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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 16 de septiembre de 2026

La Ruta Arqueológica de la Ciudad: La Defensa de la Ciudad

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad: La Defensa de la Ciudad, de Sevilla.
     Lugares y elementos arqueológicos de la Ruta Arqueológica de la Ciudad: La Defensa de la Ciudad:


8. MURALLAS DE LOS JARDINES MURILLO, DEL CALLEJÓN DEL AGUA Y PUERTA DEL AGUA
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Peatonal y tráfico rodado. Se encuentra en la vía publica. Proximidad de líneas de autobús y metro. El Itinerario incluye referencias exteriores en la vía publica.
DESCRIPCIÓN:
     Diversos tramos continuos de lienzos de la muralla musulmana de la cerca urbana medieval (ss. XI-XIII). El itinerario comprende:
  • Tramo de los Jardines de Murillo, extramuros de la ciudad histórica, se conserva en su alzado completo con sus torres y casas adosadas mostrando algunas de ellas estilos historicistas neomudéjares como adecuación escenográfica de la ciudad hispanomusulmana. En las secciones que presenta el muro, en la plaza de Refinadores y en la plazuela de Alfaro, se distinguen los dos caños de barro por donde iba el agua de los Caños de Carmona hasta el Alcázar.
  • Tramo del Callejón del Agua, intramuros, se conserva en su alzado completo dando las torres a los jardines del Alcázar. En la sección de la muralla, al inicio del recorrido por este tramo, se distinguen igualmente los caños de conducción de agua de abastecimiento al Alcázar y Catedral, que le da nombre al callejón.
  • En medio del recorrido se encuentra placa de bronce de calidad artística, firmada por el escultor Mariano Benlliure, conmemorativa de la figura de Washington Irving. Este autor fue un escritor romántico norteamericano asociado a la creación del mito orientalista de Andalucía, a partir de sus monumentos arqueológicos hispano musulmanes (Alhambra, Mezquita de Córdoba, Sevilla, Ronda,...). En todo el itinerario se observan diversas casas de estilo historicista imbricadas en la muralla, configurando una escenografía romántica.
  • Puerta del Agua (Bab Al Yahwar). Al final nos encontramos, a ambos lados, con las únicas puertas medievales conservadas en la ciudad. A la derecha, con acceso en acodo antes de entrar en el Patio de Banderas. Se encuentra embutida en las edificaciones y parcialmente soterrada, distinguiéndose los goznes de las puertas y la cúpula de paños del espacio intermedio.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo narrativo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     En buen estado de conservación.

Más sobre las Murallas de los Jardines Murillo, del Callejón del Agua y Puerta del Agua, en ExplicArte Sevilla.


13. POSTIGO DEL ACEITE

TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Puerta de la ciudad de construcción musulmana (s. XI), identificada como Bab Al Qatay o Puerta de los Barcos. Se ha mantenido en servicio hasta la actualidad con diversas reformas y funcionalidad de acceso al puerto histórico. Se distinguen las dos torres laterales que la flanquean y el arco con el escudo renacentista de la ciudad. También se observan dos fustes romanos adosados a los laterales, con ranuras verticales para la ubicación de barreras con tablones para defensa contra las crecidas del río en la Edad Moderna.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     La Defensa de la Ciudad.
     Historia Hidráulica Urbana: sistema de aprovisionamiento medieval de agua.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Itinerarios alternativos y apoyo narrativo del Itinerario principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre el Postigo del Aceite, en ExplicArte Sevilla.


14. ATARAZANAS
TITULARIDAD:
     Publica (Autonómica, Consejería de Cultura).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso peatonal y tráfico rodado. En las proximidades discurren el Metrocentro y Autobús. Ingreso libre.
DESCRIPCIÓN:
     La Atarazanas suponen el referente por antonomasia de la relación histórica de la ciudad con el río. Construidas como factoría de barcos y pertrechos de guerra por Alfonso X el Sabio en 1252, sus imponentes 17 naves se dedicaron tras su cierre como astillero, a fines del s. XV, a diversas funciones, públicas y privadas, como pescaderías de la ciudad, almacenes portuarios, aduana, almacén de mercurio -el azogue- para el beneficio de la plata americana, maestranza de artillería, etc.
     Las Atarazanas están relacionadas con multitud de historias de la ciudad, con la historia de la navegación y de la Marina de Castilla, especialmente bajo Pedro I y con la relevancia estratégica del río en la historia política, del comercio y de las relaciones atlánticas.
     Del conjunto original se conservan en magnífico estado las siete naves septentrionales, ofreciendo un espectáculo monumental en su interior. Durante las labores de restauración se llevaron a cabo importantes excavaciones arqueológicas, con resultados sobresalientes al demostrar la fecha de construcción bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, la altura exacta de los grandes arcos que las conforman, y un buen número de restos, elementos e información.
     Los restos que se observan son:
La muralla medieval musulmana de la ciudad, situada al fondo del edificio.
La barbacana o antemuro de la muralla, descubierta en las excavaciones y conservada en muy buen estado.
Una de las dos torres que conforman la puerta del Postigo del Aceite, visible desde el interior de las Ata razanas y fechada en los siglos XI y XIII. Las excavaciones han descubierto los restos, visibles, de una reforma almohade de esta puerta.
Las Atarazanas medievales que constituyen la estructura del edificio actual. Están formadas por imponentes arcos de ladrillo que configuran las 7 naves de esta edificación.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.

FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento abierto al público con varias áreas excavadas con restos visibles. Parcialmente restaurado.

Más sobre las Atarazanas, en ExplicArte Sevilla.


15. TORRE DE LA PLATA

TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Torre defensiva de la cerca de la ciudad medieval. Presenta planta octogonal y paramentos exteriores restaurados con los aparejos vistos. Hay elementos exteriores y huellas que permiten defender dos etapas en su construcción: almohade y medieval cristiana, quizás bajo Alfonso X. Los huecos de medio punto que se distinguen en la planta alta corresponden a antiguos huecos de acceso a matacanes de tiro vertical, posiblemente de madera.
     Su funcionalidad parece estar destinada a la defensa del interior de la alcazaba de la Moneda, quizás construidas en origen como atarazanas almohades.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.

FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo narrativo al Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Torre de la Plata, en ExplicArte Sevilla.


17. TORRE DEL ORO
TITULARIDAD:
     Pública (Ministerio de Defensa).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Es uno de los monumentos más característicos de la identidad iconográfica de la ciudad. Asume la versión monumental en el itinerario turístico general, la de musco naval que conserva y exhibe en su interior, y la de monumento arqueológico, más evidente tras la restauración de los paramentos exteriores.
     Su fisonomía actual permite diferenciar elementos de su evolución histórica. Se han formulado nuevas hipótesis sugerentes del proceso de transformación funcional y formal a partir del análisis arqueológico. Son especialmente interesantes las nuevas teorías de la fase original almohade (1220), formalizada exclusivamente con el primer cuerpo para defensa del río y el puerto; Alfonso X (fines del s. XIII) le añadiría los matacanes para la defensa frente a los asedios de los benimerines y Pedro I (mediados del s. XIV) le añadiría el segundo y característico cuerpo. Este sería construido como un pabellón en estilo mudéjar, donde retirarse el monarca con sus amantes.
     Estas nuevas imágenes e interpretaciones añaden valor a la disciplina arqueológica por haber desvelado cuestiones desconocidas y a la propia torre, ya que la hace más compleja en su particular historia y de especial interés por aumentar la relación, hasta ahora muy amplia, del rey Don Pedro con la misma, añadiendo a su función como cárcel y depósito de riquezas la de nido de aventuras amorosas.
     Otro de los aspectos curiosos del río es que funcionó como "nilómetro" del Guadalquivir, es decir, como hito físico donde registrar las subidas excepcionales del río mediante placas embutidas. Conserva en el flanco norte tres plaquitas conmemorativas del s. XIX.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.

FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Torre del Oro, en ExplicArte Sevilla.


19. CASTILLO DE SAN JORGE

TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso peatonal y por tráfico rodado. Ingreso libre.
DESCRIPCIÓN:
     El Castillo de San Jorge o de Triana, fue construido en época almohade para la defensa del puente de barcas, ante el peligro que presentaban las tropas castellanas en su avance hacia el Sur, tras su victoria en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Tras la conquista de la ciudad, fue ocupado por una ermita dedicada a San Jorge y en 1480 se transforma para la instauración del Tribunal del Santo Oficio o de la Inquisición, hasta su abandono en 1785. En los inicios del s. XIX se transforma en mercado de abastos de Triana.
     La construcción del nuevo mercado conllevó excavaciones arqueológicas que depararon un conjunto muy interesante que ha sido conservado y expuesto al público. Su contenido desarrollado en unos 2000 m2, está formado por:
Los lienzos oeste y norte de la Fortificación almohade en su alzado completo y que componen los límites actuales del mercado. El lienzo oeste presenta un vano abierto para dar acceso al mercado, similar a otro centrado en el lienzo norte, junto al cual ha sido hallada una puerta medieval del recinto.
Una Necrópolis almohade (s. XII) de uso previo a la construcción del castillo. Se conserva la información y colecciones de bienes muebles, muy interesantes.
La Ciudadela del Tribunal de la Inquisición compuesta por puerta de acceso desde el río, barbacana, calles interiores pavimentadas con guijarros, cuadras, una parte de la capilla de San Jorge, la Sala de la Audiencia y varias casas de los inquisidores y del servicio.
     El conjunto representa un excepcional testimonio de la sociedad de la Edad Moderna y de una Institución tan característica y controvertida como la Inquisición.
     El proyecto de musealización incorpora una sala inicial de sensibilización ante los abusos de poder, siguien­do a continuación el itinerario por el interior de la ciudadela, en cripta y por pasarelas, con aparato expositivo en diversos soportes.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río: iconografía de la ciudad, riadas.
     La Defensa de la Ciudad.
     Las Tres Culturas: Costumbres funerarias musulmanas. Inquisición.
     Sevilla Almohade.

FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento excavado y restaurado. Proyecto de musealización en proceso de ejecución.

Más sobre el Castillo de San Jorge, en ExplicArte Sevilla.


20. CARTUJA DE SANTA MARÍA DE LAS CUEVAS
TITULARIDAD:
     Pública (Autonómica. Consejería de Cultura).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso rodado y peatonal. Ingreso libre o de pago según las zonas.
DESCRIPCIÓN:
     La Cartuja de Las Cuevas es un excepcional monumento restaurado con motivo de la Expo '92. Los trabajos fueron desarrollados con el concurso de la arqueología, derivando de ello numerosas aportaciones a su conocimiento y a la configuración del lugar. Reúne una complejidad notabilísima en sus contenidos e instalaciones. El núcleo monacal está ocupado en la actualidad por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.
     Conserva restos de diversa índole y monumentalidad del Monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, destacando, entre otros, las huellas de la intensa relación que tuvo con la figura de Cristóbal Colón, tanto en su momento como en la memoria colombina posterior. Por ello, la Cartuja ocupa un lugar destacado en la historia de la navegación por la relación de Sevilla y el Guadalquivir, con Colón y el descubrimiento de América. Incluye los siguientes hitos arqueológicos de nuestro interés para el itinerario:
Capilla de Santa Ana y cripta del enterramiento de Cristóbal Colón desde 1509 a 1535, con ambiente monumental restaurado con criterios arqueológicos. Ha sido durante muchos años el único lugar de enterramiento seguro de los restos del Almirante hasta que salió de estas instalaciones hacia América, con diversos destinos de sus restos. Las modernas investigaciones genéticas identifican el final de este proceso con la identificación del origen de los huesos conservados en la Catedral de Sevilla con los del descubridor.
El llamado "Zapote de Colón", árbol tropical monumental que conserva la memoria de haber sido plantado por el Almirante.
Conjunto de norias y huerta jardín del s. XVI restauradas con criterio arqueológico.
Conjunto de hornos de botella de tipología inglesa correspondientes a la fábrica de lozas de Pickman, activa en el lugar desde 1841 hasta la década de 1970. Para la elección de este lugar fue determinante su posición al borde del río Guadalquivir, con objeto de recibir por vía marítima los barros especiales para la loza, procedentes de Escocia. La fábrica de La Cartuja disponía de un embarcadero.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Cartuja de Santa María de las Cuevas, en ExplicArte Sevilla.


22. MURALLAS DE LA MACARENA
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentran en la vía pública con accesos desde varias líneas de autobús.
DESCRIPCIÓN:
     Sector conservado de las murallas islámicas de Sevilla (ss. XI-XII) compuesto por:
  • Puerta de la Macarena, que presenta aspecto reciente tras sus remodelaciones en la Edad Moderna y Contemporánea.
  • Lienzo de la muralla en tapial con varias torres, incluyendo la Torre Blanca, poligonal, conservadas en todo su alzado.
  • Barbacana o antemuro, conservada en todo su alzado.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Itinerario alternativo por su ubicación periférica al núcleo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre las Murallas de la Macarena, en ExplicArte Sevilla.


