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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 22 de mayo de 2025

La Fuente de las Ranas, de Forestier, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Fuente de las Ranas, de Forestier, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     Hoy, 22 de mayo, es el Día Internacional de la Diversidad Biológica, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Fuente de las Ranas, de Forestier, en el Parque de María Luisa, en Sevilla.
     La Fuente de las Ranas [nº 34 en el plano oficial del Parque de María Luisa] se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa del Distrito Sur; y se sitúa entre la Isleta de los Patos, y la Glorieta de los Leones.
     Dentro de los planos de Forestier (hechos entre 1910, en que el Comité de la E.H.A. le encarga la reforma de los Jardines de San Telmo para convertirlos en el Parque de María Luisa, y 1914, año en que se inaugura) se encuentra esta fuente, cuyo modelo original tradujo en azulejos polícromos el pintor, ceramista y fabricante sevillano Manuel García Montalván. Ha sido tantas veces reconstruida en sus elementos (1970, 1992, etc.), que algunos de ellos son de "Mensaque, Rodríguez y Cía." (los azulejos); "Cerámica Santa Ana" (las ranas); o de Emilio García Ortiz (el pato y la tortuga).
     Se trata de una fuente-estanque de planta circular, cuyo perímetro se encuentra recorrido por ocho ranas surtidores de barro cocido, vidriado y policromado, rodeando un mar de azulejos polícromos en cuyo centro se alza un pato sobre una tortuga, que actúa también de surtidor. Las tendencias de la jardinería clásica francesa, la modernista, la hispano-musulmana y la costumbrista, se conjugan en ella, delimitando uno de los ambientes más típicos de esta gran enclave vegetal y monumental. A partir de 1992, se rodea por una verga de hierro, construida en la fundición Maceda [Teresa Laffita, Sevilla Turística y Cultural: fuentes y monumentos públicos. ABC de Sevilla, 1998].
Conozcamos mejor la Biografía de Jean Claude Nicolás Forestier, diseñador de la obra reseñada;  
     Jean Claude Nicolás Forestier (Aix-les-Bains, Francia, 1861 – París, Francia, 1930). Jardinero y urbanista.
     De origen aristócrata y formación polifacética, estudió en la prestigiosa Escuela de Ingenieros de Aguas y Montes de Nancy. Tras varios destinos llegó en 1887 a París, donde permaneció cuarenta y cuatro años en el departamento de Promenades et Plantations dirigido por Alphand. Finalizó su carrera como inspecteur général de l’art des jardins (1925) con ocasión de la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas en París. Será también miembro fundador (1908) de la sección de Higiene Urbana y Rural del Musée Social, creada en 1894 por jóvenes arquitectos cuyo proyecto de reforma social se expresaba a través de la noción del embellecimiento de la ciudad.
     Participó en la fundación de la Socièté Française des Architectes Urbanistes (1911), de l’Ecole d’Art Public (1916) y de l’Ecole d’Hautes Études Urbaines (1919), y llegó a ser presidente de la Ligue Urbaine (1928). Expuso su teoría urbanista en Grandes Villes et systèmes de parcs (1906) y trabajó como urbanista en Marruecos (1913), La Habana (1918) y Buenos Aires (1923). Fue nombrado en 1897 officier du Mérite Agricole, en 1904 officier d’académie, officier de la Legion d’Honneur en 1926, y comandante de la Orden del Mérito Civil española, con numerosas condecoraciones extranjeras. En España se consagró como una figura de la historia de los jardines españoles y en América Latina como paisajista y urbanista.
     Llegó a Sevilla en 1911 invitado por el Comité Ejecutivo de la Exposición Iberoamericana para realizar el proyecto del parque de María Luisa y más tarde (1915) viajó a Barcelona, a petición de Francesc Cambó, donde conoció a Nicolás María Rubió i Tudurí, quien se convertiría en su discípulo, ayudante y amigo. Sus teorías encajan perfectamente con el Noucentisme imperante por aquel entonces en Cataluña. Trabajó en Montjuic para la Exposición Internacional de 1929, realizando el parque Laribal (1916), la Rosaleda (1918), Miramar (1923), los jardines de Amargós, los jardines del Teatro Griego, la plaza del museo del parque de la Ciudadela y los famosos “Espárragos” (1918), originales columnas luminosas que decoraban la avenida central de la Exposición.
     En España realizó también numerosos jardines particulares para la aristocracia, siendo los más conocidos la finca Moratalla (Córdoba), la Casa del Rey Moro en Ronda, el parterre del palacio de Liria en Madrid o el jardín para la terraza de las Caballerizas del palacio de la Magdalena en Santander para la Casa Real.
     Fue un hombre de gran visión y espíritu abierto, que admiraba profundamente los jardines hispanomusulmanes del Alcázar de Sevilla, la Alhambra y el Generalife de Granada, y definió una particular visión que calificó acertadamente como “el jardín del clima del naranjo”, hecho de luz, color, sonido y perfume que identifican el jardín mediterráneo. Con él renació una nueva forma de interpretar el jardín, apoyada en sólidos pilares botánicos e históricos, adaptados al clima y a las características españolas, y en la que mezcla, la geometría francesa con elementos del mundo clásico latino e islámico, como la cerámica.
     En su obra escrita, especialmente en Jardins, carnets de plan et de dessins (1920), fundamental en la jardinería mediterránea, expone su concepto del jardín como “obra de arte”, en oposición a la naturaleza libre.
     En sus trazados era característica la presencia del agua y los elementos como pérgolas y emparrados, terrazas y escaleras para dar movimiento al terreno.
     En cuanto a las especies vegetales que utilizó, destacan los árboles, los frutales, los setos de mirto, boj o ciprés, y flores como las rosas para ofrecer contrastes de colorido. Fue el responsable de un resurgir del jardín español creando el estilo neosevillano que marcó la pauta en multitud de parques públicos y privados de la primera mitad del siglo XX (Mónica Luengo Añón, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor el Día Internacional de Diversidad Biológica;
     Se entiende por biodiversidad la amplia variedad de plantas, animales y microorganismos existentes, pero también incluye las diferencias genéticas dentro de cada especie -por ejemplo, entre las variedades de cultivos y las razas de ganado-, así como la variedad de ecosistemas (lagos, bosques, desiertos, campos agrarios,...) que albergan múltiples interacciones entre sus miembros (humanos, plantas, animales) y su entorno (agua, aire, suelo...)
     Los recursos biológicos son los pilares que sustentan las civilizaciones. Los peces proporcionan el 20% de las proteínas animales a unos 3 000 millones de personas. Más del 80% de la dieta humana está basada en plantas y, aproximadamente, el 80% de las personas que viven en las zonas rurales de países en desarrollo dependen de medicamentos tradicionales obtenidos de la vegetación de su entorno.
