Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero

Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

   Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla :     La intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla" , presentado por Ch...

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domingo, 30 de noviembre de 2025

Experiencia Explicarte Sevilla, con los Talleres "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla" de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla

      Hoy, domingo 30 de noviembre, finaliza la quinta semana de otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de las visitas organizadas para los Talleres Socio-Culturales "Conocer Sevilla, y Visitar Sevilla", de los Distritos Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana, del Ayuntamiento de Sevilla, desarrollados de lunes a viernes por las mañanas y tardes, y que se iniciaron el pasado 28 de octubre de 2025, con la primera presentación de los mismos.
     Gracias a la empresa Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L., por contar con nosotros para mostrarles, mediante los Talleres Socio-Culturales del Ayuntamiento de Sevilla, parte de la ciudad hispalense, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
   Nos pusimos manos a la obra, y fuimos ofreciendo distintas rutas a lo largo y ancho de nuestra ciudad, desde el lunes 24 al viernes 28 de noviembre.
 
     Los Talleres desarrollados fueron los siguientes:

- 4ª Sesión - Taller 20 "Conocer Sevilla - 6" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 24, de 10 a 13 h.)
        - Procesión de San Clemente
            - Relicario de San Clemente
            - Pendón de Sevilla
            - Puerta de San Miguel
            - Puerta de la Asunción
            - Puerta del Bautismo
            - Iglesia del Sagrario
            - Puerta del Perdón
            - Puerta de los Palos
            - Puerta de la Campanilla
        - Plaza del Triunfo
        - Plaza del Patio de Banderas
               
- 4ª Sesión - Taller 18 "Conocer Sevilla - 4" del Distrito Bellavista - La Palmera (lunes 24, de 17 a 20 h.)
        - Glorieta de Aníbal González
        - Plaza de España

- 4ª Sesión - Taller 15 "Conocer Sevilla - 1" del Distrito Bellavista - La Palmera (martes 25, de 10 a 13 h.)
        - Museo Histórico Militar
        - Plaza de España

- 5ª Sesión - Taller 49 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (martes 25, de 17 a 20 h.)
        - Glorieta de Aníbal González
        - Plaza de España
        - Pabellón de Portugal

- 5ª Sesión - Taller 21 "Conocer Sevilla - 7" del Distrito Bellavista - La Palmera (miércoles 26, de 10 a 13 h.)
        - Museo Histórico Militar
        - Plaza de España

- 3ª Sesión - Taller 32 "Conocer Sevilla" del Distrito Triana (miércoles 26, de 17 a 20 h.)
        - Glorieta de Aníbal González
        - Plaza de España
        - Pabellón de Portugal

- 5ª Sesión - Taller 16 "Conocer Sevilla - 2" del Distrito Bellavista - La Palmera (jueves 27, de 10 a 13 h.)
        - Museo Histórico Militar
        - Plaza de España
          
- 5ª Sesión - Taller 54 "Visitar Sevilla" del Distrito Los Remedios (jueves 27, de 17 a 20 h.)
        - Glorieta de Aníbal González
        - Plaza de España
        - Pabellón de Portugal

- 4ª Sesión - Taller 17 "Conocer Sevilla - 3" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 28, de 10 a 13 h.)
        - Museo Histórico Militar

- 4ª Sesión - Taller 19 "Conocer Sevilla - 5" del Distrito Bellavista - La Palmera (viernes 28, de 17 a 20 h.)
        - Glorieta de Aníbal González
        - Plaza de España
        - Pabellón de Portugal
       
     Gracias a las empresas Educomex Multiservicios, S.L., y Ocioambiente, S.L, por contar con nosotros, a los coordinadores de los talleres de los Distritos de Bellavista - La Palmera, Los Remedios, y Triana del Ayuntamiento de Sevilla, y como no podía ser de otra manera a todos y cada unos de los amigos que estoy conociendo gracias a estos talleres, de los que me estoy llevando una inmejorable impresión, puesto que está siendo una relación de amistad, más que de monitor-alumno, y de colaboración y aportación mutua, que sin duda está siendo enriquecedora para todas las partes, y que esperamos que sea duradera en el tiempo. 
     Deseando continuar con dichos talleres porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     Os dejo unas fotografías, aportadas por los usuarios, de toda la Experiencia ExplicArte Sevilla, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.






















Más Experiencias ExplicArte Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 7 de julio de 2023

Los principales monumentos (Baluarte de la Candelaria; antiguo Gobierno Militar, Centro Cultural Reina Sofía; Casa de las Viudas; Gran Teatro Falla; Oratorio San Felipe Neri; y Museo de las Cortes de Cádiz) de la localidad de Cádiz (VIII), en la provincia de Cádiz


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Baluarte de la Candelaria; antiguo Gobierno Militar, Centro Cultural Reina Sofía; Casa de las Viudas; Gran Teatro Falla; Oratorio San Felipe Neri; y Museo de las Cortes de Cádiz) de la localidad de Cádiz (VIII), en la provincia de Cádiz.

Baluarte de la Candelaria
      Sobre un ángulo saliente del terreno se construyó en 1672 este baluarte, cuya estratégica situación, entre el de San Felipe y las fortificaciones próximas a la Caleta, suponía una gran mejora para la protección del frente de poniente. Es la empresa defensiva más ambiciosa realizada en el Cádiz de la segunda mitad del siglo XVII y el mejor ejem­plo de su género conservado en la ciudad. Sobre el talud de los muros exteriores se disponen una sucesión de casamatas, delimitando el recinto dos pabellones del siglo XIX. En el patio, aislado como medida preventiva habitual, se conserva el polvorín, conformado por una gruesa bóveda reforzada por contrafuertes. A finales del siglo XX se realizaron obras de rehabilitación, para adaptar este edificio a usos culturales, fruto de las cuales es la incorporación de algunos elementos arquitectónicos contemporáneos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El baluarte de la Candelaria se sitúa en el extremo norte de la ciudad de Cádiz, en un lugar estratégico para el control del acceso a la bahía. El baluarte tiene planta irregular aunque aproximadamente triangular, con el lado sur abierto hacia la ciudad, y los lados nordeste y noroeste ofreciendo fachada hacia el mar.
     Consta de una edificación de una sola altura y una crujía de anchura, con estructura abovedada y gruesos muros de piedra, construye los dos lados que miran al mar. En la base del triángulo, dos edificaciones de carácter civil y de mayor altura conforman la fachada del baluarte hacia la ciudad. Las edificaciones delimitan un espacio abierto cuya transformación constituye la razón de ser de la reforma realizada en los años 90 para la adecuación del conjunto como Museo del Mar de la ciudad de Cádiz (sin embargo, el museo nunca llegó a inaugurarse, por lo que el edificio se abre sólo ocasionalmente para acoger exposiciones temporales).
     La actuación de los arquitectos Cruz y Ortiz consiste en la creación de una nueva fachada de los edificios que se encuentran al sur del conjunto hacia el mencionado espacio abierto. Para ello, se definió un nuevo pórtico paralelo a esta fachada, de la misma altura que la edificación, con el objeto de sostener una losa de hormigón que cubriese una nueva galería de distribución.
     Este pórtico se construye en hormigón armado y se reviste con mármol blanco, marcando el contraste con el color rojizo de la edificación preexistente. El pórtico se encuentra abierto en su contacto con el suelo, resuelto a través de pilares de sección rectangular que se unen en su extremo superior a través de una visera de hormigón armado.
     Esta visera discurre a la misma altura que la línea de imposta de los arcos en los huecos de la edificación original a la que se anexan. Los pilares reducen su sección en la parte superior del pórtico, donde se introduce un parteluces a mitad del vano, apoyado en la mencionada visera de hormigón. Se crea así un orden menor en la mitad superior del pórtico, a su vez dividido en tres huecos a cada lado del parteluz central a través de dos elementos verticales de madera, de menor sección. A modo de inaudito muro cortina de piedra, este pórtico se convierte en espacio a través del cual el conjunto respira, ofreciendo un umbral que protege el paseo de los visitantes en el conjunto. Su trazado es paralelo a los dos edificios del lado sur, cubriendo además el espacio entre ellos y ofreciendo así un nuevo umbráculo de acceso.
     El tratamiento del espacio central queda determinado por la posición del pórtico que se anexa al edificio este del lado sur, ya que éste se extiende sus pilastras inferiores en dirección noroeste hasta tocar el lado opuesto del patio, consiguiendo así encerrar la edificación exenta preexistente, que se destina a uso administrativo. El espacio resultante entre el pórtico y el lado nordeste del fuerte consigue así unas dimensiones controladas, y sirve de patio principal del conjunto, dando acceso a los espacios expositivos localizados en el antiguo baluarte.
     A través de una decisión de proyecto mínima y contundente, el espacio queda adecuadamente adaptado a su nueva función, y matizado con absoluta sensibilidad. Por esta razón, se trata de una de las intervenciones patrimoniales de mayor interés de las realizadas en Andalucía en la década de los 80. Dentro de la dilatada carrera de sus autores, fue el primer proyecto de espacio expositivo que completaron, que les valió un amplio reconocimiento.
     Este baluarte un papel defensivo y psicológico, ya que disuadía a los franceses de intentar un asalto marítimo con sus lanchas cañoneras y, al mismo tiempo protegía el paso de las embarcaciones que arribaban a Cádiz con pertrechos o personas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El baluarte de la Candelaria, poderosa edificación defensiva mandada construir por el gobernador Diego Caballero de Illescas en un saliente del terreno que se introducía en el mar, y la más importante de las que se realizaron en Cádiz en el siglo XVII. Dos pabellones levantados en el siglo XIX limitan actualmente el recinto, formado por una serie de casamatas apoyadas en el potente muro exterior. La vista que proporcionan los estrechos ventanos abierto en los muros de las casamatas es espectacular. El pequeño fuerte domina perfectamente el peligroso canal de acceso al puerto y los ochos cañones de los que estaba dotado eran, junto a los que se encontraban en el baluarte de San Felipe, más que suficientes para defender el sector noroeste de la ciudad. Tras la profunda restauración llevada a cabo recientemente, el edificio se destina a usos culturales (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

