por gran parte de la población.
     Por Real Decreto 3409/1978, de 29 de diciembre, publicado en BOE núm. 44, de 20 de febrero de 1979, fue declarada Monumento Histórico Artístico la iglesia de la entonces prisión central, no afectando dicha declaración a las dependencias del antiguo monasterio, por lo que con la incoación de este procedimiento se pretende proteger la totalidad del inmueble, delimitándolo y dotándolo de un entorno de protección (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Fuente de las Galeras
     La Fuente de las Galeras es construcción de 1735, pensada tanto para surtir a la ciudad de agua constante, canalizada desde la sierra próxi­ma, como para proveer a la flota y a los barcos surtos en Puerto. El dosel rematado por corona y la lápida inferior celebran la decisión real, pues fue voluntad del rey Felipe V su erección (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Fuente de las Galeras Reales se construyó en el año 1.735 bajo el mandato de Don Tomás de Idiáquez, Capitán General del mar océano. Se realizó una primera reforma más de 100 años después, en 1.842 dándole la configuración actual.
     Es una construcción de poca altura cubierta con una bóveda de cañón y dos pequeñas cupulillas en los extremos. En el alzado opuesto al río se levanta la fachada principal, que tiene un remate de piedra en el centro del pretil que bordea la cubierta. La puerta de acceso al interior se encuentra situada en el alzado lateral derecho orientado hacia la desembocadura del Guadalete, en uno de los lados menores de su planta rectangular.
     En 1842, el maestro mayor Diego de Figueras remodeló la fuente colocándole los seis grifos, el solado y el alicatado con losas de Tarifa y los dos escalones corridos también con la misma piedra.
     Lo más significativo de esta fuente es el remate en piedra a modo de cornisa donde se enmarca una especie de dosel pétreo cuyo motivo central, el escudo real, está flanqueado por dos leones rampantes envueltos por una decoración formada a base de roleos. Rematan dicha fuente cuatro jarrones esquineros y la corona real.
     Según se desprende de la inscripción que posee la Fuente de las Galeras en su frente principal, fue construida por el maestro mayor Bartolomé de Mendiola durante los primeros meses del año 1735, bajo el mandato de don Tomás de Idiáquez, nombrado jefe supremo de la Bética por el monarca Felipe V.
     Con motivo de una de las estancias de sus majestades el rey Felipe V y su esposa Isabel de Farnesio en el Puerto de Santa María durante 1735, se tomó la decisión de adornar la ciudad con aguas surgidas de diversas partes, con la finalidad de proveer la flota y expediciones que se dirigían hacia las Indias, y a su vez pudiesen ser contempladas por cuantos viajeros la contemplasen.
     A pesar de su magnífica construcción arquitectónica y decorativa, el agua corría sin interrupción durante todo el día, provocando el que las calles se convirtiesen en un fangal produciendo malestar entre los vecinos y un grave prejuicio para la economía de la ciudad. Esta situación se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, periodo en el que se comenzó a regular el agua de las fuentes existentes mediante grifos, y a crear toda una red de cañerías que pasarían por las cuatro fuentes principales que poseía la localidad; la de Galeras, la de la Cárcel, la de Santo Domingo y la de la Caridad (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Aduana de los Duques de Medinaceli
     La Aduana, hoy un establecimiento hotelero, un di­ seño probablemente de Torcuato Benjumeda, ponen el contrapunto neoclásico y decimonóni­co al barroco siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 

Hospital de San Juan de Dios
     Desde 1492 hay constancia de una Hermandad de la Santa Misericordia en el Puerto, la misma que, con otras denominaciones afines, solicita un lugar en la Ribera del Río para construir un nuevo hospital en 1679 y le es concedido, iniciándose de inmediato las obras. La iglesia es de una sola nave, muy corta, cerrada por bóveda de cañón, y con amago de crucero que se cubre con bóveda hemiesférica sobre pechinas. Pilastras al­mohadilladas y cornisas con ménsulas como or­namentación prestan un aire clasicista y reposado al blanco y luminoso interior. El púlpito, parecido al existente en la Prioral, es de 1731. Entre las imágenes existentes destacan dos pequeñas tallas de San José con el Niño y de San Antonio de Padua con el Niño, obras probablemente italianas de mediados del siglo XVIII, así como un crucificado de marfil. También en la capilla se halla desde 1955 la imagen de Jesús de los Afligidos, titular de la cofradía homónima, que procede del desaparecido convento de San Francisco, obra anónima  de cronología y es­cuela discutida aunque apunte más a escuela genovesa de comienzos del XVIII. El Cirineo que lo acompaña en sus salidas procesionales es del escultor jerezano contemporáneo Francisco Pinto Berraquero. La portada, más manierista que barroca, es adintelada, con perfil quebrado y ménsula en la clave, recorrida por almohadillados y flan­queada por dos semicolumnas profusamente de­coradas. Sobre el dintel, en un nicho cuadrado coronado por frontón clásico, campea una cruz arbórea también blanca. El claustro inmediato es tradicional, señalado al exterior por portada y espadaña. Su espacio lo circundan arquerías de medio punto apeadas sobre finas columnas de mármol. Una hermosa fuente de perfil mixtilíneo con ornamentación geométrica y estrías y mascarones en su taza aparece en el centro. La caja de la escalera de acceso a la planta superior se cierra con una bóveda con pinjante de yeserías muy elaborado (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Su construcción se inicia en 1679, aunque hasta bien entrado el siglo XVIII, no se remataría el segundo cuerpo con sus magníficas enfermerías, escaleras y oficinas conventuales, convertidas en la actualidad en dependencias municipales.
