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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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jueves, 28 de mayo de 2026

Un paseo por la calle Gamazo

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gamazo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 28 de mayo, es el aniversario del nacimiento (28 de mayo de 1840) de Germán Gamazo Calvo, político liberal a quien está dedicada esta calle, de ahí que hoy sea el mejor día para ExplicArte la calle Gamazo, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La calle Gamazo es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio del Arenal, en el Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de las calles Joaquín Guichot, Zaragoza, y Jimios, a la calle Castelar.
   La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     El actual espacio de la calle recibió en el pasado diferentes nombres: el primer tramo (entre Zaragoza y Padre Marchena) se conocía, al menos desde comienzos del s. XVIII, como Arquillo de Atocha y Atocha, indistintamente, por el arco allí existente, con un retablo dedicado a la Virgen de ese nombre y construido a comienzos del siglo; el segundo tramo (entre Padre Marchena y Castelar) fue llamado desde su apertura en el s. XVIII con el nombre de Compás de la Laguna, por hallarse en una de las entradas de la Calle del mismo nombre (v. Castelar). En realidad ese topónimo, juntamente con el de Compás de la Mancebía, designaba des­de época medieval a toda una zona urbana lindante con la muralla y caracterizada por su marginalidad social (prostitutas, tahúres, ladrones...). De ella formaba parte también la actual plaza de Molviedro (v.), que era el acceso norte al barrio. En 1869 el nombre de Atocha se hizo extensivo a toda la calle, para desaparecer en 1875 sustituido de nuevo por Compás de la Laguna, esta vez aplicado a todo el espacio actual. En 1910 se rotuló Gamazo, en homenaje al jurista y político liberal German Gamazo y Calvo (1828-1901). En 1935 se acuerda ampliar el rótulo a Germán Gamazo, lo que fue revocado en 1949, en que volvió al actual. Al parecer, la calle fue conocida en el pasado con otros nombres no suficientemente documentados, tales como plaza de las Mancebías, por ser una zona de prostitución, Sitio de la Botas, cuyo origen se ignora, y pla­zuela de los Leones o Leoncillos, en la parte contigua a la actual Joaquín Guichot.
     La configuración actual de Gamazo, como la de toda la zona de la Laguna y la Man­cebía, es el resultado de la importante remodelación urbanística llevada a cabo a mediados del s. XVIII por el asistente marqués de Monterreal y el arquitecto Prudencio de Molviedro, tras la demolición de buena parte del caserío. La calle discurre formando una S no muy pronunciada; es más ancha en su tramo inicial, y algo más estrecha en su parte central. Desembocan en ella, por la derecha, Padre Marchena y por la izquierda Mariano de Cavia. Hasta mediados del s. XIX era más estrecha y sinuosa de lo que es hoy. A la altura aproximada de Mariano de Cavia debía estar el arquillo de Atocha, "bajo y robusto", al decir de González de León, y que probablemente servía de entrada a las antiguas boticas o casas de prostitución de la Mancebía. Fue derribado en 1839, fecha en la que todavía existía en una de las casas un nicho con una cruz, posteriormente desaparecido. A mediados del s. XIX se llevan a cabo los derribos y rectificaciones de líneas que ensanchan sobre todo el tramo inicial de la calle, en el cruce con Jimios y Zaragoza. Empedrada en 1828 y adoquinada en 1881, actualmente posee pavimento asfáltico con aceras de losetas. En 1921 se sustituyó el viejo alumbrado de gas por el eléctrico. Hoy se ilumina con farolas sobre brazos de fundición adosados a las fachadas.
     Gamazo es una de las calles del centro histórico sevillano que mejor conserva su caserío tradicional, integrado en su mayor parte por viviendas de la primera mitad del s. XX, de dos y tres plantas, algunas con her­mosos cierros a la calle, cancela y patio. Destaca la núm. 24, del s. XVIII y fachada con pilastras toscanas, y la núm 30, esquina a Castelar, obra regionalista, de estilo neobarroco, del arquitecto Juan José López Sáez (1930-34), hoy sede de un organismo del Ministerio de Agricultura. La función de este espacio es conjuntamente residencial y comercial. En el primer tramo abundan los bares, restaurantes y pequeños negocios de comestibles. Ello le da cierto movimiento. En la parte final, más tranquila, hay varios establecimientos hoteleros ubicados en casas tradicionales, que muestran la peculiar estampa de los viejos hoteles sevillanos (patio, cancela, plantas, muebles...). La relativa modernidad de la calle no ha propiciado mucha información sobre usos y funciones de la misma desde el s. XVIII en adelante. Sin embargo, las noticias anteriores a esa fecha son abundantes y sabrosas, aunque haya que aplicarlas a toda la zona de la Mancebía y no específicamente a Gamazo. Desde la época medieval fue este lugar, próximo al puerto, punto de reunión de delincuentes, marginados y prostitutas, y constituía una especie de ghueto constantemente vigilado y controlado por la autoridad, que ya en el s. XV había ordenado colocar puertas de entrada para que quedase convenientemente aislado del resto de la ciudad.
     En un arancel del almojarifazgo de 1361 se dice que "manda nuestro señor el rey e tiene por bien que ninguna muger casas nin taverrnero ni mesonero ni otra persona ninguna de cualquier estado o condición que sean que no sean osados de morar en la Mançebía entre las mugeres mundarias nin les vendan pan ni vino ni otras viandas algunas; ni les alquilen ropa para dormir ni para vestir... ni las acojan en sus casas de noche ni de día...". Fueron muchos los escritores que se hicieron eco de la actividad picaresca y hampona de esta zona del Compás de la Mancebía en la época áurea, cuando Sevilla vivía su más alto desarrollo comercial y económico. Así Cervantes, que la recoge en varios textos (El rufián dichoso, Viaje al Parnaso, Rinconete y Cortadillo), cita en el Quijote el barrio del Compás como uno de los grandes enclaves de la picaresca española: "Y que él (el ventero) ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a aquel honrroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo, buscando ,aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playas de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay en casi toda España". Tras la reforma del s. XVIII, la fisonomía de la zona cambió radicalmente y también sus habitantes y funciones, convirtiéndose en un lugar más saneado, libre de la insalubridad de lagunas y husillos (v. Castelar). La prostitución se trasladó a otros puntos de la ciudad [Rogelio Reyes Cano, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Gamazo, 24. Casa del siglo XVIII, de tres plantas, cuya fachada está enmarcada por pilastras toscanas. La portada va resaltada sobre medias pilastras, también toscanas [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía de Germán Gamazo Calvo, a quien está dedicada esta vía;
     Germán Gamazo Calvo. (Boecillo, Valladolid, 28 de mayo de 1840 – Madrid, 22 de noviembre de 1901). Político liberal.
     Nació en una familia acomodada, pues, si bien su padre había ocupado la plaza de maestro en el propio Boecillo, tras su vinculación matrimonial con la familia Calvo, perteneciente a la elite local, se convirtió sucesivamente en secretario del Ayuntamiento y en alcalde de aquella localidad, para, finalmente, ejercer como notario público en la capital de la provincia.
     Asimismo, aprovechó la desamortización de Mendizábal para adquirir tierras y locales en la zona, que le permitieron ingresar en el negocio del vino, así como regentar posadas, tiendas y mesones; por último, acabó participando en la construcción ferroviaria al invertir en la línea Alar del Rey-Santander.
     Reunió de esta forma un patrimonio que permitió el acceso de su hijo Germán a la educación requerida para descollar en la vida pública.
     Éste, tras recibir las primeras letras en su pueblo natal, estudió bachillerato en régimen interno en el seminario conciliar de la capital vallisoletana y, con posterioridad, cursó derecho civil y canónico en la Universidad, licenciándose en 1861. A partir de ahí siguió la trayectoria habitual en los políticos del último tercio del siglo XIX. Como abogado, vino a Madrid, condición imprescindible a la hora de emprender una carrera política, dado el carácter centralista del Estado de la época. Se doctoró por la Universidad Central de Madrid en 1865 con la máxima calificación, y trabajó de pasante en varios bufetes, en especial en el de Manuel Silvela, hombre bien relacionado que llegaría a desempeñar el cargo de ministro de Estado en 1869. Desde 1867 abrió su propio despacho, que se convertiría en uno de los más prestigiosos durante la Restauración, como demuestra el hecho de que llegaran a publicarse varios de los casos en que se vio envuelto, que atendiese a personalidades de la elite madrileña o que llegasen a trabajar en él como pasantes políticos de la talla de Maura o Sánchez Guerra.
     Paralelamente, Gamazo participó del clima de agitación previo al Sexenio, especialmente al vincularse a la Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación, que acabaría siendo clausurada en 1867 por su oposición al régimen isabelino, y a cuya Junta de gobierno pertenecía Gamazo desde tres años antes.
     Tras la Revolución de 1868, la relación con Manuel Silvela le hizo adscribirse a los unionistas —el grupo situado más la derecha de la coalición revolucionaria—, obteniendo el acta de diputado por Peñafiel en 1871. Pronto se aproximó a Alonso Martínez y con él ingresó en el Partido Constitucional, formado por la alianza de la Unión Liberal y del ala derecha del progresismo, aunque después de la proclamación de la República se alejó del régimen septembrino.
     Aceptó inmediatamente la Restauración borbónica de 1875 formando parte de las filas de los centralistas, el grupo creado por Alonso Martínez con el objeto de ocupar un espacio intermedio entre los conservadores y los constitucionales. Participó como diputado en la comisión encargada de redactar la Constitución de 1876 y adquirió protagonismo en los debates parlamentarios de los años siguientes, en los que llevó el peso de la oposición a la política de Cánovas del Castillo junto con Alonso Martínez y el marqués de la Vega de Armijo. Finalmente, en 1880 ingresó en el Partido Fusionista, dirigido por Sagasta, resultado de la unión de centralistas y constitucionales.
