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domingo, 25 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción; Museo Arqueológico Municipal; y Turóbriga) de la localidad de Aroche (y II), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; Museo Arqueológico Municipal; y Turóbriga) de la localidad de Aroche (y II), en la provincia de Huelva.

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
     La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es un edificio del máximo interés. La parte más antigua, datable en el siglo XIV, es la que forman los restos de su hastial: la portada de estilo gótico-mudéjar, conocida como Puerta de las Limosnas y la ventana superior, de doble arco de herradura. A fines del siglo XV, se produjo una total renovación arquitectónica. El nuevo edificio debió plantearse siguiendo la tradicional tipología constructiva gótico-mudéjar y ha venido atribuyéndose a Juan de Hoces. A esta fase constructiva correspondería toda la fábrica que hoy reconocemos al exterior por estar realizada únicamente en ladrillo que incluye el presbiterio, la torre y el primer tramo de las naves.
     Una vez terminada la torre y los muros perimetrales de este primer tramo, parece que se produjo un cambio en el plan de obras al iniciarse, desde entonces, una fase constructiva en la que van a predominar las labores de cantería. Los arquitectos relacionados con esta fase fueron sucesivamente: Alonso Rodríguez y Diego de Riaño. Entonces fueron levantados los pilares góticos y las bóvedas nervadas del primer tramo, así como la sacristía cuya bóveda vaída acasetonada manifiesta un nuevo cambio de estilo.
     La tercera fase constructiva se iniciaría en la segunda mitad del siglo XVI, centrándose en la continuación del edificio, ya en el nuevo lenguaje renacentista que resulta evidente en el diseño de diversos elementos constructivos y ornamentales. Se labraron en granito las portadas laterales: la del Sol, al Sur y la de Flores, al Norte, ambas con frontones y remates aún de tradición «plateresca» pero sin la profusa decoración propia de ese estilo. Las gárgolas góticas del primer tramo fueron sustituidas por otras en forma de ménsula y las ventanas de arcos apuntados dieron paso a vanos rectangulares con molduras cajeadas y óculos. También en el interior se transformó el diseño de los pilares ya que en los tramos que ahora se levantan, cambiaron su estructura gótica por otra seudocolumnaria.
     Por último, las bóvedas también acusan cambios en la nave central empleándose nervaduras diagonales y concéntricas en lugar de las estrelladas. Probablemente, la mayor parte de estas novedades se debieron a la intervención de Hernán Ruiz II. A comienzos del siglo XVII, las obras transcurrieron con gran lentitud, realizándose en estos momentos las bóvedas del tercer tramo y sus correspondientes ventanas, actuaciones que cabría relacionar con el arquitecto Miguel de Zumárraga. Poco después de 1609, fe­cha que aparece en el reloj de sol del último contrafuerte del flanco Sur, las obras quedaron definitivamente paralizadas.
     Preside el presbiterio un retablo mayor, de estilo neoclásico y orden corintio, realizado en estuco policromado imitando jaspes entre 1835 y 1845 por el portugués Francisco Fernández, como consta por una inscripción.
     En su hornacina central, aparece Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XIX. En las calles laterales San Juan Evangelista y San Mateo que, junto a San Marcos y San Lucas del ático, completan los Cuatro Evangelistas, todas ellas, imágenes re­aprovechadas de un retablo del siglo XVII. Com­pleta el programa iconográfico un Cristo crucificado, datable en la primera mitad del XVI. Junto al arco toral, en el flanco izquierdo, se halla una pequeña pila de agua bendita, del siglo XVI.
     Ocupa el testero de la nave de la izquierda, el Retablo de Jesús Nazareno diseñado y realizado entre 1782 y 1789 por Manuel Barrera y Carmona y policromado por Pedro Vidal. Su banco está presidido por un Sagrario. A su derecha e izquierda aparecen dos relieves, procedentes de un retablo anterior, datables hacia 1600, que representan la Visitación de la Virgen a Santa Isabel y el Bautismo de Cristo. Su cuerpo contiene un profundo camarín donde se encuentra una imagen de vestir de Jesús Nazareno, obra anónima de finales del siglo XVIII, flanqueada por óvalos con altorrelieves de pasajes pasionistas. Finalmente, su ático contiene una imagen de San Sebastián, del siglo XVI, junto a dos relieves alusivos a Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura.
     En el primer tramo de esta nave se encuentra el Retablo de la Virgen de los Remedios, datable en el segundo tercio del siglo XVIII y sin dorar. Está presidido por una imagen de la Virgen de los Remedios y en el ático, una pintura de la Virgen de Guadalupe, ambas de la época del retablo. Detrás de esta estructura se conservan restos de una pintura mural que representa a San Cristóbal.
     Adosado al primer pilar se encuentra el púlpito, realizado en forja, que conserva un tornavoz de madera tallada y dorada, rematado por una figura de la Fe y, bajo él, un dosel con un Cristo de la Expiración, de pequeño tamaño, todo ello datable hacia 1700.
     El Retablo de San Antonio data de mediados del siglo XVIII y está decorado con estípites y roleos. La imagen de San Antonio de Padua es de la misma época.
     En la nave, la imagen sedente de San Pedro Pontífice fue realizada en el año 1634 por Juan de Remesal, repolicromada por Juan de Armida en 1772. El retablo marco de San Cristóbal fue ejecutado por Manuel Barrera y Carmona entre 1781 y 1783 y dorado por Pedro Vidal y contiene un enorme lienzo pintado en 1781 por Juan de Espinal y restaurado en 1883.
     El órgano fue realizado en el año 1752 por Francisco Pérez de Valladolid y terminado una década después por el portugués Gonzalo de Sousa Mascareña.
     En la nave derecha, se encuentra el retablo de la Virgen del Rosario, que contiene una Santa Ana del siglo XVI y un Cristo crucificado, de pasta de papel, de mediados del mismo siglo.
     La pila bautismal es de estilo gótico, con decoración de perlas, vinculable a canteros portugueses que la fabricaron hacia 1502 según leemos en una inscripción hecha sobre el labio de la pieza. El retablo de las Animas Benditas del Purgatorio, realizado en 1688 por el maestro tallista portugués Francisco Coello contiene un lienzo, de autor anónimo y fue regalado a la iglesia por los primeros marqueses de Valdeloro.
     El Cancel de la puerta del sol fue realizado en­tre 1778 y 1780 por el carpintero Francisco del Valle.
     El retablo de la Inmaculada, de orden salomó­nico fue realizado por el tallista sevillano Cristóbal Ramírez Prieto en 1679 y dorado en 1771 por orden de don Alonso Boza, marqués de Valdeloro y gobernador de Llerena. En su hornacina central aparece una escultura de la Inmaculada Concepción, de la época del retablo, al igual que el resto de las esculturas y pinturas que incluye, a excepción de la interesante talla de San Juan Bautista, en el ático, datable en el siglo XVI.
     En el testero de esta nave, está situado el retablo de la Virgen de los Dolores, que forma pareja con el citado de Jesús  Nazareno y, como aquél, fue ejecutado por  Manuel  Barrera y Carmona y policromado por Pedro Vidal. Presenta su misma estructura a excepción del banco en el cual, en lugar del Sagrario, aparece una urna con una imagen de Cristo yacente. Se trata de una escultura articulada de madera policromada, de escuela sevillana datable a fines del siglo XVII o principios del XVIII. La hornacina central está ocupada por la Virgen de los Dolores, obra del escultor sevillano Benito de Hita y Castillo, del año 1768, que fue titular de la antigua hermandad de servitas, fundada este mismo año. Ésta flanqueada por dos relieves con la Asunción y la Visitación, de época del retablo. Adosado al primer pilar de esta nave una pila de agua bendita, de mármol blanco local, del siglo XVI.
