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viernes, 20 de febrero de 2026

Un paseo por la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 20 de febrero, es el aniversario del nacimiento (20 de febrero de 1879) del torero Ricardo Torres "Bombita", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Ricardo Torres Bombita es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Gitanillo de Triana, a la calle Pascual Márquez, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     La atraviesan las calles Joselito el Gallo, y Juan Belmonte.
     En ella se encuentran innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"RICARDO TORRES REINA. "BOMBITA"
Nació en Tomares (Sevilla), el 20 de febrero de 1879
Alternativa: Las Ventas el 24 de septiembre de 1899. Padrino: José García, Algabeño
Curiosidades: Jamás usó la espada simulada o de madera en la faena. El 19 de octubre de 1913 anuncia su retirada en Madrid, lidiando con los dos Gallos, Joselito y Rafael, y Regaterín (que sustituía a Juan Belmonte)
Falleció en Sevilla, el 29 de noviembre de 1936.
Conozcamos mejor la Biografía de Ricardo Torres "Bombita", a quien está dedicada esta vía;
     Ricardo Torres Reina, "Bombita Chico". (Tomares, Sevilla, 20 de febrero de 1879 – Sevilla, 29 de noviembre de 1936). Torero.
     Hermano de los matadores Emilio y Manuel, los tres se apodaron Bombita. Mientras coincidieron en los carteles, utilizaron un adjetivo o un ordinal que les diferenciaba: Bombita (Emilio, también conocido como el Bomba), Bombita Chico (Ricardo) y Bombita III (Manuel). No obstante, a pesar de la coincidencia de apodo, la historia del toreo reconoce como Bombita a Ricardo, por mucho que éste no usase ese sobrenombre mientras su hermano Emilio estuvo en activo.
     Durante su infancia, Ricardo no mostró deseos de ser torero, si bien Emilio, que era cinco años mayor, había adquirido cierto nombre como novillero. No siguió las pretensiones paternas de que cursara estudios elevados, aunque entró a trabajar en una imprenta, en la que a base de inteligencia logró ascender de chico de los recados a corrector de pruebas, pasando por los estadios intermedios de cuartillero y cajista. Sin embargo, el toreo acabó cruzándose en su camino, influido tanto por las andanzas de su hermano mayor como porque pasaba gratis a los festejos celebrados en la Maestranza acompañando a su padre, que era proveedor de útiles para el desolladero de la plaza.
     Toreó por primera vez una becerra en el matadero sevillano, “a hurto —dice Cossío— de administrador y empleados, pues el matadero no era ya la academia taurina de principios de siglo, como si quisiera recibir su bautismo torero en lugar de tan rancia tradición”. Y añade: “Burlando la vigilancia de su familia, y en especial de su madre, comenzó a hacer sus escapadas por fiestas de pueblos y cerrados, y en uno de éstos tropezó con su hermano Emilio, ya torero famoso, que no sólo no vio con malos ojos las disposiciones del hermano, sino que resueltamente comenzó a favorecerlas. A ello debió Ricardo en adelante no conocer las angustias, privaciones y desamparos de los principiantes. Emilio le llevaba consigo a los tentaderos, y últimamente a las corridas de Madrid, en una becerrada en la plaza de la Corte (contaba Ricardo trece o catorce años) mató, y de mala manera, un becerro alternando con mister Valm, famoso cocinero de la marquesa de Manzanedo”.
     Pérez López indica en su relación de festejos que en 1892 (año en que Ricardo tenía trece años) no hubo becerradas en Madrid, al tiempo que señala que Emilio se presentó en esa plaza el 8 de diciembre. En 1893 hubo tres becerradas: el 6 de marzo (a beneficio de la Asociación General de Empleados de Ferrocarriles de España), el 12 de septiembre (organizada por la Sociedad Taurina Unión Cordobesa) y 14 de septiembre (celebrada por la Sociedad Caridad Taurina); quizá Bombita Chico participó en alguna ellas, en un año en el que Emilio toreó nueve novilladas picadas en Madrid (fue el torero que más paseíllos hizo en esa plaza), acercándose su situación a la de “torero famoso” descrita por Cossío.
     Ricardo se estrenó como banderillero el 10 de agosto de 1895 en Jerez de los Caballeros (Badajoz), en la cuadrilla de Juan Domínguez Pulguita chico. Indica Cossío que debutó como novillero en la plaza lisboeta de Campo Pequeño, festejo del que no se habla en la biografía de Don Ventura ni tampoco en la incompleta monografía sobre Ricardo Torres publicada sin firma de autor en 1907 en la biblioteca “Sol y Sombra”. En 1896 formó junto a Domínguez una cuadrilla de “niños sevillanos” que tuvo buena aceptación en plazas de provincias. Bombita y Pulguita se presentaron en Madrid el 7 de marzo de 1897 (Cossío dice de manera errada que fue el día 3), con novillos de Tiburcio Arroyo, de la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra. El crítico Achares escribió acerca del debut de Ricardo Torres en la revista El Enano: “El hermano de Bombita, que tiene una figura simpática y atractiva, descubre, lo mismo por su estatura que por otras condiciones, ser un torero que puede dominar a las reses y que, persuadido de lo que dan de sí sus facultades, las domina ya. Paradito y fresco pasando, da, sobre todo, los naturales con el arte y la conciencia de un torero hecho y derecho; torea de capa con reposo; es activo y oportuno cuando de hacer quites se trata, y entra a herir con guapeza y buscando con serenidad el sitio de la muerte, aunque no siempre cuidando de la manera de salir de la suerte”. En ese festejo, Bombita Chico lidió en primer lugar el novillo Espejito y vistió un terno de color miel y oro.
     A la afición madrileña debió gustarle más Ricardo Torres que Juan Domínguez, pues Bombita repitió en esa plaza en las siguientes cuatro novilladas, mientras que Pulguita no regresó al ruedo de la capital hasta el 28 de noviembre, alternando con José Gordón Gordito, en un festejo en el que se anunció una “lucha feroz” entre el tigre César y el toro Regatero. Siguió Bombita toreando los dos años siguientes como novillero, haciendo cada temporada cuatro paseíllos en Madrid y sufriendo dos cornadas graves, el 6 de noviembre de 1898 y el 12 de marzo de 1899, por los novillos Greñudo y Ropero, respectivamente. Da la casualidad de que en esos dos festejos alternó con Antonio Olmedo Valentín.
     Su carrera como novillero fue muy accidentada, pues también resultó herido de consideración en Sevilla y Valencia, además de sufrir otros accidentes, tales como clavarse una astilla y una puya, o padecer la rotura de una pierna y un fuerte pisotón en la ingle. Dice Cossío: “Tal era su mala fortuna, que es fama que sus amigos, al despedirle, en lugar del consuetudinario, Buena suerte, solían decirle, con deseo más módico, Que no sea mucho. La estadística de sus cogidas durante esa época de novillero es impresionante. Cuarenta y cinco cogidas, hiriéndole dieciocho veces los toros. Pese a estos contratiempos, que no hicieron sino contrastar su valor y fuerza de voluntad, el cartel del novillero era insuperable” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Ricardo Torres "Bombita", en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 18 de enero de 2026

Un paseo por la calle Espartero, en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Espartero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 18 de enero, es el aniversario del nacimiento (18 de enero de 1865 ó 1866) del torero Manuel García y Cuesta "Espartero", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Espartero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Espartero es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la confluencia de la calle Antonio Bienvenida con la avenida Flora de Indias; a la confluencia de las calles Gitanillo de Triana, y Ricardo Torres "Bombita", formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     En ella comienzan las calles Antonio Bienvenida, Pepe Luis Vázquez, Chicuelo, y Bombita.
