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miércoles, 22 de julio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, y Castillos) de la localidad de Alpujarra de la Sierra, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, y Castillos) de la localidad de Alpujarra de la Sierra, en la provincia de Granada.
     Limitando con la vertiente izquierda del río Grande se encuentra ubicada Alpujarra de la Sierra. Mecina Bombarón, Yegen y Golco son las poblaciones que componen el municipio.
     Yegen goza de fama universal tras haber sido inmortalizada por el inglés Gerald Brenan en las páginas de su libro Al sur de Granada. El escritor hispanista explica así su atracción por el lugar donde a principios de los años 20 del siglo XX decidió fijar su residencia: “El lugar tenía algo que me resultaba atractivo. Era una aldea pobre, elevada sobre el mar, con un panorama inmenso a su frente. Sus casas grises en forma cúbica, con un mellado estilo Le Corbusier, en rápido descenso por la ladera de la colina y pegadas una a otra, con sus techos de greda planos y sus pequeñas chimeneas humeantes, sugerían algo construido por insectos”. Visitar este municipio brinda la oportunidad de conocer la típica arquitectura alpujarreña. De calles empinadas, los tinaos y azoteas de sus casas sirven de salidas a otras, formando la estructura escalonada. Su situación hace de Alpujarra de la Sierra el lugar ideal para entrar en contacto con la naturaleza, bien practicando el senderismo o siguiendo las rutas a caballo o en bicicleta. También cuenta con una amplia oferta de casas rurales. Todavía está abierta al público la pensión donde se hospedó Don Geraldo, como se conoce a Brenan en Yegen, antes de alquilar la casa que sería su hogar durantes catorce años y que hoy es uno de los atractivos de la población.
     Por su parte, Mecina Bombarón es la principal población de Alpujarra de la Sierra. El río Mecina Bombarón y la cascada Las Chorreras son los lugares más interesantes de este pueblo. El río es un afluente del río Adra, donde se levanta un puente romano. La cascada Las Chorreras se encuentra en la Sierra de Mecina y para acceder a ella se ha de atravesar una carretera forestal.
     Región: Alpujarra y Valle de Lecrín
     Código Postal: 18450
     Distancia desde Granada: 108 Km
     Gentilicio: Mecineros, yegeros o golgueños
     Acceder a su website: www.alpujarradelasierra.es (Diputación Provincial de Granada).
     Término municipal que aglutina a las localidades de El Golco, Mecina Bombarón y Yégen. Las tres ya existían en época musulmana, teniendo que ser repobladas tras el levantamiento morisco de 1568 con gentes de otras regiones, sobre todo castellanas. Conservan sus características urbanas y arquitectónicas alpujarreñas, con calles estrechas y adaptadas a las curvas del nivel, articulación en barrios y la presencia de la arquitectura de cubierta plana de launa. Como patrimonio de interés, destacar un puente romano en Mecina Bombarón, así como la parroquia mudéjar de San Miguel, siendo la iglesia más antigua de la zona la que se localiza en El Golco (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Alpujarra de la Sierra tiene una extensión de  68.48 km2. El municipio consta de cuatro núcleos de población, Mecina Bombarón, Yegen y El Golco, y la cortijada de Montenegro. Se sitúa en la falda sur de Sierra Nevada, en la Demarcación Paisajística de las Alpujarras y el Valle de Lecrín (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     No se conoce con exactitud el origen de esta población, aunque existen restos de un puente romano en el núcleo urbano de Mecina Bombarón. Experimentó un importante desarrollo durante la dominación árabe y fueron creados dos núcleos de población: Mecina Bombarón, compuesta por ocho barrios con mezquita y depósito de grano propios, y el núcleo de Yegen, con otros dos barrios. Mecina Bombarón fue la patria de Diego López Abén Aboo, primo y sucesor de Abén Humeya.
     Alpujarra de la Sierra pasó a formar parte de la Corona de Castilla en 1492, cuando los Reyes Católicos tomaron Granada. Después, la población fue sometida a gran presión durante años por los cristianos, siendo obligada a prescindir de sus costumbres y creencias religiosas. En 1568, un rico terrateniente de la zona, Abén Humeya, se levantó en armas contra Felipe II, encabezando la rebelión de los moriscos en la Alpujarra. Le sucedió al frente de la revuelta su primo hermano Aben Aboo, tras haberlo traicionado para convertirse en líder de los insurrectos. La rebelión fue sofocada en 1569 y los moriscos finalmente expulsados en 1609. Posteriormente se repobló con colonos procedentes de otros lugares del Reino (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Concepción de Yegen.-

     Templo de una sola nave con capilla mayor di­ferenciada mediante un arco toral. La nave se cubre con una armadura que deja ver las distintas fases constructivas, antes y después del levantamiento morisco, visibles mediante la utilización de canes con distinta traza y dibujo. Tiene una sola portada en los pies, abierta con un sencillo arco de medio punto.
     La iglesia ha sufrido numerosas reformas a lo largo de su historia. Entre 1602 y 1605 se construye un nuevo templo que sustituye al primero, siendo sus artífices Juan Bautista, albañil, y Juan Alonso, carpintero. En 1634 se repara la arma­dura, que se tasa en 1642 (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).

Iglesia de Nuestra Señora de Gracia.-
     Situada en el anejo de Golco se encuentra una los templos más antiguos de la zona, construido en el siglo XVI. Se trata de una iglesia de planta rectangular y bóveda sobre pechinas, de una nave y capilla mayor diferenciada de planta cuadrada. Lo más destacable es la fachada, que es testimonio de la intervención clasicista. La actual torre se elevó en la segunda mitad del siglo XVIII con un nuevo cuerpo de campanas (Diputación Provincial de Granada).

Castillo de Yegen.-
     Este castillo, conocido como Piedra Fuerte de Yegen, debió disponer de tres recintos, correspondiendo cada uno de ellos con una de las paratas escalonadas que tiene la cumbre. Pocos restos quedan de la fortaleza, si bien puede saberse el recorrido del perímetro del recinto exterior, dado que aún hay restos suficientes para conocer el trazado de la muralla de mampostería que bordeaba la gran piedra. Donde más restos quedan de los muros de este recinto es en la parte orientada al noreste, sobre el primitivo camino de acceso al conjunto que aún existe. De los otros dos recintos quedan muy pocos indicios de muros de mampostería, si bien existe en el interior de la plataforma gran cantidad de piedras 
acumuladas, procedentes de la demolición.
     Al oeste del segundo recinto se encuentran los restos de un aljibe, consistentes en parte de los muros más largos, construidos con tapial de cal y canto, enlucidos por su interior y con indicios del arranque de una bóveda de mampostería.
     Por las fuentes existentes se conoce que la alquería existía a finales del periodo nazarí (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     
Castillo de Golco.-
     Son muy escasos los restos conservados de este castillo, que se componía, al parecer, de tres recintos de pequeñas dimensiones. Esto, unido a la aparente ausencia de aljibe así como de restos de otras construcciones habitacionales, indicaría una ocupación eventual ligada al control de la vía de acceso a través del río Mecina o bien como recinto fortificado para refugio de las alquerías ubicadas en las inmediaciones (Mecina y Golco) en caso de ataque castellano.
     Del primero se conserva un buen trozo de muro de mampostería en su única cara exterior, la noroeste. Tiene una altura de unos tres metros y está construido con piedras de mediano tamaño tomadas con mortero de cal, apreciándose en su paramento las huellas del encofrado.
     Del segundo, situado al oeste del anterior y que rodea al primero por tres de sus lados, quedan restos de muros al sur, también construidos con mampostería.
     Del tercero, que ocupaba la parte noreste de la fortaleza, quedan restos de dos posibles torres, construidas con mampostería sobre dos espolones rocosos ubicados en los ángulos norte y este.
     El cronista Al Udri menciona la existencia del Yuz de Gutquh, citándose en fuentes castellanas posteriores a la conquista como la alquería de Gotco, constituida por dos barrios: barrio alto (Gotco Alfavquia) y barrio bajo (Gotco la Baxa) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Iglesia de Nuestra Señora de Gracia, y Castillos) de la localidad de Alpujarra de la Sierra, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

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jueves, 9 de julio de 2026

Los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Ermita de San Sebastián, Ermita de la Virgen de la Aurora, y Ermita de Santo Cristo) de la localidad de Alhendín, en la provincia de Granada