24. MURALLAS DEL VALLE
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentran en la vía pública con proximidad de líneas de autobús.
DESCRIPCIÓN:
     Sector conservado de las murallas islámicas de Sevilla (ss. XI-XII) compuesto por los lienzos de muralla con varias torres macizas en tapial, conservadas en todo su alzado.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Itinerario alternativo por su ubicación periférica al núcleo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre las Murallas del Valle, en ExplicArte Sevilla.
(Fernando Amores Corredano, en Itinerario Arqueológico de la Ciudad de Sevilla. Córdoba, 2008).
 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad: La Defensa de la Ciudad, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Ruta Arqueológica de la Ciudad, en ExplicArte Sevilla.

lunes, 7 de septiembre de 2026

La Ruta Arqueológica de la Ciudad: Sevilla y el Río

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad: Sevilla y el Río, de Sevilla.
     Lugares y elementos arqueológicos de la Ruta Arqueológica de la Ciudad: Sevilla y el Río:


1. LA ENCARNACIÓN. ANTIQUARIUM DE SEVILLA
     La Plaza de la Encarnación, de más de 7000 m2, esta situada en el centro geométrico y comercial de la ciudad histórica de Sevilla. En la actualidad se desarrolla un ambicioso programa de reonovación urbana de la totalidad de la plaza y su entorno denominado Metropol-Parasol que incluye el mercado de abastos, plaza pública y espacios culturales.
     Desde 1991 se han desarrollado en el lugar extensas excavaciones arqueológicas con el hallazgo de un rico conjunto de restos arqueológicos cuyo valor ha determinado la conservación y presentación in situ. Del resultado de las exploraciones se ha seleccionado una colección de elementos perteneciente a diferentes épocas, desde el s. I d.C. al s. XII con una generosa diversidad funcional dispuestos para su presentación al público.
     Entre los atractivos para su visita se encuentran:
  • La gran superficie destinada a los restos arqueológicos, unos 4000 m2.
  • La altura libre del espacio visitable, entre 4 y 6 m, lo cual es anómalo para este tipo de criptas arqueológicas urbanas.
  • La diversidad temática de los contenidos: espacios de producción artesanal, casas de diversas épocas, espacios religiosos,...
  • El estado de conservación de las plantas de los edificios musealizados, completa en la mayoría de los casos, lo que aumenta su perceptibilidad y facilidad de comprensión.
     Actualmente se está ejecutando el proyecto de musealización del conjunto arqueológico bajo la denominación de "Antiquarium de Sevilla", ubicado en la planta sótano del edificio Metropol-Parasol. Desde la posición central que ocupa y la riqueza y diversidad de sus restos, este complejo museístico se erige en el corazón de la memoria histórica de la ciudad, siendo el lugar idóneo para ubicar el Punto de Encuentro del Itinerario Arqueológico Principal e inicio del mismo.
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal)
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Comunicaciones de autobús y metro desde varias estaciones de tren y autobús metropolitano. Ingreso controlado en grupos de 40 personas máximo en intervalos o libre, según espacios.
DESCRIPCIÓN:
     Se desarrollan en el interior los siguientes aspectos:
  • Punto de Encuentro y sede del Itinerario Arqueológico de Sevilla con espacios de acogida e información.
  • "Aula del Antiquarium": sala de proyección de audiovisual para el inicio del Itinerario Arqueológico y para aco­ger encuentros anuales de historia local.
  • "Galería del Antiquarium": sala de exposiciones temporales sobre aspectos de historia arqueológica de la ciudad. 
  • "Viaje a Híspalis, Spalis e Isbiliya": recorrido principal permanente, a través de pasarelas, por diferentes restos arqueológicos con proyecciones, maquetas y otros medios expositivos. La integran las siguientes secciones:
    • Factoría de Salazones romana (s. I d.C.). Bien conservada, los restos de pescado extraídos han permitido conocer las especies capturadas y reconstruir la actividad pesquera y el medio ambiente de la época.
    • Conjunto de casas romanas (ss. III-V) con patios, pavimentos de mosaico, columnas, etc. y colección de obje­tos, destacando un horno de lucernas. Se exhiben maquetas sobre la casa romana, modos de vida, etc.
    • Conjunto religioso cristiano (s. VI) formado por una iglesia y dependencias complementarias. Es el conjunto cristiano más completo conservado en la provincia de Sevilla. Se exhiben elementos litúrgicos, proyecciones sobre la expansión del Cristianismo en el mediterráneo.
    • Casa almohade (ss. XII-XIII) con patio de andenes y parterre central deprimido con jardín interior alimen­tado por una noria que se presenta reconstruida. Es el ejemplo mejor conservado de una casa almohade en Sevilla presentando una proyección sobre los modos de vida musulmán.
  • Taller para el desarrollo de actividades pedagógicas.
  • Tienda de recuerdos.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río: urbanismo, actividades económicas fluviales y puerto.
     Las Tres Culturas: inicios del Cristianismo en Híspalis. Vida cotidiana en Híspalis, Spalis y en Isbiliya 
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Centro de la memoria arqueológica de la ciudad. Punto de encuentro e inicio del Itinerario Arqueológico.
ESTADO ACTUAL:
     En proceso de ejecución del proyecto de musealización.

Más sobre la Encarnación. Antiquarium de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.


4. COLUMNAS DE CALLE MÁRMOLES
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal y Autonómica, Consejería de Cultura).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso por calles peatonales y por tráfico rodado restringido (taxi y minibus). Ingreso controlado por grupos de hasta 40 personas, en intervalos.
DESCRIPCIÓN:
     Conjunto de tres fustes romanos de granito egipcio con basas de mármol, alineados y con dimensiones monumentales (8,5 m. de altura), situados en el centro de la ciudad histórica. Se encuentran al aire libre, a su cota original, a 4 m. de profundidad de la rasante actual, acondicionado por pantallas perimetrales. Están rodeadas por parcelas libres con superficie generosa para su acondicionamiento museográfico.
     Las denominadas "Columnas de Mármoles" han asumido la memoria arqueológica y antigua del origen de la ciudad, al interpretarse tradicionalmente como la parte conservada de un templo erigido a Hércules, funda­dor mítico de la ciudad. Dos fustes procedentes de este mismo lugar fueron extraídos y colocados para presidir, como monumento urbano, el proyecto renacentista de la Alameda de Hércules (s. XVI). Las dos columnas fueron coronadas por esculturas de Hércules y César, materializando las leyendas del origen de la ciudad.
     Las columnas de Mármoles expiden una sensación de misterio derivado de su monumentalidad, de la pro­fundidad en la que se conservan y del aislamiento en el centro de la ciudad. Cargadas de referencias mitológicas y de leyendas urbanas, todas estas circunstancias se asocian de manera inmediata con la fascinación por los enigmas del Pasado y la aventura del conocimiento que supone la Arqueología.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
    Sevilla y el Río. Origen de la ciudad por su vinculación legendaria con la figura de Hércules, héroe mítico identificado con los viajes y la identidad clásica de las culturas antiguas mediterráneas y de Andalucía.
     I.as Tres Culturas: Paganismo y Cristianismo.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario.
ESTADO ACTUAL:
     Columnas al aire libre, arriostradas mediante soluciones de emergencia, aisladas en el conjunto de solares que exhiben las medianeras de las edificaciones vecinas. Las columnas se contemplan desde una solución de verja de fachada.

Más sobre las Columnas de calle Mármoles, en ExplicArte Sevilla.


TITULARIDAD:
     Iglesia Católica.
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Los restos de la mezquita mayor almohade constituyen el monumento más representativo de Sevilla. La to­rre de la mezquita es en sí misma un testimonio arqueológico de la dominación almohade, siendo acompañada por los exteriores Este y Norte del patio de abluciones, hoy Patio de los Naranjos, y las naves correspondientes a estos laterales.
     Desde el exterior se observan la propia torre con su característica decoración de paños de sebka y sus arcos con diseños vegetales. Aunque no son claramente visibles, la torre incorporó en su exterior una colección de capiteles califales traídos de Córdoba, como conexión material con la ciudad de los prestigiosos califas omeyas, cuyo califato ahora ostentaban los almohades.
     En la base del alminar, el califa Abu Yacub colocó varios pedestales romanos, abatidos, con inscripciones en latín -"rumí" para los hispanomusulmanes-, en conmemoración metafórica de su victoria sobre los cristianos en la batalla de Alarcos. Los textos latinos de los pedestales constituyen un magnífico testimonio de las actividades de los barqueros del río y negociantes hispalenses de aceite en el s. II d. C.
     Los exteriores de la mezquita conservan su característica forma cerrada con estribos sobresalientes y coro­nación de almenas escalonadas de tipo sirio, incorporadas desde el Oriente en Al Andalus por los omeyas en Córdoba. La Puerta del Perdón es un ejemplo sobresaliente del arte y de la arqueología almohades, en especial las hojas revestidas de bronce y los espectaculares llamadores. Desde la verja se observa una vieja pila de abluciones que se ha catalogado hasta ahora como visigoda.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
    Sevilla y el Río: comercio de aceite del valle del Betis en época romana con todo el Imperio, a través del puerto fluvial de la ciudad.
     Las Tres Culturas: La gran mezquita de Isbiliya. 
     Sevilla Almohade: capital del Imperio en Al-Andalus
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Giralda y Mezquita Almohade, en ExplicArte Sevilla.


13. POSTIGO DEL ACEITE
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Puerta de la ciudad de construcción musulmana (s. XI), identificada como Bab Al Qatay o Puerta de los Barcos. Se ha mantenido en servicio hasta la actualidad con diversas reformas y funcionalidad de acceso al puerto histórico. Se distinguen las dos torres laterales que la flanquean y el arco con el escudo renacentista de la ciudad. También se observan dos fustes romanos adosados a los laterales, con ranuras verticales para la ubicación de barreras con tablones para defensa contra las crecidas del río en la Edad Moderna.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo narrativo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     En buen estado de conservación.

Más sobre el Postigo del Aceite, en ExplicArte Sevilla.

TITULARIDAD:
     Publica (Autonómica, Consejería de Cultura).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso peatonal y tráfico rodado. En las proximidades discurren el Metrocentro y Autobús. Ingreso libre.
DESCRIPCIÓN:
     La Atarazanas suponen el referente por antonomasia de la relación histórica de la ciudad con el río. Construidas como factoría de barcos y pertrechos de guerra por Alfonso X el Sabio en 1252, sus imponentes 17 naves se dedicaron tras su cierre como astillero, a fines del s. XV, a diversas funciones, públicas y privadas, como pescaderías de la ciudad, almacenes portuarios, aduana, almacén de mercurio -el azogue- para el beneficio de la plata americana, maestranza de artillería, etc.
     Las Atarazanas están relacionadas con multitud de historias de la ciudad, con la historia de la navegación y de la Marina de Castilla, especialmente bajo Pedro I y con la relevancia estratégica del río en la historia política, del comercio y de las relaciones atlánticas.
     Del conjunto original se conservan en magnífico estado las siete naves septentrionales, ofreciendo un espectáculo monumental en su interior. Durante las labores de restauración se llevaron a cabo importantes excavaciones arqueológicas, con resultados sobresalientes al demostrar la fecha de construcción bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, la altura exacta de los grandes arcos que las conforman, y un buen número de restos, elementos e información.
     Los restos que se observan son:
  • La muralla medieval musulmana de la ciudad, situada al fondo del edificio.
  • La barbacana o antemuro de la muralla, descubierta en las excavaciones y conservada en muy buen estado.
  • Una de las dos torres que conforman la puerta del Postigo del Aceite, visible desde el interior de las Ata razanas y fechada en los siglos XI y XIII. Las excavaciones han descubierto los restos, visibles, de una reforma almohade de esta puerta.
  • Las Atarazanas medievales que constituyen la estructura del edificio actual. Están formadas por imponentes arcos de ladrillo que configuran las 7 naves de esta edificación.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento abierto al público con varias áreas excavadas con restos visibles. Parcialmente restaurado.

Más sobre las Atarazanas, en ExplicArte Sevilla.


15. TORRE DE LA PLATA
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Torre defensiva de la cerca de la ciudad medieval. Presenta planta octogonal y paramentos exteriores restaurados con los aparejos vistos. Hay elementos exteriores y huellas que permiten defender dos etapas en su construcción: almohade y medieval cristiana, quizás bajo Alfonso X. Los huecos de medio punto que se distinguen en la planta alta corresponden a antiguos huecos de acceso a matacanes de tiro vertical, posiblemente de madera.
     Su funcionalidad parece estar destinada a la defensa del interior de la alcazaba de la Moneda, quizás construidas en origen como atarazanas almohades.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo narrativo al Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Torre de la Plata, en ExplicArte Sevilla.

TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Arco monumental semienterrado, de 7 m. de anchura, formado por un vano abierto en la muralla de tapial, mediante bóveda rebajada con rosca de ladrillo y roscas exteriores escarzanas o rebajadas en sillares de alcor de origen romano. Las jambas del hueco se presentan forrando el tapial original con aparejo de ladrillo. En las esquinas de ambos laterales superiores se distinguen las gorroneras de las hojas de una gran puerta.
     Estudios recientes identifican este arco con uno de los vanos de acceso a las antiguas atarazanas almohades. La hipótesis se basa en la posición de cara al río, la altura derivada del desarrollo de su alzado original, las dimensiones de anchura, tipología, etc.
     Fotografías correspondientes a los trabajos de restauración de las murallas en los años 1990, muestran otro vano paralelo hacia el Sur, abierto en la muralla, pero sin revestir de la bóveda y los arcos y jambas.
     Todo parece indicar que nos encontramos ante las huellas visibles, bien conservadas, de una de las bocas de acceso a las atarazanas almohades. Según los textos musulmanes, el califa Abu Yacub mandó hacer unas atarazanas pero su inesperada muerte provocó la paralización de las obras, lo cual puede ser explicativo del vano inacabado de que hemos hablado y que en la actualidad se halla cegado por falta de interpretación adecuada.
     Este hallazgo permite ampliar las evidencias almohades de la ciudad, un escenario de futuras investigaciones y un argumento más de las relaciones históricas con el río.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo narrativo al Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre las Atarazanas Almohades, en ExplicArte Sevilla.


