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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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martes, 14 de noviembre de 2023

La glorieta de la Mesa Mural en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Glorieta de la Mesa Mural, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
     La Glorieta de la Mesa Mural [nº 40 en el plano oficial del Parque de María Luisa] se encuentra en el Parque de María Luisa, en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur y se sitúa en la Plaza de América, junto a la glorieta del Reloj y la Glorieta de las Palomas.
   Es un pequeño  espacio, cuadrado, limitado por cuatro bancos en esquina, rodeados de setos y rosales y en cuyo centro podemos contemplar una mesa mural que en cerámica policromada nos muestra un detallado plano  del parque de María Luisa, señalando  los pabellones de la exposición  Iberoamericana de 1929. 
     La Plaza de América fue proyectada por Aníbal González en 1912, que introduce algunas variaciones en 1914. Toda la ornamentación se hace a base de ladrillos y elementos decorativos de barro cocido y hierro forjado realizados por la fundición de Juan Miró. Entre 2002 y 2003 se restauraron algunos de los elementos arquitectónicos decorativos de la plaza, entre ellos esta glorieta, según el proyecto del Esta glorieta estaba prevista en los diseños de la Plaza de América firmados por Aníbal González en 1911. Su trazado definitivo es obra de este arquitecto, que contó con la colaboración de ceramistas sevillanos para la decoración de azulejería. Forma parte del conjunto de glorietas diseñadas para completar el espacio ajardinado central de la Plaza de América, uno de los núcleos más importantes de la Exposición Iberoamericana de 1929. Fue restaurada en los años 2002 y 2003.
     La Plaza de América es un espacio único concebido dentro de un mismo proyecto arquitectónico y urbanístico firmado por Aníbal González  con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Se trata de una plaza marcada por la monumentalidad que le aportan las construcciones que aquí se levantan: el Pabellón Real, el Museo Arqueológico y éste. Hoy se constituye como uno de los espacios culturales más importantes de Sevilla, no sólo por su riqueza patrimonial, sino por albergar dos importantes centros museísticos. Además, su paisaje es una de las estampas más emblemáticas y típicas de la ciudad. 
      Esta glorieta es un claro ejemplo de los postulados que predominaban en la jardinería regionalista que tanta repercusión tuvo en Sevilla durante los años próximos a la Exposición de 1929. Forma parte sustancial de la propia Plaza de América, ya  que fue concebida por Aníbal González en conjunción con todos los elementos y edificios que aquí se levantan. Suponen la huella de la celebración de la Exposición Iberoamericana en la ciudad. El Parque de María Luisa es un espacio público de gran valor cultural, tal y como lo manifiesta su declaración BIC, con categoría de Jardín Histórico, de 1983 (www.sevilla.org).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Glorieta de la Mesa Mural, en el Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

martes, 23 de marzo de 2021

La Glorieta del Reloj, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Glorieta del Reloj, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     Hoy, 23 de marzo, es el Día Meteorológico Mundial, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Glorieta del Reloj, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
     La Glorieta del Reloj [nº 41 en el plano oficial del Parque de María Luisa] se encuentra en el Parque de María Luisa, en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur y se sitúa en la Plaza de América, junto a la glorieta de la Mesa Mural y la Glorieta de las Palomas.
   Pequeña glorieta semicircular delimitada por setos. Sobre una plataforma de baldosas dispuestas con olambrillas se sitúan cuatro bancos individuales en sus extremos revestidos de azulejos y con respaldo de hierro. En su centro se ubica una mesa cubierta de azulejos, que sirve como reloj solar. 
     La Plaza de América fue proyectada por Aníbal González en 1912, que introduce algunas variaciones en 1914. Toda la ornamentación se hace a base de ladrillos y elementos decorativos de barro cocido y hierro forjado realizados por la fundición de Juan Miró. Entre 2002 y 2003 se restauraron algunos de los elementos arquitectónicos decorativos de la plaza, entre ellos esta glorieta, según el proyecto del Esta glorieta estaba prevista en los diseños de la Plaza de América firmados por Aníbal González en 1911. Su trazado definitivo es obra de este arquitecto, que contó con la colaboración de ceramistas sevillanos para la decoración de azulejería. Forma parte del conjunto de glorietas diseñadas para completar el espacio ajardinado central de la Plaza de América, uno de los núcleos más importantes de la Exposición Iberoamericana de 1929. Fue restaurada en los años 2002 y 2003.
     La Plaza de América es un espacio único concebido dentro de un mismo proyecto arquitectónico y urbanístico firmado por Aníbal González  con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Se trata de una plaza marcada por la monumentalidad que le aportan las construcciones que aquí se levantan: el Pabellón Real, el Museo Arqueológico y éste. Hoy se constituye como uno de los espacios culturales más importantes de Sevilla, no sólo por su riqueza patrimonial, sino por albergar dos importantes centros museísticos. Además, su paisaje es una de las estampas más emblemáticas y típicas de la ciudad. 
      Esta glorieta es un claro ejemplo de los postulados que predominaban en la jardinería regionalista que tanta repercusión tuvo en Sevilla durante los años próximos a la Exposición de 1929. Forma parte sustancial de la propia Plaza de América, ya  que fue concebida por Aníbal González en conjunción con todos los elementos y edificios que aquí se levantan. Suponen la huella de la celebración de la Exposición Iberoamericana en la ciudad. El Parque de María Luisa es un espacio público de gran valor cultural, tal y como lo manifiesta su declaración BIC, con categoría de Jardín Histórico, de 1983 (www.sevilla.org).
     Conozcamos mejor el Día Meteorológico Mundial, alusivo a la Meteorología, que estudia también los husos horarios, y de ahí la medida del tiempo, y con ello los relojes, que mereció que se le dedicara una glorieta en el Parque de María Luisa;
     Cada 23 de marzo se celebra el Día Meteorológico Mundial (DMM) para conmemorar la entrada en vigor, en 1950, del Convenio por el que se estableció la Organización Meteorológica Mundial. Esta conmemoración pone de relieve la contribución fundamental que aportan los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN) a la seguridad y al bienestar de la sociedad, y se celebra mediante diversas actividades en todo el mundo. Los temas que se eligen para celebrar el Día Meteorológico Mundial ponen de manifiesto cuestiones relacionadas con el tiempo, el clima o el agua.
     Apoyándose en los medios de información, conferencias y otras actividades promocionales, y con el apoyo de las organizaciones que trabajan en cuestiones de desarrollo sostenible, se intenta sensibilizar a la sociedad mundial para conseguir alcanzar algunos objetivos fijados por la OMM, de tal manera, que el público y los responsables de la adopción de decisiones perciban mejor la importancia que revisten las aportaciones de la meteorología y de la hidrología a las diversas actividades de todos los países de la tierra (AEMET).
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sábado, 25 de abril de 2020

Un paseo por la plaza de América, en el Parque de María Luisa


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Plaza de España, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   Hoy, 25 de abril, es el aniversario de la inauguración de la Plaza de América (25 de abril de 1916), así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Plaza de América, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
   La plaza de América [nº 65 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 2 en el plano oficial del Parque de María Luisa], es en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur, y se encuentra flanqueada por el Museo de Artes y Costumbres Populares o Pabellón Mudéjar al norte, el Museo Arqueológico al sur, el Pabellón Real al este y la avenida de las Delicias, al Oeste.
   La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario
   La vía, en este caso una plaza, está dedicada al continente americano, descubierto por Cristóbal Colón en 1492: América.
   Fue denominada plaza de América des­de que se aprobó el proyecto de construcción. Su nombre obedece al sentido de la Exposición Iberoamericana de hacer patente las relaciones establecidas entre España y América tras el Descubrimiento. La iniciativa de Luis Rodríguez Caso de construir un conjunto de pabellones en 1909 para la Exposición Iberoamericana tuvo su pronta aprobación realizándose un proyecto bajo la dirección de Aníbal González y Álvarez Osorio. Esta plaza rectangular se situaría en el Huerto de la Mariana y estaría definida por dos grandes pabellones enfrentados en los lados largos del rectángulo, el de Bellas Artes y el del Arte Antiguo e Industrias Artísticas. Cerraría por un lado un pabellón de la Casa Real y por el otro extremo un monumento a Miguel de Cervantes que no llegó a realizarse, y constituiría la "plaza de honor" del Certamen. Las obras comenzaron en 1912 y terminaron en la misma década.
   La plaza se adorna como un gran rectán­gulo ajardinado, en cuyo centro se sitúa una fuente y estanque sobreelevados rodeados de una verja de hierro forjado. Dispone de una calzada asfaltada en forma elíptica, con artísticas cancelas a las avenidas que la delimitan. Delante de los edificios se sitúan paños de jardín dispuestos simétricamente al estilo francés. La iluminación se proyectó, y aun  y se conserva en gran parte, con globos de cristal que penden de cadenas que a su vez están ancladas en esbeltas columnas de capitel compuesto de piedra y coronados por victorias. Estas obras fueron realizadas por los escultores Pedro Carbonell y Lorenzo Coullault Valera. En los accesos al pabellón mudéjar hay dos grandes farolas de cerrajería con varios brazos. Existen, además, a ambos lados de la calzada farolas de pie de forja.