     Los bosques, amenazados por la deforestación, así como otros ecosistemas, son de vital importancia para sustentar la vida en la Tierra y juegan un papel importante en la lucha contra el cambio climático.
     La salud de nuestro planeta también juega un papel importante en la aparición de enfermedades transmisibles entre animales y humanos. A medida que continuamos invadiendo ecosistemas frágiles, nos ponemos en contacto cada vez mayor con la fauna silvestre, lo que permite que los patógenos de la vida silvestre se extiendan al ganado y a los humanos.
     Si bien cada vez somos más conscientes de que la diversidad biológica es un bien mundial de gran valor para las generaciones presentes y futuras, el número de especies y ecosistemas disminuyen a un ritmo acelerado debido a la actividad humana. Dada la importancia de la educación y la conciencia públicas sobre esta amenaza, las Naciones Unidas decidieron proclamar la celebración del Día Internacional de la Diversidad Biológica cada año.
     A medida que nuestra comunidad global debe reexaminar nuestra relación con el mundo natural, una cosa es cierta: a pesar de todos nuestros avances tecnológicos, dependemos por completo de ecosistemas saludables y vibrantes si queremos disponer de agua, alimentos, medicamentos, ropa, combustible, refugio y energía, solo por nombrar algunos ejemplos.
     En este 2022, el tema del Día Internacional de la Diversidad Biológica es “Construir un futuro compartido para toda la vida en la Tierra”. El eslogan promueve la idea de que la biodiversidad - en donde los ecosistemas y la naturaleza aportan soluciones al clima, los problemas de salud o la seguridad alimentaria e hídrica- es la base sobre la cual podemos reconstruir mejor. Ese es el mensaje que el Convenio sobre la Diversidad (CDB), responsable de la celebración e instrumento internacional en defensa de la biodiversidad, pretende inculcar (Naciones Unidas).
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domingo, 3 de abril de 2022

El banco de la provincia de Barcelona en la Plaza de España

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Barcelona, en la Plaza de España, de Sevilla.
     Hoy, 3 abril, es el aniversario (3 de abril de 1493), del recibimiento de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en Barcelona, tras el regreso del primer viaje a América, escena histórica que se representa en el panel central del banco de la provincia barcelonesa de la Plaza de España, así que hoy es el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Barcelona en la Plaza de España, de Sevilla.
     La plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
     La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.  
     La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
     En el banco de la provincia de Barcelona, situado entre los de las provincias de Baleares, y Burgos, y entre la Torre Norte y la puerta de Aragón de la Plaza de España, la escena histórica representada en su panel central es la Recepción de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón en el salón del Tinell en Barcelona. Abril de 1493, a su regreso del viaje a las Indias. 
     En los laterales superiores figuran los retratos de Isabel y Fernando. A la izquierda de la escena figura el escudo de armas del Rey de Aragón Fernando II con la típica cimera con el dragón y el de la derecha el escudo de armas de la Reina Isabel I de Castilla, siendo obra probablemente el original de la década 1920, ejecutándolo la Fábrica de Montalván. Fue sustituido hacia 1958 por otro pintado por Pedro Salas López-Cepero en la fábrica de Pedro Navia. En la década de 1980 pudimos leer "Pedro Navia restauró", pero ésta leyenda fue borrada en la restauración de 1992. Nuevamente restaurado in situ en 2004 por la Escuela Taller de la Plaza de España. 
     El motivo original retirado una vez limpio y catalogado fue depositado en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri centrados en algunos de ellos por cartelas con los escudos y emblemas de los Reyes Católicos y el Reino de España. 
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Alfonso X El Sabio (1221-1284), rey de Castilla y León; y Cristóbal Colón (1451–15069, descubridor del Nuevo Mundo en 1492, primer almirante, virrey y gobernador de las Indias; como personajes relevantes de nuestra historia (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Barcelona
      La expedición comandada por Cristóbal Colón, formada por la Pinta, la Niña y la Santa María, avistó la isla de Guanahaní el 12 de octubre de 1492. «Esta tierra era y es una isla de quince leguas de luengo, poco más o menos, toda baja, sin montaña alguna, como una huerta llena de arboleda verde y fresquísima...», cuenta el fraile Bartolomé de las Casas. Entretanto, los Reyes Católicos, los principales valedores de Colón, se encontraban en Barcelona negociando la devolución del Rosellón y la Cerdeña. El 7 de diciembre, casi dos meses después, mientras Colón navegaba por las islas del Caribe, el campesino Juan de Cañamares atentó contra la vida del rey Fernando en la escalinata de la Plaza del Rey de Barcelona. Según el cronista Andrés Bernáldez, «... el traidor que tiraba el golpe con un alfanje ó espada...» intentó acuchillarle, pero el rey consiguió esquivarle y «... alcanzólo con la punta (...) desde encima de la cabeza por cerca de la oreja...». El rey consiguió restablecerse de su herida. 
     Cristóbal Colón regresó a la península Ibérica en marzo de 1493, tras el descubrimiento de América o de las Indias, ya que el almirante creía haber alcanzado el continente asiático navegando desde Occidente, cuando en realidad había descubierto un continente completamente desconocido para los europeos. En abril de 1493, Cristóbal Colón fue recibido por los Reyes Católicos en Barcelona. No se sabe con certeza el día en que el almirante entró en la ciudad, aunque probablemente fue a finales de abril. Tampoco se sabe el lugar exacto en el que fue recibido; pudo ser en el Salón del Tinell, en el centro de Barcelona, o en el monasterio de San Jerónimo de la Murtra, en Badalona; puede que visitara ambos lugares.
     «Presentó a los reyes el oro y las cosas que traía del otro mundo; y ellos y cuantos estaban delante se maravillaron mucho en ver que todo aquello, excepto el oro, era nuevo como la tierra donde nacía. Loaron los papagayos, por ser de muy hermosos colores: unos muy verdes, otros muy colorados, otros amarillos, con treinta pintas de diversa color; y pocos de ellos parecían a los que de otras partes se traen. Las hutias o conejos eran pequeñitos, orejas y cola de ratón, y el color gris. Probaron el ají, especia de los indios, que les quemó la lengua, y las batatas, que son raíces dulces, y los gallipavos, que son mejores que pavos y gallinas. Marvilláronse que no hubiese trigo allá, sino que todos comiesen pan de aquel maíz. Lo que más miraron fue los hombres, que traían cercillos de oro en las orejas y en las narices, que ni fuesen blancos, ni negros, ni loros, sino como triciados o membrillos cochos. Los seis indios se bautizaron, que los otros no llegaron a la corte; y el rey, la reina y el príncipe don Juan, su hijo, fueron los padrinos, por autorizar con sus personas el santo bautismo de Cristo en aquellos primeros cristianos de las Indias y Nuevo Mundo», escribió el cronista Francisco López de Gomara en el siglo XVI.
