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lunes, 5 de enero de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC"

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     Hoy, 5 de enero, es el aniversario de la toma de posesión (5 de enero de 1574) de la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, por parte de la orden carmelita, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC" [nº 111 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 30 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de Cuba, 10; en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios.  
     La Orden Carmelita, de lejanas resonancias bíblicas y eremíticas, toma su nombre del lugar donde tuvo sus orígenes: el Monte Carmelo, cordillera de Palestina asociada al recuerdo del profeta Elías quien llevó allí una vida eremítica junto con sus discípulos, narrada en el Antiguo Testamento (Libro II de los Reyes, 2), lugar que fue considerado santo según la más antigua tradición cristiana apoyada por los Padres de la Iglesia (San Gregorio, San Jerónimo, San Agustín, San Basilio). Las masivas peregrinaciones a Tierra Santa de los cruzados y la conquista de ésta a los musulmanes con la tercera cruzada a fines del siglo XII, posibilitó la instauración del Reino Latino de Jerusalén y el establecimiento de grupos de ermitaños latinos en el Monte Carmelo, en donde el recuerdo de Elías estaba vivo gracias a las narraciones bíblicas y a la tradición patrístico-eremita. Con el paso del tiempo y especialmente en la época de la Contrarreforma, los carmelitas sintieron la necesidad de tener a una figura santa que personificase su forma de vida, toda vez que no poseían un fundador al estilo de las otras órdenes religiosas, lo que propició el desarrollo de la conciencia eliana, ante el hecho de habitar en el Monte Carmelo, integrándose en la espiritualidad carmelitana como nota específica e individualizante. Según la narración de un peregrino francés que escribe en 1231, sabemos que existía un oratorio en medio de las lauras de los ermitaños, dedicado a la Virgen, por lo que fueron conocidos como Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, título que aparece ya en una bula pontificia de 1252. Estos eremitas que mantenían vivo el "espíritu" de Elías, solicitaron a principios del siglo XIII a Alberto, patriarca latino de Jerusalén, una regla o norma de vida para organizarse, que quedó redactada en 1209 y es conocida como Regla Primitiva o Regla de San Alberto, que se caracteriza por su esencia eremítica con algunas concesiones a la vida comunitaria, insistiendo en el silencio, la oración, el ayuno riguroso, la abstinencia, y el trabajo manual como medio de subsis­tencia, a lo que se añadían los tres tradicionales votos de pobreza, obediencia y castidad. La aprobación pontificia fue dada por Honorio III en 1226 y confirmada por Gregorio IX tres años más tarde en la bula Ex Offici Nostri.
     Pero los conventos o eremitorios de Oriente vivían bajo la amenaza constante de los ataques de los musulmanes, lo que hizo que muchos de sus miembros se trasladasen a Europa, considerándose la primera fundación carmelita en el continente la de Valenciennes en 1235, experimentando a lo largo de todo el siglo XIII un notable crecimiento. Finalmente, con la conquista sarracena de San Juan de Acre en 1291 y la matanza de los carmelitas que quedaban en el Monte Carmelo se pone fin a la Orden en Tierra Santa, rompiéndose las raíces orientales e inaugurándose definitivamente su ciclo europeo. El establecimiento en Europa coincidió con la proliferación de las órdenes mendicantes, que planteó a los ermitaños de Santa María del Monte Carmelo la alternativa de adaptarse a la forma de vida mendi­cante o continuar con su estilo eremítico y contemplativo. Se resolvió hacer una adaptación de la Regla, siendo el inglés Simón Stock, prior general durante veinte años, quien puso las bases de la nueva espiritualidad. Fue aprobada en 1247 por el papa Inocencia IV y aunque conservaba su espíritu contempla­tivo, se encamina hacia el apostolado característico de los mendicantes, se mitigaba el silencio y el ayuno, y se podía fundar con libertad, constituyéndose provincias con sus priores provinciales y sus capítulos, centralizadas todas en un Capítulo General como órgano supremo de gobierno con un prior general al que estaban sometidos todos los frailes. El papa Juan XXII extendió a los carmelitas en el año 1317 los privilegios que gozaban franciscanos y dominicos, con lo que alcanzaron plenamente la condición de mendicantes.
     El Capítulo General celebrado en el año 1256 autorizó la fundación de conventos en España, comenzando la expansión en la Península por Cataluña y Aragón y extendiéndose rápi­damente a lo largo del XIV. Durante el siglo XV el Carmelo padeció, al igual que el resto de las órdenes, la relajación de la vida espiritual y el desgobierno en sus conventos, surgiendo movimientos de observancia que insistían en la pobreza, el espíritu contemplativo y en la devoción mariana. Fundamental movimiento reformista en España fue el llevado a cabo por Santa Teresa de Jesús, quien habiendo reformado la rama femenina promovió la del Carmelo masculino. Con licencia del padre Rubeo, General de la Orden, en 1567, los padres Alonso González, provincial de Castilla, y Ángel Salazar, prior de los carmelitas de Ávila fundan las dos primeras casas de descalzos, manteniéndose aún la Orden unida. Rápidamente, a pesar de la austera vida adoptada, comenzaron a crecer las vocaciones y aumentar el número de monasterios que se reformaron. Este nuevo estado de cosas creó problemas de jurisdicción que determinaron la intervención papal, que nombró a tres dominicos para solucionar las fricciones entre calzados y descalzos. Pero la realidad fue otra, creándose un clima de conflicto y protesta que duró varios años. Con la mediación de Felipe II, el Papa Sixto V otorgó un breve en 1586 por el que concedía la separación de los calzados como Orden independiente, que fue ratificado posteriormente por Clemente VIII. Poco después se produciría una nueva disgregación en los conventos italianos que dará lugar a la separación por congregaciones de la gran familia carmelita, por un lado los conventos italianos y europe­os con su propio general superior, y por otro los de España, Portugal y América. En el siglo XVIII la Orden alcanzó su mayor desarrollo en número de casas y de miembros; sin embargo, tras la revolución francesa vinieron las sucesivas supresiones de instituciones religiosas. En la actualidad los Carmelitas tanto calzados como descalzos cuentan con un extenso número de conventos en todo el mundo.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS (CARMELITAS  DESCALZOS)
     En 1573 el padre fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios (1545-1614), discípulo de Santa Teresa y continuador de la reforma del Carmelo, en calidad de vicario y visitador apostólico de la Orden viene a Andalucía, llegando a Sevilla ese mismo año y hospedándose durante dos meses y medio en el convento Casa Grande del Carmen. Venía acompañado de fray Ambrosio Mariano Azaro de San Benedicto, soldado e ingeniero de origen napolitano, autor para Felipe II en 1561 de un proyecto de navegación del Guadalquivir hasta Córdoba, quien el 13 de julio de 1569 profesó en el convento carmelita de Pastrana y quien previamente había llevado una vida retirada en la ermita de San Onofre de Sevilla, junto a Juan de la Miseria que igualmente ingresó en dicho convento, manteniéndose siempre como hermano lego, y quien también acompañó al padre Gracián -recordemos que de fray Juan de la Miseria es el único retrato de Santa Teresa de Jesús, que se conserva en el convento sevillano de las Teresas-. Deseoso de fundar convento de descalzos en la ciudad, fray Jerónimo Gracián solicita al arzobispo D. Cristó­bal de Rojas y Sandoval el correspondiente permiso y un lugar para ello; ofrecido diversos sitios, como la antigua ermita de Nuestra Señora de Belén ubicada en la Alameda, finalmente el arzobispo les otorgó la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, situada a orillas del Guadalquivir en la parte de Triana, tomando posesión de ella el 5 de enero de 1574 y colocándose el Santísimo al día siguiente. El hecho de esta nueva fundación provocó tensiones en la comunidad carmelita que argüía que Gracián no tenía poder para realizar fundaciones a lo que éste argumentaba que por su condición de comisario y visitador apostólico sí le estaba permitido. 
     No coinciden los cronistas Alonso Margado y Ortiz de Zúñiga sobre los orígenes de la ermita de los Remedios. Margado señala que fue un ermitaño conocido como fray Pedro (+1553) venido a Sevilla hacia 1540 quien fundó en la vega del Guadalquivir una ermita donde retirarse y acabar sus días, colocando una imagen de la Virgen con la advocación de Nuestra  Señora de los Remedios  que pronto se convirtió en protectora de las gentes de la mar que surcaban el río, a la que se encomendaban antes de emprender sus viajes, especialmente los largos y arriesgados hacia las Indias. Los cronistas repiten cómo desde las naos y bajeles que salían del frontero puerto, los marineros saludaban con salvas de artillería a su paso por el santuario situado en la ribera de Triana, en donde "el santo patrón... juntando tablas y maderos de los navíos rotos, formó una capilla con su altar en donde puso una devotísima imagen de bulto de la gloriosa Virgen Nuestra Señora... la gente sevillana... comenzó a favorecer con sus limosnas la nueva hermita, con que se yva cada día mejorando. Y un devoto de Triana le dio allí un pedaço de tierra que lindaba con la hermita, para su huerta"; por bula de Pablo III quedó agregada a la basílica de San Juan de Letrán en Roma y muerto fray Pedro el Arzobispo de Sevilla don Fernando de Valdés la adjudicó a su visitador, lo que le acarreó pleitos con otros pretendientes, entre ellos Rodrigo del Castillo, hasta que el Arzobispo don Cristóbal de Rojas y Sandoval la entregó a los carmelitas. Para Ortiz  de Zúñiga, quien sigue a los cronistas descalzos del Carmelo, la fundación de la ermita de los Remedios tuvo lugar en el año 1526 por el canónigo de la catedral de Sevilla Martín de Gasca o Gasco, a cuyo cuidado estaba un ermitaño llamado fray Rodrigo, siendo en 1529 unida a San Juan de Letrán por bula del pontífice Clemente VII. Sea como fuere, resulta clara la existencia de una primitiva y modesta ermita o altar cubierto en ese extremo del arrabal de Triana a cuyo cuidado estuvieron ermitaños, entre ellos los mencionados fray Pedro y fray Rodrigo. Progresivamente, con la devoción y limosnas de las gentes de la mar y otros personajes, fue mejorándose y acrecentándose hasta constituir un recinto importante que levantó las suspicacias de los frailes del cercano convento de la Victoria y los intereses de clérigos y canónigos, pasando a ser patronato del arzobispado de la ciudad hasta su cesión a los carmelitas descalzos, para quienes la donación del santuario y sus pertenencias fue de total agrado, en un paraje alejado de la ciudad, con bellas vistas del recinto amurallado y de la vega del Guadalquivir y con una amena huerta, que pronto será ampliada con terrenos a su alrededor. La gran devoción que gozaba la Virgen de los Remedios no sólo entre los mareantes y vecinos de Triana sino también en la ciudad de Sevilla con devotos que cruzaban el puente de barcas para encomendarse a la popular imagen, determinó a los nuevos moradores que ésta continuara como titular del naciente convento, que tomó el nombre de Nuestra Señora de los Remedios.
