Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Marina, de Sevilla, dando un paseo por ella.
Hoy, 18 de julio, en Galicia de España, Santa Marina, virgen y mártir, celebrada hasta febrero de 1969, cuando fue retirada del Martirologio Romano por Pablo VI.
Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santa Marina, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Santa Marina es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle San Luis, a la calle Padre Manjón.
Es una duplicación de la santa Margarita de los latinos, cuya fiesta se celebra el 10 de julio.
Según la Leyenda Dorada, era hija única de un padre que al enviudar ingresó en un convento.
Hizo vestir a su hija con ropas masculinas para que pudiera ser recibida en el mismo convento que él, donde adoptó el nombre de hermano Marín y juró no revelar jamás que era mujer.
Pero una monja disfrazada de monje no está a cubierto de ciertos riesgos. Una mujer embarazada pretendió haber sido violada por el hermano Marín. El mentido monje no se defendió de esta falsa acusación y aceptó con humildad las consecuencias. La impostura sólo se reveló a la hora de la muerte del hermano Marín, porque los monjes, al preparar el cadáver para las honras fúnebres descubrieron con asombro el prolongado error, el pretendido monje lascivo era una víctima inocente, un modelo de castidad, "la perla de las vírgenes (gemma virginum)". La misma aventura se atribuye a Santa Eugenia, santa Eufrósina y santa Pelagia. El tema de la Virgen monje (Monch Jungfrau) es un tópico de la hagiografía: es lo que se denomina la monaco partenia. La leyenda de la papisa Juana sería una de sus última variantes.
El culto de santa Marina está probado en Grecia, donde reemplaza a Artemisa, diosa de la castidad, y entre los maronitas y los armenios que lo llevaron a Venecia. En la isla de la Cité de París, había una iglesia puesta bajo su advocación, que era la más pequeña de las parroquias parisinas, la del arzobispado.
A santa Marina se la ha representado con hábito de monje y un niño desnudo en los brazos. En el arte bizantino empuña un martillo con el cual golpea al diablo a quien tiene cogido por los pelos.
Las miniaturas francesas la muestran sobre todo entrando al convento con su padre o alimentando a su presunto hijo.
Santa española cuya leyenda reproducía exactamente la de santa Margarita. Es patrona de Orense.
Fue devorada por un dragón de cuyo vientre salió triunfal (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Marina, virgen y mártir;
Santa Marina de Aguas Santas, (Ginzo de Limia, Orense, 123 – Santa Marina de Aguas Santas, Orense, 138). Virgen, mártir y santa.
El relato tradicional de la vida de santa Marina señala a la villa de Ginzo de Limia como el lugar de su nacimiento, en un entorno cercano a la laguna de Antela llamado Antiochía. Por entonces, la comarca de la Limia era una población muy romanizada (Forum Limicorum), por donde transcurría la Vía Nova, Vía XVIII que unía las poblaciones de Bracara (Braga, Portugal) y Asturica (Astorga). Cuando nació Marina, los romanos llevaban en estas tierras casi trescientos años de colonización, desde la campaña de Décimo Junio Bruto (el “Galaicus”) en el año 136 a. C.
Su padre, llamado Theudio o Teódulo, era un personaje significado, con poder, en aquel contexto de romanización. Su madre, cuyo nombre se ignora, murió en el parto de la niña.
Por necesidades de la crianza, su padre eligió a una buena mujer para nodriza de su hija, siguiendo las recomendaciones de los médicos del momento, como Sorano de Éfeso, que en su libro Las enfermedades de la mujer (siglo II) describe las convenientes características de la misma.
Theudio eligió a una labradora de la cercana Pinnitus (Piñeira de Arcos), que presentaba las características exigidas. Esta mujer pasó a la historia como “Aya” de Marina.
Se cuenta que aquella comunidad era visitada y animada por el presbítero Teótimo, quien tuvo ocasión de acompañar a Marina durante su cautiverio y martirio, según cuenta Juan Muñoz de la Cueva tras consultar un manuscrito de fray Egidio de Zamora (siglo XIII), quien “testifica que la historia de esta santa la copió de un escrito del santo sacerdote Theótimo, a quien también cita el breviario de Palencia, que asistió y consoló a Santa Marina hallándose presente a su martirio”.
Educada por su aya, en el seno de aquella comunidad, optó por la vida cristiana y recibió el bautismo en la nueva fe, que le separó definitivamente de su padre Theudio, de los ideales de su familia natural y de los objetivos del Imperio romano, del cual era ciudadana.
