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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 2 de febrero de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz.
     El término de Villamartín, como el del resto de las poblaciones serranas, está salpicado de asentamientos antiguos. Por su dimensión es de destacar el conjunto megalítico de Alberite, que se compone de siete monumentos al menos, siendo destacable el gran dolmen de galería, con los ortostatos decorados con pinturas e incisiones. Varias aras funerarias testimonian la presencia romana y visigoda, en tanto que una fortaleza del siglo X en el sitio de Matrera rememora la ocupación de los musulmanes.
     El castillo con sus términos fue donado a la orden de Calatrava en 1256 y fue un importante enclave para el control territorial que ocasionó una repoblación casi inmediata. En 12584 Villamartín aparece mencionado como uno de los lugares cedidos a la ciudad de Sevilla junto con el castillo de Matrera que, desde 1342, formaba parte de su sistema defensivo, la Banda Morisca. Sin embargo, la dificultad de poblar el Campo de Matrera hizo que el concejo sevillano concertara con algunos particulares su establecimiento permanente. En 1503 la ciudad de Sevilla concede a Villamartín la Carta Puebla, inaugurando una época de litigios por la propiedad de la tierra que terminará con el fallo de la Real Chancillería de Granada, en 1558, favorable a Villamartín. La difícil repoblación del término tendrá un último episodio en la segunda mitad del sigo XVIII, coincidiendo con el proceso activado por Pablo de Olavide y que supuso el nacimiento de las poblaciones de Almajar y Prado del Rey en el término de Villamartín. De entonces data la casa palacio de los Topete, cuya blasonada portada es de líneas muy austeras y conserva en la escalera una imagen de la Virgen con el Niño, atribuible a Pedro Millán, escultor sevillano de mediados del siglo XV (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).   
     El término municipal está cuajado de asentamientos primitivos, pero la población actual se formó a partir del castillo de Matrera, no consiguiendo su Carta Puebla hasta 1503.
     Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la torre-fachada de la iglesia parroquial de Santa María de las Virtudes, compleja edificación en la que llegaron a intervenir artistas de tanto renombre como Martín de Gainza o Hernán Ruiz II. Tiene tres naves y crucero y en ella sobresale el espléndido retablo mayor, en madera sin policromar, obra del cordobés Dionisio de Ribas, siendo las imágenes de Pedro Roldán.
     La iglesia de San Francisco, construida a principios del siglo XVII, formó parte del antiguo convento de los franciscanos, del que apena queda el claustro. En el altar mayor se encuentra el Cristo de la Vera Cruz, un extraordinario Crucificado tallado en el siglo XVI y atribuido a Roque Balduque.
     La iglesia de Nuestra Señora de las Angustias perteneció al convento de franciscanas clarisas, hoy desaparecido. Tiene un buen retablo mayor de carácter barroco.
     Villamartín cuenta, además, con un conjunto de buenas casas palaciegas distribuidas por el casco urbano. Uno de los mejores ejemplos es la conocida como palacio de los Topete, en la calle Luis y Andrés Mozo, que perteneció a los Austria-Bohórquez (Rafael Arjona, y Lola Wals. Guía Total, Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2008).  
     Importante ciudad de carácter agrícola, con campos muy ricos gracias a la abundancia de sus aguas.
     Su fundación es moderna, del año 1503, y tiene su origen en el castillo de Matrera, entregado por Alfonso XI a la ciudad de Sevilla en 1342 para premiar su esfuerzo en la guerra contra los musulmanes. Desde la plaza del Cabildo, donde se encuentra el Ayuntamiento, se ve la esbelta torre de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Virtudes. Levantado en el siglo XVI, es éste un notable edificio de corte renacentista con gran presencia del barroco. Posee tres naves y crucero y en ella sobresale el precioso retablo mayor, obra del cordobés Dionisio de Ribas.
     La iglesia de San Francisco se construyó en 1828 bajo el patrocinio de Fernando VII. Es barroca y posee un buen retablo rococó con la imagen del titular. La iglesia de las Angustias fue en su día la del convento de las Franciscanas Clarisas, hoy desaparecido. Tiene un artístico retablo mayor y una imagen de la Virgen con Cristo yacente de mucha calidad, obra de Juan de Britto. En la calle Luis y Andrés Mozo se levanta el palacio de los Topete, interesante ejemplo de la arquitectura civil de carácter burgués de la zona (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 

Iglesia de Santa María de las Virtudes
     Iglesia de planta basilical, de tres naves con crucero, sostenidas por pilares de sección cuadrangular, sobre los que cabalgan arcos apuntados. La bóveda que cubre la nave central es de cañón apuntado y las laterales de aristas. El transepto se eleva por encima del resto, estando abovedado con medio cañón y cúpula en el crucero. La desigual altura se aprecia al exterior, con una gran cabecera de sobresaliente volumetría y compleja composición, formada por el ábside ochavado, sostenido por contrafuertes, la sacristía alta o sala del secreto y la caja de la escalera. Tiene tres portadas, dos de ellas son de sencilla factura y están abiertas en los extremos de la nave del transepto. La principal corresponde a los pies del templo, bajo la torre fachada, está coronada por una imagen de la Virgen y flanqueada por las esculturas en terracota de San Pedro y San Pablo, modeladas en Sevilla por el maestro Gómez en 1565. La larga historia de este edificio puede dividirse en tres etapas. La construcción de una iglesia gótica-mudéjar sobre una base musulmana, época de la que datan los arcos formeros de la nave que cabalgan sobre pilares cruciformes y la bóveda de crucería de la capilla sacramental o del Dulce Nombre de Jesús, enterramiento de los Álvarez de Bohórquez desde 1525. En la reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI se añadió el crucero y la capilla mayor, que se cubren con bóvedas de medio cañón, con decoración geométrica, y cúpula. Martín de Gainza aparece como responsable de esta fase constructiva, que sería rematada por la torre-fachada, realizada entre 1562 y 1565, bajo la dirección de Hernán Ruiz II. Suya es una pieza excepcional en el arte de la cantería y la montea, la escalera que comunica las sacristías alta y baja, asimismo obras suya, compuesta de peldaños monolíticos que no tienen apoyo central. La última etapa corresponde a las obras emprendidas tras el terremoto de Lisboa, dirigidas por Fernando Rosales ya en la segunda mitad del siglo XVIII, que se prolongaron hasta 1809, cambial el aspecto final de la decoración interior, construyéndose además el coro, el cuerpo superior de bóvedas de aristas de las naves laterales. A todo ello hay que añadir una intervención moderna que ha consistido en sustituir la vieja armadura mudéjar por una bóveda de cañón.
     Tan importante es la arquitectura de esta iglesia como el conjunto de los bienes muebles. El retablo mayor merece un lugar destacado en la historia del arte sevillano. Adaptado al ochavo de la cabecera, se estructura en banco, dos cuerpos y ático, con tres calles entre columnas salomónicas. Construido en 1678 por Francisco Dionisio de Ribas, con esculturas de Pedro Roldán, está sin policromar y entre 1754 y 1759 fue suplementado hasta sellar la separación del mueble y el muro, bajo la dirección del maestro Matías Navarro. En el sagrario del banco están representados los Evangelistas Juan y Mateo. En el primer cuerpo, San Pedro y San Pablo, con los santos Lucas, Marcos y Juan Bautista; en la hornacina central o manifestador, que es giratoria, por estar preparada para la exposición del Santísimo, una imagen de la Virgen de las Virtudes, obra del imaginero sevillano Juan de Astorga. En el siguiente cuerpo comparten espacio los relieves de los Padres de la Iglesia, San Ambrosio, San Agustín, San Gregorio Magno y San Jerónimo; San Joaquín, Santa Ana y finalmente la Coronación de la Virgen.
     En el testero de la nave de la izquierda hay un retablo de estípites, de mediados del siglo XVIII, construido por Matías Navarro, presidido por un Crucificado que se conoce como de "de Ruy Díaz", en consideración al supuesto autor. En realidad más parece una imagen de principios del siglo XIX cercana a la producción de Juan de Astorga. A los lados se sitúan San Juan y la Virgen, tallados en la época del altar en madera de su color. Entre los lienzos del muro contiguo destaca un busto de Santo Tomas pintado en la primera mitad del siglo XVIII. A continuación se ubica la capilla sacramental, con decoración neogótica y cubierta por una bóveda de terceletes, que se cierra con una interesante reja renacentista de dos cuerpos y remate. El retablo es moderno y está presidido por la imagen titular de una cofradía, un Nazareno de vestir, que pertenece a Francisco de Ocampo y sus discípulos (1623-1645). En los laterales dos cuadros que representan la Adoración de los Pastores y los Desposorios, realizados a fines del siglo XVII al igual que las dos lámparas que cuelgan de las jambas. El púlpito es una valiosa obra de la cerrajería barroca, realizada en 1760 por Juan Mensías, y cubierta por un tornavoz de Juan Alonso de Burgos fechado en 1759. También la crujía de hierro es del mismo maestro herrero sevillano.
     El altar de María Auxiliadora, con Domingo Sabio y San Juan Bosco, en retablo neobarroco, está vinculado a los Salesianos. Es moderno y sin interés. Junto a la puerta lateral del templo hay dos cuadros barrocos; uno representa a la Virgen del Rosario, fechada en 1638, y otro es la Oración en el Huerto, técnicamente deficiente y bastante deteriorado. A continuación se sitúa el altar de las Ánimas, con el tema principal pintado en el siglo XIX, y los lados dos esculturas modernas de la Milagrosa y San Sebastián.
     El último tramo de la nave presenta una elaborada composición simbólica en un retablo neoclásico; en el nivel inferior se sitúa una Virgen muerta en su urna, delicada escultura de fines del siglo XVIII que aparece vestida, con corona de plata  los pies calzados. Sobre ella se ha colocado una pintura del siglo XIX representando su Asunción a los cielos. En el testero de los pies se encuentra un altar de fábrica, moderno, que alberga actualmente la talla de San José con el Niño, magnífico conjunto realizado por Francisco de Ocampo en 1622.
