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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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miércoles, 14 de agosto de 2024

Los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Arco de la Pasa, Centro de Interpretación Galería del Bandolero, Fuente del Cuerno, Hotel-Restaurante Posada del Bandolero, y Cementerio de El Borge) de la localidad de El Borge, en la provincia de Málaga

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Arco de la Pasa, Centro de Interpretación Galería del Bandolero, Fuente del Cuerno, Hotel-Restaurante Posada del Bandolero, y Cementerio de El Borge) de la localidad de El Borge, en la provincia de Málaga.
Datos geográficos
     Comarca de la Axarquía Costa del Sol
     Superficie: 24 km2
     Altitud: 237 m
     Latitud: 36º 49'  -  Longitud: -4º 14'
     Distancia a Málaga capital: 36'8 km
Datos demográficos
     Población: 925
     Gentilicio: Borgeños
Ayuntamiento
     Plaza de la Constitución, 1, 29718
     952512033 - 952512222     www.elborge.es
     Rodeado de viñedos y de tradicionales casas de labor, El Borge es la capital indiscutible de la pasa. El municipio se extiende por el territorio fronterizo entre la comarca de la Axarquía y los Montes de Málaga, ofreciendo un paisaje rural que el tiempo no ha sido capaz de alterar.
     En este pueblo de origen árabe predomina el blanco de sus casas en contraposición con el colorido de las flores que adornan ventanas y balcones. El Borge, además, es un punto de referencia para conocer el fenómeno del bandolerismo andaluz.
     En El Borge no puedes perderte sus monumentos:
     El Borge posee uno de los edificios religiosos más originales de la Axarquía: la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Construida en el siglo XVI, es una combinación de los estilos gótico tardío y renacentista con elementos mudéjares y barrocos. Del templo, declarado Monumento del Patrimonio Histórico Andaluz, destacan sus camarines del siglo XVIII, su armadura de madera y su torre con tejado de cerámica vidriada.
     Caminando por la villa te toparás con la Fuente del Cuerno, de origen árabe, y con la Fuente de la Vendimia, cuyas aguas provienen del manantial de la Fuensanta. Esta última, situada en las proximidades de un típico lagar, está decorada con la escultura de un vendimiador.
     En la entrada del pueblo se alza el Arco de la Pasa, con el que se rinde homenaje al producto más típico de El Borge. El monumento incluye dos murales dedicados al célebre teólogo Martín Vázquez Ciruela y al médico y botánico árabe Ibn-Baitar.
     El Barrio del Rinconcillo es otro lugar de obligado paso por las peculiaridades de su trazado urbano. Es aquí donde mejor se puede apreciar cómo la arquitectura popular adopta eficaces soluciones para salvar las irregularidades del terreno montañoso de El Borge. A las empinadas calles, algunas con escaleras, se asoman sus casas encaladas y adornadas con geranios y gitanillas.
     En este pueblo de la Axarquía nació uno de los forajidos más famosos del siglo XIX, "El Bizco de El Borge", cuya casa es hoy un hotel-museo. Además de exhibir una curiosa colección de objetos relacionados con el bandolerismo andaluz, la Posada del Bandolero cuenta con un restaurante donde se pueden degustar platos típicos de la gastronomía autóctona de la comarca (Diputación Provincial de Málaga).
      Enmarcado entre dos montes que ocupan el valle del río El Borge, y la falda del cerro Egido, próximo al monte Pitar, se yergue esta población, espacio fronterizo entre los Montes de Málaga y la Axarquía, en un paisaje de lomas dominadas por la viña y el olivar. El río Barriocara, parcialmente embovedado, atraviesa esta población. El término Al Borg delata su pasado árabe, palabra que derivó al término Borxe, y posteriormente Borge, añadiéndosele el artículo en 1961. Su historia, aún por descubrir, la vincula estrechamente con el señorío que el walí de Comares detentó a partir de los reinos de Taifas. Foco activo en la sublevación morisca, motivó que el Corregidor de Vélez, D. Álvaro de Zuazo, enviase una guarnición para sofocar el levantamiento.
     En el siglo XIX, nació en esta localidad el famoso bandolero Luis Muñoz García, apodado el Bizco de El Borge (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La carretera desciende hacia El Borg entre un laberinto de cumbres, de taludes y de ribazos. Las viñas ahora llegan hasta la orilla misma del camino, en laderas inverosímiles. Programando la visita en la época del año apropiada, el paisaje es una profusión de manchas verdes perfectamente alineadas sobre un fondo ondulado del color del carbón. El Borge se arracima en una hondonada a media ladera. La población tiene sólo 1.071 habitantes, sin embargo, resulta difícil no extraviarse en el laberíntico subir y bajar en que consiste su trazado, aún así es precioso. El barrio de El Rinconcillo, con sus callejuelas escalonadas, cautiva al visitante, lo mismo que la plaza de la Constitución, con su balconada a modo de mirador, sus bancos y sus ficus. Aquí está el Ayuntamiento y, alzada hacia lo alto, la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, con su espléndida torre de ladrillo visto que, desde la plaza, parece subir hasta el cielo. El Borge es la Capital de la Pasa (Rafael Arjona. Guía Total, Málaga. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005)

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario
     Instituida en 1505 y confirmada en 1510, por bula de Julio II, es el hito arquitectónico por excelencia de la localidad, ubicada en el centro de la villa, junto al ayuntamiento.