     La Sacristía contiene una cajonería de madera de castaño, del siglo XVIII y, respecto a su ajuar litúrgico, uno de los más importantes de la provincia, destacaremos su cruz parroquial gótica con el escudo del Arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza, fechable en el último cuarto del siglo XV. De finales del siglo XVI y de estilo manierista, son un portapaz con un relieve del Ecce-Homo y un cáliz de plata sobredorada. Respecto a los ornamentos, destacaremos una casulla de terciopelo negro con banda central de imaginería bordada en oro y sedas de colores con los Apóstoles, datable en el siglo XVI y un juego de dalmáticas del siglo XVII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Es un edificio de planta basilical, de tres naves y cuatro tramos, el último del hastial inconcluso al encontrarse sin cubrir.
     La nave central se corona con ábside poligonal, poco profundo, que contiene un camarín para albergar la imagen titular del templo. Las naves laterales, de igual anchura que la central, terminan en testeros planos.
     Se adosan a la cabecera la sacristía, en el lado del evangelio, y la torre en el de la epístola; y a los pies, en el tercer tramo, se encuentra un coro alto al que se accede por una escalera emplazada en el tramo contiguo del lado del evangelio. El cuarto tramo, inconcluso, fue aprovechado a comienzos del siglo XIX para habilitar distintos espacios para dependencias parroquiales y la casa rectoral.
     Todo el interior de la iglesia es abovedado, si bien se advierte entre las distintas capillas una clara evolución estilística que va desde bóvedas de fisonomía gótica a otras más avanzadas seudorenacentista. La nave central, en su primer tramo, se cubre con una bóveda de crucería estrellada, con terceletes que se prolongan hasta el fondo achaflanado del presbiterio; por contra, en los tramos segundo y tercero, sobre la crucería base se disponen nervios radiales concéntricos.
     Por su parte, las naves laterales, en los tres tramos, presentan bóvedas de crucería sexpartita. La sacristía se cubre con una bóveda vaída con casetones; y el aljibe, emplazado bajo su pavimento, lo hace con bóveda vaída lisa. Las dos estancias que posee la torre se cubren con bóvedas esquifadas.
     El edificio se encuentra exento por lo que son visibles sus cuatro fachadas. La fachada principal, situada a los pies del templo, llega a la actualidad inconclusa, presentando restos de una primera iglesia gótico-mudéjar, de mediados del siglo XIV. Esta primitiva fachada presenta un esquema muy sencillo: un piñón triangular que, partiendo de las naves laterales, hallaba su vértice en la central, lugar coronado probablemente por una espadaña hoy desaparecida. La portada, conocida como Puerta de las limosnas, se compone de tres arquivoltas apuntadas de cantería encuadradas por un alfiz tangente a la rosca del arco, y se decora mediante bolas en su trasdós. Encima de ésta, se sitúa un vano de doble arco de herradura en rosca de ladrillo enmarcado por un rectángulo. La fachada lateral de la nave de la epístola consiste en un muro liso articulado por la disposición, a intervalos regulares, de los estribos en correspondencia con los pilares del interior del templo. En el segundo tramo se labra su portada conocida como Puerta del Sol, en relación con su orientación meridional. Está concebida a modo de gran arco de triunfo con vano central de medio punto, entre pedestales, y rematada por un entablamento, frontón triangular y pináculos. La fachada del lado del evangelio presenta características similares a las del lado de la epístola.
     La torre, adosada al testero del lado de la epístola, presenta planta rectangular y, constructivamente, asume también la función de contrafuerte de la propia cabecera del templo. En su alzado se advierte la superposición de dos cuerpos. El inferior, que alcanza hasta la altura de las cubiertas, contiene la caja de escaleras, varias estancias y la caja del reloj. El superior se remata en el campanario, compuesto por cuatro huecos de medio punto enmarcados por alfiz. El conjunto se remata con un chapitel piramidal.
     El perímetro del edificio se remata, a la altura de la cornisa, con nueve gárgolas de cantería que representan diferentes motivos inspirados en el bestiario medieval: un cañón, un personaje cabezudo, un águila y otras figuras zoomorfas de gran expresividad.
     El origen de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción posiblemente hay que situarlo en el siglo XIV, momento en que, superados los turbulentos años de la Reconquista y definitivamente pacificada la comarca al final de la guerra con Portugal, debió plantearse la conveniencia de erigir un nuevo templo de escala algo mayor que las modestas ermitas románicas que habían constituido los primeros lugares de culto de los repobladores cristianos. Sólo conocemos de tal construcción los restos de su hastial con una portada y ventana superior que han quedado integradas en el muro de cerramiento actual. Aunque carecemos de datos sobre aquel edificio, es muy probable que su tamaño fuese menor que el actual.
     A fines del siglo XV, teniendo como referencia la colosal construcción de la Catedral de Sevilla, se produjo la renovación arquitectónica de numerosas parroquias del Arzobispado. En esta coyuntura de economía en alza, Aroche también decidió erigir un templo de mayor envergadura. El nuevo edificio debió de plantearse siguiendo la tipología constructiva gótico-mudéjar entonces dominante en el ámbito territorial de la diócesis hispalense. A esta fase constructiva correspondería toda la fábrica que hoy reconocemos al exterior por estar realizada únicamente en el rojo ladrillo local y que incluye el presbiterio, la torre y el primer tramo de las naves. Una vez realizadas la torre y los muros perimetrales de este primer tramo de la iglesia, parece que se produjo un cambio respecto en el plan de obras, al iniciarse desde entonces una fase constructiva en la que van a predominar las labores de cantería de piedra sobre las de ladrillo anteriores.
     Diríase que a un primer proyecto de alarife de intenso sabor mudéjar hubiera sustituido un nuevo proyecto hecho ahora por un maestro cantero de formación más nórdica. Fueron levantados en esta fase los pilares góticos del primer tramo del edificio y los semipilares del mismo tipo adosados a los muros de todo el perímetro.
     Una nueva fase constructiva se iniciaría en la segunda mitad del siglo XVI. Debió centrarse en la continuación del edificio gótico, pero resultó decisiva en el diseño de diversos elementos constructivos y ornamentales. Respecto a los motivos decorativos, a continuación de las gárgolas góticas de los primeros tramos fueron instaladas cuatro más en forma de ménsula típicamente renacentista y correspondientes a los dos últimos. Además, la gola de cantería que remata el muro superiormente, de perfil gótico en el primer tramo, adquiere ahora una fisonomía clasicista en el resto del edificio.
     Finalmente, los huecos de molduras dieron paso en los últimos tramos a unos vanos rectangulares con abras cajeadas manieristas. Las bóvedas también acusaron cambio en la nave central.
     A comienzos del siglo XVII las obras quedaron paralizadas, quedando sin terminar el cuarto tramo y la fachada principal, que aun cuando se hicieron numerosos intentos en los siglos siguientes por concluirlos nunca se llevaron a cabo (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Museo Arqueológico Municipal
     La abundancia de restos romanos hallados desde antiguo en el término municipal de Aroche llevó en tiempos recientes a la creación de este pequeño pero atractivo museo cuyo contenido fundamental está compuesto por piezas halladas en el valle del río Chanza, al pie de la actual localidad de Aroche y donde se hallan los restos de las dos poblaciones romanas de importancia que debieron surgir al calor de las posibilidades de explotación agrícola que ofrecía el propio valle y las buenas condiciones climáticas de la zona para el cultivo de olivo y de cereal. Ambos yacimien­tos, ubicados en los antiguos emplazamientos de las localidades Turóbriga y Arucci, han proporcionado abundante material arqueológico -monedas, inscripciones, fragmentos escultóricos y arquitectónicos-, que se conserva hoy en el mu­seo arqueológico de Aroche.
     Cuenta Aroche, pues, con los dos yacimientos arqueológicos romanos más importantes de la comarca. Turóbriga estuvo emplazada en los Llanos de la Belleza, en los alrededores de la ermita de San Mamés. Su fundación se produjo en época Julio-Claudia y pudo consistir en un simple foro rural con basílica, macellum y templo para una población rural dispersa en una comarca que carecía de núcleos urbanos.
