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Intervención en el programa de radio "Más de uno Sevilla", de Onda Cero, para conmemorar los 800 años de la Torre del Oro

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lunes, 5 de enero de 2026

El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC"

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     Hoy, 5 de enero, es el aniversario de la toma de posesión (5 de enero de 1574) de la Ermita de Nuestra Señora de los Remedios, por parte de la orden carmelita, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC", de Sevilla.  
     El desaparecido Convento de Nuestra Señora de los Remedios, de los Carmelitas Descalzos, actual sede de "La Galería de ABC" [nº 111 en el plano oficial del Ayuntamiento de Sevilla; y nº 30 en el plano oficial de la Junta de Andalucía], se encuentra en la plaza de Cuba, 10; en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios.  
     La Orden Carmelita, de lejanas resonancias bíblicas y eremíticas, toma su nombre del lugar donde tuvo sus orígenes: el Monte Carmelo, cordillera de Palestina asociada al recuerdo del profeta Elías quien llevó allí una vida eremítica junto con sus discípulos, narrada en el Antiguo Testamento (Libro II de los Reyes, 2), lugar que fue considerado santo según la más antigua tradición cristiana apoyada por los Padres de la Iglesia (San Gregorio, San Jerónimo, San Agustín, San Basilio). Las masivas peregrinaciones a Tierra Santa de los cruzados y la conquista de ésta a los musulmanes con la tercera cruzada a fines del siglo XII, posibilitó la instauración del Reino Latino de Jerusalén y el establecimiento de grupos de ermitaños latinos en el Monte Carmelo, en donde el recuerdo de Elías estaba vivo gracias a las narraciones bíblicas y a la tradición patrístico-eremita. Con el paso del tiempo y especialmente en la época de la Contrarreforma, los carmelitas sintieron la necesidad de tener a una figura santa que personificase su forma de vida, toda vez que no poseían un fundador al estilo de las otras órdenes religiosas, lo que propició el desarrollo de la conciencia eliana, ante el hecho de habitar en el Monte Carmelo, integrándose en la espiritualidad carmelitana como nota específica e individualizante. Según la narración de un peregrino francés que escribe en 1231, sabemos que existía un oratorio en medio de las lauras de los ermitaños, dedicado a la Virgen, por lo que fueron conocidos como Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, título que aparece ya en una bula pontificia de 1252. Estos eremitas que mantenían vivo el "espíritu" de Elías, solicitaron a principios del siglo XIII a Alberto, patriarca latino de Jerusalén, una regla o norma de vida para organizarse, que quedó redactada en 1209 y es conocida como Regla Primitiva o Regla de San Alberto, que se caracteriza por su esencia eremítica con algunas concesiones a la vida comunitaria, insistiendo en el silencio, la oración, el ayuno riguroso, la abstinencia, y el trabajo manual como medio de subsis­tencia, a lo que se añadían los tres tradicionales votos de pobreza, obediencia y castidad. La aprobación pontificia fue dada por Honorio III en 1226 y confirmada por Gregorio IX tres años más tarde en la bula Ex Offici Nostri.
     Pero los conventos o eremitorios de Oriente vivían bajo la amenaza constante de los ataques de los musulmanes, lo que hizo que muchos de sus miembros se trasladasen a Europa, considerándose la primera fundación carmelita en el continente la de Valenciennes en 1235, experimentando a lo largo de todo el siglo XIII un notable crecimiento. Finalmente, con la conquista sarracena de San Juan de Acre en 1291 y la matanza de los carmelitas que quedaban en el Monte Carmelo se pone fin a la Orden en Tierra Santa, rompiéndose las raíces orientales e inaugurándose definitivamente su ciclo europeo. El establecimiento en Europa coincidió con la proliferación de las órdenes mendicantes, que planteó a los ermitaños de Santa María del Monte Carmelo la alternativa de adaptarse a la forma de vida mendi­cante o continuar con su estilo eremítico y contemplativo. Se resolvió hacer una adaptación de la Regla, siendo el inglés Simón Stock, prior general durante veinte años, quien puso las bases de la nueva espiritualidad. Fue aprobada en 1247 por el papa Inocencia IV y aunque conservaba su espíritu contempla­tivo, se encamina hacia el apostolado característico de los mendicantes, se mitigaba el silencio y el ayuno, y se podía fundar con libertad, constituyéndose provincias con sus priores provinciales y sus capítulos, centralizadas todas en un Capítulo General como órgano supremo de gobierno con un prior general al que estaban sometidos todos los frailes. El papa Juan XXII extendió a los carmelitas en el año 1317 los privilegios que gozaban franciscanos y dominicos, con lo que alcanzaron plenamente la condición de mendicantes.
     El Capítulo General celebrado en el año 1256 autorizó la fundación de conventos en España, comenzando la expansión en la Península por Cataluña y Aragón y extendiéndose rápi­damente a lo largo del XIV. Durante el siglo XV el Carmelo padeció, al igual que el resto de las órdenes, la relajación de la vida espiritual y el desgobierno en sus conventos, surgiendo movimientos de observancia que insistían en la pobreza, el espíritu contemplativo y en la devoción mariana. Fundamental movimiento reformista en España fue el llevado a cabo por Santa Teresa de Jesús, quien habiendo reformado la rama femenina promovió la del Carmelo masculino. Con licencia del padre Rubeo, General de la Orden, en 1567, los padres Alonso González, provincial de Castilla, y Ángel Salazar, prior de los carmelitas de Ávila fundan las dos primeras casas de descalzos, manteniéndose aún la Orden unida. Rápidamente, a pesar de la austera vida adoptada, comenzaron a crecer las vocaciones y aumentar el número de monasterios que se reformaron. Este nuevo estado de cosas creó problemas de jurisdicción que determinaron la intervención papal, que nombró a tres dominicos para solucionar las fricciones entre calzados y descalzos. Pero la realidad fue otra, creándose un clima de conflicto y protesta que duró varios años. Con la mediación de Felipe II, el Papa Sixto V otorgó un breve en 1586 por el que concedía la separación de los calzados como Orden independiente, que fue ratificado posteriormente por Clemente VIII. Poco después se produciría una nueva disgregación en los conventos italianos que dará lugar a la separación por congregaciones de la gran familia carmelita, por un lado los conventos italianos y europe­os con su propio general superior, y por otro los de España, Portugal y América. En el siglo XVIII la Orden alcanzó su mayor desarrollo en número de casas y de miembros; sin embargo, tras la revolución francesa vinieron las sucesivas supresiones de instituciones religiosas. En la actualidad los Carmelitas tanto calzados como descalzos cuentan con un extenso número de conventos en todo el mundo.
CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS (CARMELITAS  DESCALZOS)
     En 1573 el padre fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios (1545-1614), discípulo de Santa Teresa y continuador de la reforma del Carmelo, en calidad de vicario y visitador apostólico de la Orden viene a Andalucía, llegando a Sevilla ese mismo año y hospedándose durante dos meses y medio en el convento Casa Grande del Carmen. Venía acompañado de fray Ambrosio Mariano Azaro de San Benedicto, soldado e ingeniero de origen napolitano, autor para Felipe II en 1561 de un proyecto de navegación del Guadalquivir hasta Córdoba, quien el 13 de julio de 1569 profesó en el convento carmelita de Pastrana y quien previamente había llevado una vida retirada en la ermita de San Onofre de Sevilla, junto a Juan de la Miseria que igualmente ingresó en dicho convento, manteniéndose siempre como hermano lego, y quien también acompañó al padre Gracián -recordemos que de fray Juan de la Miseria es el único retrato de Santa Teresa de Jesús, que se conserva en el convento sevillano de las Teresas-. Deseoso de fundar convento de descalzos en la ciudad, fray Jerónimo Gracián solicita al arzobispo D. Cristó­bal de Rojas y Sandoval el correspondiente permiso y un lugar para ello; ofrecido diversos sitios, como la antigua ermita de Nuestra Señora de Belén ubicada en la Alameda, finalmente el arzobispo les otorgó la ermita de Nuestra Señora de los Remedios, situada a orillas del Guadalquivir en la parte de Triana, tomando posesión de ella el 5 de enero de 1574 y colocándose el Santísimo al día siguiente. El hecho de esta nueva fundación provocó tensiones en la comunidad carmelita que argüía que Gracián no tenía poder para realizar fundaciones a lo que éste argumentaba que por su condición de comisario y visitador apostólico sí le estaba permitido. 
