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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 22 de junio de 2025

Procesiones de hoy, domingo 22 de junio, Solemnidad del Corpus Christi

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones del Corpus Christi de las Hermandades Sacramental de la Magdalena, de la Sed, de la Esperanza de Triana, del Cautivo del Polígono de San Pablo, y de Santa Genoveva, en Sevilla.      
     Hoy, domingo 22 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad del Corpus Christi. Un milagro eucarístico del siglo XIII fue el origen de la Fiesta del Corpus Christi, que la Iglesia celebra el jueves siguiente a la Solemnidad de la Santísima Trinidad, aunque en algunos países las Iglesias locales deciden trasladarla para el domingo por una cuestión pastoral como es el caso que nos ocupa en varios barrios sevillanos:   
  
     Hdad. Sacramental de La Magdalena (Corpus Christi): La Real, Fervorosa y Antigua Hermandad y Cofradía del Santísimo Sacramento, Pura y Limpia Concepción de la Virgen María, Santo Rosario y Ánimas Benditas del Purgatorio de la Real Parroquia de Santa María Magdalena; es ésta una corporación fundada en 1575, con sede canónica en la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena, siendo sus imágenes titulares la Inmaculada Concepción de la Virgen María, obra anónima del siglo XVII; las Ánimas Benditas del Purgatorio, pintura de Vicente Alanís en 1770-1780; y la Custodia de asiento obra conjunta de Diego de León, Cristóbal Sánchez de la Rosa y Juan Laureano de Pina en la segunda mitad del XVII, con peana de Blas Amat en 1790.
     En la procesión oficial del Corpus Christi participan las siguientes imágenes y custodia de asiento sobre andas: Dulce Nombre de Jesús (de la Hdad. de la Quinta Angustia), obra de Jerónimo Hernández en 1582; Inmaculada Concepción, obra atribuida a Benito Hita del Castillo en el siglo XVIII; y la Sagrada Custodia, obra conjunta de Diego de León, Cristóbal Sánchez de la Rosa y Juan Laureano de Pina en la segunda mitad del XVII, con peana de Blas Amat en 1790.
Enlace a la web oficial de la Hermandad Sacramental de la Magdalena: www.sacramentaldelamagdalena.blogspot.com

     Hdad. de la Sed (Corpus Christi): La Hospitalaria Hermandad Sacramental de Congregantes de la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen María y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Sed, Santa María de Consolación Madre de la Iglesia, San Juan Evangelista y San Juan de Dios; es ésta una corporación fundada en 1969 con sede canónica en la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, del sevillano barrio de Nervión, siendo sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de la Sed, obra de Luis Álvarez Duarte en 1970, y Santa María de Consolación Madre de la Iglesia, obra de Antonio Joaquín Dubé de Luque en 1970.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Sed: www.hermandaddelased.org 
 
     Hdad. de La Esperanza de Triana (Corpus Christi Chico): La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista; es ésta una corporación fundada en 1418, con sede canónica en la Capilla de Los Marineros y la Real parroquial de Señora Santa Ana,  siendo  sus imágenes titulares el Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra atribuida a Marcos Cabrera en torno a 1607; Nuestra Señora de la Esperanza, obra anónima del siglo XVII, remodelada por Juan de Astorga y posteriormente por Antonio Castillo Lastrucci en 1929, la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, obra de Miguel Franco en 1710; San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte en 1967; y la Sagrada Custodia, obra de Andrés y Antonio Osorio en 1726.
     En la procesión oficial del Corpus Christi participan las siguientes imágenes y custodia de asiento sobre andas: Niño Jesús, obra anónima atribuida a Juan Martínez Montañés en el siglo XVII; las Santas Justa y Rufina, tallas anónimas barrocas; la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, obra de Miguel Franco en 1710; San Juan Evangelista, obra de Luis Álvarez Duarte en 1967; y la Sagrada Custodia, obra de Andrés y Antonio Osorio en 1726
Enlace a la web oficial de la Hermandad de la Esperanza de Triana: www.esperanza-de-triana.es  

     Hdad. de San Pablo (Corpus Christi): La Fervorosa y Trinitaria Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, Nuestra Señora del Rosario Doloroso, San Juan de Mata, y San Ignacio de Loyola; es ésta una corporación fundada en 1979 y con sede canónica en la iglesia parroquial de San Ignacio de Loyola, del sevillano barrio del Polígono de San Pablo, siendo sus imágenes titulares Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, y Nuestra Señora del Rosario Doloroso, ambas talladas por Luis Álvarez Duarte en 1992 y 2007, respectivamente.
Enlace a la web oficial de la Hermandad de San Pablo: www.jesuscautivoyrescatado.com      

    Hdad. de Santa Genoveva (Corpus Christi): La Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Cautivo en el Abandono de sus Discípulos, y Nuestra Señora de las Mercedes Coronada y San Juan Evangelista en la Tercera Palabra, Inmaculada Milagrosa y Santa Genoveva; es una corporación fundada en 1956, con sede canónica en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Mercedes y Santa Genoveva, del sevillano barrio del Tiro de Línea, y cuyas imágenes titulares son Nuestro Padre Jesús Cautivo en el Abandono de sus Discípulos y Nuestra Señora de las Mercedes, talladas por José Paz Vélez en 1957 y 1956, respectivamente; San Juan Evangelista, es asimismo de José Paz Vélez, en 1958, la Inmaculada Milagrosa, procedente de los talleres de Olot; y Santa Genoveva, obra de Castillo Lastrucci, en la época de la construcción de la parroquia (década de 1940).
Enlace a la web oficial de la Hermandad de Santa Genoveva: www.santagenoveva.com
 
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte las procesiones de hoy, domingo 2 de junio, Solemnidad del Corpus Christi de las Hermandades Sacramental de la Magdalena, de la Sed, de la Esperanza de Triana, del Cautivo del Polígono San Pablo, y de Santa Genoveva, en Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