     Recientes excavaciones han descubierto el centro religioso de este foro, presidido por un tem­plo tetrástilo de planta rectangular, dedicado al culto del emperador Adriano y tras él un pequeño edificio de la misma forma, identificado como la Curia, sede del gobierno municipal. Las construcciones que se han empezado a excavar en el lado Norte, probablemente correspondan a una fila de capillas para el culto a los empera­dores divinizados.
     Otros restos emergentes de gran importancia en el solar de esta ciudad son: al Oeste, los muros de un castellum aquae, de cuyas inmediaciones proceden fragmentos de mosaicos y una tubería de plomo y, al Norte, una palestra consagrada al dios Marte. La interpretación de este espacio podría confirmarse por el ara de sacrificios conservada en la colección municipal y que muestra la inscripción MARTI AUG SACRUM, alusiva a dicho personaje.
     Más  problemática ha sido la ubicación de la ciudad de Arucci, yacimiento de la finca de Fuente Seca. Posiblemente, Arucci fue una ciudad formada a partir del siglo I d.C. por población autóctona procedente, en su mayoría, del antiguo castro de la Solana del Torrejón, que, a lo largo del siglo III d.C., fue adquiriendo una mayor importancia al absorber también la población de la vecina Turóbriga (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Construcción de grandes dimensiones con partes dedicada a viviendas, molinos de aceite, lagar de cera, patio, etc. Ocupa casi la manzana entera, apareciendo restos visibles, como pináculos, en los muros de los distintos edificios que se han ido construyendo sobre ella.
     En el edificio hay un patio en torno al cual se desarrollan las distintas dependencias Se accede a la cilla por el patio,
mediante rampa empedrada y una portada de vano adintelado, flanqueado por pilastras de remates pinaculares y hornacina superior.
     Destacan en el edificio dos torres de almazara y la galería en alto con arquerías al aire libre del patio. Una de estas torres aparece ricamente decorada con molduras de líneas movidas, rematándose en un chapitel de azulejería blanco y añil.
     Tiene estructura de fuertes muros de carga y arquerías de ladrillo. Las cubiertas son de madera con tablazón en espina de pez.
     Parece ser que data del siglo XVII, y se le denominaba "Convento Cillería de Frailes Jerónimos". Se utilizó como hospital para las tropas españolas durante la Guerra de la Independencia y, tras ser abolidos los diezmos, se ocupó con varias viviendas. Estos usos han modificado el edificio tanto en el exterior como en su distribución interna (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ciudad romana de Turóbriga
     La ciudad hispanorromana de Turóbriga es el único asentamiento romano de la Sierra de Huelva que puede calificarse como núcleo urbano, de ahí su interés para establecer las pautas de funcionamiento de una ciudad romana en la zona.
     Se trata de una fundación “ex novo” de mediados del siglo I d. C., merced a un proceso de concentración de los núcleos preexistentes de origen céltico. Supone la culminación de un proceso que comienza a partir del siglo II a. C. de ocupación y control generalizado de un sector del territorio conocido como Baeturia Céltica, ubicado al noroeste de la Bética. Su función era pacificar el territorio de la Baeturia y generalizar el control romano sobre una zona conflictiva que había participado intensamente en las rebeliones lusitanas contra la política de explotación romana y desde la que se amenazaba continuamente las explotaciones de la cuenca minera situada algo más al sur. Se pretendía pues arraigar a estas poblaciones en la Bética, consiguiendo así su rápida romanización. Para ello emigraron a la zona ciudadanos latinos cuyos nombres conocemos gracias a la epigrafía, algunos de los cuales aparecen en los citados epígrafes como benefactores de la ciudad.
     El grado de romanización de la ciudad, que parece conservar perfectamente su planta, queda de manifiesto en su foro, termas y en el resto de edificios excavados como una gran área porticada interpretada como un Campus Martius, espacio que en Roma servía principalmente como lugar de esparcimiento y de usos militares. Allí acampaban los ejércitos, se efectuaban ejercicios militares y de instrucción y se hacían ejercicios fisicos de cualquier índole. Se celebraban también carreras de carros, de manera informal, como entrenamiento. Había mercados de plantas y parques públicos para solaz de las gentes, etc.
     Los trabajos desarrollados hasta la fecha han permitido elaborar una hipótesis acerca de su desarrollo urbanístico y monumental. Estas actuaciones arrojan una datación del inicio del asentamiento en época de Nerón y un programa de monumentalización en época Flavia, así como el abandono del lugar a partir del s. III d.C. sirviendo de cantera para otras construcciones  como el castillo de Aroche o la ermita de San Mamés.
     El  yacimiento se ve potenciado por la presencia en el mismo lugar de la citada ermita hoy conocida como de San Mamés, uno de los pocos ejemplos de arquitectura de repoblación del siglo XIII, que conserva un interesante conjunto de pinturas murales del siglo XV. A estos valores patrimoniales hay que añadir los valores paisajísticos, naturales y medioambientales que posee, en un entorno de dehesas propio de la Serranía de Huelva. 
     El Bien en cuestión, tiene la máxima protección que otorga la ley 14/2007, de 26 de noviembre, de Patrimonio Histórico de Andalucía, que mediante Decreto 407/2008, de 8 de julio, inscribió en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía, el Bien de Interés Cultural, con la tipología de Zona Arqueológica, denominado Ciudad Hispanorromana de Turóbriga y con la tipología de Monumento, el Bien denominado Ermita de San Mamés, en Aroche (Huelva) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     La ciudad hispanorromana de Turobriga se localiza a escasos kilómetros al norte de Aroche, en una fértil llanura a orillas del río Chanza. El lugar forma parte de una explotación agropecuaria consistente en una dehesa de encinas, cuyo paisaje se complementa con un bosque galería formado por chopos, alisos y adelfas. Más hacia el norte el paisaje cambia de forma brusca, ya que se alcanzan las primeras estribaciones de los Picos de Aroche.
     La existencia de este sitio arqueológico puede enmarcarse dentro de la romanización de la zona de Aroche. La ciudad de Turobriga aparece citada en la Naturalis Historia de C. Plinio como oppidum de la Baeturia Celtica, en el Conventus Hispalensis.
     Los elementos más significativos del conjunto arqueológico han aparecido hasta ahora en la zona más próxima a la ermita, donde se han centrado las excavaciones arqueológicas. Aunque esa área no está completamente excavada, se han exhumado una serie de restos que permiten su identificación con el foro de la ciudad. En él es posible identificar un porticus duplex, el templo, la plaza y las capillas de culto imperial. Otro segundo elemento en importancia de las estructuras emergentes es el edificio termal, construido en la parte más alta de la ciudad, del que se ha excavado la natatio, así como la infraestructura hidráulica. Un tercer elemento es un gran edificio cuadrangular descubierto, que ha sido identificado como un Campus Martius, edificios consagrados a Marte y, por lo general, vinculados a collegia iuvenum. También se ha podido documentar una posible línea de muralla así como parte del área doméstico-artesanal de la ciudad.
     En Turobriga no existe por ahora ningún elemento prerromano, arrancando este yacimiento en el siglo I d.C., momento en el que se asiste a su monumentalización. Tras el declive romano, el lugar no volverá a ser ocupado hasta época medieval, con la construcción de la ermita de San Mamés, que además de lugar de culto funcionaría como área funeraria.
     Además de sus valores ya conocidos, posee un notable interés para las futuras investigaciones arqueológicas, ya que no se trata de un yacimiento agotado, sino que posee una potencialidad arqueológica de suma importancia.
     Aunque este sitio arqueológico es conocido por el mundo científico desde los años 70, gracias a los trabajos de Luzón, no se había realizado sobre esta ciudad ningún tipo de investigación hasta las intervenciones que han llevado a cabo, a partir de 1996, el área de arqueología de la Universidad de Huelva. Ello ha originado varios artículos, publicados en congresos o revistas científicas, así como los preceptivos informes y memorias con los resultados de las intervenciones arqueológicas. Las diferentes actuaciones realizadas en el asentamiento han ido definiendo un panorama en el que se puede dar un primer esbozo de las distintas áreas que conformaron este yacimiento en los distintos periodos históricos.