     Tras acomodarse en lo que serían las modestas dependencias de la ermita, los carmelitas emprendieron la construcción del monasterio contiguo a ella. Sin embargo, la proximidad a la orilla del río provocaba la inundación del inmueble, y la excesiva humedad del terreno socavaba sus cimientos y hacía enfermar a los frailes: "aunque en la época de la fundación el convento esta en un sitio elevado, con las muchas venidas del río ha dejado tanto tarquín y lamo que ha venido a quedar tan bajo el dicho convento, que se inunda todo lo interior de el las veces que sale de madre; con lo cual se ha hecho su habitación tan enferma de que mucho años a esta parte lo está casi toda la comunidad todos los veranos, y mueren muchos; y algunos años ha sido necesario llevar seglares para cuidar a los religiosos por haber enfermado todos", motivos por los que los carmelitas se vieron en la necesidad de trasladar su convento en 1649 "a otro sitio más alto y sano que está entre dicho convento y el barrio de Triana a la misma vera del río, sin entrar en la población", en donde labraron nuevo monasterio e iglesia, cuyo ritmo constructivo fue lento pues el templo no estuvo terminado hasta el año 1700 en el que fue consagrado el 10 de octubre por el arzobispo don Jaime de Palafox, siendo prior fray Andrés de Jesús María y realizándose solemnes fiestas y predicaciones.
     Hay que señalar que son muchas las noticias que nos hablan de los daños, ocasionados por inundaciones, vientos y demás inclemencias meteorológicas, tanto en el antiguo como en el nuevo monasterio. En la riada de 1603 la campana de la torre de la iglesia se cayó, "con muerte instantánea del fraile que la tañía" en petición de socorro por estar el convento inundado. En su auxilio el asistente de la ciudad D. Bernardino de Avellaneda, pese a lo arriesgado que resultaba, fletó un barco tripulado por veinticuatro remeros que recogieron a los religiosos que fueron trasladados al conven­to del Santo Ángel de su misma Orden. De la riada del año 1618 los carmelitas de Los Remedios quedaron tan mal que el arzobispo de Sevilla don Pedro de Castro y Quiñónez les otorgó una cuantiosa limosna. En 1725 consta de nuevo estragos producidos por la avenida de este año, en el que a causa del fuerte viento las tapias de la huerta fueron derribadas, quedando completamente anegada por la crecida del río. En la riada de 1784 se perdió toda la cosecha de naranjas, producto cuya venta suponía la principal fuente de ingresos con que contaban los frailes para su sustento. A pesar de tan dramática situación el convento acogió y mantuvo a cincuenta vecinos desvalidos.
     La institución carmelita hubo de jugar un papel importante, pese a su condición de pobreza y austeridad, en la vida del cada vez más populoso arrabal de Triana, muy vinculado a la actividad marinera de la carrera de Indias. La ubicación ribereña de los Remedios, próximo al entonces llamado "puerto camaronero" o de las Muelas, en donde se habían instalado los astilleros y talleres de carenado, consti­tuyó un lazo religioso para todo el vecindario y especialmente para las gentes de la mar, acrecentado por la especial devoción a la Virgen de los Remedios por su intercesión en los viajes por mar, a la que los bajeles honraban haciendo salvas de artillería cuando llegaban a la altura del monasterio, fundándose además una piadosa cofradía que sacaba a la imagen en procesión en el mes de mayo.
     Sabemos que en 1613 el convento se vio afectado por el incendio, al menos su huerta, provocado por las explosión de los molinos de pólvora de Damián Pérez Galindo, que situados a orillas de río y contiguos a los Remedios "450 pasos de vara", destruyó, según las crónicas, más de treinta casas de alrededor y murieron mucha gente, lo que abrió un contencioso para que estos molinos y otros cercanos de otro propietario se colocasen en un lugar más apartado.
     Con el paso del tiempo el convento de Los Remedios fue arraigándose en la vida de Triana, mejorando sus instalaciones y acrecentando su patrimonio como se confirma en el último tercio del XVIII con la ampliación de la iglesia, ejecución de nuevos retablos y otras piezas artísticas. Considerable en dimensiones y abundancia de los productos de su huerta, que fue progresivamente aumentada por los frailes con tierras de alrededor del monasterio, siendo muy celebrada su producción de naranjas, limones y hortalizas, en la que "un suntuoso estanque en medio, que con su noria lo tiene siempre lleno de agua del Guadalquivir por una grande acequia en tan costoso edificio"; huerta en cuyo solar se construiría a partir de la década de los cuarenta del siglo XX buena parte del actual barrio de los Remedios, nombre tomado del monasterio en cuyo terreno se vino a asentar.
     No consta la fundación o residencia continuada de hermandades y cofradías en el convento, sólo existe referencia a la estancia de forma temporal de dos corporaciones. Una fue la de la Entrada de Jesús en Jerusalén y María Santísima del Desamparo que tras la exclaustración y cierre del vecino convento de la Victoria donde residía, vino a alojarse con sus retablos e imágenes a los pies de la nave del evange­lio del templo carmelita hasta la revolución de 1868 en que fue cerrado al culto, perdiéndose las imágenes y disolvién­dose la corporación. Igualmente se custodió en Los Reme­dios las imágenes de una hermandad desaparecida a mediados del siglo XVIII llamada del Santo Ecce-Homo y Nuestra Señora del Camino que estuvo establecida en la llamada capilla de los Mártires, en Triana, cercana al convento de la Victoria. Dichas imágenes residieron en la nave del evange­lio hasta el cierre al culto de la iglesia en 1868, en que pasaron a la parroquia de Santa Ana.
     En 1810 el convento fue ocupado y saqueado por las tropas francesas, quedando la iglesia sin uso hasta 1811 en que tras la marcha de los invasores fue reabierta al culto con solemne función el domingo 11 de septiembre, como ayuda de la parroquia de Santa Ana, gracias a la presión de los alcaldes y vecinos del barrio de Triana ante la autoridad que pretendía demolerla. En el año 1814 volvería la comunidad carmelita a ocupar el monasterio, de donde sería definitivamente expulsada en 1835 en cumplimiento de los decretos desamortizadores. El templo continuó abierto como auxiliar de la parroquia de Santa Ana pero el convento en 1844 estaba todo derribado. En 1868 la iglesia fue incautada por la Junta Revolucionaria que la sacó a pública subasta el 20 de julio del siguiente año. De nada sirvió la carta del Provisor y Vicario del Arzobispado de Sevilla al Ministro de Gracia y Justicia solicitando la paralización de la subasta y la vuelta al uso religioso, "tan necesario para el crecido número de feligreses del arrabal". El templo quedaría cerrado y abandonado hasta que a comienzos del siglo XX Rafael González­ Abreu lo adquiere y restaura para donarlo a la ciudad convertido en Instituto Hispano Cubano de Historia de América, siendo inaugurado para la Exposición Iberoameri­cana de 1929. Para su nuevo uso el arquitecto Juan de Talavera y Heredia realizó entre 1928-29 una serie de modificaciones y añadidos en el interior y exterior del templo corno la remodelación de la fachada principal, añadido de un balcón en la lateral, creación de una planta en la nave para alojar una biblioteca  y sala de lectura, una vivienda contigua a la cabecera para uso del propio González-Abreu, etc. Durante la guerra civil española la iglesia fue utilizada, entre otros usos, corno cuartel de las tropas alemanas del III Reich destacadas en la ciudad. Con la ruptura de relaciones entre el gobierno cubano de Fidel Castro y el régimen del General Franco la actividad de la nueva institución fue muy escasa. Con ocasión de la celebración de la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, el recinto servirá como oficina de informa­ción y exposiciones -Expo-Info- y sede del Club Noventa y Dos, siendo el templo nuevamente intervenido en 1987 con la sustitución del forjado por otro metálico, nueva solería y recuperación del pequeño jardín-compás delantero de la fachada principal. Actualmente alberga un museo de carruajes. El inmueble fue declarado Monumento Nacional por Real Orden de 8 de febrero de 1931(Gaceta 17/ II/1931).