Vivió la vida ordinaria de una casa rural, dedicada a la labranza y al pastoreo, que fue alterada el día en que, quinceañera, estando ella guardando el ganado, en un espacio próximo a la vía que conducía al presidum de la cibdá de Armea (hoy en pleno trabajo de excavaciones arqueológicas), el joven prefecto romano Olibrio la vio de casualidad y se encaprichó de ella, queriéndola hacer esposa, concubina o esclava, según reglamentaba el derecho matrimonial romano (jus connubii), pues desconocía la procedencia social, de la hermosa desconocida. Negándose ella repetidamente a las pretensiones del prefecto, éste llegó a acusarla de cristiana para deshacerse de ella. Dado que estaba vigente el Decreto de Trajano, los jueces del imperio la condenaron a morir si no renunciaba de la fe en Jesucristo.
En el juicio no renegó de su fe ni se prestó a ofrecer incienso a los dioses de Roma, por eso fue condenada a morir decapitada, como correspondía a una ciudadana romana. Era el año 138 (año en que también murió el 10 de julio el emperador Adriano).
Por mandato legal para la ejecución, condujeron a la rea a la distancia obligada de la población, al descampado que era donde hoy se erige la iglesia y población de Santa Marina de Aguas Santas. Allí el verdugo, en el lugar que hoy conmemora la capilla de Santo Tomé, le cortó la cabeza manando aguas cristalinas en el lugar en que ésta tocó el suelo. Aguas que continúan siendo veneradas por los fieles y que conservan sus propiedades taumatúrgicas.
Los hermanos cristianos que fueron testigos de aquellos sucesos guardaron memoria de los mismos y del lugar de su enterramiento, convirtiéndose aquel sepulcro en lugar de celebración, como aciertan a atestiguarlo la piedra con inscripciones cultuales que asienta hoy debajo de la mesa del altar mayor del templo románico de Santa Marina de Aguas Santas y un capitel suevo que indica la nobleza de la arquitectura que muy temprano se desarrolló en torno al venerado mausoleo.
Después del Edicto de Milán (313), estando el lugar del enterramiento en las cercanías de la Ribeira Sacra orensana, es probable que un grupo de anacoretas o monjes habitase aquel lugar para cuidar de la memoria de la santa y facilitar el culto cristiano ante el testimonio martirial de su sepulcro.
En torno al año 800, en tiempos de Alfonso II el Casto, rey de Asturias, y contemporáneo con la inventio del sepulcro del apóstol Santiago, se inició un culto en torno a la memoria de santa Marina que consolidó en el magnífico templo románico de finales del siglo XII en Aguas Santas, y a partir de ahí el rey Fernando III erigió, tras la conquista de Córdoba (1236) y Sevilla (1248), las respectivas iglesias en honor a santa Marina en cada uno de dichos lugares, entronizando su figura por las tierras reconquistadas.
El cardenal César Baronio la incorporó en el Martirologio Romano de 1586, rubricado por el papa Gregorio XIII, celebrándose desde entonces su festividad el día 18 de julio.
Hoy la devoción de los fieles cristianos a santa Marina continúa estando presente, manifestada por la cantidad de peregrinos que desde distintos lugares acuden a orar y venerar a la santa en el lugar de su martirio y enterramiento, al lado de su sepulcro, visible y visitable (Arturo R. Fuentes Varela, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Marina, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.
Hoy, 18 de julio, en Galicia de España, Santa Marina, virgen y mártir, celebrada hasta febrero de 1969, cuando fue retirada del Martirologio Romano por Pablo VI.
Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la calle Santa Marina, de Sevilla, dando un paseo por ella.
La calle Santa Marina es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de San Julián, del Distrito Casco Antiguo; y va de la calle San Luis, a la calle Padre Manjón.
La calle, desde el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en la población histórica y en los sectores urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las edificaciones colindantes entre si.