     En época romana se pueden diferenciar varias áreas:
     Una primera de carácter público que vendría marcada por los restos documentados en el Huerto de la Ermita (doble hilada de pilares, solería de ladrillo, monumento central, restos de estatua monumental, muro de grandes dimensiones documentado bajo el ábside de la ermita, abundante material constructivo,...) que han llevado a pensar que este lugar es el Forum de la ciudad.
     En segundo lugar, un área marcada por la presencia del Castellum Aquae.
     En tercer lugar, la zona en que se encuentra el gran edificio del Campus Martius y que sería el lugar de reunión política y militar de los ciudadanos.
     Finalmente, el área de hábitat que vendría delimitado por estos tres sitios (Forum, Castellum Aquae, Campus Martius) y que se extendería entre estos edificios y la margen izquierda de la Rivera del Chanza. La zona de necrópolis se encuentra al otro lado de la Rivera del Chanza, en las inmediaciones de la ermita de Santa María.
     La técnica edilicia de las construcciones, así como otros índices cronológicos del registro arqueológico (cerámicas, monedas), ubican el inicio del asentamiento en época de Nerón y su programa de monumentalización en época flavia. La estructura urbana se formalizaría definitivamente en época antonina, teniendo su declive en el siglo III d.C.
     En época medieval sería la zona utilizada mediante la construcción de la ermita, que además de lugar de culto funciona como área funeraria, como lo demuestran las inhumaciones documentadas en las distintas campañas de excavación, tanto al interior del edificio como en el propio huerto.
     Finalmente, en época moderna se sigue amortizando este mismo espacio. Se construyó la cerca que cierra el huerto y una instalación hidráulica para riego (pozo de noria, alberca y lieva) (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

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viernes, 23 de diciembre de 2022

Los principales monumentos (Castillo y recinto fortificado; Ermitas del Cristo, de San Pedro de la Zarza (actual San Mamés), y ruinas de la de Sta. Mª. del Valle) de la localidad de Aroche (I), en la provincia de Huelva

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo y recinto fortificado; Ermitas del Cristo, de San Pedro de la Zarza (actual San Mamés), y ruinas de la de Santa María del Valle) de la localidad de Aroche (I), en la provincia de Huelva.
Ubicación
     En el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
Reseña histórica breve
     Las primeras evidencias arqueológicas datan del Neolítico, aunque existen más yacimientos de la Edad del Cobre. También se han encontrado asentamientos romanos hallados en la zona (yacimiento romano de Turobriga) y árabes (Castillo islámico de fines de siglo XI-principios del XII). Hacia 1230 fue conquistada por Sancho II de Portugal, y en 1251 Alfonso III de Portugal, (Aroche como las demás villas estaban en manos de la Orden del Hospital, fieles a su hermano Sancho II). En 1267, con el tratado de Badajoz, Alfonso III cede los castillos de Aroche y Aracena al rey castellano Alfonso X, estableciendo la frontera entre ambos reinos en el Guadiana. Entre 1293 y 1297, Aroche volvió a pasar a manos portuguesas tras la conquista de Fernando IV. Con el Tratado Aroche y Aracena volverían a formar parte del reino castellano.
     La Guerra de Restauración portuguesa (1640-1668) afectó seriamente a la villa de Aroche (batallas, epidemia de peste y un temporal que derribó una de tres puertas que tenía la muralla de la ciudad). En 1668 se firma la paz y con este acuerdo se traza la actual frontera que separa España y Portugal.
Patrimonio cultural y artístico
     Castillo almohade construido a finales del siglo XI-principios del XII, Muralla Artillera (Torre de San Ginés), Iglesia Nuestra Sr. de la Asunción, Ermita de San Mamés.
Fiestas y tradiciones
     Romería de San Mamés, la Feria de Aroche se celebra la tercera o cuarta semana de Agosto, FEGAR (Feria Ganadera, a finales de septiembre).
Recursos económicos y sociales
     Productos del cerdo, agricultura (cereales y olivares).
Gastronomía
     La Sopa de Peso, las salchichas de aguardiente, el chorizo de arroz, y productos del cerdo y las setas (gurumelo, tana o manita cesarea), la morcilla de arroz, las migas cana, los buñuelos, pestiños y tortas de manteca (Diputación Provincial de Sevilla).
        Situada sobre una colina enclavada en la Sierra que lleva su nombre, la villa de Aroche cuenta con el pasado histórico de mayor complejidad de la comarca. Los primeros indicios de ocupación de su terri­torio se detectan en el tránsito del IV al III milenio a.C. en la vega del río Chanza. Asociadas a ellos, aparecen necrópolis conformadas por sepulcros megalíticos, entre los cuales destacan los dólmenes de la Belleza, de la Corteganesa, de la Dehesa Boyal y el del Torrejón. En este mismo período se inicia la ocupación del núcleo de Las Peñas desde el III milenio a.C. hasta el siglo I de nuestra Era. A este yacimiento corresponde la necrópolis dolménica de Los Praditos y el único alineamiento megalítico del Suroeste peninsular.
     Del periodo prerromano se conocen los castros amurallados de La Pasada del Abad, La Solana del Torrejón y el Castillo de Maribarba. Sin embargo, su mayor riqueza arqueológica es de época romana. Fuentes literarias de la Antigüedad citan entre las poblaciones de la Beturia céltica, las ciudades de Arucci y Turóbriga, ambas en esta comarca. Hoy se han identificado estos núcleos urbanos en San Mamés (Turóbriga) y Fuente Seca (Arucci) y también villas rústicas en Santa Clara, La Mazmorra, Carretero, La Zafra, etc., yacimientos de los cuales procede la colección de epigrafia latina más abundante de la provincia de Huelva.
     Durante el periodo islámico, Aroche fue uno de los asentamientos más importante de la comarca, lo que queda de manifiesto en sus menciones en las fuentes árabes y su presencia en obras de géneros diversos como crónicas, descripciones geográficas y diccionarios biográficos. A mediados del siglo XIII, como el resto de la comarca, la población pasa a manos cristiana.
     Posteriormente, bajo el reinado de Alfonso X se incorporó al alfoz de Sevilla. No obstante, los conflictos bélicos continuaron en la comarca, ahora como disputa fronteriza entre los reinos de Castilla y Portugal. De la importancia de la población es testimonio el hecho de su mención en dos ocasiones en el Diplomatario de Alfonso X. A lo largo del siglo XVI, se instalará en la población una cierta clase señorial que tuvo incidencia en la estructura de la propiedad rústica, donde grandes extensiones de terreno quedaron concentradas en pocos particulares. Esto favoreció la presencia de mano de obra esclava para su explotación, fenómeno único en toda la comarca.
     Con motivo de la Guerra de Secesión Portuguesa, se reconstruyó la cerca que protege el perímetro de la población, prevista para la defensa artillera con torres y baluartes con disposición en talud (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Dehesas de encinas y alcornoques acompañan al viajero que se acerca a Aroche. Esta villa, escenario de luchas fronterizas entre castellanos y portugueses, nació y creció alrededor de la fortaleza que corona un cerro. Su condición de plaza estratégica le obligó a ser objeto de disputas en los enfrentamientos nobiliarios de la Baja Edad Media. Y a sufrir las graves consecuencias que trajo consigo la guerra de Restauración portuguesa desatada entre 1640 y 1648.
     Hoy Aroche, municipio que ha sabido conservar la arquitectura tradicional de la comarca, ofrece al visitante una envidiable riqueza monumental y arqueológica. Más de un centenar de yacimientos han sido documentados en su término municipal. Y el núcleo urbano que nació en el medievo alrededor del castillo fue declarado Conjunto Histórico Artístico en 1980.