     En esa etapa, Gamazo había consolidado su posición política como el típico cacique de la Restauración.
     Su profesión de abogado le permitió multiplicar las buenas relaciones, al tiempo que su presencia en el Parlamento y, luego, en la Administración le pusieron en disposición de conceder favores, bien personales, bien colectivos, de los que la construcción del hospital provincial y de la facultad de Medicina de Valladolid serían buenos ejemplos.
     Ese patronazgo favoreció su control sobre las sucesivas formaciones políticas de signo liberal en la provincia (Partido Fusionista y Partido Liberal), así como su hegemonía sobre la política vallisoletana. De hecho, Gamazo fue elegido diputado de forma ininterrumpida por el distrito de Medina del Campo a lo largo de su vida parlamentaria, elección que simultaneó en dos ocasiones con un escaño de la capital provincial.
     Además, otros distritos de la zona recayeron con frecuencia en personajes relacionados familiarmente con él, pues la actividad política de Gamazo mostró una fuerte impronta familiar. Ya sus dos matrimonios, en 1872 con Irene de la Mora, muerta tempranamente, y en 1880 con Regina Abarca, facilitaron su carrera, puesto que ambas habían nacido en familias con gran peso social y político en la provincia; asimismo, el matrimonio de su hermana con Antonio Maura le vinculó al político mallorquín. De esta forma, se ha calculado que la familia Gamazo obtuvo veintitrés actas en el Congreso de los Diputados durante la Restauración, pudiéndose destacar las de su ahijado Paulino de la Mora, su sobrino Germán Valentín, su hijo Juan, su hermano Trifino y su sobrino Germán de la Cuesta.
     En esos años consolidó, asimismo, su fortuna personal.
     Amplió las propiedades rústicas heredadas con fincas en Valladolid, sobre todo en Medina del Campo, Ávila y Santander; también adquirió solares urbanos, por ejemplo en el que construyó su residencia en Madrid, en la calle Génova, por el que fue acusado de corrupción por haber sido obtenido fraudulentamente, gracias al desempeño de su cargo como ministro de Ultramar. Completó su patrimonio con algunos negocios industriales y con labores de prestamista, especializándose en las cédulas hipotecarias. Logró, en suma, una posición económica saneada que le permitió costear una actividad pública, caracterizada en la época por lo oneroso: a los frecuentes desplazamientos y concesiones de favores, se sumaba la necesidad de disponer de prensa adicta que difundiese las posiciones de forma favorable. En este sentido, diarios, como El Eco de Castilla, La Opinión o El Español, fueron creados o subvencionados por Gamazo.
     De enero a octubre de 1883 ocupó el cargo de ministro de Fomento en el gabinete fusionista de Sagasta, mostrando desde el primer momento uno de sus rasgos más típicos como político: su escasa atención a la disciplina de partido. Así, lo demostró su proyecto de ley para eliminar el recargo de un 10 por ciento sobre los billetes de ferrocarril, que perjudicaba a los viajeros y a la actividad productiva, pero beneficiaba a las compañías y, por tanto, a numerosos políticos —muchos de sus propias filas— que poseían acciones y se sentaban en los consejos de administración.
     Al comenzar la regencia de María Cristina, Gamazo era uno de los prohombres del Partido Liberal, constituido por la unión de los fusionistas y de los sectores demócratas alineados anteriormente en la Izquierda Dinástica. Ocupó sucesivamente las carteras de Ultramar (de noviembre de 1885 a octubre de 1886) y Fomento, de forma interina, en el primer gobierno formado a la muerte de Alfonso XII. Su pasado centralista le situó en el ala derecha del partido, opuesta a las reformas políticas impulsadas por su sector democrático con la pretensión de liberalizar el régimen político. En su lugar, Gamazo preconizó reformas económicas que deben entenderse en el contexto de la crisis agrícola que afectó a la agricultura europea como resultado de la competencia de los productos de los países nuevos.
     Desde la segunda mitad de la década de los ochenta Gamazo elaboró un discurso con un cierto contenido populista, que criticaba el caciquismo, aunque él lo fuera, y propugnaba la defensa de los intereses económicos.
     Surgió así el gamacismo, que fue capaz de aglutinar a una red de diputados de diversas provincias castellanas, en particular Valladolid, Zamora, Palencia y Ávila, y a políticos de diferentes filiaciones que abarcaban desde carlistas hasta republicanos.
     Ya en junio de 1886, Gamazo provocó una crisis en el gabinete de Sagasta al oponerse y forzar la salida del ministro de Hacienda, Camacho, que había presentado un decreto sobre dehesas boyales que, al agilizar la desamortización de terrenos municipales, era enormemente lesivo para los ayuntamientos. Sin embargo, fue al producirse los primeros efectos de la citada crisis económica cuando su programa se perfiló más. Éste giró en torno a dos soluciones: la reducción de los impuestos pagados por el campo a través de la Contribución Territorial y el aumento de los aranceles, a cuyo efecto impulsó en 1887 la creación de la proteccionista Liga Agraria. Estas propuestas abrieron un conflicto con el sector librecambista del partido, liderado por Segismundo Moret, que presentaba como alternativa a los impuestos aduaneros la mejora de los transportes, el abaratamiento del crédito y el fomento del cooperativismo.
     Por debajo de las divergencias acerca de la política económica, se dirimió en esos años un enfrentamiento político, pues tanto Moret como Gamazo aspiraban a suceder a Sagasta en la jefatura del partido; e incluso existían roces personales, ya que Moret se había visto perjudicado por la rebaja de los billetes de ferrocarril acometida por Gamazo en 1883.
     La hegemonía librecambista en el Gobierno acentuó su disidencia. Aunque a finales de 1888 rechazó la oferta de Silvela —a su vez disidente del Partido Conservador— de constituir una agrupación intermedia entre las formaciones de Cánovas del Castillo y de Sagasta, en mayo de 1889 participó en el llamado “cristineo”. Se denominó así a una sesión parlamentaria en la cual los diputados fieles a Gamazo y a otros disidentes liberales como Cassola, Martínez Campos, López Domínguez y Cristino Martos (a quien se debe el nombre de la crisis), sumaron sus votos a la oposición conservadora en una votación presupuestaria, a fin de mostrar la debilidad del gabinete liberal.
     La acentuación de la crisis económica a comienzos de la década de los noventa y el avance en el resto de Europa de las ideas proteccionistas reforzaron la posición de Gamazo dentro de las filas liberales. En esas fechas el embajador inglés Wolf le consideraba el candidato con más opciones a la hora de liderar el partido en un futuro próximo, por reunir unas dotes oratorias superadas sólo por Canovas y Castelar, poseer una buena formación intelectual, gozar de una considerable popularidad, contar con fuertes conexiones con el mundo financiero, y con el respaldo de su cuñado Maura, uno de los políticos más hábiles del momento, y del periódico El Imparcial, uno de los de mayor tirada. A ello se sumó su política favorable a las economías presupuestarias, que coincidió parcialmente con la propuesta de un “presupuesto de paz” formulada por el republicano Castelar. Ésta, que sostenía la necesidad de reducir los gastos militares en beneficio de los gastos de tipo reproductivo, había sido adoptada por Sagasta como programa de su formación.
     De esta manera, al producirse en 1892 el regreso de los liberales al poder, Gamazo fue nombrado ministro de Hacienda. Su política persiguió la nivelación presupuestaria mediante la reducción de gastos, sobre todo militares, y el aumento de ingresos a través de la reforma del concierto con Navarra y el establecimiento de nuevos impuestos sobre el vino y las transmisiones patrimoniales. Sin embargo, la oposición general al incremento de la presión fiscal y el malestar provocado entre sus propios compañeros de gabinete por los recortes presupuestarios que afectaban a sus departamentos le impidieron ejecutar sus proyectos y precipitaron su renuncia en marzo de 1894.
     Mantuvo su enemistad con Moret, cuya salida del gabinete forzó al favorecer la derrota en el Senado del tratado comercial con Alemania, auspiciado por su rival. Al producirse el asesinato de Cánovas en 1897 y regresar los liberales al poder, Sagasta pensó en él para la cartera de Ultramar, con el objetivo de que se impulsasen reformas capaces de poner fin a la rebelión cubana. Sin embargo, Gamazo rechazó el ofrecimiento, basándose en la desconfianza que le producía el líder liberal que, en su opinión, había torpedeado las reformas impulsadas en 1893 en la isla antillana por su cuñado Maura. Por otra parte, en todo momento proclamó que su plan reformista, que se circunscribía a los aspectos administrativos, debía postergarse hasta el completo aplastamiento de la rebelión; esta posición hizo que el cargo recayera finalmente en Moret, quien propugnaba una reforma política (concesión de autonomía), como medio de apaciguar a los rebeldes y a Estados Unidos.
     Una vez consumada la derrota en la guerra con este país, regresó al gabinete liberal, encargándose de la cartera de Fomento. Sin embargo, tuvo que dimitir poco después, salpicado por el escándalo Ribot. Este personaje, gamacista y cuñado de Maura, era gobernador civil de Cádiz cuando fue acusado de enriquecerse con el juego —prohibido por la ley— y con la explotación de los servicios de higiene de la capital gaditana.
     Gamazo acusó a Sagasta y a Moret de haber conspirado en contra suya y rompió con el partido, siendo acompañado por ochenta y ocho diputados liberales.
     A partir de ese momento, preparó su entrada en el Partido Conservador, paso truncado por su repentina muerte en 1901. Sus seguidores se incorporarían al conservadurismo poco después de esa fecha, de la mano de Maura; no obstante, algunos retornarían al redil liberal años más tarde siguiendo a Santiago Alba.
     Germán Gamazo fue considerado en su tiempo un eminente civilista. En sustitución de Manuel Silvela, alcanzó la presidencia de la Academia de Jurisprudencia y Legislación en 1885 y desempeñó el cargo de decano del Colegio de Abogados en 1892 (Carlos Ferrera Cuesta, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Gamazo, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La calle Gamazo, al detalle:
Edificio Gamazo, 24.
Edificio Gamazo, 30.