ARQUITECTURA
     No es posible establecer con precisión el perímetro que tuvo el convento de Nuestra Señora de los Remedios al estar ubicado en un paraje abierto en el extremo este del arrabal de Triana, sin edificios paredaños a él ni vías de comunicación bien definidas que lo delimitaran. De las referencias literarias y documentos visuales se desprende que los espacios cons­truidos fueron de menor significación que la amplia y rica huerta ceñida por un largo muro de cerramiento que, como ya comentamos, a veces sufrió las embestidas de las aguas en las crecidas del cercano Guadalquivir. González León, único autor que ofrece una somera descripción del monasterio, afirmaba que aunque "mediano", era "cómodo y con hermosas vistas", se entraba por un compás situado delante de la puerta principal de la iglesia ubicada a los pies de esta, espacio que correspondería actualmente con el patio ajardi­nado por el que se accede al inmueble desde la plaza de Cuba, patio que conserva a la derecha la que fuera vivienda del guarda realizada en la reforma de principios del XX. Además de al templo, el compás que poseía varias puertas y ventanas con rejas, daba paso al convento propiamente dicho, que se articulaba entorno a un patio principal de dos plantas de altura, formado por arcos sobre pilares, en torno al cual se distribuían las principales estancias como refectorio, sala capitular, sala de profundis, dormitorios, etc. Debió poseer además algún patio más de menor tamaño y de índole más doméstico así como instalaciones de carácter agrícola relacionadas con la producción de su feraz huerta.
     Sólo la iglesia, aunque en parte alterada, ha llegado a nuestros días, inserta en una amplia manzana densamente construida con edificios de gran altura y volumetría, entre la plaza de Cuba y calle Sebastián Elcano que corre paralela al río y al costado de la iglesia. Hubo ser construida en la segunda mitad del siglo XVII, tras el cambio de ubicación del monasterio en 1649 a causa de las reiteradas inundaciones que padecía por su proximidad al río. Hay que señalar que ni del primitivo convento ni su iglesia existe referencia. De autor hasta el momento desconocido, su construcción fue lenta pues no se consagra hasta el año 1700; originalmente era de una planta a la que el arquitecto José Echamorro le añadió dos naves late­rales, como queda recogido en su relación de méritos de 1786 para la obtención de la plaza de maestro mayor de la ciudad, en la que entre otras obras menciona dos naves laterales de la iglesia de los Remedios, en Triana, por lo que esta ampliación hubo efectuarse entre 1780-1785. Se trata de una iglesia de tres naves con crucero cubierto con cúpula sobre pechinas con decoración de yeserías barrocas en el interior, y al exterior con cubierta a cuatro aguas. La nave central con cubierta exterior a dos aguas con mansardas, es muy elevada y se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que apean sobre un entablamento sostenido por pilastras toscanas. La fachada principal se sitúa a los pies y la fisonomía que hoy presenta se debe a la remodelación que realizó en 1928-29 Juan de Talavera; en el hastial que cubre las tres naves se abre un vano central adintelado de piedra enmarcado por pilastras sobre pedestal que sostiene una cornisa sobre la que se levanta un segundo cuerpo compuesto por frontón triangular partido con pináculos en los extremos y una hornacina semicircular enmarcada por pilastras estriadas, decorada con filetes mixti­líneos y rematada con frontón curvo con tres pináculos. El interior de la hornacina albergó una réplica en piedra de la Virgen de los Remedios que se veneraba en el interior, que hubo de desaparecer en los acontecimientos del siglo XIX, colocando en la intervención de principios del XX un busto de fray Bartolomé de las Casas realizado por el escultor José Laffita. Igualmente de esta fecha son las aperturas de las ventanas laterales del primer y segundo piso y las puertas anexas, debidas a Talavera y que mantienen el mismo esquema compositivo. El dintel de la puerta posee una decoración a base de tarjas y motivos vegetales con escudo en el centro. La portada lateral presenta varias aperturas de ventanas y sobre el vano central se sitúa un balcón con barandilla de hierro. La iglesia se completaba con una espadaña que no se ha conservado. Tras el presbiterio Talavera anexionó unas edificaciones que constituyeron la vivienda del mecenas que propició la restauración del edificio, Rafael González-Abreu. Igualmente a Juan de Talavera se debe la división del interior de la iglesia en dos plantas mediante un forjado de madera en donde se instaló la biblioteca y sala de lecturas del Instituto Hispano Cubano de Historia de América, división que sigue mante­niendo aunque en la última intervención el forjado fue sustituido por otro metálico.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     En el presbiterio, al que se accedía mediante cuatro gradas de jaspes rojos, se situaba el retablo mayor que fue concertado el 20 de abril de 1630 entre el ensamblador Alonso Sánchez y el prior fray Luis de San Jerónimo, el supe­rior fray Francisco de Cristo y los once frailes que componía en ese momento la comunidad, según la planta y traza que le entregaba el prior. El artista se comprometía a darlo terminado en blanco ese mismo año por un precio de 800 ducados en moneda de vellón, a pagar en cuatro plazos, de los que existe documento notarial de dos de ellos, uno por 400 ducados otorgado el 16 de enero de 1631 al entonces prior fray Antonio de Jesús, y otra carta de pago por 200 ducados dada el 17 de mayo de ese mismo año, de lo que se colige que el retablo no estuvo terminado en la fecha estipulada. Es obra que se da por perdida, desconociéndose hasta el momento las circunstancias de su desaparición. Aunque de Alonso Sánchez existen referencias documentales de  sus obras desde 1620, no se conservan ninguna de ellas que nos permita establecer algún paralelismo estilístico, si bien es cierto que éste hubo de atenerse a la traza que le entregó el prior como queda de manifiesto en la escritura notarial, por la que conocemos que el retablo montaba sobre un banco en cuyo centro se situaba un significativo sagrario, según se describe en el contrato, de planta cuadrada y cubierta semicircular, de buen tamaño para que cupiera la custodia de plata que poseía la comunidad, con columnas corintias enteras con traspilares, cornisa, y decoración de cartelas y dentellones y rematado en sus frontispicios con el escudo de la Orden tallado; dos figuras laterales "de relieve entero" y una pintura al óleo en la puerta lo completaban. El cuerpo principal del retablo se articulaba mediante cuatro grandes columnas corintias de fuste estriado que formaban tres calles, la central de mayor anchura que las laterales, con hornacina central semicircular, de pie y medio de profundidad, flanqueada por pares de columnas corintias enteras con sus traspilares, en donde se disponía la imagen de la Virgen de los Remedios sobre una peana. Sobre la cornisa con resaltos montaba un segundo cuerpo concebido como un ático, articulado mediante estípites que flanqueaban un panel central, con escudos de la Orden a los lados, y un relieve del Espíritu Santo en el remate. No se especifica las esculturas que lo completaba aunque sí que las habría de hacer "el mejor oficial que hubiere en Sevilla". Todo el retablo se insertaba a su vez en un gran arcosolio sobre grandes pilastras de orden compuesto, huecas para que pasaran las cuerdas de las campanas, pinjante en la clave y un Dios Padre de medio relieve.
     El 30 de diciembre de 1718 el  arquitecto de retablos Pedro de Torre, concierta con los carmelitas la reforma del retablo mayor "sobre lo que tiene lo que le falta para su perfección, según la planta y dibujo de pergamino que por parte de dicho convento se me ha entregado... y reparar todos los daños que tiene", trabajos cuyo costo ascendió a 650 ducados de vellón. El traslado del convento y la ejecución  de  una nueva iglesia terminada en 1700 hizo necesario el acondicionar el antiguo retablo al nuevo presbiterio y reparar los daños que pudo padecer con las sucesivas riadas que afectaron al convento y que determinó su traslado a un lugar un poco más alejado de la orilla del río. Desconocemos las características de la intervención de Pedro de Torre pero sin duda al clasicista retablo ensamblado por Alonso Sánchez hubo de añadirle nuevos elementos con una profusa decoración barroca, que hizo a González de León calificarlo como perteneciente al tiempo "del mal gusto", añadiendo que fue reformado y pintado por el escultor Gabriel de Astorga.
     La imagen de la Virgen de los Remedios que presidía el retablo mayor no se ha conservado. Tras el cierre definitivo al culto de la iglesia en 1868 pasó a la parroquia de Nuestra Señora de la O, colocándose en el interior de hornacina acristalada de un retablo neoclásico situado hacia la cabecera de la nave del evangelio, hasta que fue destruida en los disturbios de 1936, quedando sólo el candelero y la corona de plata. Según Hernández Díaz y Sancho Corbacho se trataba de una imagen de vestir dieciochesca, por lo que no era la primitiva Virgen de la ermita de los Remedios que pasó a presidir y dar nombre al convento fundado por los carmelitas. El único testimonio visual de la Virgen de los Remedios es una réplica realizada en mármol que existió en una hornacina de la fachada principal de la iglesia, que fue adquirida por don Eduardo Ybarra a principios del siglo XX antes de la compra del templo por González-Abreu, y que actualmente se conserva en su domicilio, el antiguo palacio de los Jaén, en un pequeño patio contiguo al principal, en donde fue colocada en 1911. Situada sobre un pedestal quizás añadido con posterioridad, mide 1,90 m. de alto, con el Niño vestido y presentado frontalmente en actitud de bendecir. El rostro de la Virgen se enmarca con una toca, y lleva túnica y manto acampanados, ambos adornado con decoración floral y geométrica; a los pies apenas si se aprecia la media luna con cabeza de querubín en el centro. Esta imagen, quizás sea el testimonio iconográfico más cercano a la primitiva imagen que en fecha indetermi­nada fue sustituida, quizás coincidiendo con la inauguración del nuevo templo en 1700, por otra de candelero y de estilo barroco que fue la que pasó a la parroquia de la O.