     Sobre la puerta de los pies hay un lienzo de escuela mexicana de la Virgen de Guadalupe, pintado en el siglo XVIII. En el trascoro cuelga la interesante talla del Crucificado de las Aguas, del sigo XVII, de pequeño tamaño y articulado. El coro fue obra del ensamblador José Pecio, que lo realizó en 1767 junto con la reja, que era de madera y fue sustituida en 1804 por otra de hierro, como recuerda una inscripción situada al pie de la misma. Ocupa el lugar de otro contratado por Miguel Cano en 1618, de acuerdo a las trazas del maestro mayor Diego López Bueno. Posee una rica decoración rococó y aun conserva algunas de las misericordias de los estalos. En el facistol, de época se exponen cuatro libros corales fechados en 1626. En el escalón de acceso al recinto se encuentra una sepultura, de 1570, perteneciente a Pedro García Toledano, su esposa Catalina Díaz y herederos.
     La capilla bautismal, primera de la nave de la derecha, es amplia y guarda un lienzo del Bautismo de Cristo pintado en el siglo XVII por un desconocido Juan de Vargas. También las esculturas de una Sagrada Familia recompuesta, formada por la pareja dieciochesca de San José con el Niño y una Inmaculada con el escapulario carmelita, de la primera mitad del siglo XVII. Ya fuera de la capilla y sobre el muro de la nave de la derecha, un retablo compuesto con restos de otros está presidido por una talla de Cristo resucitado, atribuido a Jerónimo Hernández, con dos cuadros pequeños en el banco, que representan a Santiago y a un santo franciscano de desconocida procedencia.
     El retablo siguiente fue realizado a mediados del siglo XVIII, ha perdido el banco y en la hornacina principal se aloja una pequeña Virgen del Carmen, de candelero. En el ático un lienzo de Santa Catalina del siglo XVII y a los lados dos cuadros de San Luis Gonzaga y de Santa Teresa. Sigue un retablo neogótico de escaso interés, dedicado al Sagrado Corazón.
     El altar de Santa Ana se estructura en banco, cuerpo y ático, con una arquitectura que se impone sobre cualquier otra consideración de índole decorativa. Es de Pablo Legot, lo mismo que los dos lienzos situados en los intradoses del nicho central, con imágenes de San Lorenzo y San Pablo. De las esculturas que ocupan la hornacina, al menos Santa Ana parece de la época. El San José del ático es más moderno, relacionado quizás con la fecha que figura en el basamento de la pilastra derecha: 1858. Inmediato en el muro de la nave se sitúa el lienzo de San José con el Niño, pintado por un maestro de la escuela murillesca a fines del siglo XVII.
     Más antiguo es el cuadro que representa a San Joaquín con Santa Ana y la Virgen, pero destaca de manera muy especial el gran lienzo que representa el Martirio de San Sebastián, de mediados del siglo XVII. Por último, el retablo que remata la nave fue realizado por Matías Navarro, como el que se ubica en el testero de la izquierda; su iconografía guarda relación con la hermandad de sacerdotes de la que eran titulares las imágenes y está presidido por la escultura de la Virgen del Rosario, atribuida a Jerónimo Hernández, flanqueada por las esculturas de San Juan Nepomuceno y San Pedro. 
     En la sacristía hay que mencionar el cancel que la separa de la iglesia y presenta vistosa peinacería, así como la gran cajonera realizada en la segunda mitad dl siglo XVII, decorada con columnillas salomónicas.
     La parroquia posee una rica colección de plata, en la que sobresalen las crismeras de nudo en forma de templete y baso lobulada, documentadas como obra de Francisco de Alfaro (h. 1588); dos coronas de plata y una aureola de principios del siglo XVII, marcada por el sevillano Melchor de Silva (MS). La custodia de pie, de plata sobredorada y decoración de esmaltes, con nudo arquitectónico, pertenece al platero Martín Alonso del Castillo (1637) y posee la inscripción: "Este sol mando hacer el licenciado Pedro Lavajos siendo mayordomo de la Cofradía del Santísimo Sacramento. Acabose el año 1673". El cáliz de esmaltes, con nudo de jarrón, se ha atribuido al maestro Alonso y el de los querubines, más moderno, se vincula con Juan Laureano de Pina. La mitad inferior de la cruz de altar se asocia con la producción de Hernando de Ballesteros "El Mozo". Llamativo es el trono de la Virgen de las Montañas, de fuste helicoidal, que también se relaciona con el artífice Cristóbal Pérez, que trabajaba en la iglesia en 1622. Del siglo XVIII abundan también las obras sevillanas, como la cruz de manga sin gallones, de Manuel de Hoces; el acetre y los ciriales, de Antonio Salinas; y los blandones de Nicolás de Cárdenas. Los estilos rococó y neoclásico están representados por otro extenso conjunto de piezas sevillanas y cordobesas, siendo de destacar el cáliz de plata sobredorada que podría ser de Vicente Gargallo, la custodia de sol de José Guzmán o las vinajeras de Mateo Martínez Moreno (1789).
     Los tejidos que conserva la parroquia son igualmente de primera calidad y, entre ellos, destaca el terno realizado hacia 1700 y compuesto por casulla, capa pluvial y dos dalmáticas de terciopelo rojo bordado en oro y seda de colores. Asimismo, el terno de San Pedro procedente de la antigua hermandad de sacerdotes, y una rica colección de palias (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Iglesia comenzada a construir en el siglo XVI. Portada con templete greco-romano, una hornacina en medio con una inscripción en su interior. Retablo del Siglo XVII. La actual edificación es el resultado de diversas reconstrucciones. La obra primitiva era del siglo XVI y se trataba de un edificio gótico mudéjar de tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares, esta zona se conserva actualmente en lo correspondiente al cuerpo de la nave, si bien las actuales cubiertas encamonadas de aristas responden a una reforma neoclásica de fines del siglo XVIII. El crucero y capilla mayor responden a una reforma renacentista de la segunda mitad del siglo XVI, los brazos se corren por bóvedas de medio cañón y la capilla mayor por bóveda abocinada, la cúpula es semiesférica sobro pechinas.
     En el primer tramo de la nave derecha se abre la capilla con cubierta de crucería perteneciente a la fábrica primitiva.
     Al exterior destaca la Torre- Fachada, que en la zona baja alberga la portada. Esta se compone de dos cuerpos sustentados por columnas jónicas do fuste estriado que albergan hornacinas rematándose el segundo por frontón curvo. 
     Esta pieza fue diseñada a mediados del siglo XVI por Hernán Ruiz II. Los cuerpos de campana son de planta cuadrada con vanos de medio punto y rematados por chapitel piramidal recubierto de cerámica. Esta última no corresponde a la reforma de fines del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Francisco
     Los franciscanos observantes llegaron a la localidad de Villamartín a fines del siglo XVI, adquiriendo la ermita de la Vera Cruz y unas casas anejas sobre las que levantaron su iglesia primero y las dependencias conventuales en 1630. Todavía conserva parte de las viejas estructuras, como la portería, abovedada de aristas, el claustro y la iglesia. Ésta es de una sola nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos y cúpula la capilla mayor, con el coro a los pies, una fachada decorada por un azulejo dieciochesco, rematada en espadaña y una portada de sencillez decorativa. El altar neoclásico de la capilla mayor, que fue donado por Fernando VII, está presidido por la excepcional talla del Crucificado del siglo XVI, que se ha vinculado con Roque Balduque. A los lados se sitúan las esculturas del Arcángel San Rafael, moderna, y de San Juan de Dios realizada en el siglo XVIII. Dentro de la misma capilla un lienzo decimonónico reproduce la imagen de Santa Rita. El púlpito se abre inmediato al pilar toral en el propio muro de la izquierda, según el tipo conventual. A su lado se halla el retablo de San Antonio, de estípites y con un cuerpo de tres calles, donde la escultura titular fue tallada en 1644 por el sevillano Martín Moreno. A su lado, en una hornacina abierta en el muro, una talla de Jesús de la Humildad y Paciencia, obra del siglo XVII con una importante reforma decimonónica.
     En el muro de enfrente se ubica el cuadro de las Ánimas, con Santo Domingo y San Francisco como intercesores, en su retablo neoclásico. A los pies una urna con un Cristo yacente. En el siguiente altar se encuentra la Virgen de la Soledad en su retablo de estípites de la primera mitad del siglo XVIII. Santo Tomás se encuentra en la capilla inmediata al presbiterio, cuya bóveda está pintada con rocallas y contiene un retablo rococó, con columnas de orden compuesto, de fines del sigo XVIII.
     A este patrimonio hay que añadir un cáliz de plata en su color, sin decoración y astil con nudo troncocónico, de principios del siglo XVIII (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La Iglesia de San Francisco se encuentra en la calle del mismo nombre y forma parte de lo que fue convento.
     De su interior destaca el retablo de estilo neoclásico donado por el Rey Fernando VII que está situado en el altar mayor y que fue colocado en 1828.
     El Cristo de la Veracruz situado en este altar es una magnífica talla del siglo XVI y era el titular de la primitiva ermita. Se atribuye al escultor y retablista flamenco Roque Balduque.
     Destacan un retablo Rococó con la imagen de Santo Tomás, una imagen de Nuestra Señora La Soledad, del siglo XVII y una magnífica imagen de Humildad y Paciencia de Jesús. También son dignas de mención una talla de San Antonio con el niño, realizada en cedro por Martín Moreno en 1644 para la Cofradía de San Antonio y las imágenes de San Juan de Dios y San Rafael que se encuentran en el Altar Mayor.
     En esta iglesia se leyó y juró la Constitución el día 6 de septiembre de 1812, poco después de la retirada de las guarniciones francesas de la localidad. Ese día se celebró una misa solemne y se cantó en señal de gracias al Señor un Solemne Tedeum, como aparece en Actas Capitulares (Ayuntamiento de Villamartín).