sábado, 1 de marzo de 2025

La imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla.
     Hoy, 1 de marzo, es el aniversario (1 de marzo de 1992) de la Bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla.
     La Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua, que se encuentra en la plaza de Las Acacias, 1; en el Barrio de Torreblanca, del Distrito Este.
     En uno de los retablos de la iglesia parroquial de San Antonio podemos contemplar la imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato. Fue realizada por Jesús Méndez Lastrucci en el año 1992.
     La imagen del Señor Cautivo es obra del maestro escultor Jesús Méndez Lastrucci, bisnieto del insigne escultor Antonio Castillo Lastrucci, que la realizó entre el mes de septiembre de 1991 y febrero de 1992.
     Es una talla completa anatomizada, es decir, tiene tallado y formado todo el cuerpo llevando un sudario tallado en la cintura, siendo los materiales utilizados el cedro para cabeza, manos y pies y la caobilla para el resto del cuerpo.
     En su rostro observamos una lágrima que le recorre la mejilla derecha, dando muestras del sufrir interno en los momentos de su pasión y cautiverio.
     La imagen fue intervenida por su mismo autor realizando en ella una profunda restauración entre finales de 1996 y comienzos de 1997. Es en ese momento cuando deja tallado en la peana un corazón con llaga sangrante, lugar en el que caería la lágrima derramada por su mejilla, en recuerdo del primer Hermano Mayor Juan Castellano Martín, tristemente fallecido en esas fechas.
     Fue bendecida el 1 de Marzo de 1992 por D. Antonio Olmo Civanto, S.J. 
     El paso de misterio de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato representa el momento en el que el prefecto le pregunta a Jesús si Él es Rey de los Judíos, según está recogido en el Evangelio de Juan 18, 28-38.  En la escena se puede ver al Señor Cautivo en presencia de Poncio Pilato, situándose tras éstos el centurión romano que conversa con un sacerdote judío que porta un pergamino; en la separación del palacio del gobernador y el exterior. Completando la escena asiste un esclavo que porta la soga para trasladar a Jesús.
     La escena se desarrolla en el interior del palacio del gobernador, quedando el espacio delimitado por dos columnas, de este modo tanto Pilato como el centurión permanecen en la delantera del paso, estando el sacerdote y el esclavo en lo que sería el exterior de la casa, es decir, detrás de las columnas, ya que los judíos no podían entrar en el palacio, pues de lo contrario faltarían a las leyes sobre la pureza ritual de la Pascua.
     Las imágenes secundarias se deben a la gubia de nuestro hermano Juan Antonio Blanco Ramos que las realiza a finales del año 2004 para estrenarse el Sábado de Pasión de 2005. La imagen del gobernador, el centurión romano y la del esclavo son de talla completa, siendo anatomizadas las dos primeras, mientras que la del sacerdote judío se encuentra tallada en cabeza y manos.
     Los ropajes de todas las imágenes fueron estrenados en el año 2015, siendo realizados en el taller de José Antonio Grande de León, sustituyendo a las realizadas por un grupo de Hermanas con ocasión de la primera salida del misterio. La coraza, el casco al estilo “Juanmanuelino” y la lanza del centurión romano son del taller de Jesús Domínguez realizadas en el año 2005.
     En 2022 quedan plasmados los estudios de mejora realizados por la comisión de profesionales elegida por la Junta de Gobierno formada por José Roda Peña, Catedrático de Historia del Arte de la US, Andrés Luque Teruel, Doctor en Historia del Arte y profesor titular en el Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la US, y Jesús Romanov López-Alfonso, Licenciado en Historia por la US, contando además a petición de los mismos con el escultor de las imágenes secundarias NH Juan Antonio Blanco Ramos.
     La Comisión, tras la realización de pruebas en nuestra Casa-Hermandad con las imágenes secundarias y los diferentes elementos que componen nuestro paso, en presencia del escultor de las mismas, y partiendo desde la disposición original del año 2005, realizan varias modificaciones, quedando la imagen del Señor en el centro de la delantera del paso, situándose entre los dos guardabrisas centrales de la canastilla delantera, la figura de Pilatos, girada levemente y atrasada su posición para mirar desde atrás al Señor, el centurión romano mantiene su posición prácticamente con un leve giro y desde el centro del paso, establece un diálogo directo con el Sanedrita, que se sitúa en la trasera izquierda del mismo, y finalmente la figura del sayón adelanta su posición entre las dos pequeñas columnas permaneciendo en la entrada al palacio de Pilato, sin llegar a acceder al interior que marcan las dos columnas.
     De los elementos mobiliarios la comisión artística determina que debe desaparecer el trono de Pilatos, que al situarse en la puerta del palacio no tiene una disposición lógica y resta visibilidad a la escena, en su lugar se situará el pebetero, cambiando así la ubicación donde estuvo situada años atrás.
     Plasmar todo este ajuste y disposición de las imágenes, viene unido a la necesidad perentoria de remodelar todo el esqueleto interior del canasto del paso para afianzar con seguridad todas las riostras, encastres y cogidas, tanto de los paños del canasto como de la tablazón, especialmente el del alojamiento de las imágenes del Señor Cautivo y secundarias del misterio. Una vez saneado y asegurado todo el interior del canasto, se acopla un sobreelevado a modo de suelo postizo donde se desarrolla la escena del misterio del Señor Cautivo, permitiendo así contemplar con mayor visibilidad el pasaje recreado en el paso a pie de calle. Todos estos trabajos técnicos de la madera han sido realizados por el Taller de talla y carpintería Morales.
     La parihuela se debe a la autoría de Manuel Caballero Farfán, realizada con madera de pino Flandes barnizada y cuenta con nueve trabajaderas, calzando el paso 45 costaleros.
     Sus medidas son 4,82 m de largo, por 2,28 m. de ancho y 1,59 m. de alto a lo que hay que sumarle la altura del canasto que son 68 cm.
     Las andas se estrenaron en la Semana Santa del año 2005, continuando con los trabajos de talla del paso, por parte de Pedro Manuel Benítez Carrión, realizado en madera de cedro, que concluyen para el Sábado de Pasión de 2008.
     En el año 2009 comienzan los trabajos por parte del artista dorador saliendo a la calle ese Sábado de Pasión con las cartelas y los candelabros de guardabrisas dorados. En el año 2010, se estrena el dorado del conjunto en su totalidad, trabajos que realiza el dorador Emilio López Olmedo que ya había trabajado anteriormente para la Hermandad, concretamente en el dorado de los anteriores candelabros de guardabrisas del paso del Señor.
     El diseño y talla del paso, obra de Pedro Manuel Benítez Carrión, es de estilo neobarroco, con hojarasca y una moldura sobresaliente que recorre el respiradero. Esta moldura enmarca las cuatro cartelas que se disponen en la zona central de cada respiradero, todas ellas policromadas y estofadas, siendo obra de Pedro Benítez y Manuel Isorna. En la frontal queda representado el escudo de la Hermandad realizado por Pedro Benítez, y las otras tres cartelas realizadas por Manuel Isorna, representando en la parte trasera la imagen mariana del Inmaculado Corazón de María, titular de la vecina Hermandad de Gloria y lugar al que la Hermandad realiza la Estación de Penitencia en la tarde-noche del Sábado de Pasión.
     En el respiradero izquierdo encontramos la imagen de la Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis de Sevilla, significando la pertenencia del barrio de Torreblanca a la ciudad de Sevilla, y al otro lado la imagen de Santa Ángela de la Cruz, por la cercanía con la Hermandad y su labor de Caridad desarrollada en el barrio, todas ellas estofadas y policromadas. En los respiraderos apreciamos dos ángeles querubines y ornamentación floral también policromados y estofados. Todas estas piezas tienen como autor a Ventura Gómez Rodríguez.
     Por encima del respiradero, se encuentra una moldura calada de la que parten de sus cuatro esquinas las maniguetas del paso, las cuales fueron barnizadas por el maestro charolista, NH Francisco Gijón Romero.
     La canastilla presenta una línea ondulante con una gran hoja de hojarasca, estando en perfecta conjunción con la talla de los respiraderos. Se aprecia un juego de pequeñas hojas de acanto, que producen un gran efecto en las formas del canasto.
     En los salientes centrales del canasto como en los respiraderos, se encuentran querubines alados, policromados y estofados.
     Así mismo, se disponen ocho cartelas policromadas y estofadas que se enmarcan en un óvalo horizontal, obras de Blanco Ramos y que representan ocho momentos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.
     En el frontal se representa la escena del propio misterio. Las esquinas delanteras recogen la flagelación y el Ecce Homo. A cada lado se representa a Jesús Nazareno y a Cristo Vivo. En las esquinas traseras, Cristo Muerto y la escena de la Piedad. Por último, en la cartela central trasera, se recoge a Cristo Resucitado.
     Sobre cada cartela se sitúan ángeles pasionistas que parecen salir de la base de los candelabros y quedan suspendidos en el aire. En cada esquina del paso, en la base de los cuatro candelabros, se disponen los que portan atributos de la Pasión de Cristo, estableciendo una conexión con la cartela que queda bajo cada uno. De esta forma, en las esquinas delanteras vemos un látigo y una corona de espinas. En las traseras, el martillo y el pañuelo para las lágrimas de la Piedad. Los ángeles de la zona central portan entre sus manos sendas bandas donde se leen las inscripciones Caridad y Hermandad,  Fe y Amor.
     El paso se ilumina con cuatro candelabros de guardabrisas de nueve luces como ya hemos mencionado y dos candelabros de siete luces que ocupan la zona central. Por la parte interna de los candelabros descansan ángeles sedentes, obra de Ventura Gómez. En el costero derecho se aprecia el trono de Poncio Pilato, realizado en 2009 por Pedro Benítez, ejecutado en madera de cedro con acabado caoba y remate de águila laureada en dorado.
     Sobre le costero derecho se sitúa actualmente el pebetero donde se quema incienso. Inicialmente se dispuso uno de metal de forja, cambiando de ubicación en las distintas reformas de la ubicación del conjunto. En el año 2015 se estrena el actual de orfebrería plateada, realizado y donado por Orfebrería Andaluza.