     Junto a su inicio, aunque ya en la calle Antonio Bienvenida, se encuentra la Portada de la Feria, como elementos más destacables, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman. 
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"MANUEL GARCÍA CUESTA. "EL ESPARTERO"
Nació en Sevilla, el 18 de enero de 1865.
Alternativa: en Sevilla, el 13 de Septiembre de 1885, de manos de Antonio Carmona "El Gordito"
Muere el 27 de mayo de 1894, como consecuencia de la cornada que recibió en Madrid
por el astado "Perdigón", de la ganadería de Miura"
Conozcamos mejor la Biografía de Manuel García y Cuesta "Espartero", a quien está dedicada esta vía;
     Manuel García y Cuesta "Espartero", (Sevilla, 18 de enero de 1865 o 1866 – Madrid, 27 de mayo de 1894). Torero.
     Los biógrafos consultados de Espartero coinciden en el día y en el mes de su nacimiento, si bien difieren en el año: José María de Cossío, Natalio Rivas, Fernando Claramunt y Daniel Tapia afirman que vino al mundo en 1865, mientras que Don Ventura, Néstor Luján y Luis Nieto opinan que nació en 1866.
     Ninguno de los textos vistos menciona o desmiente la otra fecha en litigio, y tampoco ningún autor afirma haber tenido en su poder la partida de bautismo o nacimiento del torero sevillano. A falta de otros datos más concretos, algo de luz sobre este tema puede ofrecer un párrafo, recogido por Cossío y Nieto Manjón, de la crítica que Antonio Peña y Goñi hizo en la revista La Lidia de la corrida de la confirmación de alternativa del Espartero, el 14 de octubre de 1885. En ese texto, el escritor habla del Espartero como de “un niño de diecinueve años”, lo que hace pensar que, de ser cierto ese dato, Manuel García y Cuesta tuvo que nacer en 1866. Resulta paradójico, no obstante, que Cossío recoja este texto y, al mismo tiempo, sostenga que vino al mundo en 1865.
     Superada esta inicial discrepancia, a partir de aquí todos los autores están de acuerdo en que Espartero fue un torero de enorme valentía que, con su muerte en la plaza de Madrid, no sólo entró a formar parte de la leyenda negra de la ganadería de Miura, sino que se convirtió en un modelo de héroe de trágica leyenda.
     Manuel García tomó el apodo de la profesión de su padre, espartero, oficio que él mismo ejerció durante su juventud. Asegura Cossío que en 1881 tuvo su primera aventura taurina: tras debutar en Guillena (Néstor Luján dice que fue en Alcalá del Río), siguió como banderillero acompañando a José Cineo, Cirineo, en las localidades de Bollullos del Condado, Alcalá de Guadaira y Castilblanco de los Arroyos. Al mismo tiempo, como era norma entonces, por la noche acudía a los cerrados de las ganaderías.
     Asegura Luján, quizá para redondear el círculo trágico de la vida del Espartero, que sus primeros capotazos los dio, con la sola luz de la luna como testigo, precisamente en la ganadería de Miura.
     “Si me ha da matar un toro, quiero que sea de Miura”, dicen que dijo Manuel García, imbuido de lo que Luján considera “una fatalidad invisible”.
     En Sevilla se presentó, todavía como banderillero de Cirineo, el 8 de octubre de 1882. De novillero toreó, compaginando esta faceta aún con la de subalterno, sus primeros festejos en 1884. En Cazalla de la Sierra mató dos toros de Manuel Cubero el 12 de junio de 1884, y en Sevilla toreó como banderillero el 27 de julio. La fama de torero valiente que ya entonces se había labrado le granjeó la simpatía del famoso matador Manuel Domínguez, Desperdicios, que le regaló una espada y se convirtió en su consejero y protector.
     El año 1885 fue muy importante en su carrera: toreó y triunfó en Sanlúcar de Barrameda y Cáceres, y en la Maestranza hizo su debut el 12 de julio, con novillos de Anastasio Martín. A partir de ese momento su trayectoria adquirió una gran velocidad, convirtiéndose su figura en lo que Cossío denomina “una sugestión colectiva”. José María de Cossío copia una frase de la época: “Se come a lo Espartero, se fuma a lo Espartero, se anda a lo Espartero, se peina a lo Espartero y, en una palabra, el Espartero llega a ser para la tercera parte de los moradores de Sevilla no el hombre del día, sino el de siempre, el de todas horas”.
     En ese ambiente de entusiasmo, y después de actuar en siete novilladas, tomó la alternativa en Sevilla el 13 de septiembre de ese mismo año 1885, de manos de Antonio Carmona, Gordito, que le cedió la lidia y muerte del toro Carbonero, del marqués de Saltillo, al que hizo una gran faena, siendo aún mejor la que realizó a Señorito, otro de los toros de su lote.
     De manera incomprensible para el aficionado contemporáneo, cuatro días después, el 17, toreó una novillada en Zalamea la Real, en la que resultó herido.
     Al regresar al ruedo sevillano el 11 de octubre se generó una cierta (y lógica) polémica en la prensa sobre su condición o no de matador de toros, y sobre si había perdido sus derechos como diestro de alternativa al torear una novillada después de la ceremonia del doctorado. Por ese motivo, en los carteles del 11 de octubre se anunció que la alternativa del 13 de septiembre había sido válida, pero que “para que queden desvanecidas aquéllas [las dudas], volverá a darle la alternativa el mismo Antonio Carmona”. Los toros del segundo doctorado pertenecieron al hierro de Miura, con los que el Espartero no estuvo especialmente lucido.
     La gran fama conquistada en Sevilla no le favoreció a Manuel García de cara a su presentación en Madrid, anunciada para el 14 de octubre de 1885.
     No pocos aficionados pensaron (incluidos los responsables de la revista La Lidia) que tanto la alternativa como la inminente confirmación del doctorado fueron muy precipitadas, y por ese motivo se escribieron artículos de tanta dureza como poca paciencia con el torero sevillano. Sin embargo, lo peor estaba por llegar, de la mano de Antonio Peña y Goñi, en la crítica de la corrida de su confirmación del doctorado.
     Entre otras cosas, el texto señalaba: “¿Qué es el Espartero? Pues es pura y simplemente un niño de diecinueve años, desprovisto de facultades físicas, y dotado del desatinado valor que presta una ignorancia absoluta del peligro, y un desconocimiento total de las reglas más elementales del toreo. Ni más, ni menos”.
     Como en tantas otras ocasiones, los revisteros tomaron partido a favor o en contra del torero, y si por un lado estaban Peña y Goñi y La Lidia, en sentido contrario iban Eduardo del Palacio (que firmaba Sentimientos), la revista El Toreo, el crítico Pirracas en La Nueva Lidia y, naturalmente, la prensa sevillana (con la revista El Loro a la cabeza), que tomaron como una afrenta personal las críticas a su paisano.
     El 14 de octubre de 1885, Fernando, el Gallo (aún apodado Gallito) confirmó la alternativa en Madrid al Espartero, con toros de Teresa Núñez de Prado.
     Víctor Pérez López ofrece unos datos curiosos de la actuación del diestro sevillano: “Hizo una faena breve y ceñida al toro de la confirmación, tras cinco muletazos mató con acierto y escuchó palmas. Con el cuarto estuvo tan animoso como desafortunado con la espada (3 pinchazos, 3 estocadas y 2 descabellos) y pesado con la muleta (90 muletazos), escuchó un aviso y división de opiniones en 25 minutos [de lidia del toro]. Con el sexto estuvo valiente y bueno en algunos pases, mató de corta y entera, ambas buenas y tuvo palmas. Voluntarioso en brega y quites”.