     Un Centro de Visitantes instalado en lo que fue el convento jerónimo de la Cilla da la bienvenida al recién llegado y le ilustra sobre los atractivos turísticos. En el citado recinto conventual, que fue otorgado en propiedad a la Orden de Jerónimos en 1634, se encuentran también la Colección Arqueológica Municipal y el Archivo Histórico. En las salas del museo se pueden contemplar bustos, cornisas y capiteles procedentes en su mayoría del yacimiento romano de Turóbriga, así como piezas de distintas épocas. Destaca entre los fon­dos la colección de epigrafía latina y dos almazaras, de tiempos de Felipe IV, utilizadas por los monjes.
     Desde el centro citado se llega a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción después de admirar casas señoriales como el palacio de los Tinoco y Castillas, ubicado en la plaza de Juan Carlos I, que luce blasón esquinero y torre de ladrillo, o el palacio de los marqueses de los Arcos (siglo XVII), situado en la calle Real. El templo parroquial, de Nuestra Señora de la Asunción, es un buen ejemplo de la fusión de estilos que se prodigó en la zona, ya que integra elementos mudéjares, góticos y renacentistas. Edificio del gótico tardío, cuya erección se inició en 1483 sobre los restos de una construcción anterior y se terminó en el XVII. Trabajaron en los planos varios arquitectos: comenzó en 1484 el maestro de la catedral sevillana Juan de Hoces y continuaron Diego de Riaño y Hernán Ruiz II. A los pies se dibuja una portada de tres arquivoltas apuntadas con decoración de bolas que se encuadra en alfiz. Las portadas laterales son manieristas, de 1560. Torre del siglo XV, que en el XVII recibió una espadaña de ladrillo. Interior equilibrado y hermoso, con bóvedas nervadas en las naves y pilares de granito. Notable riqueza de imágenes y retablos de los siglos XVII y XVIII, piezas de orfebrería, ornamentos litúrgicos y vasos sagrados. Como detalle original, destaca una cripta del siglo XVII utilizada para enterrar a los marqueses de Valdeloro y a sus esclavas favoritas.
     Desde la iglesia se puede subir al castillo, baluarte almohade de los siglos XI-XII que posee planta poligonal de 273 m de diámetro y está flanqueado por 10 torres. Conserva una puerta de acceso con arcos de herradura apuntados, que bien podría pertenecer a la primera fase de la edificación y recibe el nombre de puerta de la Rei­na. Debido a su emplazamiento estratégico, la fortaleza tuvo gran importancia en el medievo y desempeñó una función destacada como escudo contra las incursiones portuguesas. Se están restaurando sus torres y lienzos. 
     Precisamente para ampliar el caserío sujeto a protección y reforzar las defensas frente a los ataques lusitanos se levantó en el siglo XVII una muralla artillera con cuatro baluartes y una torre que rodeaba el perímetro de la villa. Alcanzan los muros de mampostería un grosor que se sitúa entre los 2,5 y los 3 metros y una altura de 6. Es visible en ciertos tramos, aunque en otros ha sido absorbida por las edificaciones.
     Una construcción insólita ocupa lo que fue plaza de armas de la fortaleza medieval: una plaza de toros. A pesar de la oposición del Concejo de Sevilla, fue terminada el año 1804, celebrándose el primer festejo ese mismo año. La plaza de toros de Aroche resulta ser un mirador y un auditorio. Un mirador para asomarse a contemplar la somnolencia de las tejas y la geometría de lo blanco. Y un auditorio para escuchar el ruido de los automóviles, las voces que llegan de las calles o el desgarro sonoro de los gallos.
     Junto a la iglesia se encuentra la casa del conde del Álamo, que está siendo restaurada para convertirse en hotel. Desde la iglesia y siguiendo la calle del Cristo, se desemboca en la ermita del Cristo de la Humildad y Paciencia. Asomada a los olivos y al valle, se alzó en el siglo XVII un edificio de reducidas dimensiones y hechuras modestas. Y se hizo junto a la puerta de Santa Clara para dar alojamiento a aquellos caminantes que, al llegar a la villa, encontraban cerradas las vías de acceso a la muralla. Alberga en su interior un Cristo del siglo XVII, talla de escuela sevillana que atesora una humilde y paciente belleza.
     Antes de bajar al llano conviene visitar el Museo del Santo Rosario. Es un centro único en el mundo, fruto del tesón desplegado por un vecino de Aroche, que cuenta con más de 2.000 piezas de todos los tamaños y mate­riales procedentes de una vasta nómina de donantes, algunos tan conocidos como la Madre Teresa de Calcuta o el arzobispo Makarios, entre otros.
     A orillas del Chanza, a sólo 2 km de Aroche, en un paraje de nombre cautivador que se llama Llanos de la Belleza, se encuentran la ermita de San Mamés y el yacimiento de Turóbriga. A manera de atrio de múltiples brazos, una galería de arcos encalados rodea parcial­mente el edificio, que fue construido en el siglo XIII sobre restos romanos y presenta añadidos posteriores. Ábside mudéjar con arquerías ciegas de ladrillo y ventana que se enmarca en un arco polilobulado. Tres naves separadas por arcos apuntados. una reciente restauración ha realzado las notables pinturas murales de los siglos x1v-xv que recubren los muros.
     La ciudad hispanorromana de Turóbriga fue fundada en el siglo I d.C. y se mantuvo activa hasta comienzos de la tercera centuria. De las 12 ha. de extensión que ocupa, se ha excavado el área del foro, las termas, una vivienda a la que se ha dado el nombre de casa de la Columna y el Campus Martius, lugar dedicado al dios Marte donde se practicaban ejercicios físicos. Últimamente han comenzado a aflorar los lienzos de la muralla que rodeaba la ciudad. Se trata de un enclave que revistió gran importancia política y administrativa, y actualmente es la única ciudad romana que puede ser visitada en la provincia de Huelva (Pascual Izquierdo, Un corto viaje a Huelva. Guiarama compact. Anaya Touring. Madrid, 2012). 
          Situada en el extremo más occidental del Parque Natural de la Sierra de Aracena, en una colina suave que domina una fértil llanura, Aroche ofrece al viajero el esplendor de su pasado, una geometría urbanística cargada de belleza y un paisaje serrano de enorme personalidad.
Historia
     Los restos arqueológicos localizados hacen retroceder el origen de la ciudad hasta la Edad del Bronce. Durante la dominación romana llegó a ser una de las ciudades más importantes de la Bética, gozando del privilegio de acuñar moneda. Por esta época recibió el nombre de Arucci Vetus, del que pro­cede su nombre actual. La tradición afirma que en Aroche se encontraba Servio Galba cuando fue nombrado emperador de Roma. La villa fue conquistada a los árabes por Sancho II de Portugal en 1236, pasando a la corona de Castilla durante el reinado de Sancho IV, quien llevó a cabo la reconstrucción del castillo. Como toda la serranía, Aroche produce en la actualidad un exquisito jamón de pata negra; cría ganado ovino y caballar y explota canteras de mármol.
Gastronomía
     En su mesa son famosas las serranitas, salchichas con granos de anís, así como las sopas pastoras o de peso, compuestas de pavo, huevos cocidos y almendras.
Artesanía
     Los únicos trabajos artesanos que se practican en la actualidad son los relacionados con el mundo del caballo, es decir, los de guarnicionería.
Fiestas
     En la Pascua de Pentecostés se celebra la tradicional romería de San Mamés, con procesión a caballo hasta la ermita del santo y el canto de las jotillas arochenas. El tercer fin de semana de agosto tiene lugar la feria.
Visita
     En lo más alto de la colina sobre la que se asienta la ciudad se alza el castillo, construcción almorávide del siglo IX, reconstruido casi en su totalidad en 1293. Se trata de una formidable fortaleza de diez torres y su mayor particularidad es la de albergar en el interior una plaza de toros que continúa en uso.
     En el castillo, que puede visitarse solicitándolo al Ayuntamiento, se encuentra el Museo Arqueológico Municipal, que guarda una buena cantidad de restos arqueológicos.