     Al juego de candelabros hay unirles cuatro macetillas doradas que sirven de basamento para el exorno floral, estrenadas en el año 2009 y situadas entre los candelabros. Los faldones del paso en terciopelo morado fueron regalo de la Agrupación Apoyo Logístico nº21 (AALOG 21), confeccionados por el taller de García Po en el año 2005 y que posteriormente se enriquecen con broches de cordoncillo dorado.
     La composición del paso se completaba en su diseño original con un pórtico, encargado de representar la puerta de entrada al palacio romano, que finalmente fue representado en el misterio por dos columnas con capiteles de estilo Jónico, realizadas en la carpintería de Enrique Dópido Bonilla, con aplicado marmoleado de Juan Miguel González Heredia, conteniendo cada una de ellas antorchas luz artificial y medallones del Cesar alusivos al momento histórico. Posteriormente en el año 2015 fueron sustituidas por otras dos columnas bajas con terminal en copa romana, realizadas por Pedro Benítez, a modo de maceteros que se complementan con exorno floral cada Sábado de Pasión.
     En el frontal del paso podemos ver un ostensorio donado por las Hermandades de Vísperas con motivo del Vía Crucis de Cuaresma organizado por el Consejo de Cofradías de Sevilla que presidió Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato en el año 2018, realizado en metal sobredorado que cobija la reliquia de Santa Mª de la Purísima de la Cruz, de la cual es depositaria la Hermandad desde el año 2019 con su correspondiente autentica.
     El llamador de fundición en metal dorado del año 2005 con forma de “S” sobre el que se disponen dos ángeles que sujetan un relicario que porta la Sagrada Forma “JHS” fue obra de Orfebrería Antonio Santos, donado por tres hermanos de nuestra Corporación, que de inicio se concibió dorado, plateándose posteriormente en los talleres de Orfebrería Andaluza en el año 2015.
 (Hermandad Dolores de Torreblanca). 
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Interrogatorio de Jesús
     En realidad hay dos procesos -y dos Interrogatorios- de Jesús, el judío y el romano, o en otras palabras: un proceso religioso y un proceso político. Jesús comparece sucesivamente ante dos jurisdicciones: la del sumo sacerdote Caifás y la del procurador romano Poncio Pilato. El sanedrín lo condena como blasfemo, por haber dicho que era el Mesías, hijo de Dios. Conducido luego al pretorio, es inculpado como agitador por haberse autotitulado rey de los judíos.
     Este doble procedimiento se explica por el régimen político de Judea, que se había convertido en una provincia romana. El gobernador romano era quien juzgaba en última instancia en los asuntos de derecho común. La condena a muerte pronunciada por el sanedrín sólo podía ejecutarse después que el representante oficial de Roma la ratificara.
     En los relatos de los Evangelios, que están muy lejos de concordar, el desarrollo muy simple del proceso ante las dos jurisdicciones, religiosa y civil, está embrollado como con deliberación, por la introducción de personajes y escenas que duplican la acción. Se hace comparecer a Jesús no sólo ante Caifás, sino ante su suegro, el sumo sacerdote Anás (Hannas); con el pretexto de que Jesús era galileo, el procurador de Judea, Pilato, lo envía a justificarse ante el tetrarca de Galilea, Herodes Antipas, quien por azar se encontraba en Jerusalén. De esa manera, se producen cuatro comparecencias ante otros tantos jueces diversos. Por otra parte, se ha producido dos Escarnios de Cristo: uno después de la sesión nocturna en el sanedrín, el otro después del interrogatorio en el Pretorio ¿No es evidente que se trata de la misma escena duplicada?
     Las críticas de los más radicales llegan a afirmar que el proceso ante Caifás no tuvo lugar, que es una «ficción apologética» forjada por Marcos, que era "antisemita», para presentar a Pilato como inocente y echar sobre los judíos la responsabilidad de la muerte del Redentor. Según Lietzmann, el relato del proceso de Jesús habría sido copiado del que padeció el diácono san Esteban, el protomártir.
     Para desenmarañar la iconografía de este doble proceso religioso y político que sin duda no es más que uno, y cuyas escenas suelen confundirse o mezclarse y más simple es elaborar un cuadro sinóptico, numerando los episodios sucesivos.
El Proceso religioso
1. Comparecencia ante Anás
2. Comparecencia ante Caifás. El sanedrín condena a muerte a Jesús.
3. Primer Escarnio de Cristo o el Cristo de los Improperios.
El Proceso político
1. Pilato envía a Cristo ante Herodes, que se excusa.
2. Comparecencia ante Pilato.
3. La elección entre Cristo y Barrabás. 
4. Pilato se lava las manos.
5. La Flagelación o el Cristo atado a la columna .
6. El segundo Escarnio o la Coronación de espinas.
7. Cristo presentado al pueblo o Ecce Homo.
II. El proceso político
     Después de haber sido condenado por las autoridades religiosas judías: Anás, Caifás, el sanedrín, Jesús es presentado ante el tribunal civil de los romanos, presidido por el procurador (epitropos) de Judea Poncio Pilato (Pontius Pilatus), cuyo apellido derivaría de pilum o venablo de honor que habría recibido. El procurador residía en Cesarea, capital administrativa de la provincia, pero acostumbraba acudir a Jerusalén en ocasión de las grandes festividades de peregrinación, para prevenir posibles disturbios.
     Poco después de tomar partido en esa «disputa de judíos», Poncio Pilato, que quiere quitarse la responsabilidad de encima, envía a Jesús, que era galileo, ante Herodes Antipas, tetrarca de Galilea. Pero éste se excusa y Jesús vuelve ante el procurador que de buena o mala gana debe juzgarlo.
     Pilato pregunta al acusado: «¿Eres tú el rey de los judíos?»  Jesús responde: "Tú lo dices". A pesar de su confesión, propone sustituirlo por un malhechor. Pero los judíos fanatizados no aceptan el cambio y la condena a muerte debe cumplirse.
2. Herodes lo devuelve a Pilato
     Mateo, 27: 11-14; Marcos, 15: 2; Lucas, 23: 3.
     Jesús es conducido al pretorio, es decir, al sitio donde el pretor pronunciaba sus sentencias. El tribunal -según dice San Juan- estaba situado en un lugar que en griego se llamaba lithostratos (embaldosado). Interrogado, Jesús responde que es el rey de los judíos, y luego se mantiene en silencio.
     La mujer de Pilato toca el hombro de su marido para advertirle que sea prudente: «No te metas con ese justo, pues he padecido mucho hoy en sueños por causa de él». San Mateo es el único que relata este incidente (27: 19).
3. La elección entre Jesús y Barrabás
     Mateo, 27: 15-26; Marcos, 15: 6-15; Lucas, 23: 18.
     En cada Pascua, el gobernador acostumbraba dejar en libertad a un preso, aquél que el pueblo eligiera. Había entonces un famoso bandido llamado Barrabás. Pilato dijo entonces al pueblo reunido: «A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús el llamado Mesías?» Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron al pueblo para que pidiese a Barrabás. Pilato les dijo: «¿qué queréis que haga con Jesús, el llamado Mesías? Todos dijeron: ¡Crucifíquenle!».
     Este tema, escasamente tratado en el arte cristiano primitivo, desapareció muy temprano, sin duda porque a partir del día en que se osó representar la Crucifixión, se debieron condensar los primeros episodios de la Pasión.
4. El Lavatorio de Pilato
     Mateo, 27: 24.
     Después de haber intentado salvar a Jesús, Pilato, al ver que aumentaba el tumulto, se lavó las manos en presencia de la multitud agitada, diciendo: «Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veáis. Y todo el pueblo contestó diciendo: Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
     El Lavatorio de las manos no era un gesto romano sino un rito hebreo. Después de un asesinato, los judíos incriminados tenían la costumbre de lavarse las manos para afirmar su inocencia (Deuteronio, 21: 6-8). Por ello es dudoso que un procurador romano haya consumado ese simbólico gesto.
     Verdadero o no, ese episodio se volvió tan popular, que en todas las lenguas se dice: Yo me lavo las manos, con el significado «No soy responsable de tal» .
     A pesar de la solemne protesta de Pilato rechazando toda responsabilidad, la posteridad no lo ha declarado inocente del asesinato de Jesús, a quien él acabó entregando a sus enemigos. La leyenda cristiana no lo ha tratado mejor que al tirano Herodes y al traidor Judas. Se contaba que había caído en desgracia y que se lo había conducido a Roma donde a su vez habría sido escarnecido y expuesto a las humillaciones del populacho, antes de morir miserablemente en prisión.
     De acuerdo con otra versión, habría acabado sus días en una ermita, sobre una montaña suiza, cerca de Lucerna, que recibió el nombre de monte Pilato.
     En los sarcófagos cristianos de Roma y de Arles, el Lavatorio de las manos de Pilato se opone con frecuencia al Lavatorio de los pies de San Pedro por Jesús.
7.  Ecce Homo o Cristo presentado al pueblo
     Juan, 19: 4.
     Después de la Coronación de espinas, Pilato presenta a Jesús ante la multitud que se había reunido frente al pretorio, diciendo: "Ahí tenéis al hombre." (Ecce Homo). Al verle, los sacerdotes y sus servidores gritaron: «¡Crucifícale, crucifícale!» (Tolle, crucifige). La multitud carnicera daba gritos de muerte.
     Este tema fue desconocido para el arte paleocristiano y bizantino: no se lo encuentra en los mosaicos ni en los iconos. Los italianos del Trecento, Duccio y Giotto, también lo ignoraron.
     Se difundió en el siglo XV, al final de la Edad Media. Jesús es exhibido sobre un estrado o en lo alto de una escalera exterior, con la corona de espinas, el manto (o clámide) púrpura y el cetro de caña en las manos atadas; lastimosa imagen de un rey carnavalesco. Su pecho desnudo tiene las huellas de la Flagelación. Una cuerda pende en torno a su cuello. Desde sus párpados enrojecidos fluyen las lágrimas que caen sobre sus mejillas.
     Este motivo ha engendrado los Cristo de Piedad y los Varón de dolores.
     La mujer de Pilato asiste a la escena. Se ve a Barrabás a través de los barrotes de la ventana de su celda (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen "Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato", de Méndez Lastrucci, titular de la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en la Iglesia de San Antonio de Padua, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Hermandad de los Dolores de Torreblanca, en ExplicArte Sevilla.