   De los tres pabellones, el Palacio de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas, luego llamado de Arte Antiguo e Industrias Artísticas y posteriormente Pabellón Mudéjar, fue terminado a comienzos de 1915, siendo el primer pabellón del Certamen que se concluyó. El edificio, de amplio eje trans­versal, se articula en torno a un patio al que se adosan lateralmente las grandes salas de exposiciones. Exteriormente y en su planta baja está recorrido por una galería que se interrumpe en los extremos; los materiales más empleados son el ladrillo tallado y una profusíón de elementos decorativos cerámi­cos y azulejos, obra en su mayoría del ceramista Manuel Martínez Romero de la fábrica de Julián Laffite. La fachada, inspirada en el Alcázar y el Palacio del Marqués de la Algaba, está rematada por una crestería de cerámica y un tejaroz. El patio inspirado en los claustros de San Isidoro del Campo, Rábida y Loreto está construido con ladrillos con incrustaciones cerámicas. El edificio ha sido calificado de estilo neomudéjar sevillano. Desde 1973 es la sede del Museo de Artes y Costumbres Populares; anteriormente fue hospital de sangre con ocasión de la Guerra de África en 1921-22, sede del Laboratorio de Arte, Sala de Exposiciones, Sede de la Exposición de Otoño organizada por la Academia de Bellas Artes y Hemeroteca Municipal. El Palacio de Bellas Artes fue construido entre 1912 y 1919, obra de Aníbal González y fue concebido como museo. Todo el edificio que está realizado en piedra artificial, está rematado por una recortada crestería y numerosas esculturas y escudos, de estilo neorrenacentista. Desde 1946 es sede del Museo Arqueológico. El Pabellón Real, de menores dimensiones que los anteriores, fue construido entre 1911 y 1915 ,y es asímismo obra de Aníbal González que lo con­cibió como una planta de cruz de brazos iguales unidos por galerías abiertas de menor altura. Es la más cumplida manifestación del trabajo de ceramistas y tallistas del ladrillo de la época. Su estilo está inspirado en el arte de la época de los Reyes Católicos en ladrillo y cerámica. La fachada principal está rematada por un amplio escudo real cerámico y jalonado de estípites. Todo el edificio está rematado por artística crestería gótica en cerámica. En ambos lados apare­cen sendas glorietas dedicadas a Miguel de Cervantes y a Francisco Rodríguez Marín. En ella tuvo su sede la Junta de Andalucía en su etapa preautonómica, antes y después han estado alojados diferentes organismos oficiales. 
   Constituye, junto con la plaza de España, uno de los lugares de más atractivo del parque de María Luisa, con las palomas que acuden a los visitantes en busca de comida. Fueron adiestradas en la época de los años veinte y actualmente suponen un serio pro­blema para los edificios de todo el parque y áreas colindantes. En los meses de verano algunos de los quioscos existentes contratan orquestinas para deleitar las noches caluro­sas. En los últimos años los jóvenes la ocupan los fines de semana como extensión de los cercanos jardines del Líbano. Ocasionalmente ha sido lugar de concentraciones y verbenas. Fue multitudinario el recibimiento que se le hizo a Eva Perón en este lugar a finales de los años 40. En la plaza y edificios se han rodado numerosas películas. Son personajes habituales las vendedoras de arvejo­nes para las palomas, de juguetes y chucherías y los fotógrafos. En los últimos años ha sido incluida en los circuitos turísticos de la ciudad [Salvador Rodríguez Becerra en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].

   Fue proyectada y dirigida por el arquitecto Aníbal González y Álvarez-Osorio (1876-1929). Se inauguró en 1916 y está rodeada de una calzada oval para el tránsito rodado y por el Palacio de Arte Antiguo (hoy Museo de Artes y Costumbres Populares), el Pabellón Real y el Palacio de Bellas Artes (actualmente Museo Arqueológico). En estas edificaciones, primeras de la Exposición Iberoamericana de 1929, Aníbal González reunió los tres estilos históricos considerados por el como básicos: renacentista (Palacio de Bellas Artes), gótico (Pabellón Real), y mudéjar (Palacio de Arte Antiguo).
   En su centro hay un bello estanque salpicado de nenúfares con un alto surtidor central rodeado por magníficos candelabros de hierro forjado. Aparecen en esta plaza las Glorietas de Cervantes, en cuyos bancos de azulejos se reproducen pasajes del inmortal Quijote y la Glorieta dedicada a Rodríguez Marín.
   La jardinería de la plaza, reformada en diversas ocasiones, está compuesta principalmente por un trazado de parterres geométricos enmarcados con setos de evónimo (euonymus japonicus), dentro de los cuales están plantadas diferentes variedades de rosales. Altas y esbeltas palmeras complementan el conjunto.
   En uno de sus extremos, las palomas blancas, internacionalmente famosas, se concentran ante cualquiera que les facilite algo de comida. ¿Quién no tiene en Sevilla una fotografía con las palomas del Parque de María Luisa?
   Es también punto de parada tradicional de los coches de caballos sin duda el medio ideal de transitar y conocer el Parque.
   Entre la vegetación que adorna la plaza merece destacar el conjunto de árboles del amor (Cercis siliquastrum) el de jaboneros de la China (Koelreuteria paniculata) y las altas y esbeltas palmeras datileras (Phoenix dactylifera).
   El Jabonero de la China, también conocido como árbol de los farolillos o de los faroles, debido a la imagen que presentan sus numerosos y característicos frutos cuando el árbol ha perdido sus hojas, ofrece una vistosa y densa floración en  verano.
   El árbol del amor es originario de la zona oriental del mediterráneo, y según la tradición, Judas se ahorcó en uno de ellos; por este motivo también se le conoce como árbol de Judas. También recibe los nombres de árbol de Judea o ciclamor. Es de hoja caduca con las hojas de forma de corazón. A comienzos de la primavera, antes de salir las hojas, se llena de flores rosa sobre las ramas. Los frutos son  legumbres que se oscurecen paulatinamente permaneciendo en el árbol durante todo el invierno.

