Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Hacienda Torre de Doña María, en Dos Hermanas (Sevilla).
Hoy, 1 de julio, se inicia el mes en el que la historiografía tradicional fecha el fallecimiento de Doña María de Padilla, así que hoy es el mejor día que hoy para Explicarte la Hacienda Torre de Doña María, en Dos Hermanas (Sevilla).
La Hacienda Torre de Doña María se encuentra en el pago homónimo muy próxima al núcleo urbano de Dos Hermanas y al arroyo de las culebras. Su acceso se realiza desde la nueva autovía Sevilla-Dos Hermanas, cerca del kilómetro 4 se levanta la monumental portada que anuncia la entrada a la finca y de la que arranca el camino que asciende hasta el caserío, que se presenta rodeado de una frondosa vegetación elevado sobre una loma. Responde, básicamente, a la tipología tradicional de este tipo de edificaciones. Se estructura en torno a un amplio patio central que, en este caso, presenta planta trapezoidal, alrededor del cual se disponen crujías perimetrales, duplicadas en las caras Norte y Oeste.
Hoy, 1 de julio, se inicia el mes en el que la historiografía tradicional fecha el fallecimiento de Doña María de Padilla, así que hoy es el mejor día que hoy para Explicarte la Hacienda Torre de Doña María, en Dos Hermanas (Sevilla).
La Hacienda Torre de Doña María se encuentra en el pago homónimo muy próxima al núcleo urbano de Dos Hermanas y al arroyo de las culebras. Su acceso se realiza desde la nueva autovía Sevilla-Dos Hermanas, cerca del kilómetro 4 se levanta la monumental portada que anuncia la entrada a la finca y de la que arranca el camino que asciende hasta el caserío, que se presenta rodeado de una frondosa vegetación elevado sobre una loma. Responde, básicamente, a la tipología tradicional de este tipo de edificaciones. Se estructura en torno a un amplio patio central que, en este caso, presenta planta trapezoidal, alrededor del cual se disponen crujías perimetrales, duplicadas en las caras Norte y Oeste.
El señorío no ocupa la posición normal, centrada con el acceso, sino que se ubica en la esquina Noroeste de la edificación, accediéndose al mismo a través de espacio porticado. Volumétricamente el conjunto se caracteriza por su marcada horizontalidad alterada en sus cuatro ángulos por torres almenadas. Tres de ellas son de planta cuadrada y otra, la situada en la zona del señorío, presenta planta de seis lados, sobresaliendo del muro de fachada. Además junto a ésta se encuentra la antigua Torre de Doña María, que le da nombre a la finca. En las fachadas exteriores se abren una serie de vanos de diferentes dimensiones (puertas y ventanas) formados por arcos polilobulados y de herradura enmarcados por alfices. Los muros de las fachadas están rematados por merlones de capuchón.
En la crujía de acceso se disponen una serie de dependencias que sirven de vivienda a los trabajadores de la hacienda, ocupando la posición central de la misma. En la crujía Norte, junto al señorío, se disponían el molino y el depósito, dependencias destinadas en la actualidad a taller y cocheras. La crujía Este alberga los graneros y otras dependencias secundarias, quedando al exterior y con acceso independiente los patios de los aperos.
Especial interés presenta el jardín anexo, con planta rectangular estructurada mediante dos calles ortogonales que se cruzan en una plazoleta central en la que se encuentra una fuente ornamental de planta octogonal.
Uno de los elementos fundamentales es el patio. Tiene planta rectangular y suelo empedrado en forma de damero. En su lado izquierdo se ubica un pozo con brocal de piedra y herraje con polea, rodeado de naranjos y un ciprés. A la misma altura, pero en el lado contrario del patio y adosado a la fachada de las cuadras, existe un abrevadero o pilón enmarcado por un arco apuntado en cuyo centro hay una hornacina con una escultura clásica. Alrededor del patio están las siguientes dependencias: señorío, graneros, almacenes, cuadras y viviendas del capataz y de otros trabajadores. Todo ello formando un conjunto donde predomina el encalado de los muros y vanos de puertas y ventanas con arcos de reminiscencia islámica. También encontramos elementos clásicos de acarreo (columnas, capiteles, mosaicos, etc.) adornando algunas zonas del patio.