miércoles, 18 de enero de 2023

Los principales monumentos (Arquitectura civil; Capillas del Cristo Cautivo, de la Misericordia, y de Nuestro Padre Jesús) de la localidad de Bollullos Par del Condado (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Arquitectura civil; Capillas del Cristo Cautivo, de la Misericordia, y de Nuestro Padre Jesús) de la localidad de Bollullos Par del Condado (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     Situada entre el Parque Nacional de Doñana y la Sierra de Aracena, en la Tierra Llana.
Reseña histórica breve
     Se han encontrado restos del Paleolítico y de la Edad del Bronce en el lugar, como hachas de mano en sílex y un idolillo de bronce que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
     De la época romana se han encontrado restos de casas, y varias columnas. En los parajes conocidos como Reyerta Vieja, Colina de Santiago y Villares de Marchenilla (antiguos poblados del término de Bollullos en la Edad Media) se han localizado ruinas romanas, en las que se han encontrado monedas, cerámicas e inscripciones, etc. Similares vestigios, pero de la dominación musulmana, se han hallado en los campos que rodean al pueblo. Existen restos, ya del siglo XIII, construcciones, monedas, inscripciones y trozo de columnas. Se conoce la existencia de una alquería, posiblemente construida encima de edificaciones romanas. Los yacimientos encontrados en la zona llamada “El Perú “ son una importante evidencia del paso de estas civilizaciones.
     Procedentes de las villas romanas y asentamientos visigodos nació la antigua “Bubulca” o “Bullales” durante la denominación árabe.
    El rey Alfonso X reconquistó la zona concediéndole Fuero Real y Concejo propio, y le concedió al Conde de Guzmán el Señorío de Bollullos, y se le denominó Par del Condado por su cercanía con el Condado de Niebla. Posteriormente pasó a ser propiedad del Duque de Medina Sidonia.
     Durante todo el siglo XIV, los pueblos de la comarca aumentan su importancia tanto social como económica. En el siglo XV continúa la época de esplendor de la actividad vinatera. En los siglos XVI y XVII las epidemias de peste diezmaron la población y provocaron la emigración a otros lugares.
     En el s. XVIII la villa tuvo una etapa de prosperidad, debido en parte a la familia de los Dávila Morón, familia que construyó la Casa Consistorial, el Monumento de San Antonio, tres fuentes públicas, y reconstruyeron y finalizaron la Iglesia de Santiago Apóstol, parcialmente destruida tras el terremoto de Lisboa de 1755 y en parte gracias al comercio de sus vinos al Nuevo Mundo y a la llegada de numeras familias a la zona. Sería en los siglos siguientes cuando el negocio del vino le reportara al municipio mayor auge económico.
     A finales del s. XIX cuando el municipio experimenta un auge espectacular, debido sobre todo a la producción y comercialización del vino. Desde entonces, el vino será el eje de la vida en Bollullos y la causa de su crecimiento poblacional.
Patrimonio artístico y cultural
     Ayuntamiento, del siglo XVIII-XIX.
     Iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XV al XVIII, de origen es mudéjar, su fachada es de estilo barroco.
     Iglesia Parroquial de María Auxiliadora.
     Capilla de Nuestro Padre Jesús.
     Capilla de la Misericordia.
     Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, del siglo XVIII y restaurada en el XX.
     Monumento a Nuestra Señora de las Mercedes, data de 1948.
     Convento de San Juan de Morañina, fundado en el siglo XV.
     Santa Cruz de Montañina.
     El Santo de Remuñana, monumento al Sagrado Corazón de Jesús.
     Museo del Vino (Torreón de los Vallejo),del siglo XIX.
     Mercado de Abastos, construido en 1929.
Fiestas y tradiciones
     Romería de San Sebastián, día 20 de Enero.
     Carnavales, mes de febrero.
     Semana Santa
     Semana del Libro, en el mes de abril.
     Cultos de la Santa Cruz de la Calle Niebla, la Santa Cruz de la Calle Santana y la Santa Cruz de Montañina, durante el mes de mayo.
     La Velá de San Antonio, en torno al 13 de junio (durante tres días).
     Velá de San Juan, días 22-24 de junio.
     Ferias y Fiestas de Vendimia, días 12-16 de septiembre.
     Semana de Viticultura y Enología, la primera quincena de octubre.
     Quema de Gamonitas, día 7 de diciembre.
     Día de la Inmaculada, día 8 de diciembre.
     Mercadillo de Costumbres Populares, en Navidades, en la Plaza del Pensionista.
Recursos económicos y sociales
     Su economía es principalmente de tipo agrícola (viñedo, olivo y fresa).
     Bollullos es sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Condado de Huelva, y su economía está fundamentada en el cultivo de la vid y la elaboración de vino.
Gastronomía
     Los platos típicos del lugar son la caldereta de cordero, las habas cochas, el gazpacho, el tostón con sardinas y las migas.
     Destaca la repostería de la zona, con dulces como la tortal real o “resobá”, la poleá. En agosto y septiembre es la época de la vendimia y se elaboran dulces con mosto como el arrope y el perrengo.
     Los vinos del Condado de Huelva no faltan en la mesa, los Condado Viejo, los Condado Pálido, los Generosos de Licor, los Blancos donde destacan los Jóvenes Afrutados. Además se elabora vinagre, vino tinto y cavas (Diputación Provincial de Huelva).
     Difícil resulta interpretar la etimología de su nombre. Cordón y Ruhstaller lo consideran un hidrónimo latino o mozárabe, relacionado con bulla, burbuja, o bullire, bullir, hervir. Podría significar torre pequeña, según Cassiri. Al Muqtabas, de Ibn Hayyán, al referir la lucha de Ibn Marwán contra Ibn Ufayr, señor de Niebla, el año 915-916, habla de la fortaleza de Balalis o Belillos, que podría identificarse con Bollullos. La ciudad de Bollullos par del Condado, se encuentra situada a 47 km. de la capital, a una altitud de 111 m. sobre el nivel del mar, en la falda de una de las lomas, de formación miopliocénica, que ascienden desde el Tinto y sus afluentes, y descienden suavemente a la costa. Tiene una población de 13.335 habitantes, dedicados principalmente  a la agricultura, al cultivo de las vides y a la elaboración de vinos. Se ha incorporado a los nuevos cultivos de invernadero, alcanzando notables resultados en la producción de fresones y demás variedades hortofrutícolas (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Bollullos dista 7 km de Rociana. Declarado ciudad del vino, cuenta para ello con el aval de sus bodegas, con la presencia del Consejo Regulador y con la mitad de un territorio sembrado de viñas. Huele a vino en Bollullos. Y el aroma viene de la vid y se concentra en las antiguas bodegas, que abren sus puertas convertidas en bares y restaurantes que sacan los toneles a la calle. En Bollullos se encuentra la mayor cooperativa agrícola de Andalucía, que reúne cerca de 1.000 viticultores, produce 40 millones de litros al año y con sus vinos trata de captar la esencia de la tierra andaluza.
     Pero no todo lo ocupa el vino, sino que también que­ da espacio para el arte. Arte que se manifiesta en las galerías porticadas que ilustran la fachada del Ayuntamiento y en el templo parroquial. La iglesia de Santiago Apóstol presenta dos portadas del siglo XVIII, una a los pies de la fábrica y otra en el lado de la Epístola. Las molduras pintadas de albero subrayan las líneas de fantasía cromática en la exacta simetría de lo blanco. Junto a la fachada principal se alza la torre, coronada con un cuerpo de hechuras barrocas que alberga las campanas y sostiene una pirámide de azulejos.
     Cerca de la iglesia, en un núcleo de calles (Real, Miguel de Cervantes, Antonio Machado y P. Domínguez García) que convergen formando encrucijada, se alzan varias casas espléndidas. Una de ellas, que exhibe una grandiosa fachada con balcón ajimezado, portada de ladrillo visto y buenas labores de forja, fue diseñada por el arquitecto Aníbal Núñez.
     Abundan en Bollullos los retablos callejeros que decoran muros, portadas, patios y hasta la torre de una bodega. Cruces y azulejos, algunos colocados en el siglo XVIII, mantienen vigentes los símbolos relacionados con la devoción popular.
     De la gran cantidad de bodegas que hubo en el pasado, quedan todavía algunos ejemplares que permiten resumir las fórmulas arquitectónicas empleadas en su construcción: pilastras en los muros, torres neomudéjares o paredes que imitan sillares dieciochescos. Sobresale la estructura metálica, usada como lagar, visible en la finca Majuelo del Soto, a la salida de la población con dirección a Almonte. Inspirada en los trabajos de Eiffel, fue fabricada como caseta de feria para la Exposición de Sevilla del año 1929.
     En la llamada torre del Alcohol, torreón de estilo neomudéjar que perteneció a una fábrica de alcoholes y guardaba los alambiques utilizados en la destilación, se ubicaba hasta hace poco el Museo del Vino. Ahora es la sede del Consejo Regulador. se está en la fase de construir un nuevo centro museístico que permitirá co­nocer la historia de los caldos onubenses y contemplar objetos relacionados con la vendimia o los procesos de elaboración (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guíarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012).
     Situada en la comarca de la Tierra Llana, en la falda de una colina, la ciudad es el centro de producción vinícola de la zona, para lo que cuenta con excelentes bodegas.
Historia
     Documentada desde la Alta Edad Media, su poblamiento debe remontarse a la Edad del Bronce. Fue llamada Bubulca o Bibulca, apareciendo por primera vez 'como Bolullos en la relación de pueblos que constituyeron la dote de doña María Coronel al casar en 1282 con Alonso Pérez de Guzmán, al que, tras el cerco de Tarifa por los musul­manes, se le llamaría "el Bueno", pasando a depender del condado de Niebla.
     En 1369, tras el matrimonio de Alonso Pérez de Guzmán, nieto del de Tarifa, con doña Juana, sobrina de Enrique II, la ciudad con el resto del condado pasó a depender de la casa ducal de Medina Sidonia. En el siglo XIX, con la extinción de los señoríos, recibió el nombre de villa y en 1948 el de ciudad.
Gastronomía
     Destacan los vinos del Condado, blancos, jóvenes, finos y dulces. En su cocina ha que mencionar la caldereta de cordero, el salmorejo de conejo, con tomates y pimientos asados y las tostás, de pan a la brasa con ajo y aceite, con el que se acompañan sardinas y otros pescados. En repostería, la torta de polvorón y el rosquete de vino.
Fiestas
     El 20 de enero es el día de los chorizos, fiesta que proviene de antaño con motivo de la matanza del cerdo. Las familias preparan entonces el tradicional jato, en el que no faltan el chorizo y el vino, pasando el día en la dehesa. Los Carnavales, la Semana Santa, las Cruces de mayo, las veladas de San Antonio y San Juan, además de las fiestas de septiembre y la feria cultural, en honor a la patrona Nuestra Señora de las Mercedes, son acontecimientos relevantes.
Visita
     En buena parte de la ciudad se descubren hermosas casas burguesas de los siglos XVIII y XIX, de estilo barroco, con artísticas rejas y cancelas de hierro forjado. Cabe destacar las existentes en la calle Cervantes y en la Plaza Mayor. Existen numerosas bodegas que pueden visitarse, para lo que conviene fijar la fecha con antelación. La de Soto, situada en la carretera de Rociana es una de las más características. En la plaza del Sagrado Corazón se encuentran los dos edificios más sugerentes de la ciudad, ambos del siglo XVIII, el Ayun­tamiento, del que sobresale su portada a base de ladrillo rojo y mampostería, con doble galería de arco, y la iglesia de Santiago, con su blanca fachada de estilo colonial y la esbelta torre rematada en un pináculo adornado con cerámica vidriada (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).