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias
     Fue la capilla del convento de las concepcionistas franciscanas, construida a comienzos del siglo XVII. Es de una sola nave y cabecera plana, con una sencilla portada y posee en un lateral la espadaña. La sobriedad exterior se corresponde con un interior de similar acabado en el que contrasta el retablo mayor barroco. La imagen titular, con Cristo muerto en el regazo de la Virgen, es del autor contemporáneo Juan Bernabé Britto. Además, guarda la capilla las imágenes del Nazareno y la Virgen, que proceden de la capilla de la Virgen de los Reyes (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El templo de Las Angustias se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento. Comenzó a construirse a comienzos del siglo XVII. Tiene una sola nave y cabecera plana. Su portada es simple, con un arco rebajado entre sencillas pilastras que sostienen un entablamento. La espadaña lateral es el único elemento que rompe la uniformidad de su composición, con dos cuerpos con vanos de medio punto entre pilastras y frontón triangular de remate. En su interior, también sobrio, destaca su magnífico retablo mayor, de trazado barroco.
     En su origen la capilla formó parte del convento de Franciscanas Menores Observantes de la Concepción. En la misma se encuentran una imagen de la Virgen de Los Reyes y otra de Jesús Cautivo.
Preside el Altar Mayor una imagen de la Virgen de Las Angustias con Jesús yacente en su regazo que fue realizada hacia 1951 por Juan Bernabé de Britto (Ayuntamiento de Villamartín).

Santuario de Nuestra Señora de las Montañas
     La ermita de la Virgen de las Montañas se encontraba construida en 1563 para alojar la imagen, aparecida entre la maleza, a principios del mismo siglo. Las reformas posteriores han modificado el aspecto primitivo de la fábrica. La iglesia es de planta de salón, con una sola nave, cubierta por bóveda de cañón con lunetos y arcos fajones y cúpula sobre la capilla mayor. La cornisa que recorre todo el recinto está decorada con guirnaldas, por lo que podría considerarse una reforma que dotó al recinto de la imagen que hoy conocemos entre los últimos años del XVIII y primeros del XIX. En el testero se encuentra la Virgen de las Montañas en su tabernáculo de plata. A los pies un retablo de cerámica trianera reciente, con las imágenes monocromas de San Antonio y la Virgen con el Niño, según el modelo de Murillo. En la sala de las velas hay otro retablo cerámico centrado por la Virgen de las Montañas, realizado en Villamartín por Antonio Linares, en conmemoración del Año Santo Mariano (1989) (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     El Santuario de La Virgen de las Montañas está situado a unos 8 kilómetros de la localidad. Es centro de peregrinación mariano de toda la comarca, celebrándose la Romería cada año el día 8 de septiembre.
     La Antigua Ermita está consagrada a la Virgen de las Montañas y a San Ginés, patrón de los viticultores. Precisamente, el origen de esta ermita era el prestar atención espiritual a los viticultores de la zona de Pajarete.
     A poca distancia está situada la Fortaleza de Matrera.
     Real el Ilustre Hermandad de Nuestra Señora de las Montañas Coronada
     Santuario de Pajarete
     Apartado de correos 120 11650 Villamartín
     Correo electrónico:  santuariopajarete@gmail.com
     Horario de visitas al Santuario Verano: Mañanas de 09.00 h. a 14.00 h. Resto del año: Mañanas de 10.00 h. a 14.00 h. y tardes de 16.00 h. a 18.00 h.
     A partir del mes de octubre la celebración de la Misa en el santuario tiene lugar todos los domingos a las 12.30 h. (Ayuntamiento de Villamartín).

Cortijo de la Chirigota
     Villamartín posee una notable serie de cortijos y haciendas, con edificios de envergadura e interés artístico. En el cortijo de la Chirigota el granero se refuerza en las esquinas con cilindros, que recuerda el modelo de la campiña sevillana (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
       Caserío de considerable envergadura asociado a una finca de 500 ha. de sembradura de secano. Dispone de varias edificaciones situadas en lo alto de dos lomas que caen hacia el sur. El núcleo principal del cortijo es de estructura cerrada con un patio central rectangular en torno al cual se organizan las dependencias "vivienda, graneros, cuadras, palomar", utilizándose únicamente la primera mientras el resto se halla sin uso. Destaca sobre todo la voluminosa pieza del granero, de dos alturas, planta rectangular, muros de gran espesor, huecos abocinados con arco rebajado de regular distribución, esquinas redondeadas y cubierta a cuatro aguas. La viguería de la planta inferior apoya en un cargadero central de fundición sostenido por columnas también de hierro, mientras la planta superior, subdividida en trojes mediante muretes de poca altura, se cubre con armadura de madera en artesa con tirantes. 
     A unos doscientos metros del cortijo se encuentra la estancia, un gran establo de disposición longitudinal con contrafuertes cilíndricos en las esquinas. Ha de reseñarse el empedrado que sirve de pavimento al patio y que rodea así mismo las zonas edificadas.
      Según la información directa aportada, debió construirse en el tránsito del siglo XIX al XX. Ausente del mapa del Catastro de 1898, la Chirigota es consignada ya por el Nomenclátor de 1900 como "cortijada con tres edificios", y bajo la acepción "cortijo" en la cartografía militar de 1917 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel
     El monumental tinado del cortijo Tierras Nuevas del Cuartel es de tres naves separadas por pilares sobre los que cabalgan arcos de medio punto (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     Caserío de estructura cuadrangular con patio, dividido en la actualidad en dos mitades de sendos propietarios. El sector de fachada consta de dos crujías resueltas mediante bóvedas de arista en planta baja, al igual que tantas edificaciones agrícolas tradicionales "cerealistas sobre todo" del campo gaditano. Las cubiertas son a dos aguas.
     Destaca la estancia o tinahón de los bueyes de labor, una dilatada pieza de 30 m. de longitud y 6 de anchura dividida interiormente en tres naves "la central más estrecha a modo de andén o pasillo para el "pensaor"" mediante arquerías de medio punto sobre pilares cuadrados "entre los que se disponen los pesebres, circulares y rectangulares" unidas por arcos transversales apuntados donde descansa el caballete de la cubierta. La techumbre se resuelve con armadura de parhilera que prolonga los faldones de teja de la cubierta hasta los muros perimetrales de poca altura con numerosos ventanucos cuadrados para la aireación del establo.
     El nombre del cortijo hace referencia al paraje donde se ubica, conocido en su conjunto por Tierras Nuevas, área de remoto poblamiento donde se han encontrado restos ibero-romanos, ligado a la fortaleza de Matrera y otros asentamientos próximos, que posiblemente fuese colonizada hacia el siglo XVIII, completándose su denominación con la posible alusión a la existencia de un cuartel de guardias para vigilancia de la zona, próxima a las dehesas de Prado del Rey, célebres en los siglos XVIII y XIX por los continuos asaltos y la presencia de bandoleros. Este cortijo se contabilizaba en el "caserío con diez edificios" que recoge el Nomenclátor de 1900 para el sector de Tierras Nuevas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de la Granja
     La hacienda de la Granja surge de una granja que perteneció a los jerónimos de Bornos. El edificio principal fue reconstruido en torno a 1940 por Juan Talavera y Heredia (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005). 
     La edificación que hoy se contempla responde a la completa reconstrucción de un antiguo caserío del siglo XIX y representa de manera ejemplar el "estilo andaluz", o "andalucista", que desarrollaron el arquitecto autor de la obra y otros colegas coetáneos entre la década de 1920 y la postguerra, inspirándose en las construcciones rusticas tradicionales de la Baja Andalucía.
     La hacienda, asociada a una finca de 140 ha. de sembradura de secano, pastos y monte bajo, está caracterizada por la presencia dominante del señorío, que aporta al conjunto un aspecto de villa residencial.
     La construcción se trata de un bloque de dos alturas con un pequeño patio interior doméstico, con pautas de la arquitectura campesina, con paramentos en blanco combinado con recursos estilísticos propios del lenguaje neobarroco.
     Un espectacular jardín, que ha de contarse entre los más destacados de la arquitectura rural andaluza, rodea la edificación de la hacienda, a base de terrazas escalonadas, detalles ornamentales en cerámica, un estanque con fuente, flores, árboles de gran porte, con un carácter que lo vincula a la reactivación de la tradición del jardín arábigo-andaluz emprendida en la primera mitad del siglo XX.
     En origen se trataba de una hacienda de olivar, viñas y tierras calmas. Tras su reforma, en el edificio predomina el carácter de villa residencial (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda del Rosalejo
     Se trata, sin duda, de una de las piezas de mayor envergadura y más elaboradas de la arquitectura rural de las comarcas septentrionales de la provincia, a pesar de las numerosas y profundas transformaciones de que ha sido objeto a lo largo del tiempo. Representa ejemplarmente la idea clásica de la hacienda andaluza, con dependencias productivas en origen para múltiples aprovechamientos "viña, olivar, ganadería,"" y un sector residencial de gran empaque y representatividad que domina el conjunto revestido de recursos estilísticos propios de la arquitectura culta.
     La edificación se organiza sobre una planta rectangular alrededor de un patio cuadrado enmarcado por construcciones de dos y tres crujías, de una y dos alturas bajo cubiertas de teja árabe. La fachada principal original presenta una monumental composición de orden urbano y porte palatino: la entrada en el centro con portada de piedra a base de pilastras, arco adintelado con escudo de armas en la clave y gran cornisa de rico molduraje sobre la que se sitúa un balcón con pilastras y entablamento. A los lados se disponen series de cuatro huecos a eje en cada planta, ventanas salientes con tejadillo, reja y poyete en la inferior y balcones con recercado de molduras mixtilíneas en la superior, huecos que resultan ser fingidos en una de las alas con la intención de equilibrar la composición del conjunto. La fachada se realza con una escalinata de piedra enfilada hacia la portada que desciende a las terrazas de un jardín delantero. El cuerpo de fachada, cuya construcción de doble crujía ocupa sólo dos tercios de su longitud, acoge el señorío, con amplios salones y escalera en un lateral. El zaguán, bajo bóveda de arista, comunica a través de un arco trilobulado con uno de los elementos más llamativos de la edificación, una galería también bajo bóveda de arista y zócalo de azulejos que se abre al patio mediante tres arcos trilobulados mixtilíneos de acentuado movimiento, el central más ancho y rebajado, apeado en columnas pareadas de mármol, solución que se relaciona con obras domésticas del barroco tardío de Andalucía occidental. El patio, carente de sentido utilitario, está ajardinado, con dos estanques rectangulares y andén central.