     No coinciden los cronistas Alonso Margado y Ortiz de Zúñiga sobre los orígenes de la ermita de los Remedios. Margado señala que fue un ermitaño conocido como fray Pedro (+1553) venido a Sevilla hacia 1540 quien fundó en la vega del Guadalquivir una ermita donde retirarse y acabar sus días, colocando una imagen de la Virgen con la advocación de Nuestra  Señora de los Remedios  que pronto se convirtió en protectora de las gentes de la mar que surcaban el río, a la que se encomendaban antes de emprender sus viajes, especialmente los largos y arriesgados hacia las Indias. Los cronistas repiten cómo desde las naos y bajeles que salían del frontero puerto, los marineros saludaban con salvas de artillería a su paso por el santuario situado en la ribera de Triana, en donde "el santo patrón... juntando tablas y maderos de los navíos rotos, formó una capilla con su altar en donde puso una devotísima imagen de bulto de la gloriosa Virgen Nuestra Señora... la gente sevillana... comenzó a favorecer con sus limosnas la nueva hermita, con que se yva cada día mejorando. Y un devoto de Triana le dio allí un pedaço de tierra que lindaba con la hermita, para su huerta"; por bula de Pablo III quedó agregada a la basílica de San Juan de Letrán en Roma y muerto fray Pedro el Arzobispo de Sevilla don Fernando de Valdés la adjudicó a su visitador, lo que le acarreó pleitos con otros pretendientes, entre ellos Rodrigo del Castillo, hasta que el Arzobispo don Cristóbal de Rojas y Sandoval la entregó a los carmelitas. Para Ortiz  de Zúñiga, quien sigue a los cronistas descalzos del Carmelo, la fundación de la ermita de los Remedios tuvo lugar en el año 1526 por el canónigo de la catedral de Sevilla Martín de Gasca o Gasco, a cuyo cuidado estaba un ermitaño llamado fray Rodrigo, siendo en 1529 unida a San Juan de Letrán por bula del pontífice Clemente VII. Sea como fuere, resulta clara la existencia de una primitiva y modesta ermita o altar cubierto en ese extremo del arrabal de Triana a cuyo cuidado estuvieron ermitaños, entre ellos los mencionados fray Pedro y fray Rodrigo. Progresivamente, con la devoción y limosnas de las gentes de la mar y otros personajes, fue mejorándose y acrecentándose hasta constituir un recinto importante que levantó las suspicacias de los frailes del cercano convento de la Victoria y los intereses de clérigos y canónigos, pasando a ser patronato del arzobispado de la ciudad hasta su cesión a los carmelitas descalzos, para quienes la donación del santuario y sus pertenencias fue de total agrado, en un paraje alejado de la ciudad, con bellas vistas del recinto amurallado y de la vega del Guadalquivir y con una amena huerta, que pronto será ampliada con terrenos a su alrededor. La gran devoción que gozaba la Virgen de los Remedios no sólo entre los mareantes y vecinos de Triana sino también en la ciudad de Sevilla con devotos que cruzaban el puente de barcas para encomendarse a la popular imagen, determinó a los nuevos moradores que ésta continuara como titular del naciente convento, que tomó el nombre de Nuestra Señora de los Remedios.
     Tras acomodarse en lo que serían las modestas dependencias de la ermita, los carmelitas emprendieron la construcción del monasterio contiguo a ella. Sin embargo, la proximidad a la orilla del río provocaba la inundación del inmueble, y la excesiva humedad del terreno socavaba sus cimientos y hacía enfermar a los frailes: "aunque en la época de la fundación el convento esta en un sitio elevado, con las muchas venidas del río ha dejado tanto tarquín y lamo que ha venido a quedar tan bajo el dicho convento, que se inunda todo lo interior de el las veces que sale de madre; con lo cual se ha hecho su habitación tan enferma de que mucho años a esta parte lo está casi toda la comunidad todos los veranos, y mueren muchos; y algunos años ha sido necesario llevar seglares para cuidar a los religiosos por haber enfermado todos", motivos por los que los carmelitas se vieron en la necesidad de trasladar su convento en 1649 "a otro sitio más alto y sano que está entre dicho convento y el barrio de Triana a la misma vera del río, sin entrar en la población", en donde labraron nuevo monasterio e iglesia, cuyo ritmo constructivo fue lento pues el templo no estuvo terminado hasta el año 1700 en el que fue consagrado el 10 de octubre por el arzobispo don Jaime de Palafox, siendo prior fray Andrés de Jesús María y realizándose solemnes fiestas y predicaciones.
     Hay que señalar que son muchas las noticias que nos hablan de los daños, ocasionados por inundaciones, vientos y demás inclemencias meteorológicas, tanto en el antiguo como en el nuevo monasterio. En la riada de 1603 la campana de la torre de la iglesia se cayó, "con muerte instantánea del fraile que la tañía" en petición de socorro por estar el convento inundado. En su auxilio el asistente de la ciudad D. Bernardino de Avellaneda, pese a lo arriesgado que resultaba, fletó un barco tripulado por veinticuatro remeros que recogieron a los religiosos que fueron trasladados al conven­to del Santo Ángel de su misma Orden. De la riada del año 1618 los carmelitas de Los Remedios quedaron tan mal que el arzobispo de Sevilla don Pedro de Castro y Quiñónez les otorgó una cuantiosa limosna. En 1725 consta de nuevo estragos producidos por la avenida de este año, en el que a causa del fuerte viento las tapias de la huerta fueron derribadas, quedando completamente anegada por la crecida del río. En la riada de 1784 se perdió toda la cosecha de naranjas, producto cuya venta suponía la principal fuente de ingresos con que contaban los frailes para su sustento. A pesar de tan dramática situación el convento acogió y mantuvo a cincuenta vecinos desvalidos.
     La institución carmelita hubo de jugar un papel importante, pese a su condición de pobreza y austeridad, en la vida del cada vez más populoso arrabal de Triana, muy vinculado a la actividad marinera de la carrera de Indias. La ubicación ribereña de los Remedios, próximo al entonces llamado "puerto camaronero" o de las Muelas, en donde se habían instalado los astilleros y talleres de carenado, consti­tuyó un lazo religioso para todo el vecindario y especialmente para las gentes de la mar, acrecentado por la especial devoción a la Virgen de los Remedios por su intercesión en los viajes por mar, a la que los bajeles honraban haciendo salvas de artillería cuando llegaban a la altura del monasterio, fundándose además una piadosa cofradía que sacaba a la imagen en procesión en el mes de mayo.
     Sabemos que en 1613 el convento se vio afectado por el incendio, al menos su huerta, provocado por las explosión de los molinos de pólvora de Damián Pérez Galindo, que situados a orillas de río y contiguos a los Remedios "450 pasos de vara", destruyó, según las crónicas, más de treinta casas de alrededor y murieron mucha gente, lo que abrió un contencioso para que estos molinos y otros cercanos de otro propietario se colocasen en un lugar más apartado.
     Con el paso del tiempo el convento de Los Remedios fue arraigándose en la vida de Triana, mejorando sus instalaciones y acrecentando su patrimonio como se confirma en el último tercio del XVIII con la ampliación de la iglesia, ejecución de nuevos retablos y otras piezas artísticas. Considerable en dimensiones y abundancia de los productos de su huerta, que fue progresivamente aumentada por los frailes con tierras de alrededor del monasterio, siendo muy celebrada su producción de naranjas, limones y hortalizas, en la que "un suntuoso estanque en medio, que con su noria lo tiene siempre lleno de agua del Guadalquivir por una grande acequia en tan costoso edificio"; huerta en cuyo solar se construiría a partir de la década de los cuarenta del siglo XX buena parte del actual barrio de los Remedios, nombre tomado del monasterio en cuyo terreno se vino a asentar.
     No consta la fundación o residencia continuada de hermandades y cofradías en el convento, sólo existe referencia a la estancia de forma temporal de dos corporaciones. Una fue la de la Entrada de Jesús en Jerusalén y María Santísima del Desamparo que tras la exclaustración y cierre del vecino convento de la Victoria donde residía, vino a alojarse con sus retablos e imágenes a los pies de la nave del evange­lio del templo carmelita hasta la revolución de 1868 en que fue cerrado al culto, perdiéndose las imágenes y disolvién­dose la corporación. Igualmente se custodió en Los Reme­dios las imágenes de una hermandad desaparecida a mediados del siglo XVIII llamada del Santo Ecce-Homo y Nuestra Señora del Camino que estuvo establecida en la llamada capilla de los Mártires, en Triana, cercana al convento de la Victoria. Dichas imágenes residieron en la nave del evange­lio hasta el cierre al culto de la iglesia en 1868, en que pasaron a la parroquia de Santa Ana.
