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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 14 de enero de 2024

La antigua Casa de la Contratación

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la antigua Casa de la Contratación, de Sevilla.    
     Hoy, 14 de enero, es el aniversario (14 de enero de 1503) de la creación mediante decreto real, de la Casa de Contratación de Indias en Sevilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Casa de la Contratación, de Sevilla.
   La antigua Casa de la Contratación se encontraba en la plaza de la Contratación; 3; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo
     El Real Alcázar [nº 2 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 2 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza del Triunfo, 5 (la salida se efectúa por la plaza Patio de Banderas, 10); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo. En el plano oficial del Real Alcázar, aparece con los números 6 (Cuarto del Almirante) y 7 (Capilla de la Virgen de los Navegantes).
   La Casa de la Contra­tación, creada por los Reyes Católicos en 1503 e instalada poco después en un edifi­cio del Alcázar con fachada a esta plaza. Tenía como funciones la organización del comercio, la fiscalización de personas y mercancías y la práctica de justicia en todo lo relacionado con las Indias; permaneció en este lugar hasta el año 1717, en que fue tras­ladada a Cádiz. Su actual denominación, que aparece ya en el s. XVI, se repite en documentos del XVII, plano de Olavide (1771) y toda la planimetría del XIX. 
     Era una construcción de dos plantas, que se levantó a raíz de un incendio ocurrido en 1604, y que ha perdurado hasta la década de l960, en que fue demolido para levantar el actual de cuatro plantas, obra de Rafael Manzano, a la sazón conservador del Alcázar. Al ser trasladada la Casa de la Contratación a Cádiz, parte del edificio fue destinado a cuartel de Partidas Sueltas, y a viviendas para arrendamiento las dependencias en torno al patio almohade o Jardín del Crucero, conocido también como Patio de la Contratación. Este era considerado como de tránsito público y se comunicaba con el Alcázar. Antes de su demolición fue comisaría de policía. Actualmente alberga la Con­sejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía. 
     El edificio, que llegó hasta nuestros días, poseía una fachada de estilo neoclásico con pilastras. El patio, de dos plantas, estaba porticada en la planta baja, con arcos rebajados sobre columnas toscanas y jónicas; en la planta superior, se abrían balcones separados por pilastras. La escalera, de tres tramos, se cerraba con bóveda, decorada con yeserías.
Conozcamos mejor la Historia de la creación de la Casa de Contratación, de Sevilla
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     El 14 de enero de 1503 se estableció por decreto real la Casa de Contratación de Indias en Sevilla, creada para fomentar y regular el comercio y la navegación con el Nuevo Mundo. Su denominación oficial era Casa y Audiencia de Indias, que Pedro Mártir de Anglería llamaba con más propiedad la Casa del Océano.
     Su funcionamiento quedó regulado en las Ordenanzas expedidas en Alcalá de Henares en el momento de su creación, y entre sus finalidades se especificaban las de "recoger y tener en ella, todo el tiempo necesario, cuantas mercaderías, mantenimientos y otros aparejos fuesen menester para proveer todas las cosas necesarias para la contratación de las Indias; para enviar allá todo lo que conviniera; para recibir todas las mercaderías e otras cosas que de allí se vendiese dello todo lo que hubiese de vender o se enviase a vender e contratar a otras parte donde fuese necesario". Su reglamento fue modificado por las Ordenanzas expedidas en Monzón en 1510 y toda la legislación referente a este organismo se imprimió en 1522. 
   [...] Se especificaban las horas de trabajo; se habla de los libros de registro que hay que llevar; se regula la emigración; se trata de las relaciones con mercaderes y navegantes; se dispone lo relativo a los bienes de los muertos en Indias, etc. [...] Como controladora del tráfico marítimo, la Casa se encargaba del aprovisionamiento y del pertrecho de las flotas, y de la inspección de los barcos que se disponían a zarpar para América.
     Sus funcionarios aparejaban las flotas, compraban mercancías, daban instrucciones a los navíos, fomentaban el trato con Indias, estaban atentos a las necesidades de Ultramar, y cuidaban del registro de todas las embarcaciones y se le incorpora el matiz científico al incluirse dentro de la Casa de la Contratación al Piloto Mayor [creado en 1508], encargado de examinar a los pilotos que desean hacer la carrera, y de trazar los mapas o cartas de navegación y el Padrón Real [mapa-modelo] del Nuevo Mundo, hasta 1519 en que se crea el puesto de Cartógrafo. Piloto Mayor en 1508 fue Américo Vespucio, sucediéndole más tarde Juan de Solís y Sebastián Cabot.
La ruta triangular
     Fue una ruta atlántica que funcionó durante los siglo XVI-XVII y principios del XVIII. Salía de los puertos europeos en flotas de barcos cargados de abalorios en dirección a las costas de África [golfo de Guinea] donde se intercambiaban esclavos y se trasladaban a América para ser vendidos a cambio de piedras y metales preciosos, maderas, tintes, café, cacao, etc.. El control de esta ruta fue español y portugués en el siglo XVI, holandés en el XVII e inglés en el XVIII. Fue la ruta más rentable de todas.
El Consulado de Sevilla
     Paralelamente a la Casa de la Contratación, en 1543 se crea en Sevilla el Consulado de mercaderes, la Casa Lonja como la llamaban en los antiguos documentos sevillanos, la Bolsa como la denominan los viajeros de los siglos XVI-XVIII, o el Consulado como se le llamará en el siglo XIX. Era una asociación comercial que protegía el comercio de la ciudad contra los "no burgueses", que mermó algunas de las facultades a la Casa de la Contratación.
     El Consulado asumió una parte considerable de la jurisdicción civil sobre sus miembros, que antes ejercía la Casa de Contratación. Hasta esa fecha, los juicios y pleitos entre mercaderes se celebraban en la Casa, pero los mercaderes, deseosos que se les reconociera su jurisdicción, solicitaron permiso para constituir una asociación similar a la de Burgos o Valencia. Sus principales ordenanzas son de 1556.
     En el Consulado estaban representados todos los tratantes con Indias que no fueran extranjeros ni dependientes o subordinados suyos. Sus ingresos procedían de la avería o seguro marítimo, obligatoria para todo el que llevase más de un año negociando o el que cargase en una o dos veces mercancías por valor superior a 1.000 ducados [se fijó en una blanca al millar]. Este impuesto o contribución permitía sufragar la organización de una Armada que defendiera los buques del ataque corsario, en particular de los franceses.
     Como la piratería seguía siendo una continua amenaza para el comercio con América, el Consulado consiguió una ordenanza real obligando a todos los vasallos que marchaban o que venían de las Indias a que se uniesen a la flota oficialmente organizada a este efecto. Es decir, impuso el sistema de flotas, que sustituía al llamado de navío suelto. El uso de este recurso ya había sido experimentado por los navegantes mediterráneos de la antigüedad, y seguía siendo utilizado tanto ahí como en el Mar del Norte.
[...]
     A medida que la estructura del comercio fue cambiando y Sevilla se dedicó a exportar productos manufacturados, no fabricados en Andalucía, sino traídos en su mayor parte desde el extranjero, los miembros del Consulado sevillano fueron ejerciendo más que nada un negocio de representación y comisión, en representación de todas las casas mercantiles de Europa. No obstante la costumbre y los intereses creados, continuaron protegiendo el monopolio de Sevilla, mucho después que el volumen del comercio hubiese rebasado las posibilidades, siempre limitadas, que ofrecía el puerto interior del Guadalquivir.
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domingo, 25 de junio de 2023

Los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva.

