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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 22 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Madre Isabel de la Trinidad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 22 de mayo, es el aniversario del nacimiento (22 de mayo de 1693) de Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad, que da nombre a esta vía, así que hoy es el mejor día, para Explicarte la calle Madre Isabel de la Trinidad, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Madre Isabel de la Trinidad es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios de Santa Catalina, y San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle Ronda de Capuchinos, a la confluencia de las calles Sol, y Santa Lucía.  
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     En el plano de Olavide (1771) se la denomina plaza de la Puerta del Sol, porque allí se situaba la puerta de igual denominación; más tarde pasa a llamarse plaza del Beaterio, por el de las religiosas trinitarias que allí se encuentra; en 1845, junto con la plaza de Santa Lucia, se rotula oficialmente calle de Santa Lucía. En 1878 vuelve a separarse de ésta y recibe la denominación de Trinidad, por la iglesia y beaterio de igual nom­bre. Ya a finales del siglo XX recibe la actual denominación. Corta y ancha en realidad no es más que la prolongación hasta la "ronda" de la calle Santa Lucía y corresponde como queda dicho al espacio intramuros de la Puerta del Sol. Por ésta se canalizaba un importante husillo que desde Santa Lucía se dirigía hacia el Tagarete, como consecuencia de lo cual son frecuentes las referencias a la necesidad de su limpieza, para evitar que las aguas pestilentes quedaran estancadas allí. Actualmente posee calzada de asfalto y amplias aceras de cemento si bien en la de la derecha una franja del acerado permanece terrizo. Se ilumina con farolas de brazo de fundición adosadas a las fachadas.
     La acera de los pares está ocupada por el colegio y beaterio de las trinitarias, establecidas allí en 1729 y cuya entrada principal se sitúa en Santa Lucía, y la de los impares por dos edificios con acceso desde María Auxiliadora y Sol, respectivamente; la prime­ra es una casa de escalera de principios de siglo y cuyos bajos están ocupados por un bar, y la segunda es una casa de pisos de reciente construcción, también de cuatro plantas, pero de menor altura que la anterior parte de cuyos bajos están ocupados pon un estanco. Canaliza parte del tráfico rodado de conexión entre el casco histórico y la "ronda", aunque es de los puntos que registra menor intensidad.
     La Puerta del Sol fue reparada en 1435, y entre 1578 y 1599 sufrió una profunda remodelación, hablándose entonces de la nueva Puerta del Sol; según González de León (Las calles...), era "grande y elevada, pero sin ornato" y tenía un sol en su frontispicio exterior. Desde mediados del s. XVI hay noticias de la petición del convento de los trinitarios descalzos, situado extramuros, que solicitaban que la puerta quedara abierta por las noches ya que eran más de 500 los vecinos que vivían allí y quedaban desasistidos de los auxilios espirituales y materiales cuando la puerta era cerrada; es posible que la orden de cerrar por las noches no fuese estrictamente cumplida, salvo en períodos de peste u otras enfermedades contagiosas, como las que se registran en 1648, o en la tardía fecha de 1804, cuando se habla de evitar el contagio de la ''enfermedad de Málaga". En 1777 se reconoce que se encontra­ba en muy mal estado, y finalmente es derribada entre 1867 y 1872 [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Madre Isabel de la Trinidad;
     Isabel Moreno Caballero, Isabel de la Santísima Trinidad. (Sevilla, 22 de mayo de 1693 – 8 de mayo de 1774). Religiosa trinitaria (OSST), fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad.
     “Acordé fundar, como con efecto funde, un Beaterio para el Recogimiento de vírgenes que dedicadas a la Santísima Trinidad, viviesen bajo la Regla e Instituto de aquel Real Orden y Recogiendo Niñas huérfanas y pobres; Criándolas y educándolas y poniéndolas en paraje de Servir a Dios Nuestro Señor: para lo que me valí no solo del poco caudal que dexaran mis Padres; sino que cuanto yo he podido adquirir en esta cuidad y fuera de ella” (A.B.T.S., Sección Secretaría n.º 1, Documentos de la Fundadora del Beaterio de la Santísima Trinidad de la Ciudad de Sevilla, 1693-1811).
     En estas líneas es recogido el proyecto que la madre Isabel de la Santísima Trinidad inició por 1719, y que, ha permanecido hasta la actualidad.
     En el siglo XVIII, Sevilla era una ciudad amurallada que contaba con trece puertas. Extramuros quedaban los arrabales, y en uno de ellos, frente a la puerta de la Macarena, nació (bautizada al domingo siguiente en la parroquia de San Gil) Isabel Josefa de Santa Rita Moreno Caballero. A muy temprana edad, se quedó huérfana, en diciembre de 1716. Contaba con algún dinero heredado de sus padres y, para mantenerse, se dedicaba a tejer.
     Cuando tenía veinticinco años se decidió a tomar el hábito de la Santísima Trinidad, el día 2 de febrero del año 1719, en el coro bajo de la iglesia del convento de trinitarios calzados, adoptando el nombre de Isabel de la Santísima Trinidad. Junto a ella, también lo hizo María Pérez Rodríguez de cuarenta y cinco años de edad, quien sería la madre María del Espíritu Santo.
     Seguidamente se les unieron dos religiosas más. La madre Isabel se dirigió al convento trinitario, tratando con ellos el alquiler de una casita que tenían en la calle Enladrillada.
     El 24 de octubre de 1719 por la noche, la Hermandad del Rosario de la parroquia de San Gil “llevó al Beaterio la Ymagen de Nuestra Señora de los Dolores que tenía la venerable Madre en su casa, y se quedo velándola toda la noche ella sola” (A.B.T.S. Sección Secretaría Libro de Protocolo, pág. 3), al día siguiente se empezaron a mudar, y poco después, las Madres cerraron las puertas de la casa, ya que ésta era de semiclausura. Dichas puertas quedaron siempre abiertas para las niñas necesitadas.
     El beaterio había nacido al amparo de los trinitarios calzados. En su convento la fundadora y su compañera, María del Espíritu Santo, habían tomado el hábito y el 8 de febrero de 1720, estas dos madres, empezaron a observar la Regla primitiva de las monjas de la villa de El Toboso. Posteriormente, el día 26 de mayo de 1720, hicieron su profesión en la capilla mayor de dicho convento.
Para conseguir los medios económicos y seguir la construcción de su beaterio, la madre Isabel decidió pasar a los Reinos de las Indias con el fin de pedir limosnas.
     En 1746, a la edad de cincuenta y tres años, realizó su primer viaje a México, del que trajo, en 1747, algún dinero que lo empleó en cubrir necesidades inminentes del beaterio, pero tenía la ilusión de construir la iglesia; con tal fin en 1753 volvió a viajar a México, por segunda vez, regresando en 1758, tras pedir en la puerta de las iglesias; traía la cantidad de 14.000 pesos, para con ello adelantar el beaterio.
     Solicitó licencia para ir a pedir a Madrid y a otras villas; corría el año de 1764 y contaba ya con setenta y un años. La licencia se le concedió, pero no se sabe la razón de que esta empresa, teniéndolo todo preparado, no se llegase a efectuar.
     La madre Isabel murió cuando le faltaba pocos días para cumplir los ochenta y un años, en su propia casa y rodeada de sus hijas.