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Ermita de San Sebastián, Ermita de la Virgen de la Aurora, y Ermita de Santo Cristo) de la localidad de Alhendín, en la provincia de Granada.
     El encanto de la población de Alhendín reside en los múltiples y distintos paisajes que la conforman. En pleno corazón de la Vega de Granada y próxima al Suspiro del Moro, su forma y dimensión alargada le hace combinar las tierras de regadíos con secanos y secaderos de tabaco.
     Por su término municipal discurre el arroyo del Tarajal y en su entorno el visitante puede disfrutar de los contrastes visuales de los terrenos fértiles de la vega, paisajes áridos y bosque mediterráneo. El patrimonio natural se completa con el legado histórico dejado por los árabes y los Reyes Católicos, y por la presencia de ermitas de los siglos XVIII y XIX que enriquecen su patrimonio cultural.
     Región: Granada y su entorno
     Código Postal: 18620
     Distancia desde Granada: 10 Km
     Gentilicio: Alhendinenses
     Acceder a su website: www.alhendin.org (Diputación Provincial de Granada).
     Situada en al límite de la vega de Granada con las tierras del Temple, esta zona de la vega conoce la presencia humana desde la Prehistoria.
     Su origen como población hay que situarlo en la etapa musulmana, cuando un grupo de yemeníes pertenecientes a la tribu de los Hamdan, se asentó en la zona en el siglo VIII, controlando el camino que unía la vega con el Valle de Lecrín (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Alhendín se extiende desde la Vega de Granada, en dirección suroeste, hasta contactar con la Sierra de Pera. Está atravesado por el arroyo del Tarajal y presenta una altitud media de 743 metros. Dada su situación estratégica de localización, en el cruce de vías de comunicación que ponen en contacto los núcleos de Armilla, Gabia Chica, Otura y Granada tiene un desarrollo urbanístico tentacular a lo largo de dichas vías, en convivencia con las huertas que las rodean. Su ubicación en una llanura permite el crecimiento en cualquier dirección, así frente al centro urbano consolidado aparecen algunas áreas con estructura aún no consolidada en los alrededores de las vías de comunicación.
     El municipio de Alhendín pertenece a la Demarcación Paisajística de la Vega de Granada-Alhama (Guía Digital del Patrimonio Cultural).
Historia.-
     Alhendín fue asentamiento humano en la Prehistoria, como atestiguan las ollas y vasos encontrados en la zona. De la época romana se conserva una cueva semiartificial en Montevives. Como población comienza a tomar importancia en la etapa Nazarí de la época árabe.
     Situada entre la Vega y el valle de Lecrín, su posición estratégica la convirtió en un lugar habitado continuamente desde el siglo VIII al XVI. Sus primeros habitantes fueron miembros de la tribu yemení de Hamdan. Durante el reino Nazarí fue alquería de reyes y estaba defendida por una de las torres más importantes de toda la Vega. Fue conquistada en 1483 por Fernando el Católico, pero Boabdil destruyó su castillo en 1490 (Diputación Provincial de Granada).

Iglesia de la Concepción.-

     La iglesia consta de una sola nave, con capi­llas posteriores que alteran la imagen original. Se cubre con una armadura de limas moamares, apeinazada y reforzada con seis tirantes.
     La capilla mayor se abre mediante arco toral, decorado con escudos del arzobispo Pedro de Castro y se cubre con una armadura ochavada apeinazada. También se cubren con armaduras las capillas colaterales y el sagrario. Las consecuencias de los terremotos de inicios del siglo XIX, se dejaron sentir en este edificio, concretamente en su torre, que se desplomó y tuvo que ser reconstruida. Del año 1846 es el proyecto del arquitecto de la Academia de San Fernando, Salvador Amador, para la reconstrucción del cuer­po de campanas que sería modificado por Juan Pugnaire.
     El interior guarda obras importantes, como el retablo barroco del siglo XVIII, dos obras de Pedro de Mena, la Inmaculada que lo preside y la Santa Teresa del retablo de la Virgen del Rosario, en el muro de la Epístola. También es de destacar una pintura de José de Risueño con Cristo bendiciendo el pan y el vino.
     Al exterior, se abre con dos portadas, una a los pies, del estilo de Ambrosio de Vico, que se estructura en dos cuerpos, el inferior con arco de medio punto entre pilastras rematadas con car­telas, y el superior con hornacina adintelada con pilastras con mutilos curvos, a un lado y otro, y frontón con el escudo del arzobispo Pedro de Castro. La hornacina tiene una Inmaculada, de Pedro de Aranda el mozo.
     La lateral, adintelada, con molduras rectilíneas y un tondo con el escudo del arzobispo Pedro Guerrero; debió trazarla Juan de Maeda (Rafael López Guzmán, María Luisa Hernández Ríos, José Policarpo Cruz Cabrera, Esther Galera Mendoza, Ana María Gómez Román, José Manuel Gómez-Moreno Calera, Esperanza Guillén Marcos, María Luisa Hernández Ríos, Rafael López Guzmán, José Manuel Rodríguez Domingo, Jesús Rubio Lapaz, Ana Ruiz Gutiérrez, y Miguel Ángel Sorroche Cuerva. Guía artística de Granada y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Comenzó su construcción después de la Reconquista sobre los restos de una mezquita árabe.
     Edificio de una sola nave y capillas laterales intercomunicadas entre sí por arcos de medio punto. La nave está cubierta por un alfarje mudéjar atirantado. Sobre el cabecero hay una cúpula ochavada mudéjar de lacería. Existen artesonados en dos de las capillas. Las cuatro capillas restantes tienen cúpulas sobre pechinas.  
     El interior de la Iglesia está decorado con pinturas barrocas.
     La portada lateral derecha es de piedra adintelada coronada por un escudo.
     La portada principal, también de piedra, se organiza con un arco de medio punto bajo dintel. Sobre éste, una hornacina con la imagen de la Virgen. Sobre ella un frontón partido por un medallón barroco.
     La torre situada a la izquierda, tiene cuatro cuerpos. El último, con diez lados y ventanas arqueadas, está rematado por capiteles cubiertos con tejas vidriadas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Principal monumento de Alhendín, forma parte de los templos que se construyeron tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos. Levantada sobre la antigua mezquita, el archivo parroquial comienza en el año 1537, aunque hay indicios de la actividad del templo en años anteriores.
     Es de estilo mudéjar y consta de una nave rectangular, cubierta de artesonado y capillas laterales a ambos lados. En su interior se encuentra un retablo barroco del s. XVIII de gran valor artístico, al igual que la imagen de la Inmaculada de la Concepción. La talla de la titular de la parroquia y patrona de Alhendín es una obra esculpida por el maestro Pedro de Mena. La valía de esta imagen ha hecho que sea incluida en el Catálogo General de Arte Español (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de San Sebastián.-
     Esta ermita data del siglo XIX y en su interior ofrece al visitante el poder contemplar un pequeño retablo de estilo barroco. En éste se encuentra la imagen de San Sebastián. Está ubicada en las llamadas Eras Altas (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de la Virgen de la Aurora.-
     Construida a principios del s. XIX y de autor anónimo, se encuentra ubicada en la plaza de España frente a la parroquia de Alhendín. En esta ermita se venera la imagen de la Virgen de la Aurora (Diputación Provincial de Granada).

Ermita de Santo Cristo.-
     En el Barrio Bajo de Alhendín, en la plaza que lleva su nombre, se levanta la ermita del Santo Cristo. Un santuario que fue construido en 1768 y que ha sido reconstruido recientemente (Diputación Provincial de Granada).
     
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Granada, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de la Concepción, Ermita de San Sebastián, Ermita de la Virgen de la Aurora, y Ermita de Santo Cristo) de la localidad de Algarinejo, en la provincia de Granada. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia granadina.

Más sobre la provincia de Granada, en ExplicArte Sevilla.

sábado, 10 de enero de 2026

La imagen de San Gonzalo de Amarante, de Martín Moreno, en el Retablo de la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo, de la Catedral de Santa María de la Sede