     Las construcciones de tres crujías en fondo de los laterales del patio alojaron antaño diversas dependencias productivas, habiéndose remodelado casi en su totalidad para cometidos residenciales y de servicio. Uno de los costados, con acceso propio de arco elíptico en piedra, se articula en tres naves separadas por arquerías. En su extremo trasero destaca una antigua torre de contrapeso con cubierta de teja a tres aguas rematada por pináculos bulbosos con cruces de forja. Aún se observa la capilla bajo el contrapeso, con arco de descarga de ladrillo, propia de una viga para prensa de aceite o de lagar. En la esquina opuesta de la trasera se eleva otra torre gemela, mera réplica de intención compositiva sin aplicación funcional. Entre ambas discurre otra pieza de uso residencial, en la que se localizaban con anterioridad el trujal, gañanía y otras dependencias.
     El costado restante, asimismo muy reformado y compartimentado, se divide en tres naves de altura descendente hacia el patio, con una esbelta arquería de arcos apuntados sobre pilares con arcos de medio punto superpuestos para aligerar el muro donde descansa la cumbrera y otra arquería de medio punto sobre pilares. La mayor parte de este espacio está ocupado por las cuadras, con departamentos para pienso y guadarnés. Bajo este lateral, salvando la diferencia de cota, se dispone un cuerpo de bodega de gran interés, con tres naves de bóvedas de arista sobre gruesos pilares circulares de piedra, con arcos formeros y perpiaños perfilados. Aunque sólo alberga un reducido número de botas, presenta las trazas de una bodega de crianza, con suelo terrizo. A su lado se ha levantado en época reciente una nave industrial para el procesado y envasado de vinos. 
     El Rosalejo ocupa una escogida posición en el Campo de Matrera, donde se localiza el pago de Pajarete, antaño uno de los más renombrados de la provincia por la calidad de su viñedo, acompañado de olivares.
     Presumiblemente, los antecedentes del Rosalejo se remonten a un caserío con lagar, molino de aceite y otras dependencias reconstruido y ampliado con posterioridad hasta adquirir las formas y proporciones que hoy lo caracterizan. Con todo, no son muy prolijas y sistemáticas las noticias sobre la edificación. En el mapa que acompaña a las respuestas del Interrogatorio de Tomás López, iniciado en 1776, se dibuja el pago del Pajarete con cuatro caseríos, uno de los cuales puede situarse en el emplazamiento actual del Rosalejo y quizás corresponderse con él al representarse uno con dilatada fachada, abundantes huecos y una torre que se distingue de los otros tres, de trazado mucho más sencillo. 
     Una primera mención específica del Rosalejo, recogida por A. Hernández Parrales, data del 19 de agosto de 1794, al aparecer en un informe del Cabildo de Sevilla referente a la vecina ermita de Nuestra Señora las Montañas, indicándose que "las nuevas poblaciones inmediatas a aquel pago tienen Misa los días festivos en las haciendas del Rosalejo y de la Granja, poco distantes de la hermita", lo cual hace suponer la existencia por entonces una capilla en su caserío. En 1807, el francés barón de Bourgoing recoge en su relación de viajes en España una alusión "citada por J. y J. de las Cuevas" a las bodegas del Pajarete propiedad del marqués de las Amarillas, en las que se atisba una posible identificación entre éstas y el Rosalejo: "Famosas por su vino, están a cuatro leguas de Ronda, y pertenecen a M. Girón, uno de los principales habitantes de Ronda, oficial distinguido, conocido en la última guerra bajo el nombre de marqués de las Amarillas". Años después, Frasquita Larrea, que relata su viaje de Bornos a Ubrique en 1824, glosa la calidad del vino del Pajarete, "afamado por toda la Europa" y escribe que "cada una de esta viñas tiene su casa y entre ellas sobresalen las ruinas de la del Rosalejo, hermosa posesión que labró, embelleció y habitó la Marquesa de las Amarillas, y fue quemada en la guerra de la independencia por haberse guarnecido en ella una partida de guerrilla española que se dejó abrasar antes de rendirse".
     El Rosalejo aparece, así, relacionado desde al menos el siglo XVIII con una de las más influyentes familias de la nobleza de Ronda, de apellidos Ahumada y Girón, marqueses de las Amarillas y desde 1835 duques de Ahumada, cuyos titulares ejercieron altos cargos del ejército y la administración: Agustín Ahumada Villalón (1760), marqués de las Amarillas, fue virrey de Nueva España, Pedro Agustín Girón (1842), I duque de Ahumada, ministro de la Guerra y miembro del Consejo de Regencia, y Francisco Javier Girón (1870), II duque, senador, ministro de la Guerra y fundador de la Guardia Civil en 1844. Es probable que la monumental obra se erigiese a fines del siglo XVIII "a tenor de la cita de F. Larrea y del barroquismo tardío del edificio", reconstruyéndose quizás en época de los primeros duques, propietarios de grandes posesiones rústicas en el área de la provincia de Cádiz cercana a la serranía de Ronda "como el cortijo de la Ahumada". El blasón que ostenta la portada del Rosalejo, timbrado por corona que parece ducal, representa en sus cuarteles las heráldicas de los apellidos Ahumada "cinco estrellas y cruz de Calatrava en el primero y tercero" y Girón "mediante cinco jirones en el cuarto", mostrando en el segundo una torre con remate (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Hacienda de los Huertos
      El edificio que hoy se contempla, muestra de primer orden de los caseríos de olivar de la provincia gaditana por la calidad de su trazado, es resultado de la reconstrucción efectuada en 1910 a partir de un molino aceitero preexistente, probablemente una construcción más modesta y de menor envergadura, a tenor de los indicios de un molino con prensa de viga que cabe detectar enmascarados en el conjunto de la obra. La edificación, que ha sido estudiada por G. Florido en el apartado que dedica a las casas de olivar de la depresión del Guadalquivir, define un plano cuadrado con torreones en tres de sus ángulos y construcciones de dos plantas, en su mayor parte, cerrando el vacío de un patio. Ante el área de acceso empedrada se dispone la fachada, regida por la simétrica composición de cuerpos y vanos. En las esquinas destacan sendas torres con huecos superpuestos a eje "el superior un óculo circular sólo señalado mediante el recercado" y cubiertas de pabellón de teja árabe con pináculos en los vértices. Entre las torres se desarrolla el cuerpo frontal con el acceso de arco rebajado en el centro bajo un balcón y ventanales con reja en voladizo a los lados. Un zaguán con arcos de medio punto que perforan los muros maestros conduce al patio. 
     En este primer cuerpo se encuentran, en planta baja, la vivienda de caseros, cocina y guadarnés, a un lado, y al otro, almacenes y la escalera de subida a la planta principal, que aloja graneros y el señorío, con solería hidráulica y decoración de pinturas murales de aire modernista en los techos, prolongándose sobre el lateral adyacente a lo largo de diversas salas y una galería acristalada sobre el patio. Bajo este último lateral se halla la bodega de aceite con tinajas empotradas en el suelo y la nave de prensa "con una galería porticada junto al patio para los trojes" terminada en una torre, cuya base de gruesos muros parece identificarse con la capilla del contrapeso de una antigua prensa de viga. En posición perpendicular respecto a esta nave, ya en el costado trasero del patio, está el trujal, el espacio con el empiedro, sobre el que se sitúa la gañanía, en la planta superior, y, a continuación, las cuadras de mulos, de una sola altura, divididas por una esbelta arquería atirantada de medio punto sobre pilares con hileras de pesebres rectangulares. El flanco restante del patio acoge la cuadra de caballos de monta, la antigua cochera de carruajes, almacenes y talleres. Una zona ajardinada con arbolado se extiende junto a la cara exterior de este lado. Las cubiertas de teja árabe con las cumbreras y aristas encaladas y la pintura de zócalos y embocaduras en almagra y albero sobre los paramentos blanqueados aportan un vivo juego cromático al conjunto.
     Toma el nombre de un pago de olivar que se extiende junto al arroyo Serrecín al pie de la sierra de Santa Lucía, al este del término de Villamartín, área donde tradicionalmente se localizaban molinos aceiteros y donde a partir del último tercio del siglo XIX se levantaron y renovaron molinos y haciendas con almazaras industriales, al mejorarse y expandirse el cultivo a costa, por ejemplo, de las tierras de monte y dehesa del Grullo y Cuatro Mojones. P. Madoz aporta ya noticias tocantes a los Huertos hacia 1846 al describir el camino de Puerto Serrano a Villamartín: "se continua por un encadenado de monte bajo, cuya estensión es de 1/2 [legua], por el olivar de los Huertos de 1/4 [de legua, unos 1,4 km.] de travesía, donde hay un molino de aceite enmedio"". Más tarde, el mapa del Catastro de 1898 representa la edificación de "Los Huertos, molino aceitero", reiterada en la cartografía militar de 1917 como "Molino de los Huertos", apareciendo por último en la edición de 1975 bajo el título de "Hacienda de los Huertos" (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Dolmen de Alberite
     Alberite I, es un dolmen del tipo galería de 23 metros de longitud y planta trapezoidal con una anchura variable entre los dos metros de la entrada y cuatro en la cabecera. Algunos de los ortostatos están decorados con pinturas esquemáticas en ocre y grabados. Toda la estructura estaría cubierta con un túmulo del que se conserva un anillo de piedras de 50 metros de diámetro que lo delimitaba. Este anillo exterior estaba construido con un murete de piedras de pequeño tamaño reforzado con otra serie de tirantes concéntricos en el interior del túmulo, cuya finalidad era contener los empujes del túmulo y mantenerlo agrupado, evitando los efectos de la erosión.