     Pero las estructuras fundamentales, es decir, la iglesia, el claustro y la escalera, son realizaciones del último tercio del siglo XVII. Según la historiografía tradicional, el edificio fue inaugurado en 1700. La iglesia presenta una sola nave, con bóveda de medio cañón en el cuerpo y media naranja en la cabecera. A los pies posee coro alto, mientras que en el presbiterio, en el lado de la epístola se localiza la sacristía. Los arcos y pilares de apoyo, aparecen almohadillados, consistiendo toda la decoración del recinto en una simple cornisa adornada con ménsulas. Al templo se accede a través de una magnífica portada adintelada con ménsulas en la clave, flanqueada por dos columnas toscanas profusamente decoradas con motivos geométricos. Sobre ella, en un espacio rehundido a modo de hornacina, se cobija una cruz, rematado en frontón recto. A la derecha de esta portada, se localiza la que sirve de acceso al claustro, con vano de medio punto almohadillado. Culmina la fachada en una magnífica espadaña, de un solo cuerpo, con vano de medio punto entre pilastras y motivos decorativos serlianos, que remata en frontón triangular.
     El claustro, de dos pisos, presenta planta rectangular, con galerías de arcos de medio punto sobre columnas toscanas de mármol. El segundo cuerpo ofrece balcones adintelados, flanqueados por pilastras. En el centro se sitúa una fuente de mármol mixtilínea con decoración geométrica en la pila, y estriada con carátulas en la taza, la cual remata en un jarrón con motivos frutales. Al piso superior se accede por medio de una amplia escalera de mármol con barandal de caoba torneado, cubierta por una bóveda decorada con yeserías barrocas.
     Desde 1492 se comienza a tener noticias en El Puerto de Santa María de la Cofradía de la Santa Caridad, denominada por aquel entonces de la Misericordia y San Carlos Borromeo y, finalmente, a partir de 1668, de la Santa Caridad de Cristo.
     Continuando las pautas de la hispalense, creada un siglo antes, la hermandad portuense se propuso tener un hospital propio para asistir a los enfermos. Para ello le fue concedida, en primer lugar, la Capilla de San Andrés en 1675, pero debido a lo reducido de sus dependencias solicitó en 1679 otro lugar, en esta ocasión, junto a la ribera del Guadalete frente a la Aduana Ducal (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia Convento de las Esclavas del Sagrado Corazón; Casa Palacio Borgnis - Moreno de Mora; Iglesia de San Joaquín; Museo Taurino "José Luis Galloso"; Iglesia Convento del Espíritu Santo; Monasterio de la Victoria; Fuente de las Galeras; Aduana de los Duques de Medinaceli; y Hospital de San Juan de Dios) de la localidad de El Puerto de Santa María (y IV), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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viernes, 10 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz.

Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros
     La Iglesia Mayor, con la advocación de San­ta María de los Milagros, levantada en un lugar extramuros de la desaparecida cerca medieval de la población, es el santuario que sustituye al de la primitiva iglesia o Castillo de San Marcos. Esta iglesia desaparecida es anterior a la actual, la cual se comienza a levantar con el patrocinio ducal en el siglo XV, trabajando el citado maestro sevillano Alonso Rodríguez. Sería de tres naves, con crucero poco acusado, capillas laterales y ábside de planta pentagonal. Amén de la planta, lo más significado de la misma es la no concluida portada gótica de los pies, la del Perdón, cuyo estilo y labor de cantería se relaciona con el modelo de fachada del coetáneo monasterio de la Victoria. Con el hundimiento de la nave central a comienzos del siglo XVII y tras informes de maestros venidos de fuera, como el jiennense Juan de Aranda Salazar, quien a la sazón intervenía en la Catedral de Jaén, la fábrica tendría  una reedificación sustancial en la que se distingue el cantero jerezano Antón Martín Calafate, director de la obra en 1647, y cuyo proyecto, a su vez, también sería continuado a su muerte por el maestro mayor Francisco de Guindos a partir de 1659. Éste, seguramente atento al proyecto de Calafate, conservará prudentemente el carácter gótico preexistente al cubrir la poderosa nave central con bóvedas de crucería. Mantiene la estructura goticista de arbotantes externos bien visibles y renuncia a un cimborrio y balaustrada proyectados por Calafate. Los sufragios de las cofradías impulsan también la obra de una nueva capilla para el Sagrario, a los pies de la iglesia y en el lado de la epístola, así como la capilla de las Ánimas y la Sacristía Mayor. Prácticamente terminado el templo en la década de 1660, el maestro Pedro Mateos de Grajales, asesorado por Felipe Sánchez Niño y Felipe de Santiago, inicia en 1676 las obras del coro, construcción situada al gusto de las catedrales hispanas en el centro de la nave central, abierto por el crucero y provisto de una reja del mismo siglo, frente al altar mayor y ocupando todo el espacio que señalan los pilares del segundo tramo de la nave central. A la iglesia, que todavía sufrirá alguna reforma, ya clasicista, en especial tras el terremoto de 1755, se accede por la que pasa a ser funcional o ritualmente su portada principal, la del Sol. Es un elaborado compendio de estilos, muy recargado de ornamentación, pues denota la obra plateresca del siglo XVI, cuya traza podemos relacionar con la autoridad del sevillano Martín de Gainza, con relieves que obedecen a programas iconológicos marianos, y una culminación barroca en el frontón ondulado, abierto por dos óculos a los lados de un relieve de Dios Eterno y coronado con las tres virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, mientras las cuatro cardinales asientan sobre los estribos del muro a uno y otro lado de la portada, iconografía trentina sin relación con los relieves de la mis­ ma. En el centro, bajo el gran arco, campea en su hornacina la imagen de la Virgen de los Milagros sobre el Castillo, en su doble condición de patrona del Puerto y del templo.
     En el interior de éste, amén de la variada pin­tura que se distribuye a lo largo de sus paredes y dependencias, destaca poderosamente la capilla del Sagrario, a los pies de la nave de la epístola, en la que resplandece un frontal o retablo de plata labrado en 1685 por el mejicano José de Medina a instancias de un donante local, el capitán Juan Camacho Jaina, quien había sido alcalde mayor de ciudad virreinal de San Luis de Potosí. Se trata de un imponente panel profusamente labrado, sobre unas gradas de hacia 1699 para apoyo de candelería y del sagrario­ tabernáculo. Encima, una peana sobre ménsulas sostiene cruz o manifestador y, en la misma vertical, arriba, un rombo con la representación cristífera de un sol radiante y, abajo, el sagrario. La corona sobre el retablo, también de plata, es adición neoclásica de José de Piñero y José de Viera en 1805 en sustitución de una concha sostenida por dos águilas que remataba el conjunto. Éste se completa con el frontal, a modo de ban­co, y, más adelantada, una barandilla de treinta balaustres, todo también de similares fechas y distintos donantes. Entre otras obras también es de interés el ángel lamparero de cedro que cuel­ga del arco toral que divide en dos secciones la capilla, tradicionalmente atribuido a la Roldana pero, con mayor probabilidad, obra jerezana de comienzos del XVIII, así como un cuadro de un Nazareno de final del siglo XVII, objeto de devoción traído desde la antigua ermita de los Mi­lagros. A continuación, la capilla de San Antonio o de la Oración en el Huerto, antiguamente de Santa Teresa, más conocida por el nombre de su fundador, el comendador don Benito de Benavi­des; ofrece un retablo hispano-flamenco del siglo XVI con hermosas pinturas representando en el primer cuerpo los temas pasionales del beso de Judas, la oración en el Huerto, la vía dolorosa y Cristo atado a la columna; en el segundo un San Jerónimo y la estigmatización de San Francisco y, en el ático, un San Antonio de Padua, un Descendimiento y otro santo más.
     La imagen de bulto, en el camarín, representa a San Antonio Abad y el relieve bajo la clave del arco un Padre Eterno. Siguen la Capilla de las Ánimas, con retablo barroco del siglo XVII al estilo del hispalense Bernardo Simón de Pine­da y una imagen de San Miguel próxima al de los Roldanes, la puerta del Sol, la capilla de San José, con retablos de la segunda mitad del XVIII, capilla bau­tismal, del Ángel de la Guarda, puerta del Per­dón, capilla de Santa Rita y, ya en el lado del evangelio, la del Santo Entierro o de la Sole­dad. En su retablo dieciochesco se disponen las veneradas imágenes de un Cristo yacente, figura de sereno dramatismo, tal vez del fi­nal del XVI, que resulta de la adaptación de un crucificado con los brazos articulados hecha por el escultor portuense J. Bottaro en 1925.