antiguo Gobierno Militar, Centro Cultural Reina Sofía
          Es un edificio exento, de planta cuadrangular, concluido en 1760, según diseño de Silvestre Abarca y concebido para la vivienda de los ingenieros mi­litares activos en la ciudad. En su construcción se aprovecharon parte de los materiales y estructu­ras del antiguo hospicio de la Santa Caridad, al que corresponde la disposición básica del patio y la escalera. El patio se presenta con cuatro crujías, sustentadas por columnas de mármol blanco en la planta baja y con cuerpos apilastrados en las dos superiores, mientras que la escalera, de gran porte, recuerda a las tipo conventual, habituales durante el siglo XVII. La fachada ofrece una sobria composición y se articula por medio de fajas, entre las que se disponen los vanos (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Gobierno Militar, edificación llevada a cabo en 1759 con proyecto de Silvestre Abarca, para vivienda de los ingenieros militares de la ciudad. Es de estilo neoclásico y en sus cuatro plantas se alojan, además de las viviendas, cocheras, patios y aljibe. En el patio de acceso se conservan, como adorno, cañones y balas utilizados en otro tiempo para defender la plaza, así como una garita de vigilancia enfrentada al mar. La fachada, de sillares almohadillados en la planta baja se articula mediante pilastras y lleva ventanas en el bajo y balcones en los altos, con fina rejería. El patio principal presenta arcos de medio punto sobre columnas de mármol y son muy interesantes la escalera y la torre (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Casa de las Viudas
     En 1676 Manuel de Barrios Soto fundó un centro benéfico para acoger a las viudas desamparadas, aunque la actual Casa de Viudas tiene su origen en una institución benéfica creada por el comer­ciante sirio Juan Clat Fragela con el mismo fin. El edificio, construido en la primera mitad del siglo XVIII, participa de las características de la arqui­tectura civil y religiosa del barroco gaditano. Es de líneas sencillas, con dos plantas organizadas en torno a un patio de cuatro crujías, con arcos rebajados sustentados por columnas toscanas y pilares ochavados de mármol.
     En el piso superior se localiza un pequeño oratorio con planta de cruz latina y una nave, cuyas cubiertas son de medio cañón en la nave y brazos del crucero, cuarto de esfera sobre pechinas en la cabecera y bóveda vaída en el crucero. Preside el presbiterio un retablo neoclásico imitando mármoles, donde se sitúan lienzos que representan a la Virgen del Pópulo, San Juan Bautista, San Pablo y El Salvador, interesantes pinturas barrocas del siglo XVII. En el lado del Evangelio, junto al retablo, se encuentra otro lienzo que representa a la Virgen con el Niño, atribuido a Carlo Maratta y en el brazo del crucero de este mismo lado hay una tabla de tradición bizantina, del siglo XVI, que representa a San Juan evangelista en la isla de Patmos, atribuida a Michael Damasceno. La capilla conserva también varias tallas barrocas de pequeño formato y diversas pinturas, entre las que destaca una colección de cobres con escenas de la vida de Cristo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Casa Fragela es un enorme caserón de dos plantas que domina y preside uno de los frentes de la plaza del mismo nombre. Su fachada va enfoscada y encalada. Los vanos de la primera planta se distribuyen simétricamente con respecto a los de la segunda, que son más grandes y cubiertos con cierres de forja.
     Al interior se entra a través de un zaguán que da a un patio de planta cuadrada rodeado de galerías. En cada frente se abren cinco arcos de medio punto que descansan sobre pilares. Al piso alto se accede a través de dos escaleras situadas en los laterales.
     Tan sólo es destacable del conjunto la pequeña capilla con su bóveda de horno sobre el altar y cúpula sobre pechinas.
     Tanto esta como las bóvedas de cañón de la nave y las de crucería en los brazos del crucero, el sistema utilizado ha sido el encamonado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
       La Casa de las Viudas, institución de carácter benéfico cre­ada por el comerciante de origen sirio Juan Clat Fragela para acoger viudas sin recursos. Es éste un caserón de considerables proporciones construido en la primera mitad del siglo XVIII que reúne los ele­mentos esenciales del barroco gaditano, civil y religioso. Sorprende la sencillez de su traza, con dos plantas, y su fachada a base de sillares de piedra ostionera, en la que se abre la portada y una serie de ventanas cuya disposición y dimensiones acen­túan la horizontalidad del conjunto. Las dependencias se organizan alrededor de un patio central de cuatro crujías, forma­das por arcos rebajados que apean en columnas toscanas y en pilares ochavado de mármol. En la planta alta, tiene gran interés la capilla, un pequeño oratorio en el que, entre otras obras de arte, se con­serva un retablo con pinturas de la Virgen del Pópulo, san Pablo y san Juan Bautista y El Salvador, todas del siglo XVII, así como una tabla bizantina del siglo XVI con San Juan Evangelista en la isla de Patmos, obra que se atribuye al pintor griego Michael Damaskinos (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Gran Teatro Falla
         Desde los primeros años del siglo XVII hay constancia de la existencia de locales estables, destinados a la actividad teatral en la ciudad: durante el siglo XVIII llegaron a funcionar tres edificios dedicados al arte dramático español, a la comedia y óperas en francés e italiano. En el solar donde se asienta el Gran Teatro Falla, se construyó en los primeros años del siglo XIX, cuando la ciudad estaba sometida al sitio francés, el llamado Teatro de San Fernando, destruido más tarde por un incendio. Otras construcciones posteriores sufrieron el mismo destino, hasta que en 1885 se iniciaron los trabajos del edificio actual, según proyecto realizado por el arquitecto Adolfo Morales, con­cluido en 1910 por Juan Cabrera Latorre.
     Es un edificio exento, de estilo neomudéjar, con exterior en ladrillo visto decorado por arcos de herradura. En la gran sala interior los palcos se resuelven mediante una estructura de hierro, que utiliza motivos de inspiración nazarí, mientras la techumbre está cubierta por un lienzo en el que se representa una bóveda de tipo califal con escenas alegóricas de las artes escénicas. Este trabajo corrió a cargo de los pintores Felipe Abarzuza y Julio Moisés, quienes también realizaron el conjunto de pinturas que decoran el foyer.
     En la plaza que existe ante su fachada principal, se levanta el monumento a Cayetano del Toro, obra en bronce realizada por Gabriel Borrás en el año 1915 (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El Teatro Falla es un edificio exento levantado sobre un amplio solar abierto en la Plaza Manuel de Falla de Cádiz, y cuya traza responde al tipo que se desarrolla y difunde en el país durante el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Una correspondencia con el tipo que se deduce: de la organización simétrica de la planta, de la disposición axial de los espacios que la constituyen (accesos, cávea y escena) al tiempo que de la expresión al exterior de estos volúmenes.
     El edificio muestra en planta una estructura tripartita clásica, con el cuerpo de accesos, que consta de vestíbulos en planta baja y planta primera, más dos escaleras laterales, ofreciendo su fachada a la plaza Manuel de Falla. A continuación, el cuerpo de la cávea, que se organiza con un patio de cubiertas en planta baja, y palcos perimetrales en planta baja, entreplanta y planta primera, más la planta de Paraíso; todos servidos con una galería perimetral de acceso.
     Por último, la caja de escena, que a ambos lados localiza las dependencias de vestuario, atrezzo y otras dependencias secundarias.
     De estilo neomudéjar está construido en ladrillo rojo, y presenta tres grandes puertas de arco de herradura en su fachada principal, con dovelas alternas en rojo y blanco. En planta tiene forma de herradura, a la que se van adaptando los pisos, cada uno de ellos rodeado por una galería que enlaza con las escaleras de acceso, que arrancan desde un gran vestíbulo reformado en los años 20. Tiene una capacidad para 1.214 espectadores repartidos en butacas, palcos, anfiteatro y paraíso. El escenario mide 18 metros de largo por 25,5 m de fondo, y el techo se cubre con un gran lienzo que muestra una alegoría del Paraíso, obra de Felipe Abarzuza y Rodríguez de Arias.
     Los materiales empleados para formalizar las fachadas serían la piedra caliza, formando un basamento de 120 centímetros de alto en todo el edificio, y el ladrillo visto, desde dicho basamento hasta la coronación del edificio. La fachada hacia la plaza Manuel de Falla alterna el ladrillo de color rojo y el amarillo para marcar las pilastras y los seis arcos de herradura, tres en cada nivel, que la caracterizan. En el cuerpo de la cávea, el ladrillo compone grandes pilastras que se coronan con un entablamento neomudéjar. En la parte de la escena, la descomposición volumétrica permite establecer un juego de alturas entre las diferentes cornisas, que se coronan con remates en piedra.
     De 1985 a 1989 los arquitectos Rafael Otero González y José Antonio Carvajal acometen la restauración del edificio y en su transcurso se resolvieron numerosas cuestiones de orden técnico, funcional o conceptual. Entre las de carácter técnico se consolidó la estructura, sustituyéndose la totalidad de los forjados, se restituyeron las compartimentaciones interiores, se restauraron la fábricas neomudéjar de sus fachadas y se repararon sus cubiertas. Las mejoras de naturaleza funcional estuvieron destinadas a la visibilidad de ciertas localidades, así como a garantizar la correcta evacuación del edificio y la salubridad de ciertas áreas anexas a la escena.
     Esta intervención le valió el reconocimiento internacional, tratándose de una intervención ejemplar entre las desarrolladas por la administración autonómica en los teatros andaluces, recibiendo los siguientes reconocimientos: Premio de Andalucía de Patrimonio Histórico Bienal de Venecia, V Mostra Internazionale di Arquitettura; Venecia. VI Mostra Internacional di Architettura, Bienal de Venecia 1996.
     El Teatro Falla tiene una extraordinaria significación carnavalesca. Este espacio acogió durante la segunda mitad del siglo XX, de manera ininterrumpida desde 1991, tras unos años de cierre por obras, una de las principales celebraciones: Los concursos de agrupaciones (en la actualidad, COAC); por otro lado, es sede de bailes y otras actividades señaladas durante las fiestas y, dada su proximidad a la Plaza de San Antonio y al Barrio de la Viña, lugar de ambiente festivo y de paso de agrupaciones y otros grupos de personas. 
   El Falla es considerado y reivindicado por agrupaciones carnavalescas y aficionados como "templo del Carnaval" y las sesiones del COAC generan en sus alrededores pasacalles de agrupaciones y concentraciones de personas anunciando la proximidad de las fiestas.
     El Teatro Falla comenzó a construirse en mayo de 1884, según el proyecto de Adolfo Morales de los Ríos y Adolfo del Castillo Escribano, en el lugar que ocupara su antecesor, el Gran Teatro de Cádiz, desaparecido tras el incendio ocurrido en la madrugada del 6 de Agosto de 1881.
     En 1886 el Ayuntamiento asumió la dirección de las obras, aunque la escasez de fondos provocó la paralización de las obras en diversas ocasiones, lo que impidió que la obra no finalizara hasta 1905. El encargado de las obras fue el arquitecto municipal Juan Cabrera de la Torre, quien modificó en gran parte el primitivo proyecto.
     El 12 de enero de 1910 de fue inaugurado con la interpretación de una sinfonía de Barbieri. Hasta 1926 se llamaría Gran Teatro, año en el que pasó a llamarse Gran Teatro Falla en honor al hijo predilecto de la ciudad Manuel de Falla.
     De 1985 a 1989 el inmueble fue rehabilitado según proyecto de los arquitectos Rafael Otero González y José Antonio Carvajal, siendo reinaugurado en 1990. Actualmente es la sede del afamado concurso de agrupaciones del Carnaval de Cádiz, el Festival de Teatro Iberoamericano y del Certamen Alcances de cine, además de las distintas manifestaciones culturales que pasan por la ciudad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