     Las naves y crucero de la iglesia poseyó un nutrido número de retablos y altares, a los que González de León consideraba de poco mérito, y cuya advocación quedó recogida en un inventario de los bienes del convento realizado tras la ocupación francesa, en el que lamentablemente sin ninguna característica que los identifique, fecha de ejecución o su iconografía. Estaban dedicados a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, a la Virgen del Carmen, a San José, a la Virgen de los Dolores, al Cristo del Olvido, a San Miguel, a San Juan Bautista, a la Beata María de la Encarnación, a San Alberto, a San Cayetano, a Santa Bárbara, a San Elías y a Santa Ana. Con los acontecimientos del siglo XIX los retablos se destruyeron o dispersaron por iglesias sevillanas, como el que se halla en el lado del evangelio del crucero de la iglesia del Cachorro en Sevilla, de estilo rococó, a donde pasó en blanco y que actualmente está dorado y alberga la imagen de Nuestra Señora del Patrocinio. Los dedicados a San Miguel y San Juan Bautista se hallaban a los pies de la iglesia del lado del evangelio y fueron construidos entre 1714 y 1716 pues en 1713 ambas capillas estaban por "aderezar", según el aprecio realizado por el notario Nicolás de Leiba el 8 de noviembre de ese año a instancias del prior fray Francisco de Santiago. Gracias a las limosnas de diferentes vecinos de Triana como Juan Correa Bosa de Paz que colaboró con "material y maravedises" o el presbítero Juan Ortiz, fueron concluidas; así lo testimonia el citado notario el 16 de marzo de 1716, quien señala que el San Juan Bautista que presidía el retablo a él dedicado era de madera y de vara y media de alto aproximadamente, al igual que el San Miguel de la capilla contigua y última del lado del evangelio aunque este era de barro. Sabemos que los retablos estaban compuestos por piezas de retablos antiguos y retazos de tafetanes viejos. Las capillas estaban soladas con losetas cuadradas vidriadas en color blanco y negro y se cerraban mediante verja de madera de siete cuartas de alto, con sus balaustres pintados en negro.
     Por un contrato fechado el 8 de agosto de 1620 entre el escultor Juan de Mesa y los religiosos del también convento carmelita del Santo Ángel de Sevilla, sabemos que los Remedios poseyó un San José con el Niño de la mano, actualmente sin identificar, que sirvió al artista de modelo "de conformidad de otro santo con su niño questa en la iglesia de nuestra señora de los remedios de triana de dicha orden".
     Una última referencia al patrimonio escultórico de Los Remedios la hallamos en nuestro inseparable González de León, quien menciona en el altar mayor a dos ángeles mancebos que atribuye a Pedro Roldán no identificados. 
PINTURAS
     La única referencia hasta el momento sobre la existencia de pinturas en el convento de los Remedios la hallamos en Tassara y González, quien siguiendo a Serrano Ortega situaba en el claustro una obra de grandes dimensiones realizada por Domingo Martínez que representaba el "Misterio de la Concepción", que pasó al Museo de Pinturas inventariada con el número 76. Actualmente se conserva en la pinacoteca sevillana con fecha de ingreso en 1840, una Apoteosis de la Inmaculada de gran tamaño (276 x 543 cm.), firmada por Domingo Martínez y con el número 74 de inventario antiguo, que viene considerándose como obra procedente del monasterio de San Francisco de Sevilla o de algún otro de franciscanos, por presentar en su iconografía santos de esa Orden. Creemos que esta pintura corresponde a la citada en el claustro carmelita, para donde fue pintada o donde se colocó tras el cierre del convento de San Francisco. Se trata de una interesante y ambiciosa composición, cuya fecha de ejecución se ha establecido en torno a 1740. Centra la escena una Inmaculada de aires murillescos sobre trono de nubes poblado con numerosos y movidos angelotes, y flanqueada por el Venerable Duns Scoto y sor María de Agreda, fervien­tes defensores en sus escritos del dogma de la Inmaculada. A la izquierda figuran los distintos papas que redactaron bulas a favor de la creencia inmaculadista, mientras que a la derecha aparecen los monarcas hispanos Felipe IV, Carlos II y Felipe V que habían asistido ante Roma para la resolución de esta causa. Un rompimiento de gloria completa la composición en donde se identifican a los Cuatro Padres de la Iglesia junto con San Andrés a la izquierda y San Francisco con un grupo de frailes de su Orden a la derecha (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento - Colegio de San Basilio el Magno, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la plaza de Cuba, en ExplicArte Sevilla.

domingo, 23 de noviembre de 2025

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Museo-Casa de Francisco de Zurbarán, Convento de San Diego, antigua Fábrica Harinera, Yacimiento de Los Castillejos, Ermita de la Aurora, Ermita de San Juan de Letrán, Ermita de Nuestra Señora de la Hermosa, y Convento de las Carmelitas Descalzas) de la localidad de Fuente de Cantos, en la provincia de Badajoz

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Museo-Casa de Francisco de Zurbarán, Convento de San Diego, antigua Fábrica Harinera, Yacimiento de Los Castillejos, Ermita de la Aurora, Ermita de San Juan de Letrán, Ermita de Nuestra Señora de la Hermosa, y Convento de las Carmelitas Descalzas) de la localidad de Fuente de Cantos, en la provincia de Badajoz.
     Camino ya de Sevilla, en el eje de la Vía de la Plata, en la que constituye hito destacado, Fuente de Cantos se sitúa en el borde sudoriental del área de Zafra. El núcleo se asienta sobre una orografía ondulada con la que se inician las estribaciones de Sierra Morena. El paisaje se presenta cubierto de viñedos y olivares alternando con dehesa, trigales y terrenos yermos.
     Tipo de Entidad: Municipio
     Superficie Término: 251,8 Km2
     Altitud: 582 m.
     Distancia Capital: 101 Km.
     Partido Judicial: Zafra
     Comarca: Tentudía
     Gentilicio: Fuentecanteño
Ayuntamiento de Fuente de Cantos
     Plaza de la Constitución, s/n
     06240 Fuente de Cantos (Badajoz)
     Teléfono: 924500211 - 924500225
     Fax: 924500497
Historia.-
    Camino ya de Sevilla, en el eje de la Vía de la Plata, en la que constituye hito destacado, Fuente de Cantos se sitúa en el borde sudoriental del área de Zafra. El núcleo se asienta sobre una orografía ondulada con la que se inician las estribaciones de Sierra Morena. El paisaje se presenta cubierto de viñedos y olivares alternando con dehesa, trigales y terrenos yermos.
     En lo jurisdiccional la localidad perteneció a la Encomienda santiaguista de Montemolín, para convertirse después en Villa de realengo. En el siglo XIX adquirió el rango de Cabeza de Partido Judicial.
     Además de por su estratégica situación, su conjunto histórico tradicional, la abundante variedad y riqueza de sus fundaciones religiosas, y otros aspectos, Fuente de Cantos alcanza sobre todo su renombre universal por ser la cuna de Francisco de Zurbarán. El inmortal pintor, contemporáneo y émulo de Velázquez, nació en esta localidad, en cuya parroquia fue bautizado el 7 de Noviembre de 1598. Fueron sus padres Luis de Zurbarán, comerciante al que se supone de origen vasco, e Isabel Márquez. En 1613 marchó a Sevilla a completar su formación artística, regresando a Extremadura en 1617 para afincarse en Llerena. Debe señalarse que ni una de las más de 600 obras suyas catalogadas se conserva, sin embargo, en su pueblo natal (Diputación Provincial de Badajoz).
     Fuente de Cantos*, cuna del pintor Francisco de Zurbarán (1598-1664), del que se con­serva la casa natal transformada en museo (para visitarlo, preguntar en el Ayuntamiento), posee un notable conjunto artístico, a pesar de las pérdidas y destrucciones sufridas durante la invasión napoleónica.
     Situado sobre la Vía de la Plata, en sus proximidades se han localizado restos de un poblado calcolítico, en el paraje de Los Castillejos, donde prosiguen los trabajos arqueológicos.
     El casco urbano, de trazado irregular, posee interesantes ejemplos de arquitectura tradicional, principalmente casas de los siglos XVII al XIX. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Granada es edifico de base gótica (siglo XV), aunque la reconstrucción acometida en el siglo XVIII hace que predomine el aspecto barroco. En el interior son destacables la pila bautismal (siglo XVI) de mármol labrado, en la que fue bautizado Zurbarán, un magnífico retablo barroco, piezas escultóricas, orfebrería y algunos cantorales del siglo XVII. La ermita de la Virgen de la Hermosa (siglo XVIII), convertida por decisión popular en patrona de la localidad, alberga valiosas esculturas y pinturas, al igual que el convento de las Carmelitas Descalzas (siglo XVII), mientras que del antiguo convento de la Concepción sólo se conserva la iglesia, habilitada como Casa de Cultura.
     El último domingo de abril se celebra la fiesta de la chanfaina, con degustación de este popular plato extremeño, y, dos semanas después, la romería de San Isidro suspende durante unos días el normal discurrir de la vida del pueblo, que festivamente traslada su actividad a las casetas feriales instaladas en la pradera de San Isidro. Diversos artesanos locales trabajan el barro y el cuero con excelentes resultados, y recientemente se ha recuperado la vieja artesanía pastoril basada en el asta de carnero (Alfredo J. Ramos, y Santiago Llorente. Guía Total, Extremadura. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005). 
Monumentos.-

     Foco de especial atractivo resulta la recoleta Plaza Central, de reducidas proporciones y cubierta de palmeras, en la que se sitúan el Ayuntamiento y la iglesia parroquial.
     Próxima se encuentra la casona solariega de los Panea, conocida a nivel local como la "Casa Perrete" por la figurilla que corona su ático.
