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sábado, 1 de agosto de 2026

Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla IV: desde la Puerta Osario hasta la Puerta de la Carne

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Ruta por las Murallas y Puertas de Sevilla IV: desde la Puerta Osario hasta la Puerta de la Carne, de Sevilla.
     La antigua calle Ancha de San Roque se formó extramuros entre las puertas de Osario y de Carmona, delante de las casas que se apo­yaban en la propia muralla desde el siglo XV, un ámbito que sería reurbanizado tras la demolición de la puerta Osario de acuerdo con los planes urbanísticos municipales elaborados por el arquitecto Balbino Marrón. La calle presenta edificaciones de gran interés arquitectónico, aunque se han derribado otras construcciones modernas. En la esquina con Gonzalo Bilbao se ha conservado la antigua Fábrica de Harinas Santa Ana de Francisco Clavero Hernández, obra del arquitecto Francisco Ortiz Santaella en 1883 en estilo neoclásico-modernista, cuya ejecución supuso el abandono definitivo del proyecto municipal para proporcionar mayor anchura a la nueva ronda. Por su parte, en la otra esquina de la calle Gonzalo Bilbao, se levantaba la antigua cochera de la Compañía de Tranvías de Sevilla, construida en 1897 en el llamado «campillo del Boquete» por iniciativa de su primer director, Otto Engelhardt, el ingeniero alemán a quien se debe la electrificación de este sis­tema de transporte desde su puesto en la Compañía Sevillana de Electricidad fundada en 1894. Estas instalaciones se derribaron en 1972, tras el traslado de los últimos tranvías a las otras cocheras de la compañía en la avenida de Coria en Triana, las cuales acogieron las líneas de Camas y Puebla del Río, las últimas en desaparecer al sustituir el Ayuntamiento el sistema de tranvías eléctricos por el de autobuses de motor de combustión en los años 60.
     En el número 41 actual de la calle Recaredo se levanta el CEIP Jardines del Valle y Centro de Educación Especial Virgen de la Esperanza, antiguo colegio y posteriormente Escuela Normal de Magisterio hasta su traslado a Ciudad Jardín en los años 60. Fue diseñado en 1929-32 por el arquitecto Juan Talavera y Heredia, en el que puede ser su proyecto de edificio escolar más completo en la etapa republicana. De este modo, a lo largo de los primeros decenios del siglo XX, la antigua calle Ancha de San Roque fue transformándose en todo un muestrario de los diferentes estilos arquitectónicos que se estaban desarrollando en la ciudad, aprovechando la libertad que proporcionaban los nuevos espacios urbanos planificados. Así pues, nos encontramos en este tramo urbano con edificios del arquitecto Juan José López Sáez (en los números 3 y 5, 35 y 37 ); de José Espiau y Muñoz en los números 8 y 9; de Antonio Gómez Millán en el número 28; de Antonio Arévalo Martínez (n.º 13 y 33 ); de José Sáez y López, el Colegio Santo Tomás de Aquino en el número 31, y el más alejado Colegio de Carmen Benítez, de Francisco Aurelio Álvarez Millán, entre otros autores presentes en esta avenida. Todo un catálogo de arquitectura ecléctica, neomudéjar y regionalista, característico del momento en que se moderniza esta vía. No obstante, merece la pena destacar el pequeño pero interesante edificio neomudéjar que Antonio Arévalo Martínez diseñó para la Compañía Sevillana de Electricidad en 1912 en el número 30 de la calle, ya que este tipo de construcciones destinadas a albergar los centros de transformación eléctrica, hoy en desuso, se distribuyeron por numerosos puntos del callejero sevillano, como los que aún permanecen en las calles Postigo del Carbón, Carmen, Feria, Pagés del Corro o avenida de Miraflores, entre otros, reconvertidos en viviendas o abandonados.
     Otro aspecto que hay que destacar es la manzana de viviendas que se organizó entre la muralla urbana y la ronda exterior, formando la calle Conde Negro, su eje central. Este arrabal adosado a la muralla surgió en el siglo XV, cuando el arzobispo don Gonzalo de Mena fundó aquí un hospital para esclavos negros, lo que facilitó la ocupación de este espacio por corrales de vecinos ocupados por esta minoría. Esta calle recibe el nombre de un tal Juan de Valladolid, que había sido nombrado juez de negros por los Reyes Católicos. La calle hoy se abre en dos direcciones, pero hasta el siglo XIX, como podemos ver en los planos antiguos, era un callejón sin salida al que se accedía desde la antigua calle Ancha de San Roque (actual Recaredo) por el primer tramo de la calle Guadalupe. Precisamente, la existencia de esta minoría explica la fundación de la Hermandad de los Negritos en la actual capilla de Ntra. Sra. de los Ángeles (1965), documentada en 1554 (aunque puede ser una fundación más antigua) en el hospital mencionado anteriormente.