          La afición de Cádiz al teatro, incluido el de títeres, es históricamente una de las más potentes de España. La ciudad contaba con locales estables desde los comienzos del siglo XVII, y en ellos se sucedían las representaciones más variadas, a despecho de las prohibiciones, tanto eclesiásticas como reales, establecidas en dis­tintos periodos. En los siglos XVIII y XIX, muchas obras se estrenaban en Cádiz antes que en Madrid, constituyendo el aplauso de los gaditanos un barómetro que indicaba a los empresarios si una obra debía o no estrenarse en la capital de España. En 1812, en pleno cerco de la ciudad por los franceses, se inauguró en este lugar el teatro de San Fernando, al que la gente llamó desde el primer instante del Balón, por encontrarse en las proximidades de un campo en el que se practicaban juegos de balón. Este teatro era de madera y pere­ció en un incendio en los años sesenta de dicho siglo XIX. En 1871 se levantó otro también de madera que sólo tuvo una duración de 10 años, siendo, igualmente, devorado por las llamas. Algún tiempo después, en 1885, se comenzó a construir el actual, de acuerdo con el proyecto de Adolfo Morales, proyecto que un par de años más tarde, ya bajo el patrocinio del Ayuntamiento, sería modificado a fondo por Juan Cabrera Latorre, quien lograría finalizar las obras en 1910. El nombre actual se lo pusieron en 1926. Se trata de un sólido edificio exento, de estilo neomudéjar, construido enteramente en ladrillo rojo visto y con los vanos a base de arcos de herradura, circunstancia que refuerza su carácter islámico. Tiene planta de herradura y 2.570 m2, con un aforo total de 2.000 localidades. El escenario es de grandes dimensiones, nada menos que 25,5 m de fondo por 18 m de ancho, con el correspondiente foso para la orquesta delante de él. Lujosamente decorada con motivos nazaríes, la cubierta lleva adosada un lienzo en el que se ha pintado una cúpula califal con alegorías de las artes escénicas, un trabajo que realizaron los pintores Felipe Abárzuza y Julio Moisés, quienes también desarrollaron las pinturas del foyer. Además de las representaciones y espectáculos habituales, en este teatro se celebra el concurso anual de agru­paciones carnavalescas.
     Ante el teatro se levanta un monumento en bronce dedicado al alcalde Cayetano del Toro, realizado por Gabriel Borrás en 1915 (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Oratorio San Felipe Neri
       Este templo, que perteneció al primitivo oratorio de los filipenses, fue comenzado en 1688, se­gún trazas del alarife Blas Díaz, inaugurándose en el año 1719. Posteriormente, en 1764, el maestro Afanador reconstruyó y amplió la bóveda, que ­había resultado dañada por el terremoto de 1755.          
     El espacio unitario generado por su  disposición resultó ideal para servir como sede de las sesiones de Cortes, durante la invasión napoleónica, tras acordar los filipenses su cesión tempo­ral en febrero de 1811. Para adaptar el templo a este nuevo fin, el interior fue transformado con una decoración efímera por el ingeniero Antonio Prat, momento que fue aprovechado para elimi­nar algunos elementos decorativos barrocos.
     Tiene planta elíptica a la que se abren siete ca­pillas, que se articulan con pilastras pareadas que recorren los cuerpos, superponiéndose en distintos órdenes y albergando entre ellas hornacinas. La bóveda es una gran estructura encamona­da, de doble casquete, decorada con fajas que prolongan el ritmo de las pilastras inferiores y entre las que se abren vanos que restan gravidez a la estructura. Las capillas son de planta rectangular y se cubren por bóvedas de cañón o de aristas. El exterior del templo se articula mediante pilastras jónicas de orden gigante, entre las cuales se disponen numerosas lápidas dedicadas a los diputados doceañistas por sus diferentes demarcaciones, colocadas en su mayoría en 1912, con motivo del primer centenario de las Cortes de Cádiz. Bajo la iglesia hay una cripta, donde se encuentran dos mausoleos con los restos mortales de varios diputados doceañistas y los de las víctimas de la represión del levantamiento liberal de 1820.
     El retablo mayor es obra rococó de madera dorada, realizado a mediados del siglo XVIII. Consta de un cuerpo, dividido en tres calles por columnas corintias, sobre el que se eleva un ático y está presidido por un lienzo que representa la Inmaculada Concepción, obra realizada por Mu­rillo en los últimos años de su vida.
     En las calles laterales se sitúan las imágenes de San Servando y San Germán y en el ático San Felipe Neri, flanqueado por San Pedro y San Pablo, todas ellas obras en madera policromada, contemporáneas del retablo. Sobre la clave del arco de acceso al presbiterio hay un lienzo ovalado que representa al Padre Eterno, del pintor murillesco Clemente de Torres. La bóveda fue pintada al fresco en 1719, por Pedro Tomás Gijón, si bien actualmente estas pinturas permanecen ocultas por un repinte posterior.
     La primera capilla del lado del evangelio está presidida por un retablo de estípites, realizado en madera dorada durante la primera mitad del siglo XVIII. La hornacina central contiene una Dolorosa de candelero del siglo XIX y en las la­terales se sitúan las tallas de San Andrés y San Pedro, de madera policromada que, al igual que la imagen de la Virgen del Rosario que ocupa el ático, son obras contemporáneas del retablo. En los muros laterales se sitúan sendas vitrinas con las tallas de San Antonio y San Félix, esculturas barrocas de procedencia italiana, realizadas en los años centrales del siglo XVIII.
Capilla del sagrario
. Fue Cedida en 1719 a Bernardo de Recaño con la condición de que en ella se instalase el sagrario del templo. En 1723 ya estaba construido el retablo, que es una destaca­da pieza barroca de origen italiano realizado en mármoles de colores, que ocupa todo el ámbito de la capilla, obra atribuida a Francesco María Schiaffino, aunque existe un desfase en la cronología al respecto. Está presidido por un crucificado de madera policromada, también de origen italiano, flanqueado por dos ángeles niños orantes a sus pies. Los muros laterales se articulan mediante ángeles atlantes, que sustentan capiteles jónicos sobre los que corre un movido en­tablamento; entre ellos se abren hornacinas con las imágenes de la Virgen Dolorosa, Santa María Magdalena, San Bernardo y San Francisco de Asís, destacando en todas ellas su expresividad, lograda a través de la armonización de las actitudes y del complejo plegado de los paños. La bóveda se decora con yeserías a base de hojarascas que enmarcan medallones con motivos eucarísticos y cierra el ámbito de la capilla una balaustrada, ante la cual se encuentra la losa del panteón del marqués de las Cinco Torres, propietario de la capilla en la segunda mitad del siglo XVIII, cuyo escudo preside el arco de acceso.
     La siguiente capilla está ocupada por un gran altorrelieve de madera policromada, que repre­senta la Epifanía, realizado en 1728 por José Montes de Oca. Tanto la composición como la ejecución de esta obra ponen de manifiesto la tendencia hacia los modelos montañesinos del referido autor. Sobre la mesa de altar hay una expresiva cabeza de San Juan Bautista, en barro cocido, atribuida al escultor dieciochesco granadino Torcuato Ruiz del Peral.
     La primera capilla del lado de la epístola, donde está enterrado el alarife Blas Díaz, autor de las trazas originales del templo, tiene un retablo de madera dorada, realizado hacia 1738. Se sustenta mediante estípites y está presidido por un altorrelieve que representa la Encarnación, a cuyos lados se sitúan las imágenes de San Juan Bautista y San José, presidiendo el ático el Padre Eterno. Todas estas obras, realizadas en madera policromada, fueron talladas por José Montes de Oca hacia 1738-1739. En la capilla central se situó originariamente una puerta lateral, pero fue cerrada durante la reforma dieciochesca, colocándose en este lugar el actual retablo rococó, hoy parcialmente oculto para ubicar las imágenes de la cofradía del Cristo de la Aguas. El crucificado y la Dolorosa son obra de Francisco Buiza (1982) y el San Juan, de Antonio Eslava (1951). La tercera capilla tiene un retablo de es­típites en madera dorada, de esquema semejan­te a los anteriormente descritos y está presidido por una talla del Niño Jesús, sobre la que hay un crucificado de marfil situado ante una ráfaga con el Corazón de Jesús, obras fechables a mediados del siglo XVIII. En el ático hay un lienzo con el Corazón de María y en los muros laterales se disponen sendas vitrinas, con las tallas diecioches­cas de la Inmaculada y el Niño Jesús Pasionario. En las hornacinas, que se abren entre las pilastras que articulan el templo, se disponen varias esculturas de madera policromada, de probable origen genovés, fechables a mediados del siglo XVIII y, a los lados de la puerta de acceso al templo, dos pilas de agua bendita de mármol blan­co, realizadas en Génova en la misma centuria y relacionadas con las esculturas de la capilla del sagrario. En la sacristía se conserva un crucificado de madera policromada, realizado a mediados del siglo XVII y atribuido a José de Arce;  también se guardan algunas piezas de orfebrería del siglo XVIII, entre las cuales hay un ostensorio, un juego  de candelabros y dos relicarios.
Colegio de San Felipe Neri. Gran parte de las dependencias conventuales de los filipenses fueron adaptadas en 1838, para convertirlas en colegio. A finales del mismo siglo se realizó una profunda remodelación , dirigida por Amadeo Rodríguez, que transformó el patio en un amplio espacio, posiblemente tras derribar las crujías originales, cubierto por una gran montera de hierro y cristal. La escalera conserva el aspecto barroco del edificio antiguo, mientras que la composición de las fachadas también responde al sencillo carácter funcional que les confirió la reforma decimonónica (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Iglesia presenta en su interior planta oval, con una longitud de 26,62 metros de largo por 16,70 metros de ancho. En sus muros se abren seis capillas, más la capilla mayor, en el eje mayor, frente a la puerta de entrada.
     Los muros perimetrales que presentan un alzado de cuatro cuerpos, divididos mediante una triple balconada de barandilla corrida, de hierro fundido, se hallan revestidos por pares de pilastras que recorren la totalidad de la altura del edificio, desde el zócalo hasta la clave de la cúpula. Estas pilastras son en el primer cuerpo de orden jónico y sostienen un entablamento clásico con cornisa de dentellones, y se van simplificando conforme va ganando en altura, hasta el extremo que en el casquete superior de la cúpula llegan a la máxima sencillez apareciendo más bien como nervios de la bóveda elíptica.
     En el segundo cuerpo, sobre la puerta de acceso al templo se abre un gran vano rectangular protegido con cristales. En el tercer cuerpo se abren ocho vanos protegidos igualmente con cristales, por donde penetra una gran luminosidad al interior del edificio. El templo va cubierto interiormente mediante una gran cúpula encamonada de doble casquete decorada con fajas. Bajo el oratorio se encuentra la cripta a la que se ingresa a través de un vestíbulo, de planta de cruz griega.
     Al exterior, el templo, al estar adosado a otras edificaciones, presenta solamente dos fachadas; la de los pies y parte de la del llamado lado de la Epístola. Su aspecto exterior es de una extrema sencillez; muestra un alzado de un solo cuerpo, con zócalo de piedra y articulado mediante pilastras jónicas de orden gigante, sobre ellas corre un entablamento con cornisa de canes, de donde emerge la inmensa bóveda, cubierta por tejas y una torre cuadrada en la esquina derecha de los pies que aparece sin remate.
     La portada ubicada en la fachada de los pies es el único acceso al interior del templo. Presenta un vano adintelado con una puerta de madera claveteada. Por encima se abre un vano igualmente adintelado y protegido por una reja. El interés que ofrece su fachada es la decoración de lápidas que conmemoran el hecho histórico de 1812.
     Este templo, que perteneció a un primitivo oratorio de filipenses, fue comenzado en 1685 según trazas del alarife Blas Díaz, y se consagró el 17 de Septiembre de 1719. En 1811 las Cortes Españolas que venían celebrando sus sesiones en el teatro de San Fernando, ante la falta de seguridad para sus miembros, debido a la proximidad del ejército francés, decidieron trasladarse a Cádiz. Se decidió que se instalaran en la Iglesia de San Felipe Neri, para lo que se efectuaron obras en el interior del templo para adecuarlo al nuevo uso para el que había sido destinado. La obra principal de las cortes de Cádiz fue la famosa Constitución de la Monarquía Española, que se promulgó el 19 de marzo de 1812.