     En la parte más elevada de la localidad encontramos la Plaza de Zurbarán, configurada por edificios modernistas, en cuyo centro se alza el popular monumento al Corazón de Jesús, al que flanquean vistosas farolas fernandinas.
     Rasgo característico de fuente de Cantos es la abundancia de fundaciones religiosas. Entre su variado repertorio sobresale en primer lugar la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Granada. Se trata de obra barroca del XVIII, remodelada sobre otra anterior de estructura almenada, a la que corresponde la "Torre Vieja" que se sitúa sobre la cabecera. Exteriormente presenta fachada de apariencia moderna, con galería sobre la portada, y torre a los pies. En el interior destaca el soberbio retablo mayor, obra de cascarón típicamente barroca, atribuida a González del Castillo, y que constituye una de las piezas de su especie más significadas del la región.
     Muy característica es la ermita de Ntra. Sra. de la Hermosa, patrona del pueblo, de arquitectura rehecha igualmente en el XVIII sobre otra precedente. Se enclava en el extremo más elevado del núcleo, próxima a la Vía de la Plata. Entre sus contenidos sobresale la imagen protogótica de la Virgen titular. También revisten interés las de San Juan, el Cristo y la Aurora, esta última rematada también por una ostentosa espadaña. Algunas sólo se conservan parcialmente.
     El convento de carmelitas fue fundado a mediados del XVII como colegio por juan Escobar del Corro, convirtiéndose a finales de la centuria en convento. De la estructura primitiva perduran la iglesia y el claustro. Entre sus ricos contenidos merece recordar una Piedad en piedra policromadas, obra de mérito ejecutada en 1803 por Antonio Calvo. Otros conventos existentes hasta las exclaustraciones del siglo pasado fueron el de la Concepción, originario del XVI, hoy muy transformado, y el franciscano de San Diego, levantado entre los siglos XVII y XVIII. De ambos se conservan únicamente las capillas. Más moderno, y muy relacionado con la localidad, es el Colegio de la Preciosa Sangre.
     En la típica calle Barrigas subsiste una modesta casa de modelo campesino en la que, según la tradición, vino al mundo Francisco de Zurbarán. Restaurada hace unos años y amueblada al estilo de la época, en ella se mantiene un pequeño museo dedicado al pintor (Diputación Provincial de Badajoz).

Iglesia de Nuestra Señora de la Granada.-
     Del edificio original del siglo XV subsiste el enorme cubo, hoy conocido como torre vieja, que envuelve a la capilla mayor. En el XVI se construye la sacristía, un siglo más tarde las portadas laterales y, ya en el XVIII, se organiza definitivamente el interior mediante una sola nave cubierta con bóveda de cañón dividida en seis tramos, disponiéndose capillas de poca profundidad entre los contrafuertes. También entonces se rehace la sacristía, se construye la balaustrada y la espadaña de tres cuerpos del cabecero, y se levanta con lentitud la torre, cuya acusada verticalidad armoniza con la longitud de la nave. Su riqueza mueble es muy variada. Destaca, ante todo, el monumental retablo mayor, ejecutado a mediados del Setecientos, aunque la imagen de la Virgen de la Granada, antigua patrona de la villa, instalada en el camarín, es obra del siglo XVI. Buena parte de los retablos laterales procede de otros templos, ofreciendo un rico muestrario de pintura y escultura barrocas. Son también de gran interés los lienzos y el Cristo de pasta de papel situados en la capilla del Sagrario.
     La pila bautismal, de mármol blanco con refinada decoración, es del siglo XVI. En ella hubo de ser bautizado Francisco de Zurbarán (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Museo - Casa de Francisco de Zurbarán.-
     Aprovechando el 350 Aniversario de la muerte de Francisco de Zurbarán, Fuente de Cantos abre sus puertas nuevamente de su Casa Natal en Fuente de Cantos. Rehabilitada con fondos Europeos y del Gobex.
     La dotación ha sido llevada a cabo por el estudio de Diseño Gráfico y Comunicación Stac art Diseño cuyo propietario es Ángel Cabezón Luna, que ya ha realizado varios proyectos de musealización por otros pueblos de Extremadura.
     La vivienda ha sido rehabilitada y dispone de las más modernas tecnologías para trasladar al visitante a la época del genial pintor extremeño. Un nuevo producto turístico en Fuente de Cantos, municipio que cuenta con múltiples atractivos para el visitante y que forma parte de una de las rutas turísticas de referencia. Desde ahora, el público adulto, joven o infantil puede realizar su visita a nuestra Casa Museo en grupo, pareja o individualmente, de la manera más adecuada en cada caso.
     La Casa se encuentra distribuida originariamente en varias estancias, salas y habitaciones, que han sido restauradas de modo que exista un orden lógico de recorrido.
     La visita comienza en la Sala de Recepción, donde el visitante sentirá que forma parte del ambiente rural y místico que envuelve a Zurbarán, mediante un juego de luces y músicas que le trasladará de inmediato a aquella época. Se puede recorrer la casa de forma totalmente íntima o en grupo. Si desea visitar la casa en total privacidad, deberá solicitar sus auriculares a nuestro guía. A través de su tablet, teléfono o smartphone obtendrá una información detallada mediante un sistema de audios y videos que complementan los paneles informativos e imágenes del Centro. Si ha venido en grupo, será el guía quien le acompañe en la visita, con exhibición de audios y videos programados.
     La Sala I “Zurbarán”, representa la personalidad de nuestro ilustre pintor, reflejada fielmente en su obra y, en concreto, en el Bodegón de tazas y vasos. En esta misma sala tiene su espacio su hijo Juan de Zurbarán, desconocido para la mayor parte de la población, que trabajó junto a su padre y muere muy joven.
     La Sala II “Extremadura”, donde se da un repaso a su obra monástica. Zurbarán regresa de Sevilla, organiza su taller en Llerena y comienza a realizar pinturas religiosas. Especial mención a su Obra Cristo en la Cruz de 1627, que será decisivo para su futuro por los numerosos encargos que recibe de distintas ordenes religiosas tras su realización, gozando de un enorme reconocimiento y siendo nombrado Maestro Pintor.
     La Sala III “Sevilla”, denominada así por la gran cantidad de obras marianas, Inmaculadas y  escenas religiosas que realiza, haciendo uso de la pintura como medio de difusión del fervor sevillano de la época hacia la Virgen María.
     La Sala IV pasillo de “Las Santas”, una exposición en pequeño formato de las innumerables Santas que Zurbarán pintó, cuyo objetivo es que quien visualice estas obras las reconozca como obra del pintor en adelante.
     La Sala V “Madrid”, hace un repaso a sus estancias en Madrid, visitas a la Corte, realizando su pintura para el Salón de Reinos, última etapa y muerte.
     La Sala VI o Polivalente, donde conocemos Fuente de Cantos y se exponen trabajos y proyecciones sobre nuestro pueblo, la Vía de la Plata y otros temas. Dos pantallas táctiles de gran formato permiten acceder al resto de documentación y publicaciones sobre Zurbarán, redes sociales y web. Y para los más pequeños, programas de pintura que explican la técnica del claroscuro y les permiten recrear obras de Zurbarán con oleos u otras técnicas pictóricas.
     Por último, “El patio”, diseñado para relajarse tras la visita disfrutando de la música ambiental de este Siglo de Oro.
     Completado el itinerario marcado, una divertida sorpresa aguarda al visitante…
     La Vía de la Plata cada año es recorrida por miles de turistas, deseosos de descubrir nuestra región. La Casa de Zurbarán, la pila bautismal donde el pintor fue bautizado y esta nueva oferta turística convierten a Fuente de Cantos en parada y visita obligada (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Convento de San Diego.-
     En 1594 el prior de la provincia santiaguista de León daba licencia para fundar un monasterio de franciscanos, y ya en 1624 el sevillano Francisco Daza había terminado de levantar la iglesia, el coro y otras dependencias monacales, operándose diversas reformas a mediados del siglo XVIII. El convento fue suprimido en 1835 y su contenido repartido entre la parroquia y el convento del Carmen. La constante reforma de sus dependencias, la última de ellas finalizada en 2002, ha borrado la casi totalidad de su estructura original, aunque se ha conservado la iglesia, que mantiene la nave de veinticinco metros de largo por siete, con cuatro tramos articulados por pilastras y bóveda de cañón.
     La cabecera, cuadrada, se cubre con media naranja sobre pechinas iluminada por linterna. Interesa destacar la capilla del Corazón de Jesús, con su decoración de yesos polícromos, que se abre al lado de la Epístola, y el coro, hecho también de nuevo en varias ocasiones, situado a los pies. Atractivo resulta el exterior, con un airoso juego de volúmenes correspondiente al cubo de la capilla del Corazón de Jesús, el camarín y la espadaña de un solo vano (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

antigua Fábrica Harinera.-
     En su interior alberga un delicado y exclusivo cuidado en la decoración, predominando la madera de roble en combinación con la piedra, logrando un cálido, rústico y confortable ambiente. Sus instalaciones se distribuyen en cuatro plantas, en la planta baja se encuentra el “Salón Zurbarán”, una zona acogedora para conferencias, congresos, reuniones de empresas. La planta Noble, acoge la recepción, cafetería y el restaurante. Además incluye 16 habitaciones distribuidas en dos plantas. Dispone de ascensor y un amplio aparcamiento interior dotado con cámaras de seguridad.
     La antigua fábrica data de principios de siglo XX. El edificio está protegido por patrimonio y actualmente se explota como hotel Rural. Tanto la estructura como sus delicados rincones han sido aderezados con todo tipo de comodidades conservando el encanto del edificio original.
     Domicilio………:   Real, 117
     Teléfono…………:   924-500 042
     Nº Plazas……….:  32 (12 Supl.)