Arquitectura civil
     Se desconoce la fecha de construcción del Ayuntamiento, pues los archivos municipales ar­dieron en 1912. Consta de tres plantas. Dos se elevan sobre el nivel de la Plaza del Corazón de Jesús. La tercera se transforma en sótano, dado el desnivel de la calle lateral. La fachada princi­pal se compone de dos galerías superpuestas, cuyos arcos de medio punto apean sobre columnas de mármol, que, a su vez, se alzan sobre una base inferior que cierra el referido sótano. La morfología responde al gusto estético de fines del siglo XVIII. La insuficiencia del edificio para las necesidades administrativas, y el mal estado de con­servación del inmueble propició la construcción de un nuevo Ayuntamiento. El proyecto lo realizó en 1981 el arquitecto José Ramón Moreno García. Obviamente, en la reconstrucción se ha respetado la fachada principal. Por consiguiente, lo que resta del antiguo edificio es la fachada principal y el sótano.
     En la antigua calle del Diezmo, hoy Maestra Carmen González, se encuentra la Cilla. Hacia 1910-1920, parte del inmueble pasó a ser propiedad de la familia que la habita actualmente. Por entonces, el edificio fue reformado en su in­terior y fachada. La fachada conserva los vanos abocinados para ventilación de los almacenes. En su interior debemos citar el gran salón de planta baja, neomudéjar, decorado con arcos de herradura, yeserías, labores de sebka, etc. Abre a un patio mediante galería acristalada de arcos de herradura, fruto de remodelaciones ornamentales, que no alteran la estructura original. De ahí que aún se pueda observar la auténtica composi­ción de bóvedas y cúpulas sobre machones de la primitiva cilla.
     Las antiguas casas solariegas se concentran entre la plaza de la iglesia, la calle Labradores, San Vicente y San José. Al final de la calle Padre Domínguez García, hay una puerta con pilastras, decoradas con líneas incisas y azulejo de la Virgen de la Soledad. La casa nº 48 de la misma calle es la bodega de Antonio Delgado Caro, de principios del pasado siglo. En la misma calle, la casa nº 25, construida por José Ayala Marhieu, tiene dos plantas con cinco vanos cada una. En la calle Labradores (Pedro Miguel Pérez de Aya­la), nº 1, frente a la iglesia parroquial de Santiago, se encuentra la casa de Adolfo García Neble y Neble. Tiene dos cuerpos con tres vanos  por cada uno. En el bajo está la puerta entre pilastras dórico toscanas, con entablamento decorado con triglifos, y plaqueado sobre el dintel de la puerta. En la misma calle, la casa nº 31, de los Penillos, tiene dos cuerpos. En el bajo, la puerta con pilas­tra dórico-toscana, y tres ventanas salientes. En el alto hay cinco vanos, los tres centrales partidos por sendos tejaroces. Frente a ella, la casa nº 28, de los Ayala, con fachada de ladrillo limpio y dos cuerpos con cinco vanos cada uno.
     En la calle San Vicente, frente al nº 1, se halla una cruz de cerrajería, en cuyo pedestal aparece un azulejo blanco y azul con la Virgen de la Soledad. de medio cuerpo. La bodega de Villarán está en el nº 8 de dicha calle. Sobre el portalón de acceso hay un azulejo en color violeta de la Virgen de las Mercedes, que reproduce la litografía de Olivar, de 1864. La casa contigua, nº 15 de la calle San Vicente, tiene también una com­posición clasicista. Más adelante, en la misma calle San Vicente, hay restos de una portada, que conserva un azulejo decimonónico de San José.
     En la finca conocida como Majuelo de Soto, situada entre las carretera de Bollullos a Rociana y de Bollullos a Almonte, destaca, entre el complejo de edificios de vivienda y de producción, la silueta del lagar, estructura metálica en forma de carpa, que fue construida como Caseta de Feria por el Real Círculo de Labradores de Sevilla para la Exposición de 1929. En 1930 fue adjudicada a D. José Ayala Mathieu.
     Además de la ya mencionada bodega de Villarán, de la calle San Vicente, debemos nombrar, por su interés arquitectónico, la bodega de Igle­sias, entre las calles Calvario y Teniente Mer­chante, cuyos muros exteriores se fragmentan por medio de pilastras; en su pared de la calle Calvario se encuentra la tercera estación del Vía Crucis, que da nombre a la calle. En una bodega de la calle San Sebastián se alza aún la torre de un molino de aceite, decorada con un pequeño azulejo de San Juan Bautista, de principios del s. XIX. En la calle Reyes Católicos, nº 1, esquina con la calle San Vicente, una bodega conser­va en su fachada un azulejo de San Antonio de Padua, fechado en 1784. La bodega de enfrente muestra aún los muros con líneas incisas imitando sillería, al gusto dieciochesco. La bodega de Sovicosa se compone de cuatro naves, cubiertas a dos aguas, separadas por elevadas arquerías de medio punto, con ojos de buey en las enjutas.
     En la calle Almaraz se ha conservado la torre de destilación de la bodega de Vallejo, en la que perduran las pozas y alambiques para la extracción de alcoholes y derivados. Su arquitectura de ladrillo, con esquinas en cadena y arcos de herradura, corresponde al gusto neomudéjar de fines del s. XIX y principios del XX.
     En 1774, don Antonio Luis Morón, como alcalde y diputado de la villa, labró una fuente, en la vía sacra o calle Calvario, camino de Rociana y Almonte, dedicándola a su santo homónimo, San Antonio. Para perpetuar  su recuerdo, dejó en el pilar de la fuente un pequeño memorial. Por los años cincuenta se amplió el monumento con sendas alas laterales entre pilastras, que con motivo de su segundo centenario, 1974, los devotos decoraron los fondos con azulejos polícromos, en los que reza un Responsorio a San An­tonio de Padua. El 10 de diciembre de 1982 fue incoado, en la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, el expediente de declaración de bien de interés cultural de esta fuente,  que ha sido restaurada en junio de 1997 por Cinta Rubio y Luis Gallardo.
     En la Plaza de la Iglesia se situó un monumento escultórico en mármol blanco dedicado al Sagrado Corazón, en el año 1943, firmado por Carlos Monteverde. En memoria de la coronación canónica de la Virgen de las Mercedes, se levantó un monumento escultórico el  2 de julio de 1948. El alto pedestal rectangular y podio con pilastras jónicas pareadas fue construido por la casa madrileña Martínez y Valdés. Sobre el podio se eleva la efigie en bronce, a tamaño natural, de la Virgen, obra de Carlos Monteverde, y fundida por Ricardo Ferrero en el año 1948.
     En 1991, al inicio de la calle Virgen de las Mer­cedes, se levantó el templete dedicado a la Virgen del Rocío. Se trata de un edículo abovedado sobre cuatro pilares, trabajado en ladrillo limpio y cerámica blanca y azul. Los pilares se decoran con azulejería que reproduce columnas salomó­nicas, como las del carretón del simpecado, rematadas con jarras de azucena. Se eleva sobre un pedestal con cuatro paños cerámicos. La imagen de la Virgen del Rocío, de bulto redondo, aparece vestida de reina. Se alza sobre peana de ladrillo y cerámica.
     Tres monumentos se alzan en el pueblo en memoria del fundador del Sindicato Agrícola Católico local, don Francisco Pérez, principal protagonista del reparto de tierras en pequeñas parcelas para los labradores, y de otras acciones sociales.
     En primer lugar, el dedicado al Sagrado Corazón, en el centro geográfico de Remuñana, inaugurado el 7 de agosto de 1927, en acción de gracias por haber culminado el proceso de reforma agraria. Se trata de una escultura en bronce, sobre elevado pedestal de ladrillo.
     En segundo lugar, la Plaza de la Virgen de las Mercedes, llamada también Placita de la Fuente, dedicada por el Ayuntamiento a D. Francisco Pérez y Vacas en 1948, con cerámicas de Mensaque. El último es la escultura de don Francisco Pérez y Vacas, en bronce sobre pedestal de granito gris, que preside la Plaza de la Piña. El proyecto es del arquitecto Francisco de la Corte, siendo el escultor Nicomedes Díaz Piqueras. Fue inaugurado el 18 de marzo de 1978. En la Plaza Primero de Mayo, en justo homenaje al trabajo constante y emprendedor del pueblo, que supo corresponder a los esfuerzos de don Francisco Pérez y Va­cas, se ha levantado en 1984 un Monumento al agricultor de Bollullos, en bronce, del escultor Salvador García Rodríguez.
     En un reciente estudio, han llegado a catalogarse 70 retablos callejeros, repartidos por fa­chadas y patios de la población. Muchos de ellos han sido mencionados en páginas anteriores. Destaquemos, finalmente, la Cruz de los Labradores, situada al final de la calle Labradores, con cruz de cerrajería, y tres azulejos en su pedestal, que representan la Inmaculada, de fines del s. XVIII, el Santo Cristo de Torrijos, de principios del s. XIX, y la Virgen de las Mercedes, según la litografía de 1864. El azulejo a la Virgen de las Mercedes, situado en la Avenida de los Caños, frente a la antigua fuente, hoy Ambulatorio, está fechado en 1838 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
Ayuntamiento
. Se trata de un edificio del siglo XVIII, declarado monumento de interés local. Es una de las numerosas obras representativas de la arquitectura barroca sevillana que existen en la provincia de Huelva.
     Consta de tres plantas, su interés se centra en el cuerpo principal, que se resuelve a base de dos galerías superpuestas con arcos de medio punto sustentados sobre columnas de mármol. De las tres plantas solo aparecen dos a la plaza, ya que el desnivel de la calle lateral recoge el nivel del sótano sobre el que se asienta el edificio.
     Es una de las obras más importantes del Barroco en Huelva, construida por el maestro Antonio Matías de Figueroa a fines del siglo XVIII.
     El Ayuntamiento pertenece a una serie de Casas Capitulares que se construyen en la provincia, entre las que destacan las que corresponden a los municipios de Moguer y Almonte (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Monumento a San Antonio de Padua. Está situado en una fachada de la calle Calvario de Bollullos Par del Condado, frente a los calles San Antonio y San Sebastián. Su parte principal se compone de un gran paño de azulejería, sobre un zócalo de mármol rosa. Este mismo material es el utilizado para los pilastras y la cornisa que sirven de reenmarque al citado paño. En la zona central de éste se sitúa un azulejo con la imagen de San Antonio, obra del siglo XVIII. Sobre él aparece una lápida de mármol, enmarcada por una orla de ladrillo con un frontón mixtilíneo; en ella aparece una leyenda latina, alusiva al origen del monumento.
     Además de la adición contemporánea de una reja de hierro con faroles ante el azulejo de San Antonio, hay que señalar la existencia de diversos motivos de azulejería decorativa, entre los cuales se incluyen dos inscripciones cerámicos de tipo devocional.
     El monumento, construido en 1774, fue en origen una fuente, lo cual determina su tipología (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Capilla del Cristo Cautivo
     En octubre de 2004 fue bendecida la Capilla y Casa Hermandad de Ntro. Padre Jesús Cautivo y María Stma. del Rosario. En ella se veneran las imágenes titulares. El Señor Cautivo es obra de Mario Díaz, 1991. La Virgen del Rosario fue realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1940, y restaurada por Barbero Medina en 1979. De la imagen desaparecida en 1936 son la corona, la media luna y el cetro de plata con decoración de rocallas, de principios del XIX; la ráfaga es de principios del XX. Se conserva un magnífico simpecado, bordado a principios del s. XIX por las religiosas dominicas de Almonte (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capilla de la Misericordia
     En 1990 se construyó esta capilla, en la calle Velarde (calle Lino), por el maestro Juan Acosta Faraco. Se trata de un amplio espacio rectangular, cubierto con cielo raso, precedido de un atrio. En 1993, el arquitecto José Manuel Ramos Olivares proyectó la portada, que fue construida por Lucas Lagares. El Cristo atado a la Columna fue adquirido en 1937 en los talleres de Sarriá. Después de ser retallada la imagen por Rafael Barbero Medina, fue bendecida el 2 de diciem­bre de 1950. En 1991 la escultura fue restaurada por Francisco Berlanga de Ávila, quien le colocó ojos de madera, nuevo sudario, y repuso la policromía. La imagen de la Virgen de la Misericordia es de Manuel Vergara Herrera en 1953. Los sayones son obra de los talleres salesianos de la Trinidad, de Sevilla, bajo la dirección de José Geronés Vallés, de 1952.
     En los paramentos se expone un interesante Vía Crucis de cerámica sevillana. Otras obras han ido incorporándose a los objetos de culto de la capilla: un lienzo de la Virgen de las Mercedes, firmado por José García, en 1992; lienzo de San Agustín, de la serie de Padres de la Iglesia que hemos visto en la Capilla de Sagrario de la parroquial de Santiago. Una imagen  pequeña de la Virgen del Carmen, de taller valenciano, del siglo XIX. Del convento del Corpus Christi de Córdoba procede la imagen de candelero de Santo Domingo de Guzmán, de hacia 1800; viste hábito dominico, y porta la cruz patriarcal, de plata, y el libro de reglas, también de plata, con cantoneras doradas. La portada del libro se decora con rocallas, y en ella puede verse el león, punzón de platería de Córdoba, y las letras del orfebre Francisco Sánchez Bueno Taramas, de la segunda mitad del siglo XVIII. Del mismo con­vento proviene un lienzo en el que figura la Virgen entregando el rosario a Santo Domingo, de factura popular, fines del siglo XVIII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Capilla de Nuestro Padre Jesús
     Tiene dos naves. La principal, con techumbre mudéjar de artesa con tirantas, propia del siglo XVIII, que desemboca en la capilla mayor, es la más antigua. Se ilumina a través de un vano abierto muy en alto sobre el muro derecho. La arquería divisoria de naves presenta cuatro arcos de medio punto sobre pilares rectangulares con impostas. Los pilares tienen resaltos o pilastras adosadas que se prolongan y unen transversalmente con otro horizontal, enmarcando los arcos a guisa de alfiz. La capilla mayor, de planta cuadrada, se cubre con bóveda semiesférica sobre pechinas. La media naranja está subdividida por ocho lesenas o pilastras. La nave lateral se cubre con techumbre de colgadizo. A través de un arco de medio punto, recortado en los muros, sobre ménsulas de escayola, enlaza con su capilla absidial. La solería de toda la ermita, es de mármol blanco y gris, de Cártama, donado por Francisco Jiménez Bocanegra en 1886. El aspecto actual del imafronte se debe a la reforma de 1946. La espadaña es de un solo cuerpo. Se trata de un arco de medio punto con imposta entre pilastras dórico-toscanas. El conjunto, flanqueado por es­tribos o cartones, ostenta un frontón curvo con una cruz de cerrajería entre bolas. Obviamente, está provisto de esquila.
     En su interior se conservan algunas piezas anteriores a 1936, entre ellas, dos retablos barrocos dorados. Comenzando, como de costumbre, por el lado del evangelio, encontramos un lienzo de la Virgen de la Soledad con ángeles pasionarios, del XIX, y una representación de las dos Trini­dades: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad del cielo, y Jesús, María y José, Trinidad de la tierra, de la primera mitad del XVII sevillano. Después de la ventana, una copia, en óleo sobre lienzo, de la Inmaculada grande de Murillo, de Fernando Carrasco Ferreira. Tras la siguiente ventana, varios lienzos del siglo XIX, de sabor popular: el Llanto sobre Cristo muerto; una Divina Pastora, y un San Rafael Arcángel. En la capilla absidial hay una hornacina rectangular rehundida, que recibe a una cruz de mayo, tallada en madera dorada.
     La capilla mayor queda presidida por un retablo de orden salomónico con columnas caladas. Está concebido a modo de arco triunfal, rehundido, flanqueado por cartones laterales con angelotes pasionarios, y rematado por un copete, con el relieve del Padre Eterno. La arquivolta exterior se ornamenta con una crestería. La hornacina central reproduce, a menor escala, el esquema compositivo exterior. Las columnas salomónicas de esta pieza están primorosamen­te caladas, en avispero. Se trata de una notable obra sevillana del último cuarto del s. XVII, del entorno de Bernardo Simón de Pineda. Ocupa la hornacina central el titular de la capilla, Ntro. P. Jesús Nazareno, escultura para vestir, obra de Castillo Lastrucci, de 1938. En las repisas latera­les aparecen San José con el Niño según la iconografía roldanesca de principios del s. XVIII, y la Virgen del Socorro, imagen de candelero de hacia 1600, que procede del extinguido convento de San Juan de Morañina. La frontalera del altar es de azulejos sevillanos, pintados en la fábrica de «Mensaque Rodríguez y Cía, S. A.».
     Sobre la puerta de la sacristía, un lienzo de factura popular del s. XIX con la aparición del Niño Jesús, Buen Pastor, a Santa María Francisca de las Cinco Llagas, religiosa terciaria franciscana de Nápoles (1715-1791). En la nave principal, hallamos el púlpito de hierro, con barrotes abalaustrados. En la pared del lado de la epístola, un retablo marco, de columnas pareadas y entorchadas, con decoración floral pictórica, de principios del s. XVII, que posiblemente albergara alguna pintura, y en cuyo ático figura un lienzo del Nazareno. La hornacina central está ocupada por la imagen de la Virgen del Pasmo, obra de Antonio Castillo Lastrucci, de 1940. Le sigue un arco rehundido, ornamentado con temas textiles por José Andrade, en el que figura la cruz de salida de Jesús Nazareno, obra de Manuel Cano Lagares. A los pies de la nave se alza un retablo, recompuesto con elementos de hojarascas y rocalla del s. XVIII, en el que aparece la figura de San Juan Evangelista, imagen de vestir, obra de Mario Díaz, de 1991. Un lienzo, copia del San Antonio de Murillo; y otro lienzo con la Soledad de María, entre ángeles pasionarios, del s. XIX. Por último, sobre una vitrina neogótica, un Niño Jesús Salvador, del s. XIX (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