Casa del Almirante Hernández Pinzón
     El caserío de Moguer cuenta con algunos ejemplares de construcciones mudéjares, lo que es apreciable en los patios de algunas viviendas, como ocurre en la casa de los Rodríguez-Thorices. Igualmente hay un conjunto de edificios de arquitectura barroca, propias del Setecientos, y elegantes casas solariegas decimonónicas, entre las que cabe citar la casa del almirante Hernán­dez Pinzón. Los esquemas de viviendas de los si­glos XVIII y XIX se repiten hasta la saciedad a lo largo del siglo XX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Iglesia de Nuestra Señora de la Granada
     La primitiva parroquia de Moguer, de estilo mudéjar, era de menores proporciones que la actual barroca. Los daños recibidos a raíz del terremoto de Lisboa hicieron que se levantara de nuevo, por la ruina en que estaba, la sacristía, aunque la torre y la misma iglesia quedaron muy afectadas por el seísmo. En la construcción de la sacristía intervino Pedro de San Martín. Pedro de Silva informó sobre las obras necesarias en la torre, que fueron ejecutadas por Antonio Guerrero y Lucas Cintora y concluidas hacia el año 1760, aunque ésta es la misma de la primitiva construcción.
     Años más tarde, en 1775, se decidió la ampliación de la iglesia, propuesta ya en 1760 por Pedro de Silva, aunque se creyó insuficiente lo proyectado. Intervino entonces José Álvarez, que levantó un nuevo plano de la planta del edificio, añadiendo lo que se debía agrandar. La estimación de estas obras ascendieron a los 500.000 reales de vellón.
     Sin embargo, en 1776, se decide construir una iglesia de nueva planta, debido a que la antigua no podría resistir a causa de la poca robustez de sus cimientos. Fue preciso incluir un pedazo de calle y dos casas. Ya en 1783, José Álvarez informaba de la terminación del nuevo edificio, a falta de algunos remates de poca consideración.
     En 1936 fue incendiado el edificio, incendio que provocó la caída de las bóvedas. La vida parroquial hubo de trasladarse a la iglesia de San­ta Clara. Después de la conveniente reconstrucción y restauración del templo se abrió al culto en 1944.
     La parroquial moguereña consta de cinco na­ves, crucero con media naranja, capilla mayor y dependencias auxiliares. La nave central está cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Es de mayor altura que las laterales y de la misma altura que el crucero y la capilla mayor. La nave central y el crucero sobresalen marcadamente del conjunto tectónico. Las naves con­tiguas a la central ostentan bóvedas vaídas y las otras dos, bóvedas de arista. La principal característica de la iglesia es la austeridad en su planta y alzado, y la perfecta coordinación entre el todo y sus partes. El monumento, sobrio y expresivo, resucita esquemas herrerianos de la arquitectura filipense. Su decoración exterior se centra en las tres portadas-retablo y en la torre. La portada del imafronte, o del Sol, labrada en ladrillo lim­pio, es la más hermosa. Consta de dos cuerpos y ático. La del Evangelio, que simplifica el esquema de la anterior, abre a la plaza de la Iglesia. Y la tercera, en el costado de la epístola, comunica con el patio de los Naranjos. Ambas tienen un sólo cuerpo y ático. Este edificio, de aspiraciones catedralicias, es uno de los ejemplares arquitectónicos más notables del Setecientos en la actual provincia de Huelva.
     La primitiva torre de la parroquial de Moguer se hundió en 1655. Dos arquitectos mayores, Juan Domínguez y José Tirado, se encargan sucesivamente de su reconstrucción. El prime­ro acometió la reedificación de su caña, según proyecto fechado en 1689. El segundo dirigió las obras desde 1693 hasta su conclusión en 1714. José Tirado realizó, pues, la traza y levantó el cuerpo de campanas con su correspondiente chapitel. Poco después fue transformada por los arquitectos diocesanos Diego Antonio Díaz, tras el huracán de 1722, y Pedro de Silva, después del terremoto de 1755. En ambas ocasiones que­daron arruinados el cuerpo de campanas y el chapitel. Razón por la que su airosa fisonomía seiscentista quedó enmascarada por las referidas intervenciones dieciochescas. Gracias a ello la parroquial de Santa María de la Granada de Moguer conserva su bellísima torre, inspirada en la Giralda de Sevilla. En este sentido el poeta moguereño Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura, al referirse a ella, la define así: «La torre de Moguer de cerca, parece una giralda vista de lejos».
     Junto al cancel de la puerta principal, a la izquierda, está el altar de la Virgen de la Soledad, cuya titular es una imagen de candelero para vestir del siglo XVII, remodelada profundamente por el escultor palmerino Joaquín Moreno Daza. A continuación está el retablo de Ánimas, del siglo XIX, desprovisto de interés.
     En la capilla bautismal, clausurada con artística reja de hierro del último tercio del Setecien­tos, preside una pintura mural del Bautismo de Cristo, obra de Rafael Blas Rodríguez. La pila bautismal es de la época del templo. A ambos lados se sitúan la Virgen de Belén, imagen de candelero para vestir obra de Enrique Orce de h. 1930; y el grupo escultórico de San José con el Niño Jesús itinerante, también del mismo autor en  1941.
     Más adelante se encuentra el retablo de la Vir­gen de Fátima, pasado el cual se halla el cancel lateral del flanco del evangelio, tras el que se ubica un retablo dieciochesco, procedente del convento de San Francisco, con la Divina Pasto­ra, cuya titular es una imagen de vestir del siglo XVIII. Se transformó de Inmaculada en la actual advocación. Procede del convento de Capuchinos de Sevilla. Tras su adaptación como Divina Pastora fue bendecida por el Beato Diego José de Cádiz. Entre 2002 y 2003 fue restaurada por José María Leal en Sevilla. El retablo de San José, obra de mediados del siglo XX, se compone de mesa de altar, banco, un solo cuerpo y ático. En la hornacina principal se expone la escultura del titular obra de Joaquín Moreno Daza, de 1956. En los intercolumnios se sitúan la Virgen del Pi­lar y San Diego de Alcalá. En el ático hay una efigie de San Ginés, del siglo XVIII.
     El retablo de la Virgen del Carmen está com­puesto con elementos de altares dieciochescos del convento de San Francisco. La titular, escultura en madera y telas encoladas y policromadas, es obra del sevillano Enrique Orce, de 1938. Se puede contemplar a continuación el retablo de San Antonio, de madera tallada y dorada. Sigue el formato neobarroco de la época. Después está el retablo del simpecado de la Virgen del Rocío. Junto a él, en el muro, se ha colocado una leyenda que indica que «En este lugar estuvo el retablo de la Virgen del Rosario de Gloria, que lloró milagrosamente el 1 de noviembre de 1755, durante el terremoto de Lisboa».
     La capilla mayor está presidida por un temple­te, en madera tallada y dorada, con la Virgen de la Granada, firmada en la base por Enrique Orce, en 1941. Sobre la tribuna del órgano se cuelga el gran cuadro de la Asunción de la Virgen, pintado por Juan Antonio Rodríguez entre 1993 y 1995. Los ángeles lampareros que flanquean el presbiterio, esculturas en madera policromada, son obras de David Valenciano en 2003.
     La capilla sacramental, clausurada con rejas de hierro, tiene sus bóvedas pintadas con temas eucarísticos por Rafael Blas Rodríguez en 1944. Hay un mural de la Cena de Emaús, en el paramen­to, obra del mismo autor. El retablo del Corazón de Jesús, o del Sagrario, tiene mesa de altar, un cuerpo de tres calles y ático. Es obra del círculo de Felipe Fernández del Castillo, de h. 1720- 1740. Lo preside una imagen del Sagrado Corazón. En la hornacina del ático hay un Niño Jesús, talla en madera policromada del siglo XVIII. So­bre el altar está el tabernáculo, de madera dorada y con la puerta de plata, del siglo XX. El retablo de María Auxiliadora es obra anónima sevillana de h. 1720-1740. Sobre una mesa de altar se expone el Cristo de la Victoria, ejecutado por Enrique Orce entre 1938 y 1939, y restaura­do por Rangel entre 1992 y 1993. Su retablo, del siglo XVII, se encuentra hoy desmembrado en la capilla del Corpus Christi.