     Nº Dormitorios:  16
     Pagina Web……:  www.hrlafabrica.com
     E-mail……………..: hotel@hrlafabrica.com (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Yacimiento de Los Castillejos.-
     Este yacimiento se encuentra muy cerca de Fuente de Cantos, una bonita localidad del sur de Badajoz, en la comarca de Tentudía. En las excavaciones se han encontrado restos que parecen datar en el Neolítico los primeros asentamientos en este paraje. Pero lo que más llama la atención son los restos de la muralla y la trama urbana construida durante la Edad del Hierro.
     Si estamos en el centro de Fuente de Cantos podemos preguntar por el albergue, el Centro de Interpretación de Zurbarán (no la casa de Zurbarán) o el antiguo Convento de San Diego, son el mismo edificio pero en el pueblo lo conocen con diferentes nombres. Una vez allí hay que subir hacia la EX-202 y a pocos metros aparece un desvío a la derecha con un cartel indicando hacia los Castillejos.
     Otra opción es salir a la N630 y desde ahí seguir por la EX-202 hacia Fregenal. Aproximadamente a la altura de la Calle de los Mártires, a la izquierda, aparecerá el desvío.
     La carretera local es bastante estrecha, así que hay que tener cuidado con los vehículos con los que nos crucemos. Curiosamente discurre en paralelo de la Cañada Real Leonesa durante este tramo.
     A unos 5-6 kilómetros aparece señalizado un desvío a la izquierda por un camino que nos lleva a la entrada de la finca en la que se encuentra el centro de interpretación y los yacimientos.
     El lugar está formado por dos cerros, uno de los cuales está muy cerca del arroyo Bodión Menor. Es un buen lugar para un asentamiento por la elevación del terreno, que permite una mejor defensa y sirve como atalaya natural y por la proximidad del agua.
     A partir de los estudios realizados hasta el momento se deduce que los asentamientos fueron ocupados en diferentes épocas, desde el Neolítico hasta la época romana.
     En Los Castillejos I se ha encontrado una muralla circular, de unos 2.5 metros de espesor, que rodeaba el recinto, con una torre o bastión semicircular. Parece ser que el asentamiento en este cerro se produjo en el Calcolítico (Edad del Cobre) y después fue abandonado. Se han encontrado cenizas a lo largo de toda la muralla, en la cara interior, que pueden indicar que el fuego pudo destruirla.
     En este yacimiento se han encontrado también una serie de piezas conocidas como ídolos de cuernos.
El yacimiento de Los Castillejos II muestra una muralla defensiva mucho más elaborada, que data de los siglos IV a II a.C. Esta muralla, de planta pentagonal tiene un espesor de hasta 3 metros en algunos puntos y disponía además de torreones rectangulares.
     La muralla va subiendo desde la parte inferior del cerro, situada junto al arroyo, hacia la parte alta del cerro en el punto opuesto. Actualmente se puede ver la excavación de esta zona inferior y la excavación en la parte superior del cerro.
     En el interior del recinto se pueden ver las casas, adosadas unas a otras, a lo largo de al menos una calle principal. En la tipología de las casas se aprecian al menos dos épocas o fases de ocupación. Una primera fase en la Edad del Hierro y otra fase posterior a partir del siglo II a.C.
     La estructura en la parte superior del cerro parece ligeramente diferente. Los muros de las casas son más anchos y los recintos más grandes. Es posible que estas casas pertenecieran a las clases más altas de la población o que cumplieran otra función.
     En esta excavación de la zona superior del cerro se puede apreciar lo que parece un pozo de nieve, es decir una oquedad artificial que se utilizaba para almacenar nieve durante el invierno para conservar
     Estas dos fases de ocupación más recientes han borrado gran parte de los restos de fases de ocupación anteriores, documentadas a partir del Neolítico.
     Parece ser que los primeros asentamientos de época neolítica estaban localizados en el cerro más próximo al arroyo. Es probable que el lugar fuera abandonado y vuelto a utilizar por diferentes pobladores a lo largo del tiempo. El cerro de Castillejos I parece que fue utilizado sólo durante una época, en el Calcolítico, y abandonado definitivamente en épocas posteriores. Más adelante, en la Edad del Hierro, se construye el recinto defensivo de Castillejos II y la estructura urbana que se puede ver en la actualidad. Y posteriormente, a partir del siglo II a.C. llegan nuevos pobladores que reutilizan el asentamiento e introducen modificaciones.
     En Castillejos II se han encontrado, entre otros objetos, dos ruedas de carro muy bien conservadas. Si estamos en el centro de Fuente de Cantos podemos preguntar por el albergue, el Centro de Interpretación de Zurbarán (no la casa de Zurbarán) o el antiguo Convento de San Diego, son el mismo edificio pero en el pueblo lo conocen con diferentes nombres. Una vez allí hay que subir hacia la EX-202 y a pocos metros aparece un desvío a la derecha con un cartel indicando hacia los Castillejos.
     Otra opción es salir a la N630 y desde ahí seguir por la EX-202 hacia Fregenal. Aproximadamente a la altura de la Calle de los Mártires, a la izquierda, aparecerá el desvío.
     La carretera local es bastante estrecha, así que hay que tener cuidado con los vehículos con los que nos crucemos. Curiosamente discurre en paralelo de la Cañada Real Leonesa durante este tramo.
     A unos 5-6 kilómetros aparece señalizado un desvío a la izquierda por un camino que nos lleva a la entrada de la finca en la que se encuentra el centro de interpretación y los yacimientos.
     El lugar está formado por dos cerros, uno de los cuales está muy cerca del arroyo Bodión Menor. Es un buen lugar para un asentamiento por la elevación del terreno, que permite una mejor defensa y sirve como atalaya natural y por la proximidad del agua.
    A partir de los estudios realizados hasta el momento se deduce que los asentamientos fueron ocupados en diferentes épocas, desde el Neolítico hasta la época romana.
     En Los Castillejos I se ha encontrado una muralla circular, de unos 2.5 metros de espesor, que rodeaba el recinto, con una torre o bastión semicircular. Parece ser que el asentamiento en este cerro se produjo en el Calcolítico (Edad del Cobre) y después fue abandonado. Se han encontrado cenizas a lo largo de toda la muralla, en la cara interior, que pueden indicar que el fuego pudo destruirla.
     En este yacimiento se han encontrado también una serie de piezas conocidas como ídolos de cuernos.
     El yacimiento de Los Castillejos II muestra una muralla defensiva mucho más elaborada, que data de los siglos IV a II a,C. Esta muralla, de planta pentagonal tiene un espesor de hasta 3 metros en algunos puntos y disponía además de torreones rectangulares.
     La muralla va subiendo desde la parte inferior del cerro, situada junto al arroyo, hacia la parte alta del cerro en el punto opuesto. Actualmente se puede ver la excavación de esta zona inferior y la excavación en la parte superior del cerro.
    En el interior del recinto se pueden ver las casas, adosadas unas a otras, a lo largo de al menos una calle principal. En la tipología de las casas se aprecian al menos dos épocas o fases de ocupación. Una primera fase en la Edad del Hierro y otra fase posterior a partir del siglo II a.C.
     La estructura en la parte superior del cerro parece ligeramente diferente. Los muros de las casas son más anchos y los recintos más grandes. Es posible que estas casas pertenecieran a las clases más altas de la población o que cumplieran otra función.
     En esta excavación de la zona superior del cerro se puede apreciar lo que parece un pozo de nieve, es decir una oquedad artificial que se utilizaba para almacenar nieve durante el invierno para conservar.
     Estas dos fases de ocupación más recientes han borrado gran parte de los restos de fases de ocupación anteriores, documentadas a partir del Neolítico.
     Parece ser que los primeros asentamientos de época neolítica estaban localizados en el cerro más próximo al arroyo. Es probable que el lugar fuera abandonado y vuelto a utilizar por diferentes pobladores a lo largo del tiempo. El cerro de Castillejos I parece que fue utilizado sólo durante una época, en el Calcolítico, y abandonado definitivamente en épocas posteriores. Más adelante, en la Edad del Hierro, se construye el recinto defensivo de Castillejos II y la estructura urbana que se puede ver en la actualidad. Y posteriormente, a partir del siglo II a.C. llegan nuevos pobladores que reutilizan el asentamiento e introducen modificaciones.
     En Castillejos II se han encontrado, entre otros objetos, dos ruedas de carro muy bien conservadas (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Ermita de la Aurora.-
     La ermita de la aurora está situada junto al Centro de Salud. Se tienen muy pocos datos de esta ermita, que tampoco hoy se halla dedicada al culto. Consta de una anómala nave, muy torcida en su desarrollo, de quince metros de largo por cuatro de ancho, con tres tramos, pilastras decoradas con placas recortadas y bóveda de cañón. La cabecera, cuadrada, se cubre con media naranja sobre pechinas, y de remate una linterna. Lo más atractivo, aunque también se halla demasiado “restaurada”, es la preciosa espadaña que se levanta a los pies sobre la puerta, de tres huecos y atractiva decoración barroca. El conjunto responde a la línea de otras edificaciones dieciochescas de la localidad (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Ermita de San Juan de Letrán.-

     Sus orígenes se remontan a la fundación en 1515 del hospital de San Juan de Letrán, regentado por franciscanas concepcionistas, que establecieron aquí su convento. Tras el traslado de éste al centro de la población a finales del siglo XVI, quedó la iglesia como ermita solamente. La ermita actual, no obstante, no es sino la cabecera del edificio de una nave que, posiblemente, se planteó levantar en el siglo XVIII, pero del que sólo llegó a realizarse la capilla mayor. Es de planta cuadrangular, de ocho metros por siete en la base, cubierta con media naranja sobre trompas y dotada de un gran arco toral de donde hubiera arrancado la nave que no llegó a realizarse.
