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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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sábado, 16 de julio de 2022

La Iglesia del Carmen, en Écija (Sevilla)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Iglesia del Carmen, en Écija (Sevilla).  
     Hoy, 16 de julio, Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y al que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, y dieron origen, con el correr de los tiempos, a una orden religiosa de vida contemplativa, que tiene como patrona y protectora a la Madre de Dios [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II]. 
   Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia del Carmen, en Écija (Sevilla).
  La Iglesia del Carmen, se encuentra en la calle El Carmen, 16; en Écija (Sevilla)
      Fue templo de un convento carmelita, cuya fundación parece datar de la primera mitad del siglo XVI. La portada de acceso al conjunto, constituida por un arco de medio punto entre columnas y pilastras compuestas rematadas por frontón recto, se atribuye a Ignacio Tomás. La iglesia consta de dos naves paralelas, aunque con sentido contrario. La principal se cubre con bóvedas de aristas, más una bóveda rebajada en el presbiterio, mostrando al exterior una torre y una portada, ambas del siglo XVIII.
     El retablo mayor, de hacia 1780, es de tres calles, con un cuerpo, banco y ático, articulándose mediante columnas cubiertas de rocalla y estípites. En la hornacina central se halla la Virgen del Carmen, apareciendo en las calles laterales esculturas de Santa Teresa, Santa Magdalena de Pazis, San Elíseo y San Alberto de Sicilia. En el remate se sitúa un relieve de Elías en el carro y en los laterales aparecen otros dos de San Elesbaan, rey de Abisinia, y Santa Ifigenia, estos últimos de medio cuerpo. En el presbiterio hay una pintura del Ecce Homo, de carácter popular, del siglo XVIII.
     En el lado izquierdo había varios retablos que se reformaron hace poco tiempo, quedando reducidos a un marco incrustado en la pared. De este tipo son dos que enmarcan los lienzos de Cristo con la cruz a cuestas y de Santa Lucía y Santa Bárbara, este último fechado en 1722. No obstante, los marcos-retablos son de la primera mitad del siglo XVIII. En el mismo testero se hallan otros tres retablos, éstos sin reformar, que están dedicados a María Auxiliadora, el Sagrado Corazón y a Santa Ana. Los tres son de la segunda  mitad  del  XVIII, siendo el grupo de Santa Ana y la Virgen algo anterior.
     En el lado izquierdo hay dos retablos. El más cercano al presbiterio es obra del segundo tercio del siglo XVIII, presenta estípites y contiene un San Juan Bosco moderno. Pasadas las arquerías que comunican con la nave lateral hay otro retablo de la misma época, con esculturas de poca calidad, salvo la de la hornacina central, que es una magnífica talla del Ecce Homo de medio cuerpo fechada en 1644.
     La colección de pinturas del templo es considerable. En el lado izquierdo hay lienzos que representan a la Virgen con San Antonio de Padua, Cristo caído bajo la cruz, la Natividad, la Epifanía y San Cristóbal, todas de la primera mitad del siglo XVIII. En el lado derecho hay una serie de cuadros de temas carmelitas que representan a la Virgen del Carmen con santos y frailes de esa orden, la Virgen del Carmen con las Animas, Cristo resucitado entre los monjes y el Papa acogiendo a los carmelitas, obras todas de fines del siglo XVII con marcos coetáneos. De tipo más popular son los de la Incredulidad de Santo Tomás y Santa Bárbara, y muy interesante el de la Muerte de San José, de tipo zurbaranesco con retrato del donante, que formaba parte de un antiguo retablo. A la sacristía se pasa desde el presbiterio a través de una puerta decorada con rocalla, en cuyo centro va el emblema del Carmen. En este lugar se guardan algunas piezas de orfebrería, pudiendo destacarse un gran ostensorio rococó fechado en 1762 y otro más pequeño con el punzón de Écija y la fecha de 1820. Otras piezas interesantes son los aderezos de la Virgen del Carmen, consistentes en un escapulario con decoración de rocalla tardía y una corona, mezcla de varios estilos, fechada en 1815. La nave de la Virgen de la Soledad es más estrecha. Se cubre por una bóveda de aristas y la cabecera con bóveda semiesférica. Ésta y el camarín son obra del ecijano Juan de Esquivel. La decoración es muy rica y está realizada mediante mármoles negros y jaspes, con temas de rocallas asimétricas y jarras que forman un alto zócalo, fechable en el segundo tercio del siglo XVIII. El retablo mayor es muy ornamental, con columnas salomónicas que soportan un arco de medio punto y cornisas mixtilíneas. La decoración es de rocalla, pudiendo situarse la obra en la misma fecha que el zócalo marmóreo. La imagen de la Virgen de la Soledad parece realizada en la primera mitad del siglo XVIII. Se apoya sobre una peana de madera dorada, con­temporánea del retablo, y se adorna con un excepcional aderezo de plata repujada consistente en una corona, de factura original, una gran ráfaga y una magnífica media luna, piezas todas decoradas con rocalla. La corona lleva el punzón del contraste Aranda, lo mismo que la media luna, que lleva también el punzón de Damián de Castro como autor. Este último figura en la ráfaga como autor y como contraste. Delante del retablo hay dos lámparas de perfil triangular y decoración de rocalla con las marcas de Aranda y Castro. En uno de los laterales del presbiterio se encuentra un retablito de estípites que contiene un San Elías de vestir de comien­zos del siglo XVIII.
     En el lado izquierdo se abren pequeñas capillas que contienen retablos y esculturas de gran interés. La más cercana a los pies es la Bautismal, presidida por un retablo de estípites, en cuya calle central está una imagen moderna de Jesús entrando  en Jerusalén. La pila bautismal es de jaspe rojo y negro del siglo XVIII. A continuación se halla la capilla del Cristo yacente, con una magnífica urna de madera forrada de carey y plata, rodeada de columnas salomónicas y rematada por un templete, que sostiene colum­nas de este tipo. En el basamento van cartelas de plata con los símbolos de la Pasión y en la parte superior remates piramidales  del mismo metal. Es obra de hacia 1730, que se atribuye a Pedro Duque Cornejo. En el interior se aloja un Cristo de la primera mitad del siglo XVI. Se conservan en la capilla cuatro pequeños evangelistas de talla que proceden del antiguo paso del Cristo y que pueden relacionarse con la obra de Duque Cornejo, así como cuatro medallones en relieve de la misma época decorados con rocalla.