     La talla de candelero de la Virgen de la Soledad, muy similar a la de los servitas de Madrid, fue encargada por Isabel de Valois en 1565 a Gaspar Becerra, el artífice del retablo de la Catedral de Astorga y seguidor en sus años de formación romana de Miguel Ángel Buonarotti. La imagen, con motivo de los daños que ocasionaba la ocupación francesa en el Puerto durante la Guerra de la Independencia, fue rescatada desde su lugar original, el monasterio de la Victoria, terminando en esta capilla. Conti­núan la del Cristo de la Misericordia, donde hay una Señora de la Piedad del círculo del escultor genovés Maragliano, activo por estas tierras, la del Nazareno que, en su retablo moderno, neobarroco, alberga dos expresivas tallas de San Juan Evangelista, hecha por el imaginero sevillano Pedro Roldán en 1662, y del Nazareno, imagen jerezana de comienzos del XVIII y la capilla de la Virgen del Rosario o de los Valera. Ya en la cabecera, en paralelo por disposición y prestancia al espectáculo del Sagrario, se impone la presencia de la Capilla de la Patrona, la Madre de Dios de los Milagros y de la Santa Misericordia, Virgen  de los Milagros o, como en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, Santa María del Puerto. El retablo plenamente barroco de la primera mitad del siglo XVIII con camarín en cuyo interior y cobijada por una hor­nacina posterior, se manifiesta la imagen de la Virgen. Ésta es una talla gótica del siglo XIII a la que posteriormente se daría el color moreno al rostro, siguiendo la tradición de las vírgenes negras, y se la vestiría y ornamentaría al modo de las imágenes de candelero. Del cuerpo ori­ginal hoy sólo se conserva el rostro, parte de la cabeza y cabellera y cuello, siendo las manos un añadido. En la misma capilla hay una interesante colección de exvotos populares.
     En cuanto a la capilla mayor cabe decir que, habiendo sido ocupado todo el testero por un retablo del siglo XVI, dado su deterioro ya en el siglo XVIII, fue sustituido a partir de 1807 por el tabernáculo neoclásico de mármoles jaspeados que centra el altar mayor. Es obra del maestro Ángel Fernández, sobre proyecto de Bartolomé Ojeda Matamoros. Las esculturas, dos ángeles en adoración, los cuatro evangelistas y, coronando la cúpula, la Fe, son de la mano del académico ga­ditano Cosme Velázquez, también de igual fecha. Enfrente queda el púlpito de hierro forjado, adosado a uno de los pilares. Tras los muros del altar mayor están la capilla de San Pedro y la Sacristía de Guindos, con su recia bóveda de crucería, centrada por una sólida mesa de jaspe y amueblada por una cajonería encargada al artífice Juan de Ubises en 1694. Aquí se custodian ternos y platería de interés de distintos siglos y estilos. En cuanto al coro, la sillería, de nogal y cedro, con dos cuerpos de bancos y los escudos de Medinaceli presidiendo el frente principal, que dicen es obra de Juan Bautista Vázquez «El Joven» de comienzos del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El arquitecto tracista del edificio fue Alonso Rodríguez, maestro mayor de la catedral hispalense, al menos desde 1498.
     La planta diseñada por Rodríguez era de tres naves con crucero ligeramente acusado y ábside pentagonal. A ambos lados se fueron abriendo capillas basadas en fundaciones y capellanías de nobles portuenses.
     Con el tiempo la planta fue deteriorándose, y a principios del siglo XVII, se hundió la nave mayor, pereciendo varias personas. Se trajeron entonces de Sevilla a distintos maestros que dieron su parecer sobre la reedificación del edificio. En 1647 se le ofrece la dirección de las obras de la iglesia a Antón Martín Calafate, cantero jerezano que traza un templo de tres naves, aprovechando la estructura gótica original de sus muros exteriores, ábsides y capillas.
     El proyecto de Calafate presentaba cubiertas de bóvedas de cañón con lunetos en las naves, y en el crucero un cimborrio sobre pechinas con la representación de los cuatro evangelistas. Exteriormente diseñó una balaustrada con pedestales rematados en jarras. Sin embargo, tras el fallecimiento de éste y el nombramiento como maestro mayor de Francisco de Guindos se introducen varios cambios; las bóvedas de cañón pasan a ser de crucería, suprimiéndose el cimborrio trazado. Guindos consigue llevar la fábrica a su conclusión gracias, principalmente, a la ayuda económica de algunas cofradías, construyendo de ese modo las capillas del Sagrario y de Animas, y la Sacristía Mayor.
     El acceso al templo se hacía a través de dos portadas exteriores. A los pies se abre la del Perdón de estilo gótico. En esta fachada se levanta el campanario, obra del maestro mayor Diego Moreno.
     En la fachada lateral se ubica la portada actual de entrada denominada del Sol, atribuida al arquitecto Martín de Gainza, profusamente decorada en época barroca, presentando un primer cuerpo con arco de medio punto flanqueado por dobles columnas sobre las que se apoya un entablamento y friso. El intradós del arco de acceso presenta una ornamentación a base de casetones. En el segundo cuerpo, a modo de tímpano, se abren tres hornacinas. Remata la portada un frontón con cornisa ondulada y las esculturas teologales.