     Los días 29 de octubre y 15 de noviembre de ese mismo año lidió en la Maestranza, “su casa”, un toro en cada corrida, cedidos por cortesía de Frascuelo y Bocanegra. Se reprodujo la polémica, se desató la pasión, se llegó a las manos y, caso insólito, aficionados anónimos y conocidos firmaron una carta-manifiesto no tanto a favor de su torero o contra la prensa madrileña, sino contra la afición de la capital de España.
     Al año siguiente, 1886, Manuel García toreó en las principales plazas, sumó muchos triunfos y contabilizó hasta quince percances. Uno de ellos, el que tuvo lugar el 11 de julio en El Puerto de Santa María, le ocasionó al Espartero no pocas molestias, físicas y de otro tipo, debido al altercado que sus familiares tuvieron con los médicos de la plaza. Se instruyeron diligencias judiciales, a resultas de las cuales el torero, debido al tono que empleó con el juez en sus respuestas, fue condenado a un mes y medio de arresto mayor, que tuvo que cumplir en la cárcel de Sevilla.
     Entre otras muchas actuaciones, en 1887 triunfó de manera apoteósica en Ronda y estuvo desafortunado en la corrida de beneficencia madrileña. Ese año toreó una sola tarde en Madrid, por las cuatro en que había actuado en 1886 y las cinco que iba a torear en 1888.
     En todas ellas dio tantas muestras de valor como de impericia manejando los aceros.
     En los años siguientes, Espartero toreó y triunfó mucho, no librándose tampoco de los percances. La llegada de Rafael Guerra al escalafón de matadores avivó el toreo creándose una competencia entre estos toreros, pero ésta no era posible por las grandes facultades del cordobés y lo limitadas que eran las del sevillano.
     En 1891, año en que por primera vez entró en los carteles del abono madrileño, completó Espartero una buena temporada en la capital de España. En especial, en la corrida del 7 de junio (Cossío dice que fue el 7 de julio, pero ese día no hubo toros en Madrid). En tarde de mucho viento y lluvia, Manuel García toreó al cuarto toro (Cossío dice que fue el sexto, pero Pérez López documenta que el festejo se suspendió a la muerte del cuarto) con el barro hasta los tobillos, cuajando probablemente su mejor faena en esta ciudad. Los toros fueron de Agustín Solís, y el festejo lo toreó, mano a mano, con Luis Mazzantini. Ese año 1891, Espartero hizo catorce paseíllos en Madrid; Mazzantini, veintitrés, y Guerrita, diecinueve. En cuarto lugar quedó Francisco Bonar, Bonarillo, con seis actuaciones.
     Antes del fatídico percance del 27 de mayo de 1894, ese año en Madrid había toreado cinco corridas, que fueron, según Cossío, “si no fracasos, actuaciones que más bien desmerecían de su fama que cooperaban a mantenerla”. Antes del 27 de mayo toreó los días 24 y 25 de marzo, y 13, 17 y 20 de mayo, y además se suspendieron por lluvia las corridas anunciadas para el 8 y el 15 de abril. En este mes hizo el paseíllo en Sevilla los días 18, 19 y 20. Tras la corrida del 20 de mayo en Madrid, festejo en el que compartió cartel con Guerrita y Antonio Fuentes, actuó en Córdoba los días 25 y 26, y regresó a la capital en tren para torear el día 27. Según Cossío, sus amigos debieron presentir la tragedia, porque trataron de disuadirle de que hiciera el viaje, pero Manuel García “no les atiende, monta en un coche de primera y acude a cumplir su compromiso, que obligaba más a su pundonor por lidiarse toros de Miura”, añade el mismo autor.
     El 27 de mayo de 1894 estaban anunciados en Madrid, con toros de Eduardo Miura, Espartero, Carlos Borrego, Zocato (que sustituía a Antonio Reverte), y Antonio Fuentes.
     El festejo dio comienzo a las cuatro y media de la tarde.
     El primer toro en saltar a la arena fue Perdigón, colorado, ojo de perdiz, listón, delantero de pitones y astifino. Según Pérez López, Espartero, que lidió a Perdigón, estuvo “muy decidido con la muleta ante un bicho descompuesto y que se acostaba; al entrar a matar, le avisó dándole un revolcón sin consecuencias. Una vez cuadrado el toro entró a matar por segunda vez con valentía, siendo enganchado en el embroque por el vientre, saliendo despedido a corta distancia.
     El diestro, al caer, contrajo todo su cuerpo, intentó levantarse y ya no pudo hacerlo. Trasladado a la enfermería, el parte facultativo decía que Manuel García y Cuesta (Espartero) llegó en estado de profundo colapso, mostraba una herida de más de cuatro centímetros de abertura cerca del ombligo [el pitón le perforó el hipogastrio]. Todos los intentos por reanimar al herido fueron inútiles, falleciendo a las cinco y cinco minutos de la tarde y veinte de su ingreso en la enfermería”.
     Así fallecía uno de los diestros más valientes de la historia del toreo. El matador que, a pesar de recibir veintitrés cornadas a lo largo de su carrera, dejó dicha una de las frases más famosas del toreo: “Más cornás da el hambre”. El mismo torero que representa el paradigma del valor absoluto, en estado puro, reflejado en otra frase no menos famosa: “Tiene más valor que el Espartero”, que suele aplicarse a los diestros de los que se quiere alabar su valor.
     Tras su muerte, la figura del Espartero fue glosada de manera elogiosa, aunque tampoco se libró de las críticas que le habían acompañado mientras estaba vivo. Entre éstas, cabe destacar el texto que José Sánchez de Neira publicó en La Lidia explicando no sólo lo que el torero hizo —resumido en tres graves errores—, sino lo que debería haber hecho. Con el artículo, el autor respondía a las acusaciones de la prensa sevillana que señalaban a la afición y los periodistas madrileños como causantes del percance debido a sus cada vez mayores exigencias.
     Néstor Luján retrata con precisión qué supuso Espartero en la historia del toreo: “Su valor fue inmenso.
     No podía con los toros más que a fuerza de corazón, y, por primera vez en la historia de la Fiesta, hizo de la sugestión de la muerte del hombre la protagonista invisible del espectáculo. Los espectadores sabían que Espartero moriría en la plaza, porque se metía entre las cornadas más aviesas [...], sabían que llevaba la muerte relumbrándole en los ojos, y que cada toro que salía para él de los toriles sentía la muerte del Espartero en los pitones. No tenía conocimientos suficientes para dominar a los toros, y se medía con ellos cegándose con la muleta en unos trasteos sobrehumanos, venciendo de una manera febril. Y en cada paseíllo llevaba una cruz de ceniza sobre los labios”.
     En parecidos términos se expresó Aurelio Ramírez Bernal, P. P. T., añadiendo a sus palabras, además del romántico determinismo de los toreros predestinados a morir jóvenes, el exaltado ambiente taurino en el que, según el autor, Espartero vivió y murió: “He ahí al hombre destinado al martirio y a quien las masas empujaron al suicidio, obligándole con sus locos aplausos y ovaciones delirantes a sostener lo imposible contra el arte: la temeridad por norma, lo absurdo por instituto, vencer pereciendo” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Espartero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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lunes, 1 de diciembre de 2025

Un paseo por la calle Curro Romero, en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Curro Romero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 1 de diciembre, es el aniversario del nacimiento (1 de diciembre de 1933) del torero Francisco Romero López "Curro Romero", así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Curro Romero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Curro Romero es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de los Remedios, del Distrito Los Remedios; y va de la calle Antonio Bienvenida;  al paseo Remeros de Sevilla, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad, además con el punto especial de cobijar en ella la Portada, donde se concentra un gentío enorme en el encendido oficial del alumbrado.