     Antes de acceder al interior de la cámara se atraviesa un atrio de 10 metros de extensión cuyo inicio se encuentra marcado por dos monolitos que conformarían una entrada monumental. En este atrio se localizaron cuatro estelas decoradas con motivos antropomorfos, una de ellas con nariz y ojos grabados, lo cual parece estar en relación con un espacio ritualizado en el que posiblemente se produjeran ceremonias en honor de los ancestros. El acceso se produce desde el este.
     Las piedras utilizadas son de caliza y arenisca procedentes de la zona del río Alberite y cerros próximos. El interior del dolmen estaba recubierto de una capa de color rojo, incluso el suelo estaba recubierto de una gruesa capa de ocre. En todos los ortostatos hay símbolos, la mayoría pintados, otros grabados, concentrándose especialmente en lugares destacados, como el inicio y el final de la cámara. La temática responde a una iconografía preconcebida. En esta construcción se ha podido comprobar que la decoración de los ortostatos se realizó antes de su colocación defnitiva, ya que muchos se encuentran decorados en las caras no visibles. Los temas representados son muy variados: motivos geométricos, zigzag, hachas, cuchillos, soles, serpientes y antropomorfos.
     La mayor parte de los grabados se encuentran en la pared derecha, curiosamente juntos por pares y relacionados por temática. Una vez superado el primer tramo de corredor el espacio se ensancha formando una cámara, pero justo al inicio de ese ensanche aparecen unas piedras en vertical que interrumpen el sentido longitudinal y que conforman una antecámara junto a la pared sur. Esta antecámara tiene una fuerte carga ideológica, apoyada por la presencia de un ídolo betilo y zonas de fuego, quizás para iluminación o ritual: las jambas o estelas que la definen, labradas en forma rectangular, muestran figuras antropomorfas acompañadas de armas y serpientes, como si se tratase de representaciones de una divinidad protectora, guardiana de la cámara funeraria.
     Al fondo de la cámara se define otro espacio reservado al colocarse delante otras dos jambas que interrumpían su visión desde la entrada. En este lugar se localizaron los enterramientos de un hombre y una mujer de edad adulta. Sus huesos estaban cubiertos de ocre y algunos presentaban huellas de descarnado intencionado. El ajuar funerario lo componían 1600 cuentas de collar de variscita, hueso y concha, una paleta caliza para ocre, cuatro machacadores en caliza para ocre, una azuela y una gubia pulimentadas, cuatro láminas de sílex y un gran prisma de cuarzo de 20 centímetros de longitud (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Fortaleza de Matrera
     El Castillo de Matrera está situado en la Sierra de Pajarete, a 523 metros sobre el nivel del mar, en el camino de Villamartín a Prado del Rey. Se encuentra en una pequeña explanada en la cumbre de un altozano. Es de origen andalusí y fue mandado construir por Omar Ben Hafsun, a finales del siglo IX para defender la ciudad de Iptuci, en la frontera de la Cora de Ronda. El recinto está dividido en dos zonas diferenciadas, la Torre principal o del Homenaje, defendida por un recinto amurallado y el Patio de Armas también rodeado de murallas y con dos puertas la Puerta de los Carros y la Puerta del Sol. El Albácar o Patio de Armas es de grandes dimensiones y de planta elíptica. El recinto amurallado superaba los 500 metros y constaba de numerosas torres, ya desaparecidas.
     El castillo estaba formado por un gran recinto amurallado de más de 500 metros de perímetro, que rodeaba el patio de armas, al que se accede desde la Puerta del Sol al este y la Puerta de los Carros al oeste, ambas flanqueadas por torres. 
     A lo largo del lienzo de muralla se sitúan varias de éstas, destacando la torre principal en el norte. Esta era de planta rectangular, de 15 x 10 metros, conservando tres saeteras. 
     Contaba con un proyecto de consolidación, pero en el año 2013 quedó afectada por un colapso del muro norte y dos bóvedas como consecuencia de las intensas lluvias. Recientemente se ha llevado a cabo en el mismo una polémica intervención.
     El castillo es de propiedad particular, aun cuando se ha constatado el aterrizaje y despegue periódico de helicópteros de gran tamaño pertenecientes al ejército.
     En 2013 se derrumbó gran parte de la torre debido a las escasas labores de reparación de los problemas estructurales detectado décadas atrás. La posterior obra de preservación en 2016 ha resultado ser muy polémica, recibiendo tanto críticas como el premio en la categoría de "Preservación" de los premios neoyorquinos A+Architizer.
     Aunque el Monte Pajarete ha constituido un lugar de asentamiento humano desde la Antigüedad, la fortaleza medieval fue construido en el siglo IX por Omar ibn Hafsun para defender a Iptuci, la ciudad más avanzada de la Cora de Ronda.
     En el siglo XIII fue conquistado por San Fernando, quien lo reconstruyó. Sin embargo a principios del siglo XIV volvió a manos nazaríes, siendo tomado definitivamente por Alfonso XI en 1341. Al estar situado en plena Frontera o Banda morisca fue asediado por los musulmanes granadinos en 1408 y en 1445 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Histórico Municipal
     El Centro cultural de Villamartín constituye, sin lugar a dudas, una de las muestras más destacadas de la arquitectura brutalista en la provincia de Cádiz. El edificio se sitúa en el parque municipal, en un emplazamiento caracterizado por una acusada diferencia de cota entre la calle Extramuros, más alta, y el paseo de la Feria. El edificio resolvía originariamente la diferencia de nivel para el tránsito peatonal, ofreciendo además un mirador público en cubierta hacia el paisaje, si bien la erección reciente de un vallado ha hecho que esta función se pierda.
     La presencia del edificio en el pueblo viene marcada por la cuestión topográfica mencionada, ya que si bien se muestra con cierta modestia hacia la calle Extramuros, el hecho de mantener la cota superior como coronación hacia el paseo hace que aparezca con una rotundidad notoria con sus cinco plantas de altura.
     Esta rotundidad se confirma con el empleo de materiales que seguían las corrientes arquitectónicas más en boga en el momento de la construcción del edificio. La piedra aparece en mampuesto, conformando los muros con los que el edificio se posa en el paseo inferior, así como en los muros que se elevan en dirección perpendicular a la longitudinal del parque. Carpinterías de acero y vidrio cierran los huecos que en ellos se abren. El hormigón visto se emplea en los elementos salientes; en el gran volumen proyectado hacia el paseo de la planta cuarta, en los antepechos de los balcones de las plantas tercera y segunda, y en las marquesinas que marcan diferentes puntos de acceso al edificio, mostrando la textura rugosa del encofrado entablillado (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Santa María de las Virtudes; Iglesia de San Francisco; Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias; Santuario de Nuestra Señora de las Montañas; Cortijo de la Chirigota; Cortijo Tierras Nuevas del Cuartel; Hacienda de la Granja; Hacienda del Rosalejo; Hacienda de los Huertos; Dolmen de Alberite; Fortaleza de Matrera; y Museo Histórico Municipal) de la localidad de Villamartín, en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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miércoles, 17 de mayo de 2023

Los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz.

Casa-Palacio Matrera Abajo
     Pertenecía a la familia Veas.
     La fachada principal tiene portada de piedra rematada por un escudo heráldico pétreo y que corresponde al linaje García de la Zarza Real de Veas.
     El interior, al que se accede mediante zaguán, mantiene el pavimento original y aparece ordenado en torno a un patio central que conserva dos galerías, destacando la de la primera planta que se compone de ocho arcos de medio punto rebajados, que descansan sobre columnas de mármol.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Casa-Palacio García de Veas
     Ubicada en la Plaza Modesto Gómez, 1 (Barrio Bajo) y construida en el siglo XVIII.
     La fachada del edificio conserva portada de piedra coronada por blasón labrado en piedra y timbrado de corona de marqués, que representa los apellidos García, Veas, Gómez, Guerra, Sevillano, Lara y Ayllón.
     En el interior se ubica un patio central que ordena el espacio.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora)
     El convento de franciscanos descalzos se fundó en el lugar que ocupaba la ermita de la Virgen de la Cabeza a expensas de Isabel de Palacios Espinosa, cuya familia obtuvo el patronato de la capilla mayor. En 1644 se inauguró el conjun­to, que tras la desamortización de Mendizábal quedó abandonado hasta que a finales del siglo XIX. Se instalaron en él los salesianos. En 1931 el conjunto fue saqueado e incendiado, por lo que posteriormente el templo hubo de ser reconstruido en su práctica totalidad. 
     A mediados del siglo XX pasó a convertirse en parroquia. La iglesia actual presenta una nave rectangular de techumbre plana y presbiterio cuadrangular cerrado por cúpula semiesférica sobre pechinas. El retablo mayor procede de la iglesia de San Miguel y es una pieza academicista en madera, actualmente repintada en blanco, con un cuerpo y ático sustentados por columnas corintias. En la nave hay una imagen dieciochesca de candelero de la Virgen de la Fuensanta, titular de una ermita hoy en ruinas, y una talla de san Pedro de Al­cántara fechable a comienzos del siglo XVIII. En el lado de la epístola del presbiterio se conserva la capilla del sagrario, único resto del antiguo convento, pieza de mediados del siglo XVIII con planta cuadrada cubierta por cúpula rebajada so­bre pechinas decorada con yeserías geométricas. La preside un retablo de madera dorada y policromada, realizado hacia 1740 compuesto por un cuerpo sustentado por estípites y ático, cuya traza se relaciona con la producción de Agustín de Medina y Flores. En las dependencias parroquiales se conserva una talla de la Virgen con el Niño que presidía la capilla que se abrió durante el siglo XVIII en el arco de Matrera. Es una obra barroca muy reformada a mediados del siglo XX por Juan Luis Vasallo Parodi (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Este convento se construye gracias a Isabel de Palacios Espinosa, quien deseaba fundar una casa de frailes apartada del comercio, ya que su deseo era que le sirviera de sepultura a su familia.