     La capilla contigua es la de la Piedad y contiene dos retablos. El principal es una simple hornacina con estípites que aloja un grupo de la Piedad compuesto por la Virgen con Cristo en los brazos y San Juan, esculturas de tamaño mediano de comienzos del siglo XVI con rasgos todavía goticistas, que se vincula a Jorge Fernández. Detrás del grupo hay una cruz de carey y plata del siglo XVIII, y dos sayones del XVII. El otro retablo es también de hornacina con estípites y contiene un Cristo, algo menor del natural, de la misma época de la Piedad, figurando un lienzo de la Dolorosa, en el ático, de la época del retablo. Frente a esta capilla, pero en la nave, se sitúa un cuadro del Cristo de Burgos, colocado allí, según la documentación, en 1691. El marco, de estilo rococó, es unos setenta años posterior (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
   Perteneció a los Padres Carmelitas Calzados hasta la exclaustración, siendo cedido en 1897 a los Padres Salesianos. En la actualidad es Iglesia parroquial. La fundación se remonta al primer cuarto del siglo XV, afirmándose que la primera iglesia fue construida por un tercio de soldados contando con la protección del Concejo de la ciudad, que durante la guerra de Granada estaban acuartelados en la localidad, 
Iglesia
     La iglesia consta de una sola nave con acceso desde la portada situada a los pies, junto a la torre. En el muro de la Epístola se adosa la capilla de la Soledad, con cabecera en sentido inverso al resto de la iglesia. Posee capillas en el lado del Evangelio y comunicación con las dependencias del convento, del que sólo se conserva su antigua portada. Se compone por una espaciosa nave cubierta por bóveda de aristas y media naranja sobre pechinas en el presbiterio, a los pies la tribuna del coro. Aunque en origen se remonta al siglo XV no quedan restos apreciables, debido a las profundas remodelaciones que sufrió el edificio. Las más notables fueron las efectuadas en el siglo XVIII y la reedificación llevada a cabo entre 1881 y 1883, que le dieron cierto aire neoclásico. La capilla de Nuestra Señora de la Soledad se comunica con la nave de la iglesia mediante dos arcadas abiertas en el muro de la Epístola. Consta de una nave con bóveda de aristas, media naranja sobre pechinas en el presbiterio, situándose tras el retablo el camarín.
Portadas
     Se caracteriza, al igual que muchas portadas ecijanas, por la utilización del ladrillo tallado. Articulada en dos cuerpos, su peculiaridad radica en los soportes a modo de estípites sobre podios que flanquean el vano central. En el cuerpo superior  se encuentra una hornacina que alberga una imagen de bulto redondo de la Virgen del Carmen entre pilastras, flanqueada por remates piramidales. Al convento se accedía a través de una portada abierta en la calle de San Juan Bosco. De claros aires neoclásicos, recuerda a las que Ignacio de Tomás diseñó para la Iglesia parroquial de Santa Bárbara. Realizada en mármol blanco, consta de un gran vano central de medio punto flanqueado por columnas con éntasis y capiteles compuestos, elevadas sobre pedestales y basas, a su vez, éstas se flanquean por pilastras compuestas. Sobre el conjunto, el arquitrabe con dentículos, sirve de base a un frontón triangular que aloja el escudo de la Orden del Carmen. En 1897 el convento e iglesia fueron cedidos a la Comunidad de Padres Salesianos, añadiéndose con posterioridad a 1950 una escultura de María Auxiliadora sobre el frontón.
Torre
     Se encontraba en proceso de construcción en 1637, año en que según crónicas locales murió el religioso que dirigía las obras tras caerse de sus andamios. Para su realización se utilizó como material predominante el ladrillo tallado y cortado, oculto tras un enfoscado que presenta una doble policromía, el albero pálido para las superficies lisas y la almagra para destacar los elementos horizontales. Consta de seis cuerpos, en los cuatro inferiores, de planta cuadrada, se repite el mismo esquema, basamento que soporta un arco de medio punto entre pilastras con entablamento completo. Los dos superiores, uno octogonal y otro circular se ornamentan con arcos de medio punto con dobles pilastras cajeadas y entablamento el primero, y vanos adintelados entre dobles molduras planas, a modo de pilastras, con media naranja en el segundo. Quizás el elemento que más caracteriza a esta torre se encuentra en el tercer cuerpo de la caña, ya que en las pilastras aparecen dobles hornacinas de medio punto que albergan esculturas de mármol personificando a santos de la Orden (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
Según la tradición, la primitiva iglesia fue construida en el siglo XV por un tercio de soldados que se encontraban acuartelados en la ciudad durante la guerra de Granada. Para ello contaron con la protección del concejo y de varias familias nobles que ejercieron patronato a cambio de ser enterrados en el convento. En el s. XVIII fueron realizadas profundas remodelaciones en la iglesia conventual. Durante la Guerra de la Independencia, el convento fue exclaustrado debido al decreto de 1809 de José I Bonaparte. Una vez terminada la contienda, los monjes reclamaron su devolución al ayuntamiento en 1814, pero volvió a ser exclaustrado en 1836 por la Desamortización de Mendizábal. En el año 1897, se cedió a los padres salesianos, quienes lo habitaron hasta el siglo XX. Especialmente interesantes son capilla de Nuestra Señora de la Soledad y la Capilla del Santo Sepulcro,  que conserva una urna con aplicaciones de carey y plata, del primer cuarto del siglo XVIII. En ella aparece la imagen yacente de Jesús, escultura fechada entre los siglos XIV y XV (Ayuntamiento de Écija).
     Pocos restos quedan apreciables del edificio original del siglo XVI, cuando perteneció al convento de los padres Carmelitas Calzados. Las profundas remodelaciones del siglo XVIII y la reedificación llevada a cabo entre 1881 y 1883 le dieron cierto aire neoclásico. La iglesia consta de dos naves paralelas en sentido inverso, abriéndose al exterior la nave principal, cubierta con bóveda de arista, a través de una portada situada a los pies junto a la torre, ambas del siglo XVIII.
     La nave de la Virgen de la Soledad, que es la más estrecha, está cubierta también por una bóveda de arista y tiene decorado parte de sus muros con mármoles negros y jaspes que asemejan rocallas y jarras, todo ello del segundo tercio del siglo XVIII, al igual que la pila bautismal de jaspe rojo y negro.  
     Entre las numerosas esculturas que ornamentan los retablos del templo, en su mayoría del siglo XVIII, destacan la talla del Ecce Homo de medio cuerpo de 1644 que se encuentra situada en un retablo en el lado izquierdo y la urna barroca de madera forrada en carey y plata, atribuida a Pedro Duque Cornejo de 1730, que alberga a un Cristo yacente del siglo XVI. Todo ello está situado en la capilla del mismo nombre. 
     También el templo posee un importante conjunto de pinturas, teniendo que reseñarse el cuadro de influencia zurbaranesca de La muerte de San José con retrato de donante, en el lado derecho de la nave principal.
     La torre de la iglesia está construida en ladrillo enfoscado en albero pálido en las superficies lisas y almagra para destacar los elementos horizontales. Consta de seis cuerpos. Los cuatro inferiores, de planta cuadrada, y con basamentos soportan un arco de medio punto entre pilastras. Los dos superiores, uno octogonal y otro circular, se ornamentan con arcos de medio punto con dobles pilastras cajeadas. El tercer cuerpo de la torre aloja en las pilastras dobles hornacinas de medio punto que albergan esculturas de mármol que personifican a santos de la Orden.
Horario
De lunes a sábado de 19:00 a 20:30
Misas:
Lunes a sábado a las 20:00.