     De ella parte, por la izquierda, la calle Ignacio Sánchez Mejías.
     En ella se encuentran varios "puestos" de chocolate y turrón, como elementos más destacables, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"EXCMO. SR. D. FRANCISCO ROMERO LÓPEZ. "CURRO ROMERO"
Nació en Camas (Sevilla) en 1933
Comienza su carrera profesional en La Pañoleta (Sevilla) el 22 de agosto de 1954, junto a Limeño.
Alternativa: Plaza de Valencia el 18 de marzo de 1959 actuando como padrino Gregorio
Sánchez, teniendo como testigo a Jaime Ostos y con Toros del Conde de la Corte.
Se retiró con 66 años, después de 42 años de actividad profesional."
Conozcamos mejor la Biografía de Curro Romero, a quien está dedicada esta vía;
     Francisco Romero López, "Curro Romero", "El Faraón de Camas" (Sevilla, 1 de diciembre de 1933 - ). Torero.
     Francisco Romero López, más conocido como «Curro» Romero o «El Faraón de Camas»​ (Camas, Sevilla, 1 de diciembre de 1933) es un torero retirado español. Comenzó su carrera profesional en el barrio de La Pañoleta, en Camas, el 22 de agosto de 1954 junto a Limeño.
     Toreó por primera vez con caballos en Utrera el 8 de septiembre de 1954, con Juan Gálvez y Francisco Corpas, con novillos de Ruperto de los Reyes.
     Debutó en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid el 18 de julio de 1957, con toros de Alipio Pérez-Tabernero, acompañando a Adolfo Aparicio y Vázquez II.
     Le dio la alternativa Gregorio Sánchez, en la plaza de toros de Valencia, el 18 de marzo de 1959,[1]​ teniendo como testigo a Jaime Ostos y con el toro: "Vito" del Conde de la Corte. Ese día no tuvo ningún éxito, e incluso recibió un aviso.
     La confirmó en Las Ventas el 19 de mayo de 1959, con Pepe Luis Vázquez y Manolo Vázquez, con el toro:"Lunito" de Eusebia Galache. Se suspendió el festejo por la lluvia en el tercer toro.
     Salió por la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla en cuatro ocasiones: 19 de mayo de 1966; 13 de junio de 1968; 29 de mayo de 1972 y 19 de abril de 1980.
     Una de sus tardes más destacadas tuvo lugar en Sevilla el 19 de mayo de 1966, cuando cortó ocho orejas a seis toros,​ siendo el torero que más orejas ha cortado en una tarde en la Maestranza.
     En Las Ventas salió siete veces por la Puerta Grande: 24 de mayo de 1973 (cortó dos orejas pero renunció a salir en hombros); 24 de mayo de 1965 (1 oreja); 26 de mayo de 1967 (2 orejas); 22 de septiembre de 1959 (1 oreja); 4 de julio de 1963 (2 orejas); 7 de julio de 1966 (2 orejas) y 28 de mayo de 1966 (2 orejas). Ha concedido treinta y cinco alternativas. Tiene un monumento en Sevilla, cerca de La Maestranza. En febrero de 2020 se le otorgó el título de Hijo Predilecto de Andalucía.
     Con alrededor de 900 corridas toreadas en su carrera,​ se despidió de los ruedos en un festival realizado en La Algaba (Sevilla), el 22 de octubre de 2000, donde cortó dos orejas.​ Sin embargo, la última vez que se vistió con traje de luces fue en Murcia, el 10 de septiembre de 2000, corrida en la que alternó junto a Julián López El Juli y Pepín Jiménez, y donde se torearon toros de la ganadería de Luis Algarra.​
     Su trayectoria profesional ha sido una de las más largas conocidas, alternando las tardes épicas con los mayores fracasos, por lo cual, al igual que ocurriera con José Gómez "Joselito" y Belmonte, dividió a la afición taurina entre aquellos que le apoyaban incondicionalmente (curristas) y quienes le denostaban (anticurristas). Se retiró con 66 años, después de cuarenta y dos años de actividad profesional.​ Es un reconocido seguidor del Real Betis Balompié y era amigo del cantaor Camarón de la Isla.
     El 3 de marzo de 2001 un jurado compuesto por cronistas y aficionados lo incluyó dentro de la lista de los 10 toreros más importantes del siglo XX, junto a los siguientes matadores: José Gómez "Joselito", Pepe Luis Vázquez, Juan Belmonte, Domingo Ortega, Manolete, Antonio Bienvenida, Antonio Ordóñez, Paco Camino y El Viti.
     Ha sido considerado como «[...] un torero de arte sublime, un símbolo, la esencia de la pureza y de la majestad».​ El crítico taurino Díaz Cañabate elogió su estilo y lo catalogó de la siguiente manera: «Curro Romero vino a la Feria de Sevilla y el duende le acompañó, escondido en el capote embrujado, en la muleta. Y no fue Curro Romero. Fue el duende el que toreó».​ Con tardes de luces y sombras, pero sus partidarios eran incondicionales.
     El 26 de octubre de 1962, se casó en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid con la cantante Concha Márquez Piquer, hija de Concha Piquer, con quien tuvo dos hijas (Concha y Coral, fallecida en accidente en EE. UU. en 1986).​ Se divorció de su primera esposa en 1982.​ El 16 de febrero de 2003 contrajo matrimonio civil con Carmen Tello Barbadillo (n. el 16 de octubre de 1955) en Espartinas.​
     En una sentencia sobre un pleito laboral el magistrado D. Santiago Romero, presidente de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, definió el currismo como «un sentimiento que es indudable y notoriamente altruista en favor del diestro, arraigado y profundo como el que más, creador de una ilusión permanente, de una esperanza incondicional y de una forma de entender la vida».
     Tras la muerte de su primera esposa, pudo casarse por la iglesia con Carmen Tello el 18 de diciembre de 2022 en la Capilla de la Casa de Pilatos (Sevilla).
     Ha recibido, entre otros, los siguientes galardones, que le hacen merecedor del tratamiento Excelentísimo Señor:
     1993, Medalla de Andalucía. Se concede en reconocimiento a las acciones, servicios y méritos excepcionales o extraordinarios realizados por personas o entidades que sean manifestación del trabajo y la solidaridad en beneficio de los demás ciudadanos.​
     2005, nombramiento de Hijo Predilecto de la provincia de Sevilla.​
     1997, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.​
     2008, Académico por la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, Sevilla, primer reconocimiento que la academia otorgó a un torero.​
     2020, Hijo Predilecto de Andalucía.​
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Curro Romero, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 20 de julio de 2025

Un paseo por la calle Costillares, en el Recinto Ferial

     Por amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Costillares, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella
     Hoy, 20 de julio, es el aniversario del nacimiento (20 de julio de 1729) del torero Costillares, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Costillares, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Costillares es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la confluencia de las avenidas Alfredo Kraus, calle Virgen de la Oliva, y avenida Flota de Indias (Espartero), a la confluencia de la calle Alfonso de Orleans y Borbón, con la avenida Juan Pablo II, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad.
     En ella finalizan las calles Gitanillo de Triana, Joselito el Gallo, Juan Belmonte, y Pascual Márquez.