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Gonzalo de Amarante, de Martín Moreno, en el Retablo de la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     Hoy, 10 de enero, se conmemora en Amarante, lugar de Portugal, Beato Gonzalo, presbítero de Braga, quien, después de una larga peregrinación por Tierra Santa, ingresó en la Orden de Predicadores, retirándose a una ermita, ayudó a construir un puente y trabajó en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación (c. 1259) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy para ExplicArte la imagen de San Gonzalo de Amarante, de Martín Moreno, en el Retablo de la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla.
     La Catedral de Santa María de la Sede  [nº 1 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 1 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la avenida de la Constitución, 13; con portadas secundarias a las calles Fray Ceferino González, plaza del Triunfo, plaza Virgen de los Reyes, y calle Alemanes (aunque la visita cultural se efectúa por la Puerta de San Cristóbal, o del Príncipe, en la calle Fray Ceferino González, s/n, siendo la salida por la Puerta del Perdón, en la calle Alemanes); en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
     En la Catedral de Santa María de la Sede podemos contemplar la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo [nº 053 en el plano oficial de la Catedral de Santa María de la Sede]; El titular de esta capilla es San Pablo, por lo que se llamó "Capilla del Sto Christo de Sn Pablo", pero desde que se adjudicó su patronato a Gonzalo Martínez de Sepúlveda, en 1655, se ha impuesto como apelativo la Concepción de su retablo, llamada "Grande" para distinguirla de la "Chica" o "Cieguecita". En 1520 se usó como osario de los caba­lleros que habían participado en la conquista de la ciudad en 1248; en 1655 los restos pasaron al Oratorio de San Francisco de Paula (Alfonso Jiménez Martín, Cartografía de la Montaña hueca; Notas sobre los planos históricos de la catedral de Sevilla. Sevilla, 1997).
Retablo  y  esculturas  de  la  Capilla  de  la  Concepción Grande
     Estuvo también dedicada a San Pablo, advocación que algunos autores le otorgan.
     La Capilla está situada en el muro de levante del templo, entre la Real y la puerta de la Campanilla.
     Este gran retablo de columnas salomónicas, revestidas de pámpanos y racimos de uvas y otras cilíndricas, ofrece una composición relativamente determinada para situar el Crucificado de gran tamaño (obra del siglo XVI) que allí se venera.
     Se compone de dos cuerpos con tres calles y el ático. En el primero de ellos se venera la magnífica imagen de la Purísima y a sus lados, en los intercolumnios, las de San José y San Pablo. El referido Crucificado y las figuras de San Antonio de Padua y San Gonzalo de Amarante en el segundo y en el remate el Padre Eterno, la Fe y las Virtudes Cardinales.
     En 1656 la viuda y albaceas del Capitán Don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, concertaron con Francisco Dionisio de Ribas la arquitectura del retablo, quien dio las trazas, ejecutadas por el artista Martín Moreno, dos años después. La escultura de la Virgen (y algunas otras), corrió a cargo del imaginero Alonso Martínez (l656-58).
   En 1664 se colocó en el muro de la izquierda de la Capilla una losa marmórea con escudo e inscripciones broncíneas, alusivas a la fundación y enterramiento de los Sepúlveda, donde intervino Juan de Valdés Leal (José Hernández Díaz, Retablos y esculturas, en La Catedral de Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991).
   Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía del Beato Gonzalo de Amarante, presbítero;
   Dominico portugués muerto en 1259.
   Su atributo es una maqueta de puente que tiene en las manos (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
     Tagilde, del obispado de Braga, es el pueblo portugués que le vio nacer. Por la discreción que desde pequeño demostró el Arzobispo de Braga lo toma bajo su techo preparándolo para el sacerdocio. Luego le encomienda la Abadía de San Pelayo por sus cualidades. Es muy responsable y celoso de sus ovejas a las que acerca a Jesucristo más con las obras que con los sermones, por ello adopta unas ropas de mendigo y, arreciando en la penitencia, da en limosna a los pobres cuanto le llega.
     Como tiene un deseo vivo de visitar los Santos Lugares, deja a un sobrino el cuidado de la Abadía y comienza su soñada peregrinación. Lleno de agradecimiento y con muchas lágrimas de pesar, Gonzalo contempla con admiración, mira piadoso, besa con cariño y venera con respeto lo que para la fe son monumentos. De hecho, el tiempo pasa insensible en su embeleso.
     A los catorce años regresa para cuidar a sus ovejas. Ha sido muy larga la ausencia. La Abadía ha cambiado. El pastor se ha hecho lobo. Ha abandonado el cuidado y se ha dedicado al despojo. Entre comilonas, cacerías, vicios y vanidades se ha convertido de servidor en dueño. Como tantos. No obedece los requerimientos del tío y hasta lo echa con amenazas violentas, maltratándolo físicamente. Ya intentó antes demostrar su muerte para asegurarse el puesto.
     El legítimo abad, aprendió mucho en Palestina. Se retira humillado y vencido. Recorre los alrededores y predica feliz el Evangelio; construye una pequeña ermita y se convierte en ermitaño orante solitario, predicador y consejero por los alrededores de Tamaca.
     La Virgen le lleva a pasar una noche en el monasterio de Vimaro, de los dominicos. Allí es aceptado como religioso, recibe los hábitos, hace sus votos y edifica a todos con su piedad, mortificación y santidad.
     Con la autorización del prelado, vuelve al oratorio de Amarante donde se entrega sin límites a la oración, penitencia y apostolado hasta el fin de su vida quemada en amor a Dios y en bien de los hermanos. Contrajo un gravísima enfermedad y se dispuso a morir como los mejores discípulos del Señor. Muere en manos de la Virgen el 10 de enero de 1260.
     Aparte quedan los adornos. A la escueta y noble figura del santo la piedad, el cariño o la fantasía añadió notas poco probables, nada necesarias e imposibles de comprobar por la ciencia histórica, pero que embellecían de modo maravilloso y sobrenatural, como aureola, la grandeza de un hombre fiel. Fue el tiempo quien añadió los guiños que hacía a Jesús crucificado mientras mamaba los pechos de su ama de leche cuando era bebé; como las repetidas, frecuentes y casi continuas apariciones de la Virgen; y como el que los peces del río saltaban a la orilla ofreciéndose como vianda para quien predicaba a Jesucristo.
     Fue beatificado por el Papa Pío IV en el año 1560 (www.catholic.net).
   Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la imagen de San Gonzalo de Amarante, de Martín Moreno, en el Retablo de la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo, de la Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Capilla de la Concepción Grande, o de San Pablo, de la Catedral de Santa María de la Sede, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 1 de enero de 2026

Los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Concepción, y Ermita de la Virgen de Loreto) de la localidad de Higuera de Vargas, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Concepción, y Ermita de la Virgen de Loreto) de la localidad de Higuera de Vargas, en la provincia de Badajoz.
     Higuera de Vargas se encuentra en el ámbito de transición entre los Llanos de Olivenza y las sierras del sur, conectando en ciertos aspectos mejor con Zahínos y Barcarrota que con Alconchel, que son los centros que, junto con Villanueva del Fresno y Jerez de los Caballeros, todos a cierta distancia, la rodean.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 67,6 Km2
     Altitud: 342 m.
     Distancia Capital: 57 Km.
     Partido Judicial: Olivenza
     Comarca: Llanos de Olivenza
     Gentilicio: Higuereño
Ayuntamiento de Higuera de Vargas
     Plaza de España, 1
     06132 Higuera de Vargas (Badajoz)
     Teléfono: 924424000
     Fax: 924424135
Historia.-
    Ciertas versiones atribuyen su fundación al caballero García Pérez de Vargas en 1240, en tanto que otras consideran creador del núcleo, en época posterior, al Señor de Burguillos del Cerro, Alfonso Pérez de Vargas. Unas terceras estiman, por su parte, como iniciador del núcleo, a Iván de Vargas, también en la etapa medieval tardía. Como foco inicial del asentamiento suele coincidirse en señalar una fuente llamada Santa, o de la Higuera, a la que la tradición atribuye propiedades curativas.
     Por su escasa entidad inicial, el pueblo fue conocido en el pasado como Higuerilla. Como casi todos los de la zona fue arrasado por los portugueses durante su ataque a la frontera en 1643, lo que dificultó su desarrollo siguiente.
     Higuera de Vargas se encuentra en el ámbito de transición entre los Llanos de Olivenza y las Sierras del sur, conectando en ciertos aspectos mejor con Zahínos y Barcarrota que con Alconchel, que son los centros que, junto con Villanueva del Fresno y Jerez de los Caballeros, todos a cierta distancia, la rodean (Diputación Provincial de Badajoz).
Monumentos.-

     La organización del enclave queda determinada por el apiñamiento del caserío en torno al castillo que se sitúa en su centro, si bien a mediados de siglo pasado, aún existían grupos de edificaciones alejados del foco principal. Esta fortaleza o Casa fuerte, como con preferencia la señalan las fuentes históricas, constituye un recinto cuadrangular realizado en piedra, con torreón ochavado de sillares en el ángulo SW.
     Tras el edificio se mantiene un amplio espacio libre, hoy convertido en enorme huerta, rodeando la cual se extiende el caserío.
     En la fachada delantera del castillo, en el presente encalada, se abre la puerta principal de vano adintelado, sobre la que se sitúa un cuerpo torreado con arquerías, ya casi derruido. Por delante se dispone una atractiva plaza de gran sabor ambiental, hermoseada por palmeras y otros bien cuidados componentes que originan un grato marco. 
   Cerca, presidiendo otra plaza igualmente sugestiva, se erige la iglesia parroquial de la Concepción, que resulta el otro hito que distingue la localidad. Se trata de edificación de mampostería encalada originario del siglo XVI, con estructura basilical, hoy muy transformado, con planta de tres naves de acusado desarrollo longitudinal y notable espacialidad interior, cubierta de fábrica a dos planos sobre arcos, que sustituye a la original de madera, y cabecera plana con bóveda de crucería. A los pies se alza una torre de mampostería y esquinas de sillería, con cuerpo único y remate de chapitel, en la que se evidencia la influencia de las formas portuguesas, contando con buena portada granítica de arco conopial. La capilla mayor presenta, en lugar de retablo, hornacina y pinturas murales de factura moderna.
     De interés resulta también la ermita de la Virgen de Loreto, de atractiva arquitectura encalada de carácter popular, en la que resalta el atrio delantero y las pinturas murales del interior, y el edificio del Ayuntamiento, casona del XVIII luego reformada, de grata composición exterior (Diputación Provincial de Badajoz).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo, Iglesia de la Concepción, y Ermita de la Virgen de Loreto) de la localidad de Higuera de Vargas, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