     Por otro lado, el aumento demográfico de este arrabal originó la fundación de la parroquia de San Roque en 1574 y la construcción del templo por el arquitecto Pedro Silva en 1764, aunque el edificio actual es el fruto de su reconstrucción tras el incendio sufrido en julio de 1936 en el contexto del golpe de Estado que dio inicio a la guerra civil. Más adelante, en dirección a la puerta de Carmona, se encuentran los restos del convento de San Agustín, del que tan solo quedan en pie algunas dependencias en torno al claustro (donde permanece en el suelo, despiezada, la portada renacentista diseñada por Hernán Ruiz), el refectorio gótico y la escalera principal, ya que el conjunto fue desamortizado en 1835 y convertido en cárcel hasta 1880. Después de esta fecha, se utilizó como mercado y posteriormente se parceló y se vendió por lotes cuyas construcciones modernas han acabado por ocultar las dependencias monacales. El convento era la sede principal de la Orden de San Agustín en Andalucía desde su fundación en el siglo XIII y aquí se veneraba, hasta la exclaustración de la orden, la magnífica imagen del Cristo de San Agustín, que lamentablemente también se perdió en el incendio de la iglesia de San Roque, junto con el resto de imágenes y enseres del templo.
Puerta de Carmona
     La antigua puerta de Carmona se localizaba donde ahora confluyen la calle Muro de los Navarros y la actual calle Puerta de Carmona, frontera al convento de San Agustín. Recibía este nombre (Bab Qarmuna) por el camino Real, la antigua vía Augusta, que comunicaba Sevilla con Carmona. Era una de las puertas principales de la ciudad, probablemente el antiguo eje oriental del decumanus de la Híspalis romana, por la que entraban todo tipo de viajeros y mercancías para los mercados intramuros y, sobre todo, el agua que se suministraba a la ciudad desde las minas subterráneas de Alcalá de Guadaíra a través de un acueducto de más de 17 km, los llamados "Caños de Carmona", del que se conservan algu­nos tramos modernos en la barriada de los Pajaritos y en la calle Luis Montoto, el último de ellos descubierto al derribar el antiguo puente sobre el ferrocarril en 1991.
     El acueducto fue construido en el siglo XII durante el mandato del califa almohade Abu Yaqub Yusuf aprovechando los restos de un viejo conducto romano que traía el agua desde la alcalareña fuente de Santa Lucía para su transporte a las huertas extramuros, como la almunia de la Buhayra, a diversos lavaderos y molinos y, sobre todo, para el consumo de la propia ciudad. La conducción era subterránea hasta acercarse a la actual Torreblanca, donde el acueducto se hacía visible y sus aguas discurrían por un canal que abastecía diversas huertas y molinos cuyas rentas pertenecían al Cabildo hispalense por donación de Alfonso X en el siglo XIII. Pero, al acercarse al humilladero de la Cruz del Campo, el acueducto se elevaba progresivamente sobre arca­das con objeto de superar la muralla, hasta alcanzar su mayor altura al llegar a la puerta de Carmona donde el agua se almacenaba en un depósito adosado, el Arca del Agua, para ser repartida posteriormente a diversas fuentes de la ciudad (la fuente de Mercurio en la plaza de San Francisco, por ejemplo), conventos y casas nobiliarias (el palacio de los Medinaceli o Casa de Pilatos, entre otros) y el Alcázar de la ciudad (a través del callejón del Agua).
     Más tarde, en el siglo XIX, el asistente Arjona ordenó la reforma del acueducto y la construcción de un tramo rectilíneo y elevado entre Torreblanca y la Cruz del Campo que evitase el rodeo por las huertas y molinos que podemos ver en el plano del siglo XVII.
     Esta distribución se mantuvo hasta la instalación del suminis­tro de agua por la Seville Water Works a comienzos del siglo XX, a pesar de haber sido demolida la puerta en 1868.
     El otro gran aporte de agua a la ciudad procedía de la cercana Fuente del Arzobispo, la cual abastecía a los barrios del cuadrante septentrional aproximadamente, a lo que habría que sumar otros recursos hídricos de menor calidad como los procedentes de pozos particulares e, incluso, del mismo río Guadalquivir en los espacios recomendados para ello.
     La puerta primitiva de la cerca islámica fue sustituida por otra de carácter monumental, diseñada por Asensio de Maeda en 1578, bajo el mandato del conde de Barajas, dentro de una operación urbanística que buscaba la alineación de la calle San Esteban con la puerta, para lo que fue preciso derribar el viejo Hospital de la Veintena, sin uso desde la reforma hospitalaria del cardenal Rodrigo de Castro en 1586. Los espacios del interior de la puerta fueron utilizados como cárcel de caballeros bajo la autoridad del duque de Alcalá hasta bien entrado el siglo XVII y posteriormente como vivienda para el encargado de la vigilancia del Arca del Agua. Hay noticias acerca del escaso cumplimiento de la normativa de cierre de la puerta en el horario establecido por las ordenanzas, ya que los vecinos del arrabal de San Roque, así como los intereses de los cercanos con­ventos de San Agustín, San Benito, Santo Domingo de la Calzada y del vecindario del área de Santa Justa, reclamaban que la puerta se mantuviera siempre abierta para atender sus diferentes necesidades, lo que se conseguiría finalmente a comienzos del siglo XIX.