domingo, 15 de marzo de 2026

Experiencia Explicarte Sevilla, en la visita cultural a Lora del Río (Sevilla), organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Burguillos (Sevilla)

     Otra Experiencia con ExplicArte Sevilla de la visita organizada para la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayto. de Burguillos, con vecinos de la localidad, organizamos la visita a Lora del Río, porque con ExplicArte Sevilla tenemos la posibilidad de organizarte la visita que tu quieras.
     La visita se inició en la Ermita de Nuestro Padre Jesús, donde contemplamos su impresionante arquitectura y decoración rococó a base de yeserías, desde la que nos adentramos en el casco histórico de Lora del Río, pasando sucesivamente por la Casa de las Columnas (Casa de la Virgen), Convento de la Inmaculada Concepción, Ermita de Santa Ana (Biblioteca), Ayuntamiento, Casa de los Leones, e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde contemplamos asimismo su interior de raigambre mudéjar. 
     Se dio tiempo libre para la comida, que transcurrió en la Feria de la Tapa, y posteriormente poner rumbo de vuelta a Burguillos.
     Os dejamos una serie de fotografías de dicha experiencia, y si quieres vivir una experiencia privada y personalizada a tu gusto, sólo tienes que contactar con ExplicArte Sevilla en Contacto, y a disfrutar del patrimonio e historia del lugar que elijas.










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viernes, 10 de noviembre de 2023

Los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz.

Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros
     La Iglesia Mayor, con la advocación de San­ta María de los Milagros, levantada en un lugar extramuros de la desaparecida cerca medieval de la población, es el santuario que sustituye al de la primitiva iglesia o Castillo de San Marcos. Esta iglesia desaparecida es anterior a la actual, la cual se comienza a levantar con el patrocinio ducal en el siglo XV, trabajando el citado maestro sevillano Alonso Rodríguez. Sería de tres naves, con crucero poco acusado, capillas laterales y ábside de planta pentagonal. Amén de la planta, lo más significado de la misma es la no concluida portada gótica de los pies, la del Perdón, cuyo estilo y labor de cantería se relaciona con el modelo de fachada del coetáneo monasterio de la Victoria. Con el hundimiento de la nave central a comienzos del siglo XVII y tras informes de maestros venidos de fuera, como el jiennense Juan de Aranda Salazar, quien a la sazón intervenía en la Catedral de Jaén, la fábrica tendría  una reedificación sustancial en la que se distingue el cantero jerezano Antón Martín Calafate, director de la obra en 1647, y cuyo proyecto, a su vez, también sería continuado a su muerte por el maestro mayor Francisco de Guindos a partir de 1659. Éste, seguramente atento al proyecto de Calafate, conservará prudentemente el carácter gótico preexistente al cubrir la poderosa nave central con bóvedas de crucería. Mantiene la estructura goticista de arbotantes externos bien visibles y renuncia a un cimborrio y balaustrada proyectados por Calafate. Los sufragios de las cofradías impulsan también la obra de una nueva capilla para el Sagrario, a los pies de la iglesia y en el lado de la epístola, así como la capilla de las Ánimas y la Sacristía Mayor. Prácticamente terminado el templo en la década de 1660, el maestro Pedro Mateos de Grajales, asesorado por Felipe Sánchez Niño y Felipe de Santiago, inicia en 1676 las obras del coro, construcción situada al gusto de las catedrales hispanas en el centro de la nave central, abierto por el crucero y provisto de una reja del mismo siglo, frente al altar mayor y ocupando todo el espacio que señalan los pilares del segundo tramo de la nave central. A la iglesia, que todavía sufrirá alguna reforma, ya clasicista, en especial tras el terremoto de 1755, se accede por la que pasa a ser funcional o ritualmente su portada principal, la del Sol. Es un elaborado compendio de estilos, muy recargado de ornamentación, pues denota la obra plateresca del siglo XVI, cuya traza podemos relacionar con la autoridad del sevillano Martín de Gainza, con relieves que obedecen a programas iconológicos marianos, y una culminación barroca en el frontón ondulado, abierto por dos óculos a los lados de un relieve de Dios Eterno y coronado con las tres virtudes teologales de la Fe, Esperanza y Caridad, mientras las cuatro cardinales asientan sobre los estribos del muro a uno y otro lado de la portada, iconografía trentina sin relación con los relieves de la mis­ ma. En el centro, bajo el gran arco, campea en su hornacina la imagen de la Virgen de los Milagros sobre el Castillo, en su doble condición de patrona del Puerto y del templo.
     En el interior de éste, amén de la variada pin­tura que se distribuye a lo largo de sus paredes y dependencias, destaca poderosamente la capilla del Sagrario, a los pies de la nave de la epístola, en la que resplandece un frontal o retablo de plata labrado en 1685 por el mejicano José de Medina a instancias de un donante local, el capitán Juan Camacho Jaina, quien había sido alcalde mayor de ciudad virreinal de San Luis de Potosí. Se trata de un imponente panel profusamente labrado, sobre unas gradas de hacia 1699 para apoyo de candelería y del sagrario­ tabernáculo. Encima, una peana sobre ménsulas sostiene cruz o manifestador y, en la misma vertical, arriba, un rombo con la representación cristífera de un sol radiante y, abajo, el sagrario. La corona sobre el retablo, también de plata, es adición neoclásica de José de Piñero y José de Viera en 1805 en sustitución de una concha sostenida por dos águilas que remataba el conjunto. Éste se completa con el frontal, a modo de ban­co, y, más adelantada, una barandilla de treinta balaustres, todo también de similares fechas y distintos donantes. Entre otras obras también es de interés el ángel lamparero de cedro que cuel­ga del arco toral que divide en dos secciones la capilla, tradicionalmente atribuido a la Roldana pero, con mayor probabilidad, obra jerezana de comienzos del XVIII, así como un cuadro de un Nazareno de final del siglo XVII, objeto de devoción traído desde la antigua ermita de los Mi­lagros. A continuación, la capilla de San Antonio o de la Oración en el Huerto, antiguamente de Santa Teresa, más conocida por el nombre de su fundador, el comendador don Benito de Benavi­des; ofrece un retablo hispano-flamenco del siglo XVI con hermosas pinturas representando en el primer cuerpo los temas pasionales del beso de Judas, la oración en el Huerto, la vía dolorosa y Cristo atado a la columna; en el segundo un San Jerónimo y la estigmatización de San Francisco y, en el ático, un San Antonio de Padua, un Descendimiento y otro santo más.
     La imagen de bulto, en el camarín, representa a San Antonio Abad y el relieve bajo la clave del arco un Padre Eterno. Siguen la Capilla de las Ánimas, con retablo barroco del siglo XVII al estilo del hispalense Bernardo Simón de Pine­da y una imagen de San Miguel próxima al de los Roldanes, la puerta del Sol, la capilla de San José, con retablos de la segunda mitad del XVIII, capilla bau­tismal, del Ángel de la Guarda, puerta del Per­dón, capilla de Santa Rita y, ya en el lado del evangelio, la del Santo Entierro o de la Sole­dad. En su retablo dieciochesco se disponen las veneradas imágenes de un Cristo yacente, figura de sereno dramatismo, tal vez del fi­nal del XVI, que resulta de la adaptación de un crucificado con los brazos articulados hecha por el escultor portuense J. Bottaro en 1925.
     La talla de candelero de la Virgen de la Soledad, muy similar a la de los servitas de Madrid, fue encargada por Isabel de Valois en 1565 a Gaspar Becerra, el artífice del retablo de la Catedral de Astorga y seguidor en sus años de formación romana de Miguel Ángel Buonarotti. La imagen, con motivo de los daños que ocasionaba la ocupación francesa en el Puerto durante la Guerra de la Independencia, fue rescatada desde su lugar original, el monasterio de la Victoria, terminando en esta capilla. Conti­núan la del Cristo de la Misericordia, donde hay una Señora de la Piedad del círculo del escultor genovés Maragliano, activo por estas tierras, la del Nazareno que, en su retablo moderno, neobarroco, alberga dos expresivas tallas de San Juan Evangelista, hecha por el imaginero sevillano Pedro Roldán en 1662, y del Nazareno, imagen jerezana de comienzos del XVIII y la capilla de la Virgen del Rosario o de los Valera. Ya en la cabecera, en paralelo por disposición y prestancia al espectáculo del Sagrario, se impone la presencia de la Capilla de la Patrona, la Madre de Dios de los Milagros y de la Santa Misericordia, Virgen  de los Milagros o, como en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, Santa María del Puerto. El retablo plenamente barroco de la primera mitad del siglo XVIII con camarín en cuyo interior y cobijada por una hor­nacina posterior, se manifiesta la imagen de la Virgen. Ésta es una talla gótica del siglo XIII a la que posteriormente se daría el color moreno al rostro, siguiendo la tradición de las vírgenes negras, y se la vestiría y ornamentaría al modo de las imágenes de candelero. Del cuerpo ori­ginal hoy sólo se conserva el rostro, parte de la cabeza y cabellera y cuello, siendo las manos un añadido. En la misma capilla hay una interesante colección de exvotos populares.
     En cuanto a la capilla mayor cabe decir que, habiendo sido ocupado todo el testero por un retablo del siglo XVI, dado su deterioro ya en el siglo XVIII, fue sustituido a partir de 1807 por el tabernáculo neoclásico de mármoles jaspeados que centra el altar mayor. Es obra del maestro Ángel Fernández, sobre proyecto de Bartolomé Ojeda Matamoros. Las esculturas, dos ángeles en adoración, los cuatro evangelistas y, coronando la cúpula, la Fe, son de la mano del académico ga­ditano Cosme Velázquez, también de igual fecha. Enfrente queda el púlpito de hierro forjado, adosado a uno de los pilares. Tras los muros del altar mayor están la capilla de San Pedro y la Sacristía de Guindos, con su recia bóveda de crucería, centrada por una sólida mesa de jaspe y amueblada por una cajonería encargada al artífice Juan de Ubises en 1694. Aquí se custodian ternos y platería de interés de distintos siglos y estilos. En cuanto al coro, la sillería, de nogal y cedro, con dos cuerpos de bancos y los escudos de Medinaceli presidiendo el frente principal, que dicen es obra de Juan Bautista Vázquez «El Joven» de comienzos del siglo XVII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El arquitecto tracista del edificio fue Alonso Rodríguez, maestro mayor de la catedral hispalense, al menos desde 1498.
     La planta diseñada por Rodríguez era de tres naves con crucero ligeramente acusado y ábside pentagonal. A ambos lados se fueron abriendo capillas basadas en fundaciones y capellanías de nobles portuenses.
     Con el tiempo la planta fue deteriorándose, y a principios del siglo XVII, se hundió la nave mayor, pereciendo varias personas. Se trajeron entonces de Sevilla a distintos maestros que dieron su parecer sobre la reedificación del edificio. En 1647 se le ofrece la dirección de las obras de la iglesia a Antón Martín Calafate, cantero jerezano que traza un templo de tres naves, aprovechando la estructura gótica original de sus muros exteriores, ábsides y capillas.
     El proyecto de Calafate presentaba cubiertas de bóvedas de cañón con lunetos en las naves, y en el crucero un cimborrio sobre pechinas con la representación de los cuatro evangelistas. Exteriormente diseñó una balaustrada con pedestales rematados en jarras. Sin embargo, tras el fallecimiento de éste y el nombramiento como maestro mayor de Francisco de Guindos se introducen varios cambios; las bóvedas de cañón pasan a ser de crucería, suprimiéndose el cimborrio trazado. Guindos consigue llevar la fábrica a su conclusión gracias, principalmente, a la ayuda económica de algunas cofradías, construyendo de ese modo las capillas del Sagrario y de Animas, y la Sacristía Mayor.
     El acceso al templo se hacía a través de dos portadas exteriores. A los pies se abre la del Perdón de estilo gótico. En esta fachada se levanta el campanario, obra del maestro mayor Diego Moreno.
     En la fachada lateral se ubica la portada actual de entrada denominada del Sol, atribuida al arquitecto Martín de Gainza, profusamente decorada en época barroca, presentando un primer cuerpo con arco de medio punto flanqueado por dobles columnas sobre las que se apoya un entablamento y friso. El intradós del arco de acceso presenta una ornamentación a base de casetones. En el segundo cuerpo, a modo de tímpano, se abren tres hornacinas. Remata la portada un frontón con cornisa ondulada y las esculturas teologales.
     Según recoge la historiografía tradicional ya en el siglo XIII se constata la existencia de un templo donde hoy se ubica la Iglesia Mayor. Sin embargo, la documentación existente nos lleva hasta el siglo XV, momento en que se construye una iglesia bajo la advocación de la Virgen de los Milagros patrocinada por el Duque de Medinaceli (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).    

