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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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viernes, 1 de mayo de 2026

Un paseo por la avenida de la Borbolla

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la avenida de la Borbolla, de Sevilla, dando un paseo por ella.    
     Hoy, 1 de mayo, es el aniversario del nacimiento (1 de mayo de 1855) de Pedro Rodríguez de la Borbolla y Amoscótegui de Saavedra, así que hoy es el mejor día, para ExplicArte la avenida de la Borbolla, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La avenida de la Borbolla es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en los Barrios Huerta de la Salud, El Prado-Parque de María Luisa, y El Porvenir, del Distrito Sur; y va de la glorieta de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, a la avenida de Manuel Siurot.
     La avenida no posee siempre una adscripción precisa. En términos generales corresponde a un gran eje urbano, bien caracterizado desde el punto de vista genético, porque estructura el crecimiento de la ciudad; morfológico, ya que es ancha; y funcional, sobre todo por canalizar el tráfico rodado. Sin embargo, de acuerdo con esta definición, no hay razones, más que las convencionales, para considerar a unas vías como avenida y su prolongación, como calle. En otros casos, las avenidas constituyen el eje principal de un sector determinado o de una barriada, y si bien poseen las características de vía principal en relación a ese sector, no alcanzan dicho valor en el conjunto de la ciudad.
     La avenida posee sobre todo un valor simbólico, y prueba de ello es que en Sevilla la avenida por excelencia es la hoy denominada de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, tanto de sus fiestas religiosas como de la actividad bancaria, y así es es reconocida sólo como la avenida. También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
    A principios del siglo XIX, recibió el nombre de camino del Cementerio por el existente en la actual parroquia de San Sebastián. Hacia 1910 se le denomina avenida de San Sebastián, por el nombre del ejido sobre el que se traza. En 1922 recibió el actual, en honor del político Pedro Rodríguez de la Borbolla (1855-1922), alcalde de la ciudad, que en 1914 intentó la compra por el Ayuntamiento, de los terrenos de Tabladilla, para la edificación de una Ciudad Jardín que formase un todo con el Porvenir, urbanizado también por estas fechas.
     Fue trazada a través de las huertas del Peroso, hoy Huerta de la Salud, de San Sebastián y de los señores Camino. A partir del momento en que empieza a plantearse la Exposición Iberoamericana, a comienzos del s. XX, es cuando acrecienta su importancia como eje de comunicación del Prado de San Sebastián con los barrios del Porvenir y Tabladilla. En ella confluyen por la izquierda la plaza Aviador Ruiz de Alda, Doctor Pedro de Castro, Manuel Pacheco, Las Cruzadas, Montevideo, Brasil, Porvenir, Felipe II, Juan Pablos, y Colombia, y por la derecha la avenida de Portugal, plaza del Ejército Español, Nicolás Alpériz, glorieta de Covadonga, avenida Don Pelayo, y avenida de la Guardia Civil. La mayor parte de la acera de los pares está ocupada por el Parque de María Luisa. Es una calle muy amplia, con calzada de asfalto y acerado de losetas de cemento y de albero, se alumbra con farolas de báculo de pie; posee abundante arbolado. En las décadas de 1910 y 1920 se construyen en ella hotelitos de dos y tres plantas, de estilo regionalista y modernista, obras de Talavera y Lupiáñez, para familias de alto poder adquisitivo. De los conservados destaca el núm. 59, modernista, ya que en los años setenta se destruyeron varios, sustituidos por edificios de varias alturas que rompen la línea de fachada de la calle y han alterado su estética. Se trata de una vía residencial, que sirve de nexo entre los barrios de la zona sur de la ciudad y el centro de la misma, por lo que soporta un tráfico intenso.
     Destaca en su primer tramo la presencia de edificios militares, como el Cuartel de Ingenieros en el solar cedido por el Ayuntamiento al ramo de la Guerra en 1897, y los bloques de viviendas de jefes y oficiales. Otros edificios a tener en cuenta son la sede central de la Compañía Sevillana de Electricidad, los colegios oficiales de Médicos y Arquitectos Técnicos, así como el chalet de esquina con Felipe II. Al final de la calle se encuentra el Cuartel de la Guardia Civil, que ocupa un hotel edificado para la Exposición de 1929, construido, a su vez, en el solar de la Venta de Eritaña, tan celebrada por la literatura costumbrista [María del Carmen Medina, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993].
Conozcamos mejor la Biografía de Pedro Rodríguez de la Borbolla y Amoscótegui de Saavedra, personaje que da nombre a la vía reseñada;
     Pedro Rodríguez de la Borbolla y Amoscótegui de Saavedra, (Sevilla, 1 de mayo de 1855 – 13 de enero de 1922). Político y abogado.
     Hijo de un prestigioso abogado jerezano afincado en Sevilla, que llegó a ser decano del Colegio de Abogados de dicha localidad y que fue amigo y protector de Emilio Castelar, estudió Derecho en Sevilla, ejerciendo allí la profesión de abogado, en continua asistencia a las clases más necesitadas. Su ideología republicana es, junto a su profesión, también herencia de su padre y desde muy joven participó activamente en movimientos políticos creando en 1873 el periódico La Voz de la Juventud, que se convirtió en 1876 en El Posibilista, debido a cambios en su ideología política fruto de la Restauración.
     Fue fiscal del Tribunal de Cuentas y director general de Hacienda. Miembro del Ateneo de Sevilla, institución que llegó a presidir en 1898-1899, así como de varias sociedades culturales andaluzas, como la Real Sociedad Económica de Amigos del País, obtuvo además la Gran Cruz de Carlos III.
     Afiliado al Partido Liberal, sus posiciones dentro del mismo se alinearon en el ala derecha dirigida por Gamazo, llegando a ostentar la jefatura del partido en Sevilla, tras la dimisión del marqués de Paradas de la presidencia liberal sevillana, conseguida en 1905 tras una ligera pugna con el comerciante sevillano Ruiz Martínez. Fue diputado por Sevilla desde 1891, siendo elegido por dicha ciudad en las elecciones siguientes de 1893, 1896, 1898, 1899 y 1901.
     Formó parte de una comisión que en 1902 se encargó en Sevilla de que los estudios de Comercio volvieran a la Escuela Superior de Comercio de Sevilla, obteniendo la correspondiente Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes confirmando el traslado de los estudios elementales, actitud que le supuso un voto de gracia por el claustro de la mencionada Escuela.