     Es un magnífico templo gótico renacentista de tres naves, separadas por pilares cruciformes que sostienen arquerías góticas dobles, similares a las de la iglesia de Comares. La nave central se cierra con armadura mudéjar del siglo XVI, reforzada con seis tirantes dobles de lazo. El arco toral adopta forma de herradura, hasta casi independizarse del resto de la iglesia, cubriéndo­se la capilla mayor con armadura octogonal con lazo de a diez. A los pies de la nave se ubica el coro, con balaustrada de madera torneada, y el sotocoro se cierra con bóvedas de arista, obra de 1784. En el interior destacan dos camarines de planta octogonal, uno en la cabecera, con hornacinas y cubierto con bóveda de ocho paños sin decoración y el otro en la nave del Evangelio, de menores dimensiones.
     La portada del hastial es un notable ejemplo del gótico mudéjar, con pilastras cajeadas en­ marcando arco carpanel, que sustentan entablamento, cornisa y resto de modillones alternados con azulejos, mostrando la secuencia clásica de metopa y triglifo. Las enjutas presentan un deli­cado trabajo de cerámica, con motivos ajedreza­dos en blanco y negro. La torre es de planta cua­drada y dos cuerpos, separados por sencilla línea de imposta, con arcos de medio punto en todos sus frentes. Destaca del exterior, el camarín de la cabecera, un camarín-torre que se proyecta con determinación, superando la altura de la torre, estructurando sus cuerpos con la característica combinación de ladrillo y amplios cajeados rehundidos, placas recortadas de gran belleza en el entablamento, que permiten una excelente distribución de ese volumen, y un apuntado chapitel de cerámica vidriada.   
     La parroquia posee bienes muebles de época contemporánea, de calidad artística desigual, aunque fuertemente cohesionados a nivel devocional (Rosario Camacho Martínez [dirección], Aurora Arjones Fernández, Eduardo Asenjo Rubio, Francisco J. García Gómez, Juan Mª Montijano García, Sergio Ramírez González, Francisco José Rodríguez Marín, Belén Ruiz Garrido, Juan Antonio Sánchez López, y María Sánchez Luque. Guía artística de Málaga y su provincia. Tomo II. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).  
     La iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en El Borge (Málaga), presenta una planta de tres naves con cabecera plana, proyectada hacia el exterior como un cuerpo macizo rectangular, elevado sobre un basamento que resuelve el desnivel del terreno, al cual se adosan varios volúmenes verticales que corresponden a la torre-campanario, el camarín mayor o torre-camarín adosado a la cabecera, y un segundo camarín más pequeño, adosado a la nave del Evangelio.
     La torre campanario consta de dos cuerpos separados por una sencilla línea de impostas de ladrillo. En el cuerpo superior, a diferencia del inferior que se presenta totalmente desornamentado, se abren dos vanos con arcos de medio punto en los laterales noreste y sureste, donde se ubican las campanas. En la fachada norte, abierta hacia la plaza de la Constitución, se encuentra el reloj, de esfera circular. La torre presenta una cubierta a cuatro aguas con teja árabe y alero terminado en diente de sierra.
     El camarín mayor o torre-camarín, elevado sobre un basamento cuadrado con los paramentos cajeados, se resuelve como un destacado volumen de dos pisos prácticamente independiente. El primer cuerpo presenta los paramentos cajeados con placas triangulares bajo un entablamento con ondulaciones sobre el que apoyan pináculos de cerámica. El segundo cuerpo presenta en cada uno de sus lados un óculo central flanqueado por pilastras dóricas y placas geométricas recortadas en el entablamento. Sobre la cornisa, el camarín se remata con un chapitel octogonal en forma de pirámide, cubierto con cerámica vidriada con alicatados rectangulares de colores negro y blanco, formando dibujo en zig-zag, y en torno al cual se disponen bolas cruzadas.
     El segundo camarín, más pequeño, presenta un primer cuerpo cuadrado, en el que se abre un hueco coronado por una cornisa de líneas mixtilíneas y quebradas, y sobre el cual se alza el segundo cuerpo, de planta octogonal y rematado por una amplia cornisa desde donde arranca un chapitel de ocho paños cubierto por teja árabe. Entre el camarín y la iglesia se abre, a nivel de la calle, un paso abovedado a modo de atrio, que conforma el espacio previo a la portada occidental de la iglesia.
