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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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domingo, 22 de marzo de 2026

La Fuente de la Plaza de España, de Vicente Traver

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Fuente de la Plaza de España, de Vicente Traver, de Sevilla.
    Hoy, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial del Agua, así que hoy es el mejor día para ExplicArte la Fuente de la Plaza de España, de Vicente Traver, de Sevilla.
     Debida al arquitecto castellonense y director de las obras del Certamen Ibero-Americano Vicente Traver y Tomás, quien se encarga de proyectarla en 1927, la iluminación (instalada por la empresa AEG), es obra del ingeniero Eduardo Carvajal Acuña, corriendo su construcción a cargo del marmolista Santiago Gascó. Se inauguró en 1929.
     Esta fuente vino a sustituir el primer diseño hecho por Aníbal González, en 1914, y que no llegó a ver alzada. Concebida por este arquitecto como la interpretación regionalista de un grutesco, en forma de paramento mural dividido en tres partes -el principal, que contenía la decoración consistente en un escudo heráldico, el mascarón del surtidor y una taza cónica adosada- estaba enmarcado por un arco de medio punto y los laterales por vanos rehundidos adintelados, contribuyendo de ese modo a la centralización del espacio elíptico de la plaza, pues se insertaría en el pórtico central, entre las puertas de Navarra y Aragón, vertiendo sus aguas directamente a la ría. Fue diseñada en el mismo acento unitario del conjunto arquitectónico. Interpretación de espacio abierto que Traver -al desplazarla- en una actuación discutible, limita, desvirtuando el sentido de tránsito y la visibilidad del conjunto.
     Obra sencilla esta nueva fuente -un gran pilón circular- con 16 mascarones alrededor tallados en bajorrelieve de mármol rojo adosados y con guirnaldas incisas talladas bajo los mismos, que vierten a un mar de escasa altura, y que llevaba en su origen un surtidor central en forma de bola con relieves, acompañándose de una serie de saltos de agua e iluminaciones polícromas. Hoy está iluminada en monócroma y los saltos ocultan el surtidor central (Teresa Laffita, Sevilla turística y cultural, Fuentes y monumentos públicos. ABC de Sevilla, 1998).
Conozcamos mejor la Biografía de Vicente Traver Tomás, autor de la obra reseñada;
     Vicente Traver Tomás (Castellón de la Plana, 23 de septiembre de 1888 – Alicante, 15 de noviembre de 1966). Arquitecto y publicista.
     Vicente Traver fue un arquitecto prolífico y polifacético, de gran proyección en tierras valencianas y andaluzas durante la primera mitad del siglo XX, que ha sido calificado por algunos historiadores como el máximo representante del casticismo en tierras valencianas.
     Formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1912, a mediados del año siguiente fue nombrado arquitecto de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Artística Popular, por el Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marques de la Vega Inclán, marchando a Sevilla, para realizar el traslado de la portada del palacio de los Duques de Arcos en Marchena a la Huerta del Retiro de los jardines del alcázar sevillano. Posteriormente y también como arquitecto de la Comisaría Regia se hizo cargo de diversas restauraciones en Toledo (castillo de Layos, 1918), Sevilla y Valladolid (Casa de Cervantes). En 1914 se estableció en Sevilla, donde permaneció casi veinte años, y ganó el concurso de la sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano con un anteproyecto de hotel en los Jardines de Eslava, principiando una fecunda etapa en la que realizó gran número de obras particulares en la ciudad del Guadalquivir y otras capitales andaluzas.
     Galardonado en 1926 con la medalla de oro de la exposición de Arte Decorativo de Paris y con el Gran premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue presidente de la Asociación General de Arquitectos, siendo nombrado el 13 de enero de 1927, tras la renuncia de Aníbal González, arquitecto general y director artístico de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. A este respecto se ha calificado el papel de Traver como decisivo para el éxito de la Exposición Internacional, pues a su cargo estuvo no tan solo la realización de proyectos sino también la supervisión artística de pabellones particulares y oficiales.
     Distinguido en 1929 con los grados de Caballero y Comendador de la Orden del Santo Cristo, de Portugal y Galardonado en 1930 con el primer premio del concurso nacional para el proyecto del templo monumental dedicado a la Virgen de los Desamparados de Valencia, en 1933 regresaba a su ciudad natal, –a la que no obstante permaneció vinculado durante su estancia en Sevilla, especialmente con la Sociedad Castellonense de Cultura, de la que era miembro fundador y colaborador de su Boletín–, y para la que ya en 1925 había redactado el Plan de ordenación y urbanización de Castellón y proyectado y edificado diversas viviendas.
     En Castellón estableció su oficina de trabajo y rápidamente se nutrió de clientela particular además de la de carácter eclesiástico, pues fue nombrado arquitecto diocesano de Tortosa, siendo numerosas los edificios que diseñó y construyó, tanto en su ciudad natal como en poblaciones vecinas y Valencia capital.
     Nombrado durante el conflicto bélico Auxiliar Técnico de la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Castellón (1936-38) y posteriormente Agente de Enlace del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, tras la entrada de las tropas del general Franco, el 14 de abril de 1939 fue nombrado alcalde de Castellón, cargo que desempeñó hasta noviembre de 1942, impulsando diversas reformas urbanas contempladas en el Plan que había redactado en 1925.
     Arquitecto diocesano de Valencia desde el 14 de julio de 1939, dirigió la restauración del Aula Capitular de la Catedral de Valencia, la de la capilla de las reliquias y la llamada capilla del Santo Cáliz, así como la reconstrucción del Palacio Arzobispal y la construcción del Seminario Metropolitano de Valencia en Moncada.
     Dedicado a la arquitectura y también a la labor de publicista e investigador, llevó a cabo numerosas e importantes obras en Castellón y poblaciones de su entorno, en un estilo clasicista y ecléctico muy característico de nuestro biografiado.
     Nombrado en 1914 caballero de la Real Orden de Isabel La Católica y un año más tarde condecorado con el grado de comendador de la misma Real orden, fue designado en 1948 presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Castellón.
     De su afición al cultivo de la Historia surgieron diversos libros y numerosos artículos en el “Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura”, de la que fue miembro activo y vice-presidente. Fue también correspondiente de la Real Academia de la Historia y de las de Bellas Artes de San Fernando, Santa Isabel de Hungría y San Carlos (Ferrán Olucha Montins, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
Conozcamos mejor el Día Mundial del Agua
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     El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo para recordar la relevancia de este líquido esencial. A pesar de que todas las actividades sociales y económicas dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce y de su calidad, 2 200 millones de personas viven sin acceso a agua potable. Esta celebración tiene por objetivo concienciar acerca de la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla de manera que alcancemos el Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 6: Agua y saneamiento para todos antes de 2030.
     La idea de celebrar este día internacional se remonta a 1992, año en el que tuvo lugar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río de Janeiro y en la que emanó la propuesta. Ese mismo año, la Asamblea General adoptó la resolución por la que el 22 de marzo de cada año fue declarado Día Mundial del Agua, siendo 1993 el primer año de celebración.
     A esta celebración del Día se añadirían posteriormente eventos anuales específicos en torno al agua (por ejemplo, el Año Internacional de Cooperación en la Esfera del Agua 2013) e incluso decenios de acción (como es el caso del actual Decenio "Agua para el Desarrollo Sostenible", 2018-2028). Todo ello no hace sino reafirmar que las medidas hídricas y de saneamiento son clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental (ONU).
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miércoles, 1 de octubre de 2025

La Casa de Ancianos San Fernando y Santa Elisa, de Vicente Traver, en Montellano (Sevilla)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de Ancianos San Fernando y Santa Elisa, de Vicente Traver, en Montellano (Sevilla).
     Hoy, 1 de octubre, es el Día Internacional de las Personas de Edad, así qué hoy es el mejor para ExplicArte la Casa de Ancianos San Fernando y Santa Elisa, de Vicente Traver, en Montellano (Sevilla).
     La Casa de Ancianos San Fernando y Santa Elisa, de Vicente Traver, se encuentra en la calle Ruiz Ramos, 12; en Montellano (Sevilla).
     La residencia de ancianos de San Fernando y Santa Elisa se empezó a construir en 1929 según las trazas realizadas por el arquitecto Vicente Traver Tomás, autor de edificios tan importantes como el Teatro Lope de Vega y la Columnata del Parque de María Luisa de Sevilla. Fue encargada como obra benéfica de sus fundadores, Elisa Basagoiti López y Fernando Ruiz Ramos, y se finalizó en 1931, constituyendo un complejo urbanístico aislado, rodeado de jardines.
     La portada principal está cerrada por una elegante verja circular, pasando al jardín a través de tres artísticas cancelas. Se accede al edificio por unas escalinatas de piedra que da paso a una galería cerrada por cristales y sostenidas por columnas toscanas de mármol rosa y negro.
     La capilla constituye el eje central de todo el edificio, donde abundan artísticas vidrieras policromadas y excelentes frescos, copias de los de Murillo existentes en el Hospital de la Caridad de Sevilla y que fueron ejecutadas por el pintor Rafael Blas Rodríguez. También posee un altar mayor con frontal del ara labrado y pulido en mármol rosa del autor Francisco Ruiz. El sagrario en plata de ley con relieves magníficos se hizo en Sevilla. Es obra del famoso orfebre Fernando Marmolejo Camargo.
     La nave se cubre con bóveda de medio cañón y en la zona de la cabecera posee cúpula semiesférica con linterna. A ambos lados de las capillas se abren dos naves simétricas que albergan las dependencias de la casa, las cuales están alicatadas con cerámica talaverana (Turismo de la Provincia de Sevilla).
Conozcamos mejor la celebración del Día Internacional de las Personas de Edad;
       El 14 de diciembre de 1990, la Asamblea General de las Naciones Unidas, a través de la resolución 45/106, designó el 1 de octubre Día Internacional de las Personas de Edad.
       Anteriormente a esto, existían iniciativas como el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el Envejecimiento, que fue adoptado por la Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento en 1982 y que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó ese mismo año.
       En 1991, la Asamblea General (por la resolución 46/91) adoptó los Principios de las Naciones Unidas para las personas mayores.
       En 2002, la segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento adoptó el Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento, para responder a las oportunidades y desafíos del envejecimiento de la población en el siglo XXI y para promover el desarrollo de una sociedad para todas las edades.
       Todas estas citas y declaraciones resultan cada vez más esenciales teniendo en cuenta los cambios a los que nuestras sociedades se exponen. La composición de la población mundial ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Entre 1950 y 2010, la esperanza de vida en todo el mundo aumentó de 46 a 68 años. A nivel mundial, había 703 millones de personas de 65 años o más en 2019. La región de Asia oriental y sudoriental albergaba el mayor número de personas mayores (261 millones), seguida de Europa y América del Norte (más de 200 millones).
       Durante las próximas tres décadas, se estima que el número de mayores aumente a más del doble, llegando a más de 1 500 millones de personas en 2050. Todas las regiones verán un aumento en el tamaño de la población mayor entre 2019 y 2050.
       El mayor incremento en cifras (312 millones) se producirá en Asia oriental y sudoriental, pasando de 261 millones en 2019 a 573 millones en 2050. Mientras, el aumento más rápido en el número de personas mayores se espera en África septentrional y Asia occidental, pasando de 29 millones en 2019 a 96 millones en 2050 (226% de incremento). El segundo aumento más rápido se prevé para África subsahariana, donde la población de 65 años o más podría crecer de 32 millones en 2019 a 101 millones en 2050 (218%). Por el contrario, se espera que el incremento sea relativamente pequeño en Australia y Nueva Zelanda (84%), Europa y América del Norte (48%), regiones donde la población ya es significativamente mayor que en otras partes del mundo.