     Se inauguró en el 1644 y desde el principio se impartía Arte y Teología. Su fachada, precedida de un pequeño jardín, se encuentra encuadrada por dos pares de pilastras estriadas y en el centro se ubica el vano de acceso, coronado con frontón y hornacina que alberga una pintura de San Juan Bosco con niños. Todo el conjunto parece rematado por una espadaña.
     La planta del edificio es rectangular con cubierta plana, mientras que el presbiterio es cuadrangular. La cabecera aparece presidida por un retablo que procedía de la iglesia de San Miguel.
     En el interior se conservan varias imágenes entre la que destaca la de San Pedro de Alcántara y la de candelero de la Virgen Fuensanta, siglo XVI.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Hospital de la Caridad
     En su origen, hacia 1600, se levantó en este solar una ermita regentada por la hermandad de la Caridad, junto a la cual se dispuso un cementerio para las víctimas de las epidemias. En 1757 el prioste de la cofradía Manuel Simón Ayllón de Lara y su mujer María Josefa Roldán y Pavón decidieron levantar a su costa una nueva iglesia y hospital de convalecientes, cuyas obras concluyeron en el año 1769 y, aunque no existe constan­cia documental al respecto, sus trazas se pueden relacionar con el estilo de Antonio Matías de Figueroa. Tras un largo período de abandono du­rante el siglo XIX, volvió a ser habilitado como centro asistencial para la tercera edad a inicios del siglo XX.
     Centra el conjunto hospitalario la iglesia que tiene planta octogonal con muros articulados por pilastras corintias sobre las que va una cornisa mixtilínea y cubierta de bóveda rebajada con lunetos entre fajas, cuya superficie está comple­tamente decorada al fresco con elementos rococó y diversas escenas de la vida de distintos santos especialmente relacionados con la caridad, entre los que se incluye un retrato de Simón Ayllón y su mujer. Cuenta con tres capillas, la mayor de plan­ta rectangular y ábside semicircular, las latera­les con planta semicircular y cubiertas de cuarto de esfera. A la nave y el presbiterio se abren tribunas de movida planta con bases decoradas por rocallas realizadas en yesería, cierres de forja y celosías de madera. Sobre las tribunas del presbiterio se sitúan los escudos de los mecenas.
     Los tres retablos que presiden las capillas son de madera oscura y presentan planta cóncava con movidas formas rococó que pueden re­lacionarse con la producción del ensamblador Gabriel de Arteaga. El mayor tiene un cuerpo de una sola calle con camarín central flanqueado por parejas de columnas corintias situadas en distintos planos y ático a modo de gran cascarón rematado por un pabellón con cortinajes fingi­dos sustentados por ángeles niños que parten de un doselete central.
     El camarín es de espejos y tarjas de madera dorada y alberga la talla de candelero de la Virgen de la Caridad, obra del siglo XVII, con niño de mediados del XVIII, y en el ático se sitúa una talla en madera oscura de san Pedro apóstol contemporánea del retablo.
     Los retablos colaterales son gemelos y presentan un cuerpo flanqueado por parejas de colum­nas corintias y ático. Tanto la disposición expansiva de las columnas como la complejidad de las cornisas y otros elementos arquitectónicos confieren a estas interesantes piezas un acentuado sentido teatral. Ocupan las hornacinas principales las tallas policromadas de san José y san Miguel, obras contemporáneas de los retablos que proceden de talleres genoveses. Sobre el vano de acceso al templo se dispone un lienzo exvoto.
     Cuenta esta iglesia con algunas piezas de platería rococó destacables, como la lámpara que cuelga ante la capilla mayor, coronas y cetro de la Virgen de la Caridad y las sacras de los retablos colaterales. A ambos lados de la iglesia se sitúan sendos patios, el correspondiente al lado del evangelio es de formas sencillas con galerías abovedadas sustentadas por pilares y el del lado de la epístola con arcos de medio punto sostenidos por columnas de mármol y galerías también abovedadas. Remata el conjunto una balaustrada de cerámica.
     En el centro del patio hay un brocal de mármol con herraje dieciochesco, que es réplica del original conservado en otras dependencias. Sus frentes se decoran con la alternancia de em­blemas de la hermandad de la Santa Caridad y motivos geométricos. En una de las crujías hay una pequeña fuente de mármol de colores con pinjantes, contemporánea del conjunto, y en el muro frontero se conserva un panel de azulejos sevillanos con el emblema de la Caridad con inscripción que recuerda a Manuel Ayllón donde figura la fecha de 1777. Toda la zona trasera del edificio está ocupada por el jardín, al que se abre una galería de tres frentes con arcos de medio punto sustentados por pilares.
     La fachada principal está centrada por la iglesia, a la que precede un pórtico de tres arcos de medio punto sustentado por columnas de már­mol al que cierra una reja de forja diecioches­ca. El remate de este pórtico, al igual que ocurre en las alas laterales, presenta un característico y ondulante perfil mixtilíneo, que protagoniza la composición del conjunto.
     El vano de acceso al templo se enmarca también por un complejo baquetón de formas sinuosas y a ambos lados del cuerpo de la iglesia van dos pequeñas espadañas cuyo vano, rematado en medio punto, está flanqueado por pilastras toscanas que sustentan un complejo frontón triangular. Entre ellas se dispone un pequeño edículo que repite formas similares. El ala derecha pre­senta la portada de acceso a las dependencias, cuya fábrica es de ladrillo visto. Se compone de dos cuerpos, el inferior flanqueado por colum­nas dóricas y rematado por frontón triangular roto, y el superior centrado por una hornacina flanqueada por columnas y pilastras toscanas que sustentan un frontón curvo, donde se sitúa una alegoría en piedra de la Caridad.
     Los vanos laterales van rematados por grandes frontones triangulares también de ladrillo visto. La fachada del lado izquierdo es más sencilla y presenta sobre el vano de acceso una hornacina de ladrillo visto rematada por frontón curvo que alberga un panel de azulejos dieciochescos en el que se representa a Jesús Nazareno (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se trata de un conjunto arquitectónico de planta rectangular organizado en torno a dos patios laterales, disponiéndose en el centro la iglesia. Esta es de planta octogonal, con dos capillas semiesféricas en los laterales y la mayor rectangular.
     La cubierta se resuelve mediante cúpula semiesférica. Con lunetos en el cuerpo de la iglesia. Las capillas presentan planta semicircular con cubierta de cuarto de esfera y la capilla mayor es de planta circular con cúpula semiesférica. Los muros se articulan mediante pilastras corintias. Los patios se resuelven mediante arcadas de medio punto que descansan bien sobre columnas toscanas o bien sobre pilares.
     Al exterior presenta dos portadas laterales que se corresponden con los patios. Estas, al igual que los vanos que las flanquean, se decoran con columnas adosadas rematadas por frontón triangular. La iglesia presenta un pórtico compuesto por una triple arcada de medio punto sustentada por columnas toscanas. Todo el frente se remata por murete con perfil mixtilíneo. Ante la cúpula se sitúan dos espadañas gemelas, flanqueadas por pilastras toscanas.
     Este conjunto fue construido en la segunda mitad del siglo XVIII, respondiendo a la estética tardo barroca (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Conjunto arquitectónico construido en la segunda mitad del siglo XVIII.
     La iglesia octogonal está flanqueada por dos amplios patios cuadrados limitados al exterior por paramentos con remate ondulado y mixtilíneo. Comunica con el interior por un pórtico de triple arcada de medio punto sobre columnas y cancela de forja.
     Dos espadañas gemelas se sitúan ante la cúpula.
     Los patios conservan dos portadas rematadas por frontón triangular, aunque la izquierda está incompleta. Es un conjunto de estilo colonial y quizás una de las más gratas sorpresas que nos tiene reservadas Arcos.
     El interior de la iglesia es ovalado y de elegantes proporciones, destacando algunas interesantes imágenes italianas y la Virgen de la Caridad en el retablo Mayor con capilla de cristales de colores y espejos.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Puente de San Miguel
     Puente de estructura metálica sobre el río Guadalete, situado a la entrada del municipio por la carretera comarcal 344.
     Se inauguro el día 14 de octubre de 1920. Cubre, en un solo tramo, una luz de 63,50 metros entre apoyos, con tablero inferior, mediante dos vigas principales de cordón inferior recto y superior parabólico. Es de celosía metálica tipo BowString arriostrada y apoyada sobre estribos de fábrica. Las barandilla y aceras son metálicas.