jueves, 25 de diciembre de 2025

La pintura "Adoración de los Pastores", anónima del círculo de Lambert Lombard, en la sala II del Museo de Bellas Artes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Adoración de los Pastores", anónimo del círculo de Lambert Lombard, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.  
      Hoy, 25 de diciembre, Pasados innumerables siglos desde de la creación del mundo, cuando en el principio Dios creó el cielo y la tierra y formó al hombre a su imagen; después también de muchos siglos, desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes tras el diluvio como signo de alianza y de paz; veintiún siglos después de la emigración de Abrahán, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea; trece siglos después de la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés; cerca de mil años después de que David fuera ungido como rey; en la semana sesenta y cinco según la profecía de Daniel; en la Olimpíada ciento noventa y cuatro, el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la Urbe, el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto; estando todo el orbe en paz, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadosísima venida, concebido del Espíritu Santo, nueve meses después de su concepción, nace en Belén de Judea, hecho hombre, de María Virgen: la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo según la carne [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
      Y qué mejor día que hoy para ExplicArte la pintura "Adoración de los Pastores", anónima del círculo de Lambert Lombard, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla.
      El Museo de Bellas Artes (antiguo Convento de la Merced Calzada) [nº 15 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 59 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la Plaza del Museo, 9; en el Barrio del Museo, del Distrito Casco Antiguo.
     En la sala II del Museo de Bellas Artes podemos contemplar la pintura "Adoración de los Pastores", obra anónima del círculo de Lambert Lombard (1505-1566), siendo un óleo sobre tabla en estilo renacimiento de la escuela flamenca, pintado hacia 1550, con unas medidas de 1,09 x 0,69 m., y procedente del Convento de la Concepción de San Juan de la Palma, de Sevilla, tras la Desamortización.
      En el portal concebido como un cobertizo con tejado a dos aguas la Virgen arrodillada está cogiendo al Niño mientras varios pastores están ofreciendo varios presentes como una cesta con alimentos o un cordero. En un plano intermedio a la izquierda hay una arquitectura clásica con columnas de mármol y capiteles compuestos y un paisaje con dos personajes. En el plano superior una gloria en la que aparece Dios Padre con los brazos abiertos rodeado de dos grupos de tres ángeles (web oficial del Museo de Bellas Artes de Sevilla).
     Muy apreciable es la colección de maestros menores flamencos del siglo XVI que posee el Museo, siendo la mayor parte de ellos de notable calidad dentro de su orden secundario. En ocasiones el buen nivel de las pinturas permite atribuirlas a algún artista concreto o en todo caso al círculo de sus más inmediatos seguidores.
     Muy próxima a Lombard Lambert o en todo caso obra de su círculo hay que considerar una tabla que representa La Adoración de los pastores, obra que procede del convento de la Concepción de San Juan de la Palma. Lombard Lambert fue un pintor nacido en Lieja en 1506 y muerto allí en 1566. En 1537 viajó a Italia donde permaneció un año introduciéndose en el estudio de aspectos arqueológicos y también profundizando en el conocimiento de la cultura humanística (Enrique Valdivieso González, La pintura, en El Museo de Bellas Artes de Sevilla. Ed. Gever, Sevilla, 1991).
     Tabla al óleo, con borde superior sinuoso y curvilíneo, que efigia -con bastantes personajes- la Adoración de los Pastores, y arriba Dios Padre entre un círculo de ángeles. Mide 109 x 69 cms. Escuela flamenca, siglo XVI. Procedencia: convento de la Concepción, de San Juan de la Palma. Esta obra, según las últimas noticias, está muy próxima a Lombard o Lambert, o a su círculo, hacia 1550 (Juan Martínez Alcalde. Sevilla Mariana. Repertorio Iconográfico. Ediciones Guadalquivir. Sevilla, 1997).
Conozcamos mejor la Historia, Culto e Iconografía de la Solemnidad de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo;
HISTORIA

   De acuerdo con la tradición adoptada por la Iglesia, Cristo habría nacido en Belén, un 25 de diciembre, a media noche.
   En realidad el lugar y la fecha de nacimiento son desconocidos.
   Acerca del sitio donde nació, los Evangelios profesan opiniones contradictorias. Mateo y Lucas hacen nacer a Jesús en Belén; Marcos y Juan creen que vio la luz en Nazaret.
   La tradición del nacimiento en Belén se apoya en una profecía de Miqueas (5: l). Se creía que el Mesías, descendiente del rey David, nacería como él en Belén. Pero el censo, que la historia vincula con el viaje de María y de José a este pueblo, es posterior en muchos años al nacimiento de Jesús.
   ¿El Mesías nació en Nazaret? Es lo que admitía Renan, arguyendo con el hecho de que a Jesús lo apodaran Nazareno. Los historiadores más recientes están menos seguros. El título de Nazareno, erróneamente interpretado en el sentido de hombre de Nazaret, en realidad significaría «Santo de Dios».
   En suma, nada  autoriza  a afirmar que Jesús haya nacido en Belén y no en Nazaret, o viceversa.
   La misma incertidumbre reina en torno al año de su nacimiento que no podemos fijar ni con una aproximación de quince años, ya cerca del día, fijado arbitra­riamente por la liturgia. 
   Lo que a primera vista nos asombra es el hecho de que ninguno de los evangelistas haya pensado en precisar la fecha de nacimiento del Mesías y que los apóstoles no hayan tenido la idea de celebrar el cumpleaños de su maestro desaparecido. Para comprender esta sorprendente omisión, debe recordarse que en la liturgia cristiana la única fecha importante era la de su muerte. Lo que en el Martirologio romano se llama Natalicio de un santo (dies natalis), no es, como la palabra parece indicar, el día de su nacimiento, sino por el contrario, el de su muerte. Y con Cristo pasó como con los santos. La liturgia se concentró en torno a su Resurrección. El domingo de Gloria de la Pascua relegó a la Natividad a la sombra.
CULTO
   Fijación del aniversario de la natividad

   Así, la fecha litúrgica del 25 de diciembre no reposa sobre dato histórico alguno. En los primeros tiempos cristianos la Natividad se celebraba el día de la Epifanía (6 de enero) y esa costumbre se conservó en la Iglesia de Armenia. A mediados del siglo IV, en 534, la fiesta, localizada en principio en Roma, en la basílica de Santa María la Mayor o del Pesebre (ad Praesepe), fue cambiada arbitrariamente por el papa Liberio al 25 de diciembre. 
 Debe admitirse que esa fecha no concuerda con el relato de la Anunciación a los pastores, que según Lucas, supieron la buena nueva en la estación en que pasaban la noche al aire libre con sus rebaños.
   ¿Por qué se eligió esa fecha y no otra cualquiera? Porque es la del solsticio de invierno. El Mesías, en efecto, es frecuentemente comparado con el Sol: es el sol de la Nueva Ley. Por ello se hace coincidir su fiesta con el renacimiento anual del as­tro solar.
   Quizá haya que tener en cuenta la influencia de las otras religiones de la antigüedad. La fecha del 25 de diciembre coincide con la fiesta del dios solar Mithra y con las Saturnales romanas que la Iglesia tenía interés en suplantar con una fies­ta cristiana.
   Sea como fuere, la fijación de la Navidad el 25 de diciembre comportó en consecuencia la de otras muchas, establecidas en relación con la Natividad, así como las hay en función de la Pascua: la Anunciación se celebra nueve meses antes (25 de marzo), la Circuncisión ocho días después (1 de enero), la Purificación de la Virgen o Presentación de Jesús en el Templo, cuarenta días más tarde (2 de febrero).
   La fiesta de Navidad
   Esta vacilación acerca de la fecha de la Natividad explica la aparición tardía de la fiesta de Navidad.
   En Roma, no está probada con  anterioridad al siglo IV, y la misa de gallo, que el Liber Pontificalis atribuyó al papa san Telesforo que vivió en el siglo II, en verdad no fue introducida antes del siglo V, después de la fundación de Santa María la Mayor. El Oriente había sido más precoz.
   El emperador Constantino hizo edificar una basílica en el lugar de la gruta (spe­os, spelaion) donde la Virgen habría parido tras no encontrar alojamiento en la venta o caravasar. Esta iglesia, que san Jerónimo llamó «ecclesia speluncae Salvatoris», fue dotada con un pesebre de plata por santa Helena, que se convirtió en un objeto de peregrinación tan célebre como la cruz de gemas del Gólgota.
   De esa primitiva basílica no queda casi nada, porque fue reconstruida en tiempos de Justiniano que la hizo decorar con mosaicos dorados que representan de un lado a los profetas de la Encarnación, y del otro el árbol genealógico de Jesé y el misterio de la Natividad.
   Apenas instituida, la fiesta de Navidad adquirió en Bizancio una importancia preponderante entre las solemnidades del año litúrgico. San Juan Crisóstomo la glorificó como «la más venerable de las fiestas».
   En Roma, a partir del siglo V, no se contentaron con celebrar la misa de gallo, ese día los sacramentarios prescribieron tres misas (trina celebratio): por la noche, al amanecer y durante el día.
   Tres in Natali debent missae celebrari.
   He aquí como santo Tomás de Aquino interpreta y justifica simbólicamente esta triple celebración. El día de Navidad -escribió en la Suma- se celebran varias misas para recordar el triple nacimiento de Cristo. La primera es el nacimiento eterno en el seno del Padre, que para nosotros permanece invisible y oculto: por eso la misa se canta por la noche. El segundo es de orden espiritual: es el nacimiento de Jesús en nosotros, por eso se canta una misa en la aurora. El tercer nacimiento de Cristo es corporal: es el instante en que sale del vientre virginal de su madre, revestido de carne y visible para nosotros. Por ello la tercera misa se canta a plena luz, con este introito: «Puer natus est nobis.»
   La basílica de Santa María la Mayor, que entre sus reliquias más insignes cuenta con el Pesebre del Salvador, expuesto en la capilla subterránea del Pesebre, es el principal santuario de este culto.
   La fiesta de Navidad no es sólo una solemnidad litúrgica, es también una fiesta esencialmente popular. Numerosos cánticos en latín y en lengua vulgar, las representaciones de los autos sacramentales o Misterios, los pesebres o belenes de los cuales san Francisco de Asís ofreció el primer ejemplo en Greccio, prueban esta uni­versal popularidad que a su vez reflejan las obras de arte.
ICONOGRAFÍA