Museo Municipal
  El Museo Arqueológico Municipal es, desde 1982, el centro público local encargado de conservar, restaurar y difundir los más destacados bienes arqueológicos, artísticos y etnográficos del Patrimonio Histórico Portuense.
Sección de Arqueología
     En Paleontología destacan los restos de cetáceos, escualos y bivalvos procedentes de El Manantial (Terciario final), así como mandíbulas y defensas de Elephans Meridionalis y Mastodontes de La Florida (Pliopleistoceno).
     Los depósitos prehistóricos comprende el yacimiento de El Aculadero, (Paleolítico Inferior Arcaico), considerado entre los más antiguos de Europa. También restos materiales de las culturas del Paleolítico Medio y Postpaleolítico, hallados en las playas de la Puntilla y Levante.
     Del Neolítico-Calcolítico se exponen restos hallados en Cantarranas y Las Viñas, poblados del tercer milenio a.C., y primera población sedentaria de la zona.
     La Edad del Bronce Final, "tartéssico", del último milenio, refleja un poblamiento intenso, así como relaciones culturales con talasocracias del mediterráneo Oriental. La Torre de Doña Blanca y su necrópolis, Las Cumbres, destacan por su importancia histórica. La primera es un tell con hallazgos de seis niveles de población que van del s. VIII a finales del s. IV a.C. abarcando materiales arqueológicos del periodo fenicio orientalizante del Mediterráneo Occidental. De la Necrópolis cabe destacar el túmulo nº 1, con tumbas de incineración del s. VIII a.C. La zona costera refleja un intenso comercio de los siglos V y IV, como muestran los restos que se exponen.
     La romanización aparece en la campiña y en la costa, con alfares de ánforas, villas agrícolas y necrópolis rurales, como la de Las Viñas, del s. I al IV d.C.
     La cultura visigoda se presenta en los hallazgos de la finca El Barranco, con restos de necrópolis y hábitat.
     De época medieval, el Museo cuenta con restos de alquerías árabes de los siglos XII y XIII.
     Desde el s. XVI al XIX, los fondos arqueológicos reflejan las relaciones comerciales de El Puerto con América.
Sección de Bellas Artes
     Esta sección se compone fundamentalmente de obras pictóricas de artistas locales contemporáneos.
     Entre estas obras destacan las de Francisco Lameyer (1825-1877), pintor romántico en cuyos temas está presente el ambiente africano y oriental, al mismo tiempo que el costumbrismo andaluz. Entre ellas destaca un dibujo con el título "Saqueo e incendio de Roma".
     De Eulogio Varela (1868-1955) se cuenta con temas tradicionales como "El baile" o "El estudio de Berruguete", como su colección de "ex libris" y dibujos modernistas, de cuyo estilo es digno representante en sus ilustraciones, grabados y acuarelas. Atisbos modernistas ofrecen también la obra de Enrique Ochoa (1891-1977), llamado en su tiempo "el pintor de música", que está presente en esta sección con las obras "Señora con mantilla negra", "Pobre poeta" o "El enano", entre otros.
     De los artistas coetáneos cuentan los fondos museísticos con obras de Rafael Alberti (1902), que experimenta un resultado muy personal combinando la pintura y la poesía en sus "Liricografías". Ricardo Summers "Serny" (1908) participa del tema femenino: "Reposo" o "Flores blancas"; y de las escenas de carnaval, en el pastel o grabados con el título "Carnaval". De Juan Lara (1921-1995), portador de un realismo tradicional, se muestra una representación de sus acuarelas, como la de tema árabe "La morita de los pajaritos". En cuanto al insigne artista Manolo Prieto (1912-1991), el Museo posee una interesante muestra de sus más representativos bocetos de carteles, así como, una serie de medallas de temas eróticos. La Escultura estructuralista de Fernando Jesús (1924), pintores que poseen un estilo preciso y riguroso que dominan los temas locales con detalle.
     De otra parte destacan grabados de Antonio Ribera, ilustrados con poemas de R. Alberti y del escultor Pablo Serrano, dedicado al poeta.
     Esta sección cuenta asimismo con cuadros y tallas de pequeño formato, de carácter religioso e histórico, de autores desconocidos de los s. XVII al XX. Entre los primeros cabe destacar algunos retratos de monarcas y un "San Sebastián" del s. XVII.
     Sus fondos están compuestos por bienes materiales de nuestro pasado prehistórico e histórico (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Sala Hospitalito - antiguo Hospital de la Divina Providencia
     El edificio, de características neoclásicas con claros tintes barrocos afrancesados, posee una interesante iglesia de planta cuadrada y ábside poligonal exento que según las crónicas no se llegó a finalizar quedando su construcción a la altura de las cornisas. A pesar de ello, se intuye que el templo debía ser de tres naves, siendo la central más alta que las laterales. Su portada estuvo adornada con mármoles de Málaga. En ella se superponen tres cuerpos en los que se percibe la sencillez de lo clásico en el primero, y el adorno de lo barroco, en el segundo. El tercero consta de una hornacina en la que se halla una imagen de la Virgen de los Milagros.
     El patio interior está constituido por una galería de arcadas de alto puntal apeada sobre columnas toscanas de mármol, y un segundo cuerpo con almohadillados y vanos enmarcados en líneas quebradas, ejemplo de armonía entre lo nuevo y lo tradicional.
     En el piso superior existe una sala abovedada en cuyo centro surgen cuatro columnas toscanas, sobre alto pódium, que sirven de soporte a las bóvedas y dan esbeltez y riqueza al conjunto. Posee una escalera de barandales de cedro torneado cuyo hueco está adornado con techumbre plana de ostentosas yeserías, un marco decorado con rocallas en la pared al frente y puttis en los ángulos de dicha cubierta. En las salas del edificio abundan las azulejerías trianera y valenciana.
     Esta obra hospitalaria para mujeres y casa de asilo para niñas huérfanas fue fundada el 12 de septiembre de 1750. Fue uno de los primeros edificios de España y quizás el único que tenía por objeto el socorrer a mujeres desde su niñez hasta proporcionarles trabajo. De su primer emplazamiento en la calle de las Cruces, se trasladaría a este edificio, ubicado en la calle Zarza, esquina a la de Granado. Sus obras comenzaron en junio de 1753.
     En el último cuarto del siglo XIX, este edificio fue cedido por el estado para instrucción pública (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).
     La nueva Sala Hospitalito, ubicada en el Barrio Alto de la Ciudad conforma la extensión museográfica del actual Museo Arqueológico Municipal.
Alta y Baja Edad Media
     El tránsito hacia la alta Edad Media en El Puerto de Santa María está representado como en el resto de la Península Ibérica, caracterizado por una dispersión del hábitat rural y la disgregación de los conjuntos urbanos establecidos y consolidados en el mundo antiguo tardorromano. 
     El registro arqueológico de la cultura centroeuropea visigoda está basada en la penetración de las corrientes culturales de los territorios bárbaros, los nuevos ritos funerarios fundamentados en rituales arrianos y la proliferación de la vida netamente rural, sobre los mismos asentamientos tardorromanos de la Edad Antigua. 
     En El Puerto de Santa María tanto en la ubicación actual como el área campesina agropecuaria, se han hallado varias necrópolis cuyos ajuares responden a inhumaciones con armas de hierro, dagas, puntas de flechas, hebillas y broches de cinturones, de cobre y bronce, cuyos caracteres centroeuropeos están presentes en todos los estilos y símbolos religiosos y civiles. La Finca de El Barranco próxima a la laguna de Terry y en los trabajos de restauración de la Ermita de Santa Clara a cargo de la Escuela Taller, se descubrieron y documentaron dos necrópolis netamente visigodas con objetos arqueológicos expuestos en la Sala Alcanatir.
Arqueología Islámica Andalusí
     La Alta Edad Media del Bajo Guadalete y El Puerto de Santa María está representada por la presencia de restos inmuebles y muebles de carácter arqueológico de origen islámico (Andalusí), que abarca un periodo temporal entre los siglos VIII a finales del siglo XIII (1275) y un largo asentamiento poblacional y cultural de las culturas islámicas, Emiral (Emiratos), Califal, Taifa y Almohade Andalusí.
     El territorio que abarca el actual municipio de El Puerto de Santa María en época islámica se conformaba por una serie de alquerías o conjuntos de casas rurales defendidas por cerros y torres. Se distribuía así el hábitat disperso característico del mundo islámico en la Península Ibérica en todos los medios agropecuarios, agrupando huertas de regadío, pozos de agua, tierras baldías para el ganado, etc. hoy día conocidas nominalmente por los topónimos inscritos en las cartas de los repartimientos de los siglos XIV y XV, y conservadas en la campiña portuense: Alcanatir, Sidueña, Grañina, Campix, Vaina, Finogera... 
     En todos los antiguos restos de estructuras arqueológicas de las alquerías el Museo Arqueológico Municipal ha documentado el material arqueológico expuesto de esta época: ajuares de cocina, servicios de mesa, contenedores de agua y vino, armas defensivas y ofensivas, piezas lúdicas de ajedrez, etc. así como una magnífica losa sepulcral de origen meriní del siglo XIV, de la Colección de Luis Caballero. Para completar la Baja Edad Media, queda incorporado a la exposición restos arqueológicos y estratigráficos de los siglos XV a XVII, con una importante colección de vajillas de tradición morisca o mudéjar, procedente del Monasterio de la Victoria y excavaciones urbanas de la Plaza de Isaac Peral (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Casa Palacio de los Leones
     Sirve de modelo de estas viviendas barrocas la denominada Casa de la Placilla, construida en 1790, también denominada Casa de los leones, por los dos relieves de animales que coronan las pilastras de la portada bajo el balcón principal. La portada se anima con cortinajes figurados, una hornacina que albergaba una imagen de la Virgen de Caldas, enmarcada por semicolumnas torsas, todo ello entre dos pilastras, y arriba el balcón de perfil alabeado en su vuelo y enmarca­do bizarramente (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El edificio presenta una estructura de fachada-retablo propia del barroco, y tanto en su calle central y principal como en los laterales, posee motivos propios de este estilo, como el baldaquino, las columnas salomónicas y el frontón ondulado.
     El recargamiento de la decoración, los relieves mixtilíneos de las ventanas, el dosel a modo de cortina que cubre la puerta de entrada y los entrantes y salientes de las cornisas y de toda la fachada en general, así como su consiguiente efecto de claroscuro, confieren a la fachada un estilo barroco puro y recargado.
     La hornacina que se halla sobre la puerta, se encontraba ocupada por una imagen de la Virgen de la Escalada.
     Remata el edificio una cornisa decorada por florones pétreos sobre basas decoradas por óculos de escasos relieves.
     Destacar finalmente el enmarque de los balcones superiores a base de pilastras y líneas ondulantes.
     En el interior posee un patio columnado y una amplia escalera de acceso a los pisos superiores, que se levantan alrededor de él en forma de galerías abiertas.
     Podemos afirmar que el modelo más representativo de las casas barrocas de El Puerto de Santa María, es la construida por don Pedro Montes en 1790, denominada "Casa de la Placilla". Popularmente también se la conoce como "La Casa de los Leones", calificativo que debe a los dos relieves que posee sobre las pilastras que enmarcan la puerta de entrada bajo el balcón principal (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