     La trayectoria emprendida nunca estuvo exenta de dificultades, pero se contó con religiosas que supieron continuar la labor empezada por la madre Isabel de la Trinidad, y el proyecto siguió adelante, permaneciendo en la actualidad dentro del espíritu trinitario (José Martín Brocos Fernández, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Lucía, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Madre Isabel de la Trinidad, al detalle:
Beaterio de la Santísima Trinidad

jueves, 2 de febrero de 2023

Los principales monumentos (Beaterio de San José; Ermitas de Nuestra Señora de Coronada, y de Nuestra Señora de España; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Calañas, en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Beaterio de San José; Ermitas de Nuestra Señora de Coronada, y de Nuestra Señora de España; e Iglesia de Nuestra Señora de Gracia) de la localidad de Calañas, en la provincia de Huelva.
Ubicación
     En la Comarca del Andévalo.
Breve reseña histórica
     Buscando cobre, oro y plata llegaron los tartesos y los romanos. El hallazgo de ánforas, lápidas y monedas nos hacen pensar en la existencia de una villa romana en <>.  Bajo la dominación musulmana fue englobado en la jurisdicción de la Cora de Niebla. En el Siglo XIII  fue concedida esta zona en señorío a don Alfonso Pérez de Guzmán, conde de Niebla y duque de Medina Sidonia como regalo del rey Enrique II.
     Durante los siglos XIV y XV se reforzó el poder señorial sobre los habitantes de la zona mediante el aumento de la fiscalidad, el arrendamiento de pastos a los ganaderos y el reparto de baldíos y tierras no sujetos a propiedad privada. La actividad principal en esta época era la ganadería con una importante cabaña ovina, caprina y porcina.
     En el siglo XIX, se reactivan las labores mineras con diferentes minas abiertas, aumentando su producción sobre todo después de la creación del ferrocarril.
     Hasta los años 60, Calañas vive un auge económico pero con el cierre progresivo de las minas y una agricultura de subsistencia, comienza la crisis de esta zona que continúa hasta la actualidad.
Patrimonio cultural y artístico
     Ermita de Nuestra Señora de la Coronada
     Ermita de Nuestra Señora de España
     Iglesia Parroquial Santa María de Gracia.
Fiestas y tradiciones
     Fiestas de la Virgen de la Coronada
     Noche de San Juan y San Pedro "Pirulitos"
     Fiesta de María Auxiliadora
     Velada de Sotiel Coronada
     Velada de La Zarza
     Velada de El Perrunal
     Fiestas de Agosto
Recursos económicos y sociales
     La agricultura es la base económica hoy en día, como lo fuera antes la minería.
Gastronomía
     El plato típico es el gurumelo, los potajes y las tortillas.  De los dulces más tradicionales destaca la esesita, elaborada para la Pascua. También se puede degustar el vino de la Virgen (mezcla de vino blanco del año con vino dulce) (Diputación Provincial de Huelva).
     Se sitúa Calañas en el centro de la comarca del Andévalo, en medio de una penillanura uniforme, delimitada por los ríos Oraque y Odiel y rodeada de algunas pequeñas elevaciones de escasa altitud, como la Sierra del Águila, Sierra Blanca o el Cabezo Morante. Su término municipal, de los más extensos de la provincia, presenta numerosas explotaciones mineras, base principal de la economía local, asociadas a las cuales discurren diversas líneas de ferrocarril, algunas hoy abandonadas, que han dejado huella en el folklore local.
     Los principales yacimientos arqueológicos de su territorio, datan de época romana y están asociados a las citadas explotaciones mineras. De «Sotiel» procede una plancha de cobre, conservada hoy en Inglaterra, con un texto alusivo al empleo de esclavos en las minas, actividad que desapareció durante la Edad Media. En época islámica, Calañas perteneció a la cora de Niebla y, tras la Reconquista a mediados del siglo XIII, quedó bajo jurisdicción real, pasando a principios del siglo XIV a depender de los condes de Niebla, como merced del rey Enrique II concedida a don Alfonso Pérez de Guzmán, por el apoyo prestado en las disputas con su hermano Pedro I por el trono castellano. Desde finales del siglo XV y a lo largo de todo el siglo XVI, la floreciente actividad ganadera se tradujo en un importante aumento demográfico y en la aparición de algunos ricos hacendados. Este panorama, se mantuvo hasta mediados del siglo XIX, cuando, con capital extranjero, se reanudó la actividad minera, convirtiéndose Calañas no sólo en un centro productor sino en un importante nudo de comunicaciones de la provincia.
     Al Este de la población, a unos 15 metros del casco urbano, sobre un cerro de mediana altura, se localizan los restos del Castillo de Morante, datable en el siglo XV, donde aún son visibles vestigios de una cerca y, en su interior, de una torre con función de aljibe (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Hasta fechas recientes, también la historia de ca­ lañas se ha visto relacionada con la minería. En su extenso término municipal se encuentra la mina de la Zarza, explotada ya por los fenicios. En Sotiel se halló una plancha de cobre de época romana, con un texto en el que se reflejaba la utilización de esclavos en las minas. A mediados del siglo XIX, Calañas se convirtió en importante centro de explotación minera y también en destacado nudo de comunicaciones. Hoy, Calañas vive fundamentalmente de la agricultura. Sobresale en el caserío la fábrica grandiosa de la iglesia parroquial, que se refuerza exteriormente con sólidos machones. Su construcción se inició a comienzos del siglo XVI y se terminó en el XVIII. A la primera época corresponden la portada gótica con triple arco conopial y el primer tramo de las naves laterales, que luce bóveda de crucería. La torre, inspirada en la Giralda, se terminó alrededor de 1614. Adorna el interior de grandezas catedralicias un conjunto de esculturas y retablos de factura moderna, ya que la riqueza artística del templo fue destruida durante la Guerra Civil. Se salvaron algunas cosas de interés. Entre ellas, el cuadro de la Asunción de la Virgen (siglo XVIII), fragmentos de una cajonería de madera tallada alrededor de 1760 y varias piezas de orfebrería.
     Además de un beaterio levantado en el siglo XVIII, tiene Calañas dos ermitas: la de Nuestra Señora de la Coronada, edificio de origen medieval remodelado en el siglo XVI que se levanta a orillas del Odiel; y la de Nuestra Señora de España, que ha sido muy reformada desde el medievo y luce vistosos azulejos en las gradas del presbiterio (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 

Beaterio de San José
     Contó Calañas con un primitivo establecimiento de monjas carmelitas que, a mediados del siglo XVIII, a causa de los efectos del Terremoto de Lisboa, quedó seriamente dañado. A partir de 1760, fue posible plantearse su renovación al recibir las monjas un importante legado económico, tras quedar como herederas universales de la señora doña Isabel Damiana Tello de Eslava, viuda de don Francisco Román Meléndez, Oidor que fue de la Real Audiencia de la ciudad de Sevilla.
     Los planos del nuevo edificio fueron proyectados por los arquitectos Tomás Botani y Félix Serrano, comenzándose los trabajos de inmediato. En 1763, se estaba construyendo la nueva iglesia y, un año después, en 1764, al visitar las obras Ambrosio de Figueroa ya se levantaban los pilares del claustro. El proceso constructivo finalizaba a comienzo de 1765.
     Tras la desamortización eclesiástica, el edificio fue usado como colegio privado y, posteriormente, como residencia de ancianos, encontrándose en la actualidad en estado de abandono (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     
Ermita de Nuestra Señora de la Coronada
     A las afueras de la población, en un escarpado paraje junto al río Odiel, se encuentra la ermi­ta de la Virgen de la Coronada, patrona de Calañas; cuya devoción se extendió a otras poblaciones del entorno, fundamentalmente entre los vecinos de Valverde del Camino, que disputaron a los calañeses el dominio y administración del santuario, cuestión que no se resolvió definitivamente hasta finales del siglo XIX.