     Los detalles de la recepción oficial en Barcelona, como todo lo que rodea la vida de Colón, siguen siendo un misterio. No se sabe exactamente cómo llegó a Barcelona ni por dónde pasó, aunque las fuentes históricas afirman que una vez que llegó a la Península hizo el viaje por tierra y no por mar, pero no hay documentos que certifiquen su paso por alguno de los pueblos o ciudades que encontró a lo largo del camino, y eso que dirigía una comitiva que incluía a un grupo de indígenas, nunca antes vistos por los lugareños, y especies tan exóticas como los papagayos. Tampoco existen documentos oficiales que confirmen su paso por Barcelona. Pudo ser un acto solemne o sencillo, público o privado, en algún lugar apartado de la ciudad.
     Un cronista explica que, a la llegada de Colón a Barcelona a mediados de abril de 1493, «los Reyes Católicos le esperaban públicamente, con toda la majestad y grandeza, en un riquísimo trono bajo un dosel de brocado de oro, y cuando fue a besarles las manos se levantaron como si fuera un su lado». Sin embargo, los diarios de la ciudad no registran una recepción pública. Parece que el encuentro se produjo en alguna sala de palacio, repleta, eso sí, de curiosos y admiradores (National Geographic).
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viernes, 11 de diciembre de 2020

El banco de la provincia de Gerona, en la Plaza de España

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Gerona, en la Plaza de España, de Sevilla.
   Hoy, 11 de diciembre, se conmemora el aniversario de la Rendición de Gerona (11 de diciembre de 1809), en el transcurso de la Guerra de la Independencia, siendo éste el tema del panel central del banco de la provincia gerundense, así que es hoy el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Lérida, en la Plaza de España, de Sevilla.
   La Plaza de España [nº 62 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 31 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 1 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 11 al 21 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla];  en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur. 
     La Plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
   La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución- de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
   En el banco de la provincia de Gerona, situado entre los de las provincias de Cuenca y Granada, y entre las Puertas de Aragón y la de Castilla (Capitanía General), la escena histórica representada en su panel central es la Rendición de Gerona durante el transcurso de la Guerra de la Independencia, el 11 de diciembre de 1809 la guarnición que defiende Gerona, tras una heroica resistencia , depone sus armas ante el mariscal Auguerau, duque de Castiglione, comandante del ejército francés en España. A ambos lados de la escena central figuran a la izquierda la Colegiata de San Félix y a la derecha la Catedral de Santa María y San Miguel, obra original corresponde a la fábrica de Montalván, que no se conserva, siendo el paño central reproducido en 1992 por Cerámica Magariño, que añade su firma. Restaurado in situ en 2006 por la Escuela Taller de la Plaza de España.
   Los azulejos retirados fueron restaurados por dicha Escuela y depositados en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España, y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri con angelotes, y las vistas más conocidas de monumentos gerundenses insertados en cartelas, como son el Puente de Piedra sobre el Oñar, la fachada principal de la Catedral de Santa María y San Miguel, el Puente de las Pescaderías antiguas, la Torre de la Iglesia de San Félix, el Claustro de la Catedral de Santa María y San Miguel, de Gerona, y otros monumentos de la provincia. 
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Fernando de Magallanes, Magallanes (c. 1480 - 1521), navegante y descubridor portugués al servicio de la Corona de España, caballero comendador de la Orden de Santiago; y Bartolomé de las Casas, Fray B. de las Casas (c. 1484 - 1565), dominico (OP), obispo, teólogo, polemista, defensor de los indios. (www.retabloceramico.net).
Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Gerona: La Rendición de Gerona durante el transcurso de la Guerra de la Independencia, el 11 de diciembre de 1809 la guarnición que defiende Gerona, tras una heroica resistencia , depone sus armas ante el mariscal Auguerau, duque de Castiglione, comandante del ejército francés en España:
   Durante el trascurso de la guerra de 1808 a 1814, se produjeron en las comarcas gerundenses un gran número de escaramuzas, pero lo más fundamental fue sin duda la guerra de sitios. El emperador Napoleón había dejado claro a su Estado Mayor que era preciso, para la buena marcha de las operaciones en España, mantener expedita la comunicación entre Barcelona, ocupada y controlada, y la frontera francesa, para lo que debía tomarse la plaza de Gerona, pequeña y mal fortificada, situada en mitad del trayecto, complemento de la de Figueras. Las guarniciones francesas en la Ciudadela de Barcelona y Figueras, gobernadas por los generales Duhesme, jefe del ejército francés en Cataluña, y Reille, eran insuficientes para oponerse a las fuerzas del marqués del Palacio, Mariano Domingo Traggia y Uribarri (Capitán General de Cataluña, desde el 6 de julio de 1808) y del general Francisco Dionisio Vives y Planes. Los franceses continuaban sin poder dominar el territorio y sin asegurar sus comunicaciones. Por eso era indispensable conquistar la plaza de Gerona. 
 En las comarcas gerundenses se dieron un gran número de sitios, uno de ellos, el que se produjo en Gerona durante mayo y diciembre de 1809, fue de los más largos de todas las guerras napoleónicas. El importante número de asedios se explica por el elevado número de fortificaciones que protegían la ruta de entrada a la Península: Roses (con su ciudadela y el Fuerte de la Trinitat), Figueres (con Sant Ferran), Girona, y Hostalric (a medio camino de Barcelona). A excepción de Sant Ferran, ninguna de estas fortalezas se entregó sin combatir, lo que implicó que el ejército francés las tuvo que tomar después de sitiarlas. Roses resistió un primer ataque en julio de 1808 y se rindió el 6 de diciembre de 1808 Tras un mes de asedio. Hostalric fue evacuado por la guarnición española el 12 de mayo de 1810, después de resistir cuatro meses y del saqueo de la villa en noviembre de 1809. Sant Ferran cayó sin disparar un solo tiro en marzo de 1808 pero fue recuperado por los resistentes catalanes con un golpe de mano en abril de 1811. Los franceses asediaron el castillo y lo volvieron a tomar en agosto. Tres episodios componen la odisea resistente de Gerona. El primero de ellos es un ataque directo, de un día; el segundo y el tercero son propiamente sitios.
   Duhesme, reunida una fuerza de cinco mil soldados, partió de Barcelona hacia Gerona por el camino de la costa. A la altura de Montgat tuvo su primer percance al topar con los efectivos del somatén, a los que intentaron coparlos, pero los paisanos escaparon de la escabechina. Escabechina que practicaron los invasores en la zona para que cundiera el ejemplo. Continuó la tropa hacia Gerona, y doquiera que pasaban aquellos soldados de nación blasonada como el culmen de la civilización universal, reinaban el pillaje y los estragos. Los pueblos a su paso padecieron la codicia y el desprecio, y nada hizo su atildado jefe para evitarlo. Era otra su prioridad, Gerona, ante la que se presentó el día 20.