     De nuevo en el crucero está el retablo de es­típites de la Inmaculada, compuesto de mesa de altar y un cuerpo de tres calles, es de autor anónimo sevillano, de h. 1750-1780. Le sigue el retablito de Santa Ana, realizado por el artista moguereño José Manuel Picón en 1995. Por el cancel lateral se accede al patio de los naranjos. Sigue el retablo de San Isidro Labrador, anóni­mo sevillano de h. 1750. En la capilla de Vera- Cruz preside el grupo escultórico del Calvario. El Crucificado es copia del que hizo Enrique Orce en 1938, ahora en la capilla del Corpus Christi. La copia la realizó Joaquín Moreno Daza en 1988. La Virgen de la Paz, imagen de can­delero para ves­tir, fue gubiada por José María Leal en 2005. Y San Juan Evangelista es obra de Enrique Orce, h. 1939. Por último, junto al cancel de la puerta principal del templo se encuentra el retablo de San Juan Bosco, obra anónima sevillana, de la primera mitad del siglo XVII ¿?.
     La orfebrería de esta parroquial conserva dignos ejemplares de diversas épocas, siendo de destacar el portapaz del XVI. Del siglo XVII, con intervenciones de Blas Amat en el siglo XVIII, son los cuatro evangelistas de la antigua custodia procesional de plata. Hay también un cáliz y unas vinajeras de origen poblano, ambas piezas del siglo XVIII. De estilo rococó son un cáliz y un copón dieciochescos, en plata dorada. Igualmente la cruz parroquial dorada. Y de esta época es el magnífico ostensorio de plata dorada de Vicente Gargallo. Del siglo XIX hay un conjunto de sobrios cálices argénteos, con decoración de perlitas, y el cáliz del obispo Infante, realizado en plata dorada. De mediados del novecientos es un portaviático en forma de corazón, de plata dorada, imitando modelos de siglo XIX, así como un cáliz neobarroco del arcipreste D. José Domínguez Pabón.
     Entre la colección de antiguos bordados barrocos hay que señalar un terno litúrgico, denomi­nado de «la Granada», inmerso en la tradición de los bordados sevillanos de la época. Además, se conservan otros ejemplares correspondientes a frontaleras, paños de altar y paños de púlpito, ricamente bordados al gusto de los siglos XVIII y XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El edificio actual es un enorme rectángulo repartido entre cinco naves, que definen una cruz latina central cuyo crucero está cubierto por una cúpula d media naranja. La nave central está cubierta con bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones. Es de mayor altura que las laterales y de la misma altura que el crucero y la capilla mayor. Las naves contiguas a la central se cubren con bóvedas vaídas y las otras dos con bóvedas de arista.
     La característica principal de la iglesia es la austeridad de su planta y alzado, y la perfecta coordinación entre el todo y sus partes Lo más llamativo del edificio está en el exterior; posee tres portadas-retablo barrocas de ladrillo limpio y una torre campanario que rompe la alineación de una de las esquinas del edificio. Se trata de una copia por libre de la Giralda, llegando hasta el extremo de reproducir sus campanas en pinturas al fresco sobre unos huecos simulados.
     La portada del imafronte consta de dos cuerpos y ático y es la más hermosa de las tres. La del Evangelio, que simplifica el esquema de la anterior, abre a la plaza de la iglesia, y la tercera, en el lado de la Epístola, comunica con el patio de los naranjos. Ambas tienen un solo cuerpo y ático.
     La primitiva torre de la parroquia se hundió en 1655. Los arquitectos mayores Juan Domínguez y José Tirado, se encargan sucesivamente de su reconstrucción. El primero acometió la reedificación de su caña, según proyecto fechado en 1689. El segundo dirigió las obras desde 1693 hasta su construcción en 1714. José Tirado realizó, pues, la traza y levantó el cuerpo de campanas con su chapitel.
     Poco después fue transformada por los arquitectos diocesanos Diego Antonio Díaz, tras el huracán de 1722, y Pedro de Silva, tras el terremoto de 1755. En ambas ocasiones quedaron destruidos el cuerpo de campanas y el chapitel, por lo que su airosa fisonomía seiscentista quedó enmascarada por las intervenciones del siglo XVIII. Gracias a ello conserva su bellísima torre inspirada en la Giralda de Sevilla.
     La primitiva iglesia parroquial de Moguer, de estilo mudéjar, era de menores proporciones que la actual barroca. Los daños causados por el terremoto de Lisboa hicieron que se levantara de nuevo la sacristía, aunque la torre y la misma iglesia quedaron muy afectadas por el seísmo.
     En la construcción de la sacristía intervino Pedro San Martín. Pedro de Silva informó sobre las obras necesarias en la torre, que fueron ejecutadas por Antonio Guerrero y Lucas Cintora y concluidas hacia 1760.
     En 1755 se decidió la ampliación de la iglesia. Intervino en esta ocasión José Álvarez que levantó un nuevo plano de la planta del edificio, añadiendo lo que se debía agrandar. Sin embargo en 1776 se decide construir una iglesia de nueva planta, debido a que la antigua no podría resistir a causa de la poca robustez de sus cimientos. En 1783, José Álvarez informaba de la terminación del nuevo edificio.
     En 1936 se produjo un incendio en el edificio que produjo la caída de las bóvedas. Después de la reconstrucción del templo, se abrió al culto en 1944 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ayuntamiento
     El terremoto de Lisboa dejó totalmente arrui­nado el antiguo ayuntamiento, cárcel y pósito de Moguer. Por tanto, en 1766, los capitulares deciden construir un nuevo complejo municipal, conforme al diseño formado por Francisco Díaz Pinto. El proceso constructivo sufrió grandes contrariedades administrativas. El Real y Su­premo Consejo de Castilla, en 1767, devolvió al intendente de Sevilla la planta y traza del consis­torio moguereño, para que fuesen examinadas por el arquitecto italiano Tomás Botani. Se dispuso, además, que éste tasara el coste de la obra a tenor de lo realizado. Y le encargaron también una nueva planta y las condiciones para la continuación de las obras. El proyecto de Botani no se respetó íntegramente, tomándose una solución intermedia, manteniéndose, en líneas generales, la traza y disposición de Pinto y omitiéndose su exuberante ornamentación, conforme al clasicismo formal del arquitecto italiano.
     Esta obra es la más representativa del siglo XVIII, en su tipología, de la provincia de Huel­va. Presenta una fachada con una doble logia, muy aireada, entre dos cuerpos macizos laterales. Su doble danza de cinco arcos de medio punto, con rosca moldurada y moldurón en la clave, cabalgan sobre columnas de mármol blan­co. Los arcos inferiores lucen ángulos triedros en las enjutas y los superiores, doblados pinjantes. La logia superior tiene techumbre mudéjar. El doble apilastrado de los cuerpos macizos de las esquinas, de orden dórico en la planta inferior y jónico en la superior, evidencia el carácter erudito de esta obra. Ambas plantas quedan sepa­radas por un entablamento decorado con triglifos. Y la superior está coronada por una volada cornisa de pareados modillones. El total resultante está rematado por un antepecho con jarros. En el centro, un pequeño ático, provisto de aletones y remate superior, enmarca el reloj, pro­pio de las edificaciones edilicias.
     A la sobriedad y mesura de la fachada, de elegante clasicismo, se opone la portada principal. Su traza, ágil y dinámica, constituye la nota ba­rroquizante más acusada del conjunto. Sus recortados perfiles definen el ondulante marco de esta puerta adintelada, cuya hornacina superior cobija la escultura de San José con el Niño itinerante, patrón de la ciudad (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es un edifcio del siglo XVIII, y es la obra más representativa de ese siglo en su tipología, de la provincia de Huelva. El proyecto se debe al arquitecto italiano Tomás Bottani.
      Se construye por etapas, datándose su comienzo en el siglo XVI. El elemento más representativo es la fachada, de estilo neoclásico, construida en el siglo XVIII. Actualmente se encuentra en uso, restaurado y ampliado y en buen estado de conservación.