   El Pabellón Real debe su nombre a haber sido proyectado para albergar las Colecciones Artísticas de la Casa Real, que figuraron en la Exposición Iberoamericana de 1929. Se terminó de construir en 1916 y su estilo se halla inspirado en el gótico flamígero. Obra como los demás edificios de la Plaza de América, del arquitecto Aníbal González (1876-1929) está construido sobre gradas de piedra y precedido de un espacioso atrio con asientos, basamentos de farolas y seis pedestales de ladrillo tallado sobre los que van sendas águilas en piedra artificial, obra del escultor sevillano José Ordóñez, que sostienen los escudos de otros tantos estados de la Monarquía española: Señorío de Vizcaya, Reino de España, Ducado de Borgoña y Toscana, Señorío de Molina y Reino de Jerusalén. El palacio es obra de ladrillo, con crestería de cerámica blanca y azul, zócalos de alicatados, frisos y yeserías y artesonados de madera policromada. Los altos zócalos del amplio vestíbulo, con cuadros cerámicos alusivos a la Orden de Montesa, fueron pintados por Gustavo Bacarisas y en los demás salones lo fueron por los más destacados pintores y ceramistas del momento. Exteriormente y a nivel del plano de la Plaza, el Pabellón Real se halla rodeado por estanques con juegos de agua que contornean el edificio. Son de destacar también unas interesantes muestras de cerámica hueca en su fachada. En la actualidad este pabellón  alberga oficinas de la Administración.
   El edificio y sus estanques están rodeados por clivias, (Clivia miniata), una herbácea de hojas verde oscuro, muy apropiada para el ajardinamiento de zonas sombrías y que florece gran parte del año con flores anaranjadas; cintas, (Chlorophytum comosum), también herbácea apropiada igualmente para zonas de sombra y  muy frecuente en jardines, terrazas y balcones. Puede observarse también la presencia de un acebuche u olivo silvestre (Olea europaea var. sylvestris). Delante de su fachada principal se encuentran dos grandes jacarandas (Jacaranda mimosaefolia), de las más antiguas de la ciudad, plantadas en los años de la Exposición de 1929. También es de destacar la esbelta araucaria (Araucaria cunnighamii) que preside la Glorieta dedicada a Cervantes.
   El llamado hoy Pabellón Mudéjar fue terminado en 1914 y se inspira en el mudéjar andaluz, al que debe el nombre con que es conocido, aunque fue inicialmente el Palacio de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas o también denominado Pabellón de Arte Antiguo. De los tres edificios de la Plaza de América fue el primero en construirse, pues ya estaba terminado en 1915. Consta de dos plantas con un cuerpo central dividido en tres fajas verticales, las dos laterales coronadas por típicos miradores y la central por el característico tejaroz volado, todo ello, y especialmente las arquivoltas de sus tres puertas, profusamente esmaltadas con azulejos policromos. Tiene el edificio a los lados sendas alas terminadas en exedras con galerías bajas sostenidas por arcos peraltados. En tiempos, los salones bajos y las galerías del patio se dedicaron a exposiciones de diversos matices y en la planta alta se hallaba establecida la Hemeroteca municipal, cuyas colecciones de periódicos y revistas especialmente sevillanas, alcanzaron casi el millar de títulos.
   Las de más antigua fecha son unas “Noticias de Sevilla” de 1691. Son también interesantes algunos periódicos sevillanos de la época de la Guerra de la Independencia, las colecciones de los diarios de nuestra ciudad a partir de 1850 y de la Gaceta de Madrid desde 1743. Todos estos fondos fueron trasladados al Pabellón de la Madrina, en los Jardines de San Telmo y, posteriormente, a la Hemeroteca Municipal situada en la calle Almirante Apodaca.
   Cedido al Estado, el Pabellón Mudéjar se encuentra dedicado en la actualidad a ser sede del Museo de Artes y Costumbres Populares. Esta función como museo es muy reciente y sólo afecta a una parte del pabellón. En él prevalecen los aspectos antropológicos y etnográficos, siendo muy variadas las colecciones que contiene.
   La primera planta está dedicada al vestido cortesano del siglo pasado, pero también hay otros objetos interesantes como una silla de manos del siglo XVIII, un carruaje del XIX, piezas de orfebrería (joyas y toda clase de objetos de oro y plata), porcelanas, etc.
   La planta baja está dedicada principalmente a la exhibición de oficios tradicionales, predominando la cerámica, y aquí encontramos objetos tan curiosos como un lagar, una fragua, un horno de cocer pan, un torno de alfarero, etc.
   Dos buenos y altos ejemplares de cica (Cycas revoluta), presiden la entrada al Pabellón. La cica, o palma de sagú,es originaria de Asia oriental, pareciendo ser una pequeña palmera pero no lo es. Tiene un crecimiento muy lento, por lo que estos ejemplares son de una cierta antigüedad. Su nombre botánico, refleja su apariencia morfológica: “Cycas”, que se refiera a “palmas” y “revoluta”, “que se enrollan en los bordes”.
   En las cercanías del edificio podemos ver una tuya, Thuja orientalis, planta con la que  habitualmente se forman setos, un limpiatubos (Callistemon speciosus), una dombeya (Dombeya x cayeuxii), justicias (Justicia adhatoda) y, algo más lejos, un paraíso (Melia azedarach) y un gran cedro del Himalaya (Cedrus deodora).
   El último edificio que se encuentra en la plaza, frente al Pabellón Mudéjar, se  construyó para la Exposición Iberoamericana como Pabellón de Bellas Artes y  hoy es el Museo Arqueológico.
   El edificio fue proyectado por Aníbal González entre 1912 y 1929 en estilo plateresco. Está distribuido en pequeñas salas, muy poco decoradas para que no distraigan la atención sobre las obras expuestas, y con unas luces indirectas o “cenitales”. Algo que hoy es normal en muchos edificios pero que en aquellos años constituyó una gran novedad, fue la construcción de un sótano que aislaba del suelo y por lo tanto evitaba las humedades.
   En el año 1942 se adaptó para albergar a las colecciones arqueológicas que hasta entonces habían estado en el Museo de Bellas Artes. Nació entonces el Museo Arqueológico de nuestra ciudad que, tanto por la cantidad como por la calidad de sus piezas, se encuentra entre los primeros de España, inaugurándose el 25 de Mayo de 1946 como Museo Arqueológico Provincial de Sevilla.
   Las colecciones más importantes y abundantes son las hispano-romanas, que proceden fundamentalmente de Itálica, aunque también provienen de Écija, Estepa, Alcalá del Río, etc., además de las procedentes de donaciones particulares. También hay restos visigodos, musulmanes y mudéjares.
   El edificio tiene planta elíptica en la parte central de su interior, de la que parten dos alas, en la derecha están instaladas las antigüedades ibéricas y romanas, y en la izquierda las romanas y algunas piezas medievales. En los sótanos se exponen, en diez salas, todos los restos arqueológicos de las Edades de Piedra, Bronce y Hierro, así como objetos importados por los colonizadores griegos, fenicios y cartagineses, ajuares procedentes de dólmenes de la provincia, ídolos cilindro e ídolos placa, etc. En una de estas salas se exponen diversos objetos de la cultura tartésica y, en otra, el famoso tesoro del Carambolo.
   Junto a su fachada principal, llaman la atención dos grandes cipreses (Cupressus sempervirens), una bonita composición basada en naranjos (Citrus aurantium) sobre parterres delimitados por setos de bonetero o evónimo y un álamo blanco.
   Entre los años 2002 y 2003 se restauraron los elementos arquitectónicos decorativos de la plaza, junto con las glorietas de Cervantes, de Rodríguez Morín, y la del reloj de Sol según proyecto del arquitecto D. Francisco González de Canales (www.sevilla.org).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Plaza de España, en el Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