   El estudio iconográfico del tema de la Natividad se divide lógicamente en tres partes:
l. Los Preludios, es decir los episodios anteriores al nacimiento: el Viaje a Belén y el censo, la Expectación del parto.
2. La Natividad propiamente dicha.
3. Los temas complementarios de la Adoración de los Pastores y de los Reyes Magos.
   La natividad
   El Nacimiento de Cristo está relatado en el Evangelio de Lucas (2: 7) con extrema brevedad: "Y (María) dio a luz a su hijo primogénito, y envolvióle en pañales, y lo reclinó en un pesebre, porque en el mesón no había lugar para ellos". 
   La piedad popular pedía más que esa lacónica, seca información sumaria, tan desprovista de poesía como un acta de estado civil. Los Evangelios apócrifos acudieron en su ayuda bordando pintorescos adornos sobre ese cañamazo. A ellos se debe la introducción de las dos comadronas, la crédula y la incrédula. El buey y el asno, humildes compañeros olvidados por san Lucas, aunque el símbolo evangélico de éste sea precisamente un buey, tienen el mismo origen: con sus alientos cálidos que escapan como humo de sus fosas nasales, calientan la atmósfera glacial del establo y confieren a la Natividad el encanto ingenuo de una tierna leyenda franciscana. 
   De acuerdo con la Leyenda Dorada, la Natividad de Jesucristo estuvo acompañada de numerosos prodigios: el milagro de los tres soles, el derrumbe del templo de la Paz, la aparición de una estrella a la sibila y al emperador Augusto, el surgi­miento de una fuente de aceite que fluyó en el Tíber.
Las dos versiones de la natividad
   Los teólogos tenían otras preocupaciones que también se reflejan en la iconografía de la Natividad. Había dos maneras de imaginar el Nacimiento de Cristo. Según unos, la Virgen habría parido con dolor; según los otros, habría tenido el privilegio de dar a luz sin sufrimiento.
   Es la segunda opinión la que acabó imponiéndose, en Oriente como en Occidente.
   En una descripción de la Natividad de Marcos Eugénicos, se dice que «la Virgen, habiendo parido sin sufrimiento, no está en absoluto fatigada ni pálida; no siente necesidad de acostarse, sino que se sienta con solemnidad como una reina y los Reyes Magos prosternados adoran al Niño Rey que sostenía en las manos».
   El concilio de Trento ratificó esa doctrina. De acuerdo con su portavoz, el jesuita flamenco Molanus, deben separarse del pesebre a las comadronas, puesto que la Virgen parió sin dolor. Y en el parto no debe representarse yacente y enferma (de­ cumbens et aegrotans), sino de rodillas, según la visión de Santa Brígida, en adoración ante el Niño.
   De esta dualidad de opiniones derivan dos tipos iconográficos enteramente diferentes.
   1. En la versión siria retomada por los bizantinos, la Natividad es un verdadero parto. La Virgen está acostada sobre un colchón, parece agotada por la fatiga, yace de costado y se vuelve hacia el Niño que una comadrona está bañando.
   2. En el arte occidental de finales de la Edad Media, la Natividad se convierte en una adoración. La Virgen, que según se ve, no ha sufrido, está arrodillada, con las manos unidas ante el Niño desnudo y luminoso, acostado sobre una gavilla de paja o sobre un pliegue de su manto.
   1. El tema bizantino del parto
La escena tiene lugar en una gruta, que sirve como establo y como habitación al mismo tiempo, como era costumbre en Palestina.
La Virgen, el Niño y san José
   La Virgen está acostada en el lecho junto al recién nacido fajado (pannis involutus) que está acostado, ya en un pesebre, ya en una cuna.
   En las miniaturas anglosajonas de la escuela de Winchester (siglos X-XI) que decoran el Benediccional de Aethelwold y el Misal de Robert de Jumieges, se ve una mujer guiada por un ángel que coloca un almohadón bajo la nuca de la Virgen. 
   A veces, a consecuencia de una contaminación con el tipo de la Virgen de la Leche, la Virgen acostada amamanta al Niño, ya fajado, ya desnudo.
   En el arte francés del siglo XII, el pesebre suele reemplazarse con un altar. Se ha explicado esta innovación por la intención de expresar simbólicamente que a partir de su nacimiento Jesús estaba destinado a sacrificarse por la salvación de los hombres. Allí debería verse más bien la influencia del drama litúrgico de Navidad, del cual sabemos que el pesebre estaba situado en mitad del altar mayor, iluminado por una estrella que se deslizaba a lo largo de una cuerda.
   José, que no cuenta para nada en el nacimiento del Niño Dios, sólo tiene el papel de un simple extra. Sentado en un rincón, enfurruñado o adormilado, descansa sobre el arreo del asno desalbardado, que le sirve de asiento.
   No obstante, a veces intenta ser útil. Lleva al Niño en brazos que le alcanza a la Virgen, a menos que sostenga un candil encendido cuya llama protege con la mano, para iluminar la oscuridad de la gruta: es un medio para señalar que es de noche.
   Los pintores alemanes del siglo XV le imponen humildes trabajos un tanto ridículos: se quita las calzas para calentar al recién nacido, o atiza el fuego con un fuelle para que se caliente la papilla. Esos detalles familiares se han tomado de los autos sacramentales.
Las dos parteras y el Castigo del incrédulo
   Según el Evangelio del Seudo Mateo (cap. XIII), fue José quien se encargó de ir a buscar a las dos parteras (obstétricas), o como se decía con mayor frescura en francés arcaico, dos vientreras, para que ayudaran en el parto de María.
   En el Protoevangelio de Santiago (cap. XIX), sólo se trata de una partera. Pero el Seudo Mateo menciona dos, de las que conoce hasta sus nombres.
   En el arte bizantino, especialmente en los frescos rupestres de Capadocia, se la llama Salomé y Maia (Mea); este último nombre, que significa simplemente «la partera» (del cual deriva la expresión maieutica, preferida por Sócrates) se convirtió en un nombre propio. El arte de Occidente distingue Zelomi y Salomé, aunque en realidad se trate del mismo nombre. 
   La primera, Zelomi, después de haber examinado a la parturienta, declara sin vacilar que ésta sigue virgen después del parto: Virgo concepit, virgo peperit; post par­tum virgo permansit. La segunda, Salomé, permanece incrédula, duda de ese parto virginal, sin obra de hombre, contrario a todas las reglas; como santo Tomás, pide tocar para creer. Pero se le secan las manos: para curarse le basta tocar los pañales (fasciae) del Niño Dios que en el pasado se llamaban «las banderas de infancia» de Jesús.
   En los autos sacramentales, la Salomé de los Evangelios apócrifos fue reemplazada por Santa Anastasia, cuyo nombre se deformó en Homnestasia, Omnestasia o Netasia.
   Dicha Anastasia, a quien fue a buscar José, tenía las manos cortadas; sólo le que­ daban muñones, lo cual la volvía inepta para hacer parir a la Virgen. Pero las manos volvieron a crecerle milagrosamente, de manera que pudo asistir a María y recibir en brazos al recién nacido.
   Esta variante procede de una contaminación  con la leyenda de la partera cuyas manos resecas curan al ponerse en contacto con los pañales del Niño Jesús. A esta leyenda piadosa alude la Plegaria de Huon de Burdeos, rimada por Alexandre Arnoux:
   Seigneur Jésus qui régnez dans le ciel.../ Au même temps que la Vierge en gésinel Vous enfantait dans /'étable voisine, / Sainte Onnestase a Bethléem vivait! Qui n 'avait pas de mains ni de poignets .../ Elle vous prit , chétif sur la paille. / A ses moignons vous [Cites recueillil Et tout soudain, par volonté divine / Il lui poussa des mains droites et fines. 
   Señor Jesús  que reinas  en el cielo...
   Al mismo tiempo que la Virgen de parto
   Os daba a luz en el establo vecino,
   Santa Onnestasia que en Belén vivía 
   Y que ni manos ni muñecas tenía... 
   Os cogió, endeble, sobre la paja
   Entre sus muñones fuisteis vos recogido 
   Y de pronto, por voluntad divina
   Le crecieron manos, derechas y finas.
   San Jerónimo niega la presencia de las comadronas y afirma que María, habiendo parido sin dolor, no tuvo necesidad de ayuda alguna y fue partera y parturienta al mismo tiempo: «Maria ipsa et mater et obstetrix fuit».
   Esta protesta de un doctor de la Iglesia habría tenido algún efecto si las comadronas se hubieran introducido en la escena sólo para asistir a María durante el parto y ocuparse del recién nacido. Pero también se trataba de otra cosa. El objetivo teológico de esta leyenda era probar el parto sobrenatural de Cristo, Hijo de Dios, produciendo el testimonio de dos comadronas particularmente expertas en su oficio. La desconfianza y la incredulidad de una de ellas reforzaba su testimonio, de la misma manera que la experiencia táctil de santo Tomás introduciendo la mano en la herida de Cristo se interpretaba como la prueba más convincente de la Resurrección.
   La credulidad popular persistió por ello en confiar en el relato de los Evangelios apócrifos: la historia de la partera incrédula fue popularizada por la Leyenda Dorada, y por los autos sacramentales del teatro de los Misterios.
   En un manuscrito de los Milagros de Nuestra Señora se lee: «Salomé que no creía que Nuestra Señora hubiera parido virginalmente, sin obra de hombre, perdió las manos porque quiso comprobarlo; se arrepintió, puso las manos sobre Nuestro Señor y éstas le fueron devueltas.»
   La leyenda todavía se puso en escena en el Misterio de la Encarnación y Natividad de Nuestro Salvador Jesucristo, que fue representada en Ruán en 1474.