       Los países en desarrollo albergarán más de dos tercios de la población de edad avanzada del mundo (1 100 millones) en 2050. Sin embargo, se prevé que el aumento más rápido se produzca en la división de los países clasificados como países menos adelantados, donde el número de personas de 65 años o más podría pasar de 37 millones en 2019 a 120 millones en 2050 (225%).
       Por un envejecimiento saludable (Naciones Unidas).
Conozcamos mejor la Biografía de Vicente Traver Tomás, autor del edificio reseñado;
     Vicente Traver Tomás (Castellón de la Plana 23 de septiembre de 1888 – Alicante 15 de noviembre de 1966). Arquitecto y publicista.
     Vicente Traver fue un arquitecto prolífico y polifacético, de gran proyección en tierras valencianas y andaluzas durante la primera mitad del siglo XX, que ha sido calificado por algunos historiadores como el máximo representante del casticismo en tierras valencianas.
     Formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1912, a mediados del año siguiente fue nombrado arquitecto de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Artística Popular, por el Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marques de la Vega Inclán, marchando a Sevilla, para realizar el traslado de la portada del palacio de los Duques de Arcos en Marchena a la Huerta del Retiro de los jardines del alcázar sevillano. Posteriormente y también como arquitecto de la Comisaría Regia se hizo cargo de diversas restauraciones en Toledo (castillo de Layos, 1918), Sevilla y Valladolid (Casa de Cervantes). En 1914 se estableció en Sevilla, donde permaneció casi veinte años, y ganó el concurso de la sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano con un anteproyecto de hotel en los Jardines de Eslava, principiando una fecunda etapa en la que realizó gran número de obras particulares en la ciudad del Guadalquivir y otras capitales andaluzas.
     Galardonado en 1926 con la medalla de oro de la exposición de Arte Decorativo de Paris y con el Gran premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue presidente de la Asociación General de Arquitectos, siendo nombrado el 13 de enero de 1927, tras la renuncia de Aníbal González, arquitecto general y director artístico de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. A este respecto se ha calificado el papel de Traver como decisivo para el éxito de la Exposición Internacional, pues a su cargo estuvo no tan solo la realización de proyectos sino también la supervisión artística de pabellones particulares y oficiales.
     Distinguido en 1929 con los grados de Caballero y Comendador de la Orden del Santo Cristo, de Portugal y Galardonado en 1930 con el primer premio del concurso nacional para el proyecto del templo monumental dedicado a la Virgen de los Desamparados de Valencia, en 1933 regresaba a su ciudad natal, –a la que no obstante permaneció vinculado durante su estancia en Sevilla, especialmente con la Sociedad Castellonense de Cultura, de la que era miembro fundador y colaborador de su Boletín–, y para la que ya en 1925 había redactado el Plan de ordenación y urbanización de Castellón y proyectado y edificado diversas viviendas.
     En Castellón estableció su oficina de trabajo y rápidamente se nutrió de clientela particular además de la de carácter eclesiástico, pues fue nombrado arquitecto diocesano de Tortosa, siendo numerosas los edificios que diseñó y construyó, tanto en su ciudad natal como en poblaciones vecinas y Valencia capital.
     Nombrado durante el conflicto bélico Auxiliar Técnico de la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Castellón (1936-38) y posteriormente Agente de Enlace del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, tras la entrada de las tropas del general Franco, el 14 de abril de 1939 fue nombrado alcalde de Castellón, cargo que desempeñó hasta noviembre de 1942, impulsando diversas reformas urbanas contempladas en el Plan que había redactado en 1925.
     Arquitecto diocesano de Valencia desde el 14 de julio de 1939, dirigió la restauración del Aula Capitular de la Catedral de Valencia, la de la capilla de las reliquias y la llamada capilla del Santo Cáliz, así como la reconstrucción del Palacio Arzobispal y la construcción del Seminario Metropolitano de Valencia en Moncada.
     Dedicado a la arquitectura y también a la labor de publicista e investigador, llevó a cabo numerosas e importantes obras en Castellón y poblaciones de su entorno, en un estilo clasicista y ecléctico muy característico de nuestro biografiado.
     Nombrado en 1914 caballero de la Real Orden de Isabel La Católica y un año más tarde condecorado con el grado de comendador de la misma Real orden, fue designado en 1948 presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Castellón.
     De su afición al cultivo de la Historia surgieron diversos libros y numerosos artículos en el “Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura”, de la que fue miembro activo y vice-presidente. Fue también correspondiente de la Real Academia de la Historia y de las de Bellas Artes de San Fernando, Santa Isabel de Hungría y San Carlos (Ferrán Olucha Montins, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Sevilla, déjame ExplicArte la Casa de Ancianos San Fernando y Santa Elisa, de Vicente Traver, en Montellano (Sevilla). Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia sevillana.

Más sobre la localidad de Montellano (Sevilla), en ExplicArte Sevilla.

sábado, 23 de diciembre de 2023

El Pabellón del Ministerio de Marina, de Vicente Traver, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Comandancia de Marina)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón del Ministerio de Marina, de Vicente Traver, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Comandancia de Marina), de Sevilla.
      El Pabellón del Ministerio de Marina, de Vicente Traver, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Comandancia de Marina) [nº 48 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], se encuentra en la Avenida de Moliní, 7; en el Barrio Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
     La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
     El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
     El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
     Se trata de uno de los pabellones oficiales de la Exposición Iberoamericana, cuyo objetivo habría de ser, al igual que el Pabellón del Ejército, mostrar los progresos de la industria naval española. El edificio se construirá entre 1927 y 1929, siendo autor del proyecto y de la dirección de las obras Vicente Traver, arquitecto director de la EIA.
     De planta rectangular (30 x 20 m.) y estructura simétrica, dispone básicamente de una crujía de borde organizada en torno a un patio cubierto que ocupa una posición centrada A la crujía de la fachada principal se le antepone un pórtico de columnas pareadas de mármol en planta baja y azotea en la alta. La escalera, de tres tramos, se instala en el centro de la crujía más alejada de la fachada, insistiendo en su condición simétrica, que, por otra parte, queda transgredida por la presencia de la torre del reloj, situada en la cabeza de la crujía lateral derecha.
     Estilísticamente se incluye en la corriente historicista de inspiración barroca, con ciertas influencias de los esquemas regionalistas, en la utilización masiva del ladrillo visto y el empleo de la cerámica vidriada en remates y elementos decorativos de la torre.
     El pabellón ocupa en planta baja una superficie aproximada de 625 m2, estimándose para toda la edificación una superficie total construida de 1.300 m2 (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     "Aquella época en que la Marina española remontó el vuelo de su gloria a esfera tan superior que no la ha alcanzado, y se puede asegurar, sin temeridad ni jactancia, que no es po­sible la alcance ninguna otra...
     ...Colón, Vasco Núñez de Balboa, Magallanes y Elcano, en menos de media centuria, añadieron al cono­cido un nuevo mundo, averiguando sus más cortas comunicaciones y, con la demostración más atrevida y más gloriosa, presentaron la extensión y figura de la Tierra. Este conjunto de novedades estupendas ocasionó aquella revolución única, que con un trastorno sin ejemplo mudó la faz del Universo, varió la construcción del orbe, alteró las leyes, los usos, las opiniones, el comercio, el poder, la salud, las virtudes y los vicios de los hombres y de las naciones..." (Vargas Ponce).
     Así decían las célebres frases de un marino, matemático y literato español, Vargas Ponce (1760-1828), reproducidas en una cartela del patio del Pabellón de la Marina de Guerra en la Exposición Ibero-Americana. Con estas palabras se pretendía justificar la participación de este Depar­tamento de Estado en el certamen, destacando el valor, arrojo y pericia de los marinos españoles en el Descubrimiento de América, cuya conmemoración era, al fin y al cabo, el fundamento de la Exposición. Se intentaba demostrar que el único y verdadero artífice de la aventura hacia las Indias no había sido Cristóbal Colón.
     Sin embargo, más allá de esta justificación, una razón política explicaba la intervención de la Marina en la muestra: el compromiso del Gobierno con el éxito de la Exposición durante la Dictadura de Primo de Rivera. Y así fue, muy especialmente, desde que, a fin de 1925, tuvo lugar el nombramiento de José Cruz Conde como Comisario Regio, hom­bre que con su gran capacidad organizadora hizo cambiar por completo la marcha de la empresa. La Ibero­ Americana se presentaba como una ocasión inmejorable para demostrar a España y al resto de los países par­ticipantes el fortalecimiento del Estado mediante la comparecencia con pabellones representativos propios, de distintos departamentos ministeriales y entidades paraestatales de categoría nacional.
     Pese a ello, ya en el Plan General de la Exposición, concebido por el Comité Ejecutivo del certamen Hispano-Americano en febrero de 1911, se pretendía destinar uno de los edificios provisionales a Pabellón de Guerra y Marina.
     La extensión que habría de destinarse a esta construcción sería 2.000 m2, frente a los 2.832 del edificio definitivo. Sólo superaría esta superficie a la del Pabellón de Minería (1.000 m2), siendo equivalente a la de los Palacios de Agricultura y Fomento y rebasándola, aparte de la Casa Real y el Gran Casino, el de Actos y Fiestas y el de Bellas Artes, ambos de 3.000 m2. Si la superficie la duplicaban los Pabellones de Industrias y Manufacturas, la del de Maquinarias era el triple. A estos 30.000 m2 edificados por el Comité habría que añadir otros 10.000 más para pabellones americanos.
     Sin lugar a dudas, las cifras señaladas en el proyecto de 1911 demuestran varios hechos. En primer lugar, que la que se gestó como una Exposición Hispano-Americana (nombre que conservó hasta 1922), se concibió más como un certamen nacional que relegaba a segundo plano a los países concurrentes. Por otra parte, en lo que respecta al pabellón que nos ocupa, que este Departamento de Estado iba a ser uno de los de participación menos brillante en la muestra, en oposición a lo que finalmente sucedió.
     En cualquier caso, en estos primeros momentos, el Comité Ejecutivo se desentendió por completo de todo lo que no fuera el acondicionamiento del Parque de María Luisa (donado a los sevillanos en 1893 por la Infanta María Luisa de Borbón) y la realización de las plazas de España y América, los dos principales centros del certamen. Nada hará suponer una intervención de la magnitud finalmente conseguida por el Departamento de Marina con la exhibición de las Industrias Navales y las Marinas de Guerra y Mercante en sus respectivos pabellones. Nuevas expectativas aparecen cuando, a mediados de 1925, al tiempo que se decide invitar a las regiones españolas -y después de solicitarla directamente en Madrid el militar Rodríguez Caso-, se designa una ponencia para promover la participación de las Industrias Militares, curiosamente -como señala Encar­nación Lemus- buscando la participación estatal en el sector menos conseguido hasta el momento, el industrial. Ese mismo año, por Real Orden, se notifica la concurrencia de las Industrias Militares, entre ellas la del Ministerio de Marina y la Industria Naval Española, que "ya entran de lleno en el contenido industrial de la Exposición Ibero-Americana por el notorio grado de adelantamiento".
     Pese a ello, la construcción del pa­bellón definitivo se retrasó a 1928. Desde febrero del año anterior se venían agilizando las gestiones para la participación de este departamento, concretamente con el nombramiento (por Real Orden del 5 de febrero) de una Comisión para la concurrencia de las Marinas de Guerra, Mercante e Industrias Militares bajo la presidencia del Comisario de Ma­rina del Puerto de Sevilla, consignándose un crédito de 200.000 pesetas.