La Torre de Doña María, de planta rectangular, es la construcción más emblemática y sobresaliente de la hacienda. Tiene dos plantas se encuentra cubierta con terraza rodeada de almenas. A ella se accede desde el patio principal a través de una pequeña portada con arco apuntado flanqueado por dos columnas añadidas de material de acarreo. La planta baja hace función de sacristía al estar comunicada con la capilla. El vano de entrada, presenta arco de herradura enmarcado en un alfiz ornamentado con yeserías formando un arco polilobulado. El segundo cuerpo presenta un vano de herradura muy apuntado enmarcado por un alfiz, junto al cual aparece un ojo de buey ovalado. La torre se encuentra comunicada con la vivienda o señorío a través de una puerta de acceso al comedor principal.
Tanto la torre como la capilla son las zonas mudéjares más primitivas del conjunto, siendo el resto de las dependencias neomudéjares (la "Casa Mora", el Jardín Ornamental y el templete). El templete, encalado en blanco, es de planta cuadrada similar a un arco cuadrifonte, con arcos de herradura apuntado enmarcado por arco polilobulado y alfiz, rematado en sus ángulos por merlones escalonados y coronado por cúpula octogonal en cuyo centro se eleva el yamur de tradición islámica.
Al patio del caserío se accede a través de una portada formada por un arco apuntado que está decorado con motivos de clara inspiración islámica y flanqueado por dobles pilastras que sostienen un entablamento cuyo friso porta un rótulo donde aparece el nombre de la finca Torre de Doña María. Todo ello queda coronado por merlones de tipo omeya, convirtiéndose el central en una pequeña espadaña con campana rematada por una cruz de forja.
La estructura portante es, básicamente, de muros de carga de fábrica de ladrillo, enfoscados y encalados. Sobre éstos se dispone la armadura de madera de soporte de la cubierta, que es en su mayoría a dos aguas y que en las dependencias auxiliares se deja vista, con correas de madera y tablero de ladrillo sobre la que se dispone la cubrición de teja cerámica curva. En algunas dependencias se ha sustituido la teja por una cubierta de fibrocemento que se dispone directamente sobre la antigua armadura de madera.
Históricamente corresponde a la hacienda donada por el rey Pedro I de Castilla a Doña María de Padilla, pasando con posterioridad a propiedad de la Catedral de Sevilla. Tras la Desamortización pasó a manos de la familia Ybarra, en cuya propiedad continúa hoy día. La torre que da nombre a esta hacienda fue incluida dentro de la nueva construcción a la que fue sometido el recinto en 1920, obras realizadas por el arquitecto José Gutiérrez Lescura, autor del pabellón de Marruecos de la Exposición Iberoamericana de 1929.
Hay que destacar la existencia de un aljibe de planta rectangular, hoy día cubierto casi en su totalidad. En la zona hay constancia de la existencia de al menos dos necrópolis romanas, conservándose en la torre una pequeña colección arqueológica. También hay testimonios de la proximidad de un yacimiento paleolítico al aire libre.
Se encuentra situada en el centro de un área arqueológica de gran riqueza, en la que se han detectado hasta cinco yacimientos romanos.
En la actualidad no se usa como molino almazara, presentando en buen estado de conservación, sin apreciarse alteraciones tipológicas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Biografía de Doña María de Padilla, primera propietaria de la Hacienda reseñada:
María de Padilla era hija de Diego García de Padilla y de su esposa María González de Hinestrosa. Pertenecía, por lo tanto, a una familia de la nobleza intermedia que tenía diversas posesiones en las tierras de la cuenca del Duero, y ante todo cerca de la localidad de Astudillo. No obstante, se ignoran tanto la fecha exacta de su nacimiento como el lugar preciso en el que vino a este mundo. En los primeros años de su vida se la conocía con el nombre de Mari Díaz. Sin duda, se trataba de una mujer que destacaba por su hermosura, su talento y su indudable gracia. Las fuentes de la época la presentan como una mujer “de buen entendimiento”, pero a la vez como “la más apuesta doncella que por entonces se hallaba en el mundo”. María de Padilla era, por otra parte, pequeña de cuerpo pero de nobles sentimientos, discreta, afable y compasiva. En el año 1352 fue presentada por su tío, Juan Fernández de Hinestrosa, al rey de Castilla, Pedro I, en la localidad de Sahagún. Aquélla fue, al parecer, una hábil maniobra de Juan Alfonso de Alburquerque, que al mismo tiempo preparaba el matrimonio del monarca castellano con la infanta francesa Blanca de Borbón, con el objeto de afianzar su poder en el ámbito de la Corte regia.