17. TORRE DEL ORO
TITULARIDAD:
     Pública (Ministerio de Defensa).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Es uno de los monumentos más característicos de la identidad iconográfica de la ciudad. Asume la versión monumental en el itinerario turístico general, la de musco naval que conserva y exhibe en su interior, y la de monumento arqueológico, más evidente tras la restauración de los paramentos exteriores.
     Su fisonomía actual permite diferenciar elementos de su evolución histórica. Se han formulado nuevas hipótesis sugerentes del proceso de transformación funcional y formal a partir del análisis arqueológico. Son especialmente interesantes las nuevas teorías de la fase original almohade (1220), formalizada exclusivamente con el primer cuerpo para defensa del río y el puerto; Alfonso X (fines del s. XIII) le añadiría los matacanes para la defensa frente a los asedios de los benimerines y Pedro I (mediados del s. XIV) le añadiría el segundo y característico cuerpo. Este sería construido como un pabellón en estilo mudéjar, donde retirarse el monarca con sus amantes.
     Estas nuevas imágenes e interpretaciones añaden valor a la disciplina arqueológica por haber desvelado cuestiones desconocidas y a la propia torre, ya que la hace más compleja en su particular historia y de especial interés por aumentar la relación, hasta ahora muy amplia, del rey Don Pedro con la misma, añadiendo a su función como cárcel y depósito de riquezas la de nido de aventuras amorosas.
     Otro de los aspectos curiosos del río es que funcionó como "nilómetro" del Guadalquivir, es decir, como hito fisico donde registrar las subidas excepcionales del río mediante placas embutidas. Conserva en el flanco norte tres plaquitas conmemorativas del s. XIX.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Torre del Oro, en ExplicArte Sevilla.

TITULARIDAD:
     Pública (Ayuntamiento).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Se encuentra en la vía pública.
DESCRIPCIÓN:
     Construido entre 1845 y 1852, este puente fue adjudicado a los ingenieros franceses Ferdinand Bernadet y Gustave Steinacher quienes residían en El Puerto de Santa María. Su diseño era análogo al del puente Carrousel de París (1834, actualmente desaparecido). Se impuso que las piezas de fundición fueran construidas en España para proteger el desarrollo de las nuevas industrias. En concreto, las piezas fueron realizadas en la fundición San Antonio, regentada por Narciso Bonaplata, uno de los ideólogos de la Feria de Abril.
     El material de su construcción fue piedra e hierro, procedente del Pedroso (Sevilla). Debido a los problemas de cristalización que presenta el hierro colado con el tiempo, este puente presentaba peligro de colapso por lo que fue presentado proyecto de demolición en los años 1970. La presión popular e institucional sevillana, evitaron su desaparición y se resolvió construir otro tablero independiente sobre las pilas antiguas, por lo que los arcos de hierro no trabajan en la actualidad (Monumento Histórico Nacional desde 1976).
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Apoyo Narrativo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre el Puente de Triana, o de Isabel II, en ExplicArte Sevilla.


19. CASTILLO DE SAN JORGE
TITULARIDAD:
     Pública (Municipal).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso peatonal y por tráfico rodado. Ingreso libre.
DESCRIPCIÓN:
     El Castillo de San Jorge o de Triana, fue construido en época almohade para la defensa del puente de barcas, ante el peligro que presentaban las tropas castellanas en su avance hacia el Sur, tras su victoria en la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Tras la conquista de la ciudad, fue ocupado por una ermita dedicada a San Jorge y en 1480 se transforma para la instauración del Tribunal del Santo Oficio o de la Inquisición, hasta su abandono en 1785. En los inicios del s. XIX se transforma en mercado de abastos de Triana.
     La construcción del nuevo mercado conllevó excavaciones arqueológicas que depararon un conjunto muy interesante que ha sido conservado y expuesto al público. Su contenido desarrollado en unos 2000 m2, está formado por:
  • Los lienzos oeste y norte de la Fortificación almohade en su alzado completo y que componen los límites actuales del mercado. El lienzo oeste presenta un vano abierto para dar acceso al mercado, similar a otro centrado en el lienzo norte, junto al cual ha sido hallada una puerta medieval del recinto.
  • Una Necrópolis almohade (s. XII) de uso previo a la construcción del castillo. Se conserva la información y colecciones de bienes muebles, muy interesantes.
  • La Ciudadela del Tribunal de la Inquisición compuesta por puerta de acceso desde el río, barbacana, calles interiores pavimentadas con guijarros, cuadras, una parte de la capilla de San Jorge, la Sala de la Audiencia y varias casas de los inquisidores y del servicio.
     El conjunto representa un excepcional testimonio de la sociedad de la Edad Moderna y de una Institución tan característica y controvertida como la Inquisición.
     El proyecto de musealización incorpora una sala inicial de sensibilización ante los abusos de poder, siguien­do a continuación el itinerario por el interior de la ciudadela, en cripta y por pasarelas, con aparato expositivo en diversos soportes.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río: iconografía de la ciudad, riadas.
     La Defensa de la Ciudad.
     Las Tres Culturas: Costumbres funerarias musulmanas. Inquisición.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento excavado y restaurado. Proyecto de musealización en proceso de ejecución.

Más sobre el Castillo de San Jorge, en ExplicArte Sevilla.

TITULARIDAD:
     Pública (Autonómica. Consejería de Cultura).
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso rodado y peatonal. Ingreso libre o de pago según las zonas.
DESCRIPCIÓN:
     La Cartuja de Las Cuevas es un excepcional monumento restaurado con motivo de la Expo '92. Los trabajos fueron desarrollados con el concurso de la arqueología, derivando de ello numerosas aportaciones a su conocimiento y a la configuración del lugar. Reúne una complejidad notabilísima en sus contenidos e instalaciones. El núcleo monacal está ocupado en la actualidad por el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.
     Conserva restos de diversa índole y monumentalidad del Monasterio cartujo de Santa María de las Cuevas, destacando, entre otros, las huellas de la intensa relación que tuvo con la figura de Cristóbal Colón, tanto en su momento como en la memoria colombina posterior. Por ello, la Cartuja ocupa un lugar destacado en la historia de la navegación por la relación de Sevilla y el Guadalquivir, con Colón y el descubrimiento de América. Incluye los siguientes hitos arqueológicos de nuestro interés para el itinerario:
  • Capilla de Santa Ana y cripta del enterramiento de Cristóbal Colón desde 1509 a 1535, con ambiente monumental restaurado con criterios arqueológicos. Ha sido durante muchos años el único lugar de enterramiento seguro de los restos del Almirante hasta que salió de estas instalaciones hacia América, con diversos destinos de sus restos. Las modernas investigaciones genéticas identifican el final de este proceso con la identificación del origen de los huesos conservados en la Catedral de Sevilla con los del descubridor.
  • El llamado "Zapote de Colón", árbol tropical monumental que conserva la memoria de haber sido plantado por el Almirante.
  • Conjunto de norias y huerta jardín del s. XVI restauradas con criterio arqueológico.
  • Conjunto de hornos de botella de tipología inglesa correspondientes a la fábrica de lozas de Pickman, activa en el lugar desde 1841 hasta la década de 1970. Para la elección de este lugar fue determinante su posición al borde del río Guadalquivir, con objeto de recibir por vía marítima los barros especiales para la loza, procedentes de Escocia. La fábrica de La Cartuja disponía de un embarcadero.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río.
     La Defensa de la Ciudad.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Hito del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Monumento restaurado.

Más sobre la Cartuja de Santa María de las Cuevas, en ExplicArte Sevilla.


21. BAÑOS DE LA REINA MORA

TITULARIDAD:
     Privado (Comunidad de propietarios y Hermandad de la Vera Cruz)
ACCESIBILIDAD Y CAPACIDAD:
     Acceso peatonal y por tráfico rodado. Ingreso libre.
DESCRIPCIÓN:
     Una de las intervenciones de mayor interés urbanístico acometidas por los almohades en su capital de Al Andalus, fue la urbanización de un amplio terreno ganado al río y hasta entonces ocupado por huertas, coincidente con el actual barrio de San Vicente. Se trata de un barrio ordenado en manzanas cuadrangulares, para el que se construyó su mezquita propia y unos baños para la limpieza ritual, anterior a los rezos del musulmán.
     La mezquita no se conserva y se ha identificado con el lugar que ocupa la parroquia de San Vicente. Sin em­bargo, se mantenía el nombre de la calle Baños en el nomenclátor popular de la ciudad. En los años 1970 fueron descubiertos en unas instalaciones militares y protegidos para su recuperación como Bien de Interés Cultural. En la década de 1980 y 1990 han sido objeto de exploraciones arqueológicas que han servido para conocer en su integridad la organización original. Ha sido restaurado recientemente por el Ayuntamiento de Sevilla.
     Se conservan varias salas con bóvedas con luceras, fustes y capiteles almohades de mármol, en un estilo original de mocárabes. Son los baños árabes conservados mayores de Al-Andalus.
APORTACIÓN TEMÁTICA:
     Sevilla y el Río: evolución urbanística de la ciudad.
     Las Tres Culturas: rituales musulmanes.
     Sevilla Almohade.
FUNCIONALIDAD EN EL ITINERARIO:
     Itinerario alternativo por su ubicación periférica al núcleo del Itinerario Principal.
ESTADO ACTUAL:
     Proyecto de restauración y valorización en curso.

Más sobre los Baños de la Reina Mora, en ExplicArte Sevilla.
(Fernando Amores Corredano, en Itinerario Arqueológico de la Ciudad de Sevilla. Córdoba, 2008).
 
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta Arqueológica de la Ciudad: Sevilla y el Río, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Ruta Arqueológica de la Ciudad, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Los principales monumentos (Castillo, Iglesia de Nuestra Señora de Araceli, Convento de la Merced, Convento de las Terciarias Franciscanas, Torre del Reloj, y Moros de Piedra) de la localidad de Villagarcía de la Torre, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de Nuestra Señora de Araceli, Convento de la Merced, Convento de las Terciarias Franciscanas, Torre del Reloj, y Moros de Piedra) de la localidad de Villagarcía de la Torre, en la provincia de Badajoz.
     Se sitúa hacia el NW de Llerena, ocupando una planicie en la zona interior de la Campiña correspondiente al área de transición con la Tierra de Barros y el ámbito zafrense; esto es, más alejada del área de influencia de lo andaluz. El paisaje es de dehesa, olivar y bosque mediterráneo, y el carácter de la población eminentemente agrario.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 67,5 Km2
     Altitud: 587 m.
     Distancia Capital: 107 Km.
     Partido Judicial: Llerena
     Comarca: Campiña Sur
     Gentilicio: Garcieño
Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre
     calle del Hospital, 10
     06950 Villagarcía de la Torre (Badajoz)
     Teléfono: 924875777 - 924875697
     Fax: 924875556
Historia.-
     Aunque se tienen datos sobre la existencia de la localidad ya en época árabe, el actual nombre de la localidad se debe al maestre santiaguista García Fernández, quien le daría así como apelativo de la villa su propio nombre: villa-garcía. Lo que resta del nombre -de la torre-, se justifica por la existencia de una notable torre.
     Actualmente, los naturales del pueblo ostentan el apelativo de garceños, aunque a nivel popular son conocidos en el partido judicial como brujos.
     La población se localiza al noroeste de Llerena, ocupando una planicie en la zona interior de la Campiña correspondiente al área de transición con la Tierra de Barros y el ámbito zafrense; esto es, más alejada del área de influencia de lo andaluz que otras localidades de la misma comarca. El paisaje es de dehesa, olivar y bosque mediterráneo, y el carácter de la población eminentemente agrario (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-
     La realización constructiva más destacada es su poderoso castillo señorial, erigido en el siglo XV, que se yergue en un extremo de la localidad. La fortaleza se mantuvo casi intacta hasta la Guerra de la Independencia, durante la cual sirvió de hospital de sangre a los franceses, siendo arrasada posteriormente por el general Morillo durante las carlistas. En la actualidad, de la formidable obra sólo se conserva la torre del homenaje y otros restos, sobre los que aún lucen las armas del primer Señor de la Villa, Don Luis Ponce de León.
     En el otro extremo de la población se halla la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de Araceli, obra también de gran cuerpo. En ella llama la atención sobre todo el interior, cuyo amplio espacio de tres naves presenta como peculiaridad el acusado desplome de las cuatro robustas columnas cilíndricas que sustentaban las bóvedas vaídas de la cubierta. El retablo mayor es obra del siglo XVII, con entalladura del segedano Juan Martínez de Vargas y pinturas de Tomás Rodríguez. La talla de la Virgen de los Remedios que lo preside se resuelve con postura de forzada torsión, poco frecuente. Pieza de singular interés es la conocida a nivel local como el Santo de piedra, talla de alabastro típicamente renacentista, ejecutada por el sevillano Juan Bautista Vázquez el Viejo, representando a Juan Martínez Guijarro, sobrino del Cardenal Silíceo, el insigne eclesiástico hijo de esta villa.
     Entre la iglesia y el castillo se encuentra el convento de la Merced, edificación de gran cuerpo, con ostentosa fachada de ladrillo visto y capilla. A él se aneja, presidiendo una plaza de acusado sabor popular, una torre en la que se halla el reloj público.
     En la misma plaza se localiza la antigua posada, originando un rincón de gran pintoresquismo; y enfrente de la torre, el en otro tiempo popularísimo local -barbería, relojería, cuchillería, y sobre todo, lugar de reunión- de un peculiar personaje, muy querido en el pueblo, llamado por todos El Maestro.
     Numerosas casas solariegas que peculiarizan su paisaje urbano perduran en Villagarcía, siendo de destacar entre ellas la del Duque de Osuna y otras en las calles Merced, Cardenal Silíceo, Iglesia, etc.
     Elementos distintivos de la localidad son los llamados "moros", especie de asientos de piedra con tosca talla antropomorfa que aparecen ante las puertas de muchas casas, y de los que resultan buenas muestras los de las calles Merced y Mota.
     A las afueras de la localidad, camino de Llerena, se conserva un buen pilar tradicional con su gran abrevadero (Diputación Provincial de Badajoz).