     Como obras de interés conserva una talla de San Juan Evangelista, del siglo XVIII, y un Crucificado contemporáneo de enormes dimensiones realizado por el tallista local Jesús González (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Ermita de Nuestra Señora de la Hermosa.-
     El Santuario de la patrona de Fuente de Cantos es el resultado de las reformas operadas en el siglo XVIII sobre el edificio original, datado en el siglo XV. Se unificaron entonces las tres naves en una sola, cubriéndose con bóveda de cañón con fajones y lunetos; se dispusieron las ocho capillas laterales y se construyeron las cúpulas de la capilla mayor y del camarín. El juego de pilastrones, estípites y cornisas, en yesería, proporcionó una atractiva decoración al interior, repitiéndose el mismo modelo en la espadaña. De gran interés es el conjunto de pinturas que cuelga a ambos lados de la capilla mayor: los evangelistas, de la escuela sevillana del XVII, y los episodios de la vida de la Virgen; destacable, por su rareza, es también el lienzo americano del Cristo de la Encina. En cuanto a la imaginería, el retablo mayor, barroco, contiene excelentes tallas sobre su estructura; posee arco abierto al camarín, donde se ubica la imagen de Nuestra Señora de la Hermosa, de la segunda mitad del siglo XVIII. Otros retablos albergan a Nuestro Padre Jesús Nazareno, San José con el Niño -ambos asociados al círculo de Pedro Roldán- y la primitiva Virgen de la Hermosa, conocida como La Aparecida, talla gótica del siglo XIV (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

Convento de las Carmelitas Descalzas.-
     Tiene su origen en la fundación que en 1649 dispuso D. Juan de Escobar del Corro de un colegio – seminario para pobres y huérfanos, quedando poco después bajo el gobierno de la Orden del Carmelo Reformado. Lo esencial de la iglesia y la clausura se concluye en 1670. En 1722 se levanta la espadaña, muy transformada. Se conserva una rica colección de pinturas, algunas de las cuales, las que están junto al coro alto (San Elías, La aparición del monje de Soriano y la Inmaculada) se han asociado al círculo artístico de Zurbarán. El Retablo mayor fue encargado a Juan Martínez de Vargas en 1675, presidiéndola Nuestra Sra. del Carmen. Los retablos del lado del Evangelio portan las imágenes del Sagrado Corazón, San Antonio de Padua y Santa Teresa de Lisieux. En los de la Epístola están Santa Teresa de Jesús y dos excelentes imágenes: el Cristo de la Misericordia, procedente del convento de San Diego, del XVII, y la Virgen de las Angustias, obra de  Antonio Calbo, de 1803 (ambas procesionadas el Jueves Santo). De reciente adquisición son las efigies de Cristo Cautivo y Virgen de la Humildad, que procesionan el Domingo de Ramos.
     Hoy sólo resta la iglesia, la cual, si bien sometida a una discutible modificación hace unos años, se presenta como un equilibrado templo con una única y airosa nave de 22 metros de largo por 7 de ancho, articulada en cinco tramos marcados por pilastras toscanas, llegando a la cabecera cuadrada, cubierta con una gran media naranja, a través de un triple arco toral. Diversas molduras sugieren ilusoriamente los brazos del crucero y las capillas laterales. Se cubre la nave con bóveda de cañón con dobles fajones y lunetos de triple trazado, lo que proporciona a las superficies una atractiva animación. A los pies se ubica el coro, que ocupa el primer tramo de nave. Muestra el exterior la forma de un enorme cajón con cimborrio cuadrangular coronado por linternillo ciego. La, por desgracia, muy restaurada espadaña consta de tres huecos, dos cuerpos, siendo sus superficies muy quebradas por frisos, cornisillas y aletones (Ayuntamiento de Fuente de Cantos).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Badajoz, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Granada, Museo-Casa de Francisco de Zurbarán, Convento de San Diego, antigua Fábrica Harinera, Yacimiento de Los Castillejos, Ermita de la Aurora, Ermita de San Juan de Letrán, Ermita de Nuestra Señora de la Hermosa, y Convento de las Carmelitas Descalzas) de la localidad de Fuente de Cantos, en la provincia de Badajoz. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia pacense.

Más sobre la provincia de Badajoz, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 6 de diciembre de 2024

El Medallón de San Nicolás de Bari, en el Convento de San José del Carmen (Las Teresas)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Medallón de San Nicolás de Bari, en el Convento de San José del Carmen (Las Teresas), de Sevilla.      
    Hoy, 6 de diciembre, conmemoración de San Nicolás, obispo de Mira, en Licia, actual Turquía, famoso por su santidad y por su intercesión ante el trono de la divina gracia (s. IV) [según el Martirologio Romano reformado por mandato del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II y promulgado con la autoridad del papa Juan Pablo II].
     Y que mejor día que hoy, para ExplicArte el Medallón de San Nicolás de Bari, en el Convento de San José del Carmen (Las Teresas), de Sevilla.
     El Convento de San José del Carmen (Las Teresas), se encuentra en la calle Santa Teresa, 5; en el Barrio de Santa Cruz, del Distrito Casco Antiguo.
   En un medallón realizado en el primer tercio del siglo XVII, en óleo sobre cobre, con unas medidas de 8 x 8 cms., de forma octogonal y sobre fondo de celaje aparece San Nicolás de Bari de medio cuerpo vestido con casulla morada. La cabeza, rodeada de nimbo, presenta los rasgos de un hombre maduro de poblada barba que, en actitud extática, dirige la mirada al frente mientras levanta su mano derecha para bendecir y sujeta en la izquierda el libro con las tres bolas de oro (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
Conozcamos mejor la Historia, Leyenda, Culto e Iconografía de San Nicolás de Bari, obispo;
LEYENDA
   San Nicolás, quien fuera en la Edad Media y aún sigue siendo en la actualidad uno de los santos más populares, tiene el privilegio de pertenecer a la Iglesia griega y al mismo tiempo a la latina. Nació en Asia Menor y su culto se trasplantó al sur de Italia, junto con sus reliquias. Reivindicado por Patras, Mira y Bari, el culto de san Nicolás no padeció el cisma y ha seguido sirviendo como vínculo entre las dos mitades de la cristiandad. En tal sentido, puede decirse que es el más universal de los santos.
   Pero a pesar de su popularidad es uno de los menos históricos. Habría nacido hacia 270, en Patras de Licia, localidad que la Leyenda Dorada confunde con Patras de Grecia. Habría sido obispo de Mira, en Asia Menor, encarcelado y liberado por el advenimiento del emperador Constantino. Se contaba que había combatido la herejía arriana en el concilio de Nicea; llevado por su celo habría llegado a propinar a Arrio un puñetazo en el rostro. Habría muerto en 342.
   En realidad la historia fue ahogada muy pronto por la leyenda que se apoderó de él para convertirlo en una mezcla de Neptuno y Papá Noel.
   Su precocidad fue asombrosa: el mismo día de su nacimiento se mantuvo de pie, solo, en la cuba que llenaran con agua tibia para darle el primer baño.
   Su santidad se habría manifestado desde la cuna: los viernes, días de ayuno, se abstenía de mamar del pecho de su nodriza. Ese milagro del lactante (Das Saüglingswunder) es un tópico hagiográfico que reaparece en la Vita de san Roque. En estilo de hagiógrafo ello significa que a partir de su infancia se entregó a la práctica del ayuno semanal.
   Los dos episodios más conocidos  de su leyenda  son su ejemplo de caridad, al dotar a tres jóvenes casaderas muy pobres a quienes la miseria empujaba al vicio y el milagro de los tres monaguillos resucitados.
   La leyenda de las Tres doncellas dotadas por san Nicolás (Praxis de tribus filiabus) es tan conocida como la Caridad de san Martín compartiendo su manto con un mendigo. Un noble reducido a la indigencia no tenía otra salida que prostituir a sus tres hijas. San Nicolás las salvó de la deshonra y del oprobio (dedecus et opprobrium), arrojando durante la noche y sin que nadie lo advirtiese, tres bolsas llenas de oro a través de la ventana de su casa, recursos que permitieron casarlas honorablemente.
   La fábula de los Tres niños resucitados es más compleja, porque se trata de la deformación de la historia de los tres oficiales (Praxis de stratelatis) falsamente acusados e injustamente condenados a muerte, a quienes san Nicolás habría arrancado del tajo del verdugo apareciéndose en sueños al emperador Constantino.
   ¿Cómo fueron metamorfoseados en tres escolares (tres clerici) los tres oficiales, o, para emplear la expresión griega los tres stratélates muertos por un carnicero a quien habían pedido hospitalidad, y que fueron «cortados en pequeños trozos y puestos en el saladero como puercos», y luego restaurados por el bueno de san Nicolás?
   Esta leyenda, que nació en Francia (Lorena o Normandía) en el siglo XII, se explica por la falsa interpretación de una imagen. En el arte de la Edad Media, los cautivos siempre están representados en una torre cortada por el centro. Los tres oficiales en prisión cuyas cabezas emergían de una torrecilla se tomaron por tres niños hundidos en una cuba que la imaginación popular convirtió en saladero.
   Se advertirá la frecuencia de la sagrada cifra tres en la leyenda de san Nicolás: ese ritmo ternario condujo a suponer que todos esos milagros no eran más que variantes de un solo hecho interpretado de diversa manera.
   Los demás milagros de san Nicolás están, casi todos ellos, relacionados con el mar. Los marineros griegos sorprendidos por la tempestad invocaban al obispo de Mira como en el pasado habrían suplicado a Poseidón, con la esperanza de que éste les socorriese, calmara el mar agitado y les ayudara a maniobrar y conducir la nave al abra de salvación.