     La Marina concurrirá con: "...todo lo que pudiera llamarse manifestación de actividad moral, militar y civil. Las Compañías de Navegación y la Industria Naval estarán representadas en la Exposición, en cuyo recinto se levantará por el Mi­nisterio de Marina un Pabellón que quedará después para Sevilla como futura Comandancia de Marina..."
     De esta forma, en sólo dos meses (abril de 1927), la Comandancia de Marina solicita 1.000 m2 para su pabellón -ya permanente- en la Avenida Luis Moliní (esquina al muelle en territorios cedidos por la Junta de Obras del Puerto) y 2.500 m2 más para instalaciones provisionales con carácter temporal y gratuito para las Industrias Navales, entre la Avenida de la Raza y el cerramiento de la Zona de Servicios de la Junta de Obras del Puerto, detrás de los Almacenes Comerciales.
     En este sentido, habría que indicar, respecto a la ubicación del pabellón, que se mantiene la ya proyectada en el Plan General de 1911. Según éste, en terrenos de la Huerta del Carmen y otros pertenecientes a la Junta de Obras del Puerto, se situarían, en torno a una gran plaza, los pabellones de Maquinaria y Electricidad, Agricultura y Guerra y Marina, además de reser­varse un espacio para cuatro nacio­nes americanas.
     Respecto a lo finalmente ejecutado, merece la pena destacar cómo, aunque los pabellones estatales se repartieron por todo el certamen, en su mayor parte se distribuyeron en la embocadura de las avenidas Luis de Moliní y de la Raza, en terrenos de la margen izquierda del Canal de Al­fonso XIII. Estos habían sido cedidos en 1925, provisionalmente hasta que en diciembre de 1930 pasasen a propiedad de la Junta, a cambio de un canon anual de 3.000 ptas. Junto a otros de posterior incorporación (como los pertenecientes a las Huertas del Carmen y de San José), los de la Junta de Obras del Puerto, en principio solicitados para obras complementarias y de carácter provisional, se convirtieron en importante foco de distribución de pabellones.
     Además del que nos ocupa, el Pabellón de Tabacalera y -en la parcela colindante a éste- el de la Cruz Roja Española. En la Avenida de la Raza, próxima a la Glorieta de dicho nombre en una parcela de 50 x 55 m. el Pabellón de la Sociedad Española de Construcción Naval, también realizado por Traver. Al otro lado de la Avenida, los de Marruecos y Guinea Ecuatorial, entonces colonias africanas, a las que se otorgaba un papel desmesurado respecto a la función de estas en la sociedad y economía españolas. El Gobierno pretendía otorgarles rango de provincias para, exaltando su labor colonizadora, justificar la permanencia de la Dictadura. Fuera de este ámbito, quedaban el Pabellón de la Compañía Telefónica Nacional, en la Avenida de Don Pelayo del Parque de María Luisa, y, en la de Portugal, el de las Industrias Militares.
     Tras este breve paréntesis sobre la distribución de los pabellones estatales en el recinto y volviendo al tema que nos ocupa, las gestiones hacia la concurrencia, debemos señalar cómo el progresivo interés por la participación de la Marina queda claramente manifiesto cuando, en noviembre de 1927, el rey Alfonso XIII firma en Malta un decreto sobre la concurrencia de este departamen­to, duplicándose la cantidad de 200.000 pesetas consignadas en el presupuesto establecido con antelación.
     Gestionada la concurrencia, se encargó la edificación del Pabellón de Marina Mercante, hoy desaparecido, a Antonio Illanes del Río (1883-1973), autor del Banco de España, en la Plaza de San Francisco (1918-1928) y de la Aurora Polar. Construyó un edificio sencillo, pero monumental, de blancas paredes con adornos de ladrillo.
     El de la Marina de Guerra fue realizado por Vicente Traver y Tomás (1888-1966), sucesor de Aníbal González tras su dimisión como ar­quitecto general del certamen donde, en pocos años, antes de volver a su Castellón natal, realizó una amplia labor constructiva en colaboración con jóvenes arquitectos como Fer­nando de la Cua­dra y Jesús Guerra.
     Como los levantados por el Comité con posteridad a 1925, el de Traver fue construido en estilo neobarroco. Con la revalorización del barroco histó­rico sevillano, antes menos preciado, se abandona el neomudé­jar del "Primer Regionalismo". Las visiones tan antagónicas que am­bas corrientes podían ofrecer de un mismo edificio quedan patentes al comparar el que finalmente se levantó con el proyecto de Pabellón de Marina y Guerra que, incluido en su Plan General de la Exposición, Aníbal González, sin llegar a hacerlo, pretendía realizar antes de la dimisión de su cargo. Concepción la del primer Arquitecto General, asimismo distinta a las de sus rivales en el concurso de 1911. Fermín del Álamo y la del autor de aquel proyecto presentado bajo el lema "!Adelante, que llevas al César!", el maestro de obras Narciso Mundet Ferrera.
     El edificio del sevillano Aníbal González y Álvarez Ossorio (1876-1929) se inspiraba en el Castillo de Coca, que, situado entre los ríos Eresma y Voltoya, en la actual provincia de Segovia, fue construido por D. Alonso de Fonseca, arzobispo de Sevilla y señor de Coca y Alaejos a fines del siglo XV.
     Aníbal González recurrió a este castillo, más que por sus connotaciones históricas (sus moradores permanecieron fieles al emperador Carlos V durante la Guerra de las Comunidades) por su valor artístico. Esta magnífica muestra del "mude­jarismo", considerada por Lampérez culminación y arquetipo del estilo en la arquitectura militar del siglo XV por la espléndida fábrica de ladrillo de todos sus paramentos, plasmaba en su esencia los ideales estéticos del "Primer Regionalismo". El que es uno de los mejores castillos de España (no sólo por su arquitectura, sino por sus salones) y una de las construcciones más originales de nuestra arquitectura presentaba, además, una peculiaridad que favorecía que Aníbal González lo tomase como modelo: al no ser un edificio situado en altura, sino que su molde se yergue sobre un terreno llano, se adecuaba más al espacio urbano.
     De su modelo. el autor tomó la disposición general de la planta, cuyas dimensiones calculó en 1.851,60 m2.
     Para que la altura no resultara excesiva, del triple recinto que el castillo constaba, eludió el primero que, en escarpa, se ceñía al terreno y cuya superficie lisa sólo quedaba inte­rrumpida por grandes cubos en los ángulos y en el centro de cada lienzo. No prescindió, sin embargo, del foso que rodeaba al segundo, "tan característico de la arquitectura mili­tar, prolongado luego por un puente levadizo". Si lo hizo con la robusta y cuadrada Torre del Homenaje que, levantada en el ángulo NE del segundo recinto, protegía su puerta interior: la torre rompería con la simetría tan constante en las equilibradas composiciones del arquitecto. Como en el castillo, el último recinto, de doble altura, constituiría el núcleo de la edificación propiamente dicha: una planta rectangular en torno a un pa­tio o plaza de armas.
     El del pabellón, de 21 metros de longitud por 12 de anchura, se proyectó descubierto, pero "en caso preciso, y suponiendo que se necesitara mayor amplitud de cubierta, sería fácilmente reconstruible una armadura de hierro y cristal". Por sus cuatro lados, excepto en el vestíbulo rectangular de 12,5 x 10 m., dispuso Aníbal González un espacio cubierto, destinado a sala de exposición para objetos de gran volumen, perfectamente iluminado por numerosos vanos al patio y a la fachada. Completándolo, en los án­gulos del edificio, cuatro pequeños salones octogonales, para exhibición de objetos "diminutos y delicados", que al exterior simulaban torres.
     Como en el modelo, su abigarrada fachada confería al proyecto un as­pecto original y el movimiento desenfrenado de sus paramentos, con entrantes y salientes, un rico efecto lumínico: cuatro cubos de torres poligonales, en los ángulos de cada recinto, se  rematarían con garitones de la misma  forma  que,  multiplicándose (más por afán decorativo que imperativo militar), salpicaban los lienzos de muro: merlones con estrías verticales contornearían todo el perímetro de las torres, garitas y pasos de ronda.
     Asimismo, para la fachada principal, Aníbal González tomó ciertos ele­mentos de los palacios góticos del siglo XV en Ávila y Zamora. ¿Pudiera el arquitecto haber tenido por modelo para el destacado cuerpo central la Casa de los Monos de Zamora? Como en este palacio, proyectó una gran puerta que, con el dovelaje muy des­piezado, el intradós abaquetonado y decorado con las características pomas del momento, estaba enmarcada por un alfiz quebrado (tan propio de la época), con sendos blasones en las enjutas y un gran escudo a eje del ingreso, flanqueado por dos figuras tenantes, los salvajes que, sosteniéndo­los, dan nombre a la casa.
     En la descripción de su proyecto, Aníbal González no se refiere al material a emplear. Como parece por la acuarela del proyecto -único punto de referencia para nuestro estudio- este cuerpo central y las torres angulares se concibieron en sillares pé­treos al modo castellano, combinándose así con el tratamiento dado a los paramentos exteriores, de ladri­llo, lisos y sólo interrumpidos por un piso de ventanas, ya no geminadas, como en el palacio zamorano, sino de arcos rebajados, rematados por gruesas cardinas góticas.
     En la memoria, también eludió el arquitecto toda referencia a su interior. Cabría preguntarse si Aníbal González dejaría volar su imaginación con lacerías y atauriques de ye­serías y zócalos de azulejos, del mismo modo que, en su época, hizo el autor del castillo. Decoración que, en este caso, sería un alarde de inventiva, puesto que, al desaparecer la del edificio segoviano en el siglo pasado, el arquitecto sevillano no habría podido inspirarse en ella.
     El segundo de los proyectos pre­sentados al concurso de 1911 tenía por lema "¡Adelante. que llevas al César!". Era de planta en L como el que el mismo autor proyectase para Pabellón de Bellas Artes. Mundet Ferrera pretendía dar a cada edificio la forma de las distintas letras de la palabra SEVILLA. Se distribuía el interior en tres salones de exhibición, con cuatro torreones almenados en los ángulos. Con valor simbólico, el muro de la fachada llevarla adosadas columnas a modo de colosales ca­ñones y otros atributos de la Marina, con el objeto de dejar bien claro el destino del edificio.
     Por último, la idea de Fermín del Álamo era bastante distinta. Para darle cierto carácter militar al pabellón, se valdría de un pasillo almenado, torreones adosados a la parte alta del muro y una torre de señales en cada esquina. La disposición habría de ser sencilla: una sala cuadrangular central, con entrada por sus dos fachadas, y dos salas cuadrangulares. La construcción.de bóvedas tabicadas de cinco metros de luz sobre pilares y muros de cerramiento de doble tabique de ladrillo. La decoración, como en todos los pabellones que el arquitecto proyectó, por aplicaciones de yeso, pintadas a la cola y al óleo.
     Curiosamente incluiría, detrás del edificio, un pequeño puerto para disponer modelos de grúas giratorias, barcos, etc., que, construido en hormigón, estaría circundado por una galería abierta semicircular -cuya columnata se reduciría a tambores de cañizo revestidos de yeso-, sobre la que apoyaría el friso. Fermín del Álamo indica en la memoria de su proyecto que "esta idea ya se había visto en otras muchas exposiciones, como la última de Valencia". Todas estas propuestas diferían del proyecto finalmente ejecutado, muchos años más tarde, ya destituido Aníbal González de su cargo de Arquitecto General del certamen. Vicente Traver, autor del definitivo, prefirió el estilo neobarroco, más en la línea de las últimas construcciones regionalistas. Sin embargo, es el suyo un neobarroco sin estridencias. Dejando volar su imaginación, el arquitecto consigue que la racionalidad y simplicidad de plantas y alzados sean sólo aparentes.