   La plaza estaba guarnecida por trescientos hombres del Regimiento de Ultonia, al mando de el capitán Alonso Carrillo y unos pocos artilleros con sus piezas; nimia fuerza para oponerse a la de enfrente. Pero recibieron ayuda, y con qué traza, nobles y plebeyos, seglares y eclesiásticos, jóvenes y ancianos; todos acudieron a coger las armas y a colocarse en los puestos asignados. El enemigo fue recibido a cañonazos, un saludo que no era de bienvenida, por lo que Duhesme ordenó un repliegue sobre las casas y aldeas vecinas, que saquearon y quemaron degollando a sus moradores. No tardaron los franceses en volver al punto de mira de los gerundenses tras las murallas, torres y castillo; y acometieron con empeño por tres puntos diferentes. Asaltos continuos, sin ningún éxito. Amparados en la oscuridad de la noche, los asaltantes alcanzaron los muros, los defensores derribaron a los pioneros y éstos arrastraron a los que tras ellos ascendían. La fusilería y el cañoneo desplazaron al sigilo, hasta que en la madrugada, el considerable y nada previsto número de bajas, muertos y heridos, obligó a suspender su maniobra de los asaltantes.
   Al amanecer del día 21 de junio, había 700 hombres yacentes en el campo de batalla. Razón suficiente para regresar a Barcelona, eso sí, sin perder el hábito devastador en el regreso, aunque los somatenes hacían pagar un precio por tales iniquidades. El castigo más notable aconteció en Mataró. En esta localidad del litoral barcelonés había quedado parte de la fuerza expedicionaria francesa, sintiéndose seguros. Otro error. El hostigamiento al invasor crecía gracias al esfuerzo de los paisanos, al extremo que los tres mil quinientos hombres acabaron por huir dejando tras de sí la artillería de acompañamiento. La expedición de conquista se había saldado con un notorio fracaso.
   La guerra contra el ejército napoleónico en Cataluña carecía de un plan y de una estructura militar consolidada. Los somatenes y paisanos, en pequeñas partidas, perseguían a los imperiales en la medida de sus posibilidades, mientras se adecuaba el ejército nacional. También protagonizaron episodios de audacia y valor, como la gallarda defensa de Rosas, rechazando a los franceses y derrotándolos en su retirada, y como el intento de reconquista del Castillo de Figueras, ocupado al inicio de la invasión.
   La Junta General del Principado, reunida en Lérida, acordó formar un cuerpo de cuarenta mil hombres. Al mismo tiempo llegaban a Tarragona, procedentes de Mahón, cuatro mil seiscientos hombres mandados por el marqués del Palacio. Esto atemorizó al general Lechi, que por aquel entonces mandaba en la guarnición de Barcelona por ausencia del mariscal Duhesme, también tenía a la vista dos fragatas inglesas, con cuyo auxilio los somatenes habían recuperado Montgat.
   Duhesme, resentido por su fracaso en Gerona, quería reivindicar su honor con la toma de aquella plaza, apremiado por el emperador que la requería como llave de paso franco. Dio la orden de marcha el 10 de julio, a la cabeza de seis mil hombres y trece cañones. A las afueras de Barcelona comenzaron sus tribulaciones: los somatenes y las partidas de Francisco Miláns del Bosch y Joan Clarós acechaban con eficaces golpes de mano. Camino de la plaza de Gerona, los franceses intimaron la rendición al gobernador del Castillo de Hostalrich, cuya respuesta fue digna y briosa. Con Gerona a la vista, a la tropa de Duhesme se unió un refuerzo de dos mil hombres y artillería al mando de Reille. La guarnición que se oponía a los ocho mil franceses era de dos mil militares, completados por la población civil nuevamente dispuesta a cooperar activamente en la defensa.
   Ningún movimiento hicieron los sitiadores hasta el 12 de agosto; fecha en la que conminaron a la rendición. Sin resultado. A medianoche rompieron el fuego, continuado los días 14 y 15. Los sitiados reparaban con prontitud los estragos que hacía la artillería en la muralla, e impedían de este modo que quedasen abiertas brechas practicables. Avisado del asedio, el marqués del Palacio envió en socorro de la plaza al conde de Caldagués con cuatro compañías, a las que se unió el guerrillero Joan Baiget (Joan de la Creu Baiget i Pàmies) y los también guerrilleros Juan Clarós (Joan Pau Clarós i Presas) y Francisco Miláns del Bosch (militar del ejército español), siempre pendientes de los exploradores y de las retaguardias del enemigo para asestar sus golpes. El día 15 Caldagués con diez mil hombres, determinó atacar a los franceses al día siguiente por la mañana. Pero los sitiados no esperaron. Animados por el refuerzo, salieron impetuosos hasta pisar las trincheras enemigas. Toda la jornada fue de ardua lucha, quedando tan mal parados los franceses que al amanecer del 16 Reille regresó a Figueras, y Duhesme a Barcelona, perdiendo bagajes y artillería.
   Unos meses después tras los dos intentos, Gerona seguía fuera del poder invasor y en Cataluña la resistencia al francés napoleónico no cejaba. Apremiado, por la Junta Central de Defensa Nacional que le había conferido el mando militar en Cataluña, el general Joaquín Blake y Joyes entraba en Tortosa. En el resto del territorio, guerrillas y somatenes incomodaban al invasor; y hasta se quiso recuperar Barcelona con un arriesgado proyecto que no cuajó por haberlo descubierto, y que costó la vida a varios de sus autores, uno de los ajusticiados era un mozo llamado Juan Massana, que al ser tildado de traidor por la autoridad usurpadora respondió a ese general que el traidor era él "que con capa de amistad se ha apoderado de nuestras fortalezas".
   Dada la urgencia por asegurar las comunicaciones con la frontera francesa, y el orgullo herido al no poder doblegar la resistencia de una plaza con reputación de poca defensa, volvió a la carga el ejército imperial. Para la defensa de Gerona, la oposición a la fuerza invasora se antojaba difícil y penosa. Por lo que, el general Gobernador Mariano Álvarez de Castro, secundado por los voluntarios, dispuso a toda prisa una reserva compuesta por ocho compañías, vecinos de la ciudad, aprestadas con lo imprescindible. La amalgama resultaba tan pintoresca como entusiasta: paisanos, seglares y eclesiásticos, jóvenes con ancianos y el bautizado Batallón de Santa Bárbara, compuesto por mujeres, con Lucía Conama y Fitzgerald al mando como coronela, que se dedicaría a suministrar alimento y munición a la tropa, y llegado el caso, a tomar las armas tapando los boquetes por donde pudiera colarse el enemigo; más la asistencia a los heridos y agonizantes.