La Plaza de América, al detalle:
     El Museo Arqueológico

Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

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sábado, 11 de enero de 2020

El Pabellón Real, de Aníbal González, para la Exposición Iberoamericana de 1929, en la Plaza de América, del Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón Real para la Exposición Iberoamericana de 1929, en la Plaza de América, del Parque de María Luisa, de Sevilla.
   El Pabellón Real [nº 66 en el plano del Ayuntamiento de Sevilla, nº 34 en el plano de la Junta de Andalucía, nº 31 en el plano oficial del Parque de María Luisa, y nº 34 del plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la Plaza de América, 1; en el Barrio del Prado-Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
   El Pabellón Real de la Exposición Iberoamericana, hoy destinado a Oficinas Municipales tras una profunda transformación interior, se  construye  al  tiempo  que el Pabellón Mudéjar concluyéndose en 1916. El más pequeño de los tres edificios de la Plaza de América, ocupa el extremo de su eje longitudinal. Cada uno de los tres fue planteado en un estilo distinto -gótico éste, mudéjar el de Arte Antiguo, renacentista el de Bellas  Artes­ como muestra de las «posibilidades» que la historia de la arquitectura española ofrecía a la composición académica en la que se había formado el arquitecto.
   La solución en planta del Pabellón Real responde a un esquema de cruz griega formada por cuatro rectángulos adosados a los cuatro lados mayores del octógono que forma el espacio central, lados que se cierran parcialmente mediante logias a nivel inferior. Esta implantación, enormemente clara,  así  como  la  calidad  constructiva del edificio, situaban a  este pabellón a la cabeza de la producción de Aníbal González en la etapa primera de la Exposición (Víctor Pérez Escolano. Aníbal González. Arte Hispalense. Sevilla, 2017).
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   El conjunto de la Plaza de América nace como idea en 1912, cuando se presentan unidos los tres pabellones que con carácter permanente configurarían la "Plaza de Honor" del recinto, formando una U abierta hacia el Paseo de las Delicias. En el lado izquierdo de la U, el Pabellón de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas, finalmente en la Exposición Pabellón de Arte Antiguo, luego Pabellón Mudéjar y actualmente Museo de Artes y Costumbres Populares; en el derecho, el Palacio de Bellas Artes, luego Renacimiento y que actualmente es el Museo Arqueológico Provincial, y, al frente, el Pabellón Real, sede posteriormente de diversas dependencias municipales. Se trata del primer proyecto de la que luego sería la Exposición y, por sus fechas, es reflejo de los historicismos que insuflaron la arquitectura antes de destilar, en lo local, un "estilo sevillano" como concreción del regionalismo. La valoración de la Plaza debe extenderse a su espacio central sobreelevado, a sus jardines, a los elementos escultóricos y a su mobiliario urbano. 
   El Pabellón Real surge como edificio permanente en memoria agradecida a la infanta María Luisa de Orleáns por la cesión a la ciudad de la mayor parte de los jardines, y se realiza en estilo neoisabelino reinterpretado en ladrillo tallado y cerámica vidriada, como símbolo de la unidad de las regiones de España.  
   Se proyecta el Pabellón con una planta de cruz griega sobre otra cuadrada a la que secciona sus aristas; en el centro queda un cuerpo sobreelevado, ochavado, como espacio y salón central del conjunto. Su apariencia exterior evoca efectivamente la arquitectura plateresca, con lienzos sobrios en los que se insertan arquerías, y se coronan con minuciosas cresterías acumulando el mayor esfuerzo ornamental. Villar Movellán señala cómo es especialmente detallista la talla de ladrillo, reuniendo en la obra a los mejores tallistas José Roldán y Francisco Reyes especialmente- y a los pintores ceramistas más famosos Gustavo Bacarisas, Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, Manuel García Montalbán, el Marqués de Benamejí o Manuel Cañas Martínez-. También interviene el escultor Antonio Bidón y el pintor decorador Manuel de la Cuesta, que diseñan las piezas cerámicas para la espléndida ornamentación exterior (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía). 
Conozcamos mejor la Biografía de Aníbal González, autor de la obra reseñada;
     Aníbal González y Álvarez-Ossorio, (Sevilla, 10 de junio de 1876 – 31 de mayo de 1929). Arquitecto.
     Fue el primero de los tres hijos del matrimonio formado por José González Espejo y Catalina Álvarez- Ossorio y Pizarro. Se tituló como arquitecto en 1902 en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, superando la reválida de sus estudios con el número uno de su promoción. Su formación respondió a los fundamentos tradicionales entonces imperantes, provenientes del origen académico de ese título, y que se puede constatar por la naturaleza de sus trabajos escolares que se han conservado. Figuras clave de esa formación fueron Ricardo Velázquez Bosco y Vicente Lampérez y Romea, arquitectos esenciales del panorama español de entonces.
     Su vocación arquitectónica se manifestó tempranamente y se vio acrecentada con los años. Daban prueba de ello tanto su biblioteca como sus viajes, siempre vinculados a los intereses disciplinares, y se aprecia con plena nitidez en el éxito de sus estudios y en su temprana actividad, aun cuando era estudiante, en el pabellón que llevó a cabo en la Exposición de Pequeñas Industrias que, en 1901, se celebró en el Retiro madrileño. Al siguiente año realizaría un anteproyecto para Palacio de Exposiciones de Bellas Artes en los sevillanos jardines del Cristina. También en ese año de 1902 redactó una Memoria acerca de la reorganización del servicio de incendios de Sevilla, que presentó al alcalde de la ciudad, siendo acompañado por Nicolás Luca de Tena, a cuya familia estaba ligado por lazos familiares, lo que resultaría ser decisivo para su vinculación tanto a la sociedad y las instituciones sevillanas como a los gobiernos del reinado de Alfonso XIII. Por otra parte, su matrimonio con Ana Gómez Millán, hija del constructor y maestro de obras José Gómez Otero, significaría su conexión con una de las sagas arquitectónicas más prolíficas de Sevilla.
     Los arquitectos activos entonces eran pocos, y la disposición y cualidades que adornaban al joven González, le habilitaron, junto con las circunstancias referidas, para una pronta fortuna en el ejercicio de la arquitectura. De inmediato se le encargó llevar a término un proyecto de cárcel celular, y estuvo en disposición de iniciar sus primeros encargos privados de diverso tipo, especialmente viviendas, que le ocuparon ya durante la primera década del novecientos. Así, las casas de la calle Alfonso XII y Almirante Ulloa; la reforma del edificio de la calle Monsalves, la de Martín Villa esquina a Santa María de Gracia; la desaparecida central térmica del Prado de San Sebastián y la subcentral de la calle Feria, para la naciente Compañía Sevillana de Electricidad, o la fábrica de la calle Torneo, hoy rehabilitada como Instituto de Fomento de Andalucía; el grupo escolar Reina Victoria en Triana; panteones en el cementerio de San Fernando, o sus primeros proyectos en Aracena debidos a su vínculo con la familia Sánchez- Dalp, como el casino Arias Montano.
     En esa primera década no permaneció ajeno a las corrientes innovadoras que entonces afloraban en Europa, y que en España se reconocen en el modernismo catalán. Algunas de las obras citadas lo manifiestan, pero tal experimentación estilística se inscribía dentro de las habilidades que su formación y la cultura predominante configuraban bajo un eclecticismo historicista, en el que, como un estilo más, llevó a muchos de los arquitectos jóvenes de entonces a ensayar formas que pudieran identificarse con el espíritu de los tiempos nuevos. No obstante, el carácter conservador de las ideas subyacía, y la obra de Aníbal González estaba destinada a figurar destacadamente dentro del panorama nacional de la arquitectura de intención tradicional que, más allá del historicismo, contribuyó a procurar una salida a la crisis del noventa y ocho en el filón de las identidades diversas de los pueblos de España, dando lugar a lo que se conoce como regionalismo, teniendo en la arquitectura una de sus manifestaciones más notables, especialmente en la dualidad del norte y del sur de la Península, la arquitectura montañesa y vasca, por una parte, y por otra lo que vino en denominarse “estilo sevillano”, en el que Aníbal González se reconoció y fue reconocido en toda España, por más que otros arquitectos locales, como Juan Talavera o José Espiau, contribuyeran igualmente a fortalecerlo.
     Esa construcción cultural, si fuera de Sevilla produjo admiración, en la ciudad propició una rara identificación social con la arquitectura. Y para ello, el acontecimiento que lo canalizó fue la Exposición Iberoamericana, celebrada en 1929 pero iniciada como objetivo ciudadano veinte años antes, tras los festejos “España en Sevilla”, organizados en la primavera de 1909, y a cuya conclusión lanzaría la idea Luis Rodríguez Caso. El objetivo de una Exposición Hispano- Americana, como fue originalmente denominada, se traduciría en un concurso convocado en 1911, y del que resultaría ganador Aníbal González, bien es cierto que con una muy escasa participación, ausentes los demás arquitectos sevillanos.
     Su vida, que se vio truncada poco antes de que tuviera lugar la inauguración del certamen, el 31 de mayo de 1929, quedó vinculada al proyecto general y a las obras que resultarían más relevantes: la plaza de América y la plaza de España. Supo compaginar una amplísima actividad profesional, centrada en Sevilla, pero con ejemplos diseminados por distintas poblaciones, especialmente de la baja Andalucía, aunque también fuera de ella, como el edificio proyectado para ABC en la Castellana de Madrid, cuya fachada sobrevive como muestra definitiva de la admiración y apoyo que siempre encontró en la familia Luca de Tena.
     Su trayectoria en Sevilla es difícil de resumir: proyectos urbanísticos (como el del cortijo Maestrescuela, que originaría el barrio de Nervión); viviendas aisladas en áreas de crecimiento de la ciudad (en el Porvenir o en la Palmera); casas familiares urbanas (por ejemplo, en la calle de San José esquina a Conde de Ibarra, calle de Almansa esquina a Galera o calle de Monsalves esquina a Almirante Ulloa); numerosas casas de renta (paseo de Colón, cuesta del Rosario, calles Cuna, Cuesta del Rosario, Tetuán, Francos o actual avenida de la Constitución); “casas baratas” (Portaceli, Ramón y Cajal o avenida de Miraflores); edificios religiosos (para la Compañía de Jesús en la calle de Trajano, la capillita de la Virgen del Carmen en el Altozano o la basílica de la Inmaculada Milagrosa cuya construcción se interrumpió tras su fallecimiento); panteones (como los de los Luca de Tena, Peyré o González) y otros muchos proyectos y obras, que se pueden cerrar con la referencia a la reforma de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería y su sede en el paseo de Colón. Una serie ingente que, junto a la de otros arquitectos regionalistas, cambió la fisonomía de Sevilla, en ocasiones mediante las alteraciones de aperturas interiores, desde la Campana a la Avenida, en incrementos de alturas y cambios de tipos formales del caserío que, en conjunto, significó una renovación intensa de la ciudad.
     Hay que volver a la Exposición Iberoamericana para comprender sintéticamente la evolución producida en la arquitectura de Aníbal González y completar la glosa de este sevillano. Basta comparar el proyecto premiado en 1911 con los desarrollados posteriormente, incluido el frustrado de la Universidad Hispano Americana, tercera de las grandes obras que se pretendió vincular a la Exposición. Sobre todo, basta comparar la arquitectura de la plaza de América (1911-1919: Pabellón de Arte Antiguo, Pabellón Real y Pabellón de Bellas Artes, con sus jardines) con la de la plaza de España (1914-1928), para apreciar la transición de una concepción pintoresca a otra más monumental; por más que en ambas se contengan las habilidades del dominio ecléctico de los estilos del pasado español y en ambas se desarrollen las aplicaciones múltiples de los oficios y artesanías tradicionales recuperados y potenciados al amparo de las prolongadas obras de la Exposición. De manera que si tuviésemos que elegir un desenlace de su evolución, quizá éste radicara en el virtuosismo con que se desenvolvieron las obras de Aníbal González, en especial las aplicaciones del ladrillo en limpio y su talla.
     La donación a la ciudad de la mayor parte de los jardines desarrollados por los duques de Montpensier y la acertadísima intervención de J. C. N. Forestier, renombrado jardinero y urbanista parisino, en la configuración del parque de María Luisa, constituyen el acontecimiento matriz para el desencadenamiento de la transformación urbana que comportó la Exposición Iberoamericana. Lo que finalmente fue el certamen, por el impulso final producido bajo la dictadura de Primo de Rivera, contravino la idea unitaria que Aníbal González había soñado completar. Pero, por más que aquella quiebra trajera la desilusión, la enfermedad y la muerte de nuestro arquitecto, al apreciar hoy el interés de muchas de las obras proyectadas por otros arquitectos (el casino de la Exposición y el teatro Lope de Vega, de Vicente Traver, o varios pabellones americanos, como los de Argentina de Noel, Chile de Martínez, Perú de Piqueras o México de Amábilis), ello no impide percibir la identidad sustancial que se reconoce a la Exposición de 1929 tres cuartos de siglo después.
     En años de fuerte convulsión social, el fallido atentado contra Aníbal González en 1920 debe ser leído en clave de su extraordinaria relevancia como figura pública. Lamentable en cualquier caso, ese acto respondía a la rara popularidad del arquitecto, intensificándose la identificación de la ciudad con él durante la década final de su vida. Poco antes de morir pronunciaba su conferencia, impresa entonces, sobre La Giralda; el máximo símbolo arquitectónico de Sevilla era descrito con su verbo comedido. La manifestación de duelo popular que le acompañó a su muerte, sólo comparable entonces con la de los ídolos de la tauromaquia, contribuyó a otorgarle la aureola de mito contemporáneo de la ciudad.
     Puede afirmarse que Aníbal González es el arquitecto más estimado en Sevilla a lo largo del siglo XX.
     La consideración popular por sus obras, especialmente las de la Exposición Iberoamericana de 1929, se manifiesta en el modo como se han integrado en el paisaje urbano comúnmente reconocido, y en la valoración que de ellas hacen tanto los sevillanos como los forasteros que visitan la ciudad (Víctor Pérez Escolano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón Real para la Exposición Iberoamericana de 1929, en la Plaza de América, del Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 13 de octubre de 2019