     Por otro lado, también era un viario muy utilizado por la pobla­ción sevillana al realizar el vía crucis que partía de la Casa de Pilatos, atravesaba la puerta de Carmona y tras diferentes estaciones concluía en el humilladero de la Cruz del Campo levantado en el siglo XV sobre una pequeña elevación junto al camino y el acueducto. Dicho vía crucis había sido instaurado en 1521 por el primer marqués de Tarifa, don Fadrique Enríquez de Ribera tras su viaje a Tierra Santa, y hoy podemos recordar sus estaciones a través de los paños de azulejos colocados en 1958, los cuales recogen diver­sas escenas de la Pasión según la iconografía cofradiera sevillana. Como ya hemos visto anteriormente, la puerta fue derribada en 1868, pero afortunadamente han llegado hasta nosotros retazos de su historia como los restos de la muralla que podemos observar tras una verja metálica en el número 2 de la calle Puerta de Carmona o el curioso caso de una bomba embutida en el muro exterior del número 1 de la calle Mosqueta, recuerdo del bombardeo que sufrió este sector de la ciudad por las tropas gubernamentales del general Pavía enviadas desde Madrid para aplastar el levantamiento cantonal andaluz iniciado tras instaurarse la I República en 1873.
     Tras el derribo de la puerta todo el área extramuros fue planificada en torno a 1872 con el diseño de nuevas edificaciones que ocultaron la muralla y nuevas calles y manzanas entre esta y el arroyo Tagarete. Entre las nuevas construcciones sobresale la man­zana triangular de la Florida, en cuyo solar la prensa se ha hecho eco de las excavaciones arqueológicas que descubrieron en 2009 los restos de un arrabal islámico y bajomedieval cristiano, quizás el de Benialofar junto al Tagarete mencionado en algunas fuentes. Con posterioridad, nuevos trabajos arqueológicos han sacado a la luz en 2019 restos más profundos que se han interpretado como pertenecientes a un santuario de época republicana romana, almacenes e infraestructuras portuarias junto al Tagarete, así como un tramo de calzada romana, quizás la vía Heraclea, un conjunto que muestra la pujanza de este sector hace más de dos mil años.
     Lamentablemente, del interesante conjunto de hotelitos que ocu­paba la acera frontera de la Florida, obra del arquitecto Jacobo Geli Lassaleta, tan solo uno de ellos ha sobrevivido, modificado y encajonado entre edificaciones recientes que le hacen perder su carácter original.
     A partir de la puerta de Carmona, la muralla discurre entre la calle Tintes y la avenida Menéndez Pelayo, como se puede intuir en un pasaje cerrado a la altura de donde se situaría la puerta. Durante la Baja Edad Media, el espacio de la calle Tintes junto a la muralla estaría sin edificar, debido a las normas municipales que prohibían obstaculizar el libre acceso a los caminos de ronda de la muralla, pero finalmente se ocuparía todo el espacio intramuros de la calle, donde se localizarían industrias molestas para el vecindario, como el trabajo de los caleros o el curtido y tintado de las pieles, lo que explicaría el alejamiento de estas actividades en una zona marginal. Algunos textos mencionan también la existencia en este tramo de la calle del llamado «postigo del Jabón», que comunicaría este espacio con las huertas extramuros, como la de Espantaperros, Mataperros y Mataperrillos, junto al cauce del Tagarete, pero no se ha podido ubicar con exactitud dicho portillo, quizás en las cercanías de la plaza de los Zurradores. El derribo de la muralla en este área, permitió la apertura de nuevas calles en los años 70 del siglo XIX: Estella, Irún, Pasaje Zamora, González de León, Juan de la Cueva, Juan Hispalense y Conquista, las cuales comunican la avenida Menéndez Pelayo con el interior de la ciudad.
     Por otro lado, los trabajos arqueológicos desarrollados en los solares de nueva construcción del tramo de Menéndez y Pelayo hasta la puerta de la Carne, permitieron a sus excavadores confirmar que la liza, el espacio entre la muralla y el antemuro, adquiría en este tramo una distancia entre muros cercana a los 7 metros, mayor que la que presenta regularmente, lo que ha llevado a pensar que en los espacios cercanos a las puertas los arquitectos almohades diseñaron algún tipo de sistema defensivo más complejo para proteger mejor los accesos a la ciudad (Esteban Moreno Hernández. En torno a las murallas de Sevilla. Guía por las puertas y límites de un casco antiguo. El Paseo editorial. Sevilla, 2023).
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