     Al haber sido este Oratorio residencia de las Cortes y haberse elaborado en él la famosa Constitución de la Monarquía Española, hizo que los gaditanos considerasen siempre este templo como un monumento a la libertad y estimasen como un supremo honor que los que lucharon por defender estos ideales encontrasen a la hora de su muerte un merecido descanso bajo sus muros, lugar donde se encuentra la cripta.
     Tras la exclaustración la comunidad de filipenses tuvo que abandonar el convento, pasando el templo a la jurisdicción de la Mitra. A partir del 1 de septiembre de 1933 la Congregación de Marianistas es la que se encarga del culto y conservación de dicho templo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     No fue baladí la elección del lugar para la erección del Museo de las Cortes, ya que se levantó prácticamente al lado de este histórico templo, situado en la plaza de San Felipe, que es también una de las primeras joyas del barroco religioso gaditano. 
     En efecto, este fue el lugar en el que se llevó a término y se aprobó definitivamente la Constitución de 1812, la famosa Pepa, circunstancia que se aprecia en el número de lápidas que aparecen en la fachada, dedicadas a los diputados más ilustres de aquellas Cortes. Una fachada, por otra parte, extraordinariamente sobria, que en modo alguno da idea de la maravilla que encierra el interior.
     El edificio perteneció a los filipenses. Su construcción se inició en 1688, siguiendo el proyecto de Blas Díaz, prolongándose las obras hasta 1719. Más tarde, el terremoto de Lisboa de 1755 le produjo graves daños, por lo que en 1764 se procedió a la reconstrucción y ampliación de la cúpula. De planta elíptica, uno de los contados ejemplos que existen en Anda­lucía, el interior del templo constituye un verdadero milagro visual. Alrededor de esta planta se abren siete capillas entre pilastras adosadas al muro, por encima de las cuales corre una tribuna que recorre todo el perímetro y que sirve de separación entre la planta baja y un primer cuerpo, también con pilastras que, a su vez, sostienen una nueva tribuna perimetral. El conjunto se cubre con una espléndida cúpula de doble casquete, en la que se inscriben ocho ventanas que, al par que restan pesadez a la estructura, permiten el paso de la luz del día. En la capilla principal, situada frente a la puerta de entrada, se localiza el retablo mayor, una espléndida pieza rococó del siglo XVIII, en madera dorada. Dividido en tres calles por colum­nas dóricas, lo preside, en su camarín, un Sagrado Corazón, figurando en las calles laterales los patronos de Cádiz, san Servando y san Germán. Por encima del Sagrado Corazón hay un lienzo con una Inmaculada Concepción que pintó Murillo al final de su vida. San Felipe Neri aparece en el ático, con san Pedro y san Pablo a los lados. Las capillas laterales van a juego con el conjunto. La primera del lado del evangelio, izquierda del presbiterio, tiene un retablo barroco del siglo XVIII presidido por una Dolorosa flanqueada por san Andrés y san Pedro y encima, en el ático, la Virgen del Rosario. La siguiente es la del Sagrario, que, desde 1719, fue propiedad de Bernardo Recaño y, más tarde, ya en la segunda mitad del siglo XVIII, del marqués de las Cinco Torres, cuyo panteón se encuentra ante la balaustrada que cierra el espacio. En su retablo de mármoles de colores, de origen italiano, figura, presidiéndolo, un Crucificado de madera policromada con dos angelitos a su pies. La siguiente capilla acoge un bello alto­rrelieve con la Adoración de los Reyes Magos, obra realizada por el sevillano José Montes de Oca en 1728, así como, sobre la mesa del altar, una Cabeza de San Juan Bautista atribuida a Torcuato Ruiz del Peral, prestigioso imaginero granadino del siglo XVIII. En la primera capilla del lado derecho está enterrado el autor del tem­plo, Blas Díaz. El retablo, del siglo XVIII, labrado en madera dorada, está presidido por la Virgen de la Encarnación, un alto­rrelieve de José Montes de Oca, lo mismo que las imágenes de san Juan Bautista y san José que lo flanquean y el Padre Eterno del ático. La siguiente capilla pertenece actualmente a la cofradía del Cristo de las Aguas. En ella se encuentran, además del Crucificado, las imágenes de la Dolorosa y san Juan Bautista. Las dos primeras las talló Francisco Buiza en 1982 y la última, Antonio Eslava en 1951. La última de las capillas tiene un retablo de estípites con dos interesantes imágenes, la del Niño Jesús que lo preside y la del Crucificado de marfil situado en encima (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Museo de las Cortes de Cádiz
       Se inauguró este museo, inmediato al Oratorio de San Felipe Neri, coincidiendo con la celebración del primer centenario de las Cortes de Cádiz, en 1912.
     El edificio fue diseñado por Juan Cabrera Latorre, quién concibió una fachada de ins­piración neoclásica, centrada por una balconada con columnas jónicas adosadas de orden gigante. En el interior se utilizan elementos de la arquitectura del hierro, destacando la escalera, de tipo imperial, que sirve de unión entre las dos salas principales.
Planta baja. Organizada en dos ámbitos, el primero contiene varios lienzos, entre ellos uno realizado por Federico Godoy en 1894 que representa a Julio César en el templo de Hércules, una copia firmada por J. García en 1828, que representa el asalto anglo-holandés de 1596, hoy en el Museo Catedralicio, y un plano de la ciudad a finales del siglo XVII con repintes del XIX, valioso testimonio iconográfico de la época. Otras piezas son un mascarón de finales del siglo XVII y varios escudos. En vitrinas se exhiben cerámicas precolom­binas y algunos restos arqueológicos procedentes del barrio del Pópulo, material lítico, quemaperfumes púnicos, monedas y ungüentarios. En el segundo ámbito hay diversos retratos, entre ellos uno de Fernando VII, firmado por Fernández Cruzado en 1829 y otro del pintor portorriqueño José Campeche y Jordán de 1809.
     También hay un plano de la ciudad en el siglo XVIII y un gran lienzo, decimonónico, que representa la conquista de Cádiz por Alfonso X el Sabio, obra de José María Rodríguez de Losada.
     Preside la escalera de acceso a la planta supe­rior una gran vidriera alusiva a la Constitución de 1812, realizada en el taller de los hermanos Maumégean en 1912.
     A sus lados se sitúan los bustos de mármol de Mendizábal y Risso, éste último debido a Cosme Velázquez.
Sala de la maqueta. Se expone en esta amplia sala el plano en relieve de la ciudad, en caoba y marfil, ejecutado por Alfonso Jiménez en el año 1777.
     Su realización responde al deseo del rey Carlos III de poseer maquetas de las principales ciudades y plazas fuertes de su reino, proyecto que no llegó a realizarse.
     Concebida con fines estratégicos, en el conjunto urbano sólo se destacan los edificios más singulares, mientras que las construcciones de carácter militar se han cuidado especialmente y algunas de ellas, como el frente de tierra o el pabellón de ingenieros, pueden desmontarse para contemplar la estructura interior. En la actualidad resulta un documento de sumo interés para la ciudad, pues en ella se pueden apreciar los cambios acaecidos desde la fecha de su construcción hasta nuestros días.
     El muro frontal está ocupado por un gran lienzo de Salvador Viniegra que representa la proclamación del texto constitucional el 19 de marzo de 1812 en la plazuela de Santa Inés. En los muros laterales hay retratos de personajes ilustres gaditanos, entre los que cabe señalar el de Celestino Mutis, realizado por Fernández Cruzado en el año 1829. 
Sala de Trafalgar. Se dedica fundamentalmente a objetos relacionados con los personajes de la época y la batalla del mismo nombre.
Sala de las Cortes
. Entre las pinturas que se exhiben destacan los lienzos de Federico Godoy, ¡A las cortes! y La plaza de San Antonio el día de la jura de la Constitución, tres vistas decimonónicas del Campo del Sur, Puntales y Observatorio de San Fernando, el retrato de Santiago Terry, el de Fermín Elizalde, realizado por J. García en 1833, los de Fernando VII y Tomás de Istúriz (1821), de Manuel Roca y el de Luis de Gargollo, firmado por Fernández Cruzado en 1832. Un escudo de talla, que presidía la sala capitular del Ayuntamiento, es obra de principios del siglo XVII.
Escalera interior. En la escalera de acceso se dispo­nen varias pinturas, entre ellos el retrato de Fernando VII y María Cristina, obra de Fernández Cruzado firmada en 1829 y un cartel para el car­naval de 1898, de Pastorino. 
Sala alta. En esta sala se recogen objetos relacionados con hechos de la vida local de los siglos XIX y XX, que se exponen en dos vitrinas. Por su interés artístico sobresale el relieve conmemorativo del centenario de la Constitución de 1812, realizado por Mariano Benlliure; también hay algunas porcelanas y medallas conmemorativas y un vaciado de las manos de José María Pemán, obra de Juan Luis Vasallo.
     Una galería de retratos de gaditanos ilustres y algunas esculturas completan esta sala. Entre estas últimas se exponen un relieve conmemorativo de la Exposición Obrera de 1923 y una alegoría de la Segunda República, ambos de J. Gargallo, y la maqueta del monumento al Marqués de Comillas, de Antonio Parera.
    Entre las pinturas destacan los retratos de Ma­nuel Freire y José Aymerich, de Fernández Cruzado, Segismundo Moret, por  Federico de Madrazo, el de Moreno de Mora (1908), por Salvador Viniegra, y los de la reina María Cristina y Alfonso XII (1897), Cayetano del Toro (1922) y Miguel Primo de Rivera (1929) por Federico Godoy (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     El edificio donde se encuentra el museo está situado anexo al Oratorio de San Felipe Neri, y fue diseñado por Juan Cabrera Latorre en estilo neoclásico.
     Levantado sobre dos fincas adquiridas por el consistorio gaditano, encabezado por D. Cayetano del Toro en 1909, destaca sobre todo la fachada donde se aprecia la balconada o las pilastras adosadas en orden gigante. En el interior destaca la escalera estilo imperial que conecta las dos plantas.
     Se trata de un museo creado para la celebración del Centenario y en él se puede encontrar la mayor colección de obras y objetos relacionados con la constitución y guerra de 1812 destacando retratos de diputados, vistas del Cádiz de la época, caricaturas o armas de aquel momento, siendo inaugurado el 5 de octubre de 1912, aunque tuvo que ser cerrado tras la explosión de Cádiz del año 1947, reabriéndose en 1964. Tras algunos períodos de reformas, actualmente el museo esta sufriendo una profunda remodelación de sus instalaciones en vista de la celebración del bicentenario constitucional y de la guerra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      Bajando por Sacramento, hacia el oeste, se alcanza de nuevo la calle Sagasta. Entrando por ella, a la derecha, la primera bocacalle de la izquierda es Santa Inés. En ella se localiza este museo, inaugurado en 1912 por iniciativa del alcalde Cayetano del Toro para conmemorar el primer centenario de las Cortes de Cádiz. El edificio responde al proyecto de Juan Cabrera Latorre, quien diseñó una fachada neoclásica, en la que sobresale el gran balcón entre columnas jónicas de orden gigante. La escalera interior, de tipo imperial, es, igualmente, muy llamativa. Concebido como museo histórico, cuenta con una buena colección de objetos de diversa procedencia que ponen de relieve acontecimientos sustanciales vividos por la ciudad en los últimos siglos.
     En la primera planta destaca la sala de la Maqueta, en la que se ofrece una vista en caoba y marfil de Cádiz a finales del siglo XVIII, obra realizada por Alfonso Jiménez en 1777. Aquí están también la sala de Trafalgar, dedicada a objetos y personajes de este importante hecho histórico, y la sala de las Cortes, igualmente, con pinturas y motivos del momento. En la sala Alta de la misma planta se reúnen elementos relacionados con la vida ciudadana en los siglos XIX y XX, destacando una galería de retratos de gaditanos ilustres, sobresaliendo el de Segismundo Moret, por Federico Madrazo (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Baluarte de la Candelaria; antiguo Gobierno Militar, Centro Cultural Reina Sofía; Casa de las Viudas; Gran Teatro Falla; Oratorio San Felipe Neri; y Museo de las Cortes de Cádiz) de la localidad de Cádiz (VIII), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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jueves, 5 de enero de 2023