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viernes, 19 de agosto de 2022

La pintura "Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga", de Eduardo Cano, en la sala XII del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga", de Eduardo Cano, en la sala XII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     Hoy, 19 de agosto, es el aniversario del recibimiento (18 de agosto de 1487), por parte de los Reyes Católicos, a los cautivos cristianos, tras la conquista de Málaga, que es el tema de la obra reseñada, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la pintura "Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga", de Eduardo Cano, en la sala XII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
     El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala XII del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga", obra de Eduardo Cano (1823-1897), siendo un óleo sobre lienzo en estilo romántico, pintado en 1867, con unas medidas de 4,80 x 3,00 m., y procedente del depósito de Dª Juana Benjumea (1943).
     Esta obra estuvo titulada "Entrada de los Reyes Católicos en Alhama". El profesor D. Antonio de la Banda corrigió el título de la misma poco después de realizarse el inventario de 1990.
     Isabel I de Castilla, conocida como Isabel la Católica es un personaje fundamental de la historia de España. Con su esposo Fernando llevó a cabo reformas económicas, del sistema de gobiernos y sociales, que determinaron el rumbo de la historia de nuestro país. Son numerosos los acontecimientos históricos promovidos por Isabel la Católica: la Conquista de Granada y la expulsión de los musulmanes y judíos, o el apoyo a Cristóbal Colón en su búsqueda de las Indias que conllevó el descubrimiento de América (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
      A partir de 1868, coincidiendo con el final del reinado de Isabel II, puede advertirse la disolución del espíritu de la época romántica y el comienzo de tiempos con nuevo signo. En pintura estas novedades significaron el agotamiento de la visión romántica y la aparición de un arte más concreto y directo, vinculado a los problemas planteados por la realidad. Al menos éstas fueron las directrices generales que el arte siguió en la mayor parte de Europa en este momento histórico.
     Ciertamente el ambiente cultural de la época puso de moda la revisión histórica, aunque eludiendo el aspecto crítico e incidiendo principalmente en lo laudatorio. Todos los países europeos miraron culturalmente hacia atrás para encontrar en la historia motivos de orgullo y vanagloria. Y de los hechos del pasado, sin tanta retórica como se había efectuado en el romanticismo, se rescataron infinidad de episodios que sirvieron  como motivo de arte oficial revestido de dignidad al que todos los pintores se aprestaron a servir.
     Este es el caso de Eduardo Cano, nacido en Madrid en 1823, pero criado en Sevilla donde se inició en pintura estudiando en la Escuela de Bellas Artes. Completó su formación en Madrid y París y a partir de 1856 se instaló definitivamente en Sevilla donde llegó a ser catedrático  de la Escuela en la que había estudiado y allí realizó una dilatada producción artística interrumpida por su fallecimiento en 1897.
     Se considera a Cano como el introductor de la pintura de historia en España, aunque ya antes que él otros artistas la habían practicado. Pero ciertamente fue quien realizó el primer cuadro importante con este contenido: es Colón en el convento de La Rábida que pintó en París en 1856. Cuando Cano expuso ese mismo año la pintura en Madrid, llamó poderosamente la atención por la dignidad de su contenido y el armonioso estudio colectivo de la expresión de los personajes. En años posteriores  realizó otras pinturas de historia, pero ya nunca más volvió a lograr el pleno acierto que había obtenido con su primera creación.
     A través del grupo de obras de Cano conservadas en el Museo de Sevilla se acierta a poder valorar lo que fue su talento artístico. El año que pintó su famoso cuadro de Colón realizó su Autorretrato, donde se advierte el seguro semblante que le había proporcionado su enorme éxito artístico. A pesar de su pequeño formato resulta de notorio interés el retrato de la escritora Fernán Caballero, captada ya en su vejez, puesto que es obra fechable en torno a 1870, nueve años antes de su muerte.
     Uno de los más interesantes episodios históricos pintados por Cano se encuentra en el Museo. Se trata de La entrada de los Reyes Católicos en Alhama (Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga), obra firmada en 1867 en la que el artista incluyó un repertorio de actitudes vehementes y declamatorias perfectamente conjugada con las utilizadas en los dramas escénicos de la época.
     También vinculada a la pintura de historia se encuentra la representación de Un fraile con la cabeza de don Álvaro de Luna firmada por Cano en 1892, pintura de gran efecto dramático y teatral (Enrique Valdivieso González, Pintura, en Museo de Bellas Artes de Sevilla. Tomo II. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
Conozcamos mejor el hecho histórico representado en la obra reseñada;
Contexto histórico
   La conquista de Málaga por los Reyes Católicos hay que entenderla como un hecho decisivo dentro de la Guerra de Granada (1482-1492), con la que se puso fin al último estado musulmán en la Península Ibérica: el emirato Nazarí de Granada, o simplemente, el Reino de Granada.
   Isabel de Castilla y Fernando de Aragón supieron aprovechar las circunstancias en que se encontraba el mencionado reino, inmerso en una guerra civil desde 1482 en la que se enfrentaron el rey Muley Hacén contra su hijo Boabdil  y, posteriormente, éste último contra su tío El Zagal, que hereda el trono a la muerte de su hermano Muley en 1485. Esta lucha familiar acaba con la división del emirato entre El Zagal, que se convierte en señor de  Málaga, Almería y Guadix, y Muhammad XII, más conocido como Boabdil o también como el Rey Chico, que quedaba como emir de la ciudad de Granada, convertido en vasallo de los Reyes Católicos. Todo ello provocó un gran desgaste político, social y económico en el reino nazarí, lo cual gestionaron hábilmente los  monarcas cristianos.
   Para los granadinos, la ciudad de Málaga era una plaza primordial porque, aunque el puerto no era fondeadero seguro los días de temporal, la riqueza e importancia de la ciudad, el considerable tráfico de mercancías y la proximidad a África, hacían de ella un enclave económico y de suministros de víveres y hombres fundamental para el socorro y abastecimiento del reino. Del puerto Málaga llegaban a Granada hombres, caballos y dinero recogido en diversas regiones africanas para el pago de las guarniciones, así como importantes rentas, diezmos y gabelas que se imponían sobre los testamentos, herederos y rescates de cautivos cristianos.
   La guerra de  Granada, combina características de guerra medieval con la nueva forma de lucha de la Edad Moderna, en la que fueron protagonistas  caballeros, infantes y peones junto con la artillería y la intendencia. La conquista de Málaga es un claro ejemplo de ello. A todo esto, se sumará el juego psicológico y el maquiavelismo (término que se acuñará más tarde) del que fue un claro exponente el rey Católico.
Los preliminares del cerco
   Tras la toma de Vélez-Málaga, el rey D. Fernando decide marchar sobre Málaga para cortar el trafico marítimo al que antes se ha aludido y así debilitar más aún al ya endeble reino nazarí logrando, a la vez,  la consolidación de las tierras conquistadas. Por otra parte, el alcaide de Málaga, Abén Comixa (o Ibn Kumasa), partidario de Boabdil y , por tanto, más favorable al rey Católico que El Zagal, es depuesto por la guarnición africana de los gomeres de Hamet El Zegrí, contrario a cualquier entendimiento con los cristianos. Esto obligaba al monarca cristiano a no demorar la toma de la ciudad.
   D. Fernando ordena cargar en la flota la artillería rumbo a  Málaga, mientras que él con las tropas avanza por tierra. Como el terreno era muy escabroso, los soldados no podían avanzar sino en fila, uno tras otro, de forma que, según palabras del cronista Diego de Valera, "...paresçían subir al çielo e abaxar a los abismos". Se detuvieron en  Bezmiliana, poblado abandonado en la zona del actual Rincón de la Victoria, a unas dos leguas (catorce Kms. aproximadamente) del objetivo. Allí mandó el rey montar  provisionalmente el real. Envía emisarios  a la ciudad conminando a sus pobladores a que se rindan y así establecer unas capitulaciones dignas para ellos, respetando su libertad y sus bienes, tal como había hecho con anterioridad en otras ciudades y fortalezas.
   Pero se encontraban en la ciudad refugiados de otras comarcas,  elches (cristianos renegados), monfíes (mudéjares proscritos que formaban parte de cuadrillas de salteadores) procedentes de la Serranía de Ronda y los ya mencionados gomeres norteafricanos que, confiando en la seguridad de la ciudad, tanto por sus murallas, como por las fuerzas que la defendían, se mostraban totalmente contrarios a la rendición, aún cuando otros sectores de la población hubiesen preferido pactar unas capitulaciones favorables. Escuchadas por El Zegrí las propuestas del rey Católico, las rechaza de pleno y, haciendo gala de su carácter de guerrero y responsable de la ciudad ante el Zagal que lo había nombrado alcaide, asegura que la defenderá a toda costa.
   Conocida  la respuesta y la alta moral de los defensores malacitanos, D. Fernando  convoca una reunión con los nobles que le acompañan en la que se barajaron varias opciones: una consistía en no cercar la ciudad, pues al estar aislada tanto por mar como por tierra (se habían tomado todas las comarcas que la rodeaban y en el mar dominaban los cristianos) no tendrían otra opción a medio plazo que rendirse; la otra opción era establecer el cerco, pensando que de esta forma la presión para la rendición sería mayor y que, a la vez, era más seguro que no recibirían ayudas de las zonas interiores; también se argumentaba que había que aprovechar la proximidad  del ejército cristiano a la ciudad. Oídas las distintas opiniones, el rey Fernando decide seguir con la idea inicial de poner sitio sobre Málaga.
   Hernando del Pulgar nos narra las características de la medina. Indica que estaba totalmente  rodeada por una muralla y asentada sobre un llano, junto a un monte, Gibralfaro, coronado por un fornido castillo, y en cuya falda se erguía la Alcazaba, protegida, a su vez, por dos murallas altas y fuertes, con  torres gruesas y otras torres menores. Un acceso, flanqueado por dos formidables muros paralelos (coracha),  comunicaba ambas fortificaciones. Por la parte del mar, la muralla tenía también una pequeña fortaleza con seis torres (el Castillo de los Genoveses) y otros torreones que defendían las Atarazanas (almacenes y astilleros). Contaba Málaga con dos arrabales: uno en la zona septentrional, cercado con muros y torres (arrabal de la Fontanella) y otro más pegado a la costa de poniente, en la orilla derecha del río Guadalmedina, con huertas y casas caídas (el arrabal de Attabanim o de los Tratantes de la Paja). Termina el cronista la descripción diciendo que el aspecto de la ciudad era muy hermoso, con palmas, naranjos y cidros, y muchos otros árboles y huertas.
   El primer gran problema que encuentra el ejército cristiano es que junto al monte de Gibralfaro se alineaba el cerro Victoria (o de San Cristóbal), y tras él una serie de elevaciones como el cerro del Calvario que hacían que el único paso para acceder a los llanos, controlar los pozos y establecer el cerco de la ciudad fuera entre las dos primeras elevaciones mencionadas, fácilmente defendidas por los musulmanes, los cuales al advertir la llegada de los cristianos por tierra y por mar se apresuraron a reforzar con guardias las fortalezas, las murallas, los torreones y la zona costera.
   El Zegrí manda salir de la medina a tres cuerpos de ejército que distribuye de la siguiente forma: uno por la zona próxima a la costa de levante,  en las faldas de Gibralfaro; otro en el cerro Victoria; y un tercero en el valle existente entre ambos, por donde habrían de pasar los cristianos. El primer encuentro fue durísimo, y ambos ejércitos avanzaban y retrocedían según el empuje del contrario. Al final los cristianos toman el cerro Victoria y expulsan del valle y de la costa a los gomeres de El Zegrí, accediendo a la zona de huertas del arrabal de la Fontanela,  y disponiendo el cerco con tres reales. Esto ocurría el 7 de mayo de 1487.
   El real principal, con más gente, rodeaba Gibralfaro, desde el mar hasta el arrabal, y estaba al mando del marqués de Cádiz. Un segundo real se asentó en las huertas del arrabal y los cerros del Calvario y la Victoria,  y en él se estableció el rey junto con otros nobles como el conde de Cifuentes, el conde de Ureña, y el alcaide de los Donceles con las gentes del duque de Medina Sidonia (el duque se incorporó más tarde), entre otros. El tercer real ocupaba la margen derecha del Guadalmedina, hasta la costa, y allí estuvieron D. Fadrique de Toledo, D. Diego Hurtado de Mendoza, el comendador mayor de León y las Órdenes de Santiago, Calatrava y Alcántara. En esa zona, en lo que hoy es la Trinidad, estableció su real la reina Isabel cuando se incorporó al asedio  más tarde. La flota, estaba al mando del noble catalán Galcerán de Requesens conde de Trivento, con los capitanes  Martín Ruiz de Mena, Garcí López de Arriarán y Antonio Bernal.
Un prolongado y encarnizado asedio
   Una vez asentado el ejército cristiano, transcurrirán más de tres meses  (desde el mes de mayo al de agosto de 1487) hasta que la ciudad se entregue. Fue un cerco muy cruento, plagado de continuos ataques y enfrentamientos en los campos aledaños de la ciudad entre la caballería e infantería de ambos bandos; pero, sobre todo, fue una guerra de desgaste, donde el castigo constante de la artillería, el hambre, las enfermedades y la guerra psicológica jugaron un papel decisivo ante la dificultad de asaltar un recinto amurallado que hacía la ciudad inexpugnable.
   Sobre el número de combatientes, los cronistas no se ponen de acuerdo: para los defensores de la ciudad, dan cifras que  oscilan entre los nueve mil guerreros según Diego de Varela, los ocho mil de Andrés Bernáldez,  y los cinco mil que establece Alonso de Palencia. En cuanto al ejército cristiano, también los datos son dispares: para Alonso de Palencia fueron doce mil caballeros y cincuenta mil infantes; mientras que para Andrés Bernáldez sumarían diez mil los de a caballo y ochenta mil los peones. Sea como fuere, hay que tener en cuenta que  en el ejército cristiano tuvieron lugar algunos relevos en el transcurso del cerco, lo cual pudo hacer variar las cifras.