     De una parte, la planta del edificio es inscribible en un rectángulo, pero los paramentos de las cuatro alas que, -unidas por otros tantos cuerpos angulares-, la constituyen, están a muy distintos planos, originando continuos entrantes y salientes en las fachadas. Distribuyó la planta en dos pisos y azotea: del total de siete salas de ex­hibición, tres en cuerpo bajo y cuatro (una más correspondiente al vestíbulo) en el principal. En el centro, un patio porticado, falso eje de simetría de la construcción, pues la sala principal del edificio, en disposición axial y con fachada a la Avenida de la Raza, no encuentra equivalente en el otro lado menor del pabellón. Del mismo modo, Traver descentra la que, contigua al vestíbulo, está interrumpida por el patio cubierto. Salas, por tanto, de dimensiones muy variadas en las que el arquitecto establecía un circuito exposicional cerrado perfectamente estudiado, aunque muy distinto al tan longitudinal del proyecto que Fermín del Álamo realizara en 1911.
     Intentando también romper la acentuada horizontalidad, otra disimetría en planta: la torre-vigía, elemento -de inevitable presencia- ya constante en los distintos proyectos del primer concurso. Su cuerpo bajo, cuadrado, aligerado graciosamente por un airoso remate hexagonal muy abierto.
     Manteniendo siempre unas líneas bastante cúbicas y sin perder la armonía de los elementos, supo tam­bién Traver romper la racionalidad de sus alzados. Cada ala, cada cuerpo angular, difiere de los restantes, manifestando un mayor interés por la fachadas a las Avenidas de Moliní y la Raza, aunque, eso sí, sin despreocupar ninguna de ellas.
     Cualquier piso es del mismo modo distinto a su inmediato, variando la distribución de las loggias, las balaustradas... y, sobre todo, las formas, embocaduras y remates de los vanos. Desde el clasicismo del piso bajo de la fachada, donde predominan las líneas rectas (en todo caso enriquecidas por orejetas neobarrocas), al mayor decorativismo del segundo con los roleos de las embocaduras, tarjas y ménsulas, sus frontones curvos -a veces rotos, en un afán manierista, otras enmarcando las veneras bajorrenacentistas-. Decorativismo que focalizó en la magnífica fachada con frente a la Avenida Luis de Moliní, donde -como en el resto del edificio-, contrasta la severidad del cuerpo bajo, -con un pórtico de columnas toscanas pa­readas-, con el barroquismo del alto, cuyo balconaje preside el escudo de la Monarquía Española.
     Logró Traver un perfecto diálogo expresivo entre la piedra decorativa y el ladrillo de los paramentos, similar al de otros pabellones neobarrocos que realizó para la Exposición Ibero-Americana, como el de Tabacalera,  muy  cercano  al  que  nos ocupa  Sin embargo, en ellos con­trastaban las molduras en tono albero sobre las superficies blancas. Influido  por  la  huella  de Aníbal González, Traver combina en la torre-reloj el ladrillo con la cerámica de los veinte blasones de los grandes marinos españoles desde la Reconquista hasta la época, escudos que, en tarjas barrocas, separan guirnaldas y enmarcan un friso de ovas y dentellones. Baluartes de nuestra Marina: Tenorio, Espinosa y Tello, Ruiz de Apodaca. Valdés, Mendoza, Villavicencio, Ponce de León, Giraldino, Ulloa, Lebo, el Marqués de Nervión, Diego de Rivera, los Pinzón. Avilés, Medina, el Conde de Bustillo, la familia Córdova, Winthivissen y Pardo de Figueroa.
     En este marco neobarroco, el Di­rector del Museo Naval de Madrid, el Teniente de Navío D. Julio Guillén, ambientó una de las siete salas en el estilo de la época de la Marina Española que allí se hubiera de conmemorar. La principal o de "El Descubrimiento de América", gótica, con un artesonado de 90 m2 inspirado en los de la Lonja de Valencia, en honor a los Reyes Católicos. Se decoró con herrajes y lámparas toledanas y burgalesas, damascos, cuadros de Colón, los Reyes, los hermanos Pinzón, la Carta de Juan de la Cosa, etc.
     Otras salas fueron la de "La Circunvalación del Mundo" o de Felipe II, realizada en estilo Renacimiento; la de Carlos III o de "La Contribución de la Marina a los Acontecimientos Geográficos de América", y la de Isabel II o de "La Primera Circunnavegación de buques acorazados". A ellas se añadía la barroca de "Los Hechos Gloriosos de la Marina española" y, en estilo del momento, el vestíbulo, el patio y la biblioteca. El vestíbulo fue decorado por Francisco Rivera con cuadros representando la Carabela Santa María, un soberbio Araujo -el dios Neptuno y Eolo-, un joven pintor que, con Lozano, realizó también las pinturas del patio. Por último, en otra pequeña sala se guardaban los recuerdos de Isaac Peral.
     Nada nos queda de esto. Al menos el edificio se mantiene en pie y no se ha perdido como sucedió con tantas construcciones levantadas para la Exposición Ibero-Americana. Y gracias a la Comandancia de Marina, que como estaba previsto, y tras la consiguientes adaptaciones, clausu­rada la muestra, se instaló en el pabellón (Amparo Graciani García, El Pabellón de la Marina de Guerra en la Exposición Ibero-Americana, en Revista Aparejadores, nº 35. Sevilla, 1990).
Conozcamos mejor la Biografía de Vicente Traver Tomás, autor del edificio reseñado;
     Vicente Traver Tomás (Castellón de la Plana 23 de septiembre de 1888 – Alicante 15 de noviembre de 1966). Arquitecto y publicista.
     Vicente Traver fue un arquitecto prolífico y polifacético, de gran proyección en tierras valencianas y andaluzas durante la primera mitad del siglo XX, que ha sido calificado por algunos historiadores como el máximo representante del casticismo en tierras valencianas.
     Formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde se tituló en 1912, a mediados del año siguiente fue nombrado arquitecto de la Comisaría Regia de Turismo y Cultura Artística Popular, por el Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II Marques de la Vega Inclán, marchando a Sevilla, para realizar el traslado de la portada del palacio de los Duques de Arcos en Marchena a la Huerta del Retiro de los jardines del alcázar sevillano. Posteriormente y también como arquitecto de la Comisaría Regia se hizo cargo de diversas restauraciones en Toledo (castillo de Layos, 1918), Sevilla y Valladolid (Casa de Cervantes). En 1914 se estableció en Sevilla, donde permaneció casi veinte años, y ganó el concurso de la sección de Bellas Artes del Ateneo sevillano con un anteproyecto de hotel en los Jardines de Eslava, principiando una fecunda etapa en la que realizó gran número de obras particulares en la ciudad del Guadalquivir y otras capitales andaluzas.
     Galardonado en 1926 con la medalla de oro de la exposición de Arte Decorativo de Paris y con el Gran premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue presidente de la Asociación General de Arquitectos, siendo nombrado el 13 de enero de 1927, tras la renuncia de Aníbal González, arquitecto general y director artístico de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. A este respecto se ha calificado el papel de Traver como decisivo para el éxito de la Exposición Internacional, pues a su cargo estuvo no tan solo la realización de proyectos sino también la supervisión artística de pabellones particulares y oficiales.
     Distinguido en 1929 con los grados de Caballero y Comendador de la Orden del Santo Cristo, de Portugal y Galardonado en 1930 con el primer premio del concurso nacional para el proyecto del templo monumental dedicado a la Virgen de los Desamparados de Valencia, en 1933 regresaba a su ciudad natal, –a la que no obstante permaneció vinculado durante su estancia en Sevilla, especialmente con la Sociedad Castellonense de Cultura, de la que era miembro fundador y colaborador de su Boletín–, y para la que ya en 1925 había redactado el Plan de ordenación y urbanización de Castellón y proyectado y edificado diversas viviendas.
     En Castellón estableció su oficina de trabajo y rápidamente se nutrió de clientela particular además de la de carácter eclesiástico, pues fue nombrado arquitecto diocesano de Tortosa, siendo numerosas los edificios que diseñó y construyó, tanto en su ciudad natal como en poblaciones vecinas y Valencia capital.
     Nombrado durante el conflicto bélico Auxiliar Técnico de la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Castellón (1936-38) y posteriormente Agente de Enlace del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, tras la entrada de las tropas del general Franco, el 14 de abril de 1939 fue nombrado alcalde de Castellón, cargo que desempeñó hasta noviembre de 1942, impulsando diversas reformas urbanas contempladas en el Plan que había redactado en 1925.
     Arquitecto diocesano de Valencia desde el 14 de julio de 1939, dirigió la restauración del Aula Capitular de la Catedral de Valencia, la de la capilla de las reliquias y la llamada capilla del Santo Cáliz, así como la reconstrucción del Palacio Arzobispal y la construcción del Seminario Metropolitano de Valencia en Moncada.
     Dedicado a la arquitectura y también a la labor de publicista e investigador, llevó a cabo numerosas e importantes obras en Castellón y poblaciones de su entorno, en un estilo clasicista y ecléctico muy característico de nuestro biografiado.
     Nombrado en 1914 caballero de la Real Orden de Isabel La Católica y un año más tarde condecorado con el grado de comendador de la misma Real orden, fue designado en 1948 presidente de la Comisión Provincial de Monumentos de Castellón.
     De su afición al cultivo de la Historia surgieron diversos libros y numerosos artículos en el “Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura”, de la que fue miembro activo y vice-presidente. Fue también correspondiente de la Real Academia de la Historia y de las de Bellas Artes de San Fernando, Santa Isabel de Hungría y San Carlos (Ferrán Olucha Montins, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón del Ministerio de Marina, de Vicente Traver, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Comandancia de Marina), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

Más sobre la avenida de Moliní, en ExplicArte Sevilla.

Más sobre la Exposición Iberoamericana de 1929, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 20 de octubre de 2023

La Casa Rosa, o Villa Eugenia (actual sede de la Consejería de Medio Ambiente, de la Junta de Andalucía)

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Rosa, o Villa Eugenia (actual sede de la Consejería de Medio Ambiente, de la Junta de Andalucía), de Sevilla.  
     La Casa Rosa, o Villa Eugenia (actual sede de la Consejería de Medio Ambiente, de la Junta de Andalucía), se encuentra en la avenida de la Palmera, 1; en el Barrio Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
     Ocupa la manzana delimitada por las avenidas de Manuel Siurot, Guardia Civil, la Palmera, Cardenal Bueno Monreal. Se trata de una construcción aislada, situada en un ángulo de la manzana con un espléndido jardín, disponiendo de otras construcciones para el servicio, que ocupan, igualmente, dos de los tres ángulos restantes, permaneciendo franco el cuarto, en el que se sitúa el acceso principal a la villa. Fue mandada construir por Eugenia de la Rocha, marquesa de Angulo, en 1894, con proyecto del maestro de obras José Solares.
     En 1916, Ramón Balbuena y Huertas, reforma la fachada de la casa a la avenida Manuel Siurot, incorporando a la crujía de fachada, que se remataba con pretil almenado, una planta más. Acepta el ritmo apilastrado de la fachada existente, intercalando huecos y situando dos bal­cones en los extremos.
     En 1927, como consecuencia de la urbanización del sector, Vicente Traver construye la fachada a la avenida de la Guardia Civil, proponiendo de esta forma una condición más urbana al edificio primitivamente exento.
     La casa se ordena según un eje, que parte del zaguán de entrada (a la avenida de la Guardia Civil), construye el vestíbulo y el hall y se remata con una una pieza octogonal (el salón redondo). El hall, de gran tamaño, hará las veces del patio en la casa tradicional, al que se fía la organización de las piezas de la casa.