Los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva.

Iglesia de la Merced
     El convento de PP Mercedarios Descalzos fue fundado en 1640 por Diego Pérez Mestre, capitán de la carrera de Indias, alguacil mayor, familiar del Santo Oficio y síndico de la villa de Lepe. Falleció en Ayamonte el día 10 de marzo de 1664, y recibió sepultura en la iglesia, en la bóveda que había mandado preparar  bajo el altar mayor. Tras la Desamortización, al convento se le dieron diversos usos: oficinas de Hacienda, escuela pública, quedando su iglesia como ayuda de parroquia. Parte se vendió para la construcción de las viviendas particulares. El claustro ha sido rehabilitado para sede de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Ayamonte, y quedó inaugurado el  12 de abril de 2003.
     La iglesia tiene planta de cruz latina, con brazos poco salientes. El buque está formado por una nave central más ancha, y dos laterales estrechas, destinadas a capillas y deambulatorio. La nave central se cubre con bóvedas de cañón con lunetos, que ocultan la armadura de made­ra, y, el crucero lo hace con cúpula sobre pechinas, decoradas con pinturas. Los volúmenes se exteriorizan en forma de sencillos prismas. Llama la atención la torre, no solo por la forma bulbosa de su chapitel, sino por las sobresalientes cornisas.
     Desde la calle Jovellanos accedemos al templo, por un interesante cancel de madera, decorado con motivos mercedarios, policromados en la parte superior. Una vez en el interior observamos la configuración del templo en una nave central con capillas adosadas, y repartida en cinco tramos. El tramo de los pies está ocupado por el coro alto, que descansa sobre una bóveda de cañón rebajada, con grandes lunetos que semejan una bóveda de arista, y rematada por un florón. El coro alto muestra una interesante balaustrada de madera, en forma de estípites. 
     En el cuarto tramo del lado del evangelio, bajo un arco rehundido se halla un lienzo de Rafael Aguilera, de hacia 1940, que representa el tema de la Virgen del Carmen y las Ánimas del Purgatorio. En el tercer tramo se abre una capilla de escasa profundidad, cubierta con una estrecha bóveda de cañón, que se dedica a la Virgen de la Merced. La imagen, de candelero, es del último tercio del siglo XVII, y antiguamente presidía el retablo mayor de la iglesia. Desde 1973 es venerada en un retablito decorado con estípites, veneras, guirnaldas de flores y frutas, de la primera mitad del siglo XVIII. La frontalera del altar se recubre de azulejos blancos y azules, con escenas campestres, propio de la cerámica de Delf, del siglo XVIII. Al segundo tramo de la nave se adosa una capilla, cubierta con bóveda aristas, dedicada a la Virgen del Perpetuo Socorro. La pintura en tabla aparece firmada por M. Díaz Merry, 1941.
     Ya en el crucero, en un arco de medio punto rehundido, es venerado el Señor Cautivo, ima­gen de vestir, obra de Antonio León Ortega, de 1973. Delante del altar, hay una lauda sepulcral de Antonio Francisco Pérez Tello, fallecido en el año 1767.
     En el centro del crucero, ante los escalones del presbiterio, se halla la lápida funeraria del fundador del convento, Diego Pérez Mestre, del año 1667.
     El presbiterio queda presidido por el retablo mayor, obra de tallistas portugueses, de hacia 1730. Fue dorado por el pintor y dorador portugués, Diego de Sousa e Sarre, quien contrató el dorado del retablo y las pinturas del crucero el 26 de abril de 1746 con fray Pedro de San José, procurador del convento. El retablo es una muestra de la presencia del arte portugués en la zona fronteriza del Algarve. Presenta una arqui­tectura basada en la columna salomónica. Se dispone sobre un alto basamento y predella. Sendas cariátides soportan las cuatro columnas de orden salomónico, que separan las tres calles, y que, contraviniendo su propia naturaleza, prolongan sus formas torsionadas por encima del entablamento, para formar una corona semicircular, abrazada por lesenas radiales, llamado arco salomónico. La decoración se realiza a base de vege­tación, hojas de acanto, hojas de parra y racimos de uva picados por aves de vistosos plumajes, flores, querubines, etc. En la calle central, que se eleva también por encima del entablamento, se sitúa un templete, en la que se veneraba la imagen titular, Nuestra Señora de la Merced, y sobre él, otro de menor formato en función de expositor eucarístico. Actualmente recibe culto el Cristo de la Buena Muerte, al parecer de escuela sevillana de hacia 1635, aunque sus rasgos marcadamente cruentos recuerdan las maneras genovesas.
     Las bóvedas de la nave central y del crucero se decoran con imitaciones de sillares y pilastras de mármol. En las pechinas figuran cuatro santos mercedarios: San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato, San Raimundo de Peñafort y San Pedro Pascual. Son obra del pintor y dorador portugués Diego de Sousa e Sarre, 1746. En el crucero, frente al Cautivo, está la Virgen del Rosario, imagen dolorosa obra de León Ortega de 1972.
     El deambulatorio del lado de la epístola se cubre con pequeñas bóvedas de cañón rebajadas y con lunetos. Al final de la nave, una escalera de caracol, de madera, permite la subida al coro y a la torre. El Vía Crucis que se reparte por la iglesia está formado por láminas del alemán Gebhard Fugel (1863-1939) (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia y antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, en Ayamonte (Huelva), se encuentra ubicada en la zona denominada La Ribera, convirtiéndose en poco tiempo en el centro económico de la ciudad.
     En el exterior, a los pies del templo, en el lado de la Epístola, se adosa la torre. En la parte inferior aparecen dos pequeños huecos cuadrangulares que iluminan el interior, que quedan enrasados con la línea de la fachada principal de la iglesia.
     Sobre una primera cornisa aparecen canecillos que, a modo de ménsulas con volutas, dan paso a una segunda moldura accediendo al segundo cuerpo, ornamentado con elementos salientes y dispuestos como chatas pilastras dobladas en las esquinas y rematadas con una cornisa con mayor movimiento que las inferiores. A continuación está el cuerpo de campanas, con vanos de medio punto flanqueados por pilastras rematadas con volutas jónicas y entablamento superior, que cuenta con una sobresaliente cornisa. El cuerpo superior elevado a modo de tambor presenta forma octogonal, rematándose por un chapitel de forma bulbosa revestida de azulejo cobrizo y una cruz. En el interior, el acceso a la torre se realiza mediante una escalera de caracol de madera, compuesta de dos tramos rectos cubiertos por una montera.
     La fachada principal es de gran sencillez y está dividida en tres cuerpos, el primero formado por la portada adintelada cuyas jambas se componen mediante dos pilastras muy sencillas de orden dórico sobre las que se sitúa un entablamento decorado con triglifos y metopas, encontrándose sobre todo el conjunto una cornisa de remate soportada por canecillos, sobre la que se sitúa un escudo enmarcado de la orden de la mercedaria en el centro y flanqueada por dos remates a modo de moldura en los extremos esta portada está coronada por dos remates a modo de moldura en los extremos. El segundo cuerpo presenta un vano adintelado flanqueado por sencillas pilastras con capiteles jónicos con volutas sobre el que se sitúa una moldura curva a modo de arco rebajado, que corona la ventana, así como la moldura a modo de clave existente bajo la misma. A continuación una sencilla moldura enmarca el hastial superior, resaltando su forma triangular que cuenta con un pequeño vano cuadrangular. 
     La iglesia del antiguo convento es de planta de cruz latina con los brazos del crucero poco salientes, compuesta por cinco tramos con arcos fajones resaltados, utilizando pilares de planta rectangular, a los cuales se le adosan medias pilastras a las caras que miran a la nave principal y cubierta por bóveda de cañón con lunetos, que ocultan la armadura de madera. En el lado del Evangelio se abren capillas y en la nave de la Epístola, a modo de deambulatorio, aparece una estrecha nave de muy poca profundidad y de menor altura que la nave principal. Entre las cubiertas y las bóvedas interiores del templo se encuentran armaduras de madera, espacio al que se accede a través de la escalera de acceso a la torre. La cubrición en la nave principal se realiza a dos aguas y de pabellón en la zona del crucero, cubriéndose mediante tablas y teja árabe.
     El crucero presenta un gran espacio cuadrado central formado por cuatro arcos torales de medio punto y cubierto mediante cúpula de media naranja, que descansa sobre pechinas, elevada sobre cuidada cornisa con canecillos, motivos arquitectónicos consistentes en ocho pares de pilastras pintadas imitando el mármol rojo que convergen en un florón central y que están flanqueadas por óculos con barroquizantes marcos, motivos forales y geométricos abigarradamente compuestos, donde se encuentran representados cuatro santos mercedarios: San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato, San Raimundo de Peñafort y San Pedro Pascual, siendo obras efectuadas por Diego de Sousa e Sarre en 1746.
     En el primer tramo del lado del Evangelio se encuentra el coro en la parte superior y en la parte baja la entrada principal a cuyos lados del cancel aparecen los óculos que iluminan esta zona y una pila bautismal a cada lado.
     En el tercer tramo del lado del Evangelio, se encuentra una capilla de escasa profundidad, cubierta con una sección de bóveda de cañón, tratándose más bien de una capilla hornacina que abre a la nave mediante un arco de medio punto. En el cuarto tramo se encuentra una capilla un poco más profunda, de planta cuadrangular y cubierta con bóveda de aristas, solería de mármol blanco y negro y que presenta al fondo un arco de medio punto. Esta capilla es utilizada actualmente como almacén. En el quinto tramo se encuentra otra capilla de planta rectangular cubierta por dos bóvedas de aristas y formada en dos tramos, articulados mediante arcos fajones rebajados. Es en esta capilla donde reciben culto las imágenes titulares de la Real Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario, ubicadas en un retablo de mármol de reciente factura.
     En el lado de la Epístola aparece una nave que destaca por su estrechez, formada por cinco tramos y cubierta por pequeñas bóvedas de cañón rebajadas con lunetos.
     A los pies de la iglesia se realiza el acceso al templo a través de un cancel de madera formado mediante casetones con decoración vegetal y motivos heráldicos mercedarios, y en la parte superior se encuentra el coro, que descansa sobre una bóveda de cañón rebajada con grandes lunetos que semejan una bóveda de arista rematada por un florón. El coro alto ocupa la superficie de todo el primer tramo y presenta una interesante balaustrada de madera con forma de estípites. En los pilares laterales que soportan el arco rebajado hay adosadas dos pilas de agua bendita, realizadas en terrazo.
     En el exterior, junto al lado de la Epístola, se sitúa el claustro del antiguo convento, de planta cuadrada, formado por cuatro arcos de medio punto en cada lado y compuesto por columnas de orden toscano y ventanas cuadradas en el primer piso, alrededor del cual se articulan las distintas dependencias. La planta baja alberga la sede de la Agrupación de cofradías y hermandades de la ciudad de Ayamonte, con acceso doble desde la calle Jovellanos a la que se accede a un vestíbulo que conduce al claustro. La fachada que envuelve todos estos espacios presenta cuatro vanos en planta baja que se corresponden con otros cuatro en la planta superior, si bien es cierto que el aspecto que presentan hoy día es distinto en los vanos que lindan con la iglesia conventual.
     En torno a dicho claustro se articulan las diversas dependencias. A la derecha hay un hueco con cancela que comunica las distintas salas que abren mediante grandes ventanales a la calle Jovellanos, destacando dos de ellas compuestas mediante arcos rebajados.
     La planta alta del claustro contiene el museo de la Agrupación de cofradías y hermandades de la ciudad de Ayamonte, donde se observan dos tipos de cubiertas; una a dos aguas articuladas mediante estructura de vigas de madera y tirantes, y las otras adinteladas mediante la técnica de ladrillo por tabla. El acceso a la primera planta se realiza mediante una escalera de dos tramos, junto a la cual se sitúa la sala principal, que fue restaurada para adaptarla al nuevo uso.
     La fachada que recorre la calle Jovellanos, que linda con la trasera de las casas del siglo XIX, presenta gruesos muros indicando que pudiera tratarse del muro originario del cierre del convento, con vanos de grandes proporciones y rejas del siglo XVIII, como queda confirmado con el plano de 1756 trazado por el ingeniero militar Antonio Gaver.
     Al exterior, en la confluencia de la calle Jovellanos con calle Huelva, se encuentra la parcela 05 que recibe actualmente el uso de biblioteca pública, que señalan como parte del antiguo convento. Otra parcela que conforma la delimitación del Bien es la número 08, que corresponde a la casa número 1 de la calle San Pedro, tratándose de un inmueble de dos plantas, siendo la correspondiente a su planta baja la que conserva restos del antiguo convento. En una de las salas, se conserva una bóveda de arcos diafragmáticos con lunetos, apareciendo en el resto de la misma planta otros elementos arquitectónicos de interés como algunos arcos pertenecientes al antiguo edificio.
     Entre las diferentes restauraciones sufridas se encuentran las realizadas por los Padres Paules. La primera en 1917 y la segunda, tras la Guerra Civil en 1937. Posteriormente fue restaurada y rehabilitada en su interior a partir de 1971, con motivo de la instalación de la Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario.
     Entre los años 1988 y 1989 se procedió a restaurar la torre y la escalera de acceso al campanario. Posteriormente en 1994 se ejecutaron obras de emergencia en el templo, sobre la galería ubicada en la estrecha nave lateral del templo, procediéndose a la sustitución del forjado de madera.
     La iglesia y antiguo convento de Nuestra Señora de la Merced, en Ayamonte (Huelva), fue fundado en 1640 y es uno de los vestigios más importantes del establecimiento de la Orden mercedaria en el litoral onubense, constituyéndose como hito fundamental de la ciudad. El convento configuró durante siglos parte esencial de la trama urbana de Ayamonte, siendo buen ejemplo del proceso degenerativo en el que entraron este tipo de edificaciones tras la Desamortización, a causa de la inadecuada utilización de las mismas y del alto costo de su mantenimiento.
     Desde su fundación en 1218, la Orden de la Merced tenía como fin la redención de cautivos, hecho que está relacionado con la expansión de esta Orden por las tierras litorales. En Huelva, hacia 1600, toda la costa estaba desprovista de fundaciones mercedarias.
     El establecimiento de la Orden de la Merced en Ayamonte surgió como prueba de la existencia de la piratería y como medida para combatir la acción corsaria que procedía del norte de África, siendo su labor la redención de cautivos apresados por los corsarios. Así resultó que la gran mayoría de las redenciones de cautivos, llevadas a cabo por los mercedarios a lo largo del siglo XVII, correspondió a marineros de la costa de Huelva y fundamentalmente a vecinos de Ayamonte. Así el momento de la fundación del convento mercedario se produce coincidiendo con el momento más grave de la tendencia de la cautividad.
     La fecha de fundación del antiguo convento de la Merced de Ayamonte cobra mayor relevancia, ya que en estas fechas se produce el levantamiento de Portugal, situando a las villas onubenses en primeras flas de una guerra que se refleja en las exigencias de los sistemas de defensa en Ayamonte.
     El templo posee un valor estético notable al estar bien compuesto en sus espacios y volúmenes. Destacan poderosamente su torre, las pinturas murales del crucero y el retablo mayor, prueba evidente de los intercambios culturales que han tenido lugar a lo largo de los siglos entre esta zona y Portugal. De autor desconocido, fue dorado en 1746 por el pintor portugués Diego de Sousa e Sarre, responsable también de las pinturas murales del crucero e iglesia.
     Igualmente valiosas son las dependencias anexas al templo que formaron parte del antiguo convento de la Merced.
     Actualmente el inmueble es sede canónica de la Real Hermandad de Jesús Cautivo, Cristo de la Buena Muerte y María Santísima del Rosario (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).     
     