   En el real se encontraban igualmente gente no combatiente, entre los que cabe destacar a carpinteros,  herreros, aserradores, hacheros (dedicados a la tala y corte de árboles), fundidores, albañiles, pedreros para buscar y labrar las piedras que iba a disparar  la artillería, azadoneros, carboneros y esparteros.  Al frente de cada uno de estos oficios había un responsable llamado "ministro", encargado de pedir los oficiales y darles lo necesario. También contaban los cristianos con maestros para fabricar pólvora, que era guardada en cuevas practicadas bajo tierra, las cuales eran vigiladas noche y día por 300 hombres, aunque era tal su uso, que los reyes tenían que pedirla a menudo a otros lugares y era traída por la flota. Otros no combatientes que residían en el real eran los prelados que trajo la reina Isabel,  los clérigos, dedicados a hacer misas, predicar y dar absoluciones plenarias por virtud de la Santa Cruzada y los  cantores de las capillas del rey y reina,  pertenecientes también al estamento clerical.
   En cuanto a las escaramuzas y enfrentamientos que sucedieron, se contaron en torno a  quince, en los que la caballería y/o la infantería  musulmana salía, bien del castillo, bien de la ciudad, para asaltar por sorpresa las estancias (posiciones militares cristianas a modo de avanzadillas dispuestas estratégicamente, más o menos cercanas a los muros y protegidas por parapetos, vallas, fosas, etc.), utilizando entre otras armas, lanzas, espingardas (especie de arcabuces) y ballestas,  llegándose a establecer la lucha cuerpo a cuerpo. Estos ataques solían dejar sobre el terreno una cantidad importante de heridos y muertos por ambas partes. Cuando la oposición del ejército cristiano era manifiesta, por la ayuda de los contingentes cercanos, los malagueños se retiraban tras los muros para intentar minimizar  las pérdidas humanas.
   En una de las últimas incursiones se hizo famosa entre los cristianos la hidalguía de un guerrero musulmán, llamado Ibrahim Zenete, lugarteniente de El Zegrí, que yendo al frente de un cuerpo de caballería, se disponía a atacar  la estancia del maestre de Alcántara. Encontrando a un grupo de jóvenes cristianos dormidos en la playa, en vez de alancearlos, los despertó y les espetó a que huyeran. Ante el reproche de algunos compañeros de armas por no haberlos matado, el cronista A.  Bernáldez escribe que Zenete contestó "no maté porque no vide barbas"
   La utilización de la artillería jugó un papel muy importante, con el fin de causar destrozos  en las murallas y en el interior de la ciudad. También contribuía a minar la moral de los sitiados. Las piezas más utilizadas eran los cuartagos o morteros pedreros, ribadoquines (cañones de pequeño calibre montados en paralelo sobre una plataforma) y, las más destructivas, las lombardas gruesas (eran famosas "las Siete Hermanas Ximonas" y "la Reina" en el bando cristiano). Los sitiados contaban igualmente con abundante artillería instalada, tanto en las torres y murallas, como en Gibralfaro.
   Al respecto, mientras escribía este trabajo, ha tenido lugar un hallazgo en la cripta de la Iglesia de Santiago de la ciudad. Esta iglesia está cercana a lo que fue la antigua muralla musulmana, a pocos metros de la Puerta de Granada. Pues bien, se están llevando a cabo unas obras de restauración del templo y al sacar escombros que antaño habían apilado en la cripta, ha aparecido un bolaño de los que bombardas y pedreros disparaban a las murallas de Málaga en la época del asedio.
   Con vistas a un  posible asalto, se practicaron por diversos lugares minas, o sea, excavaciones subterráneas que traspasasen las murallas con la doble finalidad de debilitar los muros y de poder introducir soldados en la medina. Se llevaron a cabo minas por parte del duque de Nájera, del conde de Benavente, del clavero de Alcántara y del comendador mayor de Calatrava. Cuando los defensores las descubrían, construían contraminas, les prendían fuego e incluso llegaron a enfrentarse en ellas soldados de ambos bandos.
   También se luchó por conseguir los torreones estratégicos, con diferente fortuna. Se consiguieron así algunos  que protegían  los arrabales, aunque, sin duda, el hecho más destacado en la lucha por los torreones lo protagonizaron el capitán Francisco Ramírez de Madrid "el Artillero" y sus gentes que, ya bastante avanzado el sitio, consiguieron tomar la torre defensora de la entrada de un puente  sobre el Guadalmedina que daba acceso a la ciudad (cerca del actual puente de Santo Domingo). Construyó una mina e introdujo un cuartago bajo el suelo de la torre. En la superficie fue estableciendo paso a paso baluartes y artillería. Al cuarto día, los cristianos acercaron a la torre mantas (protecciones de madera y cuero para los soldados)  y escalas. Estando en pleno combate, Francisco Ramírez mandó disparar el cuartago instalado en la mina lo que hundió el suelo de la torre, cayendo cuatro defensores y huyendo los demás, que se refugiaron en otra torre que se situaba al extremo opuesto del puente, pegada a la muralla. Al cabo de duros combates , donde la artillería fue la protagonista, se logró también tomar la segunda torre. Debido a esta heroicidad, el rey nombró caballero a Francisco Ramírez.
   En cuanto al mar, la supremacía de la flota cristiana era manifiesta, y sirvió sobre todo, a excepción de alguna escaramuza naval sin mayor importancia, para asegurar el abastecimiento al real, al tiempo que impedía el tráfico marítimo de las posibles  ayudas, tanto de militares como de suministros, procedentes de otros puertos musulmanes norteafricanos a los sitiados malagueños como antes se ha explicado.
   Con el transcurrir de los días tanto la moral como los recursos iban disminuyendo. Esto se agudizaba sobremanera  entre los ciudadanos sitiados, donde empezaba a escasear el pan. A los dos meses de sitio, en la ciudad se pasaba hambre y las crónicas narran que sus pobladores comían cueros de vaca cocidos, harina de los troncos de palma, asnos, caballos, ratas y comadrejas, lo que causaba no pocas enfermedades en la población. Aunque una buena parte de los malagueños (artesanos y comerciantes sobre todo, intentaban llegar a un acuerdo con los sitiadores, El Zagal, los gomeres a su mando y otros sectores (monfíes, renegados, apóstatas, desertores...) se oponían rotundamente  a cualquier tipo de rendición y amenazaban con matar a todo aquel que hablase a favor de ella. Los partidarios de resistir contaban con el apoyo de algunos alfaquíes (personas doctas en la ley islámica) y de "un moro santo" (visionario, especie de profeta) que arengaba a todos a defenderse hasta que recibiesen de Allah, la orden de salir y atacar a los cristianos con la seguridad de vencerlos y levantar el cerco.
   Las ayudas que Málaga demandaba a sus hermanos musulmanes (entre ellos a Boabdil), no encontraron respuesta positiva, salvo dos excepciones: una cuadrilla que al amparo de la noche intentó introducirse en la ciudad atravesando por los montes el cerco, siendo interceptados por los cristianos que dieron muerte a la mayoría y tomaron al resto prisioneros; y un destacamento de caballería e infantería enviado desde Guadix por El Zagal que fue atacado por Boabdil  (recordemos que era vasallo de Castilla) viéndose obligado a replegarse a su punto de partida.
   En lo que se refiere al desgaste que el cerco provocó en los cristianos lo solventó el rey Fernando pidiendo más apoyo, tanto en dinero, como en tropas de refresco y avituallamiento, lo cual fue atendido con celeridad por la nobleza. el clero y las ciudades, que enviaron todo tipo de ayudas. También cooperaron los portugueses y el  Imperio alemán. Como quiera que se había transmitido el rumor del descontento de algunos sectores del ejército cristiano, el rey comunicó a la reina Isabel la conveniencia de que estuviese presente en  el cerco. Ante esta solicitud, la reina partió de Córdoba, desde donde se dedicaba a las cuestiones administrativas de la guerra y  se estableció en el real hasta el final del sitio.
   El factor psicológico también jugó su papel. Se trataba de desmoronar por todos los medios la moral del contrario. Para ello los sitiados recurrían a mandar algún que otro habitante de la ciudad al real dejándose apresar por los cristianos, para así, al ser interrogado, comentar que la ciudad  estaba abastecida y que no se pensaba en entregarla pues se confiaba en la victoria final. Por su parte, los sitiadores hacían alarde de sus tropas y su maquinaria de asalto, mostrando así su fuerza y poderío militar y amontonaban el trigo para que fuese visto desde las murallas.
   En lo referente a las bajas  militares, el cronista Diego de Valera da las siguientes cifras de combatientes  muertos: tres mil cristianos y cinco mil musulmanes, que, aunque haya que verlas con cierta reserva, nos puede dar una idea aproximada de los que perdieron la vida combatiendo o a causa de las heridas o de sus secuelas. Aquí no se detallan las cifras de la población civil, en la que es de suponer que el hambre y las epidemias declaradas en la medina causarían también un buen número de fallecidos . Que el número de heridos y muertos fue también importante entre los cristianos lo podemos confirmar por la creación de un gran hospital de campaña que Diego de Valera lo describe con dos pabellones, quince tiendas y doscientas camas de colchones. Asimismo, en el real pudo aparecer algún caso de peste, según insinúa el cronista Alonso de Palencia.
El frustrado atentado a los Reyes
   Estando en pleno cerco, y ante las penurias que ya atravesaba la ciudad de Málaga, un santón llamado Ibrahim Algerbí, procedente de  Guadix, se propuso acabar con la vida de los reyes, pensando que de esa forma los cristianos levantarían el sitio. Se hizo apresar fingiendo rezar en un barranco cerca del real, siendo  llevado a presencia del marqués de Cádiz al que comunicó que sabía por revelación divina la inminente  toma de Málaga, pero que eso solo se lo diría a los reyes. El marqués lo envió ante los monarcas tal y como lo habían apresado, sin desarmarlo de un alfanje que llevaba ceñido, evidenciándose así la imprudencia y la curiosidad de los acompañantes, que iban más pendientes del personaje y sus noticias que de otra cosa.
   Llegado a la tienda de los reyes, D. Fernando no se encontraba, por haberse retirado a dormir, y la reina no quiso recibirlo hasta estar presente su marido. Ibrahim fue conducido entonces a otra tienda cercana donde se hallaban Dª. Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, conversando con  el caballero D. Álvaro de Portugal. El musulmán, que no los conocía los confundió con los monarcas y sacando su alfanje, arremetió contra D. Álvaro al que hirió en la cabeza y a Dª. Beatriz le asestó una cuchillada que, a no ser por el alboroto que se generó, hubiese sido mortal de necesidad. Ruy López de Toledo abrazó al frustrado regicida  inmovilizándolo, y la gente que lo rodeaban lo acribillaron a cuchilladas. Su cuerpo fue descuartizado y lanzado a la ciudad con un trabuco (catapulta). Por su parte, los malagueños mataron a uno de los principales cautivos cristianos y, colocado sobre un asno, lo espolearon hacia el real. 
    A partir de este hecho, se acordó que los reyes estuviesen guardados día y noche por doscientos caballeros de los reinos de Castilla y de Aragón, de manera que ninguna persona pudiese acceder a ellos con armas. De igual modo se ordenó que ningún musulmán entrase en el real sin estar perfectamente identificado y que no llegase a ellos en ningún caso.
La rendición de la ciudad
   Más arriba se han descrito las penurias que atravesaban los malagueños según transcurrían los días de asedio. Pues bien, en agosto el hambre y las necesidades hacían ya insostenible la situación, hasta tal punto que los ciudadanos, mercaderes y oficiales artesanos en su mayoría, entre los que destacaban Omar Abenamar, el alfaquí Ibrahim Alhariz y, sobre todos ellos su líder, el rico mercader Alí Dordux,  logran desalojar de la Alcazaba, por medios pacíficos a El Zegrí, que se repliega a Gibralfaro con los gomeres y demás partidarios de la resistencia a ultranza.
   El cronista Diego de Valera describe a Dordux como opulento, con un dilatado parentesco, valiente aunque precavido, pues pensaba en la seguridad propia y de sus conciudadanos, y notable tanto en ingenio como en riquezas. Alonso de Palencia, sin embargo, ofrece una visión en la que se muestra un Dordux bastante más interesado,  al que tilda de preocuparse ante todo de salvar sus caudales y la libertad de sus familiares y amigos, escondiendo el trato que los reyes tenían pensado para el resto de los habitantes de Málaga.
   Se organiza una comisión de ciudadanos liderada por Dordux para gestionar una rendición favorable.  Fracasado el intento de que, a cambio de entregar la fortaleza de la alcazaba y la ciudad, el rey dejase vivir en ella en calidad de mudéjares a todos los habitantes, los mensajeros  piden al marqués de Cádiz que interceda ante los reyes, pero éste rehúsa haciéndoles saber que el encargado de estos menesteres era el Comendador Mayor de León, D. Gutierre de Cárdenas. Entonces, el propio Dordux habla con el comendador para que lo presente ante el rey, el cual se niega a negociar argumentando que si se hubieran rendido cuando se les solicitó desde Vélez-Málaga o cuando se asentó el real, hubieran recibido el trato que se les dio a aquéllos, pero ya era tarde y solo les quedaba salir de la ciudad muertos o cautivos. El rey Católico hizo coincidir esta respuesta con un recrudecimiento de los ataques de artillería, con lo que la moral de los musulmanes decayó totalmente.
   Ante esta situación, se redacta  otra carta a los reyes, pidiéndoles misericordia y recordándoles la magnanimidad que sus antepasados habían tenido en hechos similares. La respuesta es la misma que las anteriores: rendición incondicional. La única salida posible consistía, pues, en entregar  la ciudad y esperar la misericordia de los reyes. No obstante, Alí Dordux negocia su libertad y la de sus allegados y familiares.
   Dordux entrega  la ciudad, con excepción de Gibralfaro, en la que resistía El Zegrí con los suyos. D. Fernando ordena que no se cometan actos de saqueo en la ciudad ("ningún desaguisado so pena de muerte", dice Andrés Bernáldez). También manda que trajeran a veinte malagueños principales en calidad de rehenes. Hecho esto, entraron los caballeros al mando del Comendador Mayor de León, enarbolando el estandarte real con las armas del rey y de la reina, y los pendones de la Cruz y de Santiago, los cuales fueron colocados en la torre del homenaje de la alcazaba. Se distribuyen ochocientos escuderos y quinientos espingarderos, que ocuparon la fortaleza y la ciudad junto con sus torres y murallas. También se hicieron cargo de todas las armas y la artillería existente, que fueron depositadas en la Alcazaba.