Castillo.-
     El castillo de Villagarcía de la Torre se encuentra en un extremo de la localidad del mismo nombre, en la provincia de Badajoz.
     El poderoso castillo señorial de Villagarcía de la Torre fue construido en el siglo XV, y se mantuvo casi intacto hasta la Guerra de la Independencia, durante la que sirvió de hospital de sangre a los franceses, siendo arrasado posteriormente por el general Morillo durante las guerras carlistas.
     En la actualidad sólo se conserva la torre del Homenaje y otros restos, sobre los que aún lucen las armas del primer Señor de la Villa, don Luis Ponce de León. Conserva su potente torre del Homenaje, algunas torres cuadradas y cubos redondos, y buena parte de los muros exteriores.
     Se encuentra en estado de ruina. Quedan algunos muros y torres. En su interior, hoy diáfano y descubierto, se han tenido que apuntalar los arranques de los desaparecidos techos, así como de algunas torres (Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre).

Iglesia de Nuestra Señora de Araceli.-
     En su plaza se alza la población y donde se halla la Iglesia parroquial de Ntra. Sra. de Araceli, obra también de gran cuerpo. Se inició su construcción en el siglo XV, completándose la misma en el siglo XVII. La zona mas antigua corresponde a la cabecera, habiendo sufrido diversas trasformaciones en épocas posteriores.
     Su fábrica esta realizada en mampostería de piedra y ladrillo sin encalar, los aparejos reflejan la época de la construcción, los sillares son escasos y se corona con gárgolas.
     El interior, de amplio espacio se organiza en planta de tres naves, divididas en tres tramos, con bóvedas vaídas y de otros diseños, apoyando sobre cuatro columnas de orden toscano con sillares de granito.
     La cabecera presenta ábside de forma poligonal, de doble tramo y cubierta de crucería. A los laterales capillas adosadas con cubiertas de terceletes. El retablo mayor es obra del siglo XVII, con entalladura del segedano Juan Martínez de Vargas y pinturas de Tomás Rodríguez. La talla de la Virgen de los Remedios que lo preside se resuelve con postura de forzada torsión.
     Al pie se sitúa el coro apoyando en cinco arcos, capilla cupulada del siglo XIX y torre cuadrangular sin rematar, con espadaña de gran presencia, realizada en ladrillo del siglo XVIII, con fachada al costado lateral. En el Coro se encuentra la talla conocida como el Santo de piedra, talla de alabastro típicamente renacentista, ejecutada por el sevillano Juan Bautista Vázquez el Viejo, representando a Juan Martínez, sobrino del Cardenal Silíceo.
     Su portada usual e importante es la del lado de la Epístola, que da a la plaza. Es una portada de piedra, de traza clásica, en arco entre columnas de orden toscano y el correspondiente entablamiento, obra de fines del siglo XVI.
     El ábside es gótico, con ábside de tres lados con bóvedas de crucería.
     Góticos apuntados son los arcos de las naves, sobre columnas lisas toscanas; pero las bóvedas y la cúpula que hay en el centro es obra posterior.
     El retablo mayor, con lienzos y figura es del siglo XVII.
     Pórtico de la iglesia de los maestros de Zafra el escultor Juan de Vargas y el pintor Tomás Rodríguez. En 1676-77 queda constancia de la colocación de la obra (Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre).

Convento de la Merced.-
     Entre la iglesia y el castillo se encuentra el convento de monjes descalzos de la Merced, edificación de gran cuerpo, obra de estilo barroco con una gran espadaña y ostentosa fachada de ladrillo visto y capilla. 
     En la actualidad se encuentra embutida entre viviendas particulares. En su interior de una sola nave, se halla desprovisto de capillas. El friso de estuco representa el escudo y otros motivos mercedarios. 
     El resto de las dependencias se encuentran muy remodeladas para adaptarlas a los distintos usos a que se han sometido, ha sido desalojado en 1982. A él se aneja, presidiendo una plaza de acusado sabor popular, una torre en la que se halla el reloj público. En la misma plaza se localiza la antigua posada (Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre).

Torre del Reloj.-
     Edificio cuadrangular que se encuentra situado en la Plaza de España.
     Este edificio fue construido expresamente para la instalación de un reloj. Construido con piedras y las esquinas que forman el cuadrado es de ladrillo vistos, y consta de dos cuerpos. El segundo cuerpo es el que contiene el reloj con tres arcos y en la cúspide del mismo esta instalada la campana que es la que con su tin-tan va indicando las horas (Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre).

Moros de Piedra.-
     Elementos distintivos de la localidad son los llamados “moros”, especie de asientos de piedra con tosca talla antropomorfa que aparecen ante las puertas de muchas casas, y de los que resultan buenas muestras los de las calles Merced y Mota (Ayuntamiento de Villagarcía de la Torre).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de Nuestra Señora de Araceli, Convento de la Merced, Convento de las Terciarias Franciscanas, Torre del Reloj, y Moros de Piedra) de la localidad de Villagarcía de la Torre, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 24 de julio de 2026

Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla I: desde la Puerta de Jerez hasta la Puerta de Triana