     En 1810 el convento fue ocupado y saqueado por las tropas francesas, quedando la iglesia sin uso hasta 1811 en que tras la marcha de los invasores fue reabierta al culto con solemne función el domingo 11 de septiembre, como ayuda de la parroquia de Santa Ana, gracias a la presión de los alcaldes y vecinos del barrio de Triana ante la autoridad que pretendía demolerla. En el año 1814 volvería la comunidad carmelita a ocupar el monasterio, de donde sería definitivamente expulsada en 1835 en cumplimiento de los decretos desamortizadores. El templo continuó abierto como auxiliar de la parroquia de Santa Ana pero el convento en 1844 estaba todo derribado. En 1868 la iglesia fue incautada por la Junta Revolucionaria que la sacó a pública subasta el 20 de julio del siguiente año. De nada sirvió la carta del Provisor y Vicario del Arzobispado de Sevilla al Ministro de Gracia y Justicia solicitando la paralización de la subasta y la vuelta al uso religioso, "tan necesario para el crecido número de feligreses del arrabal". El templo quedaría cerrado y abandonado hasta que a comienzos del siglo XX Rafael González­ Abreu lo adquiere y restaura para donarlo a la ciudad convertido en Instituto Hispano Cubano de Historia de América, siendo inaugurado para la Exposición Iberoameri­cana de 1929. Para su nuevo uso el arquitecto Juan de Talavera y Heredia realizó entre 1928-29 una serie de modificaciones y añadidos en el interior y exterior del templo corno la remodelación de la fachada principal, añadido de un balcón en la lateral, creación de una planta en la nave para alojar una biblioteca  y sala de lectura, una vivienda contigua a la cabecera para uso del propio González-Abreu, etc. Durante la guerra civil española la iglesia fue utilizada, entre otros usos, corno cuartel de las tropas alemanas del III Reich destacadas en la ciudad. Con la ruptura de relaciones entre el gobierno cubano de Fidel Castro y el régimen del General Franco la actividad de la nueva institución fue muy escasa. Con ocasión de la celebración de la Exposición Universal de 1992 en Sevilla, el recinto servirá como oficina de informa­ción y exposiciones -Expo-Info- y sede del Club Noventa y Dos, siendo el templo nuevamente intervenido en 1987 con la sustitución del forjado por otro metálico, nueva solería y recuperación del pequeño jardín-compás delantero de la fachada principal. Actualmente alberga un museo de carruajes. El inmueble fue declarado Monumento Nacional por Real Orden de 8 de febrero de 1931(Gaceta 17/ II/1931).
ARQUITECTURA
     No es posible establecer con precisión el perímetro que tuvo el convento de Nuestra Señora de los Remedios al estar ubicado en un paraje abierto en el extremo este del arrabal de Triana, sin edificios paredaños a él ni vías de comunicación bien definidas que lo delimitaran. De las referencias literarias y documentos visuales se desprende que los espacios cons­truidos fueron de menor significación que la amplia y rica huerta ceñida por un largo muro de cerramiento que, como ya comentamos, a veces sufrió las embestidas de las aguas en las crecidas del cercano Guadalquivir. González León, único autor que ofrece una somera descripción del monasterio, afirmaba que aunque "mediano", era "cómodo y con hermosas vistas", se entraba por un compás situado delante de la puerta principal de la iglesia ubicada a los pies de esta, espacio que correspondería actualmente con el patio ajardi­nado por el que se accede al inmueble desde la plaza de Cuba, patio que conserva a la derecha la que fuera vivienda del guarda realizada en la reforma de principios del XX. Además de al templo, el compás que poseía varias puertas y ventanas con rejas, daba paso al convento propiamente dicho, que se articulaba entorno a un patio principal de dos plantas de altura, formado por arcos sobre pilares, en torno al cual se distribuían las principales estancias como refectorio, sala capitular, sala de profundis, dormitorios, etc. Debió poseer además algún patio más de menor tamaño y de índole más doméstico así como instalaciones de carácter agrícola relacionadas con la producción de su feraz huerta.
     Sólo la iglesia, aunque en parte alterada, ha llegado a nuestros días, inserta en una amplia manzana densamente construida con edificios de gran altura y volumetría, entre la plaza de Cuba y calle Sebastián Elcano que corre paralela al río y al costado de la iglesia. Hubo ser construida en la segunda mitad del siglo XVII, tras el cambio de ubicación del monasterio en 1649 a causa de las reiteradas inundaciones que padecía por su proximidad al río. Hay que señalar que ni del primitivo convento ni su iglesia existe referencia. De autor hasta el momento desconocido, su construcción fue lenta pues no se consagra hasta el año 1700; originalmente era de una planta a la que el arquitecto José Echamorro le añadió dos naves late­rales, como queda recogido en su relación de méritos de 1786 para la obtención de la plaza de maestro mayor de la ciudad, en la que entre otras obras menciona dos naves laterales de la iglesia de los Remedios, en Triana, por lo que esta ampliación hubo efectuarse entre 1780-1785. Se trata de una iglesia de tres naves con crucero cubierto con cúpula sobre pechinas con decoración de yeserías barrocas en el interior, y al exterior con cubierta a cuatro aguas. La nave central con cubierta exterior a dos aguas con mansardas, es muy elevada y se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones que apean sobre un entablamento sostenido por pilastras toscanas. La fachada principal se sitúa a los pies y la fisonomía que hoy presenta se debe a la remodelación que realizó en 1928-29 Juan de Talavera; en el hastial que cubre las tres naves se abre un vano central adintelado de piedra enmarcado por pilastras sobre pedestal que sostiene una cornisa sobre la que se levanta un segundo cuerpo compuesto por frontón triangular partido con pináculos en los extremos y una hornacina semicircular enmarcada por pilastras estriadas, decorada con filetes mixti­líneos y rematada con frontón curvo con tres pináculos. El interior de la hornacina albergó una réplica en piedra de la Virgen de los Remedios que se veneraba en el interior, que hubo de desaparecer en los acontecimientos del siglo XIX, colocando en la intervención de principios del XX un busto de fray Bartolomé de las Casas realizado por el escultor José Laffita. Igualmente de esta fecha son las aperturas de las ventanas laterales del primer y segundo piso y las puertas anexas, debidas a Talavera y que mantienen el mismo esquema compositivo. El dintel de la puerta posee una decoración a base de tarjas y motivos vegetales con escudo en el centro. La portada lateral presenta varias aperturas de ventanas y sobre el vano central se sitúa un balcón con barandilla de hierro. La iglesia se completaba con una espadaña que no se ha conservado. Tras el presbiterio Talavera anexionó unas edificaciones que constituyeron la vivienda del mecenas que propició la restauración del edificio, Rafael González-Abreu. Igualmente a Juan de Talavera se debe la división del interior de la iglesia en dos plantas mediante un forjado de madera en donde se instaló la biblioteca y sala de lecturas del Instituto Hispano Cubano de Historia de América, división que sigue mante­niendo aunque en la última intervención el forjado fue sustituido por otro metálico.
RETABLOS Y ESCULTURAS
     En el presbiterio, al que se accedía mediante cuatro gradas de jaspes rojos, se situaba el retablo mayor que fue concertado el 20 de abril de 1630 entre el ensamblador Alonso Sánchez y el prior fray Luis de San Jerónimo, el supe­rior fray Francisco de Cristo y los once frailes que componía en ese momento la comunidad, según la planta y traza que le entregaba el prior. El artista se comprometía a darlo terminado en blanco ese mismo año por un precio de 800 ducados en moneda de vellón, a pagar en cuatro plazos, de los que existe documento notarial de dos de ellos, uno por 400 ducados otorgado el 16 de enero de 1631 al entonces prior fray Antonio de Jesús, y otra carta de pago por 200 ducados dada el 17 de mayo de ese mismo año, de lo que se colige que el retablo no estuvo terminado en la fecha estipulada. Es obra que se da por perdida, desconociéndose hasta el momento las circunstancias de su desaparición. Aunque de Alonso Sánchez existen referencias documentales de  sus obras desde 1620, no se conservan ninguna de ellas que nos permita establecer algún paralelismo estilístico, si bien es cierto que éste hubo de atenerse a la traza que le entregó el prior como queda de manifiesto en la escritura notarial, por la que conocemos que el retablo montaba sobre un banco en cuyo centro se situaba un significativo sagrario, según se describe en el contrato, de planta cuadrada y cubierta semicircular, de buen tamaño para que cupiera la custodia de plata que poseía la comunidad, con columnas corintias enteras con traspilares, cornisa, y decoración de cartelas y dentellones y rematado en sus frontispicios con el escudo de la Orden tallado; dos figuras laterales "de relieve entero" y una pintura al óleo en la puerta lo completaban. El cuerpo principal del retablo se articulaba mediante cuatro grandes columnas corintias de fuste estriado que formaban tres calles, la central de mayor anchura que las laterales, con hornacina central semicircular, de pie y medio de profundidad, flanqueada por pares de columnas corintias enteras con sus traspilares, en donde se disponía la imagen de la Virgen de los Remedios sobre una peana. Sobre la cornisa con resaltos montaba un segundo cuerpo concebido como un ático, articulado mediante estípites que flanqueaban un panel central, con escudos de la Orden a los lados, y un relieve del Espíritu Santo en el remate. No se especifica las esculturas que lo completaba aunque sí que las habría de hacer "el mejor oficial que hubiere en Sevilla". Todo el retablo se insertaba a su vez en un gran arcosolio sobre grandes pilastras de orden compuesto, huecas para que pasaran las cuerdas de las campanas, pinjante en la clave y un Dios Padre de medio relieve.