     En ella se encuentran una Caseta de Información, Caseta Popular, y la de los Distritos Nervión - San Pablo - Santa Justa, y un punto de asistencia veterinaria al final de la misma, como elementos más destacables, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman. En la trasera de la acera de los números pares se encuentra la llamada "Calle del Infierno", donde se localizan las atracciones feriales.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"JOAQUÍN RODRÍGUEZ "COSTILLARES"
Nació en el Barrio de San Bernardo (Sevilla), el 20 de julio de 1729
Retirado de los ruedos, fallece en Madrid el 27 de enero de 1800
Curiosidades: "La importancia de Costillares en la historia del toreo es decisiva. Se le
tiene por inventor del volapié. Así mismo se le atribuye también la invención de la 
verónica, debiendo entenderse que lo que debió hacer fue regularizar el lance de
frente, imprimiéndole un estilo propio."
Conozcamos mejor la Biografía de Joaquín Rodríguez "Costillares", a quien está dedicada esta vía;
     Joaquín Rodríguez y de Castro, Costillares. (Sevilla, 20 de julio de 1729 – Madrid, 27 de enero de 1800). Torero.
     José María de Cossío comienza la biografía de este fundamental torero con unas palabras prudentes: “No es seguro que ninguna de las partidas de bautismo invocadas por los biógrafos de Joaquín Rodríguez (Costillares) sea la auténtica a él correspondiente, y, por tanto, no podemos presumir hoy de saber con certeza la fecha de su nacimiento”. Sin entrar en detalle sobre las procedencias de las diferentes fechas facilitadas por unos y otros estudiosos (que se encuentran perfectamente explicadas en el t. III, pág. 794 de la monumental enciclopedia Los Toros y en la obra del historiador Natalio Rivas), se señalan como posibles las siguientes: el 23 de marzo de 1746 (según Bruno del Amo Recortes, que dice que se llamaba Pedro Joaquín, que eran los nombres de su padrino [el matador Pedro Palomo] y de su padre, respectivamente); el 26 de julio de 1748 (archivo de Ortiz Cañavate, según Cossío); el 26 de marzo 1740 (en el libro El toreo español, de Lorenzo Ortiz Cañavate, citado por Natalio Rivas), agosto de 1748 (Ventura Bagués Nasarre de Letona Don Ventura) y, entre otras, el 20 de julio de 1729 (fecha que figura en una inscripción en un retrato del torero).
     En cambio, se da por seguro que era hijo del torero del mismo nombre y apodo, que su padre trabajaba en el Matadero de Sevilla, que la familia vivía en el barrio de San Bernardo y, por encima de todo, que fue el inventor de la estocada al volapié y de la verónica.
     Además, Costillares comenzó a usar la muleta para torear y no sólo para matar. Cossío primero especula con la posibilidad (t. III, pág. 794) y después asegura categóricamente (t. III, pág. 805) que Joaquín Rodríguez (padre) era hijo de Juan Rodríguez, el primero de los tres diestros de la familia en utilizar el apodo Costillares.
     Criado en el ambiente del matadero, Velázquez y Sánchez dice que su juventud transcurrió entre “ganaderos, marchantes, lidiadores, carniceros, chalanes de bestias, guiferos y dependientes de las rentas de abastos y tajos menudos”. Cossío cita un manuscrito de Ortiz Cañavate, que dice: “Ejercitó el arte o estudio prácticamente en el matadero de Sevilla; fue muy poco tiempo banderillero de José Cándido [Expósito, padre de Jerónimo José Cándido], y a los veinticinco años era matador”. Velázquez y Sánchez añade que con quince años toreó en Sevilla como banderillero de Pedro Palomo, su posible padrino de bautismo y ahora seguro maestro de tauromaquia. Asimismo, asegura este autor que “a los veinte años le dieron la alternativa Ballón y Esteller en Sevilla y Jerez de la Frontera, y en muy corto espacio adelantó en la estimación pública tanto terreno que pudo aislarse de patronos y protectores”. Es decir, que dejó de ser banderillero, aunque cuesta entender esa doble alternativa concedida en dos plaza de toros, cinco años antes de lo parece entenderse en el texto de Cañavate antes citado.
     “Aislarse de patronos” también puede significar que subió de status social, pues su padre era criado en la Maestranza sevillana.
     Y añade Cossío: “Admiten todos los biógrafos que Costillares torea en la plaza de la Maestranza de Sevilla los años 1762 y 1763. Efectivamente, en los carteles de esos años figura un Joaquín Rodríguez; pero, pese a la opinión de todos, me atrevo a conjeturar que tal diestro no es nuestro biografiado, sino su padre, que, como sabemos por Daza, era torero”. Entre otros, los motivos que aduce el gran erudito es que después torear esos años, su nombre no figura en los carteles hasta 1776, siendo trece demasiadas temporadas de ausencia para un torero de tanta importancia.
     Natalio Rivas, que le considera un renovador del traje de torear, dice que toreó como medio espada en Málaga el 12 de mayo de 1762, pero, de creer a Cossío, también debió tratarse de su padre.
     Recortes le sitúa en Madrid el 4 de mayo de 1767, y así lo cita Cossío, si bien don José María dice no haber encontrado la documentación que lo verifique.
     Por nuestra parte podemos añadir que, según López Izquierdo, la primera corrida de la temporada madrileña de 1767 se celebró el 18 de mayo, sin citar este autor quienes estoquearon los dieciocho toros que fueron picados por los varilargueros que sí nombra. El 4 de mayo tampoco hubo toros en la Plaza Mayor, un recinto improvisado que acogió festejos regios de manera esporádica hasta 1846. No es este un debate vacuo, pues además de estar relacionado con su propia fecha de nacimiento y con la posible confusión con su padre, también tiene que ver con la gran competencia que Costillares vivió con Pedro Romero y José Delgado Guerra Pepe-Hillo, y que Don Ventura resume de la siguiente manera: “Compitió bizarramente con Pepe-Illo (a quien venció) y con Pedro Romero (por quien habría de ser vencido)”.
     En 1777, dos años después de comenzar su fabulosa rivalidad con Romero, Costillares vivía en Madrid regentando un despacho de carne, aunque entonces ya llevaba unos años toreando en la plaza de esta ciudad.
     Es interesante apuntar que López Izquierdo señala que a partir del 26 de abril de 1770, y durante toda la temporada, en la plaza de Madrid actúan dos Joaquín Rodríguez, denominados mayor y menor, que debemos suponer que son Costillares padre e hijo. El famoso apodo no aparece en los carteles de Madrid hasta 1772, aplicado sin duda al hijo. Respecto a la rivalidad con Pedro Romero y a la enorme problemática de la antigüedad en los carteles, en una época no reglada en la que los matadores cedían toros a sus medios espadas sin orden ni ley, Cossío reproduce del Archivo Histórico Nacional el siguiente texto: [en 1775 se presentó en la Corte] “un muchacho llamado Pedro Romero, que aunque principiante en el oficio, dio pruebas de suma destreza, y que como se hallase aquí entonces otro que se llama Joaquín Costillares, también de habilidad conocida, produjo la concurrencia de ambos la común satisfacción del público, pero no menos entre sí mismos la mayor desunión y discordia, fomentada de los apasionados de una y otra parte sobre quererse preferir mutuamente en el orden de querer matar los toros, en tanto grado, que nunca jamás fue posible conciliar sus respectivas voluntades en este punto, y ha sido preciso que el gobernador del Consejo tome la mano para vencerlas, cuando se han encontrado aquí juntos”.