     Según recoge la historiografía tradicional ya en el siglo XIII se constata la existencia de un templo donde hoy se ubica la Iglesia Mayor. Sin embargo, la documentación existente nos lleva hasta el siglo XV, momento en que se construye una iglesia bajo la advocación de la Virgen de los Milagros patrocinada por el Duque de Medinaceli (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).    

Museo Municipal
  El Museo Arqueológico Municipal es, desde 1982, el centro público local encargado de conservar, restaurar y difundir los más destacados bienes arqueológicos, artísticos y etnográficos del Patrimonio Histórico Portuense.
Sección de Arqueología
     En Paleontología destacan los restos de cetáceos, escualos y bivalvos procedentes de El Manantial (Terciario final), así como mandíbulas y defensas de Elephans Meridionalis y Mastodontes de La Florida (Pliopleistoceno).
     Los depósitos prehistóricos comprende el yacimiento de El Aculadero, (Paleolítico Inferior Arcaico), considerado entre los más antiguos de Europa. También restos materiales de las culturas del Paleolítico Medio y Postpaleolítico, hallados en las playas de la Puntilla y Levante.
     Del Neolítico-Calcolítico se exponen restos hallados en Cantarranas y Las Viñas, poblados del tercer milenio a.C., y primera población sedentaria de la zona.
     La Edad del Bronce Final, "tartéssico", del último milenio, refleja un poblamiento intenso, así como relaciones culturales con talasocracias del mediterráneo Oriental. La Torre de Doña Blanca y su necrópolis, Las Cumbres, destacan por su importancia histórica. La primera es un tell con hallazgos de seis niveles de población que van del s. VIII a finales del s. IV a.C. abarcando materiales arqueológicos del periodo fenicio orientalizante del Mediterráneo Occidental. De la Necrópolis cabe destacar el túmulo nº 1, con tumbas de incineración del s. VIII a.C. La zona costera refleja un intenso comercio de los siglos V y IV, como muestran los restos que se exponen.
     La romanización aparece en la campiña y en la costa, con alfares de ánforas, villas agrícolas y necrópolis rurales, como la de Las Viñas, del s. I al IV d.C.
     La cultura visigoda se presenta en los hallazgos de la finca El Barranco, con restos de necrópolis y hábitat.
     De época medieval, el Museo cuenta con restos de alquerías árabes de los siglos XII y XIII.
     Desde el s. XVI al XIX, los fondos arqueológicos reflejan las relaciones comerciales de El Puerto con América.
Sección de Bellas Artes
     Esta sección se compone fundamentalmente de obras pictóricas de artistas locales contemporáneos.
     Entre estas obras destacan las de Francisco Lameyer (1825-1877), pintor romántico en cuyos temas está presente el ambiente africano y oriental, al mismo tiempo que el costumbrismo andaluz. Entre ellas destaca un dibujo con el título "Saqueo e incendio de Roma".
     De Eulogio Varela (1868-1955) se cuenta con temas tradicionales como "El baile" o "El estudio de Berruguete", como su colección de "ex libris" y dibujos modernistas, de cuyo estilo es digno representante en sus ilustraciones, grabados y acuarelas. Atisbos modernistas ofrecen también la obra de Enrique Ochoa (1891-1977), llamado en su tiempo "el pintor de música", que está presente en esta sección con las obras "Señora con mantilla negra", "Pobre poeta" o "El enano", entre otros.
     De los artistas coetáneos cuentan los fondos museísticos con obras de Rafael Alberti (1902), que experimenta un resultado muy personal combinando la pintura y la poesía en sus "Liricografías". Ricardo Summers "Serny" (1908) participa del tema femenino: "Reposo" o "Flores blancas"; y de las escenas de carnaval, en el pastel o grabados con el título "Carnaval". De Juan Lara (1921-1995), portador de un realismo tradicional, se muestra una representación de sus acuarelas, como la de tema árabe "La morita de los pajaritos". En cuanto al insigne artista Manolo Prieto (1912-1991), el Museo posee una interesante muestra de sus más representativos bocetos de carteles, así como, una serie de medallas de temas eróticos. La Escultura estructuralista de Fernando Jesús (1924), pintores que poseen un estilo preciso y riguroso que dominan los temas locales con detalle.
     De otra parte destacan grabados de Antonio Ribera, ilustrados con poemas de R. Alberti y del escultor Pablo Serrano, dedicado al poeta.
     Esta sección cuenta asimismo con cuadros y tallas de pequeño formato, de carácter religioso e histórico, de autores desconocidos de los s. XVII al XX. Entre los primeros cabe destacar algunos retratos de monarcas y un "San Sebastián" del s. XVII.