   Álvarez de Castro, era un curtido militar de sesenta años, que ya se distinguió por su valor en la defensa del Castillo de Montjuich en Barcelona, hombre de indomable espíritu y patriota ejemplar, y a su lado descollaron el teniente de rey Julián Bolívar, el coronel de Artillería Isidro de Mata, el de Ingenieros, Guillermo Minali y el intendente Carlos Beramendi; sin restar mérito al resto de la oficialidad y la tropa. En abril de 1809, consciente de lo que se les venía encima, Álvarez de Castro promulgó un bando en el que anuncia su intención de resistir hasta la muerte, y advierte a quien piense en pasarse al enemigo o proponer rendición que será ejecutado.
   El día 6 de mayo se presentaron los franceses ante Gerona, iniciando las tareas del sitio inmediatamente, a las que apenas pudo oponer otro impedimento la guarnición de la plaza, dados sus efectivos, que provocar alarma y mínimo retardo con algunas salidas en las que participaron vecinos de las inmediaciones. El 31 de mayo cayó al ermita de Los Ángeles, tras una enconada resistencia, anticipo de lo que iba a suceder con la plaza. Y a principios de junio, los sitiadores culminaron el cerco enfilando Gerona dieciocho mil soldados. El día 12 se presentó un parlamentario intimando la rendición. La respuesta del Gobernador, castellano viejo, fue contundente: desde ese momento recibiría a cañonazos a los enviados enemigos de su Patria. La suerte estaba echada y a cada cual le correspondía jugar con sus cartas.
   El primer bombardeo, por parte francesa, tuvo lugar del día 13 al 14; con tal acierto que el hospital general, el más importante de la ciudad, fue incendiado y destruido. Al amanecer de ese día 14, acometieron los artilleros y luego la infantería las torres de San Luis y San Narciso, que los defensores tuvieron que abandonar el 19 por no haber en ellas cobijo de tanto estrago ocasionado; por la misma razón, el 21 evacuaron la de San Daniel. Antes, la noche del 14 al 15 los atacantes se apoderaron del Arrabal de Pedret, exterior de la Puerta de Francia, y allí se atrincheraron. Pero una salida de los sitiados los desalojó del parapeto y de todo el arrabal.
   Aunque la balanza se inclinaba del lado atacante, la determinación de los defensores ofuscaba el anhelado horizonte de victoria. En esto llegó al campo enemigo el general Saint-Cyr, trayendo consigo un refuerzo que incrementó hasta treinta mil el número de sitiadores. La mañana del 3 de julio dio comienzo el ataque al Castillo de Montjuich, primero la artillería, luego los infantes. Los cañonazos causaron gran destrozo en el castillo, pese a lo cual, la guarnición compuesta por 900 hombres mandados por el brigadier de Infantería Guillermo Nash aguantaba el asalto. Estaba enarbolada la bandera española en un punto de la fortaleza que se desmoronó de tanto impacto de cañón, cayó al foso, lo vio el subteniente Mariano Montoro y allá que se dirigió para recogerla, subirla y colocarla otra vez en el muro.
   El día 4, a las diez y media de la noche, dieron el asalto los sitiadores, siendo rechazados. El 8 repitieron el asalto por tres veces, con el mismo resultado. Hubo un cuarto asalto que acabó como los tres anteriores, más la herida del coronel Muff, jefe de los atacantes, dos mil bajas vistas, entre ellas las de sesenta y seis oficiales heridos y once muertos. En otro frente, la artillería francesa voló la torre de San Juan, sita entre la ciudad y el castillo, pereciendo la mayoría de españoles en ella apostados. Saint-Cyr se propuso privarla de cualquier aliento exterior de localidades. Con este fin tomó una tropa y la dirigió en dos direcciones a San Feliu de Guixols y Palamós, conquistando ambas plazas con abundante derramamiento de sangre. Continuó ahora por el sur, destinando el día 12 una brigada contra los somatenes y partidas que hormigueaban desde Hostalrich hasta Gerona; y por el norte, en operativos de control y limpieza entre Figueras y la raya de Francia.
   Era un segundo cerco, más amplio y de igual modo eficaz, que aunque restaba efectivos al asedio ganaba en disuasión. Debido a esta maniobra de aislamiento, el auxilio encabezado por el coronel Rodulfo Marshall, militar irlandés al servicio de España, con un convoy con atención básica para la población y suministros para la guerra, enviado por la Junta Central de Cataluña, fue descubierto, interceptado y atacado.
   La resistencia de los defensores del Castillo de Montjuich proseguía indeleble, era un bastión construido en la montaña de ese nombre por orden de Felipe IV en 1653, para garantizar la seguridad de los accesos a la llanura de la ciudad desde el norte, conjuntamente con cuatro torres de defensa: San Juan, San Daniel, San Narciso y San Luis. Fue acabado en 1675. El 31 de julio murió un gran número de franceses en la zona de la torre de San Luis, volados por una bomba arrojada desde la plaza y rematados por una salida de los resistentes en el castillo. Éstos mismos valientes sufrieron el 3 y el 4 de agosto sendos ataques contra el antepecho del castillo, que tuvieron que abandonar por orden de Álvarez de Castro. Los napoleónicos habían posicionado diecinueve baterías para batir el castillo, durante dos meses castigaron sus muros, y aunque abrieron brechas y la guarnición era menor que los atacantes, necesitaron ocho semanas para doblegarla.
   Privada la plaza del baluarte de Montjuich, se resintió la defensa en aquella zona, entonces sólo cerrada por una muralla débil y amparada por muy pocos fuegos. Ante esta perspectiva, los sitiadores levantaron buen número de las baterías presentes; pero pronto las devolvieron visto que en Gerona no aparecían señales de ceder. El día 19 enfilaron los cañones hacia la Puerta de San Cristóbal y la muralla de Santa Lucía, que era el sitio más alto y débil de la plaza, causando gran destrozo. El 25 intentaron ocupar las casas de Gironella, pero una salida de los sitiados lo impidió. Estas salidas eran efectivas, pero reducidas a la mínima expresión porque las bajas habían mermado tanto la guarnición que las impedían, y sólo en caso de extrema necesidad recibían autorización. Con todo, no faltaba el coraje ni la provisión del infatigable Gobernador, inamovible en su propósito de no capitular ni retroceder ante el enemigo. "Al cementerio", respondió a un oficial encargado de una salida, que le preguntaba a dónde se dirigiría en caso de retirada. No se descuidó tampoco Álvarez de Castro de pedir socorro por diferentes conductos. Al general Joaquín Blake le cupo el honor de proporcionar a la plaza el alivio solicitado. Por medio de un movimiento bien ejecutado por los generales Enrique O'Donnell y Manuel Llauder, el contingente de auxilio español burló las precauciones de Saint-Cyr, causando muchas bajas y la muerte del general Hadeln a manos de un miguelete, consiguiendo entrar en Gerona con dos mil acémilas custodiadas por cuatro mil infantes y dos mil caballos al mando del general Jaime García Conde; en este contingente figuraban los voluntarios de Miláns, Baget y Clarós, que ya habían participado en la liberación de Gerona en el verano de 1808. Una vez aprovisionada la plaza, este general se retiró a Hostalrich. Era un respiro pero resultaba equívoco creer que los refuerzos decantarían la balanza solucionado el hambre ya que ahora había que alimentarlos.