      Es obra del arquitecto italiano Tomás Bottani, el cual lo dotó de un estilo de transición entre el barroco y el neoclásico. Es un edificio rectangular de dos plantas cuyas dependencias se distribuyen alrededor de un patio central de gran sobriedad, La fachada principal es sin duda la más artística de todo el conjunto, destacando por encima de las viviendas del entorno.
     Presenta una doble logia, muy aireada, entre dos cuerpos macizos laterales.
     Consta de dos cuerpos con cinco arcos de medio punto cada uno, sostenidos por columnas de mármol con fuste liso y típico capitel genovés y un coronamiento centrado que da cobijo al ¿reloj del común". Los distintos niveles de fachada se disponen según el modelo clásico, superponiendo jerárquicamente los órdenes. La traza conecta con el modelo italiano (edificio gubernamental de la ciudad italiana de Como ¿1215-) importado en la mayoría de los casos por artistas y alarifes oriundos de Italia y afincados en España. Ese fue el caso de Tomás Bottani que se casó en Moguer con María Marchante.
     Su decoración es puramente arquitectónica (imposta, cornisamento, pilastras, columnas), salvo algunos elementos ornamentales tan característicos como los típicos festones. En el interior de la logia o galerín porticado de entrada al edificio municipal destaca un precioso ejemplar de portada barroca, ornamentada a base de molduraciones y voladuras, con una hornacina sobre el dintel de la puerta dedicada al patrón de la ciudad (San José). El vestíbulo conecta directamente con la escalera principal y el patio central porticada, abierto al exterior sólo en planta baja, a excepción de frente que coincide con el salón de actos y corredores del piso superior.
     En cuanto al artesonado en forma de artesa con tirantas que cubre la galería alta abierta a la plaza, obra mudéjar anterior al siglo XVIII, perteneció a la sala capitular del antiguo cabildo.
     El edificio del ayuntamiento, construido en el último tercio del siglo XVIII, sustituyó al anterior que fue demolido en 1766 como consecuencia del estado ruinoso en que había quedado tras el terremoto de Lisboa de 1755. La antigua "casa del cabildo" era una construcción de dos pisos de proporciones más reducidas que las actuales, algunas partes nobles y aquellos elementos estructurales (pilares) que conformaban el soporte de la fábrica. Contaba con una sala capitular de planta rectangular, donde se reunía el Concejo presidido por el Corregidor y Justicia Mayor de la Ciudad, y varias dependencias destinadas a archivo y oficinas, y las del pósito y la cárcel.
     Varios años estuvo Moguer sin edificio consistorial. La falta de presupuesto no permitió la reparación del antiguo, cuyo deplorable aspecto ofrecía a moradores y forasteros una imagen negativa de la ciudad y su institución municipal.
     En la sesión del 27 de enero de 1766 el Concejo, atendiendo a las sugerencias de Juan Francisco Ferreiro y Zerviño, acordó la construcción de un nuevo edificio para Ayuntamiento, Pósito y Cárcel, en consonancia con la política de reconstrucción nacional de las casas capitulares emprendida por el monarca ilustrado Carlos III.
     Una vez se arbitraron los recursos se llevó a cabo la demolición del antiguo cabildo, el cual sería sustituido por uno mucho más noble y espacioso con las piezas precisas, altos y bajos, oficio de escribanía pública y del cabildo, archivo, cárcel con varios calabozos y un pósito más amplio para las paneras. Mientras duraban las obras, el Concejo se trasladó provisionalmente a varios inmuebles localizados en la misma plaza pública.
     Hasta 1867 la fachada del edificio mantuvo sin alteración alguna su aspecto original. Ese año se colocaron las rejas de la arquería del piso bajo, procediéndose igualmente al acristalamiento de la galería superior. En 1942, gran parte de la crujía paralela a la calle de la Cárcel fue reconvertida en Casa de Socorro, Centro Primario de Higiene Rural y Centro Maternal.
     En 1970 dicha crujía desapareció después de la ampliación (áreas de oficinas y salón de actos en el espacio ocupado antes par el depósito carcelario) y restauración integral del complejo municipal realizada. Además se recuperó la fachada principal, la galería alta se abrió a la plaza al quitarle la cristalera que tenía, y se hizo dependencias interiores (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla del Hospital del Corpus Christi
     Este edificio, conjuntamente con Santa Cla­ra, es el origen de la presencia franciscana en la ciudad. Aquí se fundó el primer convento de la Orden seráfica en Moguer, precisamente con el título del Corpus Christi, para religiosos franciscanos. La fundación la promovió el almirante mayor de Castilla, don Alonso Jofre Tenorio, junto a doña Elvira Álvarez, su esposa, en 1337. La comunidad de dicho cenobio desarrolló una intensa labor apostólica y cultural en escuelas de niños y cátedra de Gramática. La necesidad de un local más capaz para dichas actividades y la imposibilidad física de su ampliación por rodearlo numerosas viviendas, hizo que, en 1482, se trasladaran los frailes a un nuevo convento, titulado de Ntra. Sra. de la Esperanza. El VIII señor de Moguer, don Pedro Portocarrero, intentó fundar otro convento en el antiguo edificio del Corpus Christi, consiguiendo para ello una bula del Papa Julio II en 1504, pero la propia Orden estimó improcedente la existencia de dos conventos en la misma población.
     Es por ello, que el primitivo cenobio franciscano fue transformado en hospital para pobres. En 1515 se refundió con otros dos hospitales antiguos de la ciudad, dotándose por los señores de Moguer, que en 1685 nombraban ya a los administradores y tomaban cuentas del mismo. En la iglesia de este hospital, en 1712, sucedió el hecho prodigioso de que el Santo Cristo de la Sangre sudara ostensiblemente. Razón por la que la devoción popular hizo objeto de pecu­liar veneración a dicha imagen. Sin embargo, en 1732 el hospital estaba casi arruinado, y en 1747 se hacía constar que era insuficiente para el cumplimiento de sus fines asistenciales. En ese estado de penuria se encontraba el hospital cuando acaece el terremoto de Lisboa, tras el que fue demorada la restauración del edificio. En 1856 fue restaurado, componiéndose entonces de un patio rectangular del siglo XVI y una capilla pequeña. Todavía al comenzar el siglo XX subsistía como centro hospitalario. Hoy sólo existe la iglesia, que resultó destrozada en su interior en 1936, pues el hospital fue derruido y se construyó en su solar la Estación Enológica, cuya facha­da aún pervive, decorada con vistosos y polícromos azulejos de 1915. Hoy sirve de fachada al Teatro Municipal Felipe Godínez, construcción del arquitecto Ángel Gómez Macías en 1993.
     El templo presenta una sola nave, conservando su capilla mayor original. El ábside facetado, provisto de sus correspondientes contrafuertes, es obra gótico-mudéjar sevillano del siglo XIV. En el retablo de yesería que preside el presbiterio reciben culto las antiguas imágenes titulares de la Hermandad de la Vera Cruz, obras de Enrique Orce. El Crucificado, de 1938; y la Virgen de la Paz, imagen de candelero para vestir de 1942 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     El templo presenta una sola nave, conservando su capilla mayor original. El ábside facetado, provisto de sus correspondientes contrafuertes es obra gótico- mudéjar del siglo XVI. A este al cual se accede por un largo pasillo perpendicular a la nave y que la comunica con la vía pública.
     El eje de la nave y presbiterio se orienta con dirección aproximada NO-SE, con cabecera SE, concretamente formando 30º con la dirección O-E. El pasillo pues comunica con la calle en la dirección NE. Adosadas a la nave por el SO existen dos dependencias separadas por un patio. De ellas la más próxima al presbiterio vendría ubicada a sacristía, y la más alejada al alojamiento de guardesa.
     Las dimensiones del edificio son reducidas y adopta en planta una curiosa forma de T con alas desiguales.
     El edificio de la capilla ha quedado segregado de la unidad arquitectónica que formaba con el hospital de la Sangre, y que primitivamente fue el convento de San Francisco. De dicho hospital que contaba con un patio cuadrado de arcos de medio punto adosado a la capilla, solo resta la fachada cuya continuidad arquitectónica solo se rompe en el extremo izquierdo con el frontis que cobija el arco apuntado del portalón de acceso al pasillo de la capilla.