     El acceso al templo se realiza a través de dos entradas, la principal abierta a los pies y una secundaria, abierta en el lateral de la nave del Evangelio. La entrada principal, antecedida por un atrio elevado sobre el nivel de la calle, al que se accede a través de una empinada escalinata adosada tangencialmente a la fachada, es la principal aportación en estilo renacentista que se conserva en el inmueble. Ésta se compone por un arco carpanel flanqueado por pilastras jónicas cajeadas, interrumpidas por una imposta resaltada con tacos y casetones, que sostienen un entablamento con cornisa decorada con azulejos alternados con restos de modillones de ladrillo. Las enjutas del arco presentan un panel de azulejos ajedrezados de colores azul y blanco. Siguiendo el eje de la portada se abre un óculo que ilumina el coro alto. La entrada lateral o secundaria se resuelve con una puerta de madera bajo un arco de medio punto sin ornamentar.
     El interior del templo se resuelve en tres naves longitudinales separadas por pilares cruciformes, que presentan una pequeña muesca en las esquinas, y sobre los que descansan arquerías góticas dobles que recuerdan a la vecina iglesia de Comares. En la nave central, más alta y ancha que las laterales, destaca la armadura mudéjar del siglo XVI, realizada mediante lazos de cuatro a partir de estrellas y crucetas que surgen de los bordes de los faldones, y con las tablas decoradas con menados y estrellas recortadas. Seis tirantes dobles decorados con lazos, apoyados sobre canes de perfil en S, refuerzan la armadura. En las naves laterales, cubiertas por simples armaduras de madera de colgadizo, se abren hornacinas para albergar imágenes, entre las que cabe mencionar la que se abre en el centro de la nave de Evangelio: un hueco tripartito formado por arco de medio punto sobre columnas corintias, alzadas sobre ménsulas con aspecto de placas recortadas, y con la clave del arco central decorada con una rocalla barroca.
     El presbiterio, de planta cuadrada y separado de la nave central por un arco toral casi de herradura, está cubierto por una interesantísima armadura octogonal de estilo mudéjar, obra del siglo XVI, decorada con lazos de diez y cinco estrellas en el centro de los faldones, rematada en el centro del almizate por una piña de mocárabes. En los lazos se incluyen las limas mohamares que cubren los enlaces entre los faldones. El original retablo de madera fue destruido durante la Guerra Civil, por lo que en la actualidad no se conservan elementos ornamentales de gran valor. A la derecha del presbiterio se encuentra la sacristía, a través de la cual se accede a la torre- campanario, de planta cuadrada sensiblemente girada respecto a la iglesia.
     A los pies de la nave central se sitúa el coro alto, con balaustrada alta de madera; bajo éste, y abarcando la anchura de las tres naves del templo, se ubica el sotocoro, cubierto por bóvedas de arista que apoyan sobre arcos fajones que descansan a su vez en placas recortadas.
     A través de un hueco abierto a los pies de la iglesia, en la nave de la Epístola se tiene acceso al baptisterio, una pequeña sala de planta triangular, iluminada por una ventana abierta en la fachada suroriental, en cuyo interior se encuentra la pila bautismal.
     En la cabecera y nave del Evangelio respectivamente se ubican los dos camarines de la iglesia de El Borge. Ambos, de planta octogonal, constituyen la principal aportación barroca del siglo XVIII al templo. El camarín mayor presenta hornacinas en el interior y bóveda de ocho paños sin decorar; en la planta baja se encuentra la cripta, un pequeño recinto en cuyas paredes se alinean varios niveles de nichos realizados en ladrillo. El segundo camarín, de dimensiones más reducidas, presenta el mismo esquema compositivo que el anterior: un primer cuerpo cuadrado sobre el que se eleva un segundo cuerpo octogonal. 
     El municipio malagueño de El Borge, cuyos orígenes se remontan a la época musulmana, pasó a manos de los castellanos en el año 1487. En 1505 el arzobispo de Sevilla don Diego de Deza, a instancias de la Reina Isabel La Católica, fundó la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, cuya construcción fue confirmada por bula del papa Julio II en 1510, quedando desde entonces adscrita a la vicaría de Málaga.
     La iglesia se levanta en estilo gótico mudéjar, en alternancia y consonancia con posteriores añadidos de estilo renacentista y barroco, siguiendo el modelo de otros templos de la axarquía malagueña como es el caso de la iglesia de la Encarnación de Comares. El edificio, que ha quedado inmerso en el centro urbano del municipio junto a la plaza de la Constitución, presenta un potente volumen que destaca sobre el conjunto del caserío, convirtiéndose en un importante y reconocido hito visual y paisajístico.