     El Real Decreto de 12 de junio de 1906 le nombró subsecretario del Ministerio de Gracia y Justicia, a las órdenes del ministro José María Celleruelo Poviones, dentro del gobierno presidido por Segismundo Moret, dimitiendo el 9 de julio. Fue ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes desde el 30 de noviembre al 4 de diciembre de 1906, en el segundo gobierno presidido por Moret.
     Entre 1908 y 1912 fue decano del Colegio de Abogados de Sevilla.
     Defensor de una República unitaria conservadora, en su condición de seguidor acérrimo de Castelar, dirigió el movimiento fusionista que aunó a socialistas y liberales en 1909 y que acabó con el gobierno de Maura, para instalar a Canalejas en el poder.
     Fue padre de Pedro y Antonio Rodríguez de la Borbolla y Serrano, ambos políticos.
     El nombramiento como ministro de Gracia y Justicia se produjo desde el 13 de junio al 27 de octubre de 1913, en el gobierno presidido por el conde de Romanones, dentro de la política de captación de militantes de las izquierdas conjuncionistas emprendida tras el asesinato de Canalejas y la crisis política ocasionada en torno al mismo, especialmente tras el debate de la Ley de Mancomunidades en la Cámara Alta. Su actuación en el Ministerio se dirigió fundamentalmente a completar las deficiencias de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, regulando expresamente los aspectos formales del acta de juicio oral. De esta época destaca el discurso que pronunció con ocasión de la apertura de los tribunales que se centró en los males de la administración de justicia y la formulación de un conjunto de mejoras para la misma.
     Fue elegido alcalde de Sevilla en 1918, y dado que entre los proyectos de ensanche de la ciudad, el Plan de Reformas de Sevilla y los terrenos de Tabladilla, presentado el 5 de abril de 1918, dentro del ensanche y emplazamiento de la Feria obligó al Real Betis Balompié a abandonar su campo de futbol, se consiguió la cesión de unos terrenos del Patronato Obrero, en el barrio del Porvenir de Sevilla, que pasaron a ser propiedad del equipo de fútbol verdiblanco, en el conocido como Campo del Patronato. Es de considerar su especial cariño por un club que había presidido su hijo primogénito Pedro Rodríguez de la Borbolla Serrano en 1913, y que gracias a sus gestiones cerca de Alfonso XII consiguió el título de Real para el mismo.
     Llegó a ser conocido como “El Amo de Sevilla” y se utilizaban para él los sobrenombres de “Perico Borbolla” y “D. Pedro, el de las Mercedes”, pudiendo utilizarse como modelo del caciquismo político en Sevilla, aunque su personalidad controvertida no menoscabó un beneficio considerable en su actuación para sus conciudadanos (María Dolores del Mar Sánchez González, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La avenida de la Borbolla, al detalle:
- Cuartel de Ingenieros
        Placa marmórea "Ocnos"
- Casa Ozama

martes, 8 de julio de 2025

La sede del Colegio Oficial de Médicos, de Gerardo Olivares James, y Rafael de la Hoz Arderíus

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la sede del Colegio Oficial de Médicos, de Gerardo Olivares James, y Rafael de la Hoz Arderíus, de Sevilla.  
     La sede del Colegio Oficial de Médicos, se encuentra en la avenida de la Borbolla, 47; en el Barrio de El Porvenir, del Distrito Sur.
     En el sector sur de la ciudad de Sevilla, el Colegio Médico se levanta sobre un solar de planta trapezoidal, con 1713 m2 de superficie, situado en la Avenida de la Borbolla 47, calles Porvenir y Progreso, uno de los solares procedentes del desafortunado derribo de las casas señoriales que jalonaban la Avenida de la Borbolla, enfrentándose al gran espacio libre del Parque de María Luisa que constituye el principal conformador de esta vía, uno de los ejes principales que articularon el crecimiento de la ciudad con la Exposición Iberoamericana de 1929.
     El proceso de transformación de las antiguas residencias señoriales ha derivado en la conversión de su originario uso de vivienda unifamiliar hacia el de servicios, en el que diferentes organismos y empresas buscan la calidad reconocida de este entorno privilegiado de la ciudad para instalar sus sedes, como han hecho la Agencia andaluza para el desarrollo del flamenco, o General de Producciones y Diseño S.A. Tras los pasos del Colegio Médico, el de Aparejadores y Arquitectos Técnicos introdujo otro interesante ejemplo de modernidad en la arquitectura sevillana, escasamente seguido por las viviendas colectivas que han ocupado el lugar de algunas otras casonas de El Porvenir.
     El edificio que describimos mantiene intactas sus originarias funciones: de una parte la representativa y administrativa de ser la sede institucional del Colegio Médico en nuestra ciudad; de otra, la de constituirse en residencia para estudiantes universitarios.
     En un hábil trazado de los límites del edificio, es el contorno del solar quien conforma el volumen del Colegio, reservando zonas libres para conformar los accesos y jardines. Evitando la pesadez de un gran edificio que no hubiera leído con acierto el entorno menudo y poco agresivo del barrio de El Porvenir y el Parque, consiguen los autores realizar una sencilla diferenciación de las dos funciones que desde su origen se desarrollan en el edificio, Colegio Médico y residencia, expresándolos al exterior en los volúmenes que se construyen y en el desarrollo de circulaciones.
     La residencia constituye un volumen diferente en posición y forma, asignándoles las dos últimas plantas del conjunto, en un paralelepípedo que sobresale del volumen del Colegio Médico, conformando con este simple y certero gesto los porches cubiertos de ingreso.
     En el Colegio se apartan del espacio inmediato al acceso aquellos recintos que puede situar en subsuelo: salón de actos, servicios y aparcamientos, reservando para la zona administrativa, que exige el máximo contacto con el público diario, las zonas próximas al acceso, y ubicando sobre éstas, ya en primera planta, los recintos más nobles del programa, los que albergan la zona cultural y directiva, consiguiendo que la totalidad del Colegio sea accesible salvando exclusivamente una planta, en sentido ascendente o descendente.