     El 30 de diciembre de 1718 el  arquitecto de retablos Pedro de Torre, concierta con los carmelitas la reforma del retablo mayor "sobre lo que tiene lo que le falta para su perfección, según la planta y dibujo de pergamino que por parte de dicho convento se me ha entregado... y reparar todos los daños que tiene", trabajos cuyo costo ascendió a 650 ducados de vellón. El traslado del convento y la ejecución  de  una nueva iglesia terminada en 1700 hizo necesario el acondicionar el antiguo retablo al nuevo presbiterio y reparar los daños que pudo padecer con las sucesivas riadas que afectaron al convento y que determinó su traslado a un lugar un poco más alejado de la orilla del río. Desconocemos las características de la intervención de Pedro de Torre pero sin duda al clasicista retablo ensamblado por Alonso Sánchez hubo de añadirle nuevos elementos con una profusa decoración barroca, que hizo a González de León calificarlo como perteneciente al tiempo "del mal gusto", añadiendo que fue reformado y pintado por el escultor Gabriel de Astorga.
     La imagen de la Virgen de los Remedios que presidía el retablo mayor no se ha conservado. Tras el cierre definitivo al culto de la iglesia en 1868 pasó a la parroquia de Nuestra Señora de la O, colocándose en el interior de hornacina acristalada de un retablo neoclásico situado hacia la cabecera de la nave del evangelio, hasta que fue destruida en los disturbios de 1936, quedando sólo el candelero y la corona de plata. Según Hernández Díaz y Sancho Corbacho se trataba de una imagen de vestir dieciochesca, por lo que no era la primitiva Virgen de la ermita de los Remedios que pasó a presidir y dar nombre al convento fundado por los carmelitas. El único testimonio visual de la Virgen de los Remedios es una réplica realizada en mármol que existió en una hornacina de la fachada principal de la iglesia, que fue adquirida por don Eduardo Ybarra a principios del siglo XX antes de la compra del templo por González-Abreu, y que actualmente se conserva en su domicilio, el antiguo palacio de los Jaén, en un pequeño patio contiguo al principal, en donde fue colocada en 1911. Situada sobre un pedestal quizás añadido con posterioridad, mide 1,90 m. de alto, con el Niño vestido y presentado frontalmente en actitud de bendecir. El rostro de la Virgen se enmarca con una toca, y lleva túnica y manto acampanados, ambos adornado con decoración floral y geométrica; a los pies apenas si se aprecia la media luna con cabeza de querubín en el centro. Esta imagen, quizás sea el testimonio iconográfico más cercano a la primitiva imagen que en fecha indetermi­nada fue sustituida, quizás coincidiendo con la inauguración del nuevo templo en 1700, por otra de candelero y de estilo barroco que fue la que pasó a la parroquia de la O.
     Las naves y crucero de la iglesia poseyó un nutrido número de retablos y altares, a los que González de León consideraba de poco mérito, y cuya advocación quedó recogida en un inventario de los bienes del convento realizado tras la ocupación francesa, en el que lamentablemente sin ninguna característica que los identifique, fecha de ejecución o su iconografía. Estaban dedicados a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, a la Virgen del Carmen, a San José, a la Virgen de los Dolores, al Cristo del Olvido, a San Miguel, a San Juan Bautista, a la Beata María de la Encarnación, a San Alberto, a San Cayetano, a Santa Bárbara, a San Elías y a Santa Ana. Con los acontecimientos del siglo XIX los retablos se destruyeron o dispersaron por iglesias sevillanas, como el que se halla en el lado del evangelio del crucero de la iglesia del Cachorro en Sevilla, de estilo rococó, a donde pasó en blanco y que actualmente está dorado y alberga la imagen de Nuestra Señora del Patrocinio. Los dedicados a San Miguel y San Juan Bautista se hallaban a los pies de la iglesia del lado del evangelio y fueron construidos entre 1714 y 1716 pues en 1713 ambas capillas estaban por "aderezar", según el aprecio realizado por el notario Nicolás de Leiba el 8 de noviembre de ese año a instancias del prior fray Francisco de Santiago. Gracias a las limosnas de diferentes vecinos de Triana como Juan Correa Bosa de Paz que colaboró con "material y maravedises" o el presbítero Juan Ortiz, fueron concluidas; así lo testimonia el citado notario el 16 de marzo de 1716, quien señala que el San Juan Bautista que presidía el retablo a él dedicado era de madera y de vara y media de alto aproximadamente, al igual que el San Miguel de la capilla contigua y última del lado del evangelio aunque este era de barro. Sabemos que los retablos estaban compuestos por piezas de retablos antiguos y retazos de tafetanes viejos. Las capillas estaban soladas con losetas cuadradas vidriadas en color blanco y negro y se cerraban mediante verja de madera de siete cuartas de alto, con sus balaustres pintados en negro.
     Por un contrato fechado el 8 de agosto de 1620 entre el escultor Juan de Mesa y los religiosos del también convento carmelita del Santo Ángel de Sevilla, sabemos que los Remedios poseyó un San José con el Niño de la mano, actualmente sin identificar, que sirvió al artista de modelo "de conformidad de otro santo con su niño questa en la iglesia de nuestra señora de los remedios de triana de dicha orden".
     Una última referencia al patrimonio escultórico de Los Remedios la hallamos en nuestro inseparable González de León, quien menciona en el altar mayor a dos ángeles mancebos que atribuye a Pedro Roldán no identificados. 
PINTURAS
     La única referencia hasta el momento sobre la existencia de pinturas en el convento de los Remedios la hallamos en Tassara y González, quien siguiendo a Serrano Ortega situaba en el claustro una obra de grandes dimensiones realizada por Domingo Martínez que representaba el "Misterio de la Concepción", que pasó al Museo de Pinturas inventariada con el número 76. Actualmente se conserva en la pinacoteca sevillana con fecha de ingreso en 1840, una Apoteosis de la Inmaculada de gran tamaño (276 x 543 cm.), firmada por Domingo Martínez y con el número 74 de inventario antiguo, que viene considerándose como obra procedente del monasterio de San Francisco de Sevilla o de algún otro de franciscanos, por presentar en su iconografía santos de esa Orden. Creemos que esta pintura corresponde a la citada en el claustro carmelita, para donde fue pintada o donde se colocó tras el cierre del convento de San Francisco. Se trata de una interesante y ambiciosa composición, cuya fecha de ejecución se ha establecido en torno a 1740. Centra la escena una Inmaculada de aires murillescos sobre trono de nubes poblado con numerosos y movidos angelotes, y flanqueada por el Venerable Duns Scoto y sor María de Agreda, fervien­tes defensores en sus escritos del dogma de la Inmaculada. A la izquierda figuran los distintos papas que redactaron bulas a favor de la creencia inmaculadista, mientras que a la derecha aparecen los monarcas hispanos Felipe IV, Carlos II y Felipe V que habían asistido ante Roma para la resolución de esta causa. Un rompimiento de gloria completa la composición en donde se identifican a los Cuatro Padres de la Iglesia junto con San Andrés a la izquierda y San Francisco con un grupo de frailes de su Orden a la derecha (Matilde Fernández Rojas. Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX: Benedictinos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas y Basilios. Diputación Provincial de Sevilla. Sevilla, 2008).
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lunes, 23 de septiembre de 2024