     El reconocimiento de estos valores históricos, arquitectónicos, estilísticos y culturales en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en El Borge (Málaga), la hacen merecedora de ser incluida en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de Monumento (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     Edificio erigido el 25 de mayo de 1505 por el arzobispo de Sevilla Don Diego de Deza y construida por los Reyes Católicos sobre los cimientos de la antigua mezquita.
     Su estilo arquitectónico es uno de los más llamativos de la zona de la Axarquía, ya que sus diseñadores plasmaron un original punto de vista de los estilos gótico y renacentista. En el interior distinguimos tres naves separadas por arcos apuntados que descansan sobre pilares cruciformes. Las naves están cubiertas con armaduras de madera de estilo mudéjar, mientras que los camarines de planta octogonal tienen artesonado de estilo barroco.
     Del mismo estilo es la torre del exterior que se levanta sobre planta cuadrada con remate octogonal y tejado de cerámica vidriada. Los azulejos de la entrada principal son de estilo renacentista y están rematados con un arco de carpanel. En la plaza, en el costado de la iglesia, podemos ver una fuente decorada con azulejos que representan a la Virgen de Lourdes (Diputación Provincial de Málaga).

Arco de la Pasa

     Situado justo a la entrada del pueblo, este arco es de reciente construcción y retiene elementos de la arquitectura tradicional con dos murales en homenaje a personalidades de estas tierras: Ibn - baitar (médico y botánico) y Martín Vázquez Ciruela (canónigo y teólogo)... (Diputación Provincial de Málaga).

Centro de Interpretación Galería del Bandolero
     Acabas de entrar en el único Centro de Interpretación de España que se centra en la figura del bandolero y su mundo real e imaginario. El Borge recoge así el testigo dejado por el cierre del Museo de Ronda en el 2020, haciéndose cargo de esta colección, que narra un capítulo importante de la historia de Andalucía y que cobra sentido en este municipio axárquico, donde nació uno de los bandoleros más conocidos de su tiempo, Luis Muñoz García 'el Bizco Arboge'. 
     La temática del bandolerismo se ha convertido en leyenda, interpretada por miradas que han oscilado desde el contrabandista, el ladrón, el asesino o el salteador de caminos hasta el mito del buen ladrón, el galán, el guerrillero y el hombre valiente por excelencia.    
     Miradas que han proyectado lecturas sombrías, novelas románticas, galanes de moda, cuentos populares, un rico folklore, visiones cinematográficas, y multitud de testimonios entre lo histórico y lo legendario. 
     El recinto no es un homenaje a estos personajes que poblaron las serranías andaluzas, sino un intento de recuperar la historia de unos siglos que habían quedado en el olvido.   
     Bandoleros y contrabandistas, viajeros románticos y Guardia Civil, historias muy ligadas entre sí, dentro del pasado romántico de Andalucía y de toda España, entre los siglos XVIII y XIX.
     El bandolerismo como fenómeno, no se puede reducir a una determinada época histórica, ni ubicarlo en ciertas zonas geográficas, muy al contrario y por norma general va ligado al comienzo de la humanidad y en particular a la opresión y al descontento social. En España el hecho del pillaje, del hurto y de la rebelión ya es constatable en la época Romana, donde Viriato era calificado como capitán de bandoleros, que tras su muerte fue apellidado como “bandido”. De él continuamos con los almogavares, siempre habitantes de las fronteras y buscando el sustento de sus personas en sus enemigos o los monfies, moriscos salteadores, atacantes de los habitantes de las llanuras. En ocasiones los bandoleros, llegaron a desafiar a ciudades enteras, como Diego Ordoñez que retó a Zamora y otros como Guinarte, Cadrell y el de Miñon se atrevieron contra Barcelona, Lérida o Gerona ( siglo XVI ).
     Coincidiendo con el nacimiento de la novela picaresca, el bandolero se transforma en pícaro, con la habilidad mental y física que le caracteriza.
     Ya de esta época se nos traslada a la concepción más clásica del bandolero, en ocasiones cruel y violento y en otras luchador y activo por las causas mas desfavorecidas.
     El rasgo característico del bandolerismo, aquel en el cual se sintetiza todo lo que impone temor y causa alarma, es la complicidad de las clases elevadas y de las personas que ocupan posición o anarquía social, cuando la corrupción llega a este extremo, ningún resorte social es positivo.
     Pero va a ser el reparto de tierras y las imposiciones que esto conlleva, junto con el empobrecimiento de la población mas acentuada por la invasión francesa, la que de pie al florecimiento del fenómeno durante el siglo XVIII.
     Se puede definir el espíritu de los bandoleros como generoso y caritativo del que con frecuencia hicieron gala para con los mas necesitados. Roban sin piedad a unos para, a veces, ceder generosamente a otros el producto de lo robado. Realizan un acto vil y a continuación son capaces de un insólito rasgo de nobleza. Matan con saña y a poco protegen la vida de quién, desvalido, a ellos se confían. Viven enfrentados a la ley y a mucho de sus actos les anima un alto estilo de justicia.