     El puente tiene una longitud total de 63,50 metros, una altura máxima rasante de 10 metros y la anchura del tablero es de 6 metros. Se encuentra en uso y en buen estado de conservación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El actual Puente de San Miguel o Puente de Hierro, se inauguró el día 14 de octubre de 1920, siendo alcalde Juan José Velázquez-Gaztelu. Presidió el acto el Cardenal de Sevilla Enrique Almaraz, quien acompañó a la comisión municipal a Madrid para conseguir la consecución de la obra por parte del Ministerio de Fomento. Anterior a la construcción de este puente de hierro, hubo muchos proyectos que intentaron solucionar el paso del río Guadalete. Los anteriores puentes habían sido de madera y sucumbían a las numerosas crecidas del río teniéndose que solventar el paso con barcazas. Es en el siglo XVII cuando se pretende realizar el primer puente de cantarería, aunque contó con numerosos problemas y no es hasta que el año 1868 cuando se inaugura el puente de cantería que será destruido, años más tarde (1917), por una riada. A partir de este momento se inician los trámites para la construcción del actual, finalizándose en la primera década del siglo XX (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Iglesia de San Francisco
     El convento de San Francisco tiene su origen en una ermita dedicada a san Antonio que en 1508 levantó fray Antonio de Zamora. Dos años más tarde el mismo religioso fundó en dicha er­mita un convento de franciscanos a expensas de la duquesa de Arcos. La comunidad se mantuvo hasta la desamortización de Mendizábal, cuando comienza un prolongado período de crisis para este convento, del que sólo se conserva en nuestros días la iglesia. El templo primitivo era de estilo tardogótico y constaba de una nave a la que se adosaban varias capillas. En torno a 1660 se emprendieron grandes obras de remodelación y ampliación que se completaron con otras más puntuales realizadas a mediados del siglo XVIII y dieron como resultado el predominante aspecto barroco que presenta hoy el templo, si bien en algunas zonas aún son visibles importantes muestras de la fábrica primitiva. La única nave, de gran longitud está cubierta por bóveda cañón rebajado con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pinjantes, que debe corresponder a la intervención dieciochesca. La capilla mayor es de planta rectangular cubierta con bóveda de ca­ñón con lunetos y ante ella se levanta una cúpula semiesférica sobre pechinas que descansa sobre pilastras corintias, tramo al que se abren dos ca­pillas conformando un falso crucero. Tanto este ámbito como el presbiterio presentan una abigarrada decoración de yeserías a base de motivos carnosos, tarjas, escudos, ángeles, alegorías y es­cudos nobiliarios en las pechinas, que recuerdan el estilo de los hermanos Borja y pueden fecharse hacia 1660. A los pies de la nave se sitúa el coro, que descansa sobre una bóveda de crucería abierta a la nave por un arco carpanel sustentado por columnillas, respondiendo toda esta estructura a la fábrica gótica original. Desde el exterior se accede por un pórtico columnado fechable en la segunda mitad del siglo XVII, al que se abre la portada principal, pieza tardogótica de cantería resuelta mediante un gran arco rebajado que descansa sobre columnillas y queda enmarcado por un baquetón rectangular. A su lado se abre otra portada de la misma época, hoy transforma­da en hornacina, que debe corresponderse con el acceso original a las dependencias conventuales. La hornacina, que presenta decoración rococó, está ocupada por la imagen de Jesús de los Pobres, talla dieciochesca de tipo popular. Sobre el pórtico hay un panel de azulejos sevillanos del siglo XVIII que representa a San José.
     Toda la nave y el presbiterio tienen un zócalo de azulejos sevillanos de la segunda mitad del si­glo XVII, interesante obra de motivos vegetales y geométricos de tonos azules sobre fondo blanco, en el que apoyan un Vía Crucis y otras tarjas con escudos franciscanos, emblemas de María y floreros. En la capilla mayor, que fue patronato de la familia Maldonado, se levanta el retablo mayor sobre el mencionado zócalo de azulejos, aquí con los escudos franciscano y dominico flanqueados por ángeles. El retablo es un políptico fechable hacia 1660, con banco que alberga pinturas de diferentes santos, un cuerpo sustentado por delgadas columnas salomónicas y ático. Preside la calle central una talla de la Inmaculada de es­cuela sevillana del siglo XVIII, muy cercana al estilo de Pedro Duque Cornejo. Sobre ella hay un lienzo que representa a san Antonio de Padua atribuido a Francisco Meneses Osorio. En las ca­lles laterales otros lienzos contienen el Jubileo de la Porciúncula y una alegoría de la Inmaculada Concepción. Centraba el ático un altorrelieve de Jesús caído, hoy desaparecido, sobre el que va el escudo franciscano. Los lunetos laterales representan a santa Clara con los sarracenos y el martirio de santa Rosalía. Este conjunto de pinturas puede relacionarse con la producción de Juan Loaysa, que trabajó para el convento en 1667. Los ángeles lampareros pueden fecharse hacia 1770 y presentan el dinámico estilo de los Acosta. En los laterales del presbiterio se levantan retablos gemelos de madera dorada dedicados a san Bernardino y san Francisco, realizados por Juan Navarro en 1744. Constan de un cuerpo sustentado por estípites y ático. El que preside san Bernardino, talla de candelero, tiene a sus lados las imágenes de los arcángeles san Rafael y san Miguel, mientras que en el de san Fran­cisco, expresiva talla dieciochesca, lleva en los laterales a santa Bárbara y santa lucía. Los áticos están ocupados por los corazones de Jesús y de María.
     La capilla que se abre al lado del evangelio está presidida por un retablo de mediados del siglo XX que ocupa la imagen del Cristo de las Tres Caídas, talla de candelero realizada por Antonio Castillo Lastrucci en 1953, quien también talló la dolorosa en 1963. En el lado de la epístola se abren tres capillas, la primera, inmediata al presbiterio está dedicada a santa Ana, que preside un retablo de estuco policromado realizado hacia 1660, con un cuerpo dividido en tres calles por columnas adosadas de orden corintio y ático tripartito, rematado por complejo frontón. Está ocupado por imágenes de candelero, si bien parece estar concebido para albergar pinturas. En el muro frontero hay un retablo rococó en madera oscura, obra de complejo diseño fechable hacia 1760 atribuible a Cayetano de Acosta.
     Ocupa su hornacina una talla policromada del Niño Jesús pasionario de mediados del siglo XVIII. En el testero frontal se abre una hornaci­na de talla policromada realizada hacia 1660 que contiene la imagen de la Virgen de la Bella, talla sevillana de la primera mitad del siglo XVIII. Las dos capillas siguientes son de traza gótica, correspondientes a la fábrica original y se cubren por bóvedas de crucería. La primera es de la cofradía del Cristo de la Columna, cuyo retablo de madera policromada imitando mármoles puede fecharse a mediados del siglo XVIII. Tiene tres calles separadas por estípites y ático y está presi­dido por la imagen del Cristo de la Columna, ta­lla de finales del siglo XVII, restaurada en 1927 por Ramón Chaveli.
     En las calles laterales van las imágenes de can­delero de san Antonio y san Juan Evangelista, contemporáneas del Cristo. En el ático hay un relieve con la Imposición de la casulla a san Ildefonso. Frontero a este retablo hay un marco rococó que contiene una pintura dieciochesca del Ecce Homo y en el testero frontal hay un retablo rococó con la dolorosa de la Paz, talla de candelero de finales del siglo XVII.
     La capilla siguiente es la de las Ánimas y her­mandad del Dulce Nombre. Fue restaurada por Diego Núñez de Castilla en 1721, fecha a la que debe corresponder el retablo de estípites realizado en madera policromada a imitación del mármol que la preside. Su único cuerpo esta ocupado por un gran altorrelieve de las Áni­mas, obra contemporánea del retablo que puede relacionarse con la producción de Diego Roldán o su círculo. En el testero frontal se encuentran las imágenes de la cofradía del Dulce Nombre, crucificado de madera realizado en 1585 por Miguel Adán y muy modificado en 1735 para representar con él la escena del descendimiento. La Virgen de la Quinta Angustia es una dolorosa de candelero de la primera mitad del siglo XVII y el Niño Jesús del Dulce Nombre es una talla dieciochesca procedente de Roma, donada en 1766 por Clemente Antonio Baena.
     En la nave se disponen varias pinturas diecio­chescas que representan a san Juan Nepomu­ceno, san Benito de Palermo, una alegoría del dogma de la Inmaculada Concepción y las Jerarquías angélicas. También hay un panel de azu­lejos sevillanos del siglo XVIII que representa a San Cristóbal.
     El sotocoro está presidido por un retablo de madera dorada sustentado por columnas salomónicas fechable hacia 1670, presidida por una talla de candelero de la Virgen del Rocío. En uno de los muros laterales hay un lienzo de la Inmaculada Concepción, obra de hacia 1750 que pue­de relacionarse con José Timón Ferrari.
     En las cercanías de la iglesia de san Francisco se levanta la capilla de la Virgen de las Aguas, que en  1693 levantaron los hermanos del Rosario de san Francisco. Su sencilla estructura de tipo popular tiene gran valor ambiental (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Es el único resto conservado del antiguo convento de este título. Se trata de una iglesia de una nave rectangular. La nave, de paramentos lisos, se cubre por bóveda de cañón con lunetos, ante la capilla mayor se sitúan dos capillas rectangulares con la cubierta de nervios estrellada. El color se sitúa a los pies de la nave, en alto, la bóveda del sotocoro es de nervios, sustentada por arcos carpaneles sobre columnillas.
     Al exterior presenta un pórtico de arcos de medio punto sobre columnas toscanas. En su interior se sitúan dos portadas.
     Ambas de arco de medio punto flanqueados por columnillas de cardina.
     A la obra primitiva del siglo XVI pertenecen las capillas de la nave lateral, la bóveda del coro y las portadas, todo de formas góticas tardías. La capilla mayor es fechable en la primera mitad del siglo XVII, con decoración del primer barroco, y la bóveda de la nave mayor es igualmente barroca, pero de mediados del siglo XVIII (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Esta edificación se realizó por fundación de la Duquesa de Arcos, Beatriz Pacheco, para un convento de Franciscanos Observantes y se inició a principios del siglo XVI en el lugar ocupado por una antigua ermita dedicada a San Antonio de Padua. A finales del siglo XVII se convirtió en colegio de Propaganda Fide, seminario de misiones en España, Filipinas y Ultramar. En el año 1835, con la Desamortización de Mendizábal, quedó extinguido el convento pero continuó la iglesia. El edificio presenta una portada sencilla precedida por una arquería compuesta por arcos de ladrillos que descansan sobre columnas de mármol enmarcadas por alfices. El interior dispone de una nave central con crucero rematado por una cúpula de media naranja a la que se le anexan tres capillas de diferentes estilos (Gótico, Flamígero y Barroco). Cabe destacar el zócalo de azulejos sevillanos del siglo XVII,  la talla de la Purísima (siglo XVIII), un Niño Jesús atribuido a la Roldana, así como el relieve de la capilla de las Ánimas.
HORARIO DE VISITAS:
      Lunes a viernes: 11.00 – 13.00 h / 17.00 – 20.00 h (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Ermita del Cristo del Romeral
     Se levantó en las afueras de la población, en el camino de Bornos, en 1765, para reemplazar a otra anterior situada en las cercanías junto a una cueva, donde la tradición dice que se encontró la imagen del crucificado al que está dedicada. Es una sencilla construcción de planta rectangular con cabecera plana. La nave se cubre por bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que descansan sobre pinjantes.