     Y juntos se encuentran por primera vez, según la relación de López Izquierdo, el 24 de abril de 1775: ambos cobran 1000 reales cada uno, y sólo son aventajados por Juan Romero, padre de Pedro, que percibe 1200. Costillares y los Romero aparecen luego, en compañía de otra media docena de lidiadores, en otros quince festejos, hasta el 30 de octubre. En 1776, Joaquín Rodríguez se ajustó en el abono sevillano, y no acudió a Madrid, provocando un incidente entre los maestrantes y los miembros de la Junta de Hospitales de Madrid, que para tenerle “atado” a la capital le concedieron al año siguiente la expendeduría de carne antes citada. En 1777 el nombre de Costillares aparece unido al de José Delgado Pepe-Hillo en los carteles de la Villa y Corte. En 1778 sólo torean Juan y Pedro Romero, teniendo al año siguiente la Junta de nuevo problemas para contratar juntos a Romero y a Rodríguez.
     Finalmente llegan a un acuerdo, sorteándose la antigüedad, pues ni el rondeño ni el sevillano accedían a cedérsela al otro y, por consiguiente, considerarse de menor rango en la plaza. La antigüedad correspondió a Romero, “ofreciéndose los dos guardar y mantener amistad, ayudándose mutuamente”, cita Cossío una carta del corregidor de Madrid al gobernador del Consejo.
     En 1781 regresaron Costillares e Hillo a la plaza de esta ciudad (La Junta de Hospitales no creyó necesario contratar a Pedro Romero). Joaquín Rodríguez figura de nuevo en los carteles de los años 1786 a 1790, con Romero o con Hillo... o, según Cossío, en 1789 con ambos a la vez, en las Fiestas Reales celebradas con motivo de la jura de Carlos IV. Así pues, de ser correcto ese dato (sobre el que López Izquierdo no ofrece información), Pedro Romero, Costillares y Pepe-Hillo, tres de los nombres más distinguidos de la mitología taurina, actuaron juntos en Madrid en 1789.
     A partir de 1791 comienza el declive de Costillares, provocado, entre otras cosas, por la aparición de un carbunclo en su mano izquierda que le restó facultades.
     Desde ese año, en Madrid mandan Pedro Romero y sus hermanos José y Antonio. El 16 de junio de 1794, después de permanecer varios años ausente de la plaza de la Corte, Joaquín Rodríguez, que se encontraba como espectador de la corrida, estoqueó un toro que le cedió Pedro Romero. Intentó repetirlo al año siguiente: pidió permiso al rey Carlos IV para intervenir, que le fue concedido, aunque tras un par de pinchazos en hueso, debido a la enfermedad de la mano, debió desistir, siendo Pedro Romero el encargado de rematar el toro. En carta dirigida a Antonio Bote, el rondeño contó el suceso no sin cierta ironía.
     Excepto que en sus últimos años de vida estaba muy débil del brazo derecho, nada más se sabe de Costillares, no siendo tampoco segura la fecha de su muerte.
     Muchos biógrafos afirman que el óbito tuvo lugar el 27 de enero de 1800 (efeméride que está tomada del mismo retrato que facilitaba la de su nacimiento en 1729, dato éste que Natalio Rivas consideró equivocado), si bien Bruno del Amo Recortes asegura haber visto su nombre entre los de aquellas personas que solicitaron licencia del Corregidor para ausentarse de Madrid al suprimirse los toros en 1805.
     La importancia de este torero en la historia de la tauromaquia es decisiva, pues pasa por ser, como se ha dicho, el inventor de la verónica y del volapié. No obstante, más que inventor debemos considerarle el renovador, el torero que fijó las leyes de unas suertes que iban circulando de mano en mano, de torero en torero, sin posibilidad de atribuirles una paternidad cierta. En este sentido, existe un grabado de Witz fechado en torno a 1840 que representa a un torero toreando a la verónica en Madrid, y se dice que el volapié se lo enseñó su padre. Lo que nadie duda es que Joaquín Rodríguez fue uno de los padres fundacionales de la tauromaquia. Según Arévalo, “formalizó el abarcar la embestida entera del toro en el engaño, que se llamó verónica porque en ese lance se descubría el talante del toro, el rostro de su embestida; sometió a canon el ir al toro parado para matarlo, fijando sus tiempos de colocación, cruce y salida; y tuvo necesidad de ello porque los toros, semibravos, le pedían la muerte después de pasarlos de muleta; es decir, después de torearlos” (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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miércoles, 25 de junio de 2025

Un paseo por la calle Antonio Bienvenida, en el Recinto Ferial

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     Hoy, 25 de junio, es el aniversario del nacimiento (25 de junio de 1922) del torero Antonio Bienvenida, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la calle Antonio Bienvenida, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella.
      La calle Antonio Bienvenida es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de los Remedios, y de Tablada, del Distrito Los Remedios; y va de la confluencia de las avenidas Flota de Indias (Espartero), calle Asunción, y avenida Presidente Adolfo Suárez (Manolo Vázquez), a la glorieta Avión Saeta, formando parte del Recinto Ferial.
      La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     Es una calle que tiene un comentario muy sencillo, puesto que al pertenecer al Recinto Ferial, sólo tiene sentido en esa semana de la Feria de Abril, en la que cobra vida, al trasladarse a ella (como también ocurre con el resto del callejero de la Feria de Abril) toda la vida de la ciudad, además con el punto especial de cobijar en ella la Portada, donde se concentra un gentío enorme en el encendido oficial del alumbrado.
     De ella parten, por la izquierda, las calles Espartero, Gitanillo de Triana, Joselito el Gallo, Juan Belmonte, y Pascual Márquez; mientras que por la derecha, lo hacen las calles, Manolo Vázquez, Rafael Ortega, y Curro Romero.
     En ella se encuentran la Portada, la Caseta de Información, Retén de Bomberos, Caseta del Distrito Casco Antiguo, y un abrevadero al final de la misma, como elementos más destacables, además, por supuesto como las innumerables casetas que la conforman.
     En el reverso del rótulo de la propia calle podemos leer lo siguiente: 
"ANTONIO BIENVENIDA
Nació en Caracas, el 25 de junio de 1922
Alternativa: el 5 de abril de 1942 en Las Ventas. Padrino: Pepe Bienvenida.
Se retira con 44 años el 16 de Octubre de 1966.
Muere el 7 de Octubre de 1975 como consecuencia del volteo de una vaquilla en el
tentadero de la finca escuarialense de Amelia Pérez Tabernero."
Conozcamos mejor la Biografía de Antonio Bienvenida, a quien está dedicada esta vía;
     Antonio Mejías Jiménez, "Antonio Bienvenida". (Caracas, Venezuela, 25 de junio de 1922 – Madrid, 7 de octubre de 1975). Torero.
     Nieto del banderillero Manuel Mejías Luján Bienvenida (1844-1908), hijo de Carmen Jiménez Álvarez y del famoso matador Manuel Mejías Rapela Bienvenida, conocido como el Papa Negro, sobrino del novillero y banderillero José Mejías Rapela y hermano de los también matadores Manuel, José, Rafael —que murió asesinado en Sevilla a los diecisiete años de edad, al poco tiempo de retirarse de los ruedos como novillero—, Ángel Luis y Juan Bienvenida. Todos los toreros de la familia han utilizado el apodo Bienvenida, por ser de esa localidad extremeña el fundador (y también sus hijos Manuel y José) de una de las estirpes de toreros fundamentales en el siglo XX.
     Antonio Bienvenida nació en Caracas durante uno de los viajes del padre para torear en América. Bautizado en Sevilla, siempre se consideró de esa ciudad, aunque la familia se trasladó a Madrid en 1933 (al poco de morir Rafael) y fue en esta localidad donde probablemente más se le admiró y más trato de maestro indiscutible del toreo se le dio.