     Sería difícil pretender englobar el Colegio dentro de un tipo concreto edificatorio; la apuesta que realizan De la Hoz y Olivares por una irrenunciable modernidad en sus formas, les lleva a una sucesión de juegos volumétricos (que responden al doble uso descrito); a un apasionado ofrecimiento de planos para el juego de la luz y las sombras, de fachadas frontales básicamente ciegas frente a laterales abiertos, buscando los contrastes entre los aplacados pétreos y los muros cortina; a una manifestación explícita de las formas estructurales con las que resuelve los amplios vuelos y vacíos que conforman la original espacialidad del edificio.
     El Colegio Médico ha sido relacionado por su concepción objetual y formalista con los planteamientos de la arquitectura constructivista rusa, así como con el brutalismo británico por la expresividad que se confía a la técnica y los materiales en la conformación de la imagen final del edificio.
     La interesante transición entre la calle Progreso (acceso a la residencia y aparcamientos) y la Avenida de la Borbolla, de tan diferente carácter y jerarquía, se realiza mediante un vestíbulo que registra la totalidad de la parcela, constituyendo un elemento de importancia singular en la organización de los espacios interiores del Colegio.
     El programa del edificio, recogido en la memoria del proyecto, dispone una zona de ingreso, con una zona administrativa que presenta dos frentes, diferenciados en sus accesos, de contacto con el público; la zona asociativa pública con sala de conferencias y salón de actos con 500 butacas; una zona cultural con dos aulas, biblioteca y sala de lectura y la zona directiva (agrupada alrededor de un patio jardín); el cambio radical de forma, posición y uso se produce en la zona residencial, con 72 habitaciones con aseo (que no evitando los pasillos, tratan de romper el "efecto tubo" con sucesivos retranqueos), 2 cuartos de estar, todo ello con acceso independiente; una zona de servicios y aparcamiento para 40 plazas completan el programa de un edificio de 3124 m2 construidos.
     La estructura es metálica, con pórticos vistos en fachadas, tratados con pintura al duco. En proyecto los cerramientos se construyen con hormigón visto y fábrica de ladrillo chapada de cerámica vitrificada, adquiriendo importancia los acristalamientos con lunas de color sobre carpinterías metálicas de aluminio. A Poniente la fachada se conforma con paneles ciegos aplacados en piedra, sirviendo de soporte para el rótulo del edificio.
     Los autores, en la página 7 de la memoria del proyecto, expresaron con singular claridad los valores máximos del edificio, cuyo mantenimiento y protección debe guiar cualquier futura posible actuación sobre el mismo: "Armonizar los volúmenes, agilizar el conjunto, liberar espacios verdes de presentación y, finalmente expresar la estructura con la máxima claridad".
     El Catálogo del Plan General valora fundamentalmente "la presencia urbana de la pieza y su diálogo con la Avenida de la Borbolla y con las arquitecturas que definen su frente hacia el parque" A ello cabe añadir la hábil definición de la secuencia que enlaza la Borbolla con c/ Progreso o la propia definición estructural y constructiva del edificio".
     El proyecto fue visado el 24 de agosto de 1968.
     El presupuesto del edificio fue de 26.626.157,00 pesetas (abril 1968).
     Rafael de la Hoz Arderius (1924- titulado 1950-2000)
     Gerardo Olivares James (1930- titulado 1958) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Al sur de la ciudad de Sevilla, el Colegio Médico se levanta sobre un solar de planta trapezoidal, con 1713 m2 de superficie, enfrentado al Parque de María Luisa. En un hábil trazado de los límites del edificio, el contorno del solar conforma el volumen del Colegio, reservando zonas libres para conformar los accesos y jardines.
     Evitando la pesadez de un gran edificio que habría encajado en el entorno, los autores realizan una sencilla diferenciación de las dos funciones originalmente se desarrollaban en el edificio, Colegio Médico y residencia (actualmente en uso como oficinas del Colegio), expresándolos al exterior en los volúmenes construidos y en el desarrollo de circulaciones. La residencia se sitúa las dos últimas plantas del conjunto, en un paralelepípedo que sobresale del volumen inferior, conformando los porches cubiertos de ingreso. En el subsuelo del Colegio se alojan salón de actos, servicios y aparcamientos, reservando la planta baja para la zona administrativa, que exige el máximo contacto con el público diario, y ubicando en primera planta, los recintos más nobles del programa, los que albergan la zona cultural y directiva.
     La apuesta por la modernidad en sus formas lleva a una sucesión de juegos volumétricos, luz y sombras, de fachadas frontales ciegas frente a laterales abiertos, de contrastes entre los aplacados pétreos y los muros cortina; explicitando las formas estructurales. El edificio ha sido relacionado con la arquitectura constructivista rusa, así como con el brutalismo británico. La transición entre la calle trasera y la avenida principal se realiza mediante un vestíbulo que registra la totalidad de la parcela y organiza los espacios interiores.
     La estructura es metálica, con pórticos vistos en fachadas, tratados con pintura al duco. Los cerramientos se construyen con hormigón visto y fábrica de ladrillo chapada de cerámica vitrificada, con los acristalamientos sobre carpinterías metálicas de aluminio. Al oeste la fachada se conforma con paneles ciegos aplacados en piedra, sirviendo de soporte para el rótulo del edificio  (Ignacio Capilla, Amadeo Ramos y José Ignacio Sánchez-Cid – RAAC, en DOCOMOMO).
Conozcamos mejor la Biografía de Rafael de la Hoz Arderíus, uno de lo autores de la obre reseñada;
     Rafael de la Hoz Arderíus. (Madrid, 9 de octubre de 1924 – 13 de junio de 2000). Arquitecto.
     El mismo año de su nacimiento, su familia se trasladó a Córdoba al haber obtenido su padre la plaza de arquitecto municipal de aquella ciudad. Años más tarde, en 1944, volvió a la capital para iniciar sus estudios de Arquitectura en la Escuela Superior, consiguiendo el título de arquitecto en 1950. Un año después ganó por oposición el cargo de arquitecto provincial de Córdoba, ciudad en la que inició su labor, hasta que en 1955 recibió la beca Fullbright y se trasladó al Massachussetts Institute of Technology. En 1971 creó e impulsó la realización de las Normas Tecnológicas de la Edificación, desde su cargo como director general de Arquitectura. Dos años más tarde, trasladó su residencia a Madrid, organizando en 1975 el XII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos.