Iglesia de San Francisco
     El convento de San Francisco de Ayamonte fue fundado en 1527 por la marquesa de Ayamonte, Leonor Manrique de Castro, viuda del marqués Francisco de Zúñiga y Guzmán, ambos muy vin­culados a la Orden Seráfica, como patronos de la capilla mayor del convento de Sevilla, donde fueron enterrados. El templo fue declarado Mo­numento Nacional el 3 de junio de 1931.
     La iglesia tiene una sola nave, como es habitual en las iglesias conventuales, con presbiterio elevado en la cabecera rectangular, diferenciado por un gran arco toral soportado por sendos haces de baquetones tardogóticos, que arrancan de basas poligonales y son coronados por capiteles también poligonales. Adyacentes al arco toral, se encuentran dos arcos conopiales, que abren a la nave sendas capillas, dedicadas respectivamente a San Diego, hoy al Cristo de la Lanzada, y al Cristo de la Vera Cruz. Seguidamente, por el lado de la epístola, se suceden tres arcos apuntados, los dos primeros ciegos y el tercero abierto a las dependencias de la Hermandad de la Lanzada, que discurren en paralelo a la nave desde la capilla de Vera Cruz. Finalmente, en el primer cuerpo del sotocoro se sitúa la antigua capilla del Rosario, fundada por la segunda marquesa de Ayamonte y duquesa de Béjar, doña Teresa de Zúñiga y reedificada por los hermanos, en 1586. En ella se hallaba la sepultura del militar italiano Tomás Moneco, de 1668, cuya lápida puede verse en el compás de la iglesia. A los pies, se sitúa el coro alto, sostenido por dos hileras de arcos de medio punto peraltados, sobre columnas genovesas de mármol blanco.
     La nave, muy prolongada, se cubre a dos aguas con armadura de cinco paños, profusamente decorada con preciosa labor de lazos de ocho, que remata en forma ochavada en el coro. En dos franjas centrales y en la ochava del coro, los faldones se decoran con estrellas, y del centro del almizate penden piñas de mocárabes, flanqueadas por otras cuatro menores en sus ángulos. El octógono central del almizate del coro alto ostenta el blasón de doña Teresa de Zúñiga y Guzmán. La cabecera, cubierta a tres aguas, lo hace con armadura mudéjar de ocho paños sobre trompas, en la que se repite la misma labor de lacería en el almizate y en los faldones.
     Desde el atrio se accede a la capilla de la Soledad, dotada de autonomía espacial y funcional, que discurre perpendicular a la nave, y paralela a la plaza de San Francisco. Consta de nave y presbiterio cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas.
    Al exterior, el templo tiene una doble fachada: la primera, que da acceso al compás, y la segunda que lo hace al templo. La primera está for­mada por un gran vano adintelado, cerrado por una verja, y enmarcado por columnas pareadas, acanaladas, de orden dórico. Sobre el entablamento, decorado con triglifos y metopas, con la­bor biselada de estrellas de ocho puntas, se ubica un frontón partido, que, a su vez, sirve de estribo a una espadaña formada por cuatro pilastras y frontón triangular, en cuyo centro se sitúa el balcón, bajo un arco que irrumpe en la base del triángulo para ubicar la campana.
     La portada interior de acceso a la iglesia, forma un arco de medio punto, enmarcado en alfiz, y está labrada en piedra caliza. La delimita sendas pilastras con basamento, capiteles e impostas tardogóticos, decorados con bolas, cadenetas, hojas cuadrifolias, y otros temas de posible origen portugués. Sobre un lado del imafronte, se eleva una segunda espadaña de factura barroca, que consta de dos cuerpos y tres vanos, de desigual anchura.
     De la capilla de la Soledad, destaca al exterior el cubo de la cabecera cubierto por bóveda de media naranja. Una sencilla puerta adintelada abre un acceso directo desde la plaza a la Casa Hermandad.
      En el interior del templo, llama la atención la doble arcada que soporta la tribuna del coro alto. Las arquerías paralelas están formadas, cada una, por tres arcos de medio punto peral­tados, sobre columnas de mármol con basas de garras y capitel de castañuelas. Tanto los arcos como sus enjutas se hallan decorados con textos bíblicos, relativos a la casa de Dios, y con motivos geométricos de sencilla traza, esgrafiados en blanco sobre fondo gris oscuro, que aparecieron entre 1975 y 1977.
     Antes de llegar al arco toral, se abre un amplio arco conopial que da acceso a la antigua capilla de San Diego de Alcalá. En su interior reciben culto las figuras titulares de la Hermandad. El Cristo de la Lanzada o de las Aguas es obra de Antonio León Ortega, de 1957. La Doloro­sa, Ntra. Sra. Esperanza del Mar, de 1976, se debe a las gubias de Luis Álvarez Duarte. El San Juan Evangelista es de José Vázquez Sánchez, de 1953. La Magdalena fue rehecha, a partir de una cabeza antigua, por Prudencio Navarro Vázquez, artista también ayamontino. Otras imágenes que forman el conjunto de la escena de la Lanzada son la Virgen del Buen Fin y el Longinos a caballo, ambas figuras realizadas por Antonio León Ortega, en 1971 y 1973 respectivamente.
     El arco de triunfo, que forma la embocadura de la capilla mayor, presenta también una ins­cripción en letras blancas sobre fondo gris oscuro, de la misma temática bíblica. La Capilla Mayor cubre todo su testero plano con el gran retablo. La obra de carpintería fue realizada por el ayamontino Manuel Lamprea en 1610. Tiene banco y cuatro cuerpos, y cinco calles, todo enmarcado por dos pilastras gigantes cajeadas y, entre ambas, entablamento y cornisa sobre mensulones, con cartelón central. La calle central, de cuerpos decrecientes, se destina al tabernáculo y a las imágenes titulares. En el cuerpo inferior se sitúa el sagrario, en  forma de templete con dos puertas lisas, flanqueadas por columnas entorchadas pareadas, sobre basamento gallonado. Sobre el segundo cuerpo se expone la Inmaculada, escultura en madera policromada, anónima de hacia 1800. En la hornacina del tercer cuerpo, de medio punto coronado por frontón triangular, hay un San Francisco, escultura en madera policromada, del siglo XVII. En el centro del último cuerpo, hay una caja cruciforme, que cobija una cruz plana con el INRI. Y sobre ella, una cartela con corona de marqués, que enmarca el escudo franciscano de las cinco llagas.
     Las dieciséis pinturas sobre lienzo que decoran este retablo, flanqueadas por columnas jónicas, representan figuras de santos, en simétrica correspondencia los del lado del evangelio y los de la epístola, que son -de arriba abajo y de derecha a izquierda- San Juan Bautista, San Juan Evangelista, San Pablo, y San Pedro. En el tercer cuerpo, San José y la Virgen en los Desposorios, San Antonio de Padua, San Buenaventura, y San Joaquín y  Santa Ana en el Abrazo Místico. En el segundo cuerpo, la Conversión de San Pablo, cayendo del caballo ante la aparición de Cristo en un rompimiento de gloria; los diáconos mártires San Lorenzo, con la parrilla, y San Vicente, revestidos de dalmáticas; las vírgenes y mártires Santa Lucía, con la bandeja y los ojos, y Santa Catalina de Alejandría, con la rueda y la espada que atraviesa la cabeza del rey; y el apóstol Santiago a caballo. En el primer cuerpo, santos franciscanos: San Bernardino de Siena; Santa  Clara de Asís y Santa Catalina de Bolonia; el Abrazo de los santos fundadores, San Francisco y Santo Do­mingo; y San Luis de Tolosa, obispo y mártir. El anónimo autor se muestra seguidor del manie­rismo por la corpulencia de las figuras y su absoluto predominio sobre los fondos, la angustia del espacio y la peculiar coloración tornasolada de los tejidos.
     A derecha e izquierda, hay dos pinturas mu­rales, que representan los escudos heráldicos de doña Teresa de Zúñiga, sostenidos por dos guerreros con armaduras. El lado del evangelio corresponde al linaje de los Guzmanes, marqueses de Ayamonte. El del lado de la epístola corresponde al de los Zúñiga, que elogió Góngora en su soneto 287,  «a la Marquesa de Ayamonte y su hija en Lepe»: «Muro real orlado de cadenas...».
     En el flanco de la epístola se abre una capilla simétrica a la de San Diego, también con arco conopial, dedicada al Cristo de la Vera Cruz. Tiene planta rectangular con techumbre de madera, con almizate y cuatro faldones sobre arrocabe, semejante al de la nave de la iglesia. Preside un retablo, con gran sentido escenográfico, de 1872. Sobre el banco se dispone la urna, y, en ella, el Cristo Yacente, recompuesto en 1937 por Antonio León Ortega, quien aprovechó de la escultura original, de mediados del siglo XVI, la cabeza, el brazo izquierdo y las piernas. Vázquez lo restauró en 1987 y le hizo el sudario de talla, copiando por fotografías el modelo antiguo. Sobre la urna se exhibe Ntra. Sra. de la Soledad, imagen de candelero para vestir, restaurada por Antonio Castillo Lastrucci, en 1937, aunque las manos y la policromía son de Carlos Bravo Nogales. Fue restaurada en 1996 por Juan Manuel Miñarro. En el altar contiguo, se sitúa el Crucificado titulado Cristo de la Vera Cruz, obra de León Ortega, escultura en madera policromada de 1941.
     Tras el arco conopial aparecen tres arcos apuntados, enmarcados en alfiz, los dos primeros ciegos y rehundidos,  y el tercero abierto, que comunica con la sala de juntas y dependencias de la Sagrada Lanzada. En el primero, hay un retablito dieciochesco, decorado con rocallas y estípites, dedicado a San José. El Santo Patriarca es representado portando al Niño en brazos. Es una escultura en madera policromada, obra anterior a 1752, y atribuible a Bartolomé o Manuel García de Santiago. Fue donada por Manuel Rivero, quien construyó a sus expensas la capilla y retablo de San José para su enterramiento. Le sigue un retablito, también de fines del siglo XVIII, dedicado al Santo Sudario del Rostro de Cristo, cuya reliquia, traída en 1578  por Francisco de Guzmán, marqués de Ayamonte y gobernador del Milanesado, fue muy venerada en esta iglesia.
     La capilla de la Soledad está destinada a Casa Hermandad, donde exhibe sus enseres, entre los que destaca la cabeza de Cristo Resucitado, de estilo barroco sevillano del círculo de Juan de Mesa (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La iglesia posee una sola nave, como es habitual en las iglesias conventuales, con presbiterio elevado en la cabecera rectangular, diferenciado por un gran arco toral soportado por sendos haces de baquetones tardogóticos, que  basas poligonales y son coronados por capiteles también poligonales. Adyacentes al arco toral, se encuentran dos arcos conopiales, que abren a la nave sendas capillas, dedicadas respectivamente a San Diego, hoy al Cristo de la Lanzada, y al Cristo de la Vera Cruz. Seguidamente, por el lado de la epístola, se suceden tres arcos apuntados, los dos primeros ciegos y el tercero abierto a las dependencias de la Hermandad de la Lanzada, que discurren en paralelo a la nave desde la Capilla de Vera Cruz. Finalmente, en el primer cuerpo del sotocoro se sitúa la antigua capilla del Rosario, fundada por la segunda marquesa de Ayamonte y duquesa de Béjar y reedificada por los hermanos en 1586. En ella se hallaba la sepultura del militar italiano Tomás Moneco, de 1668, cuya lápida puede verse en el compás de la iglesia. A los pies, se sitúa el coro alto, sostenido por dos hileras de arcos de medio punto peraltados, sobre columnas genovesas de mármol blanco.
     La nave, muy prolongada, se cubre a dos aguas con armadura de cinco paños, profusamente decorada con preciosa labor de lazos de ocho, que remata en forma ochavada en el coro. En dos franjas centrales y en la ochavada del coro, los faldones se decoran con estrellas, y del centro del almizate penden piñas de mocárabes, flanqueadas por otras cuatro menores en sus ángulos. El octógono central del almizate del coro alto ostenta el blasón de Doña Teresa de Zúñiga y Guzmán. La cabecera, cubierta a tres aguas, lo hace con armadura mudéjar de ocho paños sobre trompas, en la que se repite la misma labor de lacería en el almizate y en los faldones.
     Desde el atrio se accede a la Capilla de la Soledad, dotada de autonomía espacial y funcional, que discurre perpendicular a la nave, y paralela a la plaza de San Francisco. Consta de nave, presbiterio cubierto con bóveda semiesférica sobre pechinas.
     Al exterior, el templo tiene una doble fachada: la primera, que da acceso al compás, y la segunda que lo hace al templo.
     La primera está formada por un gran vano adintelado, cerrado por una verja, y enmarcado por columnas pareadas acanaladas, de orden dórico. Sobre el entablamento, decorado con triglifos y metopas, con labor biselada de estrellas de ocho puntas, se ubica un frontón partido, que, a su vez, sirve de estribo a una espadaña formada por cuatro pilastras y frontón triangular, en cuyo centro se sitúa el balcón, bajo un arco que irrumpe en la base del triángulo para ubicar la campana.
     La portada interior de acceso a la iglesia, forma un arco de medio punto, enmarcado en alfiz, y está labrada en piedra caliza. La delimita sendas pilastras con basamento, capiteles e impostas tardogóticos, decorados con bolas, cadenetas, hojas cuadrifolias, y otros temas de posible origen portugués. Sobre un lado del imafronte, se eleva una segunda espadaña de factura barroca, que consta de dos cuerpos y tres vanos, de desigual anchura.
     En el interior del templo, llama la atención la doble arcada que soporta la tribuna del coro alto. Las arquerías paralelas están formadas, cada una, por tres arcos de medio punto peraltados, sobre columnas de mármol con basas de garras y capitel de castañuelas. Tanto los arcos como sus enjutas se hallan decorados con textos bíblicos, relativos a la casa de Dios, y con motivos geométricos de sencilla traza, esgrafiados en blanco sobre fondo gris oscuro, que aparecieron entre 1975 y 1977.
     El convento de San Francisco de Ayamonte fue fundado en 1527 por la marquesa de Ayamonte, Leonor Manrique de Castro, viuda del marqués Francisco de Zúñiga y Guzmán, ambos muy vinculados a la Orden Seráfica, como patronos de la capilla mayor del convento de Sevilla, donde fueron enterrados (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