     Sus fondos están compuestos por bienes materiales de nuestro pasado prehistórico e histórico (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Sala Hospitalito - antiguo Hospital de la Divina Providencia
     El edificio, de características neoclásicas con claros tintes barrocos afrancesados, posee una interesante iglesia de planta cuadrada y ábside poligonal exento que según las crónicas no se llegó a finalizar quedando su construcción a la altura de las cornisas. A pesar de ello, se intuye que el templo debía ser de tres naves, siendo la central más alta que las laterales. Su portada estuvo adornada con mármoles de Málaga. En ella se superponen tres cuerpos en los que se percibe la sencillez de lo clásico en el primero, y el adorno de lo barroco, en el segundo. El tercero consta de una hornacina en la que se halla una imagen de la Virgen de los Milagros.
     El patio interior está constituido por una galería de arcadas de alto puntal apeada sobre columnas toscanas de mármol, y un segundo cuerpo con almohadillados y vanos enmarcados en líneas quebradas, ejemplo de armonía entre lo nuevo y lo tradicional.
     En el piso superior existe una sala abovedada en cuyo centro surgen cuatro columnas toscanas, sobre alto pódium, que sirven de soporte a las bóvedas y dan esbeltez y riqueza al conjunto. Posee una escalera de barandales de cedro torneado cuyo hueco está adornado con techumbre plana de ostentosas yeserías, un marco decorado con rocallas en la pared al frente y puttis en los ángulos de dicha cubierta. En las salas del edificio abundan las azulejerías trianera y valenciana.
     Esta obra hospitalaria para mujeres y casa de asilo para niñas huérfanas fue fundada el 12 de septiembre de 1750. Fue uno de los primeros edificios de España y quizás el único que tenía por objeto el socorrer a mujeres desde su niñez hasta proporcionarles trabajo. De su primer emplazamiento en la calle de las Cruces, se trasladaría a este edificio, ubicado en la calle Zarza, esquina a la de Granado. Sus obras comenzaron en junio de 1753.
     En el último cuarto del siglo XIX, este edificio fue cedido por el estado para instrucción pública (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).
     La nueva Sala Hospitalito, ubicada en el Barrio Alto de la Ciudad conforma la extensión museográfica del actual Museo Arqueológico Municipal.
Alta y Baja Edad Media
     El tránsito hacia la alta Edad Media en El Puerto de Santa María está representado como en el resto de la Península Ibérica, caracterizado por una dispersión del hábitat rural y la disgregación de los conjuntos urbanos establecidos y consolidados en el mundo antiguo tardorromano. 
     El registro arqueológico de la cultura centroeuropea visigoda está basada en la penetración de las corrientes culturales de los territorios bárbaros, los nuevos ritos funerarios fundamentados en rituales arrianos y la proliferación de la vida netamente rural, sobre los mismos asentamientos tardorromanos de la Edad Antigua. 
     En El Puerto de Santa María tanto en la ubicación actual como el área campesina agropecuaria, se han hallado varias necrópolis cuyos ajuares responden a inhumaciones con armas de hierro, dagas, puntas de flechas, hebillas y broches de cinturones, de cobre y bronce, cuyos caracteres centroeuropeos están presentes en todos los estilos y símbolos religiosos y civiles. La Finca de El Barranco próxima a la laguna de Terry y en los trabajos de restauración de la Ermita de Santa Clara a cargo de la Escuela Taller, se descubrieron y documentaron dos necrópolis netamente visigodas con objetos arqueológicos expuestos en la Sala Alcanatir.
Arqueología Islámica Andalusí
     La Alta Edad Media del Bajo Guadalete y El Puerto de Santa María está representada por la presencia de restos inmuebles y muebles de carácter arqueológico de origen islámico (Andalusí), que abarca un periodo temporal entre los siglos VIII a finales del siglo XIII (1275) y un largo asentamiento poblacional y cultural de las culturas islámicas, Emiral (Emiratos), Califal, Taifa y Almohade Andalusí.
     El territorio que abarca el actual municipio de El Puerto de Santa María en época islámica se conformaba por una serie de alquerías o conjuntos de casas rurales defendidas por cerros y torres. Se distribuía así el hábitat disperso característico del mundo islámico en la Península Ibérica en todos los medios agropecuarios, agrupando huertas de regadío, pozos de agua, tierras baldías para el ganado, etc. hoy día conocidas nominalmente por los topónimos inscritos en las cartas de los repartimientos de los siglos XIV y XV, y conservadas en la campiña portuense: Alcanatir, Sidueña, Grañina, Campix, Vaina, Finogera... 