     Así pues la capilla tiene unas dimensiones de 26 metros de largo por un ancho de 5.20 metros en la nave y 8.60 metros en el ábside, con un cuerpo adosado a la nave de unos 17 metros de longitud por 3.50 metros de ancho. Por último el pasillo presenta una fachada de 3.70 metros (la única del edificio) y un fondo de unos 20 metros.
     Este edificio, conjuntamente con Santa Clara, es el origen de la presencia franciscana en la ciudad. Aquí se fundó el primer convento de la orden seráfica en Moguer, precisamente con el título de Corpus Christi, para religioso franciscanos.
     La fundación la promovió el almirante mayor de Castilla, don Alonso Jofre Tenorio junto con su esposa. La comunidad desarrolló allí una intensa labor apostólica y cultural en escuelas de niños. La necesidad de un local más capaz para estas actividades hizo que en 1482 se trasladaran los frailes a un nuevo convento llamado de Nuestra Señora de la Esperanza.
     El primitivo cenobio franciscano se transformó en hospital para pobres. En 1515 se refundió con otros dos hospitales de la ciudad. En la iglesia de este hospital, en 1712, sucedió el hecho prodigioso de que el Santo Cristo de la Sangre sudara ostensiblemente. Razón por la que la devoción popular hizo objeto de peculiar devoción a dicha imagen.
     En 1732 el hospital estaba casi arruinado. En 1856 fue restaurado, componiéndose entonces de un patio rectangular del siglo XVI y una capilla pequeña. Al comenzar el siglo XX aún subsistía como centro hospitalario. Hoy día sólo existe la iglesia, que resultó destrozada en su interior en 1936, pues el hospital fue destruido y se construyó en su solar la Estación Enológica, cuya fachada aún pervive y hoy sirve de fachada al Teatro Municipal Felipe Godínez, que fue construido en 1992 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Teatro Felipe Godínez
     Para su construcción se eligió un solar dentro del casco histórico de la ciudad, muy cerca de Ayuntamiento. Este solar, entre las calles Andalucía y Castillo, tenía la peculiaridad de estar en parte " invadido " por el edificio de la vecina capilla Corpus Cristo y de conservar una antigua fachada, datada aproximadamente hacia 1915 atribuida al arquitecto Aníbal González. Se decidió por su interés conservarla e integrarla en el nuevo edificio que se iba a construir.
     El acceso principal al teatro se realiza a través de esta antigua fachada, de la que, a fin de dotarla de mayor transparencia, se han eliminado los antiguos cierres de puertas y de ventanas, ampliándose los huecos hasta el nivel del suelo.
     Tras ella, y dejando entre ambas un pequeño vestíbulo, se ha construido una nueva fachada, traspasada la cual nos encontramos en los primeros espacios del recinto, entre los que destaca el largo pasillo destinado a pequeñas exposiciones.
     Al fondo se levanta la sala del teatro para un número aproximado de 350 espectadores, y el volumen que alberga la zona destinada a escenarios, camerinos, tramoyas, almacén, etc.
     El edificio ha sido dotado con todo el equipamiento necesario, a nivel de iluminación, telones, maquinaria... para la representación de espectáculos teatrales y musicales.
     La Fachada trasera, a calle Pastillo se deja con entrada directa de servicio para esta zona y como salida de emergencia.
     En la realización de proyecto se han tenido muy en cuento los materiales y los acabados de todo el edificio, entre los que destacan la madera y el estuco, así como el aprovechamiento máximo allí donde es posible de la luz natural.
     Construido en 1992 en conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América, y dedicado al dramaturgo moguereño Felipe Godínez (contemporáneo de Cervantes).
     La construcción de la Sala Felipe Godínez se lleva á cabo dentro del Programa Colón 92, programa de información de infraestructura que se puso en macha, por iniciativa de la Junta de Andalucía, en Moguer, y otros tres municipios Andaluces- Santa Fe en Granada, Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, y Palos de la Frontera en Huelva- estrechamente vinculados a la figura de Cristóbal Colón. El Proyecto y Dirección de obras fueron realizados por el arquitecto Ángel López Macías y el arquitecto técnico Manuel del Pino Izquierdo.
     Concebido como un centro cultural con posibilidades de albergar pequeñas exposiciones, conferencias, etc., su destino principal, y el que se han dedicado mayores esfuerzos, es el de sala para espectáculos teatrales. Goza de una programación cultural tan variada y extensa que ha colocado actualmente a Moguer en un lugar privilegiado dentro de la Comunidad Andaluza (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa del Almirante Hernández Pinzón; Iglesia de Nuestra Señora de la Granada; Capilla del Hospital del Corpus Christi; y Teatro Felipe Godínez) de la localidad de Moguer (III), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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martes, 20 de junio de 2023

Los principales monumentos (Palacio de Congresos - antigua Fábrica de Tabacos; Casa del Almirante; Ayuntamiento; y Teatro Romano) de la localidad de Cádiz (III), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Palacio de Congresos - antigua Fábrica de Tabacos; Casa del Almirante; Ayuntamiento; y Teatro Romano) de la localidad de Cádiz (III), en la provincia de Cádiz.

Palacio de Congresos - antigua Fábrica de Tabacos
     La Real Fábrica de Tabacos de Cádiz fue creada en 1741 por Felipe V y, en principio, se utilizó como sede el edificio de la antigua Alhóndiga, hasta que en 1883 se levantó otro de nueva planta, según diseño de Federico Gil de los Reyes. A finales del siglo XX, tras dejar de cumplir sus funciones fabriles, el edificio fue remodelado para adaptarlo a Palacio de Congresos. La estructura responde al gusto ecléctico del momento y está realizada en ladrillo visto con cubiertas de cerámica vidriada. Sobre la puerta principal se conserva el escudo barroco de la primitiva fábrica, realizado en mármol blanco en 1741, y en el interior se conservan diversas estructuras de hierro, entre las que sobresale el patio principal, cubierto por una gran montera acristalada. Decora las dependencias un conjunto de pinturas realizadas por artistas contemporáneos gaditanos. Contigua a la antigua Fábrica de Tabacos se abre la plaza de Sevilla, amplio espacio creado tras el derribo de las murallas. En su entorno se levanta la antigua Estación de Ferrocarril, diseñada en 1890 por Agustín S. de Jubera, armonioso edificio de arquitectura de hierro y ladrillo visto con elementos eclécticos. Ante su fachada principal se construyó, en 1950, la nueva sede de la Aduana, cuyo diseño responde a la estética oficial del régimen franquista, evocando las formas clásicas. Su estructura busca armonizar con el edificio de la antigua Aduana, situada en el otro extremo del puerto, dotando así de un cierre simétrico a este espacio urbano. Ante el se sitúa el monumento a Segismundo Moret, levantado en 1906 por Agus­tín Querol y Subirats (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La planta es irregular. La entrada principal da a la calle Plocia, tras el zaguán de ingreso al que abren varias dependencias.
     Existe un vestíbulo en el que se encuentran las escaleras de acceso a los pisos superiores. Tras esta vestíbulo se encuentra el patio principal. Este va cubierto por una montera de cristales e hierro.
     En el lateral izquierdo se colocan los almacenes de productos elaborados. La parte trasera poseía en tiempos un corredor que rodeaba esta zona de la fábrica, en la actualidad se usan como talleres.
     Las dependencias dan al patio principal. Las ventanas y puertas del primer piso son adinteladas, las del segundo son de medio punto. Los soportes del patio son columnas de fuste liso.
     La fachada exterior tiene tres puertas. La puerta de ingreso principal es de medio punto. La tapia exterior tiene decoración de sebka y remates en almenas entre los que recorren rejas.