     Su buen hacer como arquitecto se vio reflejado en los cargos que fue ocupando a lo largo de su vida. Entre 1981 y 1985 fue presidente de la Unión Internacional de Arquitectos, creando, durante su presidencia, la Medalla de Oro de la Arquitectura. Fue además presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España desde 1986 hasta 1990, aprobando en ese período de tiempo la Ley de Atribuciones y creándose la Medalla de Oro de la Arquitectura Española. A esto hay que añadir su cargo como presidente del Consejo Europeo de Arquitectos.
     El 20 de enero de 1991, ingresó como académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por la arquitectura, ocupando el cargo de Luis Blanco Soler. Su discurso de ingreso, titulado Varia espacial, fue contestado por Luis Cervera Vera. Fue también académico correspondiente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, miembro de la International Academy of Architecture, académico de L’Académie Française d’Architecture y de la Academia Mundial de Ciencias Tecnológicas.
     Recibió, además, el Premio Nacional de Arquitectura por el colegio mayor Aquinas, en 1957, el premio de la Fundación CEOE por el edificio Castelar (Banco Coca) y el VI Premio Antonio Camuñas de Arquitectura. En mayo de 2000 se le concedió la Medalla de Oro de la Arquitectura Española.
     Entre sus obras más destacadas cabe citar el Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino, en la Ciudad Universitaria de Madrid, la fábrica de cervezas el Águila de Córdoba de 1961, el Hospital General Provincial de Córdoba en 1966 o la prisión para jóvenes en Alcalá de Henares. Entre 1968 y 1976, su trabajo se centró fundamentalmente en Córdoba, en donde realizó el grandioso Parque Figueroa, dotado para cubrir todas las exigencias, al contar entre sus instalaciones con lugares para el ocio, viviendas, centro comercial y colegios. De 1973 son también los edificios para el Diario de Córdoba y la Facultad de Medicina.
     Proyectó además el Palacio de Congresos y Festivales en Torremolinos, el sevillano Hotel Los Lebreles, el grupo de viviendas subvencionadas Puerta de Madrid en Andújar (Jaén), la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga, la Caja de Ahorros de Córdoba y el monasterio Turris Eburnea para las religiosas de la Visitación en la sierra de Córdoba (María Pilar García Sepúlveda, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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Más sobre la avenida de la Borbolla, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El Parque Infantil Blancanieves, en el Parque de María Luisa

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Parque Infantil Blancanieves, en el Parque de María Luisa.
   Hoy, 20 de noviembre, es el Día Universal del Niño, como conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1959), y de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989).
   Y que mejor día que hoy para ExplicArte el Parque Infantil Blancanieves, en el Parque de María Luisa, de Sevilla.
     El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio de El Prado- Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
     El Parque Infantil Blancanieves [nº 44 en el plano oficial del Parque de María Luisa], se encuentra entre la calle Nicolás Alpériz y la Avenida de la Borbolla, y entre el Parque Infantil de Tráfico (Centro de Educación Vial) y el Pabellón de Telefónica y el Colegio Público España.    
   En un espacio abandonado existente entre el antiguo Pabellón de la Compañía Telefónica de la Exposición Iberoamericana del 1929 entonces sin uso, el Grupo Escolar España y limitado por las calles Avenida de la Borbolla y calle Nicolás Alperiz un parque infantil en el que solo entraran los niños, con monitores para su funcionamiento en el interior del mismo. La idea fue aceptada y en 1963, bajo la dirección del aparejador  del servicio de Parques y Jardines José Lupiáñez Álvarez  y con los propios albañiles que disponía la plantilla municipal en aquel entonces.se habilito la piscina en una zona acotada con vestuarios, se construyó una pequeña biblioteca al aire libre con estanterías para depositar libros y  las pieza delo juegos de mesa, para lo cual se disponía “ in situ “ un parchís y un tablero de ajedrez de cerámica en sendas mesas, una gran pizarra para escribir y dibujar flanqueada con letras ,números y señales de trafico con fines didácticos representados en piezas de cerámica.
   Se situaron varios elementos de juego distribuidos por el recinto entre los que destacaba una casa construida con troncos sobre un gran laurel de Indias al estilo Tarzán de la Selva donde los niños desarrollaban sus aventuras, el árbol todavía prevalece.
   En el centro del Jardín se colocó una gran pajarera para pájaros autóctonos y exóticos que hacia las delicias de los niños y niñas que acudían al Parque. Creo recordar que también había unos monos titi.
   En la entrada por Avda. de la Borbolla un pequeño kiosco de chucherías y bebidas sin alcohol en un espacio reservado para las madres y acompañantes en los momentos de espera de la salida de los niños.
   El acceso al Parque Infantil era gratuito reservado solamente a los menores, se les exigía la identificación con un carnet que rellenaba el propio Servicio de Parques a través de la Inspección del Servicio a cargo de Fernando Real Balbuena encargado en aquel entonces de la guardería jurada que disponía el servicio, las encargas de bibliotecas y evacuatorios y el control de la venta ambulante y quioscos existentes en los parque y jardines de la ciudad, en esta sección se recogían los datos con   los nombres ,domicilio ,autorización del padre o persona responsable y al mismo tiempo un certificado medico de que el niño o la niña no padecía ninguna enfermedad contagiosa que le impidiera el baño en grupo en la piscina que albergaba el recinto. 
 En la pequeña piscina pasaron cientos de niños que a cargo de monitores especializados recibían cursos de natación, estamos hablando del año 1963, en el que las piscinas no abundaban en Sevilla.
   La piscina carecía de estación depuradora de agua. Lo que obligaba diariamente a la limpieza y sustitución de toda el agua, con agua potable de la red, ahora se consideraría insostenible.
   En el Parque estuvo expuesta la locomotora del Tren de la Exposición hasta que fue retirada por la Asociación Amigos del Ferrocarril para restaurarla.