   Repuestos de la sorpresa, los imperiales reanudaron sus trabajos de asedio y las acometidas. Así el día 6 de septiembre volvieron a ocupar la ermita de los Ángeles, y mataron a cuantos la defendían menos a tres oficiales y al general que escaparon por una ventana. El 11 de septiembre bombardearon intensamente la muralla por los sectores que presentaban brechas. Prestos al asalto, los sitiadores prefirieron intimar a la rendición una vez más. La respuesta de Álvarez de Castro fue la consabida: negativa y descargas. Saint-Cyr, apremiado por Napoleón, quería poner fin al sitio cuanto antes, y como por la vía de la capitulación era imposible, dispuso el asalto a viva fuerza: cuatro columnas de dos mil hombres cada una tenían la misión de penetrar las murallas y poner pie en el recinto interior de la plaza.
   La demostración de artillería, no consiguió amedrentar al Gobernador, quien se dispuso a recibirlos: toque de generala y repique de campanas. La tropa y los paisanos acudieron a sus posiciones defensivas. Ascendía una columna enemiga por la brecha de Santa Lucía, donde mandaba Rodulfo Marshall, que por dos veces fue repelida a la bayoneta. El general fue herido de gravedad, muriendo al cabo con estas palabras en la despedida: "Muero contento por esta causa y por Nación tan valiente". Por las brechas del cuartel de los Alemanes y el baluarte de San Cristóbal quisieron penetrar otras dos columnas, que también fueron repelidas. La columna que ascendía por la torre de Gironella, la cuarta de las desplegadas, corrió la misma suerte. El balance de muertes francesas registró dos mil hombres; el de españolas 350, aproximadamente, entre paisanos, militares, oficiales distinguidos por su valor y mujeres del aguerrido Batallón de Santa Bárbara. Niños y ancianos, clérigos, frailes y monjas, hombres y mujeres ocuparon el puesto que asignado por el Gobernador, omnipresente durante el conflicto.
   No les cabía duda alguna a los franceses sobre el enemigo al que se enfrentaban, que antaño menospreciaron o simplemente dieron por débil, al punto que Saint-Cyr ordenó un repliegue táctico, transformando el sitio en bloqueo, confiado a que el hambre, las enfermedades y las inclemencias, alcanzaran el éxito que a sus armas le estaba siendo vetado. Por segunda vez quiso Joaquín Blake socorrer y proveer a los esforzados gerundenses. Al mando de doce mil hombres el 26 de septiembre ocupó las alturas de La Bisbal, a dos leguas de Gerona. Iba en vanguardia el general Enrique O'Donnell y a continuación el general Luis Wimpffen, de origen suizo, con el convoy compuesto por dos mil acémilas y ganado lanar. Saint-Cyr observó la maniobra y rápidamente se interpuso entre O'Donnell y Wimpffen para interceptar el convoy y arremeter contra los españoles. Tuvo éxito su movimiento y tras derrotar al contingente español, a Gerona sólo entraron 170 cargas. Además, las enfermedades, la escasez y el hambre apoyaban a los sitiadores; el sitio era excesivamente largo para los almacenes de la plaza, y para los hospitales. Y por si fueran pocas penalidades, los franceses obtuvieron nuevas refuerzos. Por tercera vez intentó Blake socorrer a los angustiados defensores de Gerona sin éxito.
   El mariscal Augereau, duque de Castiglione, sustituyó a Saint-Cyr en el sitio de Gerona; a la par que Verdier relevaba a Reille en el gobierno de Figueras, y el ejército francés extendía una línea de cobertura desde San Feliu de Guixols hasta Tordera para evitar que Gerona pudiera ser socorrida por el general español Joaquín Blake. Como primera providencia, Augereau retomó la vía de la intimidación para rendir la plaza. Utilizó a prisioneros, soldados y civiles, también a frailes para ablandar la resolución de Álvarez de Castro; en vano. Gerona ofrecía un panorama espantoso entrado noviembre. Era tal la carestía, que una gallina costaba 16 duros y un ratón 5 reales, una fortuna para la época. Faltaban las medicinas, el alimento y la lumbre para los enfermos y heridos; y sobraba contagio y hedor. La ciudad era la mansión donde se alojaban el dolor y la muerte. En tan horroroso trance se abatían hasta los más animosos. Algunos proponían salir y abrirse paso para llegar a zona libre, hubo quien optó por hablar de capitulación delante del Gobernador. "¡Cómo!", replicó éste con viveza, "¿sólo usted es aquí cobarde? Cuando ya no haya víveres nos comeremos a usted y a los de su ralea; y después resolveré lo que más convenga. Sepan las tropas que guarnecen los primeros puestos, que los que ocupan los segundos tienen orden de hacer fuego, en caso de ataque, contra cualquiera que sobre ellos venga, sea español o francés, pues todo el que huye hace con su ejemplo más daño que el mismo enemigo". Explicitado en un bando.
   La noticia de la resistencia sobrehumana de Gerona y las penalidades que sufría su población, conmovieron a una Junta General. Reunida en Manresa, propuso un alzamiento popular allá donde los franceses no dominaran para obligarles a levantar el sitio o, al menos, a facilitar el auxilio de la plaza. Llegado a oídos de Augereau supo que, de realizarse aquella iniciativa, su situación ante la plaza se tornaría peligrosa, así que redobló las embestidas en la noche del 2 de diciembre, ocupando el Arrabal del Carmen en el que emplazó baterías para ensanchar las antiguas brechas en los dolientes muros gerundenses. Las piedras se quebraron con los impactos, pero los espectros tras ellas, aún imponían respeto a esos mismos franceses que se vanagloriaban de haber vencido a todos los pueblos del continente.
   El día 7, una vanguardia atacante se apoderó del reducto de la plaza y de las casas de La Gironella, cortando la comunicación con los fuertes, cuya guarnición sólo disponía de alimentos para dos jornadas y munición para algo menos. Pese al desolador panorama, Álvarez de Castro pudo socorrerla con una remesa de trigo que cubriría otras tres épicas jornadas: no había otra reserva que suministrar. A media tarde, los imperiales volvieron a intimar la rendición sin conseguir que el Gobernador y su gente doblaran la cerviz. Augereau mandó destruir el puente de piedra, último acceso y pasillo de conexión con el entorno. Y ni por esas asomó en labio alguna la palabra capitulación.