     Se trata de un edificio de una sola nave, con cuatro tramos separados por arcos transversales apuntados, que sostienen una simple cubierta de madera a dos aguas. Un arco toral de medio punto, da paso al presbiterio abovedado, al que se adosa un pequeño camarín. En el lado derecho se sitúan la sacristía y la casa del ermitaño. Todo el conjunto está rodeado de soportales.
     Este edificio, de origen medieval como ates­tiguan los arcos apuntados de la nave, fue profundamente remodelado en la segunda mitad del siglo XVI, momento al que corresponden la portada del hastial y los pórticos de los pies y del lado derecho; todo ello construido en fábrica de ladrillo de tradición mudéjar. Ya en el siglo XX se añadió el actual camarín y en 1981, siendo hermano mayor don José María de Soto Caballero, se construyeron los pórticos del lado izquierdo.
     La Virgen de la Coronada es una imagen de candelero, realizada por Sebastián Santos Rojas en 1937, que vino a sustituir a otra anterior del siglo XVIII, en cuyo interior se conservaba la primitiva imagen medieval.
     Las contrahuellas de las gradas del presbiterio, están decoradas con un interesante conjunto de azulejos pintados en azul sobre blanco, del siglo XVIII, junto a otros polícromos de comienzos del siglo XVII.
     También cabe destacar, un capitel romano de orden corintio, tallado en mármol blanco, que sirve actualmente como pila de agua bendita (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de una capilla de una sola nave, con dos arcos torales apuntados y otro de medio punto que sostienen una cubierta de par y picadero con tablazón de madera.
     El presbiterio se cubre con una cúpula rebajada con pinturas al fresco de estilo barroco, muy deterioradas y en mal estado que presentan incluso parches de enfoscado.
     En el lado de la Epístola se encuentra la sacristía y detrás del retablo el camarín de la Virgen. Esta nave se encuentra rodeada perimetralmente por porches que se han ido construyendo a lo largo de los años.
     La cubierta, muy movida, es de teja y presenta un aspecto pintoresco (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de Nuestra Señora de España
     Frente a la de Ntra. Señora de Coronada, ya en término de Beas, se encuentra la ermita de Nuestra Señora de España, lugar donde, según la leyenda, está enterado el rey godo don Rodrigo.
     Se trata de un pequeño edificio de una sola nave, con pórtico delantero de origen medieval pero profundamente remodelado en diversos momentos hasta nuestros días.
     En su interior recibe culto la Virgen de España, imagen de candelero para vestir, obra de Anto­nio Castillo Lastrucci del año 1956 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia
     Se trata de un templo de grandes dimensiones, de planta basilical, con tres naves separa­das por pilares cruciformes de orden toscano y cubiertas a la misma altura. Realizado en buena mampostería y ladrillo, destaca por su potente volumetría, sus firmes contrafuertes y su aspecto compacto y sobrio, sin apenas elementos decorativos.
     El edificio debió comenzarse a principios del siglo XVI, época de la que datan las dos bóvedas de crucería gótica del primer tramo de las naves laterales y la portada de los pies, de ladrillo aplantillado, resaltada sobre el plano de la fachada del hastial y formadas por tres arquivoltas conopiales, de estilo gótico-mudéjar, de la época de los Reyes Católicos.
     A una etapa posterior, corresponderían las bóvedas vaídas del presbiterio y de la sacristía adjunta, la media naranja con nervios radiales del primer tramo de la nave central y la torre, inusualmente adosada a la cabecera, elementos todos que responderían a los diseños de algún maestro mayor del Arzobispado de Sevilla, de los últimos años del siglo XVI o primeros del XVII. De hecho, la media naranja es de traza similar a de la parroquia de Valverde del Camino o a la de la sevillana parroquia de San Isidoro, proyectada, ésta última, por Vermondo Resta en esos años. La torre, con su potente caña y cuerpo de campanas con vanos de medio punto entre pilastras cajeadas dobles, inspirada en la Giralda, se estaba concluyendo en 1614, año en el que se compran los azulejos negros que decoran sus pilastras y los azules de su chapitel.
     Las restantes bóvedas de aristas de las naves, corresponden a una ampliación efectuada a partir del 1672 y que concluyó en los primeros años del siglo XVIII. En este momento, también fue trasladada la citada portada isabelina al nuevo hastial.
     Finalmente, las dos portadas laterales, de ladrillo aplantillado y diseño neoclásico, debieron realizarse a comienzos del siglo XIX, constando el año de 1808 en el entablamento de la del lado izquierdo.
     Entre 1856 y 1862 el arquitecto Manuel Portillo Navarrete sustituyó los deteriorados tejados de finales del siglo XVIII, por las actuales azoteas y más recientemente, se convirtió  la antigua sacristía en capilla Sacramental, trasladándose ésta a ciertos espacios residuales anexos a la cabecera por el lado izquierdo.
     A pesar de todas estas fases constructivas, de momentos y lenguajes muy diversos, el templo mantiene una gran homogeneidad estilística; destacando especialmente por su sobria monumentalidad.
     Destruidos sus bienes muebles en la Guerra Civil, ocupa hoy su presbiterio un retablo mayor neobarroco, que reproduce las líneas de otro antiguo diseñado por Pedro Roldán Villavicencio, hijo del célebre escultor homónimo, de principios del siglo XVIII y realizado por el tallista Fernando Alguacil. Está presidido por la imagen de la Virgen de Gracia, obra de Francisco Buiza, de 1948.
     Todas las demás esculturas y el lienzo del ático son modernos, a excepción de un Niño Jesús sobre el sagrario, datable en el siglo XVII, aunque muy intervenido y repintado posterior­mente.
     En el testero del lado izquierdo, se localiza el retablo de la Inmaculada Concepción, recom­puesto con elementos del siglo XVIII. La imagen titular es una escultura en madera policromada, obra de Antonio Bidón, hecha hacia 1940. Las restantes esculturas son de escayola, procedentes de aldeas desaparecidas.
     En el testero del lado derecho, sobre la puerta de acceso a la capilla Sacramental, se sitúa un lienzo de grandes dimensiones, que representa la Asunción de la Virgen rodeada de ángeles que portan escudos con el emblema de la «esclavitud de María», datable a finales del siglo XVII o principios del XVIII.
     Adosado al primer pilar de la izquierda, se encuentra un púlpito de forja barroca, realizado en 1706 por el herrero Antonio Roldán y de los pilares siguientes cuelgan dos cuadros, uno de la Virgen Coronada, con marco neobarroco firmado por J. Contreras Fernández en 1957, y el otro de la Virgen del Rosario, obra popular del siglo XIX.
     En los pies del templo, en el lado izquierdo, está la capilla de Animas, reconstruida a costa de doña María de la Concepción Conde Vélez, entre 1910 y 1950, momento al que corresponde un zócalo de azulejos de trepa, de talleres de Castellón. Contiene un lienzo de la Virgen del Carmen y las Ánimas Benditas, firmado por A. Brunt del año 1945, además de tres imágenes procesionales de vestir, de Francisco Buiza: un Jesús Nazareno, la Virgen de la Amargura y la Virgen de los Dolores.
     En el sotocoro encontramos un relieve del Bautismo de Jesús, en madera policromada, realizado por el citado Buiza, autor también de un Cristo crucificado en madera tallada y policroma­da, situado en el testero del brazo derecho del crucero.
     En la capi­lla Bautismal sólo destacamos una pe­queña lapida funeraria en mármol blanco, con una inscripción alusiva al  padre José Tixero, provincial que fue de la orden de San Agustín, muerto y enterrado en esta capilla en el año 1808.