   Con respecto a la fecha de entrega de la ciudad, no hay total unanimidad entre los cuatro cronistas consultados, pues mientras que Del Pulgar, Alonso de Palencia y Andrés Bernáldez dan la fecha del 18 de agosto, Diego de Valera sitúa el evento un día después. En el acta de la primera sesión capitular del concejo de Málaga celebrado casi dos años más tarde, se da la fecha de Diego de Valera: "...fue ganada e redusida a nuestra santa fee cathólica por fuerça de armas, por el poder e fuerça de los muy altos e muy poderosos e christianíssimos prínçipes el Rey D. Fernando e la  Reyna Donna Ysabel en diez e nueve días del mes de agosto del anno del nasçimiento de nuestro sennor Ihesu Christo de mill e quatroçientos e ochenta e syete annos" (Archivo Histórico Municipal de Málaga, actas capitulares, sesión 26-06-1489, Fol.1r) .
   Tras la rendición de Málaga, se entregan las cercanas  villas de Mijas y Osunilla, que también habían resistido antes y que hostigaban a los cristianos que pasaban por sus inmediaciones. Sus habitantes (alrededor de ochocientos) junto con sus bienes, fueron trasladados  en las galeras del rey hasta la ciudad y sometidos a esclavitud.
   A los dos días, El Zegrí  entregaba Gibralfaro y era hecho prisionero junto a los gomeres, renegados y  desertores. El rey mandó acañaverear (matar con cañas cortadas en punta, a modo de saetas) a doce cristianos desertores que habían informado a los musulmanes de cosas que ocurrieron en el real y los animaban a no entregar la ciudad. Cargado de cadenas, El Zegrí hace gala de su  orgullo y convicciones, propias de caballero medieval,  cuando es preguntado sobre el porqué de su obstinación y, en palabras de Hernando del Pulgar, respondió que "...había tomado aquel cargo con obligación de morir o ser preso defendiendo su ley, e la cibdad, e honra del que ge la entregó; e que si fallara ayudadores, quisiera más morir peleando que ser preso no defendiendo la ciudad". Él,  su lugarteniente Zenete y el alfaquí Alphages, fueron encarcelados en el castillo de Carmona.
   Fernando e Isabel mandaron asentar una tienda y poner un altar extramuros, cerca de la puerta de Granada (entre las actuales plazas de María Guerrero y de la Merced ) para recibir a los cristianos que estaban cautivos de los musulmanes en Málaga. El número de cautivos varía según los cronistas, siendo seiscientos para Andrés Bernáldez, quinientos para Hernando del Pulgar y  trescientos tanto para Alonso de Palencia como para Diego de Valera, entre hombres y mujeres. Salieron en procesión portando pequeñas cruces de madera hasta la tienda de los reyes, dando gracias a Dios y a los monarcas por su liberación.  Bernáldez comenta que algunos llevaban cautivos diez, quince e incluso veinte años y los describe flacos y amarillentos por el hambre, con cadenas en los pies y el cuello y los hombres con las barbas muy largas. Los reyes los mandaron desherrar, y les dieron vestidos, alimentos y limosnas para que pudiesen volver a sus lugares de origen.
   Una vez limpia la ciudad de cadáveres y de olores y consagrada la mezquita mayor bajo la advocación de Santa María de la Encarnación, los Reyes Católicos entraron en la ciudad en solemne procesión acompañados por el Cardenal de España D. Pedro González de Mendoza y los caballeros del real y se dirigieron a aquella iglesia,  a escuchar misa solemne.
   El cardenal Mendoza otorgó a la iglesia de la Encarnación categoría de Catedral repartiendo las dignidades, canongías, raciones y capellanías y  estableció la Diócesis de Málaga a la que estaban sujetas las ciudades de Ronda y Vélez-Málaga junto con las villas de Álora, Cártama, Casarabonela y Coín, así como también las villas y aldeas de la Serranía de Ronda, de la Algarbía y de la Axarquía. Como obispo de la diócesis malagueña fue propuesto  D. Pedro de Toledo al papa Inocencio VIII, lo que es ratificado por el pontífice al tiempo que confirma las iglesias fundadas en la ciudad y todos los cargos y dignidades otorgados por el Cardenal de España.
   Pusieron los reyes como alcaide y corregidor de Málaga a D. Garcí Fernández Manrique, con poder para hacer justicia tanto en la ciudad como en las tierras que quedaban bajo la jurisdicción de ella: Cártama, Casarabonela, Coín y las villas y aldeas de la Algarbía y la Axarquía. También se nombraron alcaldes, regidores, jurados y escribanos para regir y administrar la zona.
   Asimismo, se nombraron repartidores para adjudicar las casas de la ciudad a sus nuevos propietarios cristianos y para delimitar la jurisdicción de la tierra y las aldeas. Se dieron, igualmente,  fueros y leyes para la buena administración de la ciudad y sus tierras.
   No obstante, la primera sesión del Concejo de Málaga no tendrá lugar hasta  casi dos años después, el 26 de junio de 1489, en cuya acta capitular se recogen las directrices y preceptos que regulaban las normas para la reunión, asistencia, participación, deliberación y votación de los asuntos tratados.
Distinta suerte de los vencidos
   No todos los habitantes que se encontraban en la ciudad corrieron la misma suerte ni recibieron el mismo trato cuando ésta se entregó. Vamos a distinguir entre el grupo de Alí Dordux; los gomeres, renegados, apóstatas y desertores; la población musulmana malagueña en general; y la población judía.
   El rico mercader Alí Dordux consiguió el perdón para sí y para cuarenta casas de sus parientes para que "quedasen libres e francos en la ciudad con todo lo suyo por mudéjares", según narra Andrés Bernáldez.
   En el anterior apartado hemos visto la suerte que corrió El Zegrí y su lugarteniente, así como   algunos de los desertores. El resto de apóstatas y renegados fueron quemados vivos (Alonso de Palencia).
   En lo referente a los gomeres norteafricanos y otros bereberes (unos dos mil quinientos, según Valera), no se les dio opción al rescate y fueron sometidos automáticamente a la esclavitud, siendo repartidos entre los nobles, caballeros y soldados distinguidos cristianos. Al papa Inocencio VIII se le envió cien de ellos, a los que procesionó por toda Roma y los hizo convertir en cristianos.
   Constituían alrededor de once mil habitantes, según Bernáldez, y quince mil, según Varela. Cuando los cristianos tomaron la ciudad, fueron obligados a desalojar sus casas y conducidos con todos sus cosas de valor a un gran corral situado en la Alcazaba. Allí se les dio de comer, a costa de sus dineros, fueron contados y se inventariaron los bienes que entregaron, los cuales se hicieron líos y se sellaron. En esa situación estuvieron hasta que fueron repartidos.
   Andrés Bernáldez nos cuenta con detalle cuáles fueron las condiciones del rescate para  eludir la esclavitud:
   Se estipuló el rescate de cada uno de los habitantes vivos, tanto niños, adultos o ancianos, en el momento de entrar en el corral en treinta doblas zahenes (la dobla zahén era una moneda de oro usada por los musulmanes que equivalía a cuatrocientos cuarenta y cinco maravedíes. Según el historiador Manuel Fernández Álvarez, en su libro Isabel la Católica (2004), un maravedí equivaldría aproximadamente a 0,50 € , por lo tanto, podríamos cifrar el rescate de cada persona en unos siete mil euros.
    Tenían que dar en señal todo el oro, plata, perlas, ropas, alhajas, sedas y riquezas, lo cual  sería tasado y se les daría un valor.
    Lo que faltase, habrían de pagarlo en ocho meses (dieciséis meses en dos plazos, aclara Alonso de Palencia), de forma mancomunada, es decir, si uno no pagaba, el resto tenía que hacerlo por él y si alguno moría en ese tiempo, igualmente los demás tenían que pagar su rescate.
   Si se incumplían los plazos, pasaban todos a la esclavitud. Si se pagaba, serían todos libres para irse o quedarse donde quisieran.
   Hasta cumplirse el tiempo del rescate, fueron repartidos por algunas ciudades y villas andaluzas, por casas de vecinos, a razón de uno o dos por casa, para que, a cambio de alimentarlos, se sirviesen de ellos. Algunos de ellos, marcharon a Guadix, Baza, Almería y Granada a intentar recaudar dinero para el rescate, pero no recibieron nada. Otro grupo, acompañados por Cristóbal Mosquera, viajó al norte de África para recabar limosnas, cosa que tampoco lograron.
   El resultado fue que no consiguieron pagar el rescate, por lo que todos fueron reducidos a la esclavitud.
   Se contaban los judíos malagueños en torno a las 450 almas. Su suerte fue mejor que las de sus paisanos musulmanes. Su rescate se estableció en veinte mil doblas zahenes. Como ocurriera con los musulmanes, se les tomaron sus bienes y riquezas a cuenta, haciendo líos con lo que cada uno aportaba. Fueron separados de los musulmanes y de la gestión del rescate se encargó un judío llamado Abraham Señor, arrendador real de las aljamas y juderías de Castilla, el cual logró reunir el rescate y, con ello, liberar a sus correligionarios que pudieron quedarse en la judería de la ciudad.
   Para terminar, incluyo estos versos pertenecientes a una obra con reminiscencias del romanticismo que, aunque algo panfletaria en su conjunto, en estos ocho versos recoge aspectos dignos de ambos bandos:
     Allí fué de Pulgar la valentía,
     De Hamet Zegrí la indómita fiereza,
     Del Conde de Cifuentes la osadía,
     De Ibraím el Zenete la nobleza;
     De Ramírez Madrid la bizarría.
     De Dordúx la altivez y la entereza;
     Todos fueron en uno y otro bando
     Famélicos leones peleando.
   Octava real extraída de ARCO Y MOLINERO, Ángel del: "La Reconquista de Málaga. Canto épico”, pág 21. Tip. “La Publicidad”, Granada, 1888 (Juan V. Navarro Valls, La toma de Málaga por los Reyes Católicos, en www.historiartemalaga.com)
Conozcamos mejor la Biografía de Eduardo Cano, autor de la obra reseñada;
     Eduardo Cano de la Peña, (Madrid, 20 de marzo de 1823 – Sevilla, 1 de abril de 1897). Pintor, profesor y catedrático de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla.
     Tras su nacimiento en Madrid, donde su padre (Melchor Cano) ejer­cía como arquitecto y académico de San Fernando, se trasladó a Sevilla, al ser éste nombrado arquitecto ma­yor de la ciudad en 1826. Pese a los deseos paternos, decidió estudiar Dibujo y Música, que inició en la Real Escuela de Nobles Artes de Sevilla en 1835. Su sólida formación en dibujo le llevó a realizar las pri­meras ilustraciones para La Sevilla pintoresca (1844), de Amador de los Ríos. Con veinticinco años, fue elegido miembro honorario de la Real Academia de Nobles Artes de Santa Isabel y fue nombrado para desempeñar la clase de Principios de Dibujo. Poco después, accedió a la condición de académico nume­rario de la mencionada corporación y también fue profesor de Colorido y Composición.
     Hacia mitad de siglo, comenzó la ascensión en una prometedora carrera profesional y artística, a la que contribuyó su estancia en Madrid. Allí estudió du­rante tres años en la Escuela Especial de Pintura, Es­cultura y Grabado —dependiente de la Real Aca­demia de San Fernando—, bajo la dirección de los reputados artistas Carlos Luis de Ribera, José y Fe­derico de Madrazo. Por su buen aprovechamiento en este centro, se le otorgó una pensión en París (1853-1856) de 1.500 pesetas anuales. El joven pintor quedó deslumbrado por la hermosa ciudad, en la que pudo contemplar la Exposición Universal de 1855, que coincidía con el inicio de la nueva estética del realismo. Estas circunstancias influyeron en la génesis de su obra Colón en la Rábida (1856), ganadora de la Primera Medalla en la primera Exposición Nacio­nal de Bellas Artes de Madrid. En la segunda, volvió a lograr el galardón con El entierro de Don Álvaro de Luna (1858). Los dos son grandes lienzos, auténticos telones, en los que el artista vierte muchos metros de historia pintada con énfasis y erudición. Comenzó, así, la tendencia realista en la historia de la pintura es­pañola que, sin solución de continuidad, llegó hasta 1929 con la obra El desembarco de Alhucemas, de Mo­reno Carbonero.
     De regreso a Sevilla en 1859, Cano inició en la Es­cuela de Bellas Artes —de la que la Reina le había nombrado, por méritos, catedrático de Colorido y Composición—, un fecundo magisterio; para algu­nos, verdadera renovación de la escuela pictórica hispalense, que entonces agotaba la moda del costum­brismo romántico. Su labor se dejó sentir sobre una pléyade de jóvenes promesas del arte local, a quienes inculcó la estética que representaba el tránsito del ci­tado romanticismo al realismo. Prueba de ello, pudo ser su actividad como ilustrador en El arte en España (1862), El Museo Universal (1864) y La Ilustración Artística, así como en la revista quincenal La Bonanza. Al mismo tiempo, desde su cargo en la Comisión de Monumentos se preocupaba por la conservación del patrimonio arquitectónico, urbanístico y artístico sevillano; en este sentido, se opuso, con energía y a riesgo incluso de su propia integridad física, a los derribos y desmanes que, con ocasión de la Revolución del 68, se llevaron a cabo en las murallas perimetrales de la ciudad y acabaron con la iglesia de San Miguel. También propició la conservación de los valiosos fres­cos del monasterio de San Isidoro del Campo (San­tiponce). En 1867, logró consideración de Primera Medalla en la Exposición Nacional con su obra Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga; en rigor, un homenaje simul­táneo a tales Soberanos y a la no menos benefactora nueva Isabel, poco antes de su destronamiento.
     La década del setenta supuso para el artista ya ma­duro una renovación biográfica y artística. Si, por una parte, contrajo matrimonio a la edad de cua­renta y nueve años con Bárbara de la Azuela y Ro­bles, oriunda de El Puerto de Santa María, un año antes, conoció en Sevilla al ya reputado y joven Ma­riano Fortuny, que influyó sobre él con su proverbial neorromanticismo, de técnica suelta, chispeante y co­lorista, dando paso al cultivo de obras de género, la mayoría de asuntos literarios —muchos de ellos cer­vantinos—. Al mismo tiempo, pintó retratos y algún autorretrato con una estética que va desde los proto­tipos iconográficos románticos un tanto idealizados hasta los de filiación realista, parcos en detalles y so­brios en accesorios. Desde entonces también cultivó el cuadro de tema religioso, pese al decaimiento de la pintura de este género, en el que está presente la huella de Murillo, algo también de Zurbarán y ciertas referencias nazarenas cargadas de pietismo y de efec­tos artificiosos.
     En 1883, Cano, ya viudo, se casó con la pintora francesa Marie Louise Le Foulon Taboure, con la que tuvo una hija, Ramona, también pintora. Cuatro años después, al morir su segunda esposa, contrajo un nuevo matrimonio con la valenciana, avecindada en Sevilla, Concepción Domingo Llunch.
     Los últimos años de la vida del pintor transcurrie­ron en Sevilla, alternando la práctica de la pintura con la docencia en la Escuela de Bellas Artes, en la que se jubiló, tras ostentar la dirección de la misma, en 1893. Cuatro años después, falleció en su casa del barrio de San Vicente (Gerardo Pérez Calero, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Los Reyes Católicos recibiendo a los cautivos cristianos en la conquista de Málaga", de Eduardo Cano, en la sala XII, del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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