   En estas condiciones resultaría sorprendente que, como lo creyera E. Mâle, ese motivo que en el siglo IX vemos tratado en un fresco descubierto en 1944 en Castel Seprio, Lombardía, y en el siglo XI, sobre las puertas de bronce de Hildesheim, en los XII y XIII sobre los capiteles de Chartres y de Lyon, y las vidrieras de Laons y de Mans, desapareciera bruscamente del arte cristiano.
   «A partir de ese momento -asegura E. Mâle- la leyenda de las comadronas ya no se encuentra en nuestras catedrales, ni tampoco se la ve más en los manuscritos miniados de los siglos XIII y XIV. Parece que la extrema ingenuidad del antiguo relato haya molestado a la Iglesia. En el siglo XIII los artistas olvidaron  el motivo de las comadronas, que se remontaba a los primeros tiempos del arte cristiano.»
   Si esta afirmación es válida para el arte francés, en cambio no se aplica a las demás escuelas, porque Italia, Flandes y Alemania ofrecen, aún en las postrimerias de la Edad Media, numerosos ejemplos de este motivo arcaico. 
     Italia. En su Natividad (Uffizi, Florencia) que data de 1424, Gentile da Fabriano permanece fiel a esta tradición. Otro tanto ocurre con Ottaviano Nelli en su Natividad de Foligno y con Lorenzo da Viterbo en su fresco de la iglesia de S. Maria della Verità, en Viterbo, en donde se ve a José que regresa a la gruta seguido por las dos parteras (1453).
     Países Bajos. Más típica aún es la célebre Natividad del Museo de Dijon, pintada hacia 1430, quizá para la cartuja de Champmol por el maestro llamado de Merodc o de Flémalle: las dos comadronas tocadas con turbante, como debían estarlo en la puesta en escena de los autos sacramentales tienen allí el papel principal y su diálogo está escrito sobre filacterias.
     Zelomi, arrodillada frente al Niño recién nacido, da testimonio de la virginidad milagrosa de la joven madre diciendo: Virgo peperit filium. Salomé, volviéndose hacia su comadre, hace por el contrario un gesto de incredulidad y objeta: Credam quum probavero (Lo creeré cuando tenga la prueba). Enseguida es castigada por su escepticismo, porque su mano derecha queda súbitamente paralizada. Un ángel que desciende del cielo le aconseja que toque al Niño divino: Tange puerum et sanaberis (Toca al Niño y sanarás). Ese pequeño guión prueba que los autos sacramentales habían conservado hasta esta época la popularidad de la leyenda que la Iglesia aún no pensaba  incluir en el Index.
     El mismo tema vuelve a encontrarse en una Natividad atribuida a Jacques Daret (1433), que se encuentra en la Morgan Library de Nueva York. El Breviario del du­que de Borgoña Felipe el Bueno, que se conserva en la Biblioteca de Bruselas, y cuyas miniaturas se atribuyen a Jean Tavernier de Oudenarde o a G. Vrelant de Brujas, nos ofrece otro ejemplo que puede fecharse con la mayor verosimilitud en 1445. José y la partera que éste fuera a buscar están estupefactos al ver a la Virgen de rodillas frente al recién nacido. Su asombro está bien expuesto: José levanta su caperuza roja; la comadrona Zelomi, que se disponía a intervenir y ya se había arremangado, se queda pasmada frente al milagro, con los brazos caídos.
     Por último, es un tema frecuente en los retablos de madera labrada de Flandes y de Brabante, de finales del siglo XV. Como pruebas tenemos un pequeño retablo en el Louvre, otro en el Museo de Gante, y un tercero en la colección Blair de Chicago donde, detrás de la Virgen arrodillada hay dos mujeres, una de las cuales, la partera incrédula, se mira la mano desecada.
     Alemania. Esta tradición se prolonga en Alemania, como lo atestigua el retablo de la iglesia de San Blas de Bopfingen, pintado por Friedrich Herlin en 1472. Un cuadro del Art lnstitute de Chicago, pintado hacia 1512 por Albrecht Altdorfer también muestra detrás de la Virgen adorando al Niño Jesús, a José que trae a una comadrona.
     También se han encontrado ejemplos en la escultura suaba y alsaciana. El Museo de la obra Notre Dame de Estrasburgo posee un altorrelieve de madera de tilo policromada y dorada -hacia 1480- donde la Adoración aparece acompañada por el tema de la partera incrédula.
     Por lo tanto es a partir del siglo XVI y no del XIII, cuando este motivo escabroso desaparece definitivamente del repertorio del arte cristiano. Es una de las víctimas de la depuración iconográfica del concilio de Trento.
El lavado del niño
     La función de las comadronas no se limita a dar testimonio de la realidad de la maternidad virginal de María: ellas también preparan el baño del recién nacido. En el retablo de las clarisas de la catedral de Colonia, excepcionalmente, este trabajo es realizado por la propia Virgen y por San José que vierte agua en una cubeta.
     Una de las comadronas prueba la temperatura del agua con la mano. En el arte alemán suele ser su pie descalzo lo que moja en la bañera.
     ¿Cuál es el origen de este tema que no se menciona en los Evangelios canónicos ni tampoco en los apócrifos, pero que de todas maneras es muy frecuente en el arte bizantino que lo ha transmitido a Occidente?
     Se lo ha querido explicar por un texto, como es natural, y se ha pretendido que lo introdujo en el arte el hagiógrafo griego Simeón Metafrasto (el Traductor), quien vivió en el siglo X.
     Se trata de un error, puesto que puede citarse un ejemplo del siglo IX: una pintura mural carolingia de Italia meridional, en la cripta del monasterio benedictino de San Lorenzo, en el nacimiento del río Volturno.
     Es posible que se trate, simplemente, de una copia directa de los sarcófagos paganos donde el tema  aparece esculpido con  frecuencia en las representaciones del Nacimiento de Baco.
     Es un motivo muy discutible desde el punto de vista de la ortodoxia, porque si Cristo ha nacido de una Virgen, su nacimiento ha sido tan puro como su concepción. No necesitaba ser lavado como los hijos de los seres humanos aquél que vino al mundo para lavar a la humanidad las manchas del pecado original.
     Para responder a esta objeción, los teólogos sostuvieron que el Niño sólo había sido lavado en apariencia, pero que en realidad era él quien había purificado el agua del baño. Se trataría de una prefiguración del Bautismo, y por ello los artistas de la Edad Media dan a veces a la cubeta de la ablución la forma de las pilas bautismales.
     En efecto, en el arte simbólico de la Edad Media, de la misma manera que el pesebre está asimilado al altar, la bañera se transforma en pila bautismal, salvo cuando adquiere la forma de un cáliz eucarístico.
     Los antiguos iconógrafos, poco familiarizados con el arte bizantino, no comprendían nada de esta escena que interpretaban de una manera muy extraña, como San Juan Evangelista hundido en un recipiente con aceite hirviendo.
     A finales de la Edad Media la bañera adquirió la forma de una cubeta de madera.
     La escena desapareció a partir del siglo XV por dos razones. En primer lugar, por una de carácter doctrinario: resultaba irreconciliable con la creencia en la Virgen pariendo sin dolor y de manera sobrenatural, popularizada por el tema de la Adoración que sustituyó al Parto. En segundo lugar, por una razón estética: la escena del Lavado o Baño asociada con la Natividad comportaba un desdoblamiento del Niño, representado dos veces: fajado en el pesebre y desnudo en la cubeta o bañera. Esta yuxtaposición, que resultaba chocante como un  arcaísmo, no podía subsistir en el tiempo en que el arte de Occidente, más evolucionado, buscaba la unidad de la com­posición centrada en la Adoración del Niño Jesús.
2. El tema occidental de la adoración
     El tema de la Adoración del Niño Jesús, a partir del siglo XV sustituyó al motivo bizantino del Alumbramiento.
     En vez de mantenerse acostada debajo del recién nacido fajado, a partir de entonces la Virgen permanece arrodillada «flexis genibus», con las manos unidas frente al Niño desnudo, extendido sobre un montón de heno o sobre u n pliegue de su manto. Quem genuit adoravit.
     La Natividad de Cristo se diferencia de las de la Virgen y San Juan Bautista a la primera mirada, justamente por ese rasgo.
   La genuflexión de la Virgen
     ¿Cómo explicar una transformación tan radical de la iconografía tradicional? De acuerdo con una idea muy antigua, puesto que se encuentran vestigios suyos en la mitología griega, se consideraba que la posición genuflexa facilitaba el parto. Augea, identificada con Ilicia, diosa del parto, tenia como mote «en gonasi" («de rodillas» ), porque había parido a Télefo arrodillándose.
     Sin retroceder tanto en el tiempo, se ha alegado con la doctrina teológica del Parto sin dolor favorecida por el progreso del culto mariano; pero puede advertirse la acción de influencias más claras.
     Según E. Mâle, el libro Meditaciones del Pseudo Buenaventura, un franciscano italiano del siglo XIV que se llamaba Giovanni de Caulibus, habría tenido influenciea preponderante. Pero desgraciadamente, en dicha versión la Virgen habría parido de pie cogida a una columna. «Cuando llegó a la Virgen el momento de parir, se levantó en mitad de la noche y se apoyó contra una columna que había allí (cum venisset hora partus, surgens Virgo appodiavit se ad unam colurnnam quae ibi erat).» Agrega el autor que José, para ayudar, cogió un fardo de heno del pesebre que arrojó a los pies de la Virgen, y que el Hijo de Dios, saliendo del vientre de su madre sin causarle dolor alguno, fue proyectado al instante sobre el heno, a los pies de la Virgen.