     Ya en la sacristía, encontramos un lienzo con una escena del Calvario, de factura popular del siglo XIX; los fragmentos de una buena cajonería en madera tallada, de estilo rococó, datable hacia 1760, aunque repintada modernamente, y varias piezas de orfebrería, entre las que destacamos dos cálices de plata sobredorada, uno de estilo renacentista, de la segunda mitad del siglo XVI, con añadidos del XVII, y otro de procedencia americana, de estilo rococó, de la segunda mitad del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Iglesia de Nuestra Señora de Gracia tiene planta de salón, con las naves laterales a la misma altura que la central.
     Presenta tres naves separadas por pilares cruciformes de orden toscano, divididas en cuatro tramos, con crucero en el último. Otro elemento que sobresale en la planta es la torre, cuya ubicación resulta, cuando menos, curiosa, e incluso poco ortodoxa. Se localiza en la zona central del testero, ligeramente desplazada hacia el este, tras el presbiterio, conformando un rectángulo que se introduce y sobresale de la planta de la Iglesia. La cabecera es de planta rectangular, con testero plano. La distribución de los planos es ligeramente irregular, ya que desde los pies a la cabecera las dimensiones van menguando en cada uno de los tramos hasta llegar al crucero, que se diferencia por su mayor dimensión. Los elementos sustentantes son potentes pilares cruciformes de considerable desarrollo. Respecto a la cubrición, la Iglesia posee un variado repertorio de tipos, destacando en el crucero la cúpula sobre pechinas con casetones en el tramo central, las bóvedas de crucería de los laterales y las bóvedas vaídas del presbiterio. Las demás naves se cubren por bóvedas de aristas. El espacio utilizado como capilla, la antigua sacristía, con la imagen del Sagrado Corazón, a la derecha del presbiterio, se cubre por una curiosa bóveda sobre trompas, de estilo gótico mudéjar. Una tribuna se alza sobre el primer tramo de las tres naves sobre arcos carpaneles.
     En el interior del templo, comenzando por la nave central, tras la portada principal accedemos al primer tramo, que se encuentra cubierto por una bóveda de arista formada por arcos carpaneles que soportan la tribuna, que se extiende por las tres naves del primer tramo. Los tres tramos se hayan separados entre ellos por sendos muros, por lo que el espacio central se asemeja más a un vestíbulo, que a un tramo de un templo. En cada una de las esquinas del muro de la fachada se adosan dos pequeñas pilas bautismales en piedra. En la nave central, adosado al tercer pilar del lado del Evangelio se encuentra el púlpito, obra barroca realizada en 1706 por el herrero Antonio Roldán en hierro forjado. Consta de dos cuerpos: basamento, formado por una estructura adosada al suelo y un vástago superior que se conecta con el segundo cuerpo. Ambos son de base cuadrada y están compuestos de cuatro balaustres en los ángulos y en los frentes con molduras que forman ochos y tallos estilizados que alternan con flores y hojas doradas. El segundo cuerpo se compone de una estructura de media esfera, a modo de peana que sostiene al cuerpo principal de forma octogonal dispuesto con antepecho de balaustres y la misma decoración de molduras, tallos y flores.
     El tornavoz que corona el púlpito es de época posterior. Se trata de una pieza de madera con forma octogonal, dispuesta con pináculos en sus vértices y rematado por una cruz. La capilla mayor o presbiterio es un espacio de planta rectangular cubierto por bóveda vaída. Presenta una ventana rectangular abocinada sobre la línea de imposta en el lado izquierdo, y como accesos tenemos la puerta que da paso a la sacristía, situada bajo la citada ventana y otro hueco que comunica con la Capilla del Sagrado corazón de Jesús. La zona del retablo se separa del altar mediante tres escalones.
     El retablo mayor neobarroco se encuentra inconcluso y es imitación de uno antiguo perteneciente al siglo XVIII, obra de Pedro Roldán. Aparece una verja de forja que delimita el presbiterio, del mismo material que las dos lámparas que cuelgan de los muros laterales, a media altura.
     Colindante a la capilla mayor, en la nave de la Epístola, se encuentra la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, antigua sacristía, que actualmente se ubica en el lado del Evangelio. Tiene planta cuadrada, con dos accesos, uno desde el presbiterio, y otro más amplio a la nave lateral a través de un arco de medio punto. Su altura se encuentra reducida a la mitad respecto el resto de las naves, quedando cubierta por bóveda sobre trompas, típicamente medieval, presumiblemente de lo más antiguo de la Iglesia.
     Una cancela de forja con decoración, marca la transición hacia el tramo lateral del crucero, éste de planta rectangular, se cubre mediante bóveda de crucería. El tercer tramo del lado de la Epístola está cubierto con bóveda de arista, al igual que los demás tramos hasta los pies. La portada lateral se abre tras un cancel de madera con decoración tallada de elementos geométricos. Dos pilas de agua bendita pétreas se sitúan en las esquinas de los pilares de este tramo.
     En el primer tramo del lado de la Epístola un vano de medio punto con reja metálica marca la división hacia el segundo tramo. En este habitáculo se encuentra como elemento más destacado la pila bautismal, y el acceso al coro. En el testero del lado del Evangelio se localiza el retablo de la Inmaculada Concepción, recompuesto con elementos del siglo XVIII.
     El tercer tramo es gemelo al de su lado opuesto, la portada lateral se abre tras un cancel de madera con decoración tallada de elementos geométricos y las pilas de agua bendita en los pilares. El segundo tramo acoge en el muro otro arco solio. El primer tramo lo ocupa una capilla dedicada a albergar la imaginería de la parroquia, cubierto con bóveda de arista pintada imitando sillares.
     La tribuna ocupa todo el primer tramo de las tres naves, presenta una balaustrada de piedra con pináculos decorativos.
     Todo el interior del templo está encalado en blanco, aun-que se remarcan con un tono grisáceo la línea de imposta y el basamento de los pilares y pilastras, extendiéndose en el caso del primero por todo el interior del perímetro de los muros, así como las líneas maestras de las bóvedas de crucería y de la cúpula central, remarcando su trazado de casetones. El templo se ilumina mediante ventanas rectangulares en cada tramo, en ambos lados. Además sobre la tribuna del primer tramo se abren tres óculos, uno par cada nave, ligeramente mayor en tamaño el central, y situado a mayor altura que los laterales.
     La disposición de las naves a la misma altura se traduce exteriormente en un volumen rotundo y compacto, con un marcado aspecto cúbico. Las cubiertas son planas, la notable entidad que adquieren los contrafuertes rectangulares en detrimento de los muros y el vuelo que presenta la cornisa, redundan en este aspecto volumétrico, subrayando y demarcando las líneas horizontales y verticales. De este modo el templo visto en el conjunto del caserío emerge como un gran bloque cúbico solamente animado por la torre y por la cúpula del crucero que se trasdosa al exterior. El alzado principal, el del lado oeste, donde se sitúa la portada principal, es de estructura rectangular, se divide en tres paños separados por contrafuertes de gran desarrollo, al igual que todo el perímetro del templo. Tres óculos con un ligero abocinamiento se abren en la zona alta de cada uno de los tramos, resultando algo mayor el del centro. Una cornisa de considerable vuelo remata la fachada, continuándose del mismo modo por todo el exterior del inmueble. Se disponen taludes entre los contrafuertes que contribuyen a afianzar la estructura.
     La portada principal se halla adelantada del resto de la fachada mediante una estructura acornisada en forma de alfiz en la que se aloja un arco conopial abocinado. El estilo se corresponde con el gótico final, y más concretamente al llamado estilo Reyes Católicos o Isabel. Pero lo realmente importante es la diferencia de estilo de la portada con respecto al edificio. Esta portada fue reaprovechada del primitivo templo gótico, trasladándola varios metros hasta al nuevo emplazamiento con motivo de la profunda reforma que sufrió el templo en el siglo XVII.