     Como todos sus hermanos, también Antonio fue un diestro precoz. Formado como torero en su propia casa, de la mano de su padre y de sus hermanos mayores aprendió los dos aspectos fundamentales de la educación de un futuro torero: a torear de salón y el respeto a la liturgia de la fiesta. Toreó por primera vez a los ocho años; a los doce (en 1934) debutó en público en Zamora y, luego, en El Escorial, en esta ocasión en pantalón corto. Hizo su primer paseíllo en Sevilla en un festival, el 13 de junio, y le cortó las orejas y el rabo a un excelente novillo de Juan Belmonte.
     Vistió por primera vez el traje de luces en Córdoba, el 3 de julio de 1937, acompañado por Paquito Casado; en Sevilla, junto a sus hermanos Manolo y Pepe, que lidiaron cuatro toros, toreó de luces en novillada sin picadores el 11 de julio, cortando cuatro orejas y dos rabos. Debutó con picadores en Cádiz el 26 de junio de 1938, alternando mano a mano con Pepe Luis Vázquez, sólo un par de meses antes de la muerte por enfermedad de su hermano Manolo. Se presentó en Madrid el 3 de agosto de 1939, junto a Joselito de la Cal y Gallito. El día 24 de ese mismo mes toreó de nuevo en Las Ventas, y de nuevo mano a mano con Pepe Luis Vázquez.
     Todavía como novillero, hay tres tardes que son fundamentales en su trayectoria: en Sevilla, el 15 de junio de 1940, cuando toreando mano a mano con Eugenio Fernández Sánchez Angelete tuvo que lidiar cinco (y matar seis) por cogida de su compañero, cortando un total de seis trofeos; en esa misma plaza, el 3 de noviembre de 1940, la tarde en que realizó el llamado “quite de la escoba” (o del milagro, por lo muchísimo que templó y bajó las manos al torear por chicuelinas); y, finalmente, en Madrid, el 18 de septiembre de 1941, cuando hizo la faena al novillo Naranjito, al que le dio tres “pases cambiados” (suerte que se ejecuta con la muleta plegada, tras un quiebro con la pierna) que han pasado a la historia.
     Respecto al quite “de la escoba”, Mira recoge una conversación con Bienvenida en que le explica cómo surgieron los lances: “De pronto, sin saber por qué, en un santiamén me acordé de que por la mañana había saludado a Chicuelo. Como una ráfaga también se me vino a la cabeza el temple de Belmonte.
     A velocidad del rayo pensé: ¿se podrá templar y bajar las manos, al torear por chicuelinas? Te acordarás que eso fue lo que hice. Lo hice por tres veces. Al rematar quedé convencido de aquello, yo no era capaz de repetirlo igual. No me han vuelto a salir nunca como aquéllas. Creo honradamente que tenían razón los que dijeron que aquello fue un quite de milagro. Ese fue el día que, en aquel momento, comprendí lo que significa la frase de Juan Belmonte cuando dijo que el toreo es una fuerza del espíritu”.
     Con el nombre adquirido en todos esos triunfos, Antonio Bienvenida se dispone a tomar la alternativa en Madrid el 5 de abril de 1942. Se anuncia mano a mano junto a su hermano Pepe (conocido en el mundo del toro como Pepote) con toros de Miura. Al rechazarse los toros, y al negarse los hermanos Bienvenida a torear animales de otra ganadería, los toreros fueron detenidos. La corrida se celebró, finalmente, el día 9, con cinco de los miuras que unos días antes habían sido rechazados. El toro del doctorado se llamó Rosquerito. El 2 de julio de ese mismo año de 1942, Antonio cortó dos orejas en Las Ventas, ratificándose como uno de los toreros predilectos de la afición madrileña. Su trayectoria sufrió un serio parón en Barcelona el 26 de julio de 1942, cuando el toro Buenacara, de Trespalacios, le hirió gravemente en el vientre. Formaban el cartel ese día Manuel Jiménez Chicuelo, Nicanor Villalta, Pepe Bienvenida, Manuel Rodríguez Sánchez Manolete, Pepe Luis Vázquez y Antonio Bienvenida, con doce toros, seis de Joaquín Buendía y seis de Jacinto Trespalacios, que se lidiaba a nombre de su hijo Ignacio Sánchez y Sánchez. El percance se produjo, precisamente, al hacer el pase cambiado, y fue de tal gravedad que a punto estuvo Bienvenida de perder la vida.
     Regresó a los ruedos, y lo hizo con la misma maestría de siempre. No llegó nunca Antonio Bienvenida a ser un torero que mandase en la Fiesta, ni tampoco de torear muchas corridas por temporada, sino que su grandísimo prestigio estaba basado en su indudable calidad y torería. El 15 de mayo de 1947 resultó de nuevo cogido en la primera corrida de la recién inaugurada Feria de San Isidro, de Madrid, y en esa misma plaza alcanzó un gran éxito el 21 de septiembre de ese mismo año, al cortar cuatro orejas en la Corrida del Montepío de Toreros que toreó en solitario.
     El 15 de noviembre de 1948 contrajo matrimonio en la iglesia de la Concepción de Madrid con Carmen Gutiérrez Balbi, de cuya unión nacieron cuatro hijos, ninguno de los cuales continuó la tradición taurina de la familia.
     No fue fácil la década de 1950 para Bienvenida.
     Tras lograr un gran triunfo el 12 de octubre de 1952 en Las Ventas, ante una astifina corrida de la ganadería de Agustín Mendoza y Montero, conde de la Corte de la Berrona, denunció públicamente (con el apoyo del periódico ABC y de su crítico taurino Antonio Díaz Cañabate) la generalización del fraude del afeitado.
     Sobre este tema dice Abella: “La ‘guerra del afeitado’ no ha hecho sino comenzar, y Antonio Bienvenida, denunciado por los compañeros como insolidario, presenta su dimisión como presidente del Montepío, aunque se vuelve a presentar a las elecciones y gana.
     Se le acusa de haberse promocionado a costa de los demás, y durante la temporada 1953 fue recibido con ovaciones por los públicos”.
     Los años siguientes, de 1954 a 1957, fueron muy buenos para Bienvenida: en 1954 y 1955 se encerró en solitario con seis toros en Madrid (esta última temporada, además, rodó la película Tarde de toros, de Ladislao Vajda), si bien los siguientes fueron de grandes altibajos, pues a éxitos importantes le siguieron baches de relativo olvido. El 17 de mayo de 1958 sufrió un grave percance en el cuello en Madrid y el 16 de junio de 1960 se encerró con doce toros, en sesiones de tarde y noche, en Las Ventas. A la muerte del noveno, un problema muscular le impidió continuar la lidia de los restantes.
     El resto de su trayectoria siguió en la misma línea: el 5 de septiembre de 1964 lidió en San Sebastián de los Reyes (Madrid) la que muchos consideran la mejor faena de su vida, y al comienzo de la temporada de 1966 se retiró en la plaza de Vista Alegre. Reapareció en el San Isidro de 1971, cortó cuatro orejas en Las Ventas el 30 de mayo, en un mano a mano que toreó con Andrés Vázquez, y se despidió definitivamente de los ruedos en Vista Alegre el 5 de octubre de 1974, alternando con Curro Romero y Rafael de Paula. Tras treinta y dos años de alternativa, Bienvenida había toreado ciento una corridas en Madrid (seis en solitario), había cortado cuarenta y dos orejas y había abierto once veces la puerta grande.