CULTO
   La prodigiosa expansión del culto de san Nicolás sorprende tanto más por cuanto éste no padeció martirio, y porque no era, a diferencia de casi todos los santos populares de Oriente,  ni militar como san Jorge o san Demetrio, ni un curador como los hermanos gemelos Cosme y Damián.
   No obstante, este santo local de una pequeña ciudad de Anatolia se convirtió en uno de los grandes taumaturgos de la Iglesia griega, y más tarde, en uno de los principales patrones de Grecia y de Rusia. El traslado de sus reliquias a Bari, en 1087 lo convirtió, por añadidura, en uno de los grandes santos de la Iglesia romana.
   Como el apóstol Santiago de Compostela, se benefició con los movimientos de peregrinos y cruzados. Los peregrinos y los caballeros que iban a embarcar en Brindisi hacia la Tierra Santa nunca dejaban de rezar ante las reliquias de san Nicolás de Bari, que destilaban una mirra perfumada que sus devotos recogían preciosamente en ampollas de plomo: es lo que se llama­ba el maná de san Nicolás. La peregrinación a Bari era tanto más frecuentada por cuanto se combinaba con la de san Miguel del monte Gargano, si­tuado a escasa distancia, sobre la costa de Apulia.
   Desde Bari y desde el vecino puerto de Trani, sobre la costa del Adriático, el culto del santo enjambró, en principio, en Normandía, a causa de la conquista de Italia meridional por los normandos, y luego en Lorena, en Saint Nicolas de Port, cerca de Nancy.
   En 1093, un caballero lorenés, Alberto de Varangeville, al pasar por la ciudad de Bari de vuelta de la cruzada, llevó a su país un fragmento de uno de los dedos de san Nicolás, que depositó en una capilla consagrada a la Virgen (Notre Dame) en el pueblo portuario. A finales del siglo XV, en el emplazamiento de dicha capilla se construyó una magnífica basílica de estilo gótico flamígero, que se puso bajo la advocación de Saint Nicolas de Port. 
 La popularidad de esa peregrinación determinó la elección de san Nicolás como patrón de Lorena. Antes de que dicha provincia se uniera a Francia, las iglesias de los loreneses en el extranjero estaban consagradas a san Nicolás. En Roma, al tiempo que los franceses del reino se reunían en San Luis de los Franceses, los procedentes de Lorena lo hacían en San Nicolás de los Loreneses (Saint Nicolas des Lorrains).
   Ya se ha observado que el nombre de pila Nicolás  y sus derivados (en francés): Colas, Colin, Colinot, Collinet, Collignon, también se han difundido en el este de Francia tanto como el nombre «Martín» (fr.: Martin) en las provincias del oeste: es un indicio muy característico de la popularidad de san Nicolás. 
 Pero su culto no se limitó a Lorena. No hay provincia de Francia donde no se encuentren algunas iglesias puestas bajo la advocación de san Nicolás. París poseía dos: Saint Nicolas des Champs y Saint Nicolas du Chardonnet (campo de cardos), al pie de la montaña de Sainte Genevieve. En la catedral de Ruán existe una capilla de Saint Nicolas o de los Mariniers. Y en el Poitou, una de las más bellas iglesias románicas de la región es la de Saint Nicolas de Civray.
   Señalemos, por último, que la primera vida de un santo que se dramatizara en la literatura francesa, es el Jeu de saint Nicolas, (Retablo de san Nicolás), de Jehan Bodel d'Arras.
   En Alemania, la princesa bizantina Teofano, esposa del emperador Otón II, favoreció el culto de san Nicolás.
   El genio de las minas de cobre había sido bautizado Níquel, variante de Nicolás. De ahí el nombre dado a tal metal por el físico químico sueco Kronsted, quien lo aisló en 1751.
   Inglaterra, país de marinos, le profesó un culto que se expresa por la advocación de alrededor de trescientas setenta y seis iglesias.
Patronazgos
   Otra prueba no menos impresionante de la excepcional popularidad de san Nicolás es la multitud de sus patronazgos.
   Es el patrón de los escolares, de los niños de coro (Chorknaben), porque hizo salir vivos del saladero a los tres sacristanes convertidos en picadillo por el ogro carnicero:
   Prie pour nous, saint Nicholas,
   Qui les trois clercs ressuscitas .
   (Ruega  por nosotros,  san Nicolás,  / Quien a tres clérigos resucitó.)
   Lo invocaban las jóvenes casaderas (heiratslustige Madchen), en conmemoración de las bolsas que ofreciera con discreción a tres doncellas quienes, a falta de dote, no encontraban esposos. «San Nicolás, como dice la canción, casa a las mozas con los mozos.»
   Patrón de filies, saint Nicolas,
   Mariez-nous , ne tardez pas!
   (Patrón de las muchachas, san Nicolás /  ¡Cásanos sin demora!)
   Por los regalos que hizo a las tres doncellas, se convirtió en el distribuidor de los regalos de Navidad; y en lugar de arrojarlos por la ventana, los deja caer en los zapatos por la chimenea. Pero si obsequia a los niños buenos, aquellos que no lo son reciben varas, de manera que en la imaginación de los niños se presenta como un Papá Noel y un Papá Azotador. Es posible que la cuba donde se habían puesto en salazón los tres niños, haya sido tomada por un cuévano que servía al santo para transportar los juguetes de Navidad a los niños buenos y transportar al Infierno a los malos.
   Como se ve, esta leyenda infantil de san Nicolás Papá Noel (Babbo Natale), deriva del relato de las tres doncellas dotadas y de los tres niños resucitados. Además, en el Oriente mediterráneo también es el santo tutelar de los marinos, de todos quienes «van por agua y temen el naufragio », porque tiene el poder de calmar las tormentas. Su popularidad se extendía hasta el océano Atlántico, como bastan para probarlo el nombre de tour Saint Nicolas que se dio a una de las dos torres que gobiernan la entrada al puerto de La Rochelle, la iglesia de Saint Nicolas de Nantes, e incluso hasta el mar Báltico, como lo demuestra el gran número de iglesias dedicadas a san Nicolás en las ciudades  marítimas del norte de Alemania.
   Era el patrón de los carpinteros navales, de los pilotos, de los marineros de agua dulce, de los almadieros de Morvan y de los barqueros del Yonne o del Cure. Los niños, las jóvenes casaderas, los marinos y marineros ya le procuraban una clientela numerosa; pero eso no era todo. Una docena de corporaciones se ponían bajo su protección: abogados, procuradores y letrados de palacio, los prestamistas prendarios; los toneleros, comerciantes de vino, arqueadores y descargadores de vino; los comerciantes de granos y descargadores de trigo; los carniceros; los perfumeros, los boticarios y los especieros. 
 La mayoría de estos patronazgos se explican por circunstancias de su leyenda o juegos de palabra.    Los prestamistas prendarios le reconocían haber castigado a los morosos de mala fe. Los descargadores de trigo recordaban que había completado milagrosamente la carga de grano de un navío cuyo capitán había tomado una parte para alimentar hambrientos. Los toneleros aludían al saladero con forma de tonel de donde sacara a los tres escolares.
   En cuanto a los perfumeros, sus homenajes se dirigían al santo mirobleto, cuyo cuerpo en la cripta de Bari destilaba un maná aromático. El origen de esta devoción es un juego de palabras sobre san Nicolás, obispo de Mira. Los aceites odoríferos y terapéuticos que salían de su sarcófago le valieron la clientela de los boticarios.
   Además, se creía a san Nicolás protector de los tesoros confiados a su guarda contra los ladrones. Es el tema del Jeu de saint Nicolas (Retablo de san Nicolás)  de Jehan Bodel d 'Arras.
   Por último, la leyenda de los tres oficiales injustamente encarcelados le había valido el reconocimiento de los presos y de las víctimas de errores judiciales.
ICONOGRAFÍA
Tipo, vestido y atributos

   En el arte bizantino, san Nicolás está representado con una ancha frente y barba blanca, y vestido como un obispo griego, es decir, con felonion y omoforión blancos, y siempre con la cabeza descubierta. En la mano izquierda lleva el libro de los Evangelios o la cruz de doble travesaño, mientras que con la diestra hace un gesto de bendición. No tiene atributos  individuales. En el arte de Occidente está transformado en un obispo latino, es decir, tocado con mitra y apoyado en un báculo.
   Como Papá Noel, aparece ya como obispo, ya arropado en una larga túnica blanca  con  capucho.
   Fue a partir del siglo XIV cuando se le concedieron atributos individuales nacidos de la leyenda  o del culto.
   Sus atributos habituales son una pirámide de tres bolsas de oro que mantiene en equilibrio sobre el libro de los Evangelios y tres niños emergiendo del saladero, alusiones a las dos escenas más populares de su leyenda: la dote de las tres doncellas y la resurrección  de los tres escolares.
   Debe señalarse que las tres bolsas de lingotes de oro (three golden halls, die Goldklumpen), con frecuencia se convierten en tres manzanas a causa de los regalos de Navidad que deja a los niños en sus zapatos. Por otra parte, sucede que los tres escolares surjan no de un recipiente único, sino de tres saladeros  individuales con forma de toneles.
   En su calidad de patrón de los marineros, san Nicolás tiene como tercer atributo un ancla que puede hacer que se lo confunda con el papa san Clemente, si no llevase mitra en lugar de la tiara.
   En la imaginería popular de Épinal, su atributo más frecuente es el grupo de los tres niños desnudos en el saladero (Louis Réau, Iconografía del Arte Cristiano. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2000).
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