     El alzado sur se compone de cinco tramos, los tres primeros de igual tamaño, y los dos siguientes mayores, distinguiéndose el último por su disposición adelantada. En cada uno de los tramos se abre una ventana rectangular ligeramente abocinada, excepto en el último tramo, que son dos, dispuestos a eje.
     La portada lateral de este lado del Evangelio se sitúa en un paramento de muro del tercer tramo ligeramente adelantado del resto, pero sin llegar al nivel de los contrafuertes, bajo un arco escarzado. Se trata de una portada de tipo clasicista de elegantes proporciones que aún conserva restos de policromía que contrastan entre tonos rojizos y amarillos, según las zonas. Su vano es adintelado flanqueado por columnas toscanas de esbeltas proporciones y marcado éntasis sobre pedestal. Un entablamento decorado con placas rectangulares se adelanta hacia el espacio exterior en la continuación de las columnas, al igual que el frontón muy desarrollado, que se retrasa en la zona correspondiente a la puerta y que se decora con tiras de pequeños canes tanto interior como exteriormente. Tres pináculos moldurados completan su composición. Este alzado norte es similar al sur excepto en la cabecera, donde se sitúan las dependencias parroquiales hasta la mitad de la altura del muro, donde se abren dos pequeñas ventanas del mismo tipo que las demás. El cuarto tramo, contiguo a las dependencias parroquiales, presenta una ventana rectangular, pero más estrecha que las demás. En el tercer tramo, al igual que el lado sur, se abre la portada lateral, del mismo modo situada bajo arco escarzano. La disposición y los elementos son similares a las del lado opuesto, con ligeras diferencias como la ausencia del merlón decorativo en la clave del dintel y en el entablamento. La policromía se ha perdido casi totalmente. Ambas portadas laterales presentan sendas inscripciones, hoy difícilmente legibles.
     El aspecto de la cabecera es irregular debido al perfil escalonado en planta y a las diferentes alturas que presentan los diferentes volúmenes, así como por el particular emplazamiento de la torre.
     La torre situada tras el testero, en el ángulo que forma el presbiterio y la antigua sacristía, sobresale del perímetro del templo hacía el este. La torre consta de cuatro cuerpos. El primero bajo, a modo de basamento y más ancho que el resto, alcanza hasta la línea de cornisa del templo y presenta dos pequeñas aberturas en el flanco este, rectangulares y abocinadas. Un segundo cuerpo, que se podría denominar caña, en la que se encuentra una pequeña ventana en el mismo lado que las anteriores y el reloj hacia el norte. El cuerpo de campanas forma el tercer cuerpo, separado del anterior por una cornisa, consta de cuatro pilastras dóricas con tiras cerámicas azules dispuestas verticalmente, asimilando pilastras acanaladas que dejan tres tramos, teniendo el tramo central un hueco en forma de arco de medio punto que alberga las campanas, y en los dos tramos laterales aparecen tres rectángulos rehundidos. El último cuerpo comienza con un banco corrido por todo el perímetro, con rombos cerámicos decorados en damero blanco y azul, y rematado en las esquinas con jarrones cerámicos. El tambor es octogonal, presentando en cada una de las caras un rombo de mayor tamaño que los anteriores y de iguales características. El chapitel está recubierto por cerámica azul y blanca dispuesta en damero. Remata este cuerpo una veleta y una cruz.
     En la cabecera junto a la torre se sitúan las dependencias parroquiales, ocupando el ángulo entre la torre, la capilla mayor y el crucero, de estilo y configuración diferenciada. La altura que alcanza las dependencias parroquiales es aproximadamente la mitad que el resto de la obra y se remata por un par de cornisas. Presenta una puerta situada en alto respecto al nivel de la calle, además de dos ventanas rectangulares. Esta zona conserva restos de policromía en tono rojizo y amarillo. Desde la sacristía se accede a la sala que se ubica en la segunda planta sobre la capilla del Sagrado Corazón de Jesús, espacio dedicado a las reuniones de las hermandades que desde el exterior parece un pequeño anexo que salva igual-mente el ángulo y completa el perfil irregular y achaflanado de la cabecera parroquial.
     El tipo de cubrición empleado en la Iglesia es de tipo aterrazado o plano. La cúpula central del templo está trasdosada al exterior, con cubierta de teja destacando como elemento sobresaliente. La cúpula que cubre el espacio superior a la capilla del Sagrado Corazón de Jesús también se trasdosa, aunque en menor medida que la central y sin tejas. El material utilizado en la construcción del templo es el mampuesto con ripios de diferentes tamaños y materiales que conforman la mayor parte de los paramentos, aunque también aparece de forma abundante el ladrillo, principalmente en las esquinas, a modo de refuerzo y en hiladas horizontales, que al mismo tiempo cumplen una función estética.
     La Iglesia es fruto de varias etapas constructivas que se prolongan en el tiempo durante más de tres siglos para dar lugar finalmente al templo actual. Las referencias de la parroquia de Calañas parten de la Edad Media, aunque el templo más antiguo del que tenemos noticia pertenece al gótico tardío, en torno al 1500, del que se conservan hoy día la portada de los pies, las dos bóvedas de crucería gótica del último tramo de las naves laterales y la antigua sacristía, hoy capilla del Sagrado Corazón. En el siglo XVI se apuntan intervenciones en la cúpula central y la torre. El siglo XVII supone la fase principal constructiva del templo, adquiriendo su aspecto actual en sus elementos fundamentales por medio de varias etapas constructivas, destacando la correspondiente a las dos últimas décadas del siglo XVII, momento en el que se amplía la Iglesia en una extensión de casi el doble de su anterior longitud, conservando la misma anchura de las tres naves así como la altura del crucero, dotándola de este modo de una entidad considerable. En el siglo XVIII la principal aportación al templo será la ejecución de las portadas laterales. El estilo que predomina es el barroco, en su versión de tipo clasicista, aunque se atempera con rasgos de otros momentos, como en el caso de la portada gótico-mudéjar perteneciente al templo anterior, estilo en el que debemos situar igualmente la antigua sacristía, hoy capilla del Sagrado Corazón de Jesús y las bóvedas laterales del crucero. El estilo de la cúpula central deriva de modelos renacentistas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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lunes, 13 de diciembre de 2021

Un paseo por la calle Santa Lucía

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Lucía, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 13 de diciembre, Memoria de Santa Lucía, virgen y mártir, la cual, mientras vivió, conservó encendida la lámpara esperando al Esposo, y llevada al martirio en Siracusa, ciudad de Sicilia, en Italia, mereció entrar con Él a las bodas y poseer la luz indefectible (303/304) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y qué mejor día, que hoy para Explicarte la calle Santa Lucía, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Santa Lucía es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Sol, y Madre Isabel de la Trinidad, a la confluencia de la plaza del Pelícano, con la calle Enladrillada.  
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 
     En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
   La vía, en este caso una calle, está dedicada a la Iglesia de Santa Lucía, que se encuentra en la propia calle.