     La decoración es a base de ladrillo vista, con aparejo inglés (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
      Desde la puerta de Tierra, la amplia cuesta de las Calesas lleva en leve curvatura hasta la plaza de Sevilla. En la con­fluencia de la cuesta con la plaza se alza el Palacio de Congresos, en la que fuera hasta no hace mucho la Real Fábrica de Tabacos de Cádiz, creada por Felipe V en 1741, aunque el edificio data sólo de 1833. Levantado en ladrillo rojo visto y con cubierta de cerámica, responde al gusto ecléctico de la época. Junto al edificio, un conjunto en bronce muestra a dos mujeres, una sentada y otra de pie. Es un homenaje a las antiguas cigarreras.
     La plaza de Sevilla da al puerto comercial y en ella se sitúa también la estación de ferrocarril, edificación igualmente ecléc­tica, de ladrillo y hierro, cuyo proyecto se debe a Agustín de Jubera (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Casa del Almirante
     Construida en 1685 por Don Diego de Barrios, almirante de la flota de Indias, es uno de los ejemplos más significativos entre las casas de cargadores a Indias conservadas en la ciudad. Consta de tres cuerpos rematados por dos torres-mirado­res, que pueden considerarse entre las más antiguas de las conservadas en la zona. Destaca su gran portada barroca, realizada en mármoles rojizos de origen genovés, que está compuesta por dos cuerpos; el infe­rior enmarca el vano de entrada por columnas toscanas pareadas, situa­das en diferente plano; el segundo utiliza columnas salomónicas para enmarcar el balcón central, sobre el que se sitúa un gran frontón curvo que alberga el escudo de la familia Barrios. El interior se organiza en torno a un patio de tres crujías con arcos de medio punto, sustentados por columnas toscanas de mármol rojizo en su primer cuerpo y vanos rectangulares enmarcados por pilastras, también toscanas, en el se­gundo. Se conservan dos brocales de pozo en mármol blanco, con los frentes decorados por máscaras. La escalera, de tipo conventual y desarrollada en dos tramos hasta la planta principal, va cubierta por una cú­pula con decoración de yeserías (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La Casa del Almirante, en Cádiz, se encuentra ubicada en el centro del barrio del Pópulo, casco histórico de la ciudad. El inmueble presenta forma irregular y un alzado de cuatro plantas. Su disposición interior está centrada por un patio en torno al cual se distribuyen las diferentes dependencias. La zona baja destinada para almacén, la segunda o entreplanta a oficinas, a continuación la planta noble que habitan los propietarios y la cuarta utilizada para vivienda del servicio.
     Se accede al interior del inmueble a través de un amplio zaguán que comunica directamente con el patio. Este se encuentra descentrado hacia su lado derecho respecto a la entrada, tiene planta rectangular y está formado, en dos de sus lados, por galerías que descansan en dos arcos de medio punto sobre columnas de capitel toscano y cimacio superior, ambos realizados en mármol rojizo importado de Génova. Los arcos están decorados con molduras geométricas y ménsulas en la clave con motivos vegetales. El tercer frente del patio presenta la misma arquería pero adosada al muro, en el que se abren dos vanos adintelados cubiertos de reja. El cuarto lado que conforma al patio se corresponde con un muro de medianera en el cual se abren balconadas a la altura de la primera planta. Sobre estas arcadas que conforman los tres lados del patio, se levanta una amplia y moldurada cornisa sobre la que se eleva la fachada de la planta noble del edificio. Esta presenta en cada frente dos vanos adintelados o balcones, enmarcados con molduras planas rectangulares y ménsulas en la clave. Entre los citados vanos se adosan al muro pilastras que conectan con otra cornisa superior sobre la cual se levanta un pretil que delimita una azotea, compuesto de pilares que alternan con antepecho de hierro. El cuarto piso se encuentra retranqueado respecto a los anteriores, en sus muros se abren vanos adintelados, asimétricos y de diferentes medidas. En un lateral del patio se ubican dos brocales de pozo, ambos realizados en mármol blanco. Cada uno de ellos presenta planta ochavada, cuatro de sus ocho paños se decoran con relieves de mascarones que alternan con otros cuatro con el paramento liso.
     El acceso a la planta principal se realiza a través de una escalera monumental, de tipo conventual que parte de la galería que conforma al patio en su costado izquierdo. Se resuelve en una caja rectangular cubierta con bóveda ovalada sobre pechinas, decorada con gallones de yeserías que convergen en un florón central, asimismo, las pechinas muestran cartelas y decoración vegetal. La escalera se compone de dos tramos, con peldaños de mármol y baranda de madera de caoba torneada. Bajo el primer tramo se dispone una estructura abovedada centrada por una columnilla de mármol. Las distintas dependencias conservan su estructura original, cubiertas con sencillas techumbres de viguerías de madera, salvo la estancia que se abre paralela a la fachada principal, en la planta noble, que se cubre con techo raso de yeso en cuyo centro aparece, pintado al fresco, el escudo de armas de la familia, rodeado de cintas y motivos vegetales.
     En el exterior el inmueble presenta tres fachadas. La fachada principal se abre a la plaza de San Martín, los muros del primer y segundo cuerpo y los ángulos del tercero están realizados con piedra ostionera. El resto de la fachada se encuentra actualmente enfoscada y pintada de color almagra. Consta de un alzado de cuatro plantas separadas mediante cornisa, salvo las dos primeras que están englobadas en una sola. La tercera planta que se corresponde con la zona noble es de altura superior a las del resto del edificio. La fachada está ordenada mediante un eje de simetría centrada por la portada. Todos los vanos son rectangulares, los de la planta baja de acceso y los restantes en forma de balcones cubiertos con antepecho de hierro. La cuarta planta presenta dichos vanos con ménsulas en la clave y flanqueados por pilastras pareadas de orden toscano, cuyos fustes se decoran con esgrafiados imitando fábrica de ladrillos. Sobre este último cuerpo, en los extremos de la fachada, se elevan dos torres-miradores, sus plantas rectangulares repiten la misma disposición de la cuarta planta.
     La portada destaca por su monumentalidad. Está realizada en mármoles rojizos de diferentes tonalidades importados de Génova. Consta de dos cuerpos, el primero ocupa la zona central de las dos primeras plantas del edificio. Se compone de un vano adintelado, con marco moldurado, flanqueado en sus laterales por sendas columnas pareadas de orden toscano, sobre altos pedestales y un cuerpo central troncocónico decorado con incrustaciones, sobre los que descansa el voladizo del balcón superior del segundo cuerpo, dispuesto con ante- pecho de balaustres de mármol blanco. La zona superior de la portada se dispone en torno a un vano central, adintelado, con marco moldurado, flanqueado con columnas salomónicas y sendas pilastras terminadas en roleos. En la zona superior remata un frontón curvo partido, en cuyo tímpano alberga el escudo de armas de la familia. Termina la portada una decoración compuesta de motivos vegetales y flameros.
     La Casa del Almirante toma su nombre del rango militar de su constructor. Tiene su origen en 1685, en que el capitán D. Diego Barrios decidió levantar esta casa para su morada, en el interior de la antigua villa medieval de Cádiz. Desde su construcción ha estado dedicada a la habitación, en principio de la familia Barrios, siendo subdividida ya en nuestro siglo en varios pisos habitados por diferentes familias.