En cambio, en los sectores de periferia donde predomina la edificación abierta, constituida por bloques exentos, la calle, como ámbito lineal de relación, se pierde, y el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
Recibe esta denominación al menos desde el s. XVI por la iglesia de igual advocación, a la que bordea en dos laterales, por lo que también se llamo Tras de Santa Marina. En 1845 quedó anexionada a San Luis para volver a recuperar su denominación tradicional en 1868. Es una calle en forma de ángulo recto, con una corta barreduela en la misma intersección. Se encuentra cerrada al tráfico rodado. El primer tramo, donde tres escalones salvan el desnivel de la calle, ha sido recientemente pavimentado con cantos rodados cementados; se ilumina mediante farolas de brazos de fundición adosados a las fachadas. La acera de los pares fue alineada en 1906, pero la de los impares se ajusta a la planta de la iglesia, llegando a estrecharse considerablemente en algún punto. El segundo tramo, el trasero a la iglesia, se encuentra en un estado de abandono acusado, por la acumulación de escombros; existe un gran desnivel entre ésta y Padre Manjón, que es salvado por una escalinata recientemente construida, pues hasta hace poco estaba terraplenada con albero. La acumulación de escombros en Santa Marina ha debido ser una constante histórica, a juzgar por las reiteradas referencias; al hecho han contribuido su condición de calle trasera, la ubicación en ella del cementerio y la existencia de huertas, que tenían su entrada por la misma calle hasta mediados del s. XIX (plano de Sartorius, l848), y actualmente a que se esté restaurando la iglesia y se utilice esta calle como depósito de materiales de construcción. En el primer tramo, salvo una vivienda de dos plantas ocupada ahora por varios vecinos, se ha procedido a la sustitución del caserío tradicional por casas de pisos de tres plantas, así como en la barreduela, donde hasta hace unos años un extenso solar hacía las funciones de basurero. En la trasera a la iglesia se levantan dos casas de escalera de dos plantas, coetáneas a la apertura del segundo tramo de Padre Manjón. Mantiene, pues, su condición de calle marginal y el único movimiento que registra es el de los propios vecinos [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de Santa Marina; Es una duplicación de la santa Margarita de los latinos, cuya fiesta se celebra el 10 de julio.
Según la Leyenda Dorada, era hija única de un padre que al enviudar ingresó en un convento.
Hizo vestir a su hija con ropas masculinas para que pudiera ser recibida en el mismo convento que él, donde adoptó el nombre de hermano Marín y juró no revelar jamás que era mujer.
Pero una monja disfrazada de monje no está a cubierto de ciertos riesgos. Una mujer embarazada pretendió haber sido violada por el hermano Marín. El mentido monje no se defendió de esta falsa acusación y aceptó con humildad las consecuencias. La impostura sólo se reveló a la hora de la muerte del hermano Marín, porque los monjes, al preparar el cadáver para las honras fúnebres descubrieron con asombro el prolongado error, el pretendido monje lascivo era una víctima inocente, un modelo de castidad, "la perla de las vírgenes (gemma virginum)". La misma aventura se atribuye a Santa Eugenia, santa Eufrósina y santa Pelagia. El tema de la Virgen monje (Monch Jungfrau) es un tópico de la hagiografía: es lo que se denomina la monaco partenia. La leyenda de la papisa Juana sería una de sus última variantes.
El culto de santa Marina está probado en Grecia, donde reemplaza a Artemisa, diosa de la castidad, y entre los maronitas y los armenios que lo llevaron a Venecia. En la isla de la Cité de París, había una iglesia puesta bajo su advocación, que era la más pequeña de las parroquias parisinas, la del arzobispado.
A santa Marina se la ha representado con hábito de monje y un niño desnudo en los brazos. En el arte bizantino empuña un martillo con el cual golpea al diablo a quien tiene cogido por los pelos.
Las miniaturas francesas la muestran sobre todo entrando al convento con su padre o alimentando a su presunto hijo.
Santa española cuya leyenda reproducía exactamente la de santa Margarita. Es patrona de Orense.
Fue devorada por un dragón de cuyo vientre salió triunfal (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
Conozcamos mejor la Biografía de Santa Marina, virgen y mártir;
Santa Marina de Aguas Santas, (Ginzo de Limia, Orense, 123 – Santa Marina de Aguas Santas, Orense, 138). Virgen, mártir y santa.
El relato tradicional de la vida de santa Marina señala a la villa de Ginzo de Limia como el lugar de su nacimiento, en un entorno cercano a la laguna de Antela llamado Antiochía. Por entonces, la comarca de la Limia era una población muy romanizada (Forum Limicorum), por donde transcurría la Vía Nova, Vía XVIII que unía las poblaciones de Bracara (Braga, Portugal) y Asturica (Astorga). Cuando nació Marina, los romanos llevaban en estas tierras casi trescientos años de colonización, desde la campaña de Décimo Junio Bruto (el “Galaicus”) en el año 136 a. C.
Su padre, llamado Theudio o Teódulo, era un personaje significado, con poder, en aquel contexto de romanización. Su madre, cuyo nombre se ignora, murió en el parto de la niña.