     Desde 1349 hay referencias a la denominación de la primera parte de esta calle como plaza de Santa Lucía, por situarse allí la iglesia de igual denominación; en cambio, el segundo tramo figura como plaza de la Puerta del Sol en el plano de Olavide (1771) y como plaza del Beaterio después, por el de la Santísima Trinidad allí establecido en 1729; en 1845 se unifican ambos espacios bajo la denominación que hoy conserva. Posee un trazado muy irregular, formado por cinco tramos en ángulo, que además no siempre son paralelos en ambas aceras y permite la formación de un espacio abierto, la primitiva plaza, frontero y lateral a la iglesia. En 1574 fue colocada una fuente pública para el abastecimiento de los vecinos frente a la iglesia; son frecuentes las noticias relativas a su reparación y a la indigencia que padecen los usuarios: "más seca que un esparto", decía El Liberal que se encontraba en junio de 1857; hasta 1914 llegan las referencias a su existencia. En 1649 se colocó una cruz de hierro con peana de ladrillo en la plaza, en recuerdo de los allí sepultados tras la peste padecida en dicho año; en 1823 el párroco de Santa Lucía solicitó el traslado de la cruz al interior de la iglesia, por "los continuos insultos que recibía". Actualmente ofrece un aspecto descuidado y sucio, particularmente en el espacio frontero a la iglesia, que se encuentra sin pavimentar, salvo la franja de acceso a ésta; la calzada está asfaltada y las aceras son de cemento extendido directamente. Se ilumina con farolas con brazos de fundición adosados a las fachadas. 
   Es probable que en sus orígenes la iglesia de Santa Lucía estuviera exenta, a juzgar por las continuas referencias a lo largo del s. XVIII y primer tercio del XIX, a la existencia de un callejón (del que vecinos de la iglesia solicitan sitio para labrar o piden que se cierre), hoy inexistente como consecuencia de ocupaciones sucesivas. La iglesia se levanta sobre la que pudo ser mezquita musulmana y fue construida en el s. XIV. En 1868 fue incautada por el Estado y en ese mismo año la Tertulia Democrática de "artesanos honrados", que se reunía hasta entonces en Juz­gado 11, solicitó al Ayuntamiento que  le cediera su uso; posteriormente pasó a propiedad privada, y desde entonces ha soportado distintos usos hasta llegar a un estado de abandono total y ruina, sufriendo en 1930 la pérdida de su portada original, que fue trasladada a la iglesia de Santa Catalina; actualmente está siendo restaurada. En el núm. 2 se encuentra el Beaterio de la Santísima Trinidad, establecido allí, como ya se ha indicado, desde 1729; fue fundado para dar acogida y educación a niñas pobres y huérfanas a las que se les enseñaba "la doctrina cristiana, leer, escribir y coser medias", y en palabras también de González de León: "De ella salen ejemplares religiosas cuando se admitían; y salen excelentes y virtuosas esposas; y fieles y activas sirvientas" (Noticia artística...).  
     En la edificación predomi­nan los bloques de viviendas de nueva planta y cuatro alturas, que han venido a sustituir el caserío tradicional, muy degradado; con todo, se conservan algunas casas de escaleras de tres y cuatro plantas, y en el núm. 5 una muy modesta y de una sola planta, casa natal de Sor Angela de la Cruz, hoy ocupada por las Hermanas de la Cruz, y que con toda seguridad debe a ello su conservación. Registra una cierta actividad comercial; son de destacar los locales relacionados con reparaciones de automóviles y ciclomotores y un almacén de pinturas. A principios de siglo se levantaba  una Cruz de Mayo en la casa núm. 11 [Josefina Cruz Villalón en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Lucía, virgen y mártir;
   Virgen de Siracusa que habría sido martirizada en 304, en tiempos de Diocleciano.
   Según la leyenda, con su madre Eutiquia emprendió una peregrinación a Catania, a la tumba de santa Águeda. Después de la curación de su madre, Lucía distribuyó toda su fortuna entre los pobres.
   Denunciada como cristiana por su novio pagano, el cónsul Pascasio, fue condenada a permanecer en el prostíbulo (ad leones), pero un potente tiro de cuatro bueyes no consiguió hacerla avanzar ni un paso hacia allí. Es lo que evoca un himno donde se califica a la santa  de  «columna inamovible».
   Columna es immobilis, 
   Lucia sponsa Christi.
   El cónsul pidió ayuda a los magos. Lucía fue asperjada con orina hirviente que se consideraba apta para destruir los maleficios. Los verdugos le echaron plomo fundido en las orejas, le arrancaron los dientes y los pechos. Se levantó una hoguera a su alrededor; pero las llamas la respetaron, y para acabar con ella debieron cortarle el cuello.
   Según otra versión, ella misma se habría arrancado los ojos y los habría enviado a su novio sobre una bandeja; pero la Santísima Virgen le habría hecho nacer otros ojos aún más bellos (occhi belli, lucenti).
   Esta leyenda se apoya en la etimología popular de su nombre, Lucia, cuya raíz está vinculada con la palabra luz (lux) (Lucia a luce, Lucia quasi lucis via).
   Los dos ojos que le servían de atributo no eran los suyos, sino, por decirlo así, eran armas parlantes. Se trata de un despropósito iconográfico que ha engendrado la leyenda de los ojos arrancados.
CULTO
   Desde Siracusa, Sicilia, cuya catedral está puesta bajo su advocación, el culto de la santa se difundió en todo el territorio italiano: Nápoles, Roma, Milán y hasta Venecia.
   En Nápoles, donde cuatro iglesias están puestas bajo su advocación, es casi tan popular como san Jenaro. El nombre de santa Lucía suena constantemente en las barcarolas napolitanas. Las iglesias de Santa Lucía del Mare, y Santa Lucía del Monte pretenden  poseer, cada una, uno de los dientes de la santa, la catedral de Milán su cabellera, la iglesia de Santa Lucía de Padua un  trozo de una costilla y un mechón de pelo... pretensiones irreconciliables con la de los venecianos que creen poseer el cuerpo íntegro de la santa siciliana.
   Francia no fue menos devota a santa Lucía. En la abadía de Saint Riquier cerca de Abbeville, se veneraban sus reliquias.
   Pero el centro principal del culto de la santa era la abadía de Saint Vincent, en Metz, que se jactaba de haber recibido el cuerpo de la santa en el año 970. Desde Metz, el culto de santa Lucía se difundió en la Alemania renana, donde desplazó al culto de su competidora alsaciana, santa Odila. Teodorico, obispo de Metz, cedió el brazo de la santa a la catedral de Espira.
   Amberes, en Flandes, recibió del papa Chigi (Alejandro  VII), un fragmento de su mandíbula. En España, el culto de la santa está probado en la ciudad de Sevilla.­
   La razón principal de la popularidad de santa Lucía es que se la considera curadora de las enfermedades oculares, las oftalmias y  la ceguera .
   En Suecia, el día de su fiesta (13 de diciembre), una joven casadera entra en cada casa con una corona de cirios encendidos en la cabeza, símbolo del fin de los días oscuros y del próximo retorno de la claridad.
   En cambio en Sicilia es invocada por las mujeres que desean que sus maridos se vuelvan ciegos con el objeto de poder engañarlos con más facilidad. Como muchas santas, Lucía ha heredado facultades de divinidades paganas. 
   En Alemania ha suplantado a la diosa germánica Berchta, la brillante, llamada la hilandera. De ahí que se convirtiera  en patrona de los tejedores.
ICONOGRAFÍA
 
   Sus atributos más frecuentes son dos ojos que suele presentar sobre una bandeja o en el fondo de una copa. No obstante, a veces lleva sus ojos en la palma de la mano, como flores, en el extremo de un tallo, en la punta de un puñal o clavados en un pincho. En un cuadro de Baroccio (Louvre) un ángel es quien sostiene la bandeja con los ojos. Sean cuales fueren estas variantes, todas ellas significan que se la invoca para las enfermedades oculares.
   Este atributo puede hacer que se la confunda con la alsaciana santa Odila, si ésta última no presentase su par de ojos sobre la placa de encuadernación de un libro.
   La santa pisotea un buey, alusión a los bueyes que no pudieron arrastrarla hasta el prostíbulo.