La estructura del inmueble no ha sufrido a lo largo del tiempo transformaciones de envergadura, de modo que podemos considerar que ésta se conserva prácticamente en sus estado original, aunque con un alto grado de deterioro. En los años sesenta de nuestro siglo sufrió una intervención en el transcurso de la cual se recuperaron las simulaciones de ladrillos de las pilastras de la última planta (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La Casa del Almi­rante, que aparece nada más cruzar el arco, en la plazuela de San Martín. Más que casa, es palacio, un palacio imponente, pues no en vano su primer propietario, don Diego de Barrios, fue almirante de la flota de Indias. Se trata de uno de los mejores ejemplos de las viviendas privadas de cargadores a Indias que aún se conservan en Cádiz. De sillares de piedra ostionera es, una vez más, su fachada, vista en la plata baja y enlucida de mortero en las dos superiores. En ella destaca la portada. Con­cebida a modo de retablo, se compone de dos cuerpos. El inferior consiste en un vano a dintel de mármol rojo de Génova, enmarcado por dos pares de columnas toscanas del mismo material sobre altos basamen­tos. Un cornisón mixtilíneo da paso al segundo cuerpo, consistente en un balcón abalaustrado, con columnas salomónicas que soportan un frontón curvo en el que se inscribe el escudo de la familia. Dos torres mirador coronan el conjunto. En la actualidad, esta casa está siendo restaurada y acondicionada para su transformación en hotel (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Ayuntamiento
     Estuvo situado inicialmente en el interior del recinto murado medieval, trasladándose a su ac­tual emplazamiento en el siglo XVI. A fines del siglo XVII se reformó el edificio, que fue sustituido por el actual a partir de 1799. La obra res­ponde a proyectos de Pedro Ángel Albisu y Tor­cuato Benjumeda, en los que se sigue la estética academicista imperante en la época, completándose el conjunto entre 1864 y 1865 por Manuel García del Álamo, que realizó la ampliación de la zona trasera. La fachada se eleva sobre un pórtico avitolado, sustentado por arcos de medio punto y está centrada por una gran balconada con columnas jónicas de orden gigante, rematada por frontón triangular. Los laterales se articulan por pilastras de las mismas características, entre las que se abren dos cuerpos de vanos. La torre reproduce los rasgos de la situada en el edificio anterior, obra manierista diseñada por Alonso de Vandelvira, que había sido reformada a inicios del siglo XVIII por Jerónimo de Balbás y completada entre 1716 y 1720 por Blas Díaz. Tiene tres cuerpos, el primero de planta cuadrada, sobre el que va otro octogonal, rematado por un templete sustentado por columnas jónicas y cúpula semiesférica, donde se sitúa la campana. Toda la fachada del edificio está decorada con diversos elementos que aluden a la historia y al carácter comercial de la ciudad. Sobre los vanos laterales van reproducciones de monedas antiguas gaditanas; la balconada central tiene en el frontón un relieve de Hércules, el fundador mítico de la ciudad, y sobre el vano central del paramento interior, el escudo real, en alusión a ser Cádiz ciudad de realengo, mientras que sobre los vanos van esculturas de Neptuno y Mercurio, como evocación de la actividad marítimo-comercial de los gaditanos. Flanqueando la torre se sitúan las imágenes, en mármol, de los patronos, San Servando y San Germán, obras italianas del siglo XVII.
     En el interior, las dependencias se organizan en torno a un patio de planta cuadrada, con crujías por cuatro columnas de mármol sobre las que descansan arcos rebajados. Sobre este cuerpo se dispone otro retranqueado, que articula sus para­mentos mediante pilastras jónicas de mármol. Al patio se abre una escalera de tipo conventual, que puede fecharse, al igual que el primer cuerpo del patio, a finales del siglo XVII. En una de las cru­jías del patio hay una escultura en mármol blanco que representa a Hércules, obra que formó parte de la que, por mucho tiempo, fue única fuente pública de la ciudad. Realizada por Antón Mar­tín Calafate, se situaba originalmente en la plaza de San Juan de Dios, siendo trasladada más tarde a la Alameda. En la escalera se sitúan dos grandes lienzos, uno de los cuales representa a los patronos de la ciudad y es obra del último tercio del siglo XVII realizada por Diego Melgarejo, mientras el otro, que procede del Convento de Santo Domingo, conmemora el milagro de la Virgen del Rosario durante el maremoto que asoló a Cádiz en el año 1755.
     El actual despacho de la alcaldía es de planta elíptica, con hornacinas en los muros, que contienen las esculturas de Balbo y Columela, obras neoclásicas del escultor gaditano José Fernández Guerrero. El salón de sesiones es de planta rectangular, con los ángulos redondeados y está profusamente decorado con mármoles, estucos y pinturas al fresco de estilo isabelino, realizado todo ello en 1870. La bóveda está pintada al fresco, imitando en los laterales una decoración en relieve a base de medallones con bustos de ga­ditanos ilustres; en la zona central, escenas de la historia de Cádiz. Destacan en el conjunto dos grandes lámparas de cristal veneciano.
     En la zona trasera del edificio, correspondien­te a la ampliación decimonónica, se dispone una escalera de tipo imperial, en la que hay un gran lienzo que representa una alegoría de España y Filipinas, obra de Juan Luna Novicio fechada en 1888. Desde los tramos superiores de esta escalera es visible un cubo de la muralla medieval, que sobresale entre los edificios adosados (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     "La fisonomía que presenta la fachada principal del Ayuntamiento es el resultado de dos importantes reformas; una neoclásica, obra de Benjumeda y otra isabelina que llevó a cabo Manuel García del Álamo en 1.861". Su composición está basada en un cuerpo central de gran tamaño, compuesto de cuatro columnas jónicas, con guirnaldas entre las volutas y base ática. El basamento va almohadillado y los cuerpos laterales decorados con pilastras del mismo orden que flanquean dos hileras de venas. Sobre los horizontales guardapolvos y entre pares de guirnaldas rampantes presenta discos con relieves que reproducen motivos de monedas fenicias.
     Sobre el cuerpo central se abre un frontón, cuyo vértice superior sobrepase la línea del antepecho. En el centro se eleva la torre de tres cuerpos, cuadrado primero, con un vano en cada frente. Una balaustrada con remates sirve de tránsito al segundo, de planta octogonal. Remata el conjunto otra balaustrada con ocho columnas que sustentan una pequeña cúpula hemiesférica.
     Además de ser un excelente ejemplo de la arquitectura de la época, puesto que su construcción comenzó en los últimos años del siglo XVIII, también fue la sede del gobierno municipal gaditano, y desde su entrada se realizó la jura de lealtad a Fernando VII, que simbolizaba la ruptura con la monarquía josefina impuesta por el imperio francés (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El edificio del Ayuntamiento hunde sus raíces en el siglo XVI, cuando se trasladó aquí desde el interior de la ciudadela medieval. La construcción actual data de finales del siglo XVIII, con añadidos de la segunda mitad del XIX. De grandes proporciones, solemne y con una gran pureza de líneas, responde a dos momentos estéticos: el academicista del proyecto inicial de Pedro Albisu y Torcuato Benjumeda, y el isabelino de la finalización del XIX, redactado por Manuel García del Álamo. La fachada principal se compone de una parte inferior, formada por un pórtico a base de arcos de medio punto almohadillados, y otra superior constituida por una gran balconada central con columnas jónicas de orden gigante, coronada por un frontón triangular, y dos cuerpos laterales con dos plantas, articulados con pilastras, igualmente jónicas, entre las que se abren balcones abalaustrados en la parte inferior y ventanas en la superior. En el centro se levanta un torreón con un cuerpo inicial de planta cuadrada y un segundo cuerpo octogonal rematado por un gracioso templete con columnas jónicas y cúpula semiesférica. A un lado y a otro de la base de esta torre figuran dos estatuas, que corresponden a los patronos de la ciudad. Una serie de tondos con relieves, repartidos por la fachada, además de adornarla, igual que los guardapolvos y las guirnaldas, hacen referencia a la historia de la ciudad y a su larga vocación comercial. En el frontón aparece un relieve de Hércules, legendario fundador de la ciudad. Un patio de planta cuadrada con colum­nas de mármol es el núcleo alrededor del cual se distribuyen las dependencias interiores. Éstas responden en su mayor parte a la remodelación de 1861, destacando, en primer lugar, el salón de Sesiones, de planta rectangular, con profusión de mármoles y de frescos y abundante decora­ción de yeserías. Gran interés reviste también el despacho del Alcalde, de planta elíptica y con unas hornacinas en los muros que albergan las estatuas de los gaditanos Columela y Balbo el Menor, ambas de estilo neoclásico y del artista también gaditano, José Fernández Guerrero (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

Teatro Romano
     El teatro romano de Cádiz se construyó hacia los años 70 o 60 a.C. cuando el gaditano Lucio Cornelio Balbo «el Mayor», amigo y consejero de César, decidió junto a su sobrino Balbo «el Menor» ampliar el perímetro urbano de Gades, construyendo la Neápolis. En este nuevo barrio se levantaron un anfiteatro y un teatro, localizado este último en 1980 bajo el barrio del Pópu­lo. A finales del siglo XVI aún eran visibles restos importantes de la estructura del anfiteatro, mientras que del teatro se perdió la memoria, aunque algunos textos clásicos confirmaban su existencia. El edificio se abandonó a finales del siglo III d.C. y fue saqueado a partir de la centuria siguiente, aunque en época tardorromana, islámica y cristiano-medieval, los restos de su potente estructura fueron utilizados como almace­nes, cuadras, parte de viviendas, etc.