   Con el recinto ferial en el Prado de San Sebastián, tras la petición al Ayuntamiento de Sevilla por varios trabajadores del Servicio de Parques y Jardines, de poder montar una Caseta en los actuales Jardines de Blanca nieves, detrás de la Plaza de España y junto al Pabellón de Telefónica de la Exposición Iberoamericana. La Caseta fue autorizada otorgada y montada en aquel lugar apartado de la Feria, con cuatro hierros y un toldo en la entrada del Parque a modo de “parte noble”, donde se ubicaba el bar y varios veladores y la trastienda, que la conformaba la parte del Jardín que se dedicaba a los Juegos Infantiles, con suelo de chinos, con sus columpios y balancines y con el cielo raso por techo en un aprovechamiento efímero.
   El Parque que se denominó Blancanieves estuvo funcionando muchos años, la idea en principio era instalar otros en distintos puntos de la ciudad, pero se cerró la piscina al no reunir las condiciones reglamentarias de piscina publica y la no disponibilidad de colocar un sistema de depuración, las políticas del Servicio cambiaron y el parque fue palideciendo hasta que dejo de tener uso. Como tal, cerrado entró en la primera fase de abandono y saqueo del que se hicieron eco los distintos medios informativos locales.
   En el año 2005 después de que hacía que Parques y Jardines por lo menos seis años, que no entra a cuidar este parque.
   Y es que en 1999 este recinto pasó de ser de Parques y Jardines a formar parte del Instituto de Deportes, que quiso hacer unas magníficas instalaciones de uso terapéutico aprovechando las piscinas que tenía el parque. El proyecto de la piscina nunca llegó a llevarse a cabo y de él nunca más se supo, el Instituto abandono el proyecto y los terrenos pasaron a ser nuevamente del Área de Vía Publica, donde estaba instalado el Servicio de Parques y Jardines en aquel momento, nuevo periodo de abandono.
   Después de ser revertido el edificio al Ayuntamiento y cayendo en un grave abandono y deterioro en los años 90 de la siglo pasado, en 1998, la Fundación Forja XXI mediante un programa de Escuela Taller y tras dos años de trabajo consiguen restaurar y acondicionar el inmueble merced a un convenio suscrito entre dicha Fundación, el Ayuntamiento de Sevilla y otras entidades públicas y privadas para que sirviera de sede a la Escuela de Jardinería y Centro de Estudios Medioambientales “Joaquín Romero Murube”, inaugurada el 23 de junio de 2000.
   Dicha escuela fue inaugurada en enero de 2000 como centro formativo y desde ese año se han impartido las titulaciones de Formación Profesional Específica (reglada) de Técnico Medio en Jardinería y Técnico Superior en Gestión de los Recursos Naturales y Paisajísticos. El centro tenía como objetivos, entre otros, el diseño, la organización y desarrollo de las actividades formativas -regladas y no regladas- centradas en las disciplinas inmediatas y complementarias de la Jardinería, el Paisajismo, la Gestión de Recursos Naturales y el estudio de todos los elementos que configuran los sistemas naturales y urbanos.
   El Ayuntamiento cedió por 20 años el antiguo Pabellón de la Telefónica de la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla en 1929, a la Fundación Forja XXI. El objeto de la cesión respondía a la promoción de un centro de formación profesional específico, la “escuela de jardinería de Sevilla”. Ya en 2002, el Ayuntamiento cedió a la Fundación Forja XXI 8.250 metros cuadrados del parque de Blancanieves, para las prácticas de jardinería de los alumnos y en el pequeño edificio se instaló el Centro de Estudios Medioambientales,
   Ya desde el año 2002 la escuela lo utilizó como campo de practicas de los alumnos y ante el estado que se encontraban los jardines en fase de abandono total por parte del municipio en zona tan céntrica de la ciudad.
   Las labores realizadas por más de 120 alumnos de la escuela de jardinería, con la supervisión de la fundación Forja XXI y el apoyo de las instituciones públicas, ha dado como resultado un vistoso y heterogéneo paraje en el que se pueden encontrar todo tipo de plantas: frondosas, silvestres, coníferas, trepadoras… Además, se han instalado albercas, pérgolas, estanques, laberintos y pequeñas casas para aves con la idea de recrear un ecosistema cien por cien natural.
   Durante un año y medio se llevaron a cabo numerosas obras, con la retirada de escombros, vegetación, elementos degradados o juegos infantiles obsoletos, así como el desarrollo de parterres, nuevas estructuras y caminos. Además, se han realizado actuaciones de riego, iluminación, construcción de pequeños jardines y recuperación de antiguos elementos del parque de mampostería, como juegos de cerámica infantiles, la oca o el parchís.
   Se creó un Jardín de Colecciones Didáctico y Educativo Medioambiental Joaquín Romero Murube. Este espacio albergará unas 600 especies vegetales de todo el mundo, desde el sur de África a Asia, pasando por Australia o Europa y hasta el Caribe.
   La Escuela hasta su cese conservo dichos jardines, introduciendo nuevas plantaciones y creando nuevos diseños de los que nacieron los siguientes jardines:
   El Jardín Secreto, con sus misterios y laberintos
   El Jardín del Paseo, con plantas naturales de todos los continentes
   El Jardín Paisajístico Urbano, para conocer el entorno
   El Jardín de los Juegos, para los niños
   El Jardín Laboratorio, en el que está expuestas investigaciones para que el conocimiento de los visitantes.
   El Jardín de la academia
   Eco jardín
   El Jardín Filosófico, un “lugar de reflexión”
   El jardín de las Artes
   El Jardín de la Información
   El Jardín Taller, donde los alumnos de la escuela seguían realizando prácticas
   El jardín se recuperó y en el Pabellón existente antigua vivienda se instaló
   Hay que recordar que el original parque de Blancanieves fue inaugurado en 1963 y disponía de 3.000 metros cuadrados destinados al entretenimiento infantil, pero con el paso de los años tanto el mobiliario como las zonas verdes fueron deteriorándose. Pese a todo, la reciente remodelación no sólo ha permitido conservar muchos de los murales y juegos, sino que también se han añadido otros nuevos de carácter didáctico. En resumen, estos jardines tienen todo lo necesario para que los pequeños y los no tan pequeños se diviertan aprendiendo y respetando la naturaleza
   El 1 de julio de 2014 se cierra definitivamente la escuela después de catorce años de funcionamiento, por la crisis de Forja XXI con la que se hallaba vinculada, permaneciendo hasta la fecha en un estado de total abandono (www.jardinessinfronteras.com).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Parque Infantil Blancanieves, en el Parque de María Luisa, de Sevilla, dando un paseo por él. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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martes, 13 de agosto de 2019

El Parque de María Luisa


     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Parque de María Luisa de Sevilla.  