     Desde el punto de vista militar, los bandoleros no tuvieron estrategias prefijadas, ni acaudillaron a grandes cuadrillas, pero sus acciones fueron efectivas.
     Encontramos bandoleros toreros, cantaores de flamenco y en sus comienzos contrabandistas, por la especial configuración que Ronda les proporcionó. A través de la historia y en los siglos XVIII, XIX, nacieron los bandoleros más conocidos y aún recordados por el pueblo andaluz.
     Podíamos nombrar a: Diego Corrientes, José Ulloa “ el Tragabuches “, José María Hinojosa “ el Tempranillo “, Joaquín Camargo “ el Vivillo “, Francisco Ríos “ el Pernales “, “ el Bizco de El Borge “ y muchos más, finalizando el 18 de Marzo de 1934 con la muerte del ultimo bandolero que fue Juan José Mingolla " Pasos Largos (Diputación Provincial de Málaga).

Fuente del Cuerno

      Fuente urbana de origen árabe, ubicada en la calle del mismo nombre, cuyo nombre procede de un cuerno de cabra que adornaba la construcción. Actualmente la fuente, que presenta un aspecto muy cuidado, consta de una pequeña arca, erigida con mampuestos e hiladas de ladrillos y cubierta por un techo de bóveda de medio cañón; a escasa distancia, adosado a la pared de un edificio de viviendas, hay un pilar que recoge el agua extraída de la fuente con una bomba de mano. Según se cuenta el manantial es muy caudaloso y ha sido bastante utilizado por los vecinos en los períodos de sequía en los que existían restricciones en el suministro de agua (Diputación Provincial de Málaga).

Hotel-Restaurante Posada del Bandolero
     Este pueblo ha sabido recuperar su memoria histórica, en este caso la historia del bandolerismo en la zona, con la creación de un interesante Museo, actualmente transformado en hotel, donde se recuerda con más profusión la figura del que fuera el más afamado y sanguinario bandolero, conocido como El Bizco de El Borge. Este fue uno de los bandoleros más famosos de Málaga. Nació el 2 de septiembre de 1837 y murió en Lucena en un enfrentamiento con la Guardia Civil el 21 de mayo de 1889. Los estudiosos lo definen como sanguinario, perverso y traicionero. Alfarnate fue el escenario de su primer crimen conocido, al quitarle la vida a un galán apodado "el Chirrina", porque éste delató a "El Bizco" en un golpe que iba a dar. Estuvo casado dos veces, aunque ninguna de las dos uniones resultaron positivas por la azarosa vida del bandolero (Diputación Provincial de Málaga).

Cementerio de El Borge
     Situado al oeste del pueblo, junto a un parque infantil de reciente creación, ocupa un espolón natural entre dos barrancos. 
     De planta irregular, sensiblemente alargada, adaptándose a la topografía del terreno, cuenta con una primera zona, más antigua, donde los conjuntos de bóvedas trasdosadas organizan el espacio interior, dejando una zona para panteones a la izquierda de la entrada y un paseo arbolado (cuatro cipreses y una palmera) hasta la Capilla. Detrás de ésta se encuentra un área de enterramientos recientes y una ampliación en curso. El cerramiento es variado, el más antiguo adopta distintos taludes y recrecidos. Los drenajes, intencionados y espontáneos, irrigan verdines que dan un aspecto muy singular a algunos paños de la parte umbría. Los tramos recientes son rectos y enjabelgados también. 
     Se accede por una explanada muy pendiente, en cemento ruleteado con acanalados antideslizantes, sin arbolado ni mobiliario urbano. La portada es simple, con cancela metálica en vano adintelado con cornisamento sencillo y peineta curvilínea. Es de resaltar el interés paisajístico, como réplica contrastada de la ciudad, y el conjunto de bóvedas trasdosadas espontáneas, uno de los más interesantes entre los numerosos de la comarca. 
     En buena parte anónimas, estas sepulturas se componen por conjuntos. En algunos casos no se contempla la posibilidad de exhumaciones, o nuevas inhumaciones, ya que la accesibilidad queda prácticamente impedida por las sucesivas adiciones. La plástica resultante es riquísima. Dos pabellones más destacados, aunque no de especial interés, son los de Alarcón, 1921 y Martín, 1927. Las sepulturas más antiguas son de Ortega, 1919; Barea Gómez, 1925; Barea Arias, 1939 y Moreno, 1939 (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Málaga, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Arco de la Pasa, Centro de Interpretación Galería del Bandolero, Fuente del Cuerno, Hotel-Restaurante Posada del Bandolero, y Cementerio de El Borge) de la localidad de El Borge, en la provincia de Málaga. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia malagueña.