     Cuenta la vivienda con tres plantas y semisótano. A éste se accede desde el exterior por dos escaleras laterales desde el zaguán y desde el interior de la casa por otras dos situadas en la zona de servicio (fachada a M. Siurot). En las plantas baja y principal se sitúan las piezas más importantes de la casa, destinándose la segunda a dormitorios para el servicio y otras dependencias del mismo carácter.
     La escalera principal de la casa, de tres tramos, se sitúa en el hall, cubierto éste por un lucernario. Los dos frentes de la casa al jardín se cierran en planta baja con una galería acristalada, que se adapta a la forma del perímetro de los muros; sobre ella en planta alta se dispone una terraza abierta.
     De igual interés son las construcciones que ocupan los ángulos de la manzana, destacando el que construye la esquina Palmera-Cardenal Bueno Monreal, de trazas más modernas que las que caracterizan a la vivienda principal, en la que se advierte un claro acento francés tanto en la disposición de la planta como en los elementos  figurativos que componen sus fachadas.
     La superficie que ocupa la vivienda en plan­ta, incluido el jardín y las construcciones anexas, se aproxima a los 7.800 m2.
     La superficie total construida de la vivienda principal (incluido el sótano) podría estimarse en 2.200 m2. (Guillermo Vázquez Consuegra, Cien edificios de Sevilla: susceptibles de reutilización para usos institucionales. Consejería de Obras Públicas y Transportes. Sevilla, 1988).
     Ocupa la manzana delimitada por las avenidas de Manuel Siurot, Eritaña, La Palmera y Cardenal Bueno Monreal. Se trata de una construcción aislada, situada en un ángulo de la manzana con un espléndido jardín, disponiendo de otras construcciones para el servicio, que ocupan, igualmente, dos de los tres ángulos restantes, permaneciendo franco el cuarto, en el que se sitúa el acceso principal a la villa.
     La casa se ordena según un eje, que parte del zaguán de entrada (a la avenida de la Guardia Civil), construye el vestíbulo y el hall y se remata con una pieza octogonal (el salón redondo). El halll ,de gran tamaño, hará las veces del patio en la casa tradicional, al que se fía la organización de las piezas de la casa.
     Cuenta la vivienda de tres plantas y semisótano. A éste se accede desde el exterior por dos escaleras laterales desde el zaguán y desde la casa por otras dos situadas en la zona de servicio (fachada a Manuel Siurot). En las plantas baja y principal se sitúan las piezas más importantes de la casa, destinándose la segunda a dormitorios para el servicio y otras dependencias del mismo carácter.
     La escalera principal de la casa, de tres tramos, se sitúa en el hall, cubierto éste por un lucernario. Los dos frentes de la casa al jardín se cierran en planta baja con una galería acristalada, que se adapta a la forma del perímetro de los muros; sobre ella en planta alta se dispone una terraza abierta.
     De igual interés son las construcciones que ocupan los ángulos de la manzana, destacando el que construye la esquina Palmera-Cardenal Bueno Monreal, de trazas más modernas que la caracterizan a la vivienda principal, en la que se advierten un claro acento francés tanto en la disposición de la planta como en los elementos figurativos que componen sus fachadas.
     Fue mandada construir por Eugenia de la Rocha, marquesa de Angulo, en 1894, con proyecto del maestro de obras José Solares.
     En 1916, Ramón Balbuena y Huertas reforma la fachada de la casa de la avenida Manuel Siurot, incorporando a la crujía de fachada, que se remataba con perfil almenado, una planta más. Acepta el ritmo apilastrado de la fachada existente, intercalando huecos y situando dos balcones en los extremos.
     En 1927, como consecuencia de la urbanización del sector, Vicente Traver construye la fachada a la avenida de la Guardia Civil, proponiendo de esta forma una condición más urbana al edificio primitivamente exento.
     Obras recientes de ampliación y rehabilitación para Agencia de medio Ambiente, por Enrique Cosano e Ignacio Garmendia, en 1986-1992 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
           Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la Casa Rosa, o Villa Eugenia (actual sede de la Consejería de Medio Ambiente, de la Junta de Andalucía), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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domingo, 30 de abril de 2023

Los principales monumentos (Gran Teatro; Iglesia de San Pedro; Ermita de la Soledad; Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús; y Barrio Reina Victoria) de la localidad de Huelva (IV), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Gran Teatro; Iglesia de San Pedro; Ermita de la Soledad; Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús; y Barrio Reina Victoria) de la localidad de Huelva (IV), en la provincia de Huelva.

Gran Teatro
     El Gran Teatro, en la céntrica calle Vázquez López, fue levantado en 1923. El edificio fue proyectado por Teodoro Anasagasti, Joaquín Otamendi y Antonio Palacios. Se distingue por su eclecticismo y por la impronta neoclásica, así como su decoración «Segundo Imperio». Su fachada responde a los modelos de la arquitectura madrileña de esos momentos (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Sobre un reducido solar entre medianeras de 800 m2 de superficie en planta se levanta el llamado Real Teatro de Huelva en los días de su inauguración, agosto de 1923. Tuvo titularidad privada hasta 1984, año de adquisición del edificio por el Ayuntamiento de Huelva y la Diputación Provincial.
     El inmueble tiene tres alturas que dan lugar a los espacios de platea y dos anfiteatros, contando con palcos a nivel de proscenio y del primer anfiteatro, sin embargo lo exiguo del solar ha motivado un teatro donde los vestíbulos y el escenario carecen de dimensiones acordes con los fines a los que sirven.
     El teatro responde, tardíamente, a los criterios de clasicismo y monumentalidad de los teatros españoles de la primera mitad del siglo XIX levantado una fachada donde el orden doble de estilo corintio de las ocho columnas, apoyadas en decorados canes, que se adosan a ella las convierte en el referente principal dentro de un abigarrado plano almohadillado donde se adosan listeles, medallones, canecillos y cornisas y se horada mediante huecos de medio punto y óculos (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Iglesia de San Pedro
     La iglesia parroquial de San Pedro Apóstol, está situada en la plaza de su mismo nombre. Es la antigua parroquia matriz o mayor de la ciudad. El hecho de su ubicación junto a la vetusta fortaleza de la villa de Huelva resalta el peso simbólico de los dos importantes baluartes -religioso y militar- como piedras angulares del primitivo núcleo urbano. Con el discurrir del tiempo sucumbió el castillo, víctima del desuso y del abandono, cuyos materiales, al parecer, fueron utilizados para cimentar la torre parroquial, levantada en el siglo XVIII.
     El templo, en su planta y alzado, responde al estilo mudéjar hispalense, de los siglos XIV y XV. Tiene tres naves separadas por dos arquerías y ábside facetado. Cada arquería se compone de cinco arcos apuntados que apean sobre pilares con resaltos. Los pilares, de sección rectangular, lucen por sus caras exteriores pilastras achaflanadas, que soportan sobre sus impostas los arcos doblados de las arquerías divisorias de las naves. La nave central, más elevada que las laterales, está cubierta con un alfarje mudéjar, en forma de artesa con tirantes, al tiempo que las naves contiguas tienen techumbre de colgadizo. Toda la construcción es de ladrillos, excepto la bóveda de la capilla mayor y sus soportes.
     La nave central enlaza con la capilla mayor a través de un arco triunfal, apuntado, de sección mixtilínea, que por sus extremos descarga sobre dos columnas cilíndricas flanqueadas por baquetones. En la izquierda se puede observar, en relieve, una mitra entre escudos de campo liso y un león. En la otra hay cuatro mitras y un castillo.
     La cabecera del templo está compuesta  por un tramo rectangular y otro facetado. Los dos se cubren con bóveda sexpartita de nervadura gótica, de piedra. El espinazo a la burgalesa engarza las claves. Los paramentos laterales son de ladrillo revocado y presentan una imposta corrida, que une los capiteles de los distintos ele­mentos de sostén, y una faja pétrea, paralela a la imposta, compartimenta el muro. El alto zócalo de cerámica de aristas ennoblece el presbiterio. Los paños azulejería del lado del evangelio son originales del s. XVI, mientras que los del lado de la epístola se completaron con piezas modernas, al cegarse en 1925 la puerta que comunica­ba el presbiterio con la antigua sacristía. La decoración de la cabecera, con cardina gótica, y la disposición de sus capiteles y basas, responde a los últimos decenios del siglo XIV.
     Las naves laterales desembocan, por sus cabeceras, en sendas capillas, de principios del siglo XV. En la de la nave del evangelio está la capilla sacramental, que enlaza también con la capilla mayor. La capilla del Santísimo tiene una bóveda ochavada so­bre cuatro trompas de aristas. La cabecera de la nave de la epístola la constituye la capilla de la Virgen de la Cinta, comunicada con el presbiterio a través de dos arcos de medio punto peraltado, sobre pilares achaflanados cuyos capiteles labrados en ladrillo evocan la peculiar ornamentación musulmana del mocárabe. La bóveda de dieciséis paños en ladrillo visto, descubierta durante las reformas de 1921, descansa sobre trompas.
     A los pies de ambas naves laterales están sendas capillas, construidas en 1927, cuando el coro fue trasladado a su actual emplazamiento desde el centro de la iglesia. La sillería del coro, hoy ampliada y restaurada tras los sucesos de 1936, debió tener su origen en la que se estaba realizando en Sevilla para esta iglesia en 1737, aun­ que se ignora su autor.
     Por otra parte, la sacristía antigua está hoy transformada en antesacristía, y se cubre con bóveda vaída en ladrillo visto. La actual sacristía, de planta rectangular, data de 1632. Durante los siglos XIX y XX se llevaron a cabo una serie de obras en el templo, como las del porche, en­tre 1876 y 1903; y las ya citadas de entre 1920 y 1931, entre las más destacadas.
     La única capilla funeraria del templo se inserta ortogonalmente en la nave del evangelio. Es un recinto de acusada autonomía espacial, cubierta con bóveda ochavada sobre trompas de aristas. Erigida en honor de la Inmaculada Concepción por Ginés Martín en 1583, aún perdura en el pavimento una lápida de mármol, que hace constar que la capilla y enterramiento la mandó hacer Lázaro Martín en el año 1583.
     Al exterior se traduce la distribución interior del conjunto en sencillos y vigorosos volúmenes, que delatan su mudejarismo. La fachada prin­cipal, a los pies del templo, ostenta una puerta, abierta de nuevo tras la última restauración. Se conserva el óculo central y dos estrechos vanos laterales enmarcados en alfices. La nave mayor, cu­bierta a dos aguas con tejas árabes, resalta sobre las naves laterales, cubiertas a una sola vertiente. En el flanco meridional del edificio, delimitado por dos contrafuertes, subsisten restos de arqui­tectura mudéjar, que al mediar su altura discurre longitudinalmente una simple moldura que queda interrumpida por un tragaluz con sencillo conopio. En el antepecho de la azotea hay una se­rie de arcos de medio punto que se entrecruzan, decoración típica toledana. La fachada de la capilla de la Virgen de la Cinta, de mayor altura, se asemeja a un torreón cuyo antepecho asoma sobre una cornisa sostenida por ménsulas, perforada por un óculo. Las portadas laterales son de Antonio de Figueroa (1791-1792).
     La torre, de planta cuadrada, se compone de un cuerpo inferior con molduras barrocas que enmarcan el circular tragaluz y la lápida fundacional. El cuerpo superior o cuerpo de campanas, tiene una rica y profusa decoración, que arranca de un cornisón volado de ancho friso que aparenta soportar unas mensulillas y del que penden unos elegantes y recortados pinjantes. El campanario muestra por cada flanco un balcón de arco rebajado, con su correspondiente campana, entre pilastras pareadas de orden jónico. Otro cornisón superior subraya un vibrante antepecho decorado con jarrones de cerámica. El chapitel piramidal, sobre un banco octogonal, está alicatado con azulejos en blanco y azul. Fue Pedro de Silva quien dictó las definitivas condiciones de su construcción en 1770. La obra concluyó en 1772, como consta en la lápida conmemorativa ubicada  en la caña de la torre especificándose que: «Se Acabó Esta Obra Siendo Sumo Pontífice Clemente XIV. Arzobispo De Sevilla El Eminentísimo Señor Cardenal De Solís Y Rey De Las Españas Carlos III . Año 1772».