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla I: desde la Puerta de Jerez hasta la Puerta de Triana, de Sevilla.
      A la hora de recorrer una ciudad amurallada, cualquier Puerta de su perímetro murado puede parecernos el punto adecuado para iniciar nuestro paseo, especialmente si partimos de una puerta monumental o de aquella de mayor tránsito de viajeros y mercancías a lo largo de su historia. No obstante, en el caso de Sevilla, he optado por comenzar nuestra andadura por una puerta que no reúne ninguna de las condiciones anteriores: ni fue la principal, ni la más hermosa. Es más, de ella solo resta su recuerdo en el callejero. Pero, quizás sea, en mi opinión, el espacio urbano que mejor puede explicarnos el paso de "los tiempos en la forma de la ciudad", como nos recordaba Aldo Rossi.
     Como podemos observar en el plano de Olavide, el espacio de la Puerta de Jerez ha experimentado unos cambios tan profundos en algo más de dos siglos, que hacen necesario un análisis detallado de su evolución urbanística, de tal modo que nos permita entender su forma actual y reconocer la presencia de los elementos que des­tacó su autor en el plano, como la Universidad de Santa María de Jesús o el Colegio de San Telmo, entre otros. Pero, además, hay que tener en cuenta que la puerta de Jerez se ha configurado hoy en día como uno de los puntos principales de acceso al centro histórico de Sevilla, convirtiéndose la estación de metro ubicada en su subsuelo en la más transitada de todas las que componen la red. Este es, por tanto, nuestro punto de partida. Comencemos a andar y procuremos ver y leer todo aquello que nos muestra nuestra ciu­dad, y con ello tratemos de recomponer el complejo puzle que la geografía y la historia han elaborado en este solar urbano a lo largo de tres milenios.
     La Puerta de Jerez era la puerta meridional de la muralla almohade en la salida hacia Jerez y Cádiz y estuvo ubicada hasta su demolición al final de la calle San Gregorio, en su confluencia con la calle San Fernando, donde unas excavaciones del profesor Mata Carriazo la habían documentado en 1974.
     La construcción de la alcazaba exterior por orden del califa Abu Yaqub Yusuf en 1169 hizo necesario sustituir la puerta anterior, Bab al-Kulh, que se ubicaría en la confluencia de las calles Adolfo Rodríguez Jurado y Joaquín Hazañas, por este nuevo acceso hacia el sur. Como se puede contemplar en uno de los relieves del retablo del altar mayor de la catedral, la puerta estuvo flanqueada inicialmente por dos torres, que defendían el acceso en recodo y la barbacana. En su exterior, un puentecillo salvaba el arroyo Tagarete, que discurría extramuros desde las proximidades de la Puerta de Carmona y servía de foso a la muralla antes de desembocar en el Guadalquivir junto a la Torre del Oro.
     El topónimo del acceso como Puerta de Jerez permanece sin documentar en las fuentes musulmanas, y solo aparece con este nombre en la documentación del siglo XV, manteniéndose así hasta el día de hoy, aunque los avatares del siglo XX impusieron otros topónimos que no llegaron a consolidarse dada la permanencia del nombre histórico en la memoria de la ciudadanía.
     Las leyendas y tradiciones de la ciudad defienden que esta fue la puerta por la que entró el rey Fernando III en 1248 tras el largo asedio desarrollado desde los campamentos castellanos, ubicados principalmente al sur y este de Sevilla. El propio Francisco Pacheco así lo recoge en el óleo sobre cobre del trascoro de la Catedral, donde el rey santo recibe las llaves de la ciudad de manos del caid Axataf con el trasfondo de la Puerta de Jerez, aunque la imagen que vemos en la pintura no corresponde a la original, sino a la puerta renovada siglos más tarde. Tras la conquista castellana, la puerta será el principal punto de acceso al área palatina de los alcázares, al tiempo que el inicio de las obras de la catedral gótica en el siglo XV la configurará como un punto de creciente tráfico de viajeros y mercancías de todo tipo destinadas a dicha construcción, principalmente sillares de piedra que eran descargados junto a la Torre del Oro con ayuda de una grúa conocida como el «ingenio» o la machina.
     El aspecto original de la Puerta, tal como la describe Luis de Peraza en su Historia de Sevilla, fue modificado por Hernán Ruiz en 1561, dentro del programa de reformas de las puertas de las murallas auspiciado por el Cabildo de la ciudad y que hemos comentado en un capítulo anterior. En concreto, el arquitecto cordobés sustituyó el acceso acodado almohade por uno directo, a la vez que eliminó la barbacana y colocó sobre la nueva puerta un frontón curvo, bajo el cual ubicó el escudo con las armas reales y otras lápidas conmemorativas. De estas, se conserva la que actualmente está en la esquina de la plaza con la calle Maese Rodrigo, extraída de la puerta con la reforma de Balbino Marrón en 1846 y colocada en los años 70 del siglo XX en su ubicación actual. Merece la pena recoger su texto, ya que resume gran parte de la mitología fundacional de Sevilla, tan característica de la Nueva Roma del siglo XVI y XVII:
     Hércules me edifficó, Julio César me cercó de muros y torres altas el rey sancto me ganó con Garci Pérez de Vargas.
     Al mismo tiempo que se reformó la puerta, la plaza intramuros, conocida como del corral de Jerez o de Maese Rodrigo, también fue ampliado a la vez que se explanó el espacio extramuros, siguiendo las recomendaciones del rey Felipe II, que reclamaba el valor de las puertas de la ciudad como símbolos de la autoridad real y municipal.
     Sin embargo, las denominadas afueras de las puertas no llegaron a ser un buen pórtico de la ciudad. Más bien todo lo contrario, dada la costumbre de depositar en las explanadas extramuros la mayor parte de las basuras urbanas, formándose los característicos mula­dares que advertimos en vistas y planos de la ciudad antigua, como el del Baratillo en la Vista de Sevilla atribuida a Alonso Sánchez Coello (fines del siglo XVI). Así pues, y a pesar de las múltiples amonestaciones municipa­les, la puerta de Jerez tampoco se libró de los residuos urbanos de todo tipo, llegando a recibir su entorno exterior gran parte de los escombros generados por los derribos de la antigua parroquia de la Magdalena y del convento de San Francisco durante la ocupación napoleónica. Por ello, en 1830, durante el mandato del asistente Arjona, se realizó un importante proyecto de ajardinamiento del espacio exterior a la puerta, bajo la dirección del arquitecto municipal Melchor Cano, quien diseñó el llamado salón del Cristina (Jardines de Cristina), en honor de María Cristina de Borbón, la última esposa de Fernando VII. Estos jardines, embellecidos con esculturas y fuentes, abarcaban todo el espacio entre la muralla y el río Guadalquivir, donde conectaba con el ribereño paseo de las Delicias, convirtiéndose rápidamente en el principal punto de esparcimiento de la alta sociedad sevillana. Lamentablemente, años más tarde, los jardines perderían una amplia parcela para levantar el que fue Hotel Cristina para la Exposición Iberoamericana de 1929, una obra en clave neocolonial y art déco del arquitecto Modesto López de Otero, que fue demo­lido parcialmente y transformado en edificio residencial a finales del siglo pasado.
     Como hemos señalado en un capítulo anterior, la puerta de Jerez, tras los daños recibidos en diferentes episodios bélicos, fue nueva­mente modificada en profundidad por el arquitecto municipal Bal­bino Marrón en 1846, quien procedió a derribar los dos torreones que la abrazaban hasta entonces y sustituyó la vieja puerta por otra de arquitectura neoclásica, enmarcada por dos pares de columnas toscanas a modo de gran arco de triunfo frente al salón del Cristina y el recién abierto palacio de los Montpensier en el anti­guo Colegio de San Telmo. Esta última puerta, construida con materiales modernos, es la que fue derribada en 1864 al mismo tiempo que culminaba el abovedamiento del arroyo Tagarete cercano, que­ dando un espacio intramuros ocupado por una manzana de casas y la calle Maese Rodrigo, hasta la demolición de la manzana y la apertura de la avenida de la Constitución en varias fases, desde comienzos del siglo XX hasta 1927. Con esta última intervención la plaza se adaptaba para conectar el centro histórico con la ciudad nueva que surgía al calor de la Exposición Iberoamericana de 1929, abriéndose una Gran Vía a la sevillana, que pretendía funcionar como escaparate de la modernidad, facilitando el paso del tranvía y el coche hasta el corazón de la ciudad.
     Por otro lado, extramuros, diferentes excavaciones arqueológicas, que se remontan a la construcción de la Fábrica de Tabacos (1725-1758), han  puesto de manifiesto la presencia, al otro lado del Tagarete, de una necrópolis romana de amplia extensión, que abarcaba desde el prado de San Sebastián hasta las cercanías de Eritaña, junto a la vía Augusta que comunicaba Híspalis con Gades. Precisamente, la construcción del aparcamiento subterráneo de la avenida de Roma en 2004 permitió el hallazgo de un tramo de dicha calzada y su reubicación en la cota actual de la vía urbana. Estos trabajos, complementarios de los realizados con motivo de las obras de la línea 1 del metro, permitieron establecer la presencia de un barrio portuario extramuros de la ciudad romana, con talleres, almacenes, enterramientos, astilleros, un edificio de culto dedicado a Mercurio y hornos cerámicos, algunos de los cuales se mantienen en el nivel 2 de dicho aparcamiento.
     Los trabajos arqueológicos también mostraron la ocupación de dicho espacio por diversas instalaciones industriales durante la etapa islámica de la ciudad, aunque los alfares almohades identificados fueron destruidos con las urgencias de las obras del Metrocentro en 2006. Asimismo, pudo documentarse junto al área industrial un extenso cementerio musulmán, maqbarat, cuyas fosas abarcaban un amplio periodo desde el siglo XI a la conquista castellana en 1248.
     Sobre este área extramuros cercana a la puerta de Jerez se levantó entre 1916 y 1928 el Hotel Alfonso XIII, obra cumbre del histori­cismo regionalista diseñada por el arquitecto José Espiau Muñoz para la Exposición Iberoamericana de 1929. Dicho hotel fue edificado a su vez sobre el solar que había ocupado anteriormente el Teatro-Circo Eslava, un interesante espacio de todo tipo de actividades culturales y de ocio construido en 1887 por Antonio Capó en los jardines de Eslava, una manzana situada entre la Fábrica de Tabacos y el palacio de los Montpensier en San Telmo.
     La historia de este ámbito extramuros se remonta a la con­quista de la ciudad en 1248, cuando se formó un pequeño arrabal en torno a una ermita y unas casas donadas al obispo sufragáneo de Marruecos, solares que al extinguirse el título a finales del siglo XVI dieron paso al establecimiento años más tarde de la Universidad de Mareantes de San Telmo, anteriormente establecida en Triana. El edificio inicial se debe, sobre todo, a las trazas barrocas de los Figueroa, ya bien entrado el siglo XVIII, aunque fue ampliamente reformado y ampliado tras su compra por los duques de Montpensier en 1849, a cuya muerte la mayor parte de los jardines serán cedidos a la ciudad y formarán la base del parque de María Luisa, mientras que el palacio es cedido a la Iglesia para la instalación del Seminario Metropolitano (1901-1992). Finalmente, un convenio entre la Iglesia católica y la Junta de Andalucía permitió la cesión del palacio y su transformación para sede institucional y administrativa de la mano del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra.
     Volviendo de nuevo intramuros, nos encontramos hoy en el espacio central de la plaza con una fuente donde una dama entronizada, al modo de la Cibeles madrileña, representa a la ciudad de Sevilla, obra del escultor Manuel Delgado Brackenbury realizada para la Exposición Iberoamericana de 1929. A su alrededor, la mayor parte de las construcciones son obra del siglo XX, salvo los restos mutilados de la antigua Universidad de Santa María de Jesús, de la que solo permanece su interesante capilla, ubicada originalmente en el patio de la antigua Universidad, fundada por el clérigo maese Rodrigo Fernández de Santaella sobre casas del corral de Jerez, última judería sevillana, en 1506. La Universidad se trasladó a la antigua casa profesa de la Compañía de Jesús en 1771 en las inmediaciones de la plaza de la Encarnación tras la expulsión de los jesuitas, donde residió hasta 1954 cuando volvió nuevamente a trasladarse, en esta ocasión a la antigua Fábrica de Tabacos. Por su parte, el viejo edificio colegial se mantuvo ligado a la Universidad hasta 1836, cuando se suprimió el Colegio de Maese Rodrigo y se cedieron las instalaciones al arzobispado para la instalación del Seminario, que residió allí hasta su traslado al palacio de San Telmo en 1901. El Colegio, salvo la capilla, fue finalmente demolido en 1920 en el contexto de las obras de apertura de la actual avenida de la Constitución y rediseño de la plaza de la puerta de Jerez, trasladándose la puerta del edificio universitario al compás del convento de Santa Clara, donde daba acceso al Jardín Arqueológico Municipal. En la fachada occidental de la plaza nos encontramos con la conocida hoy como "Casa Guardiola", un edificio diseñado en 1891 para Andrés Parladé, conde de Aguiar, por los arquitectos José Gómez Otero y José Espiau de la Coba, dentro de un primitivo regionalismo que repite los esquemas de los palacios sevillanos y convierte a esta casa en arquetipo del mencionado estilo arquitectónico. En el momento de su construcción, la casa se encontraba todavía emplazada en un viejo adarve, el cual desaparecería con las obras de ensanche de la plaza de la puerta de Jerez, lo que le proporcionaría la visión actual de su fachada. En el apeadero de la casa se conserva una cruz conocida como la de las "Siete Cabezas", por los siete ángeles esculpidos en ella, aunque también se la conoce como la cruz de la Inquisición de 1703, fecha que aludiría al último auto de fe celebrado por el siniestro tribunal en la plaza de San Francisco, aunque también podría evocar una acción de gracias ante una epidemia de peste. Al parecer fue comprada por el conde de Aguiar en 1903 cuando fue retirada de la plaza, al tiempo que se instalaba una réplica junto al arquillo del Ayuntamiento en la plaza de San Francisco, aunque José Gestoso ya señalaba que ambas cruces respondían a un diseño contemporáneo.
     Finalmente, tras el derribo de los últimos restos de muralla y casas adosadas durante las obras de ensanche de la plaza, se levantó el edificio contiguo a la casa Guardiola, obra del arquitecto Juan Talavera y Heredia en 1928, mientras que la esquina con la calle Almirante Lobo responde a un diseño neobarroco de los arquitectos José y Aurelio Gómez Millán (1928-1931) para la familia Marañón, propietaria del conjunto de la Moneda desde su cierre.
     Por su parte, en la fachada oriental de la plaza se levantó sobre el solar del antiguo palacio del Corzo de los Vicentelo de Leca el pala­cio de los marqueses de Yanduri, diseñado entre 1900 y 1904 por los arquitectos Antonio Rey Pozo y Jacobo Galí Lassaleta dentro de una estética inspirada en el racionalismo francés. El palacio obtuvo el exclusivo privilegio de labrar un acceso directo al jardín Inglés del Alcázar, motivado al parecer por la estrecha amistad que unía a la marquesa de Yanduri con la reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII. Posteriormente, se instaló en su fachada una placa que nos recuerda que en el edificio preexistente nació en 1898 el poeta Vicente Aleixandre, premio Nobel de Literatura en 1977. Por último, en la esquina con la calle San Fernando nos encontramos con el actual edificio de la Equitativa, el cual es el resultado de la transformación y ampliación de un palacio de finales del siglo XIX en un moderno edificio de oficinas, obra de los arquitectos Juan Talavera y Heredia y Antonio Delgado Roig en 1938.