El monumento "Milla Cero de la Tierra", en la plaza de Cuba

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el monumento "Milla Cero de la Tierra", en la plaza de Cuba, de Sevilla.
     Hoy, 23 de septiembre, es el aniversario de la inauguración (23 de septiembre de 2010) del monumento "Milla Cero de la Tierra", en la plaza de Cuba, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte el monumento "Milla Cero de la Tierra", en la plaza de Cuba, de Sevilla.
     El monumento "Milla Cero de la Tierra", se encuentra en la plaza de Cuba, s/n, junto al inicio de la calle Juan Sebastián Elcano, en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios.
     Tiene su origen en la idea promovida por Iniciativa Ciudadana Sevilla 2019-2022 como uno de los hitos previstos en la ciudad de Sevilla para conmemorar la gesta heroica de la primera vuelta al mundo iniciada en este mismo lugar por Fernando de Magallanes el 10 de agosto de 1519, y que acabaría Juan Sebastián Elcano tres años más tarde, regresando aquí el 8 de septiembre de 1522.
     La iniciativa contó con la colaboración del Ayuntamiento de Sevilla, de la Confederación Empresarial Sevillana (CES) y de la Junta de Andalucía, a través del denominado Plan Turístico de Sevilla; y fue inaugurado el 23 de septiembre de 2010.
     El monumento se sitúa en el lugar donde se encontraba el antiguo Muelle de las Mulas, y con un diámetro de tres metros y medio, representa una gran esfera de acero que se inspira en la esfera armilar existente en la portada del libro "Suma de Geographia", del cartógrafo, explorador y conquistador sevillano Fernández de Enciso, editado en 1519 por la Universidad de Sevilla.
     En dicho monumento podemos encontrar una placa, muy deteriorada, con el siguiente texto:
     "La Sevilla de la Primera Vuelta al Mundo.
     Esta es la Milla 0 de la Tierra. De aquí partió la expedición
Magallanes-Elcano, que fue la primera en circunnavegar
nuestro planeta entre 1519-1522.
La Iniciativa Ciudadana Sevilla 2019-2022, en representación
de las personas y organizaciones que promueven el liderazgo
de la ciudad en la conmemoración del quinto centenario de aquella
primera visión global del mundo, promovió la instalación de este hito,
a modo de esfera armilar, como símbolo y como principio
de la red colaborativa mundial que se construye
con tal acontecimiento como horizonte."
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Más sobre la Ruta Magallanes y la primera vuelta al mundo 1519-1522, en ExplicArte Sevilla.

viernes, 27 de octubre de 2023

Un paseo por la plaza de Cuba

     Por Amor al Arte
, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte la plaza de Cuba, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     Hoy, 27 de octubre, es el aniversario del descubrimiento (27 de octubre de 1492) de la Isla de Cuba por parte de Cristóbal Colón, conquista en nombre del reino de España, por lo que hoy es el mejor día para ExplicArte la plaza de Cuba, de Sevilla, dando un paseo por ella.
     La plaza de Cuba es, en el Callejero Sevillano, una vía que se encuentra en el Barrio de Triana Casco Antiguo, del Distrito de Triana; y en el Barrio de Los Remedios, del Distrito de Los Remedios; entre el Puente de San Telmo, calles Betis, Génova, avda. República Argentina, Asunción, y Juan Sebastián Elcano.
     La plaza responde a un tipo de espacio urbano más abierto, menos lineal, excepción hecha de jardines y parques. La tipología de las plazas, sólo las del casco histórico, es mucho más rica que la de los espacios lineales; baste indicar que su morfología se encuentra fuertemente condicionada, bien por su génesis, bien por su funcionalidad, cuando no por ambas simultáneamente. Con todo, hay elocuentes ejemplos que ponen de manifiesto que, a veces, la consideración de calle o plaza no es sino un convencionalismo, o una intuición popular, relacionada con las funciones de centralidad y relación que ese espacio posee para el vecindario, que dignifica así una calle elevándola a la categoría de la plaza, siendo considerada genéricamente el ensanche del viario.
     Durante los siglos XVIII, XIX y parte del actual, este lugar era conocido como Huerta de la Victoria, por la proximidad al convento de las carmelitas descalzas de igual advocación, y que daría lugar a la denominación del barrio. Hasta bien entrada la década de 1910 se tiene constancia cartográfica de que este espacio era en parte ocupado por las calles Betis, Perlera y Quemada. Con posterioridad formó parte de un área conocida como el Campillo, que se extendía hasta la misma Vega de Triana. En 1928, una plaza de menores proporciones que la actual recibe la denominación que hoy ostenta, después que Rafael González Abreu restaurara el ex-convento y lo donara a la ciudad convertido en Instituto Hispano Cubano. 
     La primitiva plaza de Cuba consistía en una explanada frente al ex-convento, una rampa de acceso al nuevo puente de San Telmo. Por la fecha de su trazado constituye el primer proyecto urbanístico del barrio de Los Remedios, aunque hasta 1967 permaneció como un pequeño recinto tapiado. A finales de 1944 el Ayuntamiento aprueba un proyecto para ejecutar las obras de urbanización complementarias; en él se hacía constar el tipo de pavimento, "adoquinado con piedra granítica sobre firme de hormigón de cemento", y que se estudiara el trazado y decoración de los jardines, que habrían de incluir una fuente. Durante esos años, y al menos hasta finales de la década de 1950, ocupando ya el espacio actual, mantiene su planta semicircular y permitía el enlace directo, en línea recta, entre el puente y la llamada entonces avenida Central de los Remedios. Las únicas construcciones nuevas son dos manzanas al inicio de la avenida, aunque está parcelada en su totalidad. En el solar del antiguo convento se ubicaba el cine Los Remedios. A principios de los años sesenta se aprueba por fin una certificación de las obras del proyecto de urbanización y ordenación; al poco, se hace lo propio con un proyecto para la instalación de señales luminosas verticales. Diez años más tarde, se acomete la instalación hidráulica y eléctrica de una fuente luminosa en el estanque.
     La plaza de Cuba es un espacio circular abierto a la dársena cuyo plano ofrece varias orlas concéntricas. La primera y central, li­geramente deprimida, es una isleta con césped, dos grandes olmos, y un estanque con una fuente. En los meses de verano no es infrecuente observar a algún turista de otras latitudes acogerse al beneficio de su temperatura suavizada por el conjunto agua-hierba-sombra. Además de su función estética, ordena el tráfico rodado. Rodea esta isleta un cinturón de asfalto, ocupado de forma casi permanente por el continuo ir y venir de los vehículos que acceden a la plaza desde las vías anexas. Estas, por formación es­tructurante en el desarrollo urbano en este lado del río (la avenida República Argentina y la calle Asunción) y por ser centros admi­nistrativos, de servicios en general, generan un volumen considerable de desplazamientos con origen y/o destino en las zonas inmediatas, lo cual provoca continuos embotellamientos. Contiguos a este cinturón de tráfico, y separándolos una hilera de adelfas, se hallan cuatro arcos discontinuos frente a las edificaciones con pavimento de cemento de mortero, en los que se estacionan los vehículos (ya desaparecidos). Con la misma disposición y abarcando también el frente del Guadalquivir, están las acera propiamente dichas; son de losetas de cemento estriadas que forman cuadrados grises y negros y sobre ellas se desarrolla el arbolado y ubica el mobiliario urbano. El quinto y último espacio diferenciable lo forma una pequeña muesca que rompe la forma circular dominante, abierta hacia Juan Sebastián Elcano. Es la primera u original plaza de Cuba, la de 1928, y queda dando frente al Instituto Hispano Cubano de Historia de América, ex-Convento de los Remedios, sede del Club Noventa y Dos y sala de exposiciones Expo-Info; está por debajo del nivel de la rasante de la plaza, desnivel que se salva mediante escalinatas de ladrillo bordeadas por pequeños espacios ajardinados, y con diverso arbolado; tiene piso de chino lavado y el centro lo ocupa un surtidor de agua fuera de uso. A mediados de la década de 1930 hubo un proyecto de instalar allí una estatua de Juan Sebastián Elcano.
     El mobiliario urbano lo componen varios quioscos: de la Once, de chucherías y de helado, farolas de báculo, papeleras, contenedores de vidrio y basura, semáforos, señales verticales de tráfico, cabinas de teléfono (desaparecidas), expendedores de tickets de estacionamiento, buzón de correos, una estación de la Red de Medida de Contaminación Atmosférica de la Agencia de Medio Ambiente, cartelones portátiles para insertar propagan­da, reloj-termómetro y un panel electrónico de propiedad municipal, que anuncia actos culturales, recreativos, mensajes publicitarios y cívicos en general. El arbolado es variado y denso. Sobresalen las palmeras, pero lo más característico es el cinturón de encinas, lugar común de anidada para miles de gorriones, que en las primeras y últimas horas del día elevan considerablemente el sonido del lugar con su intensísimo piar, hecho que es extensible a toda la plaza, tal es el ruido que esos bandos de aves producen. Además, hay naranjos, jacarandas, acacias, árboles del Pacífico, ficus, aligustres, laurel, adelfas y otras plantas ornamentales. El riego que precisan estos árboles y césped es en gran parte, junto a la proximidad de la dársena, causa de la aparición de numerosos insectos, mosquitos sobre todo, e indirectamente de que sea un lugar predilecto para gorriones, vencejos, golondrinas y aviones. La edificación se resuelve en cuatro bloques con fachadas cóncavas, de grandes terrazas interiores, levantadas en la década de 1950. Los bajos, porticados recogen establecimientos comerciales de base eventual y algunos de ocio, bares, que suelen ocupar con los veladores la acera entre Betis y Génova. 
     Es posiblemente el tipo de viviendas lo más significativo y emblemático de la plaza de Cuba; son los popularmente conocidos como "pisos de los millonarios", ocupados por familias de la burguesía sevillana que abandonaron sus grandes mansiones o casas­ palacios del casco antiguo: de hecho, en el mapa mental de gran parte de los sevillanos, la plaza de Cuba (y Los Remedios por extensión) constituye el hito de la Sevilla rica, aunque en realidad haya zonas de mucha más cualificación. En 1979 Antonio Burgos, en un diario regional escribía acerca de esta plaza a la que "en tiempos de los estraperlistas se le llamaba los pisos de los Millonarios", reseñando el hecho de que otras zonas de la ciudad merecían el mismo calificativo; él mismo se preguntaba "¿dónde encuentra usted un piso por menos de un millón de pesetas?". Lo incuestionable, al margen de la realidad o no de su elevado nivel, es que supone una imagen de prestigio muy extendida el vivir en la plaza de Cuba, o en sus alrededores. A pesar de no constituir un espacio diseñado para el encuentro y cumplir una función básica destinada a canalizar y ordenar el tráfico rodado, la amplitud de las aceras permite que los ciudadanos de a pie tengan en éste uno de los lugares clásicos de cita para asistir a los numerosos locales de ocio que se ubican en los alrededores [José María Luján Murillo, en Diccionario histórico de las calles de Sevilla, 1993]. 
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Más sobre el Callejero de Sevilla, en ExplicArte Sevilla.