Convento de Santo Domingo
     La fundación del antiguo Convento de Nuestra Señora del Rosario, de la Orden de Predicadores de Nuestro Patriarca Santo Domingo de El Puerto de Santa María, hoy centro de enseñanza, se remonta a 1656. En esta fecha la casa ducal de Medinaceli aceptó la llegada y el asentamiento definitivo, en la ciudad, de la orden dominica.
     Una orden religiosa estrechamente relacionada con la evangelización de América y que encontró en El Puerto un lugar idóneo para su asentamiento ya que, por entonces, El Puerto y la Bahía de Cádiz era uno de los enclaves principales vinculados del comercio con América, pasando a ser, años más tarde, cabecera de la flota a Indias.
     El edificio construido gracias al patrimonio del duque de Medinaceli conserva buena parte de sus dependencias.
     De su antigua fachada, situada en la calle San Bartolomé, hay que destacar el escudo de mármol de la orden de Santo Domingo, con la cruz floreada y el perro portando la antorcha. Una figura que representa la luz que Santo Domingo daría al mundo como guardián de la doctrina católica.
     Conserva, la fachada, en la parte superior, dos relieves con las figuras de un hombre y una mujer, ambas ataviadas con capas de plumas y cargadas con grandes cestos sobre sus cabezas. Imágenes que, por sus rasgos, se pueden identificar con indios americanos.
     El edificio, pese a la gran transformación que ha sufrido a lo largo de los siglos, conserva el antiguo claustro con su exquisita decoración y restos de la antigua iglesia, hoy desaparecida, y de la que se conserva la cúpula del crucero donde se ha instalado la biblioteca. 
     De la iglesia del convento sabemos que se comenzó a construir en 1698. El templo contaba con la puerta de acceso por la c/ Santo Domingo, de una sola nave, cubierta de bóveda de cañón y cúpula de media naranja y con cuatro altares laterales uno de ellos dedicado a Nuestra Señora del Rosario, titular del convento.
     A partir del primer tercio del siglo XIX el antiguo convento del Rosario comenzó un profundo proceso de transformación para adaptarse a nuevos usos y funciones: fue sede del Ayuntamiento, de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, instituto de enseñanza laboral, de bachillerato, y de enseñanza secundaria y bachillerato en la actualidad (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Fundación Rafael Alberti
     La Fundación Rafael Alberti tiene su sede en un edificio de dos mil metros cuadrados que contiene la donación hecha por Rafael Alberti y su primera esposa María Teresa León a la ciudad natal del poeta, uno de los máximos representantes de la Generación del 27.
        En esta casa, en la que vivió de niño, hay depositada una colección de fondos que abarca un siglo de la historia de España: manuscritos, cartas, pinturas, documentos audiovisuales, distinciones, así como una magnífica biblioteca. 
     La Exposición Rafael Alberti: Un siglo de creación viva, inaugurada por los Reyes de España, muestra en un ameno recorrido cronológico la biografía del poeta que surge de los amplios paneles con fotos, dibujos y poemas caligrafiados. 
     En ellos, la mítica vida de Rafael Alberti, su obra literaria y pictórica, su irrenunciable compromiso político, sus treinta y nueve años de exilio en Francia, Argentina e Italia, quedan reflejados con rigurosa fidelidad. Desde su primer libro de poemas, Marinero en tierra (1924), hasta Canciones para Altair (1989) y su último volumen de memorias, La Arboleda perdida (1996), su obra ha sido ejemplo de una intensa vida dedicada con plenitud a la creación artística (Ayuntamiento de El Puerto de Santa María).