Más sobre la provincia de Málaga, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 24 de mayo de 2024

Un paseo por la calle Cardenal Cervantes

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la calle Cardenal Cervantes, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 24 de mayo, es el aniversario (24 de mayo de 1426) del nombramiento del Cardenal Cervantes, como purpurado de la iglesia española, de ahí que hoy sea el mejor día para Explicarte la calle Cardenal Cervantes, de Sevilla. dando un paseo por ella.
     La calle Cardenal Cervantes es, en el Callejero Sevillano, una calle que se encuentra en el Barrio de Santa Catalina, del Distrito Casco Antiguo; y va de la confluencia de la calle Francisco Carrión Mejías y plaza de San Leandro, a la calle Santiago.
     La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. En  cambio, en  los  sectores  de periferia donde predomina la edificación  abierta,  constituida  por  bloques  exentos,  la  calle,  como  ámbito  lineal de relación, se pierde, y  el espacio jurídicamente público y el de carácter privado se confunden en términos físicos y planimétricos. En las calles el sistema es numerar con los pares una acera y con los impares la opuesta.
     También hay una reglamentación establecida para el origen de esta numeración en cada vía, y es que se comienza a partir del extremo más próximo a la calle José Gestoso, que se consideraba, incorrectamente el centro geográfico de Sevilla, cuando este sistema se impuso. En la periferia unas veces se olvida esta norma y otras es difícil de establecer.
     A finales del s. XV era conocida como calle del Hospital del Cardenal, por el allí fundado por el Cardenal Cervantes bajo la advocación de San Hermenegildo, también llamado de los Heridos. Al menos desde la segunda mitad del s. XVII era conocida como calle del Cuerno y, según cuenta González de León, sus veladas alusiones al honor conyugal dieron lugar a un duelo, de resultas del cual murió un hombre. A partir de entonces, comienzos del XVIII, se le empieza a llamar San Miguel, arcángel representado sobre la puerta del Hospital, o Ángel, denominación con la que figura a lo largo de todo el s. XVIII y hasta 1845, fecha en la que es rotulada como Cardenal en memoria de Don Juan de Cervantes (+ 1453), arzobispo de Sevilla. En 1900 se acuerda darle la denominación de Cardenal Cervantes, que ha conservado hasta hoy. En el plano de Olavide (1771) se comete el error de intercambiar la rotulación de esta calle con la de la Lanza, paralela a ella.
     La calle es de mediana anchura y posee un trazado marcadamente rectilíneo. En gran medida, éste es el resultado de la demolición, en la década de 1960, del antiguo hospital, como consecuencia de la cual se abrió Francisco Carrión Mejías y se retranqueó prácticamente toda la acera impar de esta calle, siendo testigo de su antigua alineación las casas que la cierran, en la confluencia de Santiago. Sorprende que no se procediera a su expropiación y a la alineación completa de la calle, cuando desde mediados del s. XIX existía un proyecto de demolición de este ángulo. Posee calzada de asfalto y aceras de losetas en buen estado de conservación, y una zona ajardinada e hilera de naranjos ante la fachada retranqueada de los impares. Se ilumina mediante farolas de báculo adosadas a las fachadas. Todavía conserva algunas viviendas tradicionales de tres plantas, ya muy degradadas e incluso deshabitadas, pero en general el caserío histórico ha sido sustituido en las últimas décadas por bloques de pisos de cuatro plantas. 
   La vida de esta calle ha estado presidida, desde el s. XV, por el Hospital del Cardenal. De él, ya decía Peraza en su Historia de Sevilla (1536): "Son tantas estas rentas que me han certificado personas dignas de fe, que ha acontecido estarse curando junta­mente trescientos pobres en el dicho hospital, a los quales curan con gran caridad los servidores para ello señalados, y con mucha limpieza". En 1837 fue convertido en Hospicio de San Fernando y más tarde en asilo de mendicidad; de él merecía ser destacado su amplio patio central con arquería en sus cuatro frentes. Desaparecido el asilo, la calle se limita a cumplir una tranquila función residencial, apenas registra tráfico rodado y sólo algún comercio y unos pocos almacenes están establecidos en sus plantas bajas. Antaño fue testigo de pedreas entre niños, mitad juego, mitad batalla campal, como la que recogía la prensa en 1873: "En la noche del viernes último y en sitio tan concurrido como la calle del Cardenal, gran número de niños divididos en dos bandos trabaron una furiosa contienda a pedradas sirviéndose de hondas para lanzarlas. Como acontece en estos casos, los transeúntes estaban resguardados en los huecos de las puertas mientras duró la contienda..." (La Andalucía, 28-V- 1873).