La Bodega del Condado de Huelva en el Museo de Artes y Costumbres Populares


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Bodega del Condado de Huelva, en el Museo de Artes y Costumbres Populares, de Sevilla.    
      El Museo de Artes y Costumbres Populares (Pabellón de Arte Antiguo para la Exposición Iberoamericana de 1929) [nº 68 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 35 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 32 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 35 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la plaza de América, 3 [nº 2 en el plano oficial del Parque de María Luisa]; en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.  
   En el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla se encuentra en la planta semisótano, la bodega del museo, procedente del Condado de Huelva, es un ejemplo de este tipo de instalaciones en Andalucía, región por excelencia de vinos generosos y de postre.
   Se trata de bodegas no subterráneas sino instaladas en espaciosas naves, para que la aireación sea máxima, formando andanas o filas de bocoyes apilados, con pocos y altos ventanales, para que la luz sea tenue y tamice la claridad exterior, con objeto de no interferir los cambios que están teniendo lugar en los depósitos, suelo de tierra para guardar la humedad y orientación adecuada para beneficiarse de los vientos favorables y protegerse de los perjudiciales.
   En el caso del museo se trata de una bodega artesanal de dos andanas, aunque la mayoría de las bodegas suelen tener varias más. Las de arriba se llaman criaderas y la de abajo, la del suelo, solera. Esta disposición es habitual en el sistema de crianza llamado de soleras, por el que se realiza prácticamente toda la producción andaluza y que consiste en el proceso siguiente: después de la vendimia y una vez que las uvas han sido prensadas se obtiene el llamado "mosto de yema", que se traslada a las bodegas y se deposita en las botas o bocoyes, que se fabrican siempre con madera de roble americano, madera porosa que permite que el vino "respire". Allí es donde comienza la fermentación y donde el vino sufre un primer proceso de añejamiento de al menos un año. Cuando el vino es clasificado por los catadores y los enólogos, puede introducirse en el sistema de soleras siempre en los bocoyes de la fila más alta para ir pasando poco a poco a los de las filas inferiores para ir reponiendo las mermas. El protocolo es el siguiente: el vino para el consumo sólo se extrae de la fila inferior, la solera, y de cada bocoy nunca más de su tercera parte. Este volumen es sustituido por el vino procedente del bocoy de la primera criadera, un tercio de cuyo contenido es trasvasado a los bocoyes de la solera, para reponerla. A su vez, un trasvase del mismo tipo tiene lugar de la segunda a la primera criadera, y así sucesivamente, siendo en los bocoyes de la fila más alta donde entra, como decíamos, el nuevo vino.
   En las bodegas del Condado era frecuente encontrar un tabanco o pequeña taberna como la que se halla situada al fondo de esta sala del museo. Estaba formada por un castillete de medias botas rellenas con distintas calidades de vino y un mostrador en el que se despachaba a granel o se degustaba directamente en medio de animadas tertulias.
   El vino que se cría en los bocoyes del museo procede de uva Zalema, especie típica del Condado, a partir de la cual se elabora un mosto que, tras la primera fermentación, se aclara y tiene un aspecto y una graduación parecida a la del fino, pero con un sabor característico que lo diferencia de él. Recibe el nombre de Solera del Condado y como el fino, la Solera madura, evoluciona de modo natural hacia un Oloroso seco tras una fermentación oxidante y lenta. Gana cuerpo y alcohol y se oscurece sin perder la transparencia.
   El Oloroso del Condado ha sido envejecido en nuestra bodega durante unos diez años, ronda los 17º y posee un aroma tan potente que se percibe en toda la planta semisótano del Museo.
   La bodega fue adquirida al bodeguero de Bollullos del Condado Santiago Villarán, quien se encargó de su montaje y de su mantenimiento, controlando el envejecimiento de los 18.000 litros de vino de la zona que contienen sus bocoyes. (web oficial del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla).
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viernes, 11 de octubre de 2019