Domingos: 8:30, 11:30 y 20:00 (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la Festividad de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo
   La conmemoración de la Virgen del Carmen tiene su origen en la Orden homónima. Ésta remonta sus orígenes míticos a los hijos de los profetas que habitaron el Monte Carmelo en Tierra Santa. En época de la cruzadas fueron estableciéndose allí un grupo de anacoretas que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del monte Carmelo, que veían prefigurada la maternidad divina en la nube que desde allí viera Elías, anunciando el fin de la sequía. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, a los que San Alberto de Vercelli, también conocido por su nombre secular, Alberto Avogadro (+1214), Patriarca de Jerusalén, escribió una normativa de vida entre 1206 y 1214. Pasaron a Europa en el siglo XIII, aprobando su regla Inocencio IV Fieschi en 1245, bajo el sexto Prior General de la Orden, San Simón Stock (+1265), que los adaptó a la vida mendicante. Este papa es el primero que los llama, en 1252, Hermanos Ermitaños de la Orden de Santa María del Monte Carmelo. Viendo éste en peligro el futuro de la Orden en Occidente, cuenta la tradición que el dieciséis de julio de 1251, según la versión oficial fijada en el siglo XVII, la Virgen María se le apareció en Cambridge y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo, cuya versión reducida es el escapulario marrón, y le prometió: “Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará”. Desde Inglaterra se extendió esta devoción a toda la Orden y, por su labor, a todo el mundo.     
   Al principio los carmelitas celebraban a la Virgen en las fiestas del calendario general, sobre todo, en el siglo XIII, la Anunciación, que cedió su lugar, a partir de 1306, a la Inmaculada Concepción, que se convirtió en la fiesta mariana oficial de la Orden. Sin embargo, a comienzos del siglo XV, parece que los carmelitas intentaron buscar una celebración mariana propia acomodada a su  carisma. Esta parece que tiene su origen en el rito jerosolimitano primitivo de la Orden, que a una conmemoración solemne de la Resurrección del Señor semanal había unido una de la Virgen María, especialmente solemnizada la del Adviento, que naturalmente se identificaba con su Asunción como glorificación plena de María. Por primera vez encontramos esta fiesta celebrada en Oxford en 1387 y en un calendario astronómico de Nicolás de Lynn. Poco a poco va apareciendo en diferentes misales (Londres, 1387-93) y breviarios (Oxford 1375-93) y extendiéndose muy lentamente por el continente. Pero con la difusión del escapulario, catapultada por la famosa Bula del privilegio sabatino, en algunas partes, sobre todo en Inglaterra, se relacionó esta commemoratio solemnis, a partir de la celebración de los beneficios recibidos de su Patrona, -con tal devoción, dando lugar a la solemne conmemoración de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. Su fijación en julio parece depender de la fecha de la última sesión del II Concilio de Lyon, celebrada el diecisiete de julio de 1274, en que se decretó que las órdenes carmelitana y agustina, que corrían peligro de ser suprimidas, permanecieran en su estado mientras no se decretara otra cosa, aunque la aprobación definitiva no llegaría hasta 1298 con Bonifacio VIII Gaetani en 1298.
   Esta fiesta de acción de gracias a la Virgen se adelantó en el siglo XV al dieciséis de julio. Sixto V Peretti aprobó la fiesta del dieciséis de julio en 1587, y en el Capítulo General carmelitano del 1609, habiéndose preguntado a todos los capitulares qué festividad debía tenerse como titular o patronal de la Orden, todos unánimemente contestaron que ésta, sin duda alguna. A pesar de haberse dictado algunos decretos restringiéndola, esta fiesta, que ya se había difundido por Inglaterra, Italia, España y América, se fue propagando rápidamente en el siglo XVII por el resto de Europa y algunas zonas de Oriente. España fue la primera nación en obtener del papa Clemente X Rezzonico, en 1674, el permiso para celebrar esta festividad en todos los dominios del Rey Católico.  A esta petición siguieron otras muchas, hasta que el veinticuatro de septiembre 1726 Benedicto XIII Orsini, tras haberla impuesto el año antes en los Estados Pontificios, la extendía a toda la cristiandad con rito doble mayor y con la misma oración y lecciones para el segundo nocturno que desde el siglo anterior rezaban ya los religiosos carmelitas. En la reforma del Beato Juan XXIII Roncalli de 1960 fue reducida a simple conmemoración, y en el calendario del uso ordinario es memoria libre. También fue introducida en los ritos ambrosiano,  caldeo, maronita, mozárabe y greco-albanés (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e  Iconografía de la Virgen con el Niño;  
  Tal como ocurre en el arte bizantino, que suministró a Occidente los prototipos, las representaciones de la Virgen con el Niño se reparten en dos series: las Vírgenes de Majestad y las Vírgenes de Ternura.
La Virgen de Majestad 
 Este tema iconográfico, que desde el siglo IV aparecía en la escena de la Adoración de los Magos, se caracteriza por la actitud rigurosamente frontal de la Virgen sentada sobre un trono, con el Niño Jesús sobre las rodillas; y por su expresión grave, solemne, casi hierática.
   En el arte francés, los ejemplos más antiguos de Vírgenes de Majestad son las estatuas relicarios de Auvernia, que datan de los siglos X u XI. Antiguamente, en la catedral de Clermont había una Virgen de oro que se mencionaba con el nom­bre de Majesté de sainte Marie, acerca de la cual puede dar una idea la Majestad de sainte Foy, que se conserva en el tesoro de la abadía de Conques. 
   Este tipo deriva de un icono bizantino que el obispo de Clermont hizo emplear como modelo para la ejecución, en 946, de esta Virgen de oro macizo destinada a guardar las reliquias en su interior.
   Las Vírgenes de Majestad esculpidas sobre los tímpanos de la portada Real de Chartres (hacia 1150), la portada Sainte Anne de Notre Dame de París (hacia 1170) y la nave norte de la catedral de Reims (hacia 1175) se parecen a aquellas estatuas relicarios de Auvernia, a causa de un origen común antes que por influencia directa. Casi todas están rematadas por un baldaquino que no es, como se ha creído, la imitación de un dosel procesional, sino el símbolo de la Jerusalén celeste en forma de iglesia de cúpula rodeada de torres. 
   Siempre bajo las mismas influencias bizantinas, la Virgen de Majestad aparece más tarde con el nombre de Maestà, en la pintura italiana del Trecento, transportada sobre un trono por ángeles.
   Basta recordar la Madonna de Cimabue, la Maestà pintada por Duccio para el altar mayor de la catedral de Siena y el fresco de Simone Martini en el Palacio Comunal de Siena.
   En la escultura francesa del siglo XII, los pies desnudos del Niño Jesús a quien la Virgen lleva en brazos, están sostenidos por dos pequeños ángeles arrodillados. La estatua de madera llamada La Diège (Dei genitrix), en la iglesia de Jouy en Jozas, es un ejemplo de este tipo.
El trono de Salomón
   Una variante interesante de la Virgen de Majestad o Sedes Sapientiae, es la Virgen sentada sobre el trono con los leones de Salomón, rodeada de figuras alegóricas en forma de mujeres coronadas, que simbolizan sus virtudes en el momento de la Encarnación del Redentor.
   Son la Soledad (Solitudo), porque el ángel Gabriel encontró a la Virgen sola en el oratorio, la Modestia (Verecundia), porque se espantó al oír la salutación angélica, la Prudencia (Prudentia), porque se preguntó como se realizaría esa promesa, la Virginidad (Virginitas), porque respondió: No conocí hombre alguno (Virum non cognosco), la Humildad (Humilitas), porque agregó: Soy la sierva del Señor (Ecce ancilla Domini) y finalmente la Obediencia (Obedientia), porque dijo: Que se haga según tu palabra (Secundum verbum tuum).