     En el interior del templo, tras los destrozos llevados a cabo con motivo del saqueo de 1936, todo lo relativo al culto quedó destruido. Comenzando por los pies de la nave del evange­lio encontramos a los titulares de la Hermandad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y María Santísima de los Ángeles. La figura de Cristo sobre la borriquita, es una talla en made­ra policromada de León Ortega, que la hizo en 1946. La Virgen de los Ángeles es una imagen de vestir, del mismo autor ayamontino, pero del año 1949.
     Después se encuentra un retablo cerámico, dedicado a la Virgen del Rocío, en cuya frontalera reza que fue donado por D. Fernando Pérez Sevillano, en el año 1921. También en las alas exteriores del pedestal de este retablo podemos leer: «Sevilla (Triana) Año 1921». Y «Fabrica De M. Rodríguez Pérez Tudela». Lo preside una imagen para vestir de la Blanca Paloma, tallada por Gómez del Castillo y donada por Arturo López Damas tras la Guerra Civil.
     El retablo de la Virgen del Carmen, de mediados del siglo XVIII, recompuesto tras los destrozos por José Toscano y dorado por Enrique Gómez en 1940, es una pieza que se compone de un sólo cuerpo de tres calles, delimitado por estípites, y un gran frontón semicircular. De factura reciente son el banco, la mesa de altar y los estípites. Está decorado el retablo con guirnaldas de flores y frutas, con angelitos, querubines, pinjantes y estípites. En la hornacina central preside la imagen de la Virgen del Carmen, tallada en madera de cedro por José Hierro Sousa y policromada por Gómez del Castillo, en 1937, a instancias de don Alejandro Cano y familia. El Niño Jesús es de la antigua imagen del siglo XVIII. En las repisas laterales, rematadas por los emblemas de Castilla y León, aparecen la Virgen del Pilar y Santa Lucía.
     En la capilla de Lázaro y Ginés Martín está el Señor de Pasión. Es un Cristo con la cruz a cuestas, imagen de vestir obra de Antonio Infantes Reina, de 1937. Es el titular de la Real e Ilustre Hermandad de Ntro. Padre Jesús de la Pasión y María Santísima del Refugio. La imagen de la Virgen es de candelero para vestir obra del mis­mo autor, en 1943. Sobre el pavimento se conserva la lápida sepulcral de la familia, fechada en 1583. Una verja renacentista, de hierro forjado, de 1585, clausura el recinto.
     Encontramos después un óleo sobre lienzo, que representa a San Félix de Cantalicio, obra anónima del siglo XIX. Tras el cancel, en tres hornacinas se exhiben una talla en madera policromada de Santa Lucía, de impronta renacentista; una escultura policromada neoclásica de San Serapio, del siglo XVIII, en depósito por la Excma. Diputación de Huelva; y una imagen de Ntra. Sra. del Sagrado Corazón, de serie.
     El retablo del Sagrario, está en la capilla sacramental, en la cabecera de la nave del evangelio, ornamentada con un zócalo con alegorías eucarísticas de «Fábrica Ramos Rejano. Triana, Sevilla» y en la que una lápida recuerda la fundación, en este lugar, de la Obra de los Sagrarios-Calvarios por el Beato Manuel González García: «Aquí el 4 de marzo de 1910 nació la obra de las Tres Marías, y de los discípulos de San Juan para los Sagrarios-Calvarios  hoy extendida por el mundo universo, dedica este recuerdo de gratitud y de amor a su fundador el arcipreste de Huelva después obispo de Málaga y Palencia Excmo. y Rvdmo. Sr. Dr. Manuel González García e implora al corazón eucarístico de Jesús que se digne bendecir a esta ciudad de Huelva y a la pía unión de los Sagrarios-Calvarios».
     El retablo, de la primera mitad del siglo XVIII, procedente de la ermita de San Sebastián de Bonares fue mandado colocar aquí por el cardenal Segura. Tienen un único cuerpo de tres calles, rematado  por  un frontón semicircular, donde aparece un escudo con tres flechas, alusivo a su antiguo titular. Las calles están deslindadas por estípites que se alzan sobre ménsulas adornadas por querubines. La obra está dorada y policromada, enriqueciéndose con decoración a base de guirnaldas, cabezas aladas de ángeles, veneras, etc. En la hornacina central está la imagen del Corazón de Jesús, tallada en madera, estofada y policromada por Joaquín Gómez del Castillo en 1939. En esta capilla hay un comulgatorio se­micircular, de madera de nogal tallada, obra de Miguel Hierro Barreda en 1937.
     El sagrario de plata fue realizado en el año 1918 por Hijos de C. Ortega, de Sevilla. Adopta la forma de templete cuadrangular. Su frontispicio se ve flanqueado por dos medias columnas corintias, sobre las que descansa un entablamento y se corona con frontón triangular. La puerta es de arco de medio punto.
     El retablo mayor barroco es obra de Antonio José de Carvajal, maestro escultor de Sevilla, en 1722. Posteriormente, en 1758, lo restauró y doró en Huelva José Fernández del Hierro. 
     Últimamente ha sido restaurado en 2004 por Juan Aguilar. El retablo está compuesto de tres cuerpos y tres calles, la central más ancha que las laterales, delimitadas por estípites. El conjunto se alza sobre la predela o banco en cuyo centro luce el sagrario, flanqueado por columnas salomónicas. El retablo está dorado y policromado, ornamentado a base de querubines, guirnaldas de flores y frutos, veneras, rombos y capiteles compuestos.
     La gran caja del primer cuerpo cobija la imagen sedente de San Pedro, titular de la iglesia, talla barroca del siglo XVIII, procedente de las Concepcionistas de Villamartín (Cádiz). En las colindantes hallamos, a la derecha, una Inmaculada, escultura en madera policromada del siglo XVI, obra anónima sevillana. A la izquierda, San José, talla también de autoría anónima, de hacia 1800. En el segundo cuerpo, en la hornacina principal, aparece el conjunto escultórico de Santa Ana y la Virgen, obra anónima del siglo XVIII. En las calles laterales aparecen sendos tondos con los relieves de Santa Bárbara y Santa Teresa de Jesús. En el ático hay un re­lieve del Padre Eterno, en un rompimiento de gloria, entre dos capillitas adyacentes. En la de la derecha está la imagen de San Martín de Po­rres, de serie. Y en la de la izquierda, San Lucas, escultura decimonónica. Sobre el tabernáculo hay un Crucifijo de altar, del círculo de Juan de Astorga.
     En la cabecera de la nave de la epístola está la capilla de Ntra. Sra. de la Cinta, presidida por un retablo neomudéjar en mampostería de ladrillo limpio, yesería y cerámica. El núcleo central lo constituye un azulejo belga con la efigie de la patrona de Huelva. Fue realizado este conjunto retablístico en 1921. En el paramento lateral un óleo de San Felipe Neri, del siglo XIX.
     En el muro de la nave de la epístola aparecen sendas hornacinas, en las que se veneran una ta­lla policromada de San Rafael Arcángel, de hacia 1700. Y una escultura de San Sebastián, de la segunda mitad del s. XVI. Bajo la dirección de León Ortega se hizo la hornacina de la Virgen de los Reyes, en madera dorada, tallada y policromada, en 1960. La imagen de la Virgen de los Reyes se formó con los restos de la Virgen de Gracia, destruida en 1936.   '
     Pasado el cancel hallamos un retablo, realizado en 1960, que consta de mesa de altar, banco y un sólo cuerpo, de tres calles y frontón superior. El retablo, jaspeado en color rojo y dorado, está presidido por el Señor Cautivo, imagen tallada por Antonio Bidón en 1946. A su derecha, un San Antonio de Padua, escultura en madera po­licromada del siglo XVIII.
     En depósito de la Diputación Provincial hay una copia del Nazareno de Tiziano, óleo sobre lienzo, obra de Francisco Rodríguez Jiménez, de fines del siglo XIX. Posteriormente, en una hornacina, está la imagen de candelero para vestir de María Santísima de la Resignación en sus Do­lores, cotitular de la Cofradía del Descendimiento, gubiada por León Ortega entre 1951 y 1952. En la antigua capilla bautismal, desde la última restauración, está el Descendimiento, grupo escultórico, realizado por Antonio León Ortega en varias etapas. El Cristo y los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, entre 1951 y 1952, y la Virgen, San Juan y la Magdalena en 1953.
     La hornacina central del coro acoge a la Virgen Madre, escultura en madera estofada y policromada, procedente de Fuentes de León (Badajoz), de mediados del siglo XVI. El pequeño Jesús es obra de Enrique Gómez del Castillo, del año 1942.
     Repartidas por diversos lugares del templo, así como en la sacristía, se hallan algunas imágenes dignas de destacarse. En una hornacina del segundo pilar de la nave central, al lado de la epístola, hay un Niño Jesús, vaciado en plomo del siglo XVII, popularmente conocido como «El Porterito». En el primer pilar de la nave central, en el lado del evangelio está la talla policromada de Santa Margarita María de Alacoque, obra de principios del siglo XX. En la sacristía se encuen­tra el Cristo del Perdón, un Crucificado de talla en madera policromada sobre cruz arbórea, de hacia 1500, donado por las Religiosas del Hos­pital de Arcos de la Frontera (Cádiz). La imagen­cita de San Pedro, del antiguo facistol del coro, de la segunda mitad del Quinientos, se conserva en el despacho parroquial. No puede dejar de incluirse entre las obras de arte de este templo el magnífico confesionario, tallado en madera, del último cuarto del siglo XVIII, en estilo rococó y ornamentado con las rocallas y motivos propios del mismo.
     La orfebrería de esta iglesia tiene algunas piezas notables de la platería del Seiscientos, como un copón, o una insignia de la antigua Hermandad de la Virgen de los Reyes, en forma circular y abombada. Del siglo XVIII es el sagrario para la reserva del Jueves Santo, de plata dorada y blanca, labrado en Puebla de los Ángeles, Mé­jico. Tiene forma cúbica, rematada por cúpula gallonada, en franjas alternas, unas lisas y otras decoradas con hojas de acanto. Se corona con la figura de la fe. En las cuatro esquinas aparecen cuatro angelitos turiferarios. Cada lado del prisma inscribe en su interior un arco de medio punto. La puerta ostenta el Cordero Místico. En el lado izquierdo está San Antonio de Padua, que hace referencia al nombre de uno de los donantes de la pieza. La parte posterior la ocupa Santa Rosalía de Palermo. Por último, el lado contiguo lo centra San José. La ornamentación del conjunto se resuelve a base de una profusa decoración vegetal partiendo de racimos de uvas y flores.
     De la primera mitad del Setecientos es también el ostensorio de plata dorada, con sol de rayos flamígeros y lisos alternantes, y decoración de ovas, cabezas de ángeles alados, espigas, hojas de acanto y cordón, flores de seis pétalos, conchas y motivos vegetales de acusado relieve. Y del XVIII es también la diadema de plata repujada, en forma de media luna, de San Sebastián, que luce en la imagen de San José.