     La ciudad, de casas blancas con tejados oscuros, de estrechas callejuelas que con­servan en su traza el antiguo sabor árabe, desciende formando circunferencias desde el castillo, mostrando su antiguo abolengo en los escudos heráldicos que coronan los dinteles de muchas de las puertas, en casas-palacio como la de los Marqueses de los Arcos, del siglo XVII, o la de Valdeloro del siglo XVIII.
     Un poco más abajo del castillo aparece la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, obra del siglo XV edificada por Juan de Hoces sobre otra del siglo anterior. Muestra, mezclados, los estilos mudéjar, gótico, renacentista y barroco. Guarda un valioso tesoro entre el que cabe destacar la imagen de la patrona, la cruz del cardenal Mendoza y un icono ruso. El reloj solar que se ve en uno de los contrafuertes exteriores data de 1609.
     Otra particularidad importante con la que cuenta la ciudad es el Museo del Santo Rosario, único en el mundo, situado en una casa del siglo XVI de la calle Alférez Carlos Lobo. Su propietario y conservador es Paulino Díaz Alcaide, quien inició la colección en 1967, contando hoy con más de 1.330 piezas, algunas tan valiosas como las regaladas por el arzobispo Makarios, Pablo VI o Teresa de Calcuta.
Alrededores
     Son interesantes el conjunto de dólmenes y menhires conocidos como Piedras del Diablo, localizados a lo largo de la vega del río Chanzas, así como las ruinas de un anfiteatro del siglo II junto a la ermita de San Mamés (Rafael Arjona. Guía Total, Andalucía. Editorial Anaya Touring. Madrid, 2005).
     Su núcleo urbano está situado en una colina en la margen izquierda del Río Chanza, en cuya parte más elevada se encuentra el antiguo recinto amurallado, abierto al Norte y abrigado por el resto de los lados. Sus altitudes más significativas son: el Castillo, 420,5 m.; el Colegio, en el borde Oeste, 398,0 m.; y el acceso Este al Casco, 395,0 m.
     El casco histórico ocupa el antiguo recinto amurallado y posee una longitud perimetral aproximada de 1,5 Km., conservando aún algo del trazado orgánico medieval, típico de poblaciones fortificadas.
     La trama viaria está formada por calles estrechas y muy tortuosas, con trazados influidos por la topografía, circundando los focos del Castillo, la Cilla y la Almena. Otras calles, más rectas y anchas, unen los diversos focos.
     Sus manzanas, generalmente cerradas, responden a una ocupación extensiva y suelen ser irregulares. En el núcleo originario son más densas y de menor tamaño. Por contra las situadas en las zonas de crecimiento son menos densas y de mayor dimensión. De carácter singular son aquellas que se sitúan en los bordes del núcleo o a lo largo del camino de entrada, convirtiéndose en mediadoras entre el espacio urbano y el rural. Las parcelas tienen una lógica correspondencia con las tres situaciones descritas. En la primera suelen ser más irregulares y más pequeñas y su ocupación se acerca bastante al 100%. No obstante, en este núcleo primitivo, existen parcelas de buen tamaño ocupados por la Iglesia y algunas casas de mayor importancia. En la zona de expansión las parcelas adquieren mayor tamaño y la edificación sólo ocupa la parte delantera de la misma, reservándose el fondo como patio, huerto o corral; su ocupación no suele sobrepasar por tanto el 70%. En las manzanas de borde las parcelas son también de buen tamaño y tienen gran parte de su superficie utilizada como corral, huerto o prado para pastos. Este tipo de parcelas se encuentra en ocasiones en el interior del núcleo creándose grandes vacíos urbanos cerrados con cercas de piedra.
     La tipología residencial predominante responde a la vivienda unifamiliar entre medianeras, que incorporan en la mayoría de los casos espacios para el uso agrícola o ganadero, especialmente almacenes. La altura de estas edificaciones es de una o dos plantas con soberado, desván o granero en la planta superior. Sólo en casos excepcionales aparecen edificaciones de tres plantas. Suelen tener dos o tres crujías paralelas a la fachada a las que se le agrega un cuerpo de edificación en el patio donde se ubican las dependencias, relativamente recientes, como la cocina y el baño. En el sentido perpendicular a la fachada, las viviendas pueden constar con uno, dos o tres portales, según el ancho de la parcela y la importancia del edificio. En el fondo de la parcela se sitúa el corral y a veces tiene acceso desde la calle trasera, disponiéndose en el mismo piezas complementarias para el uso agrario. Constructivamente, los muros suelen ser de tapial, pudiendo ser de piedra granítica o caliza la planta baja, o simplemente el zócalo. La estructura es de madera y la cubierta, a dos aguas está formada por teja árabe curva. Los paramentos están enfoscados con mortero de cal y encalados. La carpintería es de madera, aunque se está sustituyendo por materiales metálicos. Conviven dos variantes de esta arquitectura una de mayor escala y residencia de las clases más pudientes, y otra más popular que constituye la mayor parte del caserío. En las primeras destacan el mayor tamaño de los huecos, la mayor altura de plantas, el remate de la fachada con pretiles que ocultan las tejas y una composición donde prima la simetría y un cierto ornato. Las segundas responde a una disposición de los huecos más aleatorio y una mínima ornamentación. El predominio del macizo sobre el hueco y los aleros son prácticamente generalizados.
     Los desarrollos urbanos recientes se han producido hacia el Este y Oeste, buscando la parte baja de las laderas, o zonas cercanas de menor pendiente (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

El castillo y el  recinto fortificado
     Construido en tapial y mampostería reforzada con hiladas de ladrillo, se trata de un recinto de planta poligonal, protegido por diez torreones rectangulares. Su acceso principal, Puerta de la Reina, hoy día clausurado, se sitúa en el flanco Suroeste y está constituido por un arco de herradura apuntado enmarcado por un alfiz. La entrada actual se emplaza en el sector Sudeste y corresponde a una intervención datable en el siglo XVIII.
     Los restos más antiguos de esta fortaleza, parecen remontarse a época islámica y, concretamente, sería una construcción almorávide del siglo XI. Incorporada la plaza al dominio de la Corona castellana debió ser reedificada en 1293. Constan documentalmente reparaciones efectuadas en 1386 y en varios momentos del siglo XV, labores que estarían en relación directa con el importante papel que jugó esta fortaleza como primera línea defensiva de la frontera con el vecino reino de Portugal.
     A consecuencia de la Guerra de Secesión con Portugal, desarrollada entre 1640 y 1668, el núcleo urbano fue protegido por una muralla, hoy conservada en gran parte, aunque no visible en su totalidad por quedar oculta por casas particulares. Contó con tres puertas, hoy desaparecidas, denominadas de Sevilla, de Santa Clara y de la Fuente. En puntos estratégicos, se la dotó de baluartes, necesarios para las defensas artilleras, siendo el más importante y mejor conservado el que contiene la denominada Torre de San Ginés (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     Se trata de una fortaleza islámica,. ha sido adscrito al período almohade (s. XII-XIII) según las cronologías absolutas obtenidas por C- 14 en los trabajos arqueológicos desarrollados en 2004.
     Ha sido reformado en varios momentos hasta el siglo XVII, debido a las continuas guerras con Portugal. Esta fortaleza corona un cerro en torno al cual se desarrolla la trama urbana de esta localidad.
     El perímetro es reducido, 273 metros y la superficie contenida es 2650 metros cuadrados. Siguiendo el modelo de fortaleza islámica de la provincia, atiende a un "cuadribugium", cuya planta es rectangular, con diez torres, cuatro de ellas en los ángulos y seis más entre los lienzos de la muralla. La fortaleza conserva una puerta de acceso directo que podría corresponder con la primera fase de construcción de la fortaleza, localizada en el flanco sur, de ingreso recto y con dos arcos de herradura. Se trata de la llamada Puerta de la Reina. La puerta de acceso actual es del siglo XVIII.