   Pueden citarse algunos ejemplos de este tema en las miniaturas francesas del siglo XIII, que se encuentran en la Biblioteca Nacional de Francia. Pero sobre todo ha inspirado esculturas y pinturas monumentales en los países de lengua alemana.
La Virgen de Ternura
   A la Virgen de Majestad, que dominó el arte del siglo XII, sucedió un tipo de Virgen más humana que no se contenta más con servir de trono al Niño divino y presentarlo a la adoración de los fieles, sino que es una verdadera madre relacionada con su hijo por todas las fibras de su carne, como si -contrariamente a lo que postula la doctrina de la Iglesia- lo hubiese concebido en la voluptuosidad y parido con dolor.
   La expresión de ternura maternal comporta matices infinitamente más variados que la gravedad sacerdotal. Las actitudes son también más libres e imprevistas, naturalmente. Una Virgen de Majestad siempre está sentada en su trono; por el contrario, las Vírgenes de Ternura pueden estar indistintamente sentadas o de pie, acostadas o de rodillas. Por ello, no puede estudiárselas en conjunto y necesariamente deben introducir en su clasificación numerosas subdivisiones. 
    El tipo más común es la Virgen nodriza. Pero se la representa también sobre su lecho de parturienta o participando en los juegos del Niño.
El niño Jesús acariciando la barbilla de su madre
   Entre las innumerables representaciones de la Virgen madre, las más frecuentes no son aquellas donde amamanta al Niño sino esas otras donde, a veces sola, a veces con santa Ana y san José, tiene al Niño en brazos, lo acaricia tiernamente, juega con él. Esas maternidades sonrientes, flores exquisitas del arte cristiano, son ciertamente, junto a las Maternidades dolorosas llamadas Vírgenes de Piedad, las imágenes que más han contribuido a acercar a la Santísima Virgen al corazón de los fieles.
   A decir verdad, las Vírgenes pintadas o esculpidas de la Edad Media están menos sonrientes de lo que se cree: la expresión de María es generalmente grave e incluso preocupada, como si previera los dolores que le deparará el futuro, la espada que le atravesará el corazón. Sucede con frecuencia que ni siquiera mire al Niño que tiene en los brazos, y es raro que participe en sus juegos. Es el Niño quien aca­ricia el mentón y la mejilla de su madre, quien sonríe y le tiende los brazos, como si quisiera alegrarla, arrancarla de sus sombríos pensamientos.
   Los frutos, los pájaros que sirven de juguetes y sonajeros al Niño Jesús tenían, al menos en su origen, un significado simbólico que explica esta expresión de inquieta gravedad. El pájaro es el símbolo del alma salvada; la manzana y el racimo de uvas, aluden al pecado de Adán redimido por la sangre del Redentor.
   A veces, el Niño está representado durante el sueño que la Virgen vela. Ella impone silencio a su compañero de juego, el pequeño san Juan Bautista, llevando un dedo a la boca.
   Ella le enseña a escribir, es la que se llama Virgen del tintero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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sábado, 4 de diciembre de 2021

La Iglesia de Santa Bárbara, de Ignacio Tomás y Antonio Matías de Figueroa, en Écija (Sevilla)

     Por Amor al Arte
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     Hoy, 4 de diciembre, Conmemoración de Santa Bárbara, de la cual se dice que fue virgen y mártir en Nicomedia, en la actual Turquía (s. III / IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte la Iglesia de Santa Bárbara, de Ignacio Tomás y Antonio Matías de Figueroa, en Écija (Sevilla)
     La Iglesia de Santa Bárbara se encuentra en la plaza de España, 19; en Écija (Sevilla).
     Aunque el cuerpo de la iglesia data del siglo XIX, existen en ella construcciones muy anteriores. La tradición dice que la iglesia fue edificada sobre un palacio romano, pero realmente los restos más antiguos datan posiblemente del siglo XV. Estos consisten en una nave cubierta por artesa, adosada al muro del Evangelio, donde actualmente se encuentran la casa-hermandad y una serie de almacenes. Del siglo XV era la torre, formada por tres cuerpos octogonales, que fue destruida en 1892. Más antigua que el cuerpo principal del templo es la capilla del Sagrario, abierta en el lado izquierdo, que fue concluida por Antonio Matías de Figueroa en 1782 y deco­rada con yeserías por Antonio Caballero. Los planos de la iglesia, que se conservan en el archivo, fueron trazados por el arquitecto cordobés Ignacio Tomás en 1790. En 1798 se documentan las modificaciones que hizo Antonio Rosales, no terminándose la construcción hasta 1855.
     Consta el templo de tres naves, separadas por arcos de medio punto que apean sobre pilares. La nave central ofrece bóvedas de cañón con lunetos y bóvedas de arista las laterales, mientras el crucero se cubre por una bóveda vaída. A la nave izquierda se adosan la Capilla Sacramental y la antigua nave mudéjar, y a la derecha, la Capilla Bautismal y la Sacristía. El templo tiene dos portadas trazadas por el arquitecto Ignacio Tomás, una a los pies y otra en el lateral derecho, ambas muy sobrias, como corresponde  al estilo neoclásico del edificio.
     El retablo mayor, de estilo neoclásico, está dedicado a Santa Bárbara, escultura de la primera mitad del siglo XVIII procedente del anterior retablo. La acompañan las de San Pedro Mártir y San Wistremundo, obras de la misma época pero de menor calidad, y dos imágenes modernas de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Contiene el retablo también dos pinturas de San Pedro y San Pablo y en el ático un relieve del Padre Eterno. En el presbiterio hay tres sillones de terciopelo rojo bordados en oro y tres blan­dones de madera tallados, con astil salomónico, piezas todas de la primera mitad del siglo XVIII. Muy interesantes, aunque algo más tardíos, son los púlpitos de jaspe rojo y negro. A los pies se halla el coro, separado del resto del templo por una reja fechada en 1855, obra del maestro herrero Serafín Fernández de Rojas. La sillería es de estilo rococó y está decorada con rocallas, estípites y relieves. Es obra de Bartolomé y Antonio González Cañero, quienes la acabaron en 1762. En el interior del coro hay un facistol de madera tallada del mismo estilo y un atril, con decoración barroca y vástago formado por columna salomónica, de la primera mitad del siglo XVIII. Tras el coro se halla el cancel de la puerta de los pies, obra de los mismos autores que la sillería.
     En el lado izquierdo, a los pies, hay una pequeña capilla que sirve de unión entre la nave mudé­jar y la iglesia y que contiene un retablo rococó con una pintura de la Virgen de la Antigua con corona de plata adosada al lienzo. La pintura es anterior al retablo. En la nave, y a continuación de la capilla, se encuentra un retablo neoclásico que aloja una escultura de San Miguel con escu­do y espada de plata y una inscripción en la peana que dice: «Se estofó año de 1795». La escultura es anterior, probablemente de comienzos del XVIII. En otro retablo semejante hay una escultura de Nuestra Señora del Patrocinio datable en la primera mitad de ese mismo siglo.