     En todos los antiguos restos de estructuras arqueológicas de las alquerías el Museo Arqueológico Municipal ha documentado el material arqueológico expuesto de esta época: ajuares de cocina, servicios de mesa, contenedores de agua y vino, armas defensivas y ofensivas, piezas lúdicas de ajedrez, etc. así como una magnífica losa sepulcral de origen meriní del siglo XIV, de la Colección de Luis Caballero. Para completar la Baja Edad Media, queda incorporado a la exposición restos arqueológicos y estratigráficos de los siglos XV a XVII, con una importante colección de vajillas de tradición morisca o mudéjar, procedente del Monasterio de la Victoria y excavaciones urbanas de la Plaza de Isaac Peral (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Casa Palacio de los Leones
     Sirve de modelo de estas viviendas barrocas la denominada Casa de la Placilla, construida en 1790, también denominada Casa de los leones, por los dos relieves de animales que coronan las pilastras de la portada bajo el balcón principal. La portada se anima con cortinajes figurados, una hornacina que albergaba una imagen de la Virgen de Caldas, enmarcada por semicolumnas torsas, todo ello entre dos pilastras, y arriba el balcón de perfil alabeado en su vuelo y enmarca­do bizarramente (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El edificio presenta una estructura de fachada-retablo propia del barroco, y tanto en su calle central y principal como en los laterales, posee motivos propios de este estilo, como el baldaquino, las columnas salomónicas y el frontón ondulado.
     El recargamiento de la decoración, los relieves mixtilíneos de las ventanas, el dosel a modo de cortina que cubre la puerta de entrada y los entrantes y salientes de las cornisas y de toda la fachada en general, así como su consiguiente efecto de claroscuro, confieren a la fachada un estilo barroco puro y recargado.
     La hornacina que se halla sobre la puerta, se encontraba ocupada por una imagen de la Virgen de la Escalada.
     Remata el edificio una cornisa decorada por florones pétreos sobre basas decoradas por óculos de escasos relieves.
     Destacar finalmente el enmarque de los balcones superiores a base de pilastras y líneas ondulantes.
     En el interior posee un patio columnado y una amplia escalera de acceso a los pisos superiores, que se levantan alrededor de él en forma de galerías abiertas.
     Podemos afirmar que el modelo más representativo de las casas barrocas de El Puerto de Santa María, es la construida por don Pedro Montes en 1790, denominada "Casa de la Placilla". Popularmente también se la conoce como "La Casa de los Leones", calificativo que debe a los dos relieves que posee sobre las pilastras que enmarcan la puerta de entrada bajo el balcón principal (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Convento de Santo Domingo
     La fundación del antiguo Convento de Nuestra Señora del Rosario, de la Orden de Predicadores de Nuestro Patriarca Santo Domingo de El Puerto de Santa María, hoy centro de enseñanza, se remonta a 1656. En esta fecha la casa ducal de Medinaceli aceptó la llegada y el asentamiento definitivo, en la ciudad, de la orden dominica.
     Una orden religiosa estrechamente relacionada con la evangelización de América y que encontró en El Puerto un lugar idóneo para su asentamiento ya que, por entonces, El Puerto y la Bahía de Cádiz era uno de los enclaves principales vinculados del comercio con América, pasando a ser, años más tarde, cabecera de la flota a Indias.
     El edificio construido gracias al patrimonio del duque de Medinaceli conserva buena parte de sus dependencias.
     De su antigua fachada, situada en la calle San Bartolomé, hay que destacar el escudo de mármol de la orden de Santo Domingo, con la cruz floreada y el perro portando la antorcha. Una figura que representa la luz que Santo Domingo daría al mundo como guardián de la doctrina católica.
     Conserva, la fachada, en la parte superior, dos relieves con las figuras de un hombre y una mujer, ambas ataviadas con capas de plumas y cargadas con grandes cestos sobre sus cabezas. Imágenes que, por sus rasgos, se pueden identificar con indios americanos.
     El edificio, pese a la gran transformación que ha sufrido a lo largo de los siglos, conserva el antiguo claustro con su exquisita decoración y restos de la antigua iglesia, hoy desaparecida, y de la que se conserva la cúpula del crucero donde se ha instalado la biblioteca. 
     De la iglesia del convento sabemos que se comenzó a construir en 1698. El templo contaba con la puerta de acceso por la c/ Santo Domingo, de una sola nave, cubierta de bóveda de cañón y cúpula de media naranja y con cuatro altares laterales uno de ellos dedicado a Nuestra Señora del Rosario, titular del convento.
     A partir del primer tercio del siglo XIX el antiguo convento del Rosario comenzó un profundo proceso de transformación para adaptarse a nuevos usos y funciones: fue sede del Ayuntamiento, de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, instituto de enseñanza laboral, de bachillerato, y de enseñanza secundaria y bachillerato en la actualidad (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Fundación Rafael Alberti
     La Fundación Rafael Alberti tiene su sede en un edificio de dos mil metros cuadrados que contiene la donación hecha por Rafael Alberti y su primera esposa María Teresa León a la ciudad natal del poeta, uno de los máximos representantes de la Generación del 27.
        En esta casa, en la que vivió de niño, hay depositada una colección de fondos que abarca un siglo de la historia de España: manuscritos, cartas, pinturas, documentos audiovisuales, distinciones, así como una magnífica biblioteca. 