edificios Militares
     La situación fronteriza con Portugal, y la necesidad de vigilar la desembocadura del río Guadiana, dieron lugar a un sistema de defensas, que tenía su culmen en el Castillo, y sus avanzadillas en los Baluartes de Buscarruidos y de Las Angustias.
     El castillo de Ayamonte, ofrecido en 1962 por el Ayuntamiento para la construcción del Parador Nacional de Turismo, desapareció bajo el nuevo edificio hotelero. Sin que se excluya alguna fortificación anterior, debido a su estratégico emplazamiento, los primeros datos se remontan al siglo XIII. En los años en que Ayamonte estuvo bajo el dominio santiaguista pudo construirse la capilla de Nuestra Señora de los Favores, de la que trata la Cantiga de Alfonso X el Sabio. Las guerras con Portugal en la segunda mitad del siglo XVII y primera mitad del XVII contribuyeron al reforzamiento de los edificios militares. Entre 1640 y 1668 se construyeron refuerzos de las fábricas medievales existentes, un segundo perímetro defensivo artillado en el flanco de levante y el hornabaque del Socorro. En la segunda mitad del siglo XVIII se proyecta remozar el castillo, en cuyo interior se encontraba una casa para el Gobernador, otra para el Sargento Mayor, cuarteles para la tropa, la capilla de Ntra. Sra. de los Favores, dos aljibes, polvorín, y otras dependencias. El castillo contaba con dos baterías, una dirigida hacia el norte, desde la que se dominaba el castillo de Castro Marín, y otro hacia el sureste, en defensa del caserío. En 1921 se instaló en su interior un museo arqueológico, con objetos procedentes del mismo castillo y con otras de diverso origen, muy dispares entre sí. En 1962 fue inscrito como propiedad del Ayuntamiento, y al año siguiente se cedió gratuitamente al Ministerio de Información y Turismo para la construcción de un Parador Nacional de Turismo, con cuya construcción desaparecieron los restos de lienzos de muralla que aún permanecían en pie.
     El baluarte de Buscarruidos fue levantado en la misma orilla del río, en 1603, en la calle de su nombre, sobre el solar de unas casas, adquiridas por 430 ducados. En la década de 1960, fue derribado para construir viviendas en su lugar y adecentar el tránsito de la calle. El baluarte de las Angustias parece haberse construido para defensa del templo parroquial, por su posición avanzada, inmediata al río Guadiana. Cuando dejó de desempeñar sus funciones militares, sirvió para distintos usos, que ocultaron su fisonomía primitiva, hasta que fue restaurado y liberado de edificaciones adyacentes, en  1999 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Castillo.-
La fortaleza se situaba al Norte de la población, muy próxima al río Guadiana cumpliendo una doble misión: vigilancia de la costa y de la desembocadura del río y el control fronterizo frente al Reino de Portugal.
     El Castillo de Ayamonte se construyó en la Baja Edad Media, debiendo presentar los elementos arquitectónicos defensivos característicos de ese período.
     En el siglo XVI se remodela el castillo, reformando su defensa, centrándose en el establecimiento de almacenes de munición, pólvora y pertrechos en el patio central y del puesto de vigilancia, artillería ligera y fusilería en la torre del homenaje.
     En el siglo XVII se reformó el recinto, dotándolo de elementos característicos de las fortificaciones abaluartadas: muralla ataluzada, adosamiento de estancias propias de los cuarteles, construcción de dos baluartes, uno de ellos orientado hacia el Norte,  el objeto de controlar posibles incursiones desde la orilla del río así como Castro Marim y el otro baluarte ubicado al Sur del Castillo, desde el cual se dominaba la propia población de Ayamonte y la desembocadura del Río Guadiana.
     Esta fortificación contaba con una pequeña plaza de armas que daba paso a dos medios baluartes en forma de tenaza donde se situaba la artillería, todo ello rodeado por un foso.
Además, se construyeron elementos defensivos externos: hornabeque ubicado al Sureste del Castillo, en el Cerro del Socorro y comunicado con el a través de un camino cubierto, que formaba parte de un complejo sistema de fortificación que contaba con otros elementos: Fuerte de Buscarruidos, Bonete artillero y Baluarte de las Angustias.
     La plaza de Ayamonte era la más importante de la frontera debido a su estratégica posición en la desembocadura del Guadiana, y de ella dependían las guarniciones fijas y las decisiones a tomar sobre el resto de las plazas. La fortificación principal, un recinto poligonal adaptado a topografía, se localizaba en el cerro que domina la población desde el norte, oponiéndose eficazmente a la portuguesa de Castro Marim. El castillo, originario del siglo XIII, experimentó reformas en los siglos siguientes y especialmente al inicio de la contienda con Portugal, cuando fueron restauradas a cal y canto sus estructuras medievales. En apoyo de esta fortificación se construyeron en Ayamonte el Hornabeque del Socorro, el Bonete Artillero, el Baluarte de Buscarruidos y el Baluarte de las Angustias, contando incluso con la Torre de la Canela (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Bonete Artillero.-  
Se encuentra actualmente ubicado en la Plaza del Balcón del Guadiana, en el promontorio situado en la margen izquierda del Río Guadiana, frente a la Plaza fuerte opuesta de Castro Marim.
     Es un emplazamiento artillero de planta triangular orientado en su flanqueo a dirección Este-Oeste, para batir la plaza opuesta portuguesa mencionada anteriormente, formando parte del sistema defensivo de Ayamonte.
     Esta pequeña batería está construida con muros de mampostería de esquisto trabado con mortero de cal y revestimiento o enlucido en sus paramentos internos y externos originalmente. Como consecuencia de la intervención arqueológica y obras de restauración, se ha restituido su morfología original. Presenta una planta triangular de 8,50 x 7,50 metros, formando un triángulo isósceles, definido por muros de 0,90 metros de anchura. Su cara mayor mide 8,50 metros de longitud, con dos muros que se unen en ángulo de flanqueo de 7,50 metros de longitud. En alzado, tras la restauración, los muros alcanzan al exterior desde 0, 15 - 0,50 metros en el muro este a 0, 50 - 1,00 en los muros sureste y noroeste, adaptando la altura a la topografía del terreno.
      El acceso a esta batería artillera se presentaba en el muro este, permaneciendo un tramo original del muro con una huella de la oquedad de entrada de 0,90 metros de anchura, con pavimento de ladrillos macizos. Por su tipología y tamaño, los cañones podían disparar a barbeta, no poseyendo por tanto cañoneras, sino un parapeto bajo a modo de murete de protección (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Hornabeque del Socorro.-
El Hornabeque del Socorro, construido bajo la dirección de Corbachino, es una estructura independiente con forma de tenaza, de clara geometría, muy interesante por ser un ejemplo de fortificación de la Edad Moderna, como refuerzo de otra medieval adaptada a la nueva técnica militar. Coadyuva en la defensa de la plaza de Ayamonte como posición avanzada del propio castillo.
    Construido posiblemente a finales del siglo XIII, aunque constan importantes modificaciones a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, hasta que definitivamente es abandonado en el siglo XIX. Vinculado al señorío bajomedieval de Ayamonte.
      Su localización se encuentra hoy totalmente urbanizada desde la construcción del Parador Nacional de Ayamonte. Hay un chalet construido sobre una antigua fortificación junto al castillo que ocupa la zona donde hoy está el parador. Restos cerámicos en las laderas del cerro donde se ubica el chalet (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Baluarte del Buscarruidos.-
 Se encuentra situado en la margen izquierda del Río Guadiana, junto a la orilla, formando parte del sistema defensivo de Ayamonte en oposición a la plaza portuguesa de Castro Marim.
      Su planta es rectangular y está delimitado por una cerca de mampostería de piedra.
    Del fuerte se conservan los muros Norte y Este, formando una estructura de 5,50 metros de lado y hasta 2, 50 metros de altura, construida con fábrica de mampostería ordinaria de pizarra y algunos ladrillos, trabados con mortero de cal, y revestimiento de enlucido con mortero de cal al exterior y al interior.
     El muro Este presenta una anchura de 0,70 metros y al Norte 1,40 metros conformado por la unión de dos muros: el exterior de 0,90 metros de anchura, construido con mampuestos de esquistos, y, el interior que se adosa en la cara interna de 0,50 metros de anchura, construido con mampuestos de esquisto; y el interior que se adosa en la cara interna de 0,50 metros de anchura, construido mediante mampostería de piedra y rematado con la otra de cubrición, pudiendo ser un elemento estructural de reforma del propio fuerte.
     Su disposición está orientada en el eje Este-Oeste, adaptándose la planta y el sistema constructivo a la topografía del terreno que presenta una fuerte pendiente, al estar construido en ladera.
     Esta estructura estaba delimitada por una cerca o muro de mampostería de piedra. Actualmente sólo se conserva el muro de la zona Este, dispuesto 4 metros al Este del fuerte. Se conservan 16 metros lineales de muro, divididos en dos tramos: uno de 13 metros de longitud y otro de 3 metros separados por un espacio de 10 metros que se ha derrumbado recientemente.