   El Parque de María Luisa [nº 64 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla], se encuentra en la glorieta de San Diego, s/n (entrada principal, aunque tiene entradas por el paseo de las Delicias y las avenida de María Luisa, y de la Borbolla), en el Barrio del Prado - Parque de María Luisa, del Distrito Sur.
   En 1849 los duques de Montpensier, adquirieron el Palacio de San Telmo, hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Entre las diversas obras que acometieron en él, encargaron al jardinero francés Lecolant la ejecución de un gran jardín acorde con la majestuosidad del edificio que habían convertido en su residencia. Con objeto de disponer de suficiente superficie compraron terrenos colindantes como la Huerta del Naranjal y aquéllos sobre los que se asentó el antiguo convento de san Diego. Lecolant diseñó un gran jardín que, acorde con la moda del momento, seguía los dictados del paisajismo a la inglesa, incluyendo pinceladas de pintoresquismo que, en ocasiones, aludían a estilos propios de otras latitudes como la jardinería oriental, y en otras supusieron la ubicación de restos arqueológicos propiedad de los duques. No obstante, el diseño incluyó también composiciones dentro de la ortodoxia del formalismo francés al que, lógicamente, Lecolant no era ajeno.

   En mayo de 1893 una gran parte de ese jardín fue cedido por la duquesa viuda, la Infanta María Luisa de Borbón, a la ciudad. Con anterioridad, el Ayuntamiento le había pedido permiso para poder trazar una calle que hiciera posible la conexión, con el río, de la parte situada más allá del antiguo convento de San Diego, con lo que surgiría el Paseo de María Luisa. A partir de ese momento, todo este gran jardín que quedaba al sur de la nueva vía y que llegaba hasta el paseo de Bella flor –donde se ubicarían los Jardines de las Delicias- iba a ser un parque para la ciudad, que agradecida, lo llamaría Parque de María Luisa. En Junio de 1909, se lanza por vez primera la idea de celebrar una Exposición Hispanoamericana en Sevilla que es rápidamente secundada por diversos estamentos de la ciudad. Al año siguiente se realizan las primeras aportaciones económicas por organismos oficiales entre los que lógicamente se encuentra el Ayuntamiento. Éste ofrece el parque de María Luisa y terrenos adyacentes de su propiedad como posible ubicación de la misma. Se estudian otros mientras algunos se oponen al uso del parque temiendo su deterioro manifestando que se trata, además,  de una zona sujeta a inundaciones. Al fin una vez asegurado que la zona quedaría protegida del agua una vez se efectuaran las obras pertinentes de defensa, el recién creado Comité para la organización del certamen decide, en abril de 1910, que los terrenos ofrecidos por el Ayuntamiento serán los de ubicación de la Exposición. En ellos quedan incluido el Parque de María Luisa y los Jardines de las Delicias.

   Se piensa entonces en una adecuada adaptación del parque para que, sin que se deteriore, sirva correctamente como marco para la celebración de la Exposición. Como director de los trabajos de planificación general y de las obras de edificación se elige al arquitecto Aníbal González. Para las necesarias obras específicamente de jardinería se busca a un especialista de reconocido prestigio y la elección recae en Jean-Claude Nicolás Forestier, ingeniero francés que era conservador de los parques y jardines de París y autor de numerosas obras fuera de su país. En Enero de 1911, Forestier elabora un anteproyecto que fue aprobado en abril de ese mismo año, encargándosele el proyecto definitivo que fue presentado a las autoridades sevillanas en noviembre. En el proyecto, junto con una detallada memoria y presupuesto, Forestier incluye los planos que contienen el diseño que ha pensado para la reforma del parque. Toma como centro de toda la composición gran parte del núcleo del jardín anterior diseñado por Lecolant, constituido por el eje que une la isleta o estanque de los patos y el montículo del Gurugú.
   Respetando el paseo de María Luisa,  Forestier refuerza ese eje con la ejecución del estanque de los lotos, en una de sus cabeceras, y con la de la fuente de los Leones al pie del Gurugú, reacondicionando el estanque de los patos. Como articulación de toda la superficie disponible, crea dos grandes avenidas paralelas: las denominadas más tarde avenida de Pizarro, agradable paseo cobijado por sóforas y la de Hernán Cortés majestuosa bóveda vegetal a cargo de plátanos de sombra, además de una poderosa transversal, la denominada Avenida de Rodríguez Casso que pensaba abrir el parque hacia la zona del Prado de San Sebastián. La ejecución posterior de la Plaza de España,  la convertiría en un privilegiado eje de acceso a la misma, hoy flanqueado por hermosos magnolios. 

   El parque se abrió al público el 18 de Abril de 1914, constituyendo desde entonces y hasta 1973, en que se inauguraría el Parque de Los Príncipes, el parque por antonomasia de la ciudad. Con las obras de la Exposición Iberoamericana, que sumarían a su recinto las grandes plazas de España y América y numerosas glorietas, ha quedado como fiel exponente de la composición ecléctica que presidió durante la primera mitad del siglo XX gran parte de las realizaciones de espacios ajardinados y de los que la ciudad de Sevilla es significativo ejemplo. Compromiso entre las formulaciones paisajísticas y la rigurosidad de los trazados de la ortodoxia francesa, su adaptación al Sur y al ambiente del regionalismo imperante en el momento, hizo de la glorieta la base de su composición. Su acentuado carácter local pese a la filiación de los que intervinieron en su diseño, mostrada tangiblemente en el profuso uso de materiales tradicionales como el ladrillo y la cerámica, lo convierte en un exponente significativo de una manera de abordar la jardinería pública hoy olvidada y relegada por otras de mucha mayor aceptación al gusto de los usuarios de estos tiempos. Parques como el Alamillo o el Infanta Elena, con una nueva teoría naturalista casi de espacios rurales traídos al interior de la ciudad con un uso masivo de vegetación autóctona, han introducido una visión nueva que, si ha de ser señalada por algo, es por el olvido de la glorieta, acuerdo entre vegetación y arquitectura que fue y es la base de la composición del gran parque de Sevilla.