     A esta altura de la nave se abre la Capilla Sacramental. Tiene planta de cruz latina de una sola nave y se cubre con bóveda de cañón con lunetos y media naranja sobre tambor en el crucero. Fue trazada en 1770 por Ambrosio de Figueroa. El retablo muestra el paso del estilo rococó al neoclásico, con alternancia de movidos frontones y abundantes superficies blancas y lisas. Consta de tres calles separadas por estípites, hornacina central, manifestador y gran remate, siendo obra del ecijano José de Araujo que lo realizó en 1782. En la hornacina central se aloja la imagen de Cristo, llamado Jesús sin soga o Jesús cansado, obra de Montes de Oca fechada entre 1732 y 1733 y que se ha restaurado recientemente, y a los lados las de San Fernando y San Luis de Francia. En el remate va un lienzo del Calvario, de fines del siglo XVI, y en el manifestador tres relicarios de madera dorada, tipo ostensorio, de fines del siglo XVIII, con reliquias de San Vicente y Santa Polonia. Interesante es el frontal de altar, de madera talla­da y dorada a base de acantos de gran realce que rodean el símbolo de Santa Bárbara. Es obra de la primera mitad del siglo XVIII. Detrás del retablo se hallan los paneles de otro más antiguo, con los emblemas de la Merced, que puede fecharse a fines del siglo XVII. 
   En la Capilla Sacramental hay varios retablos además del mayor, todos pequeños y de estilo rococó, con esculturas y relicarios, destacando las imágenes de Santa Quiteria, San Bartolomé, la Dolorosa y la Inmaculada. En cuanto a las pinturas, merecen mencionarse el Martirio de San Bartolomé, las Lágrimas de San Pedro y el Ecce Homo, todas del siglo XVIII, así como una Virgen con el Niño, del siglo XVII. Durante algún tiempo estuvo aquí el lienzo de Jesús sin soga de la primera mitad del siglo XVIII, que procedía de un retablito callejero situado al pie de la torre. Hoy día, restaurado el lienzo, ha vuelto a su lugar de origen.
     Saliendo de nuevo a la nave izquierda hay un retablo neoclásico de fábrica, que contiene una imagen de San Pablo realizada en 1575 por el artista ecijano Salvador Gómez de Navaja. Fue restaurado en el siglo XVIII. En la cabecera de la nave hay una capilla con un retablo, también de fábrica, del siglo XIX, que contiene un lienzo de la Bajada de Cristo al Limbo. Entre las pinturas destacan un martirio de San Bartolomé y la Estigmatización de San Francisco del siglo XVII y dos grandes lienzos del siglo XVIII que representan la Multiplicación de los Panes y el Nacimiento. A los pies de la nave derecha se sitúa la Capilla Bautismal, interesante construcción de planta circular, cubierta por bóveda semiesférica. Contiene una magnífica pila de jaspe rojo y negro, de fines del XVIII, y pinturas de la misma época. Los retablos de la nave derecha son todos de estilo neoclásico, sencillos y de la época de la construcción de la iglesia. Contienen a San Alberto, San José con el Niño y San Judas Tadeo, esculturas del siglo XVIII, así como un lienzo de la Virgen de los Milagros, del siglo XIX. En cuan­to a las pinturas de esta nave destacan un lienzo de la Cena del siglo XVIII, otro de la Virgen de la Leche con una inscripción que dice «Se renovó año de 1766» y una Imposición de la Casulla a San Ildefonso de la primera mitad del siglo XVIII.
     La Sacristía es una pieza rectangular cubierta por una bóveda de cañón con lunetos que contiene cajonerías y armarios del siglo XVIII. En ellos se guardan ornamentos de la misma época, realizados en seda bordada. Hay también algunas pinturas en la estancia, igualmente del siglo XVIII, que representan un Crucificado, la Santa Faz, la Anunciación y Santa Bárbara, así como un Crucificado de talla, de la misma época.
     La orfebrería de la parroquia es excepcionalmente rica, aunque en su mayor parte se encuentra depositada en la parroquia de Santa María. De las piezas que quedan en la iglesia podemos reseñar los aderezos de Santa Bárbara, consistentes en diadema, custodia y torre, las dos primeras con punzón del platero ecijano Colmenares, que corresponde a José Franco Hernández Colmenares, quien las realizó en 1773. Son también de interés el escudo y la espada de San Miguel, el primero en forma de sol con rayos ondeantes y lisos y la segunda en forma de rayo de fuego. Ambas piezas llevan los punzones de los plateros  Gaitán y Pando y son obras de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque de estilo arcaizante. El punzón de Pando aparece también en el puño de la espada y la diadema de San Pablo, ejecutados en 1770, al igual que el relicario. El acero de la espada, por el contrario, parece ser contemporáneo de la ima­gen, es decir, de fines del siglo XVI, llevando la inscripción del autor y lugar de origen: «Enrique Coel. En Alemania». Hay también varias coronas y diademas de plata que adornan distintos santos de la iglesia, entre los que destacan la corona de la Virgen del Patrocinio, de comienzos del XIX, siendo de la misma época un incensario y una naveta que presentan los punzones de Écija y de Pando. Las lámparas que adornan el templo son también de calidad. De las tres existentes, la más antigua va colocada frente al altar de San Pablo, se decora con gallones y óvalos y está fechada en 1632. Otra está en la capilla del Sagrario y se decora con rocalla y aristas entorchadas, según el estilo cordobés, llevando los punzones de la ciudad de Écija, del contraste Gaitán y del autor Pando, además de la fecha de 1760. Algo posterior es la que se halla en el centro del presbiterio, decorada con rocalla y gallones, que lleva el punzón del platero sevillano Zuloaga (Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2004).
     Interesante edificio en el que se contemplan construcciones de diferentes épocas que abarcan desde el siglo XV al XIX. Fue diseñada por el arquitecto cordobés Ignacio Tomás en 1790 y se concluyó la obra en 1855.
     La Capilla Sacramental se encuentra situada en el tercer tramo del muro del Evangelio, utilizándose para su construcción parte del solar que ocupaba el patio de los naranjos. Las trazas y dirección de las obras de la capilla corrieron a cargo de Antonio Matías de Figueroa, concluyéndose su construcción en 1782. Presenta planta de cruz latina con una nave, dividida en dos tramos desiguales, cubierta por bóveda de cañón con lunetos. El crucero, poco marcado al exterior, se cubre con bóveda semiesférica sobre tambor, decorada interiormente con rica ornamentación de yeserías, obra del alarife ecijano Antonio Caballero.
     Tras la inauguración de la nueva Capilla Sacramental, se observó que la iglesia presentaba un deplorable estado de conservación, lo que llevó, tras varios intentos de restauración, a su derribo y encargándose la realización de los planos de la nueva fábrica en 1790 al arquitecto cordobés Ignacio de Tomás. Las obras iniciadas en 1787 se vieron prolongadas hasta 1855, dando como resultado un edificio de claro sabor neoclásico.
     La iglesia es de planta de cruz latina, de tres naves separadas por pilares y presbiterio de testero cuadrado. La nave central se cubre con bóveda de cañón con lunetos, las laterales por bóveda de aristas y el crucero con bóveda vaída. En el último tramo del muro de la Epístola se encuentra la Capilla Bautismal, de planta centrada con columnas adosadas al muro circular y cubierta por semiesfera rematada por una linterna.