   Además, se la reconoce por la espada o un puñal que le atraviesa la garganta, instrumentos de su martirio. De la herida de su cuello irradian rayos de luz. Las llamas de sus pies, la lámpara encendida o el cirio que lleva en la mano, deben interpretarse como armas parlantes, al igual que el fondo estrellado sobre el cual se destaca (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Lucía, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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La calle Santa Lucía, al detalle:
Beaterio de la Santísima Trinidad
Edificio de la calle Santa Lucía, 11

domingo, 12 de septiembre de 2021

La imagen "María Santísima del Dulce Nombre", anónima, en la Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima del Dulce Nombre", anónima, en la Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad, de Sevilla.       
     Hoy, 12 de septiembre, se conmemora el Dulcísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María. En este día se recuerda el inefable amor de la Madre de Dios hacia su santísimo Hijo, y su figura de Madre del Redentor es propuesta a los fieles para su veneración [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen "María Santísima del Dulce Nombre", anónima, en la Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad, de Sevilla.
     La Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad se encuentra en la calle Madre Isabel de la Trinidad, 2; en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo.
   María Santísima del Dulce Nombre es una imagen de candelero para vestir en pasta y madera policromadas. Mide 1,63 m. de alto. Obra anónima sevillana. Primer tercio del siglo XVII.
   Es la antigua Dolorosa de la Hermandad de la Bofetá. Por tanto, en 1809, fue trasladada desde la hospitalidad de niñas huérfanas de la Magdalena a la iglesia del Beaterio de la Santísima T1inidad. Reorganizada la Cofradía en 1919 volvió a procesionar en la Semana Santa de Sevilla desde 1920 a 1923. Precisamente, en 1922, estacionó bajo el palio de terciopelo azul bordado en oro por Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Al año siguiente estrenó el manto bordado sobre el mismo tejido por el referido artista. Y, en 1924, fue sustituida por la nueva Dolorosa de Castillo Lastrucci. Razón por la que la efigie que analizamos volvió al Beaterio de la Trinidad.
   La imagen, muy manipulada a través del tiempo, presenta totalmente alteradas todas sus características morfológicas. Su aspecto amuñecado se debe al burdo repinte de la mascarilla de tonos pálidos con mejillas rosadas. Los ojos de cristal aparecen torpemente hundidos en las cuencas orbitales. Las cejas, de trazado rectilíneo, no siguen el ritmo de la talla. Los labios entreabiertos dejan ver los dientes superiores. La barbilla prominente y la papada configuran un óvalo redondeado. Y por detrás de los pabellones auditivos descienden sendas guedejas de cabello.
   Las manos, bien resueltas, ostentan anchos empeines y dedos suavemente flexio­nados para portar, como es usual en las Dolorosas sevillanas, el rosario y el pañuelo. Están trabajadas en madera con carnaciones aporcelanadas. Viste saya de terciopelo morado con encajes dorados, dispuestos en bandas paralelas al gusto romántico, manto de brocatel negro y oro, y tocado de encaje. Sobre su testa hay un resplandor de plata (Juan Miguel González Gómez, y José María Morillas Alcázar. El Beaterio de la Trinidad de Sevilla. Estudio de su patrimonio histórico-artístico. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1993).
   En uno de los retablos de la Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad podemos contemplar la efigie de María Santísima del Dulce Nombre, dolorosa de candelero, obra anónima sevillana del primer tercio del siglo XVII, que fue la antigua titular de la cofradía de la Bofetada que dieron a Nuestro Señor Divino Redentor y del Santísimo Cristo del Mayor Dolor. Al reorganizarse en nuestro siglo, volvió a salir el año 1920 bajo palio, lo cual se repite hasta 1923. Pero como la efigie era de tamaño algo inferior a lo acostumbrado, se encargó nueva titular a Castillo Lastrucci. Entonces, desde la Parroquia de San Román (sede de la cofradía durante esta etapa de su resurgimiento) fue devuelta a su primitiva sede del Beaterio Trinitario, cuyas religiosas la conservan con todo cariño. Mide 1,60 ó 1,63 m. de alto. La mascarilla, modelada en pasta y con ojos de cristal deficientemente colocados, ha sido objeto de burdos repintes, que la desmejoran muchísimo, en cambio, las manos, talladas en madera, ofrecen bastante mejor factura (Juan Martínez Alcaide. Sevilla Mariana, repertorio iconográfico. Ediciones Guadalquivir, Sevilla. 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Dulce Nombre de la Bienaventurada Virgen María;
Los nombres de la Virgen
   Los vocablos que se emplean para invocar a la Virgen María son tan numerosos como los que designan a Cristo. Los más difundidos son María, Madre de Dios, Virgen Santa, Nuestra  Señora.
1. María
   María es la transcripción latina del nombre hebreo Miriam (Mariam), que significa "gorda" y en consecuencia «bella» (speciosa), de acuerdo al ideal de belleza de los judíos y de los orientales en general.
   Ese nombre, impuesto a la Virgen quince días después de su nacimiento, como era la costumbre con las mujeres, fue elegido en homenaje a la hermana de Moisés, la única mujer llamada así en el Antiguo Testamento.
   El nombre de pila provenzal Mireille, forjado por el poeta Mistral, nada tiene en común con Miriam o María.
   En la mayoría de las naciones cristianas María, cuyo patronazgo se consideraba más poderoso que el de cualquier otra santa, es el nombre de pila femenino más usual. Se le da no sólo a las mujeres sino también a los hombres, asociado con otro nombre masculino (vgr. José María, Juan María). No obstante, en dos países muy católicos, España y Polonia, estaba prohibido emplearlo porque se consideraba tabú al igual que el de Jesús.
   Por eso, el nombre María fue reemplazado en España por alusiones indirectas a sus fiestas y a las órdenes que le están consagradas. Esos sustitutos reverenciales son muy numerosos: Concepción, cuyo diminutivo es Concha, recuerda a la Inmaculada Concepción; Dolores o más familiarmente Lola, a los siete Dolores de la Virgen; Asunción alude a la asunción de la Virgen; Carmen y Mercedes son homenajes a las órdenes del Carmelo y de La Merced, que se consagraban especialmente a Nuestra Señora; el nombre Pilar conmemora la devoción a la célebre virgen del Pilar de Zaragoza. Todos esos nombres de pila femeninos se sobreentienden sin que se deba pronunciar el santo nombre de María, oculto pero presente, como la hostia en el tabernáculo, y en verdad significan María del Carmen, de las Mercedes, de los Dolores, del Pilar. Agreguemos que Soledad recuerda a la Virgen de la Soledad, Rosario la devoción del Rosario, Consuelo a la Virgen de la Consolación.
   Lo mismo ocurrió en Polonia, donde por reverencia  a la Santísima Virgen, estaba prohibido dar a las niñas el nombre María. Cuando el rey Ladislao IV se casó con María Luisa de Nevers, en el contrato matrimonial estipuló que su esposa renunciaría a su primer nombre que resultaba chocante para los polacos, y que sólo conservaría el segundo, Luisa.
   El nombre María es frecuente en la onomástica geográfica o toponimia. En Francia numerosas localidades se llaman Dammarie Donnemarie (Domina Marie). En Alemania, además de las formas habituales: Marienburg, Marienwerder que son legión, también se encuentran casos en que Marien se disimula bajo las formas Märgen, Mergen. Por ejemplo en Mergentheim, o más simplemente Mar en Markirch, transcripción alemana de Santa María de las Minas, en Alsacia.
   Los Padres de la Iglesia y los teólogos de la Edad Media, muy apasionados con las etimologías fantásticas (porque entonces la etimología no era más que una forma del juego de palabras), emplearon su ingenio para adivinar el origen del nom­bre María.