      Este muro está construido mediante mampostería de esquisto, trabado con mortero de cal y revestido con una capa de enlucido de cal muy resistente, siendo su cabeza o coronación de morfología redondeada. Su anchura es de 0,70 metros y su altura es variable en función del terreno, oscilando entre 1- 2 metros, siendo la altura de 1,75 metros respecto al nivel de tierra (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Baluarte de las Angustias.-
 El antiguo baluarte se emplaza en la zona de la cabecera de la Iglesia de las Angustias, dando al margen del Río Guadiana, según la planimetría histórica.
     Del antiguo Baluarte de las Angustias sólo se conserva emergente el lienzo Sur y el arranque de dos estructuras cuadrangulares (a uno y al otro lado del lienzo), el paño de muralla puede ser visitado en el cruce de las calles del Pez y Lusitania.
     El baluarte está construido con mampostería de esquisto trabado con mortero de cal, aplicándose el ladrillo macizo para elementos concretos, como remates de esquinas y cañoneras. Las caras de los paramentos externos e internos estaban revestidas con enlucidos de cal. El lienzo mide 20 metros de longitud por 4,5 - 4 metros de altura y está coronado por un parapeto que presenta 4 cañoneras para la disposición de las piezas de artillería.
     La estructura del lateral Oeste (muro del cierre del cuerpo de Guardia), conserva 2 muros de 4 metros de lado y hasta 4 metros de altura, justo en la unión con la estructura donde arrancaría la Batería de las Angustias. El aparejo del muro es de mampostería, alternando en él bloques de pizarra de formato irregular y verdugadas de ladrillo, más abundantes este material en los vértices de los merlones "en número de cinco" que se muestran abocinados. Dicho paramento se recubre parcialmente con mortero de cal.
     Durante el siglo XVI, la zona administrativa y portuaria de la ciudad se centraba principalmente en las inmediaciones de la actual Parroquia de las Angustias. Para proteger este área de posibles incursiones marítimas o fluviales se construyó un bastión fortificado.
     La situación en la que se encontraba la defensa de Ayamonte en el siglo XVIII la presenta Fovet en su informe de 1725.
     Éste levanta un plano en el que incluye las diferentes fortificaciones existentes. Todas estas construcciones requieren nuevas reformas ante los avances de la artillería. En este sentido, diversos ingenieros realizan propuestas de mejora, para fortificar la orilla del Guadiana. En este contexto se construye el Baluarte de las Angustias, junto a la iglesia del mismo nombre.
     Tras el terremoto de 1755 se hacía necesario intervenir en la reconstrucción de las defensas de este enclave fronterizo. A pesar de que se redactaron varios proyectos con este fin, sólo se realizaron pequeñas reparaciones parciales y rápidas del castillo y del baluarte de las Angustias, cerrando las brechas, renovando los parapetos y limpiando los escombros.
     Como se puede comprobar en el plano levantado por el ingeniero director Luis Huet en 1792, la fortificación apenas sufrió modificaciones desde el siglo XVII. La siguiente noticia que tenemos del Baluarte es de un proyecto de derribo del mismo, así como de los edificios que hay sobre él en 1927 y se proyecta construir una estación sanitaria con una vivienda para el encargado y una pescadería (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Torre de Isla Canela.-
La Torre de Canela, perteneciente al siglo XVI, está situada en Isla Canela, en la margen izquierda de la carretera que une el casco urbano de Ayamonte con la barriada de Punta del Moral, en una zona de amplia incidencia turística, a menos de tres kilómetros de la frontera con Portugal. Está rodeada de marismas y una zona arenosa de plata. Visualizaba la costa y la entrada del río, aunque no disponía de capacidad de defensa por su distancia a su curso. Es una construcción de carácter militar que servía de defensa ante una posible invasión de piratas.
     La edificación tiene forma de tronco de cono y se levanta sobre un plinto visible de dos metros de altura, de mampostería de sillares a escuadra. Desde el anillo de la base arranca un tramo de escalera de fábrica por el exterior de la torre que se eleva hasta una plataforma de 3,7 metros de alto sobre el anillo de base y desde la cual se debía acceder, mediante alguna escalera portátil o cualquier otro medio hoy inexistente, al hueco en el exterior que sirve de acceso y que se encuentra a 3,20 metros sobre dicha plataforma. Su altura total es de 17,90 metros. La puerta de entrada está orientada al Norte y tiene forma rectangular, se abre a un zaguán de planta trapezoidal que da paso a una cámara baja.
     La azotea tiene un diámetro de más de diez metros, una altura de 1 metro y un espesor de 80 centímetros. posee cinco almenas artilleras. En el centro de la misma hay un orificio circular de 30 centímetros. El perímetro de la terraza está todo él protegido por un peto de un metro de alto con algunas almenas.
     La torre ofrece un excelente estado de conservación. Impresiona a primera vista su robustez, la solidez de su construcción y en el caso de la torre Canela, lo extraño de su posición actual. Hoy se encuentra muy alejada de la línea del mar lo que da idea del grado de aporte de sedimentos que el Guadiana ha tenido en estos dos largos siglos.
     La torre se encuentra además algo escorada, como un barco vencido debido a su peso y al suelo inestable de aluvión donde se asienta.
     Ayamonte era uno de los núcleos defensivos más importantes del sur onubense, encargado de la defensa del río Guadiana. Del conjunto defensivo de Ayamonte sólo se conserva la torre Canela, en la isla de la que toma su nombre, unos ínfimos restos del castillo, que fue destruido para construir un parador, y un pequeño lienzo de la muralla abaluartada. No se observan restos del conjunto de baterías, como la de las Angustias, a orillas del Guadiana, o las que se levantaron en las inmediaciones de su desembocadura (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumento al Beato Vicente de San José
     El monumento al Beato Vicente de San José se encuentra en la plaza Santa Ángela de la Cruz, cercana al antiguo convento franciscano. Fue levantado en 1956 en memoria del mártir ayamontino, por suscripción popular y con la cola­boración del Ayuntamiento.
     La escultura en piedra caliza es obra de Anto­nio León Ortega. El beato viste hábito franciscano, ceñido por el cordón de nudos, con cruz en el pecho y capa corta. En ademán de predicar, sostiene en la izquierda un estandarte, coronado por la cruz (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Monumento dedicado a este beato. Aparece de pie, erguido, con la mirada al frente y rostro sereno y sonriente. Viste hábito franciscano, de su pecho asoma una pequeña cruz que le cuelga del cuello, sobre sus hombros pende una capa que le llega hasta la altura de las rodillas y su cintura queda ceñida con el cordón del hábito. Su brazo derecho está flexionado, mientras que el izquierdo tiene asido una bandera con el anagrama de JHS (Jesús Hombre Salvador) y rematado con una cruz en su extremo superior. En los bajos de su hábito quedan visibles sus pies desnudos.
     Vicente de San José, mártir en el Japón, nació en Ayamonte, hacia 1597, fue quemado vivo el 10 de septiembre de 1622. Fue beatificado el 7 de julio de 1867 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Monumento a los Descubridores
     En la rotonda de acceso al barrio del Salón de Santa Gadea, se encuentra el Monumento a los Descubridores, realizado por el escultor y académico José Planes Peñalver, quien lo firma: «JOSÉ PLANES». Fue inaugurado el 7 de septiembre de 1957. En él se recuerda la memoria de los descubridores ayamontinos, que acompañaron a Colón en su viaje, o participaron en alguna expedición posterior: Rodrigo de Xerez, Juan de Zamora y Manuel González de Aguilar (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Monumento a  la Inmaculada
     Está situado en el centro de la Plaza de la La­guna. Se levantó en diciembre de 1954, en conmemoración del Año Mariano. Escultura en marmolina, es obra de José María Geronés Vallés, realizada en las Escuelas Profesionales de la Trinidad, de los Salesianos de Sevilla. Reproduce el modelo de la imagen de Martínez Montañés, conocida popularmente como «La Cieguecita» (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Monumento a la Virgen de las Angustias

     El monumento a la Virgen de las Angustias, Patrona de Ayamonte, construida por iniciativa del Ayuntamiento, presidido por Rafael Gon­zález, fue inaugurado por el obispo de Huelva, Mons. Noguer Carmona, el 7 de enero de 2006. La imagen ha sido copiada del original, y labrada en Macael (Almería). Es el mayor monumento religioso existente en Andalucía de estas ca­racterísticas. Mide 12 metros de ancho  por  12 de alto y pesa 365 toneladas. Está situado en el mismo sitio donde la Virgen de las Angustias fue coronada canónicamente el 25 de julio de 1992, en el estanque de La Ribera, en el interior del parque  Prudencio  Navarro  de la localidad (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesias de la Merced, y de San Francisco; edificios Militares; y Monumentos al Beato Vicente de San José, a los Descubridores, a la Inmaculada, y a la Virgen de las Angustias) de la localidad de Ayamonte (III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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