     Recorre su perímetro un adarve, labrado aprovechando el grosor de los muros, desprovisto de parapeto y merlones.
     Igualmente, las torres no conservan en la actualidad cámaras en su interior, a excepción de dos, situadas próximas al actual acceso, ambas cubiertas con bóvedas de medio cañón.
     En 1801 se le notifica a Sevilla que se iba a construir una plaza de toros en el interior del Castillo, con las obras ya iniciadas. Desde Sevilla se envían numerosas notificaciones negativas a la construcción, aunque para marzo de 1802 ya se sacaba a subasta su gestión.
     Los restos más antiguos de esta fortaleza, tanto por su aparejo constructivo, tapial, como por los fragmentos cerámicos encontrados en su interior, parecen remontarse a época islámica y, concretamente, sería una construcción almorávide del siglo XI. Incorporada la plaza al dominio de la Corona castellana debió ser reedificada en 1293, ya que aparece mencionada en el documento de Sancho IV por el que autoriza a la ciudad de Sevilla a levantar fortalezas en los límites de su alfoz.
    Constan documentalmente reparaciones efectuadas en 1386 y en varios momentos del siglo XV, labores que estarían en relación directa con el importante papel que jugó la fortaleza como primera línea defensiva de la frontera con el vecino reino de Portugal. Carente más tarde de utilidad militar, el edificio fue deteriorándose paulatinamente, aprovechándose finalmente su espacio interno desde 1804 como recinto para la celebración de corridas de toros (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
     El sistema defensivo de Aroche comienza por su ubicación sobre dos cerros, el de menor altura está culminado por el castillo islámico y el de mayor altura por una torre de planta cuadrada, denominada Torre de San Ginés. Estas dos construcciones, el castillo y la torre, están conectadas por la construcción de la muralla de Aroche, que va de un cerro a otro, protegiendo ambos recintos, además de todas las viviendas de la villa. El plano más antiguo conservado es de 1735 realizado por Joseph Díaz Infante (Servicio Geográfico del Ejército).
     La muralla de Aroche posee un trazado de unos 1300 metros aproximadamente, que se conservan en gran medida, aunque la mayoría de lienzos están ocultos entre las viviendas, usados en muchos casos de muro medianero o incluso de cimentación. La muralla está construida con mampuestos irregulares y mortero de cal de gran consistencia y solidez. El grosor es de 2,30 metros y conserva aún algunos lienzos con unos nueve metros de altura al exterior, caso por ejemplo del baluarte de calle Cota. La muralla estaba provista de un baluarte estrellado que rodeaba la Torre de San Ginés, además de tres baluartes más para colocar artillería cruzada (en calle Cota, Postigo y San Juan).
     La muralla tenía tres puertas de acceso a la villa, cuya denominación era Santa Clara, Trinidad o de la Fuente y Sevilla. Las tres puertas de la muralla han desaparecido en la actualidad, la última en hacerlo fue precisamente la Puerta de la Trinidad, de la que cuentan que sus escombros se utilizaron para el relleno de la construcción en los años treinta de la Plaza de la Constitución, con lo cual se debería datar su desaparición entre finales de los años veinte y principios de los treinta.
     Los primeros datos históricos que se tienen sobre la muralla se refieren a la segunda mitad del siglo XV, donde parece ser que "la Villa de Aroche era la única villa murada de la comarca" (Medina, 2005). Se argumenta que la muralla original era de tapial, y que a partir de 1645, con motivo de la Guerra de Restauración Portuguesa (1640-1668), la cerca queda obsoleta ante la artillería enemiga y comienza a construirse la muralla artillera de mampuestos, asumiendo el coste de materiales Sevilla y el trabajo los arochenos. Con todos estos datos se puede presuponer que la original cerca de tapial llevaría el mismo trazado de la muralla de mampuestos, dimensiones que parecen excesivas para el Aroche del siglo XV, además que la Torre de San Ginés debería construirse prácticamente al mismo tiempo que la muralla de mampuestos, por la tipología edilicia y por la conexión de los sistemas defensivos. Existen algunos informes que detallan el estado de la muralla en diversas épocas de la historia. De 1642 se conserva el "Informe Corbachino", un análisis de las estructuras defensivas arochenas con motivo de la Guerra de Restauración Portuguesa. En 1735 se realiza otro informe militar, este caso por J. Díaz Infante, muy interesante al adjuntar un plano de las estructuras militares de la villa. Existen otros informes más recientes pero también de gran interés para conocer la evolución y pérdida de las mencionadas estructuras militares, una vez que ya no resultan de utilidad (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ermita del Cristo
     Se trata de un pequeño edificio que original­ mente estuvo extramuros de la villa, adosado al exterior de la Puerta de Santa Clara, datable en el siglo XVII. Junto a la puerta, se conserva una lápida sepulcral de Manuel González Cerana y de sus herederos, fechada en 1601.
     En su interior se conserva un retablo-hornacina de orden salomónico y en él, una imagen de gran calidad artística del Cristo de la Humildad y Paciencia, obra de escuela sevillana, datable en la segunda mitad del siglo XVII (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

Ermita de San Pedro de la Zarza (actual San Mamés)
     Se localiza en los Llanos de la Belleza, en el valle del río Chanza. El edificio tiene planta de tres naves, la central rematada en un presbiterio for­mado por un tramo rectangular y otro de planta semicircular. A este núcleo base se añaden, a la derecha, varias estancias periféricas destinadas a sacristía, almacén y vivienda del santero. En el hastial se levanta una torre-fachada en cuyo tercio inferior se abre un gran arco apuntado que sirve de ingreso principal a la ermita. Por sus lados Oeste y Sur, el edificio está rodeado por sendos pórticos de arcos rebajados que apean sobre pilares.
     La parte más antigua del edificio corresponde a la mitad inferior del presbiterio, esto es, la planta semicircular y el arranque de las  arquerías ciegas, así como al muro Norte, pudiéndose remontar esta fase al último tercio del siglo XIII, con claras conexiones con el denominado «románico de ladrillo» castellano. En la primera mitad del siglo XIV se completó el ábside, labrándose sus bóvedas nervadas y la ventana geminada gótico-mudéjar, la portada Norte y la de los pies. A una fase posterior que llega hasta fines del siglo XV corresponden las actuales arcadas de la nave y la puerta del lado Sur. Finalmente, en torno a 1786, con motivo del traslado de la Hermandad de San Mamés a esta ermita, se ejecutaron obras de importancia construyéndose en estos momentos los pórticos, la torre y otras dependencias, obras en las que interviene el alarife portugués Pedro Rodríguez.
     En su interior se conserva la imagen de San Mamés, obra anónima de cronología medieval, muy remozada tras los deterioros que sufrió en la Guerra Civil.  
     Posee la ermita, además, un conjunto de pinturas murales, localizadas a lo largo del muro Nor­te y en los pilares. Su análisis estilístico permite datarlas en torno a la segunda mitad del siglo XV y principios del XVI. Las del muro Norte representan a San Cristóbal, La Última Cena y La Anunciación, con el colorido muy perdido. De­ bajo de estas pinturas descritas se han detectado fragmentos de otras anteriores (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).