     Falleció en Madrid el 7 de octubre de 1975, tres días después de que la vaca Conocida, de Amalia Pérez Tabernero, le voltease provocándole una irreparable lesión cervical. Los últimos pases de su vida, repletos de la misma notabilísima maestría y elegancia que desarrolló durante su carrera, los dio en la finca El Campillo, de El Escorial, la localidad madrileña en la que había toreado, entonces con pantalón corto, cuarenta y un años antes (José Luis Ramón Carrión, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Antonio Bienvenida, en el Recinto Ferial, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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viernes, 25 de abril de 2025

El Monumento a la Feria Antigua, de Antonio y Jesús Gavira Alba, en Mairena del Alcor (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento a la Feria Antigua, de Antonio y Jesús Gavira Alba, en Mairena del Alcor (Sevilla).
     Hoy, 25 de abril, es uno de los días en los que se celebra la Feria de Mairena del Alcor, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Monumento a la Feria Antigua, en Mairena del Alcor (Sevilla).
     El Monumento de la Feria Antigua, se encuentra en la avenida de la Feria, 89; en Mairena del Alcor (Sevilla).
     El "Monumento a la Feria Antigua" de Mairena del Alcor es una obra escultórica que se encuentra dentro del recinto ferial de la ciudad.
     Este monumento es obra de los hermanos y artistas locales Antonio y Jesús Gavira Alba, y fue creado en 1982.
     Está inspirado en un paisaje de la obra de Serafín Estébanez Calderón (1799-1867), el máximo representante del costumbrismo andaluz y autor, entre otros, de la obra La feria de Mairena donde el autor describe una escena de dicha feria y su importancia en la época.
     La figura central del monumento es una escultura ecuestre realizada en bronce que representa a una pareja, hombre y mujer, montando a caballo y vestidos con trajes de época. Con esta obra, sus autores rinden homenaje a la antigua feria local para contrastarla con la de nuestro tiempo.
     Al fondo aparece el inicio de un arco, con el que se hace mención a los antiguos molinos de la fértil vega de Mairena, que fueron tan importantes en la época dorada de la Feria. Al inicio de este arco se representa en relieve el comercio de caballos, que era el medio de negociar y regatear el precio del ganado. Por último, la fuente de ocho caños simboliza la confluencia en Mairena de las ocho provincias andaluzas durante su celebración (Turismo de la Provincia de Sevilla).
     “En tu feria oh Mairena, es donde se compendia, cifra y encierra toda Andalucía, su ser, su vida, su espíritu, su quinta esencia”. Inspirados por los pasajes de la obra “Escenas andaluzas” del escritor romántico Serafín Estébanez Calderón, los hermanos Jesús y Antonio Gavira Alba, concibieron un monumento en el que sintetizar el carácter abierto, y pionero de la feria local como referente de las del resto de Andalucía. Toma protagonismo la indumentaria de la pareja retratada a caballo a la manera tradicional del siglo XIX. Los trajes de majo fueron muy apreciados, por los viajeros y turistas y la moda flamenca en Mairena se erigió como un referente. Richard Ford se hizo retratar por José Domínguez Becquer en un tríptico donde lucía el atuendo que todo majo serio debía lucir cada uno de los tres días estipulados de feria y Washigton Irving se unió a la gente que se agolpaba a la entrada de Sevilla para ver a los grupos de personas que volvían de la feria mairenera, porque tal y como relata Estébanez: “En ti Mairena, es donde se fija cada año el uso que han de regir los adornos que más privan, el corte que han de tener las diversas partes del traje andaluz” (Ayuntamiento de Mairena del Alcor).
Conozcamos mejor la Feria Antigua de Mairena del Alcor;
     La Feria de Abril, declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía,  constituye una de las señas de identidad más significativas de Mairena del Alcor, ocasión única en que la villa se identifica, se reconoce a sí misma dotada de personalidad propia. De la importancia, alcance y antigüedad de nuestra feria tenemos abundantes testimonios en los textos de los diferentes escritores e investigadores que a ella han dedicado su esfuerzo. Desde Washington Irving y Estébanez Calderón, pasando por Jorge Bonsor, Marcelino Pérez Calvo, Rogelio Marín, Eusebio Pérez Puerto, Andrés Morales, Antonio Oviedo y muchos otros, los textos publicados nos confirman en la importancia alcanzada por la feria de Mairena.  
     Fue fundada en 1441 por concesión del rey Juan II de Castilla a Juan Ponce de León, señor de Mairena, para facilitar la repoblación del lugar facilitando el abastecimiento de productos y la movilidad de los ganados en la comarca. En 1757 por Real Provisión, se reforma su estructura estableciéndose las fechas definitivas de celebración los días 25, 26 y 27 de abril.
     Su celebración en fecha tan temprana le permitía inaugurar el ciclo de ferias de la Baja Andalucía y servir de punto de concentración de ganados de toda la península para abastecer otros mercados posteriores.    Su lugar de celebración fue la calle Mesones y la explanada del Mercado situada delante de la ermita de S. Sebastián, abarcando todo el actual Paseo y  la Barriada. A ella acudían ganaderos y comerciantes de casi toda España. En este espacio se disponían varios centenares de puestos en los que se vendía una gran variedad de productos, desde alimentos (dulces, verduras, carnes, platos cocinados), ropas y adorno personales, hasta arreos para animales, herramientas y quincallerería, armas y juguetes.
     El gran número de ganados y feriantes que acudían y el abundante dinero fácil que corría de mano en mano, atraía a jugadores, ladrones y prostitutas, que daban su buen trabajo a las fuerzas de seguridad. Para mantener el orden en el real se precisa la presencia de las fuerzas de justicia de la villa, un cuerpo de resguardo de una veintena de hombres dirigidos por el corregidor, y una fuerza semejante de tropas del ejército que todos los años era solicitada a la autoridad militar.
     De su fama ofrecen buen testimonio los numerosos escritores y artistas que la visitaron,  entre los que destacaremos a los españoles Serafín Estébanez Calderón, Tomás Rubí, Manuel M. de Santa Ana, Gustavo Adolfo Bécquer y a los extranjeros Richard Ford, Standisch y W. Irving. Los artistas de la escuela costumbrista sevillana nos dejaron importantes obras inspiradas en la feria, como Valeriano Bécquer, Villaamil, Cabral Bejarano, Lameyer, Andrés Cortés, y el francés Blanchard.
     En todos ellos encontramos descrito el alegre ambiente de la fiesta, en la que se consumían cientos de arrobas de ricos caldos, la brillantez de los bailes, los paseos de caballos y la riqueza de los ricos trajes lucidos, que en palabras de Estébanez, marcaban la moda en el vestir andaluz. Una feria que sabía ser la más alegre y bullanguera de las fiestas amén de excelso mercado.
     La administración de la feria corrió a cargo del duque de Arcos durante la segunda mitad del s. XVIII y del Ayuntamiento en el s. XIX. A lo largo de los años se fue desarrollando toda una legislación específica de la feria recogida en numerosas reales disposiciones, autos y bandos que constituye un modelo legislativo preciso. Desde la segunda mitad del s. XVIII la reglamentación de Mairena alcanza unos niveles de eficacia y flexibilidad que le permiten dirigir el complejo entramado comercial y festivo de una feria de gran envergadura, aunando los intereses de ganaderos, vendedores, Cabildo Municipal y Real Hacienda, siempre difíciles de conciliar. 
     Hasta tal punto esta fórmula, especialmente en su apartado fiscal, llegó a tener éxito, que garantizó la primacía de Mairena durante un siglo, hasta la creación de la feria de Sevilla, sirviendo como modelo para la creación o reforma de otras ferias. Esta estructura se fue extendiendo poco a poco siendo aplicado en poblaciones como Villamartín, Écija o Sevilla.
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte el Monumento a la Feria Antigua, de Antonio y Jesús Gavira Alba, en Mairena del Alcor (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

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