     Aunque esta calle nos aleja unos metros del perímetro amura­llado que vamos a recorrer, sin embargo, su análisis es importante dada su condición de vía de entrada a la ciudad hasta la gran reforma urbanística del siglo XX. La calle recibió este nombre por el fundador de la Universidad de Santa María de Jesús, maese Rodrigo Fernández de Santaella y, como hemos mencionado, constituyó el paso principal al interior de la ciudad desde la puerta de Jerez hasta Santo Tomás, por el llamado arquillo de la Moneda situado al final de nuestro paseo por la actual calle Joaquín Hazañas.
     Las viviendas que hoy vemos en esta última calle son el fruto de su alineación y reforma de finales del siglo XIX, una operación inmobiliaria que llevó a la demolición de la muralla oriental de ese sector de la Casa de la Moneda, sobre la que se adosaban las casas viejas y la construcción de una nueva fachada hacia la calle Habana. Posteriormente, en la acera frontera, se levantó entre 1925 y 1930 el Teatro Reina Mercedes, más conocido como el Coliseo, obra cumbre de la arquitectura regionalista, de los hermanos José y Aurelio Gómez Millán, que venía a mostrar la nueva fachada de esta zona de la ciudad con vistas a la Exposición Iberoamericana de 1929, proyecto culminado más tarde con la construcción del edificio anexo, obra de Ricardo Espiau Suárez de Viesca en 1954. Finalmente, el aspecto actual de la calle obedece al derribo de unas casas en 1913 para conectar esta vía con la calle Habana, en el área del antiguo patio de Mercaderes de la Casa de la Moneda, recuperando de algún modo el acceso que existió hasta finales del siglo XVI entre la pla­zuela de Maese Rodrigo y la antigua atarazana de los Caballeros, aunque ello supuso la demolición de un nuevo lienzo de la muralla oriental, permaneciendo el resto como medianera de las casas de la acera oriental de la calle Habana. En el edificio de la esquina con la plaza de la Puerta de Jerez podemos contemplar la placa marmórea que estuvo sobre la antigua puerta de Jerez y que fue trasladada hasta aquí tras la construcción de la nueva por Balbino Marrón.
calle Habana
     Esta calle se organiza sobre el patio principal de la antigua Casa de la Moneda y, como el resto de las calles, recibió este nombre por los vínculos con la isla de Cuba de la familia Marañón, promotora inmobiliaria del área y nuevos propietarios de la fábrica tras su cierre y venta a finales del siglo XIX.
     El patio principal o de los Mercaderes se ubicaba a su vez sobre el solar de una ceca, quizás la alcazaba de Abu Hafs citada en los textos o las atarazanas almohades que hemos comentado en un capítulo anterior. Alfonso X transformó esta alcazaba exterior en cárcel del estamento nobiliario, la atarazana de los Caballeros, una edificación cercada por muros con doble almenado, en cuyo corral se distribuían los aposentos de la cárcel en torno al patio para ejercicios de armas. En el siglo XVI este espacio fue ocupado por el teatro de las Atarazanas hasta que finalmente Felipe II aprobó el proyecto de Juan de Minjares para instalar allí la nueva Casa de la Moneda, adosada a las murallas de la alcazaba exterior y dotada de capilla, hornos de fundición, talleres y viviendas para los oficiales, hasta que se produjo su cierre en 1868 y posterior venta del conjunto y reconversión en viviendas de alquiler. La instalación fabril tuvo su acceso original por la actual calle Joaquín Hazañas, hasta que se labró la nueva fachada de estilo rococó de la calle Adolfo Rodríguez Jurado, obra de Sebastián Van der Borcht en 1761, dentro del programa de reformas modernizadoras que se desarrollaron en el conjunto de la instalación fabril y que le dieron el aspecto aproximado que ha llegado hasta nuestros días. Recordemos que en este sector de la vieja fábrica, las últimas obras de remodelación del conjunto han permitido descubrir los restos de la puerta de acceso a la alcazaba islámica comentada en un capítulo anterior, la Bab al­ Kulh de las fuentes, así como la denominada torre del Bronce en la antigua casa del Tesorero, donde hoy se abre un restaurante en el número l de la calle Santander.
     En 1914 se practicó la actual apertura hacia la calle Almirante Lobo, donde quizás se situaría la puerta de salida del primitivo alcá­zar de Abu Hafs hacia el sur, aunque para ello hubo que derribar las viviendas de los oficiales de la vieja fábrica. A su vez, la documen­tación analizada por la profesora Espiau Eizaguirre constata la apertura ilegal de postigos en el siglo XVII por parte de los oficiales que viven en la Casa de la Moneda, los cuales llegan a ocupar las torres y espacios del recinto defensivo, ocasionando las reiteradas quejas del alcaide del Alcázar, representante de la propiedad de la Corona sobre el conjunto amurallado.
     La antigua calle de Pilotos recibió el nombre actual por un marino gaditano destacado en la guerra del Pacífico de 1866 y fue tomando forma tras el derribo de la puerta de Jerez y el abovedamiento del arroyo Tagarete, cuyas aguas salían al río por un arco aún visible junto a la torre del Oro. La acera de la derecha estaba formada por viviendas adosadas a la muralla, levantadas a partir de 1874 por el arquitecto José Gómez Otero, un conjunto que terminaba junto al viejo almacén del Real Patrimonio, donde hoy se levanta el moderno edificio de Rafael Moneo, mientras que la acera izquierda estaba ocupada por los jardines del salón del Cristina, hasta la construcción del Hotel Cristina en 1929, obra en clave art déco del arquitecto Modesto López de Otero.
     Hay que detenerse en la entrada al aparcamiento del edificio de Previsión Española (actualmente Helvetia Seguros), obra del arquitecto Rafael Moneo en 1982, ya que su proyecto recogió la huella de una antigua calle abierta en el siglo XIX, la cual nos permite ahora contemplar desde este punto una excelente visión de la muralla que corre tras la fachada trasera de este edificio y reconocer el paseo de ronda y las almenas, así como las torres que jalonaban este ángulo suroccidental de la ciudad, en un punto donde se levantaría una alcantarilla para salvar el foso natural del arroyo Tagarete, a escasos metros de su desembocadura. Más adelante, en la confluencia con el paseo de Colón, conviene pararse y admirar el magnífico relieve en bronce a ambos lados de la puerta del edificio, que repro­duce en espejo la imagen que tendría este área de la ciudad en torno a 1883 año de la fundación de la Previsora Andaluza, germen de la actual compañía.
     En este punto del paseo, la muralla urbana gira hacia el norte y conecta con la torre de la Plata, pero hacia la mitad de este tramo, en el pasaje José M.ª del Rey, aún podemos ver reconstruida una parte de la muralla coracha doblemente almenada que la uniría con la torre del Oro, una impresionante torre albarrana construida en la con­ fluencia del arroyo Tagarete con el Guadalquivir, que le sirve de foso defensivo.
     La torre del Oro es, con toda probabilidad, el bastión mejor documentado de todo el perímetro defensivo de la ciudad, así como uno de sus elemen­tos más icónicos, reflejado en multitud de grabados, óleos y fotografías de todo tipo que se han realizado sobre Sevilla. Posiblemente su nombre en árabe era Bury al-dahab, Borg-al-Dsayeb o Borg-al-Azajal, del que derivaría el castellano torre del Oro con el que aparece por primera vez en el Libro del Repartimiento de Sevilla. Este topónimo ha dado lugar a las más diversas interpretaciones acerca de su significado, algunas caren­tes de fundamento alguno, como la hipótesis de un revestimiento de azulejos dorados o la imaginaria cámara de los tesoros americanos, mientras que, por el contrario, el profesor Falcón Márquez ya apuntaba que el nombre de la torre probablemente obedecía a su cercanía con la ceca almohade que estaría en la alcazaba de Abu Hafs. Hoy en día también se considera que el topónimo podría hacer referencia al brillo dorado que reflejaba la torre sobre el río, sobre todo en esos atardeceres que tantos autores han reflejado a su paso por nuestra ciudad. Precisamente, durante las obras de restauración de 2005, se demostró que este aspecto dorado se debía a la mezcla de mortero, cal y paja prensada que recubría completa­mente los paramentos exteriores, salvo los ángulos del dodecágono, que estaban ejecutados con sillares de cantería.
     La torre está formada por tres cuerpos que, a tenor de las últi­mas investigaciones, corresponden a diferentes momentos constructivos. En una primera etapa, se levantó el primer cuerpo, un dodecágono con cuatro cámaras superpuestas, aunque la infe­rior tuvo que ser macizada tras el terremoto de Lisboa (1755). En este sentido, la puerta por la que se accede actualmente a la torre está al nivel de la segunda cámara, donde anteriormente se encontraba el acceso desde el adarve de la coracha, la muralla que permitía la conexión con el recinto urbano amurallado. Este primer cuerpo fue construido entre 1220 y 1221 por orden del gobernador almohade de Sevilla, Abu l-Ula, en el contexto de las obras ejecutadas para reforzar las fortificaciones de Sevilla y su puerto tras el avance castellano derivado de la derrota almo­hade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), como señalan diferentes fuentes islámicas. La conquista castellana apenas introdujo grandes cambios, salvo la incorporación durante el reinado de Alfonso X de las ladroneras o matacanes que pode­mos observar en numerosas imágenes de la torre, como el dibujo a tinta del libro de Luis de Peraza, quien describe la torre del siguiente modo: "...es toda de mui recia cantería, aunque entre­ vienen algunas tapias en ella. Tiene muchas troneras cubiertas, porque a los que de dentro tiran los de fuera no les pueden hacer mal...". Para la ejecución de estos matacanes fue preciso abrir unos accesos a la altura de las saeteras del último nivel, una obra que mejoraba su capacidad defensiva en los momentos críticos de los ataques meriníes a finales del siglo XIII.
     El segundo cuerpo también es dodecagonal, pero, sin embargo, no tiene una cronología unánimemente aceptada, abriéndose paso la hipótesis de su construcción por orden de Pedro I el Justiciero en el siglo XIV frente a una adscripción inicial a la etapa almohade. En este sentido, el profesor F. Amores sostiene que es una obra mudéjar, basándose en el análisis de la azulejería conservada y de las técnicas constructivas empleadas en cada cuerpo, amén del escaso valor militar que aportaba este torreón superior, por lo que él concluye que tendría una función de mirador o pabellón áulico, aunque sus ventanas también serían cegadas tras los daños sufri­dos en 1755.
     Por último, el tercer cuerpo, cilíndrico y rematado en cúpula, fue construido en 1760 por el maestro mayor de los Reales Alcázares, Ignacio Moreno, en el curso de las obras de restauración de la torre tras el terremoto de Lisboa (1755), el cual provocó tal grado de des­trucción en esta fortificación que incluso llegó a plantearse su demolición, aunque finalmente se optó por su restauración y consolidación, de la cual es una huella interesante el cincho metálico con que se rodeó el primer cuerpo a la altura de la galería de arquillos ciegos polilobulados. Al mismo tiempo, esta reforma macizó la primera cámara, que sigue siendo inaccesible al día de hoy, a la vez que prescindió de las ladroneras medievales, dejando unas ven­tanas en su lugar y abriendo nuevos vanos con balcones de hierro y ventanas en las antiguas saeteras del primer cuerpo, dada la paulatina pérdida de su función defensiva y la transformación de la torre en viviendas y oficinas.
     Desde un primer momento, la función principal de la torre era la defensa de las atarazanas y de los cercanos alcázares almohades, así como impedir la entrada de naves enemigas al puerto fluvial, para lo cual quizás se extendería desde su basamento una gruesa cadena sobre el río hasta una hipotética torre de la Fortaleza, situada al otro lado del río, en el actual barrio de Triana. Este sistema sería similar al modelo de cierre del puerto de Estambul y podría ser aquel que citan las crónicas de la conquista, cuando recuerdan que el almirante castellano Ramón Bonifaz rompió las cadenas tendidas sobre el río, aunque las crónicas se refieren seguramente a la captura del puente de barcas levantado en 1171 río arriba, junto al castillo de Triana. De cualquier modo, en ambos casos, la rotura de aquel sistema de cadenas dejó a la ciudad completamente rodeada, sin posibilidad alguna de auxilio terrestre o fluvial, lo que precipitó su capitulación en noviembre de 1248.
     En este sentido, las últimas investigaciones arqueológicas en torno a la torre han permitido comprobar la gran importancia de su función defensiva, aportando para ello nuevos hallazgos que así lo confirman. Nos referimos al "muro espolón" analizado por el profesor F. Amores, una construcción que cerraría el paso al puerto a las posibles tropas atacantes por tierra. Este muro, de algo más de 10 m, discurriría transversalmente hacia el río desde la superficie ataludada que se había adosado a la amplia cimentación de la torre a la que servía de refuerzo, dadas las características del lecho ribereño y la fuerza de las crecidas, por lo que esta base también actuaría como tajamar al embate de las aguas del río, especialmente en momentos de fuertes avenidas, como las recordadas en los azulejos que se distribuyen en el exterior de la torre. Hoy en día no podemos reconocer el talud al que hemos aludido ya que las obras de construcción del muelle moderno en 1860 terminaron por ocultarlo definitivamente, quedándonos el recuerdo del mismo a través de numerosos grabados antiguos, entre los que destacaría el anónimo Vista panorámica de Sevilla, editado por J. Jansonius en 1617, o el también anónimo Vista de Sevilla, editado por A. Brambilla en 1585, donde se observa el muro transversal entre el río y la torre.
     Como ya hemos comentado en otro momento, la comunicación de la torre con la muralla urbana se realizaba a través de una coracha de unos 90 m de longitud, que partía de la cerca y defendía el Arenal así como el acceso a la aguada desde la torre, pero que al mismo tiempo suponía un gigantesco muro de contención de las aguas del río en los momentos trágicos de las inundaciones, motivo por el cual los Reyes Católicos autorizaron en 1503 la apertura de unos arcos en dicha coracha, el postigo de las Moscas mencionado por Alonso de Morgados, un término irónico que aludía al desagüe de las aguas sucias sobre el arroyo Tagarete, que desembocaba en el Guadalquivir al otro lado de la coracha.
     Finalmente, como hemos señalado en otro apartado, durante el mandato del asistente Arjona, esta coracha y sus edificaciones anexas fueron demolidas en 1833 para dar continuidad desde el paseo del Arenal (actual paseo de Colón) hacia los nuevos paseos de Cristina y de las Delicias, lo que motivó la restauración de la torre, convertida en sede de la Compañía de Navegación del Guadalquivir, así como la reubicación del acceso a la misma sobre el antiguo camino de ronda. Posteriormente, en 1871, el Ayuntamiento planteó la demolición de la torre del Oro, dentro del conjunto de medidas modernizadoras que implicó el derribo de gran parte de las murallas y sus puertas, pero la oposición de las instituciones académicas y de gran parte de la ciudadanía evitó esta drástica agresión a uno de los símbolos consolidados del patrimonio sevillano, que finalmente alcanzó su máximo nivel de protección en 1931 al ser declarado monumento nacional por el Gobierno de la Segunda República.
     Al paralizarse su demolición en el siglo XIX, la torre fue cedida definitivamente a la Marina para la instalación de sus oficinas de Comandancia y Capitanía del Puerto, adaptando la fortaleza a sus necesidades logísticas y realizando en 1900 una compleja y discutida labor de restauración dirigida por el ingeniero naval Carlos Halcón, que elimina los balcones de hierro e introduce cam­bios en su aspecto exterior que no han sido apenas modificados hasta la intervención integral de 2004. Desde 1948 la torre alberga en sus tres plantas el pequeño pero interesante Museo Marítimo relacionado con la historia de Sevilla, además de ofrecer una excelente atalaya para disfrutar de maravillosas vistas del río y de la propia ciudad desde las cubiertas del primer cuerpo.