      Más abundante es la orfebrería decimonónica: Un cáliz, con decoración de hilera de perlas, tanto en el pie como en el astil y subcopa. Se pueden observar las marcas de N08DO, Flores y González. Un cáliz de plata con partes doradas, decora­do con contarios de bolas, guirnaldas de lienzos y flores, así como con haces de líneas cruzadas por cintas en aspas. Otro cáliz argénteo, decorado con hojas de acanto, y con cintas en aspas con flores cuadrifolias en sus rombos. Un cáliz, recompuesto después de 1936, está formado por piezas del siglo XIX y otras de ejecución poste­rior. Fue donado por D. Antonio Calderón a San Pedro, en Huelva en 1936. Un copón de plata dorada, restaurado tras los sucesos de 1936, con angelitos, hojas de acanto, rocallas y contarios de bolas.
     De gran similitud estilística es una naveta de plata, con punzón de Garzón,  con los símbolos de la tiara y las llaves de San Pedro. Tam­bién con marca de Garzón hay un ostensorio de plata, de 1874, con el símbolo parlante del titular del templo, y con una inscripción: «Es de la parroquia del Señor San Pedro de Huelba. Año de 1874». De principios del siglo XIX es un incensario de plata y metal plateado, con base octogonal, decorado con rocallas y ces, motivos vegetales, etc.
     Hay unas crismeras de plata, de forma clásica del neobarroco sevillano, con una leyenda que dice: «Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol. Huelva 1949». Y un incensario de metal plateado, al gusto neobarroco de los orfebres hispalenses, perteneciente a la Hermandad Sacramental. Del Novecientos también es un copón de plata, con las formas clásicas del neobarroco. Tiene un punzón ilegible en un caso y en otro puede ser Fernández. Una naveta, de metal plateado, siguiendo las formas tradicionales, es de la Hermandad Sacramental y realizada en la década de los setenta (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La Iglesia Parroquial de San Pedro de Huelva se encuentra exenta, emplazada sobre una plataforma elevada que contribuye a destacar su situación.
     Responde a la tipología característica del templo mudéjar sevillano. Construido en ladrillo, consta de tres naves, la central de mayor altura y anchura que las laterales, que se separan por arcos apuntados doblados que apoyan en pilares de planta rectangular con pilastras adosadas. La nave central remata en ábside poligonal siendo plana la cabecera de las laterales.
     La nave central presenta techumbre de madera en forma de artesa con tirantes, de tipo mudéjar pero datada en el siglo XVII; en las naves laterales las cubiertas son colgadizo y están realizadas modernamente tras el terremoto de 1968 con vigas de hormigón armado siguiendo el aspecto de las anteriores de madera.
     La capilla mayor, abierta a la nave central mediante arco apuntado, se cubre con bóveda sexpartita de nervadura gótica realizada en piedra. En la cabecera de las naves laterales se forman sendas capillas de planta cuadrada. La de la Epístola (capilla de la Virgen de la Cinta), ofrece bóveda de diez y seis paños, mientras que en la cabecera de la nave del Evangelio, la capilla Sacramental se cubre con bóveda ochavada sobre trompas.
     En la nave del Evangelio se abre la capilla de la Inmaculada Concepción, datada por la fecha que aparece en su reja en 1535, cubierta por bóveda ochavada sobre trompas.
     En la fachada Sur es de destacar el paño de fábrica mudéjar que presenta una serie de arcos de medio punto entrelazados.
     Dos portadas, situadas en las fachadas Norte y Sur, son actualmente los ingresos al templo. Ambas se construyeron según diseño de Antonio de Figueroa entre 1771-72 y siguen similares esquemas compositivos: Vanos con arcos de medio punto flanqueados por pilastras que se alzan sobre pedestales, coronados por frontones -partido, en el caso de la portada meridional- rematados por tres medios jarrones.
     Sobre el volumen general de la Iglesia se eleva la torre, de dos cuerpos y chapitel piramidal con decoración de azulejos blancos y azules, construida según trazas de Pedro de Silva entre 1770 y 1772.
     El templo en su planta y alzado, responde al estilo mudéjar hispalense, de los siglos XIV y XV. La Parroquia de San Pedro ha sido durante mucho tiempo, la única de la ciudad. De ella se han ido desgajando las demás. Los primeros documentos conservados, que datan de 1540, son partidas de bautismo. Si hacemos caso a Al-Himyari, quien ya en el siglo XIV hace referencia a una iglesia situada al este de la ciudad, podemos adelantar hasta esas fechas los orígenes de este edificio.
     La antigüedad de este edificio se comprueba por la constitución de él junto a la fortaleza de la ciudad. Para muchos la unión de los recintos religiosos y militar corresponden a tradiciones medievales. Más tarde cuando se construye la nueva torre de la iglesia las piedras de los torreones del castillo cercano son utilizadas como cimientos. La cabecera de la iglesia está fechada, según Angulo Iñiguez, en torno a 1500. Asimismo, podemos datar de esta época aproximadamente el arco conopial de la fachada meridional y la serie de arcos de medio punto que se entrecruzan en la misma.
     En 1583 se construye la capilla funeraria del templo en honor a la Inmaculada Concepción por Ginés Martínez.
     En el siglo XVII, el edificio comenzó sus obras de remodelación. Así en 1632 se construía la sacristía y otras dependencias parroquiales. Pero cuando las obras se hacen más profundas es en el siglo XVIII con motivo de varios desastres naturales. En 1722 un huracán derribó el campanario de San Pedro y una de las campanas cayó sobre la bóveda de la capilla mayor, siendo restaurado un año después. Más no había de durar mucho pues en 1755 caía de nuevo, siendo reparado al año siguiente. En 1758 otro huracán volvió a derribar la torre y parte de la cabecera del templo.
     En esta ocasión se pedía al Cabildo Catedral Hispalense el aprecio y remedio de los daños. En 1763, tras un terremoto, el arquitecto de la diócesis, Pedro de Silva, reconocía la iglesia. Este informaba de la necesidad de derribar el campanario existente sobre la cabecera del templo. Su solución consistía en levantar un nuevo campanario.
     Más tarde, Ambrosio de Figueroa examinaba de nuevo la iglesia, la ruina sobrevenía por carecerse de cimientos en el testero de la capilla mayor. Este propugnaba hacer un campanario con tres vanos y remate de azulejos azules. Poco después, en 1764, el campanario se mandaba ejecutar según lo expuesto por Ambrosio de Figueroa. Sin embargo, esto no acabó aquí, pues en 1770 Pedro de Silva era el que daba las condiciones definitivas para la construcción de la actual torre, que se construyó en un periodo de dos años. Las obras terminaron en 1772.
     En 1787 los maestros mayores de albañilería y carpintería, Antonio de Figueroa y Agustín Trujillo confirmaban el mal estado en que se encontraban las cubiertas pese a ser nuevas. Cuatro años después, Figueroa proyectaba rehacer la armadura, añadiendo además pilares en las naves laterales.
     En 1876 e comenzó la edificación del muro del lado sur y los porches, la obra duró con intermitencias hasta los primeros años del siglo XX. Otras reformas se llevaron a cabo en el presbiterio. Posteriormente, en el siglo XX se realizaron importantes reformas: traslado del coro, construcción de la capilla bautismal y la del Santo Entierro, así como la tribuna alta del coro.
     Después del desplome de parte de la techumbre 1903 de la Iglesia de San Francisco, sede canónica de la Hermandad del Rocío de Huelva hasta esa fecha, se ver obligada a un nuevo cambio y se traslada a la Parroquia Mayor de San Pedro. Ya en 1908, el 6 de Junio, el diario la Provincia escribe: "La vistosa y típica Hermandad del Rocío, salió antes de anoche en la forma tradicional desde la parroquia de San Pedro para hacer la visita al Santuario".
     En 1921 D. Fernando Pérez Sevillano costea el altar donde se venerará el Simpecado de la Hermandad. En inventario de 10 de octubre de 1921 se describe así: "Es de Cerámica, construido este mismo año por el Sr. D. Manuel Pérez de Tudela, de Sevilla. (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita de la Soledad
     Se conserva en la antigua calle de la Misericordia, hoy de Jesús de la Pasión. En origen se titulaba de Santiago. Estuvo bajo el patronazgo de la ilustre familia Guzmán y Quesada, caballero de la Orden de Santiago. Fue panteón de los caba­lleros santiaguistas. Contó con cátedra de Filosofía y Gramática. Y, desde 1884, funcionó como asilo. Todo ello justifica las múltiples transformaciones del edificio.
     Gracias al testamento de Diego de Guzmán y Quesada, otorgado en 1691, se sabe que el inmueble fue reedificado en 1631, permaneciendo en buen estado de conservación hasta bien entrado el siglo XVIII. Entre 1730 y 1740 se acometieron ciertas mejoras, ya que a partir de esa fecha continúa abierta al culto decentemente. Su fábrica, durante el terremoto de 1755, no sufrió ningún deterioro. Sin embargo, entre 1787 y 1794, se reconstruyó de nuevo. En esta ocasión, tal vez interviniera el arquitecto diocesano Antonio de Figueroa o José Álvarez, a juzgar por la impronta formal de la portada. Posteriormente, por exigencias del culto, en 1843 se instaló el órgano. Unos años después, durante la epidemia de cólera de 1854, la ermita se transformó en Hospital provisional. Con tal motivo, altares, imágenes y ornamentos pasaron a la parroquial de San Pedro. Luego, en 1883, se utilizó como colegio. Y al año siguiente, con objeto de am­pliar las aulas, el recinto se dividió en dos pisos. Por último, tras múltiples funciones, pasó a ser un asilo nocturno. Afortunadamente, a finales del siglo XX se restauró esta antigua ermita de Huelva, bajo la dirección técnica del arquitecto Alfonso Martínez Chacón. Por ello, la Hermandad de Ntra. Sra. de las Angustias, Santo Entierro de Cristo y Soledad de María se trasladó a su primitiva sede el 31 de enero de 1995.
     La ermita se compone de una sola nave con capilla mayor, acabada en testero plano, y sacristía. Bajo el presbiterio se conservan restos de la antigua cripta del siglo XVII.
     La fachada principal corresponde al flanco de la epístola. Su portada está coronada por la espadaña. La puerta queda adintelada por dos pilastras que soportan un escueto entablamento y un frontón triangular partido. La espadaña tiene un solo cuerpo, formado por un arco de medio punto entre pilastras, que sujetan el consabido entablamento. Este ejemplar, propio de las postrimerías del siglo XVIII, está flanqueado por cartones laterales y coronado por frontón triangular partido, en cuyo centro se alza sobre un pilarcillo una cruz de cerrajería con veleta.
     En su interior, a la izquierda de la puerta de acceso, se expone el gran Crucificado que presidía la iglesia parroquial de la Concepción de esta ciudad. Es una escultura en madera policromada, obra gubiada por Antonio León Ortega en 1968. En el flanco opuesto se cuelga el cuadro de Ánimas del Purgatorio de la citada parroquial. Se trata de un óleo sobre lienzo, firmado por Juan Padilla en 1938. A continuación está la urna con el Cristo yacente, cuya escultura conserva la cabeza de la primitiva efigie, mientras que el cuerpo lo ejecutó también León Ortega en 1943.
     En la capilla mayor preside, como antaño, la Virgen de la Soledad, imagen de candelero para vestir, obra asimismo del citado escultor ayamontino en 1944. Esta Dolorosa recibe culto en un retablo de escayola moderno, en cuya hornacina superior hay una escultura ecuestre de Santiago, modelada por David Valenciano en 1997. Y, por último, de nuevo en el costado de la epístola, se sitúa Ntra. Sra. de las Angustias con el Cristo muerto sobre su regazo. Este grupo de la Piedad, trabajado en madera, estofada y policromada, es obra de Antonio León Ortega en 1944 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de una pequeña iglesia barroca con planta rectangular de una sola nave y tres capillas laterales. Su construcción se llevó a cabo el siglo XV bajo la advocación del apóstol Santiago. Su exterior es austero por su reciente reconstrucción y por sus diversas funciones a lo largo de su historia.