El Jarro de Espartinas del Museo Arqueológico


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Jarro de Espartinas del Museo Arqueológico, de Sevilla.   
     El Museo Arqueológico (Pabellón de Bellas Artes para la Exposición Iberoamericana de 1929) [nº 67 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 36 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 30 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 36 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la plaza de América, 2 [nº 2 en el plano oficial del Parque de María Luisa]; en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
   En el Museo Arqueológico de Sevilla encontramos en la sala dedicada al Tesoro de El Carambolo el Jarro de Espartinas, realizado en bronce fundido en el siglo VI-V a.C., con unas medidas de 35 cms. de altura 18,4 cms. de diámetro en la boca del mismo y procedente de Espartinas. 
      Esta pieza es un jarro tartésico cuya factura combina elementos púnicos, griegos y locales. Al tratarse de un hallazgo casual, no se tienen datos arqueológicos de su contexto, aunque se conoce un ejemplar muy similar y bien documentado, como es el que apareció en una de las estancias del llamado "palacio" de Cancho Roano (Zalamea la Serena, Badajoz), un edificio de gran entidad del siglo V a. C. Los jarros de este tipo, aunque se encuadran dentro de la llamada cultura "orientalizante", se alejan de los modelos marcadamente orientales y se relacionan con producciones del área etrusco-itálica. Algunos ejemplares son de fecha tardía, como el del Museo Arqueológico de Granada, procedente del Cerro del Cántaro (Benalúa de las Villas, Granada), que se ha podido relacionar dentro de un contexto ibérico del siglo IV a. C., pese a tratarse también de un hallazgo casual.
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lunes, 9 de septiembre de 2019

La diadema de la colección Aguiar, en el Museo de Artes y Costumbres Populares


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Diadema de la colección Aguiar, en el Museo de Artes y Costumbres Populares, de Sevilla.  
      El Museo de Artes y Costumbres Populares (Pabellón de Arte Antiguo para la Exposición Iberoamericana de 1929) [nº 68 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 35 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 32 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 35 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la plaza de América, 3 [nº 2 en el plano oficial del Parque de María Luisa]; en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.   
     En los Almacenes del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla se encuentra la Diadema de la colección Aguiar, realizada entre 1800-1815, en metal dorado con dos hileras de perlas blancas separadas por una de pedrería, con unas dimensiones de 41x149x81 mm.
      Esta diadema forma parte de la colección Aguiar, depositada en el museo y procedente del Museo de Bellas Artes de Sevilla. La diadema aparece reflejada en la pintura firmada por Andrés Parladé, conde de Aguiar "Majo abrazando a una señora" en el tocado del personaje femenino. Lamentablemente esta pieza no está expuesta actualmente (web oficial del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla).
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martes, 30 de julio de 2019

El Museo Arqueológico (Pabellón de Bellas Artes para la Exposición Iberoamericana de 1929), de Aníbal González, en la plaza de América, del Parque de María Luisa

   Déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Museo Arqueológico (Pabellón de Bellas Artes para la Exposición Iberoamericana de 1929), en el Parque de María Luisa, de Sevilla.   
   El Museo Arqueológico (Pabellón de Bellas Artes para la Exposición Iberoamericana de 1929) [nº 67 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; nº 36 en el plano oficial de la Junta de Andalucía; nº 30 en el plano oficial del Parque de María Luisa; y nº 36 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la plaza de América, 2 [nº 2 en el plano oficial del Parque de María Luisa]; en el Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla]; en el Barrio de El Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
   El edificio es un bello ejemplar neorrenacentista construido por Aníbal González entre 1911 y 1919 con ocasión de la Exposición Iberoamericana. Las colecciones arqueológicas se hallan aquí instaladas desde 1942, habiendo residido anteriormente en otros lugares.
   La creación de todos los museos y de éste en particular es consecuencia de la exclaustración de 1835, en que, archivos, bibliotecas y objetos de arte de los conventos pasaron a ser propiedad del Estado. En Sevilla, como en las demás ciudades, se formó una Junta de Museos que se dedicó a reunir las piezas artísticas. Desde 1875 el Museo Provincial se instaló en el Convento de la Merced, hoy Museo de Bellas Artes, y allí estuvo la colección arqueológica hasta 1942 en que se trasladó al edificio actual. El edificio ha sido sometido a obras de ampliación y adaptación para poder instalar las nuevas colecciones que habían llegado al museo en los años posteriores a su inauguración.
   El contenido del museo lo hace estar situado entre los primeros de España, no solamente por la abundancia de sus piezas, sino por su excelente calidad. Las colecciones más importantes son las romanas e hispano-romanas, que proceden fundamentalmente de Itálica, aunque también hay piezas importantes de Écija, Estepa, Alcalá del Río, Villanueva del Río, etc., además de las procedentes de donaciones particulares o del Ayuntamiento de Sevilla. Aunque la mayor parte de los fondos del museo son de época romana, hay que destaca piezas de gran calidad de etapas prerromanas, así como restos visigodos, musulmanes y mudéjares.
   El edificio del museo tiene una gran sala elíptica en el centro, de la que parten dos alas. En la de la derecha se instalan las antigüedades ibéricas y romanas, dedicándose algunas salas a las piezas medievales. En los sótanos se exponen, en diez salas, todos los restos arqueológicos de las Edades de Piedra, Bronce y Hierro, así como los objetos importados por los colonizadores fenicios, griegos y cartagineses. En la planta alta se ha instalado una sala dedicada exclusivamente al Tesoro de El Carambolo y la sala de exposiciones temporales.
   En las primeras salas de la planta sótano se hallan los ajuares procedentes de los dólmenes de la provincia, especialmente los encontrados en Matarrubilla y Ontiveros de Valencina, conteniendo este último puntas de flecha de cristal de roca. Muy interesantes son los ídolos-cilindros y los ídolos-placa, contemporáneos de estos ajuares. La sala IV está dedicada a las edades del Bronce y Hierro, pudiéndose mencionar las estelas funerarias con representación esquemática del guerrero, con su carro y sus armas. 
     En la sala V comienzan los objetos de la cultura tartésica, pero es en la VI (actualmente en la sala de la planta superior dedicada al Tesoro de El Carambolo) donde se expone el tesoro del Carambolo, así llamado por haberse encontrado en este lugar, cerro cercano a la villa de Camas. Se trata de un aderezo, probablemente masculino, compuesto por dieciséis placas de cinturón o diadema, dos pectorales, dos brazaletes y una cadena con colgante. Las piezas están decoradas a base de semiesferas, rosetas y cordones, teniendo gran semejanza con las joyas del Mediterráneo Oriental, de donde parece probable que viniesen, pudiendo datarse entre los siglos VII y VIII a.C. En la misma sala se halla una figurita sedente de Astarté, de estilo egipcio-saita, con inscripción en el plinto que explica la dedicación. Es obra también del siglo VIII a.C. y procede igualmente del cerro del Carambolo.
   En la sala VII se exhiben piezas fenicias o púnicas de importación, entre las que cabe mencionar el tesorillo de Évora, descubierto cerca de Sanlúcar de Barrameda, y compuesto por varias piezas de oro, entre las que destaca una diadema articulada, que puede datar del siglo VII a.C.
   A la Edad del Bronce está dedicada la Sala VIII, exhibiéndose en ella numerosas utensilios de este metal, entre los que destaca el bronce Carriazo, pequeña placa con figura central y dos pájaros laterales con alas plegadas. La sala IX guarda objetos de los diversos pueblos que vinieron a la Península antes de los romanos, es decir, fenicios, griegos y cartagineses, apreciándose muestras cerámicas de interés. Finalmente la sala X se dedica a la civilización ibérica, inmediatamente anterior a los romanos y contemporánea de ellos, mostrando cerámicas y otros objetos con influencia de los colonizadores, pero con el fondo autóctono de la cultura ibérica. Ya en la planta baja se encuentra la sala XI, dedicada también al arte ibérico pero conteniendo las piezas monumentales de escultura. Entre ellas hay varios animales de buena labra como leones y toros, así como relieves con guerreros y cazadores. Es interesante la representación de un matrimonio en actitud sedente, vestidos a la romana, pero con algunas características autóctonas.  
   La exhibición de las piezas propiamente romanas comienza en la sala siguiente. Contiene esculturas y pequeños objetos de bronce procedentes en su mayoría de las áreas de Écija y Sevilla. Destaca un torso imperial sedente del siglo I que procede de Mérida y varios retratos de la misma época, así como un relieve masculino procedente de un grupo de Nióbides, considerado como obra griega del siglo IV a.C.
      A partir de la sala XIII comienzan las antigüedades de Itálica, destacando de entre ellas el mosaico del cortejo de Baco, que sin embargo procede de Écija, y una figura masculina semitendida, probable representación de un río. No obstante es en las salas XIV, XVII, XIX y XX donde se hallan instaladas las mejores piezas del museo, esculturas inspiradas en modelos griegos pero realizadas en su mayor parte en Roma en la época del emperador Adriano. Preside la sala XIV la escultura de Hermes, quizá la mejor escultura clásica descubierta en España. El dios va desnudo con la clámide a la espalda, mientras que los zapatos alados calzan sus pies, habiendo perdido la cabeza, casi los dos brazos y el niño Dionisos. La figura está inspirada en modelos del siglo IV a.C. y realizada en el siglo II a.C., según el canon de Lisipo. En la misma hay un gran torso de Diana, que por la calidad del mármol hizo pensar a algunos arqueólogos, que fuese un original griego del siglo IV, aunque este teoría ha sido desechada y hoy se acepta su origen romano. Es de destacar también el mosaico de tema geométrico en cuyo centro se halla la cabeza de Baco, que ocupa el centro de la sala. En la sala XV hay varias vitrinas con objetos de Itálica, y un supuesto retrato de Alejandro, copia o adaptación de un original perdido, hecho en el siglo II d.C. La sala XVII contiene otra de las piezas excepcionales del museo, la llamada Venus de Itálica, que aparece con los atributos de su origen marino, como el loto y el delfín, conservando además restos de policromía en el manto. De gran calidad es también el torso de Meleagro con clámide, y del mismo estilo es una réplica del Diadúmenos de Mirón y un torso de adolescente, piezas todas del estilo del siglo IV a.C. Son interesantes en esta misma sala los exvotos, con huellas de pies. La sala XIX está instalada en un patio cubierto, y destaca en ella como pieza principal una gran escultura de Diana cazadora, vestida con pelo y diadema real, copia romana del siglo II d.C., de un original griego. Hay también en la misma sala algunas estelas funerarias, cipos y restos de arquitectura, así como una cabeza de la diosa Cibeles o Artemisa Efésica.
   La sala XX ocupa el centro del edificio, tiene forma elíptica y se llama también Sala Imperial, por albergar los retratos de varios emperadores y sus familias. En los extremos del eje están Trajano y Adriano, el primero representado como general en actitud de arenga, con el manto sobre la espalda y apariencia juvenil. Le faltan parte de las extremidades enferiores y la parte superior de la cabeza, pero es una excelente obra del siglo II. Frente a él está el busto de Adriano, verdadero y magnífico retrato, vestido con una armadura en la que se representa la cabeza de la medusa Gorgona. Otras figuras de la sala son una cabeza de Octavia y otra de Augusta joven, ambas del siglo I, un retrato de Marco Aurelio, una cabeza de Nerón y dos estatuas colosales de Augusto y Adriano.
   Desde la Sala Imperial se pasa a la otra ala del museo. Se comienza por la sala XXI, estructurada como la de Diana alrededor de un patio, pero conteniendo un estanque central con mosaico de peces en el fondo, a la manera de una casa romana. Está dedicada a la epigrafía romana y contiene multitud de urnas y cipos funerarios, así como el pedestal dedicado a Isis que procede de Guadix y puede datarse en el siglo II. La sala XXIII contiene planos, fotografías y restos de arquitectura procedentes de Carteia, de carácter monumental; pero la sala más interesante de esta ala es la dedicada a exponer los objetos aparecidos en Mulva, antigua Munigua, situada en el término de Villanueva del Río y Minas. El objeto de mayor interés es una cabeza femenina, de bellos rasgos y cabello liso, que se ha bautizado con el nombre de Hispania y que data del siglo II. De gran valor artístico son los vidrios y joyas de oro aparecidos en las tumbas, y de interés histórico y arqueológico son la carta del emperador Tito a las autoridades de Munigua, fechada en el año 79, y una Tessera de hospitalidad del propretor Sexto Curcio, dirigida a la misma ciudad, piezas ambas de bronce. En la misma sala hay un sarcófago de estrigilos y una figura femenina muy esbelta. 
   En la sala XXVI se inician las colecciones medievales, de menor importancia que las clásicas, pero con piezas interesantes. Pueden citarse los sarcófagos paleocristianos, los ladrillos conmemorativos, en relieve, visigodos y una reproducción del tesoro de Torredonjimeno instalado aquí por su relación con las Santas Justa y Rufina. A continuación se hallan las antigüedades islámicas, compuestas por bellos capiteles de trépano y algunos pequeños objetos como lucernas, destacando como pieza de gran interés histórico un fuste de columna que lleva la inscripción fundacional de la primera mezquita de Sevilla, que incluye el nombre del califa Alhaken, el del arquitecto que la levantó y la fecha de su construcción, 829-830. Se conserva también la inscripción de la mezquita de San Juan de la Palma, del siglo XI.
   La sala XXVII y última está dedicada al arte medieval, con piezas mudejáricas y góticas, y aunque la colección es también pequeña, las piezas son escogidas. De estilo mudéjar hay varias tinajas grandes, de barro cocido y estampillado, algunos brocales de pozo y bellas muestras de cerámica, cuya pieza principal es una pila bautismal vidriada en verde, con relieves de piñas que procede del hospital de San Lázaro y puede fecharse a fines del XV. Son también mudéjares los restos de alfarje y los tableros de madera tallada con ataurique, así como las piñas de mocárabes. Entre las piezas puramente góticas destacan dos alabastros ingleses del siglo XIV y una lauda sepulcral de bronce grabado, fechado en 1333 [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