   Gran parte de éstas glorietas han sido cuidadosa y detalladamente restauradas mediante actuaciones continuas que han perseguido su conservación en las mejores condiciones posibles, haciendo frente al deterioro natural por el paso del tiempo y a los frecuentes destrozos causados por actos vandálicos. El rítmico ruido de los aspersores en los silencios del caluroso verano de Sevilla, cada vez menos frecuentes sustituidos hoy por otras técnicas más eficaces, acompañado por el penetrante trino de los mirlos y el lejano eco de un coche de caballos que recorre sin prisas sus avenidas de tupida sombra; el lento caminar por sendas y caminos, que esconden tras la espesura de su densa vegetación, pequeñas glorietas donde el agua, rebosante muchas veces, desborda canalillos y estanques para humedecer cerámicas y arriates; el pausado borboteo de fuentes y surtidores; los anaqueles, hoy vacíos, que recuerdan los días dorados de la Exposición Iberoamericana, ponen, ahora y siempre, ante los ojos del sorprendido paseante un gran jardín que casi sin quererlo encierra entre sus árboles -para el que quiera y sepa descubrirla- una gran parte de la historia reciente de la ciudad [www.sevilla.org].

   El parque de María Luisa fue donado a la ciudad de Sevilla en 1893 por la infanta María Luisa Fernanda de Orleans, duquesa de Montpensier, pues dicha extensión de terreno ajardinado pertenecía al palacio de San Telmo, que era de su propiedad. El actual parque, extenso y frondoso, puede considerarse como uno de los más hermosos de España, tanto por la variedad de su vegetación como por la belleza de sus paseos, avenidas, estanques, plazas y glorietas. Entre las glorietas más importantes debe mencionarse, en primer lugar, la dedicada a la infanta María Luisa para perpetuar el agradecimiento de Sevilla a la que fue generosa donante del parque, siendo la escultura que efigia a la infanta obra del escultor contemporáneo Pérez Comendador. Otra glorieta importante es la dedicada a los hermanos Álvarez Quintero, autores teatrales, que consagraron un particular sentido de lo sevillano y andaluz; su monumento fue realizado por Aníbal González en 1928. También de Aníbal González es el monumento que se levanta en la glorieta dedicada a Benito Mas y Prat, siendo la escultura de este personaje obra de Antonio Castillo Lastrucci. Otras glorietas del parque son las de Torcuato Luca de Tena, Hermanos Machado, Rodríguez Marín, Luis Montoto, Ofelia Nieto y Dante, siendo la escultura de este último personaje obra de Juan Abascal. Especial atractivo tiene la glorieta dedicada a Gustavo Adolfo Bécquer, en la cual se levanta un monumento dedicado al gran poeta sevillano. El busto que le efigia está situado sobre un alto pedestal, a cuyos pies aparecen dos figuras alegóricas del amor herido y del amor que hiere. Junto a ellas aparecen  tres figuras que representan el amor ilusionado, el amor poseído y el amor perdido. Este conjunto escultórico es obra excelente de Lorenzo Coullaut Valera [Alfredo J. Morales, María Jesús Sanz, Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso. Guía artística de Sevilla y su provincia I. Diputación de Sevilla y Fundación José Manuel Lara, 2004].
Conozcamos mejor la Biografía de la Infanta María Luisa, quien le da nombre al parque reseñado;
   María Luisa Fernanda de Borbón y Borbón, Duquesa de Montpensier, en Francia. Madrid, (30 de enero de 1832 – Sevilla, 2 de febrero de 1897). Infanta de España.
   Segunda y última hija de Fernando VII y de la princesa María Cristina de las Dos Sicilias, nacida en el Palacio Real de Madrid el 30 de enero de 1832. Tras el temprano fallecimiento de su padre, en septiembre de 1833, y el acceso al trono de su única hermana, la reina Isabel II, Luisa Fernanda pasó a ser heredera del trono, aunque nunca llegó a ser proclamada princesa de Asturias. Pasó su primera infancia junto a su hermana en un entorno de intrigas palatinas durante la regencia de su madre y en el contexto de la Primera Guerra Carlista. Su educación fue pobre, escasa y poco acorde con los nuevos tiempos de liberalismo y progreso, y estuvo marcada por el segundo matrimonio de su madre con Fernando Muñoz y por la expulsión de ésta de España. Durante la regencia del general Espartero su formación corrió a cargo de la condesa de Espoz y Mina, de adscripción liberal, quedando las regias huérfanas a merced de las distintas facciones políticas de la Corte que, finalmente, darían al traste con la regencia del general. Fruto de ello fue la proclamación de la joven Isabel como reina con solamente catorce años. De ojos oscuros y facciones más finas que las de su hermana Isabel, y de carácter tímido, retraído y asustadizo, desde fechas muy tempranas los futuros matrimonios de doña Luisa Fernanda, y el de su hermana la Reina, fueron objeto de los mayores enfrentamientos en todas las chancillerías europeas, por considerarse un asunto de capital importancia para el futuro de España. Tras barajarse varios pretendientes para ambas —afines a los intereses de Francia e Inglaterra—, su madre María Cristina y el rey Luis Felipe de los franceses convinieron en que doña Isabel contraería matrimonio con su primo hermano el infante español don Francisco de Asís —considerado incapaz de concebir hijos—, y doña Luisa Fernanda con el hijo menor del monarca galo. Las fastuosas dobles bodas tuvieron lugar en el Palacio Real de Madrid el 10 de octubre de 1846, y con sólo catorce años doña Luisa Fernanda se vio abocada al matrimonio con el apuesto príncipe Antonio de Orleans, que a la sazón era duque de Montpensier y, probablemente, el más inteligente de entre todos los hijos del rey francés, a quien permanecería fiel y leal el resto de su vida.
   Tras su matrimonio, la infanta, considerada heredera del trono español, se instaló junto a su esposo en la Corte francesa residiendo entre el palacio de las Tullerías y el castillo de Vincennes, lugares a los que vino a sumarse el bello castillo de Randán, en Auvernia, propiedad de don Antonio. En la Corte francesa, doña Luisa Fernanda gozó de prerrogativas especiales en su calidad de heredera del Trono español y fue reconocida por su alegría y su vivacidad.