     La portada principal se sitúa a los pies de la nave central. Se encuentra guarnecida en un gran arcosolio flanqueado por pilastras toscanas. Sobre ellas cabalga un gran friso con triglifos, donde descansa la cubierta. El interior se articula a partir de un arco de medio punto con decoración en la clave flanqueado por dos grandes columnas de granito, reutilizadas del interior de la iglesia gótico-mudéjar, sobre pedestales y capiteles corintios, en los que descansa un entablamento cuya cornisa se decora con dentículos. Sobre éste, se sitúan dos grandes vasos clásicos rematados por llamas.
     La portada secundaria se encuentra adosada al cuarto tramo del muro de la Epístola. Se compone de un gran vano adintelado flanqueado por dos columnas de granito sobre pedestales con capiteles corintios, rematado por un frontón triangular. La decoración se centra en casetones con rosetas en el interior del frontón así como dentículos. La portada queda flanqueada por sendas ventanas rematadas mediante frontones curvos.
     La Torre; sus orígenes se remontan al siglo XV, siendo construida sobre un antiguo torreón árabe. Se encuentra adosada a los pies de la nave del Evangelio, junto a la fachada principal, destacando en su construcción el ladrillo. El fuste cuadrado, alberga, en el cuerpo inferior, una capilla y sobre ésta se superponían tres cuerpos octogonales. El primer cuerpo se componía de ocho vanos apuntados decorados con baquetones y enmarcados por sus respectivos alfices. En el segundo cuerpo se repetía el mismo esquema compositivo que el anterior, aunque presentaba pequeñas variaciones. El tercer cuerpo se correspondía con una restauración moderna, rematándose por un chapitel curvilíneo sobre el que giraba la veleta adosada a una cruz de hierro.
     A consecuencia de los daños causados por un rayo que afectó de lleno a la torre en 1892, se inició su derribo en 1918 y finalizó en 1929. En esta actuación se conservaron tres vanos del primer cuerpo de la antigua torre, que fueron rematados por merlones y utilizado como espadaña.
     Su origen se remonta al Repartimiento que realizó de la ciudad Alfonso X en 1263, figurando como una de las cuatro parroquias en que se dividió el trazado urbano. La tradición cuenta que sobre su solar se alzó en la antigüedad un templo o palacio romano. La antigua fábrica de Santa Bárbara pertenecía al tipo de iglesias gótico-mudéjares, de tres naves sobre columnas de granito con cubiertas de madera. Adosadas al cuerpo de la iglesia se encontraban la capilla bautismal y la sacramental. El conjunto se completaba con la Capilla Sacramental inaugurada en 1782 y posiblemente con dos portadas, patio de los naranjos y torre. De esta construcción se conserva únicamente parte del referido patio y el fuste con un trozo del primer cuerpo de la torre, desapareciendo el resto del edificio en el derribo efectuado en 1791, trasladándose la parroquia a la referida Capilla Sacramental mientras se construía la nueva fábrica. La iglesia fue proyectada con tres naves y crucero, contando con dos portadas de acceso de hondo sabor clasicista (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
   La iglesia consta de tres naves separadas por arcos de medio punto sobre pilares. La nave central está cubierta por bóveda de cañón, siendo de arista las cubiertas de las naves laterales. Aunque se trata en su mayor parte de un edificio del siglo XIX de estilo neoclásico, existen partes de la iglesia de momentos anteriores. Incluso hay una tradición que dice que la construcción actual está edificada sobre un palacio romano, pero no es así puesto que el sector más antiguo, que es una nave adosada al muro del Evangelio de estilo mudéjar, data del siglo XV. 
     Otros sectores anteriores a las fechas de construcción del cuerpo principal del templo son la capilla del sagrario de 1782, decorada con yeserías, y que fue realizada por Antonio Matías de Figueroa, y la Capilla Sacramental, trazada en 1770 por Ambrosio de Figueroa adosada nave mudéjar, en la nave izquierda, y que acoge el retablo rococó de Jesús de la Soga, escultura de Montes de Oca de 1732.  
     El retablo mayor, de estilo neoclásico está dedicado a Santa Bárbara, escultura de la primera mitad del siglo XVIII que está acompañada de otras imágenes más recientes.
     Hay que destacar también la notable construcción de planta rectangular que constituye la capilla bautismal, situada a los pies de la nave derecha y cubierta por bóveda semiesférica, que alberga una espléndida pila de jaspe rojo y negro, de fines del XVIII.
     La iglesia primitiva contó con una torre adosada a los pies de la nave del Evangelio, junto a la fachada principal, construida en ladrillo y formada por tres cuerpos octogonales de hacia el siglo XV. A consecuencia de los daños causados por un rayo que la afectó de lleno en 1892, se inició su derribo en 1918, finalizando este en 1929. 
     La orfebrería de esta parroquia es de gran interés, aunque en la actualidad la mayor parte se guarda en la iglesia de Santa María. De las piezas conservada in situ hay que destacar la diadema, custodia y torre de Santa Bárbara del siglo XVIII.
Horario
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Conozcamos mejor la Leyenda, Historia, Culto e Iconografía de Santa Bárbara, virgen y mártir
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LEYENDA
   Compilada tardíamente por Simeón Metafrasto en el siglo X, la Pasión de esta santa oriental se popularizó en Occidente en el siglo XIII, gracias al arzobispo de Génova, Santiago de Vorágine, y a su Leyenda Dorada.
   Hija del sátrapa Dióscuro, habría nacido en Nicomedia, a orillas del mar de Mármara. Para sustraerla al proselitismo cristiano, su padre la encerró en una torre iluminada sólo por dos ventanas.
   No obstante, gracias a un subterfugio, ella  encontró el medio de recibir las enseñanzas de un sacerdote enviado por Orígenes, que se hacía pasar por médico, y quien, después de haberla instruido en la religión cristiana le administró el bautismo. Para expresar su fe en la Santísima Trinidad, ella perforó en el muro de la torre una «tercera ventana».
   Al saber que a pesar de todas sus precauciones su hija se había convertido, el feroz Dióscoro la amenazó con la espada. Ella consiguió huir y se refugió en un peñón que se abrió milagrosamente para darle asilo. Pero fue denunciada por un pastor chivato que fue castigado por su traición con la metamorfosis de sus corderos en langostas.
   Presa, santa Bárbara se negó a abjurar del cristianismo y a casarse con un pagano. Por ello la entregaron al juez Marciano que le hizo padecer los peores tormentos. Estirada en un potro fue azotada con vergajos, desgarrada con peines de hierro, rodada sobre fragmentos de cerámica, quemada  con hierros candentes; y al fin los verdugos le arrancaron los pechos con tenazas.
   Cuando la paseaban desnuda por la ciudad, un ángel le cubrió el cuerpo martirizado con un velo.
   Para terminar, su padre, desnaturalizado, la llevó hasta la cima de una mon­taña y le cortó la cabeza con sus propias manos. El castigo del cielo no se hizo esperar: el monstruo fue fulminado por un rayo. «Fue asaeteado y consumido de tal manera que de su cuerpo no quedaron polvo ni cenizas.»
CULTO
   El culto de la "partenomártir" de Bitinia nació en Oriente.
   Fue la patrona del monasterio de Edesa a partir del siglo IV, y en el VII se convirtió en titular de una basílica construida por los coptos en El Cairo. León el Filósofo puso bajo su advocación una iglesia de Constantinopla.