     La Exposición Rafael Alberti: Un siglo de creación viva, inaugurada por los Reyes de España, muestra en un ameno recorrido cronológico la biografía del poeta que surge de los amplios paneles con fotos, dibujos y poemas caligrafiados. 
     En ellos, la mítica vida de Rafael Alberti, su obra literaria y pictórica, su irrenunciable compromiso político, sus treinta y nueve años de exilio en Francia, Argentina e Italia, quedan reflejados con rigurosa fidelidad. Desde su primer libro de poemas, Marinero en tierra (1924), hasta Canciones para Altair (1989) y su último volumen de memorias, La Arboleda perdida (1996), su obra ha sido ejemplo de una intensa vida dedicada con plenitud a la creación artística (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Convento de la Concepción
     Este convento de clausura de monjas concepcionistas franciscanas fue uno de los primeros de la orden instituida por Beatriz de Silva, pues llegan al Puerto a comienzos del siglo XVI, tras comprar una casa en 1518 y acondicionarla para hospital de pobres. La fábrica actual procede de las reedificaciones desarrolladas en el siglo XVIII e, incluso, a comienzos del XX. La iglesia al exterior posee dos portadas barrocas, sólo aparen­temente iguales, emparejadas como en el citado templo del Espíritu Santo.
     En sus hornacinas se albergan una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, del siglo XVI, ésta bajo un tímpano con un rostro de Dios Pa­dre bendicente, de popular traza, y, la otra, un San Francisco. El interior es de una sola nave, cubierta por bóveda de cañón, con crucero y bóveda hemiesférica sobre pechinas. En el altar mayor hay un conjunto de azulejos de artistas sevillanos de 1540 y un magnífico retablo barroco estructurado por estípites en tres calles y ático, donado por el mercader local o cargador de Indias, Jacinto José de Barrios, en 1757. En la hornacina central, entre San Joaquín y Santa Ana, se venera una Inmaculada que sigue el modelo sevillano de Martínez Montañés. Otros re­tablos del siglo XVIII se disponen a lo largo del templo con imágenes de distinta cronología. La sacristía, bajo una vistosa bóveda de ca­ñón con falsos lunetos, presenta paneles de azulejos de comien­zos del siglo XVIII, policromados y con motivos florales, así como una cruz hecha con piezas de la escuela holandesa de Delft.
     El claustro, un cuadrado de considerable tamaño con siete arcadas por lado, tiene una fuente fechada en 1737, rehundida en un hueco formado por diez gradas. Accediendo al coro alto, separado de la iglesia por un cancel de madera de similar fecha, aparecen, entre otras piezas, un Cristo atado a la columna, talla del final del siglo XVII que, en otro momento, ha estado expuesto en el expositor del retablo mayor, así como un retablo dieciochesco con una imagen de candelero de la Inmaculada Concepción. En su ajuar quedan piezas de platería de interés así como un bello crucificado de marfil (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La iglesia del convento es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones que apoyan sobre pilares y almohadillados. Sobre el crucero se levanta una media naranja con florón en el centro. A los pies se ubica el coro, al cual se accede por medio de dos puertas adinteladas, de sencilla estructura. Sobre un gran arco escarzano, se levanta el coro alto. Ambos coros quedan cerrados por magníficas rejas.
     El convento tiene la peculiaridad de poseer dos portadas de cantería, una de entrada y otra de salida de feligreses, si bien una de ellas se halla actualmente cegada. La que hoy sirve de acceso, presenta vano adintelado con orejetas y ménsula en la clave, rematando en cornisa y volutas en los extremos. A ambos lados surgen otras dos especies de hornacinas, entre especies de balaustres. El conjunto queda perfectamente enmarcado con las dos columnas toscanas de orden gigante que flanquean el vano de ingreso, las cuales apoyan sobre pedestales y culminan en cornisa que, al centro adquiere la forma de un tronco triangular. La portada cegada, por su parte, presenta vano adintelado sobre columnas toscanas que apoyan sobre pedestales, rematando en una cornisa que da paso al segundo cuerpo. Aquí se abre una pequeña hornacina, flanqueada por estípites, culminando en frontón recto.
     El claustro, de estructura rectangular, sigue las normas generales de estos recintos, formado por una doble galería que apoya sobre pilares de ladrillo, con arcos de medio punto en la inferior, y estructura adintelada en la superior. Interesante es la fuente ubicada en el centro, la cual posee estructura octogonal rehundida en el suelo.
     La historia de este convento arranca del siglo XVI, como Hospital de la Concepción, cuyas obras se iniciaron en 1517 y, tras trece años de trabajos, fue inaugurado en 1530. Su fisonomía actual es el resultado de las reformas y ampliaciones realizadas durante los siglos XVII y XVIII, cuyo máximo exponente es la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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