Conozcamos mejor la Biografía de Aníbal González, autor de la obra reseñada;
     Aníbal González y Álvarez-Ossorio, (Sevilla, 10 de junio de 1876 – 31 de mayo de 1929). Arquitecto.
     Fue el primero de los tres hijos del matrimonio formado por José González Espejo y Catalina Álvarez- Ossorio y Pizarro. Se tituló como arquitecto en 1902 en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, superando la reválida de sus estudios con el número uno de su promoción. Su formación respondió a los fundamentos tradicionales entonces imperantes, provenientes del origen académico de ese título, y que se puede constatar por la naturaleza de sus trabajos escolares que se han conservado. Figuras clave de esa formación fueron Ricardo Velázquez Bosco y Vicente Lampérez y Romea, arquitectos esenciales del panorama español de entonces.
     Su vocación arquitectónica se manifestó tempranamente y se vio acrecentada con los años. Daban prueba de ello tanto su biblioteca como sus viajes, siempre vinculados a los intereses disciplinares, y se aprecia con plena nitidez en el éxito de sus estudios y en su temprana actividad, aun cuando era estudiante, en el pabellón que llevó a cabo en la Exposición de Pequeñas Industrias que, en 1901, se celebró en el Retiro madrileño. Al siguiente año realizaría un anteproyecto para Palacio de Exposiciones de Bellas Artes en los sevillanos jardines del Cristina. También en ese año de 1902 redactó una Memoria acerca de la reorganización del servicio de incendios de Sevilla, que presentó al alcalde de la ciudad, siendo acompañado por Nicolás Luca de Tena, a cuya familia estaba ligado por lazos familiares, lo que resultaría ser decisivo para su vinculación tanto a la sociedad y las instituciones sevillanas como a los gobiernos del reinado de Alfonso XIII. Por otra parte, su matrimonio con Ana Gómez Millán, hija del constructor y maestro de obras José Gómez Otero, significaría su conexión con una de las sagas arquitectónicas más prolíficas de Sevilla.
     Los arquitectos activos entonces eran pocos, y la disposición y cualidades que adornaban al joven González, le habilitaron, junto con las circunstancias referidas, para una pronta fortuna en el ejercicio de la arquitectura. De inmediato se le encargó llevar a término un proyecto de cárcel celular, y estuvo en disposición de iniciar sus primeros encargos privados de diverso tipo, especialmente viviendas, que le ocuparon ya durante la primera década del novecientos. Así, las casas de la calle Alfonso XII y Almirante Ulloa; la reforma del edificio de la calle Monsalves, la de Martín Villa esquina a Santa María de Gracia; la desaparecida central térmica del Prado de San Sebastián y la subcentral de la calle Feria, para la naciente Compañía Sevillana de Electricidad, o la fábrica de la calle Torneo, hoy rehabilitada como Instituto de Fomento de Andalucía; el grupo escolar Reina Victoria en Triana; panteones en el cementerio de San Fernando, o sus primeros proyectos en Aracena debidos a su vínculo con la familia Sánchez-Dalp, como el casino Arias Montano.
     En esa primera década no permaneció ajeno a las corrientes innovadoras que entonces afloraban en Europa, y que en España se reconocen en el modernismo catalán. Algunas de las obras citadas lo manifiestan, pero tal experimentación estilística se inscribía dentro de las habilidades que su formación y la cultura predominante configuraban bajo un eclecticismo historicista, en el que, como un estilo más, llevó a muchos de los arquitectos jóvenes de entonces a ensayar formas que pudieran identificarse con el espíritu de los tiempos nuevos. No obstante, el carácter conservador de las ideas subyacía, y la obra de Aníbal González estaba destinada a figurar destacadamente dentro del panorama nacional de la arquitectura de intención tradicional que, más allá del historicismo, contribuyó a procurar una salida a la crisis del noventa y ocho en el filón de las identidades diversas de los pueblos de España, dando lugar a lo que se conoce como regionalismo, teniendo en la arquitectura una de sus manifestaciones más notables, especialmente en la dualidad del norte y del sur de la Península, la arquitectura montañesa y vasca, por una parte, y por otra lo que vino en denominarse “estilo sevillano”, en el que Aníbal González se reconoció y fue reconocido en toda España, por más que otros arquitectos locales, como Juan Talavera o José Espiau, contribuyeran igualmente a fortalecerlo.
     Esa construcción cultural, si fuera de Sevilla produjo admiración, en la ciudad propició una rara identificación social con la arquitectura. Y para ello, el acontecimiento que lo canalizó fue la Exposición Iberoamericana, celebrada en 1929 pero iniciada como objetivo ciudadano veinte años antes, tras los festejos “España en Sevilla”, organizados en la primavera de 1909, y a cuya conclusión lanzaría la idea Luis Rodríguez Caso. El objetivo de una Exposición Hispano-Americana, como fue originalmente denominada, se traduciría en un concurso convocado en 1911, y del que resultaría ganador Aníbal González, bien es cierto que con una muy escasa participación, ausentes los demás arquitectos sevillanos.
     Su vida, que se vio truncada poco antes de que tuviera lugar la inauguración del certamen, el 31 de mayo de 1929, quedó vinculada al proyecto general y a las obras que resultarían más relevantes: la plaza de América y la plaza de España. Supo compaginar una amplísima actividad profesional, centrada en Sevilla, pero con ejemplos diseminados por distintas poblaciones, especialmente de la baja Andalucía, aunque también fuera de ella, como el edificio proyectado para ABC en la Castellana de Madrid, cuya fachada sobrevive como muestra definitiva de la admiración y apoyo que siempre encontró en la familia Luca de Tena.
     Su trayectoria en Sevilla es difícil de resumir: proyectos urbanísticos (como el del cortijo Maestrescuela, que originaría el barrio de Nervión); viviendas aisladas en áreas de crecimiento de la ciudad (en el Porvenir o en la Palmera); casas familiares urbanas (por ejemplo, en la calle de San José esquina a Conde de Ibarra, calle de Almansa esquina a Galera o calle de Monsalves esquina a Almirante Ulloa); numerosas casas de renta (paseo de Colón, cuesta del Rosario, calles Cuna, Cuesta del Rosario, Tetuán, Francos o actual avenida de la Constitución); “casas baratas” (Portaceli, Ramón y Cajal o avenida de Miraflores); edificios religiosos (para la Compañía de Jesús en la calle de Trajano, la capillita de la Virgen del Carmen en el Altozano o la basílica de la Inmaculada Milagrosa cuya construcción se interrumpió tras su fallecimiento); panteones (como los de los Luca de Tena, Peyré o González) y otros muchos proyectos y obras, que se pueden cerrar con la referencia a la reforma de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería y su sede en el paseo de Colón. Una serie ingente que, junto a la de otros arquitectos regionalistas, cambió la fisonomía de Sevilla, en ocasiones mediante las alteraciones de aperturas interiores, desde la Campana a la Avenida, en incrementos de alturas y cambios de tipos formales del caserío que, en conjunto, significó una renovación intensa de la ciudad.
     Hay que volver a la Exposición Iberoamericana para comprender sintéticamente la evolución producida en la arquitectura de Aníbal González y completar la glosa de este sevillano. Basta comparar el proyecto premiado en 1911 con los desarrollados posteriormente, incluido el frustrado de la Universidad Hispano Americana, tercera de las grandes obras que se pretendió vincular a la Exposición. Sobre todo, basta comparar la arquitectura de la plaza de América (1911-1919: Pabellón de Arte Antiguo, Pabellón Real y Pabellón de Bellas Artes, con sus jardines) con la de la plaza de España (1914-1928), para apreciar la transición de una concepción pintoresca a otra más monumental; por más que en ambas se contengan las habilidades del dominio ecléctico de los estilos del pasado español y en ambas se desarrollen las aplicaciones múltiples de los oficios y artesanías tradicionales recuperados y potenciados al amparo de las prolongadas obras de la Exposición. De manera que si tuviésemos que elegir un desenlace de su evolución, quizá éste radicara en el virtuosismo con que se desenvolvieron las obras de Aníbal González, en especial las aplicaciones del ladrillo en limpio y su talla.
     La donación a la ciudad de la mayor parte de los jardines desarrollados por los duques de Montpensier y la acertadísima intervención de J. C. N. Forestier, renombrado jardinero y urbanista parisino, en la configuración del parque de María Luisa, constituyen el acontecimiento matriz para el desencadenamiento de la transformación urbana que comportó la Exposición Iberoamericana. Lo que finalmente fue el certamen, por el impulso final producido bajo la dictadura de Primo de Rivera, contravino la idea unitaria que Aníbal González había soñado completar. Pero, por más que aquella quiebra trajera la desilusión, la enfermedad y la muerte de nuestro arquitecto, al apreciar hoy el interés de muchas de las obras proyectadas por otros arquitectos (el casino de la Exposición y el teatro Lope de Vega, de Vicente Traver, o varios pabellones americanos, como los de Argentina de Noel, Chile de Martínez, Perú de Piqueras o México de Amábilis), ello no impide percibir la identidad sustancial que se reconoce a la Exposición de 1929 tres cuartos de siglo después.
     En años de fuerte convulsión social, el fallido atentado contra Aníbal González en 1920 debe ser leído en clave de su extraordinaria relevancia como figura pública. Lamentable en cualquier caso, ese acto respondía a la rara popularidad del arquitecto, intensificándose la identificación de la ciudad con él durante la década final de su vida. Poco antes de morir pronunciaba su conferencia, impresa entonces, sobre La Giralda; el máximo símbolo arquitectónico de Sevilla era descrito con su verbo comedido. La manifestación de duelo popular que le acompañó a su muerte, sólo comparable entonces con la de los ídolos de la tauromaquia, contribuyó a otorgarle la aureola de mito contemporáneo de la ciudad.
     Puede afirmarse que Aníbal González es el arquitecto más estimado en Sevilla a lo largo del siglo XX.
     La consideración popular por sus obras, especialmente las de la Exposición Iberoamericana de 1929, se manifiesta en el modo como se han integrado en el paisaje urbano comúnmente reconocido, y en la valoración que de ellas hacen tanto los sevillanos como los forasteros que visitan la ciudad (Víctor Pérez Escolano, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Museo Arqueológico (Pabellón de Bellas Artes para la Exposición Iberoamericana de 1929), en el Parque de María Luisa, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre el Parque de María Luisa, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.

El Museo Arqueológico al detalle:
Sala I

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Sala IV

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     La Fuente de El Gandul

Sala VIII

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     Triunfo de Baco

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Sala monográfica del Tesoro de "El Carambolo"