     Con un cierto aire de silenciosa, solitaria y fría, ha sido vista por R. Laffón que, por haber vivido allí, debió conocerla bien: "La calle Cardenal Cervantes, en fin, que a nin­guna parte obligada conducía, era, por eso, una calle inefable, así hay que describirla. Al embocar en la plazuela de San Leandro, una portada de piedra, árida e indefinible para mí entonces, ostentaba un rótulo de fondo azul celeste que prometía: 'Asilo de Mendicidad de San Fernando'... En la calle del Cardenal se estrangulaba el silencio em­paredado". O bien: "La calle, yacente en la soledad, era tan poco soleada que parecía anticipar fríos de noviembre y sus primeros espeluznos. Los vecinos guardaban relaciones de buena crianza con las hermanitas que regentaban el asilo frontero, niños y ancianos de la casona vetusta que fue del Cardenal Cervantes" (Sevilla del buen recuerdo, 1900) [Josefina Cruz Villalón, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
Cardenal Cervantes. En esta calle existió hasta fecha reciente el edificio que albergó al Hos­pital de San Hermenegildo o del Car­denal, fundado en el siglo XV por el Cardenal Cervantes, y convertido en el siglo pasado en Hospicio de San Fernando. Desde su fundación hasta el siglo XIX sufrió constantes reformas. Destaca su patio central, con arquerías superpuestas en sus cuatro frentes, así como grandes naves divididas también por arquerías, destinadas a enfermería. En éstas se utilizaron capiteles aprovechados, uno de los cuales, visigótico, pasó al Museo Arqueológico (Colección Arqueo­ lógica Municipal) [Francisco Collantes de Terán Delorme y Luis Gómez Estern, Arquitectura Civil Sevillana, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1984].
Conozcamos mejor la Biografía del Cardenal Cervantes, personaje a quien está dedicada esta calle
;
     Juan de Cervantes, (Sevilla, 1382 – 25 de noviembre de 1453). Canónigo, arcediano de Sevilla, obispo de Ávila y de Segovia, arzobispo de Sevilla y cardenal de San Pedro ad Vincula y luego de Ostia.
     Juan de Cervantes fue hijo de Gonzalo Gómez de Cervantes, veinticuatro de Sevilla, y de Beatriz Bocanegra. Su linaje, de ascendencia sanabresa pero instalado en Andalucía desde el siglo XIII, estaba muy vinculado a la Orden de San Juan de Jerusalén y poseía propiedades e intereses en Lora del Río, señorío de dicha orden militar, lo que a veces ha hecho suponer el nacimiento del futuro cardenal en esa localidad sevillana.
     El joven Cervantes estudió Artes y Derecho en la Universidad de Salamanca, siendo bachiller en leyes y maestro en Teología. Comenzó su carrera eclesiástica como abad de Hermida (prebenda palentina), y luego arcediano de Calatrava (1415, prebenda toledana). Actuó como embajador de la reina Catalina de Lancaster ante Benedicto XIII en 1417, cuando la embajada regia estaba ya en Constanza. En 1419 fue enviado por Juan II ante Martín V, logrando la absolución por la anterior embajada a un papa cismático.
     Desde entonces pasó al servicio pontificio en la Curia, no regresando a Castilla hasta al menos 1438. Allí recibió diversos títulos, prebendas y sedes episcopales. En 1423 era arcediano de Sevilla y familiar pontificio, sirviendo en Curia y recibiendo otras prebendas (como abad de Sales, prebenda burgalesa). En esa situación participó en el Concilio de Pavía-Siena, actuando como presidente de la natio hispana hasta la incorporación de Juan Martínez Contreras en junio de 1423.
     En 1426 fue nombrado por Martín V cardenal con el título de San Pedro ad Vincula, junto a otra prebenda toledana. En noviembre de 1430 recibió la administración de la sede tudense, donde nunca llegó a incorporarse, al rechazarla su primo Pedro de Bocanegra (deán de Cuenca).
     En 1432 se incorporó al Concilio de Basilea, donde, como cardenal, pasó a tener un importante papel examinando las bulas pontificias como iudex fidei. En julio de 1434 fue nombrado legado conciliar ante el papa, junto al también cardenal Albergati, y marchó a Florencia donde estaba Eugenio IV refugiado ante el cariz de la situación en Roma. Cervantes permaneció junto al Papa y en marzo de 1436 se reincorporó al Concilio como legado ad latere, junto con el cardenal Albergati, recibiendo plenos poderes para designar la sede del futuro concilio. En 1437 recibió la administración de la sede abulense. En los meses siguientes Juan de Cervantes se vio envuelto en las turbulencias conciliares, cuando un nuevo cisma amenazó con producirse y los padres conciliares se dividían en dos grupos enfrentados, uno en Ferrara y otro en Basilea, excomulgándose recíprocamente. El cardenal sevillano, “un español austero y santo”, como lo denomina en sus memorias su secretario, Eneas Silvio Piccolomini, intentó mantener su imparcialidad en todos estos conflictos, pero es posible que esas circunstancias le animasen a regresar a España, lo que ya había intentado en otras ocasiones sin conseguir la autorización del Papa.