     También sirvió de base a la fortaleza islámica, citada en fuentes de la época, como «Castillo del teatro», reconstruida posteriormente por Alfonso X el Sabio, tras la conquista de la ciudad y más tarde, en el siglo XV, por el marqués de Cádiz. En el siglo XVIII el castillo acogió a la Escuela de Guardiamarinas y al primer Observatorio Astro­nómico de la Armada, derribándose finalmente a mediados del siglo XIX.
     Las excavaciones realizadas durante los últimos años han sacado a la luz parte del teatro, que puede considerarse el más antiguo y uno de los mayores de la Península. Su estructura tiene rasgos muy arcaicos, similares a los que presentan algunos teatros helenísticos tardíos, con ca­vea de planta en forma de herradura y gradas de perfil parabólico, para conseguir buena acústica, distribuidas en varios sectores, «cunei». Bajo ellas discurre la amplia galería de distribución, cubierta con bóveda anular de cañón, realiza­da, como la mayoría del edificio, en hormigón, opus caementicium. La cavea se asentó sobre un desnivel del terreno y para construir la galería hubo que recortar la roca natural, que forrada de hormigón da forma a la pared interna, mientras que el muro exterior se levantó a base de sillares perfectamente labrados y en él se abren distintos vanos que comunican con el graderío, entre los que se disponen lucernarios.
     Cuando el edificio aún estaba en construcción, fue necesario realizar una reforma en el diseño de la galería, que originalmente tenía el pavimento a un nivel más bajo. Al principio se construyeron unos escalones en los accesos, para salvar la diferencia de altura con las gradas, pero en un momento determinado, cuando se decidió elevar el nivel del pavimento de la galería, posiblemente por problemas en la evacuación de las aguas pluviales, fue necesario cubrir los escalones con rampas de inclinación más suave.
     La zona más monumental del conjunto, es de­cir la escena y el pórtico que se abriría tras ella, no han sido excavados y sus ruinas permanecen ocultas bajo el caserío del barrio del Pópulo (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo I. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Las estructuras excavadas y actualmente visitables del Teatro Romano de Cádiz se sitúan en el sector sureste del barrio del Populo, extendiéndose el resto bajo las construcciones contiguas y ocupando gran parte de la superficie del mismo.
     En el interior de la Casa Estopiñan se puede acceder a las galerías radiales.
     La fecha de construcción del Teatro era conocida por referencias literarias de autores romanos como Cicerón y Estrabón, que la situaban en el año 44 a.C. Las excavaciones arqueológicas que se iniciaron tras su descubrimiento en 1980 han corroborado esta datación, aunque todo parece indicar que el aspecto que ofrecen los restos excavados del Teatro proviene de una importante remodelación posterior, ya en época de Augusto (29 a.C.-14 d.C.).
     El Teatro se levanta dentro de un proceso de urbanización de la ciudad auspiciada por la familia gaditana de los Balbo, algunos de cuyos miembros alcanzaron las mas altas magistraturas del Estado romano. La actividad constructiva de este periodo no se limita a la edificación del Teatro, sino que también se tiene constancia de la construcción de un Anfiteatro, situado en el actual barrio de Santa María, y de una importante ampliación de la ciudad. De este modo, Cádiz cobraría un aspecto mucho más acorde con el de otras ciudades importantes del Imperio, dejando atrás un pasado fenicio que había marcado hondamente los usos y costumbres de la población gaditana.
     Las estructuras conservadas del Teatro corresponden a un sector de la cavea o graderío donde se situaban los espectadores. La cavea, cuyo diámetro se calcula en unos 120 metros, se construyó con hormigón, resultante de la mezcla de cal y cascotes, y con un enlucido exterior. En la actualidad pueden verse restituidos algunos tramos de las gradas que proporcionan una imagen aproximada de su aspecto original.
     Se ha descubierto también un amplio tramo de la galería, por la cual los espectadores accedían a la cavea. Se encuentra en unas óptimas condiciones de conservación, destacando la bóveda de cañón que la cubre, el aparejo de piedra ostionera del muro interior, los lucernarios que la proveían de luz natural y los vomitorios que la comunicaban directamente con el graderío y de los cuales solo uno es accesible actualmente.
     No se conocen, sin embargo, la orientación, características y estado de conservación de la scena, donde se situaban los actores para representar las obras. Esta zona se dotaba de los elementos constructivos más llamativos y monumentales en los teatros. La realización de sondeos o excavaciones arqueológicas futuras podrán aportar una valiosa información que permita su mejor conocimiento.
     La antigüedad del Teatro y sus dimensiones, que superan en un tercio al resto de los conocidos en la Península, son los elementos que le confieren una especial relevancia. Sobre él se construyeron posteriormente edificios tan significativos para la historia de la ciudad como fueron el Castillo medieval, la antigua Catedral, la casa de Marquina, la casa de Estopiñan o la Posada del Mesón. En una campaña de excavación se ha detectado la cimentación del Castillo de la Villa, bajo una guardería (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La fachada posterior de la iglesia de Santa Cruz se asoma al mar por el campo del Sur. A la izquierda del templo, colindando prácticamente con él y haciendo esquina con la calle Obispo Félix Soto, se sitúa este teatro romano, probablemente el mayor de España y, sin duda, el primero de los construidos.
     El teatro data del siglo I a.C. y se edificó como parte de la ampliación de la ciudad fenicia llevada a cabo por los Balbo, tío y sobrino. Es uno de los pocos de los que se tienen noticias escritas, encontrándose citas del mismo en autores de la época y del prestigio de Cicerón o de Estrabón. Estuvo en uso hasta el siglo III. Más tarde, aunque fue expoliado en parte, se construyó sobre él la alcazaba agarena, que autores musul­manes citan como castillo del Teatro. El marqués de Cádiz, en el siglo XV, reconstruyó este castillo que después, en el XVIII, sería Escuela de Guardiamarinas y Observatorio Astronómico de la Armada. En el siglo XIX se derribó el castillo, pero aún fue necesario esperar hasta 1980 para que los restos del teatro fueran sacados a la luz.
     Desde aquel momento hasta hoy, se ha recuperado parte de la cávea o graderío, la galería de distribución, un formidable pasadizo anular con bóveda de cañón con fábrica de sillares de piedra y del célebre y casi indestructible hormigón romano, y algún vomitorium o salida a las gradas, así como parte del muro que cerraba el graderío. Se sabe que tanto el escenario como el pórtico que tras él se abría se encuentran aún bajo las edificaciones del barrio del Pópulo. No obstante, la zona visitable hasta el momento impresiona por su monumentalidad. Se trataba de un teatro descubierto, por lo que, dado que las represen­taciones tenían lugar de día, estaría dotado de toldos para proteger del sol a los espectadores. Las representaciones, generalmente de muy larga duración, se prolongaban de la mañana al atardecer y, naturalmente, el público acudía pertrechado de comida y bebida para alimentarse de cuando en cuando. Eran además verdaderas fiestas. Los espectadores manifestaban sin rubor sus impresiones y aplaudían, gritaban o pateaban en función de lo que les ofrecía la escena. El espectáculo de aquellos gaditanos enardecidos al borde mismo del mar, asistiendo a la representación de Medea o de Las Moscas, o de cualquier otra obra de autor romano o griego, debía resultar memorable (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).

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