   Pero Mariano Álvarez de Castro estaba gravemente enfermo desde hacía días; las tercianas no aminoraban su espíritu, pero su cuerpo apenas se sostenía en pie, y ya el día 4 cedió a una calentura nerviosa que le mantenía postrado y en peligro de muerte. Siguió impartiendo órdenes y aliento hasta el día 8, fecha en que le sobrevino el delirio, y aún consciente, transfirió el mando al oficial Julián Bolívar, y él recibió la extremaunción.
   La primera providencia de Julián Bolívar fue nombrar una junta militar y reunir la municipal. Había que afrontar los hechos con el mayor realismo. Pesaba a todos el tener que plantearse la rendición, pero la defensa era ya inviable. El otoño se despedía con lluvias abundantes que encharcaron las calles; por ellas corrían en insalubre mezcolanza las aguas, la sangre y los detritus; y menudeaban los cadáveres insepultos, con las casas derruidas y los escombros por hogar. Siete eran las brechas abiertas, algunas muy anchas; habían muerto cerca de seis mil soldados y cuatro mil paisanos; sólo quedaban mil cien combatientes, escuálidos, casi cadáveres; las subsistencias reducidas a la mínima expresión; ningún alivio entre ataque y bombardeo, esfumadas las esperanzas de pronto socorro. Si Gerona hubiera estado provista, la defensa de sus maltrechos muros hubiera seguido, como en Zaragoza, y los arrogantes franceses, dominadores de Europa, humillados delante de una flaca y antigua muralla.
   De acuerdo con las juntas, Julián Bolívar envió al campo de los sitiadores para tratar de la capitulación al brigadier Blas de Fournas, que fue bien recibido por Augereau, con quien ajustó una capitulación tan favorable a los defensores, militares y paisanos, como podía ser en tales circunstancias. Corría el 10 de diciembre de 1809. Los franceses se comprometieron a respetar la vida y hacienda de los supervivientes, así como la profesión de su fe católica, y lo incumplieron todo.
   Los sitiadores entraron en la plaza el 11 de diciembre por la Puerta de Arenys. Habían precisado de cuarenta mil hombres y cuarenta baterías que arrojaron sesenta mil balas de cañón y 20.000 bombas y granadas, para vencer la resistencia de una pequeña y mal fortificada plaza defendida por una corta guarnición. Tanto poderío bélico no bastaron para obtener la rendición inmediata; fue el hambre quien abatió a los defensores. Una vez en el interior de Gerona, su primera reacción fue de asombro al contemplar los efectos de una resistencia que no hallaron en ninguna de sus guerras anteriores. El gobernador Mariano Álvarez de Castro seguía vivo, el 23 de diciembre lo sacaban los franceses de Gerona para conducirlo a Francia, en pésimas condiciones y custodiado al milímetro, lo depositaron en el Castillo de Figueras, donde se le encerró en un cuartucho desnudo y lóbrego en las caballerizas; primera posta de su particular vía crucis. Al cabo lo trasladaron al Castillo de Perpignan, estancia aún peor; segunda posta. Poco después, víctima ahora de una incomprensible desorientación, o de una venganza a plazos, lo devolvieron a España para encerrarle de nuevo en el Castillo de Figueras. Su morada última iba a ser un calabozo. 
   Si antes hubo razones para fomentar la leyenda, su cautiverio añadía otro capítulo denigrante para los captores. Puede que lo dejaran morir en condiciones innobles, puede que le arrebataran la vida al instante a golpes, ahorcado o envenenado; ambas opciones, qué duda cabe, por orden del vengativo Napoleón. En España, el proclamado héroe de Francia, actuó como un megalómano envidioso y ruin, ordenando, induciendo y aprobando asesinatos y vejaciones. La Junta Central de Defensa Nacional, y posteriormente las Cortes reunidas en Cádiz, decretaron honores al valor y lealtad de Mariano Álvarez de Castro. En 1815, concluida la guerra con la derrota del invasor, el capitán general de Cataluña, Francisco Javier Castaños y Aragorri, duque de Bailén, presidió en Figueras las honras fúnebres de su benemérito compañero de armas, y en una lápida que mandó fijar en la misma prisión que vio su muerte, transmitió su nombre y hazaña a las futuras generaciones (R. Martin, El Asedio de Gerona).
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domingo, 18 de octubre de 2020

El banco de la provincia de Navarra (Pamplona), en la Plaza de España

   Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el banco de la provincia de Navarra (Pamplona), en la Plaza de España, de Sevilla.
   Hoy, 18 de octubre, se conmemora el aniversario del fallecimiento (18 de octubre de 1035) de Sancho III el Mayor, rey de Navarra, quien repartió mediante testamento el Reino de Navarra entre sus hijos, siendo éste el Reparto del Reino de Navarra el tema del panel central del banco de la provincia navarra, así que es hoy el mejor día para Explicarte el banco de la provincia de Navarra (Pamplona) en la Plaza de España, de Sevilla.
     La Plaza de España consta de cuatro tramos de catorce arcos cada uno, en cuya parte inferior se sitúan bancos de cerámica dedicados a cada provincia española. Flanquean el conjunto dos torres, denominadas Norte y Sur, intercalándose tres pabellones intermedios, que corresponden a la Puerta de Aragón, la Puerta de Castilla y la Puerta de Navarra. El central o Puerta de Castilla es de mayor envergadura y alberga la Capitanía General Militar.
   La estructura de cada banco provincial consiste en un panel frontal representando un acontecimiento histórico representativo de la provincia en cuestión, incluyendo por lo general escenas con los monumentos más representativos de la ciudad o provincia. Flanquean el conjunto anaqueles de cerámica vidriada, destinados originalmente a contener publicaciones y folletos de la provincia en cuestión. Rematando el banco aparece un medallón cerámico en relieve con su escudo. En el suelo se reproduce en azulejos el plano de la provincia y sus localidades más destacadas. Entre los arcos figuran los bustos en relieve de los personajes más importantes de la historia de España. La ejecución- de la mayoría de los mismos corrió a cargo del escultor ceramista Pedro Navia Campos.
   La Exposición Iberoamericana tuvo sus motivaciones políticas y propagandísticas, y éstas influyeron en algunos detalles. Respecto a las escenas históricas representadas en los bancos de las provincias, algunos de ellos fueron retirados precipitadamente en los meses previos a su inauguración por sus incorrecciones históricas o su inconveniencia política, ya que se consideró que no sintonizaban con la idea de unidad y paz que pretendía proyectar el recinto monumental.