Convento de la Concepción
     Este convento de clausura de monjas concepcionistas franciscanas fue uno de los primeros de la orden instituida por Beatriz de Silva, pues llegan al Puerto a comienzos del siglo XVI, tras comprar una casa en 1518 y acondicionarla para hospital de pobres. La fábrica actual procede de las reedificaciones desarrolladas en el siglo XVIII e, incluso, a comienzos del XX. La iglesia al exterior posee dos portadas barrocas, sólo aparen­temente iguales, emparejadas como en el citado templo del Espíritu Santo.
     En sus hornacinas se albergan una pequeña imagen de la Virgen con el Niño, del siglo XVI, ésta bajo un tímpano con un rostro de Dios Pa­dre bendicente, de popular traza, y, la otra, un San Francisco. El interior es de una sola nave, cubierta por bóveda de cañón, con crucero y bóveda hemiesférica sobre pechinas. En el altar mayor hay un conjunto de azulejos de artistas sevillanos de 1540 y un magnífico retablo barroco estructurado por estípites en tres calles y ático, donado por el mercader local o cargador de Indias, Jacinto José de Barrios, en 1757. En la hornacina central, entre San Joaquín y Santa Ana, se venera una Inmaculada que sigue el modelo sevillano de Martínez Montañés. Otros re­tablos del siglo XVIII se disponen a lo largo del templo con imágenes de distinta cronología. La sacristía, bajo una vistosa bóveda de ca­ñón con falsos lunetos, presenta paneles de azulejos de comien­zos del siglo XVIII, policromados y con motivos florales, así como una cruz hecha con piezas de la escuela holandesa de Delft.
     El claustro, un cuadrado de considerable tamaño con siete arcadas por lado, tiene una fuente fechada en 1737, rehundida en un hueco formado por diez gradas. Accediendo al coro alto, separado de la iglesia por un cancel de madera de similar fecha, aparecen, entre otras piezas, un Cristo atado a la columna, talla del final del siglo XVII que, en otro momento, ha estado expuesto en el expositor del retablo mayor, así como un retablo dieciochesco con una imagen de candelero de la Inmaculada Concepción. En su ajuar quedan piezas de platería de interés así como un bello crucificado de marfil (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La iglesia del convento es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones que apoyan sobre pilares y almohadillados. Sobre el crucero se levanta una media naranja con florón en el centro. A los pies se ubica el coro, al cual se accede por medio de dos puertas adinteladas, de sencilla estructura. Sobre un gran arco escarzano, se levanta el coro alto. Ambos coros quedan cerrados por magníficas rejas.
     El convento tiene la peculiaridad de poseer dos portadas de cantería, una de entrada y otra de salida de feligreses, si bien una de ellas se halla actualmente cegada. La que hoy sirve de acceso, presenta vano adintelado con orejetas y ménsula en la clave, rematando en cornisa y volutas en los extremos. A ambos lados surgen otras dos especies de hornacinas, entre especies de balaustres. El conjunto queda perfectamente enmarcado con las dos columnas toscanas de orden gigante que flanquean el vano de ingreso, las cuales apoyan sobre pedestales y culminan en cornisa que, al centro adquiere la forma de un tronco triangular. La portada cegada, por su parte, presenta vano adintelado sobre columnas toscanas que apoyan sobre pedestales, rematando en una cornisa que da paso al segundo cuerpo. Aquí se abre una pequeña hornacina, flanqueada por estípites, culminando en frontón recto.
     El claustro, de estructura rectangular, sigue las normas generales de estos recintos, formado por una doble galería que apoya sobre pilares de ladrillo, con arcos de medio punto en la inferior, y estructura adintelada en la superior. Interesante es la fuente ubicada en el centro, la cual posee estructura octogonal rehundida en el suelo.
     La historia de este convento arranca del siglo XVI, como Hospital de la Concepción, cuyas obras se iniciaron en 1517 y, tras trece años de trabajos, fue inaugurado en 1530. Su fisonomía actual es el resultado de las reformas y ampliaciones realizadas durante los siglos XVII y XVIII, cuyo máximo exponente es la iglesia (Guía Digital del Patrimonio Digital de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Basílica Menor Nuestra Señora de los Milagros; Museo Municipal; Sala Hospitalito; Casa Palacio de los Leones; Convento de Santo Domingo; Fundación Rafael Alberti; y Convento de la Concepción) de la localidad de El Puerto de Santa María (III), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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jueves, 20 de julio de 2023

Los principales monumentos (Ermita de Ntra. Sra. del Valle; Convento Hermanas de la Cruz; Palacio del Señorío; Teatro España; Casino; Rincón de los Leones; Ermita de San Sebastián; y Plaza de la Magdalena) de la localidad de La Palma del Condado (II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ermita de Ntra. Sra. del Valle; Convento Hermanas de la Cruz; Palacio del Señorío; Teatro España; Casino; Rincón de los Leones; Ermita de San Sebastián; y Plaza de la Magdalena) de la localidad de La Palma del Condado (II), en la provincia de Huelva.