     La capilla mayor es cuadrangular y se cubre por cúpula semiesférica sobre pechinas. Al exterior las líneas son muy sencillas. Originalmente contó con un retablo pintado de tipo rococó, del que aún pueden observarse algunos restos que sobresalen sobre el actual, obra neoclásica del siglo XIX realizado en madera policromada a imitación del mármol, con un cuerpo dividido en tres calles por pilastras y columnas dóricas, rematándose la central por frontón curvo.
     Preside el retablo la pequeña imagen del Cristo del Romeral, talla policromada del siglo XVIII que se aloja en una vitrina rococó de madrea do­rada realizada en 1765 y cuya hechura se puede atribuir a Andrés Benítez. En la zona trasera lleva una pintura que representa la escena de la aparición milagrosa de la imagen (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     La primitiva ermita se situaba al borde del arroyo, junto a la cueva donde se halló el Cristo. Debido a que las aguas del arroyo destruían los cimientos y gracias a la donación de D. Andrés Cabrera Mármol, se construyó la actual ermita en 1765.
     El relicario que guarda la venerada imagen, data de 1766.  En septiembre se celebra la Romería en honor al Santísimo Cristo del Romeral.
HORARIO DE VISITAS: Libre, sólo fachada (Ayuntamiento de Arcos de la Frontera).

Yacimiento de Sierra Aznar
     En el término municipal de Arcos, a unos 10 km. de la población, se localizan los restos de una ciudad romana situada en la ladera de la sierra.
     Entre los numerosos restos que afloran en el terreno ocupado por el yacimiento se pueden distinguir con claridad los correspondientes al primitivo recinto amurallado y otros que por su entidad pudieron pertenecer a edificios importantes de la trama urbana.
     La necrópolis se extiende por la zona norte de las murallas y en ella se han localizado algunas tumbas. Pero el conjunto más interesante está integrado por un extraordinario complejo hidráulico. Se construyó aprovechando el desnivel del terreno calizo, a través del cual se filtra­ban las aguas de lluvia, para recogerlas en una sucesión de depósitos, que servían, además para la canalización de las aguas, para su limpieza y posterior  distribución.
     El primer depósito destinado a la captación de aguas podía llegar a almacenar hasta dos millones de litros (Juan Alonso de la Sierra, Lorenzo Alonso de la Serra, Ana Aranda Bernal, Ana Gómez Díaz-Franzón, Fernando Pérez Mulet, y Fernando Quiles García. Guía artística de Cádiz y su provincia. Tomo II. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2005).
     Se localizan murallas, bastionadas de más de dos metros de altura y un primer recinto amurallado atribuibles al Bronce Final. En época romana se amplió el recinto amurallado y se construyó un importante conjunto de cisternas para la captación de agua. El sistema hidráulico de Sierra Aznar representa hoy, junto al acueducto de Gades, las manifestaciones más monumentales y complejas de la ingeniería del agua, proyectadas desde el poder político imperial en la organización del conventus Gaditanus. En Sierra Aznar se ha identificado un castellum aquae que estaría integrado principalmente por una cisterna de almacenamiento, unas piscinas limarias y una cisterna de distribución.
     En su ladera Oeste se conservan restos del Castellum Aquae, del cual aún se observan restos de la muralla que lo circundaban, conservando una altura superior a los 5 metros en algunos tramos, así como restos de una de las puertas de entrada en su lado Norte, frente a la necrópolis.
     En la parte más alta del cerro existe una estructura en forma de cono invertido, llamado por los lugareños "cucurucho", que ha sido fechada su construcción en el Bronce Final-Orientalizante (GUTIÉRREZ et alii, 2000) y que permite la recogida del agua de lluvia que es conducida, a través de una sima, a una cascada natural, a cuyos pies se localiza un depósito de una sola cámara, que estuvo destinado a la captación de agua y que es conocido comúnmente como "Baño de la Reina".
     Presenta dos cuerpos de forma cuadrangular y tallado, en parte, en la roca natural. Los muros de fábrica descansan directamente sobre el terreno natural y tanto paredes como suelos se encuentran revestidos con opus signinum, material con el que también se realizaban los cordones hidráulicos. El agua de este depósito pasaría a otro recinto donde se llevaría a cabo la depuración por decantación a través de un conjunto de 10 cámaras rectangulares, comunicadas entre sí, dispuestas longitudinalmente. Además, en sentido transversal, se localizan dos cámaras más que poseen en sus esquinas registros o aliviaderos de agua intercomunicados por medio de tuberías de plomo.
     En una terraza inferior, se encuentra una pileta que tiene la función de distribuir el agua y que difiere de las demás en su planta, ya que ésta es trapezoidal. En su frente Este presenta una comunicación hacia el exterior en forma de arco de medio punto, que podría interpretarse como salida de agua. Conserva además restos de un canalillo vertical, indicando que recibiría agua de la parte superior de la estructura.
     Estos depósitos de mayor envergadura se encuentran acompañados de otros que se distribuyen por toda la ladera, dispuestos en diferentes terrazas, y que se ubican en la parte más baja sirviendo de cimientos a los edificios actuales, así como el la zona circundante de donde se encuentra el pozo que abastece de agua al cortijo.
     En el área circundante del cortijo aún pueden visualizarse restos de muros y piletas que se extiende hasta el borde mismo de la carretera, lo que sin duda supone su continuidad al otro lado de ésta, ya en la delimitación del yacimiento de Canillas.
     En la ladera Norte de este cerro aún pueden observarse los restos de una de las puertas de acceso al recinto amurallado, que está orientada a la zona de necrópolis. A los pies de este acceso, concretamente en la confluencia con la elevación que da nombre al yacimiento, discurre la Cañada del Moro, camino secundario que parte de la cañada de Arcos a Ubrique. En el área destinada a enterramientos se conservan siete estructuras de planta rectangular con muros realizados en opus caementicium con orientación Norte, algunos de ellos con alturas conservadas de hasta 2 metros.
     Esta zona de necrópolis se extiende hacia su parte más baja que la constituyen los yacimientos de Canillas y Cárdenas.
     La información oral aportada por compañeros de profesión indican la presencia de cuevas talladas en la parte que discurre por encima de los elementos descritos y que actualmente se encuentran destruidos por acción de la explotación de una cantera.
     Se debe apuntar también la existencia de los restos de una torre, en mal estado de conservación, en la que aún se puede observar una saetera y que corresponde al periodo medieval. Esta torre, en la segunda mitad del siglo XVII, aún se mantenía en pie según la descripción dada por P. de Gamaza.
     Se conserva una ermita del siglo XVI-XVII.
     Tradicionalmente, aunque sin base epigráfica que lo haya confirmado, al yacimiento de Sierra Aznar se le ha adjudicado el nombre de Calduba, ciudad citada por Ptolomeo dentro del Conventus iuridicus gaditanus. Esta adjudicación la instituyó, en los años 20, el erudito arcense M. Mancheño, debido a los restos que se apreciaban y a la aparición de diverso material arqueológico. No obstante, también dentro de este mismo conventus y cercanas a la zona, Plinio cita otras dos ciudades aún no identifcadas con seguridad, Regina y Laepia Regia, que Thouvenot ubica en el curso inferior del Guadalete. Otras ciudades de la zona, de las que se conoce sus nombres como Saguntia y Lacca, han sido adscritas a yacimientos arqueológicos situados en Gigonza y cortijo de Casablanca.
     A día de hoy no existen pruebas de que este lugar sea efectivamente Calduba, desconociéndose también su estatuto administrativo y organización interna ya que los numerosos restos que asoman en superficie se observan sólo parcialmente e inconexos, sin reconocerse un diseño básico de un modelo urbano.
     Pedro de Gamaça Romero (1634), Fray Pedro Mariscal (1729) y ya más adelante eruditos locales como Mateo Francisco de Rivas y Miguel Mancheño y Olivares se hacen eco de hallazgos causales en la zona acontecidos a principios del siglo XIX y en la transición entre los siglos XIX y XX respectivamente. Mancheño aporta el dato del arrasamiento que sufrió el yacimiento, al servir como cantera para las edificaciones circundantes como el caserío edificado al pie de la sierra e incluso la que hoy es la Basílica Menor de Santa María de Arcos. Consta en la Colección Mancheño donada al Museo de Cádiz tras su muerte, una cabeza de guerrero sobre pórfido rojo hallada en Sierra Aznar.
     Posteriormente las referencias se limitan a Enrique Romero de Torres (1934) y César Pemán (1954). El primer estudio más completo que se escribió fue por parte de Lorenzo Perdigones tras la realización de la carta arqueológica de Arcos de la Frontera en 1986. En el planteó que las construcciones hidráulicas de Sierra Aznar debían formar parte del sistema de captación y distribución de aguas del acueducto romano de Cádiz. Posteriormente trabajaría en el yacimiento Gener Basallote donde también identificaría dichas estructuras como un castellum aquae, posiblemente también como recurso extra al suministro de agua del acueducto del Tempul.
     Impulsados por la Ruta Arqueológica de los Pueblos Blancos (1997-2003) numerosas fueron las investigaciones por parte de colaboradores del proyecto. Entre ellos, Richarte planteó la posibilidad de que tal cantidad de agua sirviera para el riego de explotaciones agrícolas de las zonas, ya que se constata la existencia de numerosas villas romanas.
     Por último, y al hilo de la última canalización localizada en la ladera meridional, se vienen dando una serie de investigaciones por parte de Zuleta Alejandro y Mata Almonte que sitúan Sierra Aznar como un posible centro minero, caso excepcional en toda la región (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Cádiz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Casa-Palacio Matrera Abajo; Casa-Palacio García de Veas; antiguo Convento de Franciscanos Descalzos (Iglesia de Mª Auxiliadora); Hospital de la Caridad; Puente de San Miguel; Iglesia de San Francisco; Ermita del Cristo del Romeral; y Yacimiento de Sierra Aznar) de la localidad de Arcos de la Frontera (y VII), en la provincia de Cádiz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia gaditana.

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