   En Occidente, su popularidad se remonta al siglo XV. No obstante, en Roma se la representó a partir del siglo VIII, tal como se ve en un pilar de Santa María la Antigua, acompañada por un pavo real, símbolo de inmortalidad. Se ha imaginado que en ciertos casos su culto sustituyó al de una divinidad celta: Borbo o Borvo (Borbón), dios de las fuentes. Por otra parte, corno protegía contra el rayo, se le edificaron santuarios en las cumbres golpeadas por el fuego del cielo. 
 Se la veneraba sobre todo en Francia, en las provincias de Normandía y Bretaña, como lo prueban la fundación de un priorato de Sainte Barbe en Auge, a orillas del Dive y la advocación de la capilla de Sainte Barbe en Faouet . 
    En Italia, es la patrona de las ciudades de Ferrara, Guastalla y Mantua.
   En España se la invoca contra los truenos, rayos e incendios (abogada contra los truenos e incendios).
   La extensión de su culto en Alemania, a finales de la Edad Media, se debía sobre todo al hecho de que figurase en la cohorte de los Catorce Intercesores (vierzehn Nothelfer), en compañía de santa Catalina y santa Margarita. Las tres santas gozaban de envidiables privilegios en la devoción popular, ilustrada por este refrán :
   Barbara mit dem Thurm,
   Margarethe mit dem Wurm, 
   Katharina mit dem Räddel
   Sind die drei heiligen Mädel.
   La liturgia les sumó a santa Dorotea, para formar el grupo del Cuarteto de vírgenes capitales que se invocaba en estos términos en la colecta de la Missa de Sanctis quattuor capitalibu s virginibus:
   «Deus qui sanctissimas virgines tuas Catharinam, Barbaram, Margaretham et Dotoheam per martyrii palmam ad coelos pervenire fecisti, praesta, quaesumus, ut earum intervenientibus meritis a peccatorum nostrum maculis mereamus absolvi.»
   A Santa Bárbara suele asociársela  sobre todo con santa Catalina. Protectora de los militares, simboliza la vida activa, mientras que santa Catalina, patrona de los clérigos, es la imagen de la vida contemplativa.
Patronazgos
   Si el culto de santa Bárbara suele adquirir en Alemania una forma colectiva, sus patronazgos tienen un carácter muy individual. Y son tan numerosos que para esclarecerlos, deben clasificarse en dos series: l. La protección contra el rayo y la muerte súbita; 2. Los patronazgos de corporaciones y oficios.
1. Protección contra el rayo y la muerte súbita
   Uno de los privilegios más apreciados de santa Bárbara era el de proteger contra el rayo porque  su verdugo, que fue su propio padre, fue fulminado por el fuego del cielo. Se la llamaba la «conjuradora del rayo».
   Los viejos refranes populares prueban que hasta la invención del pararrayos por Franklin, ella tenía la tarea a su cargo:
   Quand le tonnerre grondera, 
   Sainte Barbe nous gardera. 
   Quand le tonnerre tambera,   
   Sainte Barbe le retiendra.
   Partout où Barbe passera, 
   Le tonnerre ne tambera.
   (Cuando el trueno rugirá,/ Santa Bárbara nos guardará./ Cuando el rayo caerá, / Santa Bárbara lo retendrá./ Por donde Bárbara pasará, /El rayo no caerá.)
   Las iglesias cuyos campanarios y techos protegía de los incendios, invocaban su protección. Por ello el nombre de la santa suele estar inscrito en las campanas, que durante las tormentas solían echarse a vuelo.
   La capilla de Sainte Barbe au Faouet fue edificada en 1489 a causa de una promesa formulada por un noble, quien sorprendido durante una cacería por una violenta borrasca, se salvó gracias a la santa que alejó de su cuerpo una gran roca desprendida que rodara hacia él.
   Como protege del rayo, se considera que santa Bárbara también preserva de la muerte fulminante, y del deceso sin confesión ni comunión, particularmente temido por los creyentes. Así, pertenece a la categoría de los santos eucarísticos.
   Esos dos patronazgos estaban estrechamente ligados en el espíritu de los cristianos de finales de la Edad Media. En un Libro de Horas de 1490, un devoto ruega a santa Bárbara «guardarle del rayo y de la tormenta / como de la muerte súbita, vil y deshonesta / puesto que Dios le ha dado poder» .
   Sin duda es esa una de las fuente principales de la popularidad de santa Bárbara, versión  femenina de san Cristóbal a quien también se invocaba contra «la muerte súbita». Los agonizantes recurrían a su intercesión para no expirar antes de haberse confesado. Por ese motivo se la llamaba Mater confessionis. Las cofradías de la Buena Muerte se ponían bajo su advocación.
2. Patronazgos de corporaciones y oficios
   Por el hecho de proteger contra el rayo y la mala muerte, santa Bárbara se convirtió en el siglo XV en la patrona de los artilleros, cuyos cañones tonantes lanzan el rayo, y que están expuestos a explosiones accidentales en tiempos de paz, y a la muerte súbita en tiempos de guerra. Los artificieros también la adoptaron como patrona. 
  Los arcabuceros, bombarderos, cañoneros y culebrineros nunca olvidaban situar su imagen protectora en los escudos de armas o piezas. La cofradía de santa Bárbara en París agrupaba a los salitreros, fabricantes de pólvora y oficiales de artillería. Se da el nombre de santa Bárbara a los polvorines, arsenales y fuertes; en los barcos de guerra, el  habitáculo del maestro artillero se denomina cámara de santa Bárbara.
   Por la misma razón, o tal vez a causa de la montaña que se abrió ante ella, santa Bárbara se convirtió en patrona de los mineros y canteros particularmente expuestos a los peligros del grisú y a los derrumbes. Muchos pozos de minas se bautizaron con el nombre de la santa. Su fiesta, el 4 de diciembre, era feriado para los mineros, y quienes trabajaban ese día se arriesgaban a sufrir accidentes mortales. Por extensión, también la adoptaron como patrona los obreros que perforan pozos petrolíferos, sobre todo en Pechelbronn, Alsacia.
   En el siglo XV, los mineros de Kutna Hora, Kuttenberg, (Bohemia) pusieron bajo su advocación una magnífica iglesia.
   Como en las tormentas se echaban a vuelo las campanas para prevenir los rayos, santa Bárbara también es patrona de los campaneros y carrilloneros. Otros patronazgos se explican por diferentes circunstancias de su leyenda. Puesto que era una virgen estudiosa que se inició en las verdades de la fe cristiana siendo muy joven, junto a santa Catalina comparte el patronazgo de los escolares y estudiantes. De ahí, el nombre del Colegio de Sainte Barbe sobre la colina de Sainte Genevieve, en París.
   La torre donde fue encerrada la santa y en la que ella perforó «una tercera ventana»  en honor de la Santísima Trinidad, le valió convertirse en la patrona no sólo de los presos sino también de los arquitectos y albañiles.
   En conmemoración de la metamorfosis de los ovinos del pastor que la denunciara, era invocada por los agricultores contra las plagas de langosta. Quizá el patronazgo de los canteros o pedreros se explique por la milagrosa apertura de la peña, que le sirviera de refugio. En cualquier caso, es por esa razón que ella curaba la enfermedad de la piedra (cálculos).