     La ermita de San Pedro de la Zarza, popularmente conocida en la actualidad por San Mamés, se sitúa se localiza en los Llanos de la Belleza, a pocos kilómetros al Norte de Aroche, en el Valle de la Chanza, en el centro del área patrimonial a la que hace referencia el presente Decreto. Se trata de un edificio de planta basilical de tres naves separadas por arcos apuntados con alfiz que descansan sobre pilares rectangulares achaflanados. La central presenta un ábside semicircular con bóveda radial, precedido por un tramo rectangular cubierto por una bóveda de nervadura sexpartita, y las laterales concluyen en testeros planos y están cubiertas por colgadizos de madera que configuran la vertiente a dos aguas de los tejados. A este núcleo principal se añadieron, en distintas ampliaciones, varias estancias periféricas destinadas a sacristía, almacén y vivienda para el santero adosadas al lado de la Epístola, así como la torre-fachada que se levanta sobre el hastial y se compone por una caña, en cuyo tercio inferior se abre un gran arco apuntado que sirve de acceso principal y que es el más antiguo de los tres que posee el templo, el cuerpo de la torre y el de campanas, con cinco vanos de medio punto con alfiz y rematado por un chapitel poligonal y cuatro elementos piramidales en las esquinas. Este conjunto, junto con el pórtico de arcos rebajados que lo precede, compañero al que se dispone adosado a la fachada de la Epístola, conforma la visión volumétrica exterior más impactante del Bien. Los elementos utilizados en las diferentes fases constructivas de la ermita son testigos de la evolución histórica y artística de su construcción; así podemos encontrar sillares romanos de acarreo en el basamento y algunos refuerzos de esquinas, mampostería de piedra caliza con bloques irregulares de mediano tamaño en el núcleo central de la construcción y ladrillo en las portadas, ventanas, torre y tramo recto del ábside elementos correspondientes a las intervenciones de los siglos XV y XVIII.
     El interior del templo se encuentra enfoscado y encalado, lo que ha ocultado durante siglos la decoración a base de pinturas murales, que le añade un gran valor patrimonial. Éstas se encuentran localizadas en los muros laterales, los pilares, las arquerías y el púlpito, mezclándose diferentes tipologías (decorativas y figurativas) y técnicas pictóricas, aunque todas son datables hacia la mitad del siglo XV. Desde 1984 a la actualidad se han recuperado diferentes zonas, destacando las que se encuentran en el muro norte o del Evangelio donde en la zona superior de su paramento se encuentran tres paneles con los temas de San Cristóbal, la Anunciación y la Última Cena. El primero, tocado con túnica roja, aparece con su iconografía habitual, o sea como gigante sosteniendo al Niño Jesús apoyándose en una palmera y llevando además una rueda de molino; destaca en esta representación la aparición de cinco posibles peregrinos representados a menor escala sobre el cinturón del Santo. El panel central recoge la escena de la Anunciación con San Gabriel en actitud reverente portando una filacteria y con la Virgen de rodillas ante un reclinatorio. La composición muestra la preocupación del autor por conseguir un efecto de perspectiva al disponer la solería de la estancia en forma de espina de pez. En el sector inmediato al testero se representa la Última Cena. Los personajes, con Jesús en el centro, se sitúan ante una gran mesa salvo Judas Iscariote que aparece ante ella de espaldas al espectador. Todas las figuras están individualizadas en función de sus rostro, postura y vestimenta, destacando Juan que se encuentra recostado sobre la mesa. Las tres escenas aparecen separadas pero enmarcadas por una cenefa de motivos forales y, bajo la Anunciación, de menor escala que las otras dos, se sitúa un damero de efectos tridimensionales. En todas las pinturas predomina el dibujo a base de trazos ocres sobre el color, de carácter plano sin matices destacando el uso del rojo. 
   Estilísticamente se sitúan en el gótico internacional aunque su arcaísmo formal las relaciona con algún maestro local. En el púlpito se localizan restos de pinturas decorativas de carácter geométrico que enmarcan tableros y una posible representación de San Pedro con sus atributos.
     El origen de la ermita de San Pedro de la Zarza debemos situarlo en la segunda mitad del siglo XIII momento en que, finalizado el proceso de Reconquista de la comarca, llegaron los primeros repobladores para sustituir a la población morisca y ocupar las nuevas tierras incorporadas a la Corona de Castilla. Estos primeros edificios tendieron a reproducir las formas y tipologías de las parroquias románicas del norte peninsular, aquellas que los repobladores conocían en sus pueblos de origen y eran perfectamente aptas para celebrar la liturgia cristiana. Se trata de templos de una sola nave, de escasa longitud, con ábside semicircular en el testero, a veces tan cerrado que alcanza el perfil de arco de herradura. Sus alzados se resolvieron mediante gruesos muros de carga con pequeñas ventanas en forma de saeteras sosteniendo techumbres de madera a dos aguas. Como materiales constructivos se emplearon los propios del terreno: la piedra para el levantamiento de las estructuras y el ladrillo para organizar los paramentos y elaborar los motivos decorativos; ambos abundantes y, por tanto, baratos para sus diezmados recursos. Estas ermitas quedaron diseminadas por los distintos valles y montes de la comarca, en relación con una población aún escasa y muy dispersa por el territorio. A este momento corresponde la mitad inferior del presbiterio, esto es, la planta semicircular y el arranque de las arquerías ciegas, de claras conexiones con el denominado románico de ladrillo castellano.
     En la primera mitad del siglo XIV, superada la precariedad de los primeros tiempos, se le practicaron algunas mejoras al edificio. Se centraron fundamentalmente en la renovación de su techumbre, al sustituirse la vieja estructura lignea por cubrición abovedadas: nervada sexpartita en el primer tramo y radial en el tramo semicircular. Se utilizaron columnillas adosadas al muro como apoyo de los nervios. Asimismo, podría corresponder a este momento la portada de cantería de los pies.
     A comienzos del siglo XV debió producirse un notable aumento demográfico que implicó, entre otras medidas, la renovación de estos edificios. El nuevo estilo empleado fue gótico-mudéjar, ahora procedente de Sevilla, a cuyo Reino, en el plano político, y Arzobispado, en el plano religioso, pertenecían estas tierras. En San Pedro de la Zarza la primitiva ermita de repoblación no fue destruida, sino que quedó incorporada al nuevo templo mudéjar en calidad de ábside. El cuerpo del templo se concretó mediante tres naves separadas por arcos apuntados sobre pilares rectangulares achaflanados, la central más ancha y larga que las laterales, toda cubierta con techumbre de madera, de artesa la central y de faldones las laterales. En el ábside se le abrió una ventana geminada enmarcada en doble arco de herradura.
     A finales del siglo XVIII, en torno a 1786, se ejecutaron las últimas obras de importancia en el edificio. En estas fechas se levantaron los pórticos de los frentes sur y oeste, la torre y otras dependencias anexas para sacristía y vivienda del santero, obras en las que interviene el alarife Pedro Rodríguez.
     A finales del siglo XIX, con motivo del traslado de la Hermandad de San Mamés a esta ermita, se cambió su advocación (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).

Ruinas de la antigua ermita de Santa María del Valle
     Cercana a la ermita de San Pedro de la Zarza, actualmente formando parte de una casa de labor de propiedad privada, se encuentra la antigua ermita de Santa María del Valle. Su análisis denota dos fases constructivas: la más antigua corresponde al ábside semicircular datable a finales del siglo XIII y encuadrable dentro del grupo de «ermitas de repoblación». Al siglo XV corresponde la nave de planta rectangular, con arcos transversales apuntados, al igual que la portada del hastial. Esta última fase debió concluir con la decoración mural del ábside que se realizaría a finales del mismo siglo, representán­dose a la Virgen con el Niño sentada sobre un escabel, flanqueada por dos ángeles con cirios encendidos. La parte más baja del muro la ocupa un zócalo pintado de motivos geométricos de raigambre mudéjar.
     La composición, muy deteriorada, ha sido trasladada al Museo Municipal de Aroche, ubicado en la Cilla de los Jerónimos y donde hoy puede contemplarse (Manuel Jesús Carrasco Terriza, Juan Miguel González Gómez, Alberto Oliver Carlos, Alfonso Pleguezuelo Hernández, y José María Sánchez Sánchez. Guía artística de Huelva y su provincia. Diputación Provincial y Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2006).

     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte la provincia de Huelva, déjame ExplicArte los principales monumentos (Castillo y recinto fortificado; Ermita del Cristo, de San Pedro de la Zarza (actual San Mamés), y ruinas de la de Santa María del Valle) de la localidad de Aroche (I), en la provincia de Huelva. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la provincia onubense.

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