Ermita Ntra. Sra. del Valle
     La ermita del Valle se encuentra en la margen izquierda del antiguo camino real de Sevilla a Huelva, en el centro del casco poblacional. Toma su nombre de la imagen de la Virgen del Valle, Patrona canónica de La Palma, que en ella es venerada. El edificio es un interesante ejemplar de la arquitectura mudéjar sevillana del siglo XV. Presenta al exterior la estructura interna: tres naves a dos aguas, según el esquema parroquial sevillano, y capilla mayor en forma de torreón adosado. De claro origen almohade es no sólo el aspecto defensivo, sino también las fajas que decoran la masa cúbica rematada en merlones. Se puede acceder a la ermita por dos portadas de arcos apuntados. Sobre la de los pies, de singu­lar alfiz escalonado, se levanta la espadaña. Ésta remata el imafronte, y se compone de tres arcos de medio punto, flanqueados por pilastras, con sendos frontones triangulares, de sabor clasicista. En la nave del evangelio aparece el Cristo de la Vera Cruz o de la Sangre, escultura de tipología gótica. Por encima de él, un lienzo con la cabeza del Bautista, del siglo XVII, tenebrista. Más adelante, un  lienzo, que representa al pueblo, clero y ejército implorando la paz al Sagrado Corazón de Jesús, por intercesión de María Inmaculada; aunque no está firmado, parece ser obra de Santiago Martínez. Esta nave se ve encabezada por un retablo marco, de Francisco Ruiz Rodríguez, para el simpecado de la Virgen del Rocío. Este es de tisú de plata con aplicaciones de plata repujada y dorada, de Seco Velasco, cuya labor en­vuelve el óvalo central, con la efigie de la Reina de las Marismas, óleo de Santiago Martínez, de 1937. El varal de plata es sevillano de finales del siglo XVII. A sus pies, una cruz de altar del s. XVIII. En la misma nave, se conserva un lienzo de la Virgen de Guadalupe, del siglo XIX, que sigue el modelo iconográfico tradicional.
     En un pilar de la nave del evangelio apareció, en 1980, bajo las sucesivas capas de cal, una pintura mural, de hacia 1500, que representa a Cristo atado a una columna, de traza gótica, sobre fondo de tapiz rojo rameado, y campeando encima el trigrama IHS.
     De la capilla mayor hemos indicado su fuerte entidad propia, tanto al exterior como al interior. A ella se accede por arco apuntado. Los blancos muros se hallan enriquecidos por arcos mudéjares con labor de tracería, sebka y mocárabes. El fondo de la capilla está ocupado por el retablo de la titular; retablo hornacina, obra de Ruiz Rodríguez, flanqueado por columnas, con un pequeño tabernáculo y sendos óvalos laterales decorados por Rafael Blas Rodríguez. Preside la imagen de la Virgen del Valle, labrada por Sebastián Santos en 1936. El Niño Jesús, conserva la cabeza original. Dos tablas de los Sagrados Corazones, flanquean el retablo. Se decoran los paramentos laterales con lienzos de San­ta Ana maestra, del siglo XVII; Cristo Salvador, de buena factura, de fines del Seiscientos; San José con el Niño, de mediados del XVIII; Nazareno, y San Francisco de Paula, al parecer obras del XVIII.
     En la nave de la Epístola, ocupa  la cabecera un retablo de Ruiz Rodríguez, parejo al de Ntra. Sra. del Rocío, con la Virgen del Perpetuo So­corro, óleo firmado por Rafael Blas Rodríguez. Detrás de éste y en la pared lateral, aparecieron también en 1980 unas pinturas de técnica mixta, del último cuarto del siglo XVI: la Anunciación del ángel a San Joaquín, y el Anuncio del ángel a Santa Ana.
     Seguidamente, abre una capilla en la que reciben culto los titulares de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El espacio se cubre con bóveda oval sobre pechinas que se decoran con cartelas. Preside la capilla un retablo neobarroco de madera tallada y dorada, de Francisco Ruiz Rodríguez, con un suntuoso tabernáculo de columnas salomónicas de la primera mitad del s. XVIII. La imagen titular del Nazareno es una adaptación de un Cristo atado a la columna posiblemente realizado hacia 1740 en el círculo de José Montes de Oca. Al perderse en 1936 la imagen del antiguo Padre Jesús, el mismo año se encargó a Sebastián Santos la transformación de su postura para la iconografía que representa ahora. Ha sido restaurado por su hijo Jesús Santos Calero, en 1982. A su derecha, la Virgen del Socorro, de 1936, la primera imagen dolorosa que realizó Sebastián Santos. A su izquierda, San Juan, obra del escultor palmerino Joaquín Moreno Daza, de 1959. Muy interesante es la escultura policromada de un Niño Jesús pasionista, con los ojos llenos de lágrimas mirando al cielo, que aparece firmado en la peana por Lorenzo Ramírez, y fechado en Málaga en 1742. Sobre la puerta de la sacristía, un lienzo de San Antonio de Padua. A los pies de la nave, un Jesús Cautivo, escultura policromada para vestir, obra de Castillo Lastrucci, de 1946.
     Pueden verse también en la nave de la epístola un lienzo de San Antonio de Padua, del siglo XIX; y otro óleo sobre lienzo que representa a una Virgen con el Niño, del mismo siglo. En la sacristía hay un pequeño lienzo del Salvador (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
      La ermita de Nuestra Señora del Valle es un templo mudéjar de planta basilical de tres naves separadas por arquerías apuntadas sobre pilares cruciformes que las articulan en tres tramos. La nave del evangelio presenta portada de ingreso y la de la epístola una capilla dedicada a Nuestro Padre Jesús Nazareno. La nave central, más alta y ancha que las laterales, posee portada a los pies y arco triunfal de acceso a la capilla mayor. Ésta se presenta como un espacio cúbico de gran sencillez que con clara independencia volumétrica se adosa al cuerpo de la ermita.
     La articulación de elementos y la decoración del torreón recuerdan las formas almohades reinterpretadas por el mudéjar local.
     La nave central se cubre con armadura de par y nudillo y atirantadas, mientras que las naves laterales lo hacen con simples armaduras de colgadizo.
     La cubierta de las naves es de teja árabe a dos aguas con faldones ligeramente incurvados. La Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno se cubre con cubierta a cuatro aguas también de teja árabe.
     En este inmueble se distinguen dos fachadas, una principal, a los pies de la nave central y otra situada en la nave del Evangelio.
     En la portada principal destaca su entrada gótico-mudéjar, de vano ojival, compuesta por tres arquivoltas con grueso baquetón angular, todo ello inscrito en un alfiz. En dicha portada se sitúa un rosetón (elemento característico del gótico-mudéjar) con vidrieras modernas y rematada con una espadaña, compuesta de tres arcos rematados por frontones triangulares, el central más ancho y alto, que cobija la única campana del templo. Junto a la portada se halla un retablo cerámico que representa a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Dicho retablo se cubre con tejaroz a tres aguas, con tejas de cerámica de color azul y blanco.
     La portada de la nave del Evangelio o lateral y septentrional, destacada sobre el lienzo mural, presenta igualmente arcos ojivales y repite el original quiebro de los baquetones que forman el alfiz. Dicha portada fue construida posiblemente muy avanzado el siglo XV o a principios del XVI, y fue posteriormente reformada durante el siglo XVIII y hacia 1923, fecha en que perdió la espadaña barroca que la remataba, además del almenado de merlones escalonados mudéjares que recorría todo el muro del Evangelio. Este muro septentrional aparece rematado por un alero sostenido en hilera de canecillos de doble curva cóncava. En este muro, muy cerca de la puerta de entrada, se observa un retablo cerámico dedicado a la Virgen del Valle, que presenta la misma techumbre que el de la fachada principal. A continuación de esta fachada y anexa a ella sobresale la fachada del torreón almenado de la capilla mayor, que le da al templo un peculiar aspecto de fortificación. Dicho torreón se cubre externamente mediante azotea plana. En el interior de dicho torreón se aprecia como parte destacada la capilla mayor, el espacio de mayor singularidad del edificio, derivado de las qubbas islámicas, en concreto del arte almohade. Ésta es de planta casi cuadrada y cubierta por bóveda ochavada sobre trompas, se regruesa a media altura, formando en sus extremos arcos apuntados ciegos sobre ménsulas facetadas que cobijan una decoración de arquillos geminados polilobulados y mixtilíneos con sebka o losanges sobre ellos, cuya ubicación y variedad morfológica es única en la arquitectura de la provincia.
     La ubicación espacial de las principales imágenes, de la patrona y de Jesús Nazareno junto con la Virgen del Socorro, denotan la relevancia simbólica de éstas y se corresponde con su absoluto protagonismo en los principales rituales festivo-religiosos de la Palma.
     Desde el primer tramo de la nave de la Epístola, se accede a través de una puerta a la sacristía, espacio que anteriormente fue habitación de la casa del santero o ermitaño. Desde al menos 1892 se utiliza como sacristía. Existe otra entrada desde el exterior del templo, en el extremo lateral de la fachada de la Epístola.
     La solería está formada por losetas rectangulares de barro cocido dispuestas en espiga. Tan sólo los frentes y ángulos de los escalones y gradas se decoran con piezas vidriadas. La ermita ha sido restaurada en dos ocasiones, en 1923 y en 1987-1989. La intervención que más afectó a ésta fue la primera, auspiciada por el vizconde de Palma, pues en ella se suprimió la hornacina y remates barrocos de la portada del Evangelio, se eliminaron los merlones de la cornisa de la nave y se incorporaron azulejos y nuevos elementos en la capilla de Jesús Nazareno. La segunda intervención se dedicó al saneamiento de las estructuras del templo, techumbre, paredes y arcos.
     En el estudio artístico de la Ermita de Nuestra Señora del Valle hay que diferenciar claramente dos partes. El cuerpo del templo con sus tres naves y la capilla mayor. El origen de esta última parece encontrarse en alguna construcción de carácter militar de época almohade y que se relacionaría con la fortaleza antes mencionada. Destaca por su gran riqueza decorativa interior, que presenta gran proliferación de elementos de origen islámico. El carácter militar se refuerza por la existencia de su terraza almenada. En este sentido, Angulo Íñiguez la incluyó en el grupo que él denominaba "Iglesias con capilla mayor morisca", y la relaciona con las ermitas de Castilleja de Talhara, Gelo, la Parroquia de Hinojos, la Parroquia de Gerena, etc.
     En la decoración de la capilla destaca la composición de los muros laterales con sus arcos apuntados que cargan sobre ménsulas y encuadran una decoración de arquerías ciegas. Angulo señala que es caso único en la arquitectura mudéjar andaluza, aunque ve cierta relación con los triforios de Toledo o Cuenca.
     Con respecto al cuerpo del templo, se constituye por medio de tres naves, la central de doble anchura que las laterales.
     Se dividen dichas naves por medio de cuatro pilares sobre los que cabalgan arcos apuntados.
     Este templo sigue el sistema tradicional sevillano de templo mudéjar del siglo XV. El principal aspecto diferenciador radica que en la capital las capillas mayores utilizan elementos góticos propios de la cultura de los conquistadores. En cambio, en la zona del Aljarafe sevillano se siguen utilizando aún las formas musulmanas, cúpulas sobre trompas, al igual que sucede en la ermita.
     El templo pudo salvarse del incendio del que fueron víctimas, en Julio de 1936, otros edificios de la ciudad, no ocurriendo así con la mayoría de las obras de arte que contenía. Al igual que en 1755, cuando el seísmo de Lisboa destruyó por completo el templo de San Juan Bautista, la Iglesia de Nuestra Señora del Valle oficiaría desde Noviembre de 1936 como parroquia provisional de la localidad hasta que aquél, una vez restaurado, fue abierto de nuevo al culto en 1940 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Convento Hermanas de la Cruz
     Fue fundado en 1962, y enriquecido artística­mente por el vizconde de La Palma, Ignacio de Cepeda. El edificio principal tiene dos cuerpos con amplios ventanales. Se cubre a cuatro aguas con tejas árabes. La techumbre queda interrum­pida por un lucernario acristalado que ilumina el interior. La capilla, anexa al recinto, está precedida por elegante logia, y se complementa con un elevado mirador-campanario.
     En el templo, diáfano, de una sola nave con techumbre de madera y testero frontal de ladrillo limpio, vemos sucesivamente una pintura de San Antonio de Padua, con el Niño en brazos, de la primera mitad del XVIII. Por los muros laterales de la capilla se sitúa una serie de lienzos de la vida de la Virgen, obras anónimas sevillanas de hacia 1650. El primero de ellos es la Anunciación, cuya escena aparece envuelta en una corona de flores. De un seguidor de Arteaga, de ha­cia 1700 es la Visitación, pintada sobre fondos de arquitectura clásica. Parejo a la Anunciación, una Presentación de la Virgen con la correspondiente envoltura floral. Un pequeño óleo de la Inma­culada, en cuyo marco tallado y dorado dice una cartela: «Murillo»; bien podría ser un buen imitador del maestro, de fines del XVII. Sobre un pedestal se venera una escultura de San José con el Niño de 1963, que, junto con el San Francisco de Asís de 1962, situado en el lado opuesto, se cuentan entre las obras más logradas del escultor palmerino Joaquín Moreno Daza.
     En el presbiterio preside un pintura de la Virgen del Rocío con el Espíritu Santo entre querubines, firmado por Santiago Martínez en el Año Santo Mariano de 1954. Debajo, sobre un basa­mento de mármol, un tabernáculo de plata muy sobrio, en cuya portezuela figura el Buen Pastor. Sobré el templete superior, un manifestador con un Cristo crucificado de marfil, de escuela italiana, de hacia 1590. La figura, de esbelta y apolínea anatomía, se fija a una cruz plana de ébano, con cantoneras de plata lisa. A uno y otro lado, Santa Teresa en éxtasis, del s. XVII, y Santa Án­gela de la Cruz, en madera policromada, obra de Joaquín Moreno Daza, realizada en 1986. Dos grandes jarrones ornan los ángulos del presbiterio, firmados por Montalbán, y, apareciendo entre la habitual guarnición, las escenas de la Santa Cena y la Cena de Emaús.
     A modo de coro bajo, abre al lado de la epístola una estancia con importantes obras. Un cuadro anónimo sevillano del XVIII, con el Triunfo del nombre de Jesús. Es copia del que Juan Valdés Leal pintó en el año 1674, y que se conserva en el Museo Provincial de Sevilla. A ambos lados, una Santa Ana Tríplex, escultura en madera policromada obra hispanoflamenca de la primera mitad del XVI; y un grupo escultórico del Cal­vario, muy teatral y movido, de un autor perteneciente al círculo gaditano-genovés de fines del siglo XVIII. Por último, una tabla de la Mater Boni Consilii, firmada por Santiago Martínez en 1956.
     En el muro de la epístola, una notable pintura en tabla de un Calvario, de escuela castellana de hacia 1560, que figuró en la Exposición de Arte Antiguo de Sevilla, 1929, propiedad entonces del Duque de Andría, Madrid. Le sigue una tabla del Nazareno, inspirado en una estampa de Sebastiano del Piombo. Otros tres lienzos de la serie de escenas marianas en co­ronas de flores y frutos: Descanso en la Huida a Egipto, Presentación de Jesús y Purificación de María, y la Visitación. Bajo ellos, unas vidrieras polícromas de Maumejean, Madrid, represen­tan a varios santos. Al final, un lienzo barroco del Niño Jesús Salvador, obra sevillana de mediados del XVII. En el coro alto, a los pies de la iglesia, hay dos tablas con la Imposición de la Casulla a San Ildefonso y San Martín partiendo la capa, procedentes del antiguo retablo de las MM. Agustinas de Huelva, firmadas por Bar­tolomé Gómez, del segundo cuarto del s. XVII. En el centro un óleo apaisado de tema alegórico, del siglo XVIII.
     En el interior de la casa religiosa, podemos ver un grupo escultórico en madera policroma­da, de la adoración del Niño por María y José, del círculo de Cristóbal Ramos. Una Virgen de la Piedad, con Cristo muerto en su regazo, escultura en madera policromada, obra anónima de hacia 1800. En una urna, una Virgen de la Soledad, imagen de candelero para vestir, de rodillas con las manos unidas. Una escultura en madera policromada del Niño Jesús sobre nube y tres querubines, de Enrique Orce, 1946. Santa Catalina de Siena, escultura en madera policromada, obra anónima de fines del s. XVI (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Este convento de reciente construcción (mediados del S.XX) fue diseñado por el arquitecto Carlos Martínez Caro. En su exterior destacan el campanario mirador que repite la tipología de la entrada principal utilizando arcos de medio punto sostenidos sobre pilares circulares que a su vez se encuentran sobre pedestales. En el interior su modesta capilla alberga una importante colección de obras de arte. El edificio hoy se encuentra destinado a ser utilizado como residencia de ancianos (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