     El actual edificio está conformado por una nave rectangular cuyo acceso se hace a través de unas escalinatas que da paso a la puerta de entrada formulada bajo un rebajadísimo arco delimitado por dos pilastras laterales y un frontón partido en cuyo centro se inserta una espadaña con ménsulas laterales y rematada por un frontón sin cerrar. En cuanto a la nave, se cierra en cabecera plana teniendo en su zona de presbiterio una cripta de planta cuadrada con acceso en rampa, utilizada como última morada de don Pedro de Guzmán y Quesada y familia.
     En la capilla mayor tuvo que estar revestida con un retablo donde aparecerían supuestamente las imágenes de Santiago y Nuestra Señora de la Soledad. El edificio se completa con tres capillas laterales ubicadas en el muro izquierdo de la iglesia. El sistema de iluminación de esta iglesia provenía por óculos ubicados en la zona de entrada y la propia puerta del edificio.
     La ermita de la Soledad, se encuentra en una de las zonas más históricas de Huelva, en el barrio de San Sebastián, muy cerca de la Iglesia parroquial de San Pedro. En sus inicios, la ermita debió estar dedicada al apóstol Santiago después de la conquista de los cristianos de la ciudad. Es lógico que así fuera ya que durante de la conquista (siglo XIII) de Alfonso X el Sabio, la orden de Santiago tuvo un papel protagonista.
     Difícil también es de precisar su fundación y todo alrededor de ella son conjeturas. Realmente la ermita que hoy está abierta al culto y acoge a la hermandad del Santo Entierro data del siglo XVIII ya que en las crónicas de la ciudad de Huelva después del terremoto de Lisboa de 1755 se hablaba de las escasas alteraciones sufridas en la ermita. Podemos hablar entonces de la existencia de dos posibles edificios diferentes en tiempo y en estilos.
     A lo largo de los siglos, la ermita de la soledad tuvo distintos usos. Desde el siglo XVII fue sede de la Cátedra de Latinidad y Gramática, creada por don Diego de Guzmán y Quesada. En 1854, el edificio pasó a ser hospital. Más tarde, hacia 1869, el edificio pasó a ser propiedad del ayuntamiento, a partir de lo cual, sufrió un abandono hasta que en 1880 se crearon unas escuelas cristianas, cuyas obras abarcaron desde ese mismo año hasta 1885. Años más tarde el uso de la ermita pasaría de ser academia y lugar de ensayo de la banda municipal a albergue de transeúntes, hasta los comienzos de la década de los 80, que recuperado por el obispado de Huelva se llegó a la conclusión de demolerlo en su totalidad por el estado de abandono en que se encontraba, propuesta que fue criticada por el pueblo, gracias a lo cual se conservó lo que sin lugar a duda es ser uno de los templos más antiguos de la ciudad.
     La rehabilitación se inició en 1992 hoy es sede de la Hermandad del Santo Entierro, quien en este edificio aloja sus tallas procesionales entre las que destacan el Cristo Yacente, cuya cabeza es anterior a 1936, la Virgen de las Angustias (1958) y la Virgen de la Soledad (1944), tallas del escultor León Ortega (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús
     El 30 de junio de 1923, el cardenal arzobispo de Sevilla, Eustaquio Ilundain y Esteban, creaba una nueva parroquia en la ciudad de Huelva, por la lejanía del barrio del Polvorín respecto de las dos parroquias existentes hasta entonces en la capital onubense. Al erigir la nueva feligresía ordena que los cultos se tengan en la capilla de las Teresianas. El 6 de julio de 1928, dicho prelado bendijo la primera piedra del nuevo tem­plo parroquial, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. La nueva iglesia se construyó en terrenos cedidos por Enrique Díaz y su esposa, Concep­ción Rodríguez Garzón. Para su construcción la archidiócesis hispalense contó con el legado del Sr. Recur. Los planos de la misma fueron encargados al arquitecto Vicente Traver. La ejecución de la obra fue por parte de la Sociedad Anónima de Construcciones de Sevilla. La bendición solemne de la nueva parroquia la hizo el cardenal Ilundain el 22 de diciembre de 1929.
     La fachada, trabajada en ladrillo limpio, pre­senta un desarrollo marcadamente vertical. La puerta, adintelada, exhibe en el tímpano de me­dio punto una cerámica polícroma, con el tema de la Epifanía. Dicha puerta queda enmarcada por pilastras dóricas toscanas y traspilastras, que reciben un escueto entablamento y se corona con un frontón curvo, en cuyo interior campea el es­cudo del cardenal fundador, Eustaquio Ilundain y Esteban. Más arriba se abre un óculo con vidriera policromada, en cuyo centro aparece el Divino Corazón. En los laterales se disponen sendas cartelas con los emblemas de JHS y de María. Este imafronte se remata con un peque­ño ático, provisto de frontón triangular con tres pináculos y recortados cartones laterales. En su interior hay una hornacina que exhibe una cerámica con el Sagrado Corazón. En la fachada hay dos retablos cerámicos de Mensaque Rodríguez, de la Virgen de la Victoria y el Cristo de la Humildad.
     A la izquierda se alza la torre parroquial, com­puesta por una sencilla caña de sección cuadrangular sobre la que se dispone el campanario, integrado por tres cuerpos superpuestos y decrecientes. El conjunto se remata con cuatro bolas de cerámica polícroma y una cruz de cerrajería. En el lateral opuesto se ubica la capilla bautismal, cubierta con teja y redoblón, cuya bóveda semiesférica está recubierta de azulejería  azul y en su centro hay una cruz de cerrajería.
     La iglesia, de una sola nave abovedada, presenta siete arcos fajones que apean sobre pilastras. Sobre la única puerta de acceso al templo se halla el coro alto. En el flanco del evangelio se sitúa la capilla sacramental, de planta cuadrada y bóveda de arista. Está presidida por un retablo dedicado al titular del templo, procedente de una iglesia de Osuna, de la primera mitad del siglo XVIII, compuesto de mesa de altar, banco, un sólo cuerpo con tres calles separadas por estípites y un ático semicircular. En él reciben culto dos imágenes de vestir: Santo Domingo de Guz­mán, de principios del siglo XX, y la Virgen del Rosario, del siglo XVIII. En los paramentos laterales de la capilla hay dos hornacinas, en las que se veneran los titulares de la Hermandad Sacramental de la Santa Cena. La Virgen del Rosario, dolorosa de candelero para vestir, obra de Antonio León Ortega en 1955. Y el Cristo del Amor, realizado por el mismo escultor en 1949. La bóveda de la capilla está ornamentada con pinturas murales, de Francisco Llonis Santiago en 1998.
     La capilla mayor está presidida por un Crucificado, talla en madera mayor que el natural de José Lemus García, de 1967. En el medio pun­to de su arco queda inscrita una representación del Corazón de Jesús adorado por ángeles, obra también del mismo escultor, decorada en 1998 por Francisco Llonis.
     Ya en el lado de la epístola nos encontramos con la capilla de la Hermandad de la Victoria, de idéntica morfología y dimensiones que la sa­cramental, frontera a ésta. La preside un retablo compuesto de mesa de altar de mármol, sobre la que se levanta un retablo-hornacina, flanqueado por dos columnas corintias con el tercio in­ferior tallado y el resto del fuste acanalado, que soportan un frontispicio, sobre el que campea un triángulo resplandeciente, alusivo a la Trinidad, y con el Espíritu Santo en forma de paloma. Este retablo fue tallado por Miguel Hierro hacia 1957. En su centro se venera la imagen de candelero para vestir de la Virgen de la Victoria, obra de Luis Álvarez Duarte en 1968. En la hornacina del paramento lateral derecho está el Cristo de la Humildad, gubiado por Antonio León Ortega en 1943. En la hornacina frontera se sitúa San Juan Evangelista, imagen de vestir de Álvarez Duarte en 1968.
     A los pies del templo, siguiendo el lado de la epístola, está el baptisterio, convertido hoy en capilla de la Hermandad de las Tres Caídas. Queda presidida por el Cristo del Perdón, crucificado tallado en madera policromada por León Ortega en el año 1948. A su derecha está el Cristo de las Tres Caídas, imagen de vestir del mismo escultor. Y, a la izquierda, la imagen de candelero para vestir de la Virgen del Amor, también del susodicho autor realizada en 1949. Del citado escultor ayamontino es igualmente una reproducción de la Virgen de Montemayor Patrona de Moguer, imangecita de candelero para vestir de 1956 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Barrio Reina Victoria
     El barrio Reina Victoria, llamado popularmen­te Barrio Obrero es una construcción de 1916, ideada para vivienda de los obreros de la Com­pañía minera de Riotinto, cuyo proyecto se debe a los arquitectos Pérez Carasa y Aguado. Es una barriada tipo ciudad-jardín con un paseo de circunvalación. Tiene nueve calles paralelas y dos ortogonales. Aunque se pretendió levantar una barriada al estilo inglés, no se consiguió esto más que en los exteriores. El arquitecto R. H. Morgan, que hizo la portada principal, proyectó en­tre 1918 y 1920, otro grupo de viviendas, que le dan la configuración actual, con las intervenciones de los arquitectos citados entre 1923 y 1929 (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Actualmente, el Barrio Obrero Reina Victoria de Huelva ocupa una superficie aproximada de 8,25 hectáreas y cuenta con 274 viviendas distribuidas en 88 edificios, en las que reside una población que no sobrepasa el millar de personas.
     Rodeado por la ciudad y delimitado por un murete que recorre su perímetro, el conjunto se alza sobre una plataforma de hasta diez metros por encima de las calles que lo rodean. El trazado general responde al de una ciudad-jardín, con un paseo de circunvalación, nueve calles paralelas con las que se cruzan otras dos y diversas plazoletas elípticas y ajardinadas en las intersecciones.
     El trazado general responde al de una ciudad-jardín, con un paseo de circunvalación, nueve calles paralelas con las que se cruzan otras dos y diversas plazoletas elípticas y ajardinadas en las intersecciones.
     Esta singular zona residencial, que hoy constituye una de las principales referencias históricas de la ciudad, comenzó a construirse en el Cerro de San Cristóbal en 1916 con el objetivo de facilitar viviendas a los trabajadores de la Riotinto Company Limited, sociedad británica que explotaba las minas de Riotinto desde 1873.
     La empresa encargó a los arquitectos municipales José María Pérez Carasa y Gonzalo Aguado una primera fase de 71 edificios iguales e independientes con planta en forma de T, de una sola altura y formado por tres viviendas cada uno. Las casas, que recogen algunos de los rasgos característicos de la arquitectura inglesa, presentan cubiertas a dos aguas con teja plana y chimenea y fachadas enfoscadas, encaladas y con detalles decorativos de ladrillo visto. Esta primera fase concluyó en 1919, con algunas modificaciones del arquitecto británico R. H. Morgan respecto al proyecto inicial.
     Entre 1923 y 1929 se construyen otros 16 bloques, proyectados tanto por Aguado y Pérez Carasa como por Morgan. Este último imprime su sello personal al introducir, entre otros elementos, la doble altura, las buhardillas y las marquesinas con cubiertas de madera.
      Esta singular zona residencial, que hoy constituye una de las principales referencias históricas de la ciudad, comenzó a construirse en el Cerro de San Cristóbal en 1916 con el objetivo de facilitar viviendas a los trabajadores de la Riotinto Company Limited, sociedad británica que explotaba las minas de Riotinto desde 1873 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Gran Teatro; Iglesia de San Pedro; Ermita de la Soledad; Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús; y Barrio Reina Victoria) de la localidad de Huelva (IV), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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