     El cambio que comprobamos en la iconografía de la Natividad del siglo XV se explica mucho mejor, como lo ha demostrado el iconógrafo sueco Henrik Cornell, por la popularidad de las Revelaciones de otra mística: Santa Brígida de Suecia.
     Cuenta Santa Brígida que durante su peregrinación a los Santos Lugares, en 1370, se le apareció la Virgen en Belén, y fiel a la promesa que le hiciera en Roma, reconstruyó ante su mirada y con los menores detalles la forma en que pariera a Jesús. La Virgen vestía una túnica transparente (subtili tunica), a  través de la cual Brígida veía claramente su carne virginal. En el momento de parir se descalzó, como Moisés ante la Zarza ardiendo, se levantó el manto blanco, se quitó el velo, dejó caer sus cabellos dorados sobre los hombros, después preparó los pañales y vendas del Niño que dejó a su lado. Cuando todo estuvo bien dispuesto, flexion ó las piernas (genuflexa est) y comenzó a orar. Mientras rezaba de esa mane­ra, con las manos elevadas, el Niño nació súbitamente, envuelto en una luz tan deslumbrante que eclipsaba completamente la del pequeño candil de José. Entonces, inclinando la cabeza y con las manos unidas, la Virgen adoró al Niño con gran respeto, y le dijo: Bene veneris, deus meus, dominus meus et filius meus. Luego lo estrechó contra su pecho, le cortó el cordón umbilical con los dedos y lo vendó con cuidado.
     Esta descripción de matrona mística, tan experta como una comadrona en materia de partos (porque había tenido muchos hijos), concuerda  muy detalladamente con la nueva iconografía. Cornell cita una serie de pinturas inspiradas en la visión de santa Brígida, la más antigua de las cuales es, posiblemente, un fresco de finales del siglo XIV que se encuentra en Santa Maria Novella de Florencia. Una pintura sobre madera del Museo Cívico de Pisa, ejecutada a principios del siglo XV por Turino Vanni y una pequeña tabla de Siena de la Pinacoteca del Vaticano, atribuida a Sano di Pietro, reproducen de la misma manera todos los detalles del relato de santa Brígida. 
     La Virgen, cuyo pelo se le derrama sobre los hombros, adora de rodillas al Niño Jesús; ha puesto junto a ella el manto, los zapatos y los pañales que había preparado. La inscripción que escapa de su boca es la fórmula de bienvenida que conocemos tan bien: Bene veneris, dominus meus. Finalmente, la presencia de la mística sueca, arrodillada en un rincón, con ropas de viuda, con las manos unidas, o bien pasando las cuentas de un rosario, prueba sin lugar a dudas que esas Natividades italianas son el eco de las Revelaciones de santa Brígida.
     El arte alemán adoptó este motivo casi al mismo tiempo que el arte italiano. La Natividad suaba del Rosgarten de Constanza se remonta, aproximadamente, a 1420; la del maestro Francke, que se encuentra en la Galería de Arte de Hamburgo, pintada en 1424, es exactamente contemporánea de la Natividad de Gentile da Fabriano. Puede citarse un ejemplo aún más antiguo en la pintura franco neerlandesa de principios del siglo XV, en la cual el tema de la Adoración del Niño fue ilustrado hacia 1415 mediante una miniatura de Poi de Limbourg. Resulta evidente entonces que la visión de santa Brígida, preparada por todo un movimiento que se remonta a una época muy anterior a la del Pseudo Buenaventura, que es la de san Bernardo, ha renovado el tema de la Natividad no sólo en Italia sino en toda Europa.
     Estimamos que la creencia en la influencia de los textos sobre la iconografía no debe exagerarse, aunque consideremos válida la demostración anterior. La teoría que postula que «tanto en el siglo XV como en el XIII no hay una sola obra de arte que no se explique por un libro», amenaza con hacernos desconocer la acción no menos profunda de la vida de las formas. No se piensa lo bastante en la posibilidad de contaminaciones iconográficas entre temas tangentes o imbricados.
   Mucho antes del siglo XV el arte cristiano había representado al Niño Jesús adorado por los Pastores y los Reyes Magos, que forman parte de la escena de la Natividad. No es imposible que por un deslizamiento muy natural, la Natividad se haya convertido en una triple Adoración: las genuflexiones de los Pastores y de los tres Reyes Magos, sin contar las del buey y el asno, habrían acarreado la de la Virgen María.
El Niño luminoso
     E. Mâle también honra al arte italiano adjudicándole otro motivo muy característico de la nueva iconografía: el Niño luminoso convertido en fuente de claridad que irradia en las tinieblas como una luciérnaga. Dicho autor ve allí una invención de Correggio, y la fuente de dicho motivo sería la famosa Noche (Nochebuena) de la Galería de Dresde, pintada en 1530. «Lo que es de él -escribe literalmente- es el recién nacido radiante, que esparce la claridad en el cuadro como lleva la luz a las almas.»
     Esta reivindicación es doblemente errónea, porque ese motivo del Niño luminoso es muy anterior a Correggio y ni siquiera es de origen italiano.
     El arte bizantino ya conocía el tema del Niño iluminado desde afuera por las irradiaciones de la estrella milagrosa que guía a los Reyes Magos hacia el pesebre y les señala, como el haz de un proyector, al Niño que buscaban. En la miniatura y el mosaico pueden citarse ejemplos que se remontan al siglo XI: Menologio de Basilio, capilla Palatina de Palermo.
     Las Revelaciones de santa Brígida de Suecia hicieron pasar ese tema a Occidente a partir del siglo XIV. En efecto, la mística cuenta que el esplendor divino que emanaba del Niño Jesús anulaba totalmente la luz natural del candil que encendiera José.
     En las Horas de Étienne Chevalier, Jean Fouquet hace que el techo agujerea­do del establo sea atravesado por la luz de la estrella que alumbraba al Niño. A veces se introduce una variante: en la Natividad constelada de estrellas, pintada en 1424 por el Maestro Francke (Gal. de Arte de Hamburgo) es Dios Padre quien des­de lo alto del cielo proyecta un haz de rayos luminosos sobre el Niño Jesús desnudo. A partir de mediados del siglo XV triunfa otra concepción surgida de la primera con toda naturalidad: el foco de luz resulta introvertido: el Niño ya no es más iluminado desde afuera, sino desde adentro, su carne que se ha vuelto fosforescente irradia la luz que deslumbra el rostro extasiado de su madre.
     Fue en la escuela de los Países Bajos, en las obras del pintor eyckiano Petrus Cristus y del iluminador del Breviario del duque de Borgoña Felipe el Bueno; y posteriormente, en el artista primitivo holandés Geertgen tot Sint Jans (ant. col. von Kaufmann, Berlín), donde nació el tema que E. Mâle, erróneamente, atribuye a Correggio. El mérito de haber renovado el tema de la Natividad corresponde al «luminismo» nórdico procedente de los miniaturistas franceses, mucho más que a Correggio y a los pintores influenciados por Caravaggio. El valón J. Provost de Mons y el alsaciano Hans Baldung Grien lo tomaron a principios del siglo XVI. Pero fue la escuela holandesa del siglo XVII la que pudo captar la poesía y expresar el misterio del tema, gracias a la magia del claroscuro de Rembrandt.
Los ángeles adoradores
     Los ángeles aparecen tardíamente en la representación de la Natividad y siguen la huella del ángel Anunciador que alertara a los Pastores y a los Reyes Magos.
     El primer ángel que asiste a la Natividad es, en efecto, el ángel astroforo, cuya estrella guiara a los Reyes Magos hasta el pesebre de Belén. Después de haber mostrado el camino cumple el papel de introductor de los embajadores a quienes presenta al Niño Jesús.
     Poco a poco los ángeles se multiplican. En el siglo XV son ángeles niños que des­cendidos del cielo en enjambres se arrodillan y unen las manos ante el recién nacido, cuando no bailan una ronda aérea.
     Su alegría no sólo se manifiesta mediante gestos de adoración, sino también por un alegre concierto de voces e instrumentos que ofrecen al Niño Jesús. Inclinados sobre el techo de paja de la cabaña como una bandada de gorriones, cantan a toda voz Gloria in excelsis.
     En un bajorrelieve de la capilla Colleoni, en Bérgamo, se los ve tocar el laúd y hasta el órgano.
La mula y el buey arrodillados
     Los animales participan también en la Adoración del Niño luminoso. Igual que la Virgen y los ángeles, el buey y la mula (o el asno) caen de rodillas.
     A decir verdad, la presencia de los animales en el establo rupestre de la Natividad no se menciona en ninguna parte en los Evangelios canónicos.
     Esta tradición, probada a partir del siglo IV, está consignada por primera vez en el siglo VI, en el Evangelio apócrifo del Pseudo Mateo:
     «... salió María  de la gruta y se aposentó en un  establo. Allí reclinó al Niño  en un pesebre, y el buey y el asno le adoraron. Entonces se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El buey conoció a su amo, y el asno el pesebre de su señor (Cognovit bos possessorem suum et asinus praesepe  domini sui).»
     De esa manera, como lo admite sin malicia el Pseudo Mateo que no ha intentado ocultar su fuente, la leyenda del buey y de la mula (o asno) se funda en un texto de Isaías (1: 3) apartado de su sentido original.
     Además se lo justifica por un texto de Habacuc interpretado de manera disparatada. Habacuc había escrito: «¡oh Yavé!, tus obras./ Dales existencia en el transcurso de los años, / manifiéstala en medio de los tiempos.» Los traductores le hacen decir: «Tú te manifestarás entre dos animales».