La plaza de Cuba, al detalle:
Fuente Solar Plaza de Cuba
Monumento a José Martí
Placa conmemorativa Expedición Elcano 90
Placa conmemorativa V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo

jueves, 27 de julio de 2023

El Pabellón de Cuba, de José Ramón Moreno, y Orestes del Castillo, para la Exposición Universal de 1992

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Cuba, de José Ramón Moreno, y Orestes del Castillo, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     Hoy, 27 de julio, es el aniversario del Día Nacional (27 de julio de 1992) de Cuba en la Exposición Universal de 1992, de Sevilla, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Cuba, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla.
     El Pabellón de Cuba, para la Exposición Universal de 1992 [nº 236 en el plano oficial de la Exposición Universal de 1992], se ubica en la calle Albert Einstein, conocida como Avenida 4 o del Ombú, durante la Exposición Universal, entre la parcela que ocuparon los pabellones de Yugoslavia y de Rumanía, y junto al Pabellón de Mónaco; en el Barrio de Triana Oeste, del Distrito Triana.   
     Un rico pasado y un esperanzador presente se unen en la muestra que presenta el Pabellón de Cuba en Expo '92. En él se puede apreciar la trayectoria histórica de la nación cubana, desde los tiempos en que la villa de San Cristóbal de la Habana ofreciera su bien resguardada bahía para la congregación de la flota en tránsito del Nuevo al Viejo mundo, hasta los tiempos actuales, caracterizados por el disfrute de una plena soberanía y por el avance multilateral del país.
     Cuba, además, presenta su experiencia de siglos en ramas de la producción agroindustrial y sus logros en la educación, la salud pública, la seguridad social, el deporte y la investigación científica, particularmente la biomedicina y la biotecnología.
     Los atractivos naturales de la isla y los valores de sus antiguas ciudades se muestran en toda su diversidad y en un acogedor restaurante se evoca la cálida atmósfera de la conocida Bodeguita del Medio del centro histórico habanero.
     Pero el eje de la muestra está constituido por las propias gentes de la isla, integrantes de una sociedad en constante búsqueda y encuentro: sus estudiantes y trabajadores, artistas y científicos, hombres y mujeres optimistas y dueños de sus destinos, generosos y alegres, que labran esforzadamente un futuro de felicidad (Guía Oficial Expo '92. Sevilla, 1992).
     El Pabellón de Cuba se encuentra en la calle Albert Einstein, conocida como Avenida 4 o del Ombú durante Expo '92, entre la parcela que ocuparon los pabellones de Yugoslavia y de Rumania, y junto al Pabellón de Mónaco.
     Sus arquitectos lo diseñaron como un bloque rectangular con aberturas adinteladas y grandes cristaleras al exterior, donde en su jardín tropical se plantaron 12 pequeñas palmeras, una por cada provincia de la república cubana. El edificio se eleva sobre una superficie de dos mil metros cuadrados y cuenta con tres niveles y un semisótano, donde durante la Muestra existían puntos de venta de recuerdos y comida típica del país. Así mismo, muchos de los materiales constructivos se trajeron desde canteras cubanas y otras desde Cádiz, por su similitud.
     Este pabellón fue concebido como efímero en un principio y su tema principal fue "Cuba a través de la historia", donde se expusieron los logros de la Cuba contemporánea en ciencias, biotecnología y turismo, además de su historia: desde su etapa como colonia española hasta la actualidad, pasando por la revolución castrista.
     El recorrido comenzaba en la planta baja, donde una réplica del símbolo de La Habana, la "Giraldilla", daba la bienvenida al visitante. La zona expositiva dedicada a los logros del gobierno de Fidel Castro estaba presidida en el centro por imágenes y frases de este, junto a otras de José Martí, líder de la independencia.
     Mediante vídeos e imágenes se mostraban en cifras aspectos de la vida cubana: programas de inversiones, tasas de mortalidad infantil, deporte, turismo, así como el proceso general de desarrollo del país.
     El recorrido continuaba por la planta baja, cuyo suelo, empedrado con piedras de granito, imitaba las plazas típicas de la capital cubana. Una gran imagen del líder revolucionario Che Guevara presidía esta zona, así como fotos de la década pasada de figuras como Rafael Alberti, el rey Juan Carlos I o Felipe González junto a Fidel Castro. En el centro de la sala se exponían en vitrinas, vajillas de la nobleza cubana, objetos de cobre y otros antiguos de procedencia africana.
     El recorrido continuaba por un espacio dedicado a las "ciencias médicas": ordenadores de fabricación cubana, medicamentos innovadores o máquinas médicas de alta tecnología.
     Tras la clausura de la Muestra Universal, el pabellón, que se concibió en un principio como efímero, finalmente fue adaptado y ocupado por el consulado de Cuba hasta 1996, cuando fue ocupado por la empresa VERIASA (Verificaciones Industriales de Andalucía, S.A.), actualmente VEIASA, dedicada al campo de la física aplicada a la ingeniería. Este último acometió una reforma en 1998 cambiando totalmente la fisonomía de la fachada original (Blog Pasaporte Expo 92).
     Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Cuba, de José Ramón Moreno, y Orestes del Castillo, para la Exposición Universal de 1992, de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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jueves, 27 de octubre de 2022