     La torre de la Plata formaba parte del recinto defensivo almohade planteado a finales del siglo XII para defender el espacio de la albacara o de las probables atarazanas. De planta octogonal, contaba con tres cámaras super­puestas (a nivel del suelo, del adarve y por encima de él) y solo la inferior parece almohade, quizás un calabozo en una torre de función claramente militar (de ahí la presencia de merlones y saeteras). En tiempos de Alfonso X, al calor de las obras de las nuevas atarazanas cristianas, la torre fue reformada, transformándose sus cámaras interiores con las nuevas nervaduras y la sustitución de las saeteras por ventanas, a la vez que se elevaba su altura, como pode­mos advertir en la presencia del antiguo almenado en su exterior. No obstante, en algunos momen­tos, la torre fue utilizada como vivienda, abriéndose un acceso desde la casa-almacén construida en el siglo XVII, con la consiguiente protesta de los alcaides del Alcázar dada la prohibición de dañar en modo alguno el conjunto amurallado. En la década de los 30 del siglo pasado, José Espiau Muñoz realizó un proyecto para reconvertir el espacio interior en una vivienda moderna, respetando el aspecto exterior de la torre, en línea con las intervenciones desarrolladas en las antiguas Herrerías Reales y en el antiguo corral de Segovia, sobre el cual se levantó el Garaje Torre del Oro, ambas construcciones demolidas a finales del siglo XX. En la calle Santander, bajo la torre se advierten los restos de las hendiduras o cárceles para los tablones calafateados usados para hacer frente a las riadas en el postigo del Carbón.
     A lo largo de la Edad Media, las principales actividades portua­rias de la ciudad se habían ubicado junto a la puerta del Ingenio o de San Juan, aguas arriba del puente de barcas, pero a finales de la etapa medieval el tráfico fluvial fue desplazándose progresivamente hacia el Arenal, convirtiendo de este modo a los postigos del Aceite y del Carbón en los principales puntos de entrada de las mer­cancías procedentes del puerto.
     El topónimo actual no aparece en las fuentes andalusíes, aun­ que algunas hipótesis aluden a un mercado de carbón extramuros y otras la han identificado con la islámica Bab al-Kuhl, abierta en la muralla, recientemente localizada a la altura de la confluencia de la calle Santander con la de Joaquín Hazañas. Sin embargo, las investigaciones del profesor Pérez-Mallaína en torno a las Atarazanas revelan que el rey don Pedro I autorizó al alcaide de las Atarazanas a cobrar el diezmo del carbón que entrase en la ciudad con objeto de sufragar el mantenimiento de un arsenal fundamental para sus objetivos políticos, un impuesto que acabó convirtiéndose con el tiempo en la mayor fuente de ingresos del propio Alcázar real. De ahí la necesidad de hacer entrar esta mercancía por el postigo que controlaban las Atarazanas y los Alcázares, dando origen, por tanto, al topónimo.
     Con posterioridad, el postigo fue reformado en 1566 dentro del plan de reforma de las puertas de la ciudad proyectado por Hernán Ruiz, aunque el incremento de la actividad mercantil ligada al puerto y la ubicación de la aduana en el extremo meridional de las atarazanas cristianas obligaría al traslado del postigo junto a la torre de la Plata en 1587, cerrando así el callejón entre la propia aduana y las Herrerías Reales y el corral de Segovia, aunque el postigo original se mantendría aún como un arquillo al inicio de la calle Santander hasta su derribo en 1836. Todavía sufriría una pequeña modificación cuando en 1612 la construcción de los almacenes diseñados por el maestro mayor de los Alcázares, Vermondo Resta, al pie de la torre de la Plata, obligó a un leve desplazamiento de la puerta hacia el norte, en el lugar donde hoy contemplamos sus restos visibles, en los que advertimos las cárceles para las tablazones que debían frenar el empuje de las riadas. Estos almacenes supusieron la demolición de los tinglados y cabañas efímeras levantadas por los agentes portuarios al pie del postigo y su sustitución por una moderna construcción de viviendas y almacenes adosa­dos a la muralla urbana y a la coracha de la torre del Oro, dados en alquiler en un primer momento a los mercaderes de origen extranjero, R. Marselles y D. Valdovinos. Al mismo tiempo, se procedió a labrar una falsa fachada que ocultaba los corrales cercanos a la torre del Oro, donde se encontraba una pequeña factoría de tinta de palo de Campeche hasta el siglo XVIII, así como la apertura de unos arcos en la coracha para evitar el efecto de dique de esta construcción defensiva cuando se producían las riadas. Para la profesora Espiau Eizaguirre, la intervención de V. Resta en el Arenal fue una de las actuaciones "auténticamente renovadoras de la arquitectura doméstica sevillana del siglo XVIII". Actualmente, los almacenes de Resta solo permanecen en pie en la calle Santander, amputados tras el derribo de la coracha y las edificaciones anexas bajo el man­dato del asistente Arjona.
     Por tanto, en torno a estas fechas hay que situar la última construcción del postigo, que también será conocido como postigo de los Azacanes, porque allí debían de encontrarse en la época medie­val los mozos de cuerda y porteadores en general que trabajaban en el área de la aduana. Otros autores, como Luis de Peraza y Alonso de Margado, lo mencionan como postigo del Oro, a causa de su rico e intenso tráfico mercantil, aunque el topónimo más conocido sea el de postigo del Carbón, pues, como ya hemos mencionado anteriormente, aquí se encontraba desde el siglo XV la Casa de la Renta del Carbón, donde se cobraba la alcabala de este artículo al entrar en la ciudad. Desde 1586 se ubicaba aquí el edificio de la Aduana y almacén del Azogue, obra de Asensio de Maeda sobre las naves meridionales de las Atarazanas cristianas, cuyo paso interior constituía, junto al postigo del Carbón, uno de los principales accesos desde el área portuaria a la Casa de la Moneda, Casa de Contratación, Alcázares, etc. Tras una última reforma en 1825 para mejorar su aspecto y su capacidad de defensa frente al río, el postigo fue demolido en torno a 1880.
     Nuestro recorrido en busca de la muralla continúa por la calle Temprado, bautizada así por un capitán de Artillería, héroe de la 3ª guerra carlista (1872-76) aunque siglos atrás este ámbito era conocido como la resolana de la Caridad, un espacio delimitado por el río, las Atarazanas y el barrio de la Carretería, donde irían situán­dose chozas y almacenes precarios, así como la capilla de la Virgen del Rosario, que ya aparece identificada (nº 122) en el plano de Olavide de 1771.
     La urbanización de este amplio espacio extramuros arranca en 1252 con la construcción de las Reales Atarazanas, un imponente edificio levantado por orden del rey castellano Alfonso X, adosado a la muralla urbana entre el postigo del Carbón y el del Aceite, y ampliado en su lado norte en tiempos de Pedro I. Aunque algunas hipótesis señalan que fueron construidas sobre el solar de las antiguas atarazanas almohades, destruidas tras la conquista castellana, hoy se considera que son una construcción ex novo que se enmarca en el contexto del ambicioso plan castellano de for­mar una flota poderosa capaz de controlar el estrecho de Gibraltar y preparar el asalto a Marruecos, el "fecho de allende" mencionado en los textos, para lo cual las atarazanas almohades bajo la Casa de la Moneda serían insuficientes, aunque se mantuvieron como almnacén de pertrechos navales, lo cual hacía de los astilleros sevillanos uno de los de mayor superficie en Europa.
     El edificio original se componía de 17 naves yuxtapuestas de aproximadamente 100 m de longitud, levantadas sobre pilares de ladrillo de 12 metros de altura que sostienen arcos ligeramente apuntados que soportan las cubiertas, al tiempo que canalizan su recogida de aguas. Las naves están dispuestas perpendicularmente a la muralla en dirección al río, al que presentaban un frente abierto, siguiendo un esquema que se inspira tanto en las neorías helenísticas y las naualias romanas como en las atarazanas musul­manas, como las de Málaga o Almería.
     Las embarcaciones se construyeron con madera de roble de la Sierra Morena de Sevilla y de las sierras de Aroche y Aracena, considerada la idónea para la construcción de las galeras medievales, pero no para las nuevas naos y carabelas del siglo XV, que exigían preferentemente madera de pino. Una vez armadas las galeras, dentro o fuera de las Atarazanas, como es común en las carpinterías de ribera, las naves se arbolaban en el Arenal, en la llamada Resolana del río, y finalmente descendían hasta el río donde eran botadas. Las Atarazanas estaban bajo la autoridad de un alcaide nombrado por la Corona, quien supervisaba el conjunto del proceso de construcción y guarda de las galeras en las Atarazanas: maderas, clavazones, municiones, tornos y suministros de todo tipo, así como el control de una amplia masa de trabajadores esclavos, o bien de carácter franco, es decir, privilegiados y exentos de la jurisdicción del concejo sevillano.
     Sin embargo, la escasez de abundante madera de calidad hizo que los astilleros sevillanos fueran menguando su actividad fabril en beneficio de los puertos cantábricos y catalanes, capaces de construir galeones, naos y carabelas de mayor capacidad, y así, en 1502, los Reyes Católicos autorizaron la venta de las viejas galeras y útiles del arsenal, poniendo de este modo punto final a la vida del astillero, precisamente cuando Sevilla va a ser elegida como sede del monopolio castellano con las Indias a través de la Casa de Contratación (1503). A partir de este momento, las normativas tan solo autorizarán labores de mantenimiento y reparación de las naves que realizan la Carrera de Indias, pero no su construcción, a causa de la calidad de las maderas. No obstante, estas actividades ya se habían trasladado progresivamente a la orilla derecha del río, en el área del puerto de Camaroneros y de las Muelas, por lo que el viejo astillero estaba sin su destino originario desde años atrás.
      Desde el siglo XIV está registrado su uso como Cárcel Real y en 1493 se había autorizado el traslado de las Pescaderías desde la plaza de San Francisco a la nave más próxima al postigo del Aceite, al tiempo que se producía una elevación de la cota del suelo para defenderse de las crecidas del río. En la segunda mitad del siglo XVI el edificio, lejos de su actividad fabril, mostraba una compleja compartimentación en la que se distribuían los siguientes espacios: las Pescaderías, almacenes y bodegas de la Casa de Contratación, la vivienda del alcaide, la capilla de San Jorge de la Hermandad de la Santa Caridad y la Aduana Real, levantada en las naves 13, 14 y 15 con diseño del arquitecto Asensio de Maeda, así como el alma­cén del Azogue y la Lana en las naves 16 y l7. Posteriormente, las naves 8 a 12 fueron compradas por Miguel de Mañara para la ampliación del Hospital de la Santa Caridad, cuya capilla anterior fue demolida y sustituida por la magnífica arquitectura de Pedro Sánchez Falconete en 1641, una construcción que se apoya en las estructuras del edificio medieval.
     Más tarde, en 1719 se produjo la instalación de la Real Maestranza de Artillería en las naves 1 a 5, a las que se añadirán dos más posteriormente, ocupando un espacio prácticamente sin uso desde el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz. De este modo, las nuevas actividades militares y fabriles plantearon una reforma arquitectónica de gran calado que se tradujo en la construcción del edificio con planta alta y fachada a la calle Temprado en 1786 y en la ocupación y organización del espacio frontero hasta el río a lo largo del siglo XIX, donde hoy se levanta el Teatro de la Maestranza, obra de los arquitectos Luis Marín de Terán y Aurelio del Pozo de 1991. Por último, en 1993 la Junta de Andalucía adquirió el recinto militar y procedió a un complejo proceso de investigación arqueológica y obras de acondicionamiento para la adaptación del espacio a un uso cultural, tras el cierre del acuartelamiento. Fruto de aquellos trabajos entre 1992 y 1995 fueron, entre otros resultados, el descubrimiento de la barbacana almohade de la muralla, destruida tras la construcción del recinto naval en 1252, y el hallazgo de una puerta acodada de la muralla urbana islámica, que había quedado inutilizada tras su integración en la ampliación de las Atarazanas del siglo XIV, aunque hoy estas estructuras de la muralla son perfectamente visibles al fondo de las naves. Asimismo, estos trabajos confirmaron arqueológicamente el espacio mercantil de las Pescaderías, cuyos restos orgánicos han sido fruto de una interesante investigación que ha permitido conocer con mayor amplitud la dieta de la población sevillana en el siglo XVI.
     En la actualidad, mientras se redactan estas líneas, ya han comenzado las obras de restauración y habilitación del conjunto para albergar un espacio cultural según proyecto del arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra, el cual permitirá valorar con mayor claridad tanto las dimensiones de las naves góticas como su encaje en la muralla urbana, desde una perspectiva muy novedosa.
Postigo del Aceite
     Al rodear las Reales Atarazanas por la calle Dos de Mayo nos encontramos de frente con una de las pocas puertas que conservamos de la muralla medieval, el conocido postigo del Aceite, que ha sido identificado como la Bab al-Qatay mencionada en las fuen­tes musulmanas, una puerta que comunicaría la alcazaba interior con el área portuaria del Arenal. Las excavaciones arqueológicas realizadas en las Atarazanas y publicadas en 1999 han permitido reconocer el aspecto primitivo de esta puerta, la cual estaba dis­puesta entre dos torres y precedida de un acceso acodado en la barbacana exterior que fue anulado al ampliarse el astillero en el siglo XIV y sustituido por el acceso directo que hoy contemplamos. Este es el que fue reformado por el arquitecto Benvenuto Tortello para proporcionarle mayor anchura y una monumentalidad acorde con la importancia del área, concluyendo las obras bajo el mandato del asistente conde de Barajas en 1573, como se ve en el escudo con las armas de la ciudad, atribuido a Juan Bautista Vázquez el Viejo, que mira hacia la calle Almirantazgo (por el tribunal del almi­rante de Flandes en esta calle). Bajo el arco se advierten con claridad las gorroneras o quicialeras de las hojas de la puerta, así como las hendiduras o cárceles que acogían los tablones calafateados para hacer frente a las arriadas y que estarían presentes en todas las puertas y postigos de la ciudad, especialmente en las más cercanas al río. Junto al postigo del Aceite se abrió en 1753 la pequeña capilla barroca de la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de María, cuya imagen titular es de autoría desconocida.
     El postigo del Aceite tomó este nombre por ser el lugar por donde entraba dicho producto a la ciudad para proceder a su control fiscal y posterior mercado en las inmediaciones, dando paso a su almacenamiento en la calle del Aceite, actual Tomás de Ibarra. Tras pasar la puerta se encontraba la carnicería del Cabildo o de los Abades, desaparecida a finales del siglo XIX, y la plazuela adyacente donde se celebraba un activo mercado de subsistencias que se mantuvo hasta los inicios del siglo pasado. En las inmediaciones, en el solar que hoy ocupa el edificio de Correos (obra de Joaquín Otamendi y Antonio Palacios, 1927-1930) se ubicaba el alfolí de la Sal, otro mercado mayorista fundamental para el comercio local y para su exportación a las Indias. Afortunadamente, el postigo se libró de la demolición colectiva de puertas y murallas al estar habitada su estancia superior y entablarse por ello un pleito por parte del antiguo concesionario del recinto, el duque de Medinaceli, quien tenía derechos sobre la puerta desde finales del siglo XVI.