Por necesidades de la crianza, su padre eligió a una buena mujer para nodriza de su hija, siguiendo las recomendaciones de los médicos del momento, como Sorano de Éfeso, que en su libro Las enfermedades de la mujer (siglo II) describe las convenientes características de la misma.
Theudio eligió a una labradora de la cercana Pinnitus (Piñeira de Arcos), que presentaba las características exigidas. Esta mujer pasó a la historia como “Aya” de Marina.
Se cuenta que aquella comunidad era visitada y animada por el presbítero Teótimo, quien tuvo ocasión de acompañar a Marina durante su cautiverio y martirio, según cuenta Juan Muñoz de la Cueva tras consultar un manuscrito de fray Egidio de Zamora (siglo XIII), quien “testifica que la historia de esta santa la copió de un escrito del santo sacerdote Theótimo, a quien también cita el breviario de Palencia, que asistió y consoló a Santa Marina hallándose presente a su martirio”.
Educada por su aya, en el seno de aquella comunidad, optó por la vida cristiana y recibió el bautismo en la nueva fe, que le separó definitivamente de su padre Theudio, de los ideales de su familia natural y de los objetivos del Imperio romano, del cual era ciudadana.
Vivió la vida ordinaria de una casa rural, dedicada a la labranza y al pastoreo, que fue alterada el día en que, quinceañera, estando ella guardando el ganado, en un espacio próximo a la vía que conducía al presidum de la cibdá de Armea (hoy en pleno trabajo de excavaciones arqueológicas), el joven prefecto romano Olibrio la vio de casualidad y se encaprichó de ella, queriéndola hacer esposa, concubina o esclava, según reglamentaba el derecho matrimonial romano (jus connubii), pues desconocía la procedencia social, de la hermosa desconocida. Negándose ella repetidamente a las pretensiones del prefecto, éste llegó a acusarla de cristiana para deshacerse de ella. Dado que estaba vigente el Decreto de Trajano, los jueces del imperio la condenaron a morir si no renunciaba de la fe en Jesucristo.
En el juicio no renegó de su fe ni se prestó a ofrecer incienso a los dioses de Roma, por eso fue condenada a morir decapitada, como correspondía a una ciudadana romana. Era el año 138 (año en que también murió el 10 de julio el emperador Adriano).
Por mandato legal para la ejecución, condujeron a la rea a la distancia obligada de la población, al descampado que era donde hoy se erige la iglesia y población de Santa Marina de Aguas Santas. Allí el verdugo, en el lugar que hoy conmemora la capilla de Santo Tomé, le cortó la cabeza manando aguas cristalinas en el lugar en que ésta tocó el suelo. Aguas que continúan siendo veneradas por los fieles y que conservan sus propiedades taumatúrgicas.
Los hermanos cristianos que fueron testigos de aquellos sucesos guardaron memoria de los mismos y del lugar de su enterramiento, convirtiéndose aquel sepulcro en lugar de celebración, como aciertan a atestiguarlo la piedra con inscripciones cultuales que asienta hoy debajo de la mesa del altar mayor del templo románico de Santa Marina de Aguas Santas y un capitel suevo que indica la nobleza de la arquitectura que muy temprano se desarrolló en torno al venerado mausoleo.
Después del Edicto de Milán (313), estando el lugar del enterramiento en las cercanías de la Ribeira Sacra orensana, es probable que un grupo de anacoretas o monjes habitase aquel lugar para cuidar de la memoria de la santa y facilitar el culto cristiano ante el testimonio martirial de su sepulcro.
En torno al año 800, en tiempos de Alfonso II el Casto, rey de Asturias, y contemporáneo con la inventio del sepulcro del apóstol Santiago, se inició un culto en torno a la memoria de santa Marina que consolidó en el magnífico templo románico de finales del siglo XII en Aguas Santas, y a partir de ahí el rey Fernando III erigió, tras la conquista de Córdoba (1236) y Sevilla (1248), las respectivas iglesias en honor a santa Marina en cada uno de dichos lugares, entronizando su figura por las tierras reconquistadas.
El cardenal César Baronio la incorporó en el Martirologio Romano de 1586, rubricado por el papa Gregorio XIII, celebrándose desde entonces su festividad el día 18 de julio.
Hoy la devoción de los fieles cristianos a santa Marina continúa estando presente, manifestada por la cantidad de peregrinos que desde distintos lugares acuden a orar y venerar a la santa en el lugar de su martirio y enterramiento, al lado de su sepulcro, visible y visitable (Arturo R. Fuentes Varela, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Santa Marina, de Sevilla, dando un paseo por ella. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.
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La calle Santa Marina, al detalle:

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