     Para justificar la presencia de los animales en la gruta, se imaginó que José los había llevado a Belén porque el gobernador romano había prescrito el empadronamiento no sólo de los habitantes sino también de la ganaderías. Esperaba con­tar con el asno para que sirviera de montura a la Virgen, y vender el buey para pagar el impuesto.
     En la exégesis simbólica, el buey y el asno son las prefiguraciones de los dos Ladrones entre los cuales fue crucificado Jesús, y también las de los judíos y los gentiles.
     «El buey -dijo Gregorio de Niza- es el judío encadenado por la Ley; el asno, que es una bestia de carga, lleva el pesado fardo de la idolatría. Bos judaicus populus, asi­nus gentilis.»
     Sin preocuparse por sutilezas de esa clase, el arte tradujo literalmente el relato del Pseudo Mateo. La alegoría se convirtió en un episodio real.
     Al reconocer la divinidad del Niño, el buey y el asno flexionan las rodillas y lo calientan con sus respiraciones.
  Agnovit bos et asinus Quod puer erar Dominus.
     Según una tradición popular acadia, a media noche los bueyes se arrodillaron en los establos. No se podía turbar su adoración sin arriesgarse a la muerte. 
   En los iconos rusos, el asno, animal desconocido en la antigua Rusia, está reemplazado por un caballo.
     Tales son los elementos que han enriquecido poco a poco el tema bizantino de la Natividad.
La Natividad reformada por el concilio de Trento
     Esta iconografía se ha elaborado en el transcurso de la Edad Media y no parece que el arte moderno le haya agregado nada esencial. La Contrarreforma procedió antes por eliminación que por creación original. Contra el realismo pictórico y familiar de finales de la Edad Media, reaccionó eliminando a las comadronas o parteras, el baño del Niño y también el buey y el asno a los cuales se reprochaba no sólo su condición de apócrifos, sino, sobre todo, su falta de nobleza.
     En cuanto a las innovaciones que se le atribuyen, el motivo del Niño luminoso, y el coro de ángeles músicos son en realidad, como lo hemos visto, herencia del arte del siglo XV (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
A) La adoración de los pastores
     Deben distinguirse dos escenas consecutivas: la Anunciación del ángel a los pastores, que es el tema primitivo, de la Adoración de los pastores, que aparece en el arte mucho después, a finales del siglo XV.
1. La anunciación a los pastores
     El Evangelio de Lucas (2: 8-15) es la única fuente de la Anunciación a los pastores, o -como se decía en francés arcaico- de la Anunciación a los pastorcillos.
     «Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando sobre su rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz, quedando ellos sobrecogidos de gran temor. Díjoles el ángel: No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo; pues os ha nacido hoy un Salvador, que es el Mesías, Señor, en la ciudad de David.»
     Un villancico de la Champaña francesa transpone de manera ingenua, en un francés relleno de latín, ese pasaje del Evangelio:
     Les pasteurs qui s' eveillentl .../ Remplissent leurs bouteilles!... / Incontinent ils marchent/.../ Et emsemble arriverent /.../
   Los pastores que despiertan
   Gabrielis ore 
   Rellenan sus botellas 
   Bacchio liquore.
   Incontinentes marchan 
   Relicto pecore
   Todos juntos llegaron 
   In Bethleem Judae.
     La vidriera de la Natividad de la iglesia Saint Gervais de París comenta el acontecimiento en el siglo XVI, empleando una lengua vulgar que ya no necesita recurrir al latín:
     La Vierge à la fin des neuf moys / Enfanta Jésus, roy des roys. / Puis les angels par chants nouveaux / L'adnoncerent aux pastour eaux.
   La Virgen al fin de los nueve meses 
   Alumbró a Jesús, el rey de reyes.
   Luego los ángeles con flamantes cantos 
   A aquellos pastorcillos lo anunciaron.
     Los artistas de la Edad Media imaginaron un idilio a partir de ese relato, que se correspondía con el gusto de los calendarios de piedra de las fachadas de las catedrales y de los almanaques iluminados de los Libros de Horas.
     Los pastorcillos, generalmente en número de tres, llevan capas a la peregrina y un cesto. A veces están sobre pequeños zancos sujetos a los pies por una correa. Uno de ellos, que está sentado cerca del rebaño (turris gregis), esquila un carnero. La aparición del ángel, o de los ángeles anunciadores (porque el ángel único del Evangelio de Lucas a veces es reemplazado por un enjambre de ángeles nimbados) los deslumbra: para conseguir esa ilusión los imagineros pocas veces se abstienen de representar a unos de los pastores protegiéndose los ojos con la mano en visera.
     Aunque en el relato de Lucas no haya el menor indicio de pastores músicos, los artistas se complacen en introducir uno o varios pastores que tocan la flauta o la gaita. No hay bucólica sin concierto campestre. El recuerdo de las pastorales antiguas, todavía vivo, basta para explicar esta adición, salvo que se crea -tal como lo propone una ingeniosa hipótesis de G. Millet- que detrás de ello no hay más que un juego de palabras con el texto griego del Evangelio, donde la expresión agrau­lountes (pastores que pernoctaban al raso) pudo ser confundida por elisión de la primera sílaba con aulontes (tocando la flauta).
     Un perro ladra ante la visión del ángel que desciende hacia los pastores.
2. La adoración de los pastores
     Lucas, 2: 15-21. Lucas es el único evangelista que relata la Adoración de los pas­tores; pero se limita a una breve mención: «Fueron con presteza y encontraron a María, a José y al Niño acostado en un pesebre, (Pastores venerunt festinantes et invenerunt Mariam et Joseph et Infantem positum in praesepio)». No se preocu­pa por saber cómo pudieron dejar sus rebaños sin vigilancia; tampoco dice cuántos eran ni si llevaron regalos o no al Niño Jesús.
     Tanto los teólogos como los artistas se esforzaron por completar esas sumarias informaciones.
     1. Se admitió que los pastores eran tres, para hacer pareja con los Reyes Magos. No obstante, muchas veces se representan sólo dos para formar pareja con María y José, el burro y el asno. Representan a los judíos, mientras que los Reyes Magos son el símbolo de los gentiles.
     2. El pueblo no podía creer que los pastores se hubiesen presentado con las manos vacías. Sus humildes ofrendas no pueden competir con las de los Reyes Magos, claro está; pero el regalo de los humildes vale lo mismo que los tesoros de los reyes. Uno le regala el cordero más bello de su rebaño, con cuyo vellón José confeccionará una pelliza para el Niño, el segundo regala su cayado y el tercero su caramillo.
     Los teólogos interpretan estos regalos en sentido simbólico: el  cordero con las patas atadas significa el sacrificio de Jesús, el cayado indica que será pastor de almas, y el caramillo que sus discípulos lo seguirán como a un nuevo Orfeo.
     3. Se supuso que los tres pastores iban acompañados por dos pastoras cuyos nombres, tomados de los autos sacramentales del teatro de los Misterios, eran -en Francia- Alisan y Mahot. También ellas hacen rústicos regalos al niño: un cuenco de leche, aves y huevos.
     Fue sobre todo en el siglo XVII, con Rubens, cuando se difundió la costum­bre de agregar pastorcillas a los pastores. Desarrollado de esa manera, el tema se convierte en una Adoración de los pastores y las pastoras.
Iconografía
     El arte bizantino, salvo raras excepciones, hasta el siglo XV sólo había ilustrado la Anunciación a los pastores, y Occidente no irá más lejos. Es a partir de entonces cuando se ve a los tres pastores arrodillarse frente al Niño para ofrecerle el cordero, el cayado y la zampoña o flauta cuando los artistas crean, a partir del modelo de la Adoración de los Reyes Magos, el tema de la Adoración de los pastores.
Se advertirá que el Niño Jesús es siempre, en tal caso, un recién nacido acostado en el pesebre o en una cuna, mientras que en la Adoración de los Reyes Magos es más grande, de alrededor de dos años de edad, y que está sobre las rodillas de la Virgen.
     La escena está adornada con ingenuos detalles pictóricos. Los pastores aparecen disfrazados de flautistas.
     En agradecimiento, José les sirve un trago de vino. Si la escena es nocturna, ilumina el pesebre con un candil.
     La Adoración de los pastores y la Adoración de los Reyes Magos están agrupadas en la misma composición sólo excepcionalmente. En tal caso, los pastores es­peran humildemente su turno para ofrecer al Niño Jesús sus modestos regalos.
     A partir del siglo XVI el tema se benefició de la creciente popularidad de la pintura de género.
     En Venecia, los Bassa no le dieron un sabor rústico.
     Después del concilio de Trento, en el siglo XVII, se volvió muy frecuente. En recuerdo del arte cristiano primitivo, uno de los pastores está representado como el Buen Pastor. Para dar mayor solemnidad a ese homenaje, ángeles músicos descienden del cielo para ofrecer un concierto de arpas y laúdes.
     En el arte popular es el tema predilecto de los Pesebres napolitanos y de los grupos de santons provenzales.
     La afición a las pastorales, muy difundida en casi todas las épocas, contribuyó a mantener este motivo en el arte cristiano (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la pintura "Adoración de los Pastores", anónima del círculo de Lambert Lombard, en la sala II del Museo de Bellas Artes, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la Sala II del Museo de Bellas Artes, en ExplicArte Sevilla.