     Nuestro paseo nos lleva ahora al patio del Cabildo, que encontra­mos al traspasar un pasaje cubierto a continuación de la capilla de la Pura y Limpia. La plaza y el edificio mismo que la conforman, obra del arquitecto Joaquín Barquín y Barón, se levantaron en los años 70 del siglo pasado en el lugar que ocupaba el Colegio de San Miguel, perteneciente al cabildo de la Catedral. Este fue derribado a mediados del siglo XX y del mismo solo se conservan la portada gótica que da a la avenida de la Constitución y algunas columnas reutilizadas en un patio interior. El lado septentrional de la plaza lo ocupa un tramo de la muralla interior almohade, correspondiente al recinto X que ya hemos comentado en un capítulo anterior, y que separaría el área de los recintos palatinos almohades, de la ciudad propiamente dicha, como podemos observar por la disposición del camino de ronda dispuesto para vigilar y defenderse de la madina. El Colegio de San Miguel fue un edificio situado frente a la Catedral de Sevilla, propiedad del cabildo catedralicio, en donde se alojaban el personal de la Iglesia, y diversas instituciones ligadas a ella. Aquí estuvo instalado el Colegio de San Isidoro, también lla­mado «del Cardenal» por ser una creación del cardenal arzobispo Alonso Manrique en 1526 y que desapareció a los pocos años. En 1634 la Catedral crea un colegio-seminario que recibió también el nombre de San Isidoro, construyéndose un nuevo edificio dentro del recinto de San Miguel. Aquí vivían y se educaban hasta 50 colegiales durante cuatro años, becados e internos, que ejercían de ayudantes en la Catedral (sacristanes, monaguillos, acólitos y maestros de coro). Aquí también estuvo la residencia del maestro de capilla de la Catedral, y la de los mozos de coro o seises. Allí vivían y se educaban al cuidado del maestro de capilla o, más adelante, de su auxiliar el maestro de seises. Se les daba la enseñanza básica en gramática (lectura, escritura, latín, etc.), educación reli­giosa (catecismo), y sobre todo formación musical, que abarcaba el canto llano (canto gregoriano), canto de órgano (polifonía), composición y varios instrumentos musicales, especialmente el órgano, pero también violín, bajón, flauta, etc.
     En la plaza se abre a la izquierda el pasaje del Cabildo que da paso a la calle Arfe y en el cual se puede observar un lienzo de la muralla islámica que rodeaba la ciudad.
Puerta del Arenal
     Por la calle dedicada a Juan de Arfe, el maestro orfebre autor de la custodia catedralicia, llegamos a la puerta del Arenal. Esta se loca­lizaba en la intersección de la calle Castelar con la actual García de Vinuesa (el alcalde que autorizó su derribo en 1864), antiguamente la calle de la Mar, la vía que comunicaba el espacio mercantil de las Gradas con el área portuaria del Arenal, «plaza general de todo trato y ganancia», como la definió Lope de Vega. En el exterior de la puerta se encontraba el arrabal de la Carretería, la actual calle Arfe (antiguamente del Pescado) y el arrabal de la Cestería en dirección al puente de barcas de Triana, edificaciones que habían surgido extramuros desde el siglo XIV, "por cierta relajación de la autoridad local", ya que las ordenanzas prohibían la construc­ción de edificios que obstaculizasen la finalidad militar de las murallas, reducidas cada vez más a un gigantesco dique de contención de las frecuentes inundaciones fluviales. Precisamente, con objeto de ordenar el espacio extramuros y crear una nueva fachada urbana entre la puerta y el puente de barcas, el cabildo municipal encargó a Hernán Ruiz la redacción de un proyecto urbanístico en la Carretería, cuyos rasgos se perciben a través de los viejos grabados del XVI, como el de Janssonius.
     Pero esta era un área eminentemente portuaria, ocupada por almacenes, mesones, tinglados y puestos de mercaderías, hasta la construcción del mercado del Postigo en 1927, y por ello se fueron adosando viviendas a las murallas, ocupando el antemuro y organi­zándose los caminos en dirección a la ribera y al puente de barcas. A causa del intenso tráfico de todo tipo con el puerto y el puente de barcas trianero, esta puerta, junto con la de la Carne (trasiego hacia el arrabal de San Bernardo y el matadero), eran las únicas de la ciu­dad que no se cerraban de noche.
     En el interior, tras la puerta, se abría el compás de la Mancebía, el gran prostíbulo de la ciudad, establecido en el área de la calle Castelar hasta el Molviedro, en un dédalo de callejuelas, cercado y comunicado con la ciudad a través del postigo abierto en la actual calle Gamazo, a la altura de Mariano de Cavia, donde se ubicaba un retablo dedicado a la Virgen de Atocha. No obstante, las fuentes recogen la existencia de otros portillos en la cerca del compás o en la propia muralla, labrados por clientes o por las propias rameras para eludir el rígido control sobre esta actividad, ya que este área contaba con su propia normativa, establecida por el Cabildo municipal, que regulaba el oficio y sus limitaciones de edad, calendario, salubridad, etc. La Mancebía fue clausurada y demolida con la reforma urbanística del siglo XVIII que dio paso a las actuales calles Castelar, Gamazo y Padre Marchena, trasladándose el oficio a otros espacios.
     Las fuentes musulmanas no recogen el topónimo de esta puerta, de la que solo conocemos su denominación actual, que alude al inmenso arenal que se extendía entre la ciudad y el río, fruto de las frecuentes inundaciones que sufría este área. La misma puerta se encontraba en la cota más baja de todas las puertas de la muralla, razón por la que además de sufrir los embates de las aguas con mayor fuerza, servía de registro de las alturas alcanzadas por las aguas.
     La primitiva puerta almohade, como tantas otras de la ciudad, debía de estar formada por un acceso acodado en una torre-puerta, protegida por una barbacana exterior. Por ello, la solución que ofrecía al intenso tráfico de personas y mercancías distaba mucho de ser la ideal, ocasionando frecuentes quejas que reclamaban al Cabildo municipal su sustitución por un acceso de mayor anchura y comodidad. Finalmente, en 1566, como recogía una placa con­memorativa en su interior, el Cabildo encarga a Hernán Ruiz un proyecto de nueva puerta que supone la demolición del viejo acceso y su sustitución por otro de estética renacentista, acorde con la importancia de este ingreso a la ciudad. Se construyó en piedra, con acceso directo, y conocemos su aspecto gracias a diversos grabados y aguadas, como los de Dauzats o Roberts, los cuales nos muestran aún el frontón curvo diseñado por Hernán Ruiz, aunque en el dibujo de Tovar de 1878 podemos ver el que quizás sea su último aspecto: un frontón triangular rematado por dos imágenes recostadas de la Abundancia, alegorías del puerto sevillano, y la imagen de San Fernando junto a dos heraldos, en la fachada interior.
     La puerta aún sufriría diversas restauraciones en el XVIII y en el XIX antes de su derribo definitivo en 1864. Hay memoria de esta puerta en unos azulejos colocados en la fachada de la farmacia del Arenal y su huella se advierte en la línea de adoquines instalados con este propósito en el acerado de la calle.
     Buscando la muralla, tenemos que adentrarnos por la calle Castelar, abierta en el siglo XVIII bajo los auspicios del intendente Pablo de Olavide, tras el derribo de las casas de la Mancebía y la ordenación del espacio resultante, siendo de las pocas calles de trazado ancho y rectilíneo en este sector del casco antiguo de la ciudad. Anteriormente, la calle se denominaba de la Laguna, por la que existía en la actual plaza de Molviedro, resto de aquel paleo­ cauce del Guadalquivir citado con anterioridad y desagüe de gran parte de las aguas sucias del barrio hasta el siglo XVIII.
     La muralla se encuentra oculta tras las casas de la acera de los impares, donde actúa como medianera con las viviendas de las calles Adriano, Valdés Leal y Santas Patronas, un amplio sector que comenzamos a conocer mejor con cada obra nueva que se autoriza, como es el caso de Castelar n.º 11, sede de la Fundación Rojas-Marcos, la cual ha patrocinado recientemente la restauración ejemplar de un tramo de la muralla islámica que se encontraba oculta tras gruesas capas de mortero y pintura en el patio del edi­ficio. La intervención actual ha permitido sanear los tapiales, así como recuperar el almenado y parte del camino de ronda, el cual se nos muestra mutilado en su grosor a causa de alguna ampliación del patio o de las viviendas preexistentes, una actuación que también pudo ser la responsable de la destrucción de una de las torres defensivas que aún permanecían en pie y que ha podido documentarse en el lugar.
     Más adelante, en el espacio conocido antiguamente como el compás de la laguna de la Pajería, porque era uno de los accesos a la Mancebía sevillana, se organiza hoy la plaza de Molviedro, rotulada así en honor del arquitecto autor del proyecto de reforma urbanística del siglo XVIII antes mencionado. Nuevamente volve­mos a encontrarnos con una intervención reciente sobre la muralla en el patio del Hotel Vincci Molviedro, donde podemos observar un lienzo de más de 22 metros y los restos de una torre, así como los estragos que el paso del tiempo ha dejado sobre la piel de la vieja cerca islámica. En la nueva plaza se levantó hacia finales del citado siglo la capilla del Mayor Dolor, que hoy alberga a la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras.
     Nuestra ruta debe conducirnos ahora por la calle Adolfo Cuéllar, antigua calle Rositas, y atravesar el pasaje peatonal de Cristóbal de Morales, abierto en los años 50 el cual rompió la muralla media­nera oculta entre las calles Castelar y Santas Patronas. En algunas viviendas de estas calles sus propietarios pueden acceder a las azo­teas y pasar al adarve o a las torres de la muralla medieval, presente en los apartamentos turísticos del número 55 o en el recuerdo de unos azulejos en el edificio regionalista de Aníbal González en el número 9 de la calle Santas Patronas. Salimos de la vieja ciudad amurallada para adentrarnos en el arrabal de la Cestería en busca de la puerta de Triana.
     La puerta de la cerca islámica se ubicaba en la confluencia de las actuales calles de Moratín (antigua de la Reventa) y Zaragoza (antigua de la Pajería), recordada hoy por un moderno pasaje pea­tonal entre esta última y la calle Santas Patronas. En 1417 sufrió una reforma que provocó la demolición del sistema acodado primitivo y tras las obras de la puerta nueva, unos metros hacia el norte, fue cegada, aunque su huella se advierte aún en el grabado de Pedro Tortolero que recoge la entrada de Felipe V en Sevilla por la puerta de Triana en 1729. Hasta la Baja Edad Media aquel espacio extramu­ros quedaba a merced de las riadas del Guadalquivir, formándose un área pantanosa que no sería urbanizada hasta los siglos XV y XVI, cuando se fue conformando el arrabal de la Cestería, ocupado fundamentalmente por los artesanos dedicados a la elaboración de cestas y objetos de enea y mimbre, además del Hospital de las Santas Patronas (recordado en un azulejo de dicha calle, antigua calle de las Vírgenes) y del convento de Santa María del Pópulo, fun­dado en 1625 por los agustinos descalzos.
     Esta puerta recogía un intenso tráfico de personas y mercan­cías, constituyendo la principal vía de comunicación de la ciudad con el arrabal trianero y el Aljarafe, motivo por el que se habilitó un arrecife entre la puerta y el puente de barcas para sortear el lodazal habitual de esta zona deprimida. En ese área extramuros, y en dirección al puente de barcas, se labraría más tarde, en 1735, el almacén para el Real Negociado de Maderas del Rey, destinado a recibir las cargas de las grandes almadías de pinos que bajaban por el Guadalquivir desde la sierra de Segura para su empleo en la edificación o en la construcción naval. Más tarde, el edificio perdió sus usos iniciales hasta que fue alterado de manera importante con la intervención de Enrique Balbontin en 1958 que le añadió el edificio residencial que hoy podemos ver.
     Así pues, la importancia del área fue el argumento usado para su inclusión en el informe de Hernán Ruiz II de 1560 ante el asistente de la ciudad, donde recomendaba la reforma de las principales puertas de la muralla «... porque será más ornato desta çibdad que se abran las dichas puertas en derecho...». Sin embargo, el proyecto no llegó a ejecutarse hasta 1585, cuando el Cabildo autorizó la cons­trucción de una puerta nueva, de carácter monumental, auténtica fachada a modo de arco triunfal de acceso a una ciudad en la cumbre de su apogeo.
     La puerta nueva se localizaba entre las actuales calles Gravina, Zaragoza, Santas Patronas y Julio César, donde una reforma reciente del acerado nos permite recordar su ubicación gracias a la disposición de los adoquines. Las obras se desarrollaron entre 1585 y 1592 a cargo del arquitecto Asensio de Maeda (aunque otros la atribuyen a Juan de Herrera), quien le aporta una estética renacentista y levanta un arco de medio punto flanqueado por dobles columnas de orden toscano que sostienen el cuerpo superior de la puerta, donde se ubicó una cárcel de caballeros bajo la autoridad del duque de Alcalá, y donde también se alojan los escudos y la placa conmemorativa, rematado todo ello por un frontón triangular. Fue una de las puertas más hermosas del conjunto murado, cuyo efecto monumental fue aprovechado para proceder a las entradas de las comitivas reales de Felipe V al instalarse la corte en Sevilla en 1729 y de Fernando VII en 1823 tras ser repuesto en el trono absolutista. Fue una de las puertas monumentales que aparece más veces en la iconografía sevillana. De hecho, su imagen aparece, entre otros, en los grabados de Jansonius, Merian o Pedro Tortolero, los dibujos del viajero Richard Ford y en las fotografías del siglo XIX, de Masson y Andrieu, convirtiéndola en un auténtico icono urbano frente al bullicioso espacio portuario del Arenal y el arrabal trianero.
     Sin embargo, el Ayuntamiento aprobó la demolición de la puerta en septiembre de 1868, diez años después de la apertura de dos accesos peatonales a ambos lados de la misma, dentro del plan de reforma urbanística desarrollado en este área tras la construcción de la estación del ferrocarril en la plaza de Armas y los planes de ensanche aprobados con el diseño de la calle Reyes Católicos. Los restos de la puerta fueron adquiridos por el contratista jerezano encargado de su derribo y se conservan parcialmente en el zoológico de el Tempul en Jerez. Por su parte, los edificios adyacentes se mantuvieron hasta la última intervención urbanística en el área, en torno a 1960, cuando el Ayuntamiento decidió reanudar el viejo proyecto de ensanche interior de José Sáez y López de 1895, que buscaba, entre otras reformas, una gran vía este-oeste de acceso al centro urbano, desde la puerta de Triana a la puerta de Carmona, y que tan solo llegó a ejecutarse en algunos tramos, aunque los ensanches realizados se llevaran por delante lienzos de la muralla medianera entre las calles Julio César-Gravina y restos de una torre en Santas Patronas-Zaragoza, o provocasen el extraño retranqueo de fachada que observamos en el número 29 de la calle San Pablo, una alineación posterior asociada al proyecto mencionado.
     Por último, un grupo de profesores universitarios ha presentado recientemente sus estudios sobre esta puerta, entre los que incluyen una reconstrucción digital que, a su juicio, podría servir de base a la restitución de tan emblemática entrada a la ciudad (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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