   La etimología popular le consiguió aún más clientes. A causa de un mal juego de palabras con su nombre, que evoca la idea de pelos, santa Bárbara era invocada por los tapiceros, fabricantes de brochas, sombrereros, fabricantes de verguetas y de raquetas. En Saone et Loire las mujeres visitan la capilla de Santa Bárbara en peregrinación, para tener hijos con pelo rizado.
   Puede apreciarse la extraordinaria diversidad de la clientela de santa Bárbara, a quien se recurría  no sólo a la hora de la muerte sino también  en la vida diaria, para infinidad de oficios. Era la protectora y abogada  celestial de los artilleros, mineros, campaneros, arquitectos, fabricantes de brochas y sombrereros.
   Ello explica la riqueza  de su iconografía.
ICONOGRAFÍA
Atributos
   Además de la palma del martirio y la corona, santa Bárbara se caracteriza por numerosos atributos que le pertenecen en propiedad exclusiva y permiten reconocerla fácilmente.
   Algunos se han tomado de su leyenda, otros de sus patronazgos.
1. La torre con tres ventanas
   Es el atributo más constante, y por decirlo así, obligatorio. En un auto sacramental del siglo XV puede leerse:
   Aussi faut qu 'elle ait une tour 
   En une main et puis en l 'autre
   Une palme; puis sans nulle faute 
   Ait sur la tête une couronne.
   (También es necesario que tenga una torre/ En una mano y luego en la otra/ Una palma; y luego sin falta alguna /  Que tenga una corona en la cabeza.)
   En vez de la pequeña torre simbólica en la mano, puede estar sentada al pie de una gran torre en construcción: así la representa Jan van Eyck en su célebre grisalla del Museo de Amberes (1437).
   Lo que caracteriza a la torre de santa Bárbara es que está abierta en tres Ventanas que simbolizan su adoración a la Santísima  Trinidad.
   A veces la torre, reducida a una pequeña escala, es sólo un simple ornamento aplicado como una insignia a su diadema o su tocado.
   En un cuadro del Museo de Bruselas, se ve a santa Bárbara cubierta con un vestido lleno de torres bordadas, formando pareja con santa Catalina que lleva el suyo constelado de ruedas.
2. La pluma de pavo real
   Las varas con que la azotaba su padre se habrían cambiado en plumas de pavo real.
   No obstante, puede que se trate de un símbolo de inmortalidad, como en el fresco de Santa María la Antigua, en Roma. Se trataría de una alusión a su patronazgo contra la muerte súbita.
3. Su padre y perseguidor hollado a sus pies
   Así forma pareja con el emperador Majencio a quien se ve a los pies de santa Catalina de Alejandría.
4. Un cáliz rematado con una hostia
   Este atributo que la señala como preservativo de la muerte repentina sin comunión, es menos universal que el precedente. Es particular del arte germánico, alemán y flamenco, e infrecuente en el francés.  
   Al tiempo que la torre alude a su leyenda, el cáliz la señala como patrona de la buena muerte (patronin eines seligen Todes).
   Los dos atributos suelen aparecer combinados: el cáliz está apoyado sobre una ménsula en saledizo, encima de las tres ventanas de la torre.
   Hasta se ha emitido la hipótesis de que en origen eran uno, es decir, que el cáliz sería una duplicación, una simple variante de la torre que a veces tenía la forma de un pimentero, bastante parecida a las píxides en que se conservaban las hostias consagradas para administrar a los agonizantes, en el siglo XV. De la torrecilla se habría pasado a la píxide, y luego al copón o cáliz sin tapa, encima del cual planea una hostia.
5. Un cañón o una bala de cañón
   Este atributo la señala como patrona de los artilleros.
   Resulta poco creíble que el cañón derive, como lo pretende Hourticq, de la torre mal interpretada. La semejanza de formas es muy ligera, y además, los tubos de los cañones no se erigen según la vertical.
   Palma Vecchio la representa con un cañón a sus pies. Un alabastro inglés del siglo XV (Victoria & Albert Museum, Londres), la muestra con una bala de cañón en  la mano.
   La semejanza entre una bala de artillería y una pelota de frontón sin duda explica la elección de santa Bárbara como patrona de los fabricantes de pelotas y de raquetas (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Ignacio Tomás, uno de los autores de la obra reseñada;
     Ignacio Tomás y Fabregat, (Cervera, Lérida, 1745 – Granada, 1812). Arquitecto.
     Fue discípulo de Ventura Rodríguez y, siendo alumno de la Academia, opositó a los concursos de Premios Generales por la Arquitectura, en 1769 por la 3.ª Clase obteniendo el 2.º premio, y en 1772, por la 1.ª sin llegar a conseguirlo. Durante este período se presentó varias veces a las “ayudas de costas” por la 1.ª Clase de Arquitectura, obteniendo una en el mes de junio de 1770 y otra en diciembre de 1771. A principios de 1774 presentó el proyecto de Una Academia de Bellas Artes como ejercicio demostrativo, a fin de que la Academia le concediese la graduación que estimase oportuna, siéndole concedido el grado de académico supernumerario en la Junta Ordinaria General del 6 de febrero de este año y un día más tarde presentó los diseños de Un Panteón, con el que conseguiría el grado de académico de mérito en la Junta Ordinaria del 6 de marzo de 1774.
     Su vida profesional estuvo muy ligada a la Academia, alternando la práctica de la arquitectura con la docencia. Hasta 1786, año en que su nombre empieza a figurar en las juntas académicas, colaboró con Ventura Rodríguez en las trazas de una escalera para el palacio del duque de Liria, y con Antonio Plo, en la construcción de la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid participando durante poco tiempo en la construcción del Palacio de Arenas de San Pedro y en la construcción del Hospital de Atocha, a las órdenes de Sabatini. Desde la creación de la Comisión de Arquitectura en 1786, Ignacio fue uno de sus miembros más activos y hasta 1807, año en el que se trasladó a Granada, se le pueden contabilizar en su haber, más de cincuenta actuaciones: revisión de planos, informes e inspección de obras y proyectos repartidas por todo el territorio nacional. Revisó los puentes de Villasequilla (Toledo) en 1786, de Medina de Rioseco en 1787, Granadilla, Guijo, Abadía y Escalona (Toledo) en 1788 y el de Illescas (Toledo) en 1790, así como la presa de un molino en Martos (1792) y otra para Granada en 1807; las iglesias de San Bartolomé en Grau (Cataluña) en 1786; Santa Bárbara en Écija en 1790 y la de Cabra (Tarragona) en 1792. Realizó los planos de una capilla para el Seminario de Nobles de Madrid (1802), los de un hospital con iglesia para Villacañas (Toledo) (1804) y los de una casa consistorial para Castillo de Guareña y otra para Balaguer (Lérida) en 1787.
     Aunque en ocasiones sustituyó, en la clase de Geometría, a Juan de Villanueva, su actividad docente no debió de ser extrema, porque las noticias que se tienen son que, en 1801, se presentó a la terna para ocupar la plaza de teniente director de Arquitectura, vacante por fallecimiento de Francisco Sánchez, plaza que fue ganada por su contrincante Juan Antonio Cuervo, y, en 1804, opositó, junto con otros cuatro arquitectos, a la Cátedra de Perspectiva, quedando la plaza desierta. En 1807 se trasladó a Granada, donde murió en 1812 siendo director de su Escuela de Bellas Artes (Carmen Heras Casas, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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