   La mayoría de ellos pensó, naturalmente, en la palabra latina mare, mar. Para san Anselmo, María significa señora o soberana de la mar (Domina maris). Según san Jerónimo y san Bernardo, sería la estrella del mar (Stella Maris); el vocablo hebreo Miriam o Mariam se dejaría interpretar más bien como Stilla maris, gota del mar (iam: mar en hebreo).
   Otros han buscado conexiones, igualmente infundadas, con mirra, perfume de oriente que servía para embalsamar a los muertos y volver incorruptibles sus cuerpos.
   Los teólogos no se contentaron con estas fantasías etimológicas. Con las cinco letras combinadas del nombre María compusieron letanías o laudes en forma de acrósticos, en honor de la Santa Virgen.
   Gracias a ese sistema de prestidigitación verbal, muy del gusto de la Edad Media, pueden extraerse de las letras de María tomadas como iniciales, por ejemplo los nom­bres de sus cinco prefiguraciones del Antiguo Testamento: Mirian, la hermana de Moisés que cantó la liberación del pueblo hebreo después del paso del mar Rojo; Ana, madre de Samuel que consagró su hijo al Señor; Raquel, que lloró a sus hijos; Judit, que liberó su nación  decapitando  a Holofernes;  Abigail,  que supo aplacar la cólera del rey David.
   Con esas mismas letras, san Buenaventura divide un rosario de alabanzas de la Virgen a la que saluda con los títulos mediatrix, auxiliatrix, reparatrix, illuminatrix, advocata.
   Otros se ingenian para extraer nombres de flores: margarita, ancolía, rosa, eglantina.
   Finalmente, el dominico Pedro de Udine compuso con las letras del nombre María un brillante ramo de piedras preciosas: margarita (perla), adamas (diamante), rubinus (rubí), iaspus (jaspe), amethistus (amatista).
2. La Madre de Dios
   Con frecuencia María es invocada con el nombre de Madre de Dios. Los griegos la llamaban Theotokos, los latinos Mater Dei, Deipara, Dei Genetrix. En francés arcaico se deáa La Mère-Dieu, que corresponde al latín Mater Dei, con Dios en genitivo como en La Chaise-Dieu (Casa Dei), Hotel-Dieu (Hospitium Dei). En italiano Madre di Dio, en castellano Madre de Dios, corresponden al inglés Godmother, al alemán Muttergottes, Gottesgebärerin, al polaco Matka Boska. La transcripción rusa de Theotokos es Bogomater o Bogoroditsa.
3. La Santísima Virgen
   Esta  tercera  denominación  está representada en griego por Parthenos o Panagia (la santísima), en latín por Sanctissima Virgo. Los italianos dicen Maria Vergine, los españoles La Santísima Virgen, los ingleses The Blessed Virgin, los alemanes Die heilige Jungfrau, los holandeses De Heilige Maagd, los rusos Presviataia Deva.
4. Nuestra Señora
   La Edad Media tomó al fin el bello nombre de Nuestra Señora del lenguaje caballeresco. Con él, todos los cristianos se reconocían como vasallos de la Madre de Cristo. Esta denominación fue popularizada por san Bernardo y la orden del Cister. Bajo ese nombre (Notre Dame) están todas las iglesias de Francia consagradas a la Virgen.
   Todas las lenguas han adoptado esa expresión de homenaje que en italiano se convirtió en Nostra Signora, en castellano Nuestra Señora, en inglés Our Blessed Lady, en alemán Unsere Liebe Frau, en holandés Onze Lieve Vrouw, en danés Vor Frue. En Alemania se llama Liebfrauenkirchen a las iglesias dedicadas a Nuestra  Señora.
5. La Madona
   Es necesario subrayar, no obstante, la preferencia de los italianos por Madonna (Mi Señora, o Mi Dama), que pasó al francés en el siglo XVII, hacia 1640, bajo la forma Madone. La fortuna de esa breve y armoniosa expresión ha sido tal que en la época moderna casi ha suplantado a Notre  Dame.
   Esta lista no agota el onomástico de la Virgen María que también es invocada con otros nombres. Los bizantinos le dedicaron iglesias bajo los títulos de Panagia, Hodigitria, Nikopoia e incluso Pantanassa (la Virgen Reina, la Reina de las Reinas). Peribleptos (La Brillante), se encuentra en la advocación  de dos iglesias de Mistra, en  el Peloponeso (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Solemnidad del Dulce Nombre de la Bienaventurada Virgen María;
   La propagación de la devoción al Santísimo Nombre de Jesús por parte de dominicos, con las Hermandades del Dulce Nombre, y de franciscanos en sus predicaciones populares, tales como las de San Bernardino de Siena, abrió naturalmente el camino para una conmemoración similar del Santo Nombre de María. Fiesta de origen ibérico, fue aprobada con Oficio propio por Julio II della Rovere en 1513 para la Diócesis de Cuenca, y señalada el quince de septiembre, Octava de la Natividad. Suprimida en la reforma litúrgica de San Pío V Ghislieri, por decreto de Sixto V Peretti de dieciséis de enero de 1587, fue rehabilitada y trasladada al diecisiete de septiembre. En 1622 fue extendida a la Archidiócesis de Toledo por Gregorio XV Ludovisi. Aunque después de 1625 la Congregación de los Ritos titubeó durante un tiempo conceder más extensiones de la fiesta, sabemos que era celebrada por los trinitarios españoles en 1640 y que fue concedida a Austria como doble de segunda clase el uno de agosto de 1654. En 1666 los Carmelitas Descalzos recibieron la facultad de recitar el Oficio del Nombre de María cuatro veces al año con la categoría de doble. Finalmente, fue concedida a toda España, al Reino de Nápoles y al Milanesado el veintiséis de enero de 1671.  Inocencio XI Odescalchi la introdujo en el calendario general de la Iglesia Latina con la categoría litúrgica de duplex majus por decreto del veinticinco de noviembre de l683 tras la victoria de Viena sobre los turcos por las fuerzas de Juan Sobieski, rey de Polonia, y la asignó al domingo después de la Natividad de María. De acuerdo al decreto del ocho de julio de 1908, cuando la fiesta no pudiera ser celebrada en su propio domingo porque éste lo ocupara una fiesta de mayor jerarquía, debería trasladarse al doce de septiembre, el día aniversario de la victoria de Sobieski, fecha en que fue fijada en la reforma del calendario de San Pío X Sarto de 1911. Aunque esta fiesta fue suprimida en el Misal Romano de 1969, se repuso en la edición del año 2002, bajo San Juan Pablo II Wojtyla, entre las memorias libres marianas. 
   La oración colecta de la misa es la siguiente: “Concédenos, Dios omnipotente, que el glorioso nombre de la bienaventurada Virgen María que ahora celebramos, nos obtenga los beneficios de tu misericordia”. La superoblata: “Por la intercesión de la siempre Virgen María, te pedimos, Señor, que aceptes estos dones que te presentamos, y nos transformes a quienes veneramos tu Santo Nombre”. La postcomunión: “Concédenos, Padre, alcanzar la gracia de tu bendición por intercesión de María, la Madre de Dios, para que, quienes hemos celebrado su nombre venerable obtengamos su auxilio en todas nuestras necesidades” (Ramón de la Campa Carmona, Las Fiestas de la Virgen en el año litúrgico católico, Regina Mater Misericordiae. Estudios Históricos, Artísticos y Antropológicos de Advocaciones Marianas. Córdoba, 2016).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "María Santísima del Dulce Nombre", anónima, en la Iglesia del Beaterio de la Santísima Trinidad, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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