El Pabellón de Cuba, de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo)

     Por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Cuba, de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo), de Sevilla.
      Hoy, 27 de octubre, es el aniversario del descubrimiento de la isla de Cuba (27 de octubre de 1492), por parte de Cristóbal Colón, y la conquistó en nombre de España, así que hoy es el mejor día para ExplicArte el Pabellón de Cuba para la Exposición Iberoamericana de 1929, de Sevilla.
      El Pabellón de Cuba [nº 89 en el plano oficial de la Exposición Iberoamericana de 1929], de Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo), se encuentra en la Avenida de la Palmera, 24; en el Barrio del Sector Sur-La Palmera-Reina Mercedes, del Distrito Bellavista-La Palmera.
   La Exposición Iberoamericana de 1.929 supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa de Orleáns, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   El Pabellón de Cuba, situado en el extremo sur de la exposición y vinculado a la actual Avenida de la Palmera, pertenece al grupo de pabellones de participantes que elaboraron el proyecto en su país de origen. Careciendo de arquitectura autóctona que permitiera ser representada en el edificio, se opta por una muestra de arquitectura neocolonial, construyendo finalmente "una casa aristocrática del barrio habanero de Vedado" en palabras de Villar Movellán.
     Se organiza en tres cuerpos: central y más elevado con cubierta de pabellón, destacando sobre los dos laterales, de dos plantas, simétricos respecto al primero. La axialidad se refuerza con un porche, de tres arcos de medio punto al frente, avanzado para recibir a los visitantes.
     Destacan los balcones por sus barandas y columnas salomónicas soportando su tejado, al estar construidas con maderas nobles que resaltan sobre los colores claros de la fachada.
     Un volumen trasero, pabellón efímero destinado a exposiciones, fue demolido tras la exposición y, de alguna manera, recuperado tras la reforma de 1995, ahora destinado a tareas administrativas (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
EL PABELLÓN DE CUBA
     La República de Cuba concurrió a la Exposición Iberoamericana con un pabellón realizado por Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, que constaba de dos partes, un primer elemento definitivo y, tras éste, un claustro provisional de grandes proporciones que, finalizado el Certamen, fue desmontado. Hoy, una vez rehabilitado el edificio, se le ha adosado una construcción de nueva planta que no guarda relación alguna, estilística ni espacial, con la construcción efímera que se levantó para la Muestra.
Gestiones hacia la concurrencia
     A la primera invitación a la Exposición Hispanoamericana, el Gobierno respondió con una evasiva, comunicando que, antes de tomar una decisión al respecto, habría de conocer con más detalle el contenido del Certamen. Como señala Eduardo Rodríguez Bernal, en Cuba no había un ambiente favorable dada la proximidad del 98, la rivalidad existente entre el partido liberal y el conservador (este último con muchos adeptos hispanistas) y la llamada a los Estados Unidos por parte de los liberales en 1906.
     Los cambios habidos en el ambiente político motivaron que en septiembre de 1926 se obtuvieran las primeras respuestas favorables, aunque hasta marzo de 1927, el Gobierno de Cuba no anunció oficialmente su participación.
     Enseguida se nombró una Comisión para preparar la concurrencia que estuvo integrada por el Coronel Enrique Quiñones, como Delegado de la Exposición, Julián Martínez Castell, en calidad de Delegado Técnico, y Alberto Herrera, Jefe de Estado Mayor y del Ejército de Cuba, quien en abril de 1929 pasó a presidirla. La decisión de asistir se explicaba dentro de la política de fomento de las relaciones hispanocubanas que había promovido el Presidente del Gobierno, el General Machado; tengamos en cuenta que, meses más tarde, concretamente el 5 de noviembre de 1927, se pondría en vigor un tratado comercial con Cuba, con lo cual, esta nación pasaba a ser la primera en firmar con España un tratado comercial. El plan de concurrencia sería aprobado en octubre de 1927. En la participación de Cuba en Sevilla jugarían un papel fundamental las colonias de españoles y las sociedades españolas establecidas en el país, a las que el Gobierno se destinaría la planta alta del pabellón.
     La reelección del general tras las votaciones de agosto de 1928 trajo consigo el mantenimiento de esta política; por ejemplo, en estas fechas se inauguró la comunicación telefónica entre España y Cuba y se apoyó la fundación en Sevilla de un Instituto Hispanocubano por parte de Rafael González Abreu cuya sede se instaló en el antiguo Convento de los Remedios. En lo que respecta a la Iberoamericana, en 1928, por deseo expreso del Presidente, se intensificaron las gestiones referentes a la asistencia de Cuba a la Exposición, para lo que se enviaron a Sevilla dos comisiones, una del poder ejecutivo y otra del Congreso.
     La enfermedad del Embajador de Cuba en España, García Kholy, vino a retrasar la entrega de los terrenos hasta meses más tarde, el 9 de junio de 1928, cuando los trabajos estaban ya muy adelan­tados. La ocasión se aprovechó para dar el nombre del país a la actual Plaza de Cuba . Por último señalar que a poco de iniciarse la Iberoamericana, en febrero de 1929, El Liberal de Sevilla propuso que se erigiera en la ciudad un monumento a Cuba, correspondiendo al que, dedicado al soldado español levantaría en la isla, propuesta ésta que no fructificó.
Análisis arquitectónico: los dos proyectos presentados
     En octubre de 1927, el Senado cubano había votado 750.000 ptas., es decir 50.000 pesos para el pabellón de la República en Sevilla, que -en conjunto- tendría 40 x 40 m. de extensión superficial.
     Realizado en estilo neocolonial, constaría de dos partes, rodeadas por una zona ajardinada: la Casa de Cuba al frente, de 30 x 2 m., sería para alojamiento de pensionados y consulado, y contiguo a ésta, el pabellón de exhibiciones.
     En los jardines que circundarían el cuerpo central del edificio, se colocaría una fuente de piedra, réplica de la primera fuente pública de La Habana, la de Santa Clara, realizada en 1546, que aún hoy se encuentra en el convento, en el cual -en aquellas fechas- se encontraba la sede del Ministerio de Obras Públicas. El cuerpo central de dicha fuente asemeja en su base la proa de una carabela avanzando sobre las aguas, alzándose en el centro un pedestal coronado.
     El escaso presupuesto asignado, el edificio habría de ser provisional. Se construiría todo en maderas que, ornamentadas en fachadas e interiores, vendrían ya trabajadas desde Cuba para su inmediata colocación. Lo más destacado del conjunto sería su amplia puerta de entrada de cuatro metros. Este primer proyecto, del que conocemos más datos que los referidos, fue obra de dos jóvenes e ilustres ingenieros del Ejército Nacional, el Comandante Luis Hernández Savio, quien acababa de ser premiado con la medalla de oro para el edificio de los Veteranos de la Independencia de Cuba, y su auxiliar, el capitán Alfonso González del Real.
     Al margen de este pabellón oficial, en octubre de 1927, en una reunión en La Habana, los representantes de la industria tabaque­ra de Cuba acordaron construir un edificio, también provisional, que se llamaría Salón del Tabaco, que tendría una superficie de 300 m2. En él cada fabricante expondría sus pro­ductos en stands especialmente diseñados por reputados artistas cubanos; previamente, los proyectos habrían de ser aprobados por una Comisión de Ornamentación se construirían en Cuba. En su centro se representarían maquetas de una vega y una fábrica de tabaco, para mostrar el cultivo y la elaboración del producto.
* * *
     El incremento hasta 170.000 pesos en el crédito consignado por el Congreso cubano y el poder ejecutivo, del que en enero de 1928 ya se tiene constancia, posibilitó que el edificio adquiriera carác­ter permanente. Además los industriales cooperarían económicamente. La realización de un nuevo proyecto de pabellón fue encomendada a dos jóvenes arquitectos cubanos, Evelio Govantes y Félix Cabarrocas, quienes, como indica Gutiérrez Viñuales "llegaban respaldados por obras como la residencia del empresario azucarero Juan Pedro Baró en El Vedado, una de las primeras expresión es del Art Decó cubano, que data de 1926". Serían estos mismos autores quienes, influenciados por el pabellón mexicano de la Iberoamericana, realizarían en 1932 la construcción y ornamentación en Neomaya del Teatro Lutgardita en Rancho Boyeros, y años más tarde, en un estilo bien distinto, el Capitolio Nacional de Cuba. El proyecto del pabellón debe datar de 1927 pues está constatado que en diciembre los arquitectos llegan a Sevilla.