   Sin embargo, la revolución que dio al traste con la monarquía francesa en febrero de 1848, llevó a los duques de Montpensier a Gran Bretaña desde donde —considerados personas non gratas— partieron hacia Holanda camino de España. De regreso a la corte de Madrid, ese mismo año de 1848, el gobierno español prefirió que no se quedasen a residir allí, hecho que llevó a don Antonio y a doña Luisa Fernanda a buscar un establecimiento en Andalucía donde poder encontrar acomodo acorde a su rango, gracias a la más que notable herencia que la infanta recibió al resolverse la testamentaría de su padre el rey. Pensaron en primer lugar en Granada, donde pretendieron adquirir el palacio de Carlos V, para finalmente asentarse en la ciudad de Sevilla, donde adquirieron el palacio de San Telmo, a orillas del Guadalquivir, que decoraron lujosamente generando una corte paralela de artistas y literatos, que refulgía con brillo particular y competía con la corte de Madrid. También en Andalucía adquirieron numerosas propiedades en las provincias de Sevilla y Cádiz, como la casa-palacio de Hernán Cortés en Castilleja de la Cuesta, fincas en San Isidoro del Campo, el palacio de los marqueses de Villamanrique, o terrenos en Sanlúcar de Barrameda donde edificaron el palacio Orleans, de estilo neomudéjar.
   En San Telmo nacieron sus nueve hijos, cuatro de los cuales murieron en la infancia para mayor tragedia de la piadosa Luisa Fernanda, que desde fechas muy tempranas adoptó como suyos los lutos propios de aquellos tiempos. Tras el nacimiento de su sobrina Isabel, hija primogénita de la reina Isabel II, en 1851, la infanta quedó desplazada de la sucesión inmediata al trono español, comenzando entonces el largo período de notorias intrigas políticas de su esposo para hacerse con la corona de España. Corrían años políticamente tormentosos para Isabel II y en ese contexto la duquesa de Montpensier dio vía libre a las intrigas de su esposo, a quien siempre dio apoyo y comprensión.
   Con la monarquía en grave peligro, en el otoño de 1866 doña Luisa Fernanda viajó a Madrid para entrevistarse con su hermana Isabel II, en un intento de aconsejarla sobre los graves asuntos de la política del reino. El encuentro fue tormentoso y oficializó un alejamiento entre ambas hermanas, que no haría sino agrandarse con la expulsión de los Montpensier de territorio español en mayo de 1868. Los duques se instalaron primero en Lisboa y posteriormente en París, mientras en verano la Revolución terminaba con la monarquía española y con el turbulento reinado de doña Isabel.
   A comienzos de 1870 don Antonio, doña Luisa Fernanda y sus hijos regresaron a España, donde el duque vio fracasadas sus esperanzas de convertirse en nuevo rey al salir elegido para el trono el príncipe italiano Amadeo de Saboya. Siguió un nuevo exilio en Francia, durante el cual los duques llegaron a un acuerdo dinástico con la reina Isabel por el que reconocieron como nuevo pretendiente al trono al hijo de ésta, el príncipe de Asturias, don Alfonso. Juntas, ambas familias trabajaron por la restauración de la monarquía en España que, materializada en 1875, se selló con el matrimonio del nuevo rey Alfonso XII con la hija de los duques, la infanta María de las Mercedes, que se celebró en 1878. Para entonces doña Luisa Fernanda se había convertido en una mujer ajada por los sufrimientos y totalmente entregada a la práctica religiosa y a sus muy numerosas caridades, tanto en Sevilla como en otros lugares de Andalucía. Afecta a las tradiciones locales, ella y sus hijos no faltaban a las romerías locales siendo ella especialmente devota de las Vírgenes de Regla, en Chipiona, y del Rocío, en Almonte. En el otoño de 1876 los Montpensier ya estaban instalados de forma definitiva en Sevilla, pero dos años más tarde doña Luisa Fernanda tuvo que asistir al fallecimiento de su hija la reina Mercedes, que fue seguido del de otra de sus hijas, María Cristina, unos meses más tarde. Así, hacia 1880, la vida de la infanta estaba totalmente marcada por los lutos y las desgracias personales, quedándole solamente dos hijos vivos: doña Isabel, esposa del conde de París, y don Antonio. Entregada a obras pías y a devociones, su vida quedó completamente alejada del ámbito mundano y circunscrita al ámbito religioso.
   En 1885, todavía asistió a la muerte de su sobrino y yerno, el rey Alfonso XII, y en 1890 perdió finalmente a su esposo, don Antonio, de quien fue devota compañera durante toda su vida. Ya viuda, se enterró en el duelo y el luto más profundos, entregándose a misas y plegarias. De ahí que sus últimos años estén cubiertos de un cierto oscurantismo teñido de religiosidad. Permaneció en sus propiedades andaluzas, especialmente los palacios de San Telmo y Villamanrique, con ocasionales visitas a Inglaterra y otros lugares de Europa. Gran amiga de la escritora Fernán Caballero y de edad ya avanzada, doña Luisa Fernanda enfermó gravemente en enero de 1897 y falleció en su palacio sevillano el 2 de febrero de ese año, siendo su cadáver conducido al Panteón de Infantes del monasterio de El Escorial. Por expreso deseo suyo no fue embalsamada y fue amortajada descalza con el hábito de San Francisco. En su testamento dejó a la ciudad de Sevilla el parque de San Telmo, hoy conocido como Parque de María Luisa, legando el palacio a la Iglesia con el fin de que se convirtiese en seminario (Ricardo Mateos Sáinz de Medranos, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Parque de María Luisa de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Horario de apertura del Parque de María Luisa:
     Todos los días de 08:00 a 22:00
   
Página web oficial del Parque de María Luisa: www.sevilla.org/servicios/medio-ambiente-parques-jardines/parques/parques-y-jardines-historicos/parque-de-maria-luisa



El Parque de María Luisa, al detalle:
    Plaza del Ejército Español
    Avenida de Covadonga        
6. Isleta de los Patos
      Inicio de uno de los Itinerarios Botánicos
      Bar Citroën
      Avenida Gran Capitán
26. Glorieta de la Virgen de los Reyes
27. Glorieta de Concha Piquer
      Avenida de Pizarro      
      Inicio de uno de los Itinerarios Botánicos