   En el banco de la provincia de Navarra (Pamplona), situado entre los de las provincias de Murcia y Orense, y entre la Puerta de Castilla (Capitanía General) y la Puerta de Navarra, la escena histórica representada en su panel central es el Reparto del Reino de Navarra por Sancho III el Mayor entre sus hijos, flanqueada por los escudos de Pamplona y Navarra, obra originaria que pudiera ser de fábrica Montalván,1929. Sustituido a mediados del siglo XX por otro de la fábrica de Pedro Navia. Restaurado in situ por la Escuela Taller de la Plaza de España, en la última fase de los trabajos finalizada en 2010.
   Los azulejos retirados fueron restaurados por dicha Escuela y depositados en los almacenes del Patrimonio del Estado ubicado en los bajos del edificio de la Plaza de España., y en los extremos unos anaqueles, también cerámicos, donde se colocaron originalmente folletos de cada localidad. En la zona inferior encontramos otro panel cerámico con el mapa de la provincia y tres bancos en forma de "U" decorados con dibujos vegetales derivados de los típicos candelieri con angelotes, y dibujos extraídos de libros de caballería de la época de la escena representada, centrados en algunos de ellos por cartelas con los bustos de guerreros navarros sin identificar.
   Sobre el balcón, encontramos una balaustrada centrada por el escudo, en forma de tondo, de la provincia, decorado con una especie de corona de laurel. En el arco que está sobre él, aparecen en sus enjutas los relieves con los bustos de Pedro Calderón de la Barca y Henao, Calderón de la Barca (1600-1681), dramaturgo, poeta, director de escena, soldado y sacerdote, y Miguel de Cervantes Saavedra, Cervantes (1547-1616), escritor, novelista, dramaturgo, poeta y militar (www.retabloceramico.net).
   Una curiosidad; la distribución alfabética de las ciudades no se respeta en en la provincia de Navarra por un motivo: cuando acabó la Exposición Iberoamericana de 1929 se quitó el azulejo La muerte de García IV de Navarra por ser demasiado violento. Los ceramistas lo suplantaron creando Reparto del reino de Navarra, en la que se ve al rey rodeado con sus hijos. Esta obra cambió el encabezado de Navarra por el de Pamplona, arruinando así el orden alfabético.
   Conozcamos mejor el hecho histórico que aparece en el panel principal del banco de la provincia de Navarra (Pamplona): el Reparto del Reino de Navarra por Sancho III el Mayor entre sus hijos, hecho efectivo tras la muerte del monarca, acaecida el 18 de octubre de 1035:
   El dominio de Sancho el Mayor sobre León era puramente circunstancial; se apoyaba en las cualidades personales del monarca navarro y, jurídicamente, en sus acuerdos con el rey Bermudo. El reino de León tenía una personalidad demasiado acusada, y una potencia económica y militar muy superior a la del reino pirenaico, para que pudiera ser absorbido por éste.
   En cuanto al reino de Pamplona, al faltar Sancho fue transmitido de acuerdo con la tradición jurídica del mismo, contraria al reparto entre los hijos. Es decir, que el primogénito heredaba los bienes patrimoniales -el reino con los acrecentamientos que éste hubiese obtenido- aunque pudiendo el padre constituir para los demás hijos un patrimonio con bienes territoriales, que podían trasmitir a sus herederos, pero sin desvincularlo totalmente del reino. Es lo que se había hecho en el siglo X al crear el «reino» de Viguera, y volvería a hacerse ahora con los hijos de Sancho el Mayor. Aunque un cúmulo de circunstancias acabarían por dar permanencia a este reparto. 
La sucesión de Sancho el Mayor
   De los cuatro hijos que sobrevivieron a Sancho III, Ramiro, el primer nacido, no reunía la condición legal de primogénito, ya que había sido tenido con Sancha de Aibar siendo su padre soltero; pero reconocido por éste, ingresó en el linaje con los derechos inherentes al mismo. Sólo García, por su condición de primogénito, podía heredar el reino de Pamplona.
   Ramiro recibió probablemente en vida de su padre, unos territorios para gobernar en «tenencia» o por delegación suya, los cuales venían a coincidir con el antiguo condado de Aragón, pero acrecido; también para esto había precedentes en el siglo anterior. Dentro de los límites asignados a Ramiro, García y Gonzalo recibieron algunas villas, y en el territorio de Pamplona Ramiro recibe a su vez otras tierras y villas que formaban parte del patrimonio real. Esta donación de tierras y villas no respondía a la sucesión testamentaria del trono pamplonés, sino al deseo de satisfacer el derecho que el hijo, una vez reconocido como tal, tenía en los bienes, rentas y derechos del padre. En tanto éste viviera, no había problema alguno en cuanto a la sumisión y obligaciones del hijo respecto al padre y soberano. Respecto a García, hijo y sucesor en el reino, Ramiro se comprometió mediante juramento a ayudarle con todo su poder a mantener sus tierras. La donación de Sancho el Mayor era transmisible a los descendientes de Ramiro con las mismas limitaciones de fidelidad hacia la rama primogénita de Pamplona. Por eso, algunos documentos de Pamplona dicen, tanto de Ramiro como de su hijo Sancho Ramírez, que gobiernan «a modo de rey» (quasí pro rege ín Aragone), aunque lo normal es que se les dé a ambos el título de reyes o «régulos», de acuerdo con la tradición pamplonesa. Esto explica que García acuñe moneda en Aragón con los mismos tipos que acuñaba en Nájera, y se titule «ungido de Dios mi Señor», y «rey por la gracia de Dios», mientras que Ramiro se titula en sus diplomas «hijo del rey Sancho».
   Del tercer hijo, Gonzalo, tenemos escasa información. Sin duda recibió las tierras de Sobrarbe y Ribagorza en condiciones análogas a las de Ramiro. Fue muerto en circunstancias desconocidas el 26 de junio de 1045 -o tal vez un año antes- en la villa de Lascorz (ayuntamiento de Foradada de Toscar). El sucesor legítimo -en caso de no haber tenido descendencia, según parece- era García, como hermano que era de pareja. Pero tal vez por elección de los barones de la tierra y por la presión de Ramiro, o por ambas cosas a la vez, éste incorporó a sus dominios las tierras de su hermano.
   Respecto al cuarto hijo, Fernando, hemos visto cómo en vida del padre había sido designado para gobernar el condado de Castilla, heredado por su madre doña Mayor (1029). Fernando era entonces muy joven -de diez a quince años-, y aunque de hecho gobernara su padre, es él quien ostenta siempre el título condal. El rey de León aceptó esta solución, y le dio su hermana Sancha en matrimonio (1032). Era Fernando el único de los hermanos que estaba casado al morir su padre. Sancho el Mayor no tuvo, pues, que adjudicar nada a Fernando en forma testamentaria, ya que el condado había pasado directamente del «infant» García a su sobrino Fernando con el beneplácito de los burgaleses y de los reyes de León y de Pamplona (José María Lacarra, Historia del Reino de Navarra en la Edad Media, Caja de Ahorros de Navarra, 1975).
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