Conviene recordar que María de Padilla se había criado en la casa de Isabel de Meneses, que era la esposa del magnate nobiliario Juan Alfonso de Alburquerque. Lo cierto es que el rey de Castilla, Pedro I, debió de sentir desde aquel momento una ciega pasión por María de Padilla, de la que, según todos los indicios, se enamoró profundamente. Un texto de la época afirma que el monarca Pedro I “enamoróse mucho della, é non pudo estar en sí hasta que la uvo é durmió con ella”. Las fuentes de la época afirman que en junio del año 1352 Pedro I ya tenía en su compañía a María de Padilla. Como premio, María recibió en ese año de 1352 del rey de Castilla el señorío de Huelva. El historiador Juan Bautista Sitges indicó en su día que María de Padilla fue “el ángel bueno de Don Pedro, y con su dulzura, sus gracias é su paciencia pudo sujetar a aquel carácter fiero e indómito”. Eso explica que, en junio de 1353, poco después de casarse en Valladolid el monarca castellano con la infanta francesa Blanca de Borbón, abandonara a su esposa para reunirse con su amante. Sin duda, María de Padilla había aceptado sin protesta el casamiento del Rey con Blanca de Borbón, ocupando ella, como en el anterior reinado Leonor de Guzmán, el papel de manceba. Hubo, no obstante, un ligero retroceso, en el año 1354, en las relaciones de Pedro I con María de Padilla, lo que explica que, ese mismo año, el rey de Castilla se casara con Juana de Castro. Este acontecimiento causó un gran dolor a María de Padilla, la cual pensó incluso en retirarse a un convento. De todos modos, al poco tiempo Pedro I volvió nuevamente con ella.
Hay que señalar, asimismo, que María de Padilla llevó una vida de carácter nómada, cambiando continuamente de residencia. Entre 1353 y 1354 estuvo, entre otros lugares, en Córdoba, en Montalbán, en Toledo, en Olmedo, en Castrogeriz, en Tordesillas, en Urueña, etc. Por otra parte, en una carta escrita a Pedro I en el año 1356 por el Pontífice romano, éste llamaba a María de Padilla adúltera y concubina. En el año 1358 María se encontraba en la ciudad de Sevilla, demostrando a Fadrique, hermanastro del rey Pedro I, la tristeza que sentía porque estaba convencido de que iba a ser asesinado por el monarca castellano. No mucho más tarde, en el año 1361, María de Padilla, que sólo contaba veinticuatro años de edad, murió en la ciudad hispalense. El cronista Pedro López de Ayala cuenta que falleció “de su dolencia”, aunque se ignora de qué enfermedad se trataba. Pedro I, que se encontraba ausente de Sevilla, al enterarse de la muerte de María de Padilla “la lloró amargamente”, según relata el historiador Juan Bautista Sitges, y “mandó hacer en Castilla grandes duelos”.
Al año siguiente, en unas supuestas Cortes celebradas en la ciudad de Sevilla, Pedro I intentó legalizar, a título póstumo, sus relaciones con María de Padilla. De ahí que declarara que se había casado con María, aun cuando mantuvo secreto aquel matrimonio, antes de casarse con la infanta francesa Blanca de Borbón. Incluso dio los nombres de los que habían sido testigos de la boda. Es más, el cronista Pedro López de Ayala afirma que en esas Cortes de Sevilla del año 1362, el arzobispo de Toledo, Gómez Manrique, pronunció un discurso con el que intentaba demostrar la legitimidad del matrimonio de Pedro I con María de Padilla. Sin embargo, la más rigurosa investigación histórica ha puesto de manifiesto que no existió ese matrimonio. En esa misma sesión se declaró herederos de Pedro I a los hijos que había tenido con María de Padilla. Éste parece que fue el objetivo básico que buscaba el rey Pedro I al declarar una supuesta boda con María de Padilla. Esos hijos fueron los siguientes: un varón, Alfonso, que murió antes de cumplir un año, y tres hembras, Beatriz, Constanza e Isabel. Beatriz terminó marchándose al Convento de las clarisas de la localidad de Tordesillas. Constanza contrajo nupcias con el destacado personaje de la Corte inglesa Juan de Gante, duque de Lancaster. Isabel se casó con otra figura de la nobleza inglesa, Edmundo de York.
María de Padilla fue enterrada inicialmente en el Convento de las clarisas de la localidad palentina de Astudillo, denominado de Nuestra Señora de los Ángeles, que había sido fundado por ella en el año 1354. Pero con posterioridad sus restos mortales, considerados propios de una reina, fueron trasladados a la Catedral de Sevilla (Julio Valdeón Baruque, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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