Palacio del Señorío
     En la plaza de España, frontera a la fachada de la parroquia, subsiste parte del antiguo Pala­cio del Señorío, hoy sede de una entidad bancaria. En origen, este edificio, datado asimismo en el Quinientos, perteneció al almirante y virrey de las Indias, don Diego Colón. Posteriormente, hasta finales del siglo XIX, fue residencia de los Alcázar, señores de La Palma (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Teatro España
     El Teatro España se encuentra donde antiguamente se ubicaba el Cine España que ha sido un edificio de notable presencia en la plaza principal de la localidad.
     En la actualidad, el teatro cuenta con un espacio único con un aforo de 400 plazas , patio de butacas, anfiteatro y palcos que aseguren las mejores condiciones visuales y acústicas en todos los asientos de la sala (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

Casino
     El casino, cuya construcción nos remonta a la prosperidad agrícola e industrial palmerina de la segunda mitad del siglo XIX. Presenta una fachada de ladrillo con arquerías de medio punto que hacen de ventanales en la planta baja, y una balconada con balaustre de terracota, elemento decorativo que se repite en la azotea del inmueble (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

Rincón de los Leones
     En su origen esta zona formaba parte del corral de la casa parroquial. Entre 1925 y 1928 este espacio fue rehabilitado por orden del alcalde Don Ignacio de Cepeda, con la intención de dotarle de una nueva función monumental. Recientemente restaurada, en su interior se encuentra una gran cruz de forja sobre un pedestal con decoración cerámica (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

Ermita de San Sebastián
     La edificación mudéjar, reformada en época barroca, presenta tres naves que desembocan por la cabecera en sendas capillas rectangulares. La antigua ermita se cubre a dos aguas con techumbre de madera. Desde el 8 de abril de 2001 son veneradas en esta capilla las imágenes del Cristo del Perdón, escultura en madera policromada, obra de Luis Álvarez Duarte, de 1982; María Santísima de la Amargura, de candelero para vestir, realizada por el mismo autor sevillano, de 1976. Recibe culto, además, la Virgen de la Soledad, atribuible a Gabriel de Astorga, de la segunda mitad del s. XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La construcción de esta ermita se remonta al siglo XVI. Se construyó con el objetivo de cobijar a la población de oleadas epidémicas que azotaban gravemente esta zona. Aunque en su origen se situaba a la entrada de la localidad, actualmente se encuentra plenamente integrada en la trama urbana. De estilo mudéjar, presenta algunas características destacables tales como sus pilares ochavados que soportan los arcos apuntados que separan las tres naves de la ermita. Exteriormente destaca por su gran sobriedad decorativa. A lo largo del paso del tiempo desde su construcción fueron diversos los avatares que golpearon a la ermita, el abandono, su uso como hospital, comedor social e incluso taller mecánico. Actualmente se encuentra plenamente restaurada tanto en su estructura como en su uso, siendo lugar de culto de María Santísima de la Soledad, Santísimo Cristo del Perdón y Ntra. Sra. de la Amargura (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

Plaza de la Magdalena
     La calleja lateral del Teatro de España es paso para llegar a la Plaza de la Magdalena, espacio de planta en ángulo recto ordenada por arriates y naranjos que le confieren un pintoresco encanto, al que se suman las viviendas con amplios ventanales y cristaleras o las vestidas de ladrillo visto (Ayuntamiento de La Palma del Condado).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Ermita de Ntra. Sra. del Valle; Convento Hermanas de la Cruz; Palacio del Señorío; Teatro España; Casino; Rincón de los Leones; Ermita de San Sebastián; y Plaza de la Magdalena) de la localidad de La Palma del Condado (II), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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