     No se sabe la fecha de su regreso, pero en 25 de noviembre de 1437 fue nombrado obispo de Ávila, sede de la que tomó posesión en 1438. Desde entonces permaneció en Castilla, donde volvió a ser colaborador regio.
     En 1440 consta ya como miembro del Consejo Real, siendo el oficiante de la boda del príncipe Enrique con la princesa navarra Blanca, en Valladolid, el 15 de septiembre de 1440. En julio de 1441 permutó este obispado por el de Segovia con fray Lope de Barrientos. El 7 de marzo de 1446 fue nombrado obispo cardenal de Ostia, dejando el título de San Pedro ad Vincula, y tres años después, el mismo día y mes de 1449, fue nombrado administrador perpetuo del arzobispado de Sevilla por el cabildo catedralicio, aunque no pudo tomar posesión hasta el 7 de abril del año siguiente a causa de la oposición del condestable Álvaro de Luna, que pretendía la mitra para su primo Rodrigo de Luna. El papa Nicolás V le concedió también el poder vestir de pontifical y utilizar el palio, aunque fuese obispo ostiense.
     En los pocos años en que ocupó el arzobispado de Sevilla dio muestras de su gran celo y de su sabiduría, así como de sus virtudes y espíritu caritativo. Prueba de esto último es la fundación que realizó del hospital de San Hermenegildo, llamado del Cardenal, destinado a la curación de heridos y durante siglos uno de los más importantes de los existentes en Sevilla. Fue instalado en unas casas de su propiedad, herencia de sus antepasados, que se encontraba en la collación de San Ildefonso, en la calle que hoy lleva el nombre del fundador.
     El hospital fue instituido por una de las cláusulas de su testamento otorgado en Sevilla el 16 de noviembre de 1453 ante Pedro Martín de Palma, notario apostólico.
     En él, tras dejar importantes legados a parientes y obras pías, declaró heredera universal de sus bienes a la fábrica de la Iglesia sevillana, entonces empeñada en la construcción del templo catedralicio. Esta disposición, sin embargo, fue causa de litigio posterior entre el cabildo y su sucesor en el arzobispado, Alonso de Fonseca, por entender éste que había dispuesto de bienes pertenecientes a la mesa arzobispal de los que no podía desprenderse. Hubo acuerdo entre las partes, que se cerró en marzo de 1455 y que consistió en la entrega al nuevo prelado de todos los libros de la excelente biblioteca de Juan de Cervantes, renunciando Alonso de Fonseca a cualquier otra pretensión.
     El cardenal Cervantes murió el 25 de noviembre de 1453 en medio del general sentimiento. Fue enterrado en la capilla que dedicó a san Hermenegildo, por el que sintió gran devoción, en la catedral sevillana, que él mismo había dotado. En ella yace todavía en un magnífico sepulcro de alabastro, obra de Lorenzo Mercadante de Bretaña, fechado en 1458, en el que junto con su bulto y armas se labró un epitafio latino, traducido así por Ortiz de Zúñiga: “Después que el Reverendísimo Señor Don Juan de Cervantes, con eximio resplandor de virtudes mereció muy bien el Capelo, con título de San Pedro Advincula, y dio por el mundo dignísimos frutos, porque fue juzgado puerta de toda Eclesiástica honestidad, obtuvo la Iglesia de Ostia, y administrando al fin, ya en la edad más anciana la Metrópoli de Sevilla, dexó heredera a su Iglesia (como a Prelado conviene) y entre obras de gran aprobación, edificó primeramente un Hospital famoso y muy dotado en la ciudad de Sevilla: falleció a 25 de Noviembre, año del señor de 1453”.
     Todo el conjunto del mausoleo es de un virtuosismo magistral en el tratamiento escultórico. La figura del cardenal está revestida de pontifical, con mitra, casulla, túnica, guantes y báculo, pero lo mejor es el rostro, de extraordinaria expresividad, probablemente tomado del natural o de la mascarilla cadavérica.
     El prestigio del cardenal Cervantes se pone de manifiesto no sólo en el general respeto con que su figura ha sido siempre tratada por la historiografía sevillana y el feliz recuerdo dejado en la Iglesia hispalense, sino de forma elocuente en el hecho de que, tras su muerte, y al menos durante tres generaciones, se sucedieron los canónigos, arcedianos y otras dignidades de su apellido en el Cabildo catedralicio sevillano, perpetuándose, también de ese modo, su memoria (Rafael Sánchez Saus, en Biografías de la Real Academia de la Historia).
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La calle Cardenal Cervantes, al detalle:
El desaparecido Hospital del Cardenal