     El edificio, con una extensión de 2.000 m2., constaba de dos partes: una permanente, para recepciones, que tras la Muestra sería Consulado Nacional y centro de exposición de productos del país y, tras él, un pabellón provisional, desmontado al finalizar la Exposición, de igual altura que en el pórtico de la permanente, y en cuyas galerías, a modo de patio criollo, se exhibirían las distintas industrias (sobre todo alcoholes, perfumes, maderas,...). A él se accedía directamente desde el vestíbulo central del pabellón permanente. Ambas partes se complementaron con la fuente de Santa Clara, como se planteó en el proyecto inicial. El conjunto estaba rodeado por jardines con tropicales y diversos tipos de palmeras locales.
     La construcción del edificio fue dirigida por aquellos arquitectos a los cuales se había encomendado el anterior, es decir, el Comandante Luis Hernández Savio y el Capitán Alfonso González del Real. A su muerte, González del Real fue sustituido por José M. Heredia. Las obras se iniciaron en enero de 1928 y a principios de febrero se comenzó la cimentación.
     Aunque en febrero de 1929, a la llegada de Julián Martínez Castell, ya se habían acabado el pabellón provisional y las galerías de exhibiciones, los trabajos estaban bastante atrasados y se hizo necesario intensificar las obras. En marzo ya se había terminado el pórtico exterior; en abril el edificio ya estaba muy adelantado y entonces se construían los stands de la planta baja y todos los productos ya expuestos. En el pabellón permanente sólo faltaban pequeños detalles de construcción; en el tercer piso se estaba terminando la pintura y la colocación de las ventanas y cristales; en éste, faltaban los zócalos de madera de acana y también en los otros pisos. Ya estaban cimentadas las calles del jardín y se estaba abonando el terreno, pero la fuente aún no se había colocado. Finalmente, las obras concluyeron el 24 de abril, estando a punto para la inauguración de modo que en mayo se celebró en él la toma de posesión del General Machado como nuevo Presidente del Gobierno.
     En el edificio permanente, Evelio Govantes y Félix Cabarrocas sintetizaron elementos constantes y típicos de la arquitectura cubana: pórticos de piedra y ricas carpinterías exteriores e interiores. Este consta de dos pisos y un mirador.
     En origen la disposición de su planta era muy simple. Tenía un gran vestíbulo cuadrado, de unos 10 m. de lado, al que se accedía por un sobrio pórtico de entrada de tres arcos de medio punto. Realizado con piedra de la cantera de Jamanitas, tenía cubierta de azotea. A la derecha del vestíbulo había una sala; a la izquierda, tras una doble arcada, una monumental escalera daba acceso al piso alto. Bajo ésta y entre los muros que la sustenta, se dispusieron salas y dependencias auxiliares. En planta alta, todo el espacio estaba ocupado por un salón de conferencias y exposición de objetos de agrupaciones regionales de españoles en Cuba. Desde él, por una escalera secundaria, se pasaba al mirador.
     Como indicaron F. Torres Martínez y J. Pérez Torres, la distribución de su planta obedece a un trazado geométrico: "la planta del pabellón está formada por tres cuadrados yuxtapuestos a los que se superpone otro, central, cuyo lado es la mitad de la suma de los otros tres y que determina la dimensión del porche y la anchura del mirador".
     La cubierta de cada uno de estos elementos era independiente. La de la parte central, correspondiente al mirador, era una artesa invertida, formada por vigas en U, compuesta por tablas de caoba. Esta cubierta tenía en todo su perímetro un pronunciado alero, formado por ménsulas macizas de caoba cubana; en el ángulo Noreste del mirador, una pieza indica la fábrica cubana que lo realizó.
     Lo más sobresaliente del edificio es su rica carpintería exterior (fachadas y mirador) y, en el interior, la escalera principal y el revestido de las jácenas del vestíbulo. Los elementos de más in­terés fueron balcones y balconeras, artesonados, rejas, frisos y balaustradas. Estos se realizaron en maderas preciosas, entre otras dagame, sabicú, júcaro, sangre de doncella, yaba, roble, nogal, ocuje, majagua, ácana y jocuna. Según Torres Martínez y Pérez Torres, las maderas empleadas fueron: la caoba de Cuba para artesonados, balcones y balconeras, rejas de planta alta, alero de la cubierta, revestido de las jácenas del vestíbulo y mascarón de la escalera principal; cedro del Líbano en puertas y librillos de balcones y balconeras de planta primera y en ventanas de planta baja.
     En la fachada del pabellón permanente se combinaban elementos del repertorio local como las columnas y los vanos cuadrilobulados de la Catedral de La Habana y las ventanas de Camagüey, entre otros. El aspecto general del edificio era el de las casas del barrio habanero del Vedado.
     Aunque desconocernos en qué consistieron, el proyecto primitivo del claustro sufrió algunas modificaciones a fin de que ofreciera un aspecto más típico porque se consideró que no guardaba semejanza con la arquitectura tradicional.
Análisis decorativo y contenido expositivo
     Respecto a la realización de piezas para la ornamentación del edificio, no hay más referencia que la de un busto de Martí, que se colocó a la entrada del pabellón, en el cual aparecían grabadas las palabras del caudillo "Para mí la patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber" y un gran mapa en relieve de Cuba (10 m. x 3'5 m.), realizado en la isla, con un presupuesto de 25.000 pesos.
     En el pabellón se prestó gran atención a la exhibición de artesanías populares, que corrió a cargo del Ministerio de Instrucción Pública. La exposición de obras de arte se encomendó al Ministerio de Bellas Artes. Concretamente, se encargó a un conocido artista de la época, José Hurtado Mendoza, quien también gestionó la decoración del edificio. Con objeto de seleccionar entre las numerosas obras contemporáneas presentadas, aquellas que habrían de exponerse en el pabellón cubano, en enero de 1929 se reunió en La Habana un jurado formado por miembros de la Academia de Bellas Artes del país, que habían sido elegidos por los expositores. A través de la prensa sevillana conocemos quienes fueron los artistas escogidos, aunque no cuáles sus piezas. Entre los pintores se mencionan los siguientes: Aguiar, Baxter, Blanco, Canal Ripoll, Crucet, María Capdevila, Rosario Cuervo, Caravia, Ferrant, Blanca González Simó, Legido, Hernández Giro, Loy, Mencier, Maribona, Olivera, Porro, Domingo Ramos, Rivero Merling, Rodríguez Morey, Rodríguez Valdés, Sánchez Araujo, Tejedor y Valderrama. Entre los escultores: Batancourt, Valderrama, Navarro, Paredes y Ramos Blanco.
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Conclusiones sobre el pabellón de Cuba
     Resulta evidente que el principal factor que retardó la decisión del Gobierno cubano de tomar parte en la Exposición fue la cercanía del desastre del 98. Por el contrario, ésta vino estimulada por las colonias de españoles en la isla y la existencia de sociedades españolas. Ello determinó que en el proyecto de 1927 el Gobierno designara la planta alta del pabellón a dichas empresas. No obstante, el principal impulso vino de manos de Machado, para quien la Exposición fue un eslabón más en la serie de medidas prohispanistas que emprendió.
     El pabellón permanente respondía a un estilo ecléctico de claro sabor local que incorporaba elementos de la arquitectura religiosa y civil de La Habana (Amparo Graciani García, La participación internacional y colonial en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Ayuntamiento de Sevilla, 2010).
      Si quieres, por Amor al Arte, déjame ExplicArte Sevilla, déjame ExplicArte el Pabellón de Cuba para la Exposición Iberoamericana de 1929 (actual sede de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo), de Sevilla. Sólo tienes que contactar con nosotros en